ADVERTENCIA: Escribí esto en tres días y a las apuradas, así que perdón si no tiene sentido, o si está demasiado desordenado. Espero que les guste. Particularmete, a mi me gusta. Les dejo un beso gigante, y que tengan linda semana.


Descubrí lo que significa una rosa,

Me enseñaste a decir mentiras piadosas para verte a horas no adecuadas

Y a reemplazar palabras por miradas.

Noviembre se escurrió como si los días del mes hubieran sido gotas de agua y tus manos cuencos tratando de contenerla sin que se derramara dejando un charco enorme bajo tus pies pero fallando estrepitosamente, con la diferencia de que en este caso estabas impaciente por ver las agujas del reloj corriendo y las hojas del almanaque siendo arrancadas, hechas un bollo y arrojadas al cesto de basura (las hojas del almanaque pequeño que tenés en la oficina, no las hojas del almanaque en las que todos los días escribís algo lindo sobre él, las cosas que él hace por vos, las cosas que él te dice, las sonrisas que él te arranca, los momentos que compartís con él).

Los seres humanos tienen la maldita mala costumbre de pensar que los males, los problemas, las luchas, los miedos, las dificultades, las circunstancias, aumentan sus probabilidades de mejorar drásticamente o – esta opción es exclusiva de los más ilusos – desaparecer como por arte de magia con la llegada de un mes nuevo, como si todo lo anteriormente enumerado se diluyera hasta convertirse en un líquido que puede encapsularse, prisionero para siempre del mes que se fue al arcón para no volver hasta el año siguiente. Como si eso fuera posible, como si pensar eso no fuera terriblemente infantil, como si los problemas no estuvieran listos para volver con toda su fuerza y sus ganas de poner piedras en el camino el día 1° de cada mes; bueno, allá aquellos que se conforman esperando que se mueran los treinta y unos porque se creen que a la mañana siguiente todo se habrá evaporado.

No es que tuvieras la reconfortante (falsa) seguridad de que todo lo que había cargado tus hombros en Noviembre hasta hacer que se te doblara las rodillas, te costara respirar y te hundieras bajo lo que se sentía como el peso del universo se esfumaría en un dos por tres como si Harry Potter hubiera blandido su varita para conjurar un hechizo salvador. Vos aguardabas ansiosa la llegada de tu primer Diciembre con él por otros motivos.

Pero en el orden cronológico de los hechos, Noviembre antecede a Diciembre.

Cuando uno cuenta (uno, dos, tres, cuatro… A eso me refiero cuando utilizo el verbo 'contar') el 11 viene antes que el 12.

Y cuando se relata una historia, hay ciertos detalles que no se pueden omitir.

Este pedacito del año que se prepara para decir adiós, esta lleno de detalles que no deben ser dejados a un costado.


Ese Noviembre que ustedes habían empezado a los besos, sin apuros ni contratiempos ni minuteros de bombas nucleares pitando al son de la cuenta regresiva (literalmente), dio un giro demasiado brusco cuando aún estaba en sus albores: la noticia del fallecimiento de su abuela hizo que todo fuera cuesta abajo desde el segundo en que sonó el teléfono en adelante, con una velocidad y furia incontrolables que pudieron detener, y no les quedó otra opción que no fuera la de dejarse caer y esperar el impacto tomados de la mano.

Se sostuvieron el uno al otro, se mantuvieron en pie cuando todo parecía desvanecerse alrededor y el suelo temblaba amenazando con hacerlos sucumbir, aguantaron los golpes y sobrevivieron (heridos, rasguñados, magullados, con sus almas estrujadas y los corazones llenos de agujeros, pero sobrevivieron).

Y en ese recorrido lleno de piedras y baches, en ese recorrido lleno de obstáculos que sortear, en ese camino de sentimientos encontrados y devastadores, el amor que sienten el uno por el otro creció aún más, tomó más fuerza, se volvió aún más indestructible si eso es posible. Ni por un segundo dudaste que - más allá de las caídas, más allá de los golpes, más allá de los zarpazos, más allá del dolor, más allá de la angustia, más allá de absolutamente todo – no serían capaces de soportar lo que fuera que estuviera ahí para desmenuzarlos juntos, recomponerse juntos, volver a estabilizarse juntos. Esa prueba no fue más que una primera dificultad que superar para demostrarle al mundo que su amor es más fuerte que cualquier otro sentimientos sobre la faz de la Tierra, que a los dos nada ni nadie puede separarlos, y que nunca dejarían al otro solo bajo una circunstancia, por más extraña e inesperada que ésta sea. Nada es tan fuerte como para arrancarte de su lado, nada es tan fuerte como para causar que la unión entre los dos se rompa.

Y cada piedra, cada bache que aparezca en el recorrido, ya sabés que van a sortearlo juntos, y que más allá de todo van a salir vivos; tal vez no salgan ilesos, tal vez terminen con el alma hecha jirones por un buen tiempo, tal vez les queden cicatrices de por vida, pero van a salir vivos de cada situación a la que tengan que hacerle frente.

Ya se sostuvieron el uno al otro por primera vez, ya se ayudaron a mantenerse de pie por primera vez, ya sanaron heridas profundas y hondas por primera vez. Y eso no ha hecho más que reforzar el lazo que los une, demostrándoles que es tan indestructible como el amor que sienten.

La semana anterior al regreso a la 'nueva CTU' no resultó como lo habían planeado. La idea era relajarse, dormir mucho, hablar mucho, compartir muchos largos silencios también, recomponerse, comenzar el proceso de sanación que ambos tanto necesitaban, cuidarse mutuamente. Pero sus planes se vieron transformados y desfigurados y la rutina que tenían planeada para esos días cambió drásticamente.

Ryan Chappelle los llamó el martes a la mañana, con minutos de diferencia, primero a Tony y después a vos, sin sospechar que estaban juntos, mucho menos que estaban en pijama, mucho menos que estaban en la cama, mucho menos que vos estabas encima de él, y probablemente ni en sus más extraños y psicodélicos sueños bizarros y delirantes hubiera sido capaz de imaginarse la clase de mimos que estaba interrumpiendo. Con su habitual vocabulario breve, conciso y su tono de jefe molesto (más molesto que piedrita en el zapato) les avisó que tendrían algo así como 'deberes para el hogar' (sí, esas fueron las palabras que usó) con el objeto de ir 'adelantando unos temitas con los programas, bases de datos, software y otras cosas complicadísimas de ingeniería en sistemas y tener eso listo para el lunes', porque de ese modo podrían reajustarse al ritmo de trabajo mucho más rápido y concentrarse en que el nuevo personal tuviera todo lo necesario para operar sin inconvenientes.

Conclusión rápida: pasaron el resto del martes, el miércoles, el jueves, el viernes, el sábado y buena parte de un domingo soleado que hubiera sido ideal para ir a desayunar al parque y quedarse todo el día sentados bajo un árbol con los dedos entrelazados y conversando, rodeados de máquinas, activando y desactivando cosas, booteando, insertando discos, sacando discos, procesando esto, procesando aquello, actualizando tal cosa, actualizando tal otra, cargando, descargando, reparando, emparchando… En parte, si uno se pone pensar en ello, fue algo bueno que les llovieran de golpe tantas relacionadas con trabajo de las que ocuparse, porque después de todo lo sucedido el fin de semana anterior en Chicago – la muerte de su abuela, las discusiones con su familia, la presión, los miedos, la angustia – los dos necesitaban reenfocarse en la realidad, regresar a ese plano en el que durante el transcurso de la jornada laboral tienen que mantener una relación formal y estricta propia de una empleada y su jefe (que es diez años mayor). Tal vez volver a la CTU hubiera resultado muchísimo más difícil de haber pasado toda una semana pegados el uno al otro por los labios. Trataste de verle el lado positivo a esos 'deberes para el hogar' que les habían llovido del cielo (léase: que Ryan Chappelle les había arrojado) y pensar que probablemente serviría para ir asimilando de a pequeñas dosis la idea de que el mundo real seguía existiendo (ese mundo con muertes, amenazas, bombas, protocolos de seguridad, terroristas, espionaje, células, agentes ocultos e inocentes en riesgo) y que pronto regresarían a ser piezas activas en el campo de juego.

Al menos durante esos siete días pudieron trabajar juntos en la comodidad de tu departamento (Tony sólo había vuelto al suyo una vez desde el regreso a Chicago, para buscar ropa y algunos efectos personales). Los besos y los abrazos sobraron – lo cual ambos consideran una ventaja de trabajar 'puertas adentr0' -, y tampoco faltaron los mimos (porque aunque él insista con eso de que cualquier hombre de verdad es feliz cocinando para la mujer que ama, vos considerás un privilegio y hasta casi una forma de malcriarte que él se esmere en prepararte desayuno, almuerzo, merienda y cena a diario, sin importarle que tus habilidades culinarias no vayan demasiado lejos y que lo único que podés hacer sin arriesgarte a prender fuego el edificio es café). Estuvieron con las agujas del reloj encima porque por momentos parecía que el tiempo no alcanzaría para acabar con todo, pero se las arreglaron para tener algunas horas libres, distenderse, conversar, balancear un poco la energía dedicada a las máquinas y así evitar acabar consumidos y con el cerebro quemado antes de siquiera haber puesto los pies dentro del edificio de la CTU.

No fue una semana tan mala, a decir verdad, si se la mira desde lejos, con perspectiva, y considerando que llegaron a realizar todas las tareas que les habían sido asignadas.

Incluso hasta hubo momentos en los que Tony rió, con ganas, con el brillo en sus ojos acompañando el sonido de sus carcajadas, una risa que nacía de su corazón, risas como las de antes de que su abuela falleciera y el mundo cayera con su peso sobre sus pobres hombros que ya bastante tenían que cargar, risas que orgullosamente podés decir vos sabés cómo arrancar.

El mejor de todos ellos fue definitivamente aquél jueves a la noche: acababan de terminar de compartir una porción de brownies (por algún motivo cuando estás con él te relajás hasta tal punto que las calorías, la comida y tu peso no te angustian tanto y podés disfrutar de cosas dulces como un postre sin sentir culpa), y estaban acurrucados en el pequeño sofá, exhaustos después de un largo día, buscando relajarse antes de irse a dormir por un par de horas hasta que el despertador sonara temprano a la mañana siguiente. Acababás de hacer un comentario chistosos sobre el episodio de Los Simpsons que estaban viendo en Fox, y él había estallado en una carcajada.

"Me gusta el sonido de tu risa" susurraste mientras las yemas de tus dedos acariciaban esa área sensible detrás de su oreja izquierda.

"Es un sonido que extrañé durante mucho tiempo. Antes de conocerte no reía tanto como río ahora" confesó con los ojos nublados.

"¿Eso me convierte en algo así como una payasita?" preguntaste con una mezcla de diversión y escepticismo, al tiempo que encarabas una ceja a propósito para provocar que sus labios se curvaran en otra de sus adorables, encantadoras, sexys sonrisas.

"Eso te convierte en la única que puede hacerme reír cuando todavía tengo el alma tan lastimada" resumió, presionando sus labios contra tu frente afectuosamente "Cada vez que me hacés reír, me doy cuenta de que la vida vale la pena"

"Cada vez que escucho tu risa pienso lo mismo"

Volviste a amoldarte en sus brazos, y continuaron viendo dibujos animados, mientras acariciaba tu espalda con la palma de su mano, provocando una sensación de bienestar, seguridad, confort y contención que solamente él sabe despertar en vos con su tacto sobre tu piel.

Quienquiera que dijo que el amor y la risa combinados hacen la medicina perfecta, estaba absolutamente en lo cierto. A su manera, el fin de semana en Chicago los había dejado a los dos partidos al medio, pero juntos los dos iban a reparar los daños: vos haciéndole reír y sonreír tanto como posible, y él recordándote con cada muestra de afecto que sos el centro de tu Universo y que tu vida se resume en amarte y en nada más.

Un amor como el que existe entre los dos realmente hace que la vida valga la pena en cualquier circunstancia, incluso cuando la angustia y el dolor siguen frescos y el alma aún no ha terminado de cicatrizar heridas que son demasiado profundos y que jamás desaparecerán del todo.


Comenzar a lidiar con el nuevo cuerpo de analistas y técnicos de la CTU, con la nueva estructura, con los nuevos protocolos y con las nuevas formas de manejo de la Unidad – ahora dividida en dos sectores – no fue precisamente fácil, ni para vos, ni para Tony, ni para nadie.

Jack aún estaba habituándose a la idea de haber regresado a la CTU y a todo lo que ello implica. Hacía casi dos años que había renunciado a su puesto como director luego del asesinato de Teri en las ensangrentadas manos de Nina, y todavía le costaba asimilar ese mundo al que había pertenecido una vez y que jamás había dejado de cernirse sobre él como una sombra gigantesca que todo lo pone en penumbras. Aunque él no quisiera reconocerlo, su adaptación requeriría paciencia y tiempo; las cosas no se pondrían en marcha en una mañana.

En realidad, que todos se adaptaran requeriría paciencia y tiempo, pero cuando uno trabaja en la Unidad Antiterrorista de la ciudad de Los Angeles en los Estados Unidos de América, no hay espacio para momentos de reflexión y procesos de adaptación: todo sucede rápido, cada minuto cuenta, cada segundo se escurre por el reloj, las agujas se mueven veloces sin esperar a nadie, las cosas sucede, los hechos se desarrollan, y todos tienen que estar listos para actuar en el instante adecuado de la manera precisa para poder salvar vidas inocentes y evitar catástrofes.

Con la unidad dividida en dos secciones operando bajo el mismo techo, en conjunto, una dependiente de la otra, pero con distintos jefes a cargo, los roces, opiniones encontradas, conflictos, peleas y diferencias de concepto no tardaron en hacerse presentes, como sería obvio que sucedería (utópico hubiera sido pensar que todo saldría bien enseguida y que un arcoíris de siete colores brillaría por encima de sus cabezas permanentemente).

Vos, claro, tenías que mantener la compostura y tratar de tomar el rol de parte conciliadora cada vez que el ambiente se caldeaba, buscar la forma de llegar a una solución que beneficiara a todos y evitar que se formaran entre los empleados – los viejos y los nuevos – de un sector y los del otro alguna especie de rivalidad que acabaría siendo irreparable en el futuro. Pero no era una tarea precisamente fácil de llevar a cabo, porque al parecer los dos sectores funcionaban excelentemente por separado, pero en cuanto al trabajo en equipo habían arrancado con el pie izquierdo el primer día; el problema cuando hay demasiadas personas inteligentes, egocéntricas, bien capacitadas, testarudas y un poco arrogantes bajo el mismo techo, es que los choques, los roces, los conflictos, las peleas, las diferencias de concepto, las opiniones encontradas no tardarán en surgir por un motivo u otro, más allá de que todos busquen lograr los mismos objetivos y llegar a las mismas metas.

Y esos problemas entre el departamento de Operaciones de Campo y el departamento de Inteligencia tuvieron desde el primer día su mismísimo origen en el seno propio de cada uno de ellos, en el núcleo, en la columna vertebral: sus respectivos directores.

El ego de Tony es demasiado grande, su temperamento es demasiado fuerte, su personalidad dentro del ambiente laboral puede volverse complicada, es muy testarudo, rara vez da el brazo a torcer (solamente vos podés hacer que cambie de opinión respecto a algo; sos consciente de tu capacidad para manipularlo como si fuera arcilla de moldear en tus manos, pero no te aprovechás de esa debilidad suya porque lo respetás demasiado), y le gusta tener siempre la razón. Jack tampoco es un hueso sencillo de roer, tiene un carácter especial (es la manera amable de describirlo) y el peso que carga sobre sus hombros, las cosas que viene arrastrando, las situaciones traumáticas que vivió, todo el mal que vio y al que tuvo que enfrentarse, todo lo que la CTU significa para él, su pasado… Eso complica aún más las cosas (pero ese puto de vista no lo compartiste con Tony, porque defender a Jack diciendo que el pobre tipo tuvo una vida difícil plagada de obstáculos y golpes emocionales duros hubiera sido como acribillar el ego del hombre que amás a puñaladas).

Cuando las cosas se ponen tensas entre el Agente Bauer y el Agente Almeida, no podés encerrarte con él en su oficina y hacerle un masaje para ayudarlo a relajarse, calmarlo con tus palabras, hacerlo reflexionar sobre la situación, poner paños fríos a su temperamento, señalarle los errores que puede estar cometiendo pero que su gigantesco ego le impide ver, porque dentro de esas paredes él no es tu osito de peluche: es tu jefe, vos sos su empleada, y por ende la relación que los une tiene que ser estrictamente profesional (o al menos tienen que aparentar que los une una relación estrictamente profesional). Pero te diste cuenta que en esos momentos en los que él y Jack tienen algún 'cruce de palabras' o argumento sobre un tema específico, sobre cómo hacer algo, sobre cómo seguir determinados procedimientos o cómo manejar datos y pasar información de un sector a otro, tu sola presencia es suficiente para que él se tranquilice automáticamente, baje la voz en lugar de gritar, se preste más a negociar por las buenas, no se muestre empecinado en mantener su postura a rajatabla y no dar el brazo a torcer, lo cual termina siendo beneficioso para todos: para él, para vos, para Jack, para los respectivos empleados de cada sector y para Chappelle, que pasó los primeros días luego de que la CTU volviera a abrir sus puertas visitándolos por la mañana o por la tarde para cerciorarse de que todo estuviera marchando bien, y el muy oportuno siempre aparecía justo a tiempo para encontrarse con alguna dificultad entre el personal.

"Me gustaría saber cuándo mi departamento y el de Jack van a poder trabajar en sincronía sin que surjan problemas entre sus analistas y los nuestros" te preguntó Tony un Miércoles a la noche después de cenar, con su cabeza reposando sobre tu panza mientras tus dedos la acariciaban dibujando círculos con sus yemas.

"Tiempo al tiempo. Ya vamos a acostumbrarnos" suspiraste "Son demasiados cambios todos juntos, Tony, y es difícil adaptarse" volviste a suspirar "Pero tu sector y el de él son dos pedazos que forman una misma pieza, tenemos que trabajar bajo el mismo techo, y si no logramos coordinar y funcionar como un solo cuerpo entonces corremos riesgos mucho más grandes que hacer enojar a Chappelle y tener que escuchar uno de sus sermones: si surgen discusiones fuertes o desacuerdos o problemas para decidir qué hacer durante un protocolo activo, nos arriesgamos a no llegar a detener exitosamente una amenaza de ataque terrorista, y los dos sabemos que eso podría costar muchas vidas" dijiste con voz suave, dulce y reflexiva "Sé que reajustarse es difícil, pero tenemos que hacer un intento…"

"Estoy intentando, Michelle" se defendió, con los dientes ligeramente apretados.

"Ya lo sé, bebé"

"Y aunque cueste creerlo" podías adivinar algo así como una sonrisa dibujándose en sus facciones incluso antes de que las siguientes palabras se colaran por entre sus labios "mi relación con Jack ha mejorado mucho, aún si tenemos desacuerdos casi a diario. Antes ni siquiera podíamos tratar de dialogar para encontrar una manera de hacer las cosas que nos conformara a ambos. Nos odiábamos el uno al otro, no teníamos mucha bronca…"

Por Nina. Se tenían bronca porque a los dos les interesaba la misma mujer una vocecita agregó en tu cabeza, pero la acallaste enseguida, porque eso realmente carecía de importancia alguna.

"Yo era mucho más egocéntrico y arrogante de lo que soy ahora, y Jack me tenía muchísima menos paciencia" continuó Tony con su relato "Ahora creo que estamos en vías a llevarnos un poco mejor. Sé que discutimos muy seguido porque su forma de dirigir las cosas no es la forma que yo preferiría, y viceversa, pero te aseguro que si uno compara nuestra relación laboral presente con la que teníamos hace dos años, las cosas han avanzado bastante. Será cuestión de esforzarse para que avancen más" concluyó.

"Jack y vos arrancaron con el pie izquierdo en el pasado, y aunque las cosas hayan dado un giro y ya no se desprecien el uno al otro como lo hacían antes, es natural que a veces choquen, especialmente porque los dos tienen personalidades muy fuertes. Sólo es cuestión de poner buena voluntad e intentar hacer las cosas de la mejor manera posible"

Se quedaron un largo rato en silencio, sin moverse. El único ruido que se escuchaba era el de las yemas de tus dedos paseando por su cabeza. Por el sonido de su respiración sabías que no se había quedado dormido aún, pero su cuerpo contra el tuyo estaba totalmente relajado. Sus brazos envolvían tu cintura dándote una sensación de confort y seguridad que solamente sentís cuando estás con él, y tus párpados pesados como el plomo luego de haber pasado un largo día trabajando empezaban a cerrarse solos, contra tu voluntad.

Estabas a punto de deslizarte al plano de los dulces sueños (no hace falta ser un genio para adivinar quiénes el protagonista de tus sueños cada noche), cuando escuchaste su voz dulce, suave y reducida a un susurro romper con la quietud, provocando que tus ojos se abrieran y tus sentidos ya casi adormecidos se despertaran.

"Si no fuera por vos, probablemente sería el doble de egocéntrico, testarudo, terco, arrogante, engreído y malhumorado de lo que soy ahora" comenzó "Si no fuera por vos, probablemente Jack y yo seguiríamos llevándonos como perro y gato, como solíamos llevarnos antes de que… Bueno, antes de que él renunciara luego del fallecimiento de Teri" era la primera vez que lo oías hablar del tema tan abiertamente, con una naturalidad que antes no habías escuchado en su voz, puesto que siempre que surgía el tópico sus palabras se oían como si estuvieran saliendo de una garganta llena de nudos hechos por la terrible, desesperante angustia que le dejó esa medianoche en la que bajo sus propias narices Nina asesinó a la esposa de Jack, escasos metros de distancia de donde él y otros agentes – incluido George Mason – estaban "Sigo siendo egocéntrico, testarudo, terco, arrogante, engreído y malhumorado" continuó "pero te juro que todos los días hago el esfuerzo más grande del que soy capaz para cambiar, porque vos merecés a un hombre mucho mejor de lo que soy yo ahora, y definitivamente no merecerías estar con un hombre como el que era antes de conocerte" agregó luego.

Movió su cuerpo hasta que su cabeza quedó reposando en la almohada junto a la tuya, con su nariz a centímetros de tu nariz, su boca a medio milímetro de tu boca. Sus manos se enterraron en tus bucles, que llevabas sueltos y desparramados, pero antes de que pudiera besarte con toda la pasión que podías ver brillando en sus ojos, dijiste con la voz cargada de emoción:

"Me gusta saber que mi presencia en tu vida te hace bien, que tengo ese efecto en vos, que algo en mí te motiva a querer cambiar cosas que te hacen mal. Tony" seguiste "yo te amaría aunque fueras un millón de veces más testarudo, egocéntrico, malhumorado, engreído y terco de lo que eras antes de que nos conociéramos, porque conmigo sos el hombre más dulce del mundo y me hacés sentir la personita más especial sobre la faz de la Tierra" le diste especial énfasis a esas palabras, que jamás te cansarías de repetirle, porque son absolutamente verdaderas "Nada de lo que puedas decir o hacer me haría amarte menos, o dejar de amarte. Quiero que te lleves bien con Jack y que los dos puedan mejorar su relación de compañeros aún más por tu bien y por el bien de la Unidad, pero por sobre todo porque sé que significaría mucho para vos limar todas las asperezas e incluso quizá algún día convertirte en su amigo. Sé que aunque nunca vayas a admitirlo, lo admirás" seguiste, y en sus ojos viste una respuesta que nunca te diría en voz alta, pero que vos pudiste interpretar porque tenés el don de leerlo como a un libro abierto "Me enorgullece que estés esforzándote para ser un buen director, un buen agente, y para que las cosas se pongan en marcha en la CTU sin que tengamos que dar tantos tropezones. que por tu carácter y tu personalidad, hasta los esfuerzos más mínimos por evitar roces con Jack y con los miembros de su departamento deben costarte muchísimo, y el hecho de que sigas tratando de mantenerte calmo aunque por dentro te hierva la sangre y te mueras de ganas de explotar me hace sentir muy orgullosa de vos" acariciaste sus mejillas con el dorso de tu mano un largo rato antes de volver a hablar "Démosle tiempo al tiempo, y más temprano que tarde vamos a acostumbrarnos a esta nueva CTU"

Con mucha suavidad capturó tus labios con los suyos, y entre besos cortos murmuró contra tu boca:

"La única persona a la que admiro sos vos… y dudo poder llegar a explicarte alguna vez el bien que tu presencia en mi vida causa"

La forma profunda y apasionada en la que te besó, como si su existencia dependiera enteramente de vos, totalmente consciente de que tu existencia depende totalmente de él, dejó en claro fue suficiente para que te demostrara mucho más de lo que alguna vez será posible expresar con palabras, con el lenguaje que se vale de vocablos para describir cosas que en realidad no pueden ser descriptas, porque solamente el cuerpo puede sentirlas cuando dos personas que se aman se comunican con el lenguaje de la piel.

El día siguiente a esa noche estabas dándole instrucciones a dos analistas cuando por el rabillo del ojo viste a Tony hablando con Jack a escasos metros de donde vos estaban y, para tu sorpresa, por primera vez en esas casi dos semanas que llevaban trabajando juntos otra vez, lucían mucho más distendidos, mucho más relajados, hasta incluso lucían amigables, mientras revisaban en una computadora los planos para una misión de captura que los agentes del equipo de Operaciones de Campo llevaría a cabo.

Cuando cinco minutos más tarde Jack se dirigió de vuelta a su oficina, tu mirada y la de Tony se buscaron hasta encontrarse, y durante dos segundos el mundo que los rodeaba – lleno de máquinas, analistas, técnicos, secretarias, ruidos, voces, teléfonos sonando, pantallas mostrando mapas y estadísticas – se desdibujó por completo, como si estuvieran solos en el medio de la nada, como si en el Universo no existiera otra alma que no fuera la que sus dos almas forman.

Una de las cosas que él te enseñó, una de las cosas que aprendiste a medida que ibas enamorándote de él, una de las cosas que seguís aprendiendo día a día, es a reemplazar palabras con miradas. El diálogo es un pilar fundamental de tu relación con él, hablan de todo y se cuentan absolutamente cada pequeño detalle de cada pequeña cosa, pero nada supera a la fuerza del entendimiento que encontrás en su mirada cada vez que la tuya se hunde en ella.

Esa mirada que encerraba más de lo que las palabras alguna vez podrían aferrar y explicar transmitía que la conversación mantenida antes de que se quedaran dormidos entre besos había renovado sus ganas de tratar de conciliar las diferencias y tratar de ajustarse a los cambios por el bien de la Unidad y todo lo que ello implicaba.

Esa mirada te agradecía por darle ánimo para esforzarse, no perder el control y estallar al menor roce, por apoyarlo y estar a su lado y ayudarlo a encaminar las cosas, no sólo las referentes al trabajo, si no todo aquello que había caído destrozado luego de que su abuela falleciera y su corazón y alma quedaran hechos añicos debido a la reacción de su familia cuando les dijo que no iba a dejarte.

Esa mirada te agradecía por amarlo tal cual es, y considerarlo perfecto incluso con sus defectos. Esa mirada te agradecía por amarlo tal cual es, por no aprovecharte de tu capacidad para manipularlo y moldearlo como arcilla en tus manos, por dejar que aprenda solo a ser una persona menos arrogante, testaruda y egocéntrica por su bien.

"Las cosas anduvieron muchísimo mejor hoy" comentó ese jueves a la noche mientras cenaban las pastas que él había preparado.

"Lo noté" comentaste con una sonrisa "Todo va a ir volviéndose más fácil en las semanas que vienen" aseguraste, realmente convencida.

Estabas a punto de preguntarle si quería que sacaras algo de helado del refrigerador cuando notaste que de pronto su semblante se había puesto serio. Sus ojos te miraban de verdad, no estaba simplemente viéndote: estaban totalmente concentrados en tu rostro, estaban realmente concentrados en leer tu alma, que para él siempre tenés expuesta, desnuda, sin necesidad de esconder las heridas aún abiertas y sangrantes o las cicatrices que duelen cuando alguien las toca pero que sanan un poquitito más cada vez que él las acaricia con suavidad.

Sentiste tus mejillas ardiendo bajo la intensidad de su mirada, y en un susurro tímido preguntaste:

"¿Qué pasa, Tony?"

"Gracias, Michelle"

Tomó una de tus manos con una de las suyas por encima de la mesa, e interpretó correctamente tu silencio como una señal para continuar vaciando el contenido de su corazón.

"Desde que me nombraron director hace casi tres meses siento que estoy cargando con el peso del mundo, pero tenerte a vos vuelve a cualquier circunstancia muchísimo más ligera. La confianza y fe que tenés en mi, y la admiración que tenés por mí…"

Hizo una pausa, durante la cual simplemente se limitó a observarte con esa misma profundidad abrumadora mientras sus dedos se paseaban por tu rostro, contorneando tus labios y deslizándose por sobre las pequitas en tu nariz y en tus mejillas sonrosadas, provocando que te estremecieras apenas cada vez que rozaba la piel de debajo de tus párpados.

"Cualquier tarea o misión se vuelven más fáciles de realizar sabiendo que, sin importar lo que pase, cuando regresemos a casa vas a dejar que me pierda en tus brazos y me olvide del mundo. Dirigir la Unidad, volver a estar bajo un mismo techo con Jack – esta vez los dos como iguales, porque ya no soy su subordinado y no puede darme órdenes o patearme mientras estoy tirado en el suelo como un simple súbdito -, habituarme a que ahora todo y todos ahí dentro en parte dependen de mí, que tantas vidas inocentes dependen de mí" hizo otra pausa, como si estuviera buscando la forma adecuada de poner un sentimiento en palabras, y cuando lo viste desviar la mirada por un momento entendiste que aquello que estaba confesando le daba cierta vergüenza ":… y no volverme una bestia egocéntrica y enferma de poder por el simple hecho de que ahora estoy al mando…"

"Tony, no seas tan duro con vos mismo" lo interrumpiste para reprimirlo con dulzura "Podrás tener un carácter complicadísimo" admitiste "pero no creo que fueras capaz de llegar al extremo de convertirte en una bestia egocéntrica y enferma de poder" dijiste, usando sus propias palabras.

"Michelle, si puedo lidiar con todo esto sin enloquecer y salirme de mis casillas es porque te tengo a vos ayudándome a concentrarme en lo que es de verdad importante, impidiendo que me deje llevar por mis impulsos o por mi temperamento, que los dos sabemos no es el mejor cuando se trata de dar órdenes bajo presión. Vos sos mi balance, mi compás moral, y creo que desde hace rato mi consciencia me habla con tu voz"

Los dos rieron débilmente cuando dijo eso, pero no te cabía duda alguna de que aquello que acaba de confesar era verdad, y saber que la voz de su consciencia tiene tu voz hizo que te derritieras un poquitito más.

No podías reprimir la sonrisa de oreja a oreja que cruzaba tu rostro – que estaba rojo como una frutilla, por supuesto, porque cuando él te dice cosas así te ponés toda colorada como si hubieras pasado doce horas bajo el sol – mientras escuchabas pequeñas, simples frases cuyos significados eran para vos de una inmensidad indescriptible.

Durante toda tu vida, ni por un solo segundo te habías sentido valiosa, importante o especial. Hasta que llegó él y te convirtió en el centro de su Universo, en su sostén, en su fuerza, en su motivación, en su todo. Así se hizo realidad uno de tus más profundos, hondos y secretos deseos: tener alguien que no pueda vivir sin vos, alguien que te repita constantemente que sos su necesidad número uno, alguien que te adore por sobre todas las cosas, alguien que te cuide, alguien de que cuidar. Porque si hay algo que te gusta más que sentirte cuidada, contenida, adorada y mimada por él, es hacer que él se sienta cuidado, contenido, mimado y adorado por vos.

Cuando él te dice día a día con una ternura que te derrite que lo hacés más feliz que nadie, las sensaciones que te abruman son demasiadas y demasiado complejas como para poder analizarlas, y en ese instante mientras entre caricias inocentes te agradecía por mantener sus pies sobra tierra firme y ayudarlo con los cambios repentinos que estaban aconteciendo en su vida, te sentías la personita más preciosa sobre la superficie del planeta.

"Sos lo único que se mantiene constante cuando todo lo demás se desmorona a mi alrededor" susurró "Soy totalmente sincero cuando confieso que sin vos no podría soportar nada de esto" hizo un gesto con la cabeza, indicando la generalidad de la situación: la explosión en la CTU, la muerte de Mason, su asenso, la muerte de Paula, la muerte de todos esos otros compañeros de trabajo, los zapatos que tiene que llenar como director de la Unidad, la muerte de su abuela…

"Siempre se dijo que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer…" bromeaste, todavía con las mejillas enrojecidas, y bajando la mirada al impecable suelo de la pequeña cocina de tu departamento.

"En este caso es totalmente verdad" afirmó con una seriedad conmovedora. Acunó tu rostro entre tus manos y lo movió hasta que sus ojos y tus ojos quedaron a la misma altura otra vez "No voy a decirte que sin vos sería nada, porque no es cierto: sin vos sería absolutamente todas las cosas en las que odiaría convertirme"

"Sin embargo conmigo te convertís en una especie de osito de peluche de tamaño natural que dice las cosas más lindas, canta las canciones más románticas, y da los abrazos más largos. No creo que el Tony Almeida que eras hace dos años hubiera querido convertirse en el hombre más tierno del mundo" aquello era mitad en broma y mitad en serio.

Te encanta que te endulce los oídos diciéndote que solamente es el hombre más dulce del mundo cuando está con vos, por vos, y única y exclusivamente para vos.

"Es cierto" admitió "Pero ahora no podría imaginar lo que sería mi vida si no pudiera decirte cosas lindas, cantarte canciones románticas y darte los abrazos más largos"

"Probablemente serías como el chanchito gruñón de la obrita de teatro en la que participaste cuando tenías cuatro años" sugeriste, y los dos volvieron a reír con la ternura brillando en sus miradas.

Después de lavar los platos y dejar la cocina ordenada, exhaustos como estaban se acurrucaron en el medio de la cama, te anidaste contra su cuerpo, reposaste tu cabeza en su hombro y envolviste su cuerpo con tus brazos, tan pequeñitos y flacuchos a comparación de los suyos, que pueden levantarte en el aire con tanta facilidad cuando estás triste o preocupad a y él se da cuenta que necesitás que te reanime haciéndote girar como una criaturita, o cargándote en su espalda a caballito por toda la casa.

"¿Me cantás al oído hasta que me quede dormida?" le pediste en un susurro apenas audible, frotando la punta de tu nariz muy despacio contra la punta de su nariz.

Caíste presa del sueño media hora más tarde, pero podrías haber jurado que aún en tu estado de inconsciencia seguías escuchando su voz entonando tus melodías favoritas y sentir sus manos moviéndose por tu espalda rítmicamente, acunándote.


La madre de Tony llamó cerca del cuarto jueves de Noviembre para preguntarle si pensaba viajar a Chicago para pasar la festividad con ellos y con sus hermanos; no entendiste ni jota de lo que él le decía durante la conversación telefónica que mantuvieron en castellano, pero por el tono de voz y la forma en que Tony fruncía el ceño pudiste interpretar que la relación con la señora Almeida no estaba en vías de mejorar y que las palabras que estaban intercambiando en ese lenguaje que sos incapaz de descifrar estaban formado una discusión bastante tensa.

Estabas hecha un ovillo en el sillón, pretendiendo leer un manojo de informes sobre la situación de los protocolos en Europa, cuando la realidad es que las letras impresas no eran más que borrones negros, como hormiguitas muy bien alineadas y organizadas, formando frases que en ese momento para vos carecían de sentido, porque estabas demasiado ocupada siendo devorada por el presentimiento de que vos eras la razón por la que Tony y su mamá estaban discutiendo. Una vez acabado el diálogo, presionó el botón de 'finalizar llamada' y dejó su celular sobre la pequeña mesita ratona.

Dejaste el piloncito de hojas que habías estado pretendiendo leer junto a su teléfono móvil al tiempo que él se sentaba en el otro extremo del sofá, con aspecto agotado y cierto aire de derrota envolviéndolo. Tenía esa expresión de cachorrito abandonado al costado de la carretera en una noche de diluvio que te puede en todo sentido, y sentiste una congoja impresionante al darte cuenta que probablemente su madre hubiera vuelto a decir cosas hirientes sobre vos que lo dejaron emocionalmente hecho un trapo de piso.

Sin musitar palabra alguna tomaste su mano y le diste un leve tironcito para atraerlo hacia vos, hasta que quedaron los dos recostados, vos medio sentada y él con tu cabeza reposando sobre tu estómago y sus brazos envolviendo tu cintura. Guardaste silencio, esperando que fuera él quien sacara el tema si así lo deseaba, permitiéndole elegir si prefería quedarse callado.

"Sabés que me agarra sueño cuando me rascás detrás de las orejas" te retó con voz adormecida y sofocada.

"Estás cansado. Tuvimos un largo día en el trabajo" dijiste, inclinándote hacia adelante para poder murmurar en su oído "Tratá de relajarte"

"Mi mamá llamó para preguntarme si iba a viajar a Chicago el jueves que viene, por el Día de Acción de Gracias" comenzó a contarte, pasado otro largo rato en el que simplemente se quedó muy quieto mientras vos acariciabas su espalda, que estaba tensa y llena de nudos. No dijiste nada, aguardando a que él siguiera con el relato, y sin atreverte a preguntar cuál había sido su respuesta, aunque intuyéndola "Me pidió que fuera solo, dijo que se trata de una 'festividad familia'" lo oíste chasquear la lengua con indignación "Le contesté que estaba loca si pensaba que iba a pasar precisamente ese día sin vos"

Hizo una pequeña pausa, se incorporó, se sentó a tu lado, te atrajo hacia sí hasta que quedaste hecha un ovillo contra su pecho, acunó tu rostro con sus manos tibias, y presionó su frente contra la tuya.

"Sos todo lo que tengo para agradecer, Michelle. Y honestamente" agregó con un suspiro "prefiero pasar ese día mimándote desde la mañana hasta la noche en lugar de subirme a un avión, viajar a la otra punta del país y sentarme a la mesa con personas que llevan mi sangre corriendo en sus venas pero no pueden entender lo que siento por el amor de vida"

No trataste de convencerlo de que recapacitara y meditara su decisión, porque la seriedad en su mirada decía más que mil palabras, y estabas segura de que sólo se sentiría peor si tratabas de pedirle que llamara a su mamá para disculparse y viajara solo para complacer a su familia.


Durante la semana del receso de Acción de Gracias, Chappelle tenía que quedarse en la ciudad porque la familia de su esposa viajaba desde Connecticut, y tanto a Tony como a vos les dio la impresión de que el motivo por el cual se ofreció a hacerse cargo de la Unidad para que ustedes pudieran tener esos tres días libres (para pasar cada uno con sus respectivas familias en sus respectivos hogares, claro está, porque lejos estaba Ryan Chappelle de imaginarse que el director de la CTU y la segunda en comando no son sólo jefe y empleada sino mucho más que eso), era en parte porque estaba buscando una excusa válida para no tener que soportar a sus suegros y parientes políticos, o al menos reducir la cantidad de horas que tendría que aguantarlos (no sabés si es verdad o no, esa es simplemente la teoría que se les ocurrió a Tony y a vos cuando hablaron del tema).

Tony no le contó a Chappelle que había suspendido su viaje a Chicago, y cuando éste le deseó un buen vuelo el martes a la noche antes de que abandonara la oficina para no volver hasta el lunes siguiente, Tony simplemente hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza, sin decir nada. ¿La razón? Si Chappelle llegaba a enterarse que él se quedaba en Los Angeles también, corrían el riesgo de que lo llamara para cubrir un turno o para pedirle que lo asistiera con algo.

"Mejor que piense que estoy en otro estado" fue lo que Tony respondió a tu acusación (mitad en broma, mitad en serio) de decirle mentiras a su jefe "Además fue solamente una mentira piadosa" se defendió por enésima vez "que dije para tener la seguridad de que voy a poder pasar los siguientes tres días con la mujer más bonita del mundo sin riesgos de que interrumpan nuestro tiempo libre juntos"

"Cuando me decís que soy bonita ¿también son mentiras piadosas?" preguntaste abrazándolo por detrás, entrelazando tus manos sobre su pecho y reposando tu cabeza en su espalda mientras él preparaba algo sencillo para la cena.

El comentario chistoso te valió acabar en el suelo de la cocina sin aire y riéndote a carcajadas incontenibles porque él había decidido castigar esa 'pequeña muestra de bajo autoestima' haciéndote cosquillas hasta que las costillas y la panza te dolieron y se volvió imposible respirar.

"Basta… basta… ¡Basta!" rogabas, sin una gota de oxígeno en los pulmones, con una sonrisa de oreja a oreja cruzando tu cara, con un ataque de risa que no podías detener y que era ya prácticamente involuntario.

"¿Vas a volver a insinuar que miento cuando te digo que me parecés hermosa?" preguntó, con sus dedos suspendidos a milímetros de tu panza, listos para atacarte otra vez en caso de que tu respuesta no fuera la que quería escuchar.

"No" contestaste con voz ahogada, sin dejar de sonreír.

"¿Lo prometés, Michelle?"

"Te lo prometo" dijiste, extendiendo el dedo meñique para que él lo entrelazara con el suyo, y así sellar la promesa.

Aprovechando que no tenían que levantarse a las siete de la mañana al día siguiente, decidieron mirar una película y compartir un tarro de helado de frutilla luego de cenar.

"Cuando Martina era chiquita, poníamos en la videocasetera alguna película que ninguno de los dos hubiera visto antes, quitábamos el sonido e intentábamos imaginar de qué se trataba, inventar los diálogos…" te contó, al tiempo que los títulos iniciales comenzaban a aparecer en la pantalla.

Tomaste el control remoto, apretaste el botón de 'silenciar' y lo miraste sonriente.

"Suena divertido. Hagámoslo" propusiste.

La primera media hora Tony hizo que te descostillaras de la risa con diálogos graciosos y sin sentido, y haciendo distintas voces raras para los personajes. Estabas feliz de verlo reír así otra vez, oír sus bromas, ver sus ojitos brillando, su sentido del humor más hilarante que nunca, sus comentarios graciosos arrancándote a vos sonrisas que espejaban la suya propia como si de dos gotas de agua se trataran.

Pero luego llegó una escena romántica, y Tony se quedó callado por un momento antes de desviar su atención de las imágenes que mostraba la pantalla para mirarte a vos a los ojos y preguntarte con seriedad:

"¿Sabés qué está diciéndole él a ella?" se refería a los dos protagonistas del film, que en ese momento estaban con sus rostros uno a escasos centímetros de distancia del otro – como ustedes -, hablando apenas moviendo los labios – como ustedes – y a punto de besarse – como ustedes -.

"¿Que la ama?" deslizaste la sugerencia en un susurro tímido.

"No" respondió él, negando con la cabeza "Está diciéndole que es hermosa. ¿Sabés qué va a contestarle ella?"

Al darte cuenta de qué se trataba todo aquello, sentiste una punzada de culpa por haberlo angustiado haciendo ese chiste sobre las mentiras piadosas, especialmente porque sabés mejor que nadie que sus ojos te ven como a la mujer más preciosa del mundo, y que aunque vos pienses lo contrario él cree que sos bonita.

"Ella va a contestarle que lo ama"

"No" volvió a negar con la cabeza "Ella va a decirle que es mentira, que no es bonita"

"En tu versión de la historia, ¿él qué respondería a eso?" quisiste saber.

"Cada vez que pienses que sos el patito feo" murmuró, acariciando tu mejilla con una de sus manos y enredando tus rulos en los dedos de la otra "pedí que te preste mis ojos para que los uses como espejos; ellos siempre van a reflejar al patito más lindo de todos, porque vos sos el patito más lindo de todos"

"¿Eso le diría él a ella?" inquiriste con curiosidad, totalmente absorta en mirar tu reflejo en sus ojos.

"No" negó con la cabeza por tercera vez "Eso te lo digo yo a vos"

A la hora de dormir, te acurrucaste como siempre a su lado, en el centro de la cama, la punta de tu nariz tocando la punta de su nariz, sus brazos alrededor de tu cintura. El sueño te venció y terminaste dejando que tus pesados párpados se cerraran cerca de la una de la madrugada, luego de haber pasado un largo rato en silencio fundida en tus espejos favoritos, que son tuyos y de nadie más, reemplazando palabras por aquella magia inexplicable que te invade cuando tu mirada y la suya se encuentran y se hunden una en la otra.

Podrías haber jurado que en cuanto cerraste los ojos, él te acunó y empezó a cantarte al oído mientras dibujaba círculos en tu espalda con la palma de su mano. Podrías haber jurado que se durmió mucho después de que vos lo hicieras. Podrías haber jurado que se quedó hasta casi las tres de la madrugada diciéndote al oído que sos el patito más lindo de todos.


Debido a la pelea con su madre – que Tony luego te relató con un poco más de detalle pasados unos días, una vez que las heridas dejadas por ese fin de semana no se sentían tan frescas – Martina había decidido que ella también prefería quedarse en Los Angeles en lugar de viajar a Chicago y pretender que todo estaba bien, que lo dicho no había sido dicho, que los encontronazos no habían sucedido, que las opiniones distintas nunca habían sido intercambiadas, que confesiones fuertes no habían sido hechas. De acuerdo con lo que Martina le había contado a Tony, a la señora Almeida no le había caído muy bien que dos de sus hijos estuvieran rompiendo con la tradición familiar de pasar las festividades todos juntos en torno a la misma mesa, y en la casa paterna, pero al parecer ninguno de los dos tenía intenciones de dar el brazo a torcer, cambiar de opinión y subirse a un vuelo que llegara a Illinois en la mañana del jueves.

Cuando el miércoles por la mañana mientras desayunaban él te comentó lo que Martina había resuelto, le dijiste que no te molestaba que invitara a su hermana y a Kiefer a pasar el Día de Acción de Gracias con ustedes; te parecía importante que supiera que su familia para vos nunca será una molestia, que querés sumar en lugar de restar, que Martina te cae bien, que querés conocerla más, que no querés privarlo a él de pasar tiempo con su hermana, que no querés que él se sienta totalmente atado a vos (incluso si a los dos les encanta estar atados el uno al otro).

"¿Estás segura?" inquirió, dando a entender con su mirada – que siempre te dice mucho más de lo que las palabras pueden expresar – que no se ofendería si le decías que preferías estar a solas con él "No quiero hacer nada que te ponga incómoda…" empezó a decir, pero vos lo interrumpiste con un beso.

Reposaste tu frente contra la suya y enredando tus brazos alrededor de su cuello para atraerlo hacia vos, mientras él instintivamente dejaba que sus manos se perdieran en tu espalda, acariciándote desde los hombros hasta la cintura.

"Una parte de tu familia lamentablemente no me acepta, todavía" agregaste ese 'todavía' para infundirle esperanzas que ni siquiera vos tenías, pero de todos modos querías dárselas, porque te rompía el corazón saber que sus padres lo habían empujado hasta el borde del precipicio, al extremo de tener que pelearse con ellos para defenderte a vos y al amor que se tienen "Pero tu hermana sí me acepta" seguiste "Y yo quiero que sepa que en mí puede tener no sólo una cuñada, si no también una amiga. Quiero que sepa que no voy a ser una cuñada histérica, controladora, loca, antipática y manipuladora, que no pretendo retenerte y jugar a que sos mío y de nadie más" suspiraste "Es un día para pasar en familia. Vos sos mi familia, Tony…"

Habías estado a punto de agregar 'mi única familia', pero no quisiste hacerlo, porque todavía guardabas algo de fe en que en un futuro Danny y vos podrían afianzar aún más su relación de hermanos, que en un futuro volverías a ver a Krissy, Allison y Nick, que quizá hasta Danny pudiera casarse otra vez con una buena mujer y darte más sobrinitos

"… pero sé que yo no soy tu única familia" continuaste luego, lo cual resumía mucho de lo que podía verse reflejado en tus ojos, que son la ventana a tu alma, ventanas que para él siempre están abiertas de par en par "No es mi intención alejarte de ellos, ni siquiera inconscientemente. Tu hermana va a quedarse en la ciudad también, y sería lindo que la invitáramos a ella y a su novio a comer con nosotros. A mi me encantaría que compartieras ese día no sólo conmigo, si no también con ella. ¿Por qué restar cuando podemos sumar?" concluiste, con una sonrisa dulce cruzando tu rostro.

Hizo planes con Martina para que ella y Kiefer fueran a cenar el jueves por la noche, luego de almorzar al mediodía en casa de sus suegros, con la familia de su novio.

"La invitación la alegró mucho" Tony comentó, enredándote en sus brazos desde atrás y descansando la cabeza sobre tu hombro "Mi hermana y vos van a terminar siendo buenas amigas, tengo ese presentimiento" te dijo un ratito después, sin soltarte, feliz de poder anidar su rostro en tu cuello y respirar la mezcla de la fragancia del champú que usás y tu perfume (que en realidad es aceite para bebés de Johnson & Johnson, porque tu piel sensible se irrita fácilmente).

"Yo también tengo ese presentimiento" contestaste, pasando el dorso de tu mano por su mejilla.

Estabas siendo sincera: hacía tiempo que necesitabas formar una amistad de verdad, una amistad basada en el cariño y en el respeto mutuo, una amistad que te brindara la posibilidad de compartir cosas con otra persona (además de con Tony, que es aquél al que le contás absolutamente todo y con el que compartís absolutamente todos sin excepción), alguien que tuviera interés en vos por lo que sos como persona y no porque les resultás útil (es que esa fue tu historia durante mucho tiempo: tus compañeros y compañeras de clase se te acercaban porque eras la nerd, la sabelotodo, la genio, la buenita, aquella de la que podían aprovecharse para que los ayudara con sus tareas y proyectos).

Y era verdad que tenías el presentimiento de que entre Martina y vos, con tiempo y esfuerzo, podía nacer una linda amistad.


"Tony, compramos comida como para un batallón de sesenta personas" comentaste entre risitas, observando al carrito de supermercado atiborrado hasta arriba de toda clase de alimentos enlatados, cajas, botellas, frascos de vidrio y demás ingredientes (algunos de los cuales tenían nombres que jamás habías escuchado, y que mucho menos sabías cómo pronunciar).

Era la tarde del miércoles, y luego de dormir una hora de siesta acurrucados en un costado de tu cama, se habían dirigido a una cadena de supermercados cercana al departamento de él, que era a donde se dirigirían luego de hacer las compras, para empezar a preparar el pavo, el pastel de calabaza, y todos los platos típicos de esa festividad (¿para 'empezar a preparar'? Mejor dicho, para que él empezara a cocinar, porque vos – por la seguridad de todos – pensabas quedarte sentada en una de las banquetas del desayunador, observándolo y charlando con él, pero lejos del horno, de las hornallas y de cualquier recipiente que puedas tirar al suelo y hacer añicos en un instante de torpeza, los cuales parecen ser comunes y frecuentes cada vez que estás dentro de una cocina y cerca de cualquier cosa de vidrio).

"Quiero que tengas el mejor Día de Acción de Gracias de todos" confesó en voz bajita, con las mejillas un poco más coloradas que de costumbre, mientras lo ayudabas a poner los víveres sobre el mostrador para que la señora sentada frente a la caja registradora les cobrara "Me encanta cocinar para vos, me encanta consentirte y malcriarte"

"Me encanta que me consientas y me malcríes" confesaste en el mismo tono de voz, sonriendo con ganas.

Esa noche se acostaron a las once, luego de largas horas conversando de todo y de nada, de música, de cine, de series de televisión, del trabajo (un poquito nada más), de libros, del futuro que iban a construir juntos.

"Cada día encuentro más motivos para alegrarme porque no sabés cocinar" te dijo divertido en determinado punto de la charla.

"¿Ah, sí? ¿Qué motivo encontraste ahora?" inquiriste divertida.

"Sos como una ratoncita inquieta, y eso me parece adorable, pero cuando tengas a nuestro bebé en la panza voy a querer que hagas reposo y que descanses mucho. Si supieras cocinar, probablemente insistirías para que te dejara hacer todo a vos; como no sabés cocinar, durante esos nueve meses voy a seguir mimándote como te mimo ahora, solamente que voy a tener que cocinar para uno más"

Con una sonrisa tan ancha que los músculos de la cara te dolían, roja como una frutilla, con el estómago lleno de mariposas que revoloteaban felices y te hacían cosquillitas, te acercaste a él y lo envolviste en tus brazos, sin decir palabra alguna, comunicándole con la mirada que te morías por comerlo a besos, avisándole que ibas a arrancarle el labio con una pasión desmedida, pero a la vez dulce y suave, en cámara lenta, queriendo hacer que el instante dure para siempre.

Cuando la necesidad de oxígeno hizo que se separaran para respirar, sin abrir los ojos y con tus manos acariciando su nuca dijiste con voz ahogada debido a la falta de aire de la que habías sido víctima durante largos cinco minutos:

"Debés ser el único hombre que habla de tener un hijo con una mujer con la que ni siquiera…"

No dejó que terminaras la frase. Te interrumpió posando su dedo índice sobre tus labios, sellándolos.

"Podemos esperar un poquito más antes de empezar a practicar cómo hacer un bebé. Nada nos apura" susurró "Quiero que vayamos despacito, quiero que sea especial. Tenemos todo el tiempo del mundo" te aseguró, dibujando círculos en tu espalda con las palmas de sus manos, esas manos que se morían de ganas de recorrer tu cuerpo desnudo pero que estaban dispuestas a aguardar lo que hiciera falta, porque su única preocupación era la de cuidarte.

Esa noche, como todas, cumplieron con el ritual de besarse hasta el cansancio, como si de verdad tuvieran todo el tiempo del mundo, como si fueran los dueños de todos los relojes existentes sobre la faz de la Tierra, como si el Universo se hubiera desdibujado a su alrededor. Caíste dormida anidada sobre su pecho, con el rostro en ese huequito que se forma entre su hombro y su cuello, respirando esa esencia masculina que te trae tanto confort y te hace sentir como si estuvieras en el lugar más seguro. Los latidos de su corazón eran la música perfecta, sus manos acariciando tu espina dorsal provocaban estremecimientos leves pero placenteros, y durante un largo rato no hiciste más que repasar la conversación que habían tenido en la cocina.

Él quería esperar, quería que la primera vez fuera especial, quería cuidarte, quería que fuera un momento dulce y mágico, quería que te sintieras una princesa en todos los sentidos. Estaba dispuesto a esperar hasta después de casados para incorporar a la relación algo que para la mayoría es básico, esencial y fundamental: sexo. Cualquier otro desecharía a una mujer con intenciones de llegar virgen al matrimonio, cualquier otro la descartaría. Pero él no es cualquier hombre: él es el amor de tu vida.

Es el amor de tu vida, el que esperaste siempre, el que te cura cada vez que algo duele, el que te calma cuando todo alrededor tuyo se desdibuja y caes presa del pánico, el que te admira más que a nadie, el que te respeta más que nadie, el que es tu héroe, el que moriría por vos, el que te hace sentir hermosa, el que te presta tus ojos para que los uses como espejos porque ellos siempre te reflejan como al patito lindo, es el que te hace temblar con sus besos y sus caricias, es el que hace que te pienses menos nena y más mujer.

Tendida ahí sobre su pecho te diste cuenta que con cada día que pasa, estás más y más lista para ir – literalmente – desnudándote de a poco, no sólo en alma sino también en cuerpo, y llegar con él tan lejos como se pueda llegar. No es un sentimiento eufórico, loco, incontrolable, inexplicable y dañino como el que te atacó esa vez en la que casi le entregás cada pedacito de tu ser sin pensar en las consecuencias; esta vez es diferente, muy diferente.

Escuchando su respiración pausada y acompasada te relajaste hasta que te capturó un sueño profundo. Una de esas sonrisas que tanto le gustan cruzaba tus facciones, y el último pensamiento que pasó por tu mente antes de que ésta quedara en blanco fue que ya sabías cuándo le ofrecerías esa última partecita tuya que guardaste para él.


Lo más hermoso del mes de Noviembre fue, definitivamente, pasar tu primer Día de Acción de Gracias de verdad con él.

Cuando eras chica para el Día de Acción de Gracias tu abuela solía preparar cenas sencillas (no era muy seguidora de las tradiciones americanas), y luego de su muerte – cuando quedaron sólo Danny y vos – la fecha se volvió mucho más angustiante: en las épocas en que tu hermano vivía con su esposa, ellos viajaban a las afueras de la ciudad a la casa de los padres de Haylie (Danny nunca te invitó a ir con ellos, lo mismo que en Navidad),y después de que tu hermano se divorciara, dejó en claro que esa clase de celebraciones quiere pasarlas viendo deportes en la televisión y tomando cerveza.

Pero este año, no ibas a pasar el Día de Acción de Gracias sola, sentada en la salita de estar de tu departamento, viendo alguna película vieja o dibujitos animados en la televisión, comiendo tarta de calabaza comprada en el supermercado y recalentada en el microondas. Este año ibas a pasar un Día de Acción de Gracias de verdad, con comida casera, muchos mimos y alguien con quien conversar durante horas y horas sobre cualquier tema que cruzara tu cabeza, alguien por quien agradecer, alguien que agradeciera por tenerte a vos.

Por primera vez en veinticuatro años ibas a tener un Día de Acción de Gracias de verdad, y eso te ilusionaba muchísimo. Y Tony no podía disimularlo: estaba igual de ilusionado que vos.

La cantidad de comida que había preparado era tanta, y lucía todo tan delicioso, que cuando te sentaste a la mesa no sabías por dónde empezar. Sin embargo, antes de que pudieras tomar el tenedor de plata y probar bocado, tenían que agradecer.

Tu abuela solía decir unas palabras en agradecimiento, siempre breves y muy monótonas, como si las hubiera ensayado de ante mano, y nunca variaban mucho de un año a otro, ni eran tampoco muy emotivas o profundas. Imaginás que en la familia de Tony sucede todo lo contrario, dado que ellos parecen mucho más cálidos y expresivos de lo que era tu abuela, y además son muy religiosos.

El silencio había caído entre ustedes, y los dos, sentados uno frente al otro, estaban mirándose con timidez y sonriendo, esperando a que el otro se animara a hablar primero.

Tony decidió romper con la quietud:

"Si tuviera que enumerar cada pequeñita cosa por la que me gustaría agradecer, no acabaría nunca" comenzó "Hay una sola cosita en la que se resumen todas esas otras cositas pequeñitas que me hacen bien, que me hacen feliz…"

"Qué casualidad" comentaste "A mi me pasa lo mismo"

Ya podías sentir un par de lágrimas agolpándose en tus ojos, humedeciéndolos.

"Voy a agradecer por una sola cosa, entonces" concluyó Tony.

"Yo también" coincidiste con un suspiro, mientras tu corazón latía desaforadamente contra tus costillas por el simple hecho de que estabas abrumada por las emociones que te provocaba la situación: tu primera Día de Acción de Gracias de verdad, con un hombre que te adora y te tiene en una cajita de cristal, a punto de decirse el amor que tienen es aquello por lo que quieren agradecer.

Casi al unísono murmuraron esa palabrita que encierra más que el resto de todas las que existen en el diccionario, esa palabrita que resume el Universo en tres letras, esa palabrita que significa absolutamente todo: 'vos'.

Fue uno de los mejores días de tu vida. Comiste con ganas, por placer, sin sentir culpa ni contar calorías ni pensar que te volverías una chanchita si no aflojabas con los dulces. Reíste muchísimo con sus chistes, lo besaste muchísimo, cantaron temas viejos de Fred Astaire – entre risas y cosquillas – mientras lavaban los platos, te cedió el poder absoluto del control remoto del televisor en lugar de echarse al sillón a mirar futbol americano toda la tarde, se acurrucó en tus brazos para mirar con vos una de tus comedias románticas favoritas (Un lugar llamado Nothing Hill, con Hugh Grant y Julia Roberts), y te repitió mil veces que siempre vas a ser aquella personita que simplifica todo lo que él tiene para agradecer.

En la noche pasaste un largo rato charlando con Martina en la cocina – principalmente sobre libros e Historia – mientras Kiefer y Tony miraban futbol antes de cenar en la sala de estar. Te sorprendió una vez más la madurez y la inteligencia de esa joven de diecinueve años que tiene un coeficiente intelectual apenas un poco menos impresionante que el de cualquier genio contemporáneo, pero también te alegró notar que estaba comportándose muchísimo más relajada y sencilla, como si hubiera empezado a tomarte confianza.

"Mi hermano está loco de amor por vos, Michelle" dijo de pronto en determinado punto de una conversación que hasta el momento había sido sobre Literatura "No sé bajo qué hechizo lo tenés, pero está absolutamente enamorado" a esa altura ya te habías puesto colorada otra vez, y tus mejillas rojas ardían con fuerza.

"Todavía no sé qué vio en mí" admitiste tímidamente.

"No se trata de ver: el amor es ciego" Martina deslizó la frase como si fuera una obviedad "Su alma es ese algo que llena cualquiera vacío que vos puedas tener, y tu alma es ese algo que llena sus vacíos. El cuerpo va hacia donde el alma lo guía" reflexionó "Podés acusarme de ser cursi, si así te parece, pero creo que Tony y vos se miran de una forma especial: con los ojos del alma"

No te pareció cursi, en lo absoluto, porque vos siempre lo sentiste así, como si la existencia de una conexión especial entre los dos hubiera estado siempre ahí.

Regresaron de entre tus recuerdos algunas de las frases que se dijeron durante ese 4 de septiembre que cambió sus vidas radicalmente, palabras dichas en medio del caos y en la lucha por aferrarse a algo, cualquier cosa, lo que fuera, para seguir peleando por un mañana que quizá no llegaría, un mañana que no estaba garantizado, y que consigo al extinguirse se llevaría sus posibilidades de vivir la historia de amor que están viviendo ahora.

"Desde que nos conocemos hay algo entre nosotros..."

"Sí… Sí, es cierto"

Él también lo había notado, él también se había percatado de esa conexión, incluso si al principio había hecho hasta lo imposible para mantener la distancia y resguardarse de vos.

Martina interrumpió tus reflexiones con una reflexión suya propia:

"Michelle, mi hermano es egocéntrico y egoísta, engreído y arrogante, tiene un temperamento terrible, mal carácter, malhumor, es caprichoso, es terco y testarudo; lidiar con él a veces puede resultar peor que lidiar con una criatura de cinco años; es prepotente también" chasqueó la lengua, y en su rostro se dibujó una sonrisa cómplice "Desde que te conoce a vos, esa lista de defectos que acabo de enumerar mutó, y ahora es como un cachorrito de caniche miniatura: tierno, cariñoso y mimoso. Ya no tiene voluntad, podés llevarlo de la nariz a donde se te antoje"

"No necesito llevarlo de la nariz" dijiste con una sonrisa y un suspiro que podría haber sido descripto como romántico "En esta él y yo construimos nuestro camino tomados de la mano"


"Michelle, no hace falta que sigan fingiendo: ya lo sé"

La frase nació la tarde de este día que casi termina, de boca de Chloe O'Brian, con quien te encontraste a los pies de la escalera cuando bajabas de la oficina de Tony. Aquél puñado de palabras fue suficiente para que se te helara la sangre en las venas y tu corazón dejara de latir presa de un pánico atroz. Si bien tu expresión no cambió y siguió siendo de cortés desconcierto ante lo que Chloe acababa de decirte, en tu cabeza se encendieron las alarmas y sonaron sirenas, y el único pensamiento que te llenó fue el de que probablemente habías cometido un error que les costaría caro a Tony y a vos.

Antes de adentrarse en el hecho que desató tu paranoia, cabe decir que los comienzos de Chloe O'Brian en la Unidad Antiterrorista de la ciudad de Los Angeles merece un enfoque especial, pues definitivamente de todos los pedacitos que formaron al mes de Noviembre, aquél que la compete a ella es bastante interesante.

Chloe es brillante. Su inteligencia es especial y muy superior a la de todos los demás; que pienses esto no quiere decir que desmerezcas a los otros técnicos y analistas: ellos también están altamente cualificados – caso contrario no hubieran obtenido un empleo que implica niveles tan altos de exigencia y cualidades excepcionales para responder ante crisis, catástrofes y amenazas -, pero si viniera un especialista a determinar el coeficiente intelectual de cada uno de ustedes, vos incluída, probablemente el resultado de Chloe dejaría en claro sus rasgos de genio.

Pero 'inteligente', 'brillante' y 'genio' – entre otras - no son las únicas palabras que la mayoría (por no decir todos) elegiría para describir a Chloe O'Brian. También es quisquillosa, no tolera que la interrumpan, le molestan el noventa y nueve por ciento de las cosas, se lleva mal con todos sus compañeros, se altera con facilidad, su respeto por las reglas es desmedido y hasta exagerado, siempre tiene el ceño fruncido, siempre tiene algo que cuestionar, siempre tiene cara de pocos amigos (Tony y vos sospechan que su única amiga es Martina, pero al respecto no han comentado nada con la susodicha para no herir susceptibilidades), siempre criticando la forma de manejarse de los otros.

Su larga lista de defectos – que irritan a todos en la CTU, y usar la palabra 'todos' no es generalizar, más bien es ser literal – no pesan tanto en la balanza como lo hace su cerebro. Si le das las órdenes con habilidad, tacto y sin pretender que se saltee ninguna regla procedimental o protocolo (lo cual es fundamental para que Chloe responda; su apego por la autoridad es sencillamente demasiado para tu gusto), es increíble lo que puede hacer dentro de sus propios tiempos (otra cosa fundamental: Chloe necesita que la dejen tranquila para trabajar, que no le hablen, que no la miren, que no se le acerquen… Escuchaste a otras analistas decir que tiene aires de diva, y te dio un poco de bronca, porque la realidad no es que sea antipática o una mala persona, si no que tiene que lidiar con un síndrome que raya el autismo).

Tener a Chloe como tu mano derecha resulta beneficioso, y aunque tengas que lidiar con algunas de sus excentricidades y el resto de los empleados la mire desde lejos con ojos asesinos y ella les devuelva el sentimiento, y creés que en unos meses podrías 'entrenarla' o mejor dicho 'darle un empujoncito para que se adapte' (Tony usa el término 'entrenar', vos no, porque suena como si estuvieras preparando a un perro malhumorado para participar en una competencia canina de buenos modales, y aunque cuando le hiciste esa observación a Tony estalló en una carcajada y te dijo que podía ver similitudes entre Chloe y un bulldog, a vos no te causó gracia. Preferís pensar que estás ayudándola a mimetizarse con el ambiente laboral y encontrar su espacio), podría serle muy útil al departamento de Operaciones de Campo, especialmente por la rapidez con la que puede acceder a cámaras, satélites, servidores y conseguir planos y mapas… siempre y cuando, claro está, obtener el acceso a las cámaras, los satélites y servidores y conseguir dichos planos y mapas sea una orden autorizada firma mediante por Distrito o División, lo cual, en la CTU, raramente sucede cuando hay un protocolo activo y se está en crisis.

"Ya puedo imaginarme la situación" Tony te dijo una noche ": estamos tratando de impedir que explote una bomba, necesitamos planos de un edificio para preparar la estrategia de ataque y Chloe se rehúsa a conseguirlos hasta que no venga el mismísimo Presidente a decirle que tiene permiso para pulsar cuatro teclas locas y darnos la información que necesitamos. A Jack no le haría mucha gracia tener a alguien así trabajando para él" concluyó luego.

"Tal vez tengamos que darle a Chloe un curso intensivo de 'ignorar el protocolo en casos de vida o muerte'" fue tu respuesta.

A lo que él contestó tomándote en sus brazos y recostándote en el sillón, posicionándose encima de vos cuidando no poner mucho de su peso sobre tú débil y delicado cuerpo.

"Ya no quiero hablar de trabajo" había susurrado, con su boca a medio milímetro de la tuya.

El resto de esa noche su había perdido en besos, porque la realidad era que vos tampoco tenías muchas ganas de hablar de trabajo.

Para resumir: Chloe tiene un nivel de inteligencia excepcional y sorprendente, pero el síndrome de Asperger le juega en contra en muchos aspectos, tal como Martina había vaticinado que sucedería. Sin embargo – tal como Martina había vaticinado que sucedería – tener a Chloe trabajando en la CTU traía ventajas que pesaban más que las dificultades que se generaban entre ella y los otros y que vos tenías que contener y resolver para que no acabaran explotando cual volcán en erupción, y – con el entrenamiento adecuado – podría resultar un verdadero diamante en bruto, especialmente en el departamento de Operaciones de Campo.

"Siempre y cuando Jack acepte que le endilgues el paquete" Tony te había dicho cuando le comentaste lo bueno que resultaría transferirla en un futuro – quizá en seis meses, o dentro de un año – al otra área en la que está dividida la Unidad.

"No estoy tratando de endilgarle ningún paquete a nadie. Y no te refieras a Chloe como a un paquete: es un ser humano" lo habías retado.

"Es un ser humano al que Jack ignora olímpicamente"

"Tengo la impresión de que Jack no es precisamente un ser muy social…"

"No, no lo es" Tony había confirmado "Tiene un carácter bastante especial… al igual que Chloe. El problema es que las personas con esa clase de carácter generalmente terminan siendo como el agua y el aceite"

"Por eso creo que Chloe por el momento está mejor trabajando para mí. Pero si le damos tiempo al tiempo" le recordaste "puede que ella y Jack terminen llevándose bien, o por lo menos él acepte que ella trabaje en su parte de la Unidad. De todos modos, Chloe aún está en proceso de adaptación, como todo el mundo…"

"El bulldog aún no concluyó el entrenamiento…" coincidió tu novio, riendo; si bien el comentario te arrancó una sonrisa, en castigo por llamar a Chloe 'bulldog' otra vez se ganó una leve palmada en el brazo.

Así están las cosas: en la Unidad al parecer la única que soporta a Chloe sos vos, y a la vez te da la impresión de que vos sos la única a la que Chloe soporta (o al menos te trata con más amabilidad que al resto, si hay algo a lo que le quepa el rótulo de 'amable' en su forma de comportarse al interactuar con otros seres humanos). Jack la ignora como si fuera una planta o un mueble más, Tony le tiene paciencia simplemente porque sabe que ayudar a Chloe a integrarse es importante para vos y para Martina, y el resto de la CTU está gestando bronca hacia ella que no sabés bien cómo contener.

Así están las cosas, es lo que es, es lo que hay. Chloe te inspira cierta pena, cierta lástima, y de verdad estás convencida de que podría hacer una carrera excelente dentro de las oficinas gubernamentales si aprende a convivir con otros en un ambiente de trabajo en el que es necesario colaborar entre todos, y eso estás tratando de que aprenda. Además, le prometiste a Martina ayudar a su amiga, y vas a cumplir con la promesa en la medida que puedas.

Ahora, de vuelta a lo que aconteció esta tarde cuando estabas regresando del piso superior al piso principal y te encontraste a la joven mujer de cabello rubio esperándote al pie de la escalera, con su ceño tan fruncido como siempre (o más) y los brazos cruzados sobre el pecho en un gesto casi infantil.

"No hace falta que sigan fingiendo, Michelle: ya lo sé" te confrontó, haciendo gala de sus habituales modales (o falta de modales, mejor dicho) y de su 'carácter especial'.

Y tu corazón se detuvo, dejó de latir, el pánico te hizo su presa, la sangre que fluía por tus venas se volvió hielo, sirenas sonaron en tu cabeza, se encendieron todas las luces y alarmas, pero de algún modo lograste mantener la expresión laxa, sin que tus facciones se contorsionaran en alguna mueca de sorpresa, pavura o sobresalto que develara por qué sus palabras habían surtido tal impacto, tal efecto.

Digamos que la situación a la que entendiste Chloe hacía referencia había comenzado media hora atrás, con un llamado telefónico.

"Quiero verte al menos un ratito. Esta oficina hoy está hecha un manicomio; si no me tomo cinco minutos para estar a solas con vos, voy a explotar" Tony rogó por teléfono, con una voz que denotaba angustia, cansancio, frustración, desesperación y muchas ganas de lo abrazaras.

Vos estabas en tu estación de trabajo, con un pilón de cosas de las cuales ocuparte acumulándose a medida que pasaban los minutos, y tu novio desde su flamante nueva oficina en el piso de arriba estaba llamándote a tu línea central por segunda vez en menos de sesenta minutos para convencerte de que te tomaras un breve y necesario descanso.

No te costaba mucho imaginar sus intenciones, por supuesto: acorralarte contra una esquina – una de sus manos entre tu cabeza y la pared para que no te hicieras daño, y la otra recorriendo tu columna vertebral de arriba a abajo -, besarte hasta que a los dos se les agotaran las reservas de oxígeno, dejándote los labios hinchados, el maquillaje desprolijo por todas partes y las palpitaciones por el techo.

Te encantaba la idea; vos también precisabas una dosis de mimos a escondidas para recobrar fuerzas que te ayudaran a llegar al final de un día que parecía no terminaría jamás, pero aunque te morías de ganas tanto como él, tenías que trabajar. Además, tampoco quería levantar sospecha alguna (desde la llegada de los nuevos empleados, y con la presencia de Jack y su ojo avizor en la Unidad, estabas paranoica y te perseguía el temor a que existiera la remota posibilidad de que cualquier desliz – por más pequeño que fuere – acabara por revelar un secreto que por el momento querías que fuera sólo de los dos, y de nadie más).

"Ya te expliqué que no podemos…" dijiste en voz bajita y en tono de disculpas, mirando por sobre tu hombro para cerciorarte de que todos estuvieran ocupados y entretenidos atendiendo sus propios asuntos y nadie estuviera escuchando lo que no le correspondía escuchar.

"Un ratito. Por favor…" había rogado de nuevo, como si su sanidad física y mental dependieran enteramente de pasar cinco minutos perdido en tus brazos antes de tener que volver a lidiar con el caos.

Acabaste cediendo, como era de esperar, y en el camino a su oficina te habías cruzado con Chloe.

"Michelle, necesito que firmes esta autorización" te había pedido, extendiéndote una hoja de papel recién impresa y un bolígrafo.

Garabateaste tu nombre en la línea correspondiente y le devolviste ambas cosas con una sonrisa breve. Cuando reanudaste camino hacia las escaleras, Chloe había inquirido, con el ceño tan fruncido como lo tiene siempre:

"¿Adónde vas?"

La mentira te salió con una naturalidad que hasta a vos te sorprendió:

"Tony y yo tenemos una videoconferencia de último momento con el director de la CTU de la ciudad de New York"

"Ah, está bien" la respuesta de Chloe había sido breve, seca y escueta – como casi todas las cosas que ella dice, que son breves, secas y escuetas -, y luego sin más había dado media vuelta para regresar a su escritorio, aparentemente convencida de la mentira que acababas de decirle.

Sintiendo algo de culpa, subiste los peldaños uno a uno con la cabeza algo gacha para que nade notara que te habías puesto roja.

Él ya se había encargado de polarizar los vidrios que hacen las veces de pared en su oficina para tener privacidad absoluta, por lo que en cuanto cerraste la puerta detrás de vos al cruzarla prácticamente de dos zancadas cortó la distancia de escasos metros que los separaba y te abrazó como si llevara años sin verte, enterrando la cara en el hueco entre tu cuello y tu hombro y respirando profundo para que sus pulmones se inundaran de tu perfume.

"Estás más mimoso que de costumbre hoy, Almeida" habías comentado frotando tus manos contra su espalda tensa y adolorida, olvidándote por un momento del resto del Universo, concentrándote solamente en el caro que emanaba de su cuerpo y en la dulzura con la que estaba aferrándose a vos.

"Estoy teniendo un día horrible" suspiró, levantando la cabeza "Estoy agotado. Si Chappelle o Hammond vuelven a llamarme, voy a estrangularme con el cable del teléfono"

"Yo también estoy tapada de trabajo" lo consolaste "Pero falta poquitito para que vayamos a casa, y después vamos a tener sábado y domingo enteros para estar juntitos sin tener que vernos en la clandestinidad de tu oficina a mitad de la tarde o decir mentiras cuando nos preguntan adónde vamos"

Ante su mirada inquisidora, explicaste que te habías topado con Chloe cuando te dirigías hacia las escaleras, y que habías inventado una presunta videoconferencia de último minuto con el director de una Unidad en la otra punta del país.

"No me gusta mentir, Tony. Mucho menos a mis empleados"

"Perdón, bebé. Es que necesitaba verte" esa había sido su disculpa seguida de excusa. Y luego había tratado de justificarte "Además, fue una mentira piadosa" poniendo carita de cachorrito mojado, había agregado "¿Acaso el hombre de tu vida no vale una mentira piadosa?"

Estabas a punto de contestarle cuando capturó sus labios con los tuyos, y terminaste entonces arrinconada en una esquina, contra la pared, con su mano detrás de tu cabeza para que no te lastimaras con el duro cemento, con sus caricias en tu espalda haciendo que temblaras ligeramente, con tus brazos alrededor de su cuello, fundidos en uno de esos besos que dicen más que mil palabras.

Te habías arreglado el cabello antes de abandonar su oficina para regresar al piso principal, te habías limpiado con un pañuelito descartable los restos de lápiz labial desparramados en las comisuras de tu boca, y habías acomodado la blusita negra que llevabas puesta hasta que quedó otra vez prolija y arreglada.

"¿Cómo luzco?" querías asegurarte de que nada en tu aspecto delatara que tu jefe y vos se habían atacado a besos en su oficina, en horario de trabajo.

"Hermosa" fue su respuesta.

"Podría acostumbrarme a las mentiras piadosas si no tenemos cuidado" bromeaste, regalándole una enorme sonrisa de oreja a oreja.

Y luego lo habías dejado para que siguiera ocupándose de las doscientas mil cosas de las que se tenía que ocupar, y te habías dispuesto a regresar al piso central para seguir ocupándote de las doscientas mil cosas de las que debías ocuparte.

Y en el pie de la escalera te encontraste a Chloe.

Y Chloe te lanzó una frase que se sintió como un balazo en el estómago:

"Michelle, no hace falta que sigan fingiendo: ya lo sé"

Las palabras resonaban cual platillos en tus oídos, retumbando y aturdiéndote.

"¿Perdón?" atinaste a responder, fingiendo cortés desconcierto y simulando una inocente ignorancia, cuando la realidad era que tu corazón latía tan fuerte que estaba haciéndote daño en las costillas.

"Sé que Tony y vos no tuvieron una conferencia con el director de la CTU de New York"

De pronto sentiste los brazos y las piernas flojos, como si tu cuerpo estuviera hecho de gelatina, y temiste que las rodillas se doblaran bajo tu peso muerto y te desmayaras de espanto ahí mismo.

"¿Qué te hace pensar eso?" fue todo lo que se te ocurrió decir, rogando no sonar ni demasiado nerviosa, ni demasiado culpable ni a la defensiva.

Chloe siguió elaborando su teoría, hablando cada vez más rápido y cada vez más enojada.

Y a medida que las palabras iban saliendo de su boca, una ola de alivio empezó a invadirte, reemplazando el pánico por una sensación de alegría y tranquilidad tan grande que tuviste que contenerte para no sonreír como una tonta.

"Uno de los analistas que trabaja para Jack y yo tuvimos una discusión esta mañana porque yo no quería autorizarlo a retirar información de mi computadora hasta que Tony y vos no aprobaran su petición, y él fue a quejarse con Jack, al cual es obvio que no le caigo bien por el simple hecho de que soy mujer y de que por accidente cuando nos conocimos le volqué un vaso de café encima. Y Jack le dijo que iba a hablar con Tony y con vos sobre los problemas que surgen cada vez que uno de los suyos tiene que pedirme algo, para que ustedes dos me dijeran que dejara de ser una…"

La interrumpiste antes de que completara la frase, en parte porque ya sabías lo que Jack había dicho a su empleado (y que después el analista, Elliot, le había repetido sólo por el gusto de hacerla enfadar), y en parte porque Chloe estaba bastante alterada y necesitaba calmarse.

Le pusiste una mano en el hombro y dijiste con tono amistoso y conciliador (un tono que venís usando bastante desde que la CTU volvió a abrir sus puertas con su nuevo personal, sus nuevas reglas y su nueva estructura):

"Chloe, Jack habló con Tony y conmigo durante el almuerzo sobre el conflicto entre vos y Elliot, y le prometí que te avisaría que contás con autorización expresa para darle a su equipo cualquier información que soliciten"

"¿Entonces Tony y vos no estaban hablando de mí? ¿No estaban considerando despedirme?" la joven analista inquirió, casi sorprendida de que su suposición no hubiera resultado cierta.

Definitivamente esta mujer tiene una imaginación activa. O elevados grados de paranoia y delirios de persecución una voz que sonaba terriblemente parecida a la de Tony murmuró en tu cabeza en tono burlón, pero trataste de no escuchar a los pensamientos que se deslizaban sin permiso desde lo más profundo de tu inconsciente.

"No, Chloe. ¿Por qué habríamos Tony y yo de considerar despedirte?"

"Elliot me dijo que si no dejaba de comportarme como una nerd arrogante e insoportable iban a terminar transfiriéndome o poniéndome de patitas en la calle. Y además, no soy precisamente la número uno en el ranking de los favoritos" comentó con amargura e ironía.

"Pero sos buena en tu trabajo" admitiste "Te va a llevar tiempo ajustarte, pero te aseguro que te vas a ajustar" trataste de infundirle confianza.

"Gracias, Michelle"

"Voy a hablar con Jack para que le diga a Elliot que baje los niveles de hostilidad" prometiste, mientras las dos caminaban cada una hacia su respectivo escritorio.

"Jack no va a ser nada al respecto. Él me odia" se quejó entre dientes, con una expresión en el rostro que por algún motivo te recordó a la de una criatura chiquitita.

"Chloe, nadie te odia" quisiste sonar tan convincente como posible, apelando a que – de acuerdo con el sentido común – ningún adulto razonable llegaría al extremo de odiar a otro simplemente por diferencias en el ámbito laboral.

"Gracias, Michelle" repitió, con evidente incomodidad y sin saber cómo responder a tus gestos amables.

"De nada, Chloe" dijiste con una sonrisa.

Al regresar a tu estación de trabajo, todavía tenías taquicardia y adrenalina corriendo por las venas: de verdad habías pensado que Chloe había ido a encararte, a decirte que se había dado cuenta que entre Tony y vos existía una relación que iba más allá – mucho más allá – de la relación típica que existe entre un jefe y una simple mano derecha. De verdad habías creído que ese secreto que los dos cuidan como si fuera el más importante sobre la faz de la Tierra (para ustedes lo es) había sido descubierto por la fanática número uno de las reglas, los protocolos y el respeto a las normas y a la autoridad.

Pero había sido un susto, nada más, pero definitivamente había sido suficiente para que te dieras cuenta de que estaban tentando a la suerte y caminando cerca de la línea de fuego, una línea que aunque no lo pareciera podía acabar siendo fácilmente cruzada por error, lo cual arrastraría consigo catastróficas consecuencias que podrían evitarse con precaución y autocontrol.

Esa vez había sido un malentendido producto de tu paranoia, y habías terminado sacando de contexto la frase de Chloe, que tenía que ver con otra cosa totalmente distinta a lo que vos pensaste en principio. Pero tal vez la próxima vez alguien sí los descubriera si no se andaban con cuidado. Tal vez la próxima vez alguien sí se percatara de que algunas veces no vas a su oficina por asuntos de trabajo, sino que vas por asuntos personales.

Tomaste tu teléfono móvil y escribiste rápidamente un mensaje de texto que enviaste a Tony:

"Se acabaron las mentiras piadosas, Almeida. No volvés a tocarme un pelo acá adentro, de ahora en más los mimos nos los reservamos para casa. Recién estuve a punto de morir de un infarto"

La desconcertada respuesta no tardó en llegar por la misma vía, y estabas tan compenetrada actualizando bases de datos y tratando de no lucir culpable por haberte tomado quince minutos para ir a besarte a escondidas con tu novio como si fueras una adolescente, que te sobresaltaste cuando el teléfono móvil vibró y emitió un pitido avisándote que tenías mensaje nuevo:

"¿Qué pasó?"

Escribiste la respuesta con dedos veloces y sin mirar el teclado del aparatito, pues tus ojos se habían dirigido hacia su oficina, desde donde sabías estaba observándote disimuladamente, tratando de que nadie notara que estaba con toda su atención puesta en vos:

"Después te explico, amor"


Viernes 30 de Noviembre, once de la noche. Acurrucada contra su pecho, en el medio de tu cama, medio adormecida, una de sus manos dibuja círculos en tu espalda (ritual que se ha convertido en condición necesaria para que puedas conciliar el sueño), su boca pegada a tu oído, su voz entonando en susurros dulces una canción de The Beatles que lleva tu nombre mezclado con un par de frases en Francés. Es la forma perfecta de terminar el onceavo mes del año, que se sintió como una montaña rusa incontrolable, imposible de frenar, con tantas subidas y bajadas y caídas libres que por momentos no sabían si iban a estrellarse contra el suelo o a seguir de largo con la esperanza de que la velocidad disminuyera y se salvaran del impacto.

Todo el tiempo tomados de la mano, con los dedos entrelazados, sin soltarse.

La vida es un paseo en montaña rusa, dicen. O quizá el dicho era que la vida es un viaje, no te acordás. Para vos la vida es un paseo en montaña rusa.

Qué suerte que en este paseo vas sentada al lado de la persona que más te ama y que más amás en el mundo, tomados de la mano, con los dedos entrelazados, sin soltarse.

"Cantame un ratito más; todavía no me quedé dormida" le pediste en un murmullo.

Y él empezó a cantar otra vez, la misma canción.

Cuando el reloj da las doce, vos estás completamente dormida, pero él sigue cantándote al oído.

Para él también aquella es la forma perfecta de terminar este Noviembre agridulce.


Son las nueve de la mañana del primer día de Diciembre. Es sábado, y como ninguno de los dos tiene que ir a trabajar, pueden darse el lujo de quedarse en la cama hasta tarde, durmiendo abrazados, sin despertadores sonando a las cinco y media en punto anunciando que es hora de levantarse y empezar con los trajines habituales, sin desayunos a las apuradas, sin besos rápidos en el ascensor y en cada semáforo para compensar el tiempo que van a tener que pasar sin mirarse, sin acariciarse, sin decirse cosas lindas, aparentando tener solamente una relación profesional.

La falta de su cuerpo anidado contra el tuyo vuelve tu sueño intranquilo e inconsistente, y media hora después de que él abandonó la habitación vos terminás por abrir los ojos, para encontrarte sola en la cama, con la cabeza hundida en la almohada de plumas y todos tus rulos desordenados.

Justo cuando estás a punto de juntar fuerzas para levantarte para ir a la cocina – donde suponés está preparando el desayuno o leyendo la sección deportiva del diario (probablemente lo primero) – notás dos cosas: en la mesita de noche hay un jarrón de vidrio con dos docenas de las rosas rojas más hermosas que hayas visto en tu vida, una más perfecta que la otra, y bajo el rellano de la puerta – sosteniendo una bandeja llena de cosas ricas – él observa la sonrisa que acaba de formarse en tus labios al notar las bellísimas flores.

"¿Te gustan?" pregunta con dulzura, sentándose a tu lado en la cama y posando con cuidado la bandeja entre los dos.

"Son preciosas" acariciás su rostro con el dorso de una de tus manos "Gracias, bebé"

"¿No vas a preguntarme por qué me levanté temprano para ir a comprarte las rosas más lindas de todas?" cuestiona mientras besa tus dedos.

No tendrías por qué preguntar cuál es la ocasión, ya que es lo más natural del mundo que él te regale flores. Sabe que amás las rosas. Sabe que te encantan los mimos porque sí. Sabe que te ponen contenta esos gestos tiernos. Sabe que te morís de amor cuando te sorprende con flores. Sabe que la recompensa por malcriarte tanto siempre viene en forma de besos. Sabe exactamente cómo hacerte sonreír.

Sin embargo, esta mañana descubrirías que hay un motivo concreto por el cual amaneciste para encontrarte con veinticuatro hermosas rosas rojas en tu mesita de noche.

"¿Por qué te levantaste temprano para ir a comprarme las rosas más lindas de todas?" le seguís la corriente.

Antes de contestar, te alcanza su taza de Chicago Cubs llena de humeante café con leche, y te unta una tostada con manteca y mermelada de durazno.

"Hoy es 1° de Diciembre" anuncia.

"Ya lo sé" no podés contener la sonrisa que nace de tus labios "En veinticuatro días vamos a pasar nuestra primera Noche Buena juntos"

Mi primera Noche Buena de verdad pensás, pero no expresás esto en voz alta porque no querés arruinar una mañana tan hermosa con reflexiones nostálgicas.

"En eso estaba pensando el otro día" él comenta, tratando de sonar casual, pero sin poder evitar que los ojos le brillen muchísimo (y eso te lleva a considerar la posibilidad de que se traiga algo entre manos) "Y se me ocurrió una idea para hacer que la espera hasta nuestra primera Navidad juntos se pase más rápido"

"¿Qué idea?" preguntás, curiosa.

"Si te digo deja de ser sorpresa" es su respuesta, envuelta en un cierto dejo de misterio. Antes de que puedas protestar, agrega ": Sé que te encantan las sorpresas, Chelle. Quiero que el último mes de este año esté lleno de sorpresas" susurra contra tus labios, frotando la punta de su nariz contra la punta de tu nariz.

"Este año la sorpresa más linda fue conocerte a vos…, enamorarme de vos…, empezar una relación con vos…" enumerás despacio, en voz bajita, pasando tus dedos por su cabello, acariciando su cabeza, su nuca, su espalda.

"Quiero seguir sorprendiéndote un poquitito cada día… Las rosas son el primer paso de un camino muy largo de sueños que tengo dibujado en la mente y que me muero por hacer realidad. Ya tengo todo planeado para que este sea el Diciembre más especial de toda tu vida"

Rozando sus labios en anticipación al beso que querés darle, murmurás:

"Si estoy con vos, todo es especial. Vos sos especial"

"Tengo un secreto para contarte" susurra en tu oído, abrazándote y acercándote más hacia él, olvidando por completo el desayuno a medio tomar que sigue en la bandeja ": todas las ideas que pensé para robarte al menos una sonrisa cada día, todas son casi tan especiales como vos"

Reís, con el corazón latiendo contento, relajada en sus brazos, y decidís empezar a untar más tostadas antes de que se enfríen, mientras tratás de convencerlo para que te dé más pistas sobre esas sorpresas que al parecer van a plagar tu Diciembre.

Sabés que tenés por delante un Diciembre hermoso (ya lo sabías de antes, porque la perspectiva de pasar Navidad con él te hace muchísima ilusión), pero la realidad es que lo que te depara el futuro es demasiado perfecto, demasiado mágico, demasiado parecido a un cuento de hadas, como para que puedas imaginarlo.