¡Hola!

Primero que nada muchas gracias a todos aquellos que seguéis mi fic, a los de los reviews ahora os respondo, Caro a ti te contesto en las notas finales.

Este capítulo es notablemente más largo, espero que lo disfrutéis


Capítulo 3: Adiós, máscaras

Hinata caminaba silenciosa por el salón de su casa, sus padres estaban en una de esas comidas de negocios y cosas por el estilo y Hanabi estaba encerrada en su habitación, como siempre. La joven hurgó en la licorería de su padre, sacando una botella de ron que estaba en el fondo, una de esas que valían demasiado para lo que eran y que seguramente habían sido un regalo. No era la primera vez que le robaba una botella a su padre, aún recordaba lo mal que lo pasó la primera vez pero ahora sabía a ciencia cierta que ella sería la última persona de la que sospecharían. Su padre la veía como una niña obediente y sumisa que jamás sería capaz de realizar un acto rebelde. Ay papá, si supieras pensó la chica con burla. Era cierto que comparada con sus amigas era de carácter débil pero con los años había perdido esa sumisión que la caracterizaba, en parte por influencia de ellas y en parte porque ya estaba harta. Si seguía comportándose de esa forma era porque le resultaba mucho más cómodo. Siendo así su padre no la presionaba, ya había perdido toda esperanza en que ella heredase la empresa, el hombre quería que la joven estudiase y se casase con algún hombre rico. Porque si algo sí sabía era que su hija sería una esposa perfecta, educada, tranquila, paciente, buena cocinera, obediente y para nada caprichosa e insistente. Sí, sin duda lo único que tenía planeado su padre para ella era un buen matrimonio. Chasqueó la lengua ante ese pensamiento, le molestaba pero aún así prefería no rebelarse.

Subió a su habitación con paso tranquilo, acariciando la madera de las escaleras con sus pies descalzos, total ya hacía calor por lo que podía ir descalza sin congelarse. Esa era una pequeña costumbre que siempre se permitía cuando sus padres no estaban para regañarle por eso. Llegó hasta la puerta de su habitación pero antes de entrar le dirigió una mirada a la puerta de su hermana, suspiró. Cuando por fin empezaba a entenderse mejor con ella Hanabi entró en la adolescencia, con unos cambios terribles de humor y un espíritu rebelde que enloquecía a todos en la casa. Una parte la envidiaba por poder mostrarse como era pero otra parte decía que ser como ella era mejor, más cómodo. Ella podía hacer lo que quisiera, ocultándose tras su inocencia y dulzura, Hanabi se pasaba la vida castigada y discutiendo con sus padres. Que malos son los quince años. Cuando ella tenía su edad aún se pasaba la vida metida en casa, temerosa de desobedecer a su padre, aún le costaba relacionarse con los demás y le costaba mantener la mirada a los desconocidos. Fue con esa edad con la que comenzó a cambiar, fue con esa edad cuando comenzó a abrirse a sus amigas, fue entonces cuando dejó de temblar cuando Naruto se le acercaba, aunque bueno en ese aspecto a penas había avanzado, ahora se sonrojaba y paralizaba pero conseguía hablarle, entre tartamudeos, sí pero él al menos podía entenderle. Igual que había hecho ella esperaba que su hermana también pudiese avanzar, abrirse más a los demás y dejar esa pose arrogante que alejaba a los otros, porque la pequeña tenía algo que alejaba a los demás. Si ella inspiraba ternura, Hanabi inspiraba temor. Bufó, ya dejaría ese tema para otro momento, después de todo ese día le pertenecía, a ella y a sus amigas.

Entró de una vez en el cuarto, lo primero que hizo fue esconder la botella debajo de la cama, por si acaso. Se acercó al gran ventanal, se sentó en el pequeño asiento que había bajo la ventana y dejó que su vista vagara por el paisaje que se mostraba ante ella. Uno de marzo, dentro de una semana empezaban los exámenes finales, tres días que todos temían y dentro de menos de tres semanas se graduarían. Serían libres por fin, todas ellas. Sería entonces cuando sus vidas empezarían de verdad. Todas irían a la universidad de Tokyo, bueno eso era lo que sus amigas pensaban porque la triste verdad era que ella iría a Londres, sí, su padre ya lo había dispuesto todo para su marcha. Pero ella se lo había callado, como hacía siempre que algo le preocupaba. Prefería recordar a sus amigas con momentos felices, no quería que la mirasen con tristeza, sabiendo que pasarían cuatro años sin verla. Que durante sus mejores años de vida Hinata estaría lejos, que todo lo que habían planeado no iba a hacerse realidad, porque ella no estaría. Y era por eso mismo que no se había declaro a Naruto ¿para qué si iba a dejar de verlo dentro de nada? Negó con la cabeza y soltó una maldición, no, ese día no podría estropearlo nada, ni siquiera su marcha a Londres. Ese día les pertenecía y no iba a permitir que nada se lo arrebatase. Se recostó contra la pared y cerró los ojos, dejando que su mente viajase por un mundo que le pertenecía, a ella, sólo a ella.

Sakura bailaba por su casa, rebosante de energía, con la música alta, llevaba unas mallas negras largas y una camiseta de manga larga ancha, su ropa de los fines de semana. Estaba feliz de estar por fin sola en casa, se sentía tan libre. Canturreó la canción que estaba escuchando en esos momentos mientras arreglaba el salón, sacando los puffs, moviendo los cojines. Todo tenía que estar perfecto para cuando las chicas llegasen a su casa. En sus ojos verdes se podía apreciar lo ilusionada que estaba con todo eso. Se recogió el pelo en una coleta alta, su pelo rosa le llegaba a media espalda y ya estaba harta de él, quería cortárselo de una vez como cuando era niña. Pero aún no, tenía que esperar a graduarse, entonces se lo cortaría, para ella era una especie de ritual, uno muy importante. Suspiró y se dirigió a su cuarto, dentro de unos minutos aparecería Ino para ir a comprar todo lo que necesitaban y sabía muy bien que la rubia se burlaría de su indumentaria. Se dirigió a su cuarto, ordenado e impecable, todo lo contrario a ella, sonrió irónica ante ese pensamiento. La Haruno Sakura que todos conocían era una fachada, era cierto que con los años se había deshecho de varias cosas como su obsesión por Sasuke o su inocencia pero la gente seguía viéndola como una chica inteligente, que lo era, pero el problema no era lo que veían si no lo que no. Nadie, a excepción de sus amigas por supuesto, se fijaba en lo maliciosa que podía llegar a ser ni en lo falta de cariño que estaba, nada, sólo veían a la chica inteligente que seguía enamorada de Sasuke, una chica con una apariencia impecable pero cuando se enfadaba daba terror, tampoco veían a la muchacha que necesitaba divertirse, la misma que ansiaba libertad. Nada, ellos sólo se quedaban con la superficie y con el tiempo ella se había amoldado a esa faceta suya, ocultando muchas veces sus pensamientos, dejándose llevar por lo que ocurría a su alrededor sin tomar las riendas de su vida. Pero ¿por qué? Sencillo, así era más fácil. Mostrarse como una niña buena con sus padres sólo le traía ventajas porque sabía que si no fingiese ser un angelito no le dejarían quedarse sola en casa. Con los demás lo era por pura costumbre pero también por miedo, el hecho de que pudieran despreciarla al ver lo frágil que era, al ver su lado malicioso, le daba terror, no quería ser rechazada por Naruto y los demás. Suerte que tenía a sus amigas, suerte que delante de ellas podía romperse y a la vez ser borde y dejar libre su mente retorcida. Sacudió la cabeza y comenzó a cambiarse de ropa.

Ino se despidió de su madre con un beso en la mejilla, se colgó el bolso en el hombro y salió a la calle feliz de la vida. Su pelo, recogido en su siempre perfecta coleta se balanceaba al compás de sus pasos. Notaba como las personas la miraban, sonrió arrogante y siguió caminando como un ángel que se mueve entre la multitud, como un ser superior que se merece que todos le miren y alaben su extrema belleza. Yamanaka Ino siempre llamaba la atención allá a donde fuera, su belleza era de esas que dejaban clavados a los hombres, con un pestañeo podía enamorar a cualquiera, las mujeres envidiaban sus labios tentadores, su caminar de princesa y su cuerpo de diosa. Ella había sido creada para levantar pasiones y envidias, para ser admirada pero al mismo tiempo para estar lejos de todos los demás porque ella no pertenecía al mundo de los humanos, ella era algo más. Y sinceramente ya empezaba a estar harta. Era hermosa y le encantaba serlo pero el hecho de que todos la mirasen desde la lejanía, que la tratasen como si fuera una princesa de cristal a la que no se podía dañar, como una escultura que sólo estaba ahí para ser admirada, eso empezaba a exasperarle. Porque Ino era mucho más que una muñeca pero claro nadie parecía fijarse en lo inteligente que era ni lo perceptiva que podía llegar a ser con los pensamientos de los demás incluso era sensible a lo que los otros sentían. Nadie se molestaba en notar que para ser así de hermosa tenía que matarse a hacer ejercicio y embadurnase de cremas, que además tenía que cuidar su dieta. Nadie veía todo eso, todos se quedaban sólo con que era hermosa. Sus amigas eran la excepción, por supuesto.

Llegó a la puerta de la casa de Sakura y sin dudarlo le fundió el timbre. La ventana del cuarto de su amiga se abrió dejando ver a la del pelo rosa notablemente molesta, eso le hizo sonreír divertida. Después de gritarle que se estuviera quieta y mil cosas más la Haruno cerró la ventana. En menos de cinco minutos la joven estaba abriendo la puerta de su casa y le dirigía una mirada enfurruñada.

—Oh vamos frente no exageres lo único que he hecho es tocar el timbre unas cuantas veces.

—Maldita cerda, casi me fundes el jodido timbre — gruñó molesta.

Sakura era una malhablada, sí esa era otra cosa que sus padres no sabían y estaba segura de que ni siquiera era algo que sospechasen. La rubia se acercó a ella y ambas entraron en la casa, subieron las escaleras para que la recién llegada dejase su enorme bolso. Hecho eso se largaron de allí, tenían cosas que comprar.

Una pelirroja rebuscaba entre sus cosas todo lo que necesitaría para pasar la noche en casa de su amiga, a la que ella siempre llamaba "pelo chicle", con cariño claro. Uzumaki Karin, la mujer con peor fama en su instituto, de ella decían que era una bruja cruel y despiadada, que se acostaba con cuantos chicos quería, que bastaba acercarte a ella para que abriera las piernas. Ella sabía sobre todas las habladurías que corrían acerca de ella, podría decir que no le importaba pero mentiría. No tenía hermanos y casi ni padres, su madre pasaba de ella, desde niña le había dado libertad absoluta y por eso desde muy pequeña tuvo que aprender a manejarse por si misma, a ser independiente, creció demasiado pronto pero también todo eso la convirtió en una persona que alejaba a los demás, alguien que era cruel y borde para protegerse. En la secundaria se convirtió en una reconocida delincuente, perdió la virginidad a los quince con uno de sus numerosos novios sólo que de éste estaba verdaderamente enamorada, por primera vez abrió su corazón a alguien ¿y qué tuvo a cambio? Un corazón destrozado y un alma más negra todavía. En su último año de secundaria pensaba en dejar los estudios, trabajar y así poder irse de casa dejando sola a su estúpida madre. Pero todos sus planes se fueron al traste cuando en su vida apareció Uzumaki Kushina, hermana mayor de su progenitora y la que la sacó de todo eso. La mujer tuvo una charla con su madre en la que ambas gritaron y en la que ambas acabaron llorando. Y después de eso su tía habló con ella, le preguntó que si quería irse a vivir con ella y su familia, a Konoha, allí tendría una oportunidad, le ofreció la esperanza de tener una nueva vida y Karin la aprovechó. A sus quince años, a punto de comenzar la preparatoria llegó a una casa enorme, incluso lujosa desde su punto de vista, ahí conoció a su primo, Uzumaki Naruto, la persona más molesta que jamás había conocido y también la que poseía la luz más brillante. También conoció a Namikaze Minato y por primera vez sintió lo que era tener un padre. Al principio se mostró reacia a abrirse a ellos, a dejarles ver sus sentimientos, decir lo que pensaba, no quería que vieran toda su tristeza, no quería que la vieran llorar. Pero lo consiguieron, día tras día, con gestos de cariño que a otros les podrían parecer insignificantes pero que para ella lo eran todo. Su molesto pero querido primo le presentó a sus amigos, fue ahí cuando conoció a las que pronto se convertirían en sus mejores amigas, Sakura e Ino. Al principio se llevó a matar con ellas, fue ahí cuando conoció a Uchiha Sasuke y fue entonces cuando comenzó su obsesión por él. Gracias a todos ellos su corazón comenzó a sanar, por primera vez en su vida se sintió querida pero eso no hizo que se deshiciese de su máscara de crueldad y su manía de responder borde, pero con ellos se controlaba muy bien y de alguna forma a pesar de todos sus defectos la aceptaron en su grupo. Su vida iba genial, por fin tenía una familia y era parte de un grupo de amigos en los que se podía confiar. Su vida fue a mejor pero eso no significaba que se volvería una niña buena, eso jamás. Tonteó con chicos, a pesar de decir que estaba enamorada de Sasuke, pero no se volvió a enamorar lo tenía totalmente prohibido. Pronto conoció a Hyuuga Hinata, la persona más opuesta a ella que había visto en su vida, al verla pensó que era una chica que no valía la pena, demasiado sosa. Pero sin saber cómo esa chica tímida que parecía una muñequita se convirtió en una de sus mejores amigas. Y fue a final del primer año cuando su grupo estaba formado al completo, todas ellas eran íntimas amigas y fue con ellas con las primeras que se quitó la máscara, fueron ellas las primeras en verla llorar. Era una noche de febrero, ese día todas ellas se dejaron ver como eran en realidad, ese día empezaron a quitarse sus máscaras pero sólo entre ellas. Ahí se unieron de verdad y entonces Karin sintió que no era tan mala, que podía ser una chica pasional y algo borde pero que si personas como sus amigas la querían no podía ser tan bruja como decían todos. Karin no detestaba su máscara, estaba muy cómoda tras ella, era más fácil defenderse siendo cruel y arrogante con quienes se lo merecían. De lo que ella estaba harta era de los rumores ¿por qué tenían que describirla como una zorra? ¿Es que acaso no tenía derecho a salir con chicos? Tampoco es que saliera con cualquiera que se le acercase, pero si conocía a un chico y le gustaba decidía acercarse a él, seguía sin entender por qué eso parecía molestar a todos, menos a sus amigas, claro. Una vez Temari le dijo que era por envidia, que muchas chicas querían hacer lo mismo que ella pero que tenían miedo de lo que podrían decir, le parecía estúpido pero esa rubia siempre tenía la razón, además las chicas de instituto eran en su mayoría crías que creían en el amor y tenían miedo de besar a un chico que sólo les atraía. Tonterías y más tonterías, se moría de ganas de entrar en la universidad porque estaba segura de que ese mundo era diferente, de que la gente no era tan fantasiosa ni tenía tantos prejuicios.

—Karin-nee ¿qué haces?— miró a su primo que la miraba fijamente.

—Esta noche duermo en casa de Sakura, pasaré allí el fin de semana.

El rubio la miró fijamente, su prima había cambiado desde la primera vez que pisó su casa, en aquella época a penas hablaba y soltaba comentarios que herían a los demás. Si la pelirroja era de esa forma en esos momentos era gracias a sus amigas, eso era algo que siempre le agradecería a las chicas.

—Pero vendréis a la fiesta ¿no?

—Claro ¿cuando me he perdido yo alguna fiesta? — dijo sonriendo de lado.

Naruto también sonrió, su prima era una auténtica fiestera, libre y salvaje. El rubio también conocía los rumores que corrían acerca de ella, y si era un chico del que los oía no dudaba en partirle la cara, nadie se metía con los suyos.

—¡Será genial, ya verás! — exclamó emocionado.

Karin asintió y el de ojos azules salió tranquilamente del cuarto de ella. La pelirroja suspiró, sí Naruto era molesto pero le quería, él siempre le defendía, sabía ver cuando estaba mal y cuando necesitaba uno de sus abrazos. Tal vez era la única persona a parte de sus amigas que había visto a través de ella. Podía ser un idiota sin remedio pero cuando quería era muy sensible y perceptivo con los sentimientos de los demás, menos con los de Hinata pensó con una sonrisa dibujada en el rostro, sí eso demostraba que también podía ser un despistado de primera.

Ocho de la tarde, Sakura estaba sentada en el sofá debatiendo con cierta rubia sobre a que lugar deberían ir ese verano de vacaciones. Iba a ser algo muy especial, lo sabían, porque después de entrar a la universidad podrían ser ellas mismas. Era cierto que estarían mucho más tiempo juntas, ya que compartirían piso en el mismo edificio en el que vivían Tenten y Temari. Pero ese sería el primer verano en el que todas eran mayores de edad, su primer verano como adultas universitarias. Sin duda tenía que ser perfecto.

El timbre de la casa sonó y la anfitriona corrió a recibir a la primera de sus amigas en llegar. Sonrió con amplitud al ver a cierta castaña y a la heredera de los Hyuuga, ambas con sus bolsas y una sonrisa dibujada en sus caras. Les abrió la verja, cuando Tenten estuvo ante ella la abrazó sin dudarlo, con fuerza, hacía dos semanas que no la veía y joder había echado de menos a la bruta y enérgica Tenten.

Entraron a la casa, los ojos color cielo de Ino se iluminaron al ver a la morena, se lanzó sobre ella. Y en ese momento la recién llegada agradeció tener tanto equilibrio y fuerza porque si no habrían acabado tiradas en el suelo, la rubia podía estar delgada pero pesaba lo suyo.

—Maldita Tenten, estabas desaparecida de la faz de la Tierra — se quejó la Yamanaka.

—No exageres tanto y si he estado desaparecida es porque he estado enfrascada en los entrenamientos y mis estudios. La universidad no es todo diversión, pequeña muñequita.

Ino bufó cuando la llamó de esa forma, las demás simplemente sonrieron divertidas. Hinata y Sakura habían echado mucho de menos esas escenas típicas entre ambas. Porque si la rubia era la representación de la feminidad, la castaña era todo lo contrario, odiaba llevar falda o vestidos y ni hablar de tacones, si se maquillaba era por obligación de cualquiera de las dos rubias, lo único que mimaba era su cabello. Pero eso no significaba que Tenten no fuese femenina, cuando quería sabía ser coqueta y atraer a los chicos, la diferencia con la Yamanaka era que ella lo hacía de forma natural, sin proponérselo.

—Ah, Sakura aquí tienes la botella — comentó Hinata mientras sacaba el preciado alcohol de su bolso.

—Fantástico, Hina — agradeció mientras cogía la botella.

La dueña de la casa se dirigió a la cocina para guardar el ron en la nevera. Sonrió con malicia, aún recordaba cuando su amiga hizo eso por primera vez, lo asustada que estaba y lo que dudó en hacerlo, ahora lo hacía con total tranquilidad. Sabía que de todas ellas la que más había cambiado desde que la conoció había sido la dulce y tierna Hyuuga y estaba orgullosa de ella. Sonrió con malicia al pensar en lo que tenía planeado para ella, sin duda ese fin de semana iba a ser grandioso. Volvió al salón con algunos aperitivos. Y como siempre Hinata se levantó y la ayudó sin dudarlo.

Mientras tanto Ino y Tenten estaban discutiendo sobre algún tema, no sería nada importante, seguro que algo sobre ropa o chicos, como siempre hacían.

Sakura se sentó en uno de los puffs y se llevó uno de los dulces a la boca, sus ojos estaban fijos en la castaña que les estaba contando cosas de la universidad. Como la envidiaba, ella estaba deseando dejar la preparatoria y entrar en la universidad más prestigiosa del país. Sabía que como decía su amiga iba a tener que esforzarse mucho para sacarse la carrera de medicina pero también sabía que podría divertirse. Además iba a alquilar un piso con Ino, Hinata y Karin en el mismo edificio en el que vivían sus otras dos amigas. Iba a ser genial, de nuevo estarían todas juntas, la diversión y los problemas estaban asegurados, lo sabía.

Por fin llegaron Temari y Karin, con la rubia sucedió igual que con Tenten, todas la abrazaron con cariño y esta vez ambas rubias acabaron en el suelo, todo culpa de Ino, como no. Pero no era de extrañar que reaccionaran así, habían pasado tres semanas desde la última vez que la vieron.

Comenzaron a cenar con música animada de fondo. Los aperitivos estaban deliciosos, dulce y salado, como siempre. Las chicas empezaron a hablar entre risas, las cuales aumentaban según iban bebiendo más cerveza.

—Y como no Sakura tuvo que soltar uno de sus comentarios haciendo que la situación se volviera tensa — Ino les estaba contando a sus amigas universitarias lo que había sucedido esa mañana.

–Pero sabes que tenía razón, el muy idiota de Sasuke tendría que invitarnos no mandar a Naruto, es como si nos tuviera miedo, me exaspera.

Todas rodaron los ojos ante las palabras dichas por la de pelo rosa, la habían oído tantas veces quejarse del comportamiento del moreno que ya habían perdido la cuenta. Temari sonrió, al parecer habían cosas que jamás cambiaban y eso en el fondo le alegraba. El hecho de crecer le asustaba, lo deseaba pero a la vez tenía miedo, miedo de no ser la misma o de que sus amigas dejasen de ser las personas que ella conocía, las mismas a las que quería con locura.

—Y como te has molestado por esa tontería has planeado algo para mañana ¿cierto?

Las palabras de Karin hicieron que Sakura sonriera con malicia, se imaginaba que la pelirroja se había dado cuenta. Las otras cuatro no pudieron evitar tener cierto miedo, los planes de la Haruno a veces les traían demasiados problemas.

—Frente ya nos estás diciendo que pasa por tu loca mente — Ino odiaba no saber que sucedía, la curiosidad la carcomía por dentro.

—Es sólo que me apetece jugar un poco — sonrió de lado — ¿Qué os parece quitarnos las máscaras mañana en la fiesta de Sasuke-kun?

—¿¡Qué!? — preguntaron Karin e Ino exaltadas.

—¿Por qué quieres que hagamos eso, Sakura? — le cuestionó Hinata con su característica dulzura.

—Es que estoy un poco cansada y aburrida, por eso había pensado en que mañana podríamos actuar como somos en realidad, como este verano. Pero luego cuando volvamos a clases volveremos a ser las mismas de siempre. Venga decirme que no será divertido.

Se notaba que la de ojos jades estaba emocionada. La rubia mayor no pudo evitar soltar una carcajada mientras palmeaba el hombro de la anfitriona.

—Te he enseñado bien, Sakura — dijo orgullosa — En mi opinión deberíais hacerlo, Tenten y yo os apoyaremos siendo nosotras mismas también.

La castaña la fulminó con la mirada por dar por hecho que ella quería quitarse la máscara con la gente de esa ciudad. Pero a Temari pareció no importarle, tal vez porque estaba acostumbrada a que ella le dirigiese esa mirada.

—Te apoyo, tengo ganas de decir: Adiós máscara querida — dijo Ino con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.

Ahora que lo pensaba no le parecía mala idea, sería una buena forma de despedirse de sus años de preparatoria. Además ese juego que harían de luego actuar como si nada le fascinaba, si había algo que adoraba era jugar y actuar. Estaba segura de que ellos se quedarían sorprendidos por su actitud y seguro que también los confundirían. Todo era perfecto. Y cuando sus amigas vieron ese brillo en los ojos supieron que la rubia se lo iba a pasar en grande con ese juego. Después de todo ella era la mejor actriz.

—Estoy con vosotras también, será interesante no ser una zorra por una noche — la Uzumaki confirmó con esas palabras que entraba en ese juego.

Todas las miradas se posaron en Hinata que las miró con inocencia, con una fingida claro porque luego sonrió divertida. Y es que como a todas a ella también le gustaba divertirse y todo eso le parecía interesante aunque no podía negar que le daba algo de miedo sólo de pensar en las reacciones de ellos.

—Será divertido, adiós máscara — añadió lo último mientras se acariciaba la mejilla haciendo que sus amigas se riesen.

Sin duda ese fin de semana iba a ser el mejor de toda la historia.


¡Gracias por leer!

Espero que os haya gustado, aquí se ha visto un poco más sobre nuestras chicas sobre todo de Karin. En el siguiente no profundizaré tanto en los personajes, me centraré más en el humor, el quinto ya será una mezcla de ambas cosas. Aunque no me centre tanto como en este en el cuarto se verá mejor como es su relación además de que saldrá recuerdos y digamos que lo que pase en ese capítulo provocará muchas otras cosas.

Caro: Muchas ganas por tu review, me alegro mucho de que te gustará, la escena entre Sakura y Sasuke fue una de mis favoritas de escribir. Lo de por qué se tensa se verá más adelante, seguramente en el sexto. Espero que te guste este capítulo y sigas la historia.

Próximo capítulo: Recuerdos y retos

Si queréis comentarme cualquier cosa estoy a un review de distancia, con ellos me podéis hacer muy feliz, en serio.

El próximo capítulo lo subiré el viernes o sábado.

Nos leemos!