Lo siguiente tiene lugar entre las 3:00 y las 4:00 de la madrugada del 5 de septiembre.

Los hechos ocurren en tiempo real.


Una máquina de pensar en ti,

Eso es lo que soy,

Eso es lo que siempre fui.

La cantidad de casilleros que avanzaste en el tablero de juego es increíble. Si miraras hacia atrás, verías que en este preciso instante estás muy lejos del sitio del que arrancaste esta mañana, cuando ella era simplemente algo que no podías tener todavía porque no te animabas a dar el primer paso, porque tu corazón y tu alma aún estaban envueltos en cristal.

Son las tres de la madrugada y estás en la oficina que corresponde al director de la CTU - cargo que ocupás desde hace unas seis horas -, viéndola a ella tomar el último sorbo de café que preparaste especialmente para que compartieran los dos.

Ese fue el sabor que sentiste cuando intensificaste el beso y tu boca se perdió en la suya: café, crema, azúcar y leche. Podrías describirlo con solamente un puñado de palabras: intoxicante, adictivo y dulce, porque estaba mezclado con algo especial que es únicamente suyo. El café que están compartiendo ahora no es tan infinitamente placentero como lo son sus besos; es simplemente un gusto parecido, similar, pero que lejos está de causar en vos el efecto que tuviera unos veinte minutos atrás, cuando ella estaba en tus brazos y sentías que el Universo entero cabía en ese instante robado de intimidad.

Si antes a duras penas podías controlarte y mantener tu cabeza dividida en un sector enteramente dedicado a pensar en ella y otro sector abocado al trabajo, ahora digamos que ambos fragmentos se han fundido hasta convertirse en lo mismo: no hay principio ni fin para tus líneas de pensamiento, y todos sin excepción alguna en cierto modo la involucran a ella.

Sos una máquina de pensar, eso es lo que sos, lo que siempre fuiste. Sos una máquina de sentir, también; siempre lo fuiste, lo sos y lo serás. Pero generalmente ambas máquinas funcionaban paralelamente, una nunca tocaba a la otra, jamás se mezclaban los engranajes de una con los de la otra.

Ahora sos una máquina de pensar y sentir; ambos procesos tienen lugar al mismo tiempo. En eso te convertiste como consecuencia de enamorarte loca, perdida y profundamente de Michelle Dessler. Y después de meses enteros de dar vueltas alrededor del asunto, ser consumido por las dudas y el miedo, poner vos mismo trabas y levantar muros a tu alrededor, de golpe y sin pausa en menos de veinticuatro horas absolutamente todo cambió en tu vida; los sucesos que ocurrieron en los meses que tenés detrás de tus espaldas quedaron reducidos a cenizas con lo que aconteció hoy, y ahora reconocés que sos una máquina de pensar y sentir encerrada en la cabeza de un ser humano de carne y hueso que nunca más volverá a ser robot.

Durante las últimas horas fuiste bajando la guardia, ella fue rompiendo los muros de cristal que te rodeaban, fuiste entregándote, debilitándote, transformándote en arcilla en sus manos, hasta llegar al extremo de firmar tu confesión cuando le dijiste que sentías lo mismo, y abrir el corazón cuando intentaste explicarle que ella fue la causa por la que rompiste tu promesa de mantener el plano profesional separado del personal; letra a letra escribiste tu sentencia, cada mirada y cada caricia la tinta perfecta, y con ese beso sellaste un pacto en el que le entregaste el alma, el corazón, los días que te queden de vida y hasta tu mismísima eternidad.

En casi treinta y cinco años y con un historial más que amplio de mujeres en tu haber, jamás experimentaste con ninguna de ellas la euforia, necesidad, pasión y deseo profundos que ella supo despertar.

De ninguna te enamoraste, decididamente. Porque el amor no se parece a nada que ya hayas vivido antes.

Amor es esto que sentís ahora, en este preciso momento, esta sensación dulce que te quema el pecho y que quisieras nunca se apague. Amor es esta mezcla de ternura e inocencia que te acaricia el estómago en forma de mariposas mientras observás como sus manos perfectas – tanto que parecen de porcelana – se cierran alrededor de tu taza.

Su sonrisa tímida y mejillas sonrosadas la vuelven aún más hermosa, si eso es posible.

"¿Te sentís mejor?" preguntás en un susurro débil cargado de preocupación.

Te confesó que estaba cansada y asustada, y no querés hacer otra cosa que aliviarla. Quizá un jarrito de café con leche y unos minutos de paz para que estén los dos en la soledad de tu oficina no sean mucho, pero bajo estas condiciones no podés darle más, sólo estos pequeños gestos.

"Mucho mejor" contesta con sinceridad.

"¿Cómo está la mano?" preguntás cuando tu mirada se posa en el vendaje que con el paso de las horas ya no es blanco si no grisáceo.

"Ya no duele" está mintiendo, lo sabés, y la forma en que tus ojos se entornan le avisa que no le crees, por lo cual decide confesar la verdad ": Duele un poquito"

Tu anatomía se mueve – no muy graciosamente debido al rengueo de la pierna – hasta llegar a ella, y siguiendo los impulsos y emociones que te dominan tomás su mano entre las tuyas, la alzás hasta que queda a la altura de tus labios y besás muy despacio las yemas de cada uno de sus dedos.

"Gracias" murmura sonrojada una vez que la soltás, y el brillo renovado que ves refulgiendo en sus ojos indica que entre tus besos, tus palabras, tus caricias y esa taza de café compartida de algún modo lograste darle un poco de fuerza para mitigar su cansancio y un poco de calma para vencer sus miedos.

Un instante de silencio flota en el aire entre ambos. Rascás el costado izquierdo de tu rostro con tu mano derecha, hábito común y característico en vos, al tiempo que ladeas un poco la cabeza para echar un vistazo al piso principal de la CTU a través de las paredes de vidrio; están todos ocupados, haciendo algo, yendo y viniendo, tecleando febrilmente, hablando por teléfono. Si te inclinaras hacia adelante y te acercaras a ella, podrías robarle un roce de labios y nadie se percataría. Sin embargo, corrés el riesgo de empezar y no frenar.

Tu debate interno dura poco: es interrumpido por el sonido del teléfono.

"Ryan Chappelle acaba de llegar" cuando la breve comunicación finaliza le informás esto a Michelle, quien sigue ahí a escasos metros tuyos, la taza ya vacía aún en sus manos.

"Puedo ir a recibirlo" propone. Sabe que la presencia de Ryan en la CTU no te hace ninguna gracia, y quiere aligerar un poco este peso con el que te corresponde cargar por ser el director de la Unidad.

"Realmente apreciaría mucho eso" le decís con una sonrisa.

"Gracias por el café" susurra cariñosamente al tiempo que deposita la taza sobre la superficie de tu escritorio con mucho cuidado; no pasa desapercibido por vos que da a ese pedazo de loza más importancia de la que debería simplemente porque sabe que tiene un significado especial para vos.

Con cada cosa que hace, la amás más.

Otros dos segundos queda en tu oficina. Ambos se miran a los ojos, sin necesidad de usar palabras.

Solo nuevamente, acaricias con la yema del dedo el borde de la taza, pensando en que los rastros de sus labios y los tuyos están ahí.

Suspirás, sonreís y decidís que es tiempo de bajar y dar la bienvenida a Ryan Chappelle, aún si lo que menos querés es que ande complicando las cosas más de lo que ya lo están.

La pierna te duele bastante (en realidad, te duele muchísimo) y las muletas son muy incómodas (en cuanto tengas oportunidad vas a deshacerte de ellas), por lo cual bajar todos esos peldaños es molesto (ni hablar de subirlos).

Cuando llegás a destino, lo ves acercarse, vestido con impecable traje negro, el escaso cabello ralo castaño claro bien peinado con el propósito de disimular su calvicie prematura, los pequeños ojos azul verdosos haciendo un rápido análisis del lugar y su nariz larga y aguileña dándole aspecto de boxeador retirado. Es un hombre delgado de baja estatura – mucho más bajo que Michelle, y definitivamente mucho más bajo que vos -, pero de alguna forma irradia algo que despierta en la gente respeto y necesidad de subordinación.

A Chappelle le encanta la subordinación.

"Tony..." te saluda, extendiendo su mano pequeña para que la estreches.

"Hola, Ryan"

Con voz firme te lanza un cumplido inesperado:

"Buen trabajo"

Por una fracción de segundo esa máquina de pensar que tenés en la cabeza sufre un colapso, se le traban los engranajes, y cruza fugaz por tu mente la impresión de que está felicitándote por haberte animado a dar rienda suelta a lo que sentís por Michelle. Antes de que pueda reflejarse en tu rostro cualquier signo de confusión, te das cuenta que en realidad ese comentario iba dirigido a lo que la CTU en general ha estado haciendo durante las últimas veinte horas y no a los avances en tu vida amorosa.

Sin embargo, debería cerciorarme.

"¿Buen trabajo con qué?" preguntás, sólo para estar seguro.

"Sé que Bauer está tratando de cambiar nuestra postura respecto al audio de Chipre"

Y para tu alegría también me convenció a mí de que podría ser falso.

Sabés que lo que tenés para decirle va a gustarle poco y nada, pero es mejor que vaya enterándose ahora que vos también crees que están cometiendo un error al no seguir investigando los orígenes de la grabación.

"Eso no es exactamente verdad" decidís comenzar despacio.

"Como sea, no tenés que explicar" te corta "Estoy contento que no estés dejando que él tire de las riendas"

Tierra, abrite bajo mis pies y tragáme.

"Jack podría tener razón. Está en el medio de una investigación..."

"No quiero escuchar eso" vuelve a interrumpirte "Estamos a punto de atacar al Medio Oriente. Deberíamos estar procesando datos internacionales para apoyar la operación"

"Tengo a la mayoría de mi gente en eso" le asegurás, pero no lo conforma.

"Quiero a toda tu gente en eso"

Quizá si presionás un poco más, si hacés un intento por lograr que entre en razón y comprenda que a veces vale la pena invertir tiempo escuchando ambas campanadas...

"Ryan, ¿no crees que debemos eliminar cualquier duda razonable acerca de la autenticidad de la grabación?" preguntás. Vos mismo tuviste tus cuestionamientos, vos mismo decidiste dar por hecho que el audio era verdadero en cuanto los técnicos dijeron que no había motivos para pensar lo contrario, pero si hay algo que aprendiste hoy es que jamás debe darse todo por sentado.

"Tu departamento ya autentificó la grabación" te mira directo a los ojos "No me hagas parecer el tipo malo acá, Tony" te pide exasperado, y luego decide poner en práctica uno de los tonos que más le gustan: el de amenaza "George Mason podrá haberte recomendado para dirigir la CTU, pero necesitás mi bendición para quedarte. Asumo que eso es lo que querés"

¿Acaso está diciéndote de manera amable que tu mejor opción en estos momentos es estar de acuerdo con su manera de hacer las cosas si querés conservar tu promoción?

Honestamente, te encantaría quedarte como director de la CTU una vez que las cosas se calmen, pero tampoco llegarías al extremo de cambiar tus opiniones o dejar de pelear por lo que crees correcto para congraciarte con el hombre que tiene en sus manos el poder de destituirte y mandarte a hacer trabajo de oficina si un día se despierta con los cables cruzados y así lo desea.

"Lo que quiero es hacer lo que sea correcto en esta situación" le dejás en claro.

"Lo que es correcto es seguir la cadena de mando" es su contestación, y a eso no tenés cómo arremeter "Poné a todos en respuesta doméstica" te ordena, y luego sigue camino para continuar con su inspección del lugar.

Exhalas, cansado, y con la palma de la mano frotás tu frente.

Quisieras regresar a tu oficina, llamar a Michelle, pedirle que suba y esconderte con ella del resto del mundo; abrazarla, besar las yemas de sus dedos otra vez, escuchar su respiración, simplemente verla existir y disfrutar esos pequeños detalles de su persona que en tu opinión contribuyen a que sea perfecta.

Pero con Chappelle dando vueltas por ahí, respirándote en la nuca y amenazándote con retirarte del juego si no acomodas tus opiniones a las de él, tenés cosas menos placenteras de las cuales ocuparte.

Y, por otro lado, está una sensación que se acrecienta dentro de vos, se esparce por tu mente y se anida en tu estómago causando una punzada de acidez: Jack todavía no llega.

La última vez que hablaste con él, estimaba estar en la Unidad con el chip dentro de los siguientes veinte minutos, y ya ha pasado una hora.

Suspirás, cansado. La máquina de pensar y sentir funciona con más fuerza segundo a segundo, presionando tu cerebro, logrando que una jaqueca comience a gestarse.

Regresás a tu oficina – en la que esperás que Ryan se instale dentro de poco, y te sorprende que aún no lo haya hecho – y seguís trabajando tratando de ignorar el mal presentimiento que se enciende como una lucecita roja y con su titilar molesto te recuerda la avalancha de dificultades que van a caerles a todos encima si Jack Bauer no llega pronto con las pruebas que dice tener.

La acidez no se va, sin embargo; de hecho, pasados unos minutos se agrava cuando ves la pequeña y agitada figura de Michelle Dessler corriendo escaleras arriba.

"Tony..." llama tu nombre casi sin aire.

Estás a escasos metros de la puerta de tu despacho, y ella yace de pie delante de vos, tratando de volver a respirar con normalidad después de haberse apresurado tanto. El estado en el que está te recuerda a la forma en que luchaba por conseguir algo de aire segundos luego de que se besaran; te quitás ese pensamiento de la cabeza antes que el recuerdo haga que tus labios se curven en una sonrisa totalmente inapropiada frente a su incuestionable conmoción.

"¿Qué pasa?" preguntás.

"Acaba de entrar una llamada. Creo que era de Jack"

Enseguida tu cuerpo entero se tensa y entrás en estado automático de alerta.

"¿Qué dijo?"

"Perdimos la señal"

No importa, el viento sigue soplando a nuestro favor te recordás en un rapto de optimismo.

"¿Trataste de volver a llamarlo?"

"Puse un auto rastreo en el número en caso de que vuelva a llamar otra vez"

"Andá a Despacho" se te ocurre "Quizá captaron la entrada. Averiguá si era un celular o una línea muerta"

Si Jack está en problemas e intentando comunicarse con nosotros, hay que empezar a buscar la punta del hilo para deshacer el ovillo.

Michelle se va de inmediato a hacer lo que le pediste, y antes de que puedas volver a meterte en tu oficina ves a Ryan Chappelle aproximarse hacia vos. No te diste cuenta mientras estabas hablando con ella, pero se encontraba en el otro extremo del pasillo con una de las personas que lo acompañaron desde División, y observó la escena desde allí.

"¿De qué se trató todo eso?" cuestiona; se percató de lo alterada que estaba Michelle y de cómo vos respondiste a la noticia de que Jack – quien hace rato debería haber arribado – trató de entrar en contacto con ustedes.

Va a ser mejor que le digas la verdad sin rodeos.

"Jack Bauer acaba de tratar de contactarnos. Perdimos la señal"

"Ya te dije: no quiero a Bauer distrayéndote a vos o a tus recursos. Lo que sea que esté haciendo ahí afuera es irrelevante" te recuerda en un tono bastante similar al que usaría un maestro de escuela elemental para reprender a un alumno que no está prestando atención en clase o que no llevó hechos los deberes.

"No estoy tan seguro de que lo sea, Ryan" discutís. Ya estás bastante grandecito, hace años que terminaste tus días de estudiante, y no van a decirte cómo tenés que hacer tu trabajo "Jack debe tener pruebas de que el audio de Chipre fue fabricado. Dice que va a traerlas dentro de esta hora"

En realidad ya tendría que estar acá.

"Si él tiene pruebas, que venga y las presente" ¿es acaso un desafío el que está planteando tu jefe? "Pero quiero que mantengas tu ojo en la bola, Tony" te previene.

Luego, se da la media vuelta y se dirige escaleras abajo, dejándote solo.

Ingresás nuevamente a la oficina para continuar ocupándote de los asuntos que estabas atendiendo antes de que tus ojos captaran a Michelle subiendo turbada y salieras fuera a ver qué ocurría.

Te preguntás dónde estará Jack ahora, haciendo qué, con quiénes y si aún está en posesión del chip. Te preguntás por qué todavía no llegó a la CTU, cuál habrá sido el motivo de su demora, y – pensamiento turbio elaborado por esa máquina que tenés funcionando a mil por hora ahí arriba en tu cabeza – si se encuentra en apuros o envuelto en una situación peligrosa.

Tratándose de Jack, todo es posible. Y no me extrañaría en lo absoluto que estuviera en un aprieto.

Querés dejar de prestar atención a esas conjeturas esporádicas que con una frecuencia cada vez mayor aparecen, pero obviamente no podés. Querés dejar de acariciarte los labios con la yema de tu dedo índice y repetir sin descanso en tu mente los recuerdos del beso: el sabor a café, crema, azúcar y leche en su boca, las dos texturas rozándose una a la otra, su perfume viciándote, el calor que emanaba su cuerpo cuando la abrazaste, el gusto agridulce de las lágrimas que se mezclaron en el beso, la suavidad de sus mejillas húmedas debajo de la palma de tu mano mientras la acariciabas, las mariposas volando libres por todo tu estómago, tus pulmones llenándose de una sensación dulce producto de la maravillosa falta de aire consecuencia de estar demasiado ocupado besándola con locura como para acordarte de respirar.

Si no frenás pronto a esa máquina de pensar y sentir, vas a volverte loco.

Pero sabés que no tenés muchas posibilidades de que los engranajes se detengan.

Una máquina de pensar en ella, eso es en lo que te transformaste, eso es lo que sos desde el día en que entró en tu vida, eso es lo que vas a ser por el resto de tus días, en todo momento, en toda circunstancia, en todo escenario.

Una máquina de sentir amor por ella, eso es en lo que te convertiste, eso es lo que sos desde hace meses – hayas tenido el valor de reconocerlo o no -, eso es lo que vas a ser por el resto de tu existencia, en todo instante, en toda ocurrencia, en todo espacio.

Pasados varios minutos en los cuales te dividiste entre tus pensamientos, sentimientos y el trabajo, decidís que juzgando por el tiempo que ha transcurrido desde que le pediste que fuera a averiguar desde dónde había llamado Jack ya debe contar con algún dato, sea útil o no.

La realidad es que estás usando eso como excusa para bajar a verla. Si hay algo que extrañás de tu antiguo puesto de trabajo es que tu escritorio esté cerca del suyo y no a metros de distancia y en otro piso. Gracias a Dios que tenés esas paredes de vidrio para seguir robándole miradas y observarla, porque caso contrario enloquecerías.

Maldiciendo por lo bajo a las muletas, llegás hasta su escritorio.

Sabés que Chappelle debe estar deambulando por ahí, fijándose en todo y prestando atención desmesurada para captar movimientos o comportamientos extraños, por lo cual resolvés hablarle en susurros y aparentar estar discutiendo cualquier cosa menos el paradero de Jack Bauer.

Ladeás tu cuerpo para apoyarte sobre el borde del mueble, y sentís enseguida como su ser entero se tensa al percatarse de tu presencia.

En algún lugar los relojes están marcando las tres de la madrugada con cuarenta y dos minutos.

"¿Qué averiguaste en Despacho?"

"Jack me llamó con un celular. Provino de algún lugar entre Encino y Studio City"

Ubicás esos dos lugares en tu mapa mental.

"Bien" comenzás "... Estaba en un centro médico de urgencias hace como dos horas" ahí se había dirigido cuando escaparon del grupo comando que asesinó a Wallace, para que éste fuera asistido "Si estaba viniendo para la CTU probablemente haya tomado la 101 o la 5" siempre fuiste bueno en Geografía y conocés la ciudad de Los Angeles como a la palma de tu mano, lo cual te enorgullece.

De repente tu máquina de pensar hace que te preguntes cuáles asignaturas serían las favoritas de Michelle cuando iba a la escuela, en cuáles era buena, cuáles le costaban, cuáles detestaba...

Ya vas a tener tiempo para hablar de eso y aprender cada detalle de su vida. Ahora prioriza el trabajo.

"¿Querés que revise el satélite?" ofrece.

"No" contestás sin dudar "Eso sólo alzaría la bandera roja con Chappelle" y lo que menos necesitamos es seguir llamando su atención o dándole motivos para que nos mantenga aún más vigilados "Y es lo último que necesito ahora" expresás en voz alta.

"¿Y los canales de la policía?" sugiere "Quizá como no pudo contactarnos a nosotros probó con un número local"

La teoría es buena, y es lo mejor con lo que cuentan en este momento, pero tenés que asegurarte de que no vayan a atraparlos intentando ubicar a Jack cuando Ryan aclaró explícitamente que lo que fuera que estaba haciendo carecía de relevancia.

"¿Podés monitorearlo sin ser detectada?"

"Sí" responde segura de sí misma.

"Bien, entonces adelante" aprobás.

Asiente levemente con la cabeza y comienza a encargarse de eso.

A medida que – a regañadientes – te alejás de su estación de trabajo, esa máquina de pensar que sos se pone a zumbar más fuerte, saliendo de ella frases sueltas que resuenan en tus oídos, desde unas que te dicen que Jack debe estar con el agua hasta el cuello y que así van a terminar Michelle y vos si Chappelle los descubre, hasta otras mucho más lindas que tienen que ver con lo terriblemente inteligente y habilidosa que es con las computadoras, y cuánto te hubiera gustado quedarte haciéndole compañía mientras arriesga el pellejo para defender lo que cree correcto.

Decidís quedarte dando vueltas por el piso principal, dado que no hay mucho más para hacer en tu despacho; además, querés mantener un ojo puesto en Ryan y asegurarte de que se mantenga ocupado con otras cosas en lugar de andar investigando en lugares donde no se necesitan sus narices metidas.

Cerca de las tres de la madrugada con cincuenta y dos minutos (no podés creerlo: la hora se deslizó por entre los dedos) Carrie Turner se cruza en tu camino, encontrándote en una zona bastante apartada del resto, aquella que linda con la escalera que conduce a la oficina del director y que está en diagonal a no muchos metros de la tarima desde la cual anunciaste al personal de la CTU el fallecimiento de Mason, sobre la cual ahora están parados Chappelle y un grupo de sus asistentes revisando un manojo de papeles que incluso a lo lejos lucen aburridos.

Al verla venir esperás que no sea con intención de entablar conversación, porque ya ni hace falta decir que ha ido gradualmente convirtiéndose en un ser que no te agrada en lo absoluto, pero los planes de Carrie son diferentes a los tuyos, que incluían esquivarla magistral y delicadamente y que cada uno siguiera su camino.

"Chappelle va a enterarse" es la frase con la que te encara, y su tono de voz te recuerda al que Martina, tu hermana menor, emplea cuando larga alguna de sus sutiles y suaves amenazas.

La diferencia es que sabés que Martina jamás haría algo para dañar a una persona por mucho que ésta no le cayera en gracia, pero Carrie no tendría problemas en jugarse la mano entera de cartas si eso le trae algún beneficio.

La máquina de pensar y sentir se activa y se dibuja en tu mente la idea de que – tal como Michelle dijo que sucedería – Carrie no va a dejar pasar por alto el hecho de que los vio escondidos en un pasillo oscuro, besándose, presunción que desemboca en tu corazón salteándose un latido, no porque le tengas miedo si no porque no querés que nadie se entere de tu relación con Michelle todavía.

"¿De qué estás hablando?" preguntás, haciéndote el desentendido.

"Te dijo que no desperdiciaras más tiempo buscando a Jack, pero eso es todo lo que Michelle y vos están haciendo"

Así que de eso se trata. Muy lista, muy observadora. Debe dormir enroscada.

"¿No deberías estar trabajando en lo tuyo?" respondés.

"No me evites, Tony" te previene "Sólo estoy tratando de ayudarte a conservar tu trabajo" comenta con un dejo de fingida inocencia.

"¿En serio?" preguntás, sarcástico y escéptico "¿Haciendo qué?"

"No diciendo nada"

"Bien" asentís con la cabeza "Entonces no digas nada"

Querés avanzar dar por finalizado el argumento, pero te impide el paso.

"Quiero algo a cambio"

Ya te lo veías venir. Imposible que no sucediera.

De todas las personas que División podría haber enviado para reemplazar a Paula, justo tenía que ser Carrie.

Su actitud está empezando a sacarte de quicio y a crisparte los nervios. Te imaginás por un momento lo que debe haber sufrido Michelle trabajando para ella.

"¿Y ese 'algo' que sería?" en cuanto el interrogante termina de salirse de tus labios, te arrepentís de haberle seguido el juego.

"Michelle trabajaba para mi en Distrito" si, y viéndote a vos no me caben dudas de por qué pidió una transferencia "Las cosas funcionaban muchísimo mejor de esa manera" sigue, dándose aires de superioridad "No está calificada para ser mi jefa" claro que no; está calificada para ser mi jefa, y probablemente la jefa de Chappelle y de Hammond. En vos ni tendría que reparar, está calificada para ocuparse de cosas más importantes "Por eso las cosas han estado tan complicadas" las cosas se complicaron desde el principio por culpa de tus actitudes y de tu maldad cruda, no por nada que ella haya hecho ni por su supuesta incompetencia.

"Querés el puesto de Michelle. ¿De eso se trata esto?" reflexionás en voz alta.

"Sí. Y asumo que vos querés conservar tu puesto"

No tanto como quiero protegerla a ella.

"Sí" admitís secamente, pero no agregás más.

Podrías ir a Chappelle y decirle que debería dar a Carrie el puesto de Michelle y enviarla a ésta a su casa porque ha estado bajo grandes niveles de presión y necesita descansar. Podrías decirle que no se encuentra bien y que precisa dormir y reponerse antes de que su cuerpo le cobre las veinte horas de trabajo arduo que lleva, y que pueden darse el lujo de permitirle retirarse porque Carrie es perfectamente capaz de cubrirla.

Pero para ser totalmente honesto, entre dejar que Carrie te extorsione y ceder a sus peticiones y arriesgarte a que Chappelle te haga juntar todas tus cosas en una valijita y te envíe a tu casa a sentarte en un rincón y pensar en lo que hiciste, la segunda opción luce mucho más atractiva.

Además, si bien la parte de tu ser que se preocupa hasta extremos insospechados por ella sabe que a su salud tanto esfuerzo, sacrificio, nervios y tensión no van a hacerle bien y que debería irse a descansar, hay otra parte que la ama y respeta demasiado como para interponerse de algún modo a su deseo de quedarse allí y seguir trabajando para ayudar a su país en momentos de crisis.

No vas a traicionar a la mujer que amás. No vas a usarla como si fuese un objeto de trueque y darle a Carrie su puesto de trabajo a cambio de conservar el tuyo.

Te metiste en esto de ayudar a Jack a espaldas de tus superiores a sabiendas de que era riesgoso, y no vas a esconder la cabeza en la arena ni dejar que otros paguen el precio que te corresponde a vos por haberte insubordinado haciendo lo que crees es correcto.

Volteás la cabeza y la dirigís hacia donde está Ryan. Alzando la voz, lo llamás:

"Señor Chappelle" levanta la vista de los papeles que está examinando ", ¿podría venir un minuto?" pedís.

"¿Qué necesitás, Almeida" te ladra sin moverse de su posición, visiblemente molesto porque lo interrumpiste.

"Carrie tiene algo que decirle" anunciás, y sentís como el cuerpo que está junto al tuyo se tensa de manera desagradable.

A Ryan le llevan menos de diez segundos ir hacia donde están ustedes.

"¿Qué pasa, Carrie?" inquiere, pero ella no habla, no dice ni una palabra "¡¿Bueno?!" se impacienta Chappelle al ver que no se le mueve ni un músculo.

Decidís intervenir.

"Carrie estaba tratando de extorsionarme para obtener un asenso prometiéndome mantener la boca cerrada" anunciás sin que te tiemble el pulso; después de todo, no es nada más ni nada menos que la verdad. Luego la mirás a ella, que no puede creer que hayas dicho eso, y con ironía le preguntás "¿Era así, no?"

"¿Callarse la boca acerca de qué?" inquiere un irritado Chappelle.

Y ahora a Carrie le crece de nuevo la lengua que antes parecía se habían comido los ratones:

"Él y Michelle siguen tratando de encontrar a Jack Bauer. Estaba tratando de darle a Tony la cortesía de un aviso" se apresura a mentir, poniendo cara de buena samaritana "Iba a decírselo, señor Chappelle"

"Es suficiente, Carrie" la frena "Volvé al trabajo"

No necesita decírselo dos veces porque los deja solos caminando tan rápido como le es posible sin echar a correr desesperada.

Ryan te mira a los ojos y sabés que lo que viene a continuación va a ser un sermón desagradable; podés percibirlo en su mirada.

"Pensé que había sido claro, Almeida" comenta "Ya dejamos a Bauer atrás"

"No, señor. Usted lo dejó atrás, yo no" decís firmemente "Sigo siendo el director de la CTU y estoy colocando recursos razonables para asegurarme de que contamos con todos los hechos" es hora de que hagas valer el peso del lugar que ocupás "Ahora, si no está cómodo con que yo tome mis propias decisiones, le sugiero que me releve de mis obligaciones ahora mismo"

Fue arriesgado, pero una parte de vos sabe que Ryan no va a pedirte que dejes tu cargo porque nadie más podría ocuparlo en estos momentos, y él no está en posición de hacerse cargo de la Unidad.

"Eso no va a ser necesario" es su contestación.

"Gracias, señor"

"No me lo agradezcas. Simplemente no tengo nadie que pueda ocupar tu lugar ahora mismo" confirma lo previamente sospechado. Y antes de dar por finalizada la cuestión, agrega algo que tampoco necesitás que te recuerden porque lo tenés muy en claro "No me gusta la insubordinación"

Mientras lo observás alejarse para volver a lo que sea de lo que Carrie y vos lo hayan distraído unos minutos antes, pensás en todo lo que podría caer al vacío simplemente porque a Chappelle no le gusta la insubordinación ni tiene tiempo para escuchar las dos campanadas de la historia o conceder espacio a dudas razonables que valen la pena ser analizadas.

Cuando te das la vuelta segundos después de finalizada la discusión con tu jefe, ves a Michelle parada junto a su escritorio a unos pocos metros de distancia, con sus ojos clavados en vos. Estás seguro de que escuchó todo – se encuentra lo suficientemente cerca como para que las palabras hayan alcanzado sus oídos – y lo que ves en esos dos pedazos negros de océano es amor, admiración, preocupación y agradecimiento en estado puro.

Tu máquina de pensar y sentir está sobrecargada y la sentís a punto de estallar dentro de los límites de tu pobre cabeza.

Carrie, Chappelle, Michelle, Jack, el chip, el audio de Chipre, Palmer, la tercera guerra mundial, sus besos, el contacto entre tus labios y las yemas de sus dedos, el gusto a café dulce que tenés en la boca, tu pierna, tu cansancio, tus nervios...

Sin embargo, cuando las manecillas del reloj se posicionan indicando que ya son las cuatro de la mañana, hay una sola frase que te persigue, acurrucada en un enorme y brillante signo de interrogación, la pregunta cuya respuesta podría ser clave para solucionar varios enigmas y guiarlos hacia el final de esta situación antes que las aguas se desborden, el viento cambie de dirección y se dé vuelta el barco.

Jack, ¿dónde demonios estás?