Lo siguiente ocurre entre las 10:00 y las 11:00 de la noche del 4 de septiembre.
Los hechos ocurren en tiempo real.
Como no logró matarme
Me regaló una visión particular.
Todavía no podés creerlo.
Tony Almeida, director de la CTU.
Tony Almeida, ese es tu nombre.
Y director de la CTU es un cargo que jamás te imaginaste ocupar.
Todavía no terminas de asimilarlo, digerirlo, procesarlo, denominalo como quieras; acomodarte en el despacho de Mason – que ahora es tu despacho, al menos de momento -, dirigirte al resto de tus compañeros para comunicarles lo sucedido, decir esas palabras en voz alta... Todo se desarrolló como si no estuvieras dentro de tu cuerpo, como si el hombre de pie ahí siendo observado por esa veintena o treintena de personas reunidas en semicírculo alrededor de la escalera en cuyos rostros no se reflejaba más que tristeza o sorpresa hubiera sido otro, y no vos. Como si ese cuadro lo hubieras contemplado de lejos, sin ser parte de él, sin ser más que un distante espectador.
Un distante espectador, así te sentiste. Un extraño en tu cuerpo, y vos vislumbrando el cuadro desde lejos, con un aire de ausentismo rodeándote, como si de un sueño se tratase.
No es un sueño, es la realidad: hace casi media hora te convertiste oficialmente en el director de la Unidad Antiterrorista de Los Angeles, bajo circunstancias para nada agradables y en un día de eventos desafortunados que se desencadenan uno detrás del otro sin darte pausa ni respiro. Por muy sorprendido que estés, por mucho que no acabes de creerlo, ahora el peso de la Unidad entera recae sobre tus hombros, y es hora de que vuelvas a deslizarte dentro de tu cuerpo y dejes de sentirte un extraño en él, o una especie de visitante en los sueños de otra persona.
Tenés el presentimiento de que empieza la acción, y el que está manejando este tren sos vos.
El que tiene que estar lúcido, despierto, concentrado y con la cabeza bien puesta para que el tren no se estrelle contra la primera pared de ladrillo que aparezca en mitad del camino, sos vos.
Así que basta de pensar en lo que vas a hacer cuando llegue mañana; basta de pensar en el futuro hermoso que podrías tener con la mujer que amas; baste de pensar en Paula y en todos los que perecieron durante las últimas horas – todos esos que merecían vivir pero no tuvieron la oportunidad -; baste de pensar en Michelle; basta de dejar que te carcoma la intriga respecto a por qué el ambiente entre ella y esa tal Carrie Warner es tan tenso y espeso desde que llegó; basta de dejar que los sentimientos te dominen y tomen el control.
A partir de ahora el agente robótico no puede dar paso ni por un segundo al hombre de carne y hueso.
Si pudieras vaciarte el alma y el corazón y quedarte hueco por dentro, lo harías. Pero como no podés extirparte ni el corazón ni el alma, vas a tener que manejarlos con la cabeza. El problema es que la cabeza también la tenés llena de todas esas cosas que debés evitar si querés que lo que te corre por las venas se parezca más al agua que a la sangre, entonces también vas a tener que desconectar tu cabeza y – como los animales – moverte basándote puramente en el instinto y la intuición crudos.
Esto ya no es ajedrez. Hay que calcular fríamente, sí, hay que moverse despacio y atacar en el momento indicado, pero no como un maestro que mueve las piezas buscando capturar al rey y a la reina y derribar las torres: hay que moverse como una fiera acechando a su presa. Así jugaba George, y así crees que tendrías que jugar vos.
Ni pensamientos ni sentimientos interfiriendo.
Tony Almeida, director provisorio de la CTU, agente robótico, con agua en las venas, un hueco donde debería estar el corazón, otro agujero en lugar del alma y la cabeza desenchufada. Así querés ser de ahora en más.
Qué lástima que no vas a poder.
Al principio la actuación va a salirte perfecta, vas a tener un par de altibajos en el camino, pero te vas a mantener compuesto.
Hasta que llegado un punto, después de pasados muchos minutos y dichas muchas cosas, te vas a desmoronar.
Qué lástima que pienses que para ser un buen agente en momentos de crisis tenés que ser robótico.
Qué bueno que esté ella para deslizar tu alma y tu corazón en su lugar, enchufarte la cabeza y hacerte sentir humano, aún cuando pensas que no deberías abrigar la carne, el pulso y los huesos bajo sucesos como éste.
Qué bueno que te pueda tanto, lo suficiente para devolverte la sensibilidad de la que querés despojarte.
En casos de este estilo algunos pocos se destacan más cuando lo toman como un partido de ajedrez y no una guerra entre bestias.
En los siguientes sesenta minutos vas a ver que es así: de nada sirve tratar de ser robótico, porque todos los intentos serán vanos y fallidos.
Desde que el hombre de carne y hueso ama por primera vez en adelante, ya no puedo volver a ser robot.
Tempestad, paisaje habitual, donde los maderos de las vías rugen debajo del peso del tren.
Tren descarrilado es éste, y no tiene ninguna intención de enderezar su camino, al parecer. Más bien va a seguir torciéndolo. Pero no necesariamente eso significa que las cosas vayan a salir mal: seguís creyendo que el viento sopla a tu favor, incluso en esta tempestad, incluso subido a este tren.
Incluso cuando acaban de enterarse que los cables de la bomba están armados de tal manera que es imposible desmantelarla sin hacerla explotar.
No hay manera de desarmar esa bomba. No hay manera de desactivar el dispositivo. No hay manera de detener el tiempo y buscar la forma de que inevitablemente cuando el minutero alcancé los segundos finales de su conteo estalle.
Esa bomba va a estallar, no hay nada que se pueda hacer contra eso. Pero lo que sí pueden manejar es dónde va a estallar.
La CTU llega rápidamente a la conclusión de que existe sólo la opción de subirla a un avión, y arrojarla en un sitio donde la vida humana no corra el peligro que surja de las consecuencias. Sitios como el océano, o el desierto.
Un océano de fuego, un desierto incendiado...
Fugaz pasa por un segundo la imagen ante tus ojos: el avión sobrevolando la zona, dejando caer el dispositivo, el agua temblando y rugiendo...
Fugaz pasa por un segundo la imagen ante tus ojos: el avión sobrevolando la zona, dejando caer el dispositivo, el desierto ardiendo en llamas...
Es obvio que el presidente – quien tomará la decisión final – va a elegir el desierto: arrojar la bomba al agua causaría problemas serios en el futuro, como alteraciones en la flora y fauna, contaminación, pérdida de recursos importantes, entre otros.
El desierto es estéril. En el desierto nada crece. La tierra va a dañarse, sí, pero es tierra que no sirve de nada.
Una depresión por encima del nivel del mar y rodeada de montañas contendría perfectamente la fusión, y hay varios puntos en el mapa que cuentan con estas características. El problema es que debe ser arrojada de manera muy precisa; no se aceptan errores, no se aceptan fallas. A esa conclusión llegaron en la CTU cuando los especialistas tuvieron que analizarlo y a esa conclusión llegaron también quienes trabajan codo a codo con el presidente de los Estados Unidos: la misión que se emprenda será suicida, porque el piloto va a tener que quedarse en el avión hasta el final para asegurarse de que el dispositivo nuclear estalle en las coordenadas exactas, ni más ni menos.
Esa bomba va a estallar, en el desierto.
Y quien sea que pilotee el avión va a morir dentro de él.
Una vida se pierde, varios millones se salvan.
Si así tiene que ser, así será.
Esa bomba nuclear mata a uno en lugar de matar a la población entera de la ciudad de Los Angeles.
Uno perece, y millones viven.
La vida de un héroe, ese es el precio a pagar.
De estar metido en otra piel, te tomarías unos instantes para contemplar esto, pensarlo, filosofar un poco, sentirte mal por aquel que va a morir – sea quien sea – en ese avión para dar a otros la oportunidad de continuar con sus existencias.
Pero hoy no querés vestir tu piel, hoy no querés sentir la piel. No podés. Mutaste en 'Tony Almeida, director de la CTU', cargo que cual trueno te disparó desde el cielo justo cuando la crisis está a punto de rozar su momento culminante; eso significa que pensas menos, y actuás más. Sentís menos, actuás más.
Te avisaron que pronto los efectos personales encontrados en el escondite secreto de Syed Alí – al cual tuvieron acceso gracias a personas del gobierno de su país que accedieron a colaborar – serían llevados a la Unidad para que los examinen detenidamente y ver si hay algo interesante entre ellos, por lo cual tenés que estar listo para recibir a las personas que los traiga.
Cuando el pequeño grupo llega y traspasa la puerta, enseguida te dirigís a ellos.
"Agente Graves, lo estábamos esperando" decís al tiempo que estrechas la mano de tu compañero, un hombre de cuarenta y tantos años, más o menos de tu estatura, bastante corpulento y de cabello rubio corto.
"¿Le dijeron lo que hay en la maleta?" pregunta al tiempo que estrecha tu mano también.
"Los efectos personales de Syed Alí" es tu respuesta, pero más bien se te sale de la boca de manera automática y sin pensar demasiado en lo que estás diciendo, porque tus ojos ni siquiera están mirando a Graves. Tu atracción se ha enfocado en un tipo de mediana edad – probablemente no pase los treinta y cinco años – de inconfundible aspecto árabe, en cuyo rostro y postura pueden leerse claramente que no se encuentra cómodo en lo absoluto "¿Quién es él?" preguntas a Graves en un susurro.
"Su nombre es Yusuf Auda" te informa "Su gobierno lo ha designado como enlace con la oficina de espionaje. Fueron los que nos dieron la información y nos llevaron al escondite de Syed Alí" y luego agrega casi a modo de disculpa "No podíamos negarnos a dejarlo participar"
La idea de un extranjero metiendo las narices en la CTU no te entusiasma para nada, no porque sea extranjero si no porque a estas alturas ya no confías ni en tu propia sombra y tener gente de afuera deambulando en tu agencia no podría causarte menos gracia: nunca se sabe quién es un traidor, es así. Si entre ellos no confían los unos en los otros, ¿por qué ustedes tendrían que darles su confianza?
"¿Confía en él?" inquirís a Graves, queriendo contar con una segunda opinión, aunque lo que te diga realmente no va a cambiar mucho lo que vos pensas en caso que difiera de ello.
"Ahora mismo no confío en nadie" es la réplica que te da el agente.
Al parecer comparten las mismas ideas.
"Lleve la maleta a la sala de conferencias de la esquina del pasillo" le pedís, señalando con un gesto la dirección a tomar, a la cual se dirige enseguida.
Querés cruzar unas palabras con este tal señor Auda en privado antes de ir a revisar los efectos personales de Alí, tantear el terreno.
Te acercas a donde se halla de pie, aún luciendo como si no se sintiera a gusto.
"Señor Auda... Tony Almeida, director de la CTU" decir en voz alta esas palabras a la vez que extendes la mano para que la estreche hace que tomes aún más conciencia de la forma en que las cosas han cambiado tan drásticamente en menos de veinticuatro horas, pero no podés dejar que esos pensamientos te afecten, así que los sacudís de inmediato "Bienvenido"
"Gracias" su tono es hosco, seco, y tiene un acento bastante marcado que te recuerda en parte al de tus padres.
"Debe haber tenido un viaje largo, ¿no?" tratas de sonar cortés y amigable, de hacer conversación, hablar de cosas triviales como esa para luego guiarlo con tacto y disimulo a sentarse y esperar hasta que ustedes terminen de encargarse de las pertenencias rescatadas de la casa de Syed Alí sin que este visitante vea algo que sus ojos no deban captar "¿Cuántas fueron?, ¿10000 millas?"
"Estoy listo para ponerme a trabajar" te dice de manera amable, pero te das cuenta que se ha percatado de cuáles son tus intensiones "Entiendo que todavía hay algunos análisis que necesitan ser hechos a las cosas recuperadas del departamento de Syed Alí" prosigue, con la voz impregnada de esa misma amabilidad forzada.
"Sí, nuestro laboratorio necesita hacer unas pruebas preliminares primero" aclaras, y luego enseguida agregas a medida que empezas a alejarte en dirección al sector de estaciones de trabajo "¿Por qué no se pone cómodo?" eso y decirle 'prepárese para esperar un largo rato' es lo mismo "Voy a hacer que le traigan café" cada vez tus pasos te alejan más, pero tu mirada sigue fija en él "Ya estoy con usted, gracias"
Y antes de que pueda decir algo o emitir una queja ya estás dándole la espalda, encaminándote directo hacia donde están Carrie y Michelle trabajando en lo que parecen ser configuraciones básicas.
Es imposible pasar por alto la tensión en el ambiente; por mucho que estés convencido de que de ahora en más para que las cosas funcionen tenés que dejar cualquier emoción de lado, es imposible no sentir ese algo en el aire. Definitivamente hay un problema acá, alguna cosa fuera de lugar, pero no podés ponerte a pensar qué será ni cómo habrá surgido, por qué Michelle luce tan incómoda y tiesa en presencia de Carrie, ni por qué Carrie parece estar divirtiéndose tanto torturando a Michelle.
Sea lo que sea, puede arreglarse luego pensas, tratando de convencerte de que Michelle va a estar bien, de que esta tal Carrie no va a significar problemas, de que nada puede ser más grave ni más importante que un dispositivo nuclear que va a explotar en menos de una hora cuando estrellen un avión en medio del desierto en misión suicida; nada puede ser más inmediato que encargarte de que la presencia de Yusuf Auda no resulte un estorbo o desemboque en una situación complicada.
Ahora mismo no confío en nadie, se repiten en tu cabeza las palabras del agente Graves.
Cuando Michelle te ve llegar a su lado, desvía la mirada de la pantalla de la computadora y posa sus ojos en los suyos.
"Verifiqué con el laboratorio. Están listos" te informa, adelantándose rápidamente a la pregunta que piensa vas a formularle en relación con el proceso de revisión de los objetos que se hallan en la valija que acaban de traer.
Al escucharla hablar, es imposible que no notes lo nerviosa y alterada que está y que sus preocupaciones distan de tener que ver con el tema de la bomba, pero tratas de no prestar atención a esos indicios, ignorarlos, pasarlos por alto.
Y si bien te convences de que estás actuando profesionalmente, por dentro miles de sensaciones se revuelven inquietas en tu estómago, devorándote de a pedacitos, quemándote: es la incertidumbre de no saber qué pasa, y de no poder averiguarlo, y no va a dejarte en paz por un largo rato.
"Voy a necesitar que alguien se ocupe de unas cositas" comenzás a decirle en voz baja y con cierto dejo de secretismo, casi en susurros "El nombre de ese caballero que está ahí" lo señalas con un gesto de la cabeza; está a varios metros de distancia, de pie, visiblemente impaciente "es Yusuf Auda. Oficialmente" procedes a explicar "es un agente de inteligencia visitándonos con propósitos de amplia cooperación. Extraoficialmente" bajas aún más el tono ", no quiero que vea nada que no necesite ver. Así que asegurate de asignar a alguien que se ocupe"
"Entendido" es lo único que te dice Michelle, y por cómo la palabra suena al deslizarse por entre sus labios es imposible que la mente no se te vaya y comiences a divagar sobre si ese temblor que le rasgó la voz no se deberá a un nudo en la garganta.
Basta. Basta. No podés dejar que te desconcentre.
Murmuras algo que suena como un 'okay' antes de comenzar a alejarte rumbo a la sala de conferencias donde están esperándote con la dichosa maleta, yéndote en intentos de que tu piel de robot no mute en una de ser humano capaz de sentir los nervios que hierven en tu interior y las ganas de descubrir qué es lo que pasa que desde que la reemplazante de Paula ha arrivado Michelle está tan distinta.
Llegas, abrís la puerta, y te ves a Graves de pie frente a la mesa de madera, donde yace abierta la valija.
"Muy bien, ¿qué tenemos?" requerís saber.
"La mayoría de las cosas son bastante inocuas" comenta ", pero hay algo" levanta su mano a la altura de tus ojos para que veas qué está sosteniendo: es un disco duro "Estaba bien escondido, casi no lo encontramos" explica "Obviamente es de gran importancia para Alí. Tratamos de leerlo, pero está encriptado con una función Z. No tenemos esa clase de tecnología en nuestro campo"
"Okay, voy a poner a nuestra gente a trabajar en esto ahora mismo, a ver qué sacan" decís, al tiempo que Graves te entrega el pequeño disco duro para que lo lleves al laboratorio.
Sólo Dios sabe qué habrá ahí dentro y qué tanto les va a servir.
Sí, sólo Dios sabe, porque si vos supieras qué resultados vendrán luego de que ese disco rígido sea analizado, ya estarías agarrándote la cabeza, con todas tus intenciones de actuar cual robot en una bolsa de consorcio negra y arrojadas a la basura.
Cuando el reloj llega a las diez de la noche con veinte minutos, tus pies están conduciéndote de vuelta a tu oficina desde el laboratorio. Sentís el teléfono celular vibrar en el bolsillo antes de que suene, y automáticamente lo contestas, sin siquiera fijarte en el identificador.
"Almeida"
"Tony, habla Jack. ¿Ya encontraste a Kim?"
No, todavía no encontraste a Kim. Todavía se desconoce su paradero. Aún no tienen ni la más mínima idea acerca de dónde puede estar la criatura. Y vos ya no tenés la posibilidad de andar haciendo llamados, averiguaciones, pedir favores a distintas agencias locales y mover tanto cielo y tanta tierra como puedas a espaldas del director mientras la otra mitad de tu cerebro se encarga del trabajo asignado, porque ahora vos sos el director, y todo el peso de la CTU cae sobre tus hombros. No podés estar pensando en Michelle, no podés dejar que los sentimientos te controlen, no podés recordar con tristeza a los compañeros caídos en servicio, no podés reflexionar sobre el pobre tipo que va a estrellar el avión y a encontrarse con el ocaso de su vida cuando lo haga, y tampoco podés estar ocupándote de hallar a Kim. La verdad es que, si bien te preocupas por ella y deseas que esté a salvo, una parte de vos tiene la seguridad de que si la chica se parece a su padre no tendrá problemas en sobrevivir a lo que sea.
"No, todavía no, seguimos trabajando en eso" no es enteramente una mentira, porque gracias a las cuerdas de las que tiraste hace un par de horas hay gente de la oficina del Guardabosque haciendo un recorrido por el perímetro del bosque de Los Angeles.
"Estoy quedándome sin tiempo" suplica Jack de una manera casi lastimosa, y no te cuesta imaginártelo hablándote con los dientes apretados "Necesito hablar con ella ahora"
Estás empezando a perder la paciencia, porque esto del agente robot no sabés por cuánto tiempo serás capaz de mantenerlo. Te conmueve Jack, te conmueve su situación, seguís sintiéndote mal por cómo terminaron las cosas para su familia cuando Teri murió, te gustaría poder ayudarlo, pero en estos momentos no podés.
"Entiendo cómo te sentís, pero acá tenemos las manos muy ocupadas. Si pudieras esperar hasta después del despegue del avión..."
"Tony, yo voy a volar el avión"
Te noquea como un golpe dado cuando menos lo esperas, como un tren pasándote por arriba, como una bala perforándote la cabeza. Sentís el impacto en el cuerpo, realmente lo sentís, y luego cada músculo se entumece.
"¿Qué?" es la única palabra que se te escapa de la boca, porque lo que acabas de escuchar te ha dejado sin capacidad de hablar.
En realidad esa pregunta fue un acto reflejo, algo así como la necesidad de tu cerebro de confirmar que la información había sido bien procesada. Entendiste perfectamente desde un primer momento lo que está pasando acá: Jack se ofreció a volar ese avión, a estrellarlo en el desierto y morir cuando la bomba explote, y quiere hablar con su hija por última vez, despedirse de ella, antes de despegar y perderse en el cielo oscuro de Los Angeles para nunca más volver.
"Me gustaría hablar con mi hija cuando todavía tengo algo de tiempo" suplica suavemente.
"Jack, tiene que haber alguien más que pueda volar ese avión. Alguien que no tenga familia o al menos alguien sin hijos" la frase sale de tu boca rápidamente, como tropezándose al deslizarse por entre los labios, en cuanto te recobras un poco. Claro, deben haber miles de agentes de campo capaces de volar ese avión: el problema es que nadie más se debe haber ofrecido, o quizá Bauer decidió que él lo haría antes de dar tiempo a cualquier otro a ofrecerse como voluntario.
"No tuve tiempo de hacer un censo y no puedo pedirle a nadie más que lo haga" no sabés por qué tenés la sensación de que él quiere hacerlo "Por favor, por favor" vuelve a rogar, esta vez con apremio, con fuerza, con firmeza "Tony, tenés que encontrarla"
"Está bien" prometes incluso antes de darte cuenta de lo que estás haciendo "Voy a encontrarla"
"Tony, una cosa más" Jack te desconcentra antes de que tengas tiempo de ponerte a pensar en cómo va a afectar esta promesa que acabas de hacerle a este hombre que está yendo camino a su muerte a tu plan de actuar robóticamente sin dejar que las emociones entren en juego "En mi departamento hay una caja fuerte. Adentro están mi testamento y una carta que le escribí a Kim en caso de que alguna vez me pasara algo"
"Voy a asegurarme de que le sea dada, Jack"
"Gracias"
"Voy a volver a llamarte" le decís, buscando cortar la conversación antes de que la cabeza te explote.
Cuando pulsas el botón de 'finalizar llamada' aún sentís el cuerpo entumecido, el corazón latiendo fuera de control y un gusto amargo en la boca. La cantidad de pensamientos recorriendo la autopista de tu mente es increíble, y van todos a la velocidad de la luz, cruzándose los unos con los otros, atropellándose, arrollándose, fusionándose, reproduciéndose.
Una vida se pierde, varios millones se salvan.
Si así tiene que ser, así será.
Esa bomba nuclear mata a uno en lugar de matar a la población entera de la ciudad de Los Angeles.
Uno perece, y millones viven.
La vida de un héroe, ese es el precio a pagar.
Ya el rostro de ese héroe no es anónimo, no es una cara borrosa sin nombre.
Jack va a pilotear ese avión.
Jack va a morir cuando esa bomba estalle.
Jack va a morir para salvarlos a todos ustedes.
Y cuando el mañana llegue para vos – y para ella -, se lo van a deber a él y a su sacrificio.
La bomba va a estallar y va a matar a uno en lugar de a una población entera, población en la que te encontras vos, población en la que se encuentra la dueña de tu futuro. Esa bomba no te va a matar a vos, no la va a matar a ella, pero sí va a matar a Jack.
Dijiste que ibas a ser un robot, pero la verdad es que en este momento los primeros rasgos de humanidad están aflorando a la superficie de nuevo.
Te sentís culpable: culpable por no haber encontrado a Kim antes, culpable por no poder encontrarla ahora. Y la verdad es que aunque te distrajeras de tus tareas de director para hacerlo o se lo asignaras a alguien más, probablemente no llegarían a tiempo, porque el avión va a estar en el aire pronto y antes de que el reloj marque las once de la noche va a tener lugar la explosión.
Honestamente, necesitas un milagro, un milagro que haga que Kimberly Bauer aparezca dentro de los próximos treinta minutos.
Un milagro, en eso pensas sentado en tu nuevo despacho, mientras te ocupas de un par de asuntos hasta que el laboratorio termine de analizar el disco duro y te traigan los resultados.
¿Cuántos minutos puede robarte una pequeña plegaria susurrada en la oscuridad y soledad de tu oficina? ¿Vas a dejar de ser un buen director que está tratando de llevar bien las cosas para que el tren no se descarrile más si por unos instantes apartas la cabeza del trabajo y le pedís a Dios que se sepa algo de Kim antes de que sea demasiado tarde para que su padre se despida?
Dios, por favor, son las únicas tres palabras que susurras casi sin mover los labios, pero luego regresas a enfocarte – o a pretender enfocarte – en la montaña de obligaciones que te llovieron cuando Mason puso en tus manos la tarjeta con los códigos de acceso a División y CTU.
Pero no podés sacarte de la cabeza los fantasmas de algunos pensamientos. No podés dejar de sentir pena por Jack y su hija, incluso cuando decidiste que lo mejor en estos casos sería cerrarte por dentro, dejar un agujero en el lugar donde debería ir tu corazón y no sentir nada; no podés evitar preocuparte por Michelle y por las razones que tenga para estar tan tensa alrededor de Carrie, con la mirada tan llena de bronca y resentimiento. Cada vez más el hombre de carne y hueso que sos está tratando de imponerse a la parodia del robot.
Minutos más tarde – o años más tarde, ¿quizá?, siglos más tarde, ¿tal vez? Es imposible decir, porque ya la noción del tiempo se ha quedado perdida en el camino horas atrás – suena el teléfono, y el milagro que necesitabas llega.
"Almeida"
"Tony, habla Kim"
¡Kim!
El avión despegó hace instantes, por lo que Jack seguramente está recién saliendo de la zona urbanizada. Vas a poder conectar la llamada y enganchar a Kim en la línea, para que él pueda explicarle lo que va a hacer, para que tenga la oportunidad de despedirse antes de morir.
"¡Kim!" exclamas en un susurro ahogad "Kim, ¿dónde estás?, ¿cómo estás?"
"Estoy bien" suena mucho más tranquila, es cierto "Tony, me gustaría hablar con mi papá, ¿es posible?"
Dios mío, pobre chica. Tan joven y con tanto daño ya hecho y mucho más por sufrir.
"Y él quiere hablar con vos también. Puedo comunicarte con él" decís simplemente.
No vas a explicarle dónde está, ni que está haciendo, porque crees que Jack preferiría ser él quien diera a su hija tan terrible noticia. Simplemente vas a limitarte a pasar la llamada, y – lo cual no te causa gracia, porque lo sentirías como una violación a la intimidad de un padre y una hija que van a tener su última conversación, una conversación de despedida – a monitorear los canales, como lo estipula el protocolo cuando un agente en servicio recibe una llamada telefónica de alguien que no pertenece al núcleo cerrado.
Llamas a Norton y pedís que te contacten con él, mientras Kim espera.
"Jack, ¿podés oírme?" escuchas a tu voz preguntando breves segundos después.
"Sí, Tony, puedo oírte" te llega la respuesta, un poco desdibujada debido al ruido y a la interferencia.
"Encontramos a Kim" anuncias, y notas como con alivio vuelve a respirar "Está en la otra línea"
"Gracias Tony. ¿Ya le dijiste algo?"
"No, no sabía si querías que lo hiciera" contestas, y dándote cuenta de que realmente Jack no tiene mucho tiempo para gastar conectas ambas líneas y te quedas en silencio como un espectador espiando a escondidas, sentado detrás de tu escritorio con la vista clavada en algún desconocido punto fijo mientras las voces de Jack y Kimberly Bauer llenan tus oídos.
"¿Kim?"
"Papá" una pequeña risa se cuela por entre los labios de la joven "¡Finalmente! Dios..." suspira "¿Estás bien?"
"Estoy bien, mi amor. ¿Vos estás bien?"
"Sí, estoy bien"
"Gracias a Dios" ríe nervioso "Tuviste un día difícil, ¿eh?"
"Sí... ¿Qué es ese ruido?" se ha percatado de ello "¿Dónde estás?"
Acá llega la parte difícil, la parte más dolorosa, la parte más triste. Odias tener que estar escuchando esto, no sólo porque es un momento privado si no porque sabés que va a destrozarte, y si bien no te vas a quebrar, estás seguro de que vas a desgarrarte por dentro, lo cual va a hacer daño aún más porque no vas a poder expresar la angustia, vas a tener que tragarla, ignorarla, esconderla, hacerla a un lado, tratar de no pensar.
"Estoy en un avión"
"¿Un avión?, ¿por qué?"
"Mi amor" comienza a explicarle, despacio, con suavidad. Pero el golpe va a destrozarla igual, por muy suave que él sea. Va a hacerla añicos de todos modos "Hay algo que tengo que decirte. Va a ser difícil para vos escucharlo, pero necesito que seas fuerte"
Fuerte. ¿Cómo se puede ser fuerte en circunstancias como estas cuando tenés menos de veinte años y ya te viste obligada a enfrentarte a los peores y más oscuros costados de la vida?
"Encontramos la bomba. Los cables estaban armados de una forma que hizo imposible que la desarmáramos. Necesitábamos a alguien que volara hasta el desierto para que la bomba explote ahí y no mate a nadie" un segundo de silencio sigue "Ese alguien resulté ser yo"
"¿Cómo vas a hacer para bajarte del avión?" no sabés si lo pregunta desde la inocencia, desde la ignorancia o desde los engranajes de un mecanismo subconsciente de autodefensa que le impiden entender y aceptar la realidad.
"No voy a poder, mi amor" la voz de Jack ya se ha impregnado de conmovedora emoción "La bomba tiene que ser lanzada en un área muy específica. No había ninguna otra opción" silencio otra vez, para luego ser roto por los primeros sollozos de Kim, sollozos ahogados y nerviosos, casi convulsos "Lo siento mucho, mi amor" susurra Jack, pero las palabras no surten efecto alguno si con ellas trataba de tranquilizarla.
"Pero... pero" tratar de hablar, pero no puede, porque está embargada por el torbellino de sentimientos que debe haber empezado a girar descontrolado dentro de su ser "...Papá" trata de que las frases se formen en su boca, pero son intentos fallidos "... Papá, ¡no podés hacerme esto!" grita finalmente, y el sonido perfora esa alma que supuestamente ibas a arrancarte del cuerpo para dejar un hueco en su lugar, al menos hasta que la crisis pase.
Pero no es suficiente para quebrarte.
"¡Tiene que haber alguien más!" solloza, desesperanzada.
"Kim, lo siento mucho, mi amor, no teníamos..."
¿Cree que explicando racionalmente lo mismo mil veces va a lograr sanar las heridas, aplacar el sufrimiento, consolarla?
"¡No, papá, no podés hacerme esto!" lo interrumpe.
"Kim, necesito que me escuches..."
"¡Perdón!" rompe en llanto esta vez con más fuerza, y comienza a susurrar lo mismo una y otra y otra vez mientras las lágrimas impregnan su voz "Perdón, perdón..."
"Corazón, ¿por qué me pedís perdón?" pregunta Jack dulcemente.
"Por todo... Fui tan mala y tan injusta con vos" debe estar refiriéndose a los meses que siguieron a la muerte de Teri, a su comportamiento adolescente durante el último tiempo de vida de su madre: dando problemas, escapándose, fumando, rebelándose. Debe estar refiriéndose a no dejar que la consuele luego del fallecimiento de su mamá, a las incontables veces que lo culpó por todo lo malo que le pasó en la vida.
Errores que ya no se pueden corregir, ya no se puede volver atrás.
"Preciosa, todo lo que alguna vez haya pasado entre nosotros... Nunca nada fue por tu culpa. Te amo exactamente como sos y no quiero que cambies, ¿sí?" otro sollozo desgarrador se mezcla con las palabras que Jack está tratando de decirle "Te amo más que a nada en el mundo" silencio otra vez, sólo perturbado por la interferencia "Kim, ¿todavía podés escucharme"
"Sí" contesta con voz ahogada y temblorosa.
La pobre chica debe estar teniendo un ataque de nervios.
"Quiero que vivas tu vida. Quiero que seas feliz. Eso es lo que siempre quise para vos. Quiero que crezcas y te conviertas en la clase de persona que hubiera enorgullecido a tu mamá. Prometemelo"
"Te lo prometo" dice con dificultad.
"Mi vida, tengo que empezar a concentrarme en lo que estoy haciendo" anuncia, y vaticinas que la conversación va a terminar pronto "Se me está acabando el tiempo" Jack está por llegar a un punto del vuelo en el que es importante la coordinación y la precisión para que la misión no falle y que la explosión pueda ser totalmente contenida por la zona rodeada de montañas que eligieron "Así que voy a tener que despedirme. Te amo más que a nada en el mundo" repite, y el llanto de Kim, que se había calmado hasta convertirse en algo así como un quejido apenas audible, llena el aire otra vez "Y voy a estar siempre con vos. No te olvides de eso"
"Estoy orgullosa de vos, y te amo" logra decir.
"Yo también te amo, mi vida... Adiós"
Y antes de que pueda seguir escuchando a su hija desgarrándose de dolor por dentro, Jack desconecta su línea.
Segundos después, oís a Kim colgar el teléfono también.
Lo que sentís en estos momentos es imposible de describir, especialmente porque estás esforzándote demasiado para no entrar en contacto con tus emociones.
Son las diez de la noche con treinta y cinco minutos, y tu cuerpo entero – que sentís entumecido – está temblando mientras la autopista en tu mente se congestiona cada vez más, más y más, hasta el punto que pensas que va a colapsar.
Tratas de mantenerte compuesto, respiras hondo, tratas de dejar de pensar, pero no lo logras. Las voces de Jack y de Kim, esa terrible despedida prematura resuena en los confines de tu cerebro, aturdiéndote. Querés acallarlos, pero los recuerdos sonoros vuelven.
Tony, yo voy a volar el avión.
Jack va a morir. Va a morir para salvarlos a todos ustedes. Va a morir para que la ciudad de Los Angeles vea la luz del sol mañana por la mañana cuando se alce sobre ella. Va a morir y nada puede hacerse para evitarlo. Va a morir, como George, por quien tampoco puede hacerse nada.
Esta vez no hay escuadrón que lo rescate del avión, como lo rescataron de las garras de Nina. No hay manera de que se salve, no hay manera de que no perezca cuando las llamas lo consuman y su cuerpo arda.
El teléfono suena y te sobresalta. Enseguida tu mano temblorosa se abalanza sobre el auricular para tomarlo.
"Almeida"
"Tony, soy Michelle"
"Te escucho" haces lo posible por no sonar alterado, por no dejar que se te note.
"El laboratorio tiene noticias sobre el disco duro"
"Bien, por favor subilo a mi oficina" le pedís.
"Voy enseguida" estás a punto de volver a depositar el auricular en su sitio cuando su voz te alcanza otra vez, impregnada de dulzura "Tony, ¿estás bien?"
Y eso te rompe.
Eso te quiebra.
Eso te destroza.
Eso hace que no puedas contenerte más, y los ojos se te humedecen.
Eso hace que sientas el dolor, la angustia, la desesperanza y los nervios acumulados durante los últimos treinta y muchos minutos en carne viva.
Ella te vuelve más humano cada vez que te habla, cada vez que te muestra cuánto se preocupa, cada vez que te demuestra inconscientemente que te ama.
Quisiste disimular, ocultar, esconder, aparentar, fingir, y no te salió. Se dio cuenta de que algo te pasa, se dio cuenta de que hay cosas que es imposible no te afecten, incluso cuando te empecinas en arrancarte la piel y pretender que no sos un ser humano. Se da cuenta, porque puede leerte con facilidad, porque te conoce de memoria, porque son pequeños detalles que podrán escapar al ojo de los demás pero que son captados por los suyos.
"Estoy bien"
Ni vos te lo crees, y probablemente ella tampoco lo crea, pero no agrega nada más.
Te pones de pie y te dirigís a la pequeña mesita auxiliar que se halla a un lado, cerca de la entrada a la oficina, y con la cabeza gacha y la vista fija en la alfombra color gris que cubre el suelo tomas aire otra vez. Los oídos te zumban y aún sentís el cuerpo entumecido, pero sos más conciente que nunca del corazón latiendo contra tus costillas y de tu alma estrujándose de pena, bronca y alivio al mismo tiempo.
Pobre Jack. Pasó su vida entregado al trabajo, a servir a su país y a sus ciudadanos, y descuidó a su familia, a su esposa, a su hija.
Pobre Jack. Vivió el último año y medio llorando la muerte de Teri, culpándose, odiándose, quizá de manera subconsciente esperando morir. Quizá por eso se subió a ese avión: porque quiere poner fin al sufrimiento que viene arrastrando.
Pobre Jack. Tuvo que despedirse de su hija, su única hija, por teléfono y en menos de dos minutos.
Pobre Jack. Va a hacer falta que él sacrifique los años que le quedaban por delante – años que podrían haber sido buenos si intentaba – para salvar a la ciudad de Los Angeles.
Esta bomba no va a matarte a vos, no va a matarla a ella y no va a matar a muchos otros, pero sí va a matar a Jack, así como indirectamente va a matar a George, así como indirectamente mató a todos los que fallecieron esta mañana en la CTU, así como indirectamente mató a Maccabee y a Richards.
Pero a vos no.
Eso no quita que te afecte – por mucho que quieras a jugar a no sentir nada -; eso no quita que te deje marcas más invisibles que visibles; eso no quita que te haga daño.
No te va a matar, pero sí va a dejarte una visión muy particular de las cosas.
Se te ocurre de repente que no querés terminar así, como Jack va a terminar. No querés tener ese final. No querés pasar el resto de tus días culpándote por cosas que ya pasaron y que no pueden corregirse, extrañando a los que ya no están, ahogándote en la miseria, escapando de tus propios miedos, ocultándote, hiriéndote a vos mismo en el proceso e hiriendo a todos los demás.
Por primera vez en tres décadas y casi un lustro de existencia pensas detenidamente en el futuro que querés, con lo que querés encontrarte al mirar para adelante. Sí, vos, el que hace unos cuarenta minutos decidió que esto ya no era una partida de ajedrez, que el ser humano tenía que desplazarse para dar paso al robot, que tenías que guiarte sólo por el crudo instinto como hacen los animales cuando acechan a sus presas. La conversación entre ese padre y esa hija te rompió por dentro, pero Michelle y la manera en que pudo distinguir en tu voz que no estabas bien, Michelle y la forma en que te preguntó cómo estabas, hizo que el vidrio astillado acabara de hacerse añicos.
Después de haberle escuchado la voz a te sentís más de carne y hueso que nunca, más insoportablemente vivo que nunca, y estás contemplando qué querés que pase mañana, y pasado mañana, y el día después de pasado mañana, y los días que sigan a ese, y los días que sigan a esos otros días.
Querés confesarle que la amas.
Querés hacerla feliz, y dejar que te haga feliz.
Querés hacer las cosas que hacen las parejas normales: ir al cine, ir a la playa a observar el atardecer, quedarse toda la noche despiertos conversando y mirando las estrellas en el balcón, cocinar para ella, ir al parque a recostarse sobre el pasto y adivinar las formas de las nubes, cantarle al oído, acunarla cuando no pueda dormir, acurrucarse en el sillón y mirar televisión juntos, hacer el amor en el mar (y el estremecimiento que de arriba abajo te recorre la espina dorsal te lleva a preguntarte si amaste a alguna de las que confeccionan la lista de la gran cantidad de mujeres que pasaron por tu cama; te preguntas si alguna vez realmente hiciste el amor con alguna de ellas, porque sintiéndote como te sentís ahora, dudas que esos encuentros hayan significado algo más que contacto físico).
Querés que tu familia la conozca, que se lleve bien con tus papás y con tus hermanos, que juegue con tus sobrinitos.
Querés casarte con ella.
Querés que sea la madre de tus hijos.
Querés protegerla para siempre de cualquier cosa que pueda hacerle mal.
Querés compartir todo con ella.
Querés vivir hasta los noventa años y morirte con ella, los dos juntos, abrazando muy fuerte el uno al otro, dormidos, felices y en paz.
Tan sumido estás en tus pensamientos que no escuchas la puerta abrirse, y sólo te percatas de su presencia cuando con mucha suavidad llama tu nombre.
"Tony"
Levantas la vista para mirarla a los ojos, pero no decís nada.
"¿Estás bien?" vuelve a preguntar.
Estaba pensando en lo lindo que va a ser dedicar mi vida a ser feliz con vos.
"Encontramos a Kim" decís simplemente.
"¿Jack tuvo la oportunidad de despedirse?" es tristeza lo que ves en sus ojos, y no la está ocultando. A diferencia de vos, no está tratando de meter sus emociones en una caja, atar la caja con un hilo, guardarla en un armario, cerrar la puerta con llave y volver a ocuparse de ella después cuando tenga tiempo y la crisis haya pasado.
"Sí" no querés hablar del tema, no ahora "Bueno, ¿qué encontraste?" dirigís el rumbo de la conversación hacia lo que es importante, hacia lo que realmente tiene relevancia. Después de todo, ya perdiste demasiado tiempo pensando en cosas que no deberían haber capturado tu atención.
"Descifraron el disco duro que hallaron en el departamento de Syed Alí. Es una grabación de una conversación que tuvo lugar en Chipre hace unos cinco meses"
"¿Una conversación entre quiénes?"
"Syed Alí y altos oficiales de los gobiernos de estos países" te extiende la hoja de papel que tiene en su mano y señala con el dedo índice los nombres de los países en cuestión.
Lees lo que está escrito en la hoja, la traducción del audio de la conversación, y te quedas atónito. No querés dar crédito a tus ojos, porque si lo que dice ahí es cierto, entonces muchos problemas se avecinan.
"Entonces lo que estamos diciendo es que estos tres países no sólo sabían sobre la bomba si no que también la compraron y proveyeron a Syed Alí" repetís la información en voz alta para empezar a asimilarla, a entenderla.
"Sí, así parece"
"¿Qué tan seguros estamos acerca de esta traducción?"
"Fue hecho a las apuradas" reconoce "Tiene que ser refinada, pero lo sustancial es correcto"
"Vamos a necesitar que se autentifiquen las voces de estos cuatro hombres lo antes posible" le pedís.
"Ya puse a gente a trabajar en eso"
"Bien. Da aviso a los de División" decidís, ya que de algo tan grande no puede dejárselos afuera.
Asiente con la cabeza, y se marcha de la oficina para zambullirse de vuelta al trabajo.
Y vos, vos ya estás actuando robóticamente otra vez.
Tomas el teléfono, marcas un número, y esperas a que te atiendan.
"Región del Noroeste" anuncia una voz femenina.
"Hola, soy Tony Almeida de la CTU. Necesito hablar con el presidente por los ataques terroristas del día de hoy, es urgente" marcas con especial énfasis la última palabra.
"Ya lo transfiero"
Esperas unos breves segundos, durante los cuales observar a Michelle bajando las escaleras y caminando por el piso central de la CTU, que puede ser perfectamente visto desde tu oficina debido a las paredes de vidrio que cubren uno de los lados. Cuando alcanza la mitad del recorrido que debe hacer para llegar a su escritorio, se cruza con Carrie, quien le dice algo que la altera bastante, porque podés distinguir de lejos como de manera cortante y con furia susurra entre dientes apretados algo antes de seguir camino.
Antes de que puedas dedicarle un pensamiento a esta situación tan extraña entre la reemplazante enviada por División para cubrir el puesto de Paula y Michelle, escuchas la educada, profunda y firme voz del presidente de los Estados Unidos de América, David Palmer.
"¿Qué pasa, señor Almeida?"
Vas director al asunto:
"Señor Presidente, tenemos una grabación de Syed Alí colaborando con altos oficiales de países del Medio Oriente en los preparativos del ataque de hoy"
"¿Hace cuánto averiguaron esto?"
"En los últimos minutos"
"¿Quién más sabe?"
"Los jefes de nuestras divisiones"
"Tienen conexiones con otras agencias, incluyendo el Pentágono, así que significa que todos saben" llega a la conclusión.
"Está catalogado como algo de nivel de seguridad 4, señor" explicas "Pero pensé en darle prioridad a comenzar el proceso de autentificación lo más rápido posible"
"¿Cuánto tiempo va a tardar?"
"Deberíamos tener confirmación dentro de una hora, señor"
"Déjeme hacerle otra pregunta, señor Almeida. ¿Por qué Syed Alí grabaría una conversación como esta?"
"Señor Presidente, la mitad de las veces estas personas no confían las unas en las otras más de lo que confían en nosotros. Supongo que Alí quería alguna clase de inmunidad para protegerse a sí mismo en caso de que estos países se volvieran en su contra"
"Bien. Gracias, señor Almeida. Voy a dejar que vuelva al trabajo. Por favor comuníquele mi agradecimiento al resto de su equipo"
"Gracias, Señor Presidente" te despedís, y la conversación concluye.
Miras otra vez la hoja de papel que tenés en la mano, la relees, y te convences nuevamente de que el giro que va a tomar este tren no te gusta nada.
No te gusta para nada.
La hora está llegando a fin.
Son casi las once de la noche y el momento en que el avión va a estrellarse y el cielo será iluminado por las llamas está cada vez más cerca.
En el ambiente se siente un aire de tensión, nervios y ansiedad general debido a lo que va a acontecer dentro de tan poco. Van a ver gracias a las imágenes emitidas por los satélites de video cuando el hongo gigante se alce y lo ilumine todo con su luz amarillenta, por lo cual ya hay varios que están reunidos alrededor de la pantalla, aguardando inquietos y expectantes, a la vez que una mezcla del alivio despertado por saber que no van a morir hoy y miedo a que algo salga mal los recorre por dentro, haciéndoles cosquillas.
Vos, honestamente, a estas alturas lograste volver a la instancia en la que estás entumecido, la instancia en la que tu cuerpo no siente nada.
Pero en tu cabeza hay demasiado dando vuelta: Jack, Kim, esa grabación de la reunión que Syed Alí tuvo en Chipre con esos políticos, las consecuencias que va a levantar si resulta ser auténtica, lo que vendrá después, la noción de que la pesadilla está lejos de acabar...
A las diez de la noche con cincuenta y dos minutos el teléfono suena de nuevo.
"Almeida" contestas.
"Tony, habla Jack"
Jack.
Jack no puede estar llamándote.
Jack no debería estar llamándote.
El avión está a menos de seis minutos del sitio donde tendrá lugar el impacto, debería estar absolutamente concentrado maniobrando para asegurarse de que va a caer en las coordenadas exactas, sin margen de error alguno.
Ya habló con Kim, ya sabe que su hija está bien, ya se despidió de ella. ¿Por qué está llamando entonces?
"Necesito que pongas un helicóptero en el aire ahora mismo" te pide, alzando la voz por sobre los ruidos de toda índole que interfieren y se mezclan con lo que está diciendo "Tenemos un cambio de planes acá arriba"
Tenemos un cambio de planes, rebotan las palabras en tu cabeza.
Que Jack Bauer aparezca de la nada diciendo que tiene un cambio de planes seis minutos antes de estrellar un avión que carga con un dispositivo nuclear puede significar dos cosas: que la misión va a superar sus expectativas, o que va a irse irremediablemente al demonio.
"Voy a salirme del avión y George va a estrellarlo"
George.
George Mason.
Antiguo director de la Unidad Antiterrorista de Los Angeles.
El sarcástico George Mason.
El George Mason que esta mañana estuvo expuesto a una dosis letal de plutonio y que hace cosa de una hora y media abandonó el edificio de la CTU, presuntamente para irse a su casa y morir en paz. Ahora resulta que ese mismo George Mason está a bordo del avión que se supone Jack Bauer estrellaría en el desierto.
George Mason, cuya salud está en una condición tan crítica que podría desmoronarse en cualquier momento, perder la conciencia, desmayarse, morir de una falla cardíaca, o simplemente equivocarse aunque sea un poquito y no acertar a las coordenadas precisas.
George Mason va a estrellar el avión que lleva el dispositivo nuclear, y Jack Bauer va a salirse de él con el tiempo justo para huir de la zona del impacto, esconderse y ser rescatado más tarde.
Es de no creer.
"¡¿Qué demonios está haciendo George ahí?!" es lo primero que atinas a preguntar.
"Se subió al avión sin que yo me diera cuenta, trajo un paracaídas para mi" silencio. No sabés qué decir. Las posibilidades de que Mason pierda el conocimiento en los próximos cuatro minutos son ínfimas, así como también podrían ser muy grandes teniendo en cuenta que le quedan pocas horas de vida. Por otro lado, arriesgarse a que George complete la misión es darle a Jack – un hombre joven y con mucho por delante si se anima a recuperarse y a volver a tomar el control y no dejar que los problemas lo controlen a él – la oportunidad de reconstruir los pedazos que quedan de su vida, es darle a su hija la posibilidad de crecer con un padre. No sabés qué decir, honestamente. Querés creer que George va a ser capaz de hacer las cosas bien, de maniobrar el avión, acertar a las coordenadas y que la explosión tenga lugar dentro de la depresión entre las montañas, pero por otro lado tampoco querés avalar un plan que podría terminar mal, muy mal, especialmente si el presidente Palmer no está al tanto de esto.
"Tony, George es capaz de hacerlo, está lúcido, está en buena forma. Quiere hacerlo, y puede" Jack trata de convencerte, como si pudiera leer tus pensamientos, saber las dudas que te aquejan.
Suspiras, resignado: la verdad es que vos también querés que Jack tenga la posibilidad de ver salir el sol mañana.
"Voy a hacer que te envíen ese helicóptero"
Estás a punto de cortar, cuando Mason arrebata el teléfono a Jack.
"Tony" comienza a hablar, apremiante, sin darte tiempo a agregar nada, sin darte tiempo a abrir la boca y articular sonido alguno "No te olvides de lo que te dije"
Y luego corta la comunicación, antes de que si quiera puedas procesar sus palabras, pero lo que te dijo pulsó el botón indicado en tu memoria, haciendo resurgir fragmentos de la última charla seria que George y vos tuvieron.
"Tony, hay algo que podés hacer por mí, en realidad: Michelle es una buena chica y le tengo mucho aprecio. Es joven, pero tiene un futuro brillante como agente; por sobre todas las cosas, es un excelente ser humano. En el fondo la considero algo así como la hija mujer que me hubiera gustado tener. Como que sigas dando vueltas y lastimándola con tu teoría de hacer las cosas en cámara lenta, voy a maldecirte desde las profundidades del infierno. Dense una oportunidad; podría salirles mejor de lo que esperan. Es muy obvio para un viejo como yo lo locos que están el uno por el otro, y que algo tan lindo les haga mal es una pena"
Cuando estás a punto de reprocharte a vos mismo haber desperdiciado segundos valiosos sintiendo emociones humanas – después de todo, es imprescindible que Jack sea rescatado a tiempo-, ya te encontras frente a Michelle, hablando en susurros apremiantes.
"Michelle, necesito que envíes un helicóptero para que rastree el avión de Jack. Mason subió a bordo" te mira sin poder creer lo que escucha, y hasta ves sus labios separándose, listos para dejar salir por entre ellos una pregunta que no tenés tiempo de contestar " – no me preguntes cómo -, va a estrellarse el avión y Jack va a salirse. Necesitamos que ese helicóptero lo rescate" continuas, y cuando ves por el rabillo del ojo que Yusuf Auda se acerca a vos con cara de pocos amigos y aspecto de querer entablar una discusión o hacerte perder tiempo que no tenés presentándote sus quejas o inquietudes, decidís hacerte cargo de eso ahora y dejar de 'patearlo para más adelante' "Después te lo explico" prometes a una atónita Michelle que no acaba de caer en la cuenta, antes de darte la vuelta y ser interceptado – como previste – por Yusuf Auda.
"Señor Almeida, ¿cuándo puedo saber qué encontraron en el disco duro?" inquiere, en un tono ya no tan amable.
"Me temo que no tiene el nivel de autorización necesario para eso, señor Auda" ya te cansaste de jugar a 'atender bien a la visita'. Las cosas como son, y si le gustan bien, y si no, también.
"Señor Almeida, mi país y yo hemos demostrado buena fe en ayudarlos a encontrar el escondite de Syed Alí. Estoy pidiéndoles que hagan lo mismo dándome alguna idea de lo que está pasando"
"Lo lamento, pero en estos momentos no puedo decírselo" y para dar por concluida la discusión, dirigís tus pasos hacia la escalera que conduce a tu despacho (curioso, ¿verdad? Cada vez te resulta más fácil pensar en él y referirte a tu despacho, especialmente desde después de haberte dado unos minutos para pensar en Jack, en George, en Michelle y en la vida que querés tener con ella. Es como si el haber entrado en contacto con tus emociones y haber dejado de actuar como un robot hicieron que la idea de que ahora sos el director de la CTU y ese despacho es tuyo tomara una forma más corpórea).
Cuando estás a punto de poner el pie en el primero de los peldaños, oís a tus espaldas a Yusuf Auda hablando en tono despectivo, cargado de rabia, odio y racismo:
"Ustedes los americanos..."
Te das la vuelta enseguida, como si hubieras recibido una descarga eléctrica o te hubieran lastimado el cuello con una picana. Clavas tus ojos oscuros en los suyos negros y lo enfrentas, desafiante, animándolo a que siga hablando, a que siga diciendo, a que siga emitiendo juicios raciales:
"¿Nosotros los americanos qué?"
"Nada" murmura simplemente, pero sabés que por dentro se quedó con las ganas de contestarte, sabés que está masticando la respuesta que le hubiera gustado darte.
Se aleja, dejándote solo al pie de la escalera. Miras el reloj, y al ver que ya es casi hora de que la bomba explote decidís ir con el resto de tus compañeros a ver por la pantalla gigante como esa maldita cosa es destruida sin llevarse consigo las vidas de todos los ciudadanos de Los Angeles. Y, además, querés rezar en silencio por George.
Cuando las manecillas del reloj están casi a punto de posicionarse para marcar las once de la noche, el corazón te da un vuelco y se larga a latir furioso, y esta vez tu cuerpo ya no está tan entumecido como para que no lo sientas rebotando en tu estómago, en tus costillas. Es la ansiedad, son los nervios, es la incertidumbre, es la angustia, es la tristeza, es las ganas de que todo acabe para que llegue mañana, es la duda de si esa grabación no va a desencadenar la tercer guerra mundial, es todo lo que estuviste ignorando durante la mayor parte de esta ahora atacándote de golpe, porque finalmente dejaste la guardia baja y volviste a ser un humano de carne y hueso.
Son las ganas de abrazar el cuerpo de Michelle contra el tuyo mientras ven la explosión. Son las ganas de esconderte en sus brazos y descansar un poco. Son las ganas de decirle ahora mismo que la amas y no esperar hasta que todo esto acabe. Son las ganas de enterrar la cabeza en su cuello para esconderte del mundo y respirar su perfume hasta intoxicarte. Son las ganas de besarla hasta asfixiarte.
No podés ser un robot, porque tarde o temprano el hombre de carne y hueso gana la partida y se impone sobre él, haciendo que todo aquello que ignoraste, tapaste, guardaste, empujaste y te negaste a sentir te queme vivo con una intensidad jamás antes experimentada.
No, vas a tener que aprender a controlar al hombre que sos para poder hacer tu trabajo, pero no apartándolo a un lado.
Esa es la resolución que acabas de tomar cuando escuchas la explosión, el ruido sordo y potente, y ves cómo se ilumina la pantalla, mostrando el hongo que crece, y crece y crece y se eleva hacia el cielo iluminándolo todo. El hongo que probablemente toda la población va a contemplar a lo lejos, sin dar crédito a sus oídos, haciéndose preguntas de todo tipo, entrando en pánico al menos hasta que Palmer dé un discurso oficial explicando lo que pasó.
Ahí está, el hongo, creciendo, creciendo, creciendo, gigante figura amarilla que por una fracción de segundo se congela en todo su esplendor para luego ir, poco a poco, achicándose.
Esa bomba que acaba de estallar, no te mató.
No te mató a vos, no te mató a ella, y no mató a los compañeros que están ahí, mirando boquiabiertos la pantalla.
No logró matarte, pero te regaló una visión particular: de ahora en más, querés vivir cada día como si fuera el último. De ahora en más, sin importar bajo qué circunstancias, querés sentirte realmente vivo. De ahora en más, querés disfrutar de hoy, no tener que estar esperando y deseando que mañana llegue para hacer las cosas que por miedo no hiciste antes.
De ahora en más, querés ser feliz, con ella.
Esta es la visión que te deja esto, esta es la visión que te queda después de haber pasado las últimas quince horas corriendo contra el reloj.
No hay que esperar a que mañana llegue, hay que hacer que las cosas sucedan ahora. Hay que ir y buscar la felicidad y disfrutarla mientras se puede en lugar de estar prometiéndonos a nosotros mismos que vamos a cambiar lo que no nos gusta y a jugarnos por lo que amamos si logramos sobrevivir al día.
No logró matarte, pero te dejo una visión bastante particular.
No te olvides de estos pensamientos que están corriendo veloces en la autopista de tu mente dentro de unos minutos, cuando el tren se descarrile por completo, cuando empieces a dudar hasta de tu propia sombra, cuando empieces a sentir por dentro como todo se marchita y tus esperanzas de ser feliz con la mujer que amas van muriéndose lenta y dolorosamente, a la par que un cuchillo se te clava en el corazón, destrozándolo y removiéndose después en la herida para causarte aún más daño.
Ojalá que el amor y estas realizaciones sean más fuertes.
Porque definitivamente en las siguientes horas vas a necesitar que el amor y estas realizaciones sean más fuertes. Ni te imaginas cuánto.
Ay, Dios, cuánto lo vas a necesitar.
Nota de la autora:
1. Por favor, dejen comentarios, sea en Español, Inglés o Portugués.
2. El siguiente capítulo va a transcurrir fuera de los límites de tiempo habituales, y va a estar dedicado a analizar los pensamientos y sentimientos de George Mason antes de morir.
3. El capítulo 23, en el cual se retomarán los sucesos y transcurrirá entre las 11 PM y las 12 AM va a ser narrado desde la perspectiva de Tony, ya que los eventos que tendrán lugar de ahí en adelante van a ser más fáciles de explicar si hago un pequeño cambio y los capítulos impares se centran en Michelle y los capítulos pares en Tony, a diferencia de como venía ocurriendo hasta ahora en la historia.
4. No se olviden de dejar un comentario.
