Un día común que giró sorpresivo

Revelando el comienzo de algo mejor.

Las cosas que nos suceden pueden tener efecto a corto plazo, o a largo plazo. Algo sucede, algo acontece, algo nos sorprende, algo nos llega, muchas veces como un evento llamativo y tajante que marca una firme y distinguida línea entre lo que pasará a conocerse como antes y lo que pasará a conocerse como después en las vidas de aquellos que se ven afectados por eso que sucede, sea que aquello traiga consecuencias a corto o a largo plazo, muchas otras veces como un hecho asilado e insignificante que parece normal, cotidiano, ordinario, común, que no tendrá trascendencia, cuando la realidad es que esa trascendencia que nuestras mentes no podrían concebir u otorgarle a corto plazo se mostrarán, existirán a largo plazo.

Algo así va a pasar hoy.

Algo así va a pasar en la mañana del día de hoy.

El día de hoy, no va a ser otro día aburrido en la oficina, entrevistando candidato tras candidato, perdiéndote mirando a Michelle tratando de no ser demasiado obvio y manteniendo la compostura, rogando que las agujas del reloj aumenten su velocidad para que finalmente llegue el momento de irse a casa y no volver hasta el día siguiente.

Bueno, en realidad sí. Es decir, a corto plazo, éste va a ser un día más. Común, corriente, aburrido – más aburrido que el típico día del agente federal a cargo de la CTU, porque gracias a Chappelle y a la pasión burocrática de División vas a tener que pasarlo analizando los perfiles y leyendo las recomendaciones de diversos candidatos, todos desesperados por obtener un puesto en una agencia del gobierno de tal magnitud, todos tratando de convencerte de que ellos son exactamente los indicados para ocupar las vacantes libres -. Exceptuando un pequeño instante que tendrá lugar en la mañana, un instante aislado de todo lo demás, uno de esos instantes que parecieran transcurrir fuera de las líneas de tiempo habituales del planeta Tierra, el resto de este lunes va a ser otro día del montón.

Cuando dentro de un par de semanas, un par de meses, quizá hasta dos o tres años, pienses en este 1° de octubre, vas a recordar dos cosas: una conversación breve pero muy dulce entre vos y Michelle, y luego una serie de sucesos propios de un día normal, común, corriente, aburrido, ordinario, para nada fuera de lo común ni demasiado sobresaliente. Pero claro, dentro de un par de semanas, dentro de un par de meses, dentro de dos o tres años, vas a estar recordando este 1° de octubre a corto plazo, incluso si cuando lo hagas, cuando viviste tu mente en forma esporádica, cuando por algún motivo pedazos de él sean desenterrados del cementerio de recuerdos en tu cabeza y lleguen a la superficie, vas a recordarlo a corto plazo, no a largo plazo. Las consecuencias y resultados a largo plazo, se ven luego de años, no luego de un puñado de semanas, no luego de un puñado de meses, por eso no vas a saber apreciarlas.

A largo plazo, sólo a largo plazo vas a entender el cambio drástico que los acontecimientos que tenés por delante hoy van a significar para vos, para Michelle y para otras dos personas. Sólo a largo plazo vas a ser capaz de comprenderlo, vas a ser capaz de ver la línea que va a dibujarse hoy, esa línea que empezará a marcar un antes y un después en tu vida, en la vida de Michelle y en la vida de otros dos.

Aunque hoy, 1° de octubre, no lo sepas. Aunque cuando este 1° de octubre acabe y el sol se ponga y el cielo se ilumine de estrellas y la luna se convierta en la dueña del firmamento vas a distar de sospecharlo.

Aunque hoy, 1° de octubre, ni puedas imaginar las consecuencias que este día tendrá a largo plazo. Aunque hoy, 1° de octubre, pienses que está destinado a ser un día aburrido y deprimente durante el cual sólo va a brillar la luz que irradia ella, tu ángel, el motivo por el que naciste, el motivo por el que sos feliz, el motivo porque el que sonreís cada día más y más, el motivo principal por el cual te gusta ir al trabajo, el motivo por el cual te considerás el hombre más afortunado sobre la faz de la Tierra incluso si tenés que ir a sentarte durante horas y horas a entrevistar gente que probablemente termine trabajando para el departamento de Operaciones de Campo y no para el de Inteligencia, que es el que manejás vos.

Aunque hoy, 1° de octubre, no lo parezca, va a dibujarse entre eso que dentro de muchos años va a llamarse antes y eso que dentro de muchos años va a denominarse después una línea divisoria, una línea que ahora no va a ser visible, que ahora no van a notar, que ahora va a estar dibujada tan imperceptible que pasará desapercibida, como si para trazarla se hubieran utilizado trozos viejos de tiza.

Pero a largo plazo, el día de hoy va a pesar.

Y mucho.

Va a pesar mucho.

No sólo vas a mirar hacia atrás a este día y vas a recordar una consecuencia de besos, caricias, palabras y sonrisas robados que llegaron inesperadamente e hicieron que pudieras pasar las horas siguientes sin quejarte tanto. Dentro de mucho tiempo, a largo plazo, también vas a estar mirando al momento en que se marcó un antes y un después en tu vida, en la vida de Michelle y en la vida de otras dos personas, aunque el instante en que ese antes y ese después se marcaron haya parecido a corto plazo un hecho aislado, tonto y totalmente insignificante.

A largo plazo este 1° de octubre va a pesar mucho más de lo que podés imaginar ahora mismo mientras elegís de entre el montón que se encuentra colgando de perchas de madera y en línea prolija en el ropero una camisa color salmón (es una de las favoritas de Michelle, junto con las de colores oscuros; por eso ahora te gusta tanto).

Este 1° de octubre va a significar más que muchos otros días. A corto plazo parecerá otro día más con su eventual tramo de romance dibujado delicadamente entre un mar de situaciones para nada sobresalientes, pero a largo plazo vas a entender que no fue un día más, que marcó algo, un comienzo, un antes y un después, una línea divisoria que vas a poder apreciar dentro de muchos años, no ahora.

A largo plazo, vas a ver que un día común, como el día de hoy, puede girar sorpresivo, revelando el comienzo de algo mejor, incluso si ese giro es lento, incluso si ese giro no muestra sus consecuencias enseguida, incluso si eso que es mejor tarda en llegar, incluso si vas a tener que esperar (esperar sin saber qué esperás, esperar sin saber que estás esperando) para que lo surgido de ese giro sorpresivo si materialice y te haga ver con claridad que lo que viviste como un lunes ordinario en realidad tuvo mucho más peso y significado que el que puede ser captado por los ojos a simple vista.

No te lo imaginás, no, en esta mañana despejada, mientras desayunás con una taza de café negro bien cargado y un bollo untado con manteca porque no tenés ganas de preparar nada más elaborado (en realidad, los desayunos elaborados los preparás solamente para una persona, y dado que ella no está hoy ahí con vos, entonces no tiene sentido, no sería lo mismo, son ella no lo disfrutarías, no valdría la pena el esfuerzo si no lo hacés para ella). No te imaginás que hoy va a marcarse ese antes para dar paso al después, no te imaginás la forma en que el futuro va a empezar a dibujarse ahora en torno a muchas cosas, a muchos pequeños detalles, detalles que no vas a notar, detalles a los que no vas a prestar atención, que van a ocurrir hoy, en escasas horas. Detalles que van a formar a ese giro sorpresivo que dará tu vida en cámara tan lenta que solamente va a hacerse visible a largo plazo.

No te imaginás que hoy, 1° de octubre, va a cambiar tu vida, la de Michelle, y la de otras dos personas, que un lazo al principio en apariencia inexistente va a ir cobrando vida y solidez, que un lazo va a empezar a formarse, un lazo que con el tiempo – a largo plazo – verás es realmente firme, verdadero, duradero, un lazo de esos que son para siempre.

El día de hoy, lo vas a vivir como uno normal, común y corriente, de esos que son parte de una serie de días normales, comunes y corrientes que anteceden y preceden días inolvidables, días más interesantes, días distintos, días importantes, días que hacen una diferencia más profunda.

Este día, este 1° de octubre, va a hacer una diferencia pero las cosas que surjan de este giro sorpresivo vas a verlas con claridad a largo plazo.

A las seis y media de la mañana tomás tu chaqueta, las llavés del auto y dando un largo suspiro salís de tu departamento, cerrando muy despacio la puerta detrás de vos, con tu portafolio negro en mano, los lentes de sol puestos y la necesidad de llegar a la CTU cuanto antes para poder ver – aunque sea desde los supuestos ojos de un compañero de trabajo, de un jefe, de un profesional, de un colega – a Michelle. Verla moverse, verla existir, verla ser, escuchar su voz, prestar atención desmesurada a sus respiros incluso en medio del ruido general producido por las máquinas, teclados, aparatos y otros técnicos y analistas, repasando una y otra vez cada detalle de ella, esos detalles que ya te sabés de memoria.

No te importa tener que fingir que entre ustedes no hay más que una amistosa, cordial relación de esas que hacen más ameno el ambiente laboral: lo único que querés es verla, compartir el mismo espacio. Esperar a que el resto del mundo esté demasiado ocupado con sus cosas para poder intercambiar una mirada cómplice y una rápida sonrisa de esas que hacen que cualquier cosa sea más llevadera y que los días destinados a ser largos se acorten un poco, en eso se basa este juego de guardar secretos y quererse desde lejos.

Vas en el auto, escuchando música - Over the hills and far away de Led Zeppelin, para ser más exactos -, y en un acto reflejo (en realidad, como producto de un hábito que se convirtió parte de vos rápidamente como consecuencia de pasar tanto tiempo con Michelle) comenzás a tararear, sonriendo al darte cuenta de lo que estás haciendo, y pensando que tal vez un día que se sabe de antemano será largo, aburrido, tedioso, normal, común y corriente puede ponerse mejor, mucho mejor, si se tienen en cuenta esos adorables pequeños detalles que lo llenan, esos pequeños detalles de los que te gusta percatarte porque esconden un significado más profundo del que puede ser visto por cualquier otros ojos que no sean los tuyos: estar con ella, compartir tus ratos libres con ella, pensar en ella todo el tiempo, vivir por ella, vivir para ella, todo eso va volviéndote más humano, más sensible, te va convirtiendo en otra clase de persona. En una mejor persona. Todo eso puede iluminar hasta al día más gris.

Eso hace que te sientas un poco más optimista, y cambia tu ánimo bastante. Por un momento – ese momento previo a llegar al estacionamiento de la CTU, bajarte del coche, caminar hasta la entrada, traspasar los grandes portones y encontrarte con esta realidad cotidiana de ser director de la Unidad a la cual aún no te acostumbrás – de pronto te invade un alegría que recorre tus venas, provoca una sensación cálida en tu estómago, lleva una leve sonrisa a tus labios y te hace pensar que existe la posibilidad de que este lunes no sea tan largo después de todo, tan terrible y aburrido, que quizá se pase rápido.

Pero claro, eso te dura sólo un par de minutos, no se queda con vos, porque en cuanto cruzás los portones y varios técnicos, analistas y otros empleados vienen corriendo a vos con sus dudas, informes, preguntas y novedades te sentís un poquito abrumado y no podés evitar pensar que vas a tener que estar en ese edificio hasta las seis de la tarde, mínimo y si la suerte juega en tu equipo y no sucede nada que te obligue a quedarte más tiempo como ha pasado otras veces (esas otras veces generalmente envolvieron a Chappelle, a Hammond y a problemas pequeños que ellos hacen parecer gigantes, urgentes y terribles y con los que vos tenés que cargar).

Otro suspiro escapa tus labios, esta vez cargado de exasperación, mientras empezás a dar órdenes, evacuar dudas, contestar preguntas, revisar informes y firmar papeles.

Hace casi un mes que estás metido en la piel de director de la Unidad Antiterrorista de la ciudad de Los Angeles, y hay pequeñas cosas a las que todavía te resulta difícil habituarte, como el hecho de que absolutamente todo y absolutamente todos dependen de vos, de tus decisiones, de las órdenes e indicaciones que des, de tus opiniones. Vos estás conduciendo esta Unidad, y si bien te gusta, no se puede negar que acostumbrarse lleva tiempo, que habituarse forma parte de un proceso complejo de completar.

La sonrisa reaparece, sin embargo, cuando la ves a ella, de pie frente a vos, sosteniendo en su mano lo que suponés es el pequeño pen-drive que contiene toda la información académica, personal, antecedentes y demás de los candidatos a entrevistar hoy.

Su cabello enrulado está recogido prolijamente y los bucles demasiado cortos para ser agarrados caen alrededor de su rostro formando el marco perfecto, sus ojos orientales están fijos en los tuyos y por una fracción de segundo casi cedés al instinto de inclinarte hacia delante y besarla como lo hubieras hecho si estuvieran en otra parte, en otro sitio, sin todas esas personas yendo y viniendo a su alrededor, vistiendo la piel de seres humanos y no el disfraz de agentes federales.

Lo que te detiene es el sonido de su voz.

"Buenos días, Tony"

Fue un saludo expresado en tono casual, educado y estrictamente profesional. Todavía no entendés cómo es que hace para actuar como si realmente no existiera entre ustedes nada que no fuera una amistosa, sana relación típica del jefe agradable pero severo cuando es necesario y la segunda en comando que siempre cumple con todo responsablemente. Te maravilla lo compuesta que puede lucir, incluso cuando sabés que por dentro tiene las mismas ganas que vos de besarte, abrazarte o mostrarse mucho más cariñosa de lo debido.

"Hola Michelle"

Es casi como un juego, a veces. Un juego de no ser atrapados, aunque a excepción de Carrie nadie está demasiado pendiente de ustedes en ese sentido; los demás tienen un trabajo que hacer, un trabajo del cual dependen muchas vidas y muchas otras cosas, por lo cual simplemente se limitan a escucharlos, recibir órdenes, sugerencias, pedidos, contestar o formular preguntas, y nada más. El resto del tiempo está con los ojos fijos en el monitor de las múltiples computadoras que usan, revisando máquinas y cerciorándose de que los procesadores, los satélites y los servidores estén funcionando correctamente como para andar vigilándolos a ustedes, reparando en los pequeños detalles que podrían delatarlos y acabar con el secreto que vienen guardando. Sin embargo, ustedes dos siguen comportándose tan profesional y compuestamente como sea posible, sin querer dar ningún margen de posibilidades a que alguien por error, por casualidad, se percate de la realidad, sin querer dar ningún margen de posibilidades a que Carrie encuentre el talón de Aquiles de todo esto y les dé justo donde más les duela. Sí, es como un juego, un juego en el intercambian miradas cómplices y sonrisas, un juego en el que aprovechan el momento exacto para verse a escondidas al menos cinco minutos, un juego en el que tienen que aparentar algo que no es: que son simplemente compañeros de trabajo y que no hay sentimientos involucrados en esto. Un juego que pueden perder si son atrapados. Un juego al que, a pesar de todo, les gusta jugar.

"Nuestra primera entrevista, la de las ocho y media de la mañana, fue cancelada hace un cuarto de hora" anuncia, mientras ambos comienzan a caminar en dirección a la escalera que lleva al piso de arriba, donde está tu despacho "Ayer por la noche le diagnosticaron varicela, así que probablemente quede fuera del proceso de selección porque va a estar en cama durante al menos dos semanas"

"Pobre tipo" suspirás, compadeciéndote.

Tu sobrino mayor, el hijo de tu hermana Eva, padeció de varicela. Ahora tiene dieciocho años (tu hermana se casó demasiado joven y a los veinte años ya tenía una criatura, y así y todo – con un matrimonio firme y un pequeñito – se las arregló para estudiar y recibirse en la escuela de Medicina con honores, haciendo sacrificios y esfuerzos similares a los de tus padres, aunque con más comodidades y el respaldo de su familia), por lo cual en la época en que se llenó de esas cosas rojas, pegajosas y de aspecto desagradable tanto vos como tu hermana aún vivían en Chicago, así que tuviste la oportunidad de ver de cerca lo que la varicela puede hacerle a las personas. Si un bebé de ocho meses se puso lo suficientemente irritable como para desquiciar a todos los demás a su alrededor, ni querés imaginarte cómo debe ponerse un adulto, que además de todo tiene la capacidad de verbalizar su malestar y disconformidad con palabras en lugar de solamente llorar y gemir. Te compadecés del pobre tipo y de quien sea que tenga que aguantarlo.

Llegan al entrepiso y se topan con un técnico que te pide que firmes unos papeles. Cuando cruzan el rellano de la puerta de tu oficina, una vez ésta cerrada tras de ustedes, lo primero que hacés es buscar el pequeño control de mando a distancia para ennegrecer los vidrios e impedir que los demás puedan ver desde afuera hacia adentro, incluso antes de encender las múltiples computadoras.

"Así que todos ellos" estás refiriéndote al resto de la CTU en general, los que se hallan debajo en el piso principal "piensan que nosotros dos vamos a estar acá arriba entrevistando al señor Varicela" sonreís.

"El pobre hombre se llama Austin McCallister" te corrige, pero en su rostro se dibuja el espejo de tu sonrisa, porque por su mente está cruzando la misma idea que atraviesa la tuya.

El resto de la CTU no tiene por qué enterarse que Austin McCallister tuvo inconvenientes personales y debió suspender su entrevista. No tienen por qué enterarse que nunca llegó, porque todo el proceso de registrar a los visitantes, tomar las huellas digitales y darles una tarjeta de reconocimiento es de los guardias de la entrada, totalmente ajeno a cualquier otro técnico o analista, quienes se hallan tan metidos en sus asuntos que probablemente den por sentado que Michelle y vos – como lo estuvieron toda la semana pasada – se encontrarán realizando los procesos de preselección como para preocuparse y averiguar si alguien subió a la oficina, si la cita de las ocho de la mañana llegó o no llegó. Van a limitarse a hacer sus tareas, reportarse a sus jefes directos si tienen problemas y con suerte alguno mirará hacia arriba y se compadecerá de ustedes dos porque les fue endilgado algo tan tedioso como seleccionar personal nuevo. Durante las entrevistas anteriores ennegrecieron los vidrios para evitar distracciones visuales, sonoras o de cualquier índole, así que eso tampoco habría de llamarles la atención.

Eso, en resumen, quiere decir que por un plazo de al menos unos buenos cuarenta minutos, hasta que llegue el segundo de los enlistados para ser entrevistado hoy, Michelle y vos pueden estar solos, sin que nadie los mire, sin que nadie los escuche, sin que nadie los moleste, sin que nadie los interrumpa. Y si bien no van a ceder a instintos dignos de adolescentes de quince años e iniciar una guerra de besos, por lo menos van a poder conversar, tomar una taza de café, simplemente pasar tiempo juntos, simplemente observarla mientras te habla, observar cada detalle suyo y aprendértelo de memoria para luego dibujarla cuando te cuesta dormir y no sabés qué hacer para no extrañarla con una intensidad que haría a cualquier pensar que llevas décadas y no horas sin abrazarla.

"¿Está pensando lo mismo que yo, Agente Dessler?" preguntás de forma retórica y casi infantil, levantando una ceja sugestivamente como si fueran dos criaturas planeando una travesura, algo tan inocente como encontrar la manera de alcanzar el tarro donde mamá guarda las galletitas para robar unas cuantas y comerlas antes de la cena.

"Estoy pensando que deberíamos aprovechar estos minutos libres para revisar los expedientes de los candidatos que tenemos que ver hoy" contesta mientras se deja caer en una silla junto a la que vos ocupás detrás del escritorio "para preparar posibles preguntas o señalar puntos interesantes para discutir"

"Obviamente no estás hablándome en serio" mirás el aparatito rectangular de color negro que dejó sobre la superficie transparente de la mente, y te preguntás si de verdad quiere desperdiciar ese tiempo mirando resúmenes y expedientes.

"¡Por supuesto que no!" ríe suavemente, dejando que por un momento fugaz la palma de su mano recorra tu mejilla formando una caricia desde tu sien hasta por debajo de tu labio, donde su pulgar se queda, trazando círculos "A menos que quieras que busquemos entre este montón de datos" con un gesto señala al pen-drive "a la amiga de tu hermana y vayamos viendo a qué habremos de atenernos" comenta luego de escuchar tu suspiro de alivio.

Le contesta a Michelle ayer sobre esa tal Chloe O'Brian de la que te habló Martina, el genio con síndrome de Asperger con quien trabó amistad gracias a un sitio de internet para superdotados con coeficientes intelectuales increíbles, y la cual podría convertirse en un excelente recurso en manos de la CTU si están dispuestos a pasar por alto el hecho de que tiene problemas graves para relacionarse con los componentes de cualquier entorno laboral en general, a menos que ese ambiente esté sólo compuesto por máquinas y no por personas de carne y hueso. Le hablaste sobre las cosas que Martina te dijo y sobre tu promesa de enfocarte en sus buenas cualidades y hacer que se sintiera lo más cómoda posible para poder dar una buena entrevista, a lo que Michelle respondió con una sonrisa orgullosa y te felicitó por ser tan comprensivo cuando otros habrían descartado a la pobre chica enseguida.

Si supiera que cambiaste tanto sólo por ella, sólo por el efecto que ella tiene en vos, que dejaste de ser egoísta, egocéntrico y arrogante por ella (¿te acordás cuando andabas con Nina y envidiabas a Jack y siempre querías encontrarle un 'pero' a lo que él te decía?, ¿te acordás lo infantil, egocéntrico y egoísta que eras a veces? Dios, sí, te acordás, y te da vergüenza). Pero la conociste a ella y te enamoraste perdidamente dos segundos más tarde, y amarla así te cambió de pies a cabeza, en tu forma de ser, en tu forma de pensar, en tu forma de actuar, que cada cosa que hacés la hacés esperando convertirte en alguien mejor, alguien que merezca tener a su lado a un ser humano tan perfecto.

Descartás la propuesta:

"Mejor dejemos que nos sorprenda" sugerís, causando con tu tono de broma, con tu casi infantil tono de broma, que otra carcajada suave suba por su garganta e inunde el aire "Tengo mejores planes para estos cuarenta minutos" le avisás, sonriendo.

De pronto estás lleno de un optimismo que esta mañana sólo aparecía de a ratos y de manera muy esporádica, desapareciendo luego con la misma rapidez cuando se te aparecía flotando en tu mente la perspectiva de una semana igual de larga que la anterior. Un optimismo que en este preciso instante es casi total y que suponés te mantendrá de buen humor por la siguiente hora. Lo que parecía iba a ser un día aburrido y lleno de formalidades, personas entrando y saliendo y las mismas frases y conversaciones reproduciéndose una y otra y otra vez hasta el hartazgo en un círculo infinito y continuo al parecer no va a ser tan malo después de todo: cuarenta minutos a solas con ella es una cantidad de tiempo envidiable teniendo en cuenta que va a transcurrir dentro de las paredes de la CTU.

Quizá este día no sea tan malo después de todo si arranca así, con un golpe de suerte.

"¿Tus planes implican una taza de café?" inquiere, sustrayéndote de tus pensamientos "Porque realmente me vendría muy bien una" agrega, reprimiendo uno de esos bostezos que generalmente pugnan por escaparse cuando uno baja la guardia y se relaja.

Sentís, de pronto, el cansancio en su voz, y a la par que te ponés de pie para dirigirte a la mesita auxiliar que hay a un costado y que tiene todos los utensilios para preparar café te tomás unos segundos para observarla con un detenimiento obsesivo que obviamente no podías mostrar minutos antes cuando se hallaban atravesando el piso principal lleno de gente en dirección a la escalera que conduce a la planta alta. Luce exhausta, como si hubiera dormido poco. Vos también dormiste poco, a decir verdad, porque si bien lograste conciliar el sueño luego de que hablaran un ratito por teléfono, pasado un par de horas volviste a despabilarte y diste vueltas y vueltas extrañándola casi hasta el amanecer, echando en falta su presencia en tus brazos, su cara enterrada en el hueco entre tu hombro y tu cuello, sus manos pequeñas dibujando círculos en tu espalda con sus palmas, sus brazos estrechándote, su respiración haciéndote cosquillas a la vez que te tranquiliza cual canción de cuna escrita sólo para vos. Quizá a ella también le costó caer presa del cansancio, quizá ella también tuvo problemas para conciliar el sueño, quizá te mintió cuando te dijo que no estaba teniendo pesadillas otra vez cuando preocupado preguntaste al respecto, quizá no quiso decirte la verdad porque sabía que insistirías en cruzar la ciudad en tu auto para ir a buscarla. Te arrepentís de no haberlo hecho, de no haber insistido, ahora que ves lo agotada que luce, ahora que te das cuenta que prácticamente no ha pegado un ojo en toda la noche.

Vertís el líquido oscuro, caliente y humeante en tu taza de Chicago Cubs y luego echás la leche y las tres cucharadas de azúcar antes de agregar la crema, siguiendo la fórmula que en menos de un mes te aprendiste de memoria.

"Anoche no dormiste"

No es una pregunta, es una afirmación, una afirmación que sale de tus labios al tiempo que observás como toma la taza que le ofreces con ambas manos, dejando que el calor que se desprende a través de la cerámica blanca entibie sus palmas. El clima no es frío, más bien podría describirse como el típico clima californiano, y el hecho de que ella tenga la temperatura corporal baja confirma nuevamente tus sospechas y aumenta tu sensación de culpa por no haber presionado lo suficiente hasta que admitiera que las pesadillas estaban invadiendo su cabeza otra vez. Ella siempre tiene frío cuando está cansada.

"Me quedé dormida cerca de las cuatro de la madrugada" admite, reprimiendo otro bostezo. Se lleva la taza a los labios y prueba un sorbo del café, dedicándote luego una sonrisa en señal de agradecimiento cuando volvés a sentarte en la silla junto a la suya con un vaso de agua en la mano que depositás a su alcance; no es jugo de naranja, pero con lo poco que tenés disponible es lo mejor que podés hacer para completar el precario desayuno que están compartiendo.

"Michelle, voy a preguntarte algo y por favor no me mientas" le pedís, casi le implorás, casi le suplicás, con un tono de voz suave, dulce y comprensivo ": ¿Son las pesadillas otra vez?"

"No" te asegura, y le creés, porque lo dice convencida, porque lo dice con honestidad y porque sabés que puede leer en tus ojos lo preocupado que estás al respecto, porque sabés que sería incapaz de mentirte después de la forma en la que prácticamente le rogaste que no lo hiciera "A decir verdad" susurra como si te contara un secreto, sonriendo y logrando que las comisuras de tus labios se levanten hacia arriba "me quedé despierta hasta tarde porque tenía algo que hacer, pero no puedo decirte qué" se apresura a añadir.

"¿Por qué no?" sentís curiosidad.

Si hubiera pasado algo con Danny, me lo habría dicho.

"Porque es una sorpresa" explica naturalmente.

"¿Para mí?" reaccionás sorprendido y con absoluta inocencia.

"Sí, tonto, ¿para quién más?" ríe.

"¿Y te quedaste hasta las cuatro de la mañana haciendo algo relacionado con mi sorpresa?" marcás cada palabra despacio, atónito, sin comprender bien de qué se trata todo esto, súbitamente muerto de curiosidad e intrigado, sin poder evitar que la sonrisa siga ahí, espejando a la suya.

"Sí" afirma con un asentimiento "Pero como es una sorpresa, vas a tener que esperar" concluye, como queriendo dar por zanjado el asunto.

"Estás vengándote de mí, ¿no?" te mordés el labio inferior al tiempo que rascás el costado derecho de tu rostro con tu mano izquierda "Estás vengándote por todas las veces que te sorprendí y te mantuve en ascuas al respecto"

"Exactamente" te da la razón "Así que por favor no insistás porque no voy a revelar ninguna pista"

"Está bien" accedés de buena gana; la curiosidad y la intriga siguen en pie y más fuertes que nunca, pero ahora las acompaña otro tipo de sensación, mucho más placentera: esa que te inspira el hecho de que esté esforzándose preparando una sorpresa para vos, sea cual sea, por más grande o pequeña que vaya a resultar "Lo único que me importa es estar totalmente seguro de que no estás teniendo pesadillas sobre lo que pasó"

'Sobre lo que pasó' puede ser traducido como 'la bomba, la muerte de Paula, la muerte de George, la muerte de todos esos agentes y técnicos, Carrie, Danny, y así sucesivamente'.

Sacarse de encima los restos que quedan luego de experiencias como aquella es difícil, muy difícil, lo aprendiste en carne propia, lo sufriste terriblemente, y por nada del mundo querés que ella tenga que afrontar lo mismo, al menos no sola, al menos no sin alguien que pueda abrazarla y prometerle que pronto las heridas van a sanar, que las cicatrices van a cerrar, que va a empezar a entender que por mucho que uno luche y se esfuerce a veces no es suficiente, que estas tragedias, maldades e injusticias pasan, que cada quien hace lo que puede para aportar un granito de arena, que tiene que sentirse orgullosa de las cosas que logró en esas veinticuatro horas fatídicas, lo cual no fue poco.

Eventualmente las pesadillas van a atacar, de eso sos consciente. A veces lleva algo más de tiempo, a veces pasan meses hasta que la mente y el cuerpo salen del entumecimiento general y los miedos y recuerdos horribles se vuelven más y más frecuentes, materializándose por las noches. Y cuando eso acontezca, vas a estar ahí. Necesitás que sepa que vas a estar ahí.

"Y la noche en que realmente no puedas dormir o algo te angustie" continuás, entrelazando tus dedos con los tuyos y dejando que el pulgar encuentre el centro de la palma de su mano para dibujar caricias en forma de círculos repetidos ", si ese día por algún motivo yo no estoy ahí con vos" se te forma un nudo en la garganta de sólo imaginarla a ella asustada, llorando, con gotas de transpiración fría deslizándose por su frente, los bucles alborotados y los ojos llenos de miedo y sufrimiento ante las imágenes flotando en su memoria, indefensa frente a los recuerdos y a los sentimientos que éstos acarrean consigo cuando emergen a la superficie en el instante menos indicado, como solía sucederte a vos hasta no hace mucho ", por favor, necesito que me prometas que vas a llamarme, sin importar la hora o las circunstancias, ¿sí? No sería capaz de tolerarlo si tuvieras una pesadilla o problemas para conciliar el sueño o cualquier clase de malestar y no me lo contaras por miedo a 'molestarme' o algo de ese estilo…"

"Tony" te interrumpe antes de que puedas seguir, acariciando otra vez tu mejilla con el dorso de su mano y mirándote a los ojos intensamente, queriendo asegurarse de que podés leer en ellos, ver en ellos lo que hay en su alma.

Siempre en sus ojos podés ver su alma, desnuda, vulnerable y fielmente tuya.

"Ya te lo dije el otro día" repite con dulzura ": Siempre que pueda voy a correr a tus brazos. Sé que no hay nada en el mundo que quieras hacer más que protegerme y estar conmigo, y no hay nada que yo quiera más que estar con vos. No hay nada que quiera más que compartir todo con vos. Así que te prometo que vas a ser el primero y único en enterarte el día que necesite un abrazo, alguien que me escuche o alguien que seque mis lágrimas, porque lo cierto es que sos el único al cual dejaría abrazarme y consolarme. No te preocupes, ¿sí?" te pide, haciendo que te des cuenta de los extremos a los que puede llegar tu desesperación cuando se trata de cerciorarte de que ella esté bien "Anoche dormí poco, casi no dormí a decir verdad, pero por motivos mucho más lindos" suspira "sobre los cuales no puedo contarte porque son parte de tu sorpresa" ahora vos suspirás, sonriendo inconteniblemente y moviendo la cabeza de un lado al otro, mordiéndote el labio otra vez.

"Sé que a veces exagero demasiado" reconocés "pero es porque no quiero que nunca más tengas que volver a sufrir, no quiero que nunca más tengas que estar solita"

"Lo sé, mi amor. Y esa es una de las razones por las que te amo tanto: porque con vos me siento cuidada cada segundo de mi vida, porque vos siempre vas a estar ahí protegiéndome"

Te inclinás hacia delante sin decir palabra – porque entre ustedes dos no se necesiten - para besar rápidamente la punta de su nariz. Luego te reclinás otra vez contra el mullido respaldo de la silla, y otra vez entrelazan las manos.

Puede que estén a solas en tu oficina y que sean de casi nulas a inexistentes las posibilidades de que los interrumpan, por lo cual pequeñas muestras de afecto en dosis controladas no están mal, pero tampoco querés arriesgarte a perder el control y terminar dejando que el ser humano de carne y hueso, ese que se convierte en una especie de peluche de tamaño natural demasiado mimoso como para parecerse en algo al hombre que solías ser antes de que ella entrara a tu vida, tome las riendas y desplace al agente robótico que debés ser durante el tiempo que pases entre las cuatro paredes de la CTU siendo la cabeza de la Unidad.

Sin embargo, al parecer ella piensa que pueden llegar un poquito más lejos, lo cual se ve reflejado en la forma en que toma tu rostro con sus dos manos para acercarlo al de ella, hasta lograr que queden frentes, ojos, narices y bocas al mismo nivel, el aire que ella exhala y el que vos inhalás mezclándose en una combinación tóxica y embriagante.

Es sólo el fantasma de un beso, apenas un roce, imperceptible, como si no hubiera existido, como si lo hubieras soñado, como si lo hubieras imaginado, y cuando querés darte cuenta ya está de nuevo en su posición anterior, sus dedos otra vez entrelazados con los tuyos y su sonrisa embelleciendo aún más las facciones que conocés de memoria.

"¿Querés otra taza de café?" preguntás en un tono mucho más relajado, ahora que ya sabés el motivo por el cual anoche no descansó y considerando que otra dosis de cafeína podría despabilarla un poco más.

"Sabés que me cuesta mucho negarme a cualquier cosa que me propongas, Almeida" contesta en son de broma, extendiendo la taza para que la tomes cuando te pones de pie para dirigirte otra vez a la mesita auxiliar.

"Es bueno saber eso" decís casualmente, agregando las tres cucharaditas de azúcar antes de echar la crema.

Justo en ese momento tu muela decide que es hora de darte molestas punzadas parecidas a las de ayer por la mañana, sólo que un poco más intensas.

"¿Ah, sí?" la voz de Michelle te distrae del dolor, que disminuye un poco antes de volver a atacar.

Un segundo más tarde te encontrás otra vez sentado a su lado, la taza nuevamente en sus manos llena con el líquido caliente y humeante. Robás un sorbo rápido antes de que la conversación continúe; ya no te molesta tanto que tenga leche, que esté dulce y que además de todo contenga crema. Ya te acostumbraste. De hecho, está empezando a gustarte demasiado, mucho más de lo que alguna vez te gustó el café amargo (y vos amás el café amargo) porque el sabor te recuerda a ella, te recuerda a ese primer beso, te recuerda a la mayoría de sus besos.

"Sí. Porque probablemente hoy tengas que ocuparte vos de interrogar amable y formalmente a los candidatos, porque me duele un poco la muela y…" empezás.

"Tony, esa excusa es la más vieja del mundo" te reta riéndose, sin creerte "Un dolor de muela, por favor…"

"¡En serio!" fingís estar totalmente indignado, con tus sentimientos heridos "Lo digo en serio" repetís con seriedad "El domingo por la mañana me dolió un poco, y ahora está doliéndome otra vez" hacés una mueca al sentir una pequeña punzada.

"Pobrecito" se compadece, dejando que sus dedos se pierdan en tu cabello, acariciándote, arremolinando los mechones cortos de pelo negro azabache "Quizá tu novia tenga que acompañarte al dentista" sugiere ladeando la cabeza hacia un lado.

La mera mención de eso hace que se te erice la piel en la nuca.

Odiás el dentista.

Odiás el dentista apasionadamente.

No les tenés miedo a los terroristas, sabés defenderte en combate cuerpo a cuerpo, manejás todo tipo de armas en todas sus formas y clases, estuviste en la Marina, sos un agente federal de gobierno, ayudaste a impedir una tercera guerra mundial, pero te desagrada y perturba profundamente la perspectiva de tener que sentarte en el sillón del dentista.

Nunca te gustó, le tenés un rechazo absoluto. Obviamente, si bien ya le contaste a Michelle que ir a ese consultorio no es precisamente una de tus actividades favoritas, permitir que tu ego se achique delante de ella admitiendo que en realidad le tenés terror a ese lugar es una opción totalmente descalificada, por lo cual hacés lo posible en un intento de restarle importancia al asunto:

"Ya va a pasar. Probablemente no sea nada. Es un dolor casual" tratás de convencerla, y de convencerte a vos mismo "Unos mimos van a bastar" asegurás, poniendo carita de pollito mojado.

"Si sigue doliéndote, vamos a tener que ir al dentista" te advierte otra vez con ternura y cierta firmeza, haciendo caso omiso a tu expresión de cachorro abandonado.

Dios, acaba de sonar como lo habría hecho mi mamá.

"Estoy seguro de que va a pasarse enseguida" insistís, arrepintiéndote de haber mencionado el tema "Pero de todos modos" fruncís el ceño y fingís seriedad "sería mejor que vos hicieras las entrevistas y yo estuviera acá escuchando, controlando, pero sin participar mucho"

"No vas a salirte con la tuya, Almeida" niega la cabeza de un lado al otro, mordiéndose la comisura del labio "Si yo me ocupo de todo, es muy seguro que vos no hagas más que ponerte en piloto automático, asentir sin saber siquiera de qué estamos hablando y pensar en cualquier otra cosa menos en el entrevistado en cuestión"

Me conoce demasiado bien.

"Dedicaría cada segundo a pensar en vos"

"Muy dulce, mi vida, pero la Unidad necesita que su director se mantenga atento y concentrado, no con la cabecita en las nubes"

"¿Mis ojitos de cachorrito abandonado te convencerían?"

Obviamente, no estás hablando en serio. Es decir, sos consciente de que Michelle no puede encargarse de todo y de que vos tenés una tarea que cumplir, y es la de realizar esas entrevistas. Sin embargo, te gusta bromear con ella, así, tan inocentemente, con este tono liviano y libre de preocupaciones que hace que se forme una burbuja alrededor tuyo y que por un ratito te olvides de todas las cosas malas, todas las preocupaciones, el cansancio, las ganas de irte a casa, las obligaciones que no te gustan pero que tenés que cumplir de todos modos. Y sabés que a ella le gusta también, que se divierte cuando te comportás infantilmente, que lo encuentra adorable. Y no hay nada que pueda derretirte tanto como su mirada cada vez que hacés algo que le parece adorable.

"No, amor, tus ojitos de cachorrito abandonado no me convencerían. Lamento decepcionarte" ríe.

"Dedicaría cada segundo a planear tu sorpresa, a pensar y repasar cada pequeño detalle para que todo sea tan perfecto como sos vos" insistís, esta vez ya no tanto en tono de broma.

"¿Vos también tenés una sorpresa para mí?" te mira de arriba abajo, arqueando una ceja, divertida "… Qué interesante" comenta con un siseo fino.

"Estoy pensando en eso desde anoche" le contás, sin revelar demasiado de las ideas que se te ocurrieron en tu insomnio "Intentaba quedarme dormido pero no podía porque te extrañaba, entonces para matar la eternidad que faltaba hasta que fuera el momento de vernos me dediqué a pensar en todas las sorpresas que quiero darte en nuestro primer aniversario" enredás uno de sus bucles sueltos en tu dedo índice, enrollándolo, desenrollándolo y luego acomodándolo detrás de su oreja junto con otro par de rulos color cobre

Y de repente la atmósfera se vuelve seria, y cualquier rastro de broma o comentarios en tono de juego desaparece, instalándose un silencio pesado roto solamente por palabras dichas en murmullos y suspiros.

"El primero de muchos" añadís en un susurro suave y arrullador, dibujando círculos en su nuca con las yemas de tus dedos, causando que sus ojos se cierren involuntariamente al relajarse bajo tu tacto.

"¿Muchos?, ¿cuánto es muchos?" murmura cuando siente los besos que le das en sus párpados caídos.

"Em" pretendés pensar "… Como unos setenta" concluís.

"¿Meses?" inquiere extrañada, abriendo los ojos otra vez en señal de desconcierto.

Setenta meses, si el cálculo no te falla eso es el equivalente a poco más de cinco años. Cinco años con ella, eso no sería suficiente, jamás. Setenta meses, cinco años, eso es sólo una ínfima porción del tiempo que querés pasar con ella, es solamente un pedacito de la eternidad que querés pasar a su lado. Por un segundo considerás lo rápido que se te escurrirían como agua entre los dedos setenta meses, y te suena ridículo, absurdo. Tan absurdo que el fantasma de una leve, corta y suave carcajada se cuela por entre tus labios.

"No, tonta: setenta años" explicás "Cada vez que digo que quiero envejecer con vos, lo digo en serio" tu dedo se enreda en uno de sus bucles, una y otra vez, mientras hablás, sin romper el contacto establecido entre tu mirada y su mirada, tan intenso y tan profundo que te cuesta formular las oraciones porque estás demasiado abrumado por el significado de lo que estás diciendo ", desde el fondo de mi corazón. Por muy repentino o descabellado que pueda sonar, sé dónde voy a estar dentro de setenta años" suspirás, respirás con esfuerzo ": voy a hallarme donde quiera que vos estés"

Sentís el corazón pesado, cargado de emoción, y de repente lo que se suponía iba a ser la mañana larga y aburrida de un día largo y aburrido en menos de media hora se transformó en uno de esos momentos sencillos pero íntimos en los que el amor toma control completo de tu mente, de lo que decís, de lo que hacés, de lo que pensás, uno de esos instantes en los que el mundo alrededor tuyo se desdibuja y de golpe te encontrás con ella, solos en el Universo, flotando en la nada, los latidos de sus corazones el único sonido audible y las palabras susurradas el único medio de comunicación. El dorso de su mano vuelve a acariciar primero una de tus mejillas, luego la otra, y así sucesivamente durante un rato que se vuelve casi eterno, hasta que el silencio es roto por su voz, es roto por los mismos pensamientos que ocupan cada rincón de tu cabeza verbalizados de la forma más perfecta.

"¿Ves el poder que tenés sobre mí?"

Es una pregunta retórica, por supuesto, pero si tuvieras que contestarla probablemente fallarías, porque si no podés describir lo que ella hace en vos, el efecto que ella tiene en vos, el poder con el que ella domina cada uno de tus actos, ¿entonces cómo serías capaz de expresar de algún modo lo que vos le hacés a ella, el efecto que vos tenés en ella, el poder con el que dominás cada uno de sus actos?

"Sos el único que puede tener el ingrediente perfecto para convertir una mañana común y corriente en un pedacito sacado de un cuento de hadas. Dos palabras, con dos palabras tuyas el mundo a mi alrededor desaparece, y teniendo en cuenta el mundo en que vivimos" hace una pequeña pausa, quedando la frase inconclusa "… Cuando lográs que crea que de verdad existimos nosotros dos, que estamos los dos solitos sin ninguna otra cosa que pueda lastimarnos" otra pequeña pausa, otra frase inconclusa "… Eso es lo más lindo de vos: un minuto estás haciéndome reír, al otro hacés que me emocione y que sienta lo real y hermoso que es saber que encontré a la persona con la que voy a envejecer. Detenés el tiempo y el espacio y el resto se vuelve completamente insignificante. Cuando me mirás así, cuando me hablás así, me doy cuenta una vez más que el resto es ruido de fondo"

El autocontrol del que supuestamente tenés tanto manejo y que te ayuda a mantener al agente robótico separado del hombre de carne y hueso, a la máquina de pensar funcionando paralelamente a la máquina de sentir sin que los engranajes y los cableados se mezclen, desaparece. La línea que separaba a una cosa de la otra, lo que delimitaba una cosa de la otra, se evapora cuando llevás tus labios hasta los suyos y le das un beso de verdad, de esos que te dejan sin respiración y hacen que pierdas la noción de todo, no un roce apenas perceptible.

Podés sentir sus labios jalando los tuyos despacio, sus brazos cerrándose alrededor de tu cuello, una de sus manos mimando tu nuca y la otra acariciando todo el camino de tu espalda, de arriba hacia abajo.

Podés sentir el calor que emana de sus mejillas sonrosadas cuando las enmarcas con tus manos para acercar aún más su boca, queriendo que quede una imposiblemente más pegada a la otra.

Podés escuchar los suspiros ahogados por tus besos.

Pero, lo más importante, sabés que los corazones de ambos están latiendo en sincronía.

Mentalmente agradecés a quien sea que haya jalado los hilos – Dios, la suerte, el destino, como quieras llamarlo - para que la mañana empezara tan bien y pudieran tener ese trocito de tiempo robado para estar solos en su propio Universo, lejos de cualquier recuerdo sobre terroristas, entrevistas, entrevistados, División, Washington, Distrito, el presidente, el Congreso, sistemas de seguridad, computadoras, máquinas, servidores, Carrie, todo aquello que forma el ruido de fondo. Mentalmente agradecés haber podido robar estos instantes de intimidad, agradecés tener este huequito de tiempo para poder besarla, para poder mirarla a los ojos, así como estás mirándola ahora, mientras su frente reposa en la tuya y tus dedos vuelven a perderse en la masa de bucles, intentando no despeinarla demasiado.

"Tenés el brillo labial un poquitito corrido" comentás con una risita momentos luego, una vez que ambos recobraron la respiración. La sustancia color natural se encuentra esparcida desprolijamente alrededor de su boca. De hecho, podés sentir los restos pegajosos en tu propia boca, en la comisura de los labios y en el mentón, el sabor artificial a frutilla mezclándose con el sabor a café con leche que su lengua dejó en la tuya.

"Adiviná de quién es la culpa" susurra con una sonrisa.

Uno de tus dedos contornea las zonas manchadas, limpiando los rastros del labial transparente.

"La culpa es tuya, en realidad" chasqueás la lengua, y explicás ante su expresión de desconcierto ": Para empezar, no deberías ser tan bonita" ves el tinte rojo aparecer en su cara; estás acostumbrado a que se ponga así de colorada, y si bien lo encontrás adorable te gustaría que aprendiera a aceptar tus cumplidos más naturalmente, que se acostumbrara a ellos "Es demasiado tentador tenerte tan cerca y no poder besarte, técnicamente eso no es culpa mía" continuás "Y después, en segundo lugar, te dije mil veces que sos hermosa sin necesidad de ponerte maquillaje, pero vos no me creés"

"Sos un tonto" se limita a decir, terriblemente ruborizada y esquivando sus ojos los tuyos. Desenreda sus brazos de tu cuello y vuelve a sentarse con la espalda recostada contra la silla.

"Siempre contestás eso" comentás, tomando la taza vacía y llevándola de vuelta a la mesita auxiliar, dejando el escritorio despejado y listo para comenzar a organizarse, dado que el reloj indica que les queda poco tiempo libre "Siempre que te digo algo así, respondés que soy un tonto" volvés a sentarte a su lado.

"Lo digo cariñosamente" se defiende, mientras sus manos buscan en uno de los cajones la caja de papel tissue que está guardad ahí, para poder deshacerse de cualquier pequeño resto de labial que pueda quedar.

"Lo decís porque no me creés" es una afirmación "No voy a parar hasta que me creas, Michelle" asegurás, fijando tus ojos en los de ella, y notando cómo en ellos se dibuja ese algo indescriptible que aparece, esa emoción que su mirada expresa sin palabras cuando la observás fijamente y le hablás con ese tono de voz dulce, suave, profundo, emocional y romántico que no sabías tenías hasta que empezaste a usarlo naturalmente con ella "Si hace falta, voy a repetirte día y noche las veinticuatro horas que sos hermosa, hasta que me creas"

"Podés seguir intentando convencerme esta noche" suspira "porque ahora es tiempo de ponernos a trabajar" anuncia, arrancando de tu garganta una especie de quejido.

"¿Cinco minutos más?" pedís, rogás, tomándola de los codos para que no se levante de su silla, acercándote para volver a besarla, pero te encontrás con su índice haciendo las veces de barrera entre ambos cuando tu nariz se halla a escasos centímetros de la suya.

"Ya robamos suficiente tiempo, Tony"

Tiene razón admitís mentalmente, pero no lo vas a decir en voz alta.

"Nos aprovechamos de que nadie nos interrumpiría si pensaban que estábamos entrevistando a alguien, y en lugar de utilizar productivamente esta media hora estuvimos acá arriba haciendo cosas que no deberíamos haber estado haciendo" sigue, poniéndose de pie finalmente a pesar de tus amagues para mantenerla sentada en la silla.

"Yo sí creo que hicimos uso productivo del tiempo" acotás, poniéndote de pie también para ayudarla a empezar a cargar múltiples sistemas en las computadoras para poder empezar a subir las bases de datos de los candidatos que van a ver el día de hoy.

"Mi amor, estar escondidos en tu oficina besándonos como dos adolescentes definitivamente no se encuentra en la lista de las actividades que División, Distrito y Washington creen productivas"

División, Distrito y Washington no entienden nada pensás, pero reconocés que es cierto todo lo que Michelle dijo. De hecho, te considerás absolutamente afortunado por haber tenido la suerte de que Austin McCallister cancelara a último momento y pudieran pasar esos gloriosos minutos juntos sin interrupciones y sin tener que estar fingiendo, sin tener que estar jugando a ser solamente compañeros de trabajo.

"Dios bendiga a Austin McCallister y a su repentina varicela" suspirás, haciendo la mímica de levantar los brazos hacia el cielo, lo cual le arranca a ella una carcajada.

Más tarde, cuando es tiempo de empezar a recibir a la larga fila de técnicos, analistas, ingenieros y demás profesionales (entre los cuales, no te olvidaste, se encuentra la amiga de tu hermana) tus ojos miran al día desde otra perspectiva, una perspectiva mucho mejor y las horas que tenés por delante ya no te parecen ni demasiado largas ni demasiado tediosas después de haber pasado ese ratito a solas con ella.

"La persona siguiente a Austin McCallister es Roxanne Hirsch" te informa Michelle, totalmente sumergida en esa parte de su ser que es enteramente profesional, compuesta y abocada a su trabajo.

Con el pen-drive conectado a la máquina, tienen todos los datos necesarios en la pantalla, enumerados y detallados.

"Bien, la primera de muchos" suspirás cansinamente.

Y la sesión de entrevistas comienza.

Roxana Hirsch es seguida por Ethan Hobbes, Claude Giddens, y finalmente cuando las agujas se posicionan marcando las once de la mañana con quince minutes Sabrina López – la cuarta entrevistada – se despide de ambos y cruza la puerta, dejándolos solos a vos y a Michelle otra vez.

"Chloe O'Brian" lee la primera línea de la pantalla llena de datos "La amiga de Martina" te recuerda, aunque lo cierto es que no hace falta.

Realmente esperaste este momento con curiosidad e intriga, porque la persona a la que estás a punto de conocer no sólo te ha sido descripta como una bastante peculiar, sino que también es una a la que tu hermana admira y considera inteligente, un genio, incluso más brillante que ella misma (y tu hermana no es precisamente ningún ejemplo de humildad, si vamos al caso). Tenés curiosidad, sí, y a la vez te alivia que Michelle – quien tiene mucho más tacto y capacidades para tratar a la gente que vos, que podés ser a veces bastante hosco – esté ahí, para ayudarte a cumplir tu promesa a Martina de hacer que su amiga se sienta lo suficientemente cómoda como para desenvolverse bien a pesar de sus múltiples problemas de sociabilización.

"Estoy intrigado" reconocés en un susurro, dando vuelta a un bolígrafo azul entre tus dedos índice y medio, mientras con la otra mano te rascás el costado izquierdo de la cara "Martina no tiene em… muchos amigos, a decir verdad"

Antes de que Michelle pueda contestar, la puerta de tu oficina vuelve a abrirse despacio, y de pie en el rellano, a escasos metros de ustedes, se halla en carne y hueso la persona que tu hermana conoció a través de internet en un foro para gente con coeficiente intelectual desmesurado.

Y ese giro sorpresivo e imperceptible cuyas consecuencias sólo se verán a largo plazo comienza a tener lugar.

Ambos se ponen de pie para estrechar manos con la recién llegada, y no sabés si es sugestión o qué, pero ya podés sentir cierta incomodidad en el aire, como si las cosas estuvieran tensadas, forzadas, como si los tres fueran en ese cuadro piezas de rompecabezas que no encajan, como si ella en ese cuadro no encajara.

Sugestión te decís a vos mismo. Como Martina me dijo todas esas cosas, ahora estoy sugestionado.

No tenés ni idea, sin embargo, que ustedes son piezas en un rompecabezas, que ustedes son piezas de una misma cosa, piezas hechas para encajar.

"Chloe O'Brian, soy el agente a cargo. Mi nombre es Tony Almeida" no reacciona al escuchar el apellido; sabe que sos el hermano de su amiga, pero al parecer no tiene intenciones de sacar eso a colación ", ella es mi segunda en comando, la agente Michelle Dessler" hacés las presentaciones de rigor, a lo cual ella contesta con un leve asentimiento de cabeza acompañado de una mueca que de verdad intenta tan humanamente como es posible ser una sonrisa, sin resultados muy satisfactorios, porque lo único cruzando el rostro pálido, redondo y bonachón son unos labios delgados y rosáceos muy fruncidos.

"Un placer conocerlos" replica automáticamente, como si hubiera estudiado y practicado esa línea varias veces para conseguir que le saliera natural.

Realmente podría imaginarme a esta mujer practicando frente al espejo practicando una voz canturrea en tu cabeza, pero la hacés a un lado rápidamente. Le prometiste a Martina que ibas a ayudar indirectamente a su amiga a poder demostrar sus buenas cualidades y no ser boicoteada por sus propios defectos, y para eso es esencial que no te sugestiones.

Toma asiento frente a ustedes, y es entonces cuando dedicás unos segundos a examinarla. Ayer por la mañana cuando hablaste con ella Martina lanzó el comentario sarcástico de que probablemente esperarías a una nerd con anteojos de montura gruesa y aspecto desaliñado, habla entrecortada y voz nasal; también agregó que Chloe no se parecía en nada a ese estereotipo. Sin embargo, ahora mismo, observándola, debés reconocer que – sugestión o no – tiene aspecto de nerd.

Es todo lo contrario a tu hermana. Absolutamente todo lo contrario, desde la punta de la cabeza hasta las puntas de los pies. Es totalmente lo contrario a Martina. Y dado que de acuerdo a las leyes de la física los opuestos se atraen, no te sorprende que tu hermana – hermosa, alta, delgada, esbelta, un sílfide, delicada – haya encontrado una fuente de comprensión y entendimiento en alguien completamente distinto de ella.

El pelo rubio lavandina corto hasta los hombros te recuerda al corte de cabello que tienen esos muñecos Play Movil con los que juegan tus sobrinitos. Generalmente no reparás en ese tipo de cosas, pero no podés evitar comparar la melena corta, sin vida, sin volumen, lacia y desposeída de toda gracia de Chloe con los bucles alegres de Michelle, que son de todas las longitudes y texturas, de un color mezcla de negro, arena y cobrizo. Luego está el tema del atuendo, en el cual tampoco solés fijarte demasiado, pero en este caso es de una amiga de tu hermana que estamos hablando, por lo cual aspectos y detalles que con otros pasarías por alto ahora te llaman la atención un poco más. Martina es una obsesiva cuando se trata de la moda (no usa nada ostentoso y es bastante sencilla, pero sí tiene estilo, y mucho), pero Chloe no es la clase de mujer que aparecería con un atuendo de diseñador, juzgando por el sencillo pantalón de vestir color marrón claro, el chaleco haciendo juego y la blusa blanca que lleva puestas ahora, lo cual obviamente es más apropiado para una oficina. Los ojos azul oscuro se esconden tras lentes de contacto, y son tan pálidos como su tono de piel. Tiene el rostro redondo y parecido a la luna cuando está llena, y sus cejas parecieran tener alguna especie de magnetismo en relación a la gravedad, ya que se hallan completamente fruncidas, otorgando a su aspecto un tinte aún más hosco.

Sí, Chloe O'Brian tiene toda la pinta de ser lo que tu hermana dijo: una nerd con fuertes tendencias a sentirse incomoda, intimidada, embarazada y avergonzada en cualquier situación que involucre contacto social – con desconocidos o no -, especialmente en situaciones como ésta, en las que las primeras impresiones pesan mucho. Pero, además, debés reconocerlo, hay algo sobre ella, un aire que la envuelve, algo que quizá radica en su semblante serio, en su ceño fruncido o en la forma en que su cuerpo entero está tieso y tenso como si fuera un animal al que han sacado de su hábitat natural para exponerlo delante de una multitud en el zoológico, que da a entender, que deja ver a simple vista que es un genio, una mente brillante. Y tal vez sea que lo sabés de antemano, quizá sea la misma sugestión que te llevó a calificarla de nerd en cuanto traspasó el umbral de la puerta, pero estás seguro de que Martina no exageró para nada en ninguna de sus descripciones, sobre todo cuando la denominó una eminencia.

"Lamento habernos retrasado, señorita O'Brian" comenzó a disculparse Michelle, y su voz te sustrajo de tus pensamientos.

Con los candidatos anteriores también se había disculpado: la primera entrevista había tomado más tiempo del esperado, causando que la segunda entrevista empezara quince minutos luego de lo previsto, y como consecuencia se provocó el efecto dominó que hizo que atendieran a las otras dos citas un cuarto de horas más tarde.

"Estoy acostumbrada a que esta clase de cosas se demore" hasta su voz denota incomodidad "En Washington sucedía todo el tiempo" cualquiera hubiera pensado que estaba intentando contribuir a la conversación, pero al parecer tal no es el caso esta vez, porque lo siguiente que dice es ": No sé para qué se molestan en ser tan rigurosos al dar los horarios si no van a respetarlos"

Wow pensás. Qué frase más chocante. Con razón Martina dijo que probablemente iba a dar una terrible primera impresión.

"Lo lamentamos mucho, de verdad" se disculpa Michelle otra vez, cordialmente.

"Está bien" responde Chloe secamente, con el entrecejo aún más fruncido si es posible, los labios finos y delgados de color rosa pálido apretados fuertemente y un rubor general en sus mejillas blancas como la leche que indica que se dio cuenta que lo que dijo acerca de establecer horarios y no respetarlos fue totalmente inapropiado y estuvo fuera de lugar, que metió la pata "Lamento haber dicho eso" dice enseguida, rápidamente, mucho más incómoda que antes "No debería haberlo hecho, no debería haber dicho eso" suena más a una reprimenda que está echándose a sí misma, como si estuviera dándose una palmada imaginaria en el hombro a modo de castigo con esa frase, con ese 'no debería haber dicho eso'.

Michelle te sorprende una vez más con su personalidad dulce y comprensiva. Tiene un don increíble para entenderse con las personas y hacer que se sientan cómodas, y no lo decís solamente porque estés enamorado de ella y no puedas hallarle defecto alguno: desde el primer momento, desde el día en que la conociste, notaste que si bien es tímida y reservada, no le cuesta ser amable y educada con los demás en cualquier circunstancia. Teniendo en cuenta las cosas que sabe sobre Chloe y lo importante que es para vos mantener tu promesa a Martina, hace uso de su capacidad para calmar las aguas y crear un ambiente mucho más relajado; quizá la tensión no se disipe y se mantenga flotando entre los tres, pero al menos la incomodidad será menor.

No sé que haría sin vos, Michelle.

"El tiempo es un recurso muy valioso y es una pena que se desperdicie" Michelle comenta con voz suave, como queriendo zanjar el asunto y lograr que Chloe deje de mortificarse por haber metido la pata "Además, tiene razón: la mayoría de las veces se crean horarios demasiado rigurosos que después por motivos que escapan al control de las personas no pueden seguirse al pie de la letra"

Chloe intenta nuevamente sonreír, y el resultado es la misma mueca triste que obtuvo la vez anterior. Pero al menos lo intentó, al menos hizo el esfuerzo.

"Tiene un currículum impresionante, señorita O'Brian" señalás, deseando entrar pronto en el terreno competente a la materia de la entrevista, mientras repasás en la computadora la larga lista de cursos, títulos y másteres que avalan sus diversos conocimientos sobre computación, electrónica, ingeniería, robótica y – te sorprendés cuando llegás a esa parte – Historia, Literatura Universal, Música, idiomas y hasta Bellas Artes.

No me extraña que Martina y esta mujer se entiendan tan bien: puedo imaginarlas sentadas horas y horas hablando y hablando sin cesar de toda clase de cosas. Con alguien así para Martina sería imposible aburrirse.

"Comenzó a estudiar siendo muy joven e hizo varias carreras al mismo tiempo" apunta Michelle con genuino interés "A los veintinueve años ha logrado más que muchas personas en el curso de una vida entera"

Mientras Michelle y Chloe siguen hablando sobre la importancia de tomar cursos universitarios diversos, la primera con mucha paciencia y tacto y la segunda si bien aún con su ceño fruncido y aire general de incomodidad visiblemente más relajada, hasta más animada te atreverías a decir, un poco menos tensa, más suelta, volvés a posar tus ojos disimuladamente en la pantalla de la computadora, encontrando rápidamente entre las primeras líneas la fecha de nacimiento de Chloe O'Brian.

Si tu hermana Gabrielle estuviera acá, se apresuraría a decir que los nacidos bajo el signo de Tauro tienen una poderosa tendencia a ser extremadamente inteligentes pero también antisociales; gracias a Dios, tu hermana Gabrielle no está acá para empezar a hablar del horóscopo (a veces te cuesta entender cómo una mujer inteligente que fue a la universidad puede creer firmemente en esas idioteces). Lo que a vos te llama la atención es la edad de Chloe. Tiene veintinueve años, cumplidos meses atrás, lo cual significa que es – días más, días menos – diez años mayor que Martina. No te extraña, por supuesto, que exista una diferencia de edad entre ellas; de hecho, esperabas que Chloe fuer aun poco mayor, quizá rayando los cuarenta, porque tu hermana siempre se entendió muchísimo mejor con los adultos, prácticamente desde su nacimiento. Recordás las veces que la llevabas a museos o a algún sitio, la forma en que se acercaba – con sólo cinco años – a otros mayores para hacerles preguntas o comentarios, hablándoles como si ella fuer aun igual, e incluso algunas veces contestándoles preguntas que ellos le hacían a ella valiéndose de lo que había aprendido devorando libros. Si Chloe O'Brian a los veintinueve años tiene a cuestas tantos conocimientos, tantos títulos, tantos másteres, tantos cursos de postgrado y tantas especializaciones, tu hermana probablemente dentro de diez años se encuentre en una situación similar. Si bien difieren físicamente, dentro deben ser muy, muy parecidas.

Salís de tu breve estado de ensimismamiento y volvés a concentrarte en la conversación que está teniendo lugar entre Chloe y Michelle.

"Yo no sé tocar ningún instrumento" oís a Michelle comentar "Me gustaría aprender, pero supongo que me resultaría difícil. Siempre me sorprendo cuando conozco personas que pueden tocar varios"

Conocés a Michelle como a la palma de tu mano. Mejor dicho, conocés a Michelle más que a la palma de tu mano, por lo cual notás con facilidad que está tratando de hacer que Chloe se sienta un poco más cómoda. Pero al parecer sus bienintencionados intentos expresados a través de sus comentarios amables no son interpretados por Chloe como tales, porque lo siguiente que hace es preguntar:

"No van a pedirme que toque ningún instrumento, ¿verdad?, para probar que no agregué esas cosas en mi currículum a propósito. Porque no lo hice, se los asegura" suena nerviosa, a la defensiva, y consternada, de pronto tensa otra vez y con la preocupación impresa en el semblante, más ceñuda que nunca y blanca como una hoja de papel, temerosa de que quieran obligarla a demostrar sus cualidades.

"No, señorita O'Brian, no se preocupe" intervenís, tratando de contener una risita cuando aparece flotando en tu mente, producto de tu activa imaginación, un escenario totalmente irreal en la que en medio del piso central de la CTU hay una tarima para que los empleados suban a tocar la guitarra y cantar como si se tratase de uno de esos odiosos shows de talento típicos de la escuela secundaria "Al menos cuando yo tuve mi entrevista no me pidieron que interpretara ninguna canción" agregás en son de broma pero con un dejo suave de sarcasmo bienintencionado "Se destaca visiblemente en su currículum su capacidad con las computadoras, y eso es más que suficiente" comentás recobrando la seriedad.

"Francamente es impresionante" acota Michelle.

"Gracias" contesta Chloe en tono seco, y casi podrías jurar que sus mejillas pálidas se tiñeron de un color rojizo suave debido al cumplido brindado por ambos "No me siento cómoda con los halagos" agrega luego abruptamente, y por la expresión que se dibuja enseguida en su rostro se te ocurre que tal vez dejó que las palabras se escaparan antes de pensarlas, que tal vez nuevamente cree que ha metido la pata.

"Trabajó para las oficinas de Washington, ¿no es cierto?" Michelle inquiere con genuino interés.

"Sí, durante dos años" la incomodidad que Chloe había sentido en un principio vuelve a invadirla por completo, tensándola casi dolorosamente, haciendo que su entrecejo se frunza aún más y dándole un aire de enfado que denota a la legua que su experiencia en Washington no es algo de lo que realmente desee hablar. Y sus siguiente línea lo confirma ": Me arrepiento de haber desperdiciado mi tiempo con ellos" comienza a gesticular apresuradamente, no en tono de confianza o como aquellas personas que cuentan a desconocidos esa clase de cosas anecdóticamente; más bien es como si las frases se escaparan de su boca, como si salieran corriendo, antes de que ella encuentre oportunidad de frenarlas, antes de que pueda pensar qué es correcto decir y qué no "Mi expediente lo especifica, probablemente" definitivamente ese es un dejo de enfado, el que percibís en su voz, y suena también parecido a una acusación: está acusándolos de preguntar por algo que ya aparece ahí en su expediente, algo que ya saben ": fui recomendada para una reasignación en otro sitio porque tenía problemas en Washington. La culpa no es mía, yo simplemente hacía mi trabajo, ellos insistían en que fuera más social" hace una pausa para respirar antes de seguir "¿Por qué debo ser social? Mi trabajo era ocuparme de las máquinas, los sistemas, los procesos, no entablar amistad con los otros. Hacía bien mi trabajo, pero al parecer eso no era suficiente: también debía andar por los pasillos sonriendo y cuchicheando con las otras empleadas, tomando café con ellas y pretendiendo ser la clase de persona que no soy para pasar por 'normal'. No hay ninguna regla en el protocolo que especifique que los empleados deben trabar amistad"

Luego de decir todo eso de un tirón, se muerde el labio inferior y con aspecto avergonzado y sonrojándose ahora sí terriblemente se disculpa de inmediato.

"Lo lamento, no debería haber reaccionado así"

"Fue sincera" interviene Michelle, antes de que las máquinas que deben funcionar en la cabeza de Chloe – así como hay máquinas de pensar y sentir que funcionan en tu cabeza pero seguramente a una velocidad mucho más tranquila si se las compara con las de un genio – la torturen y mortifiquen por la metida de pata que acaba de cometer "Y la sinceridad es más importante que las apariencias o que las actuaciones forzadas"

Michelle, siempre sabés qué decir.

Esbozás una sonrisa en tu mente que casi se expresa en tu rostro, pero lográs mantener tus labios en una línea recta antes de que las comisuras se tensen hacia arriba y se te pinte en la cara esa expresión de devoción absoluta que aparece cada vez que Michelle hace algo adorable, noble, bueno o dulce, como eso que acaba de hacer: decirle a Chloe que el pequeño arranque que acaba de tener recién – y que para cualquier otro hubiera significado embarrar a niveles insospechados cualquier posibilidad de ser elegido para un puesto – fue un acto de sinceridad muy justo y honesto en lugar de un terrible error provocado por su incapacidad de actuar como un ser social medianamente normal.

Es la misma Michelle que con su comprensión, su paciencia, su dulzura, su capacidad para llegar a las personas a través de su amabilidad y sus modos tímidos meses atrás empezó a romper los muros de acero que se elevaban terribles e imponentes alrededor de tu alma y tu corazón, hasta finalmente llegar a los cristales que los envolvían y hacer que se rompan. Esa misma Michelle hoy está obteniendo – si bien pequeños – algunos resultados con Chloe O'Brian, la amiga antisocial de tu hermana con síndrome de Asperger que cuando entró a esta oficina minutos atrás parecía un robot programado y no un ser humano.

Pero la diferencia radica en que, cuando Michelle y vos se vieron por primera vez, algo dentro de ustedes entendió sin necesidad de palabras o de cualquier otra cosa, que llevaban consigo dos mitades de una misma pieza, que durante años vagaron a la deriva, esperando el instante en que se encontraran, el instante en que esa pieza quedara completa, y para que eso sucediera ambos debían superar sus miedos, sus imposibilidades, derribar esos muros que te mantenían preso del pasado y animarse a dar el primer paso (y hace casi un mes ya de ese último paso que los empujó juntos…). Hoy, sin embargo, lo que Michelle está haciendo lo está haciendo porque desea ser amable, no solamente por la promesa que le hiciste a Martina si no también porque Chloe debe haberle inspirado algo así como lástima, consideración. Sabés leer a Michelle mejor que nadie, no hay ser humano sobre la faz de la Tierra que la conozca mejor que vos, y podés verlo en sus gestos, en las palabras que emplea, su forma de hablar.

No pensás en esto ahora, no dejás que los pensamientos te invadan y te lleven a reflexionar, meditar o analizar, pero dentro de muchos años, viéndolo todo a largo plazo, después de que mucha agua haya corrido bajo el puente, vas a recordar este momento, esta mañana, esta entrevista, ese instante en el que Michelle se mostró tan comprensiva y paciente con los visibles problemas de sociabilización de Chloe, y lo vas a considerar el momento en que comenzó a nacer la fuerte e indestructible amistad entre ellas, incluso si esa amistad y lo que traerá consigo sólo podrá verse a largo plazo, incluso si ahora, a corto plazo, lo único que ves, lo único que vas a ver dentro de semanas o meses va a ser a una persona muy tímida, vergonzosa y con habilidades sociales dificultadas siendo ayudada por la mujer perfecta, hermosa, comprensiva, solidaria y dulce que es el amor de tu vida.

Sin embargo, cuando lo contemples a largo plazo, lo vas a entender de manera distinta, tan distinta…

Pero eso no lo sabés.

Hoy, 1° de octubre, sentado en tu despacho, con Michelle a tu lado y Chloe O'Brian frente a ustedes del otro lado del escritorio, muerta de miedo y petrificada ante la idea de estar en esa entrevista intentando dar una buena primera impresión para poder conseguir el trabajo en la CTU, sin saber que vos fuiste avisado de antemano por Martina que ella iría y que se mostraría terriblemente dificultada para desenvolverse con la naturalidad esperada de cualquier ser humano con habilidades sociales medianamente normales, estás lejos de sospechar que este día, a largo plazo, vas a considerarlo aquel en el que tuvo lugar el giro sorpresivo que revelaría a los ojos de nadie el comienzo de algo mejor, algo mejor que no vas a ser capaz de comprender y apreciar sino hasta dentro de mucho, mucho tiempo.

Cuando mires hacia atrás, hacia este día, con cierta perspectiva, y entiendas las cosas a largo plazo… A largo plazo, qué distinto va a verse este 1° de octubre a largo plazo, dentro de diez años…

Pero todavía no lo sabés.

Todavía no podés ver el giro que va tomando de a poco este día común. Porque la parte más importante de ese giro aún no ha sucedido.

"Me entiendo bien con las máquinas" insiste, mirando a Michelle "Y con algunas persona también" agrega luego en voz un poco más baja, sus ojos cayéndose por un momento hasta quedar posados en su regazo, en la tela color marrón claro del pantalón de vestir que lleva puesto antes de levantarlos nuevamente y fijarlos en vos "Si las personas me respetan y respetan mi trabajo y mis espacios y mis límites, entonces le aseguro Agente Almeida que no voy a dar problemas de ningún tipo"

No reparás, por supuesto, en el hecho de que acaba de llamarte 'Agente Almeida'; en el momento, en el contexto formal de la situación, parece lo más adecuado, lo más propicio.

La primera vez que Michelle y vos se conocieron, cuando los presentaron, ella era la 'Agente Dessler' y vos eras el 'Agente Almeida'; dos segundos después (tu cabeza lo haya asimilado y aceptado o no), tu corazón y tu alma ya sabían que delante suyo estaban – aunque invisibles – el corazón y el alma de la mujer que nació para pasar el resto de su existencia con vos, darte hijos, hacerte feliz, envejecer con vos, morir con vos. Lo supiste de inmediato. Hoy, sin embargo, lo que ves es a Chloe O'Brian, una persona que está aplicando para un puesto de trabajo en la CTU, una persona que hoy te llamó 'Agente Almeida' educadamente y que quizá en un futuro cercano te llame 'Tony' si llegan a entrar en confianza dentro del marco profesional.

No ves, no se te ocurre, sos incapaz de concebir la posibilidad de que dentro de algunos años Chloe va a susurrar, moribunda, tu nombre, pidiéndote que le prometas que si ella fallece Michelle y vos van a cuidar a su hija recién nacida como si fuera de ustedes.

No se te ocurre, ni por asomo, que en tu vida y en la de Michelle Chloe O'Brian va a ser más que una compañera de trabajo.

¿Y sabés por qué? Porque, simplemente, hay ciertas cosas que el cerebro humano, la mente humana, no están hechas para entender, cosas que cuando llegan te impactan, cosas que cuando llegan – sólo cuando llegan – hacen que veas, como si te quitaran una pesada venda de los ojos, los momentos pequeños, comunes y ordinarios que formaron parte del pasado y que sin que te percataras de ello estaban marcando una senda, llevándote a un lugar.

La mente humana, ustedes, los humanos, no están hechos para entender las cosas a corto plazo. No están hechos para ver los resultados y consecuencias de actos sencillos que pasan desapercibidos y caen en el olvido o en una pila de recuerdos poco interesantes pero que en realidad siempre estuvieron destinados a, en un futuro, significar mucho, mucho más.

"Lo digo en serio, puedo ser realmente útil y muy productiva; sólo necesito que se me respete" escuchás a Chloe decir con total sinceridad "Mientras los demás no esperen que yo actúe forzadamente, entonces puedo hacer mi trabajo tal vez mil veces mejor que cualquier otro y mil veces más rápido"

Wow, tan humilde como Martina canturrea una vocecita en tu cabeza, pero enseguida la voz de Chloe, rompiendo con el silencio otra vez y llegando a tus oídos, apaga ese canturreo en tu mente. De todos modos, eso no implica que no tengas que morderte el labio para impedir que aparezca en tu rostro una sonrisa irónica producto de la fugaz comparación que hiciste entre la joven analista y tu hermana: al parecer, ninguna de las dos tiene problemas en admitir que son más inteligentes que el resto del mundo y mucho mejor que cualquier otro en lo que hacen, no porque sean engreídas si no porque, sencilla y llanamente, es la verdad.

"La sinceridad es más importante que las apariencias o las actuaciones forzadas" Chloe repite las palabras dichas por Michelle, casi solemnemente "Usted misma lo dijo, Agente Dessler"

Agente Dessler. Cuando vos la conociste también era la Agente Dessler, la nueva, así como sospechás que pronto – cuando se incorpore a la CTU – Chloe también va a ser la nueva, también va a ser aquella a la que algunos idiotas van a querer hacer pagar el derecho de piso. La diferencia radica en que, cuando Michelle y vos se conocieron, como ella misma te dijo cientos de veces, sintió algo en la panza, como una oleada de mariposas atacándola por primera vez, diciéndole que vos eras distinto, que eras ese, el único, el indicado. Hoy, 1° de octubre, el día en que Chloe O'Brian y la 'Agente Dessler' se conocieron, probablemente ninguna de las dos sienta nada que les indique que terminarán siendo mejores amigas, que en un futuro no tan lejano del que ninguno de ustedes tres tienen conocimiento Michelle va a estar agonizando en la cama de un hospital, y que Chloe por primera vez en años va a arrodillarse para pedirle a Dios que la salve, a esa misma persona a la que ahora mira con una mezcla de ¿admiración puede ser? y respeto, aquella a la que ahora mira como a una futura jefa y no como a otra cosa.

Ninguno de ustedes tres lo sabe.

Porque el ser humano no fue diseñado para percibir estas cosas.

El resto de la entrevista se desarrolla de la mejor manera posible teniendo en cuenta lo tiesa y tensa que Chloe sigue estando, lo mucho que Michelle se esfuerza por hacer que se sienta cómoda y tu sensación de no estar haciendo en realidad ningún gran aporte para cumplir la promesa que le hiciste a tu hermana; lo cierto es que prácticamente te limitaste a formular las preguntas de rigor – tal vez en un tono un poco más amistoso del que hubieras empleado con otro – pero la que está guiando las cosas para que Chloe no cause tan mala primera impresión es Michelle(y por eso estás muy agradecido).

"¿Qué clase de aporte cree que puede llegar a hacer a esta Unidad, señorita O'Brian?"

"Tengo la certeza de que sé mucho más que cualquier otra persona en este piso" responde luego de inhalar y exhalar profundamente.

Tan humilde como Martina la voz ríe en tu cabeza, con ironía, otra vez.

"Sigo el protocolo y las normas rigurosamente sin importar las circunstancias, nunca quebranto las reglas, respeto cada una de ellas al pie de la letra y las sé de memoria" sigue.

El problema es que en este trabajo de tanto en tanto hay que romper las reglas y pasarse de la raya pensás. Uno puede ser un genio, pero se necesitan agallas, muchas, para hacer algunas cosas, para tomar algunas decisiones. No todo son las reglas, no todo es el protocolo.

Eso es algo que aprendiste por experiencia propia, algo que la vida les enseña a todos ahí adentro tarde o temprano, algo que muchos tienen que aprender de la manera dura, porque no hay otra forma. Eso es algo que Chloe O'Brian podría aprender con el tiempo, se te ocurre, algo que podría entender con el tiempo. Y lo va a entender, sí, lo va a aprender, pero no porque vos o Michelle vayan a enseñárselo, no: alguien más va a abrirle los ojos a Chloe O'Brian para mostrarle qué las reglas no fueron hechas para ser seguidas si no para ser rotas, que el protocolo es algo que existe para ser violado, que la intuición es aquello que tiene que seguirse en el campo de batalla, que lo que dicen el corazón y la adrenalina mandan por sobre lo que dice la autoridad.

Pero eso tampoco lo sabés. Ni lo sospechás. Ni te lo ves venís. Y si te lo dijera, si te dijera quién y cómo va a enseñarle a Chloe O'Brian todas esas cosas, tampoco me creerías. ¿Por qué habrías de creerme?

Entonces, el ser humano racional que sos solamente puede apreciar dos cosas en este momento: que Chloe O'Brian es de verdad un genio y una persona totalmente capaz y dotada de conocimientos que podrían ser buenos recursos para la CTU (ese currículum no deja lugar a dudas y debés reconocer que Martina tenía razón: a la agencia le vendría bien un talento así, incluso si el precio a pagar es pasar un par de horas diarias jugando a ser Henry Higgins tratando de ayudarla a encajar en el ambiente social), y que – si bien es obvio que Martina no exageró cuando te dijo que muchos de los síntomas del síndrome de Asperger se manifestaban en ella y podían hacer que el 'ojo no entrenado' la juzgara anormal – tiene el potencial que se requiere para ser entrenada e instruida para poder ocupar un puesto en la Unidad.

Merece una chance pensás. A Michelle le cae bien, Martina evidentemente la adora, y son las dos personas en mi vida en las que más confío, las más intuitivas. Pondría las manos en el fuego por cualquier cosa que ellas dos opinen. Chloe O'Brian definitivamente merece la oportunidad de probarse a sí misma.

Volvés a concentrarte en el rumbo de la conversación. Michelle está hablándole acerca de la importancia que tiene el individualismo, pero que también es fundamental el trabajo en equipo para garantizar resultados satisfactorios, especialmente cuando hay tantas vidas en juego, especialmente cuando hay tanto dependiendo de tanto, tanto peso sobre tantos hombros, tantos riesgos que correr, tantas decisiones que tomar en un segundo, tanto que perder en un segundo.

"Lo entiendo" Chloe afirma secamente, casi exasperada, como si escuchar esas explicaciones resultara doloroso para sus oídos "y no tengo dificultades para trabajar en equipo o en conjunto con otras personas siempre y cuando respeten mi espacio y no quieran obligarme a ser algo que no soy" vuelve a aclarar, remarcando especialmente esa última parte.

En cuanto nos deshagamos de Carrie y de todos esos idiotas de División que vinieron a ayudarnos y tengamos a nuestro propio personal, eso no va a ser un problema. Pero obviamente no verbalizás aquella línea que cruza tu cabeza, si no que escogés tus palabras con mejor cuidado:

"Con este proceso de contratación y con la fracturación que va a hacerse, dejando a un departamento de Operaciones de Inteligencia y a otro de Operaciones de Campo que conformen una misma unidad trabajando en conjunto bajo el mismo techo y coordinados el uno con el otro, la idea es armarnos de un equipo de técnicos, analistas, agentes e ingenieros capaces de lograr una mejor colaboración en equipo, sin problemas personales de ninguna índole interfiriendo para garantizar el éxito de las misiones. Después de todo, los agentes de campo ponen sus vidas en manos de los datos aportados por los del equipo de Inteligencia, y el equipo de Inteligencia pone sus manos en los agentes de campo para ser defendidos de inminentes ataques"

Tus frases podrán haber sonado muy bonitas, pero al parecer no deberías haber utilizado el término 'problemas personales', porque Chloe lo interpreta mal, poniéndose automáticamente a la defensiva:

"¿Con 'problemas personales' se refiere a la acotación médica que se halla al final de mi expediente?" te increpa en un arranque de pasiva agresividad.

"Tanto la Agente Dessler como yo estamos al tanto de su condición" decís con voz laxa, queriendo corregir tu 'error' "y los dos sabemos que no tiene por qué resultar un inconveniente" resumís demostrando firmeza y autoridad sin dejar de ser tan suave como es posible "Me refería a los problemas que surgen en cualquier sitio donde los seres humanos interactúan" seguís explicando "Los desacuerdos, los intercambios de opiniones, esas cosas suceden, es natural que sucedan. La Agente Dessler y yo no estamos de acuerdo en absolutamente todo, solemos tener algún que otro encuentro de opiniones, pero eso no nos impide trabajar juntos" elaborás.

Podrías jurar que si miraras hacia el costado verías a Michelle apretando los labios muy fuerte y moviendo lentamente los dedos sobre su falda, aguantando las ganas de reírse o rogando en silencio para no sonrojarse terriblemente, porque ambos saben bien que esos 'encuentros de opiniones' no tienen nada que ver con temas relacionados a la CTU; son respecto a quién domina el control remoto del televisor, y demás está aclarar que en el cien por ciento de las veces sos vos el que termina cediendo luego de haber pasado al menos veinte minutos atacándose el uno a la otra con cosquillas hasta quedarse sin aire.

Cuando habla, sin embargo, no se nota ninguna emoción extraña en su voz, pero sabés que ese comentario que dejaste deslizar para provocarla va a costarte caro más tarde.

"No sabemos qué clase de técnicas utilizan en las agencias de Washington para solucionar las circunstancias que surgen entre el personal, pero en CTU Los Angeles intentamos lidiar con esas situaciones de la mejor manera posible. Ninguno de nosotros dos como agentes a cargo somos indiferentes a lo que pasa entre nuestros empleados"

De hecho, somos un ejemplo de lo bien que podrían llegar a llevarse los empleados una voz cargada de sarcasmo agrega en tu cabeza.

"Chloe, el hecho de que usted tenga síndrome de Asperger" admirás a Michelle por haberse atrevido a llamar a las cosas por su nombre "no significa que no esté capacitada para ocupar un puesto en esta Unidad, y no significa que en el caso de que quedara definitivamente seleccionada se desencadenarían inconvenientes para su relación con el resto de los analistas, técnicos, etcétera. Si usted se muestra dispuesta a cooperar en la medida necesaria, nadie va a pedirle ni a esperar que sea algo que no es" Michelle le garantiza.

Se te ocurre de pronto en ese segundo, como una punzada que atraviesa tu estómago, que nadie, ni siquiera Michelle, puede asegurar eso. Sin embargo, la amás por haber intentado darle algo de tranquilidad a la pobre, nerviosa, vergonzosa e incómoda Chloe O'Brian con toda la buena intención del mundo.

Otra cosa que no sabés, otra cosa que ignorás, que no te imaginás, es que – durante los próximos tres años – Michelle va a interceder muchas veces para defender a Chloe cuando las cosas se pongan complicadas con los demás, cuando el ambiente se tense, e incluso cuando Chloe misma se equivoque y necesite que se lo señalen para que pueda aprender las lecciones que sus errores deben enseñarle.

Pero cómo saberlo, si los seres humanos viven el hoy y el ahora, si para vos este día a corto plazo no va a ser más que otro día del montón, otro día común y corriente, el día en que conociste a Chloe O'Brian, amiga de tu hermana y futura compañera de trabajo, subordinada para ser más precisos, porque vas a ser, durante un tiempo, su jefe.

No va a ser sino hasta dentro de mucho que recuerdes este como al día en que conociste a alguien que en tu vida y en la de Michelle va a significar más, alguien que va a ser más que una empleada.

La entrevista finaliza minutos más tarde, luego de otro pequeño intercambio de ideas y conceptos respecto al trabajo en equipo y la importancia que tiene en una agencia de este tamaño.

"Muchísimas gracias" es lo que les dice a ambos mientras se ponen de pie los tres y se estrechan las manos en señal de saludo, y esta vez cuando su mano y la tuya se encuentran, el apretón es un poquitito más firme, un poquitito más confiable, un poquitito más seguro.

Y entendés que ese 'muchísimas gracias' encierra varias cosas, especialmente que hayan sido tan amables y comprensivos con ella y su personalidad excéntrica, rara e incómoda.

También entendés que decir ese 'muchísimas gracias' debe haberle costado mucho esfuerzo, pero que hizo todo lo posible para demostrar gratitud sincera.

"Estoy segura de que va a volver a oír sobre nosotros muy pronto, señorita O'Brian"

Estás diciéndolo en serio. Con ese currículum y esas capacidades… Martina no se equivocaba: probablemente sea más inteligente que toda la CTU junta, vos incluido. Y, lo más importante, con todo y todo, te pareció una buena persona (rara, sí, pero una buena persona).

Les dedica una última mueca de labios fruncidos que intenta ser sonrisa antes de salir. En cuanto la puerta se cierra detrás de ella, mirás a Michelle, luego al reloj que llevás en tu muñeca y luego a Michelle otra vez.

"Cuando le cuente a mi hermana lo amable que fuiste con su amiga va a adorarte mil veces más" susurrás despacio, apenas moviendo los labios.

"Cuando lleguemos a tu casa hoy a la noche vamos a tener un intercambio de opiniones respecto a qué canal de dibujos animados vamos a ver antes de irnos a dormir" responde mordazmente, pero podés ver las comisuras de sus labios queriendo levantarse hacia arriba, y sus ojos brillando hablan más que todas las palabras que existan en todas las lenguas del mundo.

"Tenemos una pausa de una ahora antes de la siguiente entrevista, deberíamos aprovecharla para almorzar" sugerís, sonriendo.

Generalmente son raras las ocasiones en las que almuerzan juntos, para no levantar sospechas de ninguna índole. Michelle suele comer en su escritorio, sola y tranquila, y vos en tu oficina. Cuando ves que ya terminó su ensalada o lo que sea que haya encargado ese día, la llamás con cualquier excusa, hacés que te suba papeles o informes a tu oficina y toman un café juntos rápido y a escondidas, un 'café clandestino', como lo denominás vos, antes de que el piso vuelva a llenarse con los que regresan de sus horarios de descanso. Sin embargo, esta última semana de entrevistas, alegando que necesitaban repasar legajos, intercambiar impresiones y decidir a quiénes descalificar y a quiénes considerar para la siguiente ronda, ordenaron comida rápida y almorzaron en tu oficina.

"Me parece bien" pequeña pausa "Chloe me cayó muy bien"

"A mi también" admitís "Y eso que pensé que no sería así"

La culpa es tuya, me volviste demasiado humano.

"Podrá tener ciertas dificultades, pero se nota que es una buena persona. ¿Y viste ese currículum? Es brillante"

Suena el teléfono, interrumpiendo la conversación.

Tomás el auricular, lo levantás, te lo llevás al oído.

"Almeida"

Tu interlocutora es una de las recepcionistas.

"Señor Almeida, el señor Jack Bauer está yendo a verlo a su oficina"

"Gracias. Es Jack, viene para acá" comentás a Michelle luego de haber depositado el auricular de nuevo en su sitio "El otro día cuando hablamos me dijo que en cuanto se sintiera mejor pasaría a ver cómo anda todo"

"Podríamos hablarle de Chloe" Michelle propone "Con los conocimientos y preparación que tiene, va a ser mucho más útil trabajando en el departamento de Operaciones de Campo que en el nuestro"

"Mejor hoy no toquemos el tema" fruncís los labios ": Jack probablemente venga en carácter de visita social, por llamarlo de algún modo, y lo que menos quiero es presionarlo hablándole de cosas relacionadas a un puesto que todavía no ocupa. Además" disminuís el tono hasta convertirlo casi en un susurro "Chloe podrá ser muy brillante, pero creo que primero vamos a tener que enseñarle a adaptarse, por lo cual sería preferible que de quedar contratada pasara un tiempo directamente bajo tu mando. Jack no es un hueso fácil de roer como jefe"

Sabés que, a pesar de que lo conoció durante momentos tensos y en medio del caos, sabés que Jack le cae muy bien a Michelle, que admira y respeta su valor y patriotismo, pero lo cierto es que no ha pasado un 'típico día en la CTU' con Jack. Ella conoce a la leyenda, al hombre que salva al mundo en veinticuatro horas, al que lo arriesga todo, al que toma la decisión difícil en el momento correcto y aún cuando los ojos del mundo se vuelven hacia él y lo señalan diciéndole que se equivoca, sigue adelante con coraje y obtiene los resultados que se necesitan. Pero no conoce al Jack malhumorado, hosco, difícil de comprender, traumatizado, triste y deprimido que carga el peso del mundo sobre sus hombros, aquel que puede volverte loco e histérico en menos de dos minutos, aquel con el que durante mucho tiempo vos conviviste a diario dentro de las paredes de la CTU sin llevarte realmente bien (seamos honestos: entre Jack y vos existía una especie de odio y rivalidad cordial por tu parte y una tendencia a ignorarte, subestimarte o hacerte enojar por parte de él). Si Michelle lo conociera, ni en sueños se le cruzaría por la cabeza la idea de enviar a Chloe O'Brian a trabajar directamente para Jack Bauer sin antes haberle dado un entrenamiento intensivo, no porque carezca de la capacidad intelectual si no porque carece de… otro tipo de capacidades, capacidades necesarias si uno va a trabajar para Jack Bauer.

"Tendré que esperar a trabajar con él para sacar mi propio juicio sobre él, pero si creés que Chloe estaría mejor en el departamento de Inteligencia primero, entonces hagamos lo que vos decís. Confío plenamente en tu opinión"

Los dos salen de la oficina, con la intención de encontrarse a Jack a mitad de camino, invitarlo a almorzar con ustedes y tener una excusa para conversar con él, ver cómo está, hacerle algo de compañía y tener una chance para estar los tres – que, después de todo, pronto van a convertirse en las cabezas principales de la CTU – en un ambiente más relajado, no en medio de una posible tercera guerra mundial y con doscientas personas corriendo de un lado al otro tratando de lidiar con los desastres causados por una bomba mientras se iban en intentos por impedir la detonación de otra mucho más potente y dañina, un ambiente normal y totalmente distinto del que los reunió casi un mes atrás.

Además, dado que tu relación con Jack siempre fue tan terriblemente tensa, tan cortante, tan tirante, tan plagada de problemas, de miradas cargadas, de malas contestaciones, de encuentros de opiniones, por nombrar solamente un par de características, te gustaría empezar a trabar amistad con él, una amistad cordial. Es decir, no esperás terminar siendo su mejor amigo e íntimo confidente (tu mejor amiga e íntima confidente es Michelle, y siempre va a ser así), pero quisieras empezar a sanar las heridas y baches entre ustedes dos, tapar los agujeros no para ocultarlos si no para arreglarlos, para demostrarle que el resentimiento ha desaparecido y que pueden darse una nueva oportunidad, empezar de cero, con la página en blanco. Después de todo, van a comenzar a trabajar juntos otra vez muy pronto, y querés que esta vez sea distinto.

Ni te imaginás lo distinto que va a ser.

Ni te imaginás hasta dónde va a llegar tu amistad con Jack Bauer. Porque él y vos sí van a terminar teniendo una amistad, una amistad que para él, en sus peores y más oscuros momentos, va a significar mucho. Una amistad que a vos va a salvarte la vida en muchos sentidos.

Pero como eso va a suceder a largo plazo, es imposible que lo sospeches, es imposible que entiendas.

Cuando llegan al piso central, relativamente tranquilo y con un flujo de movimiento normal para tratarse de un día sin amenazas ni protocolos activos, recorren rápidamente el tramo desde el descanso de la escalera que conduce a tu oficina, en una punta, y los enormes portones en la otra. Ya unos metros antes entra en tu campo de visión una escena que te cuesta asimilar: un hombre, Jack Bauer, discutiendo con una mujer. Y esa mujer no es nada más ni nada menos que Chloe O'Brian.

Durante un segundo tanto Michelle como vos intercambian el uno con el otro una mirada inquisidora antes de acercarse más hacía ellos, perplejos, estupefactos e intrigados, para saber de qué se trata todo eso. A medida que la distancia se acorta, podés ver la camisa blanca inmaculada de Jack empapada en lo que sin duda es café caliente, que probablemente salió del vaso de plástico vacío que sujeta en una de sus manos, uno de esos vasos descartables que se compran en los puestos ambulantes de las calles.

"¡Ya le dije que lo siento mucho!" Chloe repite una y otra y otra vez sin parar a un Jack bastante molesto "¡No lo vi, por eso lo choqué, no lo hice a propósito!" insiste la mujer rubia de cara regordeta, quien en tu opinión se halla al borde de un colapso nervioso y, si no te equivocás, tiene los ojos llenos de lágrimas contenidas de rabia e importancia que amenazan con salir.

"¿Qué sucedió?" interviene Michelle, desconcertada ante el cuadro: Jack hecho un desastre, Chloe nerviosa disculpándose hasta el hartazgo, el vaso de café vacío cuyo contenido está todo desparramado mitad en el suelo y mitad en la camisa de Jack, Chloe con la piel pálida de su cara roja como un tomate.

"Estaba saliendo cuando él entró" Chloe se apresura a explicar, con voz temblorosa y velocidad rápida "Nos chocamos, y él se volcó el café en sus ropas…"

"Eso es evidente" suelta Jack aquel comentario mordaz, y estás seguro que aquello ha de mortificar a Chloe aún más.

"Jack, tengo en mi locker una camisa de repuesto que puedo prestarte" ofrecés rápidamente.

"De verdad lo siento mucho" Chloe sigue disculpándose "pero creo que la próxima vez debería andarse con más cuidado, venía totalmente distraído" lo acusa, con el ceño fruncido y los ojos entornados, fulminándolo con la mirada, si a eso puede llamárselo así, ya que a vos más bien te parece una mirada de cachorrito herido y asustado que quiere pretender ser valiente.

"Ya dije que lo lamento" responde Jack seca y tensamente.

Michelle y vos siguen ahí de pie, como fuera de escena, siendo espectadores del pequeño diálogo plagado de incomodidad que está teniendo lugar entre el ex agente, el héroe, la leyendo, y la nerd tímida, incómoda y vergonzosa.

Ahora que lo pienso, Jack en cierto punto también es un nerd se te ocurre de repente, en un milisegundo También es tímido, antisocial y se pone incómodo alrededor de gente que no conoce; por supuesto, cambia drástica, radicalmente cuando se encuentra en el campo de batalla, con la adrenalina corriendo por su cuerpo y el destino de millones de vidas depositado en sus manos, pero en su vida diaria, es un poco em… raro, como Chloe. O al menos ambos tienen detalles en común.

Tus reflexiones fugaces son interrumpidas cuando oís a Chloe replicar:

"Yo también dije que lo siento, y sin embargo usted sigue enojado" la rubia le espeta.

"No estoy enojado, sólo estoy molesto" Jack replica.

"¿No es acaso lo mismo?" Chloe responde exasperada.

Tanto Michelle y vos siguen en silencio, la primera mordiéndose el labio y con expresión en la cara que denota está buscando qué decir para calmar las cosas y terminar con el asunto en cuestión de una buena vez por todas.

"Jack, quizá quieras pasar a los vestuarios y cambiarte de ropa" propone Michelle finalmente, repitiendo la idea original que vos habías tenido y que había sido ignorada porque estaban demasiado ocupados teniendo esa pequeña discusión.

"Yo puedo prestarte una camisa extra" ofrecés otra vez.

Jack te mira a los ojos:

"Gracias, Tony" dice simplemente. Luego devuelve la mirada a Chloe, quien sigue allí al costado, asiendo fuertemente su cartera por el mango de cuero color marrón, con el ceño aún fruncido y una expresión difícil de describir, igual de disgustada y tensa.

"Lamento que nos hallamos tropezado" repite otra vez, con un dejo de sequedad, al darse cuenta que Jack no le quita la vista de encima. Podrías apostar que está rogando para que deje de mirarla fijo e incomodarla de aquel modo.

"Está bien" Jack responde ásperamente "Fue un accidente" concluye, también deseando dar por zanjado el asunto.

"Está bien" Chloe repite quedamente.

Lanza una última mirada incómoda a vos y a Michelle antes de musitar un suave y apenas audible 'hasta luego', y sin volver la cabeza atrás acaba de cruzar el umbral de los inmensos portones, perdiéndose por el pasillo largo y ancho que conduce a la salida, alejándose con paso cada vez más rápido. Notás que Jack la observa con curiosidad, y espera a que haya doblado la esquina, perdiéndose totalmente de su campo de visión, antes de preguntar.

"¿Quién era?" inquiere con curiosidad, a la vez que su mano estruja mecánicamente el vaso de plástico vacío al tiempo que los tres – él, Michelle y vos – se hacen a un lado cuando el encargado de la limpieza llega con un trapeador y uno de esos baldes amarillos para encargarse del suelo manchado con café.

Ves la sonrisa que Michelle le regala al pobre hombre – inmigrante, cincuentón, de aspecto cansino, no habla muy bien Inglés y por lo poco que conversaste con él en castellano sabés que tiene una familia numerosa para mantener – y volvés a sentir algo dentro tuyo, algo que te acostumbraste a sentir, porque lo sentís cada vez que ella hace algo que demuestra lo dulce, amable e increíble que es con cualquier ser humano.

Te distraes, entonces, pensando en cómo eras antes, en cómo sos ahora… Dios, meses atrás cuando Jack y vos trabajaban juntos, y Nina estaba en el medio dando vuelta cual buitre hambriento, engañando a todos, mintiendo a todos, manipulando a todos, definitivamente eras un tipo diferente. Tan diferente… Eras arrogante, casi infantil en algunas cosas, egoísta, empecinado en tener la razón y llevarle la contra a todo el mundo. Ahora mejoraste, tanto. Demasiado, demasiado, si pudieras mirar hacia atrás y verte en ese primer día fatídico o en los días previos a él, no te reconocerías. Y sabés exactamente por qué, sabés qué es lo que te cambió, lo que hizo que seas una mejor persona, un mejor ser humano, lo que hizo que quieras esforzarte más y más por ser mejor: ella, con sus pequeñas cosas, con sus pequeños gestos, con gestos como ése, con gestos de amabilidad, comprensión y paciencia como los que tuvo con Chloe hace un rato mientras la entrevistaban.

¿Ves? Tus errores del pasado, las cosas que sucedieron, las equivocaciones, el dolor, los problemas, las dificultades, los obstáculos, tu definitivamente infantil y egoísta antigua personalidad, tu ego indomable, todo eso, jamás lo viste como algo que llegaría a llevarte a alguna parte a largo plazo. Siempre viste todo eso como cargas a corto plazo, algo más que llevar sobre tus cansados y adoloridos hombros, lecciones duras que debían aprenderse pero que no traerían frutos fértiles de ningún tipo, simplemente porque eran lecciones estériles.

A largo plazo, la vida te mostró que no es así. Cada paso que diste, cada agujero en el que te encontraste hundido, cada noche de insomnio, cada defecto, cada equivocación, cada virtud, cada decisión, cada palabra, cada lágrima, cada arranque de ira y egocentrismo, de un modo u otro todo te condujo a donde estás hoy, todo te condujo a esta parte de tu vida que no cambiarías por nada del mundo. Todos esos giros sorpresivos te llevaron al instante en el que la conociste a ella, y conocerla a ella significó cambiar, convertirte en un mejor ser humano, en una mejor persona, querer ser un mejor ser humano y una mejor persona… Pero estos cambios, podés notarlos, apreciarlos solamente a largo plazo, luego de ese puñado de meses agonizantes que pasaste entre la espada y la pared hasta que encontraste el equilibrio, el camino, la razón por la cual naciste, la razón por la cual querés ser mejor.

Bueno, dentro de algunos años, luego de otros muchos giros que van a pasar desapercibidos, luego de muchas cosas que van a ir sucediendo, vas a entender que el día de hoy, este 1° de octubre, siempre estuvo destinado a terminar significando a largo plazo más, mucho más de lo que ahora mismo sos capaz de imaginarte.

Ni vos, ni Jack, ni Chloe ni Michelle saben, ninguno de los cuatro se imagina, el giro que empezó a darse hoy. Ninguno de los cuatro sabe a dónde va a llevarlos. Ninguno de los cuatro lo sospecha. Porque los seres humanos no fueron diseñados para apreciar las cosas a largo plazo, los seres humanos no fueron diseñados para entender la magnitud, la profundidad que algunos hechos simples, aislados, comunes y corrientes pueden alcanzar.

La voz de Michelle contestando a la pregunta de Jack, te devuelve a la realidad, y lográs reprimir la sonrisa que estaba formándose en tus labios, pensando en cómo te transformaste gracias a ella, en cuánto querés llegar a ser tan perfecto como ella, para sentir que de verdad la merecés.

"Esa era Chloe O'Brian" explica "Fue nuestra última entrevista de esta mañana. Realmente tiene un currículum impresionante"

"Espero que no sea con las computadoras tan descuidada como lo fue recién cuando tropezó conmigo" Jack deja caer el comentario con un toque de ironía.

"Jack, Michelle y yo íbamos a ir a buscar algo para almorzar" Dios, esperás haber sonado totalmente profesional, esperás haber sonado como la clase de director de la CTU harto de entrevistar gente, deseando salir del edificio y comer un sándwich antes de tener que seguir con el proceso de selección, rogás que Jack no note nada extraño, rogás estar comportándote tan profesional y compuestamente como es humanamente posible "¿Por qué no te unís a nosotros? Podríamos charlar un rato los tres, la sala de descanso debe estar tranquila a esta hora…"

"Eso estaría bien. Pasaba por acá justamente para saber si estaban libres. Hicieron mucho por mí ese día" está refiriéndose al 4 de septiembre ", y nunca tuve oportunidad de agradecerles"

Wow, al parecer yo no soy el único cambiado.

"Va a ser mejor que me quite esta camisa manchada" continua.

"Sí, vamos al vestuario, puedo darte una de mis camisas para que reemplaces la tuya, y podemos buscar un cesto de basura para que tires ese vaso"

Comienzan a alejarse en dirección a los vestuarios, adentrándose en el pasillo de paredes color cemento que está siendo refaccionado por un grupo de obreros enviado por el gobierno. La conversación que mantienen es breve, principalmente en torno a las refacciones que están haciendo en el edificio. Jack nunca fue de hablar mucho, menos con vos con quien recién está comenzando a llevarse medianamente bien ahora, así que no te sorprende que el ambiente entre ambos te recuerde un poco a aquel hace un rato en tu oficina mientras Michelle y vos hablaban con Chloe O'Brian.

Chloe O'Brian, la 'culpable' de que Jack esté con la camisa hecha un desastre. No podés evitar reír mentalmente, y te preguntás si Chloe va a contarle a tu hermana del pequeño incidente que tuvo cuando estaba yéndose. Tu hermana se mueve con tanta gracia y tan delicadamente que jamás hubiera tropezado con otra persona, pero Chloe parece carecer de esa gracia y delicadeza, por lo cual creés que debe ser de esas personas que pasa muchos papelones cayéndose y tropezándose y después están horas y horas mortificadas por lo sucedido.

Dios, de todas las personas en el mundo, mi hermana terminó siendo amiga de una de las, en apariencia, más raras… pensás, pero no podés evitar un esbozo de sonrisa mientras aguardás a que Jack salga del vestuario. Estás contento de que Martina tenga una amiga de verdad por primera vez, y estás contento porque Chloe O'Brian definitivamente es la clase de persona que transmite una buena vibra, por muy rara y muy nerd que sea. Te cayó bien, muy bien, y de verdad pensás que tiene el potencial necesario para ser entrenada y trabajar en la CTU.

Aunque cuando eso suceda será mejor que la mantengamos alejada de Jack y del café. Reís mentalmente.

De pronto este día que parecía sería largo y aburrido ya no luce tan mal. La mañana, por lo menos, no estuvo tan mal, y aunque si te hubieran dicho dos años atrás que este 1° de octubre estarías pensado esto los hubieras mandado a visitar a un psiquiatra, estás contento de que Jack vaya a almorzar con Michelle y con vos. Después de todo lo sucedido, el pobre hombre necesita distraerse un rato, volver a empezar, reconstruirse de cero, ver que puede rehacer su vida, así como vos rehiciste la tuya, así como vos estás rehaciendo tu vida.

En realidad, estoy comenzando mi vida. Yo no estaba vivo hasta que llegó ella. Empecé a vivir cuando la conocí a ella. Y nací hace menos de un mes, cuando nos prometimos 'para siempre'.

"Kim está pensando en estudiar análisis de sistema" te cuenta orgulloso diez minutos más tarde mientras regresan al piso principal de la CTU "Vamos a mudarnos a un apartamento pronto, juntos. Una amiga nuestra nos ayudó a encontrarlo"

Lo notás feliz, y eso te agrada, mucho. Incluso lo notás más feliz que cuando hablaron por teléfono algunas semanas atrás.

"Eso es genial, Jack" le das una palmada de apoyo en la espalda.

Sí, vos, dándole a Jack Bauer una palmada de apoyo en la espalda.

Definitivamente muchas cosas cambiaron, definitivamente muchos giros ocurrieron…

Y quedan tantos giros por ocurrir.

Tantos giros que no te imaginás.

Tantos giros que la mente de un ser humano no puede concebir.

Giros que vas a entender cuando contemples este día, el día que marcó un antes y un después, el día que trazó una línea, a largo plazo.

Porque hace un rato, cuando estaban de pie, los cuatro juntos, sumidos en esa tensión incómoda y rara, Jack todo enchastrado con café, café también volcado en el suelo en el suelo, Chloe roja como una frutilla pidiendo disculpas, y Michelle y vos contemplando la escena como dos espectadores que observan desde el contorno externo, sin que ninguno lo sospechara, sin que ninguno lo intuyera, sin que a ninguno se le ocurriera ni por remota casualidad, terminó de cerrarse el círculo, el círculo dentro del cual van a producirse muchos giros.

Y el primero de esos giros tuvo lugar hoy, cuando Chloe O'Brian conoció a Jack Bauer, a Michelle Dessler y a Tony Almeida. El día en que Tony Almeida, Michelle Dessler y Jack Bauer conocieron a Chloe O'Brian. Este día, este 1° de octubre, aunque no lo sepas, aunque ni te imagines, aunque sea imposible que lo sospeches, este día es el comienzo de algo.

No se te cruzaría por la cabeza, no se te ocurriría, por ejemplo, que esa nerd tímida, incómoda y con dificultades para relacionarse socialmente con otros humanos, dentro de unos años, después de que tengan lugar cosas que van a marcarlos para siempre a los cuatro, va a estar agonizando en un hospital, pidiéndoles a vos y a Michelle que cuiden de su bebé recién nacido en caso de que a ella le pase algo. No te lo imaginás ahora, no, ¿cómo podrías saberlo? ¿Y me creerías si te lo dijera, si te dijera que dentro de siete años va a pasar eso, que vas a contemplar a Michelle meciendo a su ahijada en brazos para hacerla dormir mientras vos desesperado intentás encontrar una forma de hallar al padre de la bebé antes de que sea demasiado tarde y Chloe muera? No, no me creerías. ¿Sabés por qué? Porque el ser humano está diseñado para mirar y entender las cosas a corto plazo, porque no está ideado para ver la profundidad que las cosas simples pueden encerrar. No están ideados ustedes, los seres humanos, para concebir las inmensas posibilidades flotando en el espacio de que algo tan común y corriente como una entrevista de trabajo o un pequeño accidente en el que dos personas se chocan y una le vuelca café en las ropas a la otra puedan dar paso a que empiece a trazarse a un camino, a hilarse un sendero construido de palabras, momentos, sentimientos y miradas que lleven a lugares en los que uno nunca hubiera imaginado estar. El ser humano no está concebido para pensar que en los días comunes y corrientes también pueden trazarse líneas que marquen un antes y un después.

Vos este día durante mucho tiempo, durante ese tiempo que comprende a los plazos cortos, vas a mirarlo como a un día común y corriente. El día en que conociste a Chloe O'Brian, una amiga de tu hermana Martina y pronto subordinada tuya en la CTU. Una nerd, una chica brillante e inteligente pero con problemas de relaciones sociales. Vas a pensar en este día, y lo vas a recordar como el lunes en el que tuviste la oportunidad de encerrarte con Michelle cuarenta minutos en tu oficina sin que nadie los molestara, para tener una especie de desayuno precario juntos y conversar. Vas a recordarlo como el día en que Jack terminó cubierto de café porque él y Chloe se tropezaron. Vas a recordarlo como un día más, un día del montón.

Que te pregunten dentro de diez años qué pasó en este 1° de octubre, que te pregunten dentro de diez años y a ver qué contestás, después de haber vivido en carne propia, después de haber visto, después de haber oído, después de haber sentido junto con otras tres personas, qué tan lejos puede llegar la amistad, qué tan lejos pueden llegar los vínculos de confianza, qué tan sorpresivos pueden ser los giros que ocurren durante días comunes y corrientes sin que nos demos cuenta, sin que podamos ver las cosas buenas que esos giros traen, las historias mejores que se escriben luego de esos giros, son que podamos verlo sino hasta dentro de mucho tiempo, a largo plazo.

Que te pregunten dentro de algunos años, a ver qué contestás. A ver si este 1° de octubre fue simplemente el día en que conociste a Chloe, el día en que Jack y Chloe se conocieron. Chloe, una empleada más, a la que va a costarle adaptarse. Chloe, quien va a necesitar ayuda, mucha ayuda, para habituarse a trabajar en la CTU. Chloe, una analista brillante, a veces un poco molesta, a veces un poco rara, todo el tiempo una nerd, pero una buena persona. A ver si dentro de unos años decís que Chloe en tu vida, en la vida de Michelle, en la vida de Jack, estaba destinada a ser sólo esto, lo que va a ser durante los próximos tres años: una empleada, la nerd del grupo, la rara, la que sabe sobre computadoras, la que sabe sobre todo en general, la que siempre dice lo equivocado en el momento equivocado, la que no sabe callarse la boca porque simplemente las palabras salen volando de ella antes de que pueda retenerlas y ahorrarse problemas.

Dentro de muchos años, aunque ahora no lo sepas, aunque ni se te ocurriría suponerlo, vas a recordar a este 1° de octubre como el día en que conociste a la madrina de tus hijos, a la mamá de tu primer ahijada, a la que vas a deberle que Michelle siga viva porque va a impedir que se suicide, la que va a escucharte y a decirte la verdad en lugar de querer encajarte mentiras edulcoradas cuando necesites alguien a quien hablarle, alguien de quien recibir verdades en lugar de excusas.

A tu mejor amiga.

No lo sabés, pero hoy conociste a la que va a terminar siendo tu mejor amiga, la mejor amiga de Michelle, la que va a salvarlos a los dos más de una vez.

Y hoy, aunque él no lo sepa, Jack acaba de conocer a la mujer que va a salvarle la vida en más de un sentido, incluso si lo único que vio en primera instancia, lo único que va a ver durante mucho tiempo, es a una nerd con problemas sociales, irritable e irritante, molesta, demasiado inteligente para su propio bien, demasiado entrometida a veces, demasiado fanática de seguir las reglas, demasiado fanática de apegarse al protocolo, demasiado propensa a decir lo equivocado en el momento menos oportuno.

Ni vos ni Michelle ni Jack ni la mismísima Chloe lo saben, pero este 1° de octubre acaba de completarse un rompecabezas. Este 1° de octubre, se encontró la última pieza.

Pero ninguno de ustedes lo imagina. Ninguna mente humana es capaz de concebir el futuro o las consecuencias que las cosas pequeñas traen a largo plazo, porque los humanos no están diseñados para eso.

Mientras bebés una taza de café con tu sándwich escuchás a Jack hablar con entusiasmo y brillo en los ojos por primera vez desde la muerte de Teri, contándoles sobre Kim, sobre su salud, sobre sus planes de regresar a la CTU en diciembre cuando le den alta médica definitiva. Lo escuchás, y no podés creer cómo cambiaron las cosas, cómo la vida giró y giró, cómo todo dio un vuelvo espectacular, cómo las páginas se mancharon de tinta y se llenaron de palabras e historias nuevas, cómo vos cambiaste, cómo Michelle te cambió, cómo todo ineludiblemente siempre cambia, constantemente todo cambia.

Y el ser humano sólo puede apreciar esos cambios a largo plazo, porque para eso fueron hechos.

"Fue un placer verte, Jack" se despide Michelle más tarde, y cuando vos repetís las mismas palabras y le das un apretón de manos, ambos sonríen.

Una sonrisa de verdad.

Promete devolverte la camisa la próxima vez que visite la CTU, probablemente dentro de poco, porque espera unirse a alguna de las reuniones con Distrito y División aunque sólo pueda volver a trabajar oficialmente allí a fin de año según las órdenes del médico.

Michelle y vos regresan al trabajo, sin saber que hoy la vida dio un giro, sin saber que hoy ser marcó un antes y un después.

Sin imaginar lo que el futuro les depara a los cuatro. A vos, a Chloe, a ella, y a Jack.

Sin imaginarse todas las palabras, las frases, las confesiones, los secretos que entre ustedes cuatro van a ser dichos.

Secretos que ya suenan en alguna parte de esa madeja enredada, incomprensible, impredecible e inentendible que forma los hechos que, a medida que vaya llegando el tiempo, comenzarán a suceder.

Porque no hay palabra que vaya a caerse de sus bocas que ya no esté escrita. No hay circunstancia que vayan a afrontar que todavía no haya sido escrita.

Aunque ninguno de los cuatro lo sepa.

Aunque ningún ser humano lo sepa.

"Está muerto, Chloe, y no hay nada que podamos hacer. Está muerto"

"Nunca pensé que llegaría a decirte esto, nunca pensé que ibas a ser vos quien me salvaría la vida una y otra y otra vez…"

"No estoy simplemente acostándome con ella… Estoy enamorado de ella"

"Es ridículo, ¿no? Sólo a mi se me ocurre pensar que él podría llegar a quererme…"

"¡Mi marido está en la cárcel, yo estoy embarazada!… ¡No me digas que tengo que ser fuerte y mantener la cabeza en alto, porque no puedo!"

"Michelle está grave, en el hospital… Trató de suicidarse… No sé cuántas pastillas habrá tomado…"

"Dicen que no va a sobrevivir a esta noche…"

"Si algo me pasara, por favor, necesito que lo prometan… Cuiden a mi hija como si fuera de ustedes. Y nunca le digan a su papá que la tuve, por favor… Él no puede saber que tuve a su hija…"

"Por cada ruego tuyo pidiéndole a Dios que te dejara morir, había diez ruegos míos pidiéndole a Dios que enviara a sus angelitos para que te cuidaran"

"Entonces murió… sin que pudiera decirle que lo amaba"

"No necesito palabras, necesito un abrazo. Necesito amigos. ¿No podemos ser amigos?"

"Escapáte conmigo. Casáte conmigo. Vayámonos lejos"

"No hay forma de describirlo. Es que en realidad no estoy viva. Hace mucho tiempo que estoy muerta. Que respire y exista físicamente no significa que esté con vida. El día que se lo llevaron a él, me mataron a mí"

"Por favor, Dios, es mi única amiga… Por favor… No quiero que se muera. Además, perderla a ella significaría perder a mi mejor amigo también, porque si a ella le sucediera algo, Tony no lo soportaría, se moriría con ella"

"Es su hija, tiene derecho a saberlo. No podemos ocultárselo"

"Me pregunto qué somos. Llevo años preguntándome qué somos nosotros cuatro. Ayer, leyendo, encontré la respuesta. Nosotros cuatro no somos cuerpos que tienen un alma. Somos almas que tienen un cuerpo. Si el alma vive para siempre, entonces es imposible que alguna vez dejemos de ser amigos. Si el alma es eterna, entonces también tiene que serlo esta amistad"

Si pudiera hablarte, si pudiéramos encontrarnos, vos y yo, el destino y un simple mortal, y yo pudiera decirte, mostrarte, anticiparte esas palabras que van a ser dichas, esas cosas que sucederán, todo aquello que va a pasar, eso que empezó hoy, el día en que se marcó ese antes y ese después, esta línea por el momento imperceptible… ¿me creerías?

Yo digo que no. que no.

El hombre, el ser humano, no está preparado para entender al destino.

El hombre, el ser humano, no está preparado para entender aquello que va a acontecer en su vida, y que está de antemano escrito en las estrellas.

No volvamos a mencionar el tema hasta dentro de muchos años, cuando puedas comprenderlo, cuando los cuatro puedan comprenderlo. Así que por el momento dejémoslo así, simple: hoy vos y Michelle entrevistaron a Chloe O'Brian, la amiga de Martina, la nerd, la que es brillante pero carece de habilidades sociales, la que se chocó con Jack Bauer e hizo que se derramara todo su café sobre la ropa. Hoy Jack Bauer conoció a Chloe O'Brian. Hoy Jack Bauer te demostró con sus actitudes que está tratando de reconstruir su vida. Hoy Michelle te demostró una vez más lo perfecta que es cuando se comportó tan amable y comprensiva con Chloe, tan paciente, tan humana.

Y mejor lo dejamos acá.

Porque vos sos un ser humano, y si te explicara el futuro, lo que tienen por delante los cuatro, no me entenderías.