Hola! Ya sé que ha pasado más de un mes desde que subí la historia, pero la verdad había perdido la inspiración y la necesidad de continuarla. Pero después dije, ¿por qué no, demonios? Y esto salió. No es un capítulo con el cual me sienta muy satisfecha, pero fue en la dirección en la cual yo quería que fuera y aquí esta:u. Contestaré a los review que me dejaron, y por cierto, gracias a todos los que dieron follow y favorite, no esperaba una respuesta tan positiva!
I'm Missy: Gracias por tu comentario, en verdad lo aprecio! Y si, es verdad que estoy poniendo mucho en juego subiendo una historia donde se empareje a Bulma y a Bardock cuando sé que nunca se conocerán, pero no está de más intentarlo. Espero y después de tanta espera aún te sientas interesada por leer el cap. Saludos!
Sora147: Mucha gracias! Siempre es lindo recibir el apoyo de lectores que busquen algo nuevo ya que lo de siempre cansa. La verdad es que dejé de leer fanfics de VxB porque era lo mismo…(aún así sigo amando a Vegeta:P jajaja xD) Espero y disfrutes éste capítulo! Ten un lindo día!
Listo! Sin más que decir empecemos éste segundo capítulo!
Aclaraciones: Yo admito que no sé cómo funciona todo eso de las dimensiones, pero supongo que se alterará el tiempo y todo eso. El mundo de Bardock será descrito con mayor profundidad en los próximos capítulos, y en el siguiente capítulo mostraré más lo que están sintiendo nuestros tres saiyajin buscando a nuestra queridísima Bulma!
-StormerHere
Capítulo 2 – I Found You
Forzó a sus piernas a seguir caminando, prácticamente arrastrándolas mientras sus brazos colgaban a sus costados y su respiración errática resonaba en sus oídos. El sudor estaba presente en su frente y sentía una desesperante necesidad de detenerse a descansar, pero no lo haría. Tenía que seguir caminando, encontrar algo. Cada músculo de su cuerpo quería desgarrársele, y respiraba erráticamente, su corazón latiendo con fuerza contra su pecho. Se tambaleaba mientras caminaba, y su visión comenzó a volverse borrosa. Vio puntos negros frente a ella que parpadeaban y sintió nauseas, vértigo. Jadeaba entrecortadamente, sus piernas poco a poco rindiéndose hasta que de pronto cayó al suelo sin piedad, sus rodillas haciendo contacto con el suelo color café de aquella peculiar región. Inhaló y exhaló con profundidad en un intento por calmarse a sí misma. Cerró sus ojos y dejó que los sonidos que la rodeaban la transmitieran a otro tiempo, otro lugar. ¿Dónde estaba? Se sentía perdida, se sentía melancólica. Lo único que quería era encontrar algo en aquel mundo donde sólo había un suelo color café y poca vegetación que estaba quebradiza y se rompía ante el más mínimo toque. Las nubes cubrían el cielo rojizo sobre ella y pudo escuchar el sonido de un trueno resonar en la distancia. Se sentía tan cansada. Su ropa estaba sucia, descuidada. Tenía hambre, su estómago rugiendo continuamente como un reclamo por ignorar sus necesidades. Escondió su rostro en sus manos y tuvo impulsos de llorar, sintiéndose impotente e inútil. Sus ojos azules se enrojecieron y trató de evitar que las lágrimas comenzaran su recorrido a través de sus mejillas, reteniéndose a sí misma de sollozar. Entonces comenzó a sentir pequeñas gotas proviniendo del cielo haciendo contacto con su blanquecina piel, deslizándose a través de sus brazos y dejando un húmedo recorrido. Miró hacia arriba viendo a una gran nube negra cubrirla, las gotas volviéndose más constantes y molestas con cada segundo que pasaba. Entonces la lluvia tomó un ritmo salvaje, casi como si la naturaleza no la quisiera ahí y buscara cualquier medio que provocara que se sintiera incomodada.
Trató de levantarse colocando su pierna flexionada frente a ella, pero su rodilla se dobló y cayó al suelo por completo, su mejilla haciendo contacto con el suelo debajo de ella mientras un jadeo sorpresivo escapaba de sus labios, seguido de dejar escapar un quejido de dolor al sentir la imparcial tierra raspar su rostro. Se quedó bajo la lluvia, mirando la nada y respirando con dificultad. Sus ojos comenzaron a cerrarse involuntariamente y extendió sus brazos hacia adelante, inconscientemente tratando de encontrar a alguien que la ayudara. Empezó a sentir un sueño abrumador y un cansancio excesivo, su cuerpo rogándole que sucumbiera y se entregara a la oscuridad. Tal vez no estaba en las mejores de las situaciones, pero al menos podía decir que no se arrepentía de haber hecho lo que hizo. Cuando Dende le preguntó por qué lo hacía, ella le había mentido diciéndole le que los chicos lo sabían, y que era parte de un pequeño plan que todos tenían en mente. Le había mentido a un Dios, a una máxima autoridad, a un ser divino. Sonrió ante la ironía de ese pensamiento y comenzó a reír con libertad, su cuerpo sufriendo pequeños espasmos provocados por su risa. Cuando terminó, soltó un suspiro y cerró sus ojos.
No entendía aquel mundo tan extraño en el que había caído. Había caminado horas y horas, buscando con desesperación y esperanza algo o alguien que pudiera recibirla en aquella dimensión, pero tristemente lo único que había logrado encontrar eran árboles de gran tamaño y arbustos que los rodeaban. La vegetación poseía diversos colores que variaban desde el verde más claro hasta el café más oscuro. Fuera de eso, Bulma no había logrado percibir ninguna actividad humana. Era como si estuviera sola en aquel mundo. Sola, de nuevo. Sola con sus pensamientos y sus reflexiones, sola con sus sentimientos, sola consigo misma. El agua fría seguía cayendo sobre ella empapando de forma uniforme todo su cuerpo, sus prendas de vestir rasgadas y sucias estampándose contra su piel y sintiéndose pesadas, la mochila que cargaba consigo en su espalda protegiendo a la misma de la inminente lluvia. Un nudo subió a su garganta cuando analizó la situación en la que se encontraba; ¿tan rápido se iba a rendir? Todo indicaba que sí. Suspiró temblorosamente y una silenciosa lágrima bajó hasta tocar el suelo sobre el que estaba.
Estaba a punto de entregarse a la oscuridad cuando abrió sus ojos azules y percibió en la distancia una figura humanoide que se acercaba hacia ella con lentitud. Sus ojos se ampliaron y su boca se abrió ligeramente, pero cuando trató de gritar para llamar la atención del desconocido, descubrió que las fuerzas que le quedaban ni siquiera le servían para eso. Parpadeó con lentitud, sintiéndose a sí misma comenzar a sucumbir ante el olvido.
—Ayuda... —murmuró, viendo aquel hombre seguir caminando en su dirección. Sintió esperanza recorrerla entera al ver a otra persona que no fuera ella en el mismo espacio y tiempo. Su vista era borrosa gracias a las lágrimas de felicidad que ahora se juntaban en las esquinas de sus ojos y a las gotas de lluvia que caían sin parar sobre su rostro. El hombre al parecer la miraba con extrañez, con incredulidad. La estudió desde lo lejos estando con sus cinco sentidos alerta, preparado para cualquier cosa que aquella mujer pudiera causar. Caminaba con paso lento bajo la lluvia, empapando su cabello y su armadura sin importarle en lo más mínimo. Cuando estaba lo suficientemente cerca, pudo notar cómo la mujer batallaba para mantenerse consciente. Pudo percibir las pequeñas heridas que tenía en sus brazos y de las cuales se formaban pequeñas gotas rojizas. Arqueó una ceja al verla y se arrodilló a su lado.
—¿Qué tal? —la mujer preguntó, sonando cansada y adormilada. El hombre ladeo su cabeza al escuchar su voz, y extendió su mano para retirar el cabello azul que cubría en gran parte sus ojos y su frente—. Ayúdame... —ella imploró. Sus ojos azules comenzaron a analizar al hombre frente suyo y cuando llegó al rostro, sus ojos se ampliaron en gran medida y un jadeo sorpresivo escapó de su boca—. Goku —susurró, justo antes de desmayarse. El hombre tenía plena confusión plantada en su rostro y la duda lo carcomía por dentro. Estaba en un debate mental; llevarse aquella mujer o dejarla por su cuenta en medio de la nada, con todas esas pequeñas heridas que adornaban sus brazos y que necesitaban ser curadas antes de que las mismas se infectaran. Se inclinó hacia ella y la movió con su mano, comprobando que estaba inconsciente. Miró a sus alrededores tratando de encontrar una respuesta a la pregunta que había estado flotando en su cabeza desde que la vio: ¿qué hacía allí?
Le dio vuelta para que su abdomen quedara hacia arriba, y se acercó aún más a ella para poder colocar su mano debajo de sus rodillas y colocar la otra en su espalda, elevándola con facilidad y estampándola contra su pecho. Entonces, miró hacia arriba con una expresión fría y severa, carente de emociones, y comenzó a volar, su cuerpo de pronto tomando una aura blanquecina transparente que lo envolvió y partiendo en la dirección por la cual había venido mientras la fría brisa se estrellaba contra su rostro y provocaba que sintiera como si pequeños cuchillos le cortaran la cara.
Después de todo descubrió que no podía dejar por su cuenta a aquella mujer que seguía inconsciente en sus brazos.
Los tres hombres cayeron repentinamente sobre una gran extensión de pasto verde que les hizo cosquillas en el rostro. El trío soltó al unísono un quejido de dolor, pero rápidamente se recuperaron y se pusieron de pie, examinando analíticamente su entorno.
No muy lejos de ellos podía percibirse una clase de selva que presumía su belleza desde la lejanía, desprendiendo un aura de peligro y un mensaje amenazante que creaba desconfianza en los tres hombres. Además de la selva, en frente de ellos había un mar que lucía infinito desde su posición con agua tan clara que brillaba bajo el incandescente sol como si se tratara de pequeños diamantes. Varios peces de apariencia extraña nadaban bajo el agua, constantemente saltando de un punto a otro y creando pequeñas ondas que crecían hasta desaparecer por completo. El cielo carecía de la presencia de nubes, y varias aves de dudosa procedencia volaban sobre ellos mostrando su belleza y elegancia al agitar sus alas, dirigiéndose hacia la extraña selva.
—¿Dónde estamos? —Goku preguntó, sintiéndose conmovido por el panorama.
—Parece una clase de...
—¿A caso importa? —Vegeta interrumpió a su hijo, su silenciosa desesperación saliendo a la luz. Sus brazos estaban cruzados y sus ojos cerrados, despreciando la naturaleza virgen que se presentaba ante él—. No siento el Ki de Bulma, dejen de perder el tiempo y vámonos.
Goku lo miró por silenciosos segundos tratando de leerlo y descifrar lo que pasaba a través de la perturbada mente del soldado. Vegeta notó su estudio y se mofó, elevándose en el cielo y buscando con urgencia el portal que los llevara a la otra dimensión. Trunks imitó las acciones de su padre, hasta que después de unos momentos de búsqueda, el joven saiyajin señaló algo con su dedo índice. Su padre inmediatamente se dirigió al lugar que Trunks apuntaba, y Goku se elevó de igual forma, volando a un lado del joven y viendo a Vegeta volar frente a ellos con clara frustración. En la distancia, Goku pudo visualizar una clase de agujero morado con aspecto gelatinoso que cambiaba de color por uno más claro y uno más oscuro hasta el punto de volverse negro.
—Vamos a encontrar a mi madre, ¿o no, señor Goku? —Trunks preguntó con una sonrisa triste en sus labios. El saiyajin sintió compasión por el muchacho, pero asintió con entusiasmo, tratando que su mirada lograra transmitir la esperanza que sentía dentro de él.
—Por supuesto que lo haremos, Trunks —y entonces, Vegeta fue succionado por el portal, desapareciendo de la vista de los otros dos saiyajin. Aceleraron el vuelo y de igual forma fueron succionados, desapareciendo de aquella dimensión y entrando en otra completamente desconocida para los tres.
Bulma despertó sobresaltada, arrepintiéndose al instante tras sentir una molesta punzada de dolor atacar su cabeza por la espontaneidad de sus acciones. Gimió, subiendo su mano y colocándola sobre su sien. Después de dejar que el dolor se fuera, Bulma volvió a abrir sus ojos viendo sobre ella un techo color café fuerte. Su corazón empezó a latir con fuerza cuando recordó de pronto haberse desmayado, ignorante a lo que el hombre misterioso había hecho. Lo único que recordaba era verlo acercarse a ella con lentitud; lo demás era borroso y vago, como si nunca hubiera existido. Se levantó con lentitud, analizando la habitación en la que estaba. A su lado derecho vio una mesa de madera que tenía sobre ella diversos objetos, tales como pequeños vasos con líquidos extraños dentro, un plato con pequeñas hojas color café oscuro molidas dentro y otros recipientes que no pudo saber con certeza qué contenían dentro. En la pared estaba una ventana cuadrangular que estaba cubierta por una tela color beige. La habitación estaba iluminada por una clase de lámpara antigua en donde una llama dentro de cuatro pequeñas paredes de cristal danzaba y producía una luz cálida. Bulma se dio cuenta entonces de las manchas en sus brazos color café, haciendo resaltar con intensidad su blanquecina piel. La extraña pomada estaba sobre sus heridas, al parecer curándola.
Bulma se percató de igual forma de la puerta de madera que se encontraba en frente de la cama sobre la cual estaba recostada. Se quitó en un movimiento rápido la sábana que cubría su cuerpo hasta su cintura y movió sus piernas para que estas quedaran colgando de la orilla de la cama. Se enderezó con lentitud, procurando no hacer ruido. Maldijo en lo bajo cuando al pisar el suelo de madera un crujido sonoro resonó en la habitación. Esperó rígida e inmóvil a que algo pasara, pero después de unos momentos descubrió que afortunadamente el ruido no había atraído la atención de nadie. Sus pies descalzos atravesaron la habitación hasta llegar a la puerta, e ignorando las náuseas que le causaba el moverse con fluidez y forzando a sus extremidades a trabajar como si no estuvieran adoloridas, tomó el picaporte y lo giró. Abrió la puerta lentamente, la misma crujiendo con frecuencia. Frente a ella había un pasillo que llegaba hasta lo que parecía a simple vista como una clase de cocina, y en el lado derecho del pasillo había tres puertas cerradas desconocidas para ella. Tratando de hacer el mínimo ruido posible, se puso de puntillas y comenzó a caminar con el corazón latiendo con fuerza contra su pecho. Tenía que salir de ahí.
La decoración de las habitaciones era nula; nada de adornos llamativos ni cosas por el estilo. Recorrió todo el pasillo hasta que llegó a la que ahora confirmó ser una cocina pequeña. En vez de haber una estufa, pudo ver carbón debajo de un palo de madera sujetado por otros dos en cada extremo. En el extremo derecho del palo había una clase de palanca. Un olor a madera quemada invadía la habitación. En frente de la estufa casera, Bulma visualizó una pequeña mesa de madera rasgada y vieja sobre la cual había un plato que tenía un gran trozo de carne a medio comer. Se sonrojó cuando escuchó a su estómago gruñir con fuerza ante la vista de comida, pero sacudió su cabeza para ignorar la intensa necesidad por consumir cualquier tipo de alimento. Trató de darse la vuelta y buscar una salida, pero aquella carne de dudosa procedencia lucía tan tentadora que se detuvo, mordiendo su labio inferior. Con paso cauteloso y pausado, Bulma se acercó al alimento y extendió su mano para tomarlo.
—No puedes agarrar cosas que no son tuyas, ¿sabes? —se sobresaltó cuando una voz grave y rasposa resonó en la habitación. Se paralizó por completo, su cuerpo quedando en la misma posición rígida y tensa que había tomado para extenderse y tomar la comida. Su rostro palideció y sintió miedo recorrerla entera, un sudor frío apareciendo en la palma de sus manos y en su frente mientras escuchaba el sonido ensordecedor de su corazón latiendo con alarmante rapidez. Miles de preguntas y temores se formaron en su mente, asfixiándola por dentro. Respiró temblorosa y entrecortadamente sin saber qué hacer. ¿Quién era ese hombre? ¿Qué quería de ella?—. ¿Te vas a quedar ahí sin decir nada? —tragó fuerte, su miedo incrementándose—. Date la vuelta, ahora.
Bulma quiso correr y escapar, pero los únicos problemas eran que no sabía dónde estaba la salida y que lo más probable y dado a pasar era que aquel hombre la detuviera antes de tener la oportunidad de irse, ganando en velocidad y fuerza. Lo único que podía hacer era obedecer, pero no podía permitirle al misterioso hombre verla en tan frágil estado, así que puso sus brazos a sus costados, transformando sus manos en puños y subiendo la cabeza, enderezándose por completo y creciendo unos cuantos centímetros. Se mordió su labio inferior y comenzó a girar su cuerpo hacia la derecha, preparándose mentalmente para cualquier cosa que pudiera ver. Soltó un jadeo sorpresivo cuando sus ojos azules hicieron contacto con los ojos azabaches del hombre, sintiéndose inmediatamente intimidada por los mismos y percibiendo algo de familiaridad en aquella mirada. Sus ojos abandonaron los de él y lo estudió de forma general. Entonces jadeó en sorpresa una vez más, dando un paso hacia atrás por inercia y cubriendo su boca con una de sus manos, sus ojos abiertos como nunca antes. No podía ser posible. No podía ser posible.
El hombre vestía una tela azul marino que cubría en totalidad sus piernas debajo de una armadura que le recordaba a la que Vegeta llevaba puesta la primera vez que lo conoció. La armadura era color azul muy oscuro que llegaba a tonos negros en la parte del pecho, y en el abdomen era un verde claro. Llevaba puestas una clase de guantes rojos que no cubrían sus manos, sino más bien partían desde sus muñecas hasta sus codos. Su cabello era igual de negro que sus ojos, y alrededor de su cabeza tapando su frente había una banda roja que resaltaba el azabache de sus ojos. También poseía una cicatriz en su mejilla en forma de 'x' en su mejilla izquierda, pero aún así, lo que más sorprendió a Bulma, fue la abultada línea que rodeaba la cintura del hombre. Sabía que esa abultada línea no era sólo parte de la armadura. Por supuesto que lo sabía. Pero no quería admitirlo, y por eso parpadeó múltiples veces, tratando de despertar de esa clase de sueño cruel. Comenzó a caminar hacia atrás hasta que su espalda baja tocó la orilla de la mesa y ya no pudo alejarse más. El cabello...el cabello era tan parecido...tan parecido.
—¿C...cuál es tu nombre? —preguntó ella titubeante, siéndole imposible evitar que su voz temblara al hablar. Las botas del hombre resonaron en el cuarto cuando dio diversos pasos hacia adelante, su rostro mostrando frialdad y seriedad. Ella jadeó, sintiendo el miedo volver a su cuerpo y remplazar a la sorpresa.
—¿Por qué he de responderte? —él cuestionó con una sonrisa cínica y burlona en sus labios—. Yo debería ser el que esté haciendo esas preguntas.
—¿M...me harás daño? ¿Vas a lastimarme? —Bulma preguntó. Sabía lo que aquel hombre era, no había querido reconocerlo, pero aún así lo sabía. Era muy claro. Todas las evidencias estaban ahí, en frente de ella: el pelo, los ojos, la armadura, la musculatura, la cola. Era un saiyajin. La realidad la bañó como un balde de agua fría, y lo encaró por completo, poniendo su miedo a un lado. Vegeta había dicho que él y Goku eran los únicos que quedaban de aquella raza poderosa. Algo tenía que estar mal. Ese parecido que tenía con Goku...era anormal. Tuvo el impulso de preguntar, abriendo su boca y volviendo a cerrarla al mismo tiempo que bajaba la mirada tras sentirse demasiado intimidada por los ojos azabaches del saiyajin. No sabía cuál era el problema, ella sabía lidiar con saiyajines. Había convivido con cinco de vuelta en la Tierra, uno más no haría la diferencia. Pero entonces recordó todas las veces que Vegeta le explicó a lo que se dedicaban los saiyajines en un principio, lo que en realidad eran. Asesinos, invasores. ¿Y si él era capaz de hacer esas cosas y mucho más? La inseguridad la invadió, y comenzó a sentirse mareada. No sabía si era por todo lo que estaba sintiendo o por la hambruna por la cual estaba pasando. El hombre entonces comenzó a reír, disfrutando de la situación tan patética y vergonzosa por la cual Bulma estaba pasando.
—Mi nombre es Bardock —dijo con desinterés, encogiéndose de hombros. ¿Bardock? Ese nombre no sonaba en lo absoluto familiar. Bulma se sumergió dentro de sus recuerdos tratando de descubrir si alguna vez Vegeta había mencionado ese nombre, pero ninguna alarma sonó en su cabeza. ¿A caso aquel saiyajin conocía a Vegeta o a Goku? ¿A caso sabía que había más de su raza en otra dimensión, otro planeta? Lo dudaba. Al ser conocedora de toda esa información, Bulma se sintió con ventaja. Bardock se acercó a ella, sorprendiéndola cuando tomó su brazo. La peliazul trató de zafarse del agarre, pero fue inútil. La fuerza del pelinegro era impresionante—. Tus heridas siguen sanando.
—¿Por qué haces esto? —ella preguntó, sintiendo el agarre de él sobre su brazo suavizarse logrando permitirle zafarse de su mano. Bardock arqueó una ceja ante su comportamiento hostil—. ¿Por qué me estás ayudando?
—¿Preferirías haberte quedado bajo la lluvia, deshidratada y hambrienta? —Bardock cuestionó—. No podía dejarte ahí —respondió con cierta obviedad, como si se tratara de lo más lógico. Bulma lo estudió con cuidado, entrecerrando sus ojos. Había algo sospechoso en aquel misterioso saiyajin. Si tenía alguna relación con Goku entonces estaría frente a un saiyajin más experimentado y más mayor con respecto a la edad que Vegeta y su mejor amigo. Se sintió interesada por descubrir los conocimientos que ese hombre tenía, conocer la historia que ni siquiera Vegeta podría ser capaz de contarle. Bardock caminó hacia la estufa casera, observando la misma con cuidado—. Tienes hambre, ¿no? Puedes agarrar lo que está en la mesa —Bulma se sorprendió ante el ofrecimiento pero no dudó en aceptarlo, sentándose en una pequeña silla que estaba en frente de la comida con cierto titubeo. Tomó el pedazo de carne en sus manos y lo dirigió a su boca, dando una gran mordida.
—¿Tú hiciste todo esto? —la peliazul preguntó después de pasarse la comida. Bardock tomó asiento frente a ella, sus piernas dobladas de forma en que su tobillo derecho quedaba sobre su rodilla izquierda.
—¿A qué te refieres?
—La casa, los muebles. ¿Tú los hiciste? Pasé por una clase de selva antes de llegar a donde me encontrarse. De ahí conseguiste la madera, ¿o no? —Bulma supuso, seguido de comenzar a comer otra vez.
—Sí, yo lo hice. Aquella selva que mencionas es la del este, y tiene las plantas curativas con las que tus heridas están cubiertas —comenzó a explicar, viéndola comer con urgencia y desesperación, devorando el trozo de carne como si se tratara de una fruta cualquiera—. La selva del oeste tiene la mejor madera. La selva del sur, la mejor fuente de agua. Y la selva del norte tiene una vista magnífica.
—Pareces conocer muy bien el lugar —Bulma observó. Si quería sacarle información de sus orígenes o de donde provenía, tenía que empezar lento y sin levantar ninguna clase de sospecha, simplemente dejar que la conversación fluyera con normalidad—. ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
—He perdido la cuenta —Bardock respondió, pensativo—. Pero antes de que hagas cualquier otra pregunta, creo que el que tiene derecho a interrogar aquí soy yo. ¿Cómo llegaste a ésta tierra, si se puede saber? Jamás había tenido la visita de otro ser. ¿Vienes del espacio?
Bulma sabía que si quería recibir información, ella también tenía que darla. Suspiró e interrumpió el estar comiendo para mirar al hombre en frente suyo y dedicarle toda su atención.
—Vengo de la Tierra, un planeta supongo lejano a éste —Bulma explicó, inevitablemente recordando todo lo que había dejado atrás. Sintió culpa y arrepentimiento invadirla por dentro. Suspiró una vez más pero ahora de forma temblorosa, desviando la mirada.
—¿Y por qué estás aquí?
—Esa es una buena pregunta —Bulma sintió el nudo subir a su garganta, pero no podía permitirse llorar frente a un desconocido. Cerró sus ojos y alejó lo más que pudo la nostalgia y la melancolía, centrándose en pensamientos positivos. Volvió a fijar sus ojos azules sobre los azabaches de Bardock que por naturaleza eran analíticos y observadores. Eran intensos, penetrantes. Se sentía intimidada por el negro en ellos, y quiso desviar la mirada, reteniéndose a sí misma de un acto indignante. Bardock tenía una ceja arqueada en duda, inclinándose hacia adelante por inercia, interesado por la respuesta que ella le había dado—. Me temo que es lo único que puedo decirte al respecto.
—Interesante el hecho de haber venido sin siquiera saber por qué —Bardock dijo, sonriendo con sarcasmo—. Pero está bien, si no eres sincera conmigo, yo no lo seré contigo. Así de simple —ella permaneció en silencio, inconscientemente bajando la mirada y perdiendo aquella batalla silenciosa que se estaba llevando a cabo entre los dos. Una tensión incómoda podía percibirse en el aire, y de pronto Bulma había quedado satisfecha con la poca ración de comida que había ingerido, perdiendo el apetito.
—Mi nombre es Bulma —la peliazul dijo de pronto, cierta inseguridad cubriendo su voz.
—¿Ves? No fue difícil. Cuéntame de ti, Bulma —le intimidó la forma en la que él pronunció su nombre, pero no dejó que su repentino miedo se asomara. Lo ocultó lo más profundo que podía. Sabía que eso le daría ventaja. Volvió a encararlo con determinación, considerando lo que podía decirle. Si era sincera, él también sería sincero.
—Soy una científica —empezó despacio. Quería omitir su vida personal lo más que pudiera, así que alejó el recuerdo de Vegeta y de Trunks para que el conocido dolor no se hiciera presente dentro de ella. Bardock asintió lentamente, paciente esperando otra característica—. Vivía con mis padres.
—Genial, ahora nos entendemos —Bardock se puso de pie, su silla arrastrándose hacia atrás por el impulso que hizo sobre la misma—. No tienes que continuar, eso es más que suficiente.
—Pero... —la peliazul titubeó, sintiéndose insignificante y ofendida—, yo no sé nada de ti.
—Así no es cómo funciona —él dijo con tono severo, inclinándose hacia ella—. No hay nada que tengas que saber de mí —y en cuanto dejó de hablar, comenzó a caminar en dirección hacia el pasillo por donde ella había pasado minutos atrás, dándole la espalda e ignorándola. Bulma sintió ira y rabia formarse dentro de ella ante la actitud de Bardock. Él no podía controlarla, él no tenía el derecho de hacerlo. No podía someterla de esa forma; lucía como una buena persona y se comportaba como tal, de eso no había duda, pero no iba a dejar que él le hablara como quisiera, prefiriendo haberse quedado bajo la lluvia a convivir con otro hombre controlador y manipulador que lo único que sabía hacer era hablar, ofender y manejar a su antojo a las personas que lo rodeaban como si se tratara de una marioneta. Ella también merecía respuestas, y su espíritu indomable le decía que lo presionara hasta explotar, mientras que su mente le gritaba que ya sabía esas respuestas, y que era mejor mostrarle el conocimiento que ella poseía y del cual estaba segura él se iba a sorprender. Tragó fuerte y volteó su rostro para verlo, apreciando su figura caminando lejos de ella.
—Yo sé algo de ti —dijo repentinamente, encontrando dentro de ella un valor que ni siquiera sabía que poseía. Se sintió doblegarse cuando lo vio detenerse de pronto, un pie en frente del otro y sus músculos tan rígidos como una roca. Él soltó de pronto una risa que resonó en las cuatro paredes, girándose sobre sus talones y mirándola con burla, como si se tratara de una mala broma.
—¿A sí, Bulma? ¿Qué puedes saber de mí después de haberme conocido hace sólo cinco minutos? —preguntó con sorna.
La peliazul hizo pleno contacto visual con él, considerando que lo estaba a punto de hacer era una estupidez. Porque lo era, sabía que lo era. Pero no podía pensar con claridad en esos instantes mientras era guiada por la ira y la necesidad de no ser controlada. Sonrió con superioridad, sabiendo que en cuanto las palabras salieran de su boca iba a tener la ventaja sobre él y entonces sería ella la que tomaría el control. Aspiró con profundidad y sin romper contacto visual y con una voz que denotaba seguridad y confianza, Bulma habló:
—Eres un saiyajin.
PERO MIREN NADA MÁS ESE CLIFFHANGER Bv. ¿Qué les ha parecido el capítulo? Estoy muy ansiosa por sus respuestas, y si tienen alguna sugerencia, queja, comentario, lo que sea, no duden en decírmelo mediante un review que estaría fascinada de recibir! Por cierto, cada vez que Goku, Vegeta y Trunks entren en una dimensión será algo rápido…, ¡NO! Tendrán algunas veces que pasar por muchos obstáculos para brincar a la siguiente dimensión, así que nuestros guerreros no la tendrán fácil :0 . Gracias por leer! Nos vemos en el próximo capítulo y disculpen si hay errores gramaticales y esas cosas:'u. Sayonara!
