Prefiero un raro comienzo a un mal final

Te gusta dormir en su sofá. De hecho, más que gustarte te encanta. Crees que todavía no te invitó a pasar a su cuarto porque tiene la sensación de que va a hacer que te sientas incómoda, o presionada, o nerviosa, porque intuye que preferís acurrucarte en sus brazos en el sofá, donde apenas hay espacio para que los dos se recuesten al mismo tiempo, lo cual los obliga a dormir muy apretados. Y tiene razón: adorás dormir con él en ese sofá. De hecho, podrías dormir ahí el resto de tu vida y serías la persona más feliz del mundo.

Ese es el primer pensamiento que cruza tu cabeza al despertar, incluso antes de abrir los ojos. Tus párpados siguen suavemente cerrados, pero la cálida y amarilla luz de la mañana se cuela por ellos, provocando que lucecitas anaranjadas bailen delante de vos mientras dejás que el resto de tus sentidos vayan desentumeciéndose. Es algo que no hacés desde hace mucho: tomarte unos minutos para disfrutar de los primeros momentos del día, reconocer el mundo que te rodea, dándote tiempo para ir saliendo del país de los sueños, en lugar de simplemente saltar fuera de la cama (o del sillón, en este caso) para bañarte, vestirte, desayunar, todo apresuradamente para llegar al trabajo antes que nadie, limpiar tu escritorio una y otra vez satisfaciendo así tu necesidad de pulcritud y prolijidad absolutas en cada ámbito de tu vida antes de echar manos sobre el teclado y avocarte a ayudar a atrapar terroristas internacionales.

Lo primero de lo que te percatás es de lo abrigada que estás. Los Angeles es generalmente una ciudad cálida, pero esta mañana es particularmente fría y vos sos bastante friolenta. Sin embargo, eso no está afectándote ahora: estás fuertemente envuelta en una manta, e incluso tus pies no están helados, como es habitual. De hecho, no estás segura, pero te parece que tenés medias puestas. Sí: frotás un pie contra el otro despacito y confirmás la sospecha de que alguien (y sabés quién es ese alguien) los abrigó con un grueso par de medias de lana. Probablemente ese alguien sea la misma persona que te envolvió con un cobertor y puso una almohada de plumas debajo de tu cabeza para que estuvieras más cómoda.

Lo amo pensás con una sonrisa gigantesca.

El siguiente de tus sentidos que se despierta es el olfato. Inhalás profundamente, disfrutando de la mezcla de tu perfume y el suyo impregnada en el sillón, en el cobertor, y cuando enterrás la cara en la almohada sentís la fragancia de su champú invadiéndote, tan intensa es, tanto te embriaga que por un momento casi dejás de percibir el olor a café recién hecho (Tony debe estar en la cocina preparando el desayuno, deducís, y tu sonrisa se agranda hasta llegar de una oreja a la otra).

Con tus ojos cerrados y el rostro enterrado en la almohada aún, escuchás junto con una serie de pisadas que se acercan el sonido de su voz. Aunque en un primer instante te cuesta reconocerlo, está hablándole a otra persona – por teléfono, obviamente – y está hablando en ese otro idioma que vos no sabés muy bien y que llevás meses tratando de aprender porque es el idioma en que funciona su cabeza.

Te quedás quieta ahí, en el sillón, escuchando tu voz favorita en este mundo pronunciando oraciones que no comprendés, diciendo palabras cuyo significado no captás, aunque conocés algunas simples, las más básicas.

El sillón se hunde bajo su peso cuando se sienta en él, y no podés evitar relajarte por completo y sonreír como una tonta cuando una de sus largas y fuertes pero suaves manos comienza a masajear tu cuello muy despacio mientras él sigue conversando con quien quiera que esté del otro lado de la línea.

"Sí, hablé con Martina y ayer me llamó Fiona…"

Reconocés esos dos nombres, son los de sus hermanas. Probablemente se trate de un asunto familia.

"… Sí, mamá" continúa después de una pausa.

Mamá, esa palabra es de las más básicas.

Está hablando con su madre.

Dios, te morirías por entender Español ahora mismo. Te morirías por entender en caso de que te mencione, en caso de que te introduzca entre los temas de conversación, en caso de que empiece a hablarle de vos, a arrojar pistas o señales que le indiquen que hay una mujer nueva en su vida.

"… No lo sé, mamá, Fiona no mencionó nada acerca de unas lecciones de piano… Hablamos sólo unos minutos…"

Te das cuenta, por la entonación más que nada, que está tratando de ser educado y amable pero que por algún motivo se encuentra cerca de la irritación o de la molestia e inevitablemente te preguntás por qué, y esa pregunta da luego paso al pánico: ¿tal vez algo anda mal?, ¿tal vez, al igual que su hermana, su madre reaccionó mal porque él le dijo que está enamorado de una compañera de trabajo y ella piensa que lo que sucedió con Nina podría volver a repetirse?

No querés pensar en eso. Además, ¿tiene algún sentido intentar entender una lengua con la que estás poco familiarizada?

Para el japonés sí tenías facilidad, mucha; de hecho, seguís teniendo facilidad para él. Pero en este momento no te sirve saber hablar, leer y escribir algo de japonés, porque Tony está hablando en Español. Y como no entendés ni jota de ello, entonces mejor que de una buena vez por todas dejes de perseguirte con ideas paranoicas.

No querés pensar en nada.

Querés relajarte bajo sus caricias y dejar de prestar atención, dejar de tratar de adivinar lo que está diciendo en un idioma que no te resulta fácil en lo absoluto.

"… Sí, Martina me contó que a Sophia le salió su primer diente… No, mamá, no llamé a Gabrielle… Ya sé que Sophia es mi sobrina, pero no veo por qué Gabrielle apreciaría que la llamara para felicitarla porque le salió su primer diente a su hija… ¿Te referías a por qué no llamé a Sophia?… Mamá, es una bebé… Sí, ya sé que vos le hablás por teléfono y que crees que te entiende, pero… Bueno… Bueno, te prometo que voy a llamar a Sophia, aunque probablemente se entretenga jugando con el teléfono en lugar de escucharme…" otra larga pausa "No, mamá… Sí, mamá… Sí, mi pierna está mucho mejor… Me revisó el médico de la CTU el día en que me torcí el tobillo… No, no volví a ir…" irritación otra vez "... Mamá, mi tobillo está mucho mejor…" casi tono de queja "… Estoy pasando demasiadas horas trabajando, hay muchas cosas que resolver y atender urgentemente, además ya casi no duele…"

La pausa que sigue es mucho más larga, y antes de volver a hablar Tony chasquea la lengua prácticamente en señal de desesperación y frustración

"Mamá, me gusta mi trabajo, amo mi trabajo, sabés que es una de las cosas más importantes en mi vida… Sé que es peligroso, soy consciente de ello, pero también soy cuidadoso, responsable y además, no te olvides, soy un hombre adulto: no podés 'retarme' porque no te gusta mi profesión" lo oís suspirar "… Mamá, no quiero que peleemos… No, no estoy tratando de cortar la conversación… Simplemente te pedí que dejáramos de discutir por eso: no es algo en lo que tengas posibilidades de decidir, no voy a renunciar solamente porque no te gusta que mi trabajo implique ciertos riesgos… Mamá, te amo y respeto tus opiniones y tus pensamientos, pero ya estoy grande, ¿sí?... No, no me enojé" su voz se suaviza "… Yo también te quiero mamá, y te extraño… Sí, también espero verte pronto… Bueno"

El tono adquirido ahora indica que, si no te equivocás al interpretarlo, probablemente la conversación esté por llegar a su fin.

"… Bueno, prometo hacer un espacio e ir a visitarlos pronto… Voy a llamar a papá y a la abuela más frecuentemente, lo prometo… Está bien… Mamá" ¿es acaso angustia lo que ahora tiñe su voz? "Sabés que me duele hablar con la abuela… Apenas reconoce mi voz, no se acuerda de mí, no se acuerda de mi nombre… Mamá, sólo sería generar angustia para ella y para mí… Está bien, voy a llamarla… Lo prometo, mamá, lo prometo… Te quiero, adiós"

Y luego oís el 'clic' que hace el aparato al presionarse el botón de 'finalizar llamado'.

Tony se queda sentado allí; no podés verlo, pero podés sentir con el resto de tu cuerpo. Sentís sus caricias en tu espalda, en tu cuello, en tu espalda otra vez, luego en tu cabello… Debe pensar que estás dormida, porque en lo leve y suave de su tacto puede entenderse que teme despertarte, que no puede contener las ganas de mimarte pero que tampoco quiere interrumpir tu descanso.

Fingís unos minutos más, demasiado contenta y relajada como para dejar que pensamientos, suposiciones o preocupaciones sobre esa conversación telefónica con su madre que no pudiste entender te perturben. Pero luego el olor a café fresco proveniente de la cocina se vuelve demasiado fuerte y tentador como para seguir por más tiempo negándole a tu estómago la dosis de cafeína que te pide prácticamente a gritos, por lo cual te desperezás muy despacio, te das la vuelta y abrís los ojos para encontrarte con los suyos mirándote atentamente, mostrando una adoración tan pura que tu corazón se derrite una vez más y tus labios se curvan en una sonrisa que refleja exactamente aquella en su rostro.

"Buen día" murmurás, mientras tu visión se ajusta a la luz.

"¿Cómo dormiste?" te pregunta, inclinándose hacia delante para posar sus labios en tu frente y dejar que se deslicen hacia abajo, besando tu nariz primero y por último tus labios.

"Muy bien" contestás con sinceridad, echando tus brazos alrededor de su cuello y enredando tus dedos en su pelo "¿Y vos?"

"Mmmh" finge reflexionar, frunciendo el seño y haciendo una mueca extraña que te arranca una risa "… Dormí bastante bien, pero cerca de la madrugada me desperté y encontré a un bollito completamente anidado en mis brazos…"

Dios, tan temprano y ya empezás a sonrojarte.

Tan temprano y ya empieza a hacer que te sonrojes.

Lo interrumpís antes de que pueda seguir adelante y logre que tus mejillas se tiñan de un rojo violento.

"Perdón, ya sé que te sofoco demasiado cuando dormimos juntos" esbozás a modo de disculpa, sonriendo tímidamente al reconocer esa necesidad avasalladora de abrazarlo tan fuerte como el cuerpo te lo permita, esa misma necesidad avasalladora que te invade por dentro cuando él deja que te acurruques en su pecho y vos te aferrás como si no quisieras soltarte por nada del mundo, como si tu vida dependiera de ello.

"No dejaste que terminara" te reta, y obedientemente hacés silencio, aún ruborizada "Ese bollito estaba temblando de frío; literalmente, estaba tiritando de frío" remarca con seriedad ", tanto que en mi estado de somnolencia llegué a considerar que mi bollito sufría de hipotermia"

"¿Hipotermia?" reís suavemente "Tony, vivimos en Los Angeles, eso es imposible…" le recordás, y cuando querés explicarle que muchas veces te agarran ataques de frío de noche, él te silencia con un simple 'Shhh'.

"Así que fui a buscar otra manta, un par de medias y una almohada porque no podía permitir que mi bollito tuviera frío o estuviera incómodo" confiesa sonrojándose más de lo que alguna vez lo has visto sonrojarse hasta ahora, lo cual te resulta absolutamente adorable "Tenías los piecitos helados" agrega en un susurro, sin mirarte, aún más colorado que antes.

Sentís su mano buscando y encontrado la planta de tu pie; sus dedos te hacen cosquillas incluso si están rozándote a través de la lana y no están en contacto directo con la piel.

"Gracias por cuidarme incluso mientras duermo"

Y cuando estoy despierta. Y cuando estoy triste. Y cuando algo me preocupa. Y cuando algo me lastima. Y cuando me ganan las inseguridades. Y cuando duelen los recuerdos.

"Gracias por cuidarme siempre" resumís en esa frase tu mar de pensamientos acerca de lo maravilloso, increíble y sencillamente perfecto es este hombre, el cual – por algún motivo que en este preciso instante no tenés ganas de cuestionar – te protege de absolutamente todo y se fija en cada detalle para hacerte feliz y mantenerte contenta.

"¿Es normal que tu temperatura baje tanto de noche?" pregunta preocupado.

"Sí, pasa muy seguido" lo tranquilizás.

"Voy a traerte el desayuno" anuncia con una sonrisa, pero lo detenés antes de que se levante al agarrar su brazo.

"Tony, no hace falta que me traigas el desayuno al sillón, puedo ir con vos hasta la cocina" asegurás.

"No" insiste "Podés quedarte remoloneando un ratito más, no es necesario que te levantes"

Desaparece rumbo a la siguiente habitación sin darte tiempo a agregar nada más. Entonces te quedás ahí, sentada en el sillón, recostada sobre la almohada de pluma y dos almohadones, por lo cual podría decirse que estás en una posición medio sentada.

Después del día tenso, difícil y – por qué no llamarlo así – emotivo que tuviste ayer, usar el sábado y el domingo para relajarte va a servirte de mucho. Y definitivamente la mejor manera de empezar el fin de semana es, sin que quepa lugar a dudas, disfrutando de esas pequeñas cosas que te recuerdan que por primera vez alguien quiere cuidarte y ocuparse de vos desinteresadamente.

Por primera vez podés liberarte de las tensiones y ser absolutamente feliz, porque sabés que cualquier cosa que te moleste, perjudique, lastime o cause angustia va a desaparecer en cuanto la compartás con él, como hiciste ayer, logrando que heridas profundas de toda una vida empezaran a sanar simplemente porque tuviste una conversación en la que él te escuchó pacientemente y te dijo cosas que hicieron que creyeras que no sos un patito feo, que los equivocados al marginarte eran tus compañeros y que de sus actitudes crueles no eras culpable, y que no fuiste una idiota al confiar en Carrie si no que fue Carrie quien obró mal.

Te quedás ahí sonriendo, sintiendo tus pies abrigados por la lana de la que están hechas las medias, y cuando querés darte cuenta los minutos que pasaste absorta en tus pensamientos y en tu propia felicidad se escurrieron de tus manos como agua.

Te percatás de su presencia cuando escuchás el vidrio de la mesita ratona hacer contacto con la bandeja de mimbre en la que trae el desayuno. Su voz termina de arrancarte de tu ensimismamiento.

"¿En qué estás pensando?"

Suspirando alegremente, tomás una de las tostadas del montoncito que hay sobre el plato de porcelana azul y comenzás a untarla con mermelada de frutilla. Cuando el dulce ha quedado expandido sobre toda la superficie, se la extendés a él, quien está en cuclillas junto al sillón, observándote con dulzura, como lo hace siempre.

Acepta la tostada y con una mueca divertida, a la vez que chasquea la lengua y se rasca el costado del rostro con la mano que tiene libre, te dice:

"Se supone que soy yo el que tiene que untar tus tostadas y servirte el café" apunta al ver que estás llenando su taza de los Chicago Cubs con el humeante líquido oscuro.

"Tony, de vez en cuando tenés que dejar que yo te mime a vos, para variar" volvés a untar otra tostada, pero en lugar de mermelada usás manteca.

"Está bien" finge resignarse con un suspiro melodramático que te hace reír.

Se sienta en el sillón y te acomodas para quedar junto a él. Notás que se cambió de ropa, se afeitó y prácticamente luce como un muñeco de torta, mientras que vos – por otro lado – debés estar despeinada, todavía tenés puesto uno de sus sweaters y un jogging que te queda enorme, apostarías lo que sea a que hay pequeños pero visibles residuos negros de maquillaje en tus ojos y tu piel debe estar más amarillenta de lo normal, como lo está en las mañanas frías antes de que tomes un baño bien caliente. Si tuvieras un espejo podrías confirmar lo andrajoso de tu aspecto, pero la verdad es que no te interesa. No te importa. Sabés que él no va a fijarse en esos detalles, que al igual que vos puede mirar más allá de eso, que está contento solamente con tu compañía y que jamás repararía en que estás despeinada y en pijama.

Quizá durante mucho tiempo te sentiste el patito feo, y probablemente lleve bastante trabajo reconstruir tu autoestima, pero definitivamente cuando estás con él te sentís hermosa y amada en cualquier circunstancia, bajo cualquier circunstancia, incluso así de desaliñada.

"¿Qué querés hacer hoy?" pregunta mientras acepta una tercera tostada, frenando tu tren de pensamientos y reflexiones acerca de lo mucho que sana tu autoestima tener a un hombre tan maravilloso como él mirándote adorablemente y como si fueras la cosita más perfecta del mundo.

"No lo sé" te encojés de hombros "Podríamos salir a pasear" proponés.

"Me gusta esa idea" coincide "Podría aprovechar y comprar algunos regalos para enviarle a mis sobrinos" reflexiona luego, y no podés evitar la sonrisa que aflora en tus labios "Mi mamá llamó esta mañana" continúa contándote, exhalando un largo suspiro.

Tratás de que en tus expresiones no se evidencia el hecho de que estabas despierta y escuchando, aunque no entendías ni jotas de lo que él decía en ese otro idioma.

"¿Y eso es bueno o eso es malo?" preguntás con una risita.

"Me gusta que mi mamá se preocupe por mí, de verdad. Pero a veces es demasiado sobre protectora. Le molesta mucho mi trabajo, le molestan los riesgos de vida que implica. Ya perdió dos hijos" resopla tristemente, mientras con el dorso de la mano que no está sosteniendo el tazón por el asa acariciás su mejilla ", y entiendo que debe estar aterrorizada ante la perspectiva de que la mayor parte del tiempo me arriesgo a entrar en zonas de peligro, donde hay bombas, terroristas, armas nucleares y toda clase de cosas extrañas"

"Debe ser difícil para ella" comentás, sin dejar de acariciarlo y permitiendo que tus dedos suban hasta su cabeza y se enreden en sus pequeños y siempre tan prolijos bucles color azabache.

"Lo es" reconoce ", pero yo ya soy un hombre adulto y sé cuidarme solo. Amo mi trabajo, Michelle, hace que me sienta útil. Siento que hacemos una diferencia todos los días, por más mínima que sea. No voy a renunciar a eso" vuelve a resoplar "Conozco a mi mamá y sé que no exagera cuando me dice que todos los días reza por mí y le pide a Dios que me proteja y que no me arrebate de su nido como lo hizo con Christian y con Ricardo" sabés que una parte de él está conteniendo las lágrimas, así como vos estás esforzándote para que lo conmovedor de sus palabras no haga brotar en vos la necesidad de llorar "y que después de lo que sucedió la semana pasada con el arma nuclear en Los Angeles y la bomba en la CTU tiene pesadillas y problemas para dormir" hace una pequeña pausa "… Me duele mucho saber que está pasando por eso, que está enferma de preocupación por mí, pero no puedo dejar mi trabajo" concluye "Amo mi profesión demasiado, significa mucho para mí. Me molesta mucho que mi mamá deba sufrir por ello, pero no hay nada que pueda hacer, realmente"

Olvidándote por completo del desayuno, depositás tu taza en la bandeja, y luego con especial cuidado tomás la suya y la dejás junto a la tuya antes de estrecharlo entre tus brazos.

"Tu mamá se preocupa por vos, Tony, no podés evitarlo" besás su frente despacio, mientras tus manos miman su cuello y su espalda para librarlo de las tensiones "Yo también me preocupo por vos" admitís, sonrojándote otra vez "Desde que nos conocemos estuviste en la línea de fuego incontables veces" recordás con un estremecimiento "y todas esas veces mi corazón se detuvo y no volvió a latir hasta que regresaste sano y salvo"

"Pero vos entendés que no puedo dejar ni este trabajo ni romper la promesa que hice a mi país. Mi mamá no entiende eso. Quiere que renuncie y que me mude a Chicago otra vez, para estar más cerca de la familia" otro suspiro "Una de las razones por las que me llamó fue para decirme que mis hermanas y yo no nos comunicamos con suficiente frecuencia, que visito a mis sobrinos apenas un puñado de veces al año, que debería verlos más seguido… Mi mamá le da mucha importancia a la familia, y estas cosas que me dice me taladran el cerebro de tal manera que hasta me siento culpable por no estar tan presente en la vida de mis hermanas y de mis sobrinos"

"Tony, la familia es importante, pero también lo es tu trabajo, y hacés lo que podés para balancear ambas cosas" lo consolás "A mi también me gustaría pasar más tiempo con mis sobrinos, pero lamentablemente hay motivos que me lo impiden" no querés entrar en detalles respecto a lo complicada que se volvió tu relación con Haylie, la ex esposa de tu hermano y madre de tus sobrinitos, la cual no quiere verte ni en figurita porque piensa que fuiste parte del plan de Carrie para atraer a Danny a su telaraña y alejarlo de su familia "No deberías sentirte culpable" agregás, interpretando que es culpa el sentimiento que le quedó después de haber hablado con su madre "en lo absoluto" enfatizás "Hacés lo que podés. Todos hacemos lo que podemos"

Besa tu frente otra vez, a modo de agradecimiento por tus palabras. No hay nada mejor que sentir sus labios en cualquier parte de tu piel, y cada lugar despierta en vos sensaciones distintas. Cuando besa tu frente o tus párpados o la zona alrededor de tus ojos te sentís completamente segura, sentís que nada podría dañarte, que todo va a estar bien, que siempre van a estar juntos. Puede ser raro, pero la seguridad y contención que te invaden cuando se producen estos dulces e inocentes instantes de contacto físico son enormes, son inmensas, te devoran por completo.

"¿Alguna vez te hablé de mi abuela, Michelle?" pregunta de pronto minutos más tarde, mientras ambos retoman el olvidado desayuno.

"Me mencionaste algunas cosas sobre ella" contestás con cierta cautela al darte cuenta del cambio en su voz, que de repente ha tomado un tono más bajo, más suave, casi más ligero lo describirías.

Quizá hablar de su abuela le causa tristeza y pena, como a vos te causa tristeza y pena recordar muchas cosas de tu infancia, como el alcoholismo de tu mamá, la muerte de un papá al cual no recordás porque eras demasiado pequeña, la falta de amigos, un hermano o una mascota con quien jugar y de quien recibir amor, la necesidad de abrazos que tu abuela – confidente para muchas cosas pero algo fría y distante para otras – no solía dar debido a su naturaleza tan cerrada en cuanto al afecto. Esas cosas te causan pena y tristeza. No fue fácil para vos contarle sobre la discriminación sufrida, la soledad, las huellas que las pisadas de esas criaturas crueles dejaron en vos mermando para siempre y considerablemente tu autoestima, pero luego de contarle esa historia sobre patitos lindos y patitos feos en la que vos eras la única marginada, te sentiste mejor, liberada, aliviada. Tal vez él quiere contarte algo que le duele, pero sabe que una vez que lo haya compartido con vos la carga será más fácil de llevar y se sentirá mejor.

"Mi abuela Rosita tiene alzhéimer" comienza con un suspiro, con sus ojos fijos en un pedazo de tostada con dulce a medio comer. Su mano sigue firme aún en el mango de su taza de Chicago Cubs "Los síntomas empezaron a atacarla despacio, eran imperceptibles al principio. Olvidos, descuidos" enumera ", esas cosas. A todos nos pasan a veces" otro suspiro "A ella empezaron a pasarle con demasiada frecuencia. Hasta que esos síntomas se convirtieron en una pelota de nieve gigante que nos aplastó a todos, a ella incluida. De golpe todos esos descuidos u olvidos o pequeños comportamientos que no encajaban se transformaron en una sola cosa y empeoró de golpe"

"Lo siento muchísimo, Tony" decís con profunda y absoluta sinceridad "No quisiera imaginarme lo terrible que debe ser sufrir algo así, lo terrible que debe ser para las personas que te aman también" continúas con genuina empatía.

"Mi abuela solía ser una mujer muy independiente, muy divertida, muy inteligente, extremadamente emprendedora" sonríe ante la memoria; podés ver en su mirada que está sumiéndose en recuerdos de su infancia, de su adolescencia, recuerdos de su querida abuela "Le ganó a la pobreza, le ganó a los prejuicios sociales, aprendió a leer y a escribir sola porque sus padres analfabetos no podían enviarla a la escuela, le ganó al cáncer a los cincuenta años. Le ganó a la viudez, lo cual admiro profundamente; resurgió de sus cenizas cientos de veces, cuando muchas otras se hubieran retirado y disfrutado de su jubilación comenzó su propio negocio y amasó una verdadera fortuna haciendo lo que más le gustaba. Era admirable, la forma en que hacía todo y se las ingeniaba para lidiar con las cosas malas y transformarlas en cosas buenas" otro suspiro "Ahora, de golpe, no recuerda su propio nombre, no recuerda cómo usar una máquina de coser, no recuerda el nombre de su hijo, o los nombres de sus nietos" pequeña pausa "… Michelle, no recuerda mi nombre" concluye con una nota de angustia en la voz.

Te quedás en silencio, sentada junto a él. Tomás su mano entre las tuyas y dejás que sus dedos y los tuyos se entrelacen. Es un hábito ya que han desarrollado, y se manifiesta cada vez más seguido, especialmente cuando tienen esta clase de conversaciones, las cuales son muy frecuentes porque están conociéndose a fondo, contándose secretos, vivencias, recuerdos, expresando sentimientos, quizá sacando a la luz cosas que nunca antes habían compartido con otra persona, cosas tan íntimas y profundas que siempre habían permanecido guardadas dentro de ustedes.

"Cuando me mudé a Los Angeles, antes de que ella enfermara, solía llamarla muy seguido, y ella me llamaba a mí bastante seguido también" sonríe con melancolía "Hablábamos mucho, muchísimo. Ahora eso ya no es posible, porque lo único que hace es desvariar, hablar de cosas que pasaron cuando eran joven porque piensa que sigue viviendo en México, que acaba de casarse, que todavía no tiene hijos…"

Hace una pequeña pausa durante la cual no dejás de mirarlo, animándolo a que siga contándote estas cosas, a que siga desahogándose.

"Desvaría constantemente" otro suspiro "Mis padres hablan con ella, tratan de hacerla entrar en razón a veces y otras veces tratan de seguirle la corriente, pero a ella no le interesa, porque no los reconoce. Simplemente piensa que son extraños, o actúa como si no los viera" otra pausa, otro suspiro, una exhalación pesada "Trato de llamarla con frecuencia" comienza a explicar casi en tono de disculpas, como si se las debiera a alguien, como si se las debiera a sí mismo "pero es difícil"

"Me imagino que lo es, Tony" frotás su espalda, queriendo transmitirle calor y confort "Debe ser difícil tratar de mantener una conversación con una persona así"

"Es como si ella quiesiera hablar conmigo aunque no me conozca, porque me pide que no cuelgue, pero yo no aguanto más de cinco minutos. Es demasiado dolor, Michelle, demasiada angustia"

Levanta la cabeza y clava sus ojos en los tuyos: podés ver esa angustia brillando ahí, el reflejo exacto de su corazón y su alma, el dolor traslúcido en su rostro, a la vez que de algún modo podés notar que está aliviándose, que contarte esto está aliviándolo.

"Mi mamá hoy, cuando me llamó" baja la cabeza nuevamente, con vergüenza "me recriminó eso" suspira otra vez "Realmente hizo que me sintiera culpable" vuelve a mirarte "Mi abuela me escuchó en cientos de ocasiones, me escuchó y ayudó cuando lo necesité… Y ahora que ella" pensás por un momento que va a quebrarse, pero se mantiene fuerte "… Ahora yo no soy capaz de escucharla a ella y hablarle porque el simple hecho de saber que está deteriorándose cada día un poco más duele demasiado, y mi mamá me lo recrimina"

Estás a punto de decir algo cuando tu teléfono celular, el cual dejaste en una esquina de la mesita ratona la noche anterior al llegar, suena. Tu primer instinto es ignorarlo, pero él insiste en que atiendas.

"Podría ser importante" repite las palabras que vos le dijiste ayer a la noche cuando él se rehusaba a contestar el llamado de su hermana.

"En este momento vos sos lo único importante"

Sin decir nada más, toma el pequeño aparatito y te lo da, con un gesto que indica que al igual que vos la noche anterior, él también sabe que con un trabajo como el de ustedes no pueden dejarse llamados sin atender.

"Es de un número privado" señala la pantallita color verde fosforescente "Va a ser mejor que contestes"

A regañadientes y prometiéndote que en cuanto te ocupes de lo que sea que concierna a esa llamada vas a volver a prestarle toda tu atención a Tony, te llevás el aparatito al oído. Quizá sea alguien que marcó equivocadamente, se te ocurre.

"Dessler" pronunciás tu apellido por costumbre. Es un hábito difícil de sacudir.

"Michelle, soy yo"

Tres palabras, tres palabras pronunciadas por una voz quebrada, pastosa, rasposa, una voz mezclada con sollozos desesperantes, son suficiente para que tu corazón se detenga en su sitio y la sangre se congele en tus venas.

Es Danny.

Danny, llorando.

Danny, desesperado.

Se vieron el jueves por la noche cuando cenaste con él, y todo estaba bien. Estaba tomando su medicación. Lucía algo deprimido y triste, pero eso no te asustó: estaba poniéndose mejor, aún si los cambios eran pequeños y costaba verlos, aún si uno debe esforzarse para ver esos cambios. ¿Por qué entonces está llamándote como solía hacerlo cuando estaba sumido en la depresión y sólo podía pensar en suicidarse?, ¿por qué de repente suena como si hubieran retrocedido todos los casilleros avanzados y vuelto al principio del tablero?

"Danny" reaccionás enseguida, poniéndote muy tensa, sintiendo cada terminación nerviosa de tu cuerpo en alerta.

Tony, obviamente, nota este cambio de comportamiento, nota este cambio de postura, nota las expresiones de tu rostro y la palidez que de pronto ha capturado tu piel amarillenta hasta convertir su color en uno enfermizo, blanco como la leche. Sentís sus manos en tus hombros y ves en sus ojos la preocupación y la intriga mezclándose, al tiempo que escucha atentamente cada palabra que sale de tu boca, palabras que forman frases entrecortadas y casi tan incoherentes como las que escuchás decir a Danny.

"Danny, ¿qué pasa?, ¿dónde estás?, ¿estás bien?" largás los interrogantes a borbotones, nerviosa y aturdida, porque después de las cosas que han pasado con Danny – el intento de suicidio, su depresión, sus llamadas a horas extrañas en las cuales te contaba sus problemas y miserias mientras se ahogaba en llanto, su alcoholismo, su historia turbulenta con Carrie, todo – son segundos como estos, en los que lo escuchás balbuceando tembloroso, en los que imaginás lo peor. Son estos segundos de incertidumbre los que marcan el momento en que tu corazón deja de latir para luego liberarse furioso y hacerte sufrir una taquicardia terrible una vez que ya sabés de qué se trata en esta oportunidad.

Con Danny estás acostumbrada a esperar lo peor siempre. Eso es a lo que te acostumbraste.

"Michelle, estoy en problemas…" lloriquea.

"Danny" tratás de sonar calmada, tratás de respirar profundo y sonar confidente, inspirarle confianza para tranquilizarlo a él ", no puedo ayudarte a menos que me digas qué está pasando"

"Michelle…, me llevaron detenido por asesinato"

Un instante de silencio se asemeja a la eternidad más larga. Perdés conciencia del espacio que te rodea, perdés conciencia de tu propio cuerpo, sentís un entumecimiento general. Eso te pasa cuando estás preocupada: tu cuerpo se entumece. Sentís las manos de Tony en tus hombros, lo sentís respirar, sentís sus ojos posados en vos con una mirada de preocupación grabada en ellos. Pero es como si vos no estuvieras ahí, como si no estuvieras en esa habitación, sentada en el sofá con la bandeja del desayuno frente a vos sobre la mesita ratona, vistiendo un sweater y un jogging que te quedan gigantes, toda despeinada y con el teléfono acercado a tu oído por una mano temblorosa. Es como si estuvieras lejos, escuchando a tu hermano relatar entrecortadamente lo que ocurrió. Es como si no estuvieras. Es como si todo sucediera en cámara lenta, como si no fueras parte de ello, como si fueras un espectador viendo a una mujer joven muy parecida a vos viviendo esa situación en lugar de estar vos dentro de tu cuerpo.

"Danny" tragás, pero hay un nudo en tu garganta que impide el paso de la saliva y que te corta la respiración "¿qué pasó?" ya tu voz no es la de una persona nerviosa que quiere sonar calma: es más bien una voz monótona y automática de una persona cuyo cuerpo ha empezado un mecanismo de defensa para impedir que le dé un ataque.

Lo cierto es que cuando tu hermano dijo eso segundos atrás – aunque tu mente no puede diferenciar si desde que esas palabras llegaron a tus oídos han pasado segundos, minutos, años, milenios – cientos de escenarios cruzaron tu cabeza al mismo tiempo, enredándose todos juntos, el primero de ellos siendo la loca posibilidad de que en medio de una discusión o en una arrebato tu hermano en lugar de tratar de lastimarse a sí mismo como hizo la noche que intentó matarse haya lastimado a otro ser humano, encabezando la lista de posibles víctimas su ex esposa, Haylie.

Dios, Dios, por favor, que no haya pasado eso. Que sea todo un error, por favor la parte de tu cabeza que tiene fe y aun cree en milagros después de haber visto tantas tragedias, tanta muerte y tanta miseria reza, pero vos no la escuchás.

Sos totalmente ajena a cualquier cosa que no sean las explicaciones de un lloroso Danny que suena muerto de miedo.

"Estaba en un bar… Sé que no debería haber ido" se apresura a disculparse, mientras vos sentís un ardor parecido a una oleada de alivio lavarte por dentro: si estaba en un bar, entonces probablemente su ex mujer no esté involucrada en esto "… Dos tipos comenzaron a pelearse"

Tus pulsaciones se aceleran más. Una vocecita cantarina y acusadora en tu cabeza susurra: a tu hermano siempre le gustaron las peleas.

"Estabas en un bar" repetís en voz alta, para que Tony se entere de lo que está pasando, ya que te observa con expresiones de preocupación desmedida mientras acaricia tu frente con una mano y frota tu espalda con la otra repetidamente "Dos tipos empezaron a pelearse" seguís enumerando, tratando de asimilar vos también la información.

"Estaban borrachos" comienza, perdiendo el control nuevamente "¡Ellos estaban borrachos, Michelle, pero te juro que yo no había tomado una gota de alcohol!"

Estás a punto de preguntarle qué hacía en un bar si no estaba bebiendo, pero él vuelve a hablar primero.

"Michelle, no tengo mucho tiempo" aumenta la velocidad y su dicción se entorpece bastante "Estos dos tipos estaban peleándose, uno iba a matar a golpes al otro. Yo me metí para ayudarlo, quise separarlos… Se vino encima de mí, me defendí, le di un golpe y cayó hacia atrás. El otro se aprovechó de ese momento de debilidad y en lugar de escaparse sacó un arma y le pegó un tiro" lo escuchás tragar con dificultad "Cuando llegó la policía nos llevó a los dos, me están acusando de haber participado en el asesinato"

Dios mío. Dios, no, no, esto no, por favor, esto no, es lo último que mi hermano necesita.

"Estoy en la comisaria desde hace varias horas, recién ahora me dejaron usar el teléfono" vuelve a tragar con dificultad "Michelle, la historia es mucho más larga, no tengo tiempo… Te prometo, te juro que yo no hice nada malo, yo no quise lastimar a nadie" habla a trompicones "Por favor, tenés que creerme. Es todo un malentendido, es todo una confusión" te suplica.

Seguís sin reaccionar. Te quedás helada, de hecho. Congelada. Sin saber qué hacer, sin saber qué decir, totalmente entumecida. Hasta que cinco segundos más tarde tu cerebro se reinicia y recuperás la lucidez necesaria para actuar, la frialdad para manejar esto.

"Danny, te creo" decís firmemente "Te creo, Danny. Necesito que me digas donde estás" te ponés de pie de golpe y empezás a dar pasos cortos de un lado al otro en la sala de estar de Tony, bajo su atenta y preocupada mirada "Voy a ir ahí, voy a conseguir un abogado y vamos a solucionar esto, vamos a aclarar cómo fueron las cosas" prometés "y vamos a buscar la mejor manera de resolverlas"

No puedo decirle que voy a sacarlo de ahí, porque eso es algo que no sé si estoy en condiciones de prometer. Y no quiero que en el futuro me acuse de haber faltado a mi palabra si algo sale mal.

Rápidamente empujás pensamientos como ese lejos.

Este es el momento para actuar como lo harías si estuvieras bajo la piel de la agente federal que sos, no tenés que tomártelo como algo personal, porque si no vas a perder la lucidez y la capacidad de razonar y actuar fríamente, y no debés permitírtelo: Danny te necesita.

Tony te alcanza uno de esos cuadraditos de papel amarillo con los que siempre toma notas y un bolígrafo para que escribas el lugar donde tienen a tu hermano detenido.

"Michelle, tenés que ayudarme" ruega desesperado una vez más "Insisten en seguir interrogándome, pero yo les dije que… que conocía mis derechos…, que quería un abogado… No entiendo nada, Michelle, no hice nada malo… Me tratan como a un criminal y yo no hice nada" está empezando a perder coherencia una vez más "… Fui al bar temprano con intención de beber, pero no bebí" vuelve a jurarte, quebrándose bajo el peso de la situación "¡Michelle, yo quería ayudar, no quería matar a nadie! ¡Yo no maté a nadie!"

"Danny, voy para allá, no digas nada hasta que yo llegue con un abogado, absolutamente nada" le advertís, principalmente porque si hay algo que te enseñaron el cine y las series de televisión que ves es que todos tenemos derecho a un abogado y que no debemos irnos de lengua a menos que estemos en presencia de uno, especialmente delante de la policía. Tus conocimientos legales son nulos, pero hay cosas básicas que obviamente las tenés incorporadas y aunque se supone que Danny, un hombre adulto, debería saberlas también, no te parece mal ser precavida y recordárselo para que no cometa ninguna idiotez bajo el estado en el que se halla, para que no afloje y se quiebre y diga cosas que no debería decir "Danny, controlá tu temperamento" agregás "No agredas a nadie, mantené la calma. Voy para allá"

Cuando pulsás el botoncito rojo de 'finalizar llamada' tu primer instinto es el de arrojarte en los brazos de Tony, quien se encuentra de pie a escaso medio metro tuyo, romper a llorar y contarle entre sollozos que tu hermano está en problemas… otra vez, y que vas a tener que ir a rescatarlo de las mareas peligrosas en las que podría ahogarse… otra vez.

Pero no lo hacés, porque ese mismo instinto te lleva a mantenerte lo más tranquila posible para poder actuar y realizar lo que haga falta para sacar a Danny de ésta.

"Danny estuvo involucrado en una pelea en un bar, no sé qué estaba haciendo ahí pero jura que estaba sobrio"

Y ahora que lo pienso, no sonaba ebrio: sonaba desesperado nada más, peor no ebrio.

Hacés una pausa para respirar, tomás una gran bocanada de aire.

"Un tipo murió" seguís, con la vista fija en el suelo, en tus piecitos envueltos por gruesas media de lana blanca que, te das cuenta en medio de este momento de caos y te resulta curioso que la mente pueda reparar en detalles y elaborar pensamientos como estos incluso al borde de una crisis, son enormes "La policía lo llevó detenido junto con otra persona. Mi hermano insiste en que tiene una explicación para lo que sucedió, que él sólo quería separarlos porque estaban peleándose y que el que asestó a matar fue el otro, pero aparentemente la policía apunta a que ambos participaron en el asesinato"

Tony se acerca a vos, mira dentro de tus ojos y esa mirada te tranquiliza, y mucho. Por una fracción de minuto pensás que vas a largarte a llorar, que no vas a aguantar, pero te mantenés fuerte.

"Andá a cambiarte" te indica, poniendo sus manos sobre tus hombros "Voy a contactarme con mi hermana, ella va a saber qué hacer para ayudar a Danny" te explica con voz calma.

Te limitás a asentir con la cabeza y aún sintiendo el cuerpo entumecido y la vaga impresión de estar observando todo fuera de él, te encaminás hacia el baño, contenta y segura porque él está ahí para decirte qué hacer, para guiarte. Siempre te creíste autosuficiente y estás acostumbrada a defenderte sola y arreglártelas sola, pero el hecho de que él está ahí apoyándote, cuidándote, hace que la carga sea más fácil de llevar.

Cuando emerges del baño diez minutos más tarde Tony sigue al teléfono, hablando con su hermana.

Te quedás de pie ahí, temblando ligeramente, vestida con el pantalón de jean y un sweater rosa de tu talla que habías metido el viernes por la mañana en un bolsito junto con otras prendas para el fin de semana. Lograste, con dedos un poco torpes, arreglar tu pelo lo suficiente para que tu aspecto sea presentable y luego de lavarte la cara tu rostro luce mucho mejor, sin rastros del maquillaje del día anterior y sin lagañas (de haber sido otras las circunstancias, te habrías muerto de vergüenza al contemplarte en el espejo y enterarte que Tony Almeida te vio con lagañas).

Escuchás su voz, seria y firme, tan segura siempre, y aunque en este momento no podés procesar bien las palabras y todo suena más o menos igual, algo te dice que las cosas van a salir bien, o que al menos de momento debería tratar de bajar los niveles de angustia.

"Nos vemos ahí en diez minutos" concluye.

Luego se da la vuelta, entrelaza sus dedos con los tuyos y te guía hacia la puerta.

"No te preocupes, Michelle" susurra en tu oído cuando están en el ascensor "No te preocupes" repite.

Y si bien seguís preocupada, obviamente, ya no lo estás tanto, porque esta vez no estás sola lidiando con estos problemas.

Esta vez él está ahí con vos.


El viaje en auto transcurre también casi en cámara lenta. Te cuesta decidir si tu corazón está aceleradísimo o si al contrario tus pulsaciones han disminuido hasta ser casi inexistentes. Lo único de lo que tenés conciencie es del nudo en tu garganta, la sensación ácida y desagradable quemándote el estómago, tus terminaciones nerviosas casi a punto de colapsar, tus pensamientos enredados y tu ansiedad, todas sensaciones normales si se tiene en cuenta el contexto de la situación, y todas minimizadas y mantenidas a rayas por una sola sensación: sus dedos siguen entrelazados con los tuyos, incluso si eso significa que tiene que manejar usando una sola mano. Eso es suficiente para que el resto de los malestares se atenúe y te tranquilices.

Cuando se encuentran a escasas diez cuadras de la comisaría donde tu hermano está detenido, rompés el silencio, expresando en voz alta algunos de los pensamientos o reflexiones que han ido asaltándote, que han aparecido de la nada en tu cabeza como flashes cegadores.

"Tony, lamento mucho tener que forzarte a pasar por todo esto" te disculpás, con la vista fija en tu regazo, queriendo hundirte en el color azul claro de tu jean para evitar su mirada "Estoy segura de que no era esto lo que tenías en mente para nuestro sábado" una risita amarga sube desde tu garganta y se escapa por tus labios "Llevamos apenas una semana juntos y ya te traje demasiados problemas"

"Michelle, no vuelvas a decir eso" te advierte, casi enojado porque te atreviste a mencionar algo así, pero sin perder ese tono de voz suave, profundo y relajante que lo caracteriza "Prefiero estar con vos ayudándote a atravesar mil cosas malas antes que estar con cualquier otra mujer, prefiero saber que estás siendo cuidada y contenida por mí antes que dejar que te defiendas sola. Nunca más" sigue "vas a tener que defenderte sola, ni superar ninguna dificultad sola"

Llegan a un semáforo, y al frenar te mira, obligándote a levantar la cabeza y finalmente dejar que tus ojos y los suyos se encuentren.

"Gracias" susurrás "por todo lo que hacés por mí"

"Amar a una persona significa estar incondicionalmente en las buenas y en las malas" dice suavemente, besando la palma de tu mano.

El resto del viaje transcurre en silencio, pero esa última frase llena de significado sigue repitiéndose en tus oídos, endulzándolos, recordándote que ya no vas a volver a estar sola.


Para alguien que trabaja en la Unidad Antiterrorista de la ciudad de Los Angeles bajo el mando del Presidente de los Estados Unidos de América, una comisaria no es cosa de susto, es simplemente un edificio más del gobierno. Ves, oís, presenciás y sabés cosas mucho más macabras y mucho más espeluznantes y pavorosas que las que los policías y detectives ven, oyen, presencian y saben, por lo cual ahí no hay nada que pueda sorprenderte a vos o que pueda sorprender a Tony.

Se abren paso entre la cantidad de empleados que van de un lado al otro llevando carpetas de cartón amarillo repletas de papeles mientras hacen malabares con una caja de rosquillas y un vaso de plástico lleno de café caliente hasta llegar a un pasillo de paredes color crema y suelo de baldosas grandes marrón claro, donde les indicaron esperar.

De pie, callados, aguardando quién sabe qué, su brazo rodeando tus hombros para reconfortarte y la ansiedad aún presente en tu garganta y en la boca de tu estómago provocando acidez. Las preguntas más urgentes cuyas respuestas no podés esperar son dónde estará Danny, qué estarán haciendo con él, qué estará haciendo él, qué habrá pasado y qué va a pasar. No pueden verlo hasta que no llegue un abogado y aún así sólo podrán hacerlo a través de un vidrio cuando lo interroguen, pero al menos vas a cerciorarte de que está bien.

"Martina debe estar por llegar" Tony susurra en tu oído "y ella va a encargarse de todo" promete.

Te limitás a sonreír débilmente, apoyás tu cabeza sobre su hombro y continúas guardando silencio, cerrando los ojos para tratar de evadirte al menos unos momentos y mantener tus fuerzas.

Un ruido de pasos que se acercan a ustedes hace que levantes los párpados para ver a una figura alta y delgada caminando con gesto decisivo.

No te cuesta darte cuenta que aquella jovencita con aspecto de mujer madura es Martina Almeida.

De cabello castaño largo y lacio arreglado profesionalmente, poco más de un metro sesenta y cinco de estatura, cuerpo delgado y ojos pardos muy expresivos, la seguridad y confianza que parece emanar de su persona te recuerda a Tony, mientras que por otro lado cierto aire de frialdad y tensión se combinan para crear lo que podría describirse como una cápsula de cristal invisible que hace a uno mantener su distancia.

Es hermosa, glamorosa y moderna a la vez que clásica e intelectual. La ajustada falda color chocolate hasta arriba de la rodilla haciendo juego con un blazer de la misma gama y la blusa blanca debajo de él junto al maletín Luis Vuitton la hacen parecer algo entre una modela posando como ejecutiva y una abogada demasiado joven. Si no conocieras la historia detrás de la persona, te inclinarías por pensar que se trata de una modelo posando como ejecutiva o una actriz interpretando a una abogada.

"Martina, qué bueno que hayas llegado" la recibe Tony, sonriendo cálidamente.

Pero su hermana no le devuelve la sonrisa.

Para tu frustración absoluta, no solo te ignora totalmente como si no estuvieras ahí, si no que se dirige a Tony en Español, en ese otro idioma que no entendés, lo cual hace que te sientas tonta, lo cual hace que te sientas dejada de lado, lo cual hace que te sientas menos.

Es tonto, sí, pero incluso en este momento, incluso en medio de una crisis, incluso en medio de un problema, hay pequeñas cosas, pequeños detalles que hacen que te sientas menos.

"Qué bien, Anthony, excelente comienzo. Voy a conocer a la que decís es la mujer de tu vida en una comisaria porque su hermano está acusado de asesinato. Genial"

Notás que Tony se pone incómodo, pero sin embargo contesta con una frase corta en castellano en un tono bastante neutral.

"Basta, Martina. Te llame porque sé que podés ayudarnos. Ella no tiene la culpa de esto, y es ella de quien estoy enamorado, no de su hermano"

"Sería ya demasiado eso, ¿no?" la oís chasquear la lengua.

A continuación, él procede a intentar presentarlas a ambas oficialmente…

"Michelle, ella es mi hermana Martina. Martina, ella es…"

Pero su hermana lo corta bruscamente.

"Estoy acá en carácter de representante de un acusado, Anthony" le recuerda con mordacidad y sin que un solo músculo de su cara se mueva ", no vine a hacer sociales. Me llamaste para que representara a un hombre acusado de homicidio en segundo grado, no para conversar sobre el clima, la salud y bueyes perdidos. Apreciaría que me dejaras sola con la hermana de mi cliente; quedándote complicarías el debido proceso a seguir" agrega.

"Martina…" Tony empieza a protestar, pero ella le hecha una mirada fulminante.

Él suspira, en señal de abatimiento, te mira a los ojos y acaricia tu mejilla con una de sus manos. Está tibia, lo cual produce una sensación agradable.

"No hay de qué preocuparse, ¿sí?" murmura, y luego deposita un beso en tu frente "Te amo"

"Yo también" susurrás.

Te encantaría pedirle que no se vaya, que no te deje, que se quede con vos, pero no querés generar conflictos.

Si Martina dijo que tenía que hablar con vos a solas, entonces es que tiene que ser así. Hay ciertos procesos de la justicia – así como los hay dentro de la CTU, con los protocolos y todo eso – que requieren seguir ciertos pasos. Incluso si Martina es la hermana de Tony y las une ese lazo, en estos momentos está actuando como representante de tu hermano, así que técnicamente este asunto es entre ella, vos y Danny.

Tony se aleja por el pasillo en la dirección por la cual ingresaron a él, perdiéndose a la distancia. Cuando Martina finalmente se vuelve a vos, casi desearías haberle pedido que se quedara; casi desearías que esa no fuera tu cuñada.

"La señorita Dessler, presumo"

Extiende una mano que aceptás enseguida por costumbre. Tiene manos muy cuidadas, con uñas perfectas y arregladas hasta la histeria del perfeccionismo. Todo en ella es bastante perfeccionista, a decir verdad: ni un solo cabello fuera de lugar, maquillaje aplicado en una base suave para resaltar sus facciones lo necesario, ropas sin una arruga… Tu sweater rosa, tu pantalón de jean y los bucles que peinaste como pudiste a las apuradas te hacen sentir poca cosa.

Martina Almeida es intimidante, sí. Mucho. Pero en estos momentos no sólo es la hermana del hombre al que amás: ahora es la persona que va a ayudar a Danny, y tenés que confiar en ella, tenés que dejar de lado cualquier otro pensamiento o preocupación respecto a tu futura relación con ella como su cuñada y concentrarte en sus cualidades como abogada, que deben ser muchas y muy sobresalientes.

"Podés llamarme Michelle" decís, y te sorprende gratamente la claridad y serenidad con la que te salió la voz.

"Los detectives Stuart y Johansson, quienes procesaron la escena del crimen junto con un equipo de forenses de la policía, están esperándonos para comenzar el interrogatorio, según me han informado. Anthony me comentó algunos detalles sobre el caso cuando hablamos por teléfono y a mi ya me proveyeron con un expediente" levanta la carpeta amarilla que sostiene en la mano que no lleva el maletín ", pero necesito saber exactamente qué fue lo que su hermano le dijo porque de acuerdo a algunas conclusiones que he sacado con la información que me brindó Anthony tengo la sospecha de que no se siguió debidamente lo estipulado por la quinta enmienda de nuestra Constitución"

Pasás por alto lo incómodo que te resultan tantas formalidades y tanto lenguaje legal al que no estás acostumbrada, y relatás lo más fielmente posible la versión de los hechos que te dio tu hermano cuando hablaron por teléfono.

"Sonaba muy alterado" finalizás "pero no sonaba ebrio" aclarás.

"La ebriedad, Michelle" te relajás al escuchar que te llama por tu nombre en lugar de utilizar el frío 'señorita Dessler', y aunque su tono no ha pasado a ser cálido exactamente, sí notás que es un poco más… amistoso, por definirlo de alguna forma ", o la sobriedad, son factores determinantes en muchos crímenes. Honestamente, el estado mental en que se encuentra la persona al momento de cometido el delito en un noventa porciento de los casos marca la carátula del homicidio. Lo que voy a hacer ahora es estar presente cuando Danny sea interrogado, y de acuerdo a cómo vaya eso veremos qué pasos hay que seguir" exhala profundamente "Michelle, si la versión dada por Danny es cierta, el único cargo que la fiscalía se vería obligada a presentar entonces es el de agresión. Si la víctima falleció como consecuencia del daño producido por la bala a su organismo y el golpe que le dio su hermano no conllevó a la muerte, entonces no es homicidio. Hay muchas formas de probarlo, hay muchas formas de argumentarlo, pero preferiría no entrar en detalle hasta después del interrogatorio, durante el cual espero probar la inocencia de Danny"

Asentís con la cabeza, asombrada por el simple hecho de que una chica de diecinueve años se comporte como un adulto maduro que se mueve en el mundo de los profesionales.

Mientras se dirigen por otro pasillo en dirección a la sala de interrogatorios, le decís:

"Martina, muchísimas gracias por esto, no sabés lo que significa para mí que hayas venido a ayudarme, y a ayudar a mi hermano" tus palabras van cargadas de emoción y de genuina apreciación.

"Michelle, voy a ser franca" se detiene a escasos metros de la puerta cerrada que deben cruzar para llegar a donde tienen a Danny esperando, y posa una de sus manos de uñas perfectas sobre tu brazo para hacer que te detengas vos también.

Te mira a los ojos y podés vislumbrar en ellos – detrás de la coraza hecha de profesionalismo, frialdad y actitud inconmovible – la misma bondad, los mismos valores y los mismos principios que ves en los de Tony.

"Lamento mucho que hayamos tenido que conocernos bajo estas circunstancias tan inoportunas" exhala pesadamente "Mi hermano está enamorado de vos, sos el centro de su vida, me lo dijo cuando hablamos la semana pasada" no podés evitar sonrojarte como una criatura "Sos la persona que lo sacó de su depresión, y eso es algo impresionante. No soy alguien que se relaciona fácil con los demás" advierte ", siempre estoy a al defensiva y no soy sociable en lo absoluto, así es mi naturaleza" resume, simplifica "Pero más allá de todo eso estaba determinada a tratar de que nos hiciéramos amigas, porque para Anthony significaría muchísimo" concluye "El hecho de que las cosas estén desarrollándose de esta manera no es culpa de nadie, pero espero que cuando mi trabajo como abogada esté realizado podamos conversar en nuestros papeles de hermana y novia respectivamente, porque en estos momentos no podemos representar otro papel que no sea el de abogada defensora y hermana del acusado"

"Pienso lo mismo" coincidís "Tony me habló mucho de vos, y de su familia. Quiero conocerlos a todos a su debido tiempo porque sé que son importantes para él"

"No tan importante como los sos vos, y no lo digo acusatoriamente" comenta, y luego agrega ": te aseguro que tengo la certeza de que Anthony sería capaz de renunciar a su credo, su religión e incluso hasta a su familia sólo por vos"

Antes de que puedas terminar de procesar esas palabras, antes de que puedas digerirlas, antes de que puedas abrir la boca para replicar algo, Martina abre la puerta e ingresa a la antesala del cuarto de interrogatorios, volviendo a sumergirse totalmente en su papel de abogada defensora.


Estuviste – durante estos nueve meses que llevás trabajando para la CTU – varias veces detrás del vidrio que separa la antesala del cuarto de interrogatorios de la habitación lúgubre, helada, estéril, de ambiente hostil, donde en el centro yacen una mesa y una silla y las cuatro paredes de colores oscuros y carentes de ventanas dan a la escena un toque más tétrico. En todas las ocasiones en las que observaste un interrogatorio y en las pocas oportunidades en las que llevaste a cabo uno, la habitación te parecía demasiado bonita y acogedora para la clase de basuras que son llevadas ahí dentro y muchas veces hasta los agentes te parecen demasiado amables, incluso cuando utilizan métodos de tortura (no has presenciado muchas de esas cosas en vivo y en directo, pero tus conocimientos son suficientes como para saber que a veces hay ciertos tipos de criminales que merecerían ser quemados vivos).

Sin embargo, en este momento, de pie junto a un oficial designado en esa pequeña sala oscura, mirando a través del prolijo vidrio dentro del cuarto de interrogatorios, sentís pena, angustia y preocupación. Porque el que está sentado ahí, con la cabeza entre las manos, con la piel roja y transpirada, respirando con dificultad, desesperado, es tu hermano.

Y tenés mucho miedo de que las cosas salgan mal, que de alguna manera las cosas no terminen bien. La posibilidad existe, y una gran parte de vos no puede dejar de considerarla, de tenerla presente.

"Señor Dessler, mi nombre es Martina Almeida, soy su abogada" la oís presentarse.

Te sorprende que Danny reaccione tan mansamente, levantando la cabeza para mirarla a los ojos casi con la súplica brillando en ellos.

"¿Mi hermana la envía?"

"Sí" toma asiento en la silla junto a él "Necesito que me cuente qué sucedió, señor Dessler"

"¿No es demasiado joven para ser abogada?" pregunta intrigado, observándola con cautela y con bastante detenimiento, reparando en que detrás de su atuendo formal se esconde una muchacha que no pasa los veinte años.

"Soy la abogada más joven del estado de California y probablemente la abogada más joven que se haya matriculado en suelo norteamericano, pero no estoy acá para discutir eso con usted, Señor Dessler" sienta las bases firmemente ": estoy acá porque voy a representarlo cuando los detectives vengan a interrogarlo. Le sugiero que por favor colabore conmigo contándome qué sucedió, sin omitir detalles y tan minuciosamente como sea posible"

"Yo no maté a nadie" se apresura a aclarar "Tiene que creerme"

"Creo en los hechos, señor Dessler, y para ayudarlo necesito saberlos" insiste.

El relato de Danny coincide con lo que te dijo a vos por teléfono, sólo que esta vez te enterás de otras cosas. Había ido al bar porque se sentía solo pero no quería llamarte para no causarte una molestia, ya que habías ido a cenar con él el jueves para hacerle compañía (no pudiste evitar sentir una punzada de culpa en el estómago), que se sentó durante varias horas con el vaso de cerveza delante de sus ojos sin atreverse a tocarlo, reflexionando, pensando en las cosas malas que sucederían si volvía a caer en el alcoholismo. Rogás por dentro que no mencione la enfermedad de tu mamá, porque no querés que un miembro de la familia de Tony se entere de eso cuando acaba de conocerte hasta apenas diez minutos y bajo estas circunstancias; por suerte, no lo hace, y pasa directo al quid de la cuestión: dos tipos bastante borrachos y cargados de bronca habían comenzado una discusión fuerte, la cual cerca de la cinco de la mañana llegó a su momento de máxima tensión cuando se pusieron violentos. Trató de intervenir, las cosas se tornaron feas, empujó a uno de los tipos para apartarlo del otro y en lugar de huir ése otro sacó un arma y le disparó a quemarropa.

"Me acusan de haber participado del asesinato, pero yo ni siquiera conocía al tipo" Danny repite por enésima vez, y la desesperación que oís en su voz hace que una sensación ácida te queme la garganta "No conocía a ninguno de esos dos tipos, no sabía que el otro estaba armado… Quise ayudarlo, lo juro, solamente quería separarlos…"

"Cuando lo llevaron detenido, de acuerdo a lo que dice el expediente" señala la carpeta que yace abierta sobre la fría superficie de la mesa ", eran las cinco y cuarto de la mañana. Sin embargo, usted llamó a su hermana pasadas las ocho. ¿Por qué?"

Danny frunce el seño.

"Bueno, me tomaron las huellas y esas cosas" comienza "y luego me trajeron a esta sala"

"Para interrogarlo" no es una pregunta, más bien es una afirmación.

"Sí. Les dije que conocía mis derechos y que podía hacer una llamada" prosigue; casi podés sentir el nudo que aprieta su garganta y que hace que hable con dificultad "pero no me dejaron usar el teléfono inmediatamente. Venían, me hablaban, trataban de hacerme confesar. Me trataban como a un criminal, tratando de provocarle para que confesara algo, pero yo ya les había dicho todo, ya les había dicho todo pero ellos seguían insistiendo"

"¿Usted habló con ellos y les dijo lo mismo que a mí sin la presencia de un representante legal?" inquiere Martina, sin cambiar su tono de voz.

"¿No debería haberlo hecho?" reacciona preocupado "Es decir, me refiero… Yo no hice nada, quería explicarles" continúa ", quería que entendieran que en realidad estaba tratando de evitar que esos dos tipos se hicieran daño, estaba tratando de hacer una buena obra" chasquea la lengua en señal de exasperación, en señal de bronca, en señal de frustración "Quería hacer una buena obra y así terminé: detenido" comenta irónicamente "Hablé con esos dos policías porque pensé que iban a entender mi versión, pero ellos insistieron en seguir acusándome, hostigándome, queriendo que dijera algo, pensando que ocultaba algo más o que mentía, pero yo estaba diciendo la verdad"

"Está bien, Danny" lo tranquiliza Martina "¿Cuándo lo dejaron usar el teléfono?"

"Cuando les dije que no iba a decir nada más hasta que no me permitieran llamar a mi hermana para que consiguiera un abogado, porque estaba claro que no íbamos a poder solucionar las cosas ellos y yo"

Te asombra lo lúcido y concentrado que Danny parece y lo mucho que está controlando su temperamento, quizá porque está muerto de miedo, tal vez porque sabe que le conviene quedarse en el molde o probablemente porque la presencia de Martina le inspira cierta confianza.

"Sólo le permitieron hacer esa llamada cuando usted lo exigió alegando que se encontraba dentro de sus derechos" repite, y él asiente con la cabeza "Danny, ¿le leyeron sus derechos cuando lo llevaron detenido en el bar?"

"Creo que sí, mencionaron algo sobre que podía quedarme callado y eso" frunce el seño, reflexionando "Estaba demasiado nervioso como para prestar atención, estaba tratando de que entendieran que yo no había hecho nada"

"Sólo para que conste, Danny, debo preguntar: ¿está seguro nunca antes había visto a ninguno de esos dos hombres?"

"Segurísimo, ni siquiera conozco sus nombres, los vi por primera vez en el bar"

"No se preocupe, Danny: por lo que veo" señala el expediente con un gesto de la cabeza "es un caso bastante flojo, y tengo dos o tres ases bajo la manga que podemos usar. Tranquilícese, vamos a probar su inocencia"

El diálogo – que contemplado desde afuera se asemeja más a un episodio de una serie del estilo de Law and Order que a algo que podrías estar presenciando en la vida real - es interrumpido por la llegada de dos policías, los detectives a cargo del caso, quienes ingresan a la pequeña salita a través de una puerta ubicada a un costado.

Martina se pone de pie inmediatamente y extiende su mano a cada uno de ellos para presentarse.

"Martina Almeida. Soy la abogada defensora del señor Dessler"

"Soy el detective Johansson" el hombre de cabello rubio, ojos claro, tez blanca y camisa gris "y éste es mi compañero el detective Stuart" señala a un hombre mayor, de unos cincuenta y tantos años, vestido con un traje azul oscuro, cabello pelirrojo y frente arrugada.

"He oído hablar de usted" Stuart comenta, mirándola con curiosidad "y he leído sobre usted. Es la abogada matriculada más joven del país y uno de los mejores promedios en la historia del Colegio Harvard"

"No sabía que el bufete para el que trabaja tomaba esta clase de casos" comenta Johansson antes de darle tiempo a decir algo en respuesta a los halagos de Johansson.

No tarda en atacar, mostrando que ya ha dejado de lado cualquier cortesía que pueda haber mostrado segundos atrás.

"Y yo no sabía que usted y su compañero" con un gesto de la cabeza señala a Stuart "estaban en desconocimiento del valor de la quinta enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América" se pone de pie, bordea la mesa; pensás en ese momento que es como si estuviera actuando, como si estuviera interpretando un papel arriba de un escenario "la cual dice que ninguna persona puede ser obligada a declarar contra sí misma y estipula los pasos a seguir para el cumplimiento del debido proceso" remarca especialmente el último puñado de palabras.

Realmente se destaca en lo que hace, como Tony pensás.

Ves el resto del interrogatorio desarrollarse ante tus ojos como si estuviera siendo proyectado en una pantalla de cine, como si fuera parte del guión de una película y vos estuvieras detrás del vidrio presenciando el ensayo.

"El señor Dessler accedió a hablar con nosotros sin que un abogado estuviera presente" se defiende Stuart "; cuando solicitó uno, como verá, le dimos lugar al ejercicio de ese derecho"

"No le dejaron hacer la llamada a la que cualquier detenido tiene derecho inmediatamente después de haber tomado sus huellas, fotografía y demás pasos a dar. ¡Transcurrieron cuántas?, ¿dos horas, dos horas y media desde que el señor Dessler llegó a la jefatura de policía hasta que pudo hacer esa llamada? La cual, les recuerdo" levanta un poco el tono de voz ", por si les falla la memoria, de acuerdo a la versión de mi cliente le fue concedida porque él la solicitó al darse cuenta que sus intentos de explicar sus acciones y defenderse ante las acusaciones formuladas por ustedes no serían fructíferos porque estaban firmemente encasillados en creerlo culpable de un homicidio cometido por una persona que él jamás había visto antes de esta fatídica madrugada en contra de un tercero con el que tampoco había tenido ningún tipo de contacto o relación con anterioridad"

Sí, definitivamente es buena en lo que hace.

"A los borrachos les gusta dar pelea en los bares, Doctora Almeida: no necesitan motivos, no necesitan un vínculo, no necesitan razones. ¿O va a decirme acaso que es la primera vez que un tipo entra a un bar, se pasa de copas y acaba asesinando a otro o siendo asesinado?" argumenta Johansson.

"Esa es la diferencia, detective Johansson: mi cliente no tiene una sola gota de alcohol en su organismo. Pidió una cerveza, pero ni siquiera la tocó porque estaba demasiado sumido pensando en lo que beber provocaría en su vida como para enredarse en cualquier otro asunto" un suspiro se escapa de sus labios "Vamos, Stuart, Johansson" arquea una ceja "… los dos saben que tomar una muestra de sangre a mi cliente, la cual si requieran sería dada sin la necesidad de una orden porque estamos abiertos a colaborar en lo que sea para despejar las dudas sobre su buena voluntad al intentar separar al agresor y a la víctima del pleito en el que estaban trenzados, sería una pérdida de tiempo y un desperdicio de recursos porque los resultados volverían negativos. Así que por favor" continua con aire casi condescendiente ", concentrémonos en otros puntos, ¿puede ser?"

"Doctora Almeida, usted no nos interroga a nosotros: nosotros interrogamos a su cliente" Stuart está comenzando a molestarse, podés darte cuenta. La actitud de Martina está fastidiándolos mucho a ambos, y tanto él como Johansson están bastante irritados.

Estoy segura de que es parte de su táctica. Sabe lo que hace se te ocurre, comparando nuevamente la forma en que habla, se mueve, gesticula y modula con el léxico, tono de voz, movimientos, gestos y maneras de una actriz.

Más que una abogada, se asemeja a una actriz, una artista que interpreta a una abogada. Te asalta ese pensamiento completamente raro mientras seguís presenciando la escena.

"¿Por qué no ofrecieron al señor Dessler realizar el llamado al que tenía derecho inmediatamente después de haberlo fichado?" los increpa.

"Su cliente parecía más interesado en hablar con nosotros que con cualquier otra persona" es la contestación que recibe de Stuart.

"Y cuando se dio cuenta de que no iba a llegar a ninguna parte tratando de exponer su versión a dos detectives como ustedes empecinados en encontrarla la quinta pata al gato…"

"Doctora Almeida" la interrumpe Johansson ", le repito: nosotros estamos acusándolo a él, esto se trata de eso, no de que usted nos acuse a nosotros" le aclara con cierto aire paternal, como si creyera que por ser joven y estar recién comenzando no fuera lo suficientemente competente.

Esa impresión te dio a vos, y aparentemente esa fue la impresión que le dio a ella, porque inmediatamente dice:

"Sé de qué se trata esto, detective, muchas gracias por sus aclaraciones. No son necesarias" asegura "Antes de hablar con mi cliente van a tener que responderme algunas preguntas a mí"

"Dispare, abogada" Stuart la incita, casi insolentemente, como provocándola.

"Lo que ustedes sepan sobre el caso, tanto el señor Dessler como yo tenemos derecho a saberlo también. Causa de la muerte, nombre del otro acusado, nombre de la víctima, registros criminales de los mismos en caso de que existieran, resultados de la autopsia y cualquier detalle competente a ésta y a lo escrito por el forense en su informe" enumera "No puede negarme nada de eso, detective, y lo sabe"

"Los resultados de la autopsia son preliminares" aclara Johansson, con un suspiro exasperado.

Con un gesto de la cabeza, Martina lo anima a seguir, y vos sentís el nudo en la garganta apretarse más alrededor de tus cuerdas vocales, dificultando tu respiración, haciendo que la ansiedad te ahogue de pronto, que la calma se disipe una vez más y caigas presa de esa desagradable sensación ácida ya tan bien conocida.

"La víctima: Justin Brown, treinta y siete años. Desempleado, solía trabajar en un taller mecánico pero fue despedido seis meses atrás cuando se presentó drogado. Tenía cargos por posesión de drogas y había cumplido una condena de dos años por venta ilegal de estupefacientes a estudiantes de medicina"

"Qué lindo" reacciona Martina sarcásticamente "Un drogadicto en un bar" sonríe burlonamente "Me imagino que debía estar hasta las cejas de cocaína y alcohol, ¿no es cierto?"

"Estaba ebrio" reconoce Johansson a regañadientes, viendo como de a poco el caso se le está yendo de las manos.

"Qué lindo" repite Martina en el mismo tono "He de suponer que el otro acusado tampoco es una carmelita descalza, a menos que pertenezca a una parroquia de curas franciscanos que al igual que las monjitas de esa película con Whoopie Goldberg querían ir a redimir a los pecadores y por eso frecuentaban esa clase de lugares" agrega con sarcasmo puro como base de cada palabra que dice.

"Le recuerdo, Doctora Almeida, que su cliente estaba en el mismo lugar que el occiso y que el otro hombre que está siendo acusado" apunta Stuart.

"Mi cliente, a diferencia de ellos, estaba sobrio y no tiene antecedentes penales"

"Tiene, sin embargo" comienza Johansson con un dejo de malicia, y anticipándote a lo que viene se te comprime el corazón "un intento de suicidio a cuestas"

"Mi cliente ha pasado por ciertos problemas personales; lo que haga en su intimidad y las repercusiones que ello tenga en su vida son sus asuntos, siempre y cuando no lastime a terceros, y ése no ha sido el caso"

Dudás que Tony haya contado a su hermana sobre el intento de suicidio de Danny, por lo cual es obvio que lo que acaba de suceder es una muestra magistral de su capacidad para 'salir del paso', por denominarlo de algún modo, por muy vulgar que suene.

"El nombre del individuo que disparó a Justin Brown a quemarropa, por favor" solicita Martina.

"Richard Alexander Gallagher, treinta y nueve años. Dieciocho años atrás fue acusado de violar a dos menores de 15 años, cumplió una condena de siete años – desde los catorce hasta los veintiuno – en una correccional en New Jersey por asesinar de un balazo a un compañero de pandilla estando drogados, ha sido detenido en varias ocasiones por tenencia de armas ilegales y posesión de marihuana. En estos momentos se encuentra bajo violación de los términos de su libertad condicional"

"No, definitivamente no estaba en el bar tratando de rescatar almas perdidas y reencaminarlas" chasquea la lengua con sarcasmo "Está ebrio, también, me imagino"

"Lo estaba, pero ya ha aclarado bastante sus ideas" reconoce Stuart "Pero usted no es su abogada, Doctora Almeida, así que el record criminal del señor Gallagher no le incumbe"

"Sí me incumbe" protesta, manteniéndose serena "porque el señor Dessler es mi cliente y si se lo va a acusar de haberle facilitado las cosas a un delincuente de la talla de Richard Gallagher – el cual me imagino debe sentirse como en su segundo hogar en la jefatura porque se ha pasado buena parte de su vida entrando y saliendo de prisión, siendo interrogado debido a sus problemas con la ley – necesito saber qué fue lo que Gallagher dijo cuando lo interrogaron al respecto y cuáles eran las condiciones en las que se encontraba al decirlo"

"Sabe que no podemos ofrecerle esa clase de información, Doctora Almeida" esta vez es Stuart el que adopta el aire paternal.

"Ofrézcanme los resultados preliminares de la autopsia" exige "y luego si quieren mi cliente va a volver a contarles su historia. Aunque significaría una pérdida de tiempo, porque lo que les dijo en primer lugar no es nada más que la verdad, y la verdad no ha variado desde que hablaron con él sin la presencia de un letrado hasta este momento"

"Brown murió a causa de las heridas provocadas por la bala en su cavidad aórtica"

"Mi cliente se limitó a empujarlo cuando Brown estaba a punto de propinarle otro salvaje golpe a Gallagher, nuestro criminal estrella de la mañana" acota Martina "Esa es la versión que el señor Dessler les dio a ustedes desde el principio" gestica con una de sus manos señalando a Danny, quien sigue sentado allí, comportándose magistralmente (y sorpresivamente) bien, escuchando atentamente sin opinar, dejando que Martina se ocupe de todo ", esa es la versión que el señor Dessler me dio a mi" continúa "Quiero saber qué versión describe el forense en su reporte" requiere, abiertamente desafiante, como animándolos a dar un paso hacia adelante, tropezarse y caerse por un precipicio, porque está convencida de qué tiene como derribar a ambos policías y a sus teorías o conjeturas.

"Brown presenta varias heridas en sus piernas, abdomen y rostro"

"Las cuales todos los aquí presentes sabemos fueron causadas enteramente por Gallagher, quien apuesto tenía los nudillos manchados con la sangre de la víctima y quien debe tener unos cuantos rasguños como recuerdo del percance; después de todo, cuando el señor Dessler intervino para separar a Gallagher y a Brown, Brown iba ganando" antes de que Stuart o Johansson puedan intervenir, sigue hablando animadamente "Estoy segura de que parte de esa información que no pueden compartir conmigo implica a Gallagher admitiendo que Danny Dessler no fue parte de la pelea sino hasta que trató de obrar correctamente ayudándolo cuando Brown estaba a punto de darle una paliza. Sin embargo, en lugar de aprovechar ese golpe de buena suerte y huir Gallagher decidió complicar las cosas desenfundando su arma ilegal y dispararle a quemarropa ¿por qué?, ¿por una disputa de borrachos en un bar? Es obvio que Gallagher es un tipo violento, incluso me atrevería a apostar que está regodeándose de haber acabado con Brown"

"Doctora Almeida, está especulando" la acusa Stuart.

Pero algo te dice que ambos detectives están sorprendidos de lo ciertas que son sus especulaciones.

"Está bien, dejemos de lado las especulaciones" propone Martina "Este expediente que me dieron" levanta con una de sus manos la carpeta de cartón amarilla "dice que recolectaron como evidencia la camisa que llevaba puesta el señor Dessler, la cual tenía una mancha de sangre. ¿Ya cotejaron la muestra?"

"Nuestro laboratorio está en eso" contesta Johansson secamente.

"La sangre estaba en la camisa de mi cliente, más precisamente en la parte del codo y el antebrazo. De acuerdo a lo que el señor Dessler ha declarado, usó esa parte de su cuerpo para empujar a Brown hacia atrás. No hay sangre en sus nudillos, no hay sangre en sus uñas" tomó las dos manos de Danny y como si éste fuera alguna clase de títere las movió con las suyas, poniendo sus palmas hacia arriba, luego hacia abajo ", no presenta ninguna herida que evidencia que estuvo involucrado en la pelea más que los segundos que le tomó intentar hacer un buen acto y evitar que Brown matara a golpes a Gallagher. Su acción, desafortunadamente" prosigue "llevó a que Brown fuera acribillado con un disparo a quemarropa. La bala que mató a Justin Brown salió del arma que estaba en posesión de Richard Gallagher, Richard Gallagher jaló el gatillo. Seguramente el informe preliminar del forense dice que Justin Brown tenía una magulladura o herida en la cabeza de formación post-mortem y que ésta jamás podría haber causado su deceso o cualquier tipo de daño severo"

Stuart y Johansson intercambian una mirada, la cual tratás de interpretar de alguna manera, pero no lo lográs.

"Vamos, detectives" los anima ", acá estamos perdiendo el tiempo, cuando en realidad deberían estar ocupados con Gallagher, un tipo con antecedentes penales serios que estaba portando un arma ilegal, violando de esa manera los términos de su libertad condicional por violación a dos criaturas de quince años, nada más ni nada menos. Mi cliente no hizo más que estar en el lugar equivocado a la hora equivocado y decidir obrar de buena manera, conllevando su accionar a un delito de homicidio, lo cual jamás fue la intención del señor Dessler en lo absoluto. No tenía motivos para asesinar a Brown, no tenía motivos para asesinar a Gallagher, no estaba borracho, ni siquiera fue parte de la discusión previa al altercado entre el occiso y su verdugo. Haber llevado detenido al señor Dessler fue lo correcto porque presenció directamente el asesinato de Justin Brown y además que prestara declaración era importante, pero querer acusarlo de haberle facilitado las cosas a Gallagher para matarlo me parece una ridiculez"

"Doctora Almeida, debo reconocer que quizá hayamos cometido un error con su cliente" admite Stuart, y sentís tu corazón saltando al escuchar estas palabras ", pero deberá entender que cuando el resto de los presentes en el bar, incluido el cantinero y el tipo de seguridad, lo señalaron de pie junto a Gallagher al momento de disparar el arma y lo vieron empujar a Brown al suelo…"

"Deberían haber prestado atención al resto de la riña, esos testigos que usted menciona, y el cantinero y el tipo de seguridad deberían haber hecho mejor su trabajo y echar a Brown y a Gallagher antes de que las cosas entre ambos se fueran de las manos por una discusión absurda entre dos delincuentes borrachos por motivos tan estúpidos como política, deportes, mujeres o vaya a saber uno qué"

Casi podés sentir venir el momento en que tu hermano va a quedar en libertad, casi…

"Vamos, detectives" insiste ", apuesto a que Gallagher va a confirmar la versión de los hechos que les dio mi cliente. Y si Gallagher dice algo distinto para facilitarse las cosas a sí mismo" dice en tono de advertencia "les aseguro que voy a pedir al juez un careo para ver dónde están las contradicciones y probar que además de violador, drogadicto y asesino también es un mentiroso"

Como si fuera parte del guión, como si fuera parte de esta escena que estás contemplando, como si hubiera estado escrito de ante mano, la misma puerta anexa por la que entraron Stuart y Johansson se abre y por ella aparece un tercer detective, esta vez una mujer de unos cuarenta años, de cabello corto color avellana, ojos marrones muy grandes y expresivos y traje de vestir color violeta resaltando visiblemente con el color tostado y caribeño de su piel.

"Esta es la detective Naiara García" Johansson la presente rápidamente.

La mujer y Martina se saludan con un gesto de la cabeza, mientras que Danny permanece sentado, pálido como una hoja de papel.

Las palabras que la detective Naiara García dirige a continuación a sus otros dos compañeros hacen que una descarga eléctrica corra por tu cuerpo de arriba abajo, y juzgando por la reacción de Danny, por el gesto de sorpresa que ilumina su rostro y el color sonrosado que toman sus mejillas en cuanto la frase llega a sus oídos, intuís que la misma descarga eléctrica lo atacó a él.

"Oscar, Ned" se refiere a Johansson y a Stuart por sus nombres de pila "pueden dejar al señor Dessler irse"

Pueden dejar al señor Dessler ir.

Quiere decir que se acabó la pesadilla, que se acabó el interrogatorio, que se acabó esta actuación sobre el escenario.

"Todavía no terminamos con el señor Dessler, Naiara" señala Stuart "De hecho, ni siquiera hemos podido volver a hablar con él. Hasta ahora su muy dotada de verborragia abogada ha acaparado nuestra atención" añade con un dejo de ironía palpable.

"Podrás ser mayor que yo, Stuart" dice García mordaz "pero yo soy tu superior" le recuerda con un guiño cómplice "Estuve escuchando a la Doctora… ¿Almeida era su nombre?" verifica, manteniendo el tono de voz suave y melódico, rasgo característico raro en un policía, especialmente en un policía con detectives a cargo, pero definitivamente más agradable que las voces ásperas de fumadores empedernidos y bebedores de café de máquina de Stuart y Johansson.

"En efecto" corrobora Martina.

"Estuve escuchando a la Doctora Almeida y su argumentación" retoma "y luego corroboré estas pruebas que acaban de llegar del laboratorio forense" muestra a ambos policías un fajo de papeles, fotografías y demás que sostiene en una de sus manos "y, lo más importante, volví a interrogar a Richard Gallagher. Él mismo ha confirmado que conocía a Brown de antes y que Brown le debía dinero: fue así como comenzó la pelea. Se refirió al señor Dessler como a un – y cito textual – 'perdedor fracasado que se metió donde no debería haberse metido pero que lo ayudó a arreglar sus asuntos con Brown más prácticamente' pero confirmó que el 'pobre tipo' no tuvo nada que ver, y que está contento de haberse 'cargado' a Brown él solito"

Stuart y Johansson intercambiaron una mirada, Martina y Danny intercambiaron otra a su vez, mientras Naiara García seguía hablando, su acento extranjero dando un toque aún más cálido a su voz.

"Además, la evidencia física respalda la declaración de inocencia del señor Dessler y la teoría general expuesta por la Doctora Almeida" se vuelve hacia Danny, quien ahora vuelve a estar pálido pero de alivio y luce veinte años más joven "Señor Dessler, lamentamos mucho haber hecho que perdiera su tiempo, pero estos procedimientos eran necesarios para que se llevara a cabo el debido proceso de la justicia"

"No es necesario que se disculpe, detective García" Martina la interrumpe con educación "Pero le pido por favor que mantenga vigilados a los detectives Stuart y Johansson, dado que al parecer a pesar de los evidentes años que llevan 'sirviendo y protegiendo' no se han aprendido la quinta enmienda de nuestra Constitución al pie de la letra" al ver el ceño fruncido de Naiara García, especifica ": mi cliente tuvo acceso a su derecho de realizar una llamada telefónica casi dos horas y media después de haber sido ingresado en la comisaría" al ver que Stuart está a punto de abrir la boca para protestar, agrega "Puede que los falsamente acusados insistan en que no necesitan un abogado porque al ser inocentes creen que las cosas se explican fácilmente, pero deberían haberlo forzado a utilizar el derecho a un llamado de todos modos inmediatamente, no cuando él lo pidió"

Sin decir más, hace una señal a Danny para que se ponga de pie.

"Presumo que podemos marcharnos"

"Sí, Doctora Almeida. El señor Dessler probablemente sea llamado como testigo de la fiscalía cuando Gallagher sea llevado a juicio"

"Mi cliente va a estar encantado de colaborar" Martina replicó secamente "Vamos, Danny" lo animó a salir del cuarto de interrogatorios "Detective García, detective Stuart, detective Johansson, tengan buenos días, y encárguense de que Gallagher no esté en la calle delinquiendo otra vez dentro de un puñado de meses" añade antes de abrir la puerta que conduce a la pequeña pre-sala en la que te encontrás vos, de pie, temblando, sin poder creer que las cosas finalmente se hayan solucionado y encausado después del susto, nervios, ansiedad y otras emociones que tuviste que pasar.

Cuando Danny te ve y te abraza fuertemente, agradeciéndote por estar incondicionalmente a su lado, podés sentir tu corazón latiendo muy fuerte, y ves por sobre el hombro de tu hermano a Martina sonriendo, ya fuera de su papel de abogada fría y dura.

"Gracias por creer en mí, Michelle" susurra Danny, con lágrimas en los ojos "Tenía tanto miedo de lo que sucedería cuando me interrogaran otra vez" respira profundamente "… No quería volver a enfrentarme a esos tipos" confiesa con una risita nerviosa, antes de echar una mirada disimulada a Martina, quien sigue parada a un lado, rígida y erguida como una bailarina "No sé de dónde sacaste a esta chica, pero es un genio, y me salvó el pellejo"

"Danny, eras inocente, tarde o temprano se descubriría. No la llamé para que te ayudara a zafar, la llamé para que probara tu inocencia lo más rápido posible" le asegurás.

Sonríe, la primera sonrisa que le ves en mucho tiempo.

"Gracias" repite. Y se da la vuelta para mirar a la hermana de Tony "Gracias, Doctora Almeida"

"No me agradezca a mí, agradézcale a nuestro sistema de justicia" espeta "Ahora vámonos, por favor, antes de que tenga que cruzarme con algún otro incompetente de la talla de Stuart o de Johansson" pide, más bien direccionando sus palabras hacia vos "La próxima vez, Danny" comienza a aconsejarlo, mientras caminan por el pasillo de paredes color crema y baldosas marrones "trate de quedarse en el molde si presencia una pelea. Y cuando sienta ganas de beber" sigue "no vaya a un bar a mirar un vaso de cerveza: sintonice el canal mexicano, mire un rato una de esas novelas… Va a quedarse dormido y se le van a pasar las ganas de beber"

No podés evitar que ahora a vos se te dibuje una sonrisa en los labios y agradecés en silencio que exista alguien como Martina Almeida, y que sea tu cuñada.

Al llegar a la puerta de la jefatura de policía sentís un viento levantarse y la sensación que te produce es sumamente agradable. Estás mucho más tranquila, mucho más relajada, y en estos momentos tu única preocupación es el hecho de que tu idea sobre cómo sería el momento en que conocerías a un familiar de Tony se arruinó debido a las circunstancias que tuvieron lugar y que forzaron a las cosas a suceder de esta manera.

Buscás a Tony con la mirada; no lo viste dentro, y no está acá afuera.

Me prometió que iba a esperar, que iba a quedarse acá, que iba a estar cuando saliéramos pensás, jugando nerviosamente con tus dedos.

Por otro lado, no sabés si estás lista para que Danny conozca a Tony, para que se entere que hay un hombre en tu vida, mucho menos después del pequeño infierno porque el que acaba de ser empujado gracias a la mala suerte. No sabe quién es Martina, no tiene idea de dónde la conocés; tranquilamente podría ser una abogada penalista cualquiera. No hace falta que aclares nada, y crees que Martina es lo suficientemente inteligente como para mantenerse en el papel de abogada que tan perfectamente interpreta y no mencionar a 'Anthony' delante de tu hermano.

De hecho, por el tacto que muestra al dirigirse a él, crees que tiene claro que es mejor que él y Tony no se crucen justamente hoy.

"Señor Dessler, va a ser mejor que vaya a su casa, se bañe, se saque esa remera negra horrible que le dieron en la jefatura, la tire en el cesto de la basura y descanse por el resto del fin de semana" casi podría decirse que ahora la actriz en ella está jugando un papel maternal, y lo representa tan bien que tu hermano de treinta y seis años, que prácticamente tiene edad para ser el padre de esta chica que no pasa los diecinueve, escucha sus consejos como si fueran palabra santa.

Esta experiencia definitivamente le cambió bastante el carácter; en el interrogatorio apenas si se animó a respirar. Es bueno que esté tomando sus medicamentos; si no estuviera en tratamiento, hasta podría haber atacado a alguno de los policías, como atacó a Carrie o a esos guardias en la CTU reflexionás.

"No hace falta que me acompañes a casa, Michelle" se apresura a decirte, adivinando tus intenciones o leyéndolas en tus ojos antes de que llegues a verbalizarlas "Puedo tomar un taxi"

"¿Estás seguro?" preguntás, tomándolo del brazo.

"Sí, hermanita" sonríe "Hoy ya hiciste demasiado por mí, ya te molesté demasiado por un fin de semana" ríe.

"No me molestaste, Danny, más bien me preocupaste horriblemente" suspirás.

"Al parecer preocuparte es lo único que hago… Lo siento, Michelle" se disculpa, mirando fijamente el suelo.

"Danny, te prometí ayudarte siempre, y estoy cumpliendo esa promesa. Nunca voy a quebrar esa promesa" asegurás "Ahora coincido con la Doctora Almeida, va a ser mejor que vayas a tu casa y descanses, ¿sí? Voy a llamarte esta noche para asegurarme de que estés bien"

Se despide de vos y de Martina una vez más, agradeciéndole profusamente de nuevo, antes de dirigirse hacia la esquina de las a estas horas bastante transitada calle y frenar un taxi, para el cual insististe en darle dinero, incluso si al principio se rehusó en aceptarlo.

"Martina, no encuentro las palabras para empezar a agradecerte…" comenzás en cuanto se quedan ambas solas.

"Michelle, después de mi novio y mi papá, mi hermano es el hombre más importante en mi vida" resume "Haría cualquier cosa por él" la forma en que brillan sus ojos te deja saber que es verdad, que lo que está diciendo es absolutamente cierto "Me llamó esta mañana y me dijo que estabas en problemas. No me preguntó si podía ayudarte: me dijo que tenía que ayudarte porque iba a morirse de dolor si te veía sufrir" sentís tu corazón latiendo acelerado cuando te revela esto, y jurarías que tus mejillas ahora están de un color rojo brillante y furioso "Ya te lo dije un rato atrás: la existencia de mi hermano gira alrededor de tu existencia, y si bien no soy la persona más sociable del mundo" suspira "me hubiera gustado que el comienzo de nuestra relación no fuera tan raro ni tan incómodo"

"Yo no sabía qué hacer, y Tony sugirió llamarte…" esbozás en tono de disculpa.

"Son acontecimientos que nos sorprenden, Michelle" se encoje de hombros "Hubiera preferido que me conocieras fuera de este ámbito, porque parte de ser abogado es ser un buen actor" sí, es cierto coincidís mentalmente "Cuando estoy defendiendo a un cliente, redactando contratos o ayudando a la fiscalía como asesora, estoy interpretando el papel que esa persona o ente, sea cual sea, necesita que yo interprete. La verdadera Martina Almeida podrá mezclarse a veces con la Doctora Almeida, pero lo cierto es que soy distinta. Soy mucho más tímida, mucho más antisocial, mucho menos propensa a la verborragia… Hubiera querido que conocieras al ser humano, no a la actriz, incluso si la actriz a veces es mucho más simpática que el ser humano" sonríe, o al menos esa mueca en la que se curvan sus finos labios intenta ser una sonrisa. Una sonrisa honesta y genuina, una sonrisa que devolvés con gusto.

"A mi me hubiera gustado que me conocieras de otra manera" asegurás, sin dejar de sonreír ", no en la jefatura de policía porque mi hermano estaba siendo acusado de un crimen. Me hubiera gustado que Tony pudiera presentarnos de una manera, em…, más apropiada"

"Respecto a eso, lamento mucho haberle pedido que se fuera, pero lo cierto es que la justicia debe seguir ciertos procesos. Raramente dejan que un familiar presencie el interrogatorio" te explica "; la presencia de Anthony complicaba las cosas, hubiera sido injustificable. Lo siento mucho" se disculpa ", pero no mezclar lo profesional y lo personal es parte de ser un buen abogado. Hoy te conocí como una persona que me contrató para representar a su hermano, no como a mi cuñada"

"Lo entiendo perfectamente" asegurás "Ya vamos a tener tiempo de conocernos mejor" le decís, con la esperanza de que pueda suceder y de que este raro comienzo sea dejado atrás y reemplazado por uno nuevo.

"Ahí viene Anthony" señala, mirando a un punto lejano sobre tu hombro.

Te das la vuelta y enseguida tu rostro se ilumina; no podés evitar sonrojarte y sonreír de oreja a oreja, tanto que casi te duelen los músculos. Notás que cuando su mirada capta la tuya apura el paso, hasta que segundos más tarde se encuentra a escaso medio metro de vos.

"Presumo que todo salió bien" comenta, acariciando tu mejilla con el dorso de una mano y entrelazando con tus dedos los dedos de la otra.

"Martina realmente ayudó mucho"

"¿Dónde estabas, Anthony?" interviene ella.

"Tuve que ir a dar una vuelta un rato, esperar ahí estaba poniéndome nervioso. La chica de la recepción no dejaba de coquetear conmigo" agrega en voz baja "; creo que estaba intentando que le diera mi número de teléfono o algo así"

Sobre mi cadáver pensás, pero no decís nada.

"Supuse que para cuando regresara aún seguirían adentro" se disculpa.

"No te preocupes, acabamos de salir. Se arregló todo, Danny se fue a su casa a descansar…"

"Y yo estaba disculpándome con Michelle por haber actuado tan fríamente esta mañana. También quiero disculparme con vos, Anthony"

"No hay problema, Martina, sé que estabas haciendo tu trabajo. Me hubiera gustado que las cosas se dieran de otro modo…" comienza.

"De eso estábamos hablando con Michelle" lo interrumpe Martina "Estoy segura de que pronto vamos a tener oportunidad de tener un comienzo más normal que éste, ¿no es cierto, Michelle?"

Asentís con la cabeza.

"Podríamos ir a tomar algo" propone Tony.

"No, gracias, Anthony" Martina declina la invitación "Va a tener que ser otro día, tengo todo mi fin de semana planeado en base a otras cosas, tengo que ir a casa a trabajar un rato más y luego encontrarme con Kiefer y sus padres. Pero sí me gustaría que volviéramos a vernos pronto, quizá para cenar o algo por el estilo, ¿sí? Para que Michelle conozca al verdadero ser humano que soy y no se quede con la impresión que da la actriz en mí"

Suena muy bohemio reflexionás. Pero te gusta cómo suena.

"A mi también me encantaría que pudieras conocerme de otra manera" coincidís.

"Va a ser mejor que vaya yéndome" anuncia "Michelle, me alegra mucho poder haber sido de ayuda"

"Realmente lo fuiste y te agradezco enormemente"

No tenés palabras para expresar lo mucho que significó esto para vos, no existen las palabras para demostrar esa gratitud.

"Te debo una, hermanita" Tony le da una palmada en la cabeza, lo cual evidentemente no es del agrado de Martina juzgando por su ceño fruncido y la mueca en la que se curvaron sus labios.

Cinco minutos después la ven alejarse calle abajo en dirección al lugar donde dejó aparcado su coche. Una vez solos, él te toma de la mano y comienzan a caminar, dirigiéndose hacia su auto.

"Tu hermana es una excelente abogada y una excelente persona, Tony" comentás.

"Es todo un personaje" chasquea la lengua y se rasca el costado izquierdo de su cara "Seguramente lo que viste de ella hoy no es ni un dos por ciento"

"Lo que vi me alcanzó para saber que sos muy afortunado de tener una hermana como ella" depositás un beso en su mejilla "Sos muy afortunado de tener una familia tan linda como debe ser la tuya"

Sentís su brazo rodeando tu cintura y su boca a centímetros de tu oído antes de oírlo susurrar: "Soy muy afortunado de tenerte a vos"

"La única afortunada acá soy yo" suspirás "Mirá el sábado de locos que tuvimos que pasar"

Te dejás caer en el asiento del acompañante y reposás tu cuerpo cansado después de haber sufrido tantos nervios y tanto estrés sobre el respaldo, relajándote. Sentís su mano cerrarse sobre tu mano nuevamente, inundándote de calidez.

"Michelle, ya te lo dije: prefiero estar con vos y acompañarte cada vez que sea necesario antes que pasarme la vida sin problemas con cualquier otra mujer" te recuerda, mirando directo dentro de tus ojos con la misma adoración, la misma devoción y el mismo amor que siempre brilla en ellos, como una luz que te ilumina siempre.

"Y es por eso que soy tan afortunada"

Será a caso que estás saliendo de ese estado de entumecimiento y las emociones empiezan a hacer mella en vos, pero tenés ganas de llorar. De hecho, ya hay un nudo firme en tu garganta y tus pupilas empiezan a humedecerse y a hincharse. Pero no querés dejar esas lágrimas caer, por eso las aguantás como has hecho muchas otras veces.

"Creo que los dos somos afortunados de tenernos. ¿Sabés cuántas personas están juntas durante años y años y no se cuentan sus problemas, no comparten sus tristezas, se guardan las cosas dentro de ellos, muy profundo en el interior de su alma, en cajitas que nunca van a abrir, que nunca van a mostrarle al otro porque tienen miedo de sentirse vulnerables, porque tienen miedo de que el otro los abandone o deje de quererlos, porque tienen miedo de exponer sus debilidades?"

Es una pregunta retórica, por supuesto, pero mientras tus lágrimas comienzan a caer silenciosas por tu rostro, dejando huellas húmedas detrás de sí, asentís con la cabeza.

"Nosotros dos llevamos juntos una semana y un día, y en ese tiempo te conté más cosas que las que podría haber imaginado poder compartir alguna vez con otro ser humano" susurrás, captando cuál es su punto.

"¿Ves?" sonríe "Nos entendemos perfectamente. En una semana y un día te conté sobre mí, sobre mi historia, sobre mi familia más de lo que muchos han llegado a descubrir en años" suspira "Te hablé de mi hermano Christian, de mi abuela, te dije cosas que pensé nunca podría decir a alguien, porque nunca imaginé confiar tanto en alguien, nunca imaginé que fuera posible encontrar a una persona con la cual podría hablar de todo"

"Siento exactamente lo mismo" las comisuras de tus labios, curvadas en una sonrisa, capturan las lágrimas que nacen en tus ojos antes de que caigan finalmente sobre tu regazo, dejando grandes gotas oscuras y húmedas sobre la tela de tu jean, pero realmente no te importa.

Son lágrimas de felicidad, de alivio, de tranquilidad, lágrimas que dejan salir las emociones que estuviste conteniendo esta mañana, las emociones que se formaron en tu garganta y en tu estómago, anudándolos fuertemente, hasta que casi no podías respirar, hasta que llegó un momento en que tanto dolor, tantos nervios y tanta ansiedad te dejaron entumecida y contemplando las cosas desde la perspectiva de un fantasma o de un intruso espiando el ensayo general de la escena de una obra. Ahora, ahí, con él, podés volver a ser vos misma, liberar las tensiones, y en lugar de contener las lágrimas – que es siempre tu primer impulso – dejarlas caer.

"¿Ves? Somos muy afortunados de tenernos" repite, antes de arrancar el auto y comenzar a alejarse en dirección a su casa.

"¿Incluso si lo único que hago es llorar" comenzás, enjuagándote los ojos "y meterte en situaciones totalmente indeseables que arruinan los viernes y los fines de semana?"

"Por última vez: sí" insiste "Además, nuestro fin de semana no está arruinado" te contradice "Todavía podemos ir de paseo, mirar televisión, ver una película, lo que quieras hacer. No me importa qué elijas siempre y cuando podamos estar juntos"

Echás un vistazo a tu reloj pulsera. No son ni siquiera las once de la mañana aún. Si bien el día está fresco se levanta en el cielo un sol hermoso, y no hay una sola nube perturbando el firmamento, que está de un color azul profundo.

Definitivamente él tiene razón, en todo lo que dijo, incluido eso de que el fin de semana no está arruinado.

En silencio, observás la ciudad de Los Angeles a través de la ventanilla, y se te ocurre que en los últimos días, en los últimos meses, viviste varios comienzos raros. Tu relación con Tony definitivamente comenzó en medio de una crisis que podría haberlos conducido a la tercera guerra mundial; si eso no es raro, entonces no se te ocurre qué sí lo es. Conocerlo a él, pensás, fue el resultado de una mala experiencia que te llevó a pedir a Ryan Chappelle que te enviaran a trabajar fuera de División, porque de lo contrario las cosas entre Carrie y vos acabarían mal (irónica la vida, ahora durante al menos un mes o hasta que logren contratar personal suficiente para que la Unidad se mantenga vas a tener que verla todos los días); conocer a Tony también sucedió gracias a circunstancias no muy normales, pero esos momentos de angustia y desesperación que desembocaron en tu traslado a la CTU llevaron a un final feliz. Después, esta mañana, tu primer encuentro con Martina se vio forzado por decisiones del destino y fue, también, raro, pero también tuvo una buena resolución.

Raros comienzos, algunos, pero todos con final feliz.

Sonreís, y cuando Tony te pregunta a qué se debe esa sonrisa compartís con él tus pensamientos, a lo que él contesta, al tiempo que maniobra para estacionar el auto:

"Yo también prefiero un raro comienzo a un mal final"