Lo siguiente tiene lugar entre las 9:00 y las 10:00 de la noche del 4 de septiembre.

Los hechos ocurren en tiempo real.


Reinaba en el ambiente la locura

Y la suerte no estaba de mi lado.

Pensar que esta mañana antes de abandonar el edificio en el que vivís le prometiste al encargado que pasarías a eso de las siete para ayudar a su nieta con la tarea de Ciencias...

Las siete llegaron, y pasaron, ya son las nueve de la noche, y vos seguís acá, en el trabajo, en medio de una crisis de tamaño colosal, viendo como todo se desploma, deteriora y desmorona frente a tus ojos, como de pronto la euforia ante la posibilidad de que pronto la pesadilla acabe los invade, para después sentir la desilusión carcomiéndolos al darse cuenta de que es largo y empedrado el trecho que queda por recorrer.

Por un momento creíste que habían encontrado la bomba. Cuando Jack dijo que el escuadrón estaba a punto de desarmarla, sentiste el corazón latiendo fuera de control y la cabeza girándote tan rápido que el mareo podría haberte causado un desmayo. Estaban tan cerca... Pero después Bauer volvió a llamar: era todo una trampa. La verdadera bomba seguía sin aparecer, en manos de algún terrorista loco y retorcido dispuesto a hacer volar la ciudad de Los Angeles en pedacitos.

Todo ese tiempo perdido, todos esos minutos desperdiciados, tan sólo para llegar a la meta y descubrir que era falsa, que ese no era el sitio en que debían estar.

El pajar revuelto, la aguja en las manos indicadas, y al arriesgarse al pinchazo se dan cuenta que era no era más que un alfiler.

El pajar equivocado, la aguja que no es aguja si no alfiler, la suerte esquiva riéndose en la cara de todos ustedes, diciéndoles a gritos que cuando parecía estaban a punto de arañar el velo que cubría la solución del acertijo para rasgarlo y así penetrar triunfantes en el último casillero del tablero se encontraron con una emboscada. Estaban persiguiendo al conejo equivocado, y cada segundo valioso que perdieron no puede recuperarse.

Admiras a Tony, admiras que sus esperanzas sigan intactas, porque las tuyas están para estas alturas ya bastante malheridas. La ansiedad está comiéndose las sobras de tu energía, un mordisco a la vez, prolongando así el deterioro de las escasas fuerzas que te quedan desperdigadas por ahí. Se te parte la cabeza, la acidez mezcla de los nervios y de no haber comido nada sólido desde la mañana te quema el esófago, cada músculo del cuerpo está tenso y de a ratos algunos se aflojan provocando temblores, si pudieras echar un vistazo a tu cerebro seguramente verías la inflamación masiva que ataca a tus neuronas, y no logras entender cómo todavía no sucumbiste al cansancio y caíste desmayada.

Quizá porque sos más fuerte de lo que pensas.

Quizá porque tu bajo autoestima te impide ver cuánto podés soportar en realidad.

Quizá porque abrazarte a sus miradas, al sonido de su voz, a sus palabras, a sus sonrisas y a la promesa de que van a sobrevivir a este día es lo que está manteniéndote firme en tus pies.

Quizá porque ver que él no pierde la calma y sigue en su postura de remar contra todas las corrientes del mundo aunque se le cansen los brazos te hace tanto bien que las dosis de dolor – aunque aniquiladoras – se mitigan y se vuelven más leves y soportables.

Quizá porque esas seis palabras – vamos a sobrevivir a este día – se te grabaron a fuego en el corazón de la misma manera en que él sin darse cuento grabó a fuego su nombre en cada pedazo de tu alma.

Quizá porque cuando le pediste que resistiera, en sus ojos viste que él estaba pidiéndote lo mismo, y tu anatomía entera responde instintivamente para cumplir esa promesa, aún cuando a este punto ya deberías haber caído rendida.

Sea como sea, por los motivos que sean, aunque a lo largo del día te hayas doblado como la rama de un árbol cuando azota un viento fuerte, como el junco seguís en pie. Pero los pajares donde hay alfileres aparentando ser agujas y las rutas donde la suerte los esquiva son obstáculos que te indignan, te dan bronca, te desnivelan. Estaban tan cerca, tan cerca... y en el último instante a la suerte se le ocurre esquivarlos.

La bomba era en realidad una réplica falsa dentro de la caja que había contenido al verdadero dispositivo nuclear hasta que lo cambiaron de lugar minutos antes de que Jack y sus hombres llegaran al hangar MD7.

Qué suerte esquiva, macabra, morbosa, retorcida y malvada, que en vez de ponerse de su lado se les desternilla de risa.

En el ambiente reina la locura, de a un lado al otro se mueven los cuerpos como en una coreografía sin fin.

Y la suerte no está de su lado, evidentemente.

En uno de los hangares del aeródromo Norton está siendo interrogado en estos momentos el piloto del avión que Jack Bauer interceptó antes de que se elevara, el avión que llevaba el dispositivo nuclear falso; el problema es que nada de lo que dice tiene sentido ni puede ser comprendido, porque no habla Inglés, si no un dialecto árabe que Kate Warner entiende a medias, por lo cual lo único que han logrado sonsacarle hasta ahora mientras esperan la llegada de una intérprete es que le ofrecieron dinero para volar el avión y arrojar la bomba, pero que no sabía que ésta era falsa.

Genial. Seguimos sin tener nada. Nada de nada.

Por otro lado, nuevas pistas van aflorando en el caso de los integrantes de la Unidad Víbora de Coral que han sido liquidados a balazos: fueron seis los cadáveres encontrados, pero eran siete los comandos, lo cual significa que uno de ellos logro escapar después de haber efectuado los asesinatos. George te encargó comparar las fotografías, huellas dactilares e historiales de los muertos con las bases de datos proporcionadas por las Oficinas de Seguridad Nacional, para descubrir así la identidad del soldado restante, quien evidentemente traicionó a su grupo y es muy probable esté trabajando con los terroristas.

Logras concentrarte en la tarea asignada, y al rato ya empezas a obtener resultados.

Quizá la suerte para algunas cosas no es tan esquiva como lo es para otras pensas, y la fugaz teoría es confirmada cuando llega a tus oídos la noticia de que han capturado a Marie Warner dentro del territorio del aeródromo Norton; la joven, con lentes de sol y una peluca oscura para camuflarse, estaba tratando de inmiscuirse entre las filas de empleados y clientes que estaban evacuaban, pero su hermana Kate la reconoció y la siguió. Cuando Marie estaba a punto de disparar a Kate con la misma arma utilizada para asesinar a Reza, a Maccabee y a Richards, Jack apareció, la salvó y encajó a Marie un tiro en el brazo para dejarla inmovilizada y presa de un dolor lo suficientemente poderoso como para que acabe quebrándose y hablando a cambio de que le calmen el punzante y agonizante ardor.

Quizá la suerte no es tan esquiva pensas, mientras observas como los programas de registros de datos filtran la información para hallar así al séptimo comando. Pero si Marie no habla, si no se rompe bajo la presión, entonces da lo mismo que la hayan apresado o no, porque vamos a seguir con las manos vacías agrega tu parte menos optimista.

Te distrae un pitido emitido por la computadora: la información que estabas buscando finalmente ha aparecido en tu pantalla.

Instintivamente tomas el teléfono, pero de pronto te asaltan la vacilación y dudas acerca de si llamar a Mason es lo mejor; el pobre hombre está deteriorándose cada vez más y con una rapidez que va en aumento. Oíste que hace un rato perdió la conciencia por un par de minutos, y ahora está en su despacho tratando de reponerse un poco.

Honestamente, te parte el alma que las cosas tengan que acabar así para él, porque no se lo merece. Se merece vivir, tener una oportunidad para enmendar todo aquello que en la vida le salió mal o no le salió porque ni siquiera se animó a tratar. Sentís muchísimo que tenga que estar pasando por este calvario, pero también pensas que para este tramo del camino ya debería haberse retirado y entregado el mando a alguien más. No estás de acuerdo, por supuesto, con División metiendo las narices en lugares donde nadie los ha llamado, pero George cuenta con otras opciones: puede hablar con Chappelle para que Tony sea director provisorio de la CTU, irse a su casa y morir en paz, con la dignidad que merece, sin tener que estar cayéndose a pedazos y sufriendo como un animal herido.

No es que el amor te obnubile y te nuble la visión, no es por el simple hecho de que es el hombre en quien más confías sobre la faz de la Tierra, no es que lo idealices o lo consideres un superhéroe, no es que piensas que es omnipotente.

No.

Sabés bien que Tony es el agente indicado para seguir adelante con esto cuando George ya no pueda porque tiene todas las aptitudes necesarias y la experiencia requerida para conducir un tren tan descarriado como éste en tiempos de crisis donde el ambiente que reina es de locura y la suerte no está de su lado.

Que Mason siga peleando una batalla perdida desde el principio no es bueno para él, no es bueno para la Unidad y no es bueno para la misión. ¿Y si se desmaya otra vez y no vuelve a despertarse antes de haber dejado indicaciones o haber hablado con Chappelle? Entonces los esfuerzos de la última hora para sacarse a Brad Hammond de encima acabarían siendo inútiles, porque los burócratas de División terminarían quedando al frente por razones de fuerza mayor.

Qué suerte esquiva, macabra, morbosa, retorcida y malvada la que corrió George.

Qué suerte esquiva, macabra, morbosa, retorcida y malvada la que puede ser que corran todos.

Decidís que el señor Mason ya tiene suficiente en sus manos como para además tener que andar subiendo y bajando las escaleras, tratando de prestar atención a lo que le dicen, tratando de retener la información y fingiendo estar en buenas condiciones cuando la realidad es que cada nervio de su cuerpo se deshace gritando de dolor.

No, es mejor que no lo llames a él. Después de todo, probablemente estos datos sobre el tipo que mató a los miembros restantes de la Unidad Víbora de Coral sean enviados directo al Centro de Operaciones. Simplemente tenés que mostrárselo a alguien con la autoridad necesaria para dar la orden y proseguir.

Y ya sabés quién va a ser ese alguien.

"Almeida" contesta después de unos segundos.

"Creo haber encontrado al séptimo comando" informas.

"Voy para allá" es lo último que dice antes de cortar la comunicación y ponerse de pie para ir desde su escritorio hasta el tuyo.

Miras el reloj. Son las nueve de la noche con treinta minutos. La última vez que te habías fijado las manecillas estaban posicionadas exactamente en el nueve y en el doce, ¿en qué momento se te escaparon de las manos treinta minutos sin que siquiera te percataras de ello?

Tony llega a tu lado antes de que puedas sumergirte en un mar de pensamientos acerca de por qué el tiempo pasa tan rápido cuando necesitamos que se detenga para darnos un respiro.

"¿Pensas que éste es el tipo?" te pregunta, parado detrás de vos, con los ojos color avellana fijos en la pantalla del monitor, observando la ficha del presunto culpable de las muertes de los otros seis integrantes de Víbora de Coral, un hombre rubio y corpulento de unos cuarenta y pocos años.

"Sí" te aseguraste bien de cotejar todos los datos enviados desde Norton con los que estaban en las bases, y no hay dudas de que éste es a quien están buscando.

"El séptimo comando" murmura Tony.

"Capitán Jonathan Wallace" procedes a leer "Dirigió una unidad de francotiradores en la Guerra del Golfo y lideró un comando de asesinatos en Malasia" te das la vuelta en tu silla para observar a Tony, y verte reflejada en sus ojos te calma un poco por dentro, como si con la mirada estuviera acariciándote y abrazándote para atenuar las preocupaciones y la ansiedad con la que estás cargando.

"¿Le pasaste la información a Jack?" inquiere con vos suave.

"Estoy en eso ahora mismo"

"Bien" aprueba "Inicia un volumen compartido con los datos de este tipo con el Centro de Operaciones"

Asentís con la cabeza mientras él se va de vuelta a su estación, para seguir ocupándose de las doscientas cincuenta cosas con las que tiene que lidiar. Si no fuera porque está con la soga al cuello, le hubieras pedido que se quedara un rato con vos, haciéndote compañía por lo menos durante los cinco minutos que va a tomarte iniciar el volumen compartido; estás segura de que si se lo hubieras pedido habría dicho que sí, pero no podés ponerlo en esa posición, no podés estar perdiendo el tiempo con estas cosas cuando hay asuntos mucho más importantes que necesitan ser atendidos.

Si la suerte deja de esquivarnos, quizá tenga el resto de mi vida para pasar con vos, mi amor son las palabras que resuenan en tu mente y se mezclan con el ruido que hacen las teclas cada vez que tus dedos veloces presionan sobre ellas.

Estás sumergida en el trabajo, sumergida en tus pensamientos, sumergida en tu interior, con la vista fija en la pantalla, cuando menos de treinta segundos después se te hiela la sangre, el corazón te da un brinco y luego se saltea un latido y te pones en alerta automáticamente.

"Hola Michelle"

No. Hoy no. Hoy no, por favor. Por favor, tengo que haber oído mal.

No hace falta que levantes la cabeza para saber quién está de pie frente a tu escritorio. No hace falta que levantes la cabeza para confirmar que los oídos no te han engañado y que en efecto esa voz que acaba de hablarte pertenece a una de las personas que jamás en tu vida querrías volver a tener cerca.

Tez oscura, ojos grandes color almendra, cabello castaño enrulado largo hasta los hombros cayendo suelto y enmarcándole la cara de mosquita muerta, vestida con el típico trajecito de dos piezas porque piensa que así se da aires de importancia, y con un ego tan inflado a cuestas que no entendés cómo hizo para pasar por la puerta, ahí esta una de las personas que más detestas en el mundo entero.

Una persona que estuvo cerca de arruinarte la vida.

"No quiero volver a verte nunca más. ¡Nunca! Confiaba en vos, de verdad, ¿y así me pagas?"

En cuanto te repones del shock inicial causado por su presencia, juntas el valor necesario, y mucho más compuesta y segura de lo que en realidad te sentís logras hablar. Se nota en el tono empleado que no estás para nada cómoda con la situación y que preferirías que la tierra bajo tus pies se abriera y te tragara, pero al menos la cadena de reacciones que está atacándote desde adentro pasa mal que mal disimulada.

"Carrie, ¿qué estás haciendo acá?"

"¿Qué estás haciendo acá?"

"Oí lo que pasó. Vine a ver cómo estabas. Para eso son las amigas, ¿no?"

"¡Qué hipócrita que sos! Después de lo que hiciste... ¿Cómo podés venir a preguntarme cómo estoy?, ¿cómo se te ocurre considerarte mi amiga?"

Al parecer la suerte ha decidido jugar a complicarte la vida y arruinarte la existencia, no sólo en el plano laboral si no también en el personal.

"División me envió para reemplazar a Paula"

Lo que menos necesitas es a Carrie Turner en la CTU en un día como hoy, trabajando en el mismo lugar que vos. En realidad, lo que menos necesitas es que te recuerden que Carrie Turner existe, que su despreciable ser vive en este mismo planeta.

Lo que menos necesitas es a Carrie Turner complicándote la vida en el medio de este caos, en el medio de este ambiente de locura, en un día en que la suerte ha mostrado repetidamente las ganas que tiene de esquivarte. No puede ser que hoy – hoy de todos los días, justo hoy – aparezca en escena.

Con solo verla sentís repulsión, bronca, furia, todo junto. Tan cínica es, tan desgraciada, tan víbora, tan mentirosa. Una arpía disfrazada de persona, eso es lo que es.

Y tu suerte es tan brillante que hoy te toca lidiar con ella en medio de un conflicto nacional que podría costarle la vida a millones.

Decidís rápidamente que para no dar lugar a ninguna situación incómoda, lo mejor va a ser tratarla como a cualquier otra empleada, como si no la odiaras, como si no la detestaras, como si no tuvieras ganas de matarla. Ignorar toda el agua que ha pasado bajo el puente, eso tenés que hacer, y quizá comportándote de esa manera – sin dejar entrever detrás de tu fachada cuánto te molesta que esté ahí y cuánto preferirías tenerla fuera de tu vista – se le ocurra por una de esas casualidades de la vida hacer su trabajo sin molestarte, sin corromper la poca paz interior que te queda.

Posas la visión nuevamente en la pantalla de la computadora, y seguís con lo que estabas haciendo antes de que te interrumpiera mientras hablas con voz calmada y neutra, tratando de elegir las mismas palabras que usarías para dirigirte a cualquier empleado común y corriente mandado por División para cubrir el puesto de Paula.

"Bien, ¿necesitas ayuda para entrar al sistema de volúmenes bloqueados de la red?"

"No, en realidad ya estoy instalada y en marcha" la sonrisa de autosuficiencia que cruza su rostro te da aún más ganas de empezar a gritarle todas las cosas que se acumulan en la parte de atrás de tu cabeza y que estás esforzándote por no tomar en cuenta "A propósito, te ves muy bien, Michelle" comenta con la voz embebida en veneno, como comparando tu actual estado con el de la última vez que se vieron hace ya varios meses.

Esa vez, eran las tres de la mañana, llevabas más de veinticuatro horas sin pegar un ojo, tenías la cara roja y manchada por las infinitas lágrimas derramadas, temblabas de pies a cabeza, la migraña estaba matándote, no podías pensar con coherencia, la taquicardia había alcanzado niveles casi dolorosos para tu pobre y frágil tórax y parecía que las ganas de vomitar no se irían nunca. Para empeorar las cosas, cuando ella llegó y discutieron sufriste un ataque de nervios desencadenado por muchas de las cosas hirientes que te dijo.

"¿No te das cuenta, Michelle? Nadie te quiere. Tu papá se murió antes de que fueras lo suficientemente grande como para tener memoria de él. A tu mamá nunca le importaste demasiado. A tu hermano tampoco le importas, evidentemente. No tenés a nadie, a todos les da lo mismo lo que pase con vos"

No pienses en eso ahora. No vale la pena. Hay temas más importantes como para estar angustiándote por las estupideces dichas y hechas por ese intento de ser humano tan desagradable, o las cosas que le queden por hacer o decir.

"Basta, Carrie" la cortas en seco, ya con un tono en la voz que indica que los límites de tu paciencia no están puestos para que juegue con ellos.

Pero no se da por aludida.

"¿Basta con qué?" definitivamente tiene ganas de tomarte el pelo, es obvio, y de irritarte con su comportamiento.

Intentaste no mezclar las cosas y tratarla como hubieras tratado a cualquier otra empleada, intentaste mantener la calma, pero su manera de mirarte como si se creyera superior y más lista que vos, con derecho a pisotear a quien se le antoje, hace que te resulte imposible.

"Hoy no sos mi jefa, ¿está bien?" dejas en claro, fulminándola con la mirada, expresando así todo lo que no podés decir en palabras porque se encuentran en el lugar inadecuada, en el contexto inadecuado y en el día inadecuado. "Si estás acá para reemplazar a Paula" por el rabillo del ojo notas que Tony está mirándolas fijo a ambas desde su escritorio, pero no te frena: tarde o temprano va a enterarse de lo que pasó, si bien preferirías que fuera una vez que la crisis haya acabado y no estén corriendo una carrera contra el maldito reloj, tratando de ser alcanzados por una suerte que más que ayudarlos los esquiva ", entonces técnicamente trabajas para mi"

No sos de las que piensan que los empleados bajo tu mando trabajan para vos, más bien los consideras compañeros - y no subordinados - que trabajan con vos, pero no vas a darle a Carrie el gusto de que conozca tu costado más amable.

"Bien, dame una orden" te dice desafiante, sonriendo con malicia.

Tus nervios están que estallan, y se te dibuja en la cara algo así como una mueca en la que están contenidos toda clase de sentimientos: bronca, furia, angustia, ganas de llorar, memorias reprimidas de lo que pasó hace meses por culpa de Carrie, la tentación de reírte amargamente debido a tu mala suerte en esta última maldita hora. Miras a un costado, porque no querés que note que los ojos te brillan con lágrimas de ira, y tomas un montón de carpetas llenas de datos y papeles varios para procesar. Burocracia pura, es lo que tenés en las manos; sabés cuánto Carrie odia ese tipo de trabajo. No es venganza suficiente para hacerla pagar por su malevolencia, pero de momento no se te ocurre ninguna otra cosa, y realmente nunca tuviste en el corazón la intención de castigarla de ningún modo: te conformabas simplemente con que se mantuviera lejos de vos y de Danny.

"Hay una bomba nuclear en Los Angeles. Se nos encargó encontrarla, ¿así que por qué no empezas analizando esto?" depositas el montículo de carpetas en sus manos.

"Bien" ahí está, otra vez, esa sonrisa de arpía, brillando en su rostro de bruja justo antes de que se dé la vuelta para regresar a su escritorio.

Lanzas un suspiro - ¿cuántas veces habrás suspirado desde el comienzo de este trágico día? – y una especie de oración mental destinada a los oídos de nadie en particular pidiendo no perder la compostura y aguantar por más que tuvieras a la suerte en tu contra y la locura envolviendo el ambiente en una sofocante atmosfera se forma silenciosa en tu mente.

Son las nueve de la noche con treinta y cuatro minutos. En tan solo tres minutos ha pasado lo inimaginable, como si los segundos se hubieran alargado. Así como sin que te dieras cuenta treinta minutos se te escurrieron de las manos, estos últimos cuatro pasaron tan despacio y tan cargados de tensión que se asemejaron a siglos infinitos arrastrándose por el desierto.

Todavía no estás terminando de digerir la intromisión de Carrie en el cuadro cuando te cae otro golpe en la cabeza: desde donde estás sentada detrás de tu escritorio, ves a Mason bajar las escaleras con su maletín en la mano, luciendo más serio que nunca y también más demacrado y abatido de lo que jamás lo hayas visto. Estás a una distancia que te permite ver y escuchar con claridad suficiente. Está aproximándose a Tony, y el color ceniciento y expresión en su rostro te dicen que se ha rendido.

La conversación que desde lejos vas a escuchar a continuación va a quedarse grabada en tu cabeza hasta el último día de tu vida, y va a hacer que el corazón se te comprima inexplicablemente de angustia y alivio al mismo tiempo.

"Tony, ¿tenés un segundo?"

"Seguro, ¿qué pasa?"

Ahora ambos están de pie, cara a cara, a sólo unos cuantos metros de vos.

"Creo que es hora de que me retire" admite "Ya no estoy sintiéndome tan bien" el aspecto que presenta te da lástima, mucha, y de verdad sentís el alma arrugándose de dolor al imaginarte lo que debe estar sufriendo ese pobre hombre que esta mañana se levantó para ir al trabajo sin imaginarse que le quedaban menos de veinticuatro horas de vida.

"¿Hay algo que pueda hacer por vos?" pregunta Tony, y en sus ojos se refleja la misma tristeza que debe estar brillando en los tuyos.

"En realidad, sí" admite, con el fantasma de una sonrisa cruzándole la cara "Cuando mañana todo esto haya terminado" ojalá Dios lo escuche, señor Mason. Ojalá para mañana todo esto haya terminado "despedite de todos por mí, haceles saber el increíble honor que fue para mi trabajar con ellos, y que pienso que hicieron un excelente trabajo, todos" te conmueve escuchar esas palabras, aún si te llegan desde la distancia, aún si no están diciéndotelas directamente a vos.

"Sí" Tony promete con un asentimiento de la cabeza.

"Esta mañana cuando te dije que no veía la hora de salirme de acá" pequeña pausa, te imaginas lo que viene a continuación "... Ya no me siento de esa manera" confiesa, aún con esa sonrisa desconsolada ahí. Con un rápido movimiento de cabeza trata de espantar los pensamientos que seguramente están flotando en su mente, y luego procede a entregarle a Tony algo que reconocés desde lejos, y que enseguida causa que se te escape el millonésimo suspiro del día, esta vez un suspiro de alivio. Los hombros se te relajan, y por un momento la espalda deja de dolerte tanto, como si estuvieran quitándote un peso de encima"Bueno, acá tenés"

Solamente podés ver el perfil de Tony, pero estás segura de que no sale de su sorpresa, aún cuando George ya prácticamente le ha encajado en la mano algo que él no puede creer está sosteniendo.

"¿Qué es esto?" en realidad sabe lo que es, lo que quiere preguntar es por qué se lo está dando. Quizá no entendió aún el significado de ese gesto, o quizá simplemente su cerebro no acaba de procesarlo.

"Los códigos de acceso a CTU y División" explica George con un tono de esos que utiliza cuando la respuesta al interrogante es demasiado obvia. Todavía está fresco en tu memoria el primer día de trabajo, cuando le preguntaste una estupidez más grande que una casa y te contesto con su habitual sarcasmo 'si camina como un pato, luce como un pato y hace el ruido de un pato, ¿entonces no será un pato?'. Sonreís dulcemente al recuerdo.

"No puedo tener esto, George" ¿a caso todavía no entiendo qué está ocurriendo? ¿Es por eso que mira a Mason como si creyera que finalmente ha perdido todas sus facultades mentales y se ha vuelto loco? "Solamente el director de la CTU está autorizado a este tipo de acceso"

"Sos el nuevo director de la CTU, Tony" deja caer la bomba, y la ironía te resulta amarga.

"George, no podés promoverme, Chappelle es el único que puede hacer eso" Tony sigue negándose a creerlo, sigue buscando excusas que justifiquen lo que Mason está diciendo y lo cataloguen como locuras. Y es que hoy el ambiente ha estado tan loco, que ya nada me extrañaría.

"Acabo de hablar con Chappelle. Sos el tipo nuevo"

Unos segundos de silencio siguen, durante los cuales la mano de Tony se aferra fuertemente a la tarjeta que Mason acaba de darle. Cuando habla, aunque lo que escuchas no es más que el lejano sonido de su voz, es obvio que está esforzándose por no quebrarse.

"George, yo... Lo siento..."

"No" Mason lo frena.

No quiere sentimentalismos.

No quiere despedidas.

No.

Quiere ser recordado como el George divertido, sarcástico, lleno de comentarios ácidos y chistes de humor negro para ser disparados en los momentos oportunos.

No quiere lágrimas.

Quiere irse por la puerta con la cabeza en alto.

"Buena suerte" es lo último que le escuchas decir antes de que se dirija hacia los portones de la CTU, bien erguido, el maletín en la mano, sin mirar atrás, con pasos firmes y seguros, sin miedo a lo que le espera, sin maldecir a la suerte por haberlo esquivado.

Te cuesta contener el llanto que pugna por salir cuando, siendo las nueve de la noche con treinta y cinco minutos, ves la silueta del señor Mason – antiguo director de la Unidad Antiterrorista de la Ciudad de Los Angeles – desaparecer entre la negrura del túnel que conduce a la salida del edificio.

Es la última vez que vas a verlo, y te duele no haber llegado a conocerlo mejor. Te duele haber conocido otros costados de su persona durante las últimas horas de su vida y no antes. Te duele saber que el mañana va a llegar para vos – si la suerte deja de esquivarnos – pero no para él. Duele.

Tony quedó ahí, de pie, en esa misma posición, aún sosteniendo la tarjeta con los códigos de acceso en su mano, que firmemente se cierra alrededor de ella. Con pasos lentos pero para nada dubitativos – y habiéndote olvidado de Carrie por un fugaz instante – te acercas a él, e instintivamente lo tomas del brazo con mucha suavidad.

Vos te morís de ganas de que te abrace, enterrar la cabeza en su hombro y llorar por días enteros. Seguramente él también necesita algo de contacto humano, algo de cariño.

Te mira fijo a los ojos, y ves que están un poco húmedos.

Cuando estás a punto de susurrarle las frases tranquilizadoras que tenés danzando en la punta de la lengua, habla con voz firme y decidida:

"Voy a ocupar el despacho de Mason. ¿Podrías transferir mis archivos a su computadora y pedirles a todos que se reúnan al pie de la escalera para que les explique lo que acaba de pasar?" te pide. Y no es una orden que te da como jefe. No es una tarea que se le está asignando a una empleada. Está confiando en vos para que lo ayudes a dar sus primeros pasos como director, cargo que le ha llovido inesperadamente y en las peores circunstancias, en medio de un día de locos.

"Lo que necesitas"

"Michelle, sé que es mucho pedir" Nada de lo que me pidas jamás va a ser mucho y nada de lo que haga por vos jamás va a ser suficiente "..., pero me gustaría que estuvieras a cargo conmigo. Si bien formalmente yo voy a ser el director, tenerte como segunda en comando va a darme un respaldo, y en estos momentos lo necesito de verdad"

"Claro que sí" contestas enseguida, sin tener que pensarlo dos veces.

A él no podés negarle nada.

"Voy a ir al despacho de George a ocuparme de un par de cosas para empezar, mientras vos les anuncias a los demás que tengo que comunicarles algo importante" te dice, antes de finalmente romper el contacto y dirigir sus pasos al nuevo despacho.

De ahora en más va a estar trabajando ahí arriba, y la idea no te gusta mucho, porque vas a extrañarlo. Es un pensamiento estúpido que se te cruza justo en un día como hoy, justo en este ambiente de locura, pero es la verdad. Sí, vas a extrañar que su escritorio esté cerca del tuyo, vas a extrañar robarle miradas todo el tiempo, vas a extrañar sentir sus ojos en vos, vas a extrañar respirar su perfume en el aire, vas a extrañar su mera presencia. El piso de arriba queda demasiado lejos para tu gusto cuando se trata del hombre al que amas desmedidamente y del cual dependes para no perder las fuerzas ni las ganas de seguir resistiendo.

Sacudís la cabeza a la par que tus pies empiezan a moverse, repitiéndote a vos misma mentalmente que no podés dejar que el costado humano te gane.

Te paras en un punto medio del piso principal de la CTU, te aclaras la garganta y hablas con voz clara y potente para que los agentes y técnicos en su totalidad te escuchen.

"¿Puedo tener su atención, por favor?" inmediatamente se detienen en sus puestos, alzan las cabezas y fijan sus ojos en vos "Por razones de fuerza mayor Tony Almeida ha tomado el mando de la Unidad como director provisorio y le gustaría dar él mismo las razones que surgieron para que esto sucediera" es tu breve introducción al asunto.

A medida que van poniéndose de pie y reuniéndose alrededor de la escalera esperando a que Tony baje, pensas en por qué la suerte no habrá sido esquiva con ellos, con él, con vos y sí con otros cuando esa bomba estalló esta mañana. ¿La suerte no te esquivó en ese entonces, pero ha decidido esquivarte ahora, cargándote de presiones extras, metiendo a un obstáculo como Carrie en el camino y alargando tu agonía hasta que finalmente el dispositivo nuclear explote?

No. No, no pienses eso. Vamos a sobrevivir a este día. Acordate de eso.

La suerte puede esquivarte tanto como quiera, la locura puede envenenar el ambiente, Carrie puede tratar de imposibilitar tu existencia con su comportamiento, pero vos vas a resistir, vas a sobrevivir a este día y probablemente pases cada amanecer que quede por venir fundida en sus brazos.

Qué linda fantasía en la cual refugiarse cuando alrededor tuyo las paredes se derriten: los dos en alguna playa desierta de la ciudad de Los Angeles, con el mar acariciando la orilla, el cielo iluminándose... Ya va a haber tiempo para eso, concentrate en el trabajo, Michelle.

El teléfono suena, sustrayéndote de los pensamientos que por un segundo habían tomado control de tu cabeza.

"Dessler"

"Soy yo"

Es él.

"¿Estás mejor?"

Obviamente notó tus ojos brillando con lágrimas después de la partida de George. Obviamente notó tu cuerpo tembloroso. Obviamente notó que no te gusta para nada que Carrie ande dando vueltas – sean cuales sean los motivos que tenés para sentirte incómoda en su presencia -. Obviamente quiere saber cómo estás porque le importas, y cuando pensas en lo hermoso que es que el hombre de tu vida se interese por vos, entonces se te ocurra que puede que la suerte no haya sido tan esquiva en todos los aspectos, aunque te resulta egoísta pensar de esa manera cuando muchas personas perdieron la vida hoy.

"Estoy bien. ¿Vos cómo estás?"

"Um. Bien. Um" sentís que quiere decir algo más, pero que no se anima, que no sabe cómo expresarlo. Elige salir del paso hablándote de trabajo "... Voy a estar operando desde acá arriba, así que voy a necesitar mis códigos de acceso en el sistema"

"Ya me ocupo. Todo el mundo está listo para escucharte acá abajo" agregas.

"Bien, gracias"

Corta la comunicación, y vos vas hacia donde están los demás, formando un semicírculo a los pies de la escalera, curiosos y expectantes. Por el rabillo del ojo ves a Carrie entre la veintena de empleados, pero decidís no prestarle más atención de la debida.

Enseguida Tony baja los peldaños. Al llegar a la pequeña tarima que separa a la escalera del suelo se detiene, echa un vistazo general y luego procede a hablar con voz calma pero llena de emoción, haciendo que te estremezcas por dentro al punto de que no poder tocarlo, acariciarlo, aferrarte a algo más que a la música que sus vocablos dejan en el aire, duele.

"En caso de que todavía no se hayan enterado, George Mason estuvo expuesto a una dosis letal de plutonio esta mañana. Me temo que no le queda mucho tiempo" las expresiones generales son parecidas: tristeza, respeto y asombro "Acaba de dejar la oficina y no va a volver, lo que significa que voy a estar a cargo hasta nuevo aviso" respira hondo "Ahora, en un día normal estaríamos llorando a George" tragas con dificultad " tal como hubiéramos llorado a Ivers, a Clark" los nombres de esos técnicos muertos te recuerdan cuán esquiva puede ser la suerte en este mundo loco ", a Paula, y al resto de nuestros compañeros que fallecieron acá hoy. Desafortunadamente, vamos a tener que guardarnos nuestros pensamientos sobre ellos hasta que podamos superar la presente crisis" es solamente un poco más. Hay que aguantar un poco más. No pierdas las esperanzas. Cuando esto pase y hayas sobrevivido a este día, vas a poder llorar hasta quedarte seca, preferiblemente en sus brazos "Así que volvamos a trabajar" concluye, y las personas comienzan a dispersarse, a dirigirse de vuelta a sus estaciones y escritorios para continuar peleando en este juego de supervivencia.

Vos, sin embargo, no te alejas.

"Tony" llamas su nombre. Se da la vuelta, clava su mirada en la tuya, y vos morís de amor otra vez "Lo que dijiste fue muy lindo" sonreís débilmente, con la tristeza acumulada en los ojos, pero a la vez un destello de la admiración y orgullo que él despierta en vos iluminándolos.

Asiente con la cabeza en señal de agradecimiento.

"¿Cómo van las cosas en el aeródromo?" pregunta.

"Jack sigue interrogando a Marie Warner. Hasta ahora no tenemos nada nuevo"

Qué esquiva la suerte: casi cuarenta y cinco minutos han pasado desde que descubrieron que la bomba que iba en el avión era en realidad un señuelo, y aún no han logrado obtener pistas nuevas con los interrogatorios a la menor de los Warner y al piloto árabe que conducía la nave.

Suerte esquiva, que tiene que cambiar pronto para que mañana llegue, pensas mientras regresas a tu estación de trabajo y tomas asiento detrás del escritorio.

Suerte que en el último segundo da vuelta el tablero y decide encontrarlos en vez de esquivarlos: Marie Warner fue interrogada por Jack Bauer en uno de los muchos hangares del aeródromo Norton. El dolor en su brazo causado por la herida de bala que recibió era tan terrible que pronto comenzó a entrar en estado de shock y a perder lucidez. Se ordenó que se le inyectaran calmantes de efecto rápido pero corta duración para darle algo de tiempo y que se repusiera y pudiera escuchar las palabras de su hermana Kate, quien trataría de hacerla entrar en razón y convencerla de salvar la vida de casi dos millones de personas diciéndoles el paradero de la verdadera bomba.

Por supuesto, teniendo la cabeza tan lavada por ese grupo de terroristas, la chica se mantuvo firme en sus creencias y repitió sin parar que una tragedia así es necesaria si se quiere que las cosas cambien para bien.

Sin embargo, llegó un momento en que el dolor era tan insoportable que terminó quebrándose a cambio de que le suministraran más drogas: dijo que la bomba estaba en una camioneta verde que se dirigiría a las Torres Arco en el centro de la ciudad, y que allí permanecería hasta el momento de su detonación. Fue convincente, lo suficiente para que Jack pasara la información al resto de los agentes, pero cometió un error que Bauer notó, e hizo que se diera cuenta que la chica estaba mintiendo, dándole datos falsos para que se movilizaran, dejaran el aeropuerto, se fueran lejos en búsqueda de algo que no encontrarían, para que su gente pudiera proceder con el plan.

La chica dijo que les quedaban tres horas antes de que la bomba detonara, y cuando Bauer preguntó cómo sabía eso, contestó que había visto el temporizador, ignorando que una bomba de ese tamaño tiene el temporizador oculto en su interior y no a la vista.

Ese fue el pequeño detalle en el que Bauer reparó, el pequeño detalle que hizo que se diera cuenta de que Marie estaba mintiéndoles, y que probablemente la bomba seguía dentro de Norton.

Rápidamente cubrieron todo el perímetro y con intensidad lo barrieron palmo a palmo, hasta que encontraron una camioneta blanca aparcada, escondida.

Allí, en esa camioneta, estaba la verdadera bomba.

La encontraron. Está en manos del escuadrón, que en cualquier momento va a comenzar a desmantelarla.

La encontraron, finalmente.

La suerte dejó de esquivarlos, y la encontraron.

Y estás cada vez más cerca de sobrevivir a este día, cada vez más cerca de llegar a mañana, aún cuando por momentos pienses que la suerte no está de tu lado. Aún con la locura reinando en el ambiente. Aún con Carrie dando vueltas como un buitre. Aún con el dolor físico que cargas a cuestas. Aún con todo y después de todo.

Macabra, morbosa, retorcida y malvada puede ser a veces la suerte, pero al final, al final dejó de esquivarlos.

Vas a sobrevivir a este día.

Van a sobrevivir a este día.

Vamos a sobrevivir a este día.