Patito feo,
Ya entenderás
Que eres más bella que las demás.
Querés que la taquicardia cese. El problema es que el corazón es un músculo: si no late, revienta. Y en estos momentos, después de los últimos tres días y lo terriblemente difíciles de soportar que fueron cada uno de ellos, no hay forma posible de que tu corazón lata tranquilamente, a una velocidad considerablemente normal: o late así, desaforado y descontrolado, rápido y furioso, tenso y electrizado, o directamente deja de latir y revienta.
Estás enojado.
Estás cansado.
Estás estresado.
Estás frustrado.
Estás molesto.
Estás exhausto.
Estás irritado.
No ves la hora de irte a casa, no ves la hora de que el fin de semana comience. No ves la hora de que esta semana termine de una buena vez por todas, no ves la hora de poder respirar sin sentir la presión sobre los hombros o un nudo apretando tu pecho, impidiéndote respirar.
No ves la hora de tener a Michelle en tus brazos para cuidarla, escucharla y ayudarla a relajarse, para hacer que se sienta amada y repetirle mil veces que es hermosa hasta que te crea. No ves la hora de estar vos en sus brazos para poder calmarte, para volver a respirar bien, para que tu corazón vuelva a latir correctamente.
Ser director de la Unidad Antiterrorista de la Ciudad de Los Angeles es mucho más difícil de lo que pensaste, pero podés lidiar con ello. Hay una gran cantidad de papeles que llenar para satisfacer a los dioses burócratas y no te hace gracia que esos papeles tengan que ser llenados con palabras escritas de tu puño y letra, pero podés lidiar con eso. Tener a obreros y constructores dando vueltas por el edificio haciendo ruido y ensuciando, poniendo grandes fajos de cinta amarilla para acordonar determinadas áreas, es molesto, sí, pero podés lidiar con eso. Muchos agentes, técnicos, analistas y otros empleados ahora recurren a vos en busca de consejos, indicaciones, instrucciones y ayuda, pero con eso podés lidiar también. Chappelle te llama miles de veces al día, e incluso el jueves pasó a 'visitarte' para ver 'cómo estaban funcionando las cosas', te controla más de lo que te gustaría y prácticamente está respirándote en el cuello, pero sabías que eso sucedería y con eso podés lidiar.
La única cosa con la que no podés lidiar es Michelle sufriendo.
Eso es algo que te desarma, te deshace, te aniquila, te destroza.
Cuando ella sufre, vos también sufrís. Y ay, Dios, cómo sufrís.
Durante el miércoles y el jueves el comportamiento de Carrie fue similar al que demostró durante esas horas en las cuales 'ayudó' a la CTU mientras estaban tratando de probar la veracidad o falsificación del audio de Chipre: insolente, sarcástica, irónica, con esa lengua afilada de víbora deslizando comentarios inapropiados sobre tu incompetencia para dirigir la Unidad y la incompetencia del resto de tu equipo, con esa expresión de mosquita muerta pintada en el rostro, con ese brillo maliciosos brillándole en la mirada, con esos ojos enormes y llenos de odio barriendo el lugar con desdén y malevolencia.
Durante el miércoles y el jueves las cosas, el ambiente, la tensión, fueron muy similares a los vividos esa madrugada en la que el país estaba a punto de entrar en guerra mientras Jack recorría las calles de Los Angeles tratando de probar que el gobierno actuaría basándose en evidencia muy bien falsificada. Te encargaste que Michelle y Carrie no tuvieran que pasar mucho tiempo juntas, te encargaste que a Carrie le asignara un escritorio lejano al de Michelle, te encargaste de ser vos la persona a la cual respondiera directamente y la persona de la cual recibiera órdenes directamente, te encargaste de que no se pasara de lista, te encargaste de mantenerla, dentro de todo, controlada.
Durante el miércoles y el jueves, sólo se desquitó con vos, y lo cierto es que sus acusaciones verbales y comentarios fuera de lugar realmente no te molestaron. Esas acusaciones verbales, esos comentarios fuera de lugar, realmente los habías visto venir. Te preguntó con cuáles de tus empleadas tenías planeado besarte ese día en algún corredor desierto y oscuro, y no contestaste, por lo cual no le diste posición a seguir escarbando ahí. Luego en otra ocasión te dijo que todavía estaba esperando que le agradecieras por no haberle contado a Chappelle, a Hammond o a algún otro superior que te encontró en medio de una crisis mayor prácticamente arrancándole el labio a la que ahora es tu segunda en comando; tampoco le diste cabida. Hubo un tercer intercambio de palabras en el cual lanzó un par de indirectas que ni te molestaste en escuchar y registrar porque realmente hubiera sido una pérdida de tiempo. Y, obviamente, se las arregló para que – aún con las precauciones tomadas por vos – su camino y el de Michelle se cruzaran dos o tres veces, aprovechando para decirle cosas similares a las que te dijo a vos, las cuales obviamente fueron ignoradas por ella porque es demasiado inteligente para darle lugar. Si de algún modo las palabras y actitudes de Carrie la afectaron durante esa madrugada que siguió a los hechos fatídicos ocurridos durante ese martes fue porque estaba cansada, estresada, asustada.
Durante el miércoles y el jueves el ambiente no fue completamente relajado y armonioso, pero al menos Michelle y vos pudieron lidiar con Carrie y con sus ganas de llamar la atención mediante esas actitudes típicas de reina del drama de la secundaria. Era lo que sabían vendría, era eso de lo que te habías preparado para protegerla, era eso lo que estabas seguro sucedería: no hubo sorpresas, nada raro, nada que no estuvieran esperando.
Hoy, viernes, sin embargo, Carrie decidió ir un poquito más lejos, y algo que dijo o hizo – acerca de lo cual todavía no sabés – redujo a Michelle a un manojo de lágrimas.
Te diste cuenta cuando luego de haber pasado penosos cuarenta minutos al teléfono con toda clase de superiores e idiotas burócratas de División decidiste relajarte unos minutos, sentarte en tu oficina y 'casualmente' mirarla un ratito a través de las paredes de vidrio, tal y como hiciste varias veces durante el transcurso de los dos días que antecedieron a éste. Esperabas distraerte, despejarte, alegrarte observándola tipiando en su computadora, mordiéndose los labios en señal de concentración, sonriendo al darse cuenta incluso estando de espaldas a vos que tus ojos estaban clavados en ella, trabajando dedicada y eficiente como de costumbre, más hermosa y exóticamente atractiva con cada segundo que transcurre.
Lo que viste, sin embargo, fue distinto.
Cuando finalmente colgaste el teléfono y giraste tu silla hasta situarte en la dirección correcta para observarla, la notaste extrañamente quieta, prácticamente moviéndose en cámara lenta, pausadamente. Eso te llamó la atención, mucho. Llevás meses observándola, desde el segundo en que la conociste unos nueve meses atrás la observás con devoción, con locura, con atención desmedida, con obsesión, sin perderte detalle, fijándote en todo: conocés cada uno de sus movimientos, podés leer su lenguaje corporal, podés presentir cuando algo anda mal, como si tu alma y la de ella se comunicaran mediante un lenguaje desconocido para otros seres humanos.
Pueden llamarte loco, no te interesa: conocés a la mujer que amás y sos capaz de decir cuándo las piezas del rompecabezas no encajan correctamente, cuando no es ella misma, cuando hay algo fuera de lugar.
Ése era uno de esos momentos.
Tomaste el teléfono nuevamente – ése que habías estado sosteniendo en tu mano durante más de media hora mientras te aburrían con indicaciones, preguntas y demás engranajes de la burocracia que forman parte de rituales que deben ser cumplidos para mantener la unidad en funcionamiento - y, sin quitarle los ojos de encima, marcaste el número de su estación.
El sonido del aparato pareció sobresaltarla, evidentemente, por eso dio un respingo antes de echar la mano encima al tubo y contestar:
"CTU, Michelle Dessler"
Su voz, escuchar esa voz fue como si un cuchillo se clavara en tu pecho, como si tomaran tu estómago y te lo retorcieran hasta hacerlo sangrar, como si te clavaran una puñalada y una vez abierta la profunda herida siguieran revolviendo el puñal dentro de ella para causarte un dolor insoportable.
Esa voz, esa voz dando forma a tres palabras comunes y corrientes, esa voz dando forma al 'saludo habitual' de la Unidad, al saludo con el que la mayoría de los agentes contesta el teléfono al recibir una llamada, esa voz te dijo todo, esa voz explicó todo, esa voz te demostró que la amás tanto que el mínimo indicio de sufrimiento causado a ella es suficiente para partirte al medio, para destrozarte, para matarte.
Esa voz era la voz de una persona triste que está yéndose en intentos por ocultar ese ahogo y que el resto del mundo no se percate de él, esa era la voz de una muñequita frágil y delicada que ha sido rota en mil pedazos pero que trata de mantenerse compuesta y no desmoronarse porque no quiere que haya testigos de su quiebre, porque no quiere que el resto del mundo vea los pedazos desperdigados en el suelo, porque no quiere que alguien cruel vaya y empiece a martillar sobre esos pedazos rotos, haciéndolos añicos aún más, una y otra vez. Esa voz, esa era la voz de tu princesa y dejaba más que en claro que estaba sufriendo.
Podés lidiar con todo en este mundo, podés soportar cualquier cosa, podés hacerle frente a cualquier cosa, pero no existe sobre la faz de la Tierra, no existe en el Universo algo peor para vos que escuchar al amor de tu vida sufrir. No hay nada que te afecte tanto como saber que la personita que más te importa está sufriendo y que tiene el alma hecha jirones por intentar demasiado ocultar ese sufrimiento.
"Michelle, ¿podrías subir un momento, por favor?" le pediste con tono dulce y suave, intentando contener tus emociones, esas emociones inexplicables y nunca antes sentidas que se despertaron cuando te diste cuenta con sólo mirarla que había algo fuera de lugar, que estaba demasiado quieta, que el sonido de su voz al clavarse cual cuchillo en tu cuerpo denotaba que estaba, por algún motivo distante de encontrarse entre tus conocimientos, herida.
Sin decir una palabra, en absoluto silencio, volvió a depositar el auricular en su lugar y con los mismos movimientos pausados se levantó y caminó hasta tu oficina, subiendo lentamente peldaño por peldaño, mientras tu corazón se desbordaba esperando a que llegase, esperando a que cruzara la puerta. Tu dedo pulgar buscó y encontró en anticipación el botón que cierra de forma automática las persianas americanas del los muros de vidrio de tu oficina, quedando ésta en absoluta privacidad.
Cuando ella entró, cuando se quedó de pie en el rellano, frente a vos… Esa visión fue suficiente para que te sintieras como si con un martillo golpearan salvajemente a tu alma.
Los ojos secos pero levemente hinchados y la piel ligeramente enrojecida eran señal indiscutible de que había estado llorando, aunque obviamente había puesto mucho esfuerzo en disimularlo; si no fuera por el hecho de que conocés sus rasgos, sus facciones, el color de su piel y la forma de sus ojos de memoria, no lo habrías notado. Si hubiera sido cualquier otra, no lo hubieras notado, pero como es ella sí lo notás.
Y te parte el alma al medio.
"¿Qué pasa, Tony?" preguntó tímidamente, tratando de sonar calmada, relajada, tranquila, tratando de que no te percataras de esa especie de nube gris invisible que envolvía a su ser, tratando de que no vieras a través de sus intentos de simular estar bien.
Como si no hubiera sabido por qué la llamaste.
Cómo si no hubiera sabido por qué estaba ahí.
Como si no hubiera sabido que en cuanto la vieras entenderías que no se hallaba bien, incluso si te percataste de ello viéndola de lejos, desde arriba y a través de una pared de vidrio.
"Eso esperaba que vos me expliques" murmuraste.
"No pasa nada" mintió, cerrando la puerta tras de sí.
Obviamente no le creíste.
Obviamente ella sabía que no serviría de nada decirte mentiras, que no te las tragarías.
Obviamente no dejarías que pensara que sus mentiras surtieron algún efecto.
Los vidrios que formaban la mitad de las paredes de tu despacho estaban cubiertos por esas persianas americanas grises, lo cual significaba que tenían privacidad. Francamente no te importaba que alguien levantara la cabeza y se fijara en el hecho de que la visión estaba bloqueada, porque estabas seguro de que no llamaría poderosamente la atención de nadie; Mason solía hacerlo cuando quería tener algo de tranquilidad y escuchar música mientras completaba las montañas interminables de papeleo o cuando simplemente deseaba aflojarse la corbata y quedarse en mangas de camisa; muchos otros en distintas agencias seguramente prefieren trabajar sin ser distraídos por los permanentes movimientos del resto de las personas que están en la Unidad. Nadie tendría por qué notar que Michelle estaba ahí arriba con vos. A decir verdad, si hay algo que te enorgullece de al menos el 95% de los técnicos, analistas y demás personas que forman el cuerpo de empleados de la CTU es el hecho de que se ocupan de sus asuntos y dejan que el resto del mundo exista sin intervenir ni interesarse. Algunas secretarias son, por supuesto, chismosas, pero se encuentran en otro piso, no en éste, así que realmente no tenías de qué preocuparte.
Por eso diste dos largas zancadas hasta que quedó tu cuerpo a escasos centímetros del suyo, tan cerca que estabas invadiendo su espacio personal, con las puntas de tus zapatos tocando la punta de los suyos, tan cerca que el aire que exhalabas era el que ella inhalaba y viceversa, tan cerca que podías sentir ese perfume al que sos adicto, ese perfume tan único que no podés describir pero que te tiene hechizado.
Su mirada se cayó al suelo, quedando clavada en sus pies, evitando encontrarse con la tuya, quizá para impedir que vieras más allá de la tristeza y el daño que ya habías captado, quizá para no verse reflejada en esos dos espejos que son tus ojos, y ver su aspecto triste y opaco brillando en ellos.
Sin pronunciar palabra, dejaste que tus manos acunaran su rostro, fundiéndose el frío de tus palmas con la tibieza de sus mejillas (¿o eran tus manos las que estaban tibias y sus mejillas las que estaban frías?), y lo levantaste muy despacio hasta que sus ojos y los tuyos quedaron al mismo nivel. Viste tu reflejo brillando en ellos, en esos dos ojos hermosos, esos dos ojos tan raros, tan exóticos, tan expresivos, esos dos ojos que son como campos magnéticos para los tuyos.
Podrías ahogarte en esos dos ojos.
En esos dos ojos viste también esa tristeza que pudiste percibir cuando la observaste y te diste cuenta que sus movimientos en cámara lenta eran claro indicio de que algo andaba mal. Y al ver dentro de esos dos ojos confirmaste tus sospechas.
"Michelle, ¿qué pasa?" rogaste saber en un suspiro, dejando que algunos de tus dedos se enredaran en sus bucles, buscando relajarla un poco con tus caricias, porque era evidente lo tensa que estaba.
"No pasa nada, Tony" mintió otra vez, en un susurro "En serio" insistió, pero estabas lejos de creerle.
Acercaste su rostro aún más al tuyo, hasta que sólo un milímetro separaba la punta de tu nariz de la suya, hasta que su perfume te embriagaba de tal forma que por un instante te sentiste sofocado, ahogado, intoxicado. Acercaste su rostro aún más al tuyo, tanto que al moverse tus labios cuando hablabas prácticamente rozaban los tuyos, tanto que tu respiración se mezclaba con la suya, embriagándote e intoxicándote aún más.
"Puedo verlo en tus ojos, Michelle" dijiste, sin perder ese tono bajo, dulce y cargado de amor "Pude notarlo mientras te observaba desde acá arriba" seguiste, acariciando con tus manos sus mejillas "… Lucías tan apagada, tan distante" sus párpados se cayeron un momento, pero luego volvió a abrirlos ", tan distinta, como si no estuvieras ahí, como si estuvieras existiendo maquinalmente, automáticamente"
Su mirada volvió a desviarse, clavándose en el suelo bajo los pies de ambos otra vez, y al dejar caer su rostro hacia un costado sus labios rozaron la palma de tu mano, enviando una descarga eléctrica que recorrió de arriba a abajo tu columna vertebral, estremeciéndote.
Nunca antes te sentiste así, nunca antes te pudieron así, nunca antes experimentaste tal dependencia de un solo ser humano, de un solo cuerpo, de una sola alma.
Nunca antes el contacto piel a piel con una persona surtió tanto efecto en vos, un efecto capaz de dejarte sin palabras, de paralizarte, de calmarte, de robarte el control, de enloquecerte, todo al mismo tiempo.
Su rostro estaba entonces enterrado en tu mano, tan grande y tan fuerte en comparación a las suyas, pequeñas y frágiles cual sus brazos que caían a los costados de su cuerpo, tan tensos como el resto de él todo.
Su rostro, anidado en tu mano, escondido allí, sus párpados cerrados una vez más, sus pestañas larguísimas y curvas haciéndote cosquillas, su anatomía aún rígida como si estuviera tratando de contenerse, como si temiera aflojarse.
¿Por qué temía dejarse ir, desahogarse, liberarse de lo que fuera que estaba anclándola al piso, en tu presencia?
Algo andaba definitivamente mal, y con cada segundo que pasaba tu corazón se comprimía más y más, adolorido y preocupado, desesperado por calmarla, por hacerle bien, por lograr que confiara en vos, que te demostrara una vez más esa confianza infinita e incondicional que sabés tiene en vos, esa misma confianza infinita e incondicional que tenés depositada en ella.
"No me digas que no sucede nada, Michelle" imploraste en un murmullo ", porque ahora que te tengo a centímetros" a milímetros, mejor dicho "de mí puedo notar con más claridad que no estás bien, que estás triste, que estás sufriendo"
Decir las palabras, escucharte a vos mismo diciéndolas, hizo que sintieras un puñal imaginario clavándose en tu estómago, un puño imaginario pegándote en el estómago y dejándote sin aire, una mano imaginaria haciendo un nudo en tu garganta y apretando cada vez más y más fuerte.
No sabías por qué estaba sufriendo, no sabías por qué estabas tan terriblemente seguro de que por dentro ella estaba muriendo de dolor, no sabías qué clase de conexión hacía que lo supieras, no sabías qué clase de explicación correspondía a esa conexión que te llevaba a entender a través de su cuerpo y de su mirada lo que estaba sucediendo en su alma, pero sin lugar a dudas podías afirmar que la idea de Michelle sufriendo era suficiente para matarte.
Probablemente nunca sepas cómo, tal vez llegues al final de tu vida sin saber por qué, pero es así: la idea de que ella esté sufriendo en cualquier nivel, es lo suficientemente poderosa, lo suficientemente letal para desgarrarte y hacerte morir desangrado.
Exagerado, sí.
Extremista, también.
Pero es de este modo y no puede ser de ningún otro.
Porque así es el amor verdadero.
"No me preguntes cómo: simplemente puedo sentirlo" continuaste en susurros ", como si lo que te duele a vos me doliera a mí"
Y es que realmente me duele. No te das una idea de cuánto me duele, y ni siquiera conozco el motivo que te redujo a este espectro que trata de disimular la pena que lleva en su interior.
"Es como si ese sufrimiento que está envolviéndote estuviera clavándose en mi propia carne"
Suspiraste, conteniendo el aire, sin respirar, con la falta de oxígeno haciendo doler a tus pulmones, con los párpados levemente caídos y los dedos de tu mano aún acariciando sus mejillas, totalmente ajeno al lugar en que te encontrabas, como si en ese instante tan íntimo, tan privado, el resto del mundo hubiera dejado de existir, como si el tiempo y el espacio carecieran de peso, como si los dos únicos cuerpos con vida en el Universo fueran el tuyo y el de ella, parados en medio de tu oficina, prácticamente abrazados, prácticamente a esa altura desmoronándose vos en sus brazos y ella en los tuyos.
Sentiste sus manos moverse hasta llegar a tu cabeza, y sus dedos entrelazándose en tu cabello, fuertemente, haciendo que se formara en tu mente el extraño pensamiento de que estaba aferrándose a vos como si no existiera otra fuerza capaz de sostenerla, como si fueras lo único manteniéndola en pie.
Su frente se posó sobre la tuya, y el frío de tu piel se fusionó con el calor de la de ella.
Por un momento entre los dos se hizo el silencio, y tu cuerpo sólo fue consciente del de ella.
Era, esa necesidad incontenible de contacto físico, no sólo el resultado de su evidente estado de vulnerabilidad que trataba de esconderse detrás de una máscara, detrás de una pose, no es el resultado de esa angustia que sentías porque podías percibir la inquietud que a ella interiormente la devoraba: esa terrible, incontenible, inmensa necesidad de contacto físico surgía de la abstinencia.
Abstinencia, así se llama una parte de las emociones que sentían desbordándolos.
Es exagerado y probablemente un grado de dependencia tan terriblemente profundo no sea normal, pero lo cierto es que así se llama lo que los llevó a actuar de ese modo, lo que los llevó a perder un poco el control en cuanto estuvieron solos, en privado, respirando el mismo aire, existiendo en un mismo espacio: abstinencia.
Abstinencia combinada con todo lo demás, combinada con su tristeza, combinada con tu necesidad de curar sus heridas, sean éstas cuales sean y sin importar qué las haya causado puntualmente.
Tanto el miércoles como el jueves apenas habían tenido tiempo para estar juntos; trabajaron ambos días jornadas de casi diez horas, con escasos segundos libres para siquiera intercambiar sonrisas cómplices o tener un momento a solas, un momento de tranquilidad, un momento para aflojarse al menos un par de minutos y dejar de fingir, poder mirarse sin miedo a que brillara en sus ojos algo más que sana admiración mutua entre dos compañeros.
Habían pasado ambos días corriendo de un lado al otro, ajustándose a sus nuevas posiciones dentro de la cadena de mando de la Unidad, reparando el sinfín de daños hechos al sistema durante esas horas en el infierno, haciendo llamadas, recibiendo llamadas, dando instrucciones, recibiendo instrucciones y además también lidiando con Carrie y con sus no tan sutiles comentarios susurrados sañosamente.
La noche del miércoles tuviste que quedarte trabajando hasta tarde codo a codo con un Ryan Chappelle que apareció de la nada a último minuto; si Michelle se hubiera quedado a esperarte hubieran levantado ciertas sospechas. Preguntó si necesitaban su ayuda para utilizar eso a modo de excusa, pero cuando Chappelle mismo le dijo que podía irse a su casa a descansar, no le quedó otra alternativa que marcharse, despidiéndose de vos con la mirada. Cuando finalmente llegaste a tu departamento, horas más tarde y completamente exhausto, con un dolor de cabeza terrible y un hambre voraz, lo primero que hiciste no fue abalanzarte sobre el botiquín en busca de una aspirina o atacar la heladera, si no llamarla a ella.
Así se quedó dormida la noche del miércoles: mientras vos le hablabas por teléfono, contándole con voz suave lo aburrida que es la CTU cuando ella no está ahí para iluminarla con su presencia, lo mucho que odiabas a Chappelle y a sus urgencias burocráticas de último momento y repitiéndole una y mil veces cuánto la extrañabas.
En la oscura soledad de tu sala de estar te quedaste dormido vos, después de haber cortado la comunicación con la tranquilidad de saber que ella estaba bien, que estaba descansando y que podrías tenerla en tus brazos la siguiente noche.
Claro que el destino se interpuso, y no sólo el jueves tuviste que contentarte con observarla desde lejos mientras los dos luchaban tratando de no sofocarse aplastados por montañas y montañas de trabajo, si no que por la noche tuviste que irte a casa solo porque luego de recibir varias llamadas durante la jornada de un Danny depresivo, aburrido y angustiad, Michelle debió ir a visitar a su hermano y cenar con él para asegurarse de que estuviera bien y que se hallara dentro de todo estable, sobrio y tomando sus medicamentos.
Miércoles y jueves podrán haber sido agotadores y terribles por muchos motivos, pero lo peor de ambos días fue el hecho de que al finalizarlos tuviste que irte – por una causa u otra – a la soledad de tu casa, sin ella, lejos de ella, sin poder abrazarla, sin poder besarla, sin poder acurrucarte a su lado y escuchar el sonido de su respiración, sin poder hablar de cualquier cosa, de todo y de nada, como lo hicieron esa noche de domingo en la que se quedaron despiertos hasta las cinco de la mañana, sin poder dormirte en sus brazos.
Y hoy, viernes, un rato atrás cuando ella llegó a tu oficina y los dos quedaron sumergidos en esa especie de privacidad momentánea, cuando miraste dentro de sus ojos y viste que algo andaba definitivamente mal, cuando sentiste su dolor lastimándote a vos, cuando la tuviste tan cerca que su esencia sola bastaba para intoxicarte de la manera más peligrosa y más dulce, no pudiste contenerte.
No pudieron contenerse.
No pudieron evitar ceder.
Casi dos días, desde la mañana del miércoles, sin besarse, sin tocarse… Son muy pocos los síntomas del síndrome de abstinencia que tu cuerpo puede soportar. Son peores los síntomas de ese síndrome de abstinencia cuando podés ver claramente que el objeto de tu adicción está sufriendo roturas por dentro.
No pudiste aguantarte, no pudiste contenerte, y tuviste que ceder a la necesidad, tuviste que permitirte caer rendido después de haberle confesado en susurros desesperados que de nada servía mentirte porque podías sentir el sufrimiento que ella estaba experimentando, porque podías leerlo en sus ojos, porque podías ver a través de su cuerpo material y llegar – de alguna manera inexplicable – a su alma.
Y al escuchar esas palabras que le dijiste, al escuchar la sinceridad cruda envolviendo lo que decías, al sentir la desesperación en cada sílaba, al entender que sus mentiras eran inútiles, al darse cuenta de que su necesidad y la tuya eran las mismas y estaban hechas de lo mismo, ella también cedió.
Entonces vulnerables y en silencio se quedaron, hasta que ese silencio luego de lo que podrían haber sido diez segundos o diez milenios o diez millones de años o sólo una fracción separada de una eterna línea de tiempo se rompió finalmente, agregando al cuadro otro sonido distinto al de sus respiraciones acompasadas y los latidos de sus corazones retumbando al unísono entre los huesos y la carne que forman sus cuerpos.
Y cuando escuchaste las palabras que te dijo apenas moviendo los labios, las palabras que tomaron la forma de su voz, pequeña y débil, tenida de abatimiento.
"¿Cómo negarlo si a mi me sucede lo mismo, si cuando me pierdo en tus ojos puedo leer en tu alma lo que te pasa, tal como cuando el otro día vi la tristeza que estabas tratando de esconder?"
Seguías sin saber qué estaba haciéndole mal, pero era obvio que se trataba de algo serio, de algo grave, de algo profundo.
"Entonces algo está entristeciéndote" confirmaste "¿Qué es?" pediste saber.
No aguantabas la incertidumbre, no aguantabas la cantidad terrible de hipótesis que trataban de formarse en tu mente pero que nunca terminaban de integrarse, que quedaban sueltas y a la deriva dando vueltas en el océano que violentamente se balancea de un lado al otro en tu cabeza, como barcas sin pescador que pueda rescatarlas de su destino de hundirse y nunca más volver a la superficie. Peor que tener cien millones de hipótesis martillando en tus sienes desde el interior mismo de tu mente es no tener ninguna hipótesis, tener solamente pequeños fragmentos que no terminan de encajar.
"No lo sé" comenzó su respuesta, y a medida que hablaba el tono de su voz aumentó hasta llegar a un volumen normal "Supongo que todavía no logro deshacerme de esa sensación rara que me ataca cuando miro a mi alrededor y encuentro los escritorios de Luke, Paula, Nadine, Gary y todos los demás vacíos u ocupados por esos snobs de División…"
No dejaste que siguiera hablando.
Te diste cuenta que, si bien debía ser cierto que los cambios drásticos a través de los cuales la CTU estaba pasando como consecuencia de lo sucedido ese horrible 4 de septiembre aún eran difíciles de digerir, no estaba diciéndote la verdad, no estaba siendo completamente sincera.
Había algo más.
"Michelle, no me mientas" la interrumpiste, aún con tono dulce y preocupado "Podrás mentirle al resto del mundo, podrás fingir estar bien y ser fuerte ante el resto del mundo" comenzaste a decirle, distando de querer señalarla con el dedo o acusarla de algo: simplemente querías ayudarla, sólo eso, demostrarle que a vos no puede engañarte porque estás conectado con ella a un nivel mucho más profundo que cualquier otro ser humano alguna vez lo estará, incluso si los dos todavía no lo entienden, incluso si aún no lo comprenden, incluso si aún hay momentos en los que esa dependencia terriblemente honda que sienten los asusta o desconcierta ", podrás disfrazar esto – sea lo que sea – y decir que estás mal porque no terminas de reponerte de los eventos de la semana pasada" respiraste hondo mientras tus dedos acariciaban sus mejillas otra vez, trazando círculos sobre la piel lentamente "Podés intentar, si querés, que esto – sea lo que sea – quepa en una cajita sin que sus dimensiones hagan que estalle, pero no podés mentirme a mí, Michelle"
Hiciste una pausa pequeña, sólo un segundo, para inhalar hondo una vez más.
"No podés mentirme a mí, Michelle" repetiste "Porque estoy tan profundamente conectado con vos, tan profundamente unido a vos, que es imposible te crea cuando me decís que estás mal por esto. Sé que es parte de la tristeza que venís cargando desde que todo sucedió, yo también cargo esa tristeza en mi corazón… Pero no lo es todo, Michelle: puedo darme cuenta que hay algo más" concluiste.
"No quiero hablar de eso ahora, Tony" murmuró, evitando que se encontrara su mirada con la tuya, fijando los ojos en el suelo nuevamente, dejándolos clavados ahí, vacíos de expresión, apagados.
Así la habías visto desde los ventanales cubiertos por persianas: la habías visto de lejos, sentada frente a su escritorio, moviéndose en cámara lenta, vacía y apagada, sin brillo.
Parte de lo que sentiste desgarrándote fue, te diste cuenta en ese instante, un pánico atroz a que ese brillo que se convirtió en la única luz en tu mundo nunca más volviera, por algún motivo, a resplandecer, a encandilarte, a opacar el resto del Universo con su fuerza y su calidad.
Al sentir su cuerpo alejándose del tuyo lentamente, retrocediendo hacia atrás, apartando sus manos de tu cabeza, poniendo una distancia de al menos un metro entre ustedes dos, volviste a sentir ese pánico terrible acuchillándote.
¿Por qué estaba soltándote?, ¿por qué estaba apartándose de tus brazos?, ¿por qué estaba conteniendo las lágrimas delante de vos?, ¿por qué estaba de pronto decidida a mantenerse compuesta a toda costa?
"No deberíamos estar acá, Tony" te reprimió de pronto, con seriedad "No deberíamos estar en esta posición tan comprometida" continuó, su mirada clavada en el suelo todavía, sus manos restregándose la una a la otra en lo que era sin duda alguna un gesto de nerviosismo evidente "Estamos arriesgándonos ambos" apuntó.
"Michelle, no pongas excusas entre los dos" rogaste.
Y sin que te importara en lo absoluto lo que estaba diciéndote, avanzaste nuevamente a ella, hasta quedar a la misma distancia que estaban antes: ninguna en lo absoluto.
Ya tu autocontrol estaba, por motivos que escapaban a toda razón o lógica que fueras capaz de aplicar, totalmente extinguido, tu percepción del tiempo y el espacio si antes débil en ese entonces ya había sido reducida a inexistente, la sangre en tus venas hervía y tu corazón se desbordaba latiendo lastimosa y violentamente, tu mente a punto de estallar y herir tu cabeza con las astillas, tu garganta seca y tu piel prendida fuego.
Estabas fuera de vos mismo, y aún así tus movimientos eran calmos, suaves y dulces porque no te imaginás ser alrededor a su alrededor de cualquier otra manera que no implique calma, suavidad y dulzura, incluso cuando dentro de vos hay un volcán haciendo erupción.
Cuando volviste a acunar su cabeza entre tus manos, sosteniendo su mirada con tu mirada, ahogándote en sus ojos angustiados, rogando que no se apartara de vos otra vez excusándose con algo tan insignificante como un 'no deberíamos estar acá, estamos arriesgándonos ambos', rogando que no te empuje lejos, rogando que esa tensión que nuevamente se había apoderado de su cuerpo aflojara, que no te aparte, que te diga qué es lo que está pasando, dentro tuyo hubo un quiebre, y tu mente fue cruzada por un pensamiento fugaz, tan fugaz que te cegó.
Como si hubieras estado contemplando la escena desde afuera, como si hubieras estado jugando el papel de espectador distante e invisible, como si el hombre que se hallaba allí fuera otro, otro al que vos estabas observando, y entonces se te ocurrió que ese otro al que observabas estaba actuando presa de un impulso mucho más abstracto que cualquier otra de las abstracciones de este Universo, mucho más fuerte que cualquier otra de esas fuerzas, mucho más imposible que explicar que cualquier otro enigma carente de explicación.
Ese impulso, esa necesidad, esa urgencia, esa locura nacían de un amor tan penetrante y tan inmenso que llamarlo normal hubiera sido desmerecerlo.
Porque el amor verdadero no es normal. El amor verdadero, cuando es como el de Romeo y Julieta, cuando es como el de Píramo y Tisbe, cuando es de esa magnitud, cuando es ese amor que se da solamente una vez en la vida, cuando es ese amor que de un segundo a otro nos captura y nos quita hasta el último halito de cordura, cuando el amor es verdadero, cuando el amor es como aquel que ha inspirado a los más grandes artistas, escritores, músicos, poetas y locos, ese amor no puede ser normal.
El amor verdadero no es normal. O al menos lo que vos sentís no lo es, te diste cuenta. Lo que vos sentís va más allá de los bordes que sirven de límite entre la cordura y la locura, lo que vos sentís es tan puro y tan abrumador, tan sofocante, tan asfixiante, es una pasión, una obsesión desmedida, tan grande y tan incontenible que un cuadro como éste que para otros podrá parecer simple se convierte en una cuestión de vida o muerte, algo tan fuerte que apenas podés respirar, algo que te domina, algo que te deja sin control, sin noción, sin percepción del resto del Universo y sus componentes, algo que te devora, algo que te controla.
El amor verdadero no es normal, no puede explicarse, no puede entenderse, no puede medirse, no puede analizarse.
El amor verdadero lleva a aquellos que son presa de él a actuar del modo desesperado en que vos estabas actuando frente a algo que cualquier otro hombre habría dejado pasar, algo que cualquier otro hombre hubiera considerado simplemente la necesidad de una mujer de estar sola, de no hablar de sus sentimientos, de no compartir su dolor, de necesitar espacio en lugar de ser constantemente sofocada. Cualquier otro hombre no hubiera sido terriblemente afectado por algo que a simple vista parece tan normal y tan común en el contexto del comportamiento habitual en los humanos, pero vos no sos cualquier hombre, sos un hombre perdida, loca, obsesivamente enamorado.
Sos uno de los pocos a los cuales durante el transcurso de sus vidas los ¿condenan? a experimentar lo desquiciante que puede ser amar más allá de cualquier límite, lo desquiciante que puede ser amar hasta sentir dolor.
Aunque recién estés empezando a percatarte de ello, y ni siquiera completamente.
Aunque aún no lo entiendas.
Aunque aún te asusten los cambios en tu comportamiento.
Aunque un no puedas comprenderlo, o describirlo, o medirlo o siquiera expresarlo en palabras.
Sólo con acciones puede expresarse cada gramo de lo que sentís.
Con sus labios a escaso medio milímetro de los suyos, con tu respiración y la suya mezclándose, susurraste una frase que antes de conocerla a ella te hubiera parecido digna de una novela romántica barata de esas que descansan y juntan polvo en las góndolas del supermercado hasta que alguna señora mayor como tu mamá o alguna adolescente las compran y las leen suspirando.
Susurraste una frase dictada no por tu cabeza, no por tu intelecto, si no por tu corazón, que latía desaforado al compás de la locura que hacía hervir la sangre en tus venas, la locura que encendía cada palmo de tu piel, cada recoveco de tu alma.
"Vos estás sufriendo" repetiste, presionando tu frente con la de ella y prácticamente dejando que tus manos se aferraran con todas sus fuerzas a cada costado de su rostro "Y yo voy a morir de dolor a menos que pueda aliviarte un poco" susurraste tu confesión "No me importa donde estamos" dejaste en claro, aún con tu mirada clavada en la de ella, viendo tus ojos dentro de los suyos cómo de a poco iba bajando la guardia, cómo de a poco iba relajándose otra vez, sintiendo tus brazos sus manos cerrándose alrededor de ellos, usándote para sostenerse de pie "No me importa que estemos en mi oficina en medio del día. Sólo me importa asegurarme que vos estés bien. Nada más" asintió levemente con la cabeza pero continuó silenciosa, escuchándote "Nunca va a importarme nada más que hacerte bien" prometiste "Nunca va a importarme nada más que curar cualquier herida que te hayan hecho"
Sus dedos viajaron hasta tu cara, trazando lentamente tus facciones, dibujando el contorno de tus ojos, recorriendo ambos lados desde la sien hasta tu boca, rodeándola luego para terminar en tus labios, acariciándolos con la misma ternura que habrían empleado los suyos de haberse fundido con ellos en un beso.
De pronto fuiste invadido por un cansancio emocional que te atacó repentinamente; sus caricias, la sensación de su piel rozando tu piel, la serenidad que de a poco iba formándose en su mirada…Tu propio reflejo en esos dos ojos te devolvió a una realidad en la que ya no eras espectador: eras vos, alterado y nervioso y desesperado por saber qué estaba lastimándola y descubrir cómo hacer que el dolor desapareciera.
Y cuando empezó a hablar, sin pausas, es voz llegó a tus oídos y fue directo a tu alma.
"Estaba volviendo a mi escritorio después de haber ido a IT 2 para consultar a Gwen sobre un software cuando me topé con Carrie"
Carrie.
El nombre retumbó en tus oídos, pero no dijiste nada, no te moviste, no la interrumpiste.
"Traté de esquivarla pero no dio resultado" continuó, con sus dedos nuevamente masajeando tus sienes, tu cuero cabelludo, enredándose en tu pelo "Trató de molestarme con esas cosas que siempre dice" de pronto dejó de hablar y luego de un segundo, chasqueando la lengua, desestimó la situación "Tony, no tiene importancia, en serio" insistió.
"Sí tiene importancia, Michelle" era tu turno de insistir en tu postura "Te dijo algo que te redujo a un manojo de nervios" señalaste ", estás temblando" tomaste una de sus manos entre las tuyas "y estuviste llorando, ¿no es cierto?" preguntaste, dejando que tus pulgares acariciaran sus párpados hasta cerrarlos.
"Me dijo algo que me alteró un poco" coincidió ", no pude aguantarlo, fui al baño, me encerré y lloré unos minutos" exhaló "Tony, no tiene importancia" volvió a decirte por millonésima vez "No es la gran cosa en lo absoluto, fue una tontería"
No fue una tontería si te hizo sufrir.
Estabas a punto de convertir tus pensamientos en palabras pronunciadas en voz alta pero no pudiste.
"Va a ser mejor que vuelva a trabajar" anunció, tratando de recobrar la compostura y el autocontrol que los dos habían perdido durante ese breve par de minutos en los cuales sus emociones los desbordaron y los arrojaron a un estado de vulnerabilidad y necesidad tan grandes que vos, en tu caso, perdiste conciencia de todo menos de ella.
Sin embargo, incluso luego de dicha la frase no te soltó, no dejó de acariciar tu rostro, no dejó de relajarse bajo tus propias caricias sobre su piel manchada de lágrimas ya secas y cuyos rastros eran prácticamente invisibles para aquellos que no estuvieran obsesionados con prestarle atención a cada movimiento que ella hacía y a cada detalle concerniente a ella como vos lo estás.
"No debería estar acá, no deberíamos estar haciendo esto" comentó, gesticulando con la cabeza para señalar el contexto general en el que se hallaban.
Pero no te soltó.
Tampoco la soltaste.
Volviste a reposar tu frente contra la suya, presionando, dejando que la punta de tu nariz tocara la punta de la nariz de ella, acunando su cara entre tus manos otra vez, mirando directo y profundo dentro de esos dos océanos negros llenos de magia, llenos de esa magia que fue capaz de hechizarte cuando los viste por primera vez y sin siquiera saberlo te rendiste a ellos.
Esos dos océanos negros opacados por la tristeza, una tristeza que de a poco comenzabas a descifrar, aunque aún no terminabas de comprenderla, aunque aún no sabías cómo hacer que se disipara.
"Te amo, Michelle" susurraste, queriendo recordarle una vez más que ella es tu todo, que ella es tu mundo, tu Universo, la razón por la cual tomás cada respiro y por la cual tu corazón late; recordándole que siempre va a tenerte, que nunca va a perderte, que vas a estar cuidándola siempre, para siempre "No soporto verte sufrir" tus párpados se cayeron lentamente y así permanecieron "No lo soporto"
"Ahora ya estoy bien" te aseguró "Te lo prometo. Estoy mucho mejor, gracias a vos"
Le creíste… parcialmente. Creíste que estaba mejor gracias a vos, porque podías ver que un poco de su brillo había vuelto, podías sentir sus músculos más relajados, podías escuchar su respiración más calmada, podías percibir los latidos de su corazón tranquilizados.
No era suficiente para vos porque si bien sabías que Carrie había desencadenado eso, aún distabas de conocer los detalles. Pero ya no podías seguir presionando a Michelle, no podías seguir insistiendo, al menos no bajo esas circunstancias: tenían que volver a trabajar, tenían que recuperar el control y seguir actuando profesionalmente para mantener a salvo ese secreto que es solamente de ustedes dos, y además se te ocurrió que quizá para ella resultaría mucho más fácil hablar de lo que fuera que Carrie le hubiera dicho en un ambiente más relajado, lejos de la CTU, fuera de esas paredes que forman la Unidad.
Iba a ser mejor que continuaran esa conversación más tarde, definitivamente.
Depositaste tus labios en su frente y dejaste que reposaran allí durante varios segundos antes de soltarla para dejarla ir, por mucho que hubieras querido seguir abrazándola durante el resto del día, por mucho que hubieras deseado tomar su mano en la tuya y llevártela lejos, escaparse y esconderse en un lugar donde pudieran hablar de lo que fuera que estaba molestándola, donde pudiera permitirse llorar otra vez no encerrada en un baño si no en tu presencia, donde pudiera contarte lo que Carrie le había dicho si así lo deseaba o si no simplemente callar hasta estar lista para compartirlo con vos.
Pronto, en unas horas, podrían hacer eso, y no tendrían que regresar a la CTU hasta el lunes siguiente.
"Voy a estar contando las horas para salir de acá e irme a casa con vos" suspiraste cuando se hallaba a punto de tomar el picaporte para abrir la puerta.
"Yo también" sonrió ampliamente.
Esa es la sonrisa que tanta falta me hacía ver.
Dos minutos después, solo en tu oficina de nuevo, volviste a abrir las persianas americanas y a través del ventanal de vidrio observaste a Michelle muy concentrada trabajando. Reconociste que lucía mucho más tranquila, mucho más calmada, mucho más relajada; no estaba enteramente bien, podías seguir percibiendo cierto peso invisible lastimando sus hombros, pero al menos ya no parecía estar tan apagada, tan automatizada, tan distante, tan envuelta en una nube gris.
Te dejaste caer en la silla detrás de tu escritorio, con la intensidad sentida durante esos minutos que ella estuvo allí con vos, escondidos detrás de las persianas grises que los protegían de miradas indeseadas; esa intensidad que sentiste mientras le rogabas que te dijera qué le sucedía, esa intensidad devoradora que consumió cada gramo de tus fuerzas y cada gramo de control en tu cuerpo cuando la tuviste a escasos milímetros después de haber pasado las anteriores cuarenta y ocho horas sin poder tocarla o besarla para guardar las formas dentro de la CTU y que no los descubrieran (porque ganas no te faltaron de llevarla a uno de esos oscuros pasillos, arrinconarla en una esquina y tomarte al menos un instante para besarla, pero no podías arriesgarte a ser descubierto, no podías arriesgar ese secreto), esa intensidad todavía estaba corriendo salvaje por tus venas y tus pulsaciones aún no se regularizaban, pero al menos estabas un poco más tranquilo.
Trataste de seguir trabajando, pero no pudiste. No podías concentrarte. Constantemente tus ojos se perdían buscando a Michelle ya sea en su escritorio o entre el resto de los técnicos, analistas o trabajadores de construcción que andaban deambulando por el piso principal de la CTU, o mirando tu reloj deseando que las agujas se movieran más rápido para que llegara finalmente el momento de irte a casa con ella, el momento de abrazarla y buscar la manera de quitarle la tristeza y limpiar todas sus heridas.
No ibas a llamarla otra vez, pedirle que subiera a tu oficina y presionarla para que te dijera qué fue lo que Carrie soltó con su lengua venenosa que hizo que se pusiera tan mal.
Pero tampoco, sabías, podrías aguantar las siguientes horas con eso comiéndote la cabeza.
En un arrebato del que más tarde te arrepentirías, en un arrebato que no pudiste controlar, en un arrebato guiado por tus impulsos más crudos, tomaste el teléfono, marcaste un par de números y luego de cruzar unas palabras con tu interlocutor depositaste el auricular en su lugar, te reclinaste hacia atrás y dejando que tu espalda reposara sobre el respaldo de la silla esperaste a que la persona con la que acababas de comunicarte abriera la puerta de tu oficina y la cruzara.
"¿Qué fue lo que le dijiste a Michelle?" disparaste en cuanto Carrie cerró la puerta tras de sí, sin darle tiempo a avanzar más que unos pocos pasos.
Naturalmente, se detuvo en seco cuando escuchó tu pregunta formulada en un tono bastante agrio, un tono que intentaba contener a furia que te hubiera gustado liberar. Pero no podías gritarle a Carrie, no podías decirle todo lo que pensás de ella, porque sos su jefe y porque no sería apropiado caer en esa clase de comportamiento basándote en cuestiones personales: porque si bien Michelle es tu empleada también, si bien Michelle es la jefa de Carrie técnicamente, si bien Michelle y Carrie forman parte de un ambiente de trabajo y lo que suceda entre ellas afecta a dicho ambiente del cual vos sos responsable, los motivos por los cuales llamaste a Carrie y le pediste que subiera son personales sin lugar a dudas.
Por eso debías mantenerte tranquilo, dentro de todo.
"¿De qué estás hablando?" Carrie devolvió tu interrogante con otro interrogante, poniendo esa cara de mosquita muerta y fingiendo un cortés desconcierto, aún cuando distaba de desconocer a qué te referías.
Te pusiste de pie, rogando poder conservar domados tu temperamento y tu paciencia, y caminaste hacia el bordeo de tu escritorio, manteniendo una distancia prudente entre ella y vos. Sentiste una punzada de dolor en la pierna lastimada, que de tanto en tanto te molestaba al hacer movimientos bruscos, pero lo ignoraste. Dejaste que tus manos se aferraran al borde del escritorio y te inclinaste levemente hacia atrás, sin quitarle a Carrie los ojos de encima, esperando que en tu mirada pudiera ver claramente que no estabas bromeando.
"Sabés muy bien de qué estoy hablando" la acusaste, aún empleando un tono de voz bajo pero firme "Hace un rato estuviste esparciendo más de tu veneno con intenciones de dañarla" dijiste, refiriéndote a Michelle "Te felicito" soltaste seca y sarcásticamente, curvando tus labios en una mueca ": lo lograste" chasqueaste la lengua en señal de indignación antes de lanzar otro interrogante, confiando nuevamente en que tu mirada le transmitiría que querías saber la verdad y que por mucho que estuvieras tratando de controlarte no tolerarías que te mintiera o tomara el pelo "¿Qué fue lo que le dijiste?"
Una sonrisa desagradable, una sonrisa que casi podría describirse como de satisfacción, fue en lo que se curvaron los labios de Carrie mientras con pasos similares a los que daría una gata sigilosa se acercó hasta donde estabas, quedando a medio metro el uno de la otra.
"¿Tanto te importa?" susurro desafiante, y en sus ojos negros resplandeció un destello de maldad.
"Soy yo el que hace las preguntas acá, Carrie, no vos" le recordaste mordazmente.
"Que seas el nuevo director de la Unidad no significa que puedas llenar los zapatos que George Mason dejó vacíos" siseó divertida, con esa sonrisa inamovible en su rostro, encantada de poder burlarse de vos tan abiertamente, era obvio "No sos lo suficientemente bueno para ocupar este cargo. ¿Sabés por qué, principalmente?"
Se hizo una pequeña pausa durante la cual no atinaste a contestar; tenías la boca demasiado seca, no porque te importara o afectara lo que estaba diciendo Carrie, si no porque prácticamente estabas utilizando todo el autocontrol que pudieras acumular para no ponerla en su lugar de una buena vez por todas.
Interpretando la carencia de una respuesta de tu parte como curiosidad respecto a por qué no te considera ato para el puesto, siguió con su discursito barato:
"Porque tenés todos los sentidos y cada neurona en tu cabeza embotados por culpa de Michelle"
No contestaste, te quedaste quieto en la misma posición, sin mostrar expresión alguna en tu rostro, sin que expresión alguna brillara en tus ojos.
"No sé qué le ves, francamente" comentó despectivamente.
Toda la bondad, inteligencia y dulzura que la gente como vos no puede ver en ningún otro ser humano, tuviste que abstenerte de replicar.
"Carece de experiencia" empezó a numerar ", no es bonita" a medida que pasaban los segundos, tus nervios y tu bronca creían, hervían, rebalsaban, de desbordaban, te hacían daño por dentro, pero no podías dar rienda suelta a las ganas de contestarle a Carrie de una forma para nada apropiada viniendo de un jefe que no guarda ningún interés personal respecto a sus empleados ", es demasiado insegura. No es suficiente mujer para ningún hombre; de hecho, ni siquiera es una mujer: sigue siendo la misma chica tímida y tonta que tiene terror al abandono porque eso es lo único que experimentó a lo largo de su vida…"
Ya no aguantaste más.
Desbordaste.
Como le hubiera sucedido a cualquier ser humano.
Cuando la interrumpiste, no estabas gritando, pero tu voz sí se había levantado considerablemente y la velocidad con que arrojabas palabras abruptas sin pensarlas denotaba lo enojado y cegado que estabas. Aún así, mantuviste bastante tus capacidades de controlarte y no pasarte de la raya.
"¿Eso le dijiste?" la increpaste "¿Todas esas mentiras?"
Si Carrie le soltó a Michelle esa misma sarta de cosas, o al menos la mitad de ellas, no había dudas de por qué se había sentido tan herida, tanto que perdió la capacidad de mantenerse estable y tuvo que ir a esconderse al baño para llorar tranquila, tanto que la luz en sus ojos se apagó y quedó reducida a una máquina de respirar automáticamente.
"Le dije unas cuantas verdades" admitió Carrie, levantando un poco también el tono para mostrarte que podía ponerse a tu altura también si quería, desafiándote.
"Nada de lo que acabás de decir se acerca a ser verdad" la acusaste.
"Le dije otro par de cositas" continuó provocándote, con la filosa lengua de serpiente prácticamente asomándose por entre esos dos labios finos y sonrosados que seguían curvados en esa desagradable sonrisa de odio, resentimiento y satisfacción ante el dolor ajeno "Que sólo estás con ella para usarla, por ejemplo" deslizó, sosteniéndote la mirada, disfrutando de tu reacción.
Te quedaste atónito, realmente. De piedra. Otra vez tu rostro sin expresión, otra vez tu boca sin que palabras salieran de ella, otra vez silencio en tu garganta. Otra vez quieto, inmóvil.
Sin reacción alguna, porque de haber reaccionado…
"Le dije que es obvio que más temprano que tarde vas a aburrirte de ella cuando hayas terminado de satisfacer tus ganas" la voz de Carrie seguía llenando el aire, pero a tus oídos llegaba distante, disonante, lejana, porque estabas demasiado sumergido en contenerte como para prestarle completa atención "Que vas a abandonarla, a romperle el corazón y a divertirte jugando con los pedazos rotos"
"Sos el ser humano más despreciable…" empezaste a murmurar encolerizado entre dientes apretados, pero te interrumpió.
"También le dije que los hombres como vos" te recorrió de arriba a abajo con la mirada, sin disimular en absoluto ", atractivos y experimentados, codiciados, no se enamoran de patitos feos como ella: sólo los usan y los descartan"
No puedo creer que le haya dicho eso.
No podías ni tratar de imaginarte lo que esas palabras crueles y para nada ciertas debían haberle hecho a Michelle, lo mucho que debían haberla herido, lo mucho que debían haberla lastimado.
Su autoestima no es precisamente de los más sanos cuando se trata de su belleza, y eso es algo que te gustaría corregir, algo que te propusiste corregir. Sabés que le cuesta creerte cuando le decís que es hermosa, sabés que no puede evitar sonrojarse y mirarte con la incredulidad pintada en el rostro cuando cumplimentás su belleza, sus ojos, sus rulos o cualquiera de sus aspectos físicos. Sabés que no se considera bonita. Sabés que hay momentos en los que no puede creer que ustedes dos estén juntos, que no es un sueño, que es verdad, que no es mentira, que no es otra fantasía de la que va a despertar; esos son los momentos en los que súbitamente te abraza con tanta fuerza que los dos correrían el riesgo de sofocarse. Sabés, lo percibís a veces en su mirada, lo escuchás a veces en su voz, lo probás en sus besos, que le cuesta creer que merece ser amada, que le cuesta creer que es amada.
Por algún motivo es insegura, por algún motivo carece de autoestima, por algún motivo no se considera bonita, por algún motivo le cuesta creer que finalmente alguien la ama incondicionalmente, con locura y más allá de todo, por sobre todas las cosas.
Vos querías cambiar eso, querías hacer que esas seguridades desaparecieran, querías ayudarla de a poco a mirarse al espejo y verse hermosa, querías conocer cada pedazo de su historia para entender los motivos por los cuales es tan insegura, los motivos por los cuales le cuesta considerarse preciosa.
Y Carrie va, con su maldad, y le llena la cabeza, le llena el corazón de agujero, le carga los hombros con más peso del que ya había en ellos y le dice cosas horribles para lastimarla, herirla, quitarle la confianza, hacerle daño envenenándola con mentiras horribles.
"Voy a llamar a Ryan Chappelle y voy a encargarme personalmente de que te envíen de vuelta a División" amenazaste sin medir las palabras ni pensarlas ni considerarlas.
Fue una amenaza impulsiva.
Y Carrie la retrucó sin problemas, porque como ella no siente, como en lugar de corazón seguramente tiene una piedra negra, como su alma no puede amar a otra, como su interior está vacío, siempre tiene la cabeza fría y de su boca pueden salir frases calculadoras sin problemas.
A Carrie no la mueve ningún impulso, porque las arpías no son impulsivas, las víboras no son impulsivas. Más bien todo lo contrario.
"¿Con qué excusa?" te hizo frente "Si le contás lo que pasó, si Michelle o vos le cuentan, tendrían que explicarle muchas cositas interesantes, porque yo también puedo hablar" era su turno de amenazar "Sabés que sé, Tony, detalles que a ustedes dos no les conviene lleguen a oídos de los demás"
Tenía razón.
Si vos te quejabas con Chappelle, Carrie hablaría. Si Carrie hablaba, ustedes dos se verían en un aprieto; eso no te preocupa tanto en relación a las consecuencias que surtiría en tu carrera tanto como te preocupa lo que le haga a Michelle, los chismes que se levanten en torno a ella y a sus intenciones para estar con vos, su jefe, diez años mayor y ya experimentado en el campo de involucrarte con colegas y salir hecho pedazos.
Si Carrie empezaba a esparcir su veneno por todas partes con comentarios desvirtuados sobre vos y Michelle… Michelle acabaría aún más herida, aún más expuesta, aún más vulnerable, y su timidez no podría soportarlo. Vos no podrías soportar no haber manejado las cosas con tus propias manos antes de que se salieran de control.
Ibas a tener que lidiar con Carrie sin intermediarios, sin terceros, era obvio.
Ibas a tener que aprender a lidiar con ella, con su maldad, con su crueldad, con sus ganas de lastimar – por algún motivo retorcido y ruin – a la persona que más amás.
"Te aconsejo que en lugar de desperdiciar el tiempo amenazándome lo inviertas en otras cosas. Michelle está muy vulnerable ahora mismo" sugirió con un tono insinuador que no te agradó en lo mínimo "Podrías aprovechar…"
La detuviste antes de que siguiera.
"Tu mente retorcida podrá funcionar de esa manera, quizá creas que es divertido aprovecharte de alguien emocionalmente débil y sensible para divertirte un rato a costas de eso, como probablemente hiciste con Danny" la sonrisa se le borró por un instante del rostro cuando mencionaste eso, pero no por mucho tiempo "… Yo no soy así" concluiste con un chasquido de la lengua y un leve meneo de la cabeza.
"¿Ah, no?" replicó sarcástica "¿Vos estás enamorado?"
Dudo que alguien como vos entienda lo que es, así que no voy a desperdiciar ni un segundo en explicártelo. Tampoco voy a admitirlo porque solamente lo usarías en mi contra; eso es lo que querés: hacer que confiese y después usarlo en mi contra.
Te quedaste callado, y ella, obviamente, eligió malinterpretar tu silencio.
"Estás usándola, Tony" dio por sentado "No te culpo" continuó, fingiendo cierta empatía ": los hombres de tu tipo son así, disfrutan jugando con patitos feos, les quitan la inocencia y cuando el juego los aburre se van en búsqueda de su siguiente obsesión pasajera" seguías sin decir nada, demasiado concentrado en no ceder a las ganas de atacar lo primero que tuvieras en el camino, demasiado absorto en el dolor que tu corazón te infligía al latir tan desaforadamente, demasiado enfocado en respirar con normalidad, lo cual estaba volviéndose dificultoso, mientras la sangre hervía en tus venas "Me doy cuenta por cómo la mirás, Tony: estás obsesionado con ella. Pero no la amás"
"Va a ser mejor que te vayas, Carrie, antes de que esta situación termine siendo problemática para ambos" anunciaste, intentando hacer uso de todo tu autocontrol, que para esa instancia ya era efímero.
La viste irse, con la sonrisa aún plasmada en la cara, y el brillo malévolo y cruel en los ojos intacto, con ese aire divertido y a la vez triunfante envolviéndola, dejándote hecho una furia pero sin poder dar rienda suelta a esa furia.
Y acá estás ahora, en tu oficina, prácticamente jadeando porque la bronca que te devora por dentro no te deja respirar, tratando de mantenerte centrado y volver a llevar la cabeza al trabajo – el cual luego de tu conversación con Michelle y los minutos perdidos en esa charla sin sentido con Carrie que solamente aumentó tu descontrol interno se había atrasado bastante -, con tu cabeza hirviendo, amenazando con estallar, mientras que tu pulso violentamente acelerado resuena en tus sienes y en tus muñecas, recordándote que tu ritmo cardíaco se ha elevado considerablemente, causando que el músculo que es tu corazón retumbe contra tu pecho y lastime tus costillas.
No podés soportar la idea de alguien lastimando a Michelle con palabras tan envenenadas, tan tóxicas, tan crueles, tan duras, tan terribles, tan hirientes.
No ves la hora de que este día termine, no ves la hora de poder irte con ella, pasar las siguientes cuarenta y ocho horas cuidándola, besándola, haciéndola feliz, arrancándole sonrisas y provocando que se ría, disfrutando vos del sonido de esa risa, contagiándote de ella y riéndote vos también, escondiendo tu risa y tu sonrisa en ese huequito entre su cuello y su hombro mientras la abrazás e inhalás su perfume hasta llenarte de él.
Decidís ponerte a trabajar, por mucho que te cueste contener las ganas de mirar hacia abajo por las paredes de vidrio de tu oficina, por muy alterado que estés, por mucho que odies que el reloj no avance más rápido.
Cuando quince minutos más tarde lográs cierto grado de concentración, el sonido del teléfono te distrae.
Contestás con cierto aire de decepción porque sabés de antemano que no es Michelle quien está llamando: a ella podés verla enfrascada frente a la pantalla de su computadora, con ambas manos sobre el teclado y el teléfono en su lugar.
El saludo, por denominarlo de algún modo, es el de rigor entre las paredes de cualquier agencia del gobierno: tu apellido.
"Almeida"
"Hola, Tony, habla Jack" se anuncia su voz del otro lado, impregnada de un tono tranquilo y descansado, uno más propio de un tipo común que trabaja en una oficina corriente de nueve de la mañana a cinco de la tarde y cuando llega a casa tiene a su esposa, a sus hijos y a un labrador dorado esperándolo para recibirlo, y no de un pobre hombre que ha visto, sufrido y hecho demasiado en escasos treinta y pocos años, un hombre que ha sido traicionado, torturado, matado y revivido, un hombre al que le han arrebatado todo, un hombre que ha pasado demasiado tiempo sumido en su propia miseria.
Te alegra escuchar ese cambio en su voz. Te alegra escucharlo tranquilo, relajado, descansado, distinto. Si bien en estos momentos tenés otras cosas en la cabeza y tu estado anímico no es el ideal porque estás prácticamente caminando por las paredes después de tu conversación con la arpía de Carrie, una parte de vos se pone contenta por Jack y por el evidente cambio en su voz.
Cuando lo viste ese martes parecía un espectro, un fantasma, algo menos que un ser, que respiraba, existía y se movía automáticamente. Un cuerpo dominado por una mente embrujada que, como la tuya, seguramente habrá pasado más de cientos de noches en vela repasando, reviviendo, regurgitando los recuerdos más penosos, tristes, humillantes y dolorosos de su vida, y torturándose con pequeñas cuotas de memorias de momentos mejores. Lo viste – todos los vieron - resurgir de esa muerte en vida en la que estaba hundido, lo viste volver a ser el agente sagaz, eficiente, rudo, duro que siempre fue, ese que no teme a nada y que con tal de llegar a la verdad, con tal de defender sus creencias y actuar como un patriota es capaz de poner su vida en juego, arriesgarlo todo, arriesgarse a todo, sacrificarse, luchar incansablemente, cruzar las líneas y barreras que haya que cruzar, romper las reglas que necesiten ser rotas, justificar los medios para alcanzar el fin.
Y cuando el día fatídico que vivieron la semana pasada acabó, estaba físicamente exhausto y herido – tanto que debieron llevarlo a un hospital – pero de algún modo, se te ocurre, reconciliad consigo mismo. Lo último que escuchaste cuando preguntaste sobre él fue que estaba internado, recuperándose, con su hija a su lado cuidándolo, y que se le ofrecería un puesto como director de una de los dos nuevos departamentos en los que se dividiría la CTU ahora que sería reformada en lo jerárquico y estructural.
Así como lo está haciendo la tuya, su vida también va reencauzándose, tomando forma de nuevo. Las piezas del rompecabezas van encajando otra vez. Y te alegra mucho, de verdad.
Por eso cuando pronunciás su nombre, por un momento tu tensión acumulada se afloja sólo un poquito y algo así como una mueca que quiere ser sonrisa cruza tu rostro.
"Jack, ¿cómo estás?"
"Mucho mejor, gracias. ¿Cómo están las cosas por allá?, ¿cómo están tus cosas?"
Tenés que contenerte para no dejar escapar el suspiro que pugnaba por trepar tu garganta y deslizarse entre tus labios.
Bueno, Jack, por un lado estoy más feliz que nunca porque empecé a vivir el resto de mi vida con la persona que amo, y por el otro quiero incendiar la CTU con Carrie Turner dentro porque esa persona a la que amo está sufriendo por su culpa y por el momento yo no puedo hacer nada.
No podés contestarle eso, obviamente. Así que te limitás a decir:
"Estoy adaptándome" rogás que no note nada raro en tu voz, porque conociendo a Jack Bauer buscaría la oportunidad de interrogarte sobre ello, incluso si está llamándote desde su lecho de reposo "¿Cómo está tu salud?" cambiás de tema rápidamente.
"Me dieron el alta esta mañana. Kim trajo sus cosas a mi casa, está cuidándome" te cuenta, feliz "En cuanto me encuentre un poco más repuesto vamos a empezar a buscar un apartamento más grande, y ella va a empezar a estudiar Computación y Ciencias Informáticas en un colegio comunitario" continua, y te das cuenta que Jack Bauer está hablando de cosas tan mundanas, tan humanas, tan normales porque su necesidad de gritarle al mundo que ha recuperado una parte de su familia, una parte de su antigua vida, es inmensa, como si precisara decirlo varias veces en voz alta y a varias personas para convencerse de que es verdad.
"Realmente me da mucho gusto escuchar eso, Jack" decís con sinceridad "¿Estás considerando la oferta de División?" preguntás.
"Muy seriamente. Todavía no me encuentro completamente recuperado; mi pierna izquierda está dándome algo de trabajo y tengo que ir a algunas sesiones de kinesiología, pero es probable que me veas dando vueltas por la CTU en un mes o en unas tres semanas"
Así que el gran Jack Bauer va a volver al tablero de juego.
"Me alegro de verdad, Jack" repetís.
"¿Tu pierna…?" comienza a preguntar, casi en tono de disculpas, por lo cual lo frenás.
"No hace falta que sigas" asegurás "Hiciste lo que tenías que hacer, y aunque todavía duele un poco me alegra que lo hayas hecho. Yo estaba siendo necio y mi ego me cegaba; lo que hiciste fue insubordinado pero era necesario"
"Tony, espero que podamos ponernos al día pronto, y que esta vez nuestra relación como colegas resulte mejor"
"Yo espero lo mismo, Jack" suspirás "Va a ser bueno tenerte de vuelta. Esta unidad perdió gente valiosa y sufrió muchos daños; van a hacer falta muchos patriotas como vos para que vuelva a ponerse en pie"
"Gracias. Voy a dejar que regreses al trabajo" concluye "Simplemente llamaba porque… Bueno, necesitaba hablar con un amigo" tratás de no exhalar a modo de expresar la sorpresa que sentís al escuchar a Jack Bauer referirse a vos como a su 'amigo' ", contarle estas cosas… No sabía a quién llamar" confiesa algo avergonzado.
"Podés llamarme siempre que quieras"
"Gracias, Tony. Nos vemos pronto"
Y con eso colgó, dejándote con un pensamiento y una sensación dando vueltas en tu cabeza que por un instante pequeño, un instante que podría haber cabido en un granito de arena, hacen que el resto de tus malestares pasen a ocupar un segundo plano, un pensamiento y una sensación que por un segundo hacen que te olvides de tu furia, tu bronca, tu urgencia por controlarte, los síntomas de tu abstinencia que empiezan a presentarse de nuevo porque esos minutos con ella no bastaron para mitigarla, tus ganas de exterminar cualquier cosa y a cualquier persona que pudieran osar a lastimar a Michelle.
Ese pensamiento y esa sensación se resumen en un puñado de palabras sencillas: enamorarte de ella, dejar que tu pasión y tu obsesión te devoren, dejar que ese amor te consuma, dejar que ese amor te domine, no sólo acarrea como consecuencias esos arrebatos inentendibles que todavía no lográs comprender, que todavía no lográs manejar, no sólo trae consigo este amor la perdida de control. Este amor te ha vuelto mucho, mucho más humano. Amarla a ella te vuelve mucho, mucho más humano. Mucho más tolerante, mucho más amigable, mucho más propenso a comunicarte con los que te rodean, mucho más abierto. Acabás de tener una conversación amistosa con Jack Bauer, ¿te das cuenta? Eso implica muchas cosas. Teniendo en cuenta grandes factores, definitivamente implica muchas cosas, implica un cambio. Y de ese cambio es responsable su amor.
El amor verdadero es la locura más grande del mundo, es la obsesión más hermosa y es la enfermedad sin cura que muy pocos afortunados llegan a padecer. Vos, definitivamente, estás enfermo de amor, y ese amor está repercutiendo en vos en millones de formas que aún te cuesta asimilar, haciendo que actúes de un modo que jamás pensaste posible, haciendo que te sorprendás a vos mismo con tu comportamiento.
Suspirás, reclinándote hacia atrás en tu silla, y mirás hacia abajo, donde ella está trabajando, aún luciendo un poco apagada, pero luciendo definitivamente mucho mejor. Consultás el reloj: dentro de un par de horas pueden irse y no tienen que volver hasta el lunes, si Dios quiere y Ryan Chappelle lo permite (claro, siempre existe la maldita posibilidad de que se le ocurra interrumpir tu fin de semana con algún llamado de emergencia, requiriendo que te presentes en la CTU, pero tenés la esperanza de que esto no suceda).
Suspirás, más calmado, más tranquilo. Si bien seguís alterado por lo que Carrie te dijo, si bien seguís alterado porque sos consciente de que tu vida no va a volver a ser la misma ahora que Michelle es tu prioridad, tu obsesión, tu razón para todo, tu debilidad más grande y más profunda, si bien prácticamente estás saliéndote de tu propia piel debido al incontenible deseo de correr a abrazarla y a decirle que no tiene de qué preocuparse, porque en tus ojos siempre va a ser perfecta y hermosa y que nunca vas a dejar de amarla, si bien las agujas del reloj siguen sin moverse tan veloces como a vos te gustaría, al menos ahora tenés el consuelo de saber que este amor, que esta locura, que esta obsesión te ha dado vuelta de adentro hacia afuera y te ha robado todo el control e independencia emocional que poseías, pero también te ha convertido en una persona distinta. Una mejor persona, capaz de dejar el pasado atrás y mirar la vida de otro modo, mirar a aquellos con los que en una época tuviste tus diferencias de otro modo.
No es un silencio incómodo el que cae en este momento en la cocina de tu casa; es, como todos los silencios que compartís con ella, un silencio disfrutable. Es parte de un hábito que ambos adoptaron rápidamente, incluso si tu relación con ella, este cuento de hadas, comenzó hace menos de dos semanas: vos cocinás la cena, y ella se queda muy quieta y muy callada detrás tuyo, con sus brazos enredados fuertemente alrededor de tu cintura, su cabeza reposando en tu espalda porque dice que le encanta escuchar los latidos de tu corazón, sus dedos dibujando círculos en tu estómago y aumentando así las mariposas que con sus alitas te hacen cosquillas por dentro, sus labios de tanto en tanto dejando su rastro en la piel de tu cuello, a la cual llega si se pone en puntitas de pie, y sus largas pestañas al abrirse y cerrarse rítmicamente mientras ella lucha por no caer dormida ahí mismo, muerta de cansancio, haciéndote las mismas cosquillas que sentís en la panza cuando te da esos besos mariposa.
Llegaron hace veinte minutos y hasta ahora pocas palabras han sido dichas. Te gusta el silencio, es algo hermoso cuando estás con ella. Te gusta esa paz interior que sentís, aún después de un día como el de hoy. Te gusta esa tranquilidad que te invade por dentro, provocando en voz una calidez única, tan relajante.
Estás esperando a que ella mencione lo que pasó con Carrie, porque por mucho que te mueras por hablar de eso, por mucho que quieras que comparta sus sentimientos con vos para que puedas aliviar ese dolor que el veneno debe haberle causado, no es tu intención presionarla. Querés darle su espacio, su tiempo. No te importa esperar, no te importa pasar toda la noche así, abrazados en silencio, a media luz en tu cocina, siempre y cuando eventualmente lo considere apropiado se abra y te dé sus heridas para que las cures.
"Te amo" su voz suena sofocada por la tela de tu camisa, ya que sus labios siguen pegados a tu espalda. Podés sentirlos rozando contra ella mientras se mueven cuando habla, podés sentir los pequeños suspiros que se escapan de ellos enviando corrientes eléctricas que suben y bajan por tu columna vertebral.
"Yo más" replicás con una sonrisa.
"Mentira, yo más" refuta, y podés sentir contra tu piel como esa misma sonrisa que está en tus labios aparece en los de ella.
"No vamos a ponernos a discutir por eso" le advertís divertido, mientras seguís desmenuzando pollo, cortando en trocitos zanahorias y tomates, picando albahaca, vigilando el pan en la tostadora y rebanando queso; estás preparando tus 'sándwiches especiales'. No es una gran receta, no es la gran cosa, pero es algo rápido y saludable.
"Tony" volvés a escuchar su voz unos minutos más tarde ", hoy vi a Carrie subir a tu oficina después de que yo te dijera que me había puesto mal por uno de sus ataques verbales" comienza.
Y antes de que puedas darte la vuelta para mirarla a los ojos y explicarle que necesitabas saber por qué estaba mal, que necesitabas saber el motivo por el cual estaba tan triste, antes de pedirle disculpas por haber ido a Carrie en lugar de esperar a que ella (Michelle) quisiera contártelo, antes de pedirle perdón por haber cometido ese error fuera de lugar, el sonido del teléfono los sobresalta a ambos, rompiendo con la atmósfera silenciosa que reina en el apartamento.
Te das la vuelta en el lugar, aún enredado en sus brazos, sin pronunciar palabra. El teléfono sigue sonando, y aunque lo escuchás, no tenés intenciones de atender, porque estar allí, con ella, y hablar de ese tema es mucho más importante que cualquier llamada.
Examinás su rostro con cuidado mientras tus dos manos lo acarician de palmo a palmo: no luce enojada, no luce apunto de reprimirte – y con buenos motivos – por haber dejado que la curiosidad te ganara y haber recurrido a la fuente del problema en búsqueda de explicaciones, no luce a punto de decirte que traicionaste su confianza al preguntarle a Carrie y así enterarte de las cosas horribles y comentarios con los que la humilló, las mentiras con las que la envenenó. Más bien luce calmada, relajada, como si todo lo que necesitara es estar ahí, en tus brazos, con tus manos recorriendo la misma piel por la cual las lágrimas cayeron libres y amargas temprano hoy mientras se escondía del resto del mundo en la cabina del baño.
Estás a punto de abrir la boca para disculparte desde lo más profundo de tu corazón, decidido a ignorar el timbre del teléfono, pero ella te interrumpe antes de que puedas articular palabra.
"Tony, deberías contestar"
"No" respondés determinado "Vos sos mucho más importante que cualquiera que esté llamando"
"Tony, podría ser Chappelle, podría ser algo relacionado con la CTU" insiste, siempre tan responsable, siempre tan dedicada al trabajo, siempre poniendo el deber por encima de todo.
"Ryan no me llamaría a casa, tampoco cualquier otro agente o técnico; si fuera un asunto urgente tratarían de ubicarme en mi celular" refutás.
"De todos modos…"
Michelle vuelve a ser interrumpida, sólo que esta vez por una voz proveniente de la pequeña máquina contestadora que está enchufada al aparato, que ha dejado de sonar. Y esa voz que la interrumpe es la de una de tus hermanas dejando un mensaje.
"Tony, pensé que a esta hora ya habrías vuelto de la oficina. En fin, conozco a tres señoritas que no dejan de preguntarme cuándo van a ver a su tío…"
Das dos zancadas rápidas hasta llegar al tubo y levantarlo, mientras Michelle se queda de pie junto a la mesada.
"…, así que cuando escuches este…"
"Hola Fiona" saludás.
"¡Tony! ¡Qué alegría me da oírte!" reacciona contenta.
"Igualmente" sonreís cuando escuchás los pasos de Michelle acercándose hasta donde estás del otro lado de la cocina y tu sonrisa aumenta mucho más cuando sus brazos vuelven a enredarse en tu cintura, esta vez su cabeza reposando en tu hombro, su rostro enterrado en ese hueco en tu cuello.
"Hablé con Martina hace un rato; me dijo que te vio hace unos días y que estás mucho mejor"
"Lo estoy" afirmás, mirando a Michelle de reojo: ella es la razón por la cual tu mundo es mucho más brillante y la vida es mucho más hermosa, la razón por la cual te volviste mucho más humano.
"Ojalá podamos vernos pronto vos y yo también" suspira "Sé que debés estar con mil millones de cosas en la cabeza, pero me encantaría que nos visitaras pronto. Las nenas quieren que veas más películas de princesas con ellas"
Reís, recordando que la última vez que visitaste a Fiona y a su familia acabaste sentado en un sillón color rosa en la habitación de tus sobrinas, siendo cruelmente torturado por los dibujitos de Walt Disney donde las hadas madrinas, calabazas que se convierten en coches, bellas y bestias y espejos encantados que hablan con reinas maquiavélicas abundan. Lo peor de todo fue, quizá, que tu sobrina mayor estrenó su nuevo horno microondas de Barbie preparando pochoclo… y tuviste que comerlo.
"Daría todo por tener más tiempo para verlas" decís con honestidad.
"Ya lo sé" vuelve a suspirar "Ojalá viviéramos más cerca. Podríamos conversar más, mantenernos al día, podría presentarte a alguna de mis amigas…"
Prácticamente desde los doce años Fiona quiere presentarte a una de sus amigas, sea una antigua compañera de la secundaria, de la universidad, una colega, la prima o sobrina o cuñada de alguno de los amigos de su marido o una vecina.
"Fiona…" comenzás, tratando de apaciguar los ánimos y dejarle en claro educadamente, por millonésima vez, que no te interesa embarcarte en una cita a ciegas.
Ahora menos que nunca.
"Tony" insiste con firmeza ", es hora de que empieces a buscar una mujer con la cual casarte, tener hijos, formar tu propia familia"
Ya la encontré pensaste. Está al lado mío, abrazándome.
"Conozco a esta muchacha, te encantaría" sigue Fiona "Es muy simpática, está por mudarse a Los Angeles por cuestiones laborales y va a necesitar a alguien que la lleve a recorrer la ciudad" indica sugestivamente "Es muy inteligente, muy bonita, su familia es de origen argentino como la nuestra" sentís una punzada desagradable en el estómago cuando tu hermana menciona las raíces latinas de esta chica que quiere presentarte como si fueran una excelente cualidad indispensable en una futura esposa: la conversación con Martina definitivamente te dejó alerta a detalles que antes no te importaban tanto, y también te dejó realmente susceptible "Estoy segura de que los dos se llevarían genial enseguida…"
"Fiona, basta" la cortás, y al escuchar tu tono decidido Michelle levanta la cabeza y te mira inquisitivamente, sin saber qué está pasando "Fiona" inhalás, exhalás, volvés a inhalar ", no puedo contarte mucho aún porque hasta ahora sólo lo hablé con Martina" tus ojos se fijan en los de Michelle, y ambos sonríen, como si tuvieran la misma cosa en mente "y mamá y papá no saben absolutamente nada todavía" tratás de remarcar esa parte con especial cuidado "y no quiero que se enteren por terceras fuentes… Estoy muy enamorado, estoy feliz. Ya no necesito buscar a la mujer de mi vida porque la encontré" anunciás, besando la punta de la nariz de Michelle y disfrutando más que nunca del brillo en sus ojos.
"¡Martina lo mantuvo bien oculto!" se queja indignada.
"Porque yo le pedí que no se lo contara a nadie más, y lo mismo te pido a vos"
"Por supuesto" te promete "No voy a decírselo a nadie, ni siquiera a mi marido. Tony, estoy feliz por vos. De verdad. Muy feliz"
"Gracias" pasás tu brazo alrededor de la cintura de Michelle, estrechándola fuertemente contra vos "Es definitivamente lo mejor que me pasó en la vida y no hay nada en este mundo que me haga más feliz que ella"
"Sonás como los personajes de esas novelas que leen mamá y Gabrielle" bromea, riendo "Debés estar realmente enamorado"
"Muy enamorado" confirmás, sin dejar de acariciar su cabeza con la mano que tenés libre. Mirando a Michelle a los ojos, proseguís con suavidad y dulzura "Paso cada minuto del día pensando en ella, cada minuto de la noche soñando con ella. Podés llamarme cursi si querés y compararme con uno de esos galanes de telenovelas de bajo presupuesto" la disculpás por adelantado; conociendo a Fiona tan bien como lo hacés, estás seguro de que va a divertirse mucho cargándote por haberte vuelto de pronto esta versión gigante de un osito de felpa suavecito y mimoso.
Sin embargo te sorprende al inquirir con una seriedad y cautela propios de una hermana sobre protectora:
"¿Dónde la conociste?"
"Trabajamos juntos" contestás.
Notás el cambio de actitud en tu hermana.
Dios, el hecho de que trabajemos juntos no significa que es como Nina resoplaste mentalmente.
"¿Hace cuánto tiempo se conocen?"
¿Qué es esto?, ¿un interrogatorio? Pensé que la abogada de la familia era Martina.
"Nueve meses" besaste otra vez su frente antes de agregar "La amo desde el primer segundo y confío en ella con mi vida"
"¿Y ella está enamorada de vos?"
De eso jamás tendría dudas.
"A ver, esperá…"
Ponés el tubo a un lado, tapando el auricular con tu palma, e inclinándote hacia adelante susurrás en su oído juguetonamente:
"Mi hermana quiere saber si estás enamorada de mí. ¿Qué le digo?"
Deja escapar una risita tímida, se sonroja, vuelve a reír tímidamente y sus mejillas se tornan de un tinte aún más sonrosado.
Te sorprende cuando toma el tubo en una de sus manos y se lo lleva al oído.
Michelle Dessler, la persona más tímida que conocés, la persona más vergonzosa que conocés en lo que se refiere al campo de lo personal, esa que estaba prácticamente tan colorada que podía sentirse el calor irradiando de su cuerpo cuando te invitó a salir, esa que aún con su timidez a cuestas se animó a besarte en ese pasillo oscuro en medio de la madrugada, la que hoy fue tan cruelmente atacada por la maldad de Carrie y esas mentiras envenenadas que le dijo, le habla a tu hermana, a quien no conoce todavía, con seguridad y una sonrisa cruzándole el rostro.
"Fiona, mi nombre es Michelle y soy la novia de tu hermano"
Podés notar lo nerviosa que está, casi podés escuchar su corazón latiendo desaforadamente, podés ver sus mejillas enrojeciendo más y más, podés ver esa vergüenza y esa timidez mezclándose, refulgiendo en sus ojitos brillantes.
"No tenés de qué preocuparte: lo amo por sobre todas las cosas, lo amo más que a mí misma, lo amo a él más de lo que podría llegar a amar a mi propia vida, jamás lo lastimaría, jamás lo traicionaría, moriría por él, mataría por él, y voy a cuidarlo como él me cuida a mí"
Y sin darle a tiempo a Fiona siquiera de reaccionar o de musitar algo probablemente, extiende el tubo para que vuelvas a tomarlo.
"Creo que no necesito agregar más" comentás a Fiona a través del teléfono con una sonrisa de oreja a oreja, sintiéndote orgulloso de Michelle por haber vencido su timidez para disiparle a tu hermana cualquier duda o intranquilidad respecto a tu nueva relación amorosa después de lo que sufriste con Nina.
"Tony, realmente me alegro mucho de que hayas encontrado a alguien, incluso si no es una de mis amigas" agrega con una risita "Tiene una voz muy bonita y dijo cosas hermosas. Si no te hubiera devuelto el teléfono tan rápido, me habría gustado hacer algo más interesante que quedarme callada"
No podés evitar la felicidad que sentís al escuchar a Fiona, lo contenta que suena por vos, lo feliz que está. No planeabas hablarle de esto, no planeabas decírselo a ella antes que a tu mamá, a tu papá o incluso antes que a Eva o a Gabrielle, especialmente porque Fiona es bastante sobre protectora cuando se trata de vos (siempre lo ha sido) y cada vez que te ve insiste con que 'hay una amiga de ella a la que tenés que conocer'.
No, no habías planeado contarle, así como estás seguro que lo que hizo Michelle – tomar el teléfono y asegurarle que va a cuidarte y que te ama – fue un acto totalmente espontáneo.
"Gracias Fiona"
"Te quiero, Tony. Estoy feliz por vos" repite "Voy a llamarte pronto de nuevo, ¿sí? Buenas noches"
"Buenas noches, Fiona. Yo también te quiero"
Después de colgar, mirás a Michelle con una sonrisa y antes de que puedas decir algo, como si leyera tu mente, ella contesta las preguntas que jamás llegaste a preguntar:
"Supuse que tu hermana quería estar segura de que estuvieras en buenas manos" se sonroja, otra vez; es aún más linda cuando se sonroja y su vista se cae al suelo porque le da vergüenza mirarte directo a los ojos "Soy muy tímida con las personas que no conozco, pero quiero que todos sepan que estoy con vos porque te amo y que vos están conmigo porque me amás"
Las atrocidades que Carrie le dijo deben haber calado demasiado hondo…
Cerrando los meros centímetros de distancia entre los dos, te inclinás hacia adelante y la besás tan despacio como posible, enterrando tus manos en sus rulos y ayudándola a sostenerse en puntitas de pie para quedar los dos a la misma altura.
"¿Te molestó que llamara a Carrie a mi despacho?" preguntás pasados unos segundos, con tu rostro todavía muy cerca del de ella y tus pulgares acariciando sus pómulos.
"Sé que si la llamaste fue porque tenías intención de defenderme y cuidarme" contesta con una sonrisa "Sé que hoy actué un poco distante y tensa" continúa "pero de verdad ese ratito que estuve con vos me hizo bien, me hizo mucho mejor que los diez minutos que pasé llorando en el baño. Un solo segundo en tus brazos es suficiente para calmarme y aliviarme, y saber que estás cuidando de mí hace que me sienta más segura que nunca antes en toda mi vida, pero" suspira "Carrie es muy problemática, Tony. No quiero que te metas en la boca del lobo por mi culpa. No quiero que arriesgues tu carrera o tu puesto como director por mi culpa. Por eso no quería contarte lo que me había dicho, o hablarte del tema"
"Michelle, no podía simplemente ignorarlo. Presentía que era algo grave lo que estaba poniéndote tan triste, y resultó ser que mi presentimiento era correcto" suspirás "Mi amor, lo que te dijo no se acerca a ser verdad ni en lo más mínimo"
"Lo sé, pero" hace una pausa, inhala y exhala profundamente "… digamos que Carrie supo cuáles cuerdas jalas para lastimarme. Sabe qué hilos debe tirar para herirme, y eso es exactamente lo que hizo esta mañana"
Notás las nubes juntándose en sus ojos, y las lágrimas formándose en ellos, a punto de rebalsar. Notás cómo ella está tratando de impedir que esas lágrimas rebalsen.
"Michelle, si querés llorar no hace falta que contengas el llanto" susurrás en su oído mientras la abrazás fuertemente, dejando que entierre su cabeza en tu cuello. Aún no se ha largado a llorar, pero su espalda tiembla un poco mientras trazás en ella círculos con tus manos "Estás conmigo, y yo siempre voy a consolarte cuando necesites descargar lo que llevás dentro" murmurás.
De pronto la cena que estabas preparando había sido olvidada, los sándwiches ya listos para comer en el plato y aquellos que estaban aún sin armar dejados a un lado sobre la mesada de la cocina, mientras los dos están de pie en el medio de ésta, abrazándose otra vez, respirando sofocados por la proximidad del cuerpo del otro, casi sin aire… otra vez.
Cuando sentís sus lágrimas tibias empapando tu cuello y corriendo por él hasta mojar tu camisa, cuando escuchás sus sollozos ahogados y los estremecimientos que convulsionan a su ser suceden bajo tus manos, decidís que definitivamente podrían usar algo de aire fresco para relajarse y despejarse porque acabás de darte cuenta que esas cuerdas que Carrie sabía cómo jalar probablemente estén bien arraigadas a su corazón, lo suficiente como para haberlo lastimado con tal profundidad que estaba cerca de romperse.
Ese llanto mojando tu camisa, esas lágrimas que caen de esos ojos de los que están perdidamente enamorado, esa tristeza que finalmente está liberando, esa tristeza que probablemente mantuvo entro de una cajita todo el día porque no era apropiado perder el control en el trabajo más de lo que ya lo había hecho, todo eso te indica que sus heridas son mucho más profundas de lo que te atrevías a imaginar.
Las cosas que Carrie le dijo fueron horribles, sí, pero ahora que lo contemplás más calmo, recordás que en una época ellas fueron amigas, o al menos Michelle la consideraba su amiga. Probablemente le contó cosas sobre su vida, probablemente compartió cosas con ella… Carrie debe haber usado esas cosas, esa información para lastimarla, para cavar agujeros en su corazón hasta hacer que duela. Todo porque es un ser miserable, cruel, despreciable y desalmado que disfruta expresando su resentimiento con la vida haciendo imposible la existencia de los demás.
Sí, definitivamente salir a tomar aire va a ser bueno, pensás, y tus dedos instintivamente encuentran la manera de alzar su cabeza otra vez. Te encontrás con su cara húmeda y roja, sus ojos hinchados entrecerrados, sus labios temblando. Besás esos labios muy delicadamente y sentís el gusto amargo de esas lágrimas empapar los tuyos, y la acunás de un lado a otro, como a un bebé, para relajarle, mientras le hablás al oído:
"Michelle, lo que esa infeliz diga no tiene que afectarte así"
"No es sólo lo que ella dice" se esfuerza por hablar, porque no puede: el llanto apenas la deja respirar "Tony, lo que dijo es verdad: tengo terror al abandono…"
La interrumpís.
"Te amo y nunca te dejaría" prometes "Nunca te usaría. Nunca te abandonaría. Jamás dejaría de amarte. Jamás dejaría de cuidarte. Nunca voy a dejar de cuidarte, nunca"
Ella sigue hablando de todos modos, desesperada por respirar más regularmente, como esa madrugada en la que asustada y cansada se desvaneció en tus brazos y te besó por primera vez.
"…, soy demasiado tímida" sigue enumerando ", demasiado inteligente para muchas cosas pero tonta para un millón de otras cosas, y siempre, no importa cuantas veces me digas que soy hermosa para hacer que me sienta mejor, siempre voy a ser el patito feo"
Y vuelve a romperse, a quebrarse. Escuchás su llanto, un llanto acumulado y guardado en una cajita minúscula no durante el día de hoy, si no durante muchos, muchos años.
Sí, definitivamente necesitan salir a tomar aire fresco.
Y sí, definitivamente Carrie supo qué botones presionar, qué cuerdas jalas, y logró su cometido: viernes por la noche, y en lugar de estar acurrucados en el sillón viendo una película, mimándose, comiendo chocolate y riendo como habían planeado, en vez de estar disfrutando el principio de un fin de semana muy esperado, ella está destrozada por motivos que todavía no llegás a entender completamente pero que morís por comprender para poder ayudarla, y vos estás secando su rostro con tus propias manos, besando cada centímetro de piel húmeda y enrojecida, besando sus mejillas y su frente cada dos segundos mientras bajan en el ascensor hasta la cochera de tu edificio, sus sollozos y tus incontables 'te amo' siendo los únicos ruidos que rompen con el silencio.
¿Qué hacías vos cuando estabas triste? Ibas a la playa, te sentabas frente al amar, dejabas que el sonido de las olas te acunara hasta tranquilizarte, hasta que te diera paz, hasta que estuvieras mejor, hasta que apareciera en tu mente la claridad necesaria para resolver cualquier situación que estuviera preocupándote.
¿A dónde decidiste llevarla? A la playa. A esa misma playa en la cual muchas veces te sentaste para contemplar atardeceres y amaneceres y para pasar noches de insomnio durante las cuales quedarse quieto en la cama mirando el techo, contemplando mil veces las mismas cosas y analizándolas sabiamente no era una opción muy tentadora.
Es el mismo lugar al que fueron durante su primera cita, el mismo lugar en el que por primera vez le dijiste que la amás. Es el lugar en el que, si bien no le dijiste todavía, querés sentarte con ella cuando los dos sean viejitos, dentro de muchos, muchos años, después de haber pasado toda una vida juntos.
El viaje en auto hasta allí fue silencioso. Michelle dejó de llorar y se adormeció recostada contra el respaldo, luciendo más hermosa que nunca. Condujiste con sólo una mano en el volante, porque la otra estaba siendo fuertemente apretada por la suya. Aprovechaste al máximo cada momento en que tuvieron que detenerse frente a un semáforo (de hecho buscabas que la luz se pusiera en rojo antes de que llegaras al cruce a propósito y poder robar esos instantes extras) para besar sus párpados, acomodar sus bucles y susurras en su oído que es hermosa.
"No importa cuantas veces me digas que soy hermosa para hacer que me sienta mejor, siempre voy a ser el patito feo" esas palabras resonaban en tu cabeza, martillando.
Alguien hizo que esa chica hermosa que se convirtió en el amor de tu vida dos segundos después de conocerla creyera que es un patito feo. No sabés por qué, no sabés cómo, pero vas a averiguarlo, y vas a encargarte de que crea, de que tenga la seguridad de que es cierto que sí es hermosa.
La tomaste en brazos, sin que despertara completamente, y la cargaste hasta la orilla del mar. Al escuchar las olas meciéndose, abrió los ojos y se esforzó por sonreírte.
Ahora están recostados sobre la arena, paralelos al mar que inmenso y majestuoso les devuelve la mirada. Su cuerpo anidado contra el tuyo, su espalda contra tu pecho, tu cabeza descansando sobre su cabeza, apenas reposando sobre ella porque no querés lastimarla con el peso. Tus manos y las suyas están entrelazadas, descansando sobre su estómago, donde sabés algún día va a crecer el primero de muchos de los hijos que querés tener con ella.
No parece molestarles el hecho de no haber cenado todavía, o al menos a vos no te molesta. No sentís hambre, en realidad. No podés sentir nada que no sea la incontenible necesidad de curarla, de protegerla, de hacerla feliz y convencerla de que no es un patito feo.
Cuando empieza a hablar, prestás atención a su voz más que a cualquier otra cosa sobre la faz de la Tierra, pendiente de cada palabra como si la vida se te fuera en eso.
"Esto fue una buena idea" comenta, mucho más relajada y calmada "Realmente necesitaba esto, Tony. Gracias"
"No tenés nada que agradecerme" susurrás "Quiero hacerte bien, quiero hacerte feliz, quiero cuidarte cuando estés mal. Esta playa no es solamente un lugar hermoso…" explicás, pero antes de continuar ella completa la oración por vos.
"… También es el lugar donde una semana atrás nos dijimos 'te amo' por primera vez"
"Michelle, fui más feliz con vos durante esta última semana, incluso teniendo en cuenta ciertas circunstancias, de lo que alguna vez lo fui durante toda mi vida"
"Yo nunca fui tan feliz. Y lamento mucho haber arruinado nuestro viernes quebrándome así" se disculpa.
"Shhh, princesa, no tenés nada por lo que pedir perdón. Prefiero pasar la noche en la playa abrazándote mientras llorás que en cualquier otro lugar. Prefiero consolarte y secar tus lágrimas a hacer cualquier otra cosa. Este viernes es perfecto porque estoy con vos, y a pesar de que odio verte triste, estoy feliz porque te tengo en mis brazos"
"¿Querés saber por qué Carrie dijo lo que dijo?" te pregunta luego de unos momentos de quietud absoluta "¿Querés saber por qué acertó en el blanco?"
"Solamente si querés contarme" es tu respuesta.
"Sé que soy insegura en cuanto a mi aspecto, sé que soy tímida… Eso no fue lo que me molestó. Tampoco me molestó que tratara de llenarme la cabeza con esas estupideces de que estás usándome y que probablemente sólo quieras jugar conmigo y reírte de mí, porque te amo y sé que me amás. Siento que me amás prácticamente con cada respiro"
Cuando dice esa frase no podés evitar sonreír; las mariposas en tu estómago, esa sensación cálida, son demasiado hermosas como para evitar la sonrisa que naturalmente curva tus labios.
Esa frase vas a recordarla por el resto de tu vida: siento que me amás prácticamente con cada respiro.
"Lo que me dolió, lo que realmente me destrozó fue que usara en mi contra cosas que yo le conté cuando pensé que éramos amigas" tu teoría estaba bastante acertada, entonces "Me echó en cara mi profundo miedo al abandono" suspira pesadamente y hace una pausa.
"Digas lo que digas, me cuentes lo que me cuentes, voy a seguir amándote, siempre, siempre, siempre hasta ser muy viejito" prometes en su oído, animándola a continuar.
Su cuerpo se relaja aún más contra el tuyo.
"Mi mamá era alcohólica" comienza, y tenés la sensación de que esto que está diciéndote probablemente lo haya compartido con muy pocas personas "Tuvo una vida difícil. Era galesa, de padres holandeses. Vino a Estados Unidos a los diez años bajo circunstancias bastante complicadas, y desde esa edad en adelante sufrió abusos de todo tipo. Nunca me habló sobre esto, lo sé porque cuando era adolescente encontré sus diarios y los leí. No quiero aburrirte con los detalles; para resumir: tuvo una vida difícil, a los quince años tuvo a mi hermano, consecuencia de una relación clandestina muy abusiva, la echaron de la casa en la que residía y desde ese entonces vivió en las calles…"
"Michelle, no tenés que contarme todo esto si no estás preparada" la interrumpís.
No querés forzarla a que hable de cosas que aún no quiere compartir.
"Mi papá la conoció cuando ella tenía unos veinticinco años; él era japonés, nieto de franceses, diplomático, muchos años mayor que ella. Mi mamá se ganaba la vida limpiando casas. Mi papá la conoció así: ella fue contratada para trabajar en su casa. Se enamoró perdidamente de ella, y ella se enamoró perdidamente de él. Incluso él adoptó a mi hermano, trató de ser una figura paterna… Mi papá le dio a mi mamá el amor, el respeto y la contención que nunca nadie le había brindado, jamás. Se aferró a él y a la felicidad que encontró a su lado como a ninguna otra cosa, cambió radicalmente y se propuso ser una mejor persona, todo gracias a él…"
Eso hace el amor: te da vuelta por dentro, te cambia por completo. Eso siento yo por vos, así es como me hacés sentir.
"Cuando mi papá murió súbitamente de un paro cardíaco, mi mamá se quedó sola, con un bebé de once meses y un hijo de doce años, con su suegra como único familiar y sostén. Recayó en una depresión muy profunda, dejó de tomar medicamentos para lo que sospecho era un trastorno bipolar, empezó a beber, cedió totalmente al alcoholismo. No quiero aburrirte con los detalles" insiste una vez más.
"Michelle, nada de esto me aburre. Estoy acá para escucharte" le asegurás "Sos dueña de todo mi tiempo y de toda mi atención"
"Mi abuela se hizo cargo de nosotros y también se hizo cargo de mi mamá, de sus altibajos, de todo. Mi mamá trató de rehabilitarse, y si bien al principio funcionó después volvió a lo mismo. Cuando yo tenía diez años se fue a 'un lugar donde iban a ayudarla a recuperarse y ser una mejor mamá'… Nunca volvió" instintivamente la abrazás mucho más fuerte, tan fuerte como físicamente posible "Nos abandonó. Desapareció"
"Eras tan chiquitita…" susurrás, meciéndola despacio.
"Nunca volvimos a saber de ella. Todo lo que averigüé sobre su pasado, todo lo que me ayudó a entenderla, lo leí en los diarios que no se llevó consigo. Se llevó todo menos eso. Se llevó mi mantita de bebé, mis fotos de bebé, fotos de mi papá, cosas de mi infancia… pero dejó sus diarios, como si quisiera deshacerse de esa parte de ella"
"Michelle, después de esa experiencia, es natural tener miedo al abandono" la reconfortás "No sos débil por eso, simplemente sos un ser humano al que le pasaron cosas tristes, y las historias tristes siempre tienen consecuencias"
"Lo sé" traga con dificultad "Le conté a Carrie sobre mi mamá, sobre mi papá, sobre los esfuerzos que mi abuela hizo para cuidarnos y darnos lo mejor. Se lo conté porque pensé que podía confiar en ella, pero es obvio que me equivoqué"
"Haber traicionado tu confianza es su culpa, no la tuya" le recordás.
"Una vez le dije que cuando era chiquitita sentía que las personas que querían iban abandonándome de a poco: los abuelos a los que no conocí porque fallecieron, mi papá después, una señora muy amable que era nuestra vecina y con la que pasaba mucho tiempo también falleció cuando yo tenía seis años… Después mi mamá nos dejó, con la promesa de volver cuando estuviera bien y ser una mejor madre. Mi abuela falleció cuando yo tenía dieciocho años"
Con una de tus manos frotás su estómago lenta y rítmicamente, dándole seguridad para seguir.
"Tony, toda la vida me sentí muy solita" confiesa, al borde de las lágrimas otra vez "Mi abuela siempre estuvo ahí, haciendo sacrificios por mí, pero no tuve un papá o una mamá. No tuve una familia como la que tenés vos, tan llena de amor y de preocupación los unos por los otros… Yo no tuve eso. Esa fue otra de las cosas que Carrie me dijo hoy: que yo soy una huérfana que está prácticamente sola y que pensaba que en vos había encontrado a un príncipe con el cual jugar a la Cenicienta, y que los príncipes no se enamoran de patitos feos"
El odio que sentís por Carrie en este mismo instante es indescriptible. Ni siquiera te atreverías a tratar de comprenderlo.
"Yo no soy un príncipe" la corregís "Soy solamente un hombre perdidamente enamorado de una chica preciosa a la que quiere tratar y cuidar como a una princesa"
"Tony, vos sos la clase de hombre con el que una nerd tímida como yo solamente puede soñar" se da la vuelta despacio en tus brazos, hasta quedar cara a cara con vos "Tu amor es el regalo más grande que Dios podría haberme dado y es lo más maravilloso que me pasó en la vida" te dice despacio ", es lo más maravilloso y lo más inexplicable, porque nunca creí llegar a sentir un amor así, y nunca creí que alguien pudiera amarme así. Vos sos como un príncipe y yo soy un patito feo" querés interrumpirla ahí mismo, pero sigue hablando, haciendo caso omiso a las palabras que ni siquiera llegan a dejar tus labios "Y sin embargo estás acá, mimándome, escuchándome, secando mis lágrimas, diciéndome que soy hermosa" exhala pesadamente "Nunca voy a entenderlo"
"¿Por qué no?" preguntás, con la preocupación brillando en tus ojos, los cuales podés ver claramente reflejados en los de ella "¿De dónde sacaste esa idea?, ¿por qué crees que sos un patito feo, Michelle?"
"Tony, eras consciente de que soy oriental antes de que te dijera recién que mi papá era japonés, ¿no es cierto?" inquiere.
"Sí" admitís "Esos rasgos te hacen aún más hermosa, te hacen perfecta"
"Cuando era chica, fui a un colegio muy exclusivo cuya mayoría absoluta era irlandesa, alemana o inglesa porque como mi abuela era la señora que limpiaba y servía el almuerzo a mi me daban una beca completa. Era eso o una escuela pública, y mi abuela quería darme lo mejor" suspira mientras besás su frente y sus párpados "No había alumnos negros; ahora que lo pienso era una institución un poco racista… Eran todos pelirrojos o rubios de pelo lacio, con ojos azules, verdes o celestes, pequitas rojas, piel blanca como la leche, muy adinerados" otro suspiro "… Yo no era pobre, pero sí tenía mucho menos que ellos, y era la única nena asiática"
La imagen de una versión de Michelle a los seis o siete años sufriendo cruzó tu mente, y un dolor punzante en el estómago te atacó.
Discriminación. Lo peor que pueden hacerle a una criaturita.
"Mi abuela insistía en que aprendiera sobre la cultura del país de mi papá, de su país, y a mi me interesaba… Pero llegó un momento en que los comentarios de Danny sobre mis ojos anormales y los comentarios de mis compañeritos me hicieron perder el interés" dice tristemente "Mi abuela dejó de insistir, pero creo que se sentía decepcionada de que quisiera ignorar la cultura japonesa"
"Bebé, tus ojos son los más exóticos que vi" es la verdad, lo son "Y estoy seguro de que tu abuela se siente orgullosa de vos, de lo maravillosa que sos"
"Yo quería tener amigos, quería hacer amigos" continúa "pero era demasiado tímida y nadie se acercaba a mi porque era distinta" nuevas lágrimas caen, y esta vez tus dedos las atajan enseguida, barriéndolas del camino con dulzura "y porque mi abuela era la señora de la limpieza. Se burlaban de mí, me dejaban de lado…, me llamaban patito feo todo el tiempo. Nunca me llamaron por mi nombre, siempre usaban esos apodos… Yo era el patito feo" concluye en un débil susurro.
"Y le contaste eso a Carrie…" comentás más para vos mismo que para ella.
"Sí. Qué estúpida, ¿no?"
"Ella es la estúpida, mi vida, no vos" le asegurás, jugando con sus rulitos.
"Hoy cuando me dijo esas cosas, cuando me habló de mi miedo al abandono y me llamó patito feo… Tony, me puse a pensar en… en lo hermosa y amada que me siento cuando estamos juntos, y lo mucho que me gusta que me digas cosas lindas, y que me digas que soy preciosa" el brillo en su mirada se opaca por un instante "Pero lo decís porque me amás" retoma ", no porque sea cierto. Como dijo Carrie: sigo siendo la misma chica tímida que teme al abandono y que no se siente bonita"
"Sos hermosa" insistís, acunándola otra vez "Michelle, sos hermosa, no sos para nada un patito feo y ya no tenés que temer al abandono porque yo nunca, nunca, nunca, nunca por nada del mundo te abandonaría"
"Que me ames es lo mejor que me pasó en la vida" susurra, con su frente contra la tuya y sus manos encontrando la manera perfecta de anidar tu rostro en ellas "Que me aceptes por lo que soy, que me digas que te parezco hermosa, es todo para mí. Que me escuches cuando estoy mal y quieras sanarme, significa todo"
"Y va a ser así para siempre" prometes "Siempre vas a ser mi princesa, mi angelito, mi amor y mi patito. Porque en mi opinión, Michelle, los patitos son hermosos. Y vos sos el patito más hermoso de todos: sos dulce, amable, mimosa, inteligente y tenés un corazón enorme. Y lo más importante de todo: sos la mujer de mi vida, Michelle. Tus compañeros de escuela eran tontos si te discriminaban por ser distinta" y consideraría a mi familia igual de tonta si te rechazaran por lo mismo, realmente, y no me importaría decírselos abiertamente "Son unos tontos porque se perdieron la oportunidad de conocer al patito más lindo de todos"
"Te amo" te dice mientras frotás tu nariz contra la suya para arrancarle una risita; tus besos esquimales nunca fallan "Te amo. No sé cómo hacés, pero si estoy con vos nada duele. Todo duele menos, todo se alivia"
"Cada vez que sientas dolor" murmurás en su oído, abrazándola, sintiendo la arena bajo tu cuerpo, aspirando su perfume tan dulce "yo voy a curarte. Y un día los dos vamos a ser viejitos" seguís "y vamos a recordar que en nuestro primer aniversario de una semana" volvés a darle otro beso esquimal "vos estabas triste porque una mujer muy mala y muy cruel te repitió palabras de criaturas muy ruines y egoístas. Y aunque los dos seamos muy, muy, muy viejitos" seguís, amando la sonrisa que empieza a transformar sus facciones "voy a seguir dándote besitos en la nariz y voy a seguir haciéndote cosquillas" la escuchás jadear en sorpresa cuando atacás sus costillas "para escuchar el sonido de tu risa y ver tus ojos iluminándose"
Cuarenta minutos más tarde y muchas risas después, están ambos corriendo de vuelta hacia el auto, listos para irse de vuelta a tu casa, cenar y quedarse dormidos mirando la televisión, como si todas las tristezas que sintieron hoy, como si todas las tristezas que sintieron durante sus vidas, jamás hubieran significado más que un mal trago.
Cincuenta minutos y muchas risas después, ella está recostada en el asiento del pasajero, mirándote con adoración, con sus bucles llenos de arena y sus ropas arrugadas. Vos también estás lleno de arena y también estás con las ropas arrugadas, sin contar lo mucho que todavía te duele la panza después de las cosquillas que te hizo en cuanto logró tomar el control. Y vos también estás mirándola con adoración, feliz de estar ahí a su lado, con ella, cuidándola, sanándola, diciéndole que la amás y que es hermosa, porque lo es.
Esta noche, mientras se besan dulce y lentamente frente a un semáforo, te hacés una promesa a vos mismo: nunca nadie va a volver a hacerle daño en ninguna manera, y nunca jamás va a volver a sentirse discriminada o dejada de lado por su origen.
Nunca más tu princesa va a considerarse un patito feo. Sabés que va a llevar tiempo, pero vas a encargarte de que así sea.
Amarla tan locamente a veces duele, duele tanto que cuando ella sufre tu propia carne sufre también, pero protegerla, cuidarla, sanarla, amarla... Son los sentimiento más puros que jamás vas a conocer.
Después de escribir este capítulo quedé tan exhausta que no lo revisé; ni quiero releerlo, porque ya de por sí odio lo que quedó... imaginénse si lo leo y empiezo a encontrar los errores. Sería fatal. Quería agregar a la mamá de Tony y a Martina en una escena, pero todo eso me lo guardo para el capítulo 50, que prometo va a ser mejor que esto. Ni siquiera sé de dónde salió esto. Quería hacer una cosa, terminó saliendo otra, y es larguísimo y realmente es el capítulo que menos me gusta hasta ahora. Los entiendo si ustedes tampoco lo encuentran muy interesante o muy coherente.
