Hola mis queridos amigos! Estoy aquí con un nuevo capítulo nocturno :3 (esto de actualizar en la noche se está volviendo muy cotidiano xD). Éste capítulo salió más natural que el anterior, y me gustó como quedó. ¡Ah, por cierto! Les quería comentar algo : en éste fanfic Goku no será el idiota que todos pintan que es. Quiero decir, ¿han leído algunos fanfics donde lo ponen como un absoluto inútil? UGHH, odio esas historias. Goku podrá ser inocente, pero no es un completo IDIOTA. Quiero decir…, ¡agh! Goku (en lo personal e.e) siento que es muy maduro, sólo que pues prefiere ser inocente y eso, así que en éste fanfic veremos a un Goku más seguro de sí mismo, más potente, más salvaje.

¿SI VIERON QUE GOKU LE HABÍA DICHO A VEGETA QUE NUNCA HABÍA BESADO A MILK EN DRAGON BALL SUPER? *EXPLOTA*

Bien, responderé a los reviews que me dejaron!

Sora147: Me da gusto saber que seguiste con la historia! Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior, y sí, Bulma tuvo que abrir su bocota jajaja. Espero y disfrutes éste nuevo cap, saludos!

Adilisa:Gracias por tu observación, en realidad lo aprecio =). Y sí, esta Bulma va a experimentar muuuuchas cosas distintas xD. Claro, me encantaría! En cuanto termine esta historia, estaría super emocionada por crear un fanfic de Milk y Goku. Espero y te guste el cap! :D

Pauly:Gracias por tu review, espero y te guste el capítulo 3!

EquihuaLove:Me alegra mucho que te haya gustado :D. Qué bien que estés tan metida con esta parejita bizarra como yo jaja =). Gracias! Espero y te agrade el cap! Saludos:D

Bien, eso es todo. Sin más qué decir, aquí está el capítulo 3 :D.

-StormerHere


Capítulo 3 - Bruises


Bulma no tuvo ni siquiera tiempo para reaccionar ni tiempo para disfrutar de la cara de sorpresa que Bardock mostró cuando fue presionada contra la pared con una facilidad y fuerza impresionantes. Empezó a sentir dolor en su cuello, y el hombre que alguna vez estuvo en el otro extremo de la habitación ahora se encontraba frente a ella, encerrándola entre la pared y su cuerpo. Su mano sujetaba su piel blanquecina, estampándola contra el muro de madera, generando una presión que le causaba dificultad para respirar. Sus ojos estaban tan amplios como nunca antes, y su boca estaba abierta, tratando de absorber todo el aire posible. Bardock estaba sobre ella, sus ojos azabaches llenos de ira y sorpresa mirándola con intensidad, su entrecejo fruncido y su semblante intimidante que se mostraba ante ella enseñando la forma en la que su mandíbula temblaba. La habitación en la que estaban empezó a dar vueltas para Bulma, y cerró sus ojos, sintiendo un miedo penetrante y molesto llenarla por dentro.

—¿Qué dijiste? —Bardock siseó, fortaleciendo su agarre en su cuello. Bulma jadeó en sorpresa, sintiendo los dedos del saiyajin queriendo perforar su piel. Comenzó a proporcionarle patadas que no tenían una dirección fija, pero donde fuera que golpeara, el guerrero no parecía inmutarse. Sintiendo la desesperación de no recibir el aire suficiente llegar a sus pulmones, subió sus temblorosas manos al brazo de Bardock, arañándolo y tratando de hacer que se moviera, inútilmente ejerciendo la poca fuerza que le quedaba en un agarre que sabía era imposible de quitar. Sentía miedo, puro y pleno miedo. Todo le daba vueltas, y sentía una opresión en el pecho. Pequeñas lágrimas comenzaron a formarse en las esquinas de sus ojos azules, y un dolor palpitante atacaba la parte trasera de su cabeza. Al no recibir respuesta, Bardock apretó aún más—. ¡Respóndeme! —exclamó, provocando que la peliazul se sobresaltara. Su mente no podía pensar con claridad, y las palabras que salían de la boca de Bardock a penas y podían ser entendidas por ella.

—Aire —gimió con voz débil, elevando su cabeza para tratar de quitar la mano de Bardock de su garganta. Siguió pateando y rasguñándolo, pero él seguía en su mismo estado rígido, esperándola con impaciencia. Bulma comenzó a sentir una desesperación inhumana que jamás había sentido antes. Su corazón latía con fuerza contra su pecho y sentía como si éste fuera a salírsele. Puntos negros que parpadeaban aparecieron en su vista, y un zumbido molesto resonaba en sus oídos buscando volverla loca. Extendió sus brazos y comenzó a golpear con debilidad cualquier cosa que encontrara frente a ella, propiciándole golpes a Bardock en el rostro, el pecho y los hombros.

—Dime a qué te refieres —ordenó con voz oscura y amenazante. Bulma ya no podría aguantar más. Comenzó a sentir un abrumador sueño invadirla y su vista se volvió borrosa, la imagen de Bardock frente a ella distorsionándose hasta el punto en que no pudo identificar sus facciones.

—Por favor —murmuró de forma casi inentendible, su voz desapareciendo en el espacio, sonando patética y débil. Bardock sólo entonces salió de ese pequeño trance del cual había sido víctima, y parpadeó múltiples veces antes de retirar su mano del cuello de Bulma, quien cayó al suelo de forma abrupta, golpeando su sien derecha en el proceso, su cabello cubriendo sus ojos y su silueta temblando. Comenzó a toser incontrolablemente, pequeñas gotas de saliva viajando desde la comisura de su labio hasta el piso de madera. Bardock retrocedió un paso, mirando el sudor brillando en su piel y notando las marcas púrpuras en su cuello justo donde anteriormente habían estado sus dedos. Sintió una ola de arrepentimiento bañarlo de pronto, sin saber qué hacer o qué decir mientras Bulma seguía tosiendo, tomando grandes bocanadas de aire que mostraban su urgencia y desesperación por recibir el oxígeno que él le había privado hacía unos momentos. Él no era así. Él había cambiado desde hacía ya tiempo. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué había reaccionado así? Sus ojos ónix seguían sobre Bulma, quien había acallado su tos y que ahora permanecía en el suelo como si se tratara de algo insignificante e inservible, su silueta aún temblando. Bardock no pudo saber si temblaba por reacción normal del cuerpo o por miedo. Se acercó a ella con lentitud, sintiendo el crujir de la madera bajo sus botas. Bulma inhalaba y exhalaba con profundidad, su pecho elevándose y bajándose con preocupante rapidez. Su boca estaba semi abierta y sus labios temblaban, sus dientes superiores chocando con los inferiores en un frenesí imparable. Se puso de cuclillas a su lado, y extendió su mano para tocarla.

—No me toques —ella dijo de pronto, su voz casi irreconocible. Se puso en posición fetal, abrazando sus piernas que ahora estaban estampadas contra su pecho—. No me toques. Vete —el saiyajin la ignoró, acercándose más y sujetándola del brazo. Cuando extendió sus extremidades superiores para tomarla, pudo ver múltiples rasguños a lo largo de su brazo derecho. Bulma se zafó al verlo distraído, y subió su rostro para que él pudiera apreciar las lágrimas cristalinas que se deslizaban por sus mejillas—. ¡Vete! —pero él volvió a pretender que ni siquiera había escuchado su voz, y se acercó a ella para poder cargarla justo como cuando la había encontrado a punto de caer inconsciente sobre la tierra bajo la lluvia. Bulma jadeó en sorpresa cuando fue levantada con extremada facilidad, y sintió impotencia e ira llenarla por dentro. Abrió su boca para empezar a quejarse, algo muy común de ella, pero Bardock era un saiyajin, y si la había ignorado con tanta sencillez unos minutos otras no veía la forma en la cual pudiera escapar de él en esos momentos. Así que simplemente cerró sus ojos, suspirando y subiendo una de sus manos a su cuello, masajeando la piel y sintiendo un dolor molesto recorrerla. Su cuerpo subía y bajaba con cada paso que Bardock daba mientras se dirigían al mismo pasillo por el cual Bulma había salido. Siguió su camino hasta la puerta del fondo, abriéndola mientras procuraba no dejar caer a la peliazul. Se acercó a la cama y la depositó con gentileza, su atención abandonando a Bulma y centrándose en las herramientas de curación que tenía en la pequeña mesa.

Bulma lo estudió con cuidado, elevándose con ayuda de sus manos para permitirle a su espalda recargarse contra el respaldo, engarrotando sus piernas hasta que pudiera abrazarlas y analizando lo que hacía el saiyajin con interés. Pero aún así, eso no quitaba el hecho de que el miedo dentro de ella siguiera presente, buscando perturbarle su momentánea paz que era acompañada por un cómodo silencio mientras veía al hombre que la acababa de atacar minutos atrás preparando algo en los frascos que estaban sobre la mesa probablemente para sanar sus marcas púrpuras que habían adquirido un tono verdoso. Esto está mal, pensó para sus adentros, su mente empezando a formar una clase de plan de manera inconsciente. Tenía que salir de ahí. No importaban las atenciones que aquel hombre le estaba dando, era peligroso. Y no quería volver a verlo alterarse como lo había hecho minutos atrás; era demasiado arriesgado. Analizó la habitación con cuidado, sus ojos azules encontrando la ventana que seguía cubierta con la tela beige. Se preguntó si podría caber ahí, y si la ventana tendría alguna clase de protección. Si quería salir de ahí, tenía que ser cautelosa, tener un plan a prueba de errores. Debía de ingeniárselas para encontrar una salida y así escapar de Bardock.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el pelinegro se dio media vuelta, su mano sujetando un frasco cristalino en el que se podía apreciar una sustancia espesa y viscosa color café mientras se acercaba a ella.

—Estoy bien —Bulma murmuró, desviando la mirada—. No necesito tus remedios; me curaré en un... —pero sus palabras murieron en su garganta cuando sintió un dolor inexplicable causarle que se estremeciera, experimentando una sensación de alivio después de segundos. Bardock estaba inclinado sobre ella, su dedo índice y anular aplicando la pasta sobre los moretones visibles de la peliazul, realizando movimientos circulares que cubrían con plenitud la marca. Bulma apretaba sus dientes cada vez que sentía el tacto de las yemas de sus dedos tocar una nueva marca, pero la molestia duraba poco antes de ser remplazada por una refrescante y relajante sensación. Bulma se atrevió a subir su mirada y analizar el rostro de Bardock, pero se sorprendió cuando no pudo encontrar nada. Era vacío. Como si estuviera muerto. Como si no hubiera vida dentro de él. No mostraba ninguna clase de sentimiento mientras aplicaba el remedio sobre la piel blanquecina de Bulma, y sus ojos profundos y negros que mostraban nada más que un abismo infinito mandaron escalofríos a través de su espina dorsal. Era intimidante. Sintió la necesidad de retirar su piel de sus dedos, pero se abstuvo a sí misma de hacerlo. Tenía que cooperar con él, de esa forma lograría ganar al menos un ápice de su confianza y eso le facilitaría en gran medida su no muy lejano escape. Bardock terminó de aplicar la pasta y se giró a la mesa, colocando el frasco sobre la misma. Colocó sus manos sobre las orillas de la superficie de madera, inclinándose hacia adelante como si estuviera en una clase de trance, sumergido en sus pensamientos. Bulma se preguntó a sí misma qué era lo que pasaba, pero se decidió por esperar a que cualquier otra reacción proviniera del saiyajin.

Después de unos momentos de estar en un silencio escalofriante, Bardock la miró sobre su hombro. Bulma se sintió intimidada por los ojos ónix que poseía el guerrero, pero se detuvo a sí misma de evadir la mirada, así que mantuvo el contacto visual, sintiéndose incómoda y vulnerable frente a él. Entonces Bardock se enderezó con lentitud, tronando su cuello en el proceso y generando un sonido hueco que rompió con el silencio de la habitación. Sus botas comenzaron a deslizarse por el frío piso de madera hasta llegar a la puerta, tomando el picaporte y girándolo.

—No creas que esto se ha terminado —murmuró, abriendo la puerta y saliendo de la habitación, cerrándola con un estruendoso golpe que provocó que Bulma se sobreslatara. Fue entonces cuando para la peliazul estaba más claro que nunca que debía salir de ahí, costara lo que costara.


—¿Qué es éste lugar? —Vegeta preguntó con ligera sorpresa adornando su voz. Al salir del portal, se habían encontrado con extrañas figuras de aspecto alienígena; cuerpos gelatinosos y morados en forma de pequeñas criaturas con los ojos desorbitados, poseedores de una armadura hecha a su medida. El perno era de color negro, mientras que sobre sus cabezas estaban yelmos de plata en forma puntiaguda. Además de la armadura negra y como protección, sobre ella tenían un pedazo de malla gris que los cubría hasta el cuello. Las criaturas eran graciosamente peculiares; carecían de nariz, y sus labios siempre estaban curveados en una sonrisa que inspiraba cierta desconfianza. Caminaban con lentitud y de forma pausada, y cada vez que daban un paso, podía escucharse como si algo viscoso entrara en contacto con el suelo. A lo lejos, los tres guerreros que sobresalían por su gran tamaño pudieron observar una aldea pequeña que se erguía con orgullo sobre un suelo verdoso, lleno de flores y cultivos de diferentes tipos que poseían sistemas de riego avanzados que facilitaban el cuidado de la flora que se podía apreciar. Un cielo azul libre de nubes cubría la dimensión por completo, los rayos del sol iluminaban la zona con una cálida luz que le daba un aire de comodidad y familiaridad a la pequeña aldea, la cual se encontraba rodeada de árboles exageradamente grandes, fácilmente llegando a los quince metros de altura, cuyas hojas se sacudían gracias al viento y caían al suelo para ser recolectadas por los peculiares habitantes de la aldea.

En la distancia, los saiyajin pudieron apreciar casas en fila que no variaban en diseño; todas ellas poseían un techo de paja y paredes de madera con una sola ventana al frente. Las calles estaba tapizadas por guijarro, y los gritos de los pobladores que se dedicaban al comercio resonaban en el lugar, ofreciendo productos que variaban desde plantas hasta hojas, cuyo precio dependía del color de la hoja, su textura y si era quebradiza o no. También se vendían peces pequeños, cultivos con aspecto extraño y frutos en su mayoría poseedores de un rojo vivo. Vegeta, Trunks y Goku permanecían alejados de la diminuta civilización, atentos a cualquier cambio de escenario.

—Vaya, se ven muy organizados —Goku comentó, colocando sus manos en forma de arco a un lado de sus ojos para hacer una imitación rápida de unos binoculares—. ¿Algún plan?

—Creo que sería mejor pasar desapercibidos, ¿no creen? —Trunks opinó, examinando el entorno con interés. Su atención fue dirigida después hacia su padre—. Sólo encontremos el portal.

—Ah, vamos —Goku dijo, encorvándose de manera en que sus brazos quedaron colgando a sus costados—. ¿No podríamos quedarnos para al menos comer un poco? —el saiyajin cuestionó de forma esperanzadora a sabiendas de que no era el único que comenzaba a sentir las ligeras molestias en su estómago. Vegeta contempló la idea, pero casi de forma inmediata se mofó, desechando la sugerencia de su cabeza.

—Trunks tiene razón —el príncipe dijo, levantando su vista al cielo y tratando de localizar el portal—. Es mejor irnos.

Goku suspiró resignado, pero después de unos segundos se decidió por ayudar al príncipe y a su hijo en su búsqueda por el portal. El saiyajin con el traje naranja sintió de pronto algo estamparse contra su pierna. Sorprendido por la sensación, bajó su rostro sólo para encontrarse con una de las criaturas que habían estado observando momentos atrás en el suelo, al parecer el choque causando que éste cayera. La pequeña criatura miró en varias direcciones, y finalmente sus ojos morados se encontraron con los ojos azabaches del guerrero que lo miraba con claro interés. La criatura se alarmó al ver a un visitante, levantándose de forma exaltada y comenzando en correr en círculos sobre su propio eje. Goku arqueó una ceja en duda, poniéndose lentamente en cuclillas para quedar a la altura de la criatura. Ésta siguió corriendo, aún más asustada que antes, sus manos levantadas en el aire.

—¿Qué demonios haces, Kakaroto? —Vegeta preguntó con frustración, dando largo zancadas hasta llegar a Goku. Estaba a punto de tomar la parte superior del traje del saiyajin para levantarlo y darle la vuelta, cuando sus ojos se centraron en la extraña criatura que corría como si estuviera huyendo de su propia sombra. El príncipe lo miró con disgusto, mofándose después de unos segundos—. Una de éstas criaturas estúpidas. Perfecto, Kakaroto.

—¡Él chocó conmigo! —el saiyajin exclamó, justificando su encuentro con el extraño habitante. Al oír la conmoción, Trunks se aproximó a ellos, su curiosidad mostrada con plenitud en su rostro. Se arrodilló a un lado de la criatura y levantó su dedo índice, extendiéndolo hasta colocarlo sobre la cabeza viscosa del extraterrestre, quien se detuvo de forma abrupta ante el tacto. Vegeta y Goku miraban con atención lo que el joven peliazul hacía, mientras que éste estudiaba con un minucioso cuidado la textura que caracterizaba al extraterrestre.

—¡Mí no querer problemas! ¡Mí estar alegre por visitantes! —la criatura chilló, sorprendiendo a los guerreros por su voz exageradamente aguda. Sus miradas se encontraron antes de dirigirlas nuevamente al extraterrestre—. ¡Mí querer ser libre!

—¿Cuál es tu nombre, amigo? —Trunks preguntó curioso, retirando su dedo de la cabeza de la criatura para después limpiarlo con ayuda de sus jeans. El extraterrestre bajó su mirada, colocando sus manos en su espalda baja y meciéndose de un lado a otro—. No te haremos daño.

—¿Visitantes no planear hacerme daño? —preguntó con voz suave e intrigada. Sus ojos morados subieron un poco para encontrarse con los azules de Trunks. El saiyajin más joven ladeó su cabeza a un lado, cerrando sus ojos y sonriendo con genuina amabilidad.

—Por supuesto que no.

—Sólo si no nos das razones para hacerlo —Vegeta espetó, cruzándose de brazos y queriendo fulminar con la mirada a la figura que seguía viendo a Trunks. Goku le dirigió una advertencia a través de sus ojos.

—Soy Trunks; él es Goku y él es mi padre, Vegeta —el joven explicó, señalándolos respectivamente—. ¿Ahora me podrías decir tu nombre?

El extraterrestre permaneció pensativo por lo que parecieron ser largos minutos, pero entonces la criatura asintió emocionada, sonriendo con animosidad.

—¡Yo ser Kabú! —exclamó—. Venir de la aldea Gema —sus ojos tomaron un color verdoso claro remplazando al morado fuerte que poseían segundos atrás. Los saiyajin permanecieron en silencio, analizando la situación.

—Tú no sabrás por dónde se sale de ésta dimensión, ¿o sí, mocoso? —Vegeta preguntó con su característica agresividad, dando un paso hacia adelante. El extraterrestre lo miró atento.

—Gran hoyo morado servirnos como ruta de comercio —Kabú explicó con emoción—. Mercaderes miles cruzan el portal para intercambiar productos con otras dimensiones. Portal sólo estar abierto cuando regresen los mercaderes.

—¿Cuándo regresen? —Goku preguntó de forma pensativa, rascando su barbilla con un semblante analítico. Vegeta puso sus ojos en blanco, pero sabía que si intentaba hacerlo a su manera, lo más probable era que Goku lo detuviera tal y como lo había hecho cuando había intentado atacar a Dende. No dejaría que lo volviera a humillar de esa forma. Trunks rascó su cabello lila, tratando de comprender por completo—. ¿Entonces no podremos salir de aquí?

—Eso parece —el hijo del príncipe contestó, su atención regresando a Kabú—. ¿Cuándo es que los mercaderes regresarán?

—Por la noche mañana mercaderes regresar con objetos jamás antes vistos —Kabú asintió varias veces como si estuviera relatando una gran y emocionante historia—. No poder salir de aquí hasta que ellos regresen.

—Escucha, estúpido —Vegeta de pronto estaba frente al extraterrestre, una rodilla sobre el piso y la otra flexionada hacia adelante, su codo recargado sobre la rodilla que estaba flexionada y apuntando con su dedo índice la frágil figura de Kabú, quien por inercia retrocedió unos cuantos pasos—. No tenemos tiempo para esas tonterías. Necesitamos irnos ahora —Goku lo miraba con atención, sus ojos azabaches estudiando a la figura tan rígida y tensa que se mostraba ante él—. Así que o nos dices dónde está ese maldito portal, ó —Vegeta entonces se puso de pie, extendiendo su mano, su palma mostrándose frente a la cara de Kabú. El príncipe concentró su energía en su palma, comenzando a creer una bola de ki que resplandecía con un brillante azul en el centro de la misma. El extraterrestre jadeó en sorpresa al ver la acumulación de energía, y Vegeta permaneció en su misma posición, una maliciosa sonrisa formándose en sus labios. El extraterrestre comenzó a sudar frío, sus manos puestas enfrente de él en forma defensiva y sufriendo de un miedo indescriptible.

—¡Tener que esperar! ¡Portal no abierto hasta mercaderes llegar! ¡Yo jurarlo! —exclamó asustado, sus extremidades temblando en un frenesí nervioso imparable—. ¡Por favor! —gritaba, su respiración errática siendo opacada por los gruñidos frustrados de Vegeta.

—Vegeta, es suficiente —Goku dijo de forma amenazadora. El príncipe seguía cargando su bola de energía, ignorando completamente al saiyajin—. Vegeta —repitió, sus manos transformándose en puños. El príncipe entonces empezó a sentir una ira abrasadora llenarlo por dentro, la rabia e impotencia invadiéndolo de forma asfixiante. Su cuerpo se puso rígido, queriendo disparar. Quería disparar. Quería disparar por todas las veces en las últimas horas que se había sentido tan frustrado por estar tan lejos de su esposa. La extrañaba, la extrañaba como nunca antes lo había hecho. Necesitaba descargar su odio, dejar salir su impotencia que representaba una carga para él.

—Papá —escuchó la voz de su hijo lejana, pero tampoco le prestó atención. Sólo bastaba un poco más para que esa bola de energía saliera disparada y terminara con la vida de la criatura que yacía a centímetros de él. Era la perfecta víctima, la mejor forma de desahogarse. Su mandíbula temblaba, su corazón latiendo con fuerza contra su pecho.

—¡Vegeta, ya basta! —Goku gritó. Pero tenía que hacerlo. Quería hacerlo. Algo dentro de él le decía, le gritaba que dejara soltar la bola de energía que vibraba sobre su palma. Era tan tentador. Tan emocionante. La adrenalina corría por su cuerpo con salvajismo, queriendo asfixiarlo, buscando hacerlo actuar sin razonar. Pero entonces una imagen se formó en su mente, y esa misma imagen lo hizo salir de su trance de forma espontánea. Abrió su boca ligeramente, pensando en aquellos ojos azules que tenía el presentimiento de que nunca volvería a ver. Entonces la inseguridad lo bañó como un balde de agua fría. Ella no querría verlo hacer algo así, Bulma jamás toleraría esa clase de comportamiento. Pero era su culpa, era su culpa por haberse ido sin decir nada, sin justificar su sigilosa huida. Era únicamente su culpa. Comenzó a bajar su mano, su bola de energía disminuyéndose hasta desvanecerse por completo. ¿Por qué Bulma se había ido? ¿Qué a caso no era feliz con la vida que llevaba? ¿Qué había hecho para merecer eso?

Mordió su labio inferior con fuerza, y entonces observó con atención a la criatura que estaba frente a él, aún asustado por la presencia del príncipe. Entonces Vegeta miró a sus alrededores como si de pronto estuviera perdido, como si no supiera la razón por la cual estaba en ese extraño pueblo en esa lejana dimensión. Suspiró temblorosamente y miró de soslayo a su hijo, quien lo veía con la misma intensidad con la que su padre lo hacía. Comenzó a caminar desorientado, su ira y su rabia siendo remplazados por una sensación de vacío y derrota. Antes de que Goku o Trunks lo pudieran detener, Vegeta se elevó en el cielo y voló lejos, escapando de todos, escapando de sí mismo.

Necesitaba pensar.


Bulma sabía que no tendría otra oportunidad. Una oscuridad inminente cubría el cielo, y su habitación era iluminada por una tenue y cálida flama pequeña. Había escuchado a Bardock entrar más de una ocasión a su cuarto, pero ella siempre fingía estar dormida, tratando de evadir la situación que tarde o temprano iba a suceder si no se escapaba de ese tenebroso lugar. Su corazón latía con fuerza, y sus manos sujetaban con un firme agarre la sábana que cubría su cuerpo. El frío que se podía sentir era extremo, y ni siquiera podía imaginar cómo sería el clima una vez dejara la caliente y cómoda cama sobre la cual ahora estaba recostada. Había encontrado su mochila en un rincón y se había cambiado de ropa. Vestía una blusa holgada color violeta y unos vaqueros negros con un par de tenis azul claro complementando el vestuario. Dejó pasar largas horas, oculta en la comodidad de su cama, esperando a que Bardock sucumbiera ante el sueño. Perdió la noción del tiempo, y pensó que tal vez debía de empezar a actuar. Y así lo hizo.

Se levantó con la suficiente rapidez como para experimentar una sensación de vértigo, pero ignoró el mareo y dio largas zancadas silenciosas hasta llegar a su mochila, la cual se colocó sobre su espalda. Regresó a la cama y la arregló pobremente para que pareciera como si aún estuviera ahí, y abrió una de las pequeñas ventanitas de cristal de la lámpara para apagar la flama y dejar que la oscuridad la camuflara. Al terminar, se acercó a la ventana, levantando la tela beige y encontrándose con un cristal empañado por la niebla. Con ayuda de sus manos y de una fuerza únicamente conseguida por la adrenalina que sentía, Bulma abrió la ventana. Se retiró la mochila de la espalda y la aventó para que la misma cayera al suelo frío. Después, dio un último vistazo a la habitación antes de impulsarse hacia adelante y salir por la ventana, sus manos siendo las primeras en tocar el imparcial terreno en las afueras de la casa. Se enderezó con rapidez, poniéndose una vez más la mochila y cerrando la ventana con suavidad antes de reanudad su escape. La niebla era densa y tenebrosa; le privaba la vista a larga distancia y le provocaba un miedo indescriptible. Suspirando hondamente, Bulma envolvió sus dedos alrededor de los tirantes de su mochila y se adentró en la niebla, entrecerrando sus ojos para intentar mirar con más nitidez. Sus sentidos estaban alerta y un bulto de nervios se formó en su estómago. Pensó que todo eso había sido su culpa; había despertado el comportamiento salvaje y defensivo de Bardock gracias a su comentario, y sin tan sólo se hubiera quedado callada tal vez ahora seguiría envuelta en las sábanas, durmiendo plácidamente.

Sacudió su cabeza; ya no podía regresar al pasado por más que quisiera hacerlo. Mordió su labio inferior, ignorando lo más que pudiera el frío paralizante que recorría su cuerpo, luchando contra el viento gélido que iba en su dirección. Tenía que encontrar un refugio con rapidez; no podía ser posible que Bardock fuera el único habitante en esa tierra. Su esperanza creció, y su perseverancia iba en aumento, despertando al espíritu indomable y aventurero que había dentro de ella. Incontrolablemente, varias imágenes que sus allegados aparecieron en su mente. Pudo ver la vaga sonrisa de Vegeta, los ojos analíticos y vivos de Trunks, la torpeza de Goku. También recordó las aventuras que había vivido con ellos desde la Patrulla Roja hasta Majin Boo. Sonrió mientras sentía un nudo en su garganta. Por más que recordara los buenos momentos, Bulma se sentía egoísta por seguir creyendo que había hecho la decisión correcta.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una sombra pasó entre la niebla a unos cuantos metros de distancia. Se detuvo en seco, un escalofrío causado por el miedo recorriendo su cuerpo. Dejó de respirar, y sus ojos comenzaron a observar su entorno con detenimiento. Su corazón acelerado se estrellaba contra su pecho, y podía sentir una sensación de vértigo apoderarse de ella. Después de unos segundos de permanecer en completo silencio, Bulma suspiró y con sospecha comenzó a caminar una vez más. Sin embargo, se volvió a detener, mirando a sus espaldas al percibir una respiración azotar contra su cuello. Sus vellos estaban erizados, su respiración se volvió errática y un sudor frío apareció en su frente. Fortaleció el agarre que tenía en los tirantes de su mochila, y comenzó a girar sobre su propio eje para descubrir qué era lo que aparentemente la estaba siguiendo. Vio una vez más la sombra, causando que jadeara en sorpresa y retrocediera unos cuantos pasos. La figura era larga, asemejaba a un insecto de gran tamaño. Bulma escuchó un gutural gruñido, su corazón acelerándose más. Trató de preguntar algo, auricular cualquier cosa, pero le fue imposible encontrar su voz.

La sombra entonces se proyectó una vez más frente a ella. Parecía como si estuviera corriendo en círculos, examinando a la peliazul que empezaba a adentrarse en lo que parecía ser un ataque de pánico.

Gritó cuando la sombra finalmente se mostró, lanzándose hacia ella y estampándola contra el suelo. Bulma cerró sus ojos al sentir el impacto de su cabeza contra la fría tierra, comenzando a forcejear con fuerza al sentir un peso sobre ella. Percibió un olor nauseabundo y comenzó a gritar descontroladamente, sintiendo a la criatura dejándola inmóvil. Se atrevió a abrir un solo ojo y pudo ver que la criatura era color rojo sangre, sus ojos amarillos resplandecían como grandes luces. La mandíbula del extraño animal era de gran longitud, y poseía grandes y largos dientes que buscaban morderle el rostro. Bulma comenzó a golpear y patear sin ninguna dirección fija, cada vez que hacía contacto con la piel del animal sentía algo viscoso manchar sus dedos.

—¡Auxilio! —gritó asustada, su voz desgarrada por el miedo. La criatura hacía sonidos graves, sus cuatro patas aprisionando a la mujer que serviría de comida. Su cola estaba elevada en el aire como la de un alacrán, un líquido verdoso mostrándose en la punta—. ¡Ayuda! ¡Auxilio, por favor! —Bulma gritó con toda la fuerza de sus pulmones, gimoteando y tratando de zafarse del agarre de aquel animal. Poseía dos antenas sobre su cabeza, extremadamente sensibles al sonido. Su nariz era representaba como dos simples agujeros negros de los cuales salía moco transparente. La criatura no podía morder a su víctima ya que ésta tenía sus manos contra su pecho, aplicando toda la fuerza que tenía en ella para alejar al extraño animal, cuyo estómago amarillo brillaba con intensidad, mostrándose como su punto débil. Bulma siguió forcejeando, la adrenalina sacando lo mejor de ella—. ¡Vete! ¡A...aléjate! —gritó entre dientes, gemidos de esfuerzo escapando de su boca.

Para su sorpresa, la criatura chilló de pronto, sus sonidos graves transformándose en agudos y siendo aventada por una extraña fuerza que provocó que cayera a metros de distancia. Bulma ni siquiera pudo procesar lo que pasó, pero se levantó con rapidez, quitándose del rostro el moco y la saliva que había cado sobre el mismo. Miró a sus alrededores, considerando correr, pero entonces su atención se dirigió a la criatura cuando ésta misma aulló con su cara malformada apuntando hacia el cielo. Un rastro de sangre salía de su estómago, y la criatura entonces comenzó a correr en dirección a Bulma. La peliazul simplemente puso sus manos frente a su rostro, frunciendo el entrecejo esperando un impacto que nunca llegó. En sus oídos resonó el alarido de dolor que la criatura había hecho. Bulma quitó las manos de su cara y miró a la criatura una vez más, notando cómo ahora ésta se encontraba moribunda en la tierra, su respiración tosca y errática significando una sola cosa: iba a morir.

Bulma gritó, sobresaltándose al sentir una mano sujetar su codo con fuerza. La palma estaba caliente, demasiado caliente, y un escalofrío la recorrió. Con lentitud, la peliazul miró sobre su hombro sólo para encontrarse con la persona de la cual había huido minutos atrás.

—Bardock —suspiró el nombre.

No tuvo que ver en los ojos ónix del saiyajin para darse cuenta de que estaba en serios, serios problemas.


Oh-oh! Al parecer nuestra queridísima Bulma no la va a tener tan fácil en el siguiente capítulo! ¿Qué les ha parecido? ¿Les gustó, no les gustó? ¿Sugerencias, comentarios, quejas? Acepto de todo! Espero y tengan una linda noche, un lindo día o una linda tarde, y que disfruten de su tan anhelado fin de semana:D. Bye byeeeeee!