Lo siguiente tiene lugar entre las 8:00 y las 9:00 de la noche del 4 de septiembre.

Los hechos ocurren en tiempo real.


No trates de persuadirme,

Voy a seguir en esto.

Sé, nunca falla.

Hoy el viento sopla a mi favor.

Voy a seguir haciéndolo.

Jack Bauer, Kate Warner y los equipos especiales requeridos están en camino al aeródromo Norton. El escuadrón antibombas, Equipo de Ataques de Armas Especiales y agentes de refuerzo que Mason ordenó enviar tienen que coordinarse los unos con los otros y a su vez coordinar con Jack, por lo cual vas a oficiar como mediador entre él y ellos hasta que lleguen allí.

Sentado detrás de tu escritorio, marcas rápidamente y esperas a que conteste.

"Bauer"

"Jack, habla Tony. Estás a unos diez minutos del aeropuerto, ¿no?" preguntas con intención de confirmar lo que te muestra al mapa GPS que estás mirando en la pantalla de tu ordenador.

"Sí. ¿Ya tenés completo el número de identificación del avión?"

"No. Seguimos trabajando en eso. Te vas a encontrar con el Equipo de Asalto en el lado sur del edificio de emergencias" procedes a informarle "Están barriendo el área y empezaron a cerrar todo" van a juntar a los empleados y pasajeros que se encuentren en el aeropuerto, llevarlos a una zona especial, revisarlos uno por uno y luego evacuarlos, como parte del plan de prevención.

"Muy bien" pequeña pausa "Tony, ¿ya contactaste a Kim?"

Exhalas profundamente. Odias tener que darle la respuesta que no quiere escuchar, pero tampoco podés mentirle.

"No, todavía no. Llamé a la oficina del comisario, mandaron equipos de búsqueda" le aclaras, para que sepa que estás haciendo todo lo posible por hallar a su hija "Lo que no entiendo es porqué ella no ha tratado de contactarnos a nosotros" expresas en voz alta una duda que ha estado dando vueltas en tu cabeza durante la última hora.

"Sabe que no puede volver a la ciudad, y ahora el Departamento de Policía de Los Angeles está buscándola como sospechosa de asesinato. No va a tratar de ponerse en contacto con nosotros" pensándolo así, tiene sentido "Nosotros tenemos que encontrarla" su tono de voz cambia, y se convierte casi en una súplica desesperada. Por como suena, tenés la seguridad de que está apretando los dientes como lo hace cada vez que los nervios y la ansiedad lo atacan "¿Entendés? Tenemos que encontrarla" repite.

"Estoy utilizando cada recurso que podemos dedicarle a esto" le prometes.

"Hace todo lo que tengas que hacer"

"Está bien" tratas de tranquilizarlo con tus palabras, pero es obvio que no va a estar en paz hasta saber que han encontrado a Kim y que ha sido puesta a salvo y que sean cuales sean los problemas con los que lidia, han sido controlados y solucionados. Lo entendés perfectamente: si fuera tu hija, te sentirías igual, y sabés que tu mamá estaría en la misma situación que Jack si alguno de sus siete hijos se encontrara en esas circunstancias.

"Gracias"

Y la comunicación finaliza.

Antes de que tengas tiempo de enfocar tus pensamientos en cualquier otra cosa, el teléfono vuelve a sonar.

Minutos más tarde, luego de tomar nota de un par de datos y recibir vía fax unos papeles, te dirigís hacia el escritorio donde Michelle está trabajando.

Estuviste observándola con detenimiento especial (siempre la observas con detenimiento especial) durante la última hora y notaste lo nerviosa y ansiosa que parece, como si de repente todo lo sucedido en el día estuviera agarrándola de las piernas, abrazándose a ella y aprisionándola.

O quizá fue sólo tu impresión, quizá viste reflejada en ella la ansiedad que vos estás empezando a sentir, quizá viste reflejada en sus ojos la ansiedad que te quema por dentro.

No, no fue sólo mi impresión. La ansiedad está matándola decidís cuando estás lo suficientemente cerca como para poder contemplar su aspecto con mayor detenimiento.

"Michelle, acabo de hablar con División. Mientras interrogaban a Syed Alí dio los nombres de tres terroristas de Segunda Ola que están en el área de Los Angeles. Quiero que se asignen equipos de transporte para cada uno de ellos y que vayan a detenerlos ahora mismo, ¿está bien?" dejas las hojas que te enviaron por fax sobre la limpia y llana superficie de su escritorio, al alcance de su mano.

"Okay, ya me ocupo" asiente con la cabeza y enseguida lanza los dedos sobre el teclado mientras sus ojos se pasean por los papeles impresos, leyendo los datos que tiene que tipear para conseguir más información sobre los nombres que Alí les dio y enviar la solicitud de arresto a las oficinas de INTERPOL.

Mientras regresas a tu escritorio, por un breve par de segundos contemplas retroceder para preguntarle cómo está, si podés hacer algo por ella, por más insignificante que sea. No te gusta que la manera en que están desarrollándose las cosas – tan rápidas e impredecibles – te impida ser más que su jefe, dando órdenes e instrucciones, yendo y viniendo; te gustaría encontrar al menos un par de segundos para acercarte a ella en un plano personal, mostrarle tu preocupación, mostrarle que te interesas por su bienestar y que no hay una sola fracción de segundo en que la consideres simplemente otra de tus empleadas; jamás te gustó pensar en ella como en una empleada, en realidad: nunca te referiste a Michelle como a alguien que trabaja para vos, si no como a alguien que trabaja con vos.

Cuando querés darte cuenta, ya estás sentado de nuevo en tu silla, frente a la computadora. No trates de levantarte y desandar el camino andado, ni te molestes. Antes de que siquiera puedas darle la orden a los músculos de tus piernas, George Mason interrumpe tus pensamientos y contemplaciones al aparecer en el descanso de la escalera que conecta al piso principal de la CTU con su despacho.

Se aclara la garganta y luego alza la voz para llamar la atención de todos los presentes, y es ahí cuando otra vez los trajines del día que corre se interponen entre vos y tus ganas de permitirte un 'recreo' – por denominarlo de alguna forma – para desenchufar al agente robótico durante un ratito y darte el lujo de volver a ser por un breve instante un hombre de carne y hueso.

"Muchachos, muchachas, ¡atención!" el tono es el usual: enérgico, y te sorprende que incluso cuando físicamente está despedazándose con dolorosa lentitud pueda conservar la esencia de su persona intacta e igual que siempre.

Los técnicos y agentes se frenan en seco; automáticamente dirigen sus miradas a él y abren sus oídos para escuchar lo que tiene que decir:

"Acabo de recibir una segunda confirmación desde la Oficina de Seguridad Nacional en Oregon. La ubicación de la bomba es efectivamente en el aeródromo Norton. Jack Bauer está en camino; quiero a todos los agentes de campo disponibles allí ahora mismo"

Concluido el anuncio, se pierde escaleras arriba, de regreso a su oficina.

Antes de regresar al trabajo, buscas a Michelle con la mirada y la encontras de pie frente a su escritorio. Sus ojos están clavados en vos, y por un lapso de tiempo menor al que tarda en colarse por entre los labios un suspiro los dos se miran fija e intensamente.

Sabés bien, porque lo has experimentado antes en carne propia, la forma en que la persona amada puede desconcentrarte; más de una vez durante reuniones de personal o teleconferencias entre las agencias perdiste el hilo de las cosas por estar demasiado pendiente de sus gestos, sus movimientos, sus palabras, el sonido de su respiración, su perfume, el calor emanado por su cuerpo.

Sabés bien que hoy más que nunca tenés que estar concentrado, pero después de todo lo que pasó, después de haber estado cerca de perder la vida o de perderla a ella (¿no hubiera sido cualquiera de las dos opciones exactamente lo mismo?) cuando esa bomba explotó en la CTU, no podés sacarle los ojos de encima, no podés evitar esa necesidad de mirarla todo el tiempo para asegurarte de que es verdad que está ahí, que las cosas hermosas que sucedieron y fueron dichas entre ustedes en medio de la histeria caótica durante las últimas horas no fueron simplemente ecos de tus sueños...

Aunque quizá te roba más segundos de los que podés gastar en ello, necesitas observarla, sumergirte en su belleza, ver que está bien (a pesar de todo), ver que está entera y que sigue peleando, que sigue resistiendo. Necesitar observarla, usar sus ojos como espejos en los cuales reflejarte, porque en ellos ves lo hermoso que podría ser el futuro que te aguarda.

Tu intuición te dice que hay, en efecto, un futuro aguardándote, un futuro donde esas cosas lindas que ves brillando en sus ojos, esas cosas lindas con las que llevas meses soñando, van a volverse parte de una realidad dulce y tangible.

Y si hay algo de lo que estás seguro, es que tu intuición nunca falla; si te dice que mañana va a llegar, entonces es porque así será.

A pesar de lo sucedido, sentís que el viento sopla a tu favor, y la intuición te lo reafirma con cada paso dado.

Exhalando un largo suspiro que no sabías habías estado conteniendo, decidís enfocarte un cien por ciento en tu trabajo, ya que no ves la hora de que esta crisis termine, no ves la hora de que este asunto se acabe; cuanto más pronto eso suceda, más pronto vas a tenerla a ella en tus brazos.

Eso sí, no trates de persuadirte a vos mismo y mantenerte mucho tiempo en piloto automático, porque es imposible que no sigas haciendo lo que llevas meses haciendo: dejando que el magnetismo casi mágico que te atrae a ella te arrastre, llevando a que tus ojos y los suyos se busquen a cada rato.

No trates de evitarlo, porque no tiene remedio, y las probabilidades de que logres resistirte son nulas, inexistentes. Va a ser mejor que te limites a continuar trabajando tal como lo venís haciendo hasta ahora: de tanto en tanto robándole miradas, prometiéndole y prometiéndote a vos mismo un mañana perfecto, porque la intuición y el viento soplando a tu favor susurran en tu oído que esa es una promesa posible de cumplir.


El flujo de información entre las agencias no cesa, y a medida que nuevas pistas van apareciendo, se incrementa. Lees con atención las actualizaciones que llegan minuto a minuto, tratando de concentrarte especialmente en los detalles.

De acuerdo a los últimas novedades, se ha logrado averiguar que la Unidad Víbora de Coral – los mercenarios que atacaron el avión en que iban Jack y Nina esta tarde – están también tras los pasos de la bomba, para encontrarla a tiempo y desmantelarla, pero por algún motivo actúan basándose en el plan de tratar como enemigo y atacar a cualquiera que se interponga en su camino, esté éste o no persiguiendo sus mismos intereses. Son una unidad rebelde actuando bajo su propia autoridad, y no puede ordenársele al Coronel Samuels que los retire de la operación porque han cortado cualquier clase de comunicación hace tres horas. Sin embargo, es probable que estén yendo al aeródromo o ya se encuentren en él, dado que seguramente se las han arreglado para conseguir la información con la que cuenta la CTU y sobre la cual están basando sus acciones.

Cuando el reloj marca las ocho de la noche con dieciséis minutos y acaban de informarte que el agente Jack Bauer ya estableció su puesto en el aeródromo, ves a George acercarse a tu estación de trabajo con cara de pocos amigos, señal indudable de que algo anda muy mal.

"Tony, tenemos un problemita" confirma tus sospechas, y el hecho de que haya utilizado la palabra 'problemita' sólo echa más leña al fuego; para George, el término 'problemita' generalmente hace referencia a cosas bastante desagradable y difíciles de manejar.

"¿Qué pasa?"

"Brad Hammond de División está viniendo para acá" si lo que acaba de decirte no es para nada bueno, lo que viene a continuación entonces es peor: "Quieren sacarnos del medio y seguir manejando todo ellos desde allá"

Describir el sentimiento que te invade como indignación sería subestimarlo. Es más que indignación, se sale de los límites de la irritación. Más bien es una mezcla de cólera y bronca que estallan enseguida dentro de vos.

División no tiene ningún derecho a hacerles esto, especialmente cuando durante las últimas doce o trece horas – la verdad es que ya perdiste la cuenta – CTU, sus agentes, sus técnicos y su personal en general se las han ingeniado para recuperarse de un ataque que dejó un importante saldo de muertos y mitigó en muchos aspectos las capacidades tecnológicas y los recursos humanos de la Unidad; sin embargo, fueron lo suficientemente fuertes para recobrarse, y en tiempo récord los sistemas estaban funcionando otra vez, y en funcionamiento se han mantenido. Sin contar, por supuesto, la cantidad de información, pistas, datos, resultados y avances que se han obtenido gracias a ustedes.

No, División no tiene ningún derecho a aparecer ahora. No pueden llegar y pretender hacer lo que les plazca después de que ustedes hayan dejado la vida (algunos han dejado la vida literalmente) en la ardua tarea de cumplir con los deberes y responsabilidades asignados.

"Nosotros estamos funcionando perfectamente" es la primera protesta que se te escapa de los labios, y no trates de mantener el control y no perder el temperamento porque es obvio que en el intento vas a fallar.

George suspira.

"No en un cien por ciento" admite "Todavía tenemos pérdidas intermitentes y División está un poco incómoda con la idea de que estemos dirigiendo una operación como ésta en una locación comprometida"

El tono de voz de Mason y el brillo casi opaco en su mirada te dejan ver que en el fondo por mucho que le cueste reconocerlo él cree que tienen razón, pero no es una opinión que vos compartas. Es verdad que el edificio de la CTU ha visto mejores días y que no se encuentra en la mejor de las condiciones, pero los bomberos y el personal de primeros auxilios se han encargado de chequear que las zonas peligrosas fueran acordonadas y hay obreros trabajando para empezar a levantar el lugar ladrillo por ladrillo. Si hasta ahora las cosas vienen saliendo bien, si hasta ahora vienen trabajando como o más que en un día normal, entonces no ves por qué tendrían que apartarlos del caso.

Con exasperación, te quejas otra vez:

"No tenemos tiempo para llevar a la gente de División de paseo por las oficinas" es tu protesta.

"Lo sé" Mason coincide con vos, pero que te dé la razón no basta, no te sirve, no te calma en lo absoluto "Están en camino, así que vas a tener que lidiar con ellos"

Genial, justo lo que necesitan: perder el tiempo jugando a 'la visita' con Brad Hammond.

En los últimos dos minutos, con esta noticia y su actitud George se las ha arreglado para que tu humor cambie bastante; combinado con el desgaste físico, el cansancio emocional, el hambre que sentís porque han pasado horas desde que ingeriste algo sólido, la ansiedad, y otras doscientas emociones de los más variados tipos que se revuelven en tu estómago, en estos momentos las agujas que marcan tus niveles de histeria, impaciencia e irritabilidad podrían estallar.

Te molesta que no los dejen hacer su trabajo. Te molesta que metan las narices donde no pertenecen. Te molesta que se aprovechen de la autoridad que tienen para llegar cuando se les antoja y empezar a dar órdenes. Te molesta que traten de sacarlos del medio basándose en la pobre excusa de que las condiciones del edificio no son las más óptimas.

Te preocupa también qué va a pasar con George cuando Hammond llegue y vea en qué condiciones está, porque si bien en lo que a la lucidez se refiere prácticamente su estado no lo ha afectado, a través de su físico puede deducirse que no le queda mucho tiempo: respira con dificultad, el escaso cabello que le queda está cayéndosele a mechones, tose todo el tiempo, su piel enrojecida no luce para nada bien y probablemente las súbitas escapadas a su oficina se deban a que tiene que controlar las hemorragias en los brazos y en las piernas.

Definitivamente la gente de División va a ordenarle a George que se haga a un lado. Pretexto perfecto para ponerse ellos a cargo. Excusa ideal para sacarlos a ustedes del camino.

No trates de aliviar el huracán que dentro de vos se levanta feroz, porque no vas a poder. No trates de calmarte a vos mismo pensando que hay que respetar a División por más que sean unos burócratas idiotas que no tienen ni idea de cómo hacer las cosas en una Unidad como la CTU, porque ningún paquete de mentiras baratas inventadas en el momento que puedas auto-venderte va a servir para que te convenzas de que ellos están en posición de hacer esto mejor que ustedes.

Ya vienen en camino, así que – como dijo George – vas a tener que lidiar con ellos te guste o no. Pero eso no significa que vas a dejar que los pasen por arriba. Eso no significa que vas a dejar que te persuadan y te hagan creer que ellos tienen todo bajo control. Que traten si quieren, pero no lo van a lograr: sos firme en tus creencias, y crees de verdad que no hay agencia más indicada que la CTU para encargarse de llevar a cabo esta misión. Aún con todo lo que ha sucedido – la bomba, las muertes, los heridos, las pérdidas de equipos tecnológicos – el viento sigue soplando a favor de ustedes.


"¿Por qué está llevándote tanto tiempo conseguir el número completo?" ansioso, exasperado y por qué no ya rayando la histeria llevas minutos sin fin dando vueltas alrededor de la estación de trabajo para visitantes en la que acomodaron a Randy Mundorch para que trabajara sobre el trozo de papel incinerado del cual hasta ahora sólo pudieron sustraer ese N34.

Necesitan el número completo, no pueden tener esa cantidad de agentes de campo revisando el aeródromo de palmo a palmo, no pueden darse el lujo de perder tanto tiempo. Cuanto antes sepan cuál es el avión que van a volar sobre la ciudad para transportar la bomba, más posibilidades hay de llegar a ella sin tener que recurrir a los F-16 para interceptarlo en el aire y hacerlo aterrizar a la fuerza, lo cual podría derivar en toda clase de accidentes, desde un aterrizaje suicida sobre un área urbanizada de la ciudad hasta que la bomba sea detonada prematuramente. Son opciones demasiado riesgosas, es por eso que tienen que encontrar a ese avión antes de que levante vuelo.

Randy insiste en que – si bien apenas se ve – sabe que hay algo escrito en ese trozo chamuscado de papel, y que va a encontrarlo.

"Necesitamos esto, Randy" insistís con impaciencia.

"Estoy ocupándome" repite en tono tranquilizador, un tono que indica que sabe que tiene todo bajo control y que los resultados que necesitan van a ser obtenidos.

Dios, este tipo es demasiado seguro de sí mismo pensas.

Largas un suspiro cargado de ansiedad en un intento vano de relajar los músculos y mantener tu temperamento en niveles aceptables.

En el camino de vuelta a tu escritorio, te cruzas con Michelle, quien a juzgar por su aspecto encolerizado y el fulgor en sus ojos acaba de enterarse que – como tercera en comando de la Unidad Antiterrorista de Los Angeles – tendrá el enorme 'placer' de jugar a la 'guía turística' con Brad Hammond.

"¿Ya te dijo Mason que están mandando gente de División para hacer una evaluación?" te pregunta con una vocecita que denota cuán indignada está y cuán injusto cree que esto es.

"Sí" contestas, y en una respuesta tan breve y escueta te las arreglas para resumir que opinas exactamente lo mismo que ella al respecto.

"¿Por qué están haciendo esto ahora?" protesta, cargada de frustración "Claramente somos capaces de operar" sigue, poniéndose más y más molesta con cada palabra que dice "Estamos obteniendo resultados. ¿Por qué no nos dejan en paz?" al igual que vos sabe que esto es una gran injusticia, una pérdida de tiempo, una traba puesta por la burocracia. El problema es que cuando de injusticias se trata Michelle pierde los estribos con mayor rapidez que vos, y no tiene inconvenientes en expresar lo que piensa a viva voz. Y es en momentos como estos en los que podrías ir y besarla (corrección: no hay momento en que no estés pensando en besarla, simplemente hay instantes – como este – en el cual contener las ganas es casi imposible)

"Van a dejarnos en paz" le prometes, queriendo sonar tranquilizador y contenedor "Ésta es simplemente la manera que tiene Chappelle de hacer las cosas"

"¿Y Mason?" tus ojos y los de ella instintivamente se posan en los ventanales de su oficina en el primer piso, donde George se ha refugiado durante los últimos diez minutos, probablemente tratando de mejorar un poco su aspecto para no lucir tan enfermo.

"Cuando le echen un vistazo y vean lo mal que está es seguro que lo pateen fuera del tablero" admitís. A ella no podés mentirle, por mucho que no quieras ver su rostro contrayéndose en la mueca de angustia y preocupación que tenés frente a tus ojos ahora. No podés decirle algo así como 'va a estar todo bien, van a dejar que se quede y siga dirigiendo la CTU'; sería subestimarla. Michelle sabe que George y la gente de División mantienen entre ellos un odio mutuo, y bienvenido sea cualquier pretexto para destituirlo de su cargo de director alegando incapacidad para desarrollarse en el puesto y tomar ellos las riendas "Pero le tengo un ojo encima, ¿sí?" querés recordarle que la promesa hecha un par de horas atrás cuando le dijiste que ibas a asegurarte de que no cometiera errores siga en pie "Vos ocupate de que todos lleguen a Norton sin problemas"

Nuevamente te sentís mal por haberte comportado sólo como un jefe ordenando cosas y dando instrucciones y lamentas no haber aprovechado la ocasión para preguntarle cómo está antes de que sin decir una palabra regresara a su escritorio para seguir trabajando.

Eso es lo que yo debería hacer, volver al trabajo.


Cinco minutos antes de que te llueva una oportunidad disfrazada de 'problemita' te enteras que Jack Bauer ha encontrado en la estructura del aeródromo Norton a seis miembros de la Unidad Víbora de Coral asesinados de disparos, lo cual significa que alguien tratando de impedir que hallen esa bomba y la desmantelen los encontró a ellos antes de que ellos pudieran encontrarlos, y rápidamente los dejó fuera del campo de juego.

No tenés mucho tiempo para meditar acerca de esto y sopesar cómo afecta a la misión, porque recibís un llamado que te informa que Brad Hammond está a punto de arribar a la CTU.

"Michelle" llamas, al tiempo que tus pies se mueven por el suelo acercándote a su estación de trabajo "Están a punto de llegar, tenemos que ir a recibirlos"

Segundos después de emprendido el trayecto hacia la entrada, tomas aire, exhalas, inhalas otra vez y decidís que es hora de permitirte desconectar al agente robótico y dar paso al ser humano de carne y hueso.

"¿Cómo estás?"

No es una pregunta casual, y lo sabe. Los dos lo saben. Esas dos palabras acurrucadas entre signos de interrogación encierran mucho más.

"Cansada" llega la respuesta en forma de suspiro.

"Falta poco" tratas de animarla, y de animarte a vos mismo. Falta poco para que puedan tener esa charla que se deben, falta poco para que puedas mirarla a los ojos y fundidos en la tranquilidad y el silencio explicarle los porqués de tus actos y acciones, falta poco para que puedas abrazarla tan fuerte como el cuerpo te lo permita, falta poco para que puedas decirle que la amas.

"Sí, falta poco" asiente en voz baja, hablando más para sí misma que para cualquier otra persona, pero de pronto ante tus ojos luce tan exhausta y abatida, tan nerviosa e indignada, tan frustrada y deshecha que te duele el corazón de sólo pensar lo terrible que deben sentirse los efectos de las horas pasadas sobre un cuerpo tan frágil; Michelle es una mujer fuerte y sabés que puede soportar más que esto sin derrumbarse, sabés que puede seguir soportando, pero eso no quita que las consecuencias de la presión y el estrés sean nocivas.

"Vamos a sobrevivir a este día" repetís en un susurro, y la sonrisa débil que se le dibuja en los labios cuando te escucha hace que tu corazón se saltee un latido y frenes en seco, lo cual por ende desemboca en que ella también deje de caminar cuando dos pasos más tarde se da cuenta que te has detenido.

Te mira a los ojos inquisidoramente, como preguntándote en silencio qué pasa. Hay entre ustedes no más que una baldosa y media de distancia, por lo que los susurros que se escapan de tu boca son perfectamente captados por sus oídos:

"Decilo" le pedís, casi implorando, casi rogando, porque te morís por escuchar esas mismas palabras pronunciadas por ella. Porque necesitas que el amor de tu vida te mire con esos ojos y las murmure.

No hace falta que expliques más, porque las explicaciones están en tu rostro y en tu mirada, y no hay nadie que pueda leerlos tan bien como ella.

"Vamos a sobrevivir a este día" repite despacio, sílaba por sílaba, con una voz suave y dulce que te acaricia la piel sin tocarla, sin siquiera rozarla.

El corazón te pide a gritos que hagas desaparecer la distancia física que los separa, te acerques a ella, acunes su rostro con tus manos y lo beses palmo a palmo. Podrías hacerlo, ¿por qué no? Están solos, en un pasillo desierto, sumergidos en el silencio, detenidos en el tiempo. Pero tu cabeza exclama a alaridos que para eso va a haber tiempo más tarde, y que lo que en realidad tenés que hacer es seguir camino hacia donde Brad Hammond y su gente los aguardan, sacárselos de encima cuanto antes y continuar haciendo tu trabajo.

Tus pasos y los de ella se reanudan, mientras entre ambos cuerpos flotan esas seis palabras.

Vamos a sobrevivir a este día.


"Los bancos de datos se desconectaron, pero Michelle pudo volver a ponerlos en funcionamiento sin que se perdiera nada" explicas a un no muy feliz Brad Hammond que ha pasado los últimos minutos merodeando con ustedes por el piso de la CTU, haciendo toda clase de preguntas irritantes, lanzando constantes miradas desaprobatorias y arrojando aquí y allá comentarios envenenados, resaltando los defectos y los inconvenientes en lugar de reconocer las virtudes y el buen trabajo realizado por la CTU para resurgir de sus cenizas como el Ave Fénix y volver a sostenerse sobre sus pies después de haber pasado por un atentado, todo ello esperando – claro está – que ustedes dos le dieran la razón, asintieran con la cabeza y comentaran cuán en lo correcto está.

Ni vos ni Michelle van a darle el gusto, por supuesto. Que no trate de persuadirlos, porque no va a funcionar, no va a convencerlos.

"Tenemos una copia de los mismos datos en División" dice, descalificando así la increíble hazaña de haber puesto los bancos en funcionamiento en menos de una hora, cuando todavía ni siquiera los bomberos habían terminado de levantar los escombros y medianamente acondicionar el lugar "No veo porqué tenemos que arriesgarnos a manejar esta operación desde un sistema mal recauchutado" agrega con su lengua filosa, y poco te falta para perder los estribos cuando dice eso, desvalorizando por completo los esfuerzos hechos durante todo el día. Los esfuerzos que ella estuvo haciendo durante todo el día.

Antes de que pueda reaccionar, antes de que puedas articular palabra, Michelle da un paso adelante y se enfrenta a Hammond con una dignidad y una seguridad que jamás viste, manteniendo el semblante tranquilo, modulando correctamente y sin que le tiemble la voz.

"No se puede manejar una operación basándose solamente en datos, señor Hammond"

Contemplándola de pie ahí, en frente de un hombre corpulento que le lleva al menos una cabeza y media y que es el doble de su tamaño, te sorprende lo fuerte y compuesta que puede parecer incluso cuando está cansada, incluso cuando está abatida, incluso cuando seguramente por dentro está batallando contra sus emociones en un intento por no perder la calma. Te sorprende que una cosita de aspecto tan frágil tenga la potencia de un huracán.

"Mi equipo tiene más experiencia implementando y monitoreando que cualquier persona de División" es lo siguiente que le dice.

No podés evitar la oleada de orgullo y admiración que te invade por dentro. Esa es la mujer que amas: defendiendo lo que cree, defendiendo el trabajo que ella y todos los técnicos han hecho, irguiéndose sin miedo a que la pisoteen.

"No creo que sea verdad" es la respuesta cortante de Hammond, que refleja a la perfección el destello de ira refulgiendo en sus ojos; se las ha arreglado, sin embargo, para esconder la sorpresa provocada por el hecho de que alguien se haya atrevido a hacerle frente de esa manera "Pero es un punto debatible" agrega a último momento.

Decís que es un punto debatible porque no querés admitir que sabés muy bien que es verdad: las eminencias que tenemos sentadas detrás de estos escritorios son cien veces mejores que los idiotas de División, el problema es que no sos capaz de reconocerlo.

"Empiecen a mover gente a nuestras oficinas" es la sentencia final.

Estás a punto de dar un paso adelante y quejarte, objetar, refutar, exponer – de la manera más educada posible, claro, y sin perder tu posición de subordinado para no hacer que el ya de por sí mal humor de Brad Hammond alcance límites insospechados – lo que opinas, pero te ganan de mano.

Bajando los últimos peldaños de la escalera que conduce a su despacho se encuentra George Mason, quien al escuchar la resolución que ha tomado Hammond enseguida da un paso adelante en el tablero y con su habitual tono jovial e impregnado de notables dejos de ironía hace su entrada en escena, para sorpresa de la gente de División.

"¿Y desperdiciar una hora y media transportando e instalándolos cuando hay una bomba que amenaza con estallar?" la potencia de su voz es la misma de siempre, y a pesar de que luce más cansado y demacrado de lo normal ha logrado esconder bastante bien los signos que indican que está desmoronándose.

"Ya estaba empezando a preguntarme si este lugar se manejaba sin un director" dice Hammond a modo de saludo seco.

"Hola, Brad, qué bueno verte" el sarcasmo está ahí, disfrazado adornando lo que podría confundirse por cortesía.

Mason extiende su mano, pero Hammond no la toma.

"Escuché que no estás sintiéndote muy bien" dispara, vaticinando que tus peores sospechas podrían estar cerca de transformarse en una realidad.

"Me imagino que oíste toda clase de cosas hoy" comenta George, su rostro cruzado por una sonrisa socarrona al tiempo que pasa su brazo alrededor del hombro de Hammond como lo haría con un viejo amigo de toda la vida y comienza a dirigir sus pasos y los de él a un costado. Sin embargo, en esa breve caminata no llegan tan lejos como que para que las palabras dichas entre ellos dejen de ser captadas por tus oídos "Pero puedo asegurarte que un mal día mío sigue siendo mejor que un buen día para cualquiera de tu lado de la carretera"

No deberías haber dicho eso, George, pensas, aunque estás de acuerdo con él desde la mayúscula de la oración hasta su punto final.

"No vamos a salirnos de esto" ahora el tono de Mason es firme, sin ningún aire de bromas o ironía envolviéndolo. Firme como una roca inamovible ante la grandeza del mar, porque – después de todo – las olas pueden embestir, pero la roca no se mueve "Tenemos demasiados protocolos activos en juego acá" prosigue con sus explicaciones de porqué no piensa dar la orden de que los técnicos y agentes empiecen a trasladarse a las oficinas de División para quedar bajo la mano de un burócrata como Chappelle y verse obligados a lidiar con toda clase de incompetentes.

"Oí que tus sistemas fallaron las pruebas de paridad esta mañana" Hammond no va a rendirse fácil, obviamente. Va a seguir buscando, va a seguir escarbando, va a seguir haciendo surgir motivos por los cuales es conveniente cerrar la CTU por el momento y dejar que la operación pase a ser manejada por su gente.

Hammond no va a rendirse, pero Mason tampoco.

"Eso fue esta mañana. Ahora está todo bien" sonríe y voltea la cabeza en dirección a uno de los centros de técnicos "Eileen" llama a una de las jóvenes "¿Querés mostrarla al señor Hammond cómo todos nuestros sistemas están excediendo sus horizontes?"

"Sí, señor"

Vuelve a pasar el brazo por alrededor de los hombros de Brad, y lo conduce hacia el escritorio de Eileen para enseñarle que las cosas marchan a la perfección y como es debido.

"¿Pensas que pueden hacer las cosas como nosotros en División?" es lo último que oís a George murmurar, antes de que agregue con la lengua empapada en ironía un pequeño consejo ": No creas en todo lo que oís, Brad"

Cinco minutos bastan para que acepte la derrota: ninguna agencia puede igualar a la CTU cuando se trata de lidiar con crisis de este tamaño, y tratar de tomar el mando bajo estas circunstancias sólo daría resultados catastróficos.

"Pueden seguir en esto, pero voy a chequear el funcionamiento de los sistemas cada media hora" echa una última amenaza antes de irse, como si quisiera seguir sintiéndose más importante, más poderoso, por el simple hecho de que va a 'controlarlos' para asegurarse de que las cosas marchen sobre rieles.

Cuando finalmente él y sus hombres se pierden de vista al adentrarse en la negrura del pasillo que conduce a la salida, dejas escapar otro suspiro, las tensiones de tu cuerpo se alivian y podés volver a respirar de nuevo sin sentir la frustración y la bronca haciendo peso sobre tus ya adoloridos hombros.

Lograron sacarse a la gente de División de encima. Que controlen tanto como quieran, que revisen tanto como quieran, no te importa que satisfagan su necesidad de sentirse superiores de esa manera mientras te dejen seguir haciendo tu trabajo. Lo importante es que lograron sarcárselos de encima.

"Te dije que iban a dejarnos en paz" susurras a Michelle dos minutos después que se hayan marchado, antes de que cada uno vuelva a sus respectivas estaciones, y la sonrisa que te regala te relaja aún más, incluso si el efecto no va a durar más que un par de segundos hasta que al llegar frente a tu computadora te estrelles de vuelta con la realidad: hay una bomba en algún lugar de la ciudad que está programada para detonar antes del final del día (y del día ya no queda mucho, la verdad), cientos de hombres uniformados están barriendo el aeródromo de arriba abajo en búsqueda del dispositivo nuclear, millones de vidas corren peligro inminente, y para evitar que lo peor suceda están dejando el alma en una carrera contra el reloj.

Pero – después de todo y con todo – tenés la seguridad de que eventualmente la operación va a salir bien. A pesar de todo, sabés que van a sobrevivir a este día. Te lo dice la intuición. La misma intuición que temprano esta mañana encendió sus luces dentro de vos y te puso en alerta incluso antes de que se enteraran de la amenaza terrorista con la que tendrían que pasar las horas siguientes lidiando, esa misma intuición te da la certeza de que el viento sopla a tu favor.


Hace rato que no te fijas en el reloj, tan sumergido como estás siguiendo los pasos dados por los equipos especiales que enviaron a Norton, por lo cual no tenés ni idea acerca de la hora que es cuando Mason se acerca.

"¿Cómo van las cosas en el aeropuerto?" pregunta.

"Están revisando cada avión y todas las estructuras" te molesta no poder darle noticias mejores pero lo que hay es lo que hay.

"Hay demasiados lugares en los que podría estar esa cosa..." se queja, y antes de que las palabras terminen de formarse en su garganta, deslizarse por su lengua y atravesar sus ya resecos labios, a unos metros de distancia se escucha el grito triunfal nacido de la boca de Mundorch.

"¡Lo encontré!"

El resto del número de identificación ha sido descifrado. Ya no van a tener que ir moviéndose a ciegas, buscando a tientas: pueden ir directo a donde está la bomba e impedir que ese avión sea puesto en el aire.

George y vos se dirigen rápidamente hacia donde está Randy con el brazo extendido, mostrándoles en una de esas pantallas portátiles el resultado de su arduo trabajo:

"Puede ser N34G5 o N34G6"

Enseguida Michelle – que ha estado atenta a todos los datos – ingresa ambos números en la computadora, y le lleva sólo un segundo hallar coincidencias:

"N34G5 está registrado en California y se encuentra en el hangar MD7 del aeródromo Norton" anuncia, y te das cuenta que nuevamente la ansiedad está recorriéndola de arriba abajo, la misma ansiedad que sentís haciendo latir tu corazón con fuerza e impulsando la sangre en tus venas.

Están cerca, cada vez más cerca.

"Llama a Bauer" ordena Mason enseguida, y tus dedos caen sobre los botones del teléfono, presionándolos con rapidez y apremio.

Los breves segundos que tarda Jack en contestar se transforman en una eternidad que transcurre lenta y pausada. No ves la hora de comunicarte con él, informarle lo que acaban de descubrir. No ves la hora de que los equipos especiales se dirijan ahí, encuentren esa bomba, la desmantelen, apresen a los culpables y comiencen a desenredar esta gran madeja hasta llegar al responsable principal y hacerlo pagar. No ves la hora de que el nudo en tu estómago se afloje al saber que la ciudad de Los Angeles y las vidas de sus habitantes están fuera de peligro. No ves la hora de que llegue mañana, el mañana que tanto venís ansiando y esperando; ese mañana que, de acuerdo a lo que te dicta la intuición, va a traer el comienzo de lo que probablemente sea una de las mejores cosas de tu vida.

"Bauer" contesta finalmente.

Escuchas de fondo el ruido de las sirenas, coches, helicópteros, agentes gritándose los unos a los otros. Caótica búsqueda, removiendo el pajar para encontrar la aguja, tratando de seguirle el paso al reloj, sumergidos en un océano inmenso y profundo, y vos del otro lado de la línea tenés en tus manos la clave para resolver el enigma...

"Tenemos el número de identificación del avión" informas, y tu voz tiembla tanto debido a la ansiedad y a la adrenalina que invaden tu cuerpo que te cuesta controlarte al modular. Tragas antes de empezar a darle los números y letras que forman el código, tratando de sonar lo más claro posible pero sin poder evitar hablar con rapidez "N de Noviembre. Tres. Cuatro. G de Golf. Cinco. Las bases de datos de Aviación lo tienen registrado en el hangar M de mamá, D de Delta, 7"

La conversación acaba, dejándote con la sensación de que si la intuición nunca falla, entonces realmente están a un paso de que este asunto de la bomba termine.

Lo que se desarrolló a continuación, no sabrías si describirlo como algo que aconteció en una fracción de segundo tan efímero que apenas pudo ser contenido en un respiro, o como una odisea interminable que se extendió durante minutos que se asemejaron a horas infinitas.

Cuando Jack Bauer y sus hombres llegaron al hangar MD7, el avión acababa de empezar a tomar carrera para una vez recorrido el tramo de pista de despegue elevarse. La persecución fue violenta y la presenciaste a través del satélite de video con el corazón latiendo tan fuerte que lo sentías en el estómago y rebotando contra tus costillas. Varios disparos por parte de Bauer – quien iba a la par del avión en un jeep - fueron necesarios para dañar las ruedas del aparato y herir al piloto en el hombro.

En cuanto se llevaron al árabe de unos cuarenta años que conducía el avión para interrogarlo, el escuadrón antibombas procedió a analizar el paquete que estaba siendo transportado.

La caja que encontraron mostraba signos de radioactividad, pero lo que había dentro de ella – si bien lucía como una bomba nuclear – no lo era.

La bomba sigue sin aparecer.

Los engañaron, los timaron. La bomba había estado en el aeródromo Norton, había estado dentro de esa misma caja hallada en el avión, pero la habían retirado de allí y reemplazado por otra, por una falsa, una que lucía exactamente como la verdadera, pero que no lo era. La verdadera bomba había sido cambiada de lugar antes de que llegaran, y aquella maniobra con el avión no había sido más que un método de distracción.

La bomba sigue sin aparecer.

Si no está en ese avión, ¿entonces dónde? La teoría más firme es que sigue en algún lugar dentro de Norton, en algún otro hangar, en alguna de las dependencias del edificio. Syed Alí les dijo que la encontrarían allí, y tanto Bauer como el resto están seguros de que no mentía. Simplemente fueron ellos los que llegaron demasiado tarde, y ahora hay que volver a empezar a buscar la aguja en el pajar.

Sin embargo, no estás decepcionado, ni alicaído, ni perdiste las esperanzas. Un tropiezo no es caída, ¿no? La bomba está cerca, no pueden habérsela llevado muy lejos, y en el caso de que así haya ocurrido, van a acabar encontrándola de todos modos. El piloto del avión tiene que saber algo, y van a presionarlo tanto como haga falta hasta que se quiebre y hable.

Esa bomba no va a ser la causante de que el sol no se alce de nuevo sobre la ciudad de Los Angeles. Te lo dice la intuición: van a encontrarla y a ponerle las manos encima antes de que haga daño a alguien. Y en tu intuición crees a ciegas, porque nunca falla. En estos casos, nunca falla.

Y si sentís que a pesar de todo y con todo el viento sopla a tu favor, entonces no podés estar equivocado.

Habrá trabas en el camino, habrá que remar un poco más fuerte para ganarle a la corriente, habrá que seguir peleando un poco más... Van a seguir haciéndolo: van a saltar las trabas, van a remar más fuerte, van a pelear.

No importa cuántos obstáculos se interpongan en el medio, van a superarlos todos: porque el viento sopla a favor.