Hermanos, en lo bueno y en lo malo,
Siempre unidos, siempre a mano,
Sin pedirnos nada a cambio.
Hermanos, en lo dulce y en lo amargo.
Despertaste cerca de las siete de la mañana sintiéndote más feliz que nunca, recostada sobre la tibia arena dorada por la luz del sol, la misma luz del sol que acariciaba tu rostro con su suave calidez. Tu cabeza estaba reposando sobre su mano, y él estaba ahí, sentado junto a vos, contemplándote dormida.
No recordás cuándo fue que sucumbiste al cansancio; tu última memoria es la de estar acurrucada en sus brazos, pegando tus labios contra los suyos en un beso dulce y lento, tus manos bajando y subiendo por su espalda, ambos corazones latiendo al unísono y sincronizados, y esos 'te amo' de tanto en tanto susurrados en tu oído causando que la piel se te erizase.
Y de pronto, luego de haber visto el cielo iluminarse con el amanecer, luego de haber visto la luna y las estrellas desaparecer dando paso al día, tus párpados se volvieron pesados y cayeron sin que pudieras evitarlo, y te sumiste en lo que aparentemente fue un profundo sueño, el sueño más tranquilo y profundo que hayas tenido hasta ahora, un sueño libre de pesadillas, un sueño libre de fantasías o múltiples suposiciones.
Soñaste con él, de eso te acordás. Llevás meses soñando con él; desde el día en que lo conociste, él habita cada rincón de tu mente, incluso cuando estás dormida. Pero esta vez cuando cediste al cansancio que ni siquiera te habías percatado estaba comenzando a tomar control sobre tu cuerpo, en la pantalla de cine de tu subconsciente se proyectaron las imágenes más lindas de las últimas horas, esas horas que pasaron juntos, las primeras horas del cuento de hadas que te prometió escribir para vos, ese cuento de hadas del que sos protagonista.
Ayer, por primera vez, te dijo que te ama. Ya lo sabías: imposible no haberse dado cuenta, teniendo tantas evidencias, todas ellas gritando a voces lo mismo a través de sus mimos, sus besos y sus palabras. Sin embargo, estarías mintiendo si dijeras que no esperabas con ansias el momento en que ese 'te amo' se escapara de sus labios, el momento en que mirándote a los ojos confesara que está tan loco de amor por vos como vos lo estás por él.
Anoche, después de haber pasado juntos el día perfecto, a orillas del mar y con la luna alumbrándolos, hizo que temblaras al confesarte que te ama más, mucho más que el 'te amo' que te dice. Anoche, te pidió que fueras su princesa para siempre. Anoche, por primera vez en veinticuatro años, sentiste lo que es la felicidad indiscutible y absoluta.
A penas una hora y unos cuantos minutos después tus ojos se abrieron otra vez, y lo primero que encontraron frente a ellos fue su sonrisa.
"Mmmh, ¿me quedé dormida?" murmuraste, a pesar de que la respuesta era bastante obvia.
"Sí, cosita, un ratito" se inclinó hacia adelante y sus labios trazaron una línea desde tu frente hasta la punta de tu nariz. No pudiste evitar la risita sofocada que se te escapó: siempre sentís cosquillas cuando deja sus besos ahí.
"Mmmh, me encanta despertarme así" te incorporaste hasta quedar sentada, aún tratando de despabilarte; por lo general no te cuesta entrar en funcionamiento segundos después de haber abierto los ojos, pero habías descansado tan bien, tan cómoda a pesar de haber estado tendida sobre la arena, habías descansado con una tranquilidad y una serenidad que hacía tiempo no experimentabas, sin malos recuerdos ni pesadillas de ninguna índole persiguiéndote para tragarte y envolverte en la negrura.
"¿Así cómo?" sabía a qué te referías; simplemente estaba haciéndose el tonto.
"Así, con vos: contenta y enamorada" contestaste, muy consiente de la sonrisa cruzando tu rostro de oreja a oreja.
Mientras esperaba a que te despejaras por completo y con sus dedos aún enredándose en tus bucles, masajeando tu cabeza dulce y lentamente, te propuso que se fueran de la playa antes de que los primeros turistas o vendedores comenzaran a arribar y a romper con la paz y la calma. Dijo que podían ir hasta su casa, tomar el desayuno juntos, y pasar el resto de sus días libres descansando, paseando por la ciudad, viendo televisión…
"¿No vas a cansarte de mi, Almeida?" bromeaste, interrumpiéndolo.
"Nunca" fue su respuesta, y para convencerte por completo – no que fuera necesario, en realidad -, selló tus labios con un beso, el primero de muchos que esperabas te diera hoy.
Tomaste la mano que caballerosamente te extendía y te pusiste de pie con su ayuda, te calzaste tus zapatos y tomaste tu cartera, la cual había quedado olvidada a un costado. Estaban a punto de regresar caminando hasta el lugar donde la noche anterior estacionaron el coche, lista para ir por segunda vez a su departamento y sentarte en alguna de las butacas altas de la cocina para verlo preparar los panqueques que te prometió, cuando lo que parecía sería el sábado perfecto se vio frustrado por el sonido de tu teléfono celular.
Te sentiste obligada a atender; ¿y si estaban llamando de la CTU?, ¿y si pasó algo con el Presidente Palmer?, ¿y si Chappelle necesitaba que fueran porque habían surgido nuevas pistas sobre alguna célula terrorista o se había activado alguna prioridad? Tuviste que atender, pensando que era el deber el que llamaba.
Menuda sorpresa te llevaste cuando del otro lado de la línea escuchaste la voz llorosa, asustada y jadeante de tu hermano mayor.
"Michelle…, tuve una pesadilla horrible… Yo… Soñé que… soñé que Carrie venía a verme…, a decirme que yo era un perdedor, un alcohólico… un fracasado y… y que ella me había engañado porque… porque un idiota como yo merecía que… que lo tomaran de estúpido y que… que estaba contenta de que… de que yo… hubiera perdido a mi familia, a mis hijos… Me decía que nunca más iba a… a ver a mis hijos, que iba a testificar en mi contra en el… en el juicio por la tenencia de los nenes y… que… que iba a decir que yo… abusé de ella, que me aproveché de ella… Me decía que iba a mandarme a la… a la cárcel, y que no iba a ver a mis hijitos nunca más y yo… En el sueño yo la… la mataba, y luego me suicidaba. Michelle, estoy muy alterado. Necesito verte, Michelle, por favor. No quiero cometer una locura, no… Ayer compré una botella de… de vino, porque… No lo sé, no sé por qué la compré… No la abrí, pero… Ya sé que es sábado y que es… temprano, pero, Michelle, necesito hablar con alguien, necesito… Te necesito, hermanita. No quiero tomar, no quiero volver a tomar, no quiero que me saquen a mis hijos…"
Escucharlo así, escuchar su sufrimiento te partió el alma.
Si bien cometió errores e hizo cosas que no debería haber hecho y se metió en situaciones en las que no se debería haber metido, sigue siendo tu hermano y es inevitable que te preocupes por él y por su bienestar, especialmente cuando sabés lo mucho que se ha esforzado por cambiar, por mejorar, por recuperarse después de haber caído en esa depresión tan profunda.
El psiquiatra le dijo que luego de sus episodios de ira o luego de pesadillas especialmente aterradoras, sería bueno conversarlo con alguien, hablarlo, buscar apoyo y tranquilidad en una figura que le inspirara confianza. Danny no tiene a nadie más, te tiene sólo a vos, su hermanita menor. Vos sos la única en quien puede confiar.
Nunca tuvo una figura paterna de la cual aprender (mejor ni entrar en detalles sobre su padre); tu mamá se esforzó tanto como pudo, pero la poca estabilidad emocional de la que alguna vez gozó fue durante los escasos años que disfrutó con tu padre, y esa felicidad acabó abrupta y trágicamente, derribándola una vez más con tanta fuerza que nunca pudo levantarse, por lo cual podría decirse que el rol materno que pudo haber cumplido con Danny fue insuficiente y quizá hasta nocivo; él nunca quiso acercarse a tu abuela Lee ni aceptar su bondad, cariño y cuidados porque 'no era su abuela biológica'. La única familia que Danny tiene se resume en vos y en sus hijos, y es muy claro que la ayuda que precisa en estos momentos sólo vos podés brindársela.
No podías dejarlo solo. No podías ser egoísta y anteponer tu felicidad, tu necesidad de estar con Tony ante la necesidad de tu hermano de recibir atención y compañía en un período tan oscuro y difícil.
Simplemente no podías. Lo sentías – lo sentís – como una responsabilidad.
A decir verdad, a pesar de que él es doce años mayor, desde hace bastante tiempo que te sentís responsable de Danny.
Cuando estudiabas becada en la universidad y él no tenía trabajo ni el nivel académico para enriquecer sus estudios con algún curso en el colegio comunitario que después le permitiera abrirse paso en el campo laboral, fuiste vos la que tomó un empleo como ayudante en la biblioteca para poder pagar sus cuentas y asegurarte que nunca le faltara de comer; fuiste vos la que lo dejó mudarse al departamento que alquilaste luego de la muerte de tu abuela cuando a él no le alcanzaba el dinero para pagar la renta de su habitación de hotel; fuiste vos la que movió cielo y tierra hasta que una de tus profesoras de ese entonces habló con su marido para que le diera a Danny un puesto como vendedor en su cadena de electrodomésticos.
Cuando cinco años atrás su novia quedó embarazada, fuiste vos la que habló largo y tendido con él para explicarle que era su deber hacer lo correcto y casarse con Haylie, responsabilizarse por sus actos y ser un buen padre para su hijo y un buen esposo. Después de todo, su propio padre lo abandonó a él antes de nacer, cuando tu mamá era a penas una criatura de quince años, asustada y confundida. Él no iba a hacer lo mismo, ¿o sí? Fuiste vos la que lo convenció para que se hiciera cargo, sentara cabeza y se convirtiera en un jefe de familia. Eras a penas una jovencita de diecinueve años, y él con treinta y uno a cuestas dependió de vos para entender cómo debía guiarse frente a esa situación, dependió de vos para entender que tenía que asumir sus responsabilidades y obrar como un buen hombre en vez de escapar.
Y ahora no podés evitar que la culpa te carcoma un poco: Danny, luego de mucho esforzarse, había logrado llevar una buena vida. Le iba bien en su empleo, se preocupaba mucho por Haylie y por sus hijos, había madurado, se había convertido en alguien distinto, menos egoísta y más comprometido con asuntos importantes.
Pero a través tuyo conoció a Carrie, y si bien nunca cruzó por tu cabeza la idea de que acabaría sucediendo lo que en efecto sucedió, te resulta difícil no condenarte a vos misma.
Fuiste vos la que los presentó, feliz de tener finalmente una amiga luego de tantos años sufriendo discriminaciones múltiples, luego de tantos años de ser avergonzada y humillada por tus ricos y snobs compañeritos de colegio, luego de tantos años de ser simplemente 'la nieta de la señora japonesa que limpia', luego de tantos años de ser 'la chica inteligente y nerd que no tiene ni papá ni mamá', luego de convertirte en víctima de la timidez, luego de pasar tus años de secundaria sola y aislada sin querer entablar ningún tipo de amistad por miedo a ser rechazada o abandonada (tampoco nadie hizo el esfuerzo de acercarse a vos y hacer que te sintieras aceptada o incluida), luego de esconderte tras los libros en la Universidad porque te daba vergüenza ser menor que todos y tener que manejar en tu auto usado dos horas hasta la casa de tu abuela porque no tenías dinero o medios para rentar un apartamento cerca de allí o pagar para ocupar alguno de los dormitorios del campus.
Cuando conseguiste el trabajo en División y conociste a Carrie, ella se acercó a vos y te brindó su 'amistad'; o al menos algo que vos considerabas amistad. Y estabas tan contenta que llegaste al extremo de compórtate como una criatura estúpida de cinco años ansiando que tu hermano y tu mejor amiga se conocieran, lo cual desembocó en… esto.
'Esto' es tu hermano presa de un alcoholismo peligroso, de una depresión que lo llevó a atentar contra sí mismo e intentar poner fin a su vida.
'Esto' es tu ex cuñada – con quien antes tenías una buena relación – prohibiéndoles a tus sobrinitos ver a su papá y a su tía. 'Esto' es tu hermano enfrentando pesadillas, síndrome de abstinencia, citas con el psiquiatra y medicamentos que van a ayudarlo a que 'se ponga mejor pronto'.
'Esto' es que la necesidad de cuidarlo y ocuparte de él y ese sentido de responsabilidad hacia él que ya desde hace mucho tiempo era parte de tu personalidad aumenten aún más, llevándote a tener que mirar a Tony a los ojos con la mirada triste y decirle que no pueden pasar el sábado juntos porque Danny está mal y precisa algo de apoyo.
Te entiende, por supuesto, comprende sin problemas que es una cuestión de fuerza mayor la que te lleva a de pronto suspender los planes que habían ideado. Te dice que si se tratara de sus hermanas, haría exactamente lo mismo, iría corriendo enseguida a asistirlas, sea cual sea el problema; te cuesta imaginar a alguna de las hermanas de Tony enfrentándose a situaciones complicadas que impliquen alcohol, antidepresivos, terapeutas, divorcios complicados y pesadillas horribles en las que se ven asesinando a otro ser humano (aunque también por otro lado te cuesta encontrar méritos que lleven a Carrie a clasificar como algo que sería considerado dentro de la categoría de 'ser humano'). No conocés a sus hermanas, pero la experiencia con la que contás te ha enseñado que cuando una familia amorosa te respalda, cuando fuiste educado por padres amables y cariñosos, cuando creciste en un hogar feliz, tus chances de terminar enredado en problemas como los que desafían a Danny son menores, y por lo que Tony te ha contado es obvio que su hogar fue muy diferente al tuyo.
Le dijiste a tu hermano que ibas a llegar en una hora, que acababas de levantarte (lo cual no es mentira) y que necesitabas bañarte y vestirte. Le aconsejaste darse una ducha tibia para tranquilizarse, tomar una taza de té y esperar pacientemente hasta que arribaras.
Tony insiste en llevarte hasta tu departamento, y no tenés fuerzas para decirle que – dado que él pasó toda la noche despierto y no duerme desde hace casi veinticuatro horas – debería irse directo a su casa y dejar que vos tomes un taxi hasta la tuya.
Simplemente envolvés tus brazos alrededor de su torso y apoyás la cabeza sobre su pecho, inhalando profundamente su perfume y preguntándote si será posible capturar este momento, guardarlo en una cajita de cristal y llevarlo con vos durante todo el día para no extrañarlo terriblemente.
Está ahí, abrazándote, mimándote, y vos ya lo extrañás porque sabés que van a pasar varias horas hasta que vuelvan a verse.
Dios, ciertamente desarrollaste una especie de dependencia de la cual no vas a recuperarte nunca (tampoco es que te interese mucho recuperarte; no querés volver a esas para nada lejanas épocas en las que estabas solita frente al mundo, cargando en tu espalda el peso entero del Universo).
"Gracias, mi vida" suspirás "Lamento mucho que nuestro sábado se haya echado a perder"
"Michelle, estoy enamorado de vos en parte por tu personalidad; la mujer a la que amo nunca dejaría a su hermano solo si está angustiado o en problemas" te besa en la frente, demorando sus labios sobre tu piel unos segundos más de lo necesario "Vamos, quiero comprarte algo en el camino para que no tengas el estómago vacío"
Amás que te cuide tanto, que se preocupe por vos de esta manera tan dulce. Amás que te mire con esos ojitos de cachorrito abandonado cuando minutos más tarde aparcan frente a un McDonald's y te dice:
"Sé que no es mucho: te merecés el mejor desayuno del mundo, algo más especial. Pero dadas las circunstancias…"
"Tony" lo interrumpís, acariciando su brazo de arriba a abajo y sonriendo, lo cual produce que automáticamente una sonrisa parecida a la tuya cruce su rostro de aspecto cansino pero feliz ", ya me siento especial por el simple hecho de que me ames" es tan lindo, poder decir esas palabras, poder decir que te ama ", y tenerte a vos es de por sí mucho más de lo que podría haber imaginado merecer"
Su boca roza la tuya brevemente.
"Te amo" suspira.
"Yo también te amo" tu contestación viene acompañada de una caricia en su mejilla antes de que se baje del auto y entre rápidamente al local, para regresar luego con dos vasos de cartón rebosantes de café caliente – el tuyo con azúcar, leche y crema como a vos te gusta – y panquecitos de chocolate con nueces.
"No te preocupes por Danny, mi vida" se esfuerza por tranquilizarte y aflojar tus tensos nervios antes la perspectiva del estado en el que puedas encontrar a tu hermano dentro de un rato; te maravilla cómo ha aprendido a leer tus gestos, tu lenguaje corporal, tus expresiones, cómo puede mirarte a los ojos y llegar al interior de tu alma, tan frágil, vulnerable y transparente cuando se trata de él "Va a estar todo bien, ¿sí, cosita?"
Con cualquier otra persona, asentirías con la cabeza y permanecerías en silencio, ahogándote por dentro. Pero con Tony es distinto: podés extender los brazos y pedirle que te saque de las aguas que amenazan con tragarte, podés contar con él para mejorar todo con sus palabras, con sus besos y con sus mimos.
"Gracias" tomás una de sus manos entre las tuyas "A veces pienso en… en qué hubiera pasado si es noche no lo hubiera encontrado"
Acabás de confesar algo que nunca le contaste a ninguna otra persona, una de las memorias más íntimas y dolorosas con las que tenés que convivir a diario, una de esas memorias que a veces por la noche te visita en forma de pesadilla, esa pregunta que no te deja en paz: ¿qué hubiera pasado si esa noche no llegabas a tiempo?
"Probablemente hubiera muerto antes de que los paramédicos pudieran estabilizarlo y llevarlo al hospital para lavarle el estómago" suspirás, y un escalofrío recorre tu espalda.
Pero no sabés si estás lista para contar más. No querés revivir todo eso justo ahora, desenterrar todo eso justo ahora que estás yendo a encontrarte con un Danny alterado y angustiado. Necesitás estar despejada y fuerte para enfrentar lo que sea que esté esperándote, para poder mantenerte firme y sostenerlo a él, evitar que caiga de nuevo en ese profundo pozo.
"Michelle, esta vez va a ser distinto" asegura, desviando los ojos de la carretera para mirarte a vos, y ves reflejada en él una pura y evidente preocupación por hacer que te sientas mejor "Tu hermano te llamó pidiéndote ayuda" te recuerda "No va a cometer ninguna locura; él quiere mejorar, quiere cambiar las cosas. No va a volver a cometer una locura" repite.
Y le crees.
Y te calmás.
Tragás con algo de dificultad y te las arreglás para regalarle una sonrisa débil, a pesar de que en el pecho sentís un nudo terrible hecho del llanto acumulado que no querés dejar salir.
El resto del viaje transcurre en silencio, hasta que estacionan frente a la puerta del edificio en el que vivís.
"Princesa, va a estar todo bien" te promete otra vez, acariciando cada centímetro de tu rostro, deteniéndose en tus labios y en tus párpados, que dejaste caer bajo la influencia terapéutica que su tacto tiene en vos "¿Querés que vaya con vos?" propone.
Danny nunca reaccionó bien a las personas extrañas, mucho menos si esa persona extraña es el que un par de noches atrás ordenó a seguridad que se lo llevaran a la enfermería de la CTU para sedarlo e impedir que acogotara a Carrie hasta quitarle el aire y matarla, mucho menos si ese mismo tipo se presenta como el novio de tu hermana. No, Danny no respondería bien si llevaras a Tony con vos.
"Nada me haría mejor que tenerte conmigo" decís, besando el dorso de su mano ", pero creo que es mejor que me ocupe de mi hermano yo sola. Estoy acostumbrada" le asegurás "Sólo que después de los últimos meses verlo así de destruido me afecta de manera especial"
Te gustaría contarle todo desde el principio: tu supuesta amistad con Carrie, cómo ella y tu hermano se conocieron, la forma en que se las ingenió para obtener su número de teléfono y llamarlo, el día en que Danny dejó a Haylie, el divorcio, todo el desastre que vino después de que Carrie se aburriera de usarlo y lo dejara abandonado como a un perro de la calle, el infierno en que su vida se sumió a partir de allí, el intento de suicidio…
Pero eso tomaría horas. Horas de llanto, horas de relatos entrecortados por tu necesidad de expresar el dolor llorando, horas de aferrarte a Tony, abrazarlo, pedirle que te cuide y que no te deje nunca, horas de desahogo. No podés darte ese lujo ahora, porque estás corriendo contra el reloj. No crees que Danny sea capaz de aguantar mucho más tiempo solo, sentado en su cama, en esa pequeña habitación oscura, bebiendo té y tratando de no pensar en la botella de vino que compró y que se muere por tomar.
"Un día voy a contarte cómo fue"
"Y ese día" sus labios acarician tu frente de nuevo "voy a escucharte tanto como necesites, ¿sí, princesa?"
Le regalás otra de tus sonrisas, lo besás muy despacio en la boca tratando de que el sabor se quede ahí tanto como sea posible, y luego finalmente te bajás del auto, con tu cartera colgando del brazo y la bolsa con tu osito de peluche sujeta por tu otra mano, no sin antes haberlo escuchado decir 'te amo' por lo que a estas alturas ya debe ser la vez número un millón.
Te alegra que Gordon, el encargado, no se halle en el recibidor cuando lo cruzás para llegar al ascensor; generalmente le gusta ponerse a hablar de su nieta, de su hijo que vive en Washington, del clima, del gobierno, de American Idol… Le gusta hablar, mucho, y a vos te gusta escuchar y compartir tus opiniones de tanto en tanto, pero hoy carecés de tiempo.
Cuando cruzás la puerta de tu departamento dejás la cartera en el sillón de la sala de estar, donde puedas agarrarla rápidamente cuando salgas del baño luego de tomar una ducha, con ropa limpia y lista para irte. Antes de ir al cuarto de baño, te dirigís a tu habitación y depositás al osito de felpa que Tony te regaló sobre tu cama, en el medio, junto a tus dos mullidos almohadones. Luce adorable, y al fijarte de nuevo en sus ojitos marrones sonreís: te recuerdan muchísimo a los de Tony, esos ojos en los que te encanta perderte.
Al desnudarte y echar tus vestimentas en el cesto para la ropa notás los granitos de arena que se han colado dentro de ella y en tu calzado, y no podés evitar suspira dulcemente cuando los recuerdos recientes de esas horas en la playa afloran. También tenés algo de arena en la cabeza, la cual desaparece de tu cabello enseguida luego de mojarlo y aplicar acondicionador.
Un cuarto de hora más tarde, entrás a tu habitación con una toalla blanca envuelta alrededor del cuerpo, y al abrir el ropero – a diferencia de cómo sucedió ayer por la mañana – no te invade una urgencia desgarradora de encontrar algo que te haga ver bonita, ni te quedás frente al espejo contemplándote y pensando qué vas a vestir. Simplemente elegís al azar uno de tus otros tres pares de jeans, abrís un cajón y desdoblás una remera de manga tres cuartos color uva (lo cual te recuerda que la falda negra y remera color vino similar a la que llevás puesta ahora que tenías el día de la bomba nuclear aún están en la cesta de ropa para lavar, de la que aún no te ocupaste), y luego tomás de una de las perchas un saquito de hilo color blanco, aunque por un breve segundo te tentó la idea de abrigarte usando su sweater gris, ése sweater gris impregnado en su perfume, que ahora es tuyo porque él te lo regaló.
Con tus zapatillas más cómodas calzadas, el cabello recogido por un gancho de plástico en una colita de caballo floja y las llaves de tu coche en una mano, volvés a bajar al hall, el cual por suerte sigue vacío y sin ninguna posibilidad de ser retenida y demorada a la vista.
Manejás a casa de Danny con el nudo en el estómago volviéndose cada vez más apretado y los nervios crispándose. En esta ocasión Tony no está para apaciguarte y servirte de sostén, y es algo que se nota bastante. El vacío en el estómago, ese agujero gigante que duele no estaba ahí cuando hará cosa de media hora atrás estabas en su auto, compartiendo con él el primer café de la mañana, escuchando sus palabras tranquilizadoras y disfrutando de sus caricias en tus manos y en tu rostro.
Respirás hondo, y otra vez cruza por tu mente la idea de que has desarrollado una dependencia profunda y que no podés esperar a volver a estar en sus brazos para hablarle de lo que pasó con Carrie, con Danny, con Haylie y tus sobrinos, esa horrible situación en cuyo turbio medio quedaste capturada, el modo en que lo sufriste en carne propia.
No podés esperar a caer en sus brazos y dejar que cure tus heridas.
Pero ahora estás lejos de ese refugio, estás lejos de ese nido que Tony Almeida representa para vos.
Ahora estás de pie frente a la puerta del 'hogar' de Danny, por llamarlo de algún modo, por no decir simplemente 'la pequeña habitación que alquila'. Ahora estás ahí frente a esa puerta que se abre, dejando ver a tu hermano mayor, quien sea ha convertido en un hombre consumido, debilitado y abatido.
Te abraza, y a diferencia de cómo actuaste un par de noches atrás, esta vez sí envolvés su cuerpo – mucho más grande que el tuyo – en tus brazos, queriendo consolarlo, queriendo ayudarlo, queriendo hacer que finalmente encuentre algo de alivio, algo de consuelo, queriendo tomar su mano y hacer que se ponga de pie para comenzar a recoger los pedazos rotos de su vida, una vida que ya estaba fracturada y a punto de deshacerse mucho antes que se involucrara con Carrie, mucho antes que abandonara a su esposa e hijos, mucho antes que empezara a tomar, mucho antes que perdiera el trabajo, mucho antes que se tragara todas esas pastillas para acabar con su existencia.
"Gracias por venir, Michelle" susurra.
Minutos más tarde están ambos sentados cada uno en una silla, frente a la pequeña mesa. El ambiente físico en el que se encuentran te recuerda un poco a eso que te contó Tony anoche sobre sus padres: ellos también vivían en una pieza, donde a penas cabían una cama, un par de sillas y una mesa, pero ellos sí eran felices, a diferencia de la miseria que se respira en el aire, la miseria que rodea a Danny.
Tiene los ojos hinchados de tanto llorar, inyectados en sangre; su piel está roja y sofocada, bañada en lágrimas, algunas aún húmedas y otras que ya se han secado. Su cabello color arena está húmedo y sus ropas lucen limpias y frescas, lo que delata que por primera vez en mucho tiempo siguió un consejo tuyo sin que tuvieras que repetírselo diez mil veces y tomó esa ducha de agua tibia.
Las manos le tiemblan cuando trata de agarrar la pava de acero para volver a llenarla con agua, por lo cual se la quitás.
"Yo puedo hacer más té" ofrecés.
"No sé, hermanita… ¿Ya aprendiste a encender una hornalla?"
Humor sarcástico y hasta podría decirse que teñido de negro. Pero al menos tiene algo de sentido del humor. Eso es bueno.
"No te preocupes, Danny, no voy a prender fuego el edificio" lo tranquilizás en tono de broma, intentando animar un poco la situación, hacer que se afloje.
"Nadie se molestaría si prendieras fuego esta pocilga" es su respuesta agria, cortante y amarga.
Desprecia el techo que tiene sobre su cabeza, desprecia su vivienda que – aunque humilde – lo protege de la lluvia y el frío y de tener que – como muchos otros que por errores similares han acabado en la misma situación – tienen que dormir en la calle o en centros de ayuda para indigentes.
Hubo una época, cuando él era pequeñito, en la que a tu mamá nadie la protegía de nada, mucho menos de la lluvia y el frío. Y ella sola debía protegerse a sí misma y a su hijito, con sólo escasos diecisiete años de edad y un bebé de dos años. ¿Danny acaso no aprendió nada de su propia historia? Vos, que gracias al cielo nunca tuviste que recurrir a la asistencia de comedores comunitarios o asilos para madres solteras, aprendiste a valorar las cosas, a apreciarlas, a ser agradecido por el pan de cada día, pero él no aprendió nada de eso. Esas lecciones le entraron por un oído y le salieron por el otro.
Cuando era adolescente también despreciaba los esfuerzos de tu abuela, que estaba sola haciéndose cargo de los dos, tenía tres empleos y no era precisamente joven.
No, definitivamente la vida a Danny no le enseñó nada. O, mejor dicho, la vida trató de enseñarle, pero a él no le interesó aprender.
"Esto no es una pocilga, Danny" decís con algo de bronca en la punta de la lengua, tratando de mantener tus emociones bien apretadas dentro tuyo para que no desborden "Has pasado por necesidades peores. Hay gente que lo pasa mucho peor" notás que tu tono de voz está ligeramente más alto, que estás poniéndote un poco nerviosa, y te obligás a respirar hondo para tranquilizarte a vos misma.
Dios, desearía que Tony estuviera acá, que me besara y abrazara y me hiciera sentir como una princesa y me diera que todo va a estar bien.
"Antes yo tenía una casa, Michelle" se lamenta en voz alta, y percibís cierta cuota de resentimiento en sus palabras "Era de mi suegro, claro, y no perdía oportunidad de restregarme en la cara que fue él quién nos regaló a mi y a Haylie nuestro 'hogar', pero al menos era mi casa. Era una linda casa" comienza a temblar otra vez, mientras nuevas lágrimas llenan sus ojos abolsados.
Regresás con la pava llena de agua caliente en una mano, y una taza de loza blanca que encontraste junto al fregadero en la otra y depositás todo en la mesa junto al frasco de vidrio lleno de saquitos de té y la taza de Danny – una de plástico color rojo con dibujos de autitos que presumís debe haber pertenecido a tu sobrino, Nicholas -.
Dejás que hable, dejás que se desquite. Mientras, vertés el líquido caliente en ambas tazas y metés los saquitos dentro, viendo como el contenido pasa de incoloro a marrón claro.
"Tenía una casa y un trabajo"
Probás un sorbo de té: está amargo. Odiás el té amargo. Pero estás segura que en su estado económico actual Danny no tiene dinero suficiente para costear un lujo como un paquete de azúcar.
Voy a ir al supermercado esta tarde y voy a traerle comida, voy a llenarle la heladera y las alacenas.
"No me gustaba mi trabajo vendiendo microondas y lavadoras, pero al menos no estaba desempleado. Veía a mis hijos todos los días" la emoción hace que se trabe cuando los menciona, y su mano agarra con más fuerza el asa de la taza roja, hasta que de pronto sus nudillos se vuelven blancos "Ahora no puedo… no puedo verlos. No pueden ver a su papá, tampoco pueden ver a su tía" el corazón se te encoje de tristeza "Y Haylie dijo que va a asegurarse de que el juez le dé permiso para llevárselos lejos, que su abogado va a destrozarme… ¡Michelle, yo ni siquiera tengo dinero para costear un abogado!" da un puñetazo "¡Van a sacarme a mis hijos!"
Entierra la cabeza entre los brazos y cae derrotado sobre la superficie de la mesa, sollozando a viva voz.
"Michelle… yo no… Me equivoqué, lo sé, pero…"
"Shhh" frotás su espalda con la palma de tu mano en un intento de reconfortarlo "Danny, vamos a encontrar una solución" te gustaría poder prometérselo, te gustaría tener una garantía de que tus palabras son ciertas, de que se van a cumplir, de que no son sólo las palabras desesperadas de quien quiere consolar a un ser amado que está sufriendo.
Levanta la cabeza y solloza otra vez, en esta oportunidad con sus ojos clavados en los tuyos, que han comenzado a humedecerse.
"¡Michelle, yo amo a mis hijos, no quiero vivir sin ellos! Me equivoqué al engañar a Haylie, pero no soy un mal padre. ¡No soy un mal padre!"
Sigue perdido en sus incoherencia, gimiendo desconsolado como un animal herido, mientras a vos se te parte el alma a la mitad e intentás demostrarle que a pesar de todo estás ahí, que no vas a abandonarlo, incluso si muchas veces sus defectos lo nublan y comete errores, incluso si se muestra muchas veces malagradecido, incluso si no ha aprendido nada de lo que la vida intentó enseñarle, incluso si muchas veces despreció a tu abuela y la hirió con sus comentarios filosos, incluso si muchas veces te dijo verdades sobre tu mamá que preferirías haber ignorado. Incluso si él no siempre ha estado unido a vos, acompañándote en lo bueno y en lo malo, en lo dulce y en lo amargo, vos vas a estar ahí para él, para tu hermano.
Él es tu hermano – aunque compartan solamente la mitad de los genes -. Él es tu hermano. Estuvieron en la misma panza, fueron acunados durante nueve meses en el mismo vientre. Fueron dados a luz y a este mundo por la misma mujer, aunque en circunstancias muy diferentes una de la otra.
No importa lo que diga el ADN: él es tu hermano. La palabra 'medio' delante de ello para vos no existe, nunca existió en tu vocabulario, porque tu abuela Lee te crió de manera tal que entendieras que por más que Danny no fuera hijo de tu papá, él y vos eran hermanos como cualquier otros.
Y los hermanos tienen que apoyarse mutuamente. En lo bueno y en lo malo. En lo dulce y en lo amargo.
Danny muchas veces te decepcionó y abandonó, pero no te importa. Lo perdonaste. No vas a echárselo en cara. Nunca guardaste rencor por nada de lo que te hizo. No vas a abandonarlo jamás, haga lo que haga.
Cuando finalmente se calma y los sollozos cesan, sacás de tu cartera un paquete de pañuelitos descartables y se lo tendés para que pueda secarse el rostro y limpiarse la nariz.
"Danny" llamás su atención, implorando que te mire y escuche atentamente lo que vas a decirle "Lo siento tanto" te tiembla la voz, pero no te permitís llorar "Lamento mucho todas estas cosas que están pasándote: las pesadillas, tus problemas financieros, los problemas con Haylie, Carrie, todo. Lo lamento tanto" mordés tu labio para evitar el sollozo ahogado que quiere escaparse de tu garganta.
"No fue culpa tuya, Michelle" te asegura, acariciando el dorso de tu mano con sus nudillos "Yo cometí esos errores" traga con dificultad antes de continuar "Me casé con Haylie porque estaba embarazada, porque era lo correcto. La quería, pero no la amaba. Me preocupaba por ella, pero no estaba enamorado" suspira "Cuando nació Allison mi hija se convirtió en el gran amor de mi vida"
Recordás ese día: el día que sostuviste a tu sobrinita en brazos por primera vez. Recordás la sonrisa radiante en el rostro de Danny, recordás que te abrazó y te agradeció por haberlo convencido de quedarse con la madre de su bebé y aceptar sus responsabilidades como padre. Tenés esa foto guardada en algún lugar: tu sobrinita en tus brazos, y Danny acariciando protectoramente su cabecita.
Ese Danny rebosante de felicidad es el mismo que hoy se encuentra sentado frente a vos, en esa habitación pequeña a la que desprecia profundamente y llama pocilga, lamentándose por errores que le costaron mucho más de lo que creyó llegarían a costarle.
"Luego vinieron Nicholas y Krissy, y los amé tanto como a Ally. Ellos… Michelle, a ellos los amo más que a nada en el mundo" asegura, poniendo una mano sobre su corazón "Me preocupo por ellos. Quiero que sean felices. Quiero que tengan un buen padre, la clase de papá que yo no tuve. Quiero que tengan la infancia feliz que yo no tuve. Yo no, yo" vuelve a trabarse "… Mi vida matrimonial estaba tambaleándose, Michelle, Haylie y yo teníamos muchos problemas, discutíamos todos los días, nos llevábamos cada vez peor… Carrie me dio la excusa para cometer una indiscreción, algo con que distraerme, algo con que hacer más llevaderos los problemas en casa"
Ya te contó esta historia, varias veces la escuchaste, varias veces escuchaste sus explicaciones y motivos, pero si le hace bien repetirlo, estás dispuesta a escucharla otra vez.
"Y creo que llegué a enamorarme de ella, o de lo que pensé que ella era, en todo caso, la persona que me hizo creer que era… Sí, estaba enamorado de la clase de mujer que Carrie aparentó ser. Por eso dejé a Haylie: porque pensé que había encontrado en Carrie a la persona con la que pasaría el resto de mi vida, al amor de mi vida. Yo estaba convencido de que estaba enamorado, de que estábamos enamorados" comienza a sollozar otra vez "Ahora entiendo que mis únicos grandes amores, los únicos a los que amo incondicionalmente, son mis hijos"
"Y ellos saben que los amás" le asegurás "Vamos a encontrar la manera de solucionar las cosas, vamos a llegar a un acuerdo para que puedas verlos, vas a ver" intentás consolarlo, prometiéndote a vos misma que vas a mover cielo y tierra para sacar a Danny de esta circunstancia, que vas a acompañarlo hasta el final.
Mi abuela hubiera querido esto, para esto me crió: para ser una buena hermana menor, y estar con Danny en lo bueno y en lo malo.
"Michelle, fui muy egoísta con Haylie cuando la engañé, egoísta e injusto… En cierto modo en su momento lo sabía pero no me importaba porque pensé que era una buena revancha, una forma de castigarla por lo difícil que me ponía las cosas en casa a veces… Eso me hace una mala persona y un mal esposo" traga con dificultad otra vez "Pero ahora me doy cuenta de que fui muchísimo más egoísta con mis hijos, y que fui un mal padre, porque este asunto del divorcio está causándoles tanto dolor" las lágrimas fluyen libres ", y ellos son sólo criaturitas inocentes" se altera demasiado, comienza a golpear la mesa con los puños "¡Por Dios, Krissy es una bebé!, ¡cuando empecé mi aventura con Carrie ni siquiera había nacido, Haylie tenía meses de embarazo! ¡¿Qué clase de padre soy?!
"Danny, sos un ser humano. Los seres humanos a veces tropiezan, y tienen que volver a levantarse…"
Si sabré yo eso.
Interrumpe lo que estás diciendo, aún más frustrado y enojado consigo mismo:
"¡Pero yo me quedé tirado en el suelo y dejé que la vida me pateara hasta morir desangrado! Me volví un alcohólico, perdí mi trabajo, traté de escaparme de la situación como un cobarde, tomándome un frasco de pastillas…"
No querés acordarte de esa noche. No querés acordarte de los días que siguieron. No. Reprimís las memorias, las empujás lejos. Tenés que mantenerte fuerte para él, no podés permitirte quebrarte y lárgate a llorar vos también porque es demasiado doloroso recordar lo mucho que sufriste y lo muy culpable que te sentiste cuando tu hermano intentó suicidarse.
"Les fallé a las personas que más amo en esta Tierra, las personas que me enseñaron lo que es el amor: mis hijos. Les fallé terriblemente" se lamenta, ladeando la cabeza de un lado al otro como lo haría un animal salvaje enjaulado.
"Danny, lo siento tanto" murmurás, y la impotencia que te carcome en estos momentos es tan grande que podrías vos misma ceder a la tentación y darte el gusto de llorar.
Pero no lo vas a hacer.
Vas a mantenerte fuerte, porque Danny necesita que seas su pilar, su sostén. Vos podés quebrarte y ahogarte en un mar de llanto cuando llegues a los brazos de Tony otra vez, esos brazos en los que te sentís más segura que en cualquier otro sitio, porque sabés que él va a curar todas tus heridas y jamás va a dejar que te sucedan cosas malas.
"Danny, vamos a solucionar esto" repetís, frotando su espalda "Vamos a solucionar esto. Voy a ayudarte, voy a estar con vos en esto, ¿sí? Estamos juntos en esto" hablás en voz baja y tranquilizadora "Vení, necesitás descansar, necesitás dormir bien" lo tomás de la mano y lo ayudás a caminar los pasos que separan la mesa de la cama.
Se recuesta ahí, y vos te arrodillás a su lado, esperando que el suelo de madera sin barnizar no tenga astillas.
Sigue llorando con la cara enterrada en la almohada, que se parece más a un pedazo de goma espuma envuelto en una tela antes blanca pero que por la suciedad se ha vuelto gris.
Voy a comprarle una almohada de plumas. Y fundas nuevas. Y ropa de cama también.
"No quiero que me saquen a mis hijos, Michelle" vuelve a decirte con voz ahogada.
"Vamos a luchar para que no sea así. Voy a pagarte un abogado"
"Ya hiciste demasiado por mí… No merezco tanto, Michelle, especialmente porque yo nunca fui un hermano modelo para vos…"
No, es cierto, no lo fue. Cuando eras pequeña no te prestaba atención, rechazaba tus muestras de afecto, rompía tus cosas a propósito, te llamaba su 'medio hermana' porque sabía que eso te lastimaba, te decía que eras 'rara' porque todos los japoneses eran raros, y que él era 'normal'; te decía que no importaba que hubieras nacido en los Estados Unidos, que seguías siendo rara igual porque tu papá había sido japonés. Muchas veces incluso te torturaba diciéndote que tu papá no había fallecido, que se había hecho pasar por muerto para abandonarte a vos porque no te quería.
Sí, Danny era bastante cruel con vos.
Pero eso no te marcó de manera especial, o al menos no te marcó tanto como para negarle ayuda en sus tiempos difíciles, porque vos a él nunca lo consideraste menos de lo que realmente es: tu hermano.
"No, Danny" lo interrumpís "Voy a pagarte un abogado, y voy a ayudarte a encontrar un trabajo"
"Nadie contrataría a un alcohólico…"
"No seas pesimista, Danny" ordenás con voz firme "¿Dónde está esa botella de vino que compraste?" preguntás.
"En el baño" contesta con vergüenza. Parece decepcionado de sí mismo por haber sucumbido a la tentación y comprad alcohol.
Rápidamente te dirigís al pequeño cuarto anexado a la habitación. Es un baño pequeño, con una ducha pequeña y un lavabo y retrete pequeños. A penas si cabrían dos personas de pie dentro de él. Encontrás la botella en una esquina, la tomás y regresás con Danny, cerrando la puerta detrás de vos con un leve chillido debido a que no está bien aceitada.
Cuando estás nuevamente arrodillada junto a él, hacés que desentierre la cara de la almohada y sostenés la botella de vidrio, llena y sin abrir, frente a sus ojos.
"Esto" indicás "no es la solución a nada" pensás en tu mamá, en su alcoholismo, y tu corazón se hincha de angustia otra vez "Mamá creyó que los problemas eran más fáciles de afrontar si primero se llenaba de 'coraje líquido', pero no tenía razón"
Recordás las cajas de cartón repletas con las pertenencias de tu mamá, esas que tu abuela guardó en el fondo de su ropero después de que tu madre se fuera esa mañana de verano porque 'iba a ir a un lugar en donde la ayudarían a mejorar'. Encontraste esas cajas dos o tres años más tarde por casualidad, y no pudiste resistir la tentación de abrirlas y echar un vistazo.
Dentro estaban los diarios de vida de tu madre. Muchos libritos pequeños de hojas lisas repletas con palabras de su puño y letra, testimonios de su difícil vida, de su sufrimiento, de su angustia, de su calvario. El primero estaba fechado en la época en que seguramente tenía unos doce o trece años, y el último estaba fechado meses antes de su partida.
Ahí estaba, recordás, su historia. O al menos su versión de la historia. Con todos los detalles oscuros que desconocías, esos detalles oscuros que una madre no cuenta a sus hijos para protegerlos, para no romper la creencia de que todas las mamás son heroínas capaces de hacer cualquier cosa, capaces de defenderlos de todo.
Vos nunca creíste en eso: eras consciente de que tu mamá distaba de poder defenderte de todo. Era consciente de que no podía defenderse ni a sí misma. Pero a través de esos diarios – que tuviste que leer a escondidas durante las tardes en te quedabas sola en casa – pudiste conocerla y entenderla mejor, pudiste comprender los motivos de su comportamiento, pudiste reemplazar tus sentimientos dudosos hacia ella por compasión.
Uno de los párrafos que se grabó a fuego dentro de vos fue aquel en el que hablaba de lo mucho que necesitaba el 'coraje líquido', el alcohol y el consuelo que le proporcionaba para poder vivir consigo misma, para poder seguir adelante después de haber perdido al amor de su vida.
Tu papá era todo para tu mamá, así como sus tres hijos son todo para Danny.
Tu mamá perdió a tu papá, y Danny puede perder a sus hijos.
Tu mamá escapaba del dolor con alcohol, y Danny intentó hacer lo mismo.
No pudiste ayudar a tu mamá, pero sí vas a ayudar a tu hermano.
"Danny, beber no va a llevarte a ninguna parte, simplemente va a pulverizarte hasta que no puedas mantenerte en pie. Te ahogarías en alcohol, literal y figuradamente, y no voy a permitir que eso suceda"
"Ya lo sé" su voz suena débil, pequeña. Él luce débil y pequeño "Lo sé, Michelle. No quiero volver a tomar nunca más. Quiero mejorar, lo juro"
"Ya lo sé. Y voy a ayudarte, ¿sí? Vas a salir de ésta"
"Voy a salir de ésta" repite, tratando de llenarse de valor "Voy a salir de ésta"
"Ahora necesitás descansar. No te preocupes por las pesadillas, voy a quedarme acá y si veo que empezás a agitarte, voy a despertarte" prometés.
Asiente con la cabeza antes de cerrar los ojos.
"Gracias Michelle" murmura cuando está a punto de sucumbir al agotamiento.
"No tenés nada que agradecerme, Danny" suspirás "Los hermanos estamos para eso, para ayudarnos en lo bueno y en lo malo"
Un rato más tarde ha caído profundamente dormido, presa de sus nervios y del cansancio físico y emocional. Te sentás en una de las dos sillas y sacás de tu cartera el libro que habías metido allí ayer por la mañana para que no luciera tan vacía. Lo hojeás, intentás leer para distraerte y hacer que el tiempo pase, pero el texto no llega a tu cerebro; las palabras impresas son como hormigas negras muy pequeñitas todas desparramadas prolijamente, sin significado alguno, o al menos en estos momentos el significado escapa a tu entendimiento.
Estás exhausta vos también. Cansada, muy cansada. Darías cualquier cosa con tal de echarte a dormir, y podrías hacerlo: podrías reposar la cabeza sobre la mesita; no es la posición más cómoda, pero a tu cuerpo no le importaría con tal de recargar algo de energías.
Pero tenés miedo de adormecerte. Tenés miedo porque podrían surgir pesadillas, tus propias pesadillas. Pesadillas relacionadas a tu mamá y al sufrimiento del que fuiste testigo durante los diez años que viviste con ella, viéndola desperdiciarse y arruinarse, tratando de ocultar su alcoholismo y fallando estrepitosamente. Pesadillas involucrando a Danny, a Carrie o a tus sobrinos. Pesadillas creadas a partir de las horribles y aún frescas memorias que guardás del día en que George y Paula murieron, el día en que tantos otros fueron asesinados, el día en que tantas cosas salieron mal…
Extrañás a Tony más que nunca. Lo necesitás a él para dormir. Él es el único que puede protegerte de esas pesadillas, de esos fantasmas. Él es el único que sabe cómo hacer que caigas en un sueño pacífico y profundo, el único que permanecería despierto toda una noche viéndote dormir, acariciándote, cuidándote.
Vas a quedarte unas cuantas horas más acá, por mucho que la jaqueca esté partiéndote la cabeza y necesites ir corriendo a donde está él; donde sea que esté él, para vos ése es el lugar más seguro del mundo. Vas a quedarte hasta que Danny se despierte, lo cual probablemente no sea hasta dentro de un par de horas.
Luego vas a ir a comprar algo para que almuerce, una pizza o quizás algo más sano (sí, definitivamente algo más sano decidís cuando vas a lavar ambas tazas de té y ves las cajas de cartón vacías y engrasadas al otro costado del fregadero).
Después vas a ir al supermercado, vas a llenar el carrito con comida (a diferencia tuya Danny sí sabe cocinar) y vas a encargarte de que la heladera y alacena de tu hermano queden llenas.
Finalmente vas a irte a casa de Tony, a tu refugio, donde nada puede salir mal y las cosas no duelen.
Suspirás, conforme con el plan que has ideado en tu cabeza para este sábado, que al principio se suponía sería divertido y relajante pero que terminó desfigurándose un poco.
No te importa, porque estás satisfecha: cumpliste con tu deber de hermana, y eso te enorgullece.
Antes de volver a tu libro y tratar de prestar algo de atención, tomás la botella de vino aún sin abrir, le sacás el corcho y vertés su contenido en el fregadero, dejando que el líquido oscuro desaparezca.
Observás la figura enorme de Danny, ahora de espaldas a vos y de cara a la pared, con las rodillas al pecho y el rostro medio enterrado en la almohada, durmiendo, respirando profunda y pausadamente, con algún leve ronquido escapando sus labios cada tanto.
Sí, estás satisfecha: una vez más le probaste que los hermanos están en las buenas y en las malas, en lo dulce y en lo amargo, que nunca dejan de ser hermanos, incluso si genéticamente comparten nada más una mitad. Le probaste que, aunque muchas veces cuando eras chica y él era un adolescente le gustaba lastimarte llamándote 'su medio hermana' no le guardás rencor en lo absoluto. Le probaste que jamás vas a abandonarlo.
Y te parece que ha empezado a creerte.
Te parece que ha empezado a entender para qué son los hermanos.
