ADVERTENCIA: Ninguna.


IMBRANATO


TREINTA

Apenas se enteró de la desastrosa noticia, Adamo desesperó por llamar a su mejor amiga; no le agradaba ser el portador de malas noticias, pero debía decirle a Alexis lo que había ocurrido. Lovina suspiró agobiaba ante la insistencia de su hijo, y le explicó que eso a él no le correspondía, que era el hospital el que debía hacer los correspondientes avisos. "Sé que no puedo negarte el hablar con ella, pero dale tiempo, si ya les llamaron, al menos deja que procese la información... Luego, deberás darle todo tu apoyo. No será nada fácil." Musitó entonces que había que llamar a Paulo; siendo familiares directos era éticamente correcto que ellos le avisaran lo que había pasado. Se sorprendió cuando su hijo le dijo que iría con ella al hospital… era la primera vez que se mostraba preocupado por Antonio… luego, tristemente se dio cuenta que el empeño de Adamo por ir era debido a que seguramente Alexis estaría allá y quería apoyarla. Lo mandó a cambiarse de ropa y en el intertanto reunió valor para llamar a su cuñado… no quería que Paulo reaccionara mal, pero dada las circunstancias, aquello era pedir demasiado.

Cuando Paulo tomó su teléfono celular, lo último que pasó por su cabeza fue que, primero: sería Lovina (y es que era él quien siempre la llamaba para, por lo general, molestarla) y segundo: que le diría aquello. Permaneció varios segundos en silencio tratando de digerir la noticia, buscando el chiste... porque tal vez Lovina se había hecho fanática del humor negro, ¡qué carajo iba a saber él! Retrocedió unos pasos para sentarse en una silla y tragó en seco; sus padres iban a volverse locos cuando supieran. Apenas y atinó a preguntar en qué hospital estaba su hermano en tanto iba a su habitación a por sus zapatos, llaves, billetera y una chaqueta para protegerse del frío. Suspiró cuando cortó la llamada y no hesitó un segundo en ir a la cocina, lugar donde Govert terminaba de lavar las cosas que habían usado para desayunar. El rubio alto abrió la boca para preguntar a su pareja qué había ocurrido; por supuesto que correspondió al abrazo casi desesperado que le dio el luso y no dudó ni un segundo en consolarlo cuando Paulo le contó todo.

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Cuando Lovina y Adamo llegaron a urgencias, la mujer hizo uso de su calidad de médico y trabajadora de dicho hospital para ingresar al área restringida; claro que antes le pidió a su hijo esperar, pues Paulo no tardaría en llegar. Adamo suspiró mientras veía como se alejaba su madre, decidió luego sentarse a esperar a su tío. Buscó su celular en el bolsillo de su abrigo, pensando en que si debía o no llamar a Alexis, de verdad necesitaba hablar con ella, ¡tenía que saber si estaba informada sobre lo sucedido! Apoyó una mano sobre su frente, no podía entrar en desesperación o ponerse nervioso ahora. Volvió a suspirar y clavó su mirada a la puerta, no quería perder de vista a Paulo cuando llegara. Aproximadamente diez minutos después, el ojiverde sintió que las puertas eran empujadas con desesperación; casi de inmediato el luso divisó a su sobrino y no dudó un segundo en acercarse a él… con algo de suerte el menor sabría darle más información.

—¡Adamo! —llamó sintiéndose agobiado y aquello acentuó al ver el rostro del aludido—. ¿Sabes algo de Antonio? ¿Tu mamá dónde está?

—N-no sé nada —comentó en un susurro, bajando la mirada. —Mamma fue a ver si encontraba a la mujer que creo que la llamó. Me pidió que te esperará aquí —la expresión en el rostro del mayor, su tono de voz, todo, lo hizo sentir mal y es que no era común ver a Paulo de esa manera. Lo que él pudiera decir no ayudaría mucho, después de todo las cosas no se calmarían hasta saber cómo estaba Antonio, ¿no? Por otra parte, Alexis no salía de su cabeza, quería ver a su amiga, necesitaba verla. Escuchó decir a su tío que iría a preguntar a recepción. Rápidamente Paulo preguntó a la mujer por su hermano y esta, demasiado ocupada, le pidió que preguntara en treinta minutos más. Al parecer había habido un accidente o algo así; constantemente entraban camillas con heridos y los teléfonos no dejaban de sonar. Gruñó y con voz golpeada preguntó a una enfermera por su hermano. Ésta, ligeramente incómoda, buscó en el computador e informó que Antonio estaba en cirugía. Se quedó de piedra, sin saber cómo más reaccionar. A duras penas caminó hasta Adamo y se sentó junto a él.

—Lo están operando...

Después de la información que le dio su tío bajo la mirada hasta sus manos entrelazadas y dejó escapar un suspiro. Movió sus dedos con cierto nerviosismo, no era capaz ni siquiera de consolar a Paulo, no podía ni formular en su mente lo que haría o diría cuando viera a Alexis porque si la rubia fue informada debía venir al hospital, seguramente a reconocer el cuerpo de su padre… en el peor de los casos; entonces una pequeña esperanza apareció: mientras caminaban hacia el hospital, su madre le había dicho que capaz Mei se había equivocado. Giró mecánicamente y tomó el brazo del Paulo para llamar su atención.

—Podrías preguntar por el papá de Alexis, por favor...

—¿Por qué? —inquirió confuso. —¿Acaso Francis estaba con Antonio? —se puso de pie, inquieto. Si bien el francés no era su amigo, no por eso le deseaba semejante situación. Vio a Adamo asentir con la cabeza y suspiró; pensó en avisarle a Gilbert, después de todo esos tres eran inseparables, pero no tenía el número del albino. —Iré a ver —nuevamente se acercó a la enfermera que le había dicho sobre lo de Antonio. Esta vez con voz tranquila preguntó por Francis y si antes no había sabido reaccionar, ahora estaba peor, mucho peor. A duras penas le dio las gracias a la mujer y regresó con Adamo. —Llama a Alexis, dile que venga...

No hizo falta que preguntará a su tío que era lo que le habían dicho, su expresión decía mucho más. Sacó su móvil del bolsillo y buscó el número de Alexis en la agenda. Sonó, volvió a sonar... hasta que la rubia atendió. Podía escuchar como su amiga lo nombraba del otro lado de la línea y, tratando de sonar calmado, comenzó a hablar sobre el accidente. No le dio detalles, pero le pidió venir. Aquello fue lo peor. Luego del largo silencio, Alexis musitó con voz nerviosa que iría inmediatamente al hospital. Adamo se sintió peor que nunca, ¿qué se suponía qué se hacía en esas situaciones?

—Es ahora más que nunca cuando debes ser un buen amigo y apoyar a Alexis —comenzó diciendo, con la mirada fija en un punto de la pared contraria. —Es raro, aún tengo a mis dos padres vivos y nunca se me ha pasado por la cabeza el hecho de perderlos... aunque supongo que está bien porque ya tengo mi vida hecha y no dependo de ellos. Pero Alexis es muy joven y sé que quiere mucho a su papá... por eso —suspiró. —Iré a comprar café... ¿quieres? —vio negar a su sobrino. Suspiró. —De todos modos te traeré uno… hace frío y necesitas calmarte. No le dijiste que su papá está muerto, ¿verdad?

Adamo volvió a negar y Paulo se limitó a hacer una mueca. No sabía cómo iba a hacer cuando le dijera a Alexis lo que realmente había ocurrido. En su momento, ella lo consoló tan bien, lo "justo" era que él lo hiciera al menos la mitad de bien, sin embargo saltaba a la vista que aquellas circunstancias no eran ni por lejos parecidas. Se sumió tanto en sus pensamientos que apenas y notó que su tío volvía con café y acompañado de Govert; así mismo, apenas y notó cuando la rubia de trenza entró a emergencias. Se sintió horrible cuando ella le preguntó por Francis… no tuvo el valor de decirle lo que había ocurrido, simplemente no pudo, así que, con un hilo de voz, le sugirió a su amiga preguntar en recepción cómo estaba su papá.

Y fue un caos. Alexis se desplomó, aunque pronto fue consolada por una mujer que Adamo reconoció como la madre de ésta. Alexis permaneció en shock los primeros minutos, al igual que su madre, quien, robóticamente, musitó en un susurro que llamaría para avisar lo que había ocurrido. Entonces la rubia estalló en llanto, aferrándose con tanta fuerza a Adamo que el aludido sólo atinó a abrazarla en un intento inútil de calmarla. "Mi papá… mi papá" era lo único que se escuchaba en medio de tantos sollozos. El muchacho sintió que largaría a llorar a causa de ver tan mal a su mejor amiga y se sintió aún peor al sentirse inútil ante la situación. Porque nada calmaría el dolor de Alexis. Paulo se puso más nervioso aún ante el incesante llanto, quería saber de una buena vez cómo estaba su hermano, si necesitaba algo, ¡incluso estaba más que dispuesto a donar cualquier órgano en caso que éste lo necesitara! Sobresaltó al ver aparecer a Lovina; ella sabía que se había demorado y es que había preguntado en todos lados por su… esposo. Al oír una y otra vez que la salud de este estaba en peligro, tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no llorar. Mei no dudó en consolarla, diciendo luego que le avisaría apenas Antonio saliera de cirugía. Arrastró los pies hasta la sala de espera y se horrorizó aún más al ver a la hija del gabacho llorar desconsoladamente sobre el regazo de su hijo.

—Alexis... —llamó a la chica. —Lo siento tanto —se inclinó para abrazarla. Aún cuando no la conocía tanto, sabía que era una muy buena amiga de su hijo y por supuesto que le daría el pésame correspondiente; porque por más mala relación que haya tenido con Francis, nunca, ni por más rabia que hubiera tenido, le habría deseado la muerte. Alzó la cabeza y vio que Paulo le hacía un gesto, supuso que estaría pensando lo mismo que ella minutos atrás y es que era obvio… si Francis había muerto, Antonio no debía estar en las mejores condiciones; se permitió especular sobre su estado, aunque lo dejó de lado al comprobar lo nerviosa que la ponía. Se acercó al luso y saludó al neerlandés con un gesto de la cabeza. Toda esa situación realmente la estaba superando. La noche anterior había estado todo tan bien, casi como en una familia… ellos estaban comenzando a volver a entenderse pues Antonio había caído en cuenta que era una real estupidez reclamarle a su hijo debido a su preferencia sexual… todo estaba comenzando a arreglarse y ocurrió esto…

—¿Supiste algo de Antonio?

—Lo están tratando de estabilizar, está en cirugía —hizo una mueca con sus labios. — Se rompió un par de costillas, un brazo y una pierna... —tomó aire antes de continuar, sentía que la voz le temblaba. —Están corroborando que no tenga lesiones internas, los huesos rotos son como astillas y dependiendo del filo y el grado de movimiento, pueden romper aún más por dentro —calló. No tenía nada más que comentar; sólo quedaba esperar, mientras trataba de tranquilizarse. Paulo vio lo afectada que estaba la mujer y sólo atinó a abrazarla; si bien él también estaba mal, creyó que su "deber" como hombre era primero prestar consuelo a su cuñada. Sabía de las andanzas de ésta y de su hermano, pudo jurar que lo del divorcio había quedado en el pasado y es que nadie estaría así de afligido por alguien a quien ya no quiere. Le acarició la cabeza y de reojo vio a su sobrino que intentaba por todos los medios consolar a Alexis... definitivamente odiaba los hospitales, no sabía cómo Lovina aguantaba trabajar en uno.

—¿Tienes el número de Gilbert? María no está en la ciudad así que a ella le digo luego —hizo una pausa en tanto la italiana mencionaba que no tenía el número del albino, mas sí el de Elizabeta, así que podrían avisar a ella. —¿Crees que debería decirle a mis padres? Son bastante mayores, no quisiera que se alteraran tanto —suspiró. —Preferiría llamarlos cuando pase el peligro, pero no sé...

—Lo mejor será esperar —aconsejó. —Llamar a tus padres cuando aún no hay nada en claro sólo les hará mal. E-esperemos a que las cosas se calmen y que Antonio salga de cirugía, el resultado de seguro será más alentador que si los llamas ahora —se soltó del abrazo y clavó su vista en el suelo. Pensó que si algo le pasaba a Antonio se iba a volver loca; no podía perder al amor de su vida otra vez, lo peor que ahora sería para siempre. Sintió sus ojos llenarse de lágrimas que rápidamente limpió con el dorso de sus manos. —Iré por café y un té para Alexis ¿Quieres algo? —tras recibir una negativa y la muestra del vaso a medio vaciar, se marchó; no podía dejar a los menores solos, Paulo debía cuidarles mientras. No tardó en llegar nuevamente con ellos, traía una bandeja con un café y un té. —Alexis... —llamó a la chica y le indicó que se sentara, pasándole luego un té, para que le ayudara a calmarse. —Yo hablaré con tu madre, ¿sí? no debes preocuparte por nada más —miró luego a su hijo, se veía demasiado preocupado, quizá estaba cansado... ¡No debería estar allí! Adamo no debería estar preocupándose por nada de esto —Hijo... sí quieres volver a casa a descansar está bien, ¿sí? —acarició el cabello del menor, besando luego su frente.

Alexis musitó un apenas audible "gracias" y de ahí en más perdió la mirada en el líquido verdoso. ¿Cómo se suponía que debía actuar ahora? Si bien está moralmente mal querer más a uno de tus progenitores que al otro, no pudo evitar pensar que tal vez si su madre fuera la del accidente no se sentiría tan mal... inmediatamente se arrepintió de su pensamiento y volvió a llorar; ¡no era justo! ¿Por qué su papá tenía que morir? ¿Por qué no pudo quedar como Antonio? Desconocía que tan mal estaba el español, pero al menos estaba vivo y lo salvarían. Comenzó a temblar y sin querer apretó el vaso de papel, manchando sus piernas con lo que salpicó. Ignoró el hecho y optó por quitarse las gafas... de todos modos no podía enfocar bien por las lágrimas así que daba igual el tenerlas puestas o no. Sintió nuevamente los brazos de su mejor amigo alrededor de su cuerpo y se acurrucó en su regazó. Pudo jurar que hablaba con su madre, sin embargo no fue capaz de entender nada, el llanto bloqueaba casi por completo sus sentidos.

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Paulo suspiró apenas cortó la llamada, Gilbert había reaccionado muy mal, incluso gritó un poco por teléfono, aunque no lo culpaba. Vio el gesto que le hizo Lovina y caminó, desganado hasta ella; no porque no quisiera hablar con la italiana, sino porque simplemente no estaba de ánimos. De reojo volvió a ver a los más jóvenes, Alexis seguía llorando sobre el hombro de su sobrino... aquello lo deprimió aún más. Lovina le pidió por favor mantener su atención en los más jóvenes, sobre todo en Alexis, pues estaba tan alterada que quizás en cualquier momento se desmayaría. Él los vio a lo lejos y apenas se percató que sus piernas lo llevaron hasta sentarse justo a un lado de ellos. Adamo le preguntó si había alguna noticia y simplemente negó con la cabeza. Estaba muy impaciente… hacía más de una hora que estaban operando a su hermano y aún no salía ni un médico a informar sobre su estado. Escuchó pasos acercándose y, esperanzado, rápidamente volteó la cabeza... su mueca de decepción fue notoria al ver aparecer a Gilbert junto a Daniel; el menor no dudó en ir a consolar a su novia en tanto el albino, tras un largo suspiro, se acercó a hablar con Lovina. Él por su parte volvió a alejarse del grupo y a cambio acercarse a su novio. Agradeció profundamente que, sin palabras, Govert hubiera entendido que quería estar solo un momento, pero ahora lo necesitaba; necesitaba un abrazo suyo.

Una mueca se apoderó de los labios de la italiana cuando Gilbert se acercó. Decidió alejarse un poco de dónde estaban los más jóvenes para que hablaran con mayor tranquilidad… además que estuvo segura que Alexis no querría volver a escuchar cómo había muerto su padre. En resumidas cuentas narró lo que había ocurrido y sí, se mostró increíblemente incómoda al ver el rostro de desesperación del albino y sus ojos llenándose de lágrimas. Sabía que no era el momento para bromas, aún así le pareció hasta increíble ver al "gran" —sarcasmo incluido— Gilbert Beilschmidt llorando de semejante forma. El pasillo habría estado en completo silencio de no ser por los teléfonos repiqueteando de cuando en cuando y, claro, el incesante llanto de Alexis y Gilbert.

Más o menos dos horas después del inicio de la operación, Lovina simplemente ya no pudo esperar más; sabía que ese tipo de cosas podían tardar, sin embargo, cierta esperanza la invadió así que, usó ese buen presentimiento para buscar a Mei; tal vez ella tendría noticias, después de todo estaba de turno. Sintió volar los pies cuando divisó a la asiática y al parecer Paulo había tenido el mismo efecto, pues no se dio cuenta de cuándo había aparecido a su lado. El luso se mostró evidentemente molesto, las mujeres hablaban con tecnicismos que él no entendía y, maldita sea, tenía derecho a entender si lo que decían era bueno o malo para Antonio. Gritó, Lovina gritó de vuelta y un guardia se acercó a exigirles que se calmaran o tendrían que hacer abandono del recinto. Ambos se disculparon y se tomaron un par de segundos para calmarse; la situación se estaba saliendo de las manos.

—Lograron estabilizarlo, podría decirse que está fuera de todo riesgo, pero por la magnitud del accidente, tampoco podemos confiarnos. Despertó de la anestesia, pero se volvió a dormir, es normal después de las operaciones que ocurra —guardó silencio un momento, fijándose en las expresiones de los tres hombres frente a ella. Ni se molestó en preguntarse cuándo se habían acercado Gilbert y Govert. —De momento sólo una persona puede entrar a verle, aunque sólo unos minutos... ya mañana tendremos más tiempo de verlo y hablar con él.

—Quiero entrar a verlo, mamma

Adamo había estado observando cómo los adultos se movían de un lado a otro, los vio hablar y luego simplemente guardar silencio, refugiados en un rincón. Había visto de reojo a la rubia siendo consolada por su novio y había dejado que un suspiró escapará de su boca... ¿Y si Antonio muere? ¿Qué pasaría si Antonio no sale con vida de esa sala de operación? ¿Acaso él se pondría mal? ¿Cómo debería sentirse? Antonio, él... No era una mala persona, no quería que le pasara nada malo. Cuando menos lo pensó sus ojos se habían llenado de lágrimas y ni siquiera entendía por qué, ¡no es como si le guardará un cariño especial! "Pero es mi padre..." Sintió que una voz en su interior le respondía cada una de sus preguntas y aunque no haya actuado como tal antes desde que se conocieran el español había peleado para que lo aceptará, y él y su maldito orgullo no lo dejaban avanzar por... ¿Miedo? ¿Rencor? ¿Qué demonios era lo qué le impedía aceptar a Antonio cómo su padre? Sin pensarlo había alzado la voz, quería corroborar que Antonio no murió, quería estar seguro que, eventualmente, podría llegar a encontrar las demás respuestas a todas sus preguntas.

La voz de su hijo la descolocó, ¿en qué momento se había acercado? Llevó de inmediato su mirada hacia el menor, y la angustia comenzó a invadirle, Adamo estaba... ¿con lágrimas en los ojos? Oh Dios, entre todas las cosas, lo último que quería era ver a su hijo así. Se acercó hasta él para poder abrazarlo. Maldijo, quería hablar más calmadamente con el castaño, pero era de esperarse que si los veía a todos juntos hablando se podría acercar... paseó su mirada por el rostro de los tres hombres, que se habían volteado para ver a Adamo. ¿Dejarle entrar? No sabía cómo se encontraba el español, que tan mal estaría, cuantas heridas tendría... no quería que su hijo viera aquello, sin embargo, tampoco podía negarle el ingresar... Antonio es su padre después de todo, y aunque Adamo todavía no le aceptaba del todo, el que estuviera preocupado era razón suficiente para ella.

—Paulo... —llamó a su cuñado. No estaba realmente segura de lo que diría, pero debía intentarlo por Adamo, ¿no? —Pensé que tu querrías entrar a ver a Antonio de los primeros, eres su hermano después de todo, pero... ¿podríamos dejar ingresar a Adamo antes? Puedo hablar con el médico si quieres ingresar después —le suplicaría si llegara a ser necesario.

Paulo de reojo vio a su sobrino… parecía tan alterado como él. Claro que quería ver a su hermano, pero se sentía demasiado inestable, ¡si hasta había querido pelear con Lovina cuando ésta le reclamó! Suspiró y asintió con la cabeza; sabía que le tomaría al menos unos minutos más calmarse tras saber que Antonio ahora estaba estable. Accedió a la petición de la mujer, agregando luego que iría a fumar, pues si quería ver a Antonio primero debía tranquilizarse y, al saber ahora que estaba estable, bueno, no había apuro por verlo. Antes de dar media vuelta, le hizo un gesto a la italiana, disculpándose por lo imprudente que había sido hace un momento y luego le pidió a su novio que por favor le acompañara. Lovina tomó la mano de su hijo para llevarlo con Mei, ya que no podría acompañarle hasta la habitación, le pediría a la chica que se encargara de guiarle y ella podría tomarse el tiempo de hablar con el médico. Cuando encontraron a la taiwanesa, ella no tuvo problema en hacerle el favor a Lovina y se fue con Adamo. La italiana tras encontrar al doctor a cargo, le hizo unas cuantas preguntas respecto al estado del español.

Caminaron menos de lo que creyó, no tardaron en dar con la habitación en donde estaba el español, Adamo agradeció que Mei lo guiará y no perdió tiempo para entrar. Respiró profundo y se acercó a la camilla; el rostro de su progenitor tenía algunos hematomas, se sentía demasiado raro tener que pasar por esa situación, tener que ver de esa forma a Antonio que casi siempre solía sonreír, no podía negar que se sintió mal. Tomó una silla y la arrastró hasta quedar cerca de la cama, se sentó y mantuvo silencio durante unos minutos.

—S-siento lo de ayer... no pude agradecerte por el regalo —sonrió suavemente, no sabía si Antonio sabía sobre sus gustos por pokémon gracias a su madre o si simplemente había sido casualidad, pero algo sí estaba claro, durante la cena de Navidad lo había tratado realmente mal, aún cuando su progenitor se había comportado muy bien. —Mejorarás rápido... o eso espero, no hagas que mi mamma o Paulo se preocupen por ti... —si bien notaba que el español estaba dormido no se daría el lujo de decirle eso cuando despierte, al menos ahora sabía que se encontraba bien y de seguro en unas horas se despertaría. Sería muy complicado explicarle todo lo que paso. Se preguntó se sería su madre la encargada de explicarle todo aquello.

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Lovina terminó de hablar con el médico, por lo cual decidió volver a dónde estaban esperando, con la idea de que su hijo quizás ya estaría allí. Pero grande fue su sorpresa cuando no le vio; Paulo estaba con su novio al final del pasillo, Gilbert se había sentado cerca de dónde estaba su hijo con Alexis, pero ninguna señal de Adamo, entonces supuso que seguiría allá adentro... lo cual le sorprendió aún más, de por sí le asombró que quisiera entrar de los primeros, ahora el hecho de que aún estuviera allí. Se acercó hasta dónde estaba su cuñado, esperando que ya se hubiera calmado, porque sinceramente lo último que quería en ese momento era ponerse a pelar. Le preguntó por su hijo y el luso musitó que aún no había salido, mostrando, al igual que ella, sorpresa ante ese hecho. Lovina guardó silencio por varios segundos, volteándose para ver el final del pasillo, en caso que su hijo apareciera de un momento a otro.

—Tampoco pensé que lo haría, ya bastante extraño fue que pidiera entrar primero —aunque debía ser favorable que Adamo tuviera tales reacción hacia con Antonio; algo bueno debía traer para su relación padre-hijo, o eso esperaba por el bien de los tres. —¿Entraras de inmediato una vez Adamo salga?

—No lo sé... supongo que si me lo permiten, me gustaría —sonrió apenas; quería ver a su hermano, pero sabiendo que estaba estable y fuera de peligro lo tranquilizaba demasiado y eso era lo más importante. —Pero si no, puedo esperar... voy a quedarme toda la noche... o hasta que despierte, lo que pase primero —miró a su novio, que asintió con la cabeza, agradecía que lo entendiera y lo acompañara en tal delicado momento.

—También pretendo quedarme hasta que despierte... aunque seguro no será muy pronto —no podía quitar la mirada del frente, quería hablar con Adamo, para que le contara que tal estaba el español. Sus pulsaciones aumentaron al ver a su hijo por fin acercarse, estaba ansiosa. Correspondió al abrazo que el menor le dio, un tanto extrañada, pues Adamo no era de esos tratos, mas no dijo nada respecto a ello. Guió al ojiverde hasta unos asientos para estar más cómodos y le besó la cabeza, tal y como hacía cuando era pequeño. —Cariño, todo va a estar bien —susurró sólo para que él le escuchara, tenía que mantenerse en calma por Adamo, no podía actuar de igual forma que cuando supo la noticia. Le vio asentir con la cabeza y sintió que se aferraba más a ella. —¿Estás seguro que quieres quedarte? —habló luego de unos minutos en silencio; no podía evitar preocuparse también por el estado de él… lo último que haría sería descuidarlo. —No quiero que te ocurra algo, lo sabes.

—No me pasará nada, mamma —se apartó apenas para ver directamente los ojos miel de su progenitora, dirigió luego la misma hacia dónde estaba Alexis con Daniel y una mueca se apoderó de su rostro. —Iré a ver como... como esta Alexis —aclaró antes de separarse de los brazos de su madre para caminar hasta dónde estaba la rubia y sentarse a su lado. Solo, solo quería hacerle entender que también podía contar él, ella lo estaba pasando mucho peor y ni siquiera había llegado su madre, no sabía aún como lograría consolarla.

Alexis apenas y se limpió las lágrimas con el pañuelo descartable que le había pasado su novio antes de erguirse para ver a Adamo; el ítalo-español se veía afligido, pero mucho más tranquilo que ella. Le tomó la mano e hizo una mueca que intentó ser una sonrisa.

—¿Qué tal está tío Antonio? —desde lo más profundo de su alma deseaba que el padre de su amigo estuviera bien; no soportaría perder a otra persona querida para ella. Sintió que el contrario le apretó la mano y agradeció la sonrisa que le dedicó; aún cuando fue una bastante forzada, agradeció el gesto.

—Estará bien, hay que esperar, ya sabes... —habló queriendo que su voz no temblara ni se cortara. Dejó escapar un suspiro y atrajo a Alexis hacia él para abrazarla; no podía decir mucho más, no sabía que decir por eso trataba de expresarse con acciones, aunque intentara saber que pasaba por la cabeza de su amiga en ese momento, estaba seguro que no llegaría a ninguna conclusión, lo único que hizo fue aferrarla a él con más fuerza.

—¿Podríamos ir afuera un momento? —se separó de su amigo y se acercó a su novio a abrazarlo y susurrar unas palabras en su oreja. Daniel asintió con la cabeza y dejó ir a su novia, no sin antes depositar un beso en su frente. —¿Adamo? —llamó nuevamente al ojiverde y esperó a que la siguiera hasta la salida.

Adamo Se levantó de su asiento y camino con Alexis hasta la salida del lugar, se quedaron en silencio durante unos minutos, afuera hacia bastante frío pero si la rubia quería estar con él afuera no iba a negarse, dirigió la mirada hacia ella cuando volvió a nombrarlo, le llamo la atención la expresión que llevaba en el rostro su amiga. —¿Pasa algo? ¿Necesitas algo? ¿Tienes frío? —La lleno de preguntas antes de que la muchacha pudiera responder alguna de todas ellas.

—No te preocupes —habló en un susurró. Se sentó en la escalinata, hundiendo su rostro en la bufanda rosa que traía y dejó escapar un largo suspiro... había llorado tanto rato que los ojos le dolían. —Quería hablar contigo... es decir, quiero hablar contigo, pero pensé que sería mejor si te lo decía a solas... ya sabes, así tu madre ni nadie más escucha y hay más confidencia —calló y se mantuvo así largos minutos. Luego, con un gesto, le pidió a su amigo sentarse junto a ella y apoyó la cabeza en el hombro de él. —Tío Antonio se va a salvar... por suerte no va a correr la misma suerte que mi papá.

—Estará bien —sabía que él no era médico ni podía asegurar algo como eso pero era algo extraño, es como si Adamo supiera que Antonio definitivamente estaría bien. Tras un nuevo silencio, él decidió romperlo. —Puedes contar conmigo, lo sabes —buscó las manos de Alexis y las sujetó, ambas estaban frías pero al menos tratarían de darse calor. —Sé que en este momento no puedo hacer ni decir nada que te haga sentir mejor y sería hipócrita de mi parte decirte que entiendo tu dolor —tragó saliva y comenzó a mover sus pies en señal de que tenía frío, queriendo que su cuerpo aumentará la temperatura. —Simplemente estaré contigo, así que no dudes nunca en llamarme, como lo has hecho hasta ahora —rió suavemente y desvió la mirada hacia su amiga. —Él te amaba, ¿no? No quiere verte mal, estoy seguro de eso...

—A pesar que apenas te conoce, tu padre también te ama y deberías darle una oportunidad para conocerle —dijo sin más, apretando fuertemente las manos de su mejor amigo; había mucho frío, tanto como para calar huesos. —¿Que hubiese pasado si tío Antonio fuera el muerto y no mi papá? ¿Te sentirías mal, Adamo? —rió apenas y fijó su vista en el suelo, aunque no demasiado rato, pues sus gafas no tardaron en deslizarse por el puente de su nariz. —No creas que no te vi... pediste pasar a verlo y cuando saliste te veías muy afligido. Él no es una mala persona... y aunque lo fuera, deberías al menos intentar conocerlo; es humano y comete errores. Mi papá cometió muchos, pero aún así lo voy a seguir queriendo por el resto de mi vida.

Las palabras de Alexis le calaron. Mentía si decía que no se había planteado la idea de qué hubiera pasado si Antonio hubiera muerto aunque no sabía exactamente cómo reaccionar ante ello, era su padre sí, de sangre, nada más... aunque él tuviera actualmente culpa por no permitirle ser algo más.

—Creo que no es un tema del que debamos hablar ahora —susurró mirando hacia sus pies que no dejaban de moverse.

—Al menos piénsalo —susurró. Frotó fuertemente sus manos para intentar entrar en calor; si bien quería privacidad, estar afuera la estaba congelando lentamente. Se acomodó las gafas y abrazó al ojiverde, escondiendo el rostro en el pecho de él. Si admitía la verdad, no sabía qué iba a hacer ahora sin su padre, ya que si bien no se veían tanto como hubiera querido, él era su principal pilar. —No sé qué voy a hacer para no morirme en el funeral de mi papá —habló con la voz completamente rota. Nuevas lágrimas acudieron a sus ojos, no se sentía capaz de sobrellevar la situación.

Adamo acarició la espalda de su amiga, sin saber exactamente de nuevo que decir. La aferró más en un abrazo quedando en esa posición por varios minutos, le destrozaba escuchar los sollozos de la rubia pero quería que se descargará y llorará todo lo que tenía que llorar, no podría ni imaginar el dolor que la muchacha estaba sintiendo en ese momento. Con voz apenas audible le pidió al ojiverde volver adentro, se estaba congelando y ya había dicho todo lo que quería decirle a Adamo; esperaba que ahora al menos considerara sus palabras. Cuando volvieron adentro, Adamo buscó con la mirada a su madre y la encontró con su tío hablando, no quiso acercarse, se sentó al lado de Alexis y bajo la mirada, pensando en las palabras de la muchacha, cuando Antonio despertara... ¿sería capaz de darle una oportunidad? Frunció el entrecejo, su progenitor había cometido muchos errores, no podía darle una oportunidad así como así aunque no podía actuar siempre de manera tan egoísta. No quería pensar en eso, tal vez más adelante recibiría la respuesta, ahora no podía pensar detenidamente sin dejarse guiar por los sentimientos del momento. Buscó con la mirada a su madre y, al no encontrarla, se acercó a su tío para preguntar por ella.

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Apenas se vio sola nuevamente, Lovina fue en busca del médico a cargo para hablar con él y, esta vez, pedirle la autorización para ingresar a ver a su esposo, a pesar de las ordenes que había dado. Tras recibir la afirmativa (aludiendo a que se la dio sólo porque también era médico), caminó hasta el cuarto donde se encontraba el español, dudaba si entrar o quedarse allí, no se sentía preparada para verlo... suspiró, abriendo con cuidado la puerta, cerrándola con la misma cautela. Caminó hasta quedar parada a un lado de la cama, tan sólo verle allí hizo que su amargura aumentara, se veía tan mal, tan lastimado... soltó un amargo suspiro y tomó cuidadosamente de una de sus manos.

—Tienes que despertar... —sabía que él no podía oírle, pero necesitaba quitarse aquel dolor que sentía en su interior. —Vamos… amor… debes despertar. Dijiste que no me dejarías... ¡lo dijiste! — y dichas aquellas palabras, sus ojos nuevamente se inundaron de lágrimas, no podía si quiera imaginar una vida sin el español, ¡Lo estaban intentando nuevamente! ¡demonios! La vida no podía ser tan desgraciada como para arrebatárselo, ya había pasado muchos años sin su presencia, no lo aguantaría nuevamente. Pasaron un par de minutos en los cuales trató de calmarse, al estar la sala casi en completo silencio (sólo la maquina emitía ruido) sintió como la puerta se cerraba, instintivamente limpió el rastro salino que estaba en su rostro, girándose posteriormente para ver de quien se trataba. El asombro se apoderó de ella.

—Adamo... —estiró su mano libre, para que el menor se acercara hasta ella. —¿Ha ocurrido algo?

—No. Sólo te estaba buscando —comentó en voz baja para después clavar sus orbes verdes en los ámbar contrarios. —¿Estás bien, mamma? —esa pregunta en estos momentos se le hacía tan torpe, pero ¿qué otra cosa podía preguntar? Era obvio para él que su madre estaba llorando y él se sentía incapaz de poder detener esas lágrimas.

—Perdón por venir sin avisarte —una vez su hijo llegó hasta su lado, le sostuvo la mano; había alzado su rostro para verle, asintiendo ante aquella última pregunta. —Estoy bien —mintió descaradamente, no quería que el menor se preocupara aún más, la situación era bastante complicada como para que más encima, estuviera preocupado por ella. —No debes preocuparte por mí, ¿sí? —soltó la mano del español, sólo para poder abrazar a su hijo.

—¿Sabes qué ya no soy un niño, verdad mamma? —murmuró para luego apartarse un poco y poder verla a la cara fijamente. —No tienes que protegerme de nada, si te sientes mal puedes decírmelo... —y volvió a abrazarla. Eso hizo que no se percatara de la ligera sonrisa apareció en los labios de su madre, aunque sí vio y sintió perfectamente la caricia de ésta en su rostro.

—Siempre serás mi niño —murmuró. —¿En qué momento creciste tanto? —preguntó, con cierta amargura. —Como mamá nunca debería dejar que te preocuparas por ciertas cosas, pero… —hizo una leve pausa. —Creo que no puedo mantenerte alejado siempre —aprovechando la diferencia de estatura, apoyó su rostro en el pecho de su hijo, ladeado para poder ver al español. —Nunca pensé que esto podría pasar... —masculló, al final.

—Los accidentes pasan —respondió, aunque sabía que lo que había dicho su madre fue más al aire que a otra cosa. —Creo que Antonio va a recuperarse pronto, tiene que hacerlo —comentó. —Mamma, ¿prefieres que te deje sola con él? —no es como si ahora pudiera hacerle alguna "escena de celos" a su progenitora, no estaba en condiciones, es más sabía que tal vez lo que su mamá necesitaba era estar a solas con Antonio.

—Quédate —mencionó de inmediato y sin hesitar; la compañía del menor siempre le hacía bien, le ayudaba a calmarse. —No es necesario que te retires y lo sabes. A él le haría feliz saber que estás aquí —volvió luego su mirada hacia el castaño mayor... y algo llamó su atención; se apartó del abrazo, para acercarse hasta el español. —E-está abriendo los ojos... —miró a su hijo y nuevamente a su esposo.

A duras penas intentó removerse; Antonio quería abrir los ojos, pero por alguna razón esa simple tarea se le estaba dificultando a sobremanera. Le dolía todo el cuerpo y los brazos los sentía tan pesados que apenas y pudo lograr un ligero movimiento de sus dedos. Se sentía mareado y cansado, muy cansado. Tras un nuevo intento pudo abrir los ojos, lentamente su visión comenzó a aclararse, así como en las películas y notó la presencia de su esposa e hijo… aquello le agradó, pero luego pensó en por qué de la situación y la cabeza comenzó a dolerle a horrores.

—L-lo... —no pudo decir nada más, su garganta estaba seca, su voz no salía, sentía hasta gusto a sangre en su boca, intento volver a moverse pero nuevamente le fue imposible, se mareó más. Sus pupilas analizaron el lugar dónde estaba, ¿dónde estaba? ¿Por qué no podía recordar nada? Su cabeza comenzó a doler aún más y aquello se notó en la expresión que hizo su rostro.

—Shh... no hables, tienes que descansar —con cuidado y cariño acarició los mechones castaños y se permitió estar así un momento. Sabía que debía llamar al médico o alguna enfermera, era parte del protocolo después de todo, ¡pero no la dejarían estar allí! Harían que Adamo y ella se retiraran... quizás cuanto tiempo pasaría antes de poder ingresar nuevamente. —Todo va a estar bien —se volteó, para poder mirar a su hijo, él no parecía haber quitado la mirada de encima de su padre, sin embargo necesitaba hacer que se retirara, y sólo tenía una idea en mente. —Adamo, ¿podrías avisarle a Paulo? —tras ver que su hijo asentía y se retiraba, llevó una de sus manos hasta el rostro contrario, con extrema delicadeza, lo posó allí, para poder acariciarlo. —¿Recuerdas lo que pasó? —no sabía exactamente qué decir, pero lo mejor, a su parecer, era saber si recordaba el accidente.

¿Recordar? ¿Qué había pasado? Intentó nuevamente hablar, pero no pudo. Relamió sus labios que estaban secos y en un ligero movimiento de cabeza negó como respuesta a la pregunta que le estaba haciendo la italiana. Quería saber, que estaba haciendo exactamente ahí. Sus ojos se cerraban solos, se sentía cansado y el mareo le hacía sentir náuseas, el sabor a sangre no ayudaba, ¿por qué estaba en un hospital? Cerró los ojos con fuerza intentando recordar. Lovina soltó un largo suspiro, no era buen momento para contarle lo ocurrido... por su estado, lo mejor sería que descansara, pero quizá, al estar consciente, si querría saber que estaba pasando. Soltó la mano española, sólo para ir por el asiento y acomodarse allí, cerca del mayor, nuevamente tomó la mano del castaño

—¿Quieres saber que ocurrió? —preguntó, esperando alguna señal por parte del contrario. Tras ver que asentía, tuvo que armarse de valor para hablar, por un momento, esperó una negativa. —No tengo mucha información al respecto —anunció, notando que a pesar del cansancio del contrario, tenía toda su atención. —Ibas en un automóvil con Francis... otro auto los chocó de lado —tuvo que tomar aire antes de continuar. —Tú quedaste completamente herido y... Y Francis... —no podía creer que debía decirle aquello, después de todo el daño que tenía en su cuerpo, tenía que comunicarle una pésima noticia. —Francis falleció...

Su mente fue dándole cortas imágenes, como fotografías de los hechos. Recordaba, Francis lo había llamado muy deprimido por una discusión. Fue a su casa, luego él le había dicho para ir de copas, Gilbert no había podido ir porque Elizabeta no lo había dejado. Francis venía contándole acerca de la pelea que había tenido con su esposa… luego otra que tuvo con Marguerite y luego un sonido muy fuerte, no recordaba absolutamente nada más. Abrió los ojos cuando Lovina soltó las últimas palabras, ¿qué acaba de decir? ¿Qué era lo que Lovina había dicho? Debía estar bromeando, o había escuchado mal. Francis debía estar en la habitación de al lado, herido, igual que él, o tal vez riéndose con Gilbert de que a él no le había pasado nada ¡o lo mataría por hacerle bromas de ese estilo! Encima Lovina se prestaba para esas cosas. ¿Por qué era una broma, verdad? Intentó moverse, intento moverse con desesperación, necesitaba ir a la habitación de al lado y comprobar que su mejor amigo estaba bien, podía escuchar los chirridos de la cama pero fue incapaz de levantarse, Lovina lo había tomado de los hombros, la miró molesto, ¡él tenía que ir a la habitación dónde estaba Francis! No obstante la mirada de su mujer le dio de lleno, ella no estaba mintiendo, sus palabras no se trataban de una broma... una lágrima recorrió su mejilla, no quería creerlo.

—Fra-fra... —se mordió el labio y sus lagrimales se llenaron, se dejó caer vencido en la cama, odiando no poder cubrir el rostro lamentablemente que seguramente tenía en ese momento, los sollozos del español inundaron la habitación, sus pulsaciones se aceleraron, aquel sentimiento dolía tanto que era imposible estar soñando. Lovina se apresuró a tratar de calmarlo, en su estado lo último que debía hacer era alterarse.

—E-es mi culpa-a... —murmuró apenas en un ligero hilo de voz. Se sentía totalmente afligido, ¡él era su amigo, tendría que haberle dicho que se ponga el cinturón de seguridad! ¡Tendría que haber manejado él si sabía que Francis llevaba varias copas encima! ¡Tendría que haberlo hecho...! Entonces ahora, su amigo no estaría muerto, ¿cómo miraría a sus padres a la cara? ¿Cómo miraría a Alexis? Alexis, había dejado a su pequeña sobrina sin padre... Francis no se merecía morir, él que veía la vida de una manera tan maravillosa a pesar de todo, no merecía morir. Su llanto no podía cesar, se sentía tan mal, era su culpa.

—No es tú culpa, Antonio, fue un accidente, sólo... sólo ocurren —acarició con extremo cuidado una de las mejillas del español, no sabía cómo calmarlo, que decirle para que se sintiera mejor... ¿pero como sentirse bien en una situación así? —Antonio, debes escucharme —se apartó de su lado, sólo para poder mirarlo a los ojos. —Esto no es tú culpa, nada de lo que pasó es tú culpa... nadie podría haber predicho el accidente… simplemente pasó —apoyó con cuidado su frente con la de él. —Debes calmarte ahora, tienes que calmarte... necesitas descansar.

Antonio respiró profundamente tratando de calmarse, no sabía que tanto daño había recibido él, pero tampoco le agradaba ver a Lovina tan preocupada, si la italiana estaba así era porque él también estaba grave. Nadie podía sacarle de la cabeza la imagen de su amigo francés, ni la imagen de Alexis. ¡Oh, maldita sea, que mal que se sentía! Y es que estaba seguro que tenía calmantes de sobra en su cuerpo, sin embargo no había nada para el tipo de dolor por el cual él estaba atravesando. Desvió la mirada hacia la puerta y vio entrar a un hombre, supuso que algún médico por la bata blanca que llevaba encima. Vio que Lovina lo miraba antes de salir de la habitación.

Caminó con desgano hacia dónde suponía seguían los demás, y no se equivocó, una vez llegó, sintió más de alguna mirada sobre sí.

—¿C-cómo está tío Antonio? —sus palabras chocaron, se sintió torpe, pero es que luego de toda la mezcla de impresiones que había tenido en tan poco rato nadie podía articular bien las palabras. Estaba preocupada por el español; hace poco había estado hablando con su suegro... pudo jurar que nunca había visto tan deprimido a Gilbert, por eso, tenía la necesidad por saber de Antonio, saber que estaba bien y que se iba a recuperar... no podría soportar que él también... ¡no podía ni pensarlo!

Se sorprendió que fuera Alexis la primera en hablar, realmente había creído que sería Paulo quien se abalanzaría hacia ella y la llenaría en preguntas. Miró hacia donde estaba la rubia, aparentemente más tranquila…. Había estado llorando más de tres horas, sus ojos estaban muy hinchados

—Ya despertó y se encuentra estable... lo mejor será dejarlo descansar hasta mañana —suspiró, realmente quería volver a su lado.

Alexis asintió con la cabeza y prefirió no decir más; sentía un nudo en la garganta y solo quería que su novio la abrazara. Caminó hasta donde estaba Daniel hablando con su padre y se aferró al pecho del menor... sentía que ya no podía llorar más, aunque eso no significaba que ya no tuviera pena... ahora en más vendría la peor parte; el funeral y todo lo que eso conlleva.

—Lovi... —rápidamente Paulo se acercó a la italiana, necesitaba saber cómo estaba su hermano, si había despertado, si tenía alguna secuela producto del accidente o algo así. Había querido ir de inmediato a hablar con ella, pero se vio frenado al ver que Alexis se había adelantado. —¿Antonio despertó? —su voz tembló, estaba muy afectado... reírse siempre de su hermano no significaba que no lo quisiera. —¿Cómo está?

—Pensé que Adamo te lo había dicho, le pedí que viniera a avisarte —aunque agradeció que Paulo no hubiera ido, tal vez Antonio se hubiera alterado más, no quería especular. —Está estable, no te diré que está bien, porque sería una gran mentira. No recordaba que había ocurrido, pero tras contarle... —hizo una leve pausa, para poder recobrar fuerzas y seguir. —Tras contarle, recordó todo... ahora el médico a cargo se encuentra con él...

—Uhm... —se mordió el labio, nervioso, aún no podía dejar de temblar. Se vio obligado a sentarse en una silla cercana y se tapó el rostro con las manos. —Tienen que darle algo para que se calme... tu sabes más de eso que yo... y hay que buscarle un buen psicólogo... o un psiquiatra, no sé qué será mejor para ayudarle a superar esto. Lo conozco —siguió. —Estoy casi seguro que está muy deprimido y que se está culpando por todo...

—Ya lo tienen con calmantes Paulo... Tampoco pueden llenarlo en medicamentos —se sentó junto a su cuñado, le sostuvo una mano, para tratar de calmarlo. Suspiró, buscando con su mirada a su hijo, quizá se encontraba con Alexis. —Yo me encargaré de ello. Y sí, Antonio cree que es su culpa, tras contarle, lo único que pensó fue que era su responsabilidad...

—Quiero verlo... por favor Lovi, necesito entrar a verlo... por favor... — no podía controlar las lágrimas que no dejaban de fluir, estaba demasiado preocupado. Quería ver a su hermano, abrazarlo y comprobar por sí mismo que estaba bien.

Lovina tuvo que abrazar a Paulo cuando notó que estaba llorando... intentó calmarlo, pero todo era tan complicado. Era evidente que no se relajaría hasta ver a su hermano así que le prometió hablar con el médico para así pedirle que dejara entrar al luso; en el mejor de los casos Antonio volvería a caer dormido y estuvo segura que su cuñado no haría escándalo ni nada parecido. Acarició la espalda del mayor al notarlo más relajado.

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Adamo tomó camisa negra de su clóset y lentamente se la puso. Hoy sería el funeral de Francis. Era veintisiete de diciembre, la última vez que habló con su novio había sido el veinticuatro en la noche y ahora más que nunca lo necesitaba. En primera instancia le mandó un mensaje mintiéndole, diciendo que su madre le había convencido para ir al campo y ahí la señal era muy mala… no quería que se preocupara por él, confiaba en Christian pero no quería arruinar sus vacaciones de Navidad. Ahora simplemente ya no pudo aguantar más. Le mandó un nuevo mensaje "Llegué a mi casa, ¿puedes conectarte para hablar?" Casi de inmediato recibió respuesta afirmativa. La resplandeciente sonrisa de su novio se vio completamente opacada al ver la tristeza en el ítalo-español.

—Adamo… —comenzó, tan preocupado que al aludido le caló el alma.

—Te mentí, lo siento —comenzó con un hilo de voz. Alzó la cabeza y se percató de cuan preocupado en verdad estaba Christian. —Hubo un accidente, Antonio está en el hospital y el papá de Alexis murió… el funeral es ahora —supuso que su pareja recordaba quién era Alexis; de cualquier modo, no preguntaría por ello. —Quería hablar contigo aunque sea un momento… ¿en la noche estarás?

—Sí —musitó sin dudar. —Amor, debiste haberme dicho antes —pseudo regañó, no pretendía pelear con Adamo, pero si le hubiera dicho, al menos podría haberlo ayudado hablando con él. —No me gusta verte así…

—No quería arruinar tus vacaciones —vio que Christian iba a comenzar a reclamar, por lo que se apresuró a agregar: —Debo irme, le prometí a Alexis que iría por ella a su casa y de ahí a la iglesia.

—Está bien. Te voy a estar esperando, ¿sí? Te amo.

—También te amo.

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Lovina no pensó en volver a usar tan pronto ese vestido negro con el que se había paseado el primer día que regresó a Italia luego de diecisiete años. Si bien ella había manifestado su deseo de quedarse junto a Antonio, éste le pidió que por favor fuera al funeral ya que él no podría ir. La mujer agradecía desde el fondo de su alma que Antonio estuviera bien y dejó de manifiesto aquello al pasar al hospital para verlo antes de acudir a la iglesia. Adamo iría con Alexis así que no debía preocuparse por que su hijo estuviera solo.

Salió del hospital, no sin antes darle un beso al español, sentía que lo necesitaba demasiado. Eran contadas las ocasiones en las que se permitía ser cariñosa, sin embargo ahora era justo y necesario; no quería volver a pasar por la incertidumbre de saber si iba a perder o no a Antonio.

Al no medir el tiempo, no se dio cuenta que estaba atrasada. Se perdió toda la misa y llegó a la iglesia cuando el ataúd estaba siendo cargado para llevarlo a la carroza. Se sintió horrible al percatarse del rostro de infinita tristeza de Gilbert… rápidamente desvió la mirada, buscando a su hijo; quería caminar junto a él hasta el cementerio.

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Ya no habrá un capítulo así de triste, lo juro :c de ahora en más las cosas comenzarán a arreglarse.