La pequeña Zura, habiendo aceptado ya su derrota, dio un par de palmadas que fueron el desencadenante para que su magia arreglase los destrozos del estadio. Satisfecho, Goku ordenó a su hijo mayor cargar con su hermano, él por su parte se encargaría de transportar a Trunks en lo que recuperaban el conocimiento.

—Vayamos al Monte Paoz todos juntos y arreglamos allí este embrollo, ¿os parece? —sugirió el saiyan puro, echando a volar en ver que los demás aceptaban, su hijo volando al igual que él con su energía y la pequeña encima de una escoba voladora. Gohan contemplaba la nueva transformación de su padre con admiración, preguntándose a sí mismo si algún día llegaría a su nivel a pesar de tener otras ambiciones en la vida. Éste, mientras tanto, volaba sereno y de vez en cuando miraba de reojo a Itazura para controlar sus acciones y evitar así que hiciese más maldades. Volviendo la vista al frente tras comprobar el estado de los niños inconscientes, preguntó:

—¿Acostumbras a hacer este tipo de cosas? Puedes meterte en grandes problemas si es así. —Por suerte para ella, los guerreros Z eran igual de fuertes que pacíficos, pero no correría la misma suerte de haberse topado con villanos de mayor calibre. La rubia rodó los ojos, cansada de escuchar riñas de los mayores, y tras un suspiro contestó.

—Tanto como acostumbrar... alguna vez que otra he controlado a la gente, pero es por practicar mi magia... —dijo adelantando al saiyan posando su mirada en él. Éste alzó una ceja intuyendo que le ocultaba parte de verdad pero no le dio importancia; aún así, confesó.

—Bueno, y porque es divertido, ¿vale? Vamos, tú también lo harías si pudieses tener los poderes de una bruja. —Con ello desveló que no era una simple humana, y esta vez fue Gohan quien, sin dejarle tiempo de reacción a su padre, dio su opinión.

—Nosotros pese a tener un gran poder lo utilizamos de otra manera, para hacer el bien, quizás podrías plantearte hacer lo mismo, tendríamos una gran aliada. —Un destello de ilusión nació en los ojos de la niña, ¿significaba eso que la aceptarían en su grupo y podría ser amiga de ellos? Tras tantas historias que había escuchado sobre los guerreros Z le parecía un privilegio, una idea casi inconcecible, más aún suponiendo la diferencia de edad que había entre ellos.

—Ya veré, ya veré... —respondió en un intento de hacerse la interesante.


Aterrizaron a pocos metros del hogar de los Son, donde dejaron reposar a los semisaiyans; Itazura y Gohan les cuidarían mientras Goku se aseguraba de reunir las esferas y prepararlo todo para la invocación del dragón, pues según la bruja no requerían esperar un año con sus poderes. Juntaron las esferas tras el retorno de Kakarot y, segundos antes de iniciar el ritual, empezó a formarse una espesa niebla cerca de ellos. De ella surgió la figura de una mujer vieja, de cara horrenda y cabellos rosados, con más arrugas en el rostro que en la vestimenta que lucía.

—¡Como vuelvas a escaparte en lugar de echarte la siesta te quedarás sin merienda, jovencita! ¡Que sea la última vez o te castigaré de por vida!

Los allí presentes quedaron estupefactos ante la nueva presencia, pues no era para nada alguien desconocido, sino más bien al contrario.

—¡Pero si es Uranai Baba! —gritaron prácticamente al unísono, provocándole molestias en el oído a la bruja. Ella, molesta, refunfuñó entre gruñidos y también soltó un grito en pos de que callasen, sumándose al ajetreo. La pequeña Zura se dirigió hacia ella aún montada en su escoba y le regaló un abrazo creando el desconcierto entre los demás presentes.

—¡Abuelita! ¡Me has encontrado!... Has tardado más de lo que esperaba, eh, cómo se nota que ya te pesan los años... —Las expresiones de los guerreros bien podrían exponerse en un ranking de las caras más impactantes de la historia de entre todos los universos, sus rostros no podían concebir la idea de que aquella señora hubiese podido tener descendencia con alguien... o con algo siquiera, ni con un hechizo.

—Pero... yo no sabía que tú... en fin... no sabía ni que tenías hijos... —confesó Goku atreviéndose a hablar tras unos segundos de pausa. Uranai Baba no supo entonces cómo reaccionar, es decir, si debía sentirse ofendida por algún insulto entre líneas o si realmente era mero desconocimiento por su parte. Optó por la opción que consideró más lógica, simplemente asentir evitando discusiones tontas.

—Una mujer que se precie no puede desvelar todos sus secretos, 'pequeño' —gruñó de nuevo intentando crear una atmósfera misteriosa para su pasado—. Pero sí, tengo hasta una nieta preciosa como su abuelita, y muy traviesa he de decir —dijo estirándole de la mejilla a la de cabellos dorados a modo de castigo.

—Pero si yo no he hecho nada, ¿a que no, Goku?

—¡No le mientas a tu abuela! —Y tras ello, le dio con los dedos en la nuca—. Que he visto todo con mis poderes, así que ya estamos arreglando esta situación antes de que se nos vaya de las manos —ordenó severa.

—Pero si eso íbamos a hacer... —murmuró la niña cabizbaja, señalando las anaranjadas esferas mientras soportaba las risitas del grupo.


Minutos más tarde Shenron volvía a elevarse en dirección al cielo, tiñéndolo con nubes cual furiosa tormenta. Sus ojos, aún violetas por el hechizo de Zura, se posaron en la menor de las brujas, quien se había encargado de poder realizar la invocación sin un año de demora. La niña miró unos segundos hacia atrás, observando a los guerreros Z impacientes por volver a la normalidad; ella por el contrario sentiría de nuevo ser la más pequeña de todos, como siempre. Aún así se volvió hacia el dragón y rompió el lazo que le ligaba a él tras pronunciar las correspondientes palabras mágicas.

La verdosa criatura se encontraba confundida, hasta tal punto de creer que nada de toda esta historia había tenido lugar y remontándose su memoria hasta su primer encuentro con la niña, donde creó el hechizo.

—Qué sensación tan extraña... —murmuró con voz tosca—. pensé que venías sola cuando vienes con... los de siempre. ¿otra vez vosotros? ¿Qué va a ser esta vez? ¿Krillin o Yamcha? —rió, de hecho únicamente él rió, por lo que detuvo sus carcajadas y pidió disculpas al momento.

—Déjame a mí —se adelantó Uranai, quien alzando los brazos formuló el deseo por el que se habían reunido —¡Gran Shenron! ¡Quisiéramos que devolvieras a estos hombres y a sus conocidos a su aspecto normal, pues sólo tú puedes ayudarnos con ello!

Hubo un gran silencio por parte de ambos bandos. Efectivamente Shenron era el único que podía deshacer sus propios deseos, pero aún así, el dragón seguía dubitativo.

—¿Entonces no es nada de Krillin...? —inquirió, recibiendo una negativa como respuesta. Aceptando entonces, sus ojos se encendieron del típico rojo candente que los caracterizaba, transformando los cuerpos de los guerreros junto con los demás, devolviéndoles la forma adulta.

—Tu deseo ha sido concedido, adiós. —Y tras estas palabras, se desvaneció como si nunca hubiese estado allí junto con las esferas que surcaron el cielo.


Con todo en su lugar, Goku y Gohan estiraron sus brazos hasta notarlos crugir con una sonrisa en sus labios. Goten y Trunks también mostraban una sonrisa, pero para nada igual a la de ellos, sino más bien algo decepcionados y resignados por el poco tiempo que había durado aquella historieta.

—Bueno, solucionado entonces, vámonos ya Zura, que tenemos cosas que hacer —ordenó la mayor de la familia detectando el ceño fruncido de su parienta. Goku, tras haber tratado con anterioridad con ella, ya podía intuir ligeramente qué le pasaba por la cabeza, por lo que sugirió:

—Goten, Trunks, ¿por qué no vais a jugar con ella un rato? Seguro que os lo pasaréis bien, además necesitáis entrenar un poco. ¡Pero sólo jugar, eh! ¡Que no se tenga que repetir todo esto! —Inclinó el torso hacia ella y alzó el dedo índice, después le guiñó un ojo.

—¡Sí, sí! ¡Nos tiene que enseñar trucos! —dijo Goten alzando algo la voz.

—Y a volar con una escoba, imagínate —comentó Trunks casi al instante después.

Baba se llevó los dedos a la barbilla contemplando la situación y a los niños, en especial a su nieta, a la cual terminó sonriéndole.

—Como oiga alguna queja te hago volver... —accedió dándole unas palmaditas en la espalda. Itazura no pudo disimular su entusiasmo y la abrazó nuevamente, regalándole además algunos besos en la mejilla por los que los demás sintieron cierto recelo.

Así pues, tras marcharse Uranai, los niños salieron volando en busca de juegos y más aventuras, dejando a los saiyans padre e hijo con el contrario como única compañía.

—¿Volvemos a casa, papá? —quiso saber el joven. El mayor caviló algunas opciones y negó con la cabeza, no sería demasiado recomendable dados los nervios de los demás al momento de despedirse de ellos.

—Mamá seguirá furiosa, de hecho seguramente varios días... ¿Qué tal si entrenamos como cuando eras más joven y me demuestras que sigo siendo el mejor? —rió dándole en el hombro en pos de provocarle, arrancándole también una risa a su hijo.

—¿Que tú eres el mejor? Eso tendrás que demostrarlo... ¡Para empezar te echo una carrera hasta la zona del torneo donde estábamos antes! —dijo separándose y echando a volar sin esperar a su adversario.

—¡Eh! ¡Eso es trampa! ¡Ven aquí, Gohan! ¡Te vas a enterar!

Y con ello, las vidas de nuestros adorados ídolos volvieron a su cauce... al menos hasta la siguiente de sus incontables aventuras.


Nota: Ya habréis notado que me he tomado la libertad de crearle un familiar a la mujer, pero recordad que es un relato simplemente para entretener.

P.D.: ¡Zas Sole! Ò.O Seguramente esperabas todo menos eso.

P.D. 2: Espero que lo hayáis disfrutado y hasta la próxima.