Sasuke arrojo su camisa a su suerte, mirando a Hinata de esa forma tan intensa, como si con su sola mirada pudiera desnudarla.
La Hyuga aterrada retrocedía hasta que su cuerpo dio contra la cama y ella cayó sobre la misma a causa de su descuido. Sus manos estaban atadas, su boca tapada, no pudo haberle dejado las cosas más fáciles a su agresor.
El Uchiha había llegado hasta ella, siguió mirándola unos segundos que bien a su víctima le pudieron parecer eternos, para poco a poco recorrer con su mirada su rostro, para bajar por su cuello y clavarse en aquella zona desprotegida que era su pecho.
Ataco al mismo con castos besos, haciéndola jadear. Ella era perfecta y esa noche sería toda suya lo quisiera o no.
No fue difícil para él tomarla entre sus brazos y acomodarla como mejor le pareciera sobre la cama, ella, claramente no dejaba de moverse y llorar para que este no hiciera aquella atrocidad, pero Sasuke estaba tan obsesionado con ella, tan cegado, que no iba a contenerse, no lo haría. Destapo su boca con cuidado de no hacerle daño, para escucharla sollozar.
-P-Por fa-favor… no… no lo hagas…-sollozo.
-Lo siento querida, pero no puedo controlarme- fue su única respuesta.
Con agiles movimientos, acomodo sus manos sobre su cabeza para darle una mejor postura y no sufriera más de lo necesario aquella noche. Una vez listo, y con su cuerpo a su total merced, empezó con aquello que quedaría marcado en Hinata por toda su vida.
Beso sus labios cual bestia salvaje y hambrienta, besaba como si aquello fuera su vida, explorando su cavidad bucal, para tocar todo aquello que no pudo la vez pasada. Explorando y saboreando cada rincón que esta pudiera ofrecerle aquella boca que le sabia tan perfecta.
La forma en la que su lengua luchaba contra la suya para evitarle tocar cualquier rincón que pudiera no hacía más que enloquecerlo. Logro separarse de ella dejando de por medio un hilo de saliva, mismo que él rompió al momento en que paso su lengua por sus labios.
-Sabes tan bien…-dijo roncamente. Pero ella ya no pudo decir nada, estaba resignada a lo que pasaría, ya no había más que hacer, solo esperar a que todo terminara.
Se acercó a ella otra vez, besando ahora sus mejillas, para ir bajando lentamente por su cuello, mismo que dejaría lleno de marcas que se aseguraría que duraran días. Mordía suavemente, chupaba ruidosamente su piel y besaba como final. No era de piedra, y su cuerpo respondía como debería hacerlo en esas situaciones. Con pequeños jadeos y suspiros, mismos que hacia hasta lo imposible por reprimir.
Cuando el terreno de su cuello de termino, y el de su pecho igual, solo quedaba atacar sus preciadas tetas por las que el moría probar. Con sus impulsos bestiales, con su adrenalina aumentando fue imposible que se resistiera mucho, por lo tanto, arranco la blusa que llevaba puesta ese día con brusquedad, haciendo que esta gritara a causa de esa sorpresa tan brusca.
Pero aquello no terminaría, aprovechando su estado, le retiro el pantalón junto a las bragas de un solo tirón dejándola expuesta ante él de la cintura para abajo. Rompió el sujetador por la parte de enfrente para dejarle expuestos aquellos prominentes senos que hicieron que su pene se endureciera dolorosamente en sus pantalones.
Hambriento, se lanzó a sobre las tetas de ella, una era masajeada con fuerza mientras la otra obtenía un tratamiento especial por la habilidosa boca del moreno.
Chupaba ruidosamente a propósito para que Hinata supiera lo mucho que este disfrutaba de ella, pero ella no lo hacía. No negaba que su cuerpo reaccionara naturalmente a aquellos estímulos, pero la idea de permitirse gozarlo le enfermaba. Sasuke no era ni su amigo, ni algún novio, no era nada, y le estaba tocando de esa manera tan obscena.
Si bien, en algún momento de su vida, tuvo cierta fantasía sexual donde fuera violada, pero aquella idea le revolvía el estómago, sin mencionar que la hacía sentirse sucia cual prostituta barata.
Su cuerpo reaccionaba como debería hacerlo, arqueaba su espalda cada que Sasuke pasaba su lengua por la areola y mordía suavemente ese botón de carne erecto, los masajes, y la forma en la que la traviesa y libre mano del moreno le recorría sin pudor ni pena la piel que pasara por debajo de esta, apretando a su gusto, acariciando. No hacían más que hacerla jadear con más fuerza y soltar alguno que otro gemido que se obligaba con toda su alma a encerrar dentro de sus labios.
Ajeno a todo esto, él seguía con su tarea de darles atención a ambos senos, mismos que ya estaban llenos de su saliva, rojos y llenos de marcas. No habría parte de su hermosa y pálida piel que no tuviera marca suya. Le encantaba ver sus mordidas sobre su piel, las marcas que le quedaban, la forma en la que su cuerpo temblaba, la forma en la que su espalda se arqueaba era una auténtica delicia.
Dejo la atención de sus tetas a un lado, y emprendió su viaje de nuevo por su vientre, con besos y lamidas. Sus manos acariciaban sus piernas desde sus tobillos hasta llegar a su cadera. Apretaba suavemente, disfrutando la suavidad que esta le ofrecía.
Eso, hasta llego a esa zona erógena, misma que sería víctima de mucha esa noche.
Dio una lamida profunda haciéndola arquear aún más su espalda, abríos sus labios dejando escapar un gemido más alto, mismo que fue suprimido apenas ella reaccionara. Sonrió con malicia, lo que le esperaba a su amada.
Empezó a darle besos a toda aquella parte, besos castos mismos que se volvían húmedos, pronto su saliva se había mezclado con los líquidos que salían de ella. Era delicioso verla de esa manera. Hinata no podía verle, estaba tan avergonzada, tan asustada, tan temerosa… en fin, estaba en demasiados sentimientos en ese momento que ya no sabía bien que era peor.
Llevo una mano hasta los labios exteriores de la vagina de la Hyuga, mismos que abrió para darle paso a su traviesa lengua que entrara más profundo en ella y saborear aquellos líquidos que ella tanto se empeñaban en que no salieran.
Pero lo que sin duda fue peor, fue cuando este con la otra mano libre, empezó por acariciar el ya hinchado clítoris, sin dejar de lamer, sin dejar de masajear su clítoris, estaba llevándola hacia el primer orgasmo de su noche.
Hinata solo arqueaba su espalda, gemía y jadeaba, lloraba y suplicaba. Pero nada hacia una diferencia. Sollozaba entre gemidos, pidiéndole que se detuviera…
Pero por más que ella suplicara, él no hacía caso y seguía y seguía. Hasta que el primer forzado orgasmo llego.
Abrió sus labios dejando escapar un gemido demasiado alto, su espalda se arqueo, apretó sus manos a tal grado que la soga le apretó dolorosamente, su cuerpo se tensó y aquella onda de calor recorrió cada rincón de su cuerpo.
Sasuke saboreo todo el líquido que le fue posible, un auténtico elixir que no hacía más que ponerlo duro cual roca, sentía que sino hacia algo pronto terminaría por estallar dentro de sus pantalones, y ese no era el lugar donde él quería explotar.
Mientras que su dulce Hyuga se recuperaba de su orgasmo, aprovecho para retirarse las ultimas prendas de ropa que le quedaban y quedarse como dios le había mandado al mundo. La peli azul respiraba agitadamente, una vez que logro recuperarse, sintió como este se acomodaba entre sus piernas.
Como pudo, logro verlo, y aquello que vio le lleno de pánico. Si esa cosa entraba sin que ella estuviera lista, le desgarraría seguro, además, ¿Cómo es que esa cosa entraría en ella? Sudor frío, eso era más de lo que ella podría aguantar.
Se acomodó entre sus piernas, alzando la cintura de su Hyuga, colocando su hombría en su entrada, listo para hacerla suya, mientras que ella solo podía tragar grueso esperando a que no doliera.
Poco a poco empezó a hacer fuerza, sus paredes vaginales hacían un doloroso esfuerzo por abrirse ante tal intruso. Sasuke no era tan vestía como lo sería su amigo, así que procuro ser lo más cuidadoso posible, al menos hasta donde su autocontrol se lo permitiera.
Aplicaba fuerza para meterlo por completo, viendo y sintiendo como Hinata temblaba debajo de él, ver como sollozaba, sus suplicas que se mezclaban con sus angelicales gemidos, era una autentica tentación la que ella despertaba en él.
Una vez que todo estaba dentro, se quedó quieto, esperando no solo a quela se acostumbrara a su intromisión, sino también para sentirla. Esa estreches, esa calidez que sus paredes internas le daban a toda su verga, sin duda era delicioso y lo más perfecto que podía sentir.
Ya pasado el tiempo para que ella pudiera haberse acostumbrado, empezó a moverse lentamente, ella daba pequeños grititos que se mezclaban con sus sollozos, mismos que lo excitaban de una forma enfermiza.
A causa de aquella enfermiza excitación, sus embestidas empezaron a aumentar de ritmo, siendo más profundas. Su autocontrol empezaba a fallar y a cada embestida que daba sentía como este mismo se perdía.
Ver el movimiento que causaban sus embestidas a sus jugosos pechos no hacía más que empeorarle las cosas, temiendo desatarse y lastimarla más de lo que merecía.
Pero por más que hubiese deseado controlarse, no pudo por mucho tiempo. Cuando menos lo espero, ya estaba empujando dentro de ella con fuerza y profundidad. Coloco sus manos en la fina cintura de su mujer, para aumenta más la profundidad.
El dolor aún no se había esfumado como ella hubiese querido, es más, aquel dolor seguía tan presente y fuerte como el raro placer que sentía. Un placer que le hacía sentirse sucia, que le hacía sentirse vulgar, un placer enfermizo.
Sus gemidos salían ya sin control, ya no podía frenarlos como le gustaría. Su cuerpo empezaba a traicionarla, su mente se nubla baba, pero sus lágrimas no cesaban.
Temblaba, su espalda se arqueaba, y rogaba internamente porque todo terminara, no quería acostumbrarse a esa cosa que entraba y salía.
Movía con brusquedad su cadera contra la de ella, queriéndola sentir tan profundo como le fuera posible. Jadeaba, gruñía y soltaba alguno que otro gemido ronco que no escapaba por cuenta propia. No quería admitirlo pero la forma tan deliciosa en la que las paredes vaginales de Hinata le apretaban le hacía delirar, y que estaba a punto de llegar a su orgasmo.
Siguió empujando, más y más rápido, ella gemía y gemía, el aroma a sexo se percibía siendo un afrodisiaco para ambos. Ya no podía más, su cuerpo ya no aguantaba más.
Aumento el ritmo, Hinata lo sintió, sintió como su pene se hinchaba dentro de ella, haciéndole saber que él estaba a punto de venirse.
-¡N-No!, ¡D-Dentro No…ahí!-gimió ella.
-Tiene que ser dentro…sino… no serás mi propiedad completamente- respondió como pudo, jadeante y con la voz ronca.
Su cuerpo estaba demasiado sensible por el primer orgasmo que había tenido, así que cuando el llego al suyo, ella llego a otro.
Sasuke termino explotando dentro de ella con un gruñido, su espalda se arqueo al igual que la de ella, mirando al techo dejando escapar todo el semen que tuviera en ese momento dentro de ella.
Apoyo sus manos a cada lado de Hinata para evitar aplastarla, se quedó quieto unos segundos dentro de ella, esperando a recuperar su aliento y las fuerzas. Había sido quizá uno de los mejores sexos que hubiese tenido en mucho tiempo. Y eso le encantaba, si todas las veces que fueran a tener sexo iban a ser así, estaba seguro de que no querría tener sexo con ninguna otra.
Cuando pudo recuperarse por completo salió de ella, esperando escuchar algún quejido de su parte, pero no hubo respuesta. Extrañado observo su rostro, se había desmayado.
Con más confianza, se dejó caer a un lado de ella, mientras recuperaba y regularizaba su respiración, sin duda alguna no había cometido error en comprarla.
En otra habitación, el Uzumaki ya había arrojado a Naemi contra la cama con toda brusquedad. Arrojo su camisa por alguna parte, y se preparó para someterla, pero claramente ella no estaba en plan de dejarle las cosas fáciles, claro que no.
Comenzó a patalear, y retorcerse como un gusano, aunque con aquel gesto, enfureció más a Naruto, no quería ser una bestia como siempre lo era cuando quería a una mujer, pero esta chica le estaba sacando poco a poco de sus casillas.
Ágilmente, le coloco ambas manos sobre su cabeza, aun atadas y con la cinta en sus labios, coloco sus piernas a cada lado de la frágil cintura de la chica, para evitarse una patada, de esa manera no importaba que tanto pataleara o moviera sus piernas, él podría trabar cómodamente.
Ataco su cuello con una mordida suave, dejo una marca que beso, dando así inicio. Arranco su ropa aun sin importarle el dolor que pudiera causarle al hacer eso, desde la blusa que usaba ese día, los pantalones, las bragas y el sujetador. La dejo casi desnuda, solo por un par de restos de la blusa que estaban sobre sus brazos.
Relamió sus labios, toda aquella piel rosácea tendría las marcas de sus labios, de sus manos, tendría marcas suyas por todas partes. Retiro la cinta de sus labios, recibiendo cuanta palabra salía de los labios de la enfada chica, quien se aseguró de maldecirlo a él como le fuera posible. Pero aquello solo hacia sonreír más al rubio. Quien importándole poco, la beso con desenfreno.
Explorando el terreno ajeno de su boca, luchando contra su lengua, y saboreando cuanto le fuera posible. Tras un par de minutos besándola, se separó a causa de la falta de aire, mismo que le ofreció una vista maravillosa de su víctima.
Con sus labios rojos a causa de aquel salvaje beso, como de la saliva que escapaba de la comisura de sus labios, un manjar solo para él. Comenzó con un viaje que inicio desde su cuello, con castos besos por el mismo, atravesando su pecho hasta que llego a sus tetas. Mismas que se aseguró de llenar completamente de su saliva.
A ella le extrañaba que no mordiera o succionara su piel, el solo besaba con besos castos e húmedos. Trato a toda costa de reprimir cuanto sonido extraño quiso salir de sus labios, pero no era fácil reprimirse, y menos cuando aquel condenado ojo azul sabía bien lo que hacía, y donde besar.
Sin embargo las cosas no terminaban hay, volvió a besarla, con desesperación, introduciendo su lengua de nueva cuenta a ese terreno recién explorado para saborear de nueva cuenta esos labios que sabían a gloria. Al separes de nuevo, ataco otra vez su cuello, pero esta vez un punzante y horrible dolor llego también, puesto que, el Uzumaki había mordido con fuerza el mismo, a tal grado que un poco de sangre surgió de aquella herida.
Pero lo que siguió no fue mejor, succionaba ruidosamente su piel, mordía con suavidad para dejar más marcas sobre el mismo, hasta que llego a sus pechos de nueva cuenta.
Mordió su erecto pezón con suavidad para no lastimar, mientras su mano masajeaba con fuerza su otro pecho. Los jadeos y gemidos reprimidos salían de ella, quien perdía poco a poco la lucha por controlarlos. Pero lo que sin duda fue peor, era que empezaba a llorar. Aquel hombre del que su único error con él fue ser amable, del que apenas si podía recordar, la estaba tocando de esa manera, la marcaba como si fuera su dueño.
Tras dejarla llena de marcas, por los dos pechos y descender hasta llegar a esa zona que no había dejado de lubricarse con sus propios líquidos, para introducir dos dedos de un solo golpe.
Un pequeño grito salió de ella al sentirlo tan rápido dentro suyo. Naruto sonreía al ver lo mojada que estaba, sin duda era una niña mala al decir que no le gustaba aun cuando su cuerpo exigía por el suyo, pero antes si quiera pensar en estrenar su coño, la haría pagar.
Naemi había cerrado sus ojos, esperando lo pero cuando le escucho deshacerse de su pantalón y por cociente de su ropa interior, pero al no sentir ni escuchar nada, abrió los ojos para tomarse con aquella potente erección que apuntaba a su cara.
Le miro a los ojos, aterrada y cabreada. Mientras que él por su parte mantenía una sonrisa ladina.
-¡Aleja esa cosa de mí!-grito mientras trababa de moverse, pero el rubio no era tonto ni esa era la primera vez que violaba a una mujer, ya la tenía fuertemente sujetada.
-No lo creo preciosa…-dijo, mientras se paseaba una mano por todo el tronco de su miembro.-Te tengo dos opciones… o te metes mi preciada verga a tu linda boquita para dejarlo lubricado con tu saliva o te la meto así… tú decides-ttebayo-
Abrió sus ojos tanto como pudo, si aquella cosa entraba así como él decía, el dolor sería horrible, porque aquello no era como el promedio, no estaba ni cerca. Aquella cosa era gruesa y larga, su respiración se aceleraba, y volvió a verlo suplicante, pero claramente Naruto no tenía ni un poco de compasión.
Hizo tripas su corazón… y solo abrió la boca, recibiendo como respuesta una sonrisa.
-Buena niña-
Empezó a meter poco a poco, pero claramente aquella posición no le permitiría introducir más carne a su boca. Como podía hacía de todo su autocontrol para evitar arcadas, y con su lengua buscaba alguna brecha para poder respirar, lo que por reacción llevaba a estimular más el pene del rubio que entraba y salía de su boca.
Las lágrimas salían de sus ojos, amargas y dolorosas como puñaladas. Suplicando que todo terminara de una vez.
Una vez que toda su hombría estaba llena tanto de sus fluidos pre-seminales y saliva, la saco de su boca suspirando, lo que le habría gustado haberse corrido en su boca… pero aquello lo dejaría para después.
Volvió a reacomodarse entre sus piernas ante su atenta mirada, su mirada que no dejaba de derrochar odio y rabia. Esa mirada le parcia de los más excitante. Una vez acomodado en su entrada, decidió jugar con ella, delineando con la punta de su hombría sus labios exteriores.
Naemi mordía su labio inferior esperando a que él entrara, sin embargo, Naruto se acercó hasta ella para besarla, la distrajo con eso y después el golpe.
Ella grito contra sus labios, mientras más lágrimas salían. Y hay estaba esa agradable sensación de la primer vez, e hay esa primer penetración que tanto le gustaba. La estreches era maravillosa.
Siguió moviendo sus caderas, sin importarle si ella se había acostumbrado o no a su intromisión, ella daba pequeños grititos y gemidos mientras lloraba. Suplicando que se detuviera.
Apretaba sus pechos con ambas manos, la besaba bruscamente y arremetía sus caderas contra las de ella con fuerza. Gruñía y jadeaba.
Ella solo sollozaba.
-¡Detente por favor!-gemía Naemi mientras más lagrimas salían. Sin embargo, lejos de molestare aquello al Uzumaki, este se inclinó hasta ella, aun penetrándola con fuerza y paseo su lengua sobre la mejilla de la chica, saboreando sus lágrimas.
-Tan exquisita-Gruño.
Las embestidas seguían una tras otra, y poco a poco la rubia sentía que su cuerpo se acostumbraba a aquella cosa, se sintió enferma de sí misma. Naruto por su parte sentía que tocaba el cielo a cada golpe que este daba, la estreches, la calidez de sus paredes, sus gemidos extraños mezclados con sollozos y sus lágrimas. Sabía que no estaba lejos de su glorioso orgasmo.
Y así, con una fuerte embestida, Naemi tuvo su orgasmo forzado que recorrió todo su cuerpo como una descarga eléctrica mezclada de un enfermizo placer, espero a sentir al rubio hacer lo propio pero no sentía nada, hasta que su orgasmo termino dejándola sensible el llego al suyo.
El muy cabrón lo había hecho a propósito, logro retenerse lo suficiente para que pudiera sentir como este se vaciaba dentro, para que sintiera hasta la última gota. Se quedó dentro de ella, unos minutos, recuperando el aliento.
-Te odio…-jadeo Naemi.- ¡Te odio maldito!-grito con fuerza, aquello no le molesto, le hizo reírse en carcajadas, mismas que tras terminar le sujeto de las mejillas.
-Hazte a la idea cariño… tu vida será así mientras yo siga vivo-dattebayo-le sonrió zorrunamente, mientras la cargaba y la colocaba encima suyo.- ¡Hora de la segunda ronda!-
Ino había llegado hasta un hotel con aquel extraño chico, mismo que le ofrecía un trato "humano" y no bestial como ella pensaba.
-Mañana saldré, ¿estarás bien quedándote con ella todo el día?-hablo Danzo antes de que tanto ella como Sai entraran a la habitación.
-Lo estaremos señor.-sonrió, de esa forma tan falsa.
-Bien… si necesitas salir o algo, estará uno de los guardaespaldas, ¿entendido?- El joven afirmo.-Descansa.- Y sin mas que decir se marcho con otros hombres que le cuidaban.
Dejando a ambos en aquella amplia habitación. Sai se guardo la tarjeta de la habitación en el bolsillo de su camisa, retiro su saco y lo lanzo sobre el sofá ante la mirada de Ino. Le dedico una sonrisa, un poco menos falsa que la de hace un momento.
-¿Me permites?-se acerco a ella lentamente, Ino respingo al verlo caminar hasta ella, y a causa de eso se quedo congelada en su lugar. Sai por su parte, le giro dulcemente para que ella le diera la espalda y poder quitarle aquella soga que no hacia mas que lastimar sus muñecas, mismas que estaban rojas a causa de la fuerza que esa ejercía para que no pudiera escapar. Después de eso, volvió a girarla de la misma manera, ahora para retirarle la cinta con sumo cuidado de no hacerle daño.
Ino le miraba, asombrada, porque todo lo que había pasado en esos momentos no era nada como ella se lo esperaba. Se esperaba que una vez que llegaran al Hotel, este le lanzaría contra la cama para tomarla.
-¿Q-Que es lo que vas a hacerme?-pregunto trémula.
-Bueno, usarte-respondió sencillamente.-Pero no en el sentido de tomar tu cuerpo hasta saciarme, sino… como mi modelo- Ella arqueo una ceja confundida.-Si… me gusta mucho el arte, la escultura… y tú, eres un precioso modelo-
Por unos segundos se sintió halagada, sin embargo recordar lo que paso le amargo de nueva cuenta.
-¿Y qué harás cuando ya no te sea útil como modelo?, ¿vas a violarme?- Sai le miro con sorpresa.
-No-
-¡¿Entonces para que mas me has comprado?!-grito histérica.
-Para mi modelo, creí haberme explicado en eso.-su tono tranquilo y monótono le estaba poniendo de nervios.-Bueno… me gustan las mujeres como tu, el cabello rubio, esos ojos azules, tu hermosura y belleza… se que ha estado mal que te comprara de esa manera… pero cuando estas dentro del mundo en el que yo estoy, te darás cuenta que es mejor así-
Ino se quedo callada, mirándolo y esperando alguna otra cosa, pero él se mantuvo serio, su mirada se había centrado en algún punto que no era ella, y tras algunos minutos así, reacciono para verla con su sonrisa falsa.
-Si quieres puedes irte a dormir, o a tomar un baño… yo estaré trabajando en las posiciones en las que quero que poses para mi después, ¿te parece?- Su sonrisa falsa volvía, no pudo hacer nada mas, suspiro fastidiada para irse al baño.
Sai se quedo mirando por donde ella se había ido, con una sonrisa, una sonrisa que no fue falsa.
Mientras Ino entraba al baño, se sentó sobre el escusado, llevándose ambas manos a la cara dejando escapar varias lagrimas, su vida había dado una vuelta de mas de ciento ochenta grados… pero si de algo debía dar gracias, era de que ese chico no la violaría… al menos no por ahora.
-Solo espero que ellas estén bien…-fueron sus deseos antes de que mas lagrimas y ese horrible nudo en su garganta llegaran hasta ella.
En otra parte, lejos, en una amplia mansión, llegaba Sakura junto a Kakashi, quien la trataba tan normal tan amable que le parecía imposible que este fuera tan malo…
Al entrar a la mansión, le quito la cinta de la boca y desato sus manos, por reacción ella se alejó de él varios pasos, mirando en todas partes buscando una forma de escaparse.
-¿Cómo estuvo su noche, señor?-un hombre, que vestía un traje negro, cabello negro largo y despeinado al igual que sus ojos negros, atendió a Kakashi con educación.
-De maravilla Sebastián, oh, cierto… ella es Sakura Haruno… mi futura mujer-dijo aquello con simpleza, haciendo que la susodicha abriera sus ojos como platos hacia él.- ¿Puedes llevarla a su habitación a cambiarse y ponerse más cómoda?, estoy seguro que está cansada, ah y también puedes prepararle algo, seguro tiene hambre-
-Como ordene mi señor.-se colocó una mano sobre el pecho y la otra en la espalda haciendo una reverencia.
Kakashi respondió lo propio mientras le dedicaba una última mirada a Sakura, no sin antes advertirle de lo que pasaría si se iba.
-La casa está rodeada de alambre eléctrico, perros guardianes que atacan todo aquello que no sea a mí, Sebastián o alguno de mis "Hijos"…por lo tanto no te recomiendo salir…oh, lo olvidaba, también hay francotiradores….-sonrió por debajo de la máscara.- Así que…¡Bienvenida a casa!-
Con aquello dicho, emprendió su camino lejos de ellos. Sakura bajo toda esperanza al haber escuchado todo. Suspiro, derrotada y con la idea de tener que imaginarse ser la novia de un traficante de blancas y a saber dios de que más traficara aquel hombre.
Sebastián se acercó hasta ella para que le siguiera, y lo hizo, cabizbaja con ganas de llorar a mares.
El mayordomo la guio hasta una habitación bastante amplia, paredes de mármol, piso de madera clara, muebles de madera oscura que contrataban perfectamente con la pared y el piso. Una cama matrimonial con sabanas rosa, una T.V de alta definición delante de la cama y una puerta que seguro daba al baño.
-Siéntase cómoda, Señorita Haruno-dijo aquel hombre entrando de lleno a la habitación seguido de ella.-Espero que encuentre ropa que le quede en el armario, de lo contrario le conseguiré algo más a correr a sus medidas, el baño encontrara todo lo necesario para su limpieza. ¿Gusta que le prepare algo ahora o prefiere esperar hasta el señor Hatake desayune para hacerle compañía?-
Se quedó en medio de aquella habitación que no dejaba de ver, ni su habitación o la de Ino eran así de grandes, la belleza y elegancia, todo era como parte de un castillo… mismo donde estaría atrapada bajo las órdenes de aquel monstruo. Suspiro.
-Quisiera tomar una ducha primero…-dijo sin ganas.
-Entiendo. Regresare en una hora para saber si no se le ofrece nada mas-Hizo una reverencia y salió dejándola sola.
No sabía si quería arrojarse a la cama a llorar hasta que sus ojos ya no pudieran más, o tratar de conversarse de que nada más saldría mal.
-¿Acaso me puede ir peor?-
Si supiera lo que les pasaba a sus amigas… sin duda no se sentiría de esa manera.
Un poco fuerte... pero todo tiene sentido. Lo prometo (?)
¡Gracias por leer! :D
