Quiero que siga la magia y que no pase el tiempo.
Martes por la noche, el segundo día de la semana, y ya estás exhausto a tal punto que contás los minutos que restan hasta que el reloj piadoso decida marcar que han llegado las seis de la tarde del viernes y que sos libre de irte a casa por cuarenta y ocho horas (si tenés la suerte de que el teléfono no suene y al contestarte del otro lado de la línea la voz de Chappelle te diga que hay una emergencia y que te necesitan ahí).
Lo único bueno que rescatás de estas doce tediosas horas que dejás atrás es el bendito hecho de que Carrie fuera enviada a una reunión importante en División concerniente a su trabajo allí – el que dejó temporariamente en manos de algún otro para ir a cubrir la falta de personal en la Unidad -, por lo cual ni vos ni Michelle se vieron obligados a soportar sus comentarios lascivos, sus miradas envenenadas o simplemente la incomodidad que despierta su mera presencia. Y juzgando por un comentario que te hizo Eileen, una de las analistas, cuando pasaste por su escritorio para chequear datos sobre una de las células que están investigando, el resto del cuerpo técnico de la CTU también tuvo un día un poquitito más relajado sin la presencia de esa arpía.
"Tony, ¿cuándo van a comenzar con el proceso de contratación para cubrir los puestos que quedaron libres?" fue su pregunta antes de que te marcharas hacia otro sector.
"En cuanto División termine de presentar los nuevos planes de estructura y jerarquía y Distrito los apruebe y nos dé un presupuesto para poner manos a la obra" contestaste "Sé que en este momento estamos tapados de trabajo, Eileen" te solidarizaste con ella", pero lamentablemente el proceso es lento"
"No me molesta la carga extra de trabajo" corrigió tu malinterpretación "Simplemente no puedo ver la hora de que Carrie se vaya y nos deje a mi y al resto de los analistas en paz" agregó con un tono bastante seco.
Te limitaste a esbozar una mueca que fácilmente podría haberse confundido con una sonrisa, pero no dijiste nada: diste por hecho que Eileen entendió sin necesidad de que musitaras palabra alguna que por dentro, en respuesta a su comentario, una parte de tu cerebro dijo: "Yo tampoco veo la hora de que Carrie se vaya".
Una hora más tarde, cuando todo el mundo estaba demasiado concentrado y absorto en sus asuntos como para prestar atención a cualquier otra cosa, pasaste por el escritorio de Michelle – carpeta en mano para, por las dudas, fingir estar corroborando datos o dándole instrucciones – y le comentaste lo que Eileen te había dicho hacía un rato.
"Honestamente, estoy contando los días para que terminen de decidir bien qué va a hacerse y qué no y dejen que empecemos con el proceso de entrevistas. El primer puesto que vamos a cubrir es el de Carrie" te advirtió con una media sonrisa.
"¿Vas a elegir a la primera persona que cruce la puerta?" inquiriste, en tono de broma "¿En qué vas a basarte para seleccionar al candidato indicado?, ¿va a bastar con que sepan escribir su nombre, encender la computadora y enviar un correo electrónico?" continuaste, divertido.
"Me basta con que sepan escribir su nombre" te contestó y luego suspiro, cansada "Son las cuatro de la tarde y ya quiero irme" se quejó.
"Somos dos" coincidiste, exhalando pesadamente. Luego, miraste a un lado y la otro para cerciorarte de que seguían sin moros en la costa, te inclinaste hacia delante y susurraste en su oído "¿No vas a hacer que duerma solo otra vez, no?" preguntaste, poniendo en uso tu mejor carita de pollito mojado y abandonado. El día anterior, lunes, Michelle había ido a visitar a Danny, a mantenerlo acompañado, y luego había ido directo a su departamento.
"Puede ser" fingió estar dubitativa "… Tengo otros candidatos en la lista que también quieren cocinar para mí, prestarme su ropa, dejarme ver lo que quiera en la televisión – incluso dibujos animados" sonreíste, recordando los cuatro no tan penosos episodios de Hey Arnold! que de hecho disfrutaste viendo con ella durante el fin de semana "- … Tal vez si tenés suerte te elija a vos de entre todos ellos" agregó luego, dejando escapar una risita ante la expresión ceñuda que esbozaste.
"Michelle, no me tortures" le pediste "¿Vas a venir o no?" volviste a preguntar, prácticamente haciéndole ojitos como un perrito desahuciado e indefenso que después de haber pasado noches enteras deambulando bajo la lluvia espera que el próximo transeúnte que lo vea se apiade de él y decida llevarlo a casa.
Muy despacio desvió los ojos de la computadora hasta que su mirada se posó en tu mirada, conectándose la una con la otra, haciendo que incluso encontrándose en mitad del piso principal de la CTU, rodeado de técnicos, analistas, secretarias yendo y viniendo y con el ruido de dedos tecleando salvaje y rápidamente, fragmentos de conversaciones y mecanismos de computadoras y diversas máquinas puestos en funcionamiento como música de fondo se sintieran solos en el medio de la nada, completamente ajenos al resto del mundo.
"Lo único que quiero en esta vida es estar con vos cada minuto de mis días" dijo, ya dejando totalmente de lado cualquier tono de broma, ya sumida en una seriedad conmovedora "Siempre que pueda, voy a correr a tus brazos"
Cuando regresaste a tu oficina, tratando de reprimir las ganas de sonreír de oreja a oreja como un nene de cinco años al que acabaran de decirle que se adelantó la Navidad, tenías la sensación de que acabarías tu día exhausto, probablemente con un dolor de cabeza acechándote inminentemente, probablemente con tus sienes ardiendo y palpitando, pero al menos para aguantar hasta las seis de la tarde tenías la satisfacción de que una vez acabado este martes tendrías a la persona que más te importa en el mundo con vos, compartiendo hasta las cosas más simples, recordándote que son esas horas a solas con ella por las que vivís, que son esos momentos que pertenecen nada más a los dos los que dan sentido a tu vida.
Por unos segundos recordás lo que te dijo tu hermana sobre Michelle cuando hablaron por teléfono el lunes por la noche y te animaste a preguntarle qué había pensado de ella, qué opinión le valía, no porque realmente su opinión fuera a influir de alguna forma, si no porque te daba curiosidad escuchar lo que tuviera para decir; después de todo, te dio la sensación de que a su alrededor Martina no había actuado tan fría, distante y antisocial como es común en ella delante de desconocidos.
La conversación la repetiste varias veces en tu cabeza la noche anterior mientras intentabas quedarte dormido – inútilmente, porque cuando no estás con ella solamente conciliás el sueño al llegar a ese punto en el cual tu anatomía dice basta; a menos que estés tan cansado que apenas tengas fuerzas para hilar dos palabras juntas, te mantenés despierto pensando en ella, recordando por qué la amás tanto, repasado mentalmente la lista de sus manías, costumbres, gestos y hábitos que adorás y fantaseando con el momento en que puedas abrazarla de nuevo -, y varias veces durante este martes agotador y lleno de cosas que hacer, papeles que llenar, empleados que supervisar y satélites que revisar durante el cual hubo muchos ratos en los cuales Michelle estuvo yendo y viniendo de IT 1 a IT 2 o dando vuelta por el piso principal asesorando a técnicos y analistas, cuando no podías relajarte observándola desde los ventanales de tu oficina, repasabas mentalmente tus momentos favoritos de la conversación con Martina y te sonreías a vos mismo.
"Tiene rasgos asiáticos muy sutiles y rasgos europeos muy finos" fue lo primero que te comentó, y lo interpretaste como una expresión de admiración.
"Su papá era japonés pero parte de su familia era francesa y su mamá era galesa de padres holandeses" comentaste rápidamente, queriendo zanjar pronto la cuestión de los orígenes, nacionalidades, descendencias y razas.
"No es bonita pero sí es exótica y llamativa" se adelantó a agregar antes de que vos pudieras espetar su comentario "Sé que a vos te parece hermosa. Yo sólo te doy un punto de vista objetivo. Tiene manos y uñas muy cuidadas también…"
"Martina, das demasiada importancia a esos detalles perfeccionistas" comentaste, con un chasquido de la lengua.
"Ya lo sé: me fijo demasiado en cosas que carecen de importancia"
"Cuando se trata de ella le doy importancia absoluta a todo" estabas ruborizándote, y esperabas que tu hermana no notara algo en tu tono de voz o forma de expresarte que lo indicara, porque seguramente te torturaría enteramente diciéndote que te convertiste en uno de esos protagonistas de novelitas rosas de bolsillo ", pero quiero saber más que lo que pensaste sobre su aspecto. Estoy seguro de que reparaste en mucho más que en eso" agregaste casi acusatoriamente, sabiendo que tu hermana es una máquina de observar, examinar y calificar.
"Se nota que es una buena persona" comenzó.
No pudiste evitar interrumpirla.
"Es la mejor persona del mundo"
"Anthony, estoy hablando" te advirtió secamente para que dejaras de arrojar frases en medio de lo que decía "Se nota que es una buena persona" retomó cuando finalmente te abocaste a guardar silencio y escucharla "Se preocupa por su hermano, me dijo que considera a la familia algo fundamental y que sabe el papel que nosotros ocupamos en tu vida, aunque obviamente ahora queda reducido a un espacio pequeño desde que ella te consume por completo" agregó, y trataste de pasar por desapercibido ese dejo de acusación que daba vueltas en su voz "Y lo más importante, que puede verse en sus ojos, es que te ama con locura, y más de lo que probablemente se quiera a sí misma"
Esas últimas fueron las palabras a las que te quedaste abrazado, las que te gusta repetir en tu cabeza incontables veces.
Puede verse en sus ojos que te ama con locura.
Por eso te encanta mirar dentro de sus ojos. Por eso te perdés en ellos y morís de amor cuando te hundís dentro de esos dos pequeños océanos color chocolate oscuro. Por eso sentís que cuando la mirás a los ojos podrías darlo todo, entregarlo todo, sacrificarlo todo con tal de detener el tiempo para siempre y quedarte suspendido en ese instante, en ese segundo, y pasar el resto de la eternidad con tu mirada y la de ella fundiéndose.
Claro que después de esa pequeña partecita que reprodujiste miles de millones de veces en tu cabeza, aferrándote como a nada a esa frase que te recuerda a la sensación que te invade y hace que caigas rendido a sus pies cuando ves el amor que te tiene brillando en sus ojos más que lo que podría llegar a brillar cualquier estrella o cualquier otra luz en el mundo, vino la parte que sospechabas en el fondo querrías olvidar y borrar de tu memoria, arrancarte de la cabeza, exterminar de tus recuerdos, no darle más vueltas porque a vos no debería afectarte en nada lo que vayan a pensar los demás y lo tenés absolutamente claro.
De lo que los demás tengan para opinar, decidiste, vas a agarrarte de las cosas lindas. El resto, todas esas ridiculeces sobre las herencias, las descendencias, las culturas y las razas y esas nimiedades en las que jamás se te ocurriría fijarte, realmente te tienen sin cuidado, por eso a la segunda parte de tu conversación con Martina vas a erradicarla de entre tus pensamientos, como si no hubiera existido, como si no hubiera tenido lugar, porque no vale la pena que te quite la tranquilidad.
Sin embargo, aunque trates de empujar esos pedazos lejos, hay partes que siguen volviendo, de pronto, para asaltarte, de repente, cuando estás haciendo otra cosa. Durante el día de hoy, mientras trabajabas muy concentrado o te ocupabas de ese interminable y odioso papeleo que viene 'de regalo' cuando uno es director de una Unidad como la CTU, muchas veces aparecieron de la nada voces en tus oídos perturbando tu calma, arrancándote de lo que fuera que te tenía inmerso en ello, haciendo que te olvidaras de lo contenta que sonó tu hermana – genuinamente contenta, lo cual es difícil tratándose de ella, porque nadie le cae bien enseguida y siempre tiene defectos para resaltar en todo – cuando te dijo que podía verse claro en sus ojos y sin atisbos de duda que Michelle te ama más allá de todo, y las memorias de esa parte de la conversación eran reemplazadas por ecos que no querías escuchar, ecos de esa parte que te gustaría pretender no sucedieron.
"Es muy educada, es sincera, definitivamente tiene un corazón enorme y le da importancia a la familia, no es una de esas locas que quieren alejar a sus parejas del resto del mundo y les llenan la cabeza en contra de su propia sangre. Pero no voy a ser hipócrita y mentirte diciéndote que todos mis pensamientos son color rosa. Anthony, esta chica va a traerte problemas con mamá y con papá, y probablemente Gabrielle, Fiona y Eva también tengan algo no muy agradable para acotar al respecto cuando sepan que no pertenece a nuestra comunidad"
Y vos en ese momento pensaste Dios, otra vez con esta estupidez. ¿Comunidad? ¿Por qué la gente tiene que dividirse en comunidades según sus costumbres, su raza, su color de piel o sus características físicas? Somos todos seres humanos, ¿no es eso suficiente?"
Respetás las tradiciones mexicanas y las argentinas porque te lo inculcaron de chico, las tenés muy presentes y sentís un gran amor por la cultura latina en general, así como amás a tu patria de nacimiento y respetás su cultura, sus tradiciones y sus costumbres tanto como aquellas que pertenecen a las patrias de tus padres. Pero no creas que los latinos deban casarse con latinos, los japoneses con japoneses, los chinos con los chinos, los norteamericanos con los norteamericanos y así sucesivamente como si fuera una versión moderna del Arca de Noé con protagonistas humanos o una especie de recreación de las épocas previas a la modificación de las XII tablas del Derecho Romano en las que sólo podían casarse los de la misma clase.
Te parece ridículo. Tan, tan ridículo…
"Podrá ser muy buena, podrá ser muy simpática y muy trabajadora, podrá ser honesta y noble y amarte como a nada en el mundo, pero eso no quita que no sea la clase de persona que ellos esperan que lleves a casa"
Y eso te condujo a pensar, eso te conduce a pensar cada vez que esa frase te asalta, cada vez que te agarra desprevenido, en esto pensaste durante este martes cansador cada vez que de pronto aparecía dando vueltas por ahí incluso si intentabas empujarla lejos: "Es el amor de mi vida, es lo único que necesito para ser feliz, ¿qué importa lo que piensen o esperen los demás?"
"No sólo no es latina, sino que también pertenece a una raza y cultura completamente diferente a las nuestras, totalmente opuesta a la nuestra"
Dios, te parece tan ridículo. Y sin embargo por momentos te permitiste imaginarte a tus padres dentro del contexto de unos padres con otros rostros y otros nombres y otros caracteres que no quieren que su hijo se case con una chica de lo que ellos llaman otra raza, y pudiste verlos perfectamente cumpliendo con ese rol en el que jamás los hubieras visualizado. Y eso fue suficiente para que te estremecieras, antes de decidir nuevamente que debías concentrarte en ser feliz, en hacerla feliz a ella e ignorar al resto del mundo.
"Michelle me cayó bien, de verdad, y voy a hacer un esfuerzo para que nuestra relación progrese, te lo prometo. Pero tengo que advertirte: a mamá y papá esto no va a gustarles en lo absoluto"
No tiene que gustarte a vos ni tiene que gustarle a ellos pensaste. Basta y sobra con que yo la ame y con que ella me ame a mí.
Tus padres son parte de tu vida, tu hermana es parte de tu vida, tus otras hermanas, tus sobrinos, todos ellos lo son, y ahora que tu vida se reduce enteramente a Michelle, ahora que tu vida depende exclusivamente de tenerla a ella, de escuchar su voz y ver su sonrisa y oír su risa y quedarte dormido abrazándola, ahora que lo único que necesitás se reduce en ella, los demás pasan a ser componentes de tu vida que no tienen influencia alguna sobre el facto principal.
Sí, que te juzguen de egoísta si quieren, que digan que no puede ser que tu mundo, que tu existencia se resumen una una sola persona, que opinen lo que quieran. No esperás que comprendan lo enorme y mágico de este amor, lo terriblemente dependiente que sos de este amor, lo terriblemente egoísta que podés volverte con los otros si se niegan a aceptar lo mucho que consume el verdadero amor cuando no concebís la vida sin poder amar libremente a esa otra persona que nació para ser tu mitad.
Querés que la conozcan y te encantaría que se llevaran bien con ella, pero si tuvieran algo que acotar o se les ocurriera opinar idioteces fuera de lugar, no te importaría, no afectaría en lo más mínimo la forma en que sentís. Simplemente te daría pena por ellos, por demostrar una mentalidad tan cerrada y perderse la oportunidad de conocer a la que estás seguro es la criatura más buena, dulce y tierna del mundo.
"Son buenos cristianos y considerados siempre y cuando no se metan con sus hijos. Están abiertos a respetar cualquier clase de etnia, raza, religión o cultura, pero dentro de su pequeño mundo latino y católico nadie ose a entrar si no quieren tener problemas… Abrí los ojos, Anthony: los mismos padres que nos enseñaron a ser luchadores porque ellos debieron luchar hasta el cansancio para poder estar juntos son capaces de mucho si sienten que hay algo o más precisamente alguien amenazando la clase de vida y futuro que sueñan para sus hijos"
Mi vida es Michelle. Mi futuro es ella. No hay nada que discutir, nada que agregar, nada que acotar. A palabras necias oídos sordos. Mi vida y mi futuro los decido yo, no ellos.
Qué hipócrita sería, ¿no? Tus padres lucharon hasta el cansancio para estar juntos, se opusieron a los que decían que los pobres no se mezclan con los ricos, y ahora de repente por todas partes aparecen señales que indican que a vos van a decirte que los latinos no se mezclan con los japoneses.
Si ellos lucharon, entonces vos también sos capaz de luchar.
Por ella sos capaz de absolutamente todo, incluso de contradecir a tu propia sangre y hacer que vean lo equivocado que a veces se puede estar cuando se tiene la mente tan cerrada para algunas cosas.
"Suficiente los desafiaste decidiendo no estudiar medicina como papá, suficiente los desafiaste al meterte para trabajar con el gobierno… Anthony, cuando se enteren quién es Michelle y qué es… vas a tener problemas, hermanito"
A medida que pasaban las horas tus recuerdos de esa parte de la conversación que querías olvidar volvían con menos y menos frecuencia y les prestabas menos y menos atención, volviéndose cada vez más y más lejanos y más y más enredados, hasta convertirse en una pelota de palabras ininteligibles y carentes de sentido, aunque la verdad es que para vos nunca tuvieron sentido porque lo que te decían siempre te pareció y siempre te parecerá absurdo, no porque no creas que es verdad que va a suceder, si no porque no podés creer que exista gente con tu misma sangre en las venas capaz de discriminar tanto, especialmente cuando a vos te enseñaron a no discriminar.
"Y este amor que defendés con tanta locura va a hacer que sufras, y ella va a sufrir también. El otro día me dijiste que verla sufrir te destroza: si yo fuera vos empezaría a hacerme fuerte desde ahora, Anthony"
Cada vez que tu cabeza llegó a ese punto de la conversación – o más bien del monólogo de tu hermana -, dijiste basta, sentiste como un pequeño estallido dentro tuyo y luego una emoción corriéndote por las venas, demasiado fuerte como para ignorar.
¿Sufrir por amor? Jamás. Nunca más. Ni vos ni ella. Este amor que defendés con tanta locura es lo que te salvó la vida, es lo que te sacó de la depresión, es lo que te rescató de ese pozo hondo, oscuro y sin final. Este amor es la razón de cada uno de tus respiros. ¿Sufrir por él? En todo caso sufrirás si tu familia te decepciona, pero sufrir por amor jamás.
¿Permitir que ella sufra? Antes muerto. No vas a permitir que sufra nunca más. Se lo prometiste la otra noche, te lo prometiste a vos mismo: nunca más va a sufrir ninguna clase de discriminación y nunca más va a volver a sentirse fea o dejada de lado. Vas a asegurarte de eso.
¿Hacerte fuerte? Toda la fuerza que necesitás se esconde en ese amor, y en nada más. Ese amor es la fuente de todas tus fuerzas, es lo que te sostiene, es lo que te mantiene en pie, es lo único que te hace falta, lo único que precisás, lo único sin lo que no podrías vivir. Y con ese amor podrías superar todo y reponerte de todo, sanar cualquier herida, superar cualquier obstáculo, afrontar lo que sea, incluso que tu familia te decepcione.
Martes, qué día largo y extenuante. Te dejó absolutamente exhausto, no sólo por la cantidad de cosas que tuviste que hacer en la CTU, no sólo porque el lunes dormiste poco, si no porque también tu cabeza estuvo siendo visitada por tus fragmentos favoritos de tu charla con Martina y por otro lado torturada con esos pensamientos que aparecían de a ratos, sin que nadie los llamara, y te atacaban cuando menos lo esperabas, dejando a tu mente cansada y necesitando relajarse.
Durante todo el día no viste la hora de que llegara la noche, no viste la hora de abandonar esas paredes e irte a tu casa y aprovechar esos instantes, esos minutos, esos momentos con ella que quisieras hacer eternos, durante los cuales darías lo que sea con tal de detener el tiempo para hacer que duren para siempre.
Martes por la noche, y finalmente podés permitirte relajarte, aflojarte un rato, al menos hasta mañana por la mañana, al menos durante un par de horas, antes de verte obligado a regresar a la CTU y seguir metiéndote dentro de la piel del director de la Unidad, fingiendo todo el tiempo que podés mantenerte en una postura profesional y compuesta cuando en realidad morís de ganas de besar, abrazar y conversar acerca de miles de millones de cosas no relacionadas con protocolos y terroristas con la que es la segunda en comando, quien también debe meterse bajo la piel de una agente profesional y compuesta durante las horas que pasan amándose desde lejos dentro de esas paredes altas y frías, haciendo hasta lo imposible para mantener entre ustedes dos ese secreto al que protegerían contra todo, ese secreto que comparten, ese secreto que es sólo suyo.
Martes por la noche, finalmente estás en tu casa. Exhausto, sí, pero con la libertad de ser Tony Almeida el ser humano en lugar de ser Tony Almeida el agente federal. Y ella puede ser simplemente la muñequita frágil, dulce, cariñosa y tímida que se acurruca hasta quedar completamente atrapada en tus brazos y te pide que pongas Nickelodeon porque le encantan los dibujos animados. ¿Qué no darías por detener el tiempo y así congelar estos instantes y vivir sumergido en ellos para siempre?
Martes por la noche y vos – que fuiste torturado por tus sobrinitas miles de veces con películas como La Bella y la Bestia, La Sirenita, Blancanieves y otras 'genialidades' de Disney – estás en la sala de estar de tu departamento, en el sofá, frente al televisor, abrigado con una manta que los envuelve a ambos, acariciando su cabeza que reposa en tu regazo mientras un extraterrestre peludo y de color marrón llena la pantalla chica con sus locuras y ocurrencias.
Lo que darías por tener la capacidad de detener el tiempo y vivir perdido en estos instantes, l0s instantes en los que simplemente son vos y ella, los dos, y el resto del mundo pasa desapercibido.
Qué no darías por detener el tiempo cada vez que escuchás su risa, cada vez que su sonrisa ilumina su rostro.
"No puedo creer que te guste Alf" comentás por enésima vez, dibujando círculos en su estómago con una de tus manos, cayendo de pronto absorto totalmente en su belleza tan simple y a la vez tan exótica y atrayente, esa que brilla más que nada en el mundo sin necesidad de otra cosa que no sea la naturalidad en su mirada, en el color de su piel, en la suavidad de sus rasgos.
Qué no darías por detener el tiempo cada vez que la acariciás, cada vez que la observás, cada vez que te perdés admirando su belleza y preguntándote cómo fue que Dios pudo crear un ángel tan perfecto y decidir que era para vos.
"Es tierno" se defiende, sustrayéndote de tus pensamientos "Cuando se tiene un trabajo como el nuestro, no es sano llegar a casa y seguir envenenándonos el alma con noticieros, dramas y películas de acción"
"Coincido con vos" asentís, enredando un bucle especialmente largo en uno de tus dedos "Es importante tener pasatiempos, como dibujar, tocar un instrumento, jugar un deporte" enumerás "… Pero nunca antes había conocido a alguien que se distrajera viendo dibujos animados" agregás luego, ensanchándose aún más tu sonrisa de oreja a oreja, alborotándose más las mariposas que te hacen cosquillas en el estómago, porque con cada segundo que pasa más tierna y más adorable te parece esa cosita dulce, chiquitita, inocente y de apariencia indefensa que envuelta en uno de tus sweaters, con las rodillas al pecho y su cabeza en tu regazo, dejando que la mimes tanto como quieras, se entretiene con las aventuras de un marciano.
"Siempre me gustó mirar dibujos animados y esas cosas" confiesa "A veces cuando no tengo ningún libro interesante para leer antes de dormir sintonizo ese canal donde pasan clásicos viejos y veo Hechizada, Mi Bella Genio, El Súper Agente 86…"
Hace una pausa súbitamente; sin dejar de sonreír se acomoda hasta quedar de nuevo sentada a tu lado, ignorando ya por completo las imágenes en la pantalla del televisor, con sus ojos fijos en los tuyos mientras dejás que se acune en tus brazos y cerrás la manta aún más sobre su pequeña figura para mantenerla abrigada.
"Gracias" dice de pronto "por quedarte conmigo y abrazarme mientras veo programas infantiles cuando podrías estar viendo o haciendo cualquier otra cosa más interesante" explica cuando ve tu ceño fruncirse en señal de interrogación.
Espejás su sonrisa, dejando que tu frente repose sobre la suya y acariciando el contorno de sus labios con uno de tus pulgares.
"Si ver series viejas logra relajarte y distraerte después de un día agotador, aburrido y exasperante revisando protocolos, monitoreando satélites y actualizando bases de datos" susurrás "entonces eso me convierte automáticamente en fan de cada una de ellas, porque no hay nada que disfrute más o que me haga mejor que escuchar tu risa y verte feliz"
Interrumpe tus palabras presionando sus labios contra los tuyos para silenciarte, cerrando sus brazos alrededor de tu cuello dándote un beso muy simple, un beso que podría describirse como apenas un roce inocente que acaba antes de que puedas responder a él.
Su voz, sus susurros, llenan tus oídos, y no podés prestar atención a nada que no sean esas palabras que te dice, no podés prestar atención a nada que no sea ella, queriendo y dejando que te absorba por completo, que capture todos tus sentidos y que desdibuje el Universo que los rodea, hasta que sientas que solamente existen ustedes dos y que la única música es el sonido de lo que dice.
"Quizá antes necesitaba perderme en el mundo de los libros o despejarme mirando la televisión porque al llegar a casa lo único que me esperaba era un departamento vacío y frío, donde para escaparme de mí misma, de mis miedos, de mis pesadillas no me quedaba otra alternativa que acurrucarme sola en un costado del sillón y evadirme con cualquier distracción para no tener que pensar en las cosas que me hacían mal" la escuchás en silencio, fundiéndote bajo la sensación que despiertan los círculos en forma de caricias que sus dedos trazan sobre la base de tu cabeza, arremolinando un poco tu cabello color azabache.
Te perdés en esos ojos mientras la escuchás, sorprendido una vez más después de haber mirado dentro de ellos tantas veces, por lo hermosos y expresivos que son, lo exótico de su forma. ¿Qué no darías por detener el tiempo cada vez que mirás dentro de esos ojos, cada vez que sentís que tu mirada y la suya se atraen como dos campos magnéticos que inevitablemente se buscan?
Cuando esos ojos y los tuyos se funden, el tiempo sí se detiene y la magia que corre por tus venas hace que te sientas más fuerte que ningún otro ser humano sobre la faz de la Tierra, hace que sientas que podés contra todo, que nada va a dolerte o a lastimarte, que nadie va a decepcionarte, que ninguna herida va a volver a abrirse y a sangra si ella está ahí, en tus brazos, con sus ojos fijos en los tuyos y las agujas del reloj inmóviles, detenidas.
Es en momentos como este, en los que escuchás sus susurros acariciando tus oídos y sentís las caricias despertando dentro tuyo un centenar de mariposas revoltosas, en los que tus obligaciones como agente, como director, como ciudadano, tus preocupaciones, las formalidades, los protocolos, los peligros, dejan de existir.
Es en momento como este cuando volvés a entender por millonésima vez que no hay nada que alguien pueda decir o hacer que te lleven a cambiar de opinión o que te hagan reconsiderar tus sentimientos, porque la realidad es que es en estos momentos cuando por millonésima vez comprendés que ella es tu existencia, tu Universo, tu mundo, tu principio, tu fin, el sentido y razón de tu vida, y que por muy obsesivo y dependiente que puedas llegar a sonar, no durarías ni media fracción de segundo en dejarlo todo y en dejar a todos por un instante en sus brazos, con los relojes muertos y el tiempo detenido.
"Ahora no necesito nada de eso" prosigue, dejando que la punta de su nariz roce la tuya "Te necesito a vos y a nada más" verbaliza exactamente lo que sentís en el alma, en el cuerpo y en el corazón, con cada palpitar y con cada respiro, con cada pulsación, con cada pensamiento, con cada célula de tu anatomía.
Ni siquiera te das cuenta que una de sus manos buscó a tientas el control remoto sobre la superficie de la mesita de luz y que sus dedos hallaron el botón para pagar el televisor, dejando la sala de estar completamente a oscuras a excepción de la tenue luz proveniente de una lámpara de pie cercana que siempre mantenés encendida de noche 'por costumbre'. Ya sin los sonidos que emitía el aparato, el silencio cae entre los dos, y solamente pueden escucharse sus latidos acompasados.
"Después de cualquier día" te asegura, al tiempo que se tira hacia atrás y los lleva suavemente a ambos a quedar recostados en el sillón, aún envueltos en el cobertor "lo que necesito para sonreír, para reírme, para relajarme, es a vos. Un 'te amo' que vos me digas vale más que cualquier otra cosa y nunca falla en hacerme feliz"
Sentís sus labios encontrando los tuyos, jalándolos suavemente. Sentís su cuerpo relajándose bajo tu peso y hundiéndose en el sofá. Sentís sus manos acariciando tu espalda muy despacio y sentís la piel de su espalda bajo tu tacto, mientras esos besos dulces y lentos que ni la droga más adictiva podría reemplazar te embriagan por completo.
Te resulta imposible no seguirle el juego; después de todo, son estos momentos que comparten cada día, aunque cortos y sencillos, los que más esperás, los que más te alegran, los que hacen que incluso el cansancio demoledor que te destroza los nervios y te deja el cuerpo abatido desaparezca y sea nada comparado con lo lindo que es estar ahí, con ella, como si el resto del mundo no existiera, hablando de cualquier cosa, riéndote con una naturalidad y una facilidad que hacía tiempo no experimentabas, enamorándote más y más si es posible con cada segundo que pasa, con cada gesto, con cada palabra, con cada sonrisa, con cada beso, logrando que lo que digan, hagan, piensen u opinen los demás valga nada.
Lo que darías por detener el tiempo ahora mismo, congelar las agujas del reloj y dejarlas inmóviles. Lo darías todo, lo dejarías todo por quedarte para siempre en instantes como estos.
Lo que darías por detener el tiempo ahora mismo, en esta noche del martes, y vivir para siempre alimentándote de la euforia, la pasión, la ternura infinita y el amor que te devoran mientras la acunás despacio entre besos hasta que se queda dormida.
Qué no darías por detener el tiempo para que esta noche de martes sea eterna, para no tener que cerrar los ojos finalmente cuando quisieras quedarte para siempre viéndola dormir porque debés descansar ya que hay que ir a trabajar mañana. Qué no darías por detener el tiempo para que los prejuicios, opiniones y pensamientos o expectativas de los demás nunca amenacen con intentar opacar la magia que corre por tus venas cuando ella te mira a los ojos y te dice que nada más te necesita a vos para ser feliz.
Con tu rostro enterrado en su cuello, va desvaneciéndose todo, hasta que caes en un sueño tranquilo y profundo en el cual el tiempo se ha detenido y existen sólo ustedes dos.
Al menos por unas horas, hasta que suene el despertador, el tiempo se detiene y abrazados los dos quedan presas del hechizo de la magia de su propio amor, despreocupados del resto del Universo y de cualquier cosa existente en él que pueda atentar con separarlos, porque aunque quizá ustedes no lo reflexionen con sus mentes, con sus partes pensantes, sus almas saben que están tan fundidas una con la otra que va a ser imposible que alguien o algo los pueda separar.
