Lo siguiente tiene lugar entre la 1:00 y las 2:00 de la madrugada del 5 de septiembre.

Los hechos ocurren en tiempo real.


Si el lenguaje es otra piel,

Toquémonos más.

"¿Qué pasa?"

La pregunta va destinada Carrie Warner, quien está de pie a escasos pasos tuyos en medio del pasillo que conduce desde la escalera hasta tu oficina; probablemente haya subido hasta allí para hacer lo que le pediste hace más o menos una hora: mantenerte informado de los movimientos que haga Michelle para ver si Jack la contacta y poder seguirle el rastro desde allí y encontrarlo antes de que las cosas pasen a mayores debido a su adicción a infringir las normas.

No es que creas que Michelle está realmente actuando a espaldas tuyas... Bueno, la realidad es que te negás a creer eso. Cuando al encontrarte en el suelo muriendo de dolor Carrie te dijo que Michelle estaba ayudando a Jack, te negaste a creerlo, sin embargo la parte tuya que no es humana y que se guía por el instinto crudo propio de cualquier agente te dice que deberías investigar y asegurarte de cómo son las cosas, por si acaso. Es altamente probable que Jack haya engañado a Michelle de algún modo para que lo ayude a sacar a Kate Warner de la CTU, y tenés la sospecha de que puede ser que trate de comunicarse con ella y eso te dé alguna pista sobre dónde puede llegar a estar.

O al menos esa es la versión que estás tratando de venderte a vos mismo.

Te cuesta muchísimo aceptar la idea de que existe la posibilidad de que Michelle esté colaborando con él voluntariamente, aunque dentro tuyo tenés la certeza de que es así, porque hasta ahora los conocimientos que tenés del asunto señalan a esa como la respuesta.

Pero no querés pensar en eso.

"Me pediste que vigilara a Michelle" Carrie sisea, dándose aires de autosuficiencia que no te gustan para nada, como si considerara un honor que estés usándola para espiar a otra empleada.

"Sí"

"Está accediendo a una pantalla en modo satélite en la estación de trabajo tres" anuncia.

Eso no tiene por qué significar nada, ¿no?

"Eso no es inusual" ¿estás tratando de convencer a Carrie o estás tratando de convencerte a vos mismo porque tenés miedo de enterarte de cómo son las cosas? "Estuvimos en modo satélite toda la noche"

Enarca una ceja, le brillan los ojos con maldad, y cuando habla llena de veneno te das cuenta que cometiste un error al pedirle a alguien que claramente tiene problemas personales con Michelle que la vigile como si fuera una criminal.

Nina era una criminal. Michelle no lo es. Lo que sea que esté haciendo, sea conciente de que está ayudando a Jack en una misión que no está aprobada por la CTU, tiene que haber motivos que lo expliquen. Y si no hay motivos que lo expliquen, entonces tiene que estar haciéndolo porque su testarudez no la deja ver que se equivoca al no aceptar que el audio es verdadero. Pero no está haciéndolo ni para lastimarme a mi ni para traicionar a este país.

"Justo antes de que recibiera una llamada que no pudo registrar nuestro identificador" sigue Carrie echando leña al fuego.

Un canal abierto. Jack usa canales abiertos cuando no quiere ser localizado.

"¿Estaba abierto?" se te escapa la pregunta.

"Sí" responde triunfante.

"Podría haber sido División" decís, y una vez más parece un pensamiento expresado en voz alta que estás tratando de venderte porque preferís quedarte con la venda puesta alrededor de los ojos.

"Podría haber sido" coincide, pero te das cuenta que está tomándote el pelo, que en esas tres palabras se esconde en realidad un gigante '¿A quién querés engañar, ¿a quién querés proteger?'.

Lamentás haber metido a Carrie en esto, pero ya está cometido el error.

"Averigüá que estaba mirando y avisáme cuando sepas"

Asiente con la cabeza y se aleja, totalmente excitada ante la perspectiva de seguir espiando a Michelle y tratando de encontrar dónde está la falla en su comportamiento siempre tan correcto.

Te arrepentís de haber ido a pedirle ayuda a Carrie. Lo hiciste sin pensar, realmente, en un momento de bronca, con los sentidos nublados por el terrible dolor del pie, la impotencia y la bronca, vergüenza y humillación que te causaron las acciones de Jack. Actuaste en caliente, no estabas pensando con frialdad.

Y ahora mientras ves a Carrie bajando las escaleras y a Michelle en el piso de la CTU yendo de una computadora a la otra, se te ocurre que quizá acabás de cometer un segundo error al no haberle dicho que se olvidara de todo, volviera a su trabajo y dejara a Michelle en paz.

Querés saber, tenés que saber, es tu obligación saber, pero al mismo tiempo tenés miedo.

La ignorancia es una bendición, dicen.

Querés saber, no querés.

Tenés que saber, no querés.

Es tu obligación saber, no querés.

No querés, porque tenés miedo de cómo vayas a reaccionar.

Tenés en claro que nunca dejarías de amarla, que podría hacer cualquier cosa y jamás serías capaz de arrancártela del corazón, que le perdonarías absolutamente todo, que seguirías queriéndola pasase lo que pasase, pero esto sería como un hachazo a la confianza que depositaste en ella, y te dolería terriblemente.

Ya te está doliendo terriblemente.

Y lo más triste es que esta vez si sos decepcionado, si sos traicionado, no va a existir forma de que te cures, las heridas serían para siempre. Porque ella resultó ser un viaje de ida sin vuelta.

Varios minutos luego, sentís el sonido del teléfono rebotando contra las paredes de vidrio de tu oficina.

"Almeida"

"Está mirando infrarrojos" suelta Carrie, sin explicaciones previas "Está recolectando datos desde hace diez minutos"

Sentís como el alma de a poco se desliza fuera de tu cuerpo y tu temperamento empieza las fases iniciales del proceso de erupción.

"Bien, hacé esto: sacá las coordenadas de lo que está mirando. Si está haciendo esto es para Jack, ahí es donde vamos a encontrarlo"

Te sorprende que haya una parte tuya que lucha constantemente con la mitad que quiere perder el control y desquitarse, una parte que insiste en que es más importante encontrar a Jack, a Kate y a Yusuf Auda y no perder el tiempo enojándote con Michelle, especialmente porque sabés que ese enojo está destinado a durar nada, y que no es enojo contra ella si no un sentimiento de frustración y bronca que se levanta dentro tuyo contra vos mismo ante la perspectiva de que otra vez hayan lacerado tu confianza.

La voz de Carrie te saca de tus pensamientos:

"Ya traté eso"

"¿Y cuál es el problema?"preguntás.

"Cubrió sus rastros. Examinó unos cien cuadrantes. No tengo ni idea acerca de cuál es el que realmente le interesa"

Es demasiado inteligente. Demasiado.

Hasta bajo circunstancias como ésta seguís encontrando motivos para hundirte más y más en tu enamoramiento. Cuando pensás que es imposible llegar más profundo, sucede algo que te prueba lo equivocado que estás.

"Voy a ocuparme yo de esto, Carrie, ¿está bien?" se te ocurre que es buen momento para sacarla del medio antes de que se te vaya de las manos.

Querés agarrar a Michelle cuando menos lo espere, obligarla a mirarte a los ojos y que te mienta, a ver si puede.

Eso es lo que tu ego te dice que tenés que hacer: ir, hacerle frente, ver si es capaz de sostener la mentira por más tiempo, recordarle que vos sos el jefe y ella la empleada, demostrarle que el hecho de que sea tu debilidad no significa que vayas a ceder en esto, que vayas a poner tu orgullo en una bandeja y entregárselo, sacrificar tu carrera para cubrir su capricho y el de Jack.

El corazón, por otro lado... El corazón te dice que si te miente no vas a darte cuenta, porque a estas alturas si te dijera que podés caminar sobre el agua le creerías e irías feliz a ahogarte en el océano, y si te pidiera que te deslizaras sobre el fuego lo harías sin que te importen las quemaduras, y si te prometiera que podés volar tampoco dudarías en salta desde la terraza del edificio más alto de la ciudad.

Pero de momento estás tan abrumado por la cantidad de sentimientos encontrados que te devoran por dentro que el corazón se te debilita con cada latido y el ego le gana el argumento. Así que te ponés de pie y te dirigís a su estación, pero antes de llegar la ves levantarse y caminar cautelosa para adentrarse en el pasillo que conduce al área de los baños.

No te parecería un comportamiento raro si no fuera por el hecho de que fuertemente encerrado en su puño lleva lo que de lejos parece ser un teléfono celular.

¿Está yendo al baño con un teléfono celular? Sí, probablemente a comunicarse con Jack, lo cual quiere decir que por muchas ganas que tengas de estar equivocado, la realidad innegable es que está ayudándolo a conciencia, sin trampas de por medio o cualquier otra explicación que cargue a Jack de más culpas y la exonere a ella. Debe estar yendo a esconderse al baño para enviar desde ahí a Jack las coordenadas que estuvo buscando por satélite, y si la intuición no te falla, entonces estás a un paso más cerca de averiguar el paradero de Jack, traerlo de vuelta a la CTU y ponerlo en su lugar.

Si se tratara de cualquier otra empleada asistiendo a un agente rebelde que utilizó la alta estima que el presidente le tiene para convencerlo de frenar de momento los ataques militares planeados y darle tiempo para encontrar pruebas en una misión independiente a la Unidad, la llevarías a una sala de interrogatorios y la acosarías a preguntas hasta que se quebrara y terminara dándoles cualquier información que poseyera sobre Bauer y lo que tiene pensado hacer.

Pero no es cualquier empleada. Es ella. El centro de tu Universo, el eje sobre el que gira tu mundo, el amor de tu vida, tu alma gemela, la razón por la que naciste, lo más lindo de estar vivo, lo más dulce entre todo lo amargo; ella, tu debilidad, tu talón de Aquiles, la que te tiene absolutamente hechizado. Y en una esquina está tu corazón, en el que pesan dolorosamente los hechos que vienen aconteciendo desde la mañana del día que pasó y los que siguen aún apareciendo como piedras filosas en tu camino, y en la otra esquina se encuentra tu ego, fatalmente descontrolado y herido de gravedad, con astillas que se clavan para causar que muera desangrado y que llevan nombres como 'irritación', 'humillación', 'frustración'.

No es difícil saber cuál de los dos va a ganar la pelea.

Cuando pasadas la una y cuarto de la madrugada la puerta vuelve a abrirse, llevás a penas minuto y medio esperando, de pie ahí, sumido en la soledad de ese pasillo oscuro de paredes grises, con el tobillo latiéndote debido a la inflamación y el dolor subiéndote hasta la rodilla como si fueran serpientes encendidas abrazándose a tus músculos, con las muletas apoyadas a un costado porque te enferma tener que valerte de ellas para caminar y movilizarte de un lado a otro.

Al salir del baño y verte ahí, esperándola, con expresión sombría en el rostro, se para en seco y suelta un suspiro de sorpresa que corta el aire como un cuchillo.

"¿Siempre te llevás un teléfono cuando vas al baño?" preguntás con sarcasmo, ironía, y la bronca y desilusión que sentís presionándote en el pecho se te suben a la garganta y se mezclan con tu tono de voz.

Silencio.

No responde.

Se queda ahí, mirándote.

"¿Dónde está Jack?" rompés la atmósfera de quietud cargada de tensión que los envuelve.

"No lo sé" te contesta, sosteniéndote la mirada y sin que le tiemble la voz.

Sos conciente de que tenés que presionar un poco más si querés obtener resultados, pero el problema es que ya de antemano te das cuenta que vas a fallar horriblemente.

"Mirá, Michelle, sabés que estuvimos monitoreando las llamadas que entraron y salieron de este edificio durante todo el día. Así que si estás rompiendo el protocolo..."

"No lo estoy"

Tu parte racional se da cuenta de que está mintiéndote con descaro y de que todas sus negaciones son falsas, pero tu otra mitad bloque tu cerebro y tus capacidades para pensar coherentemente y reaccionar del modo en que lo harías si ella fuera cualquiera menos el amor de tu vida.

Respirás hondo, rogando que ni tu rostro ni tu cuerpo delaten la debilidad que sentís, y con tu mejor tono de agente federal continúas con la inquisición:

"Muy bien, entonces voy a preguntarte algo" aunque sé que vas a volver a mentirme ": ¿dónde está Jack?"

"No lo sé" marca cada sílaba al hablar, con firmeza "Pero tenés que llamar al Presidente Palmer" te pide, casi te implora, si bien no pierde la compostura "Tenés que decirle que no actúe basándose en la grabación hasta que Jack no termine de investigar"

"Entonces sí hablaste con Jack" deducís en voz alta.

Se pisó sola, tropezó sola. Ella misma implicó indirectamente que sí estuvo en contacto con Jack después de que éste abandonara la CTU, y eso significa que está ayudándolo, que sabe su paradero.

"Yo no dije eso" niega la acusación, y luego da un paso hacia delante, tratando de esquivar tu figura que se alza mucho más alta y más fuerte que la de ella para poder desandar los pasos dados en ese corredor y regresar a su escritorio, pero se lo impedís.

En una fracción de segundo tu cuerpo, tu mente, tu corazón, tu alma y todo aquello que contribuye a formar tu ser como si se les hubiera inyectado una dosis alta en las venas se sienten presos de la necesidad absolutamente irrefrenable de romper cualquier barrera física que quede entre los dos.

Dicen que la piel habla, que comunica cosas que no pueden expresarse con las palabras, que cuando dos personas se aman pueden saber exactamente lo que la otra siente o piensa tan sólo tocándose. La piel es otro lenguaje, dicen, y si en estos momentos el Inglés no es suficiente para entenderse, para comprenderse el uno a la otra.

Antes de darte cuenta lo que estás haciendo, tu mano se cierra con fuerza alrededor de su brazo, impidiendo que escape de la situación, y la descarga eléctrica que te provoca hace que el corazón se te pare por un instante antes de que vuelva a latir.

Sabés que sos mucho más fuerte que ella, y que la manera en que estás presionando podría hacerle daño, pero acabás de cruzar la línea que te separa de cualquier clase de control y prácticamente es una tortura no poder descargarte besándola y abrazándola hasta que se asfixien los dos, privarla de aire hasta que confiese, decirle sin palabras y solamente con el tacto que estás muriéndote y que no soportás la idea de que te haya mentido.

Por ahora tenés que conformarte con sujetarla firmemente del brazo para evitar que escape, pero claro, eso no es suficiente. Instintivamente la atraes un poco más hacia vos, hasta que el aire que inhalás queda viciado de su perfume, el aire que exhalás acaricia su cuello y tu boca está a medio centímetro de su oído.

Piel con piel, están comunicándose, trasmitiéndole al otro lo que no puede expresarse hablando, lo que no pueden expresar porque cuando las palabras salen, salen equivocadas.

Sabés que te ama, que te adora, que moriría por vos así como vos morirías por ella, que debe estar escrito desde que nacieron que son el uno para el otro, que se sacrificaría a ella misma antes que hacerte daño, que si está ayudando a Jack es porque cree que está contribuyendo a salvar a Palmer de cometer un error, que si tuvo que actuar a tus espaldas fue porque no le dejaste otra opción, que tiene miedo de perderte antes de haberte tenido...

¿Y vos? Si el lenguaje es otra piel, ¿qué mensajes envía tu piel?

Que la amas también. Que la adoras. Que morirías por ella sin pensarlo dos veces. Que preferirías ser condenado al infierno antes que causarle algún mal. Que es el ego herido e inflado más que nunca el que te domina ahora, producto de un conjunto de cosas que están escapándose de tus manos y que te llevan a actuar así. Que ya todo se ha convertido en demasiado, y lidiar con demasiado está empezando a no salirte bien. Que te ahogas en tus propias ganas de besarla. Que no ves la ahora de poder abrazarla hasta fundirse en uno solo. Que querés morirte abrazándola.

Si el lenguaje es otra piel, entonces tu piel y la de ella hablan muy claro.

Pero al hablar con sonidos y no con el tacto, se dicen las cosas equivocadas, de la manera equivocada.

Jamás imaginaste que el día en que tu inofensiva e inocente fantasía de hablarle en susurros se cumpliría bajo estas circunstancias, pero lo cierto es que cuando empezás a hablarle – apresuradamente y con todo el torbellino de emociones que tenés dentro embebiéndote la voz, buscando desquitarte, buscando desahogarte, buscando deshacer los nudos que te comprimen por dentro, buscando matar la frustración que te produce tenerla tan cerca y tan lejos a la vez – tu voz es a penas audible:

"Escuchá con cuidado, Michelle: no trabajás para Jack, trabajás para mi"

¿Por qué no estaría errado uno al pensar que esa frase en realidad encierra otro significado?

Naciste para ser mía y de nadie más. No te comparto con nadie más.

Te interrumpe, y logra que si te quedaban algunos estribos dando vueltas por ahí se evaporen, no solamente por el efecto que te causa su voz, si no también por lo que te dice.

"¿Podrías tragarte el ego por un momento...?"

Te lee perfectamente, como a un libro abierto, como si estuvieras ahí de pie con el corazón en la mano sosteniéndolo para que vea todos tus puntos débiles, todos tus defectos, todas tus vulnerabilidades.

"¿Ego?" estallás, pero seguís hablándole en susurros, acercándote aún más, agarrándola del brazo aún más fuerte, sintiendo tu cuerpo y el de ella tensarse, tu cuerpo víctima del suyo y el de ella víctima del tuyo "Tengo un trabajo que hacer acá" cada vez el ritmo de tu habla aumenta más y más "Si no te gusta la manera en que lo hago, ese es tu problema. Pero si sabés algo sobre Jack, mejor que me lo digas ahora mismo"

Te clava esos dos ojos negros otra vez, tan enormes son que ves tu imagen alterada y encolerizada reflejada en ellos. Sus ojos, tus espejos favoritos, reflejando los tuyos. Y lo único que podés ver en ellos es amor en estado puro, aunque ella trate de disimular y de actuar con frialdad.

"No tengo ninguna información" repite despacio "No estoy ayudando a Jack"

Tu boca y la de ella están tan cerca la una de la otra que si alguno de los dos se inclinara medio centímetro más, acabaría robándole un beso al otro. Ganas no te faltan, la tentación te carcome de una manera casi dolorosa, y es por eso que cuando hablás en un tono más calmado y casi de súplica no podés quitar la vista de su boca.

"Espero que no me estés mintiendo"

El lenguaje de las palabras miente, el de la piel no.

Puede haberte mentido con palabras, pero tu piel y la de ella se entienden perfectamente.

La soltás, por mucho que desearías no hacerlo, y observás como muy despacio se pierde por el pasillo.

Cuando dobla la esquina y desaparece de tu vista, dejas que tu cuerpo se recueste contra la pared, exhalás, inhalás, y sentís en el pecho un ardor dulce.

Dios, si el lenguaje es otra piel, toquémonos más.

Tus patrones de respiración se normalizan dos o tres minutos después y decidís volver a tu oficina para seguir trabajando, tratando de dejar de pensar en las doscientas millones de cosas que tenés presionando en tu cabeza buscando espacio para echar raíces y largar veneno que infecte a tus neuronas que ya están bastante destruidas.

El teléfono suena por centésima vez y al contestar te llevas una sorpresa: es la policía de Los Angeles, para darte una información que es – sin duda alguna – una flecha luminosa gigante que apunta a Jack y al plan que está llevando a cabo.

De inmediato depositás el auricular en su lugar casi con violencia, y tan rápido como la pierna adolorida y las muletas te lo permiten te dirigís al piso principal de la CTU.

El agente que llevás dentro y la intuición te gritan que estás a punto de encontrar a Bauer, y que no tenés tiempo para sentirte humano o para pensar en nada que no sea frenarlo antes de que las cosas se compliquen.

"¡Carrie!" la llamás en cuanto entra en tu campo de visión "El Departamento de Policía acaba de llamar. Se disparó fuego de armas automáticas en Studio City. Oficiales llegaron y encontraron cuerpos y armas específicos de militares. Comunicaciones consiguió la dirección. Comparala con las coordenadas de las imágenes que Michelle estaba sacando del satélite"

No llegás a escuchar si Carrie te contesta o no, porque ya estás usando las muletas para dar zancadas hasta la estación de trabajo de Michelle, donde la encontrás con aspecto nervioso y prácticamente temblando como una hoja.

Va a tener que empezar a decirte la verdad, no sólo con la piel si no también con las palabras.

"¡¿Esa es la dirección, Michelle?!" la increpás "¡La policía llegó y ya encontraron cuatro cuerpos, así que vamos a hablar!"

Traga con dificultad, te mira con los ojos humedeciéndose, respira y al exhalar lo confirma:

"Es ahí"

"Bien, tenemos que llamarlo" decís, refiriéndote a Jack "Podría necesitar nuestra ayuda" se te ocurre: si hubo disparos, si hubo un tiroteo entre un comando de militares, tal vez Jack o Kate Warner estén heridos, o capturados.

"Jack dejó muy en claro que la única forma de encontrar las pruebas es si la CTU se mantiene fuera de esto" ella insiste.

"¡Ni siquiera sabemos si sigue vivo!" estallás.

Michelle toma rápidamente su celular personal y comienza a marcar números mientras te explica:

"Está en un canal abierto. No vas a poder rastrearlo, pero vas a poder hablar con él"

Tomás el pequeño aparato en tus manos, te lo llevás al oído y aguardás.

"¿Michelle?" es la voz de Jack la que atiende, y por los ruídos que se escuchan definitivamente está en la calle, probablemente en un coche. Suena agitado, cargado de adrenalina... Suena en problemas.

"No, Jack, habla Tony" anunciás.

"Tony, confía en mi, mantenete fuera de esto" es lo único que te dice, desesperado porque lo dejés en paz para que haga tranquilo lo que se le antoje sin tenerte a vos respirándole en la nuca.

No van a decirte cómo hacer tu trabajo, no.

"¿Qué está pasando, Jack?" ignorás sus intentos de disuadirte y exigís saber de qué demonios se trata todo esto.

"El presidente me pidió que le llevara pruebas de que el audio de Chipre es falso" explica, alzando la voz por sobre el barullo y la interferencia "Estoy tratando de hacer eso. El hombre que puede darme esas pruebas solamente va a tratar conmigo. No va a cooperar si la CTU está involucrada. Es por eso que tuve que irme"

"¿Cómo sabemos que no está usándote?" sabés que Jack no es idiota y que no dejaría que lo engañarán, pero necesitás que te diga por qué está tan segura acerca de la veracidad de las evidencias que le están prometiendo.

"Porque diez comandos trataron de matarlo para evitar que cerrara un trato conmigo"

"¿Qué es lo que quiere?"

"Quiere desaparecer"

"Traelo acá, Jack. Vamos a lidiar con él acá" proponés.

En vano hablaste, podrías haberte ahorrado el aliento.

"Tony, acabo de decírtelo" ahí está, tratándote con condescendencia, como si fueras un inútil, como si no supieras hacer las cosas, como si solamente su manera de actuar fuera la correcta ": no va a cooperar bajo esas circunstancias"

Estás empezando a quedarte sin paciencia de nuevo, pero te ves obligado a reconocer algo: si a ese hombre que quiere negociar con Jack trataron de matarlo, entonces existe la posibilidad de que cuente con algo que sirva para probar que el audio es parte de una farsa. La posibilidad empieza a tomar forma delante de tus ojos de manera más corpórea, y de pronto ya no te parece tan alocada la idea de que sí hayan fabricado la grabación para tenderles una trampa.

Pero no podés dejar que Jack siga allá fuera solo jugando con fuego, por mucho que se piense que es capaz de salir de esto sin quemaduras:

"Entiendo lo que estás diciendo, Jack, pero este país está a punto de entrar en guerra. Eso es demasiado para que una sola persona lo maneje, incluso para que vos lo manejes"

"Lo lamento, no puedo"

Cuatro palabras, cuatro palabras antes de colgar.


Son la una de la madrugada con treinta y cuatro minutos cuando se te escapa un suspiro cargado de furia y frustración.

La electricidad que sentís recorriendo cada célula de tu anatomía desde que Michelle y vos tuvieron esa comunicación 'piel con piel' aumenta cuando al mirarla a los ojos te das cuenta de cuánto la hirió tu actitud, la forma en que perdiste los estribos, la forma en que la trataste, la forma en que le dejaste en claro que ella trabaja para vos y que sos el que manda, el modo en que prácticamente le rugiste que te comunicara con Jack.

Las palabras, no puede confiarse en ellas para que digan la verdad.

El lenguaje de la piel, ese nunca falla.

Darías todo por rodearla con tus brazos, acunarla y decirle con caricias que sos un idiota, que no deberías dejar que el ego te domine de este modo, que deberías haber confiado en ella desde el principio, y que sentís muchísimo todo el daño que alguna vez intencionalmente le causaste.

Pero en lugar de eso, te vas de vuelta a tu oficina, dejándola sola sentada en su escritorio, temblando, respirando con dificultad, con los nervios prendidos fuego.

Exactamente igual te sentís vos.

Los llamados telefónicos que te ocupan los siguientes siete u ocho minutos son los de rutina en estos casos: enviar equipos forenses a Studio City, identificar a los comandos que Jack asesinó para defender la vida del hombre que puede darles pruebas a cambio de 'desaparecer', confirmar que el FBI y la policía siguen buscando a Bauer.

Pero a las dos menos cuarto de la madrugada recibís otro tipo de llamada, una que no estabas esperando.

"Almeida" contestás de manera automática.

"Señor Almeida, Kim Bauer está en la línea cuatro" te comunican.

Me pregunto qué habrá pasado ahora.

"Kim, ¿dónde estás?"

"En la comisaría de Santa Clarita" suena calmada, relajada, más tranquila, mucho mejor que la última vez que hablaste con ella.

"¿Qué pasó?"

"No importa" contesta, y te das cuenta que realmente no tiene ganas de empezar a ahondar en eso "No van a darme cargos por asesinato y secuestro" respirás aliviado de que ese tema haya encontrado su solución "Pero todavía sigo necesitando ayuda"

"¿Qué necesitás?"

"Estaban llevándonos de vuelta a Los Angeles y mi novio y yo tratamos de escapar y tuvimos un accidente de auto" te explica "Un oficial de policía resultó herido"

Igualita al padre.

"Bien, voy a llamar a la oficina del Fiscal de Distrito y ver qué pueden hacer" prometés.

"Gracias"

"Kim, estoy seguro de que preferirías estar hablando de esto con tu papá pero sé que probablemente te dijeron que ahora no está disponible"

"¿De qué estás hablando?" de pronto su tono de voz cambia, se vuelve extraño.

"Está en una misión" te limitás a decir.

"¿En una misión?" se sorprende "¿Quiere decir que está vivo?"

¡Todavía creía que había muerto cuando la bomba explotó!

"¡Dios mío, Kim!" expresás tu sorpresa en voz alta "Todavía pensabas que murió en ese avión"

"¿No fue así?" hay definitivamente un rayo de esperanza brillando en esa voz.

"No, no, no, George Mason tomó su lugar. Pudo salvarse a tiempo" no entrás mucho en los detalles, simplemente le das los datos básicos.

"Dios mío" susurra aliviada, y temés que la noticia pueda provocarle un shock nervioso "¿Cuándo puedo hablar con él?" logra articular.

"No hasta dentro de un rato, Kim" acerca de eso tampoco podés dar detalles "Prometo que va a llamarte en cuanto pueda"

"Está bien, gracias" te das cuenta que está llorando de emoción "Gracias, Tony"


El reloj marca la una de la madrugada con cincuenta y un minutos cuando un cuerpo frágil, delicado y ya desgastado por el día terrible al que han sobrevivido cruza la puerta de tu despacho y – casi temerosa, podría describírsela – se queda de pie ahí, sabiendo que notaste su presencia pero esperando a que gires la cabeza y la mires antes de decir lo que tiene para decirte:

"Conozco las reglas" comienza, despacio y con voz clara "Sé que trabajo para vos"

Mi vida, ¿qué clase de bestia soy que hice que te sintieras menos que yo, cuando la realidad es que sos mi princesa, la primera en todo?

"Y si me despidieras no te culparía" sigue.

No está actuando, no está fingiendo: está hablando con humildad y arrepentimiento.

Te gustaría que esta conversación fuera llevada con el lenguaje de la piel, cuánto te gustaría, porque sabés que las palabras sólo van a empeorar las cosas.

Si pudieras, te pondrías de pie e irías a abrazarla; la besarías muy despacio, a penas acariciándole los labios. Si pudieras, la abrazarías tan fuerte como el cuerpo te lo permitiera.

Pero la situación que los rodea es distinta, y no podés usar otro lenguaje que éste que se mezcla, se confunde, es dominado por la bronca y por el ego y las palabras salen equivocadas.

"Esto no se trata de despedirte, Michelle. Esta agencia se supone está apoyando al presidente de los Estados Unidos y al resto del país. Ahora, si no puedo controlar las acciones de nuestros agentes, entonces todo lo que tengo es caos"

"Jack está en una situación imposible" trata de defenderlo "Todo lo que estaba tratando de hacer era ayudarlo a obtener las pruebas de que el audio de Chipre es falso"

"¿Sí? Bueno, ¿dónde están las pruebas?" el ego y el cansancio y la frustración y la bronca martillándote la cabeza otra vez "No tenemos ninguna prueba. No tenemos a Jack. No quiere ser encontrado"

Y yo tengo que ser el director de la CTU y un ser humano al mismo tiempo, que se muere de amor una y otra vez y no puede hacer nada, que tiene que conformarse con robarte miradas de a ratos, que sabe que su destino sos vos pero que de a ratos es asaltado por la inseguridad y el miedo. Yo estoy en una posición difícil.

Antes de que te des cuenta, de los labios cansados y resecos se te escapa una pregunta en tono devastador, la pregunta que querés hacerle desde que la conocés, la pregunta que sigue dándote vueltas en la cabeza y torturándote aún cuando ya tu corazón y alma están rendidos y saben que esa cosita frágil y fuerte a la vez que tenés delante de vos es tu único destino posible, el único rumbo que tomarías, los únicos brazos en los que querés estar.

Y ella lo sabe también: su corazón y su alma lo saben.

Pero necesitás que te lo diga. Necesitás que lo ponga en palabras, que las respuestas que encontrás en su mirada sean expresadas verbalmente.

Lo necesitás tanto que corrés el riesgo de preguntar, cedés a la tentación de preguntar.

"Michelle, ¿qué querés de mi?"

Quiero que me digas que querés amarme.

Quiero que me digas que querés pasar el resto de tu existencia conmigo.

Quiero que me digas que te morirías sin mí.

Pero hoy el lenguaje de las palabras se interpone, mete trabas, confunde todo, mezcla todo, porque ella está en la misma situación que vos después de todo, y la única respuesta que obtenés luego de varios segundos de silencio es:

"Nada más quería pedirte perdón"

Como si hiciera falta. Como si no fuera capaz de perdonarte cualquier cosa, aunque mis actitudes quizá te hagan pensar lo contrario.

Suspirás, y decidís que tiene que irse de tu oficina para que puedas seguir trabajando.

"Sí, bueno, ya lo hiciste" posás la mirada en la pantalla de la computadora "Si no te molesta, tengo trabajo que necesito hacer"

Tengo que acomodar mis ideas y calmarme antes de enloquecer más, tengo que seguir dirigiendo esta unidad, tengo que concentrarme en Jack, en el chip, en Palmer, en la CTU.

Por el rabillo del ojo la ves irse, y el corazón se te astilla un poco más.

El lenguaje de la piel es tan lindo, pero el de las palabras daña tanto.

Y es que la piel nunca miente, con la piel es imposible confundirse. Las palabras, sin embargo, en momentos como estos son presas de las emociones encontradas y salen equivocadas.

Cómo quisieras poder hablarle en el lenguaje de la piel, poder abrazarla, acariciarla, besarla, poder olvidarte del resto del mundo, de todas tus obligaciones, tus preocupaciones, de todo, y existir solamente para ella.

Pero no. Ahora sos el director de la CTU. Ahora estás lidiando con toda esta montaña de problemas. Ahora sos responsable de muchísimas cosas que hacen peso sobre tus hombros. Ahora estás sirviendo a tu país. Ahora estás a la espera de que Jack consiga la información necesaria para saber de una buena vez por todas la verdad sobre esa grabación. Ahora no podés darte el lujo de ser algo más que un agente que responde con palabras entrecortadas y toscas y frases cargadas de frustración y ansiedad.

El lenguaje de la piel, eL lenguaje de las palabras, las ganas de ceder, las ganas de aguantar, el ser humano de carne y hueso, el agente que desea ser robot, lo que podés decir y lo que no, lo que podés hacer y lo que no, las mentiras que son necesarias, las verdades que salen a la luz, la confianza traicionada, la incapacidad de no perdonar, el miedo, la bronca, la frustración, la humillación, el amor, la locura, en los últimos sesenta minutos aquellas cosas se mezclaron y te dejaron la cabeza aún más dada vuelta.

Lo único que te queda en claro después de haber vivido la última hora con sentimientos encontrados y comportamientos contradictorios, es que si el lenguaje es otra piel, entonces deberían tocarse más.