Yo te diré lo que podemos hacer: amémonos a escondidas, nena,
Estemos donde nadie esté.
Hagamos de nuestro amor el secreto más profundo
Aunque lo cante todo el mundo, ¿y qué?
Nunca lo podrán saber.
Pongamos mucho cuidado en lo que hacemos y delante de quién.
Durante la mayor parte del resto del miércoles y la mayor parte del jueves, del viernes y del sábado te las ingeniaste para mantener domados tus pensamientos acerca de lo que te esperaría el martes por la mañana en el trabajo cuando regresaras luego de haberte tomado esos merecidos días de descanso para reponerte física y mentalmente luego de haber estado expuesto a presión extrema durante veinticuatro horas corridas, sobrevivido a una bomba, visto morir a muchos de tus compañeros y sido nombrado el nuevo director de la Unidad Antiterrorista de la ciudad de Los Angeles.
Ella y vos prometieron no hablar de trabajo durante esa pequeña licencia concedida, y estabas dispuesto a mantener esa promesa (por mucho que en el fondo sabías – y sabés – que es muy probable que cuando regreses Chappelle te reciba con un sermón respecto a lo mal que estuvo de tu parte no haber llamado para interesarte en cómo van el FBI y el Interpol en la investigación sobre el ataque que casi le cuesta la vida a David Palmer), pero el domingo por la mañana las cosas se salieron un poco del carril y acabaste chocándote contra una pared de preguntas, dudas y preocupaciones duras y pesadas cual ladrillo.
Preguntas, dudas y preocupaciones en las que no habías reparado antes, porque estabas demasiado ocupado flotando en una nube, feliz y loco de amor, como para detenerte un segundo y contemplar la realidad con un poco más de realismo, valga la redundancia, eso te trajo la mañana del domingo.
Tu noche del sábado transcurrió en el sofá, observando el pequeño teléfono con los ojos brillando casi tanto como si hubieras estado con ella físicamente, casi tanto como si hubieras estado escuchando el dulce y suave sonido de su respiración recostado a su lado en lugar de hacerlo a través del aparatito. Te quedaste ahí, despierto, durante horas, rodeado por la oscuridad y por el silencio, un silencio sólo roto por el suave y dulce sonido de su respiración, atento a cualquier cambio – por más mínimo que fuera – que indicara que estaba teniendo una pesadilla, pero nunca sucedió ninguna de esas alteraciones.
Sí, lo que hiciste probablemente fue una de esas locuras que se ven sólo en esas películas que le gustan a tu mamá y a tu hermana Fiona, pero no te interesa demasiado hundirte pensando en lo mucho que estar enamorada ha cambiado tu personalidad tan de golpe (o quizá tu personalidad viene cambiando desde que la conociste nueve meses atrás sin que te des cuenta, y son los resultados de ese cambio progresivo y desapercibido los que están mostrándose de golpe ahora que finalmente están juntos).
Sí, lo que hiciste, eso de quedarte en línea toda la noche para cuidarla de sus pesadillas, probablemente traiga como consecuencia una factura de teléfono bastante más costosa de lo habitual, pero la verdad es que eso tampoco te interesa. No te interesa el dinero, no te interesa gastar un par de billetes demás, no te interesaría quedarte en bancarrota o sacrificar una fortuna entera, porque lo único que te interesa es cuidarla. Estarías dispuesto a pagar lo que fuese, a hacer lo que fuese con tal de mantenerla a salvo, incluso si son simplemente sus pesadillas de lo que estás manteniendo a salvo. Especialmente si son sus pesadillas de lo que estás manteniéndola a salvo, porque sabés por experiencia propia lo que las pesadillas, esas películas que la cabeza crea y reproduce cuando estamos débiles y con la guardia baja, pueden hacerle a uno.
No te importa ni lo que va a costarte esta llamada y tampoco te importa estar actuando como el típico galán de telenovela mexicana o película de Jennifer Aniston.
Hasta que el reloj anunció las cinco de la mañana te mantuviste completamente despejado; después de todo, habías dormido profundamente la mayor parte de la tarde, y después de haberte despertado – después de que el llamado de Michelle te despertara, mejor dicho – tampoco hiciste mucho como para cansarte.
Tu hermana se había levantado cortos veinte minutos luego debido a un fuerte dolor de estómago, y para su alivio y tu incomodidad te informó con una sonrisa relajada y un aspecto mucho más sereno que 'la visita' que llevaba un par de semana retrasándose había llegado finalmente. Tomaron una taza de café, conversaron sobre lo sucedido en la CTU en general (evitaste tocar cierto tema que incluía un pasillo oscuro y desierto a excepción del nuevo director de la Unidad y su entonces provisoria segunda en comando besándose como si el fin del mundo estuviera persiguiéndolos hasta que fueron interrumpidos por una arpía de garras afiladas), hablaron de su trabajo colaborando como asesora para la fiscalía, te contó un par de pormenores de algunos casos en los que trabajó y mencionó al pasar uno o dos divorcios complicados en los que Kiefer intervino para evitar que las partes terminaran arrancándose los ojos. Cenaron, miraron una película, y luego Martina volvió a tu habitación para descansar porque estaba adolorida debido a ese tema femenino sobre el cual le agradeciste enormemente que no entrara en detalles.
Y a eso de las seis y media, luego de haber hablado con Michelle una segunda vez, luego de haberla ayudado a abrirse, a contarte acerca de sus pesadillas y su miedo a revivir en sueños los recuerdos de ese día fatídico, luego de haber visto horas nacer y visto a esas mismas horas morir mientras cuidabas de la criatura por la que más te preocupás sobre la faz de esta condenada Tierra, tus ojos comenzaron a cerrarse.
No te diste cuenta, al principio. Tus párpados estaban volviéndose pesados sin que lo notaras, y sin que lo notaras se caían de tanto en tanto, para luego volver a abrirse un par de veces más, hasta que finalmente se quedaron cerrados: un sueño profundo se había apoderado de vos y de todo tu cuerpo, dejándote completamente sumido en una negrura cálida y abrazadora.
De esa negrura cálida y abrazadora saliste varias centenas de minutos más tarde gracias al efecto del café recién hecho invadiendo tu olfato hasta lograr que recobraras la lucidez por completo.
La primera imagen que capturó tu retina fue la de tu hermana sentada a escasos metros tuyos, en una mano siendo sujeto por el asa su tazón de humeante café recién hecho y en la otra, para tu sorpresa, tu teléfono celular. Sus ojos pardos estaban perforando los tuyos (llenos de lagañas), observándote con una mezcla de curiosidad y picardía refulgiendo en ellos, mientras que sus labios finos cubiertos por una capa de manteca de cacao curvados en una de esas sonrisas extrañas que de acuerdo a tu experiencia propia son generalmente las predecesoras de un interrogatorio exhaustivo.
Pero en ese interrogatorio exhaustivo la primera de todas las preguntas fue formulada por vos, pregunta que se escapó de tus labios antes de que el resto de tu cuerpo pudiera reaccionar e incorporarse sin gracia alguna y con bastante sorpresa debido a que – recién en ese momento lo notaste – una de tus piernas estaba dormida y el hormigueo dificultaba la movilidad.
"Martina, ¿qué estás haciendo con mi celular?"
Si el sábado cuando llegó a visitarte Martina Almeida estaba asustada y angustiada debido a su posible embarazo, el domingo por la mañana se encontraba totalmente sumergida en su habitual personalidad.
A tu pregunta siguió una explicación elaborada en su tono típico de abogada parada frente al jurado (nunca viste a tu hermana en su ambiente de trabajo, y tampoco es algo de lo que tengas deseos, porque si ya es feroz a veces fuera de él no quisieras imaginarte lo terrible que podría ser delante de un criminal tratando de probarlo culpable).
Así te sentiste mientras exponía su explicación de cómo había llegado el celular a sus manos: culpable. Ese es uno de los dones que tiene tu hermana (¿don o maldición?): por muy bienintencionadamente que una persona haya actuado o por muy justificable que sea un error, ella se las arregla para inspirar sentimientos de culpa que te llevan a caer, que te derriban y desembocan en confesiones.
"Me desperté hace un rato, a eso de las diez" dormiste demasiado, Almeida una vocecita te reprendió, pero la ignoraste: tenías cosas más importantes a en las cuales enfocarte, incluso si esas cosas en el momento implicaban la descripción de tu hermana sobre cómo había comenzado su mañana del domingo ", me vestí, fui a la cocina a prepararme una taza de café y tenía intenciones de dejarte una nota para que leyeras al despertarte, diciéndote que me había ido a casa a preparar unas cosas que necesito llevar a la oficina mañana y pedirte que me llamaras si querías venir a cenar con Kiefer y conmigo esta noche, pero en el camino hacia la cocina algo llamó poderosamente mi atención"
Levantó el aparatito en su mano y señaló con su pulgar la lucecita roja titilando a un costado, indicando que la batería estaba por agotarse y que necesitaba ser recargada pronto.
La pantalla del aparato estaba vacía, según observaste, en el menú de inicio, sin señales de que la línea estuviera abierta y conectada a la de Michelle, como estabas seguro lo estuvo toda la noche, o al menos hasta las cinco de la madrugada, que fue cuando empezaste a quedarte dormido sin siquiera percatarte de ello.
La voz de Martina te arrancó de cualquier teoría que pudiera empezar a formarse en tu enredada cabeza.
"Vi la luz roja de tu celular titilando y me acerqué con la intención de tomarlo y conectarlo al cargador, para que no se te acabe la batería por completo" continuó explicando "Cuando lo tomé, vi que tenías un mensaje de texto en el buzón de entrada" hizo una pequeña pausa, tomó aire y al proseguir te costó distinguir si su disculpa era sincera y nacida del arrepentimiento o si era de rutina antes de finalmente embestir "Perdonáme, Anthony, sé que invadí tu privacidad, pero con todo lo que está pasando después de los atentados del martes, el intento de asesinato del Presidente Palmer acerca del cual ni el Vicepresidente Prescott ni nadie del gobierno quieren dar declaraciones concisas, pensé que podía ser alguien de tu trabajo, alguna emergencia, algo urgente, algo que no podía esperar hasta que te despertaras y lo leyeras vos mismo"
"Presumo que el mensaje no era de mi oficina" dijiste, sintiendo un nudo en la garganta y tratando de ganar algo de tiempo, en vano.
Podés imaginarte de quién era ese mensaje.
"No, no lo era" negó con la cabeza, sonriendo de una manera extraña y difícil de describir "Era un mensaje más bien personal" agregó.
No tuviste tiempo para pensar mucho, porque antes de que pudieras reaccionar tu hermana estaba sentada junto a vos en el sillón, depositando el celular en tu mano para que leyeras aquel mensaje enviado una hora atrás, cerca de las nueve de la mañana, el cual había pasado desapercibido sencillamente porque la baja batería evitó que el aparato sonara y te despertara.
"Gracias por cuidarme anoche, me sentí como si hubiera estado de verdad en tus brazos. Ahora voy a colgar porque ni quiero imaginarme cuánto va a costarte esta llamada. Nos vemos hoy a la noche. Disfrutá del día con tu hermana. Te amo"
En ese momento los sentimientos que te invadieron fueron diversos y variados, pero no llegaste a analizarlos, no te fue concedido el espacio suficiente para hacer eso.
Martina no se anduvo con rodeos.
"Anthony, ¿podrías explicarme quién es esta persona que te escribe mensajes diciéndote que te ama? Porque aparentemente ella sabe de mí" señaló con su pulgar la línea en la que aparecían las palabras 'disfrutá del día con tu hermana' "pero yo no sé nada de ella" concluyó, aún manteniendo ese tono que usaría una maestra de preescolar para dirigirse a una criatura de cinco años.
Finalmente ahí, servida en bandeja en el momento menos pensado, la oportunidad de contarle a Martina sobre Michelle. Finalmente ahí, como si esa oportunidad hubiera forzado su entrada en el camino, obligándote a dejar de dar vueltas y hablar de ello con tu hermana de una buena vez por todas.
"¿Puedo tomar algo de ese café?" fue lo primero que atinaste a decir, necesitando urgentemente una dosis de cafeína para despejarte del todo y empezar a funcionar.
"Podés ir a servirte una taza" Martina anunció, y la forma en que lo dijo te hizo sentir como alguien a quien están dándole un premio o una atención especial a pesar de no merecerlo "y vamos a hablar largo y tendido, Anthony" te avisó, aunque realmente ya te imaginabas que la que seguiría no sería una conversación corta, si no más bien un interrogatorio.
Lo que no te imaginaste fue que terminaría mucho peor de lo que cualquier de los dos pudiera haberse animado a vaticinar.
Regresaste a la sala de estar para encontrarte con que durante los breves minutos que habías tardado en verter algo de café en tu taza de los Cubs, Martina había doblado prolijamente el cobertor con el que te habías abrigado de la cintura para abajo la noche anterior, y que estaba acomodando los almohadones hasta dejarlos perfectamente mullidos.
"Va a ser mejor que tomes una ducha antes de que conversemos" señaló tus ropas arrugadas y tu aspecto de haber sido pasado por encima por una aplanadora, el cual se debía en parte al hecho de que te habías llevado una sorpresa no muy agradable al despertar al ver que tu hermana se había enterado de la existencia de Michelle de una manera que no era la que vos pensabas adecuada.
No estaba mandándote a tomar una ducha por el simple hecho de que le molesta la gente desaliñada debido a su obsesión compulsiva con el orden y la prolijidad: estaba mandándote a tomar una ducha para concederte el beneficio de tener un breve encuentro con vos mismo a solas para preparar una 'defensa', por llamarlo de algún modo. Y también porque, sospechaste, necesitaba ella un encuentro consigo misma para asimilar que después de la 'experiencia Nina' hay otra mujer en tu vida.
Apuraste la taza de café hasta dejar sólo parte de su contenido sin beber, y te fuiste directo a tu habitación y luego al baño sin decir nada, sin acotar y sin quejarte: unos veinte minutos en la ducha eran lo que necesitabas para despejarte, aclararte las ideas y ensayar mentalmente lo que ibas a decirle a Martina, las explicaciones que ibas a darle para dejar su curiosidad satisfecha y asegurarle que Michelle no es como Nina, que con ella te sentís seguro, que ella es la persona con la que vas a pasar el resto de tu vida y que es gracias a ella que estás muchísimo mejor.
Cuando emergiste del baño media hora más tarde – afeitado y con ropas frescas – Martina estaba esperándote, su taza de café recargada y un plato de galletitas dulces sobre la mesa.
Está en 'sus días' recordaste penosamente. Eso tiende a ponerla más sarcástica y perspicaz que de costumbre.
"Bien, Anthony, soy toda oídos" anunció.
Y antes de darte cuenta de que tus labios se movían y de que los sonidos salían de tu boca, habías empezado a hablar.
"Estoy enamorado, Martina" tu corazón se salteó un latido al confesar esas palabras a otro ser humano.
"Honestamente, supuse que algo así acontecía cuando te noté tan contento" reconoció ", pero jamás me imaginé que llegara tan lejos, que estuvieras tan involucrado" agregó, haciendo referencia al mensaje, el cual dejaba en claro que no sólo estás enamorado si no que también sos correspondido.
"Estoy más que involucrado" reíste.
Y procediste a contarle la mayor parte de los detalles importantes y ella escuchó. En esto tu hermana es buena: escucha en silencio, atentamente, sin interrumpir, y luego hace las preguntas.
Lo primero que mencionaste fueron sus ojos, lo cautivado e impactado que quedaste nueve meses atrás cuando la conociste, cuando fueron presentados por un apresurado Ryan Chappelle bajo la atenta mirada de George Mason, quien después se dio el gusto de sugerirte 'mirarla menos y disimular más'.
Y así seguiste tejiendo la historia.
Le hablaste de lo mucho que te costaba acercarte a ella al principio, lo mucho que te costaba siquiera animarte a pronunciar su nombre, lo mucho que sufrías negando e ignorando tus sentimientos porque temías que tu corazón quedara presa en las manos de una mujer otra vez.
Le hablaste de la locura que empezó a desatarse dentro suyo casi sin que te dieras cuenta, la locura que empezó a consumirte, la locura que te mantenía despierto en esas noches que pasabas contemplando el mar, el cielo oscuro adornado con la luna y las estrellas, únicos testigos de esas horas eternas durante las cuales te conectabas con vos mismo e intentabas entender eso que quemaba dentro tuyo, eso que estaba devorándote sin que llegaras a comprenderlo totalmente.
Le hablaste del miedo a romper la promesa que te habías hecho a vos mismo, esa de no volver a mezclar el plano personal y el labor nunca más para evitar el resultado de ese cóctel explosivo que ya habías probado una vez y que te había destrozado por dentro, tal vez incluso mucho antes del día en que todo explotó, el vendaje te fue salvajemente arrancado de los ojos y caíste, caíste, caíste hasta estrellarte contra el pavimento, mucho antes del día en que viste a Nina como lo que realmente es, mucho antes del día en que fuiste arrojado al vacío para más tarde estrellarte y acabar hecho pedazos.
Le hablaste de tu miedo a cometer el mismo error dos veces, ese miedo que te había llevado a levantar alrededor tuyo altos muros que protegían tu alma y tu corazón, que aún estaban en carne viva y llenos de rasguños, heridas y marcas imborrables.
Le hablaste de la primera vez que te armaste de valor para llamarla por su nombre, de lo mucho que te costó juntar las fuerzas para que las sílabas que lo forman se deslizaran por tu boca y llegaran a sus oídos, incluso si fue a través del teléfono.
Le hablaste de cómo tu guardia fue bajando lentamente, hasta que un día tu sistema cansado, abatido y tus neuronas intoxicadas fallaron, llevando a que cedieras a ella y quebrantaras una de tus promesas a vos mismo, esa que rezaba que no volverías a mezclar lo laboral y lo personal, que esos dos planos no volverían a tocarse. Le hablaste de esa noche en la que de a poco el hielo se rompió y tu relación con ella comenzó a cambiar un poco más cuando, luego de ese acto fallido, comenzaron a compartir pequeñas charlas en la sala de descanso mientras tomaban café, pequeñas charlas que sirvieron para que se conocieran mejor, para que siguieras enamorándote cada vez más, para que tu mente se llenara cada vez más con su risa, el brillo de su mirada, el sonido de su voz, la simpleza de sus gestos, la dulzura de sus palabras y la delicadeza de cada uno de sus movimientos. Le hablaste de cómo gracias a esos momentos compartidos en mitad del día de trabajo comenzaron a convertirse en 'amigos'.
Le hablaste de los amaneceres vistos frente al mar, con tú soledad y las primeras luces de la mañana por única compañía, amaneceres durante los cuales contemplabas y analizabas tus sentimientos, esos sentimientos que no paraban de crecer y que por momentos creías iban a desbordarse, a desbordarte.
Le hablaste de tus pesadillas, esas que empezaron a desaparecer cuando tu historia con Nina y las atrocidades hechas por ésta empezaron a ser desplazadas de tus pensamientos porque de pronto tu cabeza se había convertido en una casa gigante habitada sólo por tu nueva obsesión, esa obsesión que te consumía completamente. Le hablaste de esas noches en las que las pesadillas y el insomnio volvieron de pronto, y de cómo te diste cuenta que podías combatirlos si pensabas en ella, si te concentrabas en ella.
Le hablaste de esa noche de insomnio que pasaste soñando y contemplando sabiamente mil veces las mismas cosas hasta finalmente entender que a Nina nunca la amaste, que por Nina nunca sentiste lo que sentís por Michelle, que lo tuyo con Nina era puramente algo físico, algo sin sentido, algo hueco, vacío.
Le hablaste de tu decisión de ir liberándote de a poco, tu decisión de ir soltándote despacio e ir abriéndote para dar lugar a algo, lo que sea que pudiera existir entre los dos, una vez que hubieras aprendido a confiar en vos, una vez que hubieras encontrado otra vez la forma de confiar nuevamente en los demás, una vez que hubieras recuperado la capacidad de entregarte de nuevo a otro ser humano, la capacidad de liberarte totalmente de los miedos que te aprisionaban, una vez que te hubieras convencido que valía la pena intentarlo de nuevo, todo con un poco de tiempo y un poco de ella.
Le hablaste de lo acontecido días atrás durante ese martes fatídico en el cual sucedieron cosas que te dejaron desarmado, lo suficientemente vulnerable para que las paredes, los muros y los cristales que envolvían a tu corazón y a tu alma se cayeran por completo y desaparecieran sin dejar rastros, dejándote expuesto.
Le hablaste de cada cosa que tuvo lugar entre ustedes dos durante esas veinticuatro horas, de cada pensamiento que cruzó tu cabeza y cada sensación que experimentaste, incluso aquellas que te dejaron confundido, enojado con vos mismo, furioso, triste o abatido. Le hablaste de cómo súbitamente todo estuvo claro delante de vos, de cómo entendiste que la vida es para vivirla, no para sentarse a esperar, no para sentarse a contemplar mil veces las mismas cosas haciendo uso de una sabiduría que a lo último resultará una pérdida de tiempo.
Le hablaste de la decisión que tomaste durante el transcurso de esas horas infernales durante las cuales viste tanta muerte, tanto dolor, tanto odio y tantas posibilidades de que el mundo se descarriara… otra vez, y como la última vez muy de cerca, con la diferencia de que al finalizar este día terrible tu corazón no estaba lleno de nada, tu corazón no estaba agujereado, tu corazón estaba completo otra vez. Le hablaste de esa decisión: la decisión de no volver a pasar un solo día lejos del amor de tu vida, decisión que se mantuvo firme aún durante ese par de horas en las cuales las cosas se pusieron tensas y complicadas, decisión que jamás flaqueó.
Le hablaste de las horas pasadas con ella, de lo feliz que te hace saber que sos capaz de curar sus heridas, de lo mucho que te gusta saber que vos la hacés feliz. Le hablaste de ese brillo en sus ojos que para vos es la única luz en el mundo, ese brillo en el cual podés ver reflejado tu futuro y todas las cosas buenas que esperás encontrar en él. Le hablaste de las maravillas que obra en vos su sonrisa, de la cálida sensación en tu estómago cuando la abrazás, de esas mariposas que revolotean dentro y te hacen cosquillas con sus alitas.
Le hablaste de lo raro que te encontrás a veces cuando como si fueras un espectador distante contemplándote a lo lejos y en silencio ves que el hombre que eras antes y el hombre tierno, dulce y cariñoso en el que te convertís ahora cada vez que estás en su presencia, cada vez que hablás con ella, cada vez que pensás en ella.
Le hablaste de esa locura que se despierta dentro tuyo y que te lleva a pensar que ustedes se conocieron en otras vidas, que llevás milenios enamorado de ella, quizá desde el comienzo del Universo, quizá desde que tu alma y la suya fueron creadas, quizá desde que fue escrito en el cielo con las estrellas que los dos estaban destinados a encontrarse siempre, a buscarse inconscientemente y encontrarse para ser por siempre la propiedad del otro.
Le hablaste de todo, durante una hora y media, sin ser interrumpido si quiera una vez. Le hablaste de todo, durante minutos enteros, sin que su voz se interpusiera en el camino de la tuya, sin que sus ojos se apartaran de los tuyos, sin que su atención se desviara hacia cualquier otro lugar. Le hablaste, y ella te escuchó, con la misma paciencia que siempre tiene para las personas que le importan, con la misma paciencia con la que te había escuchado ya otras veces lamentarte sobre los pedazos rotos de lo que era tu vida antes del 'incidente Nina'.
Cuando el silencio cayó nuevamente, te tomaste un instante para observar a Martina, quien seguía allí sentada frente a vos, con el tazón de café ya vacío a un lado mientras sus manos entrelazadas descansaban sobre la superficie de la mesa. Su mirada y la suya se encontraron segundos después de terminada tu vasta y profunda confesión, y el momento en que sus labios se partieron a penas un centímetro para dar paso a las palabras que se habían ido formando en su garganta, que iban subiendo hasta su boca y querían salir, te diste cuenta que luego de tu 'declaración', había llegado la hora de que comenzara el interrogatorio.
De lo que no te diste cuenta, lo que jamás imaginaste, fue que terminaría tan mal, que traería consigo en esa mañana de domingo tantas preguntas sin respuestas, tantas dudas, tantas preocupaciones, en las cuales no se te hubiera ocurrido reparar antes, cuya posibles existencia habías pasado por alto antes.
"Primero y principal, quiero que sepas que estoy contenta por vos, en serio" sus dedos largos y delicados se cerraron alrededor de tu brazo.
"Pero…" la animaste a continuar, percibiendo algo extraño en su tono de voz.
"No hay un 'pero', Anthony" te aseguró, y sus dedos se cerraron aún con más fuerza alrededor de tu brazo "De verdad: estoy feliz por vos" dijo con sinceridad, pero no terminó de convencerte.
"Martina, estás poniéndome algo nervioso" confesaste "Acabo de decirte cosas muy profundas…" suspiraste pesadamente, y antes de que pudieras continuar diciéndole que presentías había algo, algún sentimiento u opinión que estaba escondiendo, te interrumpió.
"Anthony, estoy feliz porque veo lo perdidamente enamorado que te tiene esta chica, veo cómo te brillan los ojos descontroladamente cuando hablás de ella, casi puedo ver tu corazón latiendo en tu garganta. Y" comenzó a poner más énfasis en sus palabras, hablando pausadamente y marcando al modular "porque veo lo perdidamente enamorado que te tiene esta chica, porque veo cómo te brillan los ojos descontroladamente cuando hablás de ella, porque casi puedo ver tu corazón latiendo en tu garganta, es natural que me preocupe por vos, más aún teniendo en cuenta lo herido que te dejaron la última vez que te involucraste sentimentalmente con una mujer"
"Martina, esto es totalmente distinto" trataste de tranquilizarla, afirmando una y mil veces que las cosas no podrían distar más si se traba de comparar el pasado con el presente "No voy a salir lastimado, ella no quiere usarme ni herirme ni nada por el estilo, más bien todo lo contrario" le aseguraste casi desesperadamente, rogando que entendiera que no tiene por qué ni de qué protegerte, que no tiene por qué ponerse escéptica y contrariada.
"Anthony, no dije que eso fuera a suceder o que esas fueran sus intenciones" te interrumpió con firmeza "Pero debés comprenderme" te pidió ": tengo ciertas dudas y ciertas em… reservas en cuanto al tema" notaste cómo de pronto su cuerpo, su espalda, sus hombros se habían tensado "El hecho de que estés feliz y de que haya tenido lugar en tu estado de ánimo este cambio radicalmente notable me hace feliz a mí" insistió ", pero te notó tan involucrado" suspiró "… Anthony, cuando te dije que sospechaba que algo así podía estar pasando, jamás cruzó por mi cabeza que estuvieras tan metido hasta el cuello; simplemente pensé que habías conocido a alguien, que estabas conociendo a alguien, no que habías encontrado al 'amor de tu vida'" sonaba exasperada y quizá hasta un tanto alterada. Respiró otra vez, para calmarse un poco "Me preocupo por vos, lo sabés, y el hecho de que hayas vuelto a enamorarte de una compañera de trabajo…"
La interrumpiste.
No ibas a dejar que comparara a Michelle con Nina.
No ibas a dejar que comparara el amor que sentís por Michelle con la suerte de atracción física que te unió a Nina.
"Martina" la cortaste con voz firme pero resuelta y sin perder la compostura en lo absoluto, manteniendo tu habitual tono suave y profundo, y mirándola directo a los ojos, tan parecidos en forma a los tuyos, que refulgían con un brillo extraño, con un brillo opaco en el cual podías ver reflejada la preocupación y ansiedad bien disimuladas que debía estar cargando dentro "Ella no es como Nina" negaste con la cabeza inconscientemente, como queriendo ahuyentar de alguna manera la sola idea de que eso pudiera ser posible, ahuyentar si quiera la posibilidad de que eso se cierna sobre vos y te envuelva, porque sabés que Michelle definitivamente no es Nina "El hecho de que sea una compañera de trabajo, al igual que Nina lo era, no tiene nada que ver" seguías negando con la cabeza, casi sin darte cuenta de que estabas haciéndolo "Ella es totalmente distinta, ella es" para ella no podés encontrar un buen adjetivo, no hay adjetivos que la describan "… Martina, ella es lo mejor que me pasó en la vida" concluiste "En ella veo mi futuro" la voz te tembló un poco "No voy a ser herido otra vez"
"No quise decir que ella fuera como Nina" se disculpó "ni que al igual que esa arpía descorazonada ella tuviera la intención de lastimarte o de usarte"
"Simplemente estabas actuando sobre protectoramente, lo sé"
"Porque sos mi hermano, porque te amo y porque no quiero verte destrozado como hace un año y medio atrás"
"No va a suceder, Martina" tus dedos entonces se cerraron alrededor de su frágil, delgado brazo "Michelle es distinta, Michelle fue hecha para mí"
"Michelle" repite el nombre despacio, como si estuviera tratando de acostumbrarse a decirlo.
Es algo que habías notado a tu hermana hacer en ocasiones anteriores, especialmente cuando era más chica, al conocer u oír hablar de una nueva persona: repetir su nombre para incorporarlo a su vocabulario habitual, como si su cerebro fuera una computadora donde es necesario ingresar y almacenar datos en bases. A tu hermana le encantan las computadoras, prácticamente desde que a los dos años pidió sentarse frente a una y tu hermano Christian y vos le dieron el gusto…
Christian. No pienses en Christian. No en esta época. No en esta fecha.
No querías pensar en él a sólo dos días del aniversario de su muerte, no querías distraerte, no querías volver a sentir el dolor que experimentaste un par de años atrás, no. En ese momento estabas hablando de Michelle, con tu hermana menor, con tu confidente, debías concentrarte en eso, en las cosas buenas que van a entrar a tu vida, en lo lindo que sería que Martina y Michelle se llevaran bien y se hicieran amigas.
"Ella y vos tienen tanto en común" dijiste.
"Sí, el hecho de que sea sólo cinco años mayor que yo debe contribuir a ello" aportó sarcásticamente.
Habías notado la expresión extraña que por una milésima de segundo cruzó su rostro cuando le dijiste que Michelle tiene veinticuatro años, diez años menos que vos. Fue una expresión de sorpresa, más bien, o al menos eso habías pensando en el momento.
"Es menor que yo pero es mucho más sabia y mucho más madura. Es muy inteligente, también: fue adelantada dos años cuando era chica, entró a la universidad a los dieciséis con una beca. Sabe muchísimo de computadoras y sistemas, y es básicamente brillante en todo lo que hace. Y estoy siendo totalmente objetivo" agregaste, causando que una risa se escapara de los labios de tu hermana.
"Vos sos su jefe" comentó, entrando despacio en ese terreno que durante días trataste de mantener alejado de tu mente.
"Sí, yo soy su jefe. Lo era antes, también, antes de que me ascendieran a director de la Unidad, y nunca hubo problemas"
"Porque no estaban involucrados sentimentalmente" refutó.
í, esta es la clase de interrogatorio que sabía que vendría.
"Me siento vinculado a ella sentimentalmente desde el primer momento en que la vi" confesaste en un murmullo, y sentiste el calor subiendo a tus mejillas, encendiéndolas aún más bajo la mirada divertida de Martina.
"Así que Anthony Almeida ahora cree en el amor a primera vista" deslizó el comentario sutilmente, pero no por eso enrojeciste menos.
"Ya te conté lo que siento por ella, lo loco que me tiene… Vos misma dijiste poder verlo en mis ojos" le recordaste, pidiéndole indirectamente que dejara de ponerte bajo el reflector de esa manera, señalando lo muy cambiado que estás, señalando la forma en que Michelle te ha transformado.
"Sí, lo sé. Te tiene colgando demasiado alto"
"Y tenés miedo de que vaya a dejarme caer, lo cual no va a suceder porque confío en ella con mi vida" le recordaste una vez más.
Ignorando aquello, continuó con las preguntas.
"¿Cómo van a hacer para que su relación personal no interfiera con la relación laboral que tienen previamente establecida?"
"¡Martina, sonás como una abogada!" te quejaste.
"Soy una abogada, Anthony, a eso me dedico. Pero en estos momentos no soy eso solamente, en esos momentos soy una hermana tratando de hacer que su enamoradísimo hermano mayor abra los ojos y se dé cuenta que por muy hermoso que sea amar desmedidamente a otra persona, hay puntos que considerar, ciertas circunstancias que contemplar"
Tiene razón coincidiste mentalmente. El hecho de que haya decidido mantener a la CTU fuera de mi cabeza tanto como posible no deja de significar que el martes por la mañana vamos a regresar ahí, que el martes por la mañana tengo que ir y empezar a ejercer como director de la Unidad.
"Honestamente, Michelle y yo aún no hablamos de esto" admitiste "Estaban pasando demasiadas cosas, habían pasado demasiadas cosas… Necesitábamos desenchufarnos"
"Es entendible" acordó "Pero antes de regresar al trabajo van a tener que hablar, van a tener que buscar un modo de que esto no afecte a sus carreras" te advirtió de manera amable.
"Lo sé" asentiste con los dientes levemente apretados "Sé que si surgieran problemas existiría la posibilidad de que reasignaran a alguno de los dos a otra agencia en otra parte del país remotamente lejana, sé que si surgieran problemas ambos estaríamos arriesgando nuestros trabajos y nuestras carreras, pero no van a surgir problemas" aseguraste una vez más.
"De todos modos, por muy certero que estés de ello, deberían hablar sobre cómo van a comportarse. Esconder relaciones personales en el ambiente laboral no es fácil y tampoco son agradables las consecuencias cuando los superiores se enteran"
"Martina, en serio" tu tono indicaba que querías finalizar esa conversación, porque lo que menos necesitabas era que comenzara a llenarte la cabeza con dudas y preguntas respecto a cómo serían las cosas en la CTU, incluso si sabés que las cosas van a funcionar, que las cosas van a desarrollarse sin inconvenientes ": sé muy bien lo que hago, Michelle también lo sabe, los dos somos muy profesionales y vamos a poder manejarnos. Kiefer y vos trabajan juntos" señalaste luego "y no tienen problemas. Son tan profesionales y tan controlados como lo somos Michelle y yo"
Con eso la dejaste desarmada: no pudo refutar.
"Anthony, simplemente quería bajarte los pies a la tierra un ratito para hacerte ver que tu carrera podría peligrar si tus superiores descubren que la que probablemente va a ser ascendida a la posición de segunda en comando y vos están…"
"No estamos teniendo sexo" la frenaste antes de que las palabras pudieran dejar su boca.
"No iba a decir eso, Anthony" aseguró con voz suave "Sé que esta chica te importa demasiado como para tener sexo con ella un puñado de días después de haber comenzado su relación. Por como hablás de ella" continuó ", la forma en que hacés hincapié en su evidente inocencia, es obvio que no la denigrarías de ese modo" concluyó con voz seria y profunda, ignorando tus mejillas una vez más enrojecidas "Sé que no estás acostándote con ella, Anthony, pero si tus supervisores descubrieran que están involucrados, ellos no se fijarían en lo caballero que sos o en lo mucho que la respetás"
Tiene razón… nuevamente.
"Van a tener que actuar a escondidas" presiona un poco más.
"Vamos a tener que amarnos a escondidas" la corregiste "pero no me importa. Nuestro amor va a ser el secreto más profundo, y estoy dispuesto a mantenerlo así, en secreto, con tal de protegerla a ella"
"¿Protegerla de qué?"
¿Para qué preguntás si sabés la respuesta?
"De lo que puedan decir" contestaste "Estás en lo cierto: muchos podrían pensar que nuestra relación se basa puramente en sexo, como en el caso de muchas relaciones que han acontecido entre las paredes de la CTU. Muchos podrían pensar que está acostándose conmigo porque soy su jefe" se te hizo un nudo en la garganta con sólo decir eso en voz alta, incluso si es sólo un ejemplo hipotético, incluso si sabés que no es verdad; se te hizo un nudo en la garganta porque no soportarías que alguien pensara que vos estás usándola, o que ella se dejaría usar de ese modo "Muchos podrían pensar que estoy aprovechándome de ella porque es más joven y más inexperta"
"Si querés protegerla de eso, entonces sí: van a tener que andar a escondidas"
"Amarnos a escondidas" volviste a corregirla.
El silencio se cernió sobre ustedes nuevamente, para ser roto minutos más tarde, sacándote una vez más de las reflexiones en las que habías caído, reflexiones acerca de lo mucho que vas a esforzarte para asegurarte de que nadie piense menos de Michelle, de que nadie vea o escuche nada que sus ojos no tengan que ver y escuchar y que los lleve a empezar a hacer correr rumores falsos que sólo la mancillarían.
A ella, al amor de tu vida, no podés permitir que eso le pase.
No te interesa tu carrera, no te interesa que Chappelle descubra eventualmente que están enamorados, no te interesa que Hammond pegue el grito en el cielo, no te interesa que te reasignen (ella se iría con vos, o vos con ella. Se irían juntos a cualquier parte, lo sabés), no: lo que te interesa es mantener su nombre limpio, y que nadie se atreva a mancillarlo diciendo una palabra fuera de lugar.
"Solamente estoy tratando de ayudarte, Anthony, estoy aconsejándote. Nada más. No estoy tratando de meterme en tu vida privada ni nada por el estilo"
"Lo sé" respiraste profundamente "Sé que te preocupás por mi, y tenés razón: necesitaba alguien que me bajara los pies a la tierra un rato" admitiste ", alguien que me recordara que no puedo dejar que el amor me domine completamente todo el tiempo y que me quedan apenas unos cuantos pares de horas antes de tener que regresar a la CTU"
Inclusive si esta conversación solamente despertó preguntas y cuestiones que tenía pensado mantener encerradas bajo llave en un cajoncito antes de permitirles preocuparme a mi o a preocuparla a Michelle.
La voz de tu hermana, suavizada, relajada y casi hasta risueña, lentamente te arrancó de tus reflexiones una vez más.
"Así que, … ¿Michelle tiene una familia numerosa como la nuestra?"
Está empezando a interesarse pensaste, eso es bueno. Esto está saliendo mejor de lo que pensaba, la tensión finalmente está yéndose.
Sí, iba a salir bien durante un rato. Pero luego estaba destinado a empeorar, a complicarse, aunque vos no lo sabías.
"Tiene un hermano, Danny" cuando relataste los hechos, habías omitido mencionar el pequeño altercado con Carrie y Danny "Es doce años mayor, tiene tres hijos"
"¿Tiene una cuñada?"
Se fija en todos los detalles.
"Está divorciándose" comentaste secamente, sin querer entrar en detalles.
"¿Por qué?"
Dios, ¿tiene que ser tan curiosa?
"Martina, esos asuntos son de su hermano. Estoy enamorado de Michelle, no de él. Su hermano es un factor, pero su vida amorosa no lo es"
Lo dejó pasar por alto, probablemente porque sintió la exasperación irritando tu voz.
"¿Sus padres?"
"No me habló de ellos aún, pero me dijo que la crió su abuela, así que presumo que ambos fallecieron. No quiero presionarla para que me hable de esas cosas si todavía no está lista. Yo tampoco le he dicho algunas cosas" te rascaste el costado de la cara, manía habitual en vos cuando entrás en terrenos en los que no te sentís completamente cómodo.
"Te entiendo" suspiró; de pronto el ambiente se había vuelto tenso, de pronto había algo raro en el aire "A mi me costó un poco de tiempo contarle a Kiefer acerca de Ricardo, que uno de mis hermanos mayores falleció antes de que yo siquiera naciera"
El silencio cayó de pronto y estás seguro que durante esos segundos ambos pensaron en Christian y en Ricardo, especialmente teniendo en cuenta que dentro de dos días sería el aniversario del asesinato de uno de ellos, pero la conversación fue rápidamente reanudada cuando Martina respiró hondamente, fijó sus ojos en los tuyos y continuó hablando.
"Así que, Anthony, estás enamorado de esta chica llamada Michelle, la cual trabaja con vos, que tiene veinticuatro años lo cual significa que sos diez años mayor que ella, brillante, sabia, inteligente" recapituló, sonriendo de manera más abierta "Si estás feliz, yo estoy feliz, en serio" repitió, para convencerte.
"Te prometo, Martina, que ya no vas a tener que preocuparte por mí, ¿sí?" una risita sofocada nació de tu garganta "Michelle sería incapaz de herirme. Prometí no cometer dos veces el mismo error, y voy a cumplir esa promesa"
"¿Vas a contarle a mamá sobre ella?"
Mamá. Contarle a mamá va a ser todo un tema. Contarle a mamá va a ser largo y complicado, porque si Martina hizo un par de preguntas y me miró con esos ojos encendidos y me hizo sentir culpable por no haber corrido enseguida a contarle y me llenó la cabeza de preocupaciones, mamá va a ser cien veces peor. Fue así cuando le hablé de Nina: insistió en que la invitara a la cena de Acción de Gracias, y las cosas salieron desastrosamente mal. Es así con todo lo referente a mi vida: quiere tener el control, especialmente después de lo que pasó. Va a querer asegurarse de que no me van a lastimar otra vez, va a querer examinar a Michelle de pies a cabeza, y Michelle no necesita eso, no necesita sentir que están poniéndola a prueba. Si cuando hablé ayer con ella hizo un escándalo por la torcedura del tobillo, ni me quiero imaginar el escándalo que haría si le dijera que estoy enamorado… No, por el momento mamá no necesita saber.
"Por el momento no voy a contarle a mamá sobre Michelle" expresaste tu decisión.
"Va a enojarse si se entera por otro medio" te previno.
"Lo sé. Sé que va a enojarse si no le cuento algo tan importante como esto, pero…"
"Ya lo sé, mamá va a ponerse como loca. Va a querer conocerla, va a hacer más preguntas de las que yo pueda hacer, va a llamarte todos los días para que le pases un parte informativo" enumeró las posibles reacciones de tu madre ante tu nueva relación "… De mi boca no va a salir una palabra, Anthony, te lo aseguró" prometió "Además, estoy de acuerdo: mamá no tiene por qué saber de inmediato cada cosa que acontece en tu vida. Tenés casi treinta y cinco años y lo que hagas con tu vida privada es tu asunto, pero por favor tené en cuenta que estoy para lo que necesites en caso de que quieras hablar, de que quieras un consejo…"
"Lo sé, y te lo agradezco. Siempre estuviste para mí en los momentos difíciles, y siempre lo valoré mucho"
"Así que… Michelle sabía que yo estoy acá" estaba haciendo referencia al mensaje de texto.
"Sí. Teníamos planes para ayer, tuve que cancelarlos…"
"Lo siento mucho" se disculpó "De haberme dicho…"
"Martina, pasar tiempo con vos es importante para mi" la interrumpiste "Y ayer tenías un problema, estabas triste y angustiada, estabas con una dificultad, me necesitabas, necesitabas alguien en quien confiar. Se lo conté por teléfono ayer por la tarde" en la cara que puso se leía claramente la reprimenda 'así que escondiéndote para hablar por teléfono' que tu madre te hubiera dado de estar allí presente ", y ella lo entendió. Sabe que mi familia es muy importante para mí"
A diferencia de Nina, entiende que mi familia me importa y que son algo que amo demasiado.
"No voy a decirte que me gusta el hecho de que le hayas contado a tu novia sobre mi posible embarazo" volvió a suspira "pero me agrada que entienda que tu familia es un factor importante, especialmente luego de lo sucedido con ésa otra arpía, la forma en que las cosas se dieron el Día de Acción de Gracias…" la mueca que se formó en tu rostro te causó gracia, incluso si los eventos del día mencionado distaron bastante de ser graciosos.
Pero es tiempo de dejar el pasado atrás y olvidar.
"Su familia también es importante para ella. Me habló de su abuela Lee, y pude ver lo mucho que…"
Te detuviste en seco. La expresión en el rostro de tu hermana hizo que súbitamente te detuvieras en seco. Había algo raro en esa expresión, algo extraño. Algo muy extraño.
"¿Qué?" preguntaste, sintiéndote de pronto alarmado.
"¿Su abuela se llamaba Lee?" inquirió, y para tu gusto estaba dándole al asunto más importancia de la que considerarías debida.
"Sí"
"Anthony…"
Esto no puede ser bueno fue todo en lo que pensaste cuando comenzó a hablar con una cautela que indicaba que no quería tocar fibras sensibles ni herirte u ofenderte.
"… ¿Cuál es el apellido de Michelle?"
"Dessler" respondiste.
"¿Origen francés?"
Sintiéndote cada vez más raro, contestaste:
"Supongo. Ya te dije: no hablamos mucho de sus padres" ¿por qué demonios le interesa tanto el apellido de mi novia?, ¿por qué se sorprendió de esa manera cuando mencioné el nombre de su abuela? "Pero debido a sus ojos, a sus facciones, al color de su piel, seguramente hay raíces asiáticas en su familia" informaste, aún sin entender por qué datos como aquellos eran tan importantes para tu hermana.
"Asiática" Martina repitió.
"Sí, probablemente japonesa" no lo sabés bien aún, no estás seguro, pero, ¿qué importancia tiene?
"Anthony, ¿puedo tomarme el atrevimiento de señalarte algo en lo que probablemente nunca hayas reparado?" preguntó con la misma cautela.
"¿Qué?" inquiriste seca e irritablemente.
No sé qué dirección está tomando esto, pero no me gusta.
En lugar de una respuesta, tu hermana comenzó uno de sus pequeños discursos elaborados, esos que acompaña con pequeños ademanes y pausas dramáticas cuando son necesarias, esos que dice en voz tranquila porque no quiere que su interlocutor se altere más de lo debido.
"Cuando empezaste a salir con Nina…" la manera cautelosa en la que encaró la conversación hizo que te dieras cuenta que no era un tema con el que se sintiera cómoda, y eso te puso aún más en alerta: hay escasos temas que incomodan a tu hermana.
Esto no puede ser bueno.
"A mamá y a papá no les agradó mucho el hecho de que Nina fuera americana" se lanzó rápidamente.
"¿De qué estás hablando?" inquiriste extrañado "Nosotros somos americanos" señalaste, como si se tratara de una obviedad, y sin comprender realmente hacia donde iba todo eso.
"Nosotros somos latinos, Anthony" te corrigió "Madre nacida en Argentina, padre nacido en México… Nosotros somos latinos" insistió una vez más.
Pero vos seguías sin comprenderlo, porque lo que Martina estaba tratando de decirte… Eso jamás hubiera pasado por tu cabeza.
"Sí, somos latinos, ¿y qué tiene?" estabas comenzando a impacientarte.
"Cuando empezaste a salir con Nina" reanudó la oración previamente dejada por la mitad "a mamá y a papá no les gustó mucho el hecho de que no fuera parte de nuestra comunidad, de la comunidad latina"
No hizo falta que dijera más para que finalmente entendieras.
Esto es ridículo. No puede estar diciéndome esto.
"Eva, Gabrielle y Fiona están casadas con americanos hijos de latinos. Christian estaba casado con una mujer latina. La rama materna de la familia de Kiefer es latina…"
"Martina, ¿lo que estás tratando de decirme es que a mamá y a papá no va a agradarles que yo esté enamorado de una chica asiática?" la interrumpiste, no pudiendo aguantar más, necesitando frenarla, necesitando que se calle, porque no podías dar crédito a lo que estabas escuchando.
Porque lo que estabas escuchando te parecía totalmente ridículo, una de las cosas más ridículas captadas por tus oídos.
"Anthony, no digo que yo piense así porque de hecho no lo hago" dijo, poniendo especial énfasis en algunas palabras ", pero no puedo creer que no te hayas dado cuenta que papá y mamá nos inculcaron un fuerte amor por nuestras raíces y cierta tendencia a preservarlas"
Tiene que estar bromeando.
"Martina, amo a nuestra herencia cultural tanto como papá y mamá y tantos como nuestras hermanas y vos lo hacen, pero realmente dudo que nuestros padres vayan a sentirse decepcionados o defraudados por esto"
Esto. ¿Cómo definir 'esto'?
Esto es: puede que vos desciendas de latinos muy arraigados a sus raíces y muy apegados a su cultura incluso si llevan casi cuarenta años viviendo en un país extranjero en Norteamérica, y puede que Michelle (es muy probable que lo haga) descienda de padres orientales o que sus abuelos hayan sido probablemente japoneses…, ¿y qué? ¿Cuál es el problema? Al fin y al cabo, ella es una persona, vos sos una persona, los dos son seres humanos, incluso si son de razas distintas, incluso si tu piel es un poco más oscura y la suya tiene un tono amarillento, incluso si la forma de sus ojos es distinta de la de los tuyos, incluso si su familia proviene de unas tierras y la tuya de otras, los dos son seres humanos. Son de distintas razas, sí, pero son seres humanos, por eso nunca reparaste en el hecho de que su descendencia es una y la tuya es otra.
"A fin de cuentas, tanto ella como yo nacimos en este país, somos de la misma nacionalidad" intentaste hacerla reaccionar, a la vez que te esforzabas por no perder el temperamento y alborotarte más de lo necesario "y los dos somos seres humanos. ¿Tiene importancia que seamos de razas distintas?"
Esto es ridículo. Si lo que Martina me dice esconde algo de razón, entonces es ridículo.
"Anthony, tu manera y mi manera de ver las cosas siempre fueron bastante distintas a las que tienen nuestros padres" te recordó "No te lo dije en su momento porque no quería meterme donde no me correspondía, y no te lo mencioné después porque tenías cosas más importantes haciendo peso sobre tu cabeza, pero cuando empezaste a salir con Nina, incluso antes de conocerla personalmente, papá y mamá se sentían un poco decepcionados porque no era de origen latino"
Nina fue la primera mujer con la que te involucraste en una relación 'seria', por llamarlo de algún modo, aunque la realidad es que a vos te gustaba creer que esa relación era 'seria' cuando en realidad en el fondo sabías bien que era puramente sexual, pero así y todo, fue la primera mujer que le presentaste a tus padres.
Las anteriores mujeres con las que habías estado (y estuviste con muchas desde la adolescencia hasta la edad adulta) no habían sido lo suficientemente importantes. Ninguna de esas 'relaciones' habían sido serias, eran simplemente mujeres con las que compartías cosas (la cama, especialmente), pero sabías bien que ninguna era tu futuro, sabías que ninguna era la clase de chica que llevarías a cenar a casa de tus padres, y sabías que con ninguna ibas a llegar demasiado lejos.
Le diste el gusto a tu mamá de conocer a Nina, la llevaste a la Cena de Acción de Gracias porque pensabas que esa relación sí era seria, y porque era tiempo de dar a tus padres el gusto de presentar a alguien, aún si no estabas realmente convencido ante esa perspectiva: siempre te gustó mantener a tu madre apartada de tus asuntos privados. La amás, pero sabés lo pesada que puede ponerse, sabés lo controladora que le gusta ser, porque luego de la muerte de Ricardo hace ya muchos años la invadió la terrible necesidad de proteger a sus hijos constantemente.
Nina fue la primera mujer sentimentalmente involucrada con vos que ellos conocieron, y sabías de antemano que no iba a gustarles, incluso si en ese entonces bajo ningún concepto hubieras sospechado que Nina no era la dedicada agente federal que aparentaba ser. Sabías que no iba a gustarlas, que no la considerarían 'suficiente', que la considerarían demasiado liberal, demasiado moderna, demasiado… diferente si se la comparaba con los valores cristianos de tu hogar. Y siempre supiste que, de haberles presentado a alguna de las muchas otras mujeres que pasaron por tus brazos, ninguna de ellas les hubiera gustado, a todas les hubieran encontrado algún defecto.
Por eso no te gusta hablar de tu vida privada con tu mamá, porque no tiene la mente demasiado abierta, porque ninguna mujer va a ser perfecta para su hijo, porque es demasiado crítica, porque siempre se mete en todo.
Por eso sólo llevaste a Nina luego de que tu madre jurara que viajaría hasta Los Angeles y los arrastraría hasta Chicago si no iban por voluntad propia, poniéndote así claramente entre la espada y la pared.
Por eso siempre fuiste muy reservado en cuanto a tu vida romántica y a tu vida sexual, aunque realmente hasta ahora sólo llevabas una vida sexual y no tanto una vida romántica: nunca amaste realmente a nadie hasta que conociste a Michelle, nunca entendiste lo que el amor es hasta que ella llegó a tu camino.
Pero Michelle es, en tu opinión, perfecta. Contarle a tu mamá sobre ella no es aún una opción, pero simplemente porque las cosas acaban de empezar entre los dos y – aunque sepas que van a durar para siempre, aunque cada latido de tu corazón te repite que esto es para siempre – no querés agregarle a la relación la presión que provocaría una suegra como la que sabés tu mamá es, no por otra cosa. Michelle es tan perfecta que cuando tus padres la conozcan van a adorarla, o al menos esto pensabas hasta que tu hermana mencionó que el hecho de que pertenezca a 'otra raza' podría ser un problema.
Si tu mamá hubiera conocido a todas las mujeres con las que alguna vez estuviste, a todas les habría encontrado un defecto, o varios. A Michelle, en tu opinión, no le encontraría ninguno, porque ella es perfecta.
Pero entonces llegó tu hermana y empezó a quitarte de los ojos una venda que no sabías llevabas puesta, empezó a sembrar en vos la duda de si va a ser una dificultad el hecho de que Michelle no sea de origen latino como el resto de tus cuñados y la viuda de tu hermano.
Vos no querías escuchar, no querías que siguiera abriéndote los ojos a algo en lo que antes no te habías percatado porque para vos no es un problema, pero que para tus padres obviamente lo va a ser, por mucho que quieras negártelo, por mucho que pienses que es ridículo, por mucho que sepas que es ridículo, por mucho que te repitas una y otra y otra vez que es ridículo.
"A mamá y a papá no les gustaba Nina por otros motivos" dijiste, tomando una actitud totalmente defensiva "No confiaban en ella, no les caía bien, y si a eso le sumamos lo que aconteció en su visita…"
"Eso no tuvo nada que ver, Anthony" te aseguró "Cuando mamá me contó que habías accedido a viajar con Nina a Chicago, me dijo que estaba ansiosa porque finalmente estabas dejándola involucrarse un poco más en tu vida privada, pero que la decepcionaba el hecho de que Nina no fuera latina, como nosotros, y después de que todo sucediera… me dijo que estaba segura de que volverías a enamorarte, de que con el tiempo mejorarías y volverías a confiar en una mujer, y que seguramente esa mujer sería una buena chica de origen latino"
Sí, cuando escuchaste eso definitivamente tuviste que admitir que sonaba como algo que tu mamá diría.
Pero aún así, no podías creerlo. Sabés bien lo importante que es la herencia latina para tu familia, pero jamás te imaginaste que tus padres pudieran llegar a sentirse decepcionados o defraudados o que pudieran darle alguna clase de importancia al hecho en general si no eligieras a alguien de tu mismo origen. ¿Acaso ellos no sufrieron porque los padres de tu madre estaban en desacuerdo con que ella se hubiera enamorado de alguien de diferente status social?, ¿acaso ellos no saben mejor que nadie que uno no elije de quién se enamora?
"Martina, ¿de verdad estás diciéndome que pensás a mamá y a papá capaces de darle tanto peso a algo como la raza entre dos personas que se aman cuando ellos tuvieron que llegar al extremo de irse lejos y mamá tuvo que dejar de hablarle a su familia porque no aceptaban al hombre que amaba por ser de condición humilde?"
"Mamá y papá no dan importancia a las cosas materiales, no les interesa cuánto dinero hay en el bolsillo de las personas o de qué clase social provienen, pero sí dan importancia a su origen, incluso si llevan casi cuarenta años viviendo en Estados Unidos. Dan mucha importancia a la cultura latina, dan mucha importancia a las raíces"
Martina se puso de pie y acortó la distancia entre ustedes dos; luego su mano se cerró sobre tu hombro y miró hacia abajo con los ojos cargados de algo que te pareció compasión.
"Anthony, nuestros padres para algunas cosas tienen una mentalidad cerrada, mamá mucho más que papá, y ésta es una de esas cosas, te lo digo en serio. Soy mucho más observadora que vos, puedo ver a través de ellos, de las cosas que hacen y dicen, y te aseguro que esto va a ser todo un tema. Iba a ser todo un tema con una chica americana, y va a ponerse más em… complicado si la chica en cuestión es de una raza tan distinta de la nuestra. Si no les gustaba mucho la idea de que tu novia fuera americana, probablemente tampoco va a gustarles que Michelle sea asiática. No estoy de acuerdo con esa forma de pensar" se apresuró a aclarar nuevamente "Uno no elige de quién enamorarse, por supuesto. Hubiera o no provenido de una familia en parte latina, habría acabado enamorándome de Kiefer de todos modos, pensaran nuestros padres lo que quisieran pensar. Sólo estoy previniéndote: la mentalidad de ellos es abierta para algunas pocas cosas, y cerrada para muchas otras. No son racistas, no son homofóbicos, no discriminan a aquellos que tienen dinero de los que no lo tienen, Dios sabe que son ambos excelentes cristianos, pero sí pueden ser complicados en cuanto a preservar la herencia latina en la familia, preservar nuestra raza"
¿Está hablando de razas? Vos sos un ser humano. Michelle es otro ser humano. Los dos se aman. Fin de la cuestión. ¿Quién quiere hablar de razas?
"Eso no va a pasar" la desafiaste, sintiendo tu corazón latiendo desaforado en el pecho "Fiona, Gabrielle y Eva eligieron casarse con latinos, nadie las obligó" remarcaste "Y el hecho de que la mitad de la familia de tu novio sea latina es una coincidencia"
"Una de las muchas cosas que nos atrajeron a Kiefer y a mí fue el hecho de que ambos somos hijos de mexicanos" apuntó, pero vos no querías escuchar.
No te interesaba escuchar.
Porque no podías creer ni tenías pensado creer que fuera cierto eso que tu hermana decía, que tus padres esperaban que te enamoraras y casaras con una chica latina: simplemente no tenía sentido, no tenía sentido en lo absoluto, incluso si es cierto que ambos aman profundamente sus raíces y se mantienen firmemente aferrados a ellas y les inculcaron a ustedes amplios valores y costumbres de sus culturas.
No te interesaba escuchar, porque incluso si resultara cierto… ¿entonces qué? ¿Por eso dejarías de amarla?, ¿para satisfacer los deseos implícitos de tus padres?
No, no podés creer que tus padres sean así, después de lo que ellos pasaron cuando eran jóvenes y estaban enamorados y tu madre tuvo que renunciar a todo para estar con el amor su vida, aún cuando había sido criada para casarse con un hombre rico y dedicarse a dar conciertos de piano en el Teatro Colón.
Ella lo sacrificó todo por amor. A ella no le importó que los bolsillos de tu padre estuvieran vacíos. A ninguno de los dos les importó luchar desde abajo para conseguir todo lo que consiguieron. Si no tenían prejuicios sociales, ¿por qué habrían de tener prejuicios raciales?
Te negabas a creerlo, te negabas a creer que este asunto fuera a tener importancia en el futuro. Te negabas a dejar que pesara en tu corazón y en tu cabeza.
Sin embargo, empezaba a hacerlo.
"Michelle y yo podremos ser técnicamente de diferentes razas, pero somos seres humanos" aseguraste, poniéndote de pie vos también y causando que tu hermana retrocediera un poco lentamente.
Y con eso marcaste el fin de una larga conversación que tuvo sus altos y sus bajos, y que desembocó en puertos que no sospechabas existirían, puertos en los cuales cargaste con dudas, preguntas sin respuesta, sentimientos encontrados e inquietudes con las que jamás te imaginaste encontrarte.
Preguntas, dudas y preocupaciones en las que no habías reparado antes, porque estabas demasiado ocupado flotando en una nube, feliz y loco de amor, como para detenerte un segundo y contemplar la realidad con un poco más de realismo, valga la redundancia, eso te trajo la mañana del domingo, primero con todo el tema de 'qué va a pasar cuando vuelvan a la CTU y tengan que amarse a escondidas' y luego con toda esa teoría ridícula acerca de que tus padres no van a aceptar a Michelle porque 'son de razas diferentes'.
Teoría que aún no lograste sacar de tu cabeza.
Luego de esas largas horas que pasaron hablando, Martina se dio cuenta que sus palabras te habían dado mucho para pensar, mucho para asimilar, mucho para digerir, por lo cual tomó las pocas cosas de su pertenencia que estaban desperdigas por el departamento, las guardó de nuevo en su bolso Luis Vuitton y en la pequeña bolsa de viaje donde había traído su muda de ropa para pasar la noche, te dio un beso en la mejilla y te prometió llamar pronto.
"Anthony, quiero conocer a Michelle" te aseguró cuando estaban ambos frente a la puerta, vos con una expresión algo apagada "Y si estás feliz amándola, entonces yo soy feliz, y te apoyo en todo sentido"
Te apoyo en todo sentido.
Antes de partir te recordó un tema que los dos habían estado tratando de evitar durante su corta estadía con vos ese fin de semana, pero que inevitablemente debía ser tocado:
"¿Vas a llamar a mamá el martes?"
El martes, el día que regresás a la CTU, es también el día 11 del mes.
El martes 11 de septiembre, el aniversario de la muerte de Christian.
"Sí. Y voy a llamar a Teresa"
Teresa es la madre de dos de tus sobrinos, la viuda de tu hermano.
"Mamá y papá van a viajar a New York, a llevarle flores y van a asistir al acto en memoria de las víctimas" dejó escapar el comentario, y podías darte cuenta del gran esfuerzo que estaba costándole no romperse a llorar.
"Martina" susurraste "Está bien llorar"
"Fue un fin de semana extraño" suspiró "Mis preocupaciones respecto a mi embarazo… Bueno, en realidad para mí fueron dos semanas bastante extrañas, y supongo que para vos estos últimos días habrán sido raros también"
"Martina" repetiste su nombre nuevamente, obligándola a mirarte directo a los ojos y a dejar de dar vueltas "Fueron días largos, de muchos cambios, de muchas cosas con las cuales cargar, pero el tema de tu embarazo ya está solucionado: fue una falsa alarma, ya está"
"Ya lo sé" tragó con dificultad "Pero en parte ahora me doy cuenta que esa preocupación no me vino mal: me ayudó a no pensar en Christian y en lo cerca que está el aniversario de su muerte"
La entendiste perfectamente: todo lo que te pasó a vos también te ayudó a pensar menos en eso, a temer menos la llegada del día 11, a pensar menos, a recordar menos. De hecho, casi ni cruzó tu cabeza que esa fecha estaba aproximándose.
La abrazaste, besaste su frente y le prometiste viajar a New York juntos en cuanto tuvieras uno o dos días libres, en cuanto ella pudiera escaparse de la oficina, para ir a visitar a tu hermano.
Pasaste el resto del domingo pensando en eso, y pensando en lo que Martina dijo acerca de la CTU, acerca de tener que andar escondiéndose, acerca de lo que la gente iba a pensar, acerca de cómo vas a proteger a Michelle de los rumores que podrían surgir si no son cuidadosos, pero especialmente pasaste el resto de tu domingo pensando en las posibilidades de que tus padres realmente esperaran que todos sus hijos se enamoraran de latinos, se casaran con latinos y tuvieran hijos con latinos para preservar la herencia, la raza, la cultura, las raíces tan profundamente marcadas de las que habían tenido que separarse cuando se vieron obligados a dejar sus tierras e irse a los Estados Unidos en búsqueda de un futuro mejor, en búsqueda de una vida mejor.
Al principio siempre llegabas a la conclusión de que tus padres no tendrían problemas con el origen de Michelle (el cual aún no sabés bien del todo, pero el cual no influiría en nada en tus sentimientos hacia ella, en lo absoluto), pero pasadas algunas horas tu mente estaba tan inflamada, tan hinchada, tan cansada que ya no sabías realmente qué esperar de ellos.
Es cierto, son latinos orgullosos. ¿Y qué?
Es cierto, se pusieron felices cuando tus hermanas y tu fallecido hermano se enamoraron de miembros de respetadas familias de la comunidad latina, pero eso no tiene por qué significar que no aceptarían a una chica de descendencia asiática o que se sintieran decepcionados…
¿Y si sucediera, qué?
No dejarías de amarla.
Nunca.
Eso lo tenés seguro.
Basta Almeida, no pienses más en esto. No merece ni un segundo de tus pensamientos. Lo único en lo que tenés que pensar es en ella.
La llamaste y pasaron un largo rato hablando por teléfono, mayormente de lo mucho que te alivió el hecho de que tu hermana no estuviera embarazada, le dijiste que habías hablado con Martina sobre ustedes dos (te concentraste sólo en lo bueno, no entraste en detalles) e incluso dejaste deslizar que el martes se cumpliría otro aniversario de la muerte de tu hermano mayor y que por eso tus padres viajarían a New York para visitar su tumba, a sus nietos y a su viuda, aunque no diste más detalles.
Casi dos horas de conversación después, le dijiste que se alistara porque ibas a pasar a buscarla. Ya no querías pasar ni un segundo más alejado de ella.
Necesitabas abrazarla, besarla, estar cerca de ella, para que las preguntas, las dudas, las preocupaciones, los cuestionamientos, los recuerdos sobre Christian, todo eso que la mañana del domingo había arrastrado hacia la orilla desapareciera por un rato.
Pasaste el resto del domingo con ella, en sus brazos, viendo televisión, conversando de todo y de nada, escuchando el sonido de su risa, haciéndola cosquillas en los momentos menos pensados, perdiendo lastimosamente cuando jugaron al Pacman en tu computadora y casi dejándote ganar cuando la desafiaste al Tetris. Cocinaste para ella, la dejaste revisar tus estanterías llenas de libros, discos y películas en DVD, y hasta la dejaste tomar su café cargado de azúcar, leche y crema en tu sagrada taza de los Cubs.
Fue uno de los mejores domingos de tu vida, y nada te molestó durante él, ni siquiera la perspectiva de tener que regresar al trabajo el martes, ni siquiera el dolor que sabías te causaría llamar a tu mamá por teléfono y escucharla llorar, hablando de Christian y de lo mucho que lo amaba, de lo mucho que merecía vivir, de lo injustas que son las cosas a veces. Ni siquiera cruzó por tu cabeza la conversación que tuviste con Martina sobre la posibilidad de que a tus padres no les gustara Michelle por su evidente origen asiático.
Simplemente disfrutaste de esas horas hablando con ella, riendo con ella, disfrutando de estar con ella frente a una computadora perdiendo horriblemente a un videojuego y no buscando imágenes satelitales o recorriendo bases de datos para atrapar a terroristas potenciales y peligrosos. Simplemente disfrutaste de esas horas abrazándola tanto como querías, mimándola, malcriándola, tirándola al suelo para hacerle cosquillas hasta que no pudiera respirar más, desafiándola una y otra vez a ganarte en el Tetris, lo cual no logró…
Fue el mejor domingo de tu vida, y cuando cerca de las cinco de la madrugada cayó uno en los brazos del otro en el sillón, cerraron los ojos y se quedaron dormidos, nada te molestaba, y te hallabas en paz con el resto del mundo.
No es si no hasta la noche del lunes (día que pasaron principalmente dormitando o viendo televisión, sin moverse demasiado) que inevitablemente tenés que tocar uno de los temas que te asaltaron sorpresivamente la mañana del domingo.
Ahí estás ahora, cenando con ella antes de llevarla de vuelta a su casa para que pueda descansar ahí y prepararse para regresar el martes a la CTU, los dos sentados en la cocina de tu casa, demasiado contentos como para necesitar hablar.
Pero te ves obligado a romper el silencio.
"Mañana hay que volver al trabajo" anunciás tristemente.
"Ya sé" suspira "Va a ser raro estar ahí, y ver a los obreros reconstruyendo todo, y los escritorios vacíos, especialmente el de Paula, o el de Luke, o el de Nadine…"
"Va a ser difícil para mi también" admitís.
"Va a ser difícil no poder buscar refugio en vos cada vez que lo necesite" su confesión comienza a abrirte camino para el tema que querés discutir, y te das cuenta que probablemente ella también tenga intenciones de hablar de eso.
"Michelle, va a ser importante que sepamos controlarnos y que sepamos disimular" tomás su mano a través de la mesa, entrelazando sus dedos con los tuyos, dibujando círculos en su palma con tu pulgar, perdiéndote en la sensación que su piel extra sensible despierta en vos cada vez que la acariciás "No hay nada que quiera más que gritarle al mundo que te amo, pero si en la oficina supieran de nuestra relación, malinterpretarían las cosas"
"Lo sé, y estoy de acuerdo" asiente con la cabeza "Empezarían los rumores, tendríamos problemas, y no quiero perjudicar ni tu carrera ni la mía. Además, tampoco quiero hacer de nuestras vidas privadas algo público, algo que dé de qué hablar en los pasillos o algo que alimente la necesidad de chismear que tienen las secretarias"
Besás la punta de su nariz.
"Que digan lo que quieran: lo único que me importa es cuidarte a vos, cuidar tu reputación, evitar que caigas en boca de todos, que pienses que estás conmigo por interés, o que piensen que yo estoy usándote, porque nada dista tanto de la verdad"
"Si ponemos cuidado en lo que hacemos y delante de quién, no vamos a tener problemas" te asegura "Nos robamos miradas durante nueve meses, estuvimos enamorados durante nueve meses, y siempre nos comportamos bastante bien" sonríe "El hecho de que estemos juntos ahora va a hacer más difícil que aguantemos las ganas de escaparnos y largar todo, pero vamos a saber disimular sin dificultades"
"En el fondo me gusta que nuestro amor sea un secreto profundo" confesás "Me gusta que nadie sepa que sos mías, que sea nuestro secreto, de los dos y de nadie más"
"Es muy shakesperiano, tener que andar a escondidas…"
"Amándonos a escondidas, estando donde nadie esté, guardando nuestro amor como un secreto profundo, sin que nadie se dé cuenta… Un secreto que sea de los dos"
"Me gusta eso" besa tus labios muy despacio, a penas rozándolo "Un secreto que sea sólo nuestro, de los dos, de nadie más" susurra, mirando dentro de tus ojos.
"Suena mucho más lindo y mucho más poético que decir 'tenemos que andarnos con cuidado para que Chappelle y Hammond no peguen el grito en el cielo y me transfieran a Alaska'" reís, tratando de darle a la situación un toque de humor.
"Me iría con vos a Alaska de ser así, ¿sabés eso, no?" sentís su nariz frotando la tuya con mucha delicadeza, y tus ojos se cierran.
"Lo sé" respirás hondamente, y tu cuerpo comienza a relajarse aún más "Y yo te llevaría conmigo a cualquier parte"
"Pero no van a descubrirnos" ahora es ella la que ríe, y su risa te recuerda a la de una nena chiquita, lo cual la vuelve mil veces más adorable "Porque vamos a amarnos a escondidas, a vernos a escondidas, a pretender que somos sólo compañeros de trabajo, muy compuestos y profesionales, cuando en realidad por dentro estamos conectados"
"Va a ser nuestro secreto"
"De los dos y de nadie más"
Mientras la besás, dejando olvidada el resto de la cena por un rato, nada en lo absoluto te preocupa, mucho menos el hecho de que mañana por la mañana tenés que regresar al trabajo, y para nada habita tu mente ese séquito de dudas y preguntas que el domingo por la mañana te comían la cabeza hasta que decidiste ponerles un freno.
Lo único que te importa es ella.
Nadie más.
Nada más.
Ella y este secreto que es de los dos, este secreto tan profundo que van a guardar los dos, para cuidarse el uno al otro del resto del mundo, este secreto de los dos que van a guardar y a proteger juntos. Van a amarse a escondidas, a robarse miradas, a comunicarse sin palabras, sin que nadie se dé cuenta, estando donde nadie está, convirtiendo a este amor en el secreto más profundo.
Ni el aniversario de la muerte de tu hermano, la CTU, ni Chappelle, ni Hammond y mucho menos la opinión que tengan tus padres sobre sus hijos mezclándose con otras razas te molestan mientras la besás.
La vida en la CTU, Chappelle, Hammond, todo eso va a ser fácil de manejar. El secreto va a ser fácil de preservar si lo preservan juntos. Y tu hermano… él está en un lugar mejor, y por él sólo podés rezar.
Manejar a tus padres… eso va a ser difícil.
Pero hoy, lunes por la noche, mientras estás en los brazos del amor de tu vida, esa preocupación dista de perturbarte.
Me encantaría saber qué pensaron de los temas que toqué en este capítulo, porque la verdad es que si bien la idea de incluír cosas nunca antes vistas (o al menos no vistas por mí) en historias sobre Tony y Michelle, centrarme en detalles que la mayor parte del tiempo pasan desapercibidos, me pareció bueno, no sé cómo sentirme respecto a este capítulo. Honestamente, ni lo odio ni lo amo, me siento indiferente en cuanto a él, probablemente porque quería que fuera algo más profundo, algo mucho más impactante, y no me salió así. Salió algo diferente a lo que me hubiera gustado hacer.
PROMETO solemnemente escribir capítulos más cortos. Es que simplemente se me van los dedos sobre el teclado.
Sé que este capítulo tuvo mayormente interacción entre Tony y Martina y casi nada de Tony y Michelle, pero todos los momentos mencionados y no descriptos van a ser agregados en detalle más adelante en forma de recuerdos o memorias, lo prometo.
Espero de verdad que me digan qué opinaron de este capítulo, para decidir qué dirección tomar al ir desarrollando la historia, aunque en mi cabeza está toda desarrollada, prácticamente.
Gracias por los hermosos comentarios que siempre dejan y que me impulsan a escribir, aunque últimamente los resultados me gustan poco.
