Lo siguiente tiene lugar entre las 6:00 y las 7:00 de la tarde del 4 de septiembre.

Los hechos ocurren en tiempo real.


Me endulzas cuando hablas,

Me muero si te hago reír,

Es así.

Es así: cuando menos lo esperas, suceden las cosas menos pensadas.

Como Jack siendo rescatado de las garras de una muerte segura.

O Kate Warner – la única persona que se sepa alguna vez tuvo a Syed Alí cara a cara y vivió para contarlo y, por ende, la única persona que sabe cómo luce y podría reconocerlo – siendo liberada del sitio en el que la mantenían capturada antes de que los métodos de tortura le infligieran heridas graves o acabaran por matarla.

O que el coche patrulla en el que Kim Bauer y su novio estaban siendo llevados de vuelta a Los Angeles luego de que el comisario local ignorara deliberadamente las órdenes de George Mason de dejarlos allí donde estaban hasta que agentes de la CTU fueran a buscarlos se haya accidentado en medio de la ruta, y que la joven haya quedado en condiciones lo suficientemente buenas como para escaparse del lugar de los hechos y seguir alejándose del radio de explosión proyectado (obviamente la idea de que su hija ande por ahí sola y prófuga de la justicia no hizo ninguna gracia a Jack cuando se lo comunicaron, pero al menos puede consolarlo el hecho de que – si la bomba es detonada – Kim no será una víctima).

Es así: cuando menos lo esperas, suceden las cosas menos pensadas.

Como el amor de tu vida dando el primer paso, ese primer paso que vos no te animaste a dar.

¿Quién lo hubiera dicho?: Michelle, tan tímida e inocente, atreviéndose a poner todas las cartas sobre la mesa, encararte y presionar lo suficiente hasta obtener lo que quería (lo que los dos querían).

Todavía no podés creer que esa conversación haya tenido lugar, que te haya mirado a los ojos y dicho que necesitaba que supieras lo que siente. Aún no podés entender cómo lograste articular las palabras necesarias y formar la frase exacta para dejarle saber que te sentís igual, que sentís lo mismo.

La química, la atracción, ese algo suspendido en el aire entre los dos ha estado ahí desde que se conocieron, desde que llegó a la CTU; sabés que está enamorada de vos, hace rato que te diste cuenta de eso, quizá inconcientemente siempre lo supiste, pero – tal y como trataste de explicárselo antes de que las palabras se atoraran en tu garganta y no pudieras seguir hablando – estabas manteniendo tu distancia por lo que pasó con Nina y porque tus heridas estaban aún terminando de sanar, no porque no quisieras estar con ella desesperadamente, no porque no desearas tener la capacidad de abrirte y perderte entre sus brazos.

Te hubiera gustado detallárselo mejor en lugar de quedarte ahí, rascándote el costado de la cara como haces cada vez que los nervios te asaltan, sintiendo las mariposas en el estómago comiéndote desde adentro, con el alma temblándote como una hoja de otoño expuesta al invierno. Te hubiera gustado poder pronunciar el nombre de Nina en lugar de frenarte en seco y que ella tuviera que completar la oración. Te hubiera gustado decirle tantas cosas, tantas cosas que todavía no fueron dichas...

No sólo tus nervios te jugaron la mala pasada y te impidieron abrir el corazón y volcar todo su contenido frente a ella; también está el trabajo de por medio, la cantidad increíble de cosas que hay que hacer y que no pueden ser postergadas para un minuto más tarde porque están corriendo contra el maldito reloj que no para de avanzar y avanzar. Con la CTU siempre es así: el deber viene primero, y todo lo demás queda relegado a un segundo lugar, inclusive los sentimientos.

Sobre todo los sentimientos.

Si pudieras... Si pudieran (te gusta pensar en ustedes dos como en uno solo y conjugar los verbos en plural) deshacerse de las ataduras, soltarse, salir corriendo y alejarse de ahí sin mirar atrás... Pero no.

No serías un buen agente si hicieras eso, y tampoco lo sería ella. Y si hay algo que los dos se toman muy en serio son las responsabilidades y obligaciones que han contraído para con el país y sus habitantes.

Así que como no pueden largarse, escaparse juntos y desaparecer de la faz de la Tierra, la opción que queda es esperar a que un instante libre se presente para ir de vuelta a su escritorio e intentar poner en palabras la cantidad infinita de cosas que te gustaría explicarle, que te gustaría que supiera con mayor detalle, con mayor profundidad.

Pero de momento no podés: hay una misión que planear, una misión que tiene que salir bien a como dé lugar si quieren atrapar a Syed Alí antes de que se les escurra por entre los dedos otra vez.

Cuando Jack Bauer interrogó a Kate Warner, no sólo averiguó que el hombre que estaba con ella y que había tragado la pastilla de cianuro antes de que lograran ponerle las manos encima no era Syed Alí, si no que debido a los conocimientos básicos del idioma árabe adquiridos por la joven durante los meses pasados en sus años adolescentes viviendo en ese país debido a los negocios de su padre pudo captar algunas partes de la conversación mantenida por sus captores antes de que Alí se marchara.

Kate Warner dijo haber oído la palabra salat, que significa 'rezar'. Muchos grupos terroristas piensan que lo que están haciendo es llevar a cabo una misión divina, que su comportamiento es justificado por Dios, por lo cual antes de asestar grandes golpes van a centros religiosos – en el caso de Alí, a una mezquita – a participar de servicios de oración.

Hay una mezquita cercana al domicilio en que Nina les dijo encontrarían a Alí, a unos quince minutos de esa calle. Quizá no se haya dirigido ahí, pero hay grandes posibilidades de que sea ése el lugar donde se encuentra, y no pueden arriesgarse a perder el tiempo considerando otras opciones: proceder cuanto antes es vital.

Tan vital como lo es que Kate Warner participe de esta misión. Nadie más que haya estado en presencia de Alí y que no pertenezca a su círculo cerrado ha vivido para contarlo.

La idea inicial era asentarse en la terraza de un alto edificio ubicado frente a la mezquita y aguardar a que los feligreses comenzaran a salir por la puerta una vez concluidas las oraciones; con equipos especiales para ver a larga distancia, Kate observaría a las personas una a una, identificaría a Alí y los agentes procederían a capturarlo. Sin embargo, luego de sopesar las probabilidades de éxito con las de fracaso se inclinaron por seguir una propuesta de la mismísima Kate Warner para garantizar mayores posibilidades de alcanzar el objetivo: la joven sería ataviada con ropas árabes para cubrir su rostro y evitar ser reconocida, se inmiscuiría dentro de la mezquita, daría un rápido vistazo a los presentes, se cercioraría de que en efecto Syed Alí sí se encontraba entre ellos y luego procederían a esperar en la terraza a que saliera, tal como se había planeado antes.

Arriesgado, sí, pero necesario.

Es una suerte que Kate Warner se haya mostrado tan abierta a cooperar se te ocurre. Esa mujer está poniendo su vida en riesgo un par de horas después de casi haber sido asesinada bajo las órdenes de ese mismo hombre, pero conocés a Jack, sabés cómo se maneja, cómo trabaja, y estás seguro de que con su meticulosidad y perfeccionismo característicos la misión será llevada a cabo sin inconvenientes, Syed Alí será atrapado y después...

¿Después qué?

Quizá lo interroguen y se quiebre, aunque lo ves poco probable: esa clase de personas no se quiebran, prefieren morir lenta y dolorosamente antes que traicionar las causas en las que creen.

Va a necesitarse más que unas cuantas amenazas, gritos y disparos para doblar a Alí y hacerlo hablar, pero preocuparse por eso ahora es inútil. Hay que ir paso a paso: capturar a Alí primero, ver cómo hacer que les dé información sobre la bomba después.

Paso a paso, sí, así todo sale mejor.

El problema es que en un día como éste ir paso a paso es imposible: para mantenerse a la par del reloj hay que ir a zancadas.

Es así.


El primer instante libre lo encontras, lamentablemente, cuando es ella la que está ocupada, al teléfono con algún idiota del FBI que está dándole problemas. Guardas cierta distancia para que no quede tan evidente que estás devorándola con los ojos mientras trabaja, observando con detenimiento y admirando con devoción rasgos que ya conocés como a la palma de tu mano: la piel color champagne, los ojos asiáticos brillantes como dos océanos negros en los que la luz de la luna se refleja, los labios rosados, la dentadura perfecta, el cabello castaño oscuro con leves destellos rojizos recogido en la nuca mientras que algunos bucles demasiado cortos para ser aprisionados por la bandita elástica caen alrededor de su rostro enmarcándolo... Es tan exóticamente hermosa, como una muñeca de porcelana... ¿Cómo no sentirte atraído hasta los huesos por semejante belleza?

Segundos antes de que su comunicación telefónica termine y vuelva a depositar el auricular en su sitio, te das cuenta que tus pies te han llevado ellos solos como si tuvieran voluntad propia hacia su escritorio, y estás – como se ha vuelto costumbre – sentado en el borde, algo que sabés que le gusta, aunque también hace que se tense a causa de los nervios y se sonroje.

Amas ponerla nerviosa. Amas hacer que se sonroje. Es así, no podés evitarlo: te encanta ella, te encanta lo que ella provoca en vos, y te encanta lo que vos provocas en ella.

Amas que te mire así, como está mirándote ahora, con un aire de timidez rodeándola que la vuelve mucho más hermosa.

"Eran los del FBI" explica, tratando de hacer conversación, quizá para evadir cualquier otro tópico, quizá porque sabe que no es de trabajo que venís a hablarle. Después de todo, ella misma lo ha dicho, y vos estás de acuerdo: se volvió una experta a la hora de leer tu rostro, por lo que no te extrañaría que por las expresiones en él supiera ya por qué estás ahí, sentado en el borde de su escritorio "Quieren poner un representante en la mezquita, pero tienen los cables cruzados..."

Amas su voz también, tal vez mucho más de lo que amas cualquiera de sus aspectos físicos. Es la voz que endulza tus mañana, tus tardes, tus noches cuando estás a punto de quedarte dormido, tus sueños, tus fantasías; es la voz que quisieras escuchar cada día al despertar, la voz que elegirías por sobre cualquier música o sonido.

Amas su voz, podrías pasar horas escuchándola hablar de cualquier cosa, te encantaría pasar horas escuchándola hablar y hablar sin pausa, sin necesidad de agregar nada, pero hoy necesitas que se escuche un poco tu voz, y teniendo en cuenta que no dispones de mucho tiempo, no querés que los preciados minutos que te quedan antes de tener que volver al trabajo sean desperdiciados.

"Um" no te trabes otra vez "Acerca de lo que estábamos hablando hace un rato..."

Mal comienzo, evidentemente, porque antes de que logres llegar más lejos te interrumpe, excusándose por algo que cree haber hecho mal.

"Sí, perdoname. No debería haberte abordado de esa manera"

¿De verdad piensa que tiene que disculparse por 'la forma en que te abordó'?, ¿acaso no pudo leer en tus ojos, en tu mirada, en tu rostro que te encantó que haya dado el primer paso?, ¿acaso no entendió todo lo que quisiste simplificar con ese 'yo siento lo mismo'?

Si hay algo que cambiarías – por su propio bien, por supuesto – es esa manía de pedir perdón a cada rato, por todo, incluso hasta por cosas que no hizo mal, incluso hasta por cosas por las cuales no debería disculparse. Es una señal innegable de bajo autoestima, y te da muchísima bronca: te molesta que se sienta menos, que no se dé cuenta de lo mucho que vale, de lo inteligente que es. Te da bronca que no se haya dado cuenta de lo mucho que te gusta y de lo loco que te tiene, y te da bronca saber que gran parte de ello se debe a errores tuyos.

Errores que esperas corregir ahora diciendo todo lo que tenés para decir.

"En realidad, um" ahí está ese um otra vez; sin darte cuenta te llevas una mano a la frente y comenzas a frotártela, algo típico en tus patrones de comportamiento cuando estás nervioso "... Me alegra que lo hayas hecho"

Otra cosa que amas de ella: su sonrisa, especialmente cuando está sonriendo sólo por y para vos, como ahora. Morís cada vez que la haces reír, morís cuando te regala esas sonrisas capaces de iluminar una habitación entera y ejercer una influencia tan positiva sobre tu estado de ánimo, sea éste cual sea. Amas que esa sonrisa pueda hacerte olvidar de todo: el espacio que te rodea, las tristezas, los problemas, las preocupaciones... Lo que darías por besarla cada vez que sonríe.

"¿De verdad?" pregunta incrédula, con timidez.

"Sí" te das cuenta de que estás sonriendo vos también, mordiéndote el labio inferior tal vez porque inconcientemente sabés que de no contenerte terminarías robándole un beso "Desde que nos conocemos hay algo entre nosotros..." es la punta del largo hilo de cosas que vas a decirle, y estás contento de haber empezado finalmente a desovillar la madeja.

"Sí" muero cuando sonreís así "Sí, es cierto" coincide, asintiendo con la cabeza, esquivándote la mirada porque obviamente no quiere que te des cuenta que está sonrojándose. Notas que también está mordiéndose el labio, y te preguntas si tendrá los mismos motivos que vos para hacerlo.

"Tomé una decisión... hace un tiempo" cuesta hablar de esto, pero mucho menos de lo que creíste. Después de todo, estás hablando con ella, y en ella podés confiar. Ella no es Nina, y lo sabés bien; jamás se te ocurriría compararlas o considerar que Michelle podría parecerse a ella en algo. Sentís que a ella podés confiarle lo que sea, podés abrir el corazón, mostrarle las cicatrices, hablarle de las heridas, describir en detalle el dolor, y ella te escucharía y te consolaría "... de tratar de mantener los ámbitos personales y los profesionales por separado" me hice una promesa a mi mismo, y vos me llevaste a romperla ". Pero ahora, yo..."

Haces una pausa, largas un suspiro, te rascas el costado de la cara de nuevo y te derretís por dentro, muriéndote de amor porque esa sonrisa que aún no ha abandonado su rostro es para vos. Y estás a punto de explayarte en ese 'pero', estás a punto de llegar a la parte más interesante, cuando el teléfono de su estación de trabajo suena.

"Michelle Dessler" contesta rápidamente y con un dejo de impaciencia; a ella tampoco le gusta para nada que los hayan interrumpido, y quiere sacarse de encima a quien sea que haya osado a arruinar el momento para poder volver a enfocar cada gramo de su atención en vos.

Durante los breves segundos que dura la comunicación telefónica no dejas de mirarla mientras inhalas y exhalas nervioso, tratando de aliviar cualquier tensión que quede dando vueltas por ahí en tu sistema antes de continuar, pero lo que te dice Michelle deja en claro que al diálogo entre ustedes dos le han puesto un punto final abrupto, y si no un punto final, entonces sí tres puntos suspensivos que los obligan a postergarlo y a retomarlo después.

"Hay problemas en la sala siete"

La sala siete, Bob Warner.

"¿Bob Warner?" preguntas en voz alta.

"Está poniéndose violento" te dice encogiéndose de hombros, como dando a entender que comprende tenés que irte a controlar la situación antes que se desborde más y que no podés – aunque es lo que querés – quedarte ahí con ella, perdiéndose el uno en la sonrisa del otro.

Es así: el trabajo viene primero, los asuntos relacionados con la CTU tienen que ser atendidos antes que otros, incluso antes que los asuntos personales.

Es así, y los dos lo entienden.

Qué lindo sería largar todo, dejarlo todo, correr los dos juntos y escaparse, irse lejos, ponerse a salvo, esconderse en algún lugar del mapa que carezca de nombre y quedarse toda la noche abrazados contándose secretos al oído. Pero no: hay deberes que cumplir, responsabilidades que no pueden ser ignoradas, obligaciones que tienen prioridad.

Con un suspiro comenzas a alejarte rumbo hacia la sala siete, mientras ella se da vuelta en su silla para observarte desaparecer dentro del oscuro corredor. Sentís sus ojos en tu espalda hasta que doblas la esquina y te perdes de vista.

Tanto como amas el dulce sonido de su voz, tanto como amas morir y renacer cada vez que la haces reír, amas sus ojos y la forma en la que te miran.

Es así: no hay nada de Michelle Dessler que no ames, nada que no te encante, nada que no te enloquezca, nada que no te haga morir de amor una y mil veces y otras mil veces más.


Los gritos provenientes de la sala siete se escuchan varios metros antes de llegar a la puerta.

"¡Quítenme las manos de encima! ¡Quítenme las manos de encima!"

Ese es Bob Warner.

Los otros gritos pertenecen a los guardias que están tratando de calmarlo.

Cuando abrís la puerta, te encontras más o menos con la clase de escenario que esperabas: un par de uniformados tratando de tranquilizarlo, el señor Warner fuera de sus casillas, cubierto en sudor y rojo de ira luchando contra la fuerza de los dos tipos que lo tienen sujeto, intentando soltarse, gritando cual fiera enjaulada.

"¡No pueden mantenerme encerrado acá!"

"¿Qué está pasando?" demandas saber en tono autoritario.

"Pidió un vaso con agua" uno de los agentes relata "Cuando se lo traje me pasó por encima y se abalanzó sobre la puerta"

Mientras tanto, los gritos de Warner no cesan:

"¡Exijo ver a mi abogado!"

"Siéntenlo" ordenas a los guardias, y muy en contra de la voluntad del sujeto en cuestión logran sujetarlo sentado en la silla "Cálmese, señor Warner"

"¡No voy a calmarme!" se enfurece aún más "¡Quiero que alguien empiece a escucharme!"

"Necesito que se calme" insistís.

"¡Lo que sea que Reza les haya dicho... ¡Está mintiendo!" sigue, pasando por alto tus palabras o las de los oficiales que intentan tranquilizarlo. Está nervioso, fuera de sí, y con cada segundo que pasa las cosas que dice van perdiendo coherencia y sentido; ya no son oraciones, son más bien palabras sueltas mezclándose las unas con las otras, ideas entrecortadas que no terminan de tomar forma.

"No está ayudando a su caso así, ¿me entiende?" decís con firmeza, y luego tu tono de voz se endurece "¿Quiere que mantengamos una conversación o quiere que lo dejemos encerrado acá por el resto de la noche?"

"Está bien" comienza a aflojarse; los músculos se destensan visiblemente, su respiración se acompasa "Está bien" repite, ya más manso "¿Dónde están mis hijas?" pregunta con voz casi queda luego de pasado un breve instante de silencio.

Decidís que lo mejor es contestar sin rodeos y con la verdad:

"Marie se fue de acá cinco minutos después de que se llevaran a Reza a su oficina" omitís decirle que la chica y su novio estuvieron envueltos en una discusión después de que el joven le contara lo que había pasado en la sala de interrogación cuando los habían juntado a él y a su suegro y presionado hasta que se quebraron; esos son detalles de los que por el momento Warner puede prescindir.

"¿Qué hay de Kate?" inquiere.

A esto no contestas enseguida, porque estás buscando la mejor manera de ponerlo en palabras para que el tipo no se asuste y se salga de sus cabales más de lo que ya lo está.

"¿Qué?, ¿le pasó algo a Kate?" comienza a asustarse, precipitando conclusiones.

"Está con uno de nuestros agentes" decís simplemente.

"¿Uno de sus agentes?, ¿por qué?"

Los datos de la operación que está siendo llevada a cabo no conciernen al señor Warner, y aunque quisieras tampoco podrías compartirlos con él porque son confidenciales. Además, cuanto menos sepa acerca de lo que su hija y Jack están haciendo en esa mezquita, mejor.

"Tendrá que confiar en nosotros, señor Warner" y lo siguiente lo agregas porque lo crees, porque estás seguro de que Bauer va a encargarse de que nada malo le suceda a Kate mientras esté colaborando con la CTU ": Ella va a estar bien".

Dejas la sala siete minutos más tarde, más tenso de lo que estabas cuando entraste en ella, y se te ocurre que en este momento no te haría mal ver un rato a Michelle sonreír.

Es así: desarrollaste una dulce dependencia, una abismal necesidad que sólo ella puede llenar.

Caminando de vuelta tus pasos en dirección hacia su estación de trabajo estás cuando te llega la noticia: Kate Warner se inmiscuyó exitosamente dentro de la mezquita oculta tras las ropas típicas de Arabia y localizó entre la multitud de hombres rezando a Syed Alí.

Ahora solamente resta que el servicio de oración termine dentro de una media hora, y cuando Alí esté abandonando el recinto, podrán capturarlo, finalmente.

Hay mucho que organizar y poco tiempo, así que redireccionas tus pies y te dirigís hacia tu escritorio.

Tu 'dosis de Michelle' va a tener que esperar.


Estás concentrado – de verdad concentrado esta vez, sin ningún otro pensamiento distrayéndote – en un par de papeles que acaban de llegar de alguna de las otras agencias que están trabajando en conjunto con ustedes cuando el corazón se te congela y la sangre se queda quieta en tus venas al escuchar un grito ahogado rasgando el aire.

Esa voz la reconocerías en cualquier sitio.

"¡Tony!"

Michelle viene corriendo hacia donde estás vos, y es indudable que algo de gran magnitud ha sucedido para despertar en ella tremenda reacción. Nunca antes la habías visto así, y por un fugaz segundo te asalta la duda de si algo le ha pasado, de si está yendo a buscarte, literalmente corriendo a tus brazos, porque te necesita para que la consueles, para que la escuches, para que la protejas...

Odiarías cualquier cosa mala que le sucediera, pero en el caso de que algo así aconteciese, querrías que recurriera a vos y sólo a vos en busca de contención.

Tal vez éste sea el caso...

No te hagas ilusiones, porque no es nada de eso, lo cual queda muy claro cuando llega a tu lado y – agitada y hablando rápido – te explica qué ha pasado:

"¡Les dispararon a Richards y a Maccabee!" no tenés tiempo de que la mandíbula se te caiga y te quedes boquiabierto debido a la noticia del ataque a tus dos compañeros, porque lo que te lanza a continuación es aún más inesperado "¡También a Reza Nayieer!" ni siquiera una pausa para dejarte asimilar la información antes de que embista otra vez "¡Están todos muertos! ¡Un empleado de limpieza encontró los cuerpos! Acabo de recibir una llamada del Departamento de Policía de la ciudad de Los Angeles"

"¿Hay algún sospechoso?" preguntas enseguida.

"La última vez que hablé con Maccabee me dijo que Marie Warner acababa de llegar, quería hablar con Reza"

"¿Marie Warner?" Michelle asiente con la cabeza "¿Estaba ahí cuando se efectuaron los disparos?"

"Sí. Las cámaras de seguridad muestran que fue la única persona en salir del edificio en los últimos cuarenta minutos"

Maccabee, Richards y Reza Nayieer muertos, en el despacho de Bob Warner, donde pruebas acerca de la emisión de esas autorizaciones para las transacciones estaban en los discos rígidos de las computadoras, y nadie ha dejado el edificio en los últimos cuarenta minutos desde que Marie Warner cruzó sus puertas.

Eso solamente puede significar una cosa: tanto Bob Warner como Reza Nayieer estaban diciendo la verdad, ninguno de los dos estaba metido con Syed Alí...

Marie Warner, la hija menor de Bob y prometida de Reza, es quien está detrás de todo esto, pero nadie se fijo en ella porque estaban demasiado ocupados tratando de que Warner padre y Nayieer se acusaran el uno al otro.

Y su hermana mayor, Kate, está con Jack, supuestamente ayudándolo, esperando en esa terraza a que los hombres empiecen a descongregar la mezquita para encontrar entre la multitud de feligreses a Alí e identificarlo, mientras el sol cae sobre la ciudad de Los Angeles quizá por última vez.

¿Y qué si Kate Warner es una asesina como su hermana Marie?, ¿qué les garantiza que no está trabajando en conjunto con ella?, ¿y si su idea de meterse dentro de la mezquita durante el servicio de oración y ver si Alí estaba efectivamente ahí dentro tuvo éxito sin contratiempos porque forma parte de un plan?, ¿y si es mentira que Alí está ahí y es un método de distracción? Después de todo, fue Kate quien dijo haber escuchado a los dos hombres hablar sobre ir a rezar, fue así como llegaron a la conclusión de que estaría en la mezquita. ¿Pero si no lo está?, ¿si es todo una trampa?

Tenés que llamar a Jack e informarle acerca de esto, poner a su disposición los nuevos datos y dejar que él se maneje como mejor le parezca.

Marcas el número rápidamente, y enseguida te contesta con su habitual y seco:

"Bauer"

"Jack, habla Tony, ¿cómo está todo por ahí?" tratas de sonar lo más relajado posible, para no alterarlo; si se muestra visiblemente preocupado y Kate Warner anda merodeando por ahí y lo nota, puede que se percate de que están pasándole un soplo con datos que a ella no le conviene caigan en sus manos.

"Nos quedan unos diez minutos de espera" te informa.

"¿Todavía estás con Kate Warner?"

"Sí"

"Tengo que darte información, pero es preciso que mantengas esta conversación entre nosotros, ¿podés hacer eso?" sabe a qué te referís: respuestas cortas, claras, concisas, sin detalles, sin dejar entrever de qué se trata la comunicación, sin dar ninguna clase de pistas acerca de lo que están hablando. No va a costarle mucho, en realidad: Jack Bauer nunca ha sido un fan de las charlas telefónicas, y su meta en la vida no es la de figurar en los listados de los grandes clientes de las compañías de telefonía celular.

"Sí"

"A Richards y a Maccabee los mataron de sendos disparos. También a Reza Nayieer. Tenemos fuertes evidencias que señalan a Marie Warner, la hermana de Kate Warner, como a la asesina"

"Sí, entendido" contesta escuetamente.

"¿Alguien contactó a Kate durante la última media hora?" te apresuras a preguntar; quizá su hermana la llamó, o quizá ella efectuó un llamado...

"No" baja la voz hasta convertirla en un susurro "Estuvo todo el tiempo conmigo"

"Jack, creo que deberías tratarla como a una extraña" lo aconsejas. Hoy no es día para ponerse a confiar en nadie, y si bien sabés que es difícil engañar a un tipo como Bauer, también sabés que muchas veces hay quienes son lo suficientemente maquiavélicos como para lograrlo, especialmente aquellos que son lobos con piel de cordero echada encima y pretenden poner a disposición de la justifica la mejor buena voluntad para ayudar, cuando en realidad están buscando el ángulo y momento oportunos para clavar el puñal por la espalda, tal como sucedió con Nina "Por todo lo que sabemos, podría estar trabajando con su hermana"

"No lo creo" la voz se convierte en un susurro aún más leve "La gente de Alí la hubiera matado de no haber aparecido nosotros"

Quizá la gente de Alí la dejó viva y a tu alcance para que los engañe, les haga creer una cosa y en realidad los conduzca a la boca del lobo, a un callejón sin salida.

Pero no se lo decís. Es lo que pensas, pero te guardas la opinión.

Es así: Jack está a cargo de la operación, no vos, y respetas su juicio. Si él cree que Kate es digna de confianza, entonces no hay nada que puedas agregar para hacer que cambie de idea.

"Está bien, Jack, es tu decisión" resolves "Simplemente quería asegurarme de darte la información"

"Gracias" es lo último que te dice, y luego corta la conversación.

Te volves a Michelle, que sigue ahí de pie, observándote.

"Jack cree que Kate Warner no va a significar problemas" le comunicas, y te reservas lo que vos crees, no sólo porque no querés desacreditar a Bauer si no porque estás seguro de que a estas alturas Michelle ya se imagina qué anda cruzando tu cabeza "Voy a ir a hablar con Bob Warner, a decirle que su yerno murió y que su hija es la presunta homicida; quizá él pueda decirnos algo que nos sea útil. Quizá la chica haya cometido esos asesinatos para proteger al padre" es una opción, y querés agotar todos los recursos existentes para confirmarla o descartarla.

"Es una buena idea" coincide con un leve asentimiento de cabeza.

Estás a punto de ir nuevamente a la sala siete, pero algo te detiene anclado ahí, de pie frente a ella. Quizá sea esa dulce dependencia, quizá sea la necesidad de respirar el mismo aire que respira.

El silencio reina entre ambos durante el par de segundos que te lleva volver a conectar tu cerebro con tus pies y empezar a caminar hacia el lugar donde tenés que ir.

Sentís sus ojos clavados en tu espalda otra vez.

Amas saber que a la distancia está mirándote, con la misma intensidad con la que la mirarías a ella si los roles estuvieran invertidos.


Son las seis de la tarde con cincuenta y cinco minutos cuando abrís la puerta de la sala siete, sosteniendo en tus manos una carpeta con el logo de la CTU que contiene imágenes de la escena del crimen que la policía de Los Angeles les ha enviado, capturas del video que muestra a Marie ingresando a la oficina y saliendo de ella cuarenta minutos después, sin nadie más cruzando las puertas sea para ingresar o egresar durante ese lapso de tiempo, fotografías de los cuerpos de los agentes caídos en servicio y de Reza Nayieer, y otros datos varios para exponer delante del señor Warner en caso de que no crea en lo que vas a decirle.

"Por favor, señor Almeida, dígame qué está pasando con mi hija Katie" te pide, te suplica, en cuanto te ve entrar por la puerta, pensando que tu semblante serio y sombrío se debe al hecho de que tenés que comunicarle que algo malo le ha sucedido a su primogénita.

"Ya se lo dije, señor Warner: ella está bien" insistís.

"¿Entonces qué está haciendo con uno de sus agentes?"

No lo sé. Ni yo lo sé. Puede que esté ayudándolo. Puede que no.

Pero no es de Kate Warner que debés hablarle, ni de la misión en la que está asistiendo a Bauer para reconocer y capturar a Syed Alí. Tenés que hablarle de Reza, y de Marie. No te hace ninguna gracia oficiar de mensajero en este caso, pero dadas las circunstancias careces de cualquier otra opción.

"Reza Nayieer está muerto"

Te tomas un segundo para observar el impacto que tus palabras tienen en él, y definitivamente la noticia lo golpea bastante.

"Dios mío..." murmura, con los ojos abiertos y redondos como platos debido al asombro, al tiempo que se lleva las manos a la cabeza.

"Acabamos de enterarnos" proseguís "Él y dos de nuestros agentes fueron asesinados en su oficina"

"¿Y Marie?" pregunta automáticamente, empezando a entrar en pánico "Por favor, dígame que Marie está bien"

Respiras hondo, preparándote para la trágica escena que seguramente tendrá lugar a continuación.

"Lamento tener que decirle esto, señor Warner" te percatas de la manera en que el cuerpo del pobre hombre parece haberse encogido en esa silla, cómo los rasgos de su cara se desdibujan y vuelven a dibujar formando una mueca de dolor: cree que vas a decirle que a su hija también le dispararon. No tiene ni la más mínima idea de que la realidad parece distar mucho de eso "Pero creemos que Marie cometió esos asesinatos"

Tus palabras deben estar rebotando dentro de su cabeza, sumergiéndose en su cerebro, repiqueteando en sus oídos, martillándole las sienes. Acabas de decirle que creen que su hija menor – tan pura, dulce e inocente en apariencia – mató no solamente al que iba a ser su marido si no también a dos agentes federales.

Su anatomía entera se transforma, contrayéndose todos los músculos debido a la tensión, tornándose su rostro de color rojo, abriéndose los ojos aún más.

Lo que supusiste sería una escena dramática que tendría como protagonista a un padre llorando los pecados de su hija se convierte en algo muy distinto: Bob Warner entra en estado de negación. Absoluta negación.

"Es una trampa, lo sé" dice, moviendo la cabeza de un lado a otro y con un aire de inteligencia y sabiduría superiores brillándole en la mirada; piensa que ustedes están engañándolo, diciéndole mentiras para lograr que confiese en caso de que tenga algo que confesar, presionándolo con su hija para que se quiebre y les dé cualquier información con la que cuente "Lo sé, es un truco. Tratan de engañarme" sigue repitiendo, cada vez más fuera de sí, cada vez más inmerso en su ceguera.

Es así: algunas personas prefieren cerrar los ojos y pretender que las cosas jamás sucedieron, que los seres que aman son perfectos y nunca se equivocan, que sus vidas son las que siempre desearon y que ninguna piedra derribará sus castillos de cristal.

Es así: cuesta mucho entender que las personas que adoramos, las personas en las que depositamos nuestra confianza, las personas que queremos tener a nuestro lado para siempre se han equivocado, y que estos errores muchas veces son graves e irreversibles.

Es así, lo sabés bien, porque viviste en carne propia algo similar. Sos conciente ahora de que Nina no era el amor de tu vida, de que probablemente jamás la hayas amado, pero sí confiabas en ella y le tenías cierto respeto y estima – quizá hasta cierto grado de admiración – y te dolió mucho cuando la venda se te cayó de los ojos y te encontraste de pie contemplando el desastre causado por sus acciones. Si vos quedaste destrozado y reducido a nada, no querés imaginarte cómo debe estar sintiéndose Bob Warner, a quien acabas de decirle que su hija está siendo buscada por el asesinato de tres personas.

El problema es que algunos – como él – entran en negación y se rehúsan a ver la realidad.

Es así: a veces hace falta que te pongan las pruebas delante de las narices para que salgas de tu estado de incredulidad.

Deslizas la carpeta por sobre la mesa, hasta dejarla justo en frente de él, al alcance de su mano.

Mientras observas las reacciones internas de ese hombre en sus expresiones mientras echa un vistazo a las fotografías y lee los datos preliminares impresos que están adjuntos con las tomas, pensas que está parado exactamente en el mismo casillero en el que estabas vos varios meses atrás, y sentís un poco de lástima por él.

Pero tus reflexiones acerca de Bob Warner no duran mucho, son interrumpidas por un oficial que se acerca para comunicarte que hay noticias sobre los resultados de la operación para capturar a Syed Alí.

Es así: en este mundo en el que vivís, en estos días que te tocan vivir, no hay tiempo para los sentimientos, para la simpatía o la empatía. Lo primero es lo primero, y todo lo demás queda relegado a un segundo plano.

Son casi las siete de la tarde, el que podría ser el último anochecer de la ciudad de Los Angeles como la conocen está aconteciendo, y llega a tus oídos que Alí ha intentado otra vez escapar, haciendo que algún otro de los suyos vistiera las ropas que llevaba puestas e inmolándose en uno de los cuartos de servicio de la mezquita.

Cuando todos los hombres terminaron de salir una vez concluidas las oraciones y Kate Warner no había reconocido a Alí entre ninguno de ellos, Bauer y los agentes procedieron a entrar al edificio para recorrerlo palmo a palmo en su búsqueda, y fue entonces cuando encontraron el cadáver incendiado, desfigurado, irreconocible.

Sin embargo, es difícil engañar a Jack, es difícil que los detalles claves se escapen a sus ojos, por eso notó que el cuerpo carbonizado que encontraron no era el de Alí: vestía sus ropas, sí, pero le quedaban demasiado chicos la camisa y los pantalones.

Fue de ese modo que llegaron a la conclusión de que Alí no había acabado con su vida antes de que lo encontraran. Probablemente siguiera en la mezquita, o en sus alrededores. Probablemente hubiera posibilidades de capturarlo antes de que se alejara más.

La noche empieza a cubrir a la ciudad de Los Angeles con su manto, y Syed Alí y un grupo armado de agentes están allí afuera, jugando al gato y al ratón.

Es así: la cacería aún no ha terminado.