Lo siguiente tiene lugar entre las 5:00 y las 6:00 de la tarde del 4 de septiembre.
Los hechos ocurren en tiempo real.
Mi corazón se vuelve delator.
Con Bauer en manos de Nina Myers y el permiso concedido para disponer de él de la manera que mejor le plazca – y esto quiere decir: asesinarlo -, aún teniendo información clave nueva para rastrear la bomba y desarmarla antes de que sea detonada, las posibilidades de que la misión sea concretada exitosamente no cambian, se mantienen iguales, porque las variables se anulan las unas a las otras: con Bauer en el campo de juego pero sin datos tan precisos y sin Bauer pero con esos mismos datos la historia es casi la misma; oíste hablar mucho de él y de sus capacidades como agente, y unas pocas horas atrás lo conociste personalmente y lo viste en acción, por lo cual estás segura de que el más indicado para llevar a cabo esta misión hasta el final, el único agente de campo con los medios, las agallas y el temperamento necesarios para resistir hasta el último arañazo, es Jack Bauer. De poco y casi de nada sirve tener la información dada por Nina: ni cientos de agentes juntos serían capaces de obtener a tiempo los resultados que Bauer logra.
Pero la decisión no recaía en vos. Y quizá tu manera de hacer las cosas no es la mejor ni la más indicada. Si George piensa que Nina es la única posibilidad de llegar a tiempo a esa bomba y Palmer lo cree así también, entonces probablemente tengan razón, probablemente el camino elegido sea el más acertado, ¿no?
Si el fin justifica los medios, quizá éste sí sea el medio adecuado para alcanzar al fin.
O al menos hacer el intento de alcanzarlo, ¿no?
Está empezando a dolerte la cabeza. Mucho.
Después de esa breve ducha de diez minutos habías empezado a sentirte mejor, tal como él te dijo que sucedería. La oportunidad de llorar en silencio mientras el agua hirviendo caía sobre tu cuerpo fue un gran alivio, cambiarte de ropa y sentirte limpia y fresca de nuevo también contribuyó mucho a que tu estado de ánimo mutara un poco. Pero cuando regresaste al piso de la CTU y el infierno se desató, fue como si la bomba hubiera detonado de vuelta y te encontraras nuevamente cubierta de escombros y cal, buscando a Tony desesperadamente entre los cuerpos caídos en el suelo, viendo a Paula morir, sintiendo el dolor de las heridas en la mano en carne viva, mordiéndote el labio a cada rato para no gritar...
Y ahora está empezando a dolerte la cabeza. Tan aguda, tan punzantemente...
La hora anterior fue un infierno, sí, y las que vendrán estás segura van a ser peores. Además del inminente asesinato de Jack Bauer, los restos de los sesenta minutos que pasaron, las consecuencias, las cicatrices y la perspectiva de lo que resta por suceder están haciendo peso en tus hombros también, hundiéndote: la confirmación acerca de tus sospechas sobre la condición de George, no saber si será capaz de conservarse física y mentalmente estable para poder llevar a cabo sus tareas como director de la Unidad Antiterrorista de Los Angeles, saber que va a morir dentro de las próximas horas, saber que no hay nada que pueda hacerse para salvarlo...
Jack y George están ambos en la misma situación, se te ocurre. Ambos condenados a – tarde o temprano – morir, uno en las garras de la misma criminal que mató a su esposa y destruyó su vida y la de su hija, y el otro debido al envenenamiento radioactivo que contrajo cuando estaba cumpliendo con su deber.
Los dos van a morir hoy, y nadie puede hacer nada para evitarlo.
Es una lástima que sumergida en la lucha por llegar al día de mañana – la lucha porque los dos lleguemos al día de mañana – te veas obligada a ser testigo de cómo las luces en los ojos de otros se apagan, otros que ni siquiera tienen el leve consuelo de pensar que tal vez, con un poco de suerte, mañana llegue.
Para algunos como Paula el mañana ya se extinguió.
Para otros como George y Jack... Ellos ya saben que el mañana no va a llegar.
Es un pensamiento amargo, pero debés dejarlo a un lado: hay mucho por hacer, mucho que necesita ser hecho cuanto antes.
Pero desplazarlo te cuesta bastante.
Para vos sí hay esperanzas de que mañana llegue. Para vos sí hay esperanzas de que mañana (no literalmente mañana, quizá, pero sí en un futuro) lo mejor de tu vida empiece.
Para ellos no.
Muchos ya murieron, y nada pudo hacerse para salvarlos.
Ellos van a morir, y nada puede hacerse para salvarlos.
¿O sí?
Es increíble la forma en que en un segundo todo puede cambiar.
Es increíble cómo los tableros pueden darse vuelta tan rápido y tan impredeciblemente.
Es increíble que hasta la última esperanza en el mundo parezca estar perdida para después resucitar de repente cuando nadie lo espera.
Es increíble cómo parece que el mundo va oscureciéndose de golpe para que después la luz le sea devuelta de a poco.
Supuestamente sería confirmada la veracidad de los datos dados por Nina antes de que Palmer la autorizara a jalar el gatillo; si cometía el asesinato por el que sería perdonada por adelantado antes de que le dieran el 'visto bueno' por definirlo de algún modo, la promesa del indulto quedaría reducida a cenizas.
Nina entendía esa regla y no tenía problemas en cumplirla, en acatar aquella orden. Podía esperar un poco más antes de deshacerse del hombre al que tanto detesta.
Y en la espera pereció.
El Equipo de Búsqueda y Rescate enviado al sitio donde el avión se estrelló llegó justo a tiempo para encontrarla expectante y ansiosa sosteniendo el arma, apuntándola directo a la cabeza de Jack. En una rápida y efectiva maniobra, lograron dejarla fuera de combate y con una herida en el hombro lo suficientemente importante para asegurarse de que – por más que intentara escapar – sería apresada antes de que lograra avanzar e irse lejos.
Menos de cinco minutos más tarde, el destino de Jack Bauer dio un vuelco inesperado y lo encontró sosteniendo los treinta y tres de mano, mientras que Nina sangraba y se retorcía de dolor sobre el pasto quemado del bosque y tres o cuatro hombres armados la capturaban como cazadores a un animal herido.
Las órdenes de Palmer sobre cómo proceder de allí en adelante fueron concretas: el perdón presidencial otorgado a Nina temprano aquella mañana cuando fue llevada desde la prisión de máxima seguridad en la que se encontraba a las oficinas de la CTU sería respetado y no se la enviaría de vuelta a la cárcel, pero hasta no tener la seguridad de que la bomba ha sido encontrada y desarmada se mantendría a Nina bajo custodia y en la ciudad de Los Angeles, para que – en caso de que el dispositivo nuclear sí fuera detonado - compartiera el destino de aquellos que había puesto en peligro deliberadamente.
Si la ciudad de Los Angeles se extingue hoy, con ella se extinguirá Nina. Y eso te parece justo.
Si la ciudad de Los Angeles vive para ver otro día, entonces Nina también va a vivir, y tendrá de vuelta en sus manos la libertad que perdió cuando sus atrocidades se descubrieron y se la acusó de asesinato traición a la patria. Con la cantidad de dinero que debe haber acumulado brindando información a células terroristas a lo largo de los últimos años antes de ser enjuiciada y sentenciada, probablemente tenga la oportunidad de irse lejos y empezar de cero.
El fin justifica los medios te repetís para evitar que el 'es injusto' que pugna por formarse en tu cerebro sea acallado y empujado hacia las profundidades del océano de pensamientos que se mece de un lado al otro en tu cabeza.
Pensar en Nina no es probablemente lo que deberías estar haciendo, así como tampoco deberías estar pensando en George, en cuánto te entristece su situación y en las dudas que tenés acerca de si podrá o no mantener sus capacidades para dirigir la CTU antes de que su estado empeore. Tu deber hoy es concentrarte y actuar como la agente profesional y altamente calificada que sos; el ser humano que siente compasión y lástima por el señor Mason y odio y rabia hacia Nina tiene que ser dejado en un segundo plano, guardado en un cajón cerrado cuya llave ha desaparecido, apartada del tablero de juego, dejada de lado.
Tratas de concentrarte en la nueva información con la que cuentan: cuando estaba dejando el lugar del accidente aéreo junto con los miembros del Equipo de Búsqueda y Rescate que salvaron su vida, Jack se fijo en el cuerpo de uno de los soldados que había intentado atacarlo a él y a Nina y notó en su antebrazo un tatuaje muy característico y distintivo: el tatuaje que llevan todos los miembros del grupo Víbora de Coral, un grupo cubierto, una unidad de operaciones especiales oculta comandada por el Coronel Samuels y de cuya existencia David Palmer probablemente no haya oído hablar jamás hasta que Jack mismo se lo comunicó minutos atrás por teléfono.
Obviamente, vos tampoco habías oído hablar de esta unidad. De acuerdo con los conocimientos de los que Jack – a quien habían tratado de reclutar en los comienzos de su carrera – dispone, casi nadie sabe acerca de ellos porque están muy bien enterrados dentro del presupuesto de las Oficinas de Seguridad Nacional.
Esto deja en claro un par de cosas – y al pensar en ello un espasmo nervioso te recorre la espalda -: los soldados que atacaron el avión en que viajaban Jack, Nina y el difunto Mamud Faheen con el propósito de matarlos a todos antes de que pudiera obtenerse algún otro dato sobre la bomba eran americanos que tenían acceso al plan de vuelo y que obtuvieron la información desde el interior de las Oficinas de Seguridad Nacional.
Justo lo que se necesita en un día como hoy: la perspectiva de más traidores al acecho tratando de entorpecer el trabajo de quienes se desviven (y muchas veces pierden la vida en el acto) por proteger a la población del país.
Suspiras, deseando que muchas de las emociones que sentís dentro sean expulsadas hacia fuera con ese suspiro, te pones de pie y dirigís tus pasos hacia la oficina del señor Mason para comunicarle que Jack está yendo en un helicóptero camino a la dirección donde Nina Myers dijo encontrarían a Syed Alí.
Mientras subís peldaño a peldaño la escalera, el recuerdo de algo que leíste hace mucho tiempo – quizá en una revista, o un libro, o tal vez no lo leíste y lo escuchaste en una película o programa de televisión – reaflora en tu mente, resurge desde las profundidades y queda flotando en la superficie: dicen que las personas son mucho más concientes de sus propios cuerpos, los olores, colores, sonidos y vibraciones sensoriales cuando se encuentran en el tramo final de sus vidas, cuando saben que les queda poco y que pronto todo va a dejar de funcionar y la cáscara que envuelve sus almas va a volver al polvo.
Escuchas el resonar de tus tacos sobre el material de la escalera a medida que avanzas hacia arriba, y cuanto más te acercas al despacho de George más te preguntas si a él está pasándole eso, si de pronto lo siente todo más vividamente porque sabe que es su última oportunidad para sentir, porque sabe que dentro de escasas horas dejara de sentir para siempre...
Cuando finalmente subís el último peldaño y llegas frente a la puerta del despacho, te tomas dos segundos para componerte, una vez más intentar extirpar esos pensamientos, meterte en la cabeza la idea de que supuestamente vos no sabés nada sobre la condición de George y que no tenés que dejar que se note que Tony confirmó tus sospechas cuando las expusiste.
Tony... Qué tonta te sentiste cuando se te escapó ese 'además, para este punto ya puedo leer tu rostro bastante bien' durante la conversación que mantuvieron sobre Mason. Es cierto que muchas de las barreras existentes entre ustedes dos – barreras principalmente construidas por su miedo a ser lastimado otra vez y tu inseguridad emocional y falta de autoestima cuando del amor se trata – han sido derribadas; es cierto que él ya no te parece tan inalcanzable; es cierto que están mucho más cerca de llegar a algo que lo que jamás lo han estado durante los meses previos a este día, pero admitir aquello delante de él hizo que te sintieras pequeña y vulnerable.
Tu corazón te delató. Las palabras se te salieron solas de la boca, antes de que tuvieras siquiera la oportunidad de pensarlas. Simplemente las dijiste, sentiste la necesidad de confesar que haber pasado tanto tiempo observándolo con obsesión y locura te llevó a conocer su rostro a la perfección, sus gestos, sus muecas, sus reacciones...
Tampoco es momento de estar pensando en esto ahora. Lo hecho, hecho está. Ya lo dijiste, ya quedaste expuesta, y – reconsiderándolo – a juzgar por lo bien que podés leer su rostro te atreverías a decir que esas palabras no le desagradaron en lo absoluto, más bien lo contrario.
Quizá no viene mal que de vez en cuando tu corazón se vuelva delator. Quizá es otra forma de acercarte a él, de mostrarle lo que sentís, cómo te sentís, lo que él hace que sientas, sin tener que estar calculando cada paso, pensando cada sílaba a ser pronunciada antes de pronunciarla.
Quizá es bueno que de tanto en tanto tu corazón se vuelva delator, decidís, y una leve sonrisa curva tus labios al recordar la forma en que le brillaron los ojos cuando te pidió que confiaras en él para vigilar a Mason y asegurarse de que estuviera desarrollándose como corresponde en sus funciones, ese brillo delator...
Mason, estabas yendo a ver a Mason por cuestiones de trabajo. Y ya te distrajiste bastante con tus pensamientos y meditaciones.
Respiras hondo, suspiras de nuevo, echas un vistazo al reloj – son las cinco de la tarde con quince minutos -, envolves el picaporte de metal frío con tu mano y entras sin siquiera por un segundo dejar de recordarte que debés actuar profesionalmente.
"Señor, Jack va camino a casa de Syed Alí" anuncias "¿Quiere que conecte un dispositivo de audio y video a su oficina?" ofreces.
"No, no hace falta. Asumo que ustedes ya tienen todo bajo control"
Percatas en lo educado de su respuesta, a pesar de que no es la clase de comportamiento propio de su personalidad y las presiones a las que está sometido, a pesar de que las agujas del reloj con cada tic-tac lo acercan más y más al final de su existencia terrenal...
Con vos siempre fue educado - bueno, casi siempre -; nunca se pasó de la raya con sus comentarios sarcásticos, nunca dijo nada hiriente, nunca te lanzó alguno de sus dardos cargados de veneno. Siempre respetó y tuvo en cuenta tus opiniones, siempre hizo lo posible para que te integraras de la mejor manera, hasta a veces incluso te brindó consejos que podrían catalogarse de paternales, aún cuando el mismo insistía en no ser realmente un as a la hora de aconsejar a las personas...
Basta, Michelle, estás divagando otra vez te sacude la parte racional de tu cerebro al tiempo que tus oídos son alcanzados por el sonido de George tratando – y fallando en el intento – de toser disimuladamente.
Pobre señor Mason... Sabés lo dolorosa que será la muerte que lo aguarda: hemorragias internas, hemorragias nasales, tos, pérdida del cabello, dificultades para respirar, manchas en la piel, todo agravándose con intensidad punzante a cada minuto...
Y pensar que un rato atrás te quejabas por un simple dolor de cabeza. Un simple dolor de cabeza que no es nada comparado con lo que esté hombre tendrá que afrontar en sus momentos finales.
"¿Necesitas algo más, Michelle?"
Te das cuenta que es, en realidad, una invitación a retirarte disfrazada de pregunta. Y estás a punto de hacerlo, estás a punto de irte y dejarlo solo, pero algo te detiene y hace que te quedes ahí, de pie frente a él, mirándolo a los ojos, y sentís como en tus propios ojos comienza a empujar la tristeza en forma de lágrimas, queriendo ser liberada y expresada.
No lloras, no, las lágrimas no llegan a nacer para luego recorrer tus mejillas, pero sí te tiembla la voz cuando el corazón otra vez te delata, porque por mucho que te esfuerces y lo intentes, al parecer a él no le gusta quedarse callado y al margen para dar espacio a la agente fría y robótica que tendrías que ser hoy.
"Lo siento muchísimo" la forma en que la frase surge, su sonido, la expresión en tu cara, son indicios de que ganas de llorar no te faltan, pero aguantas.
Los ojos azules de George se mantienen un par de segundos fijos en los tuyos, como si estuviera buscando en ellos la respuesta a varias preguntas: ¿cómo te enteraste de lo que está sucediéndole?, ¿quién te lo dijo?, ¿cómo debe reaccionar ante tu expresión de sincera tristeza?, ¿qué debe decirte?, ¿debe quedarse callado?, ¿debe pedirte que te vayas y que vuelvas al trabajo?, ¿tiene que ir y echarle a Tony en cara que haya admitido ante vos lo que él le pidió que quedara estrictamente fuera del conocimiento de cualquier otra persona?
Es como si su piel fuera transparente, como si pudieras ver todos esos engranajes funcionando mientras trata de decidir su contestación, si es que habrá alguna. George Mason, un hombre que generalmente siempre tiene las palabras listas en la punta de la lengua para ser lanzadas como misiles en llamas, está contemplando qué decir y cómo decirlo, algo que raramente hace.
Unos cuantos segundos más tarde que se hicieron largos como la eternidad más infinita, la voz de George alcanza tus oídos nuevamente, y el rumbo que escoge darle a la conversación no es ni por asomo ninguno de los que consideraste durante el breve tiempo de silencio pasado observándolo observarte.
"Así que, ¿qué vas a hacer mañana?"
¿Qué vas a hacer mañana? ¿Realmente tu jefe moribundo está preguntándote qué vas a hacer mañana en un día como hoy?
No sabés si va a haber un mañana. Existen las posibilidades, existen las esperanzas, pero nada es seguro. Nunca el mañana es algo que debemos tomar por garantizado, mucho menos contemplando cómo el curso de las cosas ha ido desarrollándose durante el último par de horas.
"Si la bomba no explota" aclara, como si pudiera leer tu debate interno acerca de las probabilidades de que mañana arribe "¿Ya pensaste en eso?"
George Mason no es de la clase de jefes que suele hablar con sus empleados acerca de cómo les fue en el fin de semana, qué actividades hicieron, cómo están sus familias, qué tal estuvo el recital de piano o el partido de baloncesto de sus hijos; en realidad, nunca fue de hablar mucho de temas que no estuvieran para nada relacionados con el trabajo y jamás demostró ni la más mínima pizca de interés por la vida personal de los demás, pero se te ocurre de pronto que para un ser humano que sabe que mañana no existirá, probablemente hablar sobre el futuro que sabe los demás tendrán y él no debe resultar interesante, atrayente: saber lo que otros van a hacer dentro de veinticuatro horas, cuando ellos ya no estén físicamente en este mundo, es una certeza – dolorosa, sí, pero certeza al fin – de que la Tierra no va a dejar de girar al momento de su fallecimiento, de que el Universo continuará de todos modos siendo lo que es, que va a acabarse cuando ellos se acaben.
Lo cierto es que sí has pensado mucho en el mañana. Mucho. Demasiado. Si mañana llega, si sobrevivís, si resistís lo suficiente para ver otro mañana, si Tony resiste lo suficiente hasta la llegada de mañana... Sí, pensaste mucho en eso. Pensaste en que mañana – cuando todo esto haya acabado -, vas a invitarlo a salir. Pensaste en que mañana vas a dejar en claro cuáles son tus intenciones. Pensaste en que mañana vas a ir y a pedirle unos minutos de su tiempo para empezar a exponer tus sentimientos y darle la oportunidad de que exponga los suyos. Pensaste en todo lo bueno de lo que podría llenarse tu vida si las cosas salen bien mañana, todo lo bueno que puede llegarte durante los días que sigan a ese mañana por el que tanto están luchando...
Sí, pensaste en mañana. Pensaste mucho.
Pero no crees que a George eso le interese, no querés aburrirlo hablando de tus expectativas y esperanzas en el amor, tus sueños de príncipes, princesas y finales felices.
No vas a dejar que el corazón te delate otra vez.
Así que contestas con un 'no' susurrado casi con timidez, casi temiendo que lea entre líneas y descubra que estás mintiéndole.
"Probablemente vengas a trabajar" continua Mason, poniéndose cada vez más conversador.
"Sí, ¿por qué no habría de hacerlo?" la sonrisa tímida se acentúa aún más, producto de la curiosidad que te causa el camino que la charla está tomando.
"No sé" pequeña pausa, y luego embestida "... ¿Sos feliz en este trabajo?"
Sos feliz, más feliz que lo que alguna vez fuiste en tus veinticuatro años de vida. Sos feliz porque amas lo que haces, porque el ambiente de la CTU es distinto al de Distrito, porque ayudas a salvar la vida de las personas y a capturar a criminales potenciales, porque cada mañana te despertas y – más allá de la soledad que sentís – sabés que con tu trabajo estás haciendo algo útil, porque al llegar a la oficina Tony está ahí, porque gracias a este trabajo lo conociste a él...
Sí, sos feliz.
Pero no llegas a contestar la nueva pregunta de Mason, porque él ya se ha largado a hablar:
"Créase o no, yo quería ser maestro" inclinándose hacia delante un poco y utilizando un tono de secretismo que te causa algo así como una mezcla de gracia y ternura, te mira directamente a los ojos y entendés que está abriéndose a vos de una manera especial "Hace mucho tiempo" agrega, e inevitablemente te arranca una sonrisa: lo que está compartiendo con vos es algo importante, algo que probablemente no haya compartido con muchas personas a lo largo de su existencia "¿Sabés por qué no lo fui?" es una pregunta retórica, por supuesto, una manera de abrirse paso para seguir contándote la historia, un conector entre la confesión acerca de la profesión con la que alguna vez soñó y la explicación de por qué acabó en una oficina gubernamental sentado detrás de un escritorio, pero igual ladeas la cabeza suavemente de un lado a otro y en silencio esperas a que continúe "DOD me ofreció más dinero, así fue cómo tomé me decisión" sentís la amargura en sus palabras, el arrepentimiento en su corazón, y te duele en carne propia "Me volví un tipo miserable e hice miserables a todos los que estaban a mi alrededor por cinco mil dólares extras al año. Ése fue mi precio"
"Lo siento" volvés a susurrar, y ni para él ni para vos suena a cliché. Lo sentís de verdad, y se nota en tus ojos, en tu cara, en el tono de tu voz. Y él también lo siente. También siente haber desperdiciado su vida, no haber hecho realidad sus sueños, haberse vuelto un tipo miserable y haber hecho miserables a los demás. Y probablemente también sienta, lamenta y se arrepienta de muchas otras cosas, cosas que jamás llegará a corregir o enmendar porque el tiempo no le alcanza, el tiempo se le acaba.
George se pone de pie y se dirige hacia donde estás parada, casi en el medio de su oficina, a mitad de camino entre su escritorio y la puerta.
"¿Sabés qué, Michelle? No soy muy bueno con los consejos, pero dadas las circunstancias" respira hondo, se acerca aún más y nuevamente mira directo dentro de tus ojos "... No te quedes sentada esperando a que la vida te pase. Encontra algo que te traiga felicidad y hacelo" rodea tu hombro con su brazo y comienza a dirigir los pasos de ambos hacia la puerta antes de concluir "... Porque el resto, el resto es todo ruido de fondo"
Cae el silencio otra vez entre ambos, y estás segura de que su sonrisa refleja la tuya mientras dejas el despacho y comenzas a descender los peldaños de la escalera con su consejo repiqueteando en tus oídos, haciendo que se aceleren los latidos de tu corazón:
No te quedes sentada esperando a que la vida te pase. Encontra algo que te traiga felicidad y hacelo. Porque el resto, el resto es todo ruido de fondo.
El resto, es todo ruido de fondo.
Ruido de fondo es lo que escuchas rodeándote mientras muy quieta y muy tiesa pretendes estar concentrada trabajando, leyendo sin comprender las palabras que aparecen en la pantalla de tu computadora, cuando en realidad estás muy lejos, sumergida en las palabras de George.
No te quedes sentada esperando a que la vida te pase. Encontra algo que te traiga felicidad y hacelo. Porque el resto, el resto es todo ruido de fondo.
No podés quitártelas de la mente, por mucho que lo intentes. Sencillamente no podés. Hacen eco y se repiten una y otra y otra vez, y no logras dejar de pensarlas, de analizarlas.
De tanto en tanto, automática e inconcientemente sentís algo así como un impulso, una descarga eléctrica que hace que gires la cabeza sobre tu hombro para observar a Tony mientras trabaja, y cuando lo haces, lo dicho por Mason toma más fuerza, se intensifica una y mil millones de veces, haciendo que a tu corazón le crezcan las ganas de delatarse.
¿Qué vas a hacer mañana, Michelle? Sí, pensaste en eso, lo tenés decidido. ¿Pero qué pasa si mañana nunca sucede?, ¿qué pasa si morís antes de ver el día de mañana?, ¿vas a irte a la tumba sin haberle dicho lo que te pasa, sin haberte arriesgado?, ¿vas a irte a la tumba con las dudas y las preguntas sin ser contestadas?
No.
No podés permitir que pase eso.
No podés quedarte sentada esperando el mañana.
No vas a cometer el error de quedarte sentada esperando a que la vida te pase, porque nada te garantiza que sacudido el susto de la amenaza de bomba nuclear mañana no te arrepientas de todas las resoluciones tomadas, pierdas el coraje y vuelvas a fojas cero, al primer casillero del tablero.
Es hoy o nunca, ahora o nunca.
Ese algo que te trae felicidad ya lo encontraste, no hace falta que salgas a buscar. Ahora sólo queda ir y animarse a conseguirlo, antes de que se acabe el tiempo, porque realmente no sabés cuánto tiempo les queda, y no vas a morirte con la duda, con la sensación de no haber hecho nada, saboreando lo amargo de la frustración y la impotencia, no cuando existen y están al alcance de tu mano formas de remediarlo.
Las palabras y confesiones que tenías pensadas hacer mañana, tenés que hacerlas hoy.
Y como si el destino celebrara tu decisión y estuviera de acuerdo con vos, te envía la señal de que el momento preciso es este, señal que llega a tu lado en la forma del hombre que amas y se sienta en la punta de tu escritorio, como se le ha hecho costumbre en estos últimos meses.
Antes de que reacciones, antes de que digas algo, antes de que puedas salir vos misma de la burbuja de pensamientos en la que estabas encapsulada, él te habla:
"¿Qué opinas de este par de novedades tan interesantes?"
Sabés perfectamente a qué se refiere: a lo que sucedió minutos atrás en el domicilio dado por Nina.
Jack y los equipos enviados irrumpieron en él y encontraron en el amplio cuarto de baño a un hombre – presuntamente Syed Alí –, a una mujer joven que estaba siendo torturada por éste y un cadáver masculino de mediana edad descuartizado dentro de la bañera de esmalte blanco y envuelto en nylon.
La mujer – caucásica, rubia, edad comprendida entre los veinticinco y los treinta años – se encontraba en estado de shock absoluto aunque no muy malherida físicamente, y permaneció quieta a un lado sin mover si quiera un músculo, totalmente ausente y perdida dentro de su cabeza; pero quien se pensaba era Syed Ali ni siquiera se esforzó mucho por escapar: antes de que los agentes llegaran a ponerle las manos encima, se tragó una pastilla de cianuro que llevaba escondida bajo la lengua y empezó a convulsionar allí, en el piso de ese baño cuyas paredes y techo estaban manchados de sangre, para morir escasos minutos después.
Si ese hombre que acababa de suicidarse era – de acuerdo a las presunciones - Syed Alí, entonces estaban en problemas.
Afortunadamente, no era él si no uno de sus secuaces. El verdadero Alí había estado allí, pero se había marchado antes de que el grupo comando y Jack llegaran. Eso lo supieron gracias al testimonio que – una vez calmada y en mejor condiciones físicas y psíquicas – les dio la joven que tenían secuestrada allí desde hacia un par de horas: dos hombres – el fallecido y Alí – habían estado en el cuarto con ella y con el investigador privado que había contratado para investigar al prometido de su hermana menor, de quien desconfiaba. Los habían secuestrado a ambos cuando se hallaban abandonando su casa en Pasadena, los habían llevado allí, y luego de torturar lentamente al pobre tipo delante de sus ojos habían amenazado con torturarla a ella hasta que también muriera. Después, Syed Alí y su 'amigo' habían intercambiado un par de palabras en árabe y luego Alí se había marchado, dejándola sola con ese otro monstruo.
Lo sorprendente de todo esto, es cómo los cables se conectaron cuando Jack llamó a la CTU hace un rato y habló con Tony para ponerlo al tanto de la situación. De pronto muchas piezas sueltas del rompecabezas comenzaron a encajar, a la vez que con cada pedazo del enigma que se encastraba muchos aspectos de la visión general de las circunstancias se volvían más confusos y borrosos como consecuencia de la adquisición de estos nuevos datos.
La mujer que había sido abducida por los hombres de Syed Alí junto con el investigador privado que había contratado para revisar un par de asuntos en la vida del prometido de su hermana, no es otra que Kate Warner, la hija mayor de Bob Warner, hermana de Marie y cuñada de Reza.
Si Kate Warner interesó a Syed Alí lo suficiente para que la secuestrara, entonces es obvio que su familia está metida en esto hasta el cuello, de eso no quedan dudas. Eso es lo que opinas, pero no llegas a contestar a la pregunta porque suena el teléfono.
"Dessler" contestas de la manera habitual al levantar el auricular y luego de mantener una conversación de menos de dos minutos con la persona que se halla del otro lado de la línea, cortas la comunicación, depositas el auricular de vuelta en su sitio y haces girar un poco la silla para mirarlo a él "Era Bárbara" decís, refiriéndote a la agente Maccabee "Siguen en la oficina de Warner"
"¿Qué encontraron?"
"Todavía nada. Aún están revisando los registros, pero al parecer Reza está cooperando" lo cual es esperanzador.
"Esto está enloqueciéndome" comienza cargado de ansiedad, frustración y desconcierto "No tiene sentido que Syed Alí mantenga conexiones con una familia de raza blanca de Pasadena"
Tiene razón, en cualquier contexto no tendría mucho sentido, pero todas las pruebas señalan a los Warner y a Reza que es – al fin y al cabo – parte de la familia. Cuanto más investigan, cuanto más indagan, cuantas más puertas se abren, más parecieran las pistas gritar que los Warner están enterrados con la arena hasta el cuello.
"Entonces, ¿le crees a Bob Warner?" nunca se te cruzó por la cabeza que Tony pudiera llegar a ser de esos que se basan en prejuicios raciales, más bien todo lo contrario, especialmente debido al origen de sus padres y a su propio origen, pero quizá en su mentalidad de agente más experimentado es preferible desconfiar de unos e inclinarse por confiar en otros... Sin embargo, desde que regresó a la CTU acompañado por Warner y Nayieer, creíste interpretar en su modo de comportarse que respaldaba la inocencia proclamada por el muchacho.
"Por un lado no hay nada en su perfil o comportamiento que sugiera que está envuelto en terrorismo..." comienza, y por el tono de voz y la manera en que modula las palabras te das cuenta de que hay un gran 'pero' detrás de todo eso. No estabas equivocada: Tony sí cree por algún motivo que Warner es quien tiene más posibilidades de estar implicado en todo esto, especialmente si se toman en cuenta las pruebas y los nuevos halos de luz arrojados sobre el caso durante la última hora; simplemente le cuesta entender cómo un norteamericano podría traicionar a su propia patria.
"Estoy de acuerdo" lo interrumpís, y expones tu opinión ", pero fijate en los hechos: hay un intercambio de papeleo entre la empresa de Warner y Alí. Y Kate Warner fue secuestrada por algún motivo"
"Lo sé" suspira, tratando de decidir qué pasos tomar a continuación "Bien, quiero que confecciones una lista con los nombres de todos los gerentes y directores de la compañía de Bob Warner. Quiero buscar y ver si no hay nada escondido ahí"
"Es una buena idea" coincidís.
"¿Algo más?" pregunta, y al darte cuenta de que probablemente la conversación esté a punto de terminar, a punto de alcanzar sus horizontes finales, te das cuenta de que si vas a actuar, si vas a seguir el consejo de Mason, el momento llegó, y no podés dejar que se te escurra entre los dedos.
Quizá ese '¿algo más?' no se refiera solamente a asuntos de trabajo, quizá no esté preguntándote si necesitas algún otro dato o alguna otra información. Quizá – se te ocurre en una fugaz ráfaga de optimismo – está esperando que te animes a dar el primer paso, o que le envíes alguna señal a él de que es buen momento para que dé el primer paso.
No te quedes sentada esperando a que la vida te pase. Encontra algo que te traiga felicidad y hacelo. Porque el resto, el resto es todo ruido de fondo.
Animate, Michelle. Deja que el corazón te delate y que el resto no te importe. Es ruido de fondo. El resto no es nada, sólo ruido de fondo.
"Sí, eh" no sabés ni cómo ni por dónde empezar. Tenés miles de cosas para decir y se te ocurren doscientas cincuenta maneras de decirlas, pero te cuesta arrancar, te cuesta decidirte. No hay un modo, en realidad, no hay una manera exacta: vas a tener que tocar la canción de oído e ir viendo para qué lado se mueven las aguas "... Um" sentís la garganta cerrada, la boca seca, las mariposas en el estómago haciéndote cosquillas, los pies empequeñeciéndose dentro de tus zapatos, el corazón latiendo tan fuerte dentro de tu pecho que casi duele al golpearte las costillas, latiendo tan fuerte que tenés miedo de que él lo escuche, de que el sonido te delate"... Estuve hablando con Mason hace un rato y..." dudas acerca de si contarle o no tu conversación con George.
"¿Y?" te anima a seguir. Entonces ves un brillo refulgiendo en sus ojos que hace que los nervios, los miedos, las inseguridades, las dudas y la ansiedad desaparezcan. Es ese brillo que viste horas atrás, el brillo que te asegura que te ama tanto como vos lo amas a él, el brillo que lo delata. Su corazón también lo delata, aunque tal vez él no se dé cuenta de eso. Y lo que su corazón – que late acompasado con el tuyo – te dice sin que él sepa que está hablándote, te anima a arrojarte de lleno, ya sin temer nada.
Tu lengua articula demasiado rápido, como si estuvieras apurada, como si ahora que estás total y completamente decidida quisieras largarlo todo de un saque, sin pausas ni respiros:
"Sé que éste difícilmente es el momento adecuado" una amenaza nuclear, a las puertas de una amenaza nuclear estamos, luego de haber sobrevivido una explosión que se cobró la vida de tantos, y yo estoy a punto de... No pienses más, simplemente decí lo que tenés que decir "pero no sé cuánto tiempo nos queda" ahí está tu corazón, delatándote otra vez, mostrándole lo preocupada que estás ante la perspectiva de no saber si mañana llegará o si quedará perdido entre las cosas que tendrían que haber sido y podrían haber sido pero no fueron ". Simplemente quería que supieras, que si te gustaría que alguna vez saliéramos..."
Oís la risa nerviosa que se le escapa; los labios se le curvan en una sonrisa que también podría pasar por mueca, la boca se abre apenas un palmo y pronuncia tu nombre, interrumpiéndote:
"Michelle, yo..."
Si lo que viene a continuación es un rechazo, una excusa, un despliegue de las vacilaciones que no lo dejan darse la oportunidad de rehacer su vida, una pequeña muestra de cuán destroza está su capacidad de volver a confiar, entonces eso no vas a poder soportarlo.
Quizá hiciste mal al encararlo de esta manera, tan rápido, tan sin previo aviso. Quizá no deberías haberlo agarrado tan desprevenido y en un día como el de hoy, después de que luego de meses sin saber de ella volvió a entrar en contacto con Nina y vio la maldad de la que la mujer con la que alguna vez estuvo es capaz. Tal vez te equivocaste al dejar que el corazón te delatara de este modo.
"No, no tenés que decir nada" te apresuras a agregar, para que sepa que no estás esperando respuestas inmediatas y que no es tu intención someterlo a ninguna clase de presiones "Simplemente quería que supieras lo que siento"
Simplemente quería que supieras lo que siento, qué linda manera de decirle indirectamente lo loca que estás por él, lo terriblemente enamorada que te tiene, lo mucho que te gusta.
"No, Michelle" te frena, antes de que puedas seguir hablando, y las palabras más hermosas que podría haber elegido para hacerte escuchar después de tu declaración te dejan desarmada "Yo siento lo mismo"
Querés agarrar esas cuatro palabras, todas esas sílabas, y encerrarlas en una cajita de cristal, guardarlas, atesorarlas, tenerlas siempre a mano para escucharlas cuando tengas ganas.
Siente lo mismo, y está diciéndotelo. Está confesándolo. Está dejando que el corazón lo delate no sólo con el brillo que aparece en su mirada, ni con la forma en que sus dedos queman cuando te toca... Está diciéndotelo.
Yo siento lo mismo.
"Simplemente he estado manteniendo mi distancia porque..." continua explicando, pero no necesitas más explicaciones. Nunca necesitaste explicaciones, nunca las buscaste ni las esperaste, nunca las quisiste. Sabés los motivos por los cuales mantuvo su distancia, sabés por qué te costó tanto llegar a él, sabés por qué le costó tanto llegar a vos, pero ya llegó. Esas cuatro palabras son prueba de que la distancia esa no existe más, desapareció, se desvaneció.
"¿Por lo que pasó con Nina?" tratas de ayudarlo, de demostrarle que entendés, que no hace falta que agregue nada más.
"Sí" reconoce tan vergonzosamente que te da ternura y la necesidad de abrazarlo te desborda.
Sonreís, sonreís como nunca antes, con la boca y con los ojos, y sentís que cada célula de tu cuerpo, cada palmo de tu piel, cada centímetro de tu anatomía están siendo invadidos por lo que segrega esa sonrisa. Sonreís, y él sonríe también, como si sus dos rostros fueran uno el espejo del otro.
"¿Entonces pensas que te quiero nada más por tu información?" es una pregunta formulada en un tono mucho más arriesgado y seductor, y hasta te sorprende a vos misma escuchar tu voz cuando decís esas palabras. Querés dejarle saber indirectamente que te gusta y atrae como hombre, que estás enamorada de lo que es como persona, que te interesa conocerlo más, meterte en su piel, en su alma, compartir millones de cosas, dejar que te haga el amor para mostrarle de la manera más dulce y más íntima hasta qué punto te entregarías... Simplemente porque te enloqueció y hechizó, no porque estés buscando algo más.
Ríe de nuevo, evita tu mirada por dos segundos, vuelve a reír, y vos seguís con los ojos clavados en él y los labios aún curvados en una sonrisa.
"Bueno, ¿en qué quedamos entonces?, ¿si salvamos Los Angeles de una bomba nuclear vamos a comer y al cine?, ¿te parece bien?" te sonrojas al darte cuenta que esa pregunta esconde una propuesta, que es su forma de decirte que sí, que él también cree que ya es hora de darse una oportunidad.
Ahora sos vos la que evita mirarlo, porque no querés que vea lo mucho que te sonrojaste. Simplemente asentís con la cabeza y murmuras 'voy a ponerme a trabajar en esa lista' al tiempo que él se levanta y se dirige de vuelta a su estación de trabajo, con el brillo intacto refulgiendo en sus ojos negros y la sonrisa aún en la cara.
Lo observas atentamente mientras se aleja, y la felicidad que te llena es tan inmensa que por unos instantes te olvidas de todo: el lugar que te rodea, las circunstancias bajo las cuales te encontras, la bomba nuclear, Syed Alí, la familia Warner... Todo, te olvidas de todo, y solamente tenés espacio y energías para pensar en él, en las palabras que te dijo, la forma en que te miró, la música de su risa, la forma en que su corazón también lo delata.
Su corazón es tan delator como lo es el tuyo.
¿Si salvamos Los Angeles de una bomba nuclear vamos a comer y al cine?, ¿te parece bien?.
A comer, al cine, a caminar, a mirar vidrieras, a comprar baldosas para renovar el piso de su cocina, que te lleve a donde quiera: lo único que te interesa es estar con él, es eso lo único que querés. Querés que llegue mañana para estar con él, donde sea, haciendo lo que sea, pero con él, escuchando su corazón latiendo al compás del tuyo, delatándolos.
Porque George tenía razón acerca del resto: el resto es todo ruido de fondo.
