Su amor escribe en un cuaderno.
Después del domingo hermoso que pasaron juntos, volver a tu departamento y prepararte para el lunes es un tanto deprimente. Te recuerda a cuando eras chica, cuando llegaba la noche del domingo y el fin de semana comenzaba a extinguirse, marcando cada centímetro que las agujas del reloj avanzaban la inminente llegada del lunes, día en que regresarías a la escuela.
Ya la tortura comenzaba despacito la tarde anterior, cuando tu abuela – siempre tan fanática de la disciplina – hacía que prepararas tu mochila con las cosas necesarias y dejaras todo listo antes de la hora de la cena.
Odiabas esos domingos, odiabas esa rutina, porque ir al colegio para vos era un suplicio.
Ahora tampoco te gustan los domingos a la noche, pero la razón es otra: no podés estar con él, porque en algún momento se supone que debés regresar a tu casa para limpiar obsesivamente sobre lo limpio, ordenar lo que ya está ordenado, encargarte de mantener todo impecable y prepararte para ir a trabajar el lunes.
Tu amor por él ya raya la obsesión (¿raya la obsesión?; más bien ya supera la obsesión), y no es tan sano –si uno lo piensa con la lógica – que lo extrañes constantemente y que casi te duela el cuerpo cuando no estás con él por un par de horas, como si tuvieras síndrome de abstinencia, como si estuvieras pasando por un doloroso y terrible proceso de desintoxicación.
Como si te faltara tu droga.
Es que él es, para vos, una droga, una droga cuyos efectos hacen que te sientas hermosa, feliz, contenida, cuidada, amada, y otra gran cantidad de sensaciones que quisieras tener corriendo por las venas constantemente.
Te preparó algo liviano para que cenaras antes de llevarte a tu casa, porque no quería que tuvieras que cocinar… ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Vos?, ¿cocinar? Dios, que no te hagan reír.
Estuviste a punto de estallar en carcajadas histéricas, pero te contuviste; todavía no estás lista para exponer delante de él esa vulnerabilidad, todavía no estás lista para confesar que hacer un té es peligroso porque podrías desencadenar una catástrofe, un incendio o un incidente de ese estilo dado que ni siquiera estás totalmente entrenada en el manejo de hornallas. Simplemente lo besaste otro largo rato para agradecerle tantos y tan ilimitados mimos y no dijiste nada.
Cuando llegaste a tu casa, media hora atrás, técnicamente estabas lista para ocuparte de un par de cosas y luego meterte dentro de tu abrigado pijama (léase: una remera, un sweater y un jogging suyos), deslizarte bajo las sábanas y el cobertor, apoyar la cabeza en la almohada, abrazar a tu osito y dormirte temprano para estar bien despabilada a la mañana siguiente, durante la cual tienen planeado continuar con el largo proceso de entrevistas preliminares.
Sin embargo, hasta ahora de toda esa lista lo único que hiciste fue ordenar sobre lo ordenado, bañarte, envolver tu cuerpo en esas prendas que te quedan enormes pero que tanto amás… Y ahí pará de contar. No estás dormida, no estás abrazando a tu osito, no tenés la cabeza apoyada en la almohada y no estás acurrucada bajo las sábanas y el cobertor.
Estás en tu habitación, limpiando y ordenando el placar compulsivamente, porque la verdad es que no tenés otra cosa mejor que hacer para cansarte, agotarte y llegar al punto en el que tu cuerpo te pide una dosis de reposo que sos capaz de otorgarle sin tener que dar vueltas y vueltas de un lado al otro en la cama hasta sucumbir ya entrada la madrugada.
Las noches que pasás con él son las mejores, porque pueden quedarse conversando de todo y de nada hasta que finalmente empezás a adormecerte en sus brazos y vas perdiendo gradualmente la conciencia. Las noches sola en tu departamento – al que te ves obligada a regresar de tanto en tanto porque muy en el fondo ambos saben que pasar cada segundo del día juntos, por mucho que quisieran, no es sano – son las más largas y las más aburridas, por lo cual para matar el rato utilizás esta fórmula: música suave (en estos momentos lo que suena desde el estéreo es la voz de Gustavo Cerati dando con su voz forma a un conjunto de palabras y frases que no entendés pero que te encantan de todos modos, porque esa es la música que él escucha en ese otro idioma que habla tan perfectamente pero que vos todavía no lográs entender), el velador que reposa sobre la mesita de noche encendido para arrojar un halo de luz a la escena, mientras vos acomodás y reacomodás cosa tras cosa con obsesiva compulsión nacida de tu necesidad de perfeccionismo.
Es así, en el medio de este hábito de limpiar sobre lo limpio, ordenar lo ordenado y volver a limpiar y ordenar una y otra vez, que encontrás entre las muchas cajas de cartón (todas de igual tamaño, todas rectangulares, todas prolijamente alineadas una al lado de la otra bien al fondo, cada una de un color distinto, todas ellas etiquetadas) que guardás en tu placar, una que te llama la atención.
En realidad, no es que capta tu mirada porque no la recordás o porque no sabés qué hay ahí dentro. Es al revés: capta tu mirada porque sabés lo que hay ahí dentro, sabés lo que guardás en esa caja, lo sabés muy bien.
Es una caja que tendés a ignorar. Está ahí, sos consiente de que está ahí, junto con todas las demás, pero la ignorás. No la abrís, no pensás en ella, no reparás en ella. Es una caja donde guardás cosas que no podés tirar pero que querés no tomar en cuenta y mantener fuera de tu vista, ocultas, escondidas. Entre esas cosas, sabés, está el diario que comenzaste a escribir unos meses atrás.
En realidad no es el típico diario pequeñito, con un candado dorado en forma de corazón y una llavecita que se lleva colgada del cuello en una cadena igual de fina y delicada junto con un dije, cuyas hojas tienen renglones rosas. Es un cuaderno grande, con espirales, de unas cien hojas blanco mate con renglones azul pálido, tapa dura color gris con varios símbolos japoneses en negro a modo de decoración, pero dentro de todo es bastante sobrio. Lo compraste en una librería porque querías empezar a volcar tus pensamientos y sentimientos, algo así como un análisis íntimo plasmado en tinta, de tu puño y letra. Eso hacía tu mamá, y si bien las letras se formaban a un ritmo tortuoso dibujando historias tristes y desgarradoras llenas de sufrimiento, tragedia, abatimiento y humillación, crees que de algún modo se mantuvo viva durante tanto tiempo porque parte de lo que le pesaba en el alma era expresado, incluso si nadie más lo leía, incluso si simplemente se trataba de escribir.
Empezaste a escribir en ese cuaderno, al principio sobre Danny, Carrie, todo lo que había pasado, lo mal que te sentías por no poder ver a tus sobrinos, lo mal que te sentías porque tu cuñada pensaba que habías hecho todo a propósito para que tu 'mejor amiga' y tu hermano terminaran juntos, como si se tratara de una telenovelita barata de bajo presupuesto. Llenaste las primeras carillas con tu letra prolija e impecable, pequeñita y redonda, describiendo tu sufrimiento, tus pensamientos, tu angustia, tu culpa, tus preocupaciones. No llevabas un hilo, pero no te importaba: era una forma de deshago, y era bienvenida. Tampoco escribías todos los días, como tu mamá, si no de vez en cuando, en esos momentos en los que necesitabas descargarte y alivianar un poco el peso sobre tus hombros.
Llegó, sin embargo, un momento en el que comenzaste a escribir con muchísima más frecuencia, frenéticamente, como alguna vez tu madre lo hizo.
Todos los días al llegar de tu nuevo trabajo – tu trabajo en la CTU, ese que habías conseguido gracias a la intervención de Chappelle y que había servido para que solucionaras los problemas relacionados con lo poco sano del ambiente en División debido a Carrie y a la forma que tenía de torturarte y mortificarte – y escribías un poco, hasta que llegado un punto tu corazón se aceleraba, los sentimientos desbordaban, los dedos te hacían cosquillas porque había tantas palabras que querían salir, que querían ser escritas, que querían ser volcadas en el papel, que acababas escribiendo casi furiosamente.
Escribías sobre él. Inocentemente, claro está. Arrancaste escribiendo sobre lo cómoda que te sentías en ese lugar, a pesar de que nadie te notaba y que estaban haciendo que pagaras el derecho de piso. Te sentías cómoda no por los demás, si no por él, porque era amable – aunque no te hablara mucho y a veces pareciera concentrado en evitarte, aunque te llamara por tu apellido y nunca por tu nombre -, era eficiente, era muy atractivo. Era atrayente. Esa es la palabra: era como un imán atrayéndote, un campo magnético devorándote, una fuerza consumiéndote, y vos estabas indefensa ante ella, indefensa y sin saber qué hacer.
Escribías sobre eso, sobre la maraña de pensamientos, sentimientos, emociones y reflexiones encontrados que tenías en la cabeza, vuelta un nido de pronto en el que solamente él tenía asilo.
Él, tu jefe, diez años mayor, emocionalmente inalcanzable, demasiado hombre para vos, muy fuera de tu liga. Sí, de eso escribías.
Ese cuaderno se volvió el 'amigo' al que le confesabas lo que estaba empezando a apoderarse de vos, lo que empezó a intoxicarte desde el momento en que se conocieron, el cual evocabas cada vez más seguido, provocando que una sonrisa tonta se plasmara en tu rostro.
"Agente Almeida, ésta es la Agente Dessler"
En ese preciso segundo tu vida cambió, y sobre eso escribías. Ya no más sobre Carrie, sobre Danny, sobre tu ex cuñada, sobre tu angustia, sobre tu soledad. Escribías sobre él.
Hasta que un día, más o menos dos meses más tarde, en uno de esos arrebatos de baja autoestima en los que te considerabas el patito más feo de todos, se te cruzaron los cables y declaraste de la nada, sin razón aparente, simplemente porque tu cerebro y tu corazón asustados ante ese amor que invadía cada partícula de tu anatomía y de tu alma necesitaban empezar a combatir a eso desconocido que quería dominarlos y doblegarlos, que debías dejar de pensar en idioteces, soñar con cosas imposibles, ilusionarte por alguien que jamás se fijaría en vos y escribir en un cuaderno como una nena de diez años.
No querías reconocerlo, pero empezabas a darte cuenta que estabas loca y perdidamente enamorada de Tony Almeida. Nunca antes te habías sentido así, nunca antes alguien te había afectado así, y si bien llevabas toda tu vida esperando a ese príncipe azul, tenías miedo. Mucho miedo.
Ese día, el cuaderno pasó de ocupar un lugar en el cajón de tu mesa de luz a estar oculto en esa caja, junto a esas cosas que no te animás a tirar pero que no querés tener a la vista. No te animaste a arrojarlo al bote de basura, a arrancar sus páginas y destrozarlas, a prenderlo fuego. No podías destruir esas hojas en las que con palabras cada vez más dulces y apasionadas describías ese primer amor, esa locura por un hombre en apariencia inalcanzable cuyo corazón estaba rodeado por muros de acero y envuelto en cristal. Así que ese cuaderno pasó a estar entre esas otras cosas guardadas en la caja.
Y desde el momento en que lo dejaste ahí y pusiste la tapa encima de él, no volviste a escribir una sola línea al respecto. Todo te lo guardaste dentro, bien adentro, hasta que te tomó completa y se convirtió en algo más grande que tu propio ser, algo que no expresabas de ningún modo y a nadie, algo que mantenías guardado bien, bien adentro.
De pronto las manos te pican, producto de una curiosidad que te invade por volver a tomarlo en tus manos y repasar sus páginas, recordar esas palabras volcadas allí, esas expresiones, esos sueños e ilusiones que si bien incipientes ya estaban dominándote por completo desde el instante en que quedaste hipnotizada cuando sus ojos oscuros se encontraron con tus ojos orientales. Te dieron ganas de observar tus pensamientos, sentimientos, opiniones, angustias y batallas internas dibujados en forma de letras prolijas, redondas y chiquitas dese una distancia que te permite observar con amplia perspectiva. Querés leer el comienzo del cuento de hadas, la versión de la princesa, sabiendo ya que al final ella se queda con su príncipe.
Te sentás en el suelo, agazapada a un lado, respaldándote contra el borde de la cama, y tus manos de porcelana perfectas comienzan a acariciar la tapa antes de abrir ese pequeño universo reducido a un puñado de hojas color blanco mate con renglones azul pálido.
Te dirigís directamente al momento en que un cambio brusco se produce y cada centímetro de papel empezó a ser llenado con una sola cosa: Tony, Tony, Tony.
Tu mirada cae sobre diversas oraciones sueltas, posándose aquí y allá, recogiendo retazos de información que sobresalen y que inevitablemente llevan una sonrisa a tus labios y causan que comparaciones del antes y el ahora aparezcan en tu cabeza, ensanchando más esa sonrisa y haciendo que brille.
"… No soy de las que usaría el término 'hermoso' para describir a un hombre, pero para describirlo a él no sé qué otra palabra usar…"
"… Es inapropiado que me sienta así, y lo sé, porque es mi jefe y porque lo conozco hace apenas un puñado de días, pero desde el momento en que lo vi por primera vez todo lo que puedo pensar cuando está cerca de mí, cuando lo veo aunque sea de lejos, cuando lo observo sin darme cuenta ni yo misma de lo que hago y esperando que no se dé cuenta, lo único que viene a mis pensamientos es que Tony Almeida, mi jefe, es hermoso….
"Es más que eso, en realidad; ahora que lo metido, 'hermoso' tampoco alcanza para ponerle en lenguaje escrito. Es perfecto. Es como si todas mis definiciones de perfección encajaran en una misma persona…"
Y con cada día que pasa, cosa tras cosa, palabra tras palabras, momento tras momento, beso tras beso comprobás que no estabas equivocada, que lo que inexplicablemente sentiste luego de conocerlo, a los pocos días de haber empezado a compartir tus horas de trabajo con él, es verdad: Tony Almeida es la perfección.
O al menos es tu versión de lo que es la perfección.
Él, para vos, es perfecto, sin defecto alguno, y cada segundo te convencés más y más de ello, especialmente desde que – además de ser perfecto – también es enteramente tuyo.
Porque antes simplemente podías apreciar esa perfección desde lejos: ahora esa perfección es tuya, y de nadie más.
"A veces levanto la mirada y me encuentro con sus ojos clavados en mí…"
"… Quizá sea idea mía, no lo sé, pero cuando lo descubro mirándome desde lejos, siento el estómago lleno de mariposas. Por primera vez en casi veinticuatro años sé lo que es sentir mariposas en el estómago. Es la sensación más linda del mundo, y solamente me agarra cuando él me mira con esos ojos…"
"… Son tan cálidos y me atraen tanto… Sé que nunca antes vi algo igual"
Sus ojos siempre te parecieron bonitos. Tan llenos de ese algo imposible de describir, de ese color marrón oscuro en el que te dan ganas de hundirte. Tan brillantes. Capaces de erizar tu piel al posarse en ella.
Ahora esos mismos ojos son los que encontrás cada mañana mirándote con intensidad y adoración. Esos dos ojos son los que te miran mientras dormís, los que velan tu sueño. Son los ojos que te cuidan.
Son los que se quedan fijos en los tuyos después de cada beso.
Son los que estudian tu rostro con fascinación y sin necesidad de que sea emitido sonido alguno te dicen que sos hermosa.
Esos dos ojos, la forma en que te devoran con tanta dulzura, hacen que te sientas hermosa.
Esos dos ojos, la ternura escrita en ellos, son los que cada día llenan tu estómago de miles de millones de mariposas que nunca se van, que se quedan siempre, acariciando el interior de tu cuerpo todo el tiempo, para intensificarse poderosamente cada vez que esos dos ojos se posan en vos, poseyéndote sin siquiera tocarte, recordándote – aunque no haga falta – que esos dos ojos son los del hombre al que pertenecés, al que siempre perteneciste, el único al que querés pertenecer, el único que puede poseerte, porque naciste simplemente para entregarte a él.
En esos ojos ahora podés perderte, esos ojos ahora son para que solamente vos los uses como espejos, para reflejarte en ellos y sentirte bonita, porque en sus ojos jamás te verías como un patito feo.
Esos dos ojos, en ellos se resume tu mundo, en esos dos ojos. Mientras esos dos ojos que tan hondo calaron en tu alma desde el primer segundo en que tu mirada y la suya se encontraron te miren con ese amor, esa devoción y esa locura hermosos, vos no necesitás nada más.
Esos dos ojos perfectos son tuyos para que te mires en ellos, para que los uses como espejos, para que observes tu reflejo, para que te pierdas en ellos, para que te hundas en ellos, para que busques en ellos la fuerza que necesitás para mantenerte en pie, para que veas en ellos cuánto te adora, cuánto te necesita, lo mucho que se muere de amor por vos.
"Hoy nuestras miradas se encontraron, y nos quedamos así, fijos sus ojos en los míos y mis ojos clavados en los suyos, durante un largo rato (bueno, habrán sido un par de segundos, pero a mi se me hizo la eternidad más hermosa)..."
"Me sonrió. Soy una TONTA con letras mayúsculas, pero esa sonrisa me hizo sentir especial. Sí, definitivamente soy una tonta: mi jefe, al que conozco hace dos semanas, me sonríe por apenas un puñado de segundos, y yo muero…"
"… Es que es hermosa su sonrisa. Es la primera vez que lo vi sonreír así, es la primera vez que su semblante serio cambió; desde que empecé a trabajar en la CTU, siempre esperé a que esa sonrisa apareciera, siempre moría de ganas por verlo sonreír…"
"… Hoy me sonrió. A mí. Estaba mirándome, y cuando yo lo descubrí me sonrió. Las mariposas en mi panza fueron tanta que me ruboricé violentamente y tuve que volver a concentrarme en los datos que aparecían en el monitor, pero no se calmaron. No me calmé…"
"… Me sonrió. Me siento la tonta más grande de la historia por ponerme contenta por algo así, pero es inevitable. Esa sonrisa es tan hermosa, y estoy loca por que vuelva a aparecer. Porque cuando Tony Almeida sonríe de verdad, también se le iluminan los ojos…"
"… Aunque reconocerlo signifique aceptar que soy una tonta, cuando él sonríe y sus ojos se iluminan, yo me derrito. Por algún motivo, me derrito. Esa sonrisa es tan linda que naturalmente me arranca una a mí también…"
Pasaron meses desde que escribiste esos pensamientos desordenados, confusos, alterados y alborotados. Pasaron meses desde que colmada de una alegría inexplicable e inentendible moviste furiosa la pluma sobre el papel formando esas expresiones. Meses, pasaron, y su sonrisa no ha perdido efecto en vos. En lo absoluto.
Su sonrisa sigue derritiéndote.
Su sonrisa sigue provocándote mariposas en la panza.
Su sonrisa sigue haciendo que sientas cosquillas en la panza.
Su sonrisa sigue arrancándote a vos una sonrisa aún más grande.
Su sonrisa sigue haciendo que sientas las piernas de gelatina.
Su sonrisa sigue sonrojándote, logrando que te pongas colorada como una frutilla.
Su sonrisa sigue haciéndote sentir como una tonta enamorada, aunque en la época en que escribiste esas palabras aún no habías reconocido que ese hombre era el indiscutible amor de tu vida, incluso si tu corazón y alma ya lo sabían, incluso si tu corazón y alma siempre lo supieron, desde el primer momento.
Su sonrisa sigue pareciéndote la más hermosa, especialmente cuando sus ojos sonríen también.
Su sonrisa sigue apareciendo en su rostro cada vez que te 'pesca' mirándolo, cada vez que los dos están observándose a lo lejos y tratando de actuar disimuladamente, pero inevitablemente acaban encontrándose ambos pares de ojos porque son vos y él dos imanes que se atraen terriblemente, que se buscan constantemente.
Su sonrisa es lo primero que ves cada mañana cuando te despierta con el desayuno recién preparado, con decenas de tostadas formando una montaña porque 'no quiere que te quedes con hambre', y el café como a vos te gusta servido en su taza de Chicago Cubs.
Su sonrisa es una de las últimas cosas que sentís cada noche, presionando contra tu espalda, dibujándose su contorno sobre la tela de la ropa que estés vistiendo (por lo general, algún sweater suyo).
Su sonrisa es lo que ilumina tu vida, lo que le da luz, lo que hace que todo brille a tu alrededor, incluso si segundos antes estaba sumergida en la oscuridad, incluso si segundos antes estaba cayendo desesperada en un pozo negro sin fondo.
Su sonrisa es lo que hace que todo valga la pena. Ver esa sonrisa para vos es suficiente: es la prueba que necesitás para saber que el mundo es un lugar hermoso y que cualquier cosa mala o triste que te haya sucedido va a ser recompensada en el futuro, porque tu futuro vas a construirlo con él, con el dueño de esa sonrisa hermosa.
Su sonrisa es lo que hace fácil lo difícil. Es esa sonrisa la que te da el ánimo para continuar en esos días terribles, llenos de papeleo para completar y dificultades para resolver, muertes y sufrimiento por aquí y por allá sin discriminación alguna, esos días en los que cada hora es equivalente a una eternidad, los minutos se arrastran despacio, las agujas del reloj se mueven hacia atrás y con lentitud exasperante, el momento de irse a casa no llega… Cuando estás exhausta y extenuada, cuando se te parte la cabeza, cuando ya no podés más, lo mirás a él, y te sonríe, y esa sonrisa logra que aguantes un poquito más.
Su sonrisa es, sencillamente, algo sin lo que no podrías vivir, porque se ha convertido en algo que necesitás ver, algo que necesitás tanto como respirar.
"Tuvimos una de esas reuniones largas, tediosas, aburridas con la gente de División, que son igual de amargados, tediosos y aburridos. Traté de prestar atención y durante la mayor parte del tiempo lo logré, pero por momentos me desconcentraba. Él me desconcentraba. Tony Almeida, mi jefe, el que cada vez me enloquece más y más, al que quiero acercarme pero siento que no puedo, porque soy demasiado tímida e insegura, porque aún sigo jugando el papel de 'la chica nueva', porque nuestra relación de subordinación complica las cosas mucho más, porque incluso observándolo a la distancia puede notarse que está encerrado en sí mismo, que está bloqueado emocionalmente, que hay un muro alrededor de él, fuerte aunque invisible, impidiendo que los demás nos acerquemos…"
"… Eso me duele, saber que estoy empezando a interesarme tanto, a obsesionarme tanto con un hombre que en mis ojos es perfecto pero que levanta barreras incontables y muros altísimos para evitar que me aproxime, para evitar que cualquiera se aproxime…"
"… En eso pensaba durante la reunión: lo que daría por acariciarlo, tomar su mano entre mis manos y prometerle que todo va a estar bien, que las heridas que lleve en el alma – sean cuales sean – van a sanar, que se va a poner mejor…"
"… Me gustaría tomar una de sus manos enormes, largas, fascinantes (sí: encuentro sus manos fascinantes, y si eso me hace una tonta, entonces ya tengo asumido que eso es lo que soy) entre mis dos manos tan chiquititas e insignificantes y darle un poco del calor que parece le faltara. Sin embargo, no me animaría. No podría. Y no creo que él quisiera, tampoco, simplemente sentarse conmigo un ratito, los dos tomados de la mano…"
"… Son fantasías tontas, son fantasías absurdas, son fantasías obsesivas que ni yo entiendo todavía, que me invaden todo el tiempo..."
"… Jamás tendría el valor de ir y hacer algo, como no valgo lo suficiente para tener una chance con él – incluso si hipotéticamente dejáramos de lado el hecho de que está emocionalmente bloqueado y encerrado en sí mismo – me conformo con observarlo de lejos, intentando que no se dé cuenta que lo miro con desmesurada atención, que me fijo en todos los detalles, hasta en sus manos…"
Te encantan sus manos. Te fascinan sus manos, desde la primera vez que las notaste.
Por eso estás sonriendo ahora, como una tonta, por eso te brillan los ojos al leer ese párrafo garabateado con tu letra prolija y perfecta ya tiempo atrás, meses atrás, cuando tu amor – si bien ya enorme – empezaba a apoderarse de tu mente, de tu corazón, de tu alma, de tus pensamientos, de cada fibra de tu pequeño ser: porque después de muchos días y muchas noches y muchas miradas robadas y muchas sonrisas que te arrancó sin darse cuenta y muchos minutos eternos de observarlo tratando de pasar desapercibida y muchas fantasías inocentes y muchos sueños de besos dados a escondidas y muchas tardes fantaseando que esas manos se enredaban en tu pelo, tu anhelo de tomar su mano entre las tuyas se volvió verdadero, se volvió una parte de tu realidad cotidiana.
Ahora es natural sentir sus dedos entrelazándose con los tuyos todo el tiempo: mientras cenan, mientras él conduce y vos te recostás en el asiento del acompañante suspirando con dulzura, mientras caminan, mientras ven televisión, mientras se besan, mientras te acuna para que te quedes dormida.
Esas manos, al igual que sus ojos, al igual que cada pedacito de su anatomía, también son tuyas.
Esas manos perfectas te pertenecen, cada palmo de su ser te pertenece, así como vos le pertenecés a él.
Esas manos son las que cuando estás inquieta y no podés conciliar el sueño frotan tu espalda rítmica y lentamente para relajarte mientras él tararea melodías sin sentido en tu oído.
Son las manos quete ayudan a aflojarte después de un día lleno de tensiones, cuando la mala posición obtenida por pasar tanto tiempo frente a la computadora te visita, haciendo que tu cuello se llene de nudos y te duela; esas manos, con sus caricias y sus masajes, te alivian más que cualquier otra cosa. Esas manos, con sus mimos, son el calmante perfecto.
Sus manos son las que descansan sobre tu estómago cuando te enreda en sus brazos, y cada vez que sus palmas están ahí no podés evitar sentir que él está pensando lo mismo que vos: algún día, dentro de algunos años, en esa panza va a crecer una criaturita creada por los dos.
Esas manos son las que dejan caricias suaves y cálidas por todas partes, haciendo que por dentro tu cuerpo se llene de mariposas y que por fuera tiembles levemente. Siempre temblás bajo su tacto, te estremecés tan dulcemente, tan apenas perceptiblemente…
Esas mismas manos son las que enmarcan tu rostro cuando quiere mirarte a los ojos fijamente por un rato, como si estuviera memorizándote para luego dibujarte (y te gustaría tanto que un día te pidiera que posaras para él, te gustaría tanto que un día le dieran ganas de dibujarte, te gustaría tanto quedarte quieta por horas mientras él te dibuja), son las manos que recorren tus mejillas y tu frente, las que recorren el contorno de tus ojos, las que se pierden en tu pelo mientras se besan apasionadamente.
Y en una de esas manos, sabés, algún día va a llevar un anillo que signifique que se comprometieron a amarse y cuidarse para siempre, hasta ser los dos muy viejitos. Estás segura de que tanto vos como él son conscientes de que si bien llevan menos de un mes juntos, están dirigiéndose hacia un futuro en el que su vida y tu vida van a estar entrelazadas hasta que los dos den sus últimos respiros. Lo sentís en cada partícula de tu cuerpo: nunca nada va a separarlos, porque los dos se pertenecen mutuamente, porque su alma y tu alma están tan profunda y tan íntimamente conectadas que morirían la una sin la otra. Ese anillo que algún día va a estar en uno de sus dedos simplemente va a representar en lo material la unión de tu alma y la suya.
"… A veces pienso en lo lindo que sería besarlo. Simplemente besarlo, muy despacio, tomándome todo el tiempo del mundo, haciendo que se detengan los relojes, quedándome perdida para siempre en ese beso, largo y eterno, dulce y profundo. Así imagino que sería besarlo..."
"… Sería más lindo que cualquier otra cosa en el mundo. Sería el beso más especial del mundo, incluso si fuera sólo un beso y nada más, incluso si fuera un primer y último beso..."
"… Cuanto más escribo más tonta me siento, pero es tarde, y estoy cansada, y realmente me gustaría tener la oportunidad de besarlo, de saber que se siente abrazarlo, atraerlo hacia mí e intoxicarme en él..."
"… En mis sueños, tal vez, me visite, y pueda acercarme al menos un poco a descubrir cómo se siente que el hombre más perfecto del mundo corresponda a los besos que me muero por darle, los besos que me muero por robarle…"
Un solo beso, con un solo beso te conformabas al principio, cuando pensar en él era algo que te consumía constantemente, cuando tus ganas de acercarte a él y dar rienda suelta a esa atracción inexplicables corrían por tus venas como veneno, cuando no entendías la magnitud de lo que te pasaba, aunque sospechabas, aunque tenías la certeza de que era algo tan grande, tan mágico y tan profundo que no hay mente humana capaz de concebirlo (o al menos en ese entonces tu mente humana era incapaz de concebir las magnitudes de ese amor).
Con un solo beso te conformabas al principio, con un solo beso hubieras sido feliz.
Ahora, meses más tarde, si tuvieras que contar todos los besos que se dieron en una veintena de días, no podrías. Perdiste la cuenta, hace rato, cuando besarse se volvió una adicción tan grande que prácticamente debe ser satisfecha siempre que exista la oportunidad. Tus labios y los suyos se conocen de memoria ya, cada palmo de su boca conocés de memoria, y es como si tu boca hubiera sido hecha a medida para que solamente él sepa exactamente cómo besarla.
Y después están esos otros besos, los que te da en la nariz, en las mejillas, en la frente, en el cuello, en la espalda, todos tan dulces e inocentes, como si tuviera miedo de ir más allá, de cruzar una línea, como si tuviera miedo de romperte, de destrozar tu fragilidad. Esos besos son aún más lindos que los apasionados, son aún más lindos que los besos y las mordidas en los labios que hacen que pierdas el control. Esos besos son los que te dicen con el lenguaje de la piel que te ama más de lo que alguna vez podrá llegar a amar a cualquier otra cosa, a cualquier otra persona.
De haberlo sabido cuando, cansada y abatida, escribiste eso…
De haber sabido lo que acabaría sucediendo, de haber sabido cómo se desarrollarían las cosas, de haber sabido que hoy, a fines del mes de septiembre, el destino te encontraría releyendo escritos viejos que alguna vez garabateaste en ese cuaderno para volcar tus pensamientos y sentimientos y sentir el nudo en tu garganta y pecho aflojarse, sonriendo como una tonta enamorada porque por primera vez en veinticuatro años sos feliz y sentís que encontraste el lugar al que pertenecés (sus brazos) y que de ese lugar él no quiere que te vayas nunca, quizá no habrías dejado tu tarea de relatar al papel – en una confesión íntima y privada, en una sesión de análisis profundo con vos misma -, quizá habrías continuad plasmando día a día cómo tu relación con ese hombre perfecto – tu jefe, diez años mayor, emocionalmente bloqueado, con muros construidos a su alrededor, completamente experto mientras vos sos una inexperta– fue avanzando hasta llegar a lo que es hoy: el cuento de hadas más hermoso que podrías haber imaginado, el cuento de hadas más hermoso que podrías haberte animado a soñar.
Es una lástima que te haya ganado la bronca, que te hayas dejado vencer por el bajo autoestima, que te hayas tirado abajo a vos misma y hayas decidido guardar ese cuaderno junto con otras cosas que no te animás a tirar pero que tampoco podés ver, que querés tener ocultas, escondidas, echas a un lado, presentes de algún modo pero fuera de la vista.
Es una lástima que hayas dejado de escribir, convencida de que Tony Almeida nunca te amaría, que nunca se fijaría en vos, que eras una ilusa construyendo fantasías en su cabeza, fantasías que no llevarían a ninguna parte, fantasías dignas de una quinceañera, que sería mejor que te resignaras a que ese hombre tan perfecto jamás querría involucrarse con una chica como vos, a la que por ese entonces nadie notaba, la que por ese entonces seguía siendo 'la nueva', 'Dessler'.
Si no te hubiera asaltado el miedo de que tu vida acabara convirtiéndose en un relato triste y solitario documentado en diarios así como la de tu madre se convirtió en una tragedia profunda y manchada de alcohol y lágrimas cuyos restos quedaron perpetuados para siempre en esas hojas ahora amarillentas, tal vez hubieras seguido escribiendo. Probablemente hubieras seguido escribiendo, día tras día, evento tras evento, pequeño detalle tras pequeño detalle, sonrisa tras sonrisa, palabra tras palabra, acercamiento tras acercamiento, conversación tras conversación, momento tras momento, roce tras roce, latido tras latido, suspiro tras suspiro, hasta completar el prólogo de lo que es, desde hace casi un mes y contando, la historia de amor más hermosa del mundo, la historia de amor más hermosa que podrías haber imaginado para vos, para tu mundo, el cuento de hadas del que sos princesa.
Un cuento de hadas que vale la pena ser escrito, pero cuyo prólogo ha quedado incompleto porque – caprichosa – te dejaste llevar por tu bajo autoestima y en un ataque de odio hacia vos misma, en un ataque de 'nunca va a quererme, nunca va a fijarse en mí, él es tan perfecto y yo soy tan poca cosa, él es un Dios y yo una simple mortal', abandonaste ese cuaderno en la caja de cartón rosa, la dejaste prolijamente junta a las otras en tu ropero, donde no llamara tu atención, y seguiste viviendo el crecimiento de ese amor dulce, profundo, terrible, hondo, incontrolable, desbordante guardándotelo todo adentro, o expresando tus ganas de besarlo y abrazarlo en tus sueños, diciendo las palabras que te morías por susurras en su oído en esas fantasías en lugar de darles forma sobre el papel blanco mate con renglones azul pálido.
Y el prólogo de cuento de hadas que hoy vivís gracias a él quedó inconcluso, incompleto, desdibujado.
Te arrepentís de no haber seguido escribiendo día a día.
Te arrepentís, porque hubiera sido lindo guardar ese prólogo, esa versión tangible de la procesión que llevaste por dentro, esos primeros nueve meses amándose desde lejos a primera vista antes de que finalmente colapsaran el uno contra el otro y acabaran decidiendo que ya no aguantaban más eso de amarse desde lejos.
Te arrepentís, porque hubiera sido lindo, dulce, tierno (incluso si la vergüenza y la timidez te hubieran matado) mostrárselo, compartir con él esos sentimientos que te devoraban salvajemente, de a un bocado a la vez, y escucharlo decir en tu oído que a él le pasó lo mismo, que él sentía lo mismo, escuchar esa otra versión del prólogo de esta historia de amor de la que sos protagonista, esta historia de amor que empezaste a escribir en ese cuaderno, pero que dejaste incompleta, inconclusa, porque pensaste que la Cenicienta nunca se convertiría en princesa, que el patito feo nunca se sentiría cisne, que esas fantasías eran cosas de tonta enamorada.
Qué lástima, haber dejado ese prólogo inconcluso, pensás, mientras acariciás nuevamente con la yema de tu dedo el contorno de otro párrafo largo que ha sobresaltado entre ese mar de tinta.
"Y esa voz profunda, cuando la escucho, cala hasta mi alma, llenándome por completo, haciéndome temblar por dentro..."
"… De esa voz me volví dependiente, esa voz es el sonido que espero escuchar cada día, incluso si lo que me dice son todas cosas relacionadas con el trabajo, incluso si me llama 'Dessler' y no Michelle. Esa voz literalmente me puede. Esa voz, me volví dependiente de esa voz..."
"… Algunas veces, en mis días libres, o en los fines de semana que sé que él va a estar en la oficina, muero de ganas de llamarlo, porque la agonía de tener que esperar horas enteras hasta escuchar su voz me destroza, me mata..."
"… Esa voz me posee, está grabada en mi cabeza, en mi corazón, gravada a fuego en mi alma, tan hondo. Esa voz me llega tan hondo… Hay momentos en los que mi necesidad de sentir esa caricia en los oídos es tan incontenible y tan insoportable que en un arrebato de locura dulce y tóxica tomó el teléfono y marco los números que me comunicarían con él. Hasta que vuelvo a mis sentidos, me doy cuenta que soy una tonta, y cuelgo, quedándome no sólo con mis ansias de escucharlo, si no también con un sabor amargo que se mezcla con ese otro sabor, el de las mariposas que acarician mi garganta y mi estómago"
Esa voz. Necesitás escucharla. La necesitás tanto como necesitás respirar. No podrías imaginar la vida sin volver a oír esa voz diciéndote que te ama, que te adora, que sos la única luz en su mundo, que moriría por vos, que lo completás, que lo llenás, que van a estar juntos para siempre, que sos un angelito que Dios le envió para que sanara su sufrimiento, ese sufrimiento que pudiste distinguir en cuanto lo conociste, ese sufrimiento sobre el cual aprendiste a medida que pasaba el tiempo y te ibas enterando de cosas que se comentaban aquí y allá, ese sufrimiento que ha dejado marcas y heridas que tus dedos son libres de acariciar y tus labios pueden besar para hacer que cicatricen.
Dejás a un lado el cuaderno, sobre la impecable e inmaculada alfombra mullida. No tan mullida como la de su apartamento, agregaría una vocecita en tu cabeza; todo en su departamento es más lindo y más especial, inclusive un detalle tan insignificante en apariencia como podría serlo una alfombra. En esa alfombra terminaste muchas veces, derrotada y sin fuerzas después de que él sin piedad te atacara a cosquillas para hacerte reír. En esa alfombra terminaron los dos muchas veces, rompiendo en carcajadas, para después acabar besándose hasta quedar dormidos ahí, en el suelo.
Esa voz, necesitás escuchar esa voz llenándote.
Estás a punto de ir a tomar el teléfono. Tu mano se halla a escasos dos centímetros de agarrarlo cuando te sobresaltás al ver el pequeño visor iluminándose con esa luz verde fluorescente y tus oídos son invadidos por el sonido que hace al timbrar. Sin embargo, te relajás enseguida al ver el nombre que aparece en el identificador de llamadas.
"Hola, amor, estaba a punto de llamarte" contestás con naturalidad, mientras regresás, aparatito en mano, a tu posición en el suelo, sobre la alfombra, junto al cuaderno donde comenzaste a escribir ese prólogo que quedó inconcluso.
"Debo haber leído tu mente, entonces. O será que un pajarito me comentó que me extrañabas" comenta, y luego no logra reprimir un bostezo que te parece adorable.
"No estés tan seguro, Almeida" bromeás.
Pero lo cierto es que cuando no estás con él, lo extrañás. Lo extrañás terriblemente, con cada partícula de tu ser.
Quizá sea un amor tan dependiente que no es sano, que no es normal, que sobrepasa el borde de la locura, pero no te interesa. No te importa. Este amor es lo más hermoso que te pasó en la vida, y si es un amor loco y dependiente, entonces bienvenido sea.
"¿Me extrañabas?" pregunta, y en su tono de voz notás que se muere por escuchar la respuesta.
Decidís jugar con él un rato.
"La verdad es que no" aparentás indiferencia.
"Mentirosa" te acusa.
"No sos el único pensamiento en mi cabeza las veinticuatro horas de cada día de la semana, Almeida"
En realidad sí lo sos, mi amor.
"¿Tenés otros novios en los cuales pensar?"
"Tengo solamente uno" te sonrojás terriblemente, pero a sonrojarte ya estás acostumbrada. De hecho, esa mala costumbre de que tus mejillas se pongan violentamente coloradas y que tanto te ha molestado durante el curso de tu vida ahora comienza a molestarte menos, porque sabés que él lo encuentra adorable, porque sabés que cada vez que te sonrojás termina haciendo que te sonrojes incluso aún más llenándote de besos.
"En el cual pensás las veinticuatro horas de cada día de tu vida" te insta a confesar.
"Como vos pensás en mi las veinticuatro horas de cada día de tu vida" confesás indirectamente, a su vez acusándolo a él.
"No tengo problemas en admitirlo"
"Mañana tenemos que estar todo el día entrevistando a los candidatos preliminares otra vez" comentás con un suspiro, pensando en lo largo que va a ser el lunes que te espera.
"Me siento como jurado de American Idol" bromea, arrancándote una carcajada suave "Mañana va a ser un lunes largo" concluye, con el mismo suspiro de exasperación que vos largaste mezclándose con otro bostezo.
"Que voy a superar gracias a tu mera presencia, simplemente, porque si estuviera sola en esto o con cualquier otro sería tan extenuante e insoportable que acabaría enloqueciendo"
"Creo que para poder soportar el día de mañana sin tener que consumir cantidades industriales de cafeína ambos deberíamos irnos a dormir" sugiere, y te encanta saber que le preocupa que descanses bien.
"No tengo sueño"
"¿Las pesadillas otra vez?" se pone alerta, tenso, aunque no puedas verlo sabés que lo está "Porque si es así, puedo ir a buscarte ahora mismo" te asegura "No importa qué tan tarde sea, Michelle, no quiero que tengas que dormir sola si las pesadillas están volviendo"
"No, nada de eso" lo tranquilizás con ternura, amándolo incluso más, amando que esté desesperado por cuidarte, que viva para cuidarte, que esté dispuesto a cualquier cosa, incluso a cruzar la ciudad en medio de la noche, para protegerte de vos misma "No estoy cansada todavía, es eso" contestás con sinceridad.
En realidad no vas a irte a dormir temprano esta noche, porque se te ocurrieron otro planes, planes que van a hacer que te quedes despierta hasta tarde, planes que van a mantenerte despejada hasta tarde, planes que van a causar que mañana para afrontar el día además de tenerlo ahí necesites también cantidades industriales de café, planes que te entusiasman tanto que no vas a patearlos o a dejarlos de lado o reservarlos para más tarde, planes que sabés van a mantenerte ocupada, contenta y distraída en esas noches que tengas que volver a dormir a tu departamento y no puedas pasarlas acurrucada con él.
"¿Así que no estás muriéndote de ganas de venir a dormir conmigo?" te pregunta en tono de cachorrito lastimado "Estás hiriendo mis sentimientos, Michelle" te acusa melodramáticamente, arrancándote otra suave carcajada.
"Tony, no seas infantil"
Como si no te encantaran y enternecieran sus actitudes infantiles.
"Te encantan mis actitudes infantiles"
Es como si leyera tu mente. Bueno, después de todo, estás segura que prácticamente ya te conoce de memoria, aunque lleven menos de un mes juntos.
Es como si llevaran toda una vida juntos.
A veces hasta sentís que pasaron juntos otras vidas, vidas lejanas, vidas en las que quizá tenías otro rostro y otro nombre, pero tu alma era la misma, en otro cuerpo tal vez, pero la misma. Y su alma era la misma también. Dos almas buscándose siempre, en cada vida, encontrándose, perteneciendo la una a la otra para siempre, reconociéndose entre multitudes, siempre volviendo la una a la otra para completarse, para acabar de juntar dos piezas de un mismo ser.
"Amo tus actitudes infantiles" admitís "Amo todo de vos, en realidad" ¿cuáles son las chances de que puedas ponerte más colorada? ", pero juzgando porque ya bostezaste dos veces y trataste de ocultarlo, creo, señor Almeida, que deberías irte a dormir y descansar bien, porque mañana nos espera una larga jornada"
No es que quieras dejar de hablar con él, pero sabés que de verdad necesita ir bien descansado mañana. Entrevistar gente no es algo que te encante, pero dentro de todo podés soportarlo. Él, por otro lado, lo encuentra como un sufrimiento, y si lo mantenés entretenido en el teléfono y acaba yendo habiendo dormido solamente un par de horas, su lunes va a ser terrible, y lo que menos querés es que arranque la semana con un lunes terrible.
"Verá, señorita Dessler" comienza, tomando un tono formal a propósito ", usted tiene un muñeco de peluche al cual abrazar cuando el amor de su vida no puede cumplir el papel de oso panda de felpa gigante con el cual acurrucarse. Yo, por otro lado, tengo solamente una osita a la que abrazar, y cuando no está conmigo me resulta extremadamente difícil dormir" luego agrega, serio ": Sin vos me siento vacío, el sillón se siente vacío, la casa se siente demasiado silenciosa sin tu respiración"
Dios, siempre sabe exactamente qué decir para derretirme.
"Conozco un truco muy efectivo para esos casos" susurrás "Puedo hablarte hasta que te quedes dormido" sugerís.
Es algo que él siempre hace con vos. De hecho, lo hace todo el tiempo, hablarte al oído o tararear una melodía inventada en el momento hasta que te quedes profundamente dormida, mientras frota tu espalda y te mece levemente. Es algo que te relaja, muchísimo. Quizá él también pueda relajarse; te imaginás que debe estar con una contractura en la espalda, ya vaticinando un día tedioso mañana, tenso y molesto porque no estás ahí con él para mimarlo.
"Eso sería lindo" coincide.
"¿Estás acostado, bien abrigado, ojos cerrados, almohada cómoda?" chequeás.
"Tan cómodo como puedo estar sin vos"
Sabés que no lo dice porque suena cliché, sabés que no lo dice para hacerse el romántico. Él es así: con vos es tierno, es romántico, es natural que sea cariñoso, y cada palabra que se cae de sus labios tiene sentido, tiene significado, sale directo de su corazón. Podés sentir que está hablando con el corazón cuando te habla, cuando te dice que te necesita, que te extraña, que sin vos no puede dormir bien, que le gustaría tenerte ahí en sus brazos porque si no se siente vacío, que sin tu respiración rompiendo con el silencio la noche no es igual de fácil.
Por un momento considerás de qué vas a hablarle, y se te ocurre repentinamente comentarle lo que vas a hacer cuando cuelgues, compartir eso con él. Sin embargo, te mordés la lengua y evitás que se escapen los pensamientos y tomen forma de frases, porque no querés adelantarle nada. Querés que sea un regalo para el día – bastante cercano – en que cumplan un mes juntos, por lo cual vas a tener que poner manos a la obra y darte prisa, utilizando cada segundo libre para dedicarte a ello.
Esperás de verdad que le guste la sorpresa. Estás segura de que va a encantarle, y estás segura de que va a quedar como un recuerdo para compartir con los nietos que tengan cuando los dos sean muy viejitos y estén muy arrugados y hayan pasado toda una vida juntos.
Por eso es mejor que no le digas nada. Si no le decís nada, entonces va a ser el regalo ideal. Entonces tu plan va a desembocar en un regalo perfecto.
"Falta poquito para el 7 de octubre" murmurás, sonriendo.
"El primer mes de muchos"
"El mes más lindo de mi vida" continuás, y tu sonrisa se vuelve incontenible, de oreja a oreja. Tu corazón se acelera, y las mariposas te acarician la panza.
"Prometo que cada mes va a ser mucho más lindo que el anterior" susurra dulcemente.
"Tony, se supone que yo tengo que hablar para que vos te duermas" lo retás con ternura "Cerrá los ojitos y dejá que yo me encargue de la parte de la charla, porque si no voy a colgar y voy a dejarte solo contando ovejitas" amenazás.
Escuchás un cambio en su respiración, más pausada y pesada, indicando que te hizo caso y está con los ojos cerrados, listo para que le hables hasta que logre conciliar el sueño. No tardás en darte cuenta, minutos más tarde, que se ha quedado profundamente dormido después de que sólo dijeras un puñado de cosas, la mayoría de ellas frases relajantes parecidas a las que él te dice a vos cuando te acuna hasta que tu cabeza se rinde y se apaga por un ratito, dejándote descansar.
"Dormí bien, mi amor" susurrás apenas moviendo los labios "Te amo"
Cuando presionás el botón para finalizar la llamada, por un momento te quedás quieta, en silencio, observando tu habitación, prácticamente sin moverte, disfrutando de esa serenidad que sentís acariciándote por dentro, casi tan tímidamente como él te acaricia a veces con esas dos manos suyas en las que sostiene tu corazón desde el día en que sus miradas se encontraron y sentiste las primeras mariposas haciéndote cosquillas en la panza. Un minuto más tarde, salís de ese pequeño trance en el que caíste luego de haber logrado que se quedara dormido como un bebé en cuestión de segundos arrullado por tu voz, y volvés a dirigir tu atención al cuaderno, que sigue en el piso, en la alfombra.
Lo abrís, y sin dedicarles mucha atención contemplás esas primeras páginas llenas de tu sufrimiento a causa de Danny, Carrie y todo ese asunto por última vez antes de arrancarlas, desprenderlas de los espirales, hacerlas un bollito y dejarlas a un costado, pequeñas e insignificantes, ya sin valor alguno.
Carrie, Danny, tus días tortuosos en División, las lágrimas derramadas… ¿Encierra eso importancia, acaso, cuando ahora lo único que necesitás para ser feliz es a ese hombre perfecto que se enamoró de vos tan locamente como vos te enamoraste de él y que está dispuesto a pasar cada minuto que le quede de vida recordándote que para él sos una princesa?
Carrie, Danny, lo mal que lo pasaste cuando tu hermano quiso suicidarse, tu ex cuñada acusándote de haber atentado contra su matrimonio… Esas cosas no tienen realmente que hacer peso en tus hombros, ya no más.
Este cuaderno de hojas color blanco mate con renglones color azul pálido va a estar enteramente dedicado a que escribas tu historia de amor, tu cuento de hadas, el cuento de hadas del que sos protagonista, la historia de amor en la que el príncipe perfecto te pide que seas su princesa y – en medio del caos, en medio de las dificultades de la vida cotidiana, en medio de todo – se esfuerza a diario más y más para arrancarte las sonrisas más grandes, tranquilizarte con sus mimos, hacer que la panza se te llene de mariposas con sus besos.
Ese prólogo inconcluso, el que dejaste a medio terminar cuando en tu cabeza apareció la idea de que Tony Almeida era inalcanzable para vos y que jamás se fijaría en 'la chica nueva', ese prólogo que dejaste abandonado y oculto porque tenías miedo de convertirte en una mujer que – como tu madre – plasmaba su sufrimiento en papel y se ahogaba en llanto mientras lo hacía, ese prólogo inconcluso esta noche vas a concluirlo, incluso si tenés que quedarte despierta hasta el amanecer e ir a trabajar con cansancio acumulado y necesidad de ingerir cantidades industriales de cafeína y azúcar para mantenerte atenta y activa.
Si hubieras seguido escribiendo, si no hubieras archivado a ese cuaderno en una caja junto con otras cosas que no querés ver pero que no te animás a tirar, probablemente ahora podrías sentarte a leer y ver cómo tu vida evolucionó en un puñado de meses, no solo en el plano personal, no solo en el plano referente al amor que ahora los dos comparten, si no en el plano profesional también.
De ser 'la chica nueva', 'la que venía de División', 'la que Chappelle había recomendado', 'la jefa amable que no habla mucho y a la que tampoco le hablaban mucho', ahora sos la segunda en comando. Sí, sucedió en circunstancias trágicas y estarías mucho más feliz si siguieras siendo simplemente la que se encarga de los protocolos internacionales y que Paula, George y los demás estuvieran vivos, pero debés reconocer y aceptar que si te dieron este puesto es porque lo merecés. Te pone orgullosa de vos misma, te pone contenta merecerlo, saber que avanzaste, que siendo tan joven estás en camino a convertirte en una buena agente, que de haber sido al principio 'la chica nueva' sos ahora alguien que se ha ido ganando el respeto de los demás, un espacio en la CTU, incluso con tu timidez y tu bajo perfil.
Ojalá hubieras seguido escribiendo. Habría quedado un prólogo muy interesante, en lugar de un prólogo inconcluso. El prólogo perfecto para anteceder al primer capítulo que vas a escribir esta noche relatando el primer mes de amor entre los dos, ese primer mes de cuento de hadas, ese primer mes que todavía no se acaba.
Es un prólogo inconcluso el que va a tener esta historia, pero a la vez el hecho de que el prólogo que se encuentra escrito en las páginas de este cuaderno no tenga conclusión significa que – si bien hubo momentos en los que pensaste que eras simplemente una tonta enamorado soñando con cosas imposibles – después te diste cuenta que con un poco de tiempo, un poco de autoestima (el cual te costaba bastante conseguir antes de que él insistiera en endulzarte los oídos a diario diciéndote lo hermosa y perfecta que sos y lo mucho que te adora), con un poco de confianza, con un poco de actitud, con la certeza de que no hay que esperar a que la vida te pase por al lado y que hay que ir en búsqueda de las cosas que nos hacen felices y obtenerlas sin importar el ruido de fondo, es posible que lo que son sueños se conviertan en realidades.
Te gusta este prólogo inconcluso. Te gusta, porque siempre va a recordarte que aunque en un arrebato de bronca guardaste el cuaderno a un lado y no volviste a tocarlo sino hasta después de pasado mucho tiempo, tu corazón, tu alma y tus pensamientos no se quedaron estancados en los sentimientos que te invadieron la noche en que decidiste no escribir más, si no que siguieron adelante, hasta llevarte a donde estás, hasta llevarte a sus brazos, que son el lugar al que perteneces, el lugar del que no querés irte nunca.
Vas a escribir esta noche el primer capítulo de su amor, y vas a regalarle el cuaderno el 7 de octubre, cuando se cumpla un mes desde la primera vez que en esa playa, de noche y con la luz de la luna brillando sobre el mar, fueron susurrados todos esos 'te amo'.
Va a ser el regalo perfecto, la sorpresa perfecta.
No serás una poetiza, no serás una artista, no serás una escritora llena de talento, pero vas a volcar exactamente cada fibra de tu corazón y entregársela a él en forma de cuaderno con hojas blanco mate y renglones azules pálidos, prólogo inconcluso incluido.
La birome se mueve furiosa sobre la superficie rugosa, y tu caligrafía perfecta cobra vida. Es en ese momento, en medio de la noche, sentada en el suelo de tu habitación y de tanto en tanto frotando los pies contra la alfombra para que no se enfríen, que se te ocurre que no siempre las historias escritas en cuaderno son tristes, trágicas, empapadas en lágrimas y alcohol.
A veces los cuentos de hadas, los cuentos sobre príncipes y princesas que se aman con locura aun en medio del caos de cada día, aun en medio de un mundo donde el terrorismo, las muertes, las pérdidas, el daño, la maldad y la crueldad son más reales, más crudos, más visibles, también pueden ser escritos en un cuaderno.
Un cuaderno como ése, un cuaderno como en el que estás escribiendo vos.
Y así pasás tu noche del domingo, esa última noche de septiembre.
Y así te encuentra octubre, escribiendo. Escribiendo tu amor en un cuaderno.
Nota de la autora:
Para empezar, los saludos por mi cumpleaños número 18 (¿soy joven o vieja? Para mis amigas que leen mis historias de Desperate Housewives soy vieja, porque todas tienen entre 14 y 17 años; no sé qué edades tendrán ustedes, así que no sé qué considerarme, si joven o vieja) me sorprendieron y me pusieron MUY contenta. En serio. Estaba sorprendida, de verdad, especialmente porque como no puse en mi perfil que mi cumpleaños es el 7 de Mayo, además de la alegría - ENORME, EN SERIO, estuve sonriendo mucho luego de leerlo, y lo leí varias veces - causada por los saludos me entró una curiosidad tremenda por saber cómo se enteraron. Por favor, maten mi curiosidad contándome qué pajarito se los dijo :)
Por otro lado, me hubiera encantado responderles en el momento y no una semana más tarde, pero tuve mi primera ronda de exámenes en la Universidad y estuve ocupada, por lo cual recién hoy pude sentarme a escribir. Me encantaría que - si pudieran - tuvieran cada uno una cuenta en el sitio, así yo podría responderles directamente, especialmente cuando me hacen preguntas o comentarios sobre la trama que me gustaría responderles, o cuando me dan opiniones, que tanto considero (y que me influencian mucho al momento de escribir). Es muy fácil tener una cuenta en el sitio, y sería bueno poder contestarles cuando dejan comentarios.
Por último, les doy un pequeño adelanto: el título del capítulo que viene es "Chloe O'Brian", así que espero que sean tan fans de Chloe como yo, porque voy a hacer que la pequeña nerd tenga una entrada espectacular. Amo a Chloe y por ella empecé a ver 24, así que va a ser un personaje SUMAMENTE IMPORTANTE en esta historia, pero no voy a decir nada más :) Chloe va a encerrar MUCHAS sorpresas.
Ah, otra cosa: una amiga escribió una historia sobre Tony y Michelle en castellano. ES EXCELENTE. Les recomiendo que la lean y que le dejen una review, incluso si es en Portugués: yo puedo traducírselas (además, creo que entiende Portugués bastante bien). Léanlo, es una historia hermosa, al igual que el resto de sus historias. Y si dejan comentarios, quizá podamos entre todas convencerla de continuar y escribir un segundo capítulo, ya que coincido en que necesitamos más historias de Tony y Michelle y de 24 en general en Español (buenas historias, no algunas cosas raras que he leído por ahí).
Una última cosa: ¿estarían interesados en leer una historia igual a esta - sumamente detallada en todos los aspectos - sobre Jack y Chloe desde el momento en que se conocieron pasando por todo lo que han tenido que afrontar juntos y separados? Dejenme saber, porque realmente amaría escribir algo así sobre ellos dos (con algo de Tony y Michelle en el medio, por supuesto).
Besos y buen fin de semana.
