Somos instantes del amor,
Y cada gramo de dolor.
Somos la vida que se asoma
Otra vez.
El lunes por la noche caer en un sueño profundo y tranquilo te costó menos que antes. Abrigada con tu sweater gris favorito – ese que perteneció a él y que ahora es tuyo – te acurrucaste en el centro de la cama, envolviste el cobertor a tu alrededor y abrazada a tu osito cerraste los ojos, acunada por los recuerdos de las hermosas horas que pasaste con él, relajada y abrigada por la sensación de que si están juntos nunca nada va a salir mal.
Cuando despertaste el martes por la mañana a las cinco, no te molestó el sonido del radio reloj repiqueteando insistente para que te levantaras a tiempo, no te molestó que interrumpiera tu sueño hecho de memorias de los besos, abrazos y risas compartidos durante el domingo y el lunes – besos, abrazos y risas que ahora son reales, ya no son parte de tus sueños, ya no son pedacitos de felicidad fabricados por tu subconsciente -, porque sabías que en unas horas lo verías.
En la CTU, sí. Entre esas paredes frías y manchadas de humo, sí. Con los pies sobre ese suelo ennegrecido y manchado con la sangre de tus compañeros y el polvo de las estructuras caídas, sí. Bajo la presión que la situación en general provocaría, sí. Con Chappelle y Hammond respirándoles en la nuca, sí. Pero podrías pasar ocho horas con él, cerca de él, robándose miradas, quizá robándose algún roce a escondidas, sonriéndose el uno al otro sabiendo que ambos guardan en sus corazones un secreto profundo, un secreto que es sólo y de los dos, de ustedes dos y de nadie más.
Te levantaste relajada ese día, el día de tu regreso a la Unidad, mucho más tranquila de lo que hubieras creído posible. Y cuando observaste tu reflejo en el baño luego de darte una ducha, no viste en tus ojos la soledad a la que te habías acostumbrado, no estaba en tus oídos resonando aún el molesto ruido del despertador. En tus ojos viste amor, felicidad, ganas de empezar a reconstruir todo, ganas de ayudar a que la CTU se alzara de nuevo, a que resurgiera de sus cenizas como el ave fénix, ganas de demostrarles a aquellos que disfrutan lastimando a inocentes, atentando contra la vida y contra la paz en nombre de ideales absurdos, en nombre de Dioses que si existen dudas tengan intención de hacer daño, que por mucho que vayan con sus bombas y traten de destruirlos, siempre alguien quedara, siempre alguien sobrevivirá, siempre alguien volverá para reconstruir lo roto y continuar escribiendo la historia.
Luego de un rápido desayuno (aún seguís preguntándote cómo vas a decirle a Tony que tus conocimientos culinarios no van más allá de poner agua a hervir y preparar té) y de ver las noticias para informarte de los primeros hechos del día (al parecer, según el último comunicado oficial David Palmer estaba reponiéndose de acuerdo a lo esperado), te dirigiste en tu auto a la CTU.
Al dejarte caer en el asiento del conductor, tus ojos capturaron tu reflejo en el espejo retrovisor, y por poco te sobresaltaste al notar que después de ducharte no habías atado tu cabello como siempre: los bucles, húmedos, caían libremente alrededor de tu rostro, enmarcándolo, libres, como a él le gustan.
Por un segundo, dudaste acerca de si corregirías tu acto fallido aprisionándolos fuertemente con el ganchito de plástica que sabías yacía en la guantera. Decidiste hacerlo porque te gusta que sólo él te vea con el cabello suelto, él y nadie más.
Llegar y encontrarte a los constructores, obreros, operarios y a un arquitecto e ingeniero del gobierno moviéndose de un lado al otro, manejando pesadas máquinas y manipulando diversos materiales, observando planos enormes y recibiendo instrucciones de cómo proceder, ver las ruinas de los destrozos causados al edificio siendo limpiadas y reparadas, te causó un impacto un poco más fuerte del que esperabas. Te quedaste de pie durante algunos segundos, observando, recordando cómo todo lucía antes, recordando a las personas que solían sentarse detrás de esos escritorios y que ya no están, recordando a los que solían moverse dentro de determinadas áreas que ahora están acordonadas con grandes cintas amarillas para impedir el paso… Respiraste hondo, tragaste con dificultad, y te dirigiste a tu estación, tratando de no pensar, repitiéndote a vos misma que había que seguir adelante, esforzarse por reconstruirlo todo.
La vida tiene que asomarse otra vez. La vida tiene que resurgir, aún entre el dolor. Los instantes de amor tienen que valer más que cada gramo de dolor, tienen que valer más que todo. Tienen que ser suficientes para permitir que la vida se asome otra vez por entre el humo, los escombros, los restos, las ruinas, los muertos, los fantasmas, la maldad, los recuerdos, las explicaciones que se piden pero que nunca llegan porque hay acciones, hay motivos, hay factores, hay hechos que son inexplicables, que carecen de lógica, que el ser humano por mucho que lo intente jamás comprenderá.
Entre todo eso, los instantes de amor tienen que pesar más que cada gramo de dolor.
Entre todo eso, la vida tiene que asomarse otra vez.
Ustedes, los sobrevivientes, tienen que ser la vida asomándose otra vez.
Ver a Tony dando indicaciones a otros técnicos y analistas, desempeñándose en su nuevo rol como Director de la Unidad te causó una sensación de orgullo que te hizo cosquillas en todo el cuerpo; costó bastante contener tus ganas de abrazarlo y besarlo, pero no tuviste más remedio que actuar profesionalmente, incluso cuando al darle los buenos días sus ojos y los tuyos se encontraron y brillaron de manera especial, reflejándose uno en el otro, compartiendo en silencio ese secreto de los dos, ese secreto desconocido por los demás, aquel que debían proteger y mantener oculto en algún rincón profundo para que nadie lo descubriera.
Sin embargo, cuando por una milésima de segundo viste en esos ojos algo parecido a la tristeza tratando de salir a la superficie para luego ser de nuevo ahogada y desaparecer, hundiéndose en esos dos océanos oscuros, tu corazón latió violenta y dolorosamente al entender que tus pies seguirían de largo, que no te quedarías ahí con él, que tus brazos no iban a cerrarse alrededor de su cintura, que tus dedos no iban a enterrarse en sus cortos buclecitos negros y jugar con ellos, que no podías consolarlo, calmar sus demonios internos, susurras en sus oídos que todo va a acabar mejorando, que por muy duros que estén destinados a ser los primeros días o las primeras semanas de vuelta en la CTU después de haber sobrevivido a ese día infernal eventualmente va a dejar de ser difícil.
Lejos estaba de saber que esa tristeza se debía a otra cosa, algo ajeno al trabajo, algo más personal, un retazo de su historia familiar que descubrirías ese mismo día dentro de un par de horas.
La mañana del martes transcurrió despacio entre las paredes de la sala de conferencias, donde un grupo selecto de miembros importantes de la Unidad se reunieron durante al menos tres horas para escuchar a Ryan Chappelle exponer el plan ideado por División para reformar la CTU no sólo físicamente si no también en lo competente a su estructura organizativa.
Las palabras iban y venían, flotaban en el aire, se perdían a tu alrededor, las captabas, las entendías, procesabas el significado, pero realmente no estabas prestando atención, más bien tu cerebro estaba almacenando la información obtenida y guardándola para después, mientras tu corazón, tu alma y tus pensamientos estaban enteramente concentrados en Tony y en esas chispas de algo parecido a la tristeza y al dolor que habías vislumbrado en sus ojos, esos ojos que durante la reunión trataste de evitar, porque sabías que de cruzarse tu mirada con la suya no serías capaz de dejar de fijarte en él, que te quedaría hipnotizado.
Y no podías permitir que sucediera eso.
Chappelle pasó la mayor parte del tiempo yendo y viniendo, moviéndose alrededor de la mesa oval, sentándose a la cabecera de tanto en tanto para luego volver a ponerse de pie y reanudar su paseo en semi-círculos, mientras explicaba con lujo de detalles y deteniéndose en cada punto específico la decisión de dividir a la Unidad en dos departamentos: uno dedicado al trabajo de logística e inteligencia y otro abocado al trabajo de agentes de campo, agentes especiales, agentes encubiertos y las misiones que éstos llevan a cabo, el cual de acuerdo a las intenciones de División podría ser dirigido por Jack Bauer una vez que éste fuera dado de alta por los médicos y en condiciones físicas y psíquicas de ocupar un cargo de tal magnitud.
Serán muchos los cambios a los que tendrán que ajustarse, habrá muchas reformas en la parte de sistemas y en todos los programas con los que la CTU trabaja, van a tener que tomar cursos especiales, van a tener que entrevistar nuevos técnicos y analistas para reemplazar a aquellos que fallecieron cuanto antes y mantener a la Unidad funcionando lo mejor posible hasta que las cosas vuelvan a caer en su lugar.
"Mientras llevemos a cabo el proceso de contratación de personal nuevo, gente de División va a venir a ayudarnos para que las cargas de trabajo no se acumulen y los sistemas se mantenga actualizados" Ryan informó "La gente que Brad Hammond designó va a llegar mañana, luego de haber dejado en orden sus asuntos en División"
Se habló de una 'compensación' por el esfuerzo y los logros alcanzados en encontrar la bomba nuclear antes de que fuera detonada sobre la ciudad de Los Angeles pero el audio de Chipre fue vagamente mencionado (probablemente Chappelle no quería sacar a colación que para probar que su postura era la equivocada Tony y vos tuvieron que drogarlo y encerrarlo en una de las salas para sacarlo del camino y evitar que se cometiera un error garrafal. No se especificaron cifras, pero Chappelle aseguró que las recompensas serían 'más que generosas', lo cual realmente no te importa demasiado porque no hacés tu trabajo por el dinero si no por el hecho de que te gusta sentirte fuerte en ese terreno, te gusta sentir que ahí tenés control y confianza y seguridad en vos misma como agente, y te gusta ayudar a las personas inocentes, evitar que sean victimas de la locura y la maldad de esos desquiciados que creen ser patriotas y dicen actuar en nombre de Dios.
Por último, fue tocado el tema de la salud del Presidente Palmer, quien al parecer – tal como lo habían dicho en las noticias esa mañana – se recobraba del ataque según lo esperado, y pronto podría volver a desarrollarse en sus funciones como primer mandatario de los Estados Unidos de América, lo cual despertó entre los concurrentes suspiros de alivio y sinceras frases de alegría.
Al finalizar la reunión, unas tres horas más tarde, la sala comenzó a vaciarse lentamente a medida que los presentes regresaban a sus escritorios, a sus tareas, a sus trabajos. Estabas por hacer lo mismo cuando Chappelle llamó tu nombre y el de Tony.
"Me gustaría hablar con ustedes" les dijo "No se trata de nuestro pequeño asunto" les avisó con un leve sacudón de su mano como si estuviera ahuyentando una mosca imaginaria, refiriéndose obviamente al pequeño plan de acción que pusieron en marcha para sacarlo del tablero de juego y enviar ese helicóptero para que recogiera a Jack en casa del fallecido Alex Hewitt "Pueden esperar en tu oficina" indicó, dirigiéndose a Tony "Tengo que hacer unos llamados primero, voy a alcanzarlos luego"
El escaso medio minuto que tardaron en dirigirse desde la sala de conferencias hasta la oficina – siempre guardando una distancia prudencial – se sintió como una eternidad reducida en un instante: las manos te picaban, cada nervio de tu cuerpo temblaba, sentías escalofríos recorriendo tu columna vertebral de arriba abajo.
Ese escaso medio minuto, durante él tu corazón latió desaforado, descontrolándose cada vez más y más a medida que subías un nuevo peldaño.
Iban a estar solos, en su oficina, solos esperando a Ryan Chappelle. Solos, los dos, con ese secreto profundo. Solos, los dos, con las ganas de besarse y abrazarse incontenibles e inmanejables a flor de piel. Solos, los dos, con la necesidad de tocarse, de al menos rozarse apenas para calmar las ansias y saciar la abstinencia, esa abstinencia que había comenzado la noche anterior cuando te dejó en la puerta de tu departamento después de haberte dado ese larguísimo beso de buenas noches.
¿Podrían aguantar?, ¿podrían contenerse?, ¿podrían actuar profesionalmente?
Al cerrarse la puerta detrás de él, los latidos de tu corazón se aceleraron y por un momento creíste que cerraría las cortinas para bloquear la vista que los paneles de vidrio ofrecían a aquellos que se encontraban en el piso de abajo, aquellos que podrían casualmente dirigir la mirada hacia arriba y observarlos a los dos. Por un momento pensaste que cerraría las persianas americanas para que tuvieran algo de privacidad, pero no lo hizo.
Tomaste asiento en una de las sillas frente a su escritorio, y Tony se sentó detrás de él.
Aún en silencio y con cada uno de sus movimientos siendo seguido por tus ojos, tomó un bolígrafo azul y uno de esos cuadraditos de papel amarillo que se usan habitualmente para dejar notas o escribir recordatorios, y sin decir ni una palabra comenzó a garabatear algo que no alcanzaste a ver; cuando intentaste inclinarte hacia adelante para espiar, te echó una mirada que hizo que volvieras a hundirte contra el respaldo del asiento.
Dos minutos más tarde, dejó el bolígrafo en su sitio y te entregó el cuadradito de papel amarillo, donde plasmadas en tinta azul relucían unas cuantas palabras escritas de su puño y letra, esa letra que como todo lo que pertenece a él te fascina con locura.
"Te amo mucho, mucho más del 'te amo' que te digo"
Sonreíste, no pudiste evitarlo, y sentiste como tu corazón y tu alma se derretían bajo su atenta, dulce mirada.
Sin pronunciar palabra, entregándote al silencio tal como él lo ha hecho – ¿acaso es necesario el lenguaje hablado entre ustedes dos?, ¿es necesario el lenguaje hablado cuando las almas están conectadas? – tomaste del prolijamente apilado montoncito uno de esos cuadraditos de papel amarillo, agarraste entre dos de tus dedos el mismo bolígrafo azul y rápidamente (rogando que a Ryan Chappelle no se le ocurriera entrar en ese momento, rogando que sus llamadas le llevaran más tiempo del necesario) escribiste vos un puñado de palabras, expresando brevemente la preocupación que se apoderó de vos cuando horas atrás vislumbraste esa tristeza, esa angustia brillando en sus ojos, esa tristeza y esa angustia que se ahogaron en esos océanos oscuros antes de que pudieras analizarlas pero que no te pasaron desapercibidas, esa tristeza y esa angustia que de alguna manera podés sentir emanando de él, como si su cuerpo estuviera tratando de comunicarse con el tuyo. Como si su cuerpo estuviera comunicándose con el tuyo.
"Te amo. Te necesito. Necesito saber por qué tu corazón está triste"
Oíste el suspiro escapándose de sus labios al leer tu notita, y observaste la dirección que tomaron sus ojos, buscando a Chappelle entre los muchos técnicos, analistas y agentes que se encontraban abajo mezclados entre los obreros y trabajadores que estaban reparando el edificio, hasta que lo ubicó en una esquina, con el teléfono en la mano y una expresión molesta pintada en la cara que delataba claramente que iba a estar un rato más ocupado con esas llamadas, lidiando con sus superiores los cuales al parecer no tenían ningún inconveniente en hacerlo esperar en la línea.
Las primeras palabras que rompieron el silencio en que los dos habían caído durante el trayecto hacia su oficina y el cual se había mantenido intacto durante los minutos pasados ahí, sentados uno frente al otro, enviándose notitas en esos cuadraditos de papel amarillo, fueron:
"Hoy se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Christian, mi hermano mayor"
La frase, dicha en un susurro y acompañada por ese brillo triste que habías visto antes, fue lo suficientemente fuerte e impactante como para desgarrarte el corazón. Fue lo suficientemente fuerte e impactante, junto con el brillo que viste en sus ojos, para hacer que sintieras cada gramo de dolor que él estaba sintiendo.
Que algunos lo llamen empatía no significa que en tu caso haya sido eso.
En tu caso, sabés, cada gramo de dolor que él siente lo sentís no por empatía si no porque de alguna forma están conectados. Cada gramo de dolor que él siente vos lo sentís en carne propia, como cuando el martes pasado él estaba abatido e indignado porque tendrían que arriesgar la vida de Paula para poder ingresar a los archivos enviados a las Oficinas de Seguridad Nacional y recuperar la información sobre la bomba; ese día también sentiste el dolor en carne propia, cada gramo de dolor.
"Tony, lo siento mucho" murmuraste, queriendo desesperadamente abrazarlo, consolarlo, decirle que está bien llorar, que está bien desahogarse, que puede quedarse en tus brazos tanto tiempo como quiera y descargarse hasta quedar vacío, hasta quedar liviano, hasta sentirse aliviado.
Pero bajo las circunstancias en las que se encontraban, no podían. No podías arriesgarte a que tu secreto – el secreto de los dos – fuera descubierto. Ninguno de los dos podía arriesgarse, por lo cual simplemente extendiste tu mano y tomaste una de las suyas en ella, entrelazando tus dedos con los de él, trazando pequeños círculos en su palma con tu pulgar, tan pequeño en comparación al suyo, el cual estaba haciendo lo mismo en el dorso de tu mano, como si ese contacto tan íntimo y tan inocente al mismo tiempo fuera suficiente para calmarlo un poco.
"Hablé con mis padres esta mañana. Están en New York, visitando a mi cuñada y a mis sobrinos" pudiste percibir el temblor en su voz "Es curioso" continuó ": escuché a mi mamá llorar, escuché a mi papá llorar…, Incluso mi abuela, cuyo alzhéimer ha ido empeorando con los meses y apenas puede formar oraciones coherentes sonaba triste cuando intentó hablar conmigo, aunque creo que realmente no sabía con quién estaba hablando" una sonrisa triste cruzó su rostro, y tu corazón se salteó un latido "… Hablé con mis hermanas, las llamé antes de que se fueran al trabajo… El domingo le dije a Martina que estaba bien llorar, que no tenía por qué reprimir las lágrimas, te dije a vos miles de veces que llorar hace bien" sonreíste dulcemente, sin que tu pulgar dejara de acariciar su piel ", pero… por algún motivo yo no puedo evitar reprimirlas" confesó "Tengo el peso de mi nuevo cargo sobre los hombros, tengo tantas cosas a las cuales adaptarme y a las cuales acostumbrarme, tantas cosas que ahora dependen de mí. No me di cuenta de eso si no hasta esta mañana, cuando entré y la mitad de los técnicos y analistas vinieron a pedirme instrucciones" suspiró abatido "En un día como hoy, me gustaría poder llorar, me gustaría quebrarme, pero no puedo"
"Te entiendo, Tony" murmuraste "Cuando trabajaba en División y Carrie me hacía la vida imposible a propósito, también quería llorar y no podía, porque necesitaba mantenerme fuerte y despejada para que nadie viera que en realidad sufría" sabías que las situaciones no se comparaban en lo absoluto una con la otra, pero el contexto en general era el mismo: sus trabajos no les permiten desmoronarse como cualquier otro ser humano lo haría en las mismas circunstancias dentro de marcos diferentes "Cuando era chica en la escuela me sentía muy sola" tragaste con dificultad, decidiendo no entrar en detalles acerca de la discriminación sufrida "y muchas veces tenía ganas de llorar pero me daba vergüenza perder el control de esa manera y que mis compañeros se burlaran de mi por ser débil" tal y como se burlaban de mí por prácticamente todo lo que hacía, decía o pensaba.
Tus ojos se desviaron hacia Chappelle, quien seguía allí abajo, caminando un corto tramo desde un punto hasta otro para luego nerviosa e impacientemente regresar sobre sus pasos una y otra vez, con el teléfono aún en la mano y aspecto que evidenciaba que estaría tratando de comunicarse con sus superiores y arreglar ese par de asuntos del que tenía que hacerse cargo durante un rato más.
Quizá ese rato sería suficiente para que abrieras tu alma un poco más, para que dejaras que Tony viera otro pedacito tuyo, para que compartieras con él otro pedacito tuyo, del mismo modo en que él se compartía con vos de a pedazos.
Quizá contándole uno de los pocos momentos lindos que recordás haber pasado con tu mamá, podrías hacer que se sintiera mejor, que se sintiera aliviado, así como días atrás tus caricias en su espalda ayudaron a que ese peso, ese dolor, esa impotencia que estaba cargando consigo porque sabía de antemano que Paula probablemente moriría.
Quizá haciendo lo mismo que tu mamá hizo para calmarte a vos, podría calmarlo a él.
"Una vez le dije a mi mamá que estaba triste, porque no tenía amigos" notaste que el nudo que se había formado súbitamente en tu garganta ante la perspectiva de hablar de tu mamá por primera vez en mucho tiempo con alguien que no fuera tu hermano o Carrie (Dios, ¡cómo te arrepentís de haberle contado a Carrie esos pedazos de tu pasado, creyendo que por primera vez tenías una amiga que te entendería! Después lo usó para lastimarte de la peor manera, para recordarte que nunca nadie te amó incondicionalmente) se disolvió de a poco a medida que las palabras iban dejando tu boca "y que algunas veces me daban ganas de llorar pero que contenía las lágrimas porque no quería que se burlaran de mi por ser 'débil'"
Jamás hubieras imaginado compartir con él algo tan íntimo en medio de una jornada laboral, sentada frente a él tratando de mantener la compostura y un aspecto profesional, el aspecto de una empleada esperando en la oficina de su jefe al superior de ambos, en caso de que alguno de los que estaban abajo demasiados concentrados en sus cosas como para mirar hacia arriba y observarlos a ustedes levantara la cabeza y los viera por accidente.
Pero ahí estabas, hablando con voz calma y pausada, su mano y la tuya entrelazadas y tu pulgar dibujando círculos en su palma, mientras que el suyo hacía lo mismo en el dorso de tu mano.
"Ella me dijo que cuando uno está triste y la tristeza se acumula porque no la canalizamos de alguna manera, ya sea llorando o hablando acerca de eso con alguien en quien confiamos, acabamos llevando un peso constante con nosotros, lo llevamos a todas partes y nos presiona tanto que termina haciéndonos daño"
Eras una nena de siete años cuando tuviste esa conversación con tu mamá, sentada con las piernas contra tu pecho, abrazándolas fuertemente, y con las cabeza reposada en tus rodillas mientras ella – sobria porque en esa época tu abuela la había convencido de asistir a un programa para alcohólicos en recuperación, y ella había accedido a hacer el esfuerzo - estaba sentada a la mesa circular que ocupaba buena parte de la pequeña sala de estar que hacía las veces de comedor del apartamento en el que vivían Danny, ella, tu abuela y vos, con un par de hojas grandes blancas diseminadas por la superficie y una docena de lápices de colores y un juego de acuarelas a su costado, junto con un vasito de plástico lleno de agua donde descansaban dos pinceles.
Recordás con una claridad sorprendente ese momento, tal vez porque forma parte del puñado de buenos recuerdos que tenés de tu mamá, tal vez porque es una de las pocas conversaciones de madre a hija que mantuviste con ella, tal vez porque fue una de las pocas veces que la viste tranquila, descansada, sin una gota de alcohol en su sistema, actuando como la clase de mamá que hubieras querido tener siempre, la clase de mamá que pensás hubiera sido de no haber fallecido tu papá tan abruptamente, dejándole un agujero en el corazón que ni siquiera el amor que sus hijos querían darle podía llenarlo, completarlo, darle las fuerzas para vivir el presente en lugar de regodearse en el dolor causado por el pasado mientras ahogaba las penas con alcohol.
Si bien no sabías la historia completa, si bien no conocías todos los detalles todavía, veías más allá y entendías más allá de lo que tu abuela o Danny o tu mamá creían. Sabías que tu mamá estaba enferma, sabías que estaba yendo a reuniones con un grupo de gente para 'curarse' y que desde que lo hacía las cosas habían mejorado bastante, su humor no era el mismo y algunas veces sonreía de verdad, con ganas.
Cuando tres años más tarde se fue, esa mañana calurosa en la cual decidiste que no querías llevar tus rulos sueltos nunca más, pensaste que estaba yendo a ese mismo lugar, que estaba yendo con esas personas que un tiempo atrás la habían ayudado a sentirse mejor, que iba a ir allí para tratarse y que luego regresaría, que seria la mamá que pudiste disfrutar durante ese pequeño período en el cual buscó ayuda y trató de ayudarse a sí misma, antes de recaer y tocar fondo, antes de hundirse tanto que luego de eso no hubo vuelta atrás.
Pero esa es otra historia.
Esa no es la historia que vas a contarle hoy.
La historia que vas a contarle hoy es mucho más linda, una de las pocas historias lindas en tu infancia que se relaciona con esa mujer a la que llamabas mamá.
"Yo no quería ir a la escuela el día siguiente, quería quedarme en casa con mi mamá" tus ojos se desviaron nuevamente, para cerciorarse de que Chappelle siguiera entretenido con su llamada telefónica "Estaba angustiada" suspiraste "Le dije eso, que estaba angustiada y que temía no poder contener mis ganas de llorar cuando nadie quisiera jugar conmigo o cuando se burlaran de mi por ser inteligente. Mi mamá, que en esa época dibujaba mucho porque estaba en un programa de alcohólicos en recuperación que incentivaba expresarse artísticamente tanto como fuera posible…"
Acababas de decirle a Tony que tu mamá era una alcohólica e inconscientemente hiciste una pausa para darle la oportunidad de hacer preguntas o de comentar algo, pero como no lo hizo seguiste adelante, avanzando en tu relato para llegar a donde querías llegar, a la parte que crees podría ayudarlo a lidiar con el dolor, con la necesidad de quebrarse en este momento en el que necesita todas sus fuerzas, toda su compostura.
"… Tomó uno de sus lápices y un pedazo de papel y dibujó esto"
Tomaste vos otro de esos cuadraditos de papel amarillo, el bolígrafo azul y trazaste un par de líneas hasta formar un bloque rectangular.
"Es una caja" explicaste, en caso de que tus habilidades con el dibujo no fueran lo suficientemente buenas para que se adivinara qué habías intentado plasmar "Cada vez que me sintiera abrumada por mis emociones, cada vez que me sintiera triste, sola o angustiada en la escuela, en lugar de llorar tenía que tomar esos sentimientos y guardarlos en la caja, quitármelos de encima para no sentir nudos en la garganta y en el estómago y que ese peso constante me hiciera daño. Cuando llegara a casa en las tardes, me dijo, podíamos abrir la caja juntas y encargarnos de resolver lo que hubiera puesto adentro durante ese día. Porque ella siempre iba a escucharme y siempre sería mi amiga" suspiraste, y dejaste que tus ojos se perdieran en los de Tony antes de seguir, esos ojos que te miraban con dulzura infinita, esos ojos que reflejaban sus casi incontenibles ganas de acunarte en sus brazos.
A vos también te hubiera gustado contarle estas cosas bajo otra luz, acunada en sus brazos y no en la CTU, en su oficina, donde Ryan Chappelle irrumpiría en cualquier momento, donde podrían ser vistos en una situación no apropiada para un jefe y una empleada, donde podrían poner en riesgo el profundo secreto que decidieron proteger y mantener guardado para que sea sólo de los dos, de los dos y de nadie más. Pero las cosas se dieron de forma tal que tuviste que compartir estos pedacitos tuyos con él bajo esa luz, en la CTU, en su oficina, donde Ryan Chappelle podrían irrumpir en cualquier momento, donde debían aparentar cierto aire de profesionalidad y mantenerse centrados por si acaso alguien los viera no sospechara que estaban manteniendo algo más que una amigable conversación mientras esperaban, donde podrían poner en riesgo ese secreto profundo guardado por los dos si no se controlaban, si bajaban la guardia y cedían a sus instintos, a su necesidad de mimarse, de protegerse.
"Al poco tiempo recayó nuevamente" suspiraste "El alcoholismo en el que se había sumido luego de la muerte de mi papá la mantuvo desplomándose, levantándose, desplomándose, levantándose… Hubo un breve período en el cual buscó ayuda, pero finalmente volvió a desplomarse y nunca más se levantó. No cumplió su promesa de siempre ser mi amiga y escucharme pero no la culpo" una sensación desagradablemente ácida tomó control de tu garganta, pero ese sabor agrio no duró mucho: con el tiempo aprendiste a controlarlo, a deshacerte de él, a ignorarlo, a no romperte, a no quebrarte ": la verdad es que ni siquiera podía lidiar ni consigo misma"
Estabas dando más detalles de los que querías dar. Te sentías cómoda contándole esas cosas, pero no era ni el sitio ni el momento, y además se suponía que estabas tratando de ayudarlo a luchar con su dolor, a aguantar hasta que llegara el final del día y pudiera dejar de actuar como el agente fuerte, compuesto y casi robótico que estaba intentado ser en ese instante, en ese día gris tan cargado de dolor.
"Tener una cajita simbólica en la cual depositar mis angustias, la tristeza, la soledad, la timidez, lo que fuera que me hiciera daño, me ayudó mucho. De hecho, llevé ese dibujo conmigo durante bastante tiempo"
Hasta que descubrí que cuando tenía diez años, esa mañana de sábado en la que mi mamá se despidió de mí diciéndome que iba a volver pronto, que tenía que irse un tiempo para ponerse mejor y poder ser una buena mamá, estaba mintiéndome. Estaba abandonándome. Me enojé tanto en ese momento que quise arrancar de mis recuerdos cualquier memoria linda relacionada a ella.
"Hacía tiempo que no pensaba en esa caja" sonreíste dulce pero tristemente "Quizá de tanto en tanto sería bueno que pensara en ella y depositara mis emociones ahí para aliviar el peso que hacen sobre mí y analizarlas más tarde"
"¿Esta cajita que dibujaste es para mí?" rompió su voz con el suave silencio que por unos instantes los envolvió a ambos.
Notaste que en sus ojos brillaba visible y transparente, más hermoso que nunca si eso fuero posible, el amor que siente por vos. Esa adoración pura e incontenible estaba escrita en su rostro, y de haber entrado Chappelle en ese momento, de haberlos visto alguien en ese momento, de haber habido una sola alma prestando atención a la forma en que sus miradas se comunicaban y la forma en que sus dedos se entrelazaban con los tuyos, habría podido ser interpretada sin problemas la comunicación de sus miradas.
"No quiero que te ahogues en tristeza" murmuraste "No quiero que tengas ese nudo horrible que yo solía tener, no quiero que tu angustia se acumule y te lastime. Quizá podrías tratar de meter tu tristeza en esta cajita" propusiste, señalando el pequeño dibujo hecho sobre ese cuadradito de papel amarillo "y compartirla conmigo más tarde, cuando los dos podamos bajar la guardia y dejar de actuar como agentes federales, ser solamente vos y yo, abrazarnos y hablar tanto como necesites"
La sonrisa en la que se curvaron sus labios fue suficiente para dejarte saber que estabas ayudándolo, que estabas aliviándolo, que esos gramos de dolor que debía llevar sobre sus hombros en ese martes gris pesaban menos, porque estabas con él soportando la carga.
"Algún día" comentó con voz suave al tiempo que tomaba el pequeño cuadradito de papel amarillo, lo doblaba prolijamente en cuatro hasta convertirlo en algo del tamaño apropiado para guardarlo en el bolsillo delantero de la camisa informal negra que vestía "voy a encontrar los adjetivos exactos para describir cuánto te amo y lo perdido que estaría si no existieras en mi vida"
No estarías tan perdido como estaría yo sin vos pensaste en ese momento, y una sonrisa tomó control de tus labios también, espejando la suya, al darte cuenta que solamente han pasado días desde que están oficialmente juntos, y sin embargo es como si hubieran estado juntos desde el principio del Universo, como si hubieran sido conectadas tu alma y la suya desde que ambas fueron creadas.
Antes de que pudieras responder, antes de que pudieras decir algo, sentiste su mano soltando la tuya rápidamente, viste su cuerpo entero tensarse y poniéndose rígido, clara señal de una sospecha que confirmaste al observar a través de las paredes de vidrio: Chappelle estaba guardando su teléfono celular en el bolsillo de su chaqueta mientras caminaba en dirección a la planta alta, donde se encontraban ustedes dos.
Cuando abrió la puerta se encontró con un escenario diferente al que hubiera hallado escasos minutos atrás; habías guardado el cuadradito de papel amarillo con su 'te amo' escrito en él en el bolsillo de tu pantalón de vestir azul oscuro (aquél que elegiste esa mañana porque el azul es el color favorito de Tony) y él había hecho lo mismo con el otro cuadradito. Ambos se encontraban sentados lo suficientemente tensos para pasar cómodamente por un jefe y una empleada que mantienen una relación laboral saludable y amistosa que estaban sumidos en un aburrimiento de lo más común y corriente, hablando de bueyes perdidos mientras esperaban a su superior.
Lejos estaba Ryan Chappelle de sospechar que durante el tiempo que se había demorado, ustedes dos habían desenterrado demonios, fantasmas, recuerdos, memorias penosas y tristezas del fondo de sus corazones; lejos estaban de saber que mientras aguardaban su llegada había compartido otro de esos dulces momentos de inocente intimidad en los cuales no se desnuda el cuerpo si no el alma, dejándola expuesta y vulnerable, con todas sus cicatrices, heridas y magulladuras a la vista para que el otro pueda verlas y sanarlas.
Eso sentiste mientras mencionabas a Tony el alcoholismo de tu madre y dibujabas esa cajita que durante algunos años te sirvió para guardar tus sentimientos más profundos, sentimientos de los cuales te ocupabas luego en la soledad de tu cuarto, abrazada a la almohada y derramando esas lágrimas que en presencia de otros no podías derramar: sentiste que un proceso de curación estaba empezando para ambos, para vos y para él, a través de las cosas que se dicen, a través de la forma en que se miran, a través de la confianza implícita que tienen ambos depositada en el otro.
Luego de excusarse rápidamente por haber tardado tanto, se dejó caer en una silla junto a Tony y comenzó a hablar.
Hablaron, primeramente, de tu ascenso. Sí, tu ascenso. Habiendo explicado muy por arriba lo que aparentemente fue una discusión entre Hammond y Chappelle porque el primero te consideraba demasiado joven para que te fuera otorgada tamaña responsabilidad y el segundo se esforzó en demostrar que tu edad no te hace incapaz de llevar grandes cargas sobre tus hombros demostrando capacidad absoluta para desenvolverte en tus funciones como agente y como superior de los miembros de la CTU, procedió a describir las tareas que quedarían en tus manos al ser segunda en comando, los cursos que tendrías que tomar para perfeccionarte y especializarte en ciertas áreas, las reuniones en Washington a las que probablemente tengas que asistir de tanto en tanto y el suntuoso aumento de sueldo que acompaña al ascenso.
Te imaginabas que te ascenderían. Modestia aparte, lo que hiciste para evitar que el gobierno tomara una mala decisión e iniciara una guerra contra tres países inocentes que eran tan víctimas de la maldad de Peter Kingsley como lo fueron los Estados Unidos de América demostró que no sólo tenés valor, agallas e inteligencia si no que también tu sentido de patriotismo y tu determinación a hacer siempre lo correcto son inamovibles. No pudiste evitar sentir una oleada de orgullo y de satisfacción con vos misma recorrerte de pies a cabeza: ibas a ser oficialmente la segunda agente en comando de la Unidad Antiterrorista de la Ciudad de Los Angeles.
"Le pedí a Tony que estuviera presente mientras discutíamos este asunto por dos motivos"
Cuando Chappelle dijo eso, percibiste en su voz algo que indicaba que de entre todas las piezas del rompecabezas, una no encajaba correctamente. Algo en su voz indicaba problemas, y eso causó que tu cuerpo se tensara de manera desagradable, aunque no se notó. Disimuladamente buscaste en los ojos de Tony, y te diste cuenta de que por sus pensamientos debían estar pasando las mismas ideas: algo en la voz de Chappelle señalaba que esa charla que había insistido los tres mantuvieran distaba de tener que ver sólo con tu ascenso.
"El primero de esos motivos es, claro está, enterarlo de tu promoción ya que van a trabajar juntos, al igual que antes, pero con muchas más responsabilidades y muchas menos posibilidades de delegar"
Trabajar juntos. Te encanta el sonido de cualquier cosa que implique que él y vos tienen que estar juntos.
"No van a surgir problemas de ninguna índole, Ryan" Tony aseguró, y fue lo suficientemente convincente como para sonar suave, natural, relajado.
"El otro asunto por el cual quería hablar con ustedes" comenzó Chappelle, y el nudo en tu garganta volvió a formarse "es un poco más em… desagradable"
Sospecha confirmada.
Antes que tu cabeza pudiera torturarte sacando cualquier tipo de conjetura, el superior de ambos siguió con lo que tenía para decir.
Jamás hubieras imaginado tener tanta mala suerte.
Sólo para resumir: Carrie Turner resultó ser una de las elegidas por División para ir a trabajar en la CTU hasta que se complete el proceso de contratación de nuevos técnicos y analistas. Eso significaba que esa arpía va a estar dando vueltas alrededor de ustedes durante al menos tres semanas. Eso significaba que ese buitre los acecharía durante casi un mes. Eso significaba que la paz y el equilibrio encontrados en los brazos del amor de tu vida van a ser pronto puestps en peligro.
"Lo lamento mucho, Michelle: sé que ustedes dos han tenido sus diferencias y que mucha mala sangre ha corrido bajo este puente" se disculpó Chappelle "Pero la verdad es que no puedo hacer nada, mis manos están atadas. Intenté persuadir a Hammond de su elección, pero no hubo forma. Le dije que Carrie no haría un buen trabajo en la CTU, que es más necesitada en División, que la CTU tiene un ambiente de trabajo distinto, pero no mordió el anzuelo. No podía mencionarte, contarle lo que sucedió entre ustedes porque entonces tendría una excusa para no aceptar que te diéramos este asenso: hubiera argumentado que no podíamos promoverte por haber tenido problemas personales con otra empleada"
Entendías su punto. Entendías que para un tipo como Ryan Chappelle lo más natural sería priorizar un ascenso y no un ambiente de trabajo saludable, por eso desistió y no le dijo a Hammond los verdaderos motivos por los cuales no sería conveniente enviar a Carrie 'de prestado' a la CTU. Entendías que lo que hizo fue con la mejor intención.
De hecho, crees que aunque es complicado, malhumorado, obstinado, terco, testarudo, amargado y otros muchos adjetivos, Ryan Chappelle es un hombre bienintencionado y sabés que le caes bien.
Tenés el ¿honor? (¿es eso cuestionable?) de ser una de las pocas personas que le caen bien a Ryan Chappelle.
Te ayudó mucho nueve meses atrás cuando necesitabas escapar de División, de ese calvario que lo que se suponía era el trabajo que te gustaba, el trabajo para el que habías estudiado tanto, el trabajo que tanto te habías esforzado en conseguir, se había convertido después de que las cosas con Carrie y con tu hermano se fueran de las manos de los que se suponía tenían que saber manejarlas porque eran lo suficientemente adultos para andar enredándose en las sábanas y después hacerse cargo de las consecuencias.
Cuando el descontrol era tal que ir a División cada día a sufrir los acosos psicológicos de Carrie estaba atentando contra tu salud mental, no te quedó más opción que ir y hablar con Chappelle, pedirle que te transfirieran a otro lugar, incluso si solamente había puestos disponibles como secretaria, recepcionista o limpiando baños: simplemente querías irte de División, querías alejarte de Carrie, querías que tu trabajo volviera a ser algo disfrutable otra vez.
Ryan Chappelle no te consiguió un puesto en alguna otra agencia como recepcionista, secretaria o pasándole al piso el lampazo: Ryan Chappelle te cambió la vida cuando días después de que te reunieras con él, juntaras fuerzas y haciendo uso de la mayor dignidad que pudieras juntar con la cabeza bien en alto le relataste lo difícil que era tener a Carrie como jefa, convivir durante ocho o diez horas diarias con ella, soportando que te recordara lo débil, idiota y manejable que tu hermano es, lo frágil que es tu realidad familiar, lo sola que estás, lo poco querida que sos, usando como armas letales cada detalle de tu triste vida que le habías confiado creyendo que finalmente habías encontrado una amiga de verdad, luego de años de sufrir porque tu timidez te impedía trabar amistad con cualquiera, luego de años de sentirte excluida, ignorada, rechazada y abandonada.
Fue Ryan Chappelle quien entendió que Carrie estaba siendo demasiado cruel, demasiado malvada, que las cosas estaban saliéndose de control y que necesitabas irte de ahí pronto. Fue Ryan Chappelle quien creyó en vos, en tu inteligencia, en tus capacidades, a pesar de que eras una jovencita con más deseos de aprender y de desarrollar ese aprendizaje que experiencia. Él confió en vos. Él vio que necesitabas de verdad irte de División. Él vio en vos potencial. Él cambió tu vida cuando te consiguió una entrevista con George Mason en la Unidad Antiterrorista de la ciudad de Los Angeles nueve meses, casi diez, atrás, garantizándote que te darían el puesto luego de unas preguntas de rutina, las cuales no hicieron falta porque Chappelle prácticamente le ordenó a George que te contratara, sin dejar que opinara mucho más.
Nueve meses más tarde, Carrie va a pasar un par de semanas trabajando en la CTU, dedicada a hacerte la vida imposible a vos y a hacerle la vida imposible a Tony porque no hay modo de que se pierda la oportunidad de torturarlos a ambos para vengarse de todos y de cada uno de los sucesos acontecidos durante ese fatídico día en el cual sus maldades no le salieron tan bien como le hubieran gustado.
No te quedó más que tranquilizar a Chappelle y garantizarla que no habría problemas, incluso si eso era una mentira.
"No se preocupe, señor Chappelle. Puedo manejar a Carrie. No van a presentarse inconvenientes" aseguraste.
"Eso espero, Michelle, porque no me gustaría que esta agencia quedara vinculada a ningún escándalo típico de oficina de una compañía papelera o algo por el estilo" resopló en tono de advertencia, aunque lo cierto es que entre líneas podía sobreentenderse que sentía algo de pena por vos, y si no pena, al menos se lamentaba por no haber podido evitar que Carrie fuera designada a la CTU como parte del equipo que los asistiría hasta que pudieran reestructurar el personal y contratar nuevos empleados.
No era culpa de Chappelle, en realidad.
Tampoco era tu culpa.
Simplemente la culpa es de Carrie, por ser tan terriblemente malvada, por disfrutar tanto molestando a los demás, por ser tan terriblemente cruel.
Durante el resto del día no te abandonó la sensación de que, a partir del miércoles, las cosas en la CTU se pondrían feas.
Durante el resto del día no te abandonaron los sentimientos encontrados. Toda clase de sentimientos encontrados, haciendo peso en la balanza, inclinándola primero a un lado y luego al otro, así sucesivamente, en un círculo repetitivo que siempre terminaba con la balanza haciendo equilibrio sin definirse del todo.
Por un lado, tu ascenso representaba una alegría, representaba un premio a tu esfuerzo, a tu dedicación, a tu tenacidad, a tus capacidades. Representaba un logro, algo de lo que sentirse orgullosa, y teniendo en cuenta que desde que tenés memoria tu autoestima está en el subsuelo, poder sentirte orgullosa de algo, poder sentirte bien con algo que hiciste, es mucho. No te gusta tu cuerpo, no te gustan tus facciones, no te gusta tu timidez, no te gustan tus miedos, pero sí te gusta ser una agente fuerte y decidida que hace bien las cosas, y este ascenso prueba que estás haciendo las cosas bien, que tu trabajo es un área en la que podés sobresalir, en la que podés hacer una diferencia.
Por el otro, la intromisión de Carrie en el cuadro representaba una preocupación. Una gran preocupación.
Por un lado, no veías la hora de que la jornada finalmente acabara para poder irte con Tony, alejarse los dos del resto del mundo y hablar hasta que se les secaran las gargantas, o quizá simplemente quedarse en silencio hasta que les dolieran los oídos, o solamente abrazarse con toda la fuerza de la que fueran capaces hasta convertirse en uno y no poder separarse más.
Por otro lado, no querías que la jornada finalizara porque el martes al acabar, al morir, al conocer su crepúsculo, daría pasado a la madrugada del miércoles, y esa madrugada sería seguida por una mañana, y esa mañana te encontraría a vos yendo a la CTU, donde verías a Carrie, donde Carrie te sonreiría maliciosamente y te dejaría en claro lo mucho que se divertiría aprovechando su paso por la Unidad para molestarte, para recordarte que en el juego de la crueldad ella siempre tiene el as bajo la manga.
El problema es que esta vez también estaría asechándolo a Tony, y eso no te gusta en lo absoluto. Vos sí podés encargarte de Carrie, vos sí podés juntar las fuerzas para hacerle frente, quitarte los guantes y pelear si hace falta, siempre manteniendo la dignidad y la compostura. Duelen las cosas que dice y las cosas que hace, duelen sus palabras y vas a tener que amarte de una paciencia infinita, pero en el fondo sabés que aunque cueste vas a arreglártelas. Lo que no querías, lo que te daba miedo, era que Tony quedara en el medio de todo (y desde el comienzo supiste que así sería, que quedaría en el medio de todo); su carrera como director podría ser muy fructífera y abrirle muchas puertas, y lo que menos necesita es a una imbécil de la talla de Carrie poniéndole complicaciones y haciéndolo perder el temperamento cuando recién acaban de darle su ascenso. Lo que menos necesita es tener que andar esquivando a esa zorra y a sus juegos y a sus mentiras. Lo que menos necesita es arriesgarse para protegerte o defenderte a vos.
Así es la vida: se esconde, se asoma, vuelve a esconderse, se apaga, se enciende, se ilumina, se desvanece, reaparece, se esconde nuevo, se asoma. Los gramos de dolor pesan en un lado de la balanza y en el otro pesan los instantes de amor, de dulzura, de ternura, de locura que se viven junto a esa otra alma que fue puesta sobre la faz de la Tierra para estar con su gemela recorriendo paso a paso el camino.
Así es la vida.
Así son los seres humanos: están hechos de esos instantes de amor, y de esos gramos de dolor, y son ellos los que a través de sus acciones, a través de su obrar, logran que la vida se asome otra vez cuando a ésta se le ocurre jugar a las escondidas.
Eso sentiste ese martes: que la vida esta hecha de instantes de amor como ése tan dulce y tan íntimo pero a la vez tan inocente que vivieron en su oficina durante los escasos minutos que tuvieron para estar completamente solos (bueno, casi completamente solos si se tiene en cuenta que el piso de abajo estaba lleno de técnicos y analistas y que las paredes están hechas de una fina capa de vidrio); que la vida está hecha de esos gramos de dolor que pesan en nuestros corazones y que la persona que nació para amarnos puede sentir con la misma intensidad que nosotros los sentimos: vos sentiste su dolor cuando mencionó el aniversario de la muerte de su hermano, sentiste su dolor cuando te dijo que no podía permitirse derramar las lágrimas que pugnaban por salir porque debía mantenerse fuerte para cargar el nuevo peso que se depositó sobre sus hombros, y sabías que él sintió tu dolor cuando por primera vez mencionaste – sin ahondar en detalles – el alcoholismo de su madre y esos momentos tristes de tu infancia.
Horas más tarde, cuando ya casi no quedaba nadie del turno diurno en el piso principal, apagaste tu computadora, dejaste las cosas sobre tu escritorio prolijamente ordenadas y te dirigiste al vestuario donde en un casillero guardás un cambio de ropa por si – como sucedió la semana pasada – ocurre alguna clase de accidente y necesitás una muda nueva; no tenés intenciones de volver a tu casa, no tenés intenciones de dejarlo a él solo bajo ningún concepto, por lo cual tendrías que llevarte esas ropas en un bolsito para tener qué ponerte a la mañana siguiente.
Abandonaron el edificio con escasos minutos de diferencia, cada uno en su auto, siendo implícito el plan de dirigirse hasta el departamento de él, porque realmente durante el resto de la jornada no habían tenido oportunidad para hablar mucho o para decirse más de un puñado de palabras que no tuvieran que ver con asuntos relacionados con el trabajo.
Al llegar, cambiaste tu pantalón de vestir azul y tu blusa haciendo juego por otro de sus sweaters – esa vez de color verde inglés – y otro jogging gris. Ambos te quedaban enormes, tanto que tuviste que darle vueltas a las mangas para poder usar las manos, aunque realmente no les diste mucho uso mientras él cocinaba la cena para los dos y vos – totalmente pegado tu cuerpo al de él mientras tus brazos envolvían su cintura y tu cabeza reposaba en su espalda, tu oído siendo invadido por el sonido de los latidos de su corazón– simplemente le hacías compañía, presa también de ese silencio cómodo que envolvía la atmósfera.
"Estuve todo el día esperando este momento" susurró, dándose la vuelta hasta quedar frente a frente.
La diferencia de altura le permitió reposar su mejilla en tu cabeza mientras te envolvía en sus brazos, acercándote tanto como fuera posible, hasta quedar incluso más pegados que antes. Su voz sonaba dulce y relajada, pero ese dejo de tristeza estaba ahí, seguía ahí.
"Estuve todo el día esperando el momento en que pudiera abrazarte, cerrar los ojos y abrir mi cajita para compartir con vos las emociones que guardé ahí"
"Mis ganas de abrazarte también me enloquecieron" confesaste, y al presionar tu rostro contra su pecho para inhalar ese perfume al que te convertiste incurable adicta sentiste en el bolsillo de su camisa el cuadradito de papel amarillo doblado, ese cuadradito en el cual esa mañana en su oficina dibujaste la pequeña 'caja'.
"¿Así que sirvió mi idea de la cajita?" preguntaste tímidamente.
"Mucho" sentiste sus labios acariciando suavemente tu sien "En realidad, sólo tenerte en mi vida basta para que las cosas malas no lo sean tanto"
Inhaló hondo antes de enmarcar tu rostro con sus manos tibias y seguir hablando.
"Michelle, pude soportar el resto del día sin explotar gracias a vos. Pude soportar el resto del día porque en el bolsillo de mi camisa llevaba la cajita que me diste para guardar mis pensamientos y mis sentimientos, para guardar esas cosas que pesaban en mi alma y aligerarla, para guardar esos pensamientos y esos sentimientos y después compartirlos con vos, con el amor de mi vida, con la persona en la que más confío"
Besaste sus labios despacio, diciéndole sin palabras que te sentís igual, que tenerlo en tu vida es suficiente para que las tormentas desaparezcan, los cielos grises se despejen y los miedos empequeñezcan, que te alegraba haberlo ayudado de alguna manera, que te alegraba haber hecho que sobrevivir a ese día fuera más fácil y menos doloroso.
Lo besaste despacio, con una dulzura infinita empapando tus labios, y mientras el beso se profundizaba podías sentir sus pestañas moviéndose lentamente contra la sensible piel de tus párpados caídos, acariciándolos con la misma sutileza que las alas de una mariposa.
"No te preocupes por Carrie, Michelle" te pidió más tarde mientras comían el plato sencillo que había preparado "No voy a permitir que cruce ninguna raya, no voy a dejar que te moleste o que te complique la existencia" prometió.
"Tony, no quiero que te metas en problemas por mi culpa: puedo manejar a Carrie. Además" suspiraste "nos vio besándonos. Lo que menos necesitamos es que nuestro pequeño secreto salga a la luz, y créeme: si percibe algo entre nosotros, va a encargarse de que salga a la luz. Si empezás a defenderme a capa y espada, si empezás a demostrar que te preocupás por mí, va a darse cuenta que el beso que vio no fue un hecho aislado, y va a complicarte la existencia a vos, y es lo que menos quiero"
Por toda respuesta recibiste un roce de sus labios en los tuyos.
"No te preocupes, Michelle: hay maneras en las que un jefe puede controlar a empleadas como Carrie sin caer en favoritismos o sin demostrar sus debilidades. Te lo prometo: no va a lastimarte, no va a hacerte daño, y yo no voy a meterme en problemas, mi vida"
Sonrió, y no pudiste evitar sonreír.
Dios, incluso en días difíciles como aquel, incluso en un día como aquel en el cual se notaba claramente en sus ojos (que se habían nublado aún más después de dejar la CTU, como si estuvieran preparándose para el diluvio que vendría más tarde) que estaba triste, se las arreglaba para hacer que te sintieras protegida, para sonreír e iluminar tu mundo con esa sonrisa.
"Te amo" murmuraste.
Y cuando sus dedos se enredaron en los pocos bucles rebeldes que caían alrededor de tu rostro enmarcándolo porque eran demasiado cortos para ser aprisionados por el ganchito de plástico, pudiste leer en su expresión que él te ama con la misma profundidad.
El resto de la cena transcurrió en silencio; lavaron y secaron los platos juntos, aún en silencio, robándose miradas de tanto en tanto.
Y en silencio permanecieron hasta que, cerca de media hora más tarde, vos lo tomaste a él de la mano y lentamente lo guiaste de la cocina a la sala de estar, hasta el sillón, donde lo ayudaste a recostarse para luego dejarte caer con delicadeza a su lado, acurrucándote muy cerca suyo en el hueco que quedaba libre entre su cuerpo y el respaldo del sillón, quedando atrapada entre éste y su cuerpo adolorido y cansado después de una larga jornada de trabajo en un día como aquel, en el día en que se cumplía otro aniversario del fallecimiento de uno de sus dos hermanos muertos.
Ambos se acomodaron de forma tal que sus frentes quedaron una pegada a la otra, la punta de tu nariz y la punta de la de él tocándose, tus ojos y sus ojos nivelados a la misma altura sirviendo de perfectos espejos para verse reflejados en ellos y encontrarse con sus aspectos cansinos y desgastados. Tu mano derecha encontró a su mano derecha y nuevamente los dedos se entrelazaron. Los dedos de tu mano izquierda comenzaron a jugar con sus rulitos negros, acariciando y masajeando despacio su cuero cabelludo para ayudarlo a relajarse; los dedos de su mano izquierda jugaban con tus bucles también, enredándose en ellos, desenredándose, volviéndose a enredar.
Tu corazón latiendo con el suyo, sincronizados, al mismo tiempo, al mismo ritmo, acompasados, como lo han estado desde que el mundo es mundo. Como lo estarán para siempre, aunque ustedes todavía no sepan demasiado del lazo que los une, el destino que les espera, la forma en que las estrellas han estado siempre alineadas, escribiendo con sus luces miles de historias de amor, una más hermosa y más profunda que la otra, para que tu alma y su alma las protagonizaran.
Tu alma y su alma, expuestas y vulnerables bajo el tibio clima de esa noche, en la oscuridad de su sala de estar, oscuridad sólo rota por la luz proveniente de esa lámpara de pie que yace a un costado, lámpara de pie que encendiste mientras lo guiabas desde la cocina hacia el sillón, lámpara que arrojaba la suficiente luz para que pudieras examinar sus facciones mientras tus dedos se movían de su cabello a su rostro, trazándolas, dibujándolas dulce y delicadamente.
Los dos, ahí, en su sala de estar, acurrucados en el sillón, en una atmósfera de intimidad e inocencia tan dulce que mirarse a los ojos de esa manera, tan intensamente, con tanta confianza brillando en ellos, tan vulnerables los dos, tan expuestos los dos, con la guardia baja, casi dolía.
Los dos, ahí, expectantes: vos queriendo escuchar, él queriendo hablar. Los dos, sabiendo que el silencio desaparecería en cuanto sus labios se partieran y las palabras empezaran a tomar forma de sonido hasta completar el viaje con destino a tus oídos y alcanzarlos.
"Mi hermano Christian fue una de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre" comenzó a contarte en voz baja, tan baja que quizá hubieras tenido problemas para comprender si no hubieras estado prestando tanta atención a cada uno de sus gestos, a cada uno de sus movimientos, a sus labios abriendo y cerrándose despacio "Era un hombre joven, trabajador. Era médico, cirujano, especialista en emergencias. Se dedicaba a salvar vidas" seguías acariciando su rostro, seguías mirándolo a los ojos: ni rastros de lágrimas, solamente emoción pura y cruda en su voz "Su esposa, Teresa, y él vivían en New York, con sus dos hijos, Harry y Ekaterina. Son mellizos, como Christian y Eva" sonrió dulcemente, y tus labios se curvaron también reflejando esa sonrisa "Michelle, ellos eran felices, hasta que esa mañana en la que él se encontraba en el World Trade Center por una de esas casualidades y… Michelle, nunca más volvió" dejó escapar en un suspiro "Nunca más volvió" repitió, y sentiste tus ojos llenándose de lágrimas.
Esas cosas pasan.
Esas tragedias pasan.
Desgraciadamente, así es la vida: la vida está hecha de instantes de amor, y también está hecha de instantes de dolor que pesan demasiado.
"Nunca más volvió a ver a su esposa, nunca más volvió a ver a sus hijos. Nunca más volvió a ver a sus hermanos. Nunca más volvió a ver a sus padres. Nunca más volvió a ver a sus sobrinos. Nunca más volvimos a verlo, porque entre los escombros y los muertos no pudieron encontrar el cuerpo, o los restos de su cuerpo para ser más exactos"
Es así: en un segundo se pierden vidas. En un segundo se destruye una familia. En un segundo se destruyen un futuro, un mundo, un hogar.
Lamentablemente es así.
"Con mi papá pasó lo mismo" empezaste a decir antes de siquiera darte cuenta de lo que estabas haciendo "Un día fue al trabajo… Nunca más volvió. Murió de un paro cardíaco cuando yo era una beba de once meses. Se fue de golpe, sin que nadie lo esperara"
Besó la punta de tu nariz y dejó sus labios descansando ahí por un segundo, agradeciéndote que estuvieras abriéndote vos también, que estuvieras compartiendo cosas de tu historia con él, así como él estaba compartiendo ese capítulo de la suya.
"Desde ese día, atrapar terroristas tiene un significado especial para mí" continuó, con la voz aún más cargada de emoción "Desde ese día, hago mi trabajo en memoria de mi hermano mayor, el que jugaba al futbol conmigo, el que se enojaba cuando tocaba sus cosas, el que protegía a mis hermanas de cualquier cosa que pudiera hacerles daño, el que desafiaba a Martina al ajedrez y creía que tenía posibilidades de ganarle, el que alegraba a Gabrielle con sus abrazos de oso cuando estaba triste, el que entró a la sala de partos con Fiona cuando tuvo a su primer hijo prematuramente porque su marido se encontraba fuera de la ciudad, el que para hacerse el chistoso en las reuniones familiares se ponía una peluca e imitaba a Eva enojada, el que siempre le traía flores a la abuela Rosita… Eso es lo que ellos le quitaron al mundo" concluyó ": un padre de familia, un hermano, un tío, un hijo, un médico, un amigo, un marido. Todo eso ellos arrancaron de este mundo. Y con cada día que pasa me doy cuenta que aunque atrapemos a cientos de esos desgraciados y los alejemos de la sociedad, aunque a todos les den la pena máxima y los sentencien a la silla eléctrica, aunque los detengamos, mi hermano va a seguir estando muerto. Él no va a volver, soy consciente de eso. Y duele"
No sabías qué decir, pero lo cierto es que las palabras no eran necesarias en lo absoluto. Tu mirada lo decía todo, tus manos acariciándolo decían todo lo que en palabras no se podía decir, tus labios besando su frente lo decían todo, tus brazos estrechándolo con fuerza lo decían todo, todo lo que fuera necesario decir, todo lo que fuera necesario escuchar.
Nuevamente sumidos en silencio, viste una única lagrima nacer en sus ojos y recorrer su mejilla para morir antes de llegar a la comisura de sus labios, atrapada por tu boca en lo que fue el último beso que le diste – más que un beso a penas un roce – antes de que cerrara los ojos fuertemente, enterrara su rostro en el hueco entre tu cuello y tu hombro, y, abrazándote con una fuerza que denotaba que su vida en ese momento sí dependía de ello, se quedara profundamente dormido en tus brazos, luego de haberte contado ese pedacito de su historia, ese pedacito del mapa de su vida, del mapa del tramo recorrido hasta esa noche, hasta ese segundo, hasta ese instante en el cual se adentró en el mundo de un sueño sereno y sin pesadillas, un sueño que duró hasta la mañana siguiente.
Vos, esa noche, te quedaste despierta, acurrucada en sus brazos, con la espalda a medio milímetro del respaldo, del sofá, acariciando su espalda y su cabeza, sintiendo su respiración pesada y pausada contra tu piel, inhalando para intoxícate con su perfume, ese perfume al que sos adicta.
Vos, envuelta en ese sweater color verde inglés que te queda enorme pero que te encanta porque es suyo. Él, aún con las ropas que vistió ese día, aún con esa camisa negra en cuyo bolsillo se encuentra ese pequeño cuadradito de papel amarillo en el cual dibujaste una caja para que pusiera sus pensamientos y sentimientos, pensamientos y sentimientos que luego compartió con vos.
Cerca de las cuatro y media de la madrugada caíste presa de Morfeo, no sin antes haber susurrado en sus oídos miles de veces dos palabras que estabas segura él escucharía aún en sus sueños, dos palabras que querés que se graben a fuego en cada recoveco de su ser, dos palabras que aunque no lo explican todo al menos resumen gran parte de ello: 'te amo'.
Hoy, miércoles por la mañana, el reloj da las cinco y media anunciando que es hora de despertarse.
Hoy, miércoles por la mañana, abrís los ojos luego de haber descansado sólo una hora, y te encontrás con la única persona que te importa sobre la faz de la Tierra aún dormida en tus brazos, con la cara aún enterrada en tu cuello, con sus brazos aún estrechándote fuertemente.
Hoy, miércoles, va a ser un día fatal.
Y lo va a ser también el jueves.
Y el viernes.
Y probablemente cuentes las horas hasta que llegue el fin de semana y puedas escaparte del resto del mundo por un ratito.
En este momento, siendo las cinco de la mañana con cuarenta y cinco minutos, realmente no te importa eso, porque sabés que junto con el sol la vida está asomándose otra vez, porque sabés que la vida está hecha de gramos de dolor, pero que los gramos pesan menos gracias a los instantes de amor.
Estás cansada, muy, pero no te interesa en lo más mínimo. Este miércoles va a ser un infierno, pero tampoco te interesa realmente. Hasta ahora ha empezado muy bien: sus ojos están abiertos, luce tranquilo y relajado, su tristeza se ha calmado, sus labios dan los buenos días a los tuyos, entre besos te agradece por haberlo cuidado anoche.
Instantes de amor como éste hacen que cada gramo de dolor valga la pena.
El miércoles, el jueves y el viernes van a ser terribles, sí.
Y francamente no te importa.
Ahora, en este preciso instante, no te importa.
En respuesta a la pregunta sobre los días en los que suelo subir los capítulos, todo depende del tiempo que tenga para escribir (inspiración nunca me falta, la máquina que tengo en el cerebro no se apaga nunca, aunque a veces me vendría bien algo de silencio, pero cuando se trata de esta historia siempre salen ideas nuevas: por eso va a ser tan horriblemente larga). Probablemente - dado que hace menos de una semana empecé la facultad de Derecho - vaya a tener menos tiempo para escribir, pero mi propósito es postear entre uno y dos capítulos por semana. Al menos habrá un capítulo por semana, que estará sin falta los viernes. En el medio podrán aparecer otros capítulos que vaya escribiendo, pero los viernes es el día en que sí o sí habrá un capítulo nuevo. Tengo todo el capítulo 49 planeado (adelanto: Carrie, llamadas telefónicas de la madre de Tony, un poquitito de Martina, un poquitito de Jack y la aparición de otra de las hermanas de Tony en el cuadro), y de a cuerdo a lo pensado va a ser corto, por lo cual quizá esté listo antes de que termine este fin de semana, pero no prometo nada. Gracias por leer y por dejar esos comentarios que aumentan mis ganas de escribir.
