Eres lo que más quiero en este mundo,

Eso eres.

El 1 de diciembre te regaló rosas, veinticuatro perfectas rosas rojas, tan perfectas que parecían haber sido esculpidas en terciopelo. Veinticuatro rosas rojas, cada una representando un día. Veinticuatro rosas rojas, una por cada día de ese mes que él llenaría de magia con sus gestos, sus palabras, sus mimos, sus sorpresas, sus locuras, sus besos.

El 2 de diciembre te regaló la cadenita de oro que había pertenecido a su abuela, y vos le juraste usarla por primera vez el día en que todas sus promesas de amor eterno tomaran la forma material de una alianza que vas a llevar abrazando tu dedo por el resto de tu vida, y después de la muerte también.

El 3 de diciembre te regaló una cajita de música, dentro de la cual están contenidos en forma de melodía todos esos sentimientos hermosos y cálidos que su voz despierta dentro tuyo cada vez que te habla al oído, cada vez que entona tus canciones favoritas sólo para vos, esas canciones que él escribe en su cabeza y que vos inspirás, porque sos su musa, su única musa.

El 4 de diciembre te regaló un poema rescatado de un libro muy viejo, para expresar con las palabras de otro lo que él siente acariciándolo por dentro y llenándolo cada vez que te observa, callada y distante, perdida en tu propio mundo, ese mundo que es también de él, ese mundo que construyeron los dos, ese mundo que sólo ustedes pueden comprender y en el cual todos los demás no son sino extranjeros que ni siquiera hablan el mismo idioma. Y también te regaló una pluma, gravadas en ella palabras para materializar otra de sus promesas, jurándote que son tuyos – como su corazón, su alma, su cuerpo, sus pensamientos, sus reflexiones y cada uno de sus respiros – todos los 7 de Septiembre que le queden por vivir.

El 5 de diciembre te regaló el libro más hermoso del mundo, un libro cuyo número de páginas es menor a cien, pero que en sus líneas, con una sencillez conmovedora, trata temas complejos que incluso los más sabios aun no terminan de entender. Y también sanó tus heridas, sanó aquél costado de tu alma que había quedado terriblemente vulnerable luego de los acontecimientos de aquél miércoles triste, y te enseñó que lo esencial es invisible a los ojos y sólo visible al corazón. Y te mostró que es capaz de entenderte cómo nunca nadie va a entenderte, de comprender cada pequeña cosa que pasa por tu cabeza, de sentir intensamente lo que vos sentís, de tomar tu dolor y convertirlo en propio para que no tengas que cargar vos sola con aquél peso sobre tus hombros, de amarte incondicionalmente, de perdonarte absolutamente cualquier cosa, de soportar lo que sea sólo por vos.

El 6 de diciembre te regaló una laptop; otra prueba de que escucha todo lo que le decís, desde lo más importante hasta lo más insignificante, y que sabe exactamente cuáles son las cosas materiales que necesitás (porque tus necesidades afectivas las tiene todas más que cubiertas).

El 7 de diciembre te regaló un cachorrito, haciendo realidad uno de tus sueños de la infancia, ese sueño de tener un animalito dulce, cariñoso, mimoso e inocente al que darle afecto y del que recibir afecto. El 7 de diciembre a esa familia, a ese hogar que encontraste en él se adhirió un nuevo integrante: Bonnie (o Bones, como acordaron en llamarla cada vez que sea necesario un reto). Menos de una semana lleva con ustedes, y los dos ya la aman con locura (y ella los adora a los dos).

El 8 de diciembre te regaló un día hermoso en el parque, tumbados sobra una manta, el olor del césped llenando el aire, el cielo de un azul profundo cubierto de nubes que parecían pintadas por duendes, nubes a las que pasaron un largo rato hallándoles forma. Te regaló muchísimas risas. Te regaló sus besos y sus abrazos. Te regaló mimos. Te regaló su voz cantándote al oído hasta que te quedaste dormida, cantando una canción de su infancia. Te regaló anécdotas de su niñez. Te regaló historias sobre duendes que se trepan a los árboles para llegar al firmamento y cubrirlo con su arte.

El 9 de diciembre te regaló cosas que no pueden explicarse, o describirse. Cosas que sólo pueden sentirse. Fue tan íntimo, tan profundo, tan romántico estar desnuda en sus brazos, su piel rozando tu piel, sus besos y sus caricias despertando en toda tu anatomía temblores de placer, demostrándote de a poco que amar con el cuerpo es lo más parecido a acariciar el cielo con las manos, flotando suspendida en medio del éxtasis. Nunca te sentiste tan cerca de alguien, nunca te sentiste tan conectada a alguien. Nunca te sentiste tan viva, nunca te sentiste tan bien. Y sus dibujos… Nunca te sentiste tan adorada como cuando viste ese cuaderno hecho por él, sus hojas llenas de trazos nacidos de esas dos manos que un rato atrás habían estado recorriendo incansablemente cada palmo de tu cuerpo. Esos dibujos reflejan cómo te ven sus ojos, esos dos ojos color chocolate en los que te perdés tan fácilmente, esos dos ojos color chocolate que estaban nublados de deseo bajo el efecto de tus caricias: perfecta, preciosa, un ángel.

El 10 de diciembre te regaló un modelo a escala de la Torre Eiffel importado de Francia (ni querés pensar en la cantidad de euros que habrá pagado por la estatuilla, ni hablar de lo que debe haberle costado el envío desde Europa a América). Y también te regaló una promesa, la promesa de llevarte a París, a la ciudad más romántica de la Tierra, y recorrer con vos sus calles, y visitar todos esos lugares que te morís por conocer, y perderte con él en lo que estás segura va a ser un cuento de hadas escrito para que sólo vos seas la protagonista.

Y el 11 de diciembre, su regalo es una caja.


Llegaron de la CTU unas tres horas atrás, los dos exhaustos y con sendas jaquecas, sus músculos tensos y adoloridos, sus cerebros sobrecargados. Este martes fue un día largo y no encontraron un solo segundo para descansar: desde que arribaron a la Unidad a las 7 de la mañana hasta que finalmente fueron relevados por el siguiente turno a las 6 de la tarde tuvieron una montaña de asuntos que necesitaban urgente atención, y decir que se tomaron quince minutos cerca de las cuatro para engullir rápidamente un sándwich es exagerar, porque menos de diez minutos después de que entraran a la sala de descanso tuvieron que dejar sus tazas de café a medio tomar y el almuerzo a medio comer para atender una llamada importante de División que no podía ser postergada para más tarde.

Sus estómagos hacían ruido y ambos estaban muertos de hambre, pero Tony se negó rotundamente a tu sugerencia de pasar por McDonald's de camino a su departamento o pedir una pizza, comida tailandesa o china.

"Con trabajos como el nuestro y después de un día como hoy, nuestra alimentación tiene que ser sana, Michelle" te había dicho con un tono suave pero que indicaba que no habría lugar para discusiones.

Sin embargo habías intentado disuadirlo de cocinar un par de veces más, pero no habías tenido éxito; mientras masajeabas su espalda tratando de aliviar tensiones y aflojar nudos especialmente duros él preparó tu ensalada favorita (tomate cortado en cubos, trocitos de pollo, tiras de acelga remojadas en aceite de oliva y pedacitos de mozarela) y buñuelos de espinaca para acompañar un churrasco a la plancha.

"Te esforzás demasiado por mí, Tony" lo habías retado mientras lo ayudabas a lavar y secar la vajilla una vez concluida la abundante y nutritiva cena de la cual no habían quedado rastro alguno en los platos o fuentes.

"Me gusta que te alimentes bien" había sido su respuesta acompañada de esa sonrisa que te derrite.

Un ratito después el cansancio los había llevado a acabar acurrucados en el sofá, tratando de aliviar uno la extenuación del otro con mimos y besos.

"¿Creés que deberíamos dormir un poco ahora y sacar a pasear a Bonnie más tarde?" habías cuestionado, enredando sus buclecitos color negro azabache en tus dedos.

"Sé que estamos fulminados, pero tal vez algo de aire fresco nos haría bien" te había dicho, acariciando tus mejillas con sus pulgares "Podemos ir a dar un par de vueltas a la manzana" había sugerido, besando la punta de tu nariz con extrema dulzura "o caminar hasta la pastelería y comprar una torta de chocolate…"

Bonnie disfrutó muchísimo del paseo, y a ustedes dos el aire puro los despejó bastante. Al regresar al departamento la perrita estaba tan cansada que apenas protestó y reclamó algunos mimos más antes de que la recostaras en su cunita de mimbre y la arroparas con su mantita azul. Luego Tony y vos volvieron a la sala de estar para comer el postre, que acabó siendo una mezcla de bocados de pastel de chocolate y besos cada vez más y más apasionados.

"Mmmh, Michelle, ¿qué creés que estás haciendo?" te preguntó con una media sonrisa, tu labio inferior aun capturado entre sus dientes, al notar que tus dedos estaban ocupados desabotonando su camisa para ir de a poco separando las barreras de tela entre tu piel y su piel.

"Tony, no creo que tenga que explicarte lo que estoy haciendo" fue tu respuesta, susurrada seductoramente al tiempo que lograbas separar el tercer botón de su respectivo ojal.

"Pensé que estabas cansada" su murmullo se mezcló con un gemido arrancado por el súbito, repentino, inesperado contacto de su boca con tu cuello al estrellarse sus labios en una zona demasiado sensible.

"No estoy… tan… cansada" explicaste con esfuerzo, tratando de volver a tomar el control sobre tus patrones de respiración; sin embargo, estabas cada vez más agitada, y que sus manos estuvieran ingeniándoselas para quitarte la blusa y poder acariciarte más libremente no ayudaba mucho.

"Qué bueno" su respiración también era entrecortada "porque yo tampoco"

Lo que habías empezado desabrochando un par de botones acabó convirtiéndose en un intercambio hambriento y casi febril de besos, mordidas y caricias íntimas, mucho más profundo y placentero que el ocurrido dos noches atrás, quizá porque los dos habían perdido un poco el miedo: él su miedo a lastimarte, su miedo a romperte, su miedo a destrozar tu fragilidad, y vos tu miedo a no ser suficiente, ese miedo nacido de diversos complejos con tu imagen que venís arrastrando prácticamente desde que tenés memoria.

Media hora después estás fundida en sus brazos, con tus palpitaciones aun alteradas, recostada sobre tu espalda, su cabeza anidada en el huequito entre tu hombro y tu cuello, las yemas de sus dedos presionando caricias sobre tu estómago, tus manos recorriendo lentamente su espalda desnuda, tus piernas y sus piernas entrelazadas, tu blusa, tus sostén y tu jean en el suelo junto a su camisa y su camiseta. Apenas una pieza de ropa interior cubre tu cuerpo, y aunque te resulta frustrante que su piel sólo esté expuesta del torso para arriba, preferís seguir yendo despacito, poco a poco, casi en cámara lenta.

"Sos la cura perfecta para cualquier dolor, Michelle" murmura, su boca descendiendo por tu cuello hasta llegar a tus hombros, moviéndose luego de punta a punto por tu clavícula, deteniéndose en tu garganta para atender uno de tus puntos más sensibles y sentir bajo su lengua tu pulso tomando velocidad, yendo más abajo luego hasta quedar su rostro enterrado en tu pecho; sus besos en esa zona tan delicada causan que tu columna se arquee y que tu cabeza se vacíe de todo pensamiento coherente mientras el placer corre libre por tus venas, haciendo vibrar hasta la punta de tus dedos, concentrándose todo como una bola de fuego en un sitio específico un poco más al sur de tu vientre "Sos como una droga para mí" musita, moviendo sus labios por cada palmo de tu torso, desparramando besos y mordidas leves por todo tu abdomen, bajando cada segundo un poco más…

Pero al llegar al nivel de tu ombligo se detiene, y vuelve a subir recorriendo el mismo camino, hasta alcanzar tu boca otra vez, enredando su lengua con tu lengua para acallar tus suspiros y gemidos.

Te tiene así durante otra media hora, jugando a provocarte, jugando a aumentar tu excitación de a gotas, jugando a volver esa sensación húmeda y cálida más húmeda y más cálida, jugando a disminuir tu cordura, jugando a enloquecerte.

"Te amo" susurrás en su oído, acunando su rostro con tus manos para mantener sus labios a medio centímetro de los tuyos "Te amo tanto que no sé cómo explicarlo…"

"No hay nada que explicar, Michelle" su voz invade tus oídos, al tiempo que te acuna en sus brazos, respirando él bocanadas de tu perfume y vos del suyo, los dos recobrando de a poco el oxígeno que sus sistemas necesitan "… Al menos no con palabras, mi vida…"

Caen en silencio, finalmente. Estás hecha un ovillo, acurrucada a su lado, disfrutando de sus manos masajeando rítmicamente tu espalda para relajar tus músculos, eventualmente besando tu nuca o tu cuello simplemente para hacerte temblar o escucharte suspirar su nombre con deseo y dulzura. Vas adormeciéndote, presa del cansancio que le gana la partida a tu deseo de quedarte despierta un poco más y quizá empezar otra sesión de mimos cuando acabes de recuperarte de la que acaban de terminar, sedada por el efecto del sonido de su respiración cálida y acompasada y su corazón latiendo al mismo ritmo que el tuyo, ya calmados los dos una vez pasada la euforia.

"No te duermas todavía, Chelle" te pide en un murmullo, despertando a propósito un cosquilleo más que placentero al dibujar círculos en tu pecho apenas rozando la piel desnuda e hipersensible con las yemas de sus dedos.

"Mmmh…" es todo lo que sale de tu boca.

"Todavía no te di tu sorpresa" te recuerda.

"Tony" murmurás, dándote vuelta para mirarlo, su pecho presionado contra tu pecho, su boca y tu boca jugando a provocarse una a la otra sin llegar nunca realmente a tocarse "vos sos mi sorpresa favorita" jalás despacio su labio inferior.

"Y vos sos sorpresa favorita" agrega él, riendo.

A pesar de tus protestas y tus intentos para que se quede recostado a tu lado, se incorpora.

"Te prometo que la sorpresa de hoy es realmente importante" dice, jugando con algunos de tus desprolijos, revueltos bucles.

"No creo que sea tan importante como un cachorrito o un viaje a París" comentás, riendo.

"Es mucho más importante" te asegura con seriedad y sin titubear.

"Entonces eso significa que esta es la parte en la que me pedís que cierre los ojos, te vas de la habitación durante cinco minutos, regresás luego con una sorpresa, me decís que puedo a abrir los ojos, y lo que encuentro delante de mí me demuestra una vez más que mi futuro marido es el hombre perfecto y que yo soy la mujer más afortunada del mundo porque él me eligió a mí" murmurás, incorporándote vos también para quedar a su altura, trazando sus facciones con las yemas de tus dedos mientras las yemas de los suyos trabajaban sobre tu espalda.

"¿Tan predecible soy?" contesta él, robándote un suspiro al morder suavemente la comisura de tu boca.

"Quizá yo te conozco demasiado bien" decís, frotando tu pulgar sobre su mejilla.

"Para que conste" susurra, besando la punta de tu nariz al tiempo que se levanta "yo soy el afortunado porque vos sos perfecta"

Y luego escuchás sus pasos alejándose por el pasillo, sus pies descalzos haciendo un ruido apenas perceptible al moverse sobre la mullida alfombra.

La ausencia de su cuerpo provoca temblores en el tuyo, porque ya no está su calidez para abrigarte. Tomás del suelo su camisa – sin pensarlo dos veces, como si fuera un hábito - para cubrirte con ella, pero la dejás desabotonada para que él pueda besarte y acariciarte cuando quiera sin tener que pasar otra vez por el 'esfuerzo' de desnudarte.

Dejás caer tu cabeza sobre la almohada otra vez, sonriendo, suspirando, acariciando tu cuello distraídamente con dos de tus dedos sobre el lugar donde estás segura una nueva marca roja va a aparecer dentro de un ratito. Cerrás los ojos, saboreando aun la sensación que ha quedado en tus labios después de que sus labios los besaran y mordieran repetidas veces. Aun tenés el sabor a chocolate en la boca, mezclándose con ese otro sabor único e indescriptible que sólo puede ser el de sus besos.

Regresa dos minutos más tarde, sus pies descalzos otra vez haciendo un ruido sordo sobre el suelo alfombrado, desandando el camino previamente andado en dirección a su habitación, esta vez de regreso a la sala de estar. Lleva en sus manos una caja pequeña muy bonita, de cartón color celeste, adornada con un moño de seda azul cielo; sabés que no se le dan bien las manualidades (esa rosa de papel que guardás con tanto cariño es prueba fehaciente de ello) por lo cual supones que la envoltura y moño no son obra suya, sino de algún empleado o empleada del negocio en el que haya comprado el regalo que se halla dentro de la caja, sea lo que sea.

Se sienta a tu lado, sonriendo. Vos también estás sonriendo, como es natural cuando ves sus labios curvados hacia arriba, porque su sonrisa es contagiosa. Notás – y eso genera dentro de vos una mezcla de placer e inmensa satisfacción – que no pasa desapercibido por sus ojos cargados de deseo que estás vistiendo su camisa sin abrochar.

Besás su mejilla con dulzura, demorando tus labios sobre su piel cálida, pasando una mano por su desordenado cabello negro azabache, desordenándolo aun más.

"En cierto modo" comienza a hablar, luego de chasquear la lengua de esa manera característica tan habitual en él cuando no encuentra las palabras adecuadas para describir lo terriblemente adorable que le parecés "cuando abrás esta caja vas a ver lo que más amo en este mundo" sus dedos se enredan en tus rulos, con su pulgar acaricia tiernamente la comisura de tu boca.

Tu mirada refulge con ese brillo especial, porque algo muy dentro de vos te dice, con cada latido de tu corazón, que lo que vas a encontrar dentro de esa caja que ahora sostenés entre tus manos va a probarte nuevamente por vez número un millón que Dios te bendijo al poner en tu camino un hombre perfecto para vos, hecho justo a tu medida.

Con cuidado deshacés el lazo. Siempre que abrís un regalo deshacés los moños con delicadeza, sin estropear nada, porque así te lo enseño tu abuela. Él aguarda, sonrojado e impaciente, ansioso, esperando para observar tu reacción cuando veas esa nueva sorpresa, ese nuevo pedacito de magia materializado en algo tangible.

Levantás la tapa de la caja también con muchísima lentitud, como si quisieras degustar el momento, dejar que ocurra de a poco, en cámara lenta. Hasta que finalmente la tapa ya no cubre lo que hay dentro, y tus ojos chocan con ello.

Lo que ves en el interior es el rostro de una mujer, una mujer cuya edad no excede los veinticuatro años, pero que ha pasado por tanto en la vida y ha tenido que madurar tan de golpe que luce al menos unos seis o siete años mayor. Una mujer de piel color marfil cubierta de pequitas microscópicas, con una naricita perfecta, mejillas sonrosadas, rasgos orientales, ojos oscuros que brillan más que el sol y la luna, pestañas larguísimas y muy finas, labios rojos, bucles indomables enmarcando su rostro.

Sos vos. Es tu reflejo lo que ves cuando levantás la tapa de la caja y echás un vistazo en su interior. Lo cierto es que no hay nada en el interior de la caja, sólo un espejo que cubre por completo lo que debería haber sido un suelo de cartón también color celeste. Es un espejo lo que hay dentro de la caja, para que cada vez que una persona la abra se tope inmediatamente con su reflejo devolviéndole la mirada. Es tu reflejo el que te devuelve la mirada, una mirada cargada de ternura, una mirada cargada de dulzura, una mirada tan brillante que se asemeja a las estrellas en el cielo, sólo que es muchísimo más bonita que todas ellas.

Cuando abrás esta caja vas a ver lo que más amo en este mundo.

Las palabras resuenan en tus oídos ahora, y finalmente las comprendés con claridad. Deberías haberlo supuesto. Vos sos lo que él más ama en este mundo. Vos sos el amor de su vida. Vos sos lo único que le importa, sos su cielo, su luna, su sol, su luz, sos su Universo, sos lo que le da sentido a su existencia, sos la razón de cada uno de sus respiros, sos el compás que siguen los latidos de su corazón. Cada vez que abrás esa caja, ahí vas a encontrar aquello que él más valora, porque lo que vas a ver será tu reflejo.

"Tony…" comenzás, pero él te interrumpe, posando su dedo índice sobre tu boca para sellarla.

"Es tan romántico que es ridículo, ¿no?" pregunta, aquella sonrisa acentuándose más, sus mejillas tiñéndose de carmesí "Se me ocurrió un tiempo atrás, esta idea" te cuenta, y vos lo escuchás embelesada, acariciando su cuello de arriba a abajo lentamente ": regalarte un espejo, para que puedas ver finalmente que sos hermosa, que para mí sos perfecta, que sos un ángel, Michelle. Mi ángel" agrega " Pero ningún espejo puede reflejar tanta belleza, princesita" tu corazón comienza a latir más rápido "Además, quería hacer algo diferente…, algo original…, algo romántico…"

"Esto es tan romántico, Tony…"

Nuevamente te interrumpe, sin darte oportunidad de terminar la frase.

"No puedo tomar toda tu belleza y guardarla en una urna de cristal, aunque quisiera, Michelle; te juro que me encantaría poder hacerlo. Pero no puedo. Ni siquiera puedo describir tu belleza usando palabras, Michelle; no me alcanzarían las palabras, no sabría por dónde empezar. ¿Cómo se describe algo tan perfecto que es casi angelical?" suspira ante su pregunta retórica "No sé si tiene sentido lo que estoy diciendo, probablemente no lo tenga, porque los que estamos locos de amor perdemos totalmente la cordura" los dos ríen "… Lo que estoy tratando de explicarte es que encontré, de algún modo, una forma de contener toda tu desgarradoramente sobrenatural hermosura en un mismo sitio: ese sitio es este espejo. Cada vez que abrás esta caja" señala con un gesto de la cabeza la caja en tus manos "vas a encontrarte con tu reflejo. Cada vez que te encuentres con tu reflejo, quiero que sepas que este espejo está reflejando lo que más amo en el mundo, lo que más valoro, lo que más necesito, mi adicción, aquello sin lo cual no puedo vivir, la luz de mi mundo, lo que me da fuerzas y ganas, lo que me alivia de todo, lo que puede curar todas las heridas y detener todos los males. Este espejo refleja todo lo que ven mis ojos cuando te ven; refleja al amor de mi vida, a la que va a ser la madre de mis hijos, a la mujer con la que quiero pasar el resto de mi existencia, a mi único amor, a la más linda del mundo…"

Lo silenciás con un beso antes de que pueda seguir hablando, porque el peso emocional de cada sílaba es tal que sentís tu cuerpo y tu corazón hinchándose, tanto, tanto que podrías explotar.

Nunca vas a entender, por mucho que te devanes los sesos intentando y lo analices desde cada ángulo posible, cómo funciona ese mecanismo mediante el cual él puede hacer que te sientas la criatura más adorada de la Tierra, la más hermosa, la más preciosa, cuando pasaste toda la vida sintiéndote el patito más feo.

Nunca vas a entender cómo es que sus ojos ven toda esa belleza impactante de la que él está locamente enamorado, a tal punto que reconoce él mismo que lo dejaste sin cordura (él tampoco fue misericordioso, porque a vos también te dejó sin cordura).

Nunca van a dejar de sorprenderte sus ideas, esas ideas tan románticas y tan dulces, ideas como aquella de pegar un espejo dentro de una caja y decir que allí está guardado lo que más ama en el mundo, siendo eso vos, porque esta caja es sólo para que vos la abrás, este espejo es sólo para que vos te mires en él, para que encuentres en él tu reflejo devolviéndote la mirada, el reflejo de lo que él ve cuando te ve con esos ojitos oscuros cargados de deseo, admiración y amor.

"Tus ojos son mis espejos favoritos" murmurás contra su boca, acariciando despacio sus labios con tus labios, tus manos acunando su rostro, frotando despacito la punta de su nariz con la punta de tu nariz "Pero amo este espejo también. En este espejo sí me veo hermosa, porque siento lo mismo que me recorre por dentro cuando me miro dentro de tus ojos, mi amor" asegurás.

Y no estás mintiendo.

Sentís lo mismo que se despierta en cada rincón de tu alma cuando son sus ojos aquellos en los que te encontrás, esos ojos de los que te enamoraste en segundos, esos ojos en los que se resume el porqué de cada uno de tus respiros, esos ojos que pertenecen al hombre cuyo nombre tu corazón susurra y cuya esencia alimenta tu espíritu.

Si él te dice que en lo que refleja ese espejo se resume el significado de su existencia, le creés. Claro que le creés. A él le creés todo, le creés todas y cada una de las cosas que te diga, aunque a otros puedan parecerle locuras, aunque a otros puedan parecerle infantiles o tontas, aunque otros no las comprendan, aunque para otros sus palabras suenen como un idioma extranjero.

Si te dice que ese espejo encierra toda tu belleza, le creés, aunque hayas vivido veinticuatro años considerando que esa belleza de la que él habla, esa belleza que él tanto alaba es inexistente. Si él te dice que vos sos desgarradoramente, sobrenaturalmente angelical, vos le creés, más allá de todos tus complejos de inferioridad, más allá de todos tus problemas de imagen. Si él te dice que vos sos lo más parecido a un ángel sobre la Tierra, vos dejás automáticamente de sentirte el patito feo y le creés a él, creés lo que él te dice, creés lo que sus ojos ven.

Y él con ese espejo está simbolizando sus ojos, está regalándote sus ojos dentro de esa caja, para que te veas reflejada allí y puedas verte hermosa, preciosa, adorada, amada, como cuando te perdés mirándote dentro de sus ojos.

Y quizá a él le parezca que no tiene mucho sentido lo que está diciendo, que su idea es tan romántica que raya lo ridículo, pero para vos sí tiene sentido. Tiene mucho sentido. En esa caja está contenido su mundo, en esa caja – que es sólo para que vos la abrás, esa caja que es sólo tuya, esa caja que nunca será de nadie más, esa caja que solamente tiene sentido para vos y para él y que para los demás no significa nada porque no hablan el idioma que ustedes hablan ni son parte del mundo que ustedes dos construyeron – siempre va a estar devolviéndote la mirada tu reflejo, mostrando quién es aquella persona que para él vale más que absolutamente todo lo que abunda en este vasto Universo.

Si él mirara dentro de esa caja, vería reflejado aquello que da significado a tu existencia, aquello por lo que vivís, aquello de lo que dependés, aquello a lo que sos completamente adicta: él.

Esa simple caja de cartón contiene más que un espejo ordinario, contiene más que un espejo común y corriente. Será una simple caja de cartón para aquellos incapaces de entender. Será una caja de cartón común y corriente con un pedazo de espejo dentro para aquellos que no sepan comprender (tampoco pretenderías que comprendieran, realmente).

En esa simple caja de cartón está contenido el mundo de los dos, reflejado gracias a aquél espejo en el que de verdad te ves hermosa, porque sentís dentro de tu alma que el reflejo que te devuelve es el mismo que te devuelven esos dos ojos color chocolate en los que podrías ahogarte, fundirte, hundirte, empaparte.

No es un simple espejo, no es una simple caja. Para vos tiene sentido, para vos tiene significado.

Para los dos tiene sentido, para los dos tiene significado.

Y cada vez que la abrás, va a ser como estar mirándote dentro de sus ojos.

Cada vez que la abrás, va a ser una caricia al alma, una caricia a tus oídos, como si su voz estuviera susurrándote que sos hermosa.

Porque lo sos, para él lo sos, para él sos la criatura más hermosa que existe en este planeta.

Y así te sentís cuando te mirás dentro de sus ojos.

Y así vas a sentirte cada vez que abrás la caja y te encuentres allí con tu reflejo, lo que él más ama en este mundo contenido dentro de algo tan simple, tan pero tan simple, que ningún otro, nadie salvo ustedes podría entender su inmensa complejidad.


NOTA: Gracias por sus comentarios, siempre los aprecio muchísimo y me guían para saber cuál es el siguiente paso a dar en esta historia, si bien tengo la gran mayoría de los capítulos planeados detalladamente en mi cabeza. Sé que éste capítulo es especialmente corto, pero luego cosas contenidas en él van a aparecer en capítulos futuros. Espero que a pesar de su longitud relativamente inferior y su sencillez les haya gustado, aunque en mi opinión podría haberme esforzado más para que tuviera muchísimo más sentido, pero, obviamente, cuando se describe a dos personas enamoradas no siempre se logra dar sentido a sus pensamientos y reflexiones, así que me refugio en esa excusa.

Sé que quieren una escena de celos. Tenía planeada una escena de celos para más adelante, pero voy a agregarla al próximo capítulo, y les prometo que va a ser tan intensa como posible.

Rezo siempre por la gente de Brasil en estos momentos en los que tienen tantas tormentas, estén seguras de eso.

Espero que pasen una buena semana, y no se preocupen en cuanto a las cuestiones amorosas, porque creo que todo llega en el momento adecuado y que todo cae en su lugar justo cuando llega la hora.

Muchísimas gracias por leer otro capítulo y gracias anticipadas por los comentarios que sé van a dejar. Hoy mismo ya empiezo a trabajar en el capítulo 77 y en esas escenas de celos que tanto vienen esperando.