ADVERTENCIA: La clasificación de este capítulo es nuevamente M, por cuestiones de lenguaje y múltiples referencias sexuales.
NOTA: Éste es uno de los capítulos que menos me gusta, y uno que realmente me costó mucho trabajo escribir. No quedé conforme con cómo se desarrollaron las cosas, pero voy a tratar de mejorar para el siguiente capítulo y hacerlo más interesante para compensar la pobre calidad de éste. Espero que lo encuentren entretenido de todos modos. Sé que querían una escena de celos; no estoy segura de haber escrito lo que ustedes esperaban leer, pero ya habrá otras escenas de celos en el futuro que seguramente me saldrán mejor que ésta.
En cuanto a Bruna, hablé con ella y me dijo que en el futuro volverá a escribir, pero no sabe realmente cuándo.
Ahora voy a empezar a trabajar en el capítulo 78 para poder tenerlo escrito cuanto antes y no hacerlas esperar una semana otra vez.
Sólo con hablarme has logrado
Lo que otras con su cuerpo no podrían.
En el calendario de tu computadora están resaltados en rojo una letra eme mayúscula correspondiente a 'Miércoles' y un número 12, ambos indicadores de que has llegado a la mitad de tu plan y que sólo restan otros doce días – trece, en realidad, si éste se incluye en la cuenta - para que llegue el instante mágico en el que finalmente mires dentro de esos dos ojos oscuros en los que fácilmente podrías ahogarte y le pidas que sea tuya para siempre.
Los primeros días de diciembre fueron – a pesar de todo y con todo – mucho más hermosos de lo que te hubieras atrevido a imaginar. Cada día la amás más, cada día sos más feliz, cada día estás más seguro de que comenzaste a vivir cuando la conociste a ella, porque las cosas que sentiste en una semana y media, ninguna de ellas experimentaste con tanta intensidad en casi treintaicinco años. Te llena de ilusión pensar que tenés el resto de tu existencia por delante para compartir con ella, para hacerla sonreír, para ayudarla a alcanzar sus sueños, para darle absolutamente todo lo que desee, para escuchar su voz y verla sonreír.
El flujo de acontecimientos también ayuda a que estés de buen humor, por supuesto; siempre es bienvenida una jornada relativamente tranquila plagada de complicado trabajo de inteligencia e investigación a una en la que la mitad de la Unidad está fuera en el 'campo de juego' poniendo en riesgo sus vidas y la otra mitad coordinando operaciones peligrosas para evitar tragedias, ataques y catástrofes que podrían acabar súbitamente con las vidas y esperanzas de ciudadanos inocentes.
Quince minutos atrás concluyó una reunión con el personal de Inteligencia de la Unidad, en la cual estuvieron examinando detalle a detalle los movimientos hechos durante los últimos seis meses por una familia de la mafia rusa decidida a 'expandir su negocio' de contrabando de armas ilegales de Europa y Asia a Estados Unidos.
Michelle había sido la encargada de presentar toda la información, fotografías, videos, datos, informes, testimonios de agentes encubiertos y pistas a seguir disponibles, algo en lo que llevaba varios días trabajando con arduidad y que había logrado exponer brillantemente. Sus palabras, sus gestos, su postura, todo en ella había sido profesional y deslumbrante, y mucho esfuerzo te había demandado concentrarte expresamente en el asunto en cuestión en lugar de en ella, su boca, su piel color marfil, sus oscuros ojos orientales, sus piernas, sus larguísimas pestañas, sus curvas tan femeninas, su cuerpo de muñequita de porcelana.
Varias veces tuviste que respirar profundo – disimuladamente, claro, porque, ¿qué hubieran pensado las otras veinte personas reunidas en la sala de conferencia si hubieran escuchado a su jefe dando suspiros cada vez que ella acomodaba detrás de su oreja uno de esos rulos indomables demasiado cortos para ser atrapados por una bandita elástica con el montón anudado detrás de su cabeza, o cada vez que hacía una pausa e, inconscientemente, mordía apenas la comisura de su boca en gesto reflexivo antes de continuar? – y esforzarte al máximo para mantenerte profesional y compuesto, lo cual te resultó prácticamente imposible, porque flashes de la noche anterior no paraban de acudir a tu cabeza, mezclándose con el recuerdo del sonido de su respiración entrecortada acariciando tus oídos con la misma delicadeza y gesto posesivo con el que tus manos acariciaban su piel, o el recuerdo de la textura de sus labios derramando besos cálidos y húmedos por todas partes.
Nunca una mujer te gustó o atrajo tanto – sexual e intelectualmente -, no como ella. Ninguna mujer que hayas conocido ha tenido la capacidad de literalmente quitarte la respiración ni de provocarte una dosis de placer casi tortuoso con sólo pasar las yemas de sus dedos por tu piel. Ninguna mujer con la que hayas tenido relaciones sexuales te voló la cabeza o te dejó temblando como una hoja, y sin embargo en dos noches Michelle logró en vos ese efecto con sólo estremecerse semidesnuda en tus brazos.
Nunca una mujer te fascinó tanto; si lo pensás bien, en realidad nunca una mujer te resultó fascinante.
Nunca una mujer pudo enamorarte, sólo con ella descubriste lo que es el verdadero, puro, auténtico amor. A ninguna mujer te volviste completamente adicto. Nunca una mujer te afectó al punto de convertirte en dependiente de ella.
Fue tortuoso tener que aguantar dos horas y media - casi tres horas, en realidad - que se sintieron como una eternidad que ni siquiera Dante Alighieri hubiera sabido cómo describir, observándola intensamente pero al mismo tiempo tratando de nublar tus ojos con una mirada de fingida concentración e interés (ambas cosas que deberías haber tenido porque, después de todo, sos el director de la Unidad) para que esa intensidad no fuera vislumbrada por ningún par de ojos. No creés que nadie haya sido capaz de ver a través de tu semblante serio e incluso hasta un poco hosco, no creés que nadie se haya dado cuenta de que por dentro estabas temblando como una hoja, o que inundaban tu mente recuerdos tan vívidos de lo que puede hacer con sólo mirarte a los ojos y hablarte al oído, con su cuerpo a escasos milímetros de tu cuerpo, pero el autocontrol que tuviste que ejercer fue tal que quedaste exhausto y no pudiste respirar aliviado otra vez hasta que estuviste de regreso en tu oficina una vez concluida la reunión.
La observás, sentado detrás de tu escritorio, tus dedos paseándose distraídamente por el costado derecho de tu rostro, tus labios y tu boca totalmente secos y hambrientos de besos que sabés no podrás tener hasta que no estén fuera de las paredes de la CTU, fuera del mundo profesional y sumergidos otra vez en ese mundo propio, privado, único que comparten y al que nadie más puede acceder porque les pertenece enteramente a ustedes.
No podés arrinconarla contra una pared y besarla hasta que no quede gota alguna de oxígeno en sus pulmones, o acariciarla hasta sentir tus manos prendidas fuego, o morderle el cuello hasta sentir sus piernas temblar y sus rodillas volviéndose débiles y doblándose bajo el peso muerto de su cuerpo. Pero sí podés – y como su jefe es tu deber, te decís para convencerte de hacerlo – llamarla para felicitarla por su excelente conducción de la reunión que tuvo lugar esta mañana.
"Dessler"
Aquella voz, definitivamente, podría despertarte de la muerte. Escucharla, aunque lo único que diga sea simplemente su apellido, es siempre disparador de sensaciones placenteras que te recorren de punta a punta, desde la raíz del cabello hasta las yemas de los dedos, haciéndote cosquillas, enviando shocks eléctricos que suben y bajan por tu columna vertebral, hipnotizándote. Su voz es tan fascinante como el brillo de sus ojos, su piel suave como el terciopelo, esa boca que pasarías horas mordiendo sin saciar nunca tu adicción, su intelecto o sus capacidades en general para volverte loco y hacer que muera tu razón.
Aquella voz surte en tu sistema nervioso y emocional el mismo efecto que tu voz surte en ella: temblás ligeramente, tú alma se estremece, tus sentidos se agudizan, se eriza tu piel, te falta el aire, te da vueltas la cabeza, todo simplemente por su voz. Su voz es una de tus drogas favoritas, dependés de escuchar esa voz cada mañana al despertar, dependés de que esa voz sea lo último que escuchás cada noche antes de irte a dormir. Dependés total y puramente de ella y de cada pequeña cosita que hace que sea la mujer maravillosa que es.
Nunca, con ninguna otra mujer, sentimientos así habían tomado completo control de tu mente, de tu anatomía, de tu ser, de tu esencia.
Luego de algunos segundos sumido en silencio, disfrutando de los restos del sonido de su voz envolviéndote por dentro, intoxicándote, satisfaciendo tu necesidad de una dosis de Michelle, por más pequeñita que ésta sea, finalmente hablás:
"Me encantó su presentación, señorita Dessler" le decís en voz grave pero dulce, cargada de la admiración y del orgullo que ella despierta en vos.
Está de espaldas, sentada tras su escritorio, trabajando con tres computadoras distintas, concentrada en el contenido de las pantallas de los tres monitores de treinta pulgadas, sus dedos ágiles – los mismos dedos cuyas yemas anoche se paseaban de un punto a otro de tu torso desnudo, provocándote estremecimientos placenteros y haciendo que temblaras descontroladamente por el simple roce inocente de su piel contra tu piel; si no lo estuviera, verías que el color de sus mejillas ha subido de tono, como siempre que con tus palabras tratás de demostrarle lo mucho que vale y lo mucho que valorás absolutamente todas sus cualidades, todas sus virtudes (que, aunque ella insista en sostener lo contrario, son vastas).
"Muchas gracias" podés escuchar la sonrisa en su voz; aunque no puedas ver sus labios curvados hacia arriba yendo de oreja a oreja, embelleciendo aun más sus exóticas facciones orientales, iluminando su mirada, porque sus sonrisas tienen la fuerza y la luz necesaria para iluminar el mundo entero (de hecho, iluminan tu mundo entero, porque nunca hubo en tu mundo una luz que brillara más que ella, ni tampoco la habrá jamás; si no tuvieras a Michelle, en tu mundo se extinguiría toda luz y quedarías sumido para siempre en la oscuridad más absoluta).
"Realmente fue brillante, Chelle" le asegurás.
Lo bueno de que tu despacho esté apartado de los espacios de trabajo, escritorios y estaciones de todos los demás es que gracias a las paredes a prueba de sonido gozás de una privacidad que de otra manera no tendrías; si aun siguieras trabajando en el piso como segundo en comando, probablemente tus conversaciones con Michelle serían estrictamente profesionales sin excepción alguna, porque ambos correrían el riesgo de ser escuchados por algún otro agente, técnico o analista. De esta forma, sin embargo, cuando hablan por teléfono vos podés disfrutar del inmenso placer de decirle todo lo que quieras y verla a ella luchar para mantenerse compuesta y profesional – lo cual siempre logra, sin contar aquellas ocasiones en las que se sonroja, pero como sus mejillas son de por sí bastante rosadas nadie nota la diferencia realmente -; no es una privacidad absoluta, porque Michelle no tiene libertad de comportarse como la criaturita muerta de amor en la que se transforma cuando están fuera del ambiente laboral, lo cual significa que las respuestas que recibís son cortas, un poco secas y para nada dulces, y tampoco tiene la libertad de dar rienda suelta a su lenguaje corporal y comunicarte sin palabras, sólo con pequeños gestos que para cualquier otra persona pasarían desapercibidos, todo lo que siente, todo lo que piensa, todo lo que la recorre por dentro.
"Me alegra muchísimo que pienses eso"
Podrías jurar que el tono de sus mejillas acaba de enrojecerse un poquitito más. Te encanta tener ese poder sobre ella, así como te fascina de igual manera que ella tenga ese poder sobre vos. Es capaz de hacer lo que ninguna otra mujer logró: puede despertar mariposas en tu panza, puede provocar que te sonrojes hasta quedar colorado como un rábano, puede elevar tus pies unos centímetros del suelo con sus abrazos cálidos, y puede hacer que experimentes lo que sería pasar las manos por el cielo cada vez que te besa. Te encanta tener con Michelle una conexión que jamás compartiste con otra mujer, esa conexión que te permite saber exactamente lo que piensa y siente con sólo escucharla hablar, incluso cuando su voz suena tan neutral como posible.
Es por eso que no pasa desapercibido lo que esconden sus en apariencia sencillas palabras. No pasa desapercibida esa punzada de satisfacción que empapa aquellas sílabas. Sabés que los problemas de autoestima de Michelle están más bien relacionados a su imagen, su cuerpo, su figura, y que ella es muchísimo más fuerte en el ambiente de la CTU porque allí se destaca; está totalmente ciega a su belleza y no entiende que es una cosita preciosa y que la encontrás absolutamente irresistible, pero sí puede reconocer el fruto de su inteligencia, de sus esfuerzos, de su trabajo arduo, de su dedicación, de su profesionalismo. Así como querés enseñarle a apreciarse en lo personal, también deseás contribuir con tus halagos para que siga valorándose en lo profesional.
"Sos la personita más brillante que conozco, Michelle Dessler" oís un suspiro escapar sus labios; seguramente trató con cada onza de voluntad que posee contenerlo, pero es evidente que no logró reprimirlo "y me fascina saber que sos mía, mía y de nadie más"
Ese hambre de posesión, esa necesidad de ser el único en su vida, el único que la acaricia y besa, el único que puede recorrer su cuerpo sin encontrar límite alguno, el único que puede hablarle al oído hasta causar que sus piernas se vuelvan de gelatina y ella caiga rendida en tus brazos, ese hambre de posesión también estás experimentándolo por primera vez con ella, porque jamás una mujer había disparado en tus instintos la terrible, cruda, honda necesidad de ser el primero, el último, el único.
Con Michelle es distinto, muy distinto. Ella es especial, ella es única en su especie, es tu ángel, hecha a tu medida, enviada a la Tierra especialmente para vos, y para ningún otro. Y vos fuiste hecho para ella, y para ninguna otra, hecho exactamente a su medida, para que los dos encajen perfectamente el uno con el otro, como nunca nadie va a poder encajar con vos, o con ella, porque ambos son dos partes de una misma pieza, son dos mitades de un entero, sencillamente se complementan. Nunca pensaste que hallarías una mujer que te complementara, una mujer a la que complementar, pero la encontraste, la encontraste porque así estaba escrito, así lo estuvo desde siempre, desde que el mundo es mundo, desde que la Tierra gira, desde que el sol sale todas las mañanas y se esconde en cada atardecer, desde que las estrellas brillan sublimas en el firmamento robándole algo de protagonismo a la luna. Vos sos de ella y ella es tuya, y de nadie más. Nunca fue de ningún otro porque te esperó hasta que apareciste en su camino para cambiar su vida tan radicalmente como ella cambió tu existencia (porque hasta el momento en el que la conociste te limitaste a existir nada más, y comenzaste descubriste lo que 'vivir' significa a partir del momento en el que esos ojos orientales se tropezaron con los tuyos). Desearías poder darle algo tan puro y tan inigualable como lo que ella va a darte, pero todo lo que podés hacer es prometerle que vas a ser enteramente de su propiedad, suyo, de ninguna otra; es que en realidad no querés ser de ninguna otra, nunca más, querés pertenecer a Michelle para siempre, porque ella es tu hogar, es tu refugio, es tu fortaleza, es absolutamente todo lo que amás, todo lo que necesitás, todo a lo que sos terriblemente adicto reducido en una sola persona, en una sola alma, en un solo ser humano.
"Creo que deberíamos discutir esto más tarde, agente Almeida" se limita a decir, esforzándose al máximo por no perder su tan bien ensayada y hasta ahora impecablemente mantenida compostura.
Decidís presionarla un poquitito más, incluso si hay una partecita tuya que aboga por que seas misericordioso, cuelgues el teléfono y sigas trabajando.
"Te amo, Michelle"
Temblás cuando decís esas tres palabras. Temblás por dentro, tú alma se estremece como si estuviera siendo acariciada, tu corazón se saltea un latido y luego comienza a palpitar desaforadamente, el oxígeno abandona tus pulmones por algunos segundos y sentís que se te va todo el aire y que tu cabeza flota liviana en el espacio. En treintaicuatro años – casi treintaicinco – solamente a Michelle le dijiste esas dos palabras que tanto peso tienen, porque nunca una mujer – no antes de que la conocieras a ella – había hecho nacer en vos la necesidad de expresar amor. En realidad, para ser más exactos, lo correcto sería decir que nunca una mujer había logrado enamorarte, enloquecer todos tus sentidos, dejarte partido al medio, convertirte en dependiente de ella, de su voz, de sus palabras, de sus besos.
Solías pensar que el amor era para unos pocos afortunados, que las verdaderas historias de amor existían de a una entre millones, que el verdadero amor no llegaba para todos, y estabas definitivamente convencido de que no llegaría para vos, de que nunca encontrarías esa mujer que tu abuela te aseguraba estaba en algún lugar del planeta esperándote.
Y acabaste descubriendo que pasaste gran parte de tu vida equivocado, muy equivocado.
Ahora tu forma de pensar ha cambiado muchísimo, tu forma de ver las cosas ha cambiado muchísimo; quizá porque los ojos a través de los cuales contemplás el mundo brillan más porque encontraron su luz, una luz que ilumina todo y hace que todo lo que antes caía en la oscuridad resurja iluminado.
Ahora creés en el amor, en ese amor puro, desinteresado, verdadero, hondo, absolutamente mágico del que hablan los libros, las películas, los mitos y las leyendas, ese amor por el que algunos han matado y otros han muerto, ese amor que solías creer nunca experimentarías. Y si es algo que sucede raramente a una persona entre un millón, estás y vas a estar hasta probar tu última gota de oxígeno agradecido por haber tenido la oportunidad de conocerlo a través de ella, a través de tu Michelle.
Por eso cada vez que esas palabras combinadas con su nombre escapan tus labios, cada vez que nacidas en el fondo de tu alma se convierten en sonido, el peso y el significado que tienen es sumamente especial, mucho más especial que otras palabras que existan en cualquier lengua, en cualquier idioma, en cualquier parte del planeta: porque en casi treintaicinco años de existencia (y apenas menos de un año de vida, porque empezaste a entender lo que es vivir cuando la conociste) solamente le dijiste a ella que la amás, porque ella es la única mujer que pudo enamorarte.
El silencio se forma otra vez entre los dos, un silencio que puede sentirse en el cuerpo, en la piel, en los huesos, un silencio que podrías tocar si trataras de acariciarlo con las yemas de tus dedos, un silencio que es tan significativo incluso si están compartiéndolo por teléfono, hablando por un auricular, tan significativo como los silencios en los que se sumen a veces durante horas enteras cuando están juntos y no necesitan más que mirarse para comunicarse todo lo que no cabe en palabras.
Es el silencio que sigue a tu declaración de amor, ésa que ella ha escuchado un millón de veces en los últimos tres meses, pero que nunca se cansaría de escuchar, aunque se lo digas todos los días, todo el tiempo, no sólo explícitamente sino también a través de tus gestos y acciones, esas pequeñas cosas que se te ocurren para llenar cada día de su vida con magia.
Es el silencio que te dice sin que haga falta que ella emita sonido alguno que también te ama, y que si no tuviera miedo de arriesgarse a que el secreto que vienen cuidando los dos con tanto recelo se rompa, se resquebraje, quede expuesto y vulnerable, también te diría con su voz – esa voz a la que sos adicto, esa voz que puede surtir en vos el mismo efecto que cualquier droga en el sistema de una persona dependiente, esa voz que querés escuchar cada mañana al despertar y cada noche antes de quedarte dormido anidado a su lado – que también te ama.
Con ninguna mujer desarrollaste esa capacidad de comunicarte en silencio. Con ninguna mujer desarrollaste un lenguaje propio, único, tan único y tan propio como el mundo que comparten los dos y que es totalmente ajeno a ese mundo real lleno de gente loca, malvada, amarga, triste, egoísta, avara, ambiciosa, herida y abandonada con el que tienen que lidiar a diario en sus trabajos.
Suspirando (otra cosa que la privacidad te concede es poder suspirar todas las veces que quieras cuando estás a solas en tu oficina, sin arriesgarte a que te escuchen o vean comportándote como un adolescente de diecisiete años entusiasmado con su primera noviecita) y poniendo cada gota de dulzura corriendo por tus venas en una sonrisa que espeja lo placentero que es tener un millar de mariposas en tu estómago, continuás la conversación como si aquel silencio no hubiera estado, como si ella te hubiera dicho con palabras que te ama en lugar de decírtelo de esa forma maravillosa que tienen los dos para comunicarse sin tener que recurrir al Inglés o a cualquier otro idioma de esos que pueden ser entendidos por otros.
"Me encanta que me digas que me amás, Michelle"
Escuchás una risa ahogada, y luego la ves dar vuelta la cabeza apenas, hasta encontrar un ángulo para mirarte disimuladamente desde su estación de trabajo en el piso principal, aunque sea por unos segundos, antes de volver a concentrar su atención en la información que llena las pantallas de los ordenadores delante de ella. Podrías jurar que esa fracción de minuto durante la cual tu mirada y su mirada se encontraron y se fundieron una en la otra a pesar de los varios metros de altura que los separan, viste el fantasma de una sonrisa embellecer su rostro.
"Yo no dije nada de eso" refuta, el tono de su voz absolutamente profesional, como si estuvieran hablando de algún asunto relacionado estrictamente a la CTU.
"Puedo interpretar tus silencios, Michelle" respondés, sonriendo aun más, y chasqueando la lengua como lo hacés siempre que una oleada de ternura barre tu alma y te encontrás de pronto incapaz de expresar adecuadamente cuán adorable ella te parece, cuán especial es. No contesta, por lo cual te tomás la libertad de seguir "No necesito que estemos físicamente cerca para poder escuchar lo que dice tu corazón"
Sos consciente de que ahora tus mejillas se han teñido de rojo, su tono ha subido considerablemente, y agradecés estar en la soledad de tu despacho y que el resto de los empleados estén ocupándose de sus asuntos (algo que vos deberías estar haciendo también, en lugar de hablar por teléfono con ella como un adolescente que llama a escondidas a la chica que le gusta) y no puedan ver lo sonrojado que estás.
Siempre pensaste que ese estilo de frases dulces y románticas sólo existía en las películas y novelitas rosas de las que tu hermana Gabrielle siempre ha sido fiel fan, esas películas y novelitas rosas tan azucaradas y empalagosas que probablemente chorrearían almíbar si fuera posible escurrirlas como a una toalla mojada. Con Michelle, sin embargo, te comportás como nunca antes con ninguna otra mujer; ella inspira esa dulzura en vos, logra que la ternura brote naturalmente. Bajo los efectos de Michelle te convertís en un osito de felpa mimoso y cariñoso al que le encantan las muestras de afecto, los abrazos, los besos esquimales y las noches pasadas acurrucados en una esquina del sofá mirando películas de Disney o dibujos animados en Nickelodeon. Si te hubieran dicho tres o dos años atrás que acabarías convirtiéndote en la clase de hombre perdidamente enamorado que sos ahora, no lo hubieras creído, y mucho menos les hubieras creído si te hubieran dicho que tus fines de semana favoritos serían aquellos en los que van al parque a hallarle formas a las nubes o hechos un ovillo bajo una manta miran capítulos tras capítulo de Hey Arnold, Rugrats y Doug. Pero Michelle cambió cosas en vos que nunca imaginaste una mujer podría cambiar, y sos más feliz de lo que podrías haberte atrevido a pensar alguna vez serías.
Mira alrededor para asegurarse de que nadie puede escucharla – todos están demasiado entretenidos lidiando con sus propios asuntos – y luego baja la voz hasta convertirla en un susurro, un susurro como aquellos que te llenan el alma cuando ella te habla al oído y te dice las cosas más hermosas mientras la abrazás y acariciás:
"Yo tampoco necesito estar físicamente cerca de vos para poder escuchar tu corazón: sólo tengo que escuchar al mío, porque los dos dicen siempre lo mismo"
Cuando colgás el teléfono un par de minutos más tarde (los dos tienen, después de todo, trabajo que hacer), estás sonriendo muchísimo más que antes, con lo dicho por Michelle resonando en tus oídos como esas melodías demasiado hermosas que se quedan gravadas durante un largo tiempo y suenan, suenan, suenan (lo cual te encanta, porque la voz de Michelle es tu melodía favorita).
Ninguna de las muchísimas mujeres con las que perdiste el tiempo te dijo cosas tan lindas como las que Michelle te dice todos los días. Ninguna de ellas endulzó tus oídos con frases tan románticas (frases que son, además, muy ciertas), y desde tu punto de vista eso estaba bien, porque a vos no te interesaba escuchar cosas tiernas y tampoco querías verte envuelto en una situación incómoda en caso de que alguna de ellas se pusiera demasiado cariñosa, porque tampoco tenías vos intención de alimentar sus necesidades de ternura ni tenías una necesidad afectiva que precisara ser satisfecha.
Pero con Michelle todo es tan distinto… Ella puede lograr hablándote, usando palabras que para vos tienen un significado que va más allá de lo imaginable, lo que otras no han podido lograr con sus cuerpos, lo que otras no han podido lograr ofreciéndote sexo ilimitado y unas cuantas noches de diversión y distracción sin compromisos. Ella con sólo mirarte puede hacer que sientas cosas que jamás pensaste llegarías a sentir, cosas tan fuertes, tan profundas, tan hondas, tan mágicas, tan especiales que sencillamente no pueden ser descriptas. Ella con sólo un susurro puede provocar lo que miles de mujeres con las que has ido bastante lejos en terreno horizontal no podrían conseguir jamás, ni en un millón de noches.
Ella sólo con hablarte logra lo que otras con su cuerpo nunca pudieron, ni podrían.
"¿Es un poni?"
"Por enésima vez, Michelle: no, no es un poni" contestás riendo.
Está tratando de adivinar cuál es la sorpresa correspondiente a este día, mientras vos preparas la cena y ella te observa sentada en una banqueta alta detrás del desayunador, sus dedos ágiles moviéndose sobre el teclado de su laptop escribiendo un correo electrónico a su hermano, una sonrisa preciosa en sus labios sonrosados embelleciéndola aun más.
"¿Es un bebé unicornio?"
Ante esto chasqueás la lengua con dulzura, dejás a un lado el pedazo de mozarela que estás cortando en tiras, te secás las manos con un repasador y vas hasta donde está ella para besarla, simplemente porque es tan adorable que a veces sentís tu corazón hincharse tanto dentro de tu pecho que temés vayas a estallar por una sobredosis de ternura.
"Michelle, si los bebés unicornio existieran, te compraría uno" le asegurás, frotando el puente de su nariz con tu pulgar para hacerle cosquillas y provocar que nazcan de sus labios esas risitas incontenibles que llenan tus oídos y que se gravan a fuego en tu alma, donde vas a guardarlas para siempre, porque el sonido de su risa es uno de los sonidos que más adorás en el mundo, junto con el sonido de los latidos de su corazón y el sonido de su respiración cuando se queda profundamente dormida en tus brazos cada noche mientras vos le cantás al oído.
"Ya lo sé" responde, rozando apenas tus labios con los suyos "Me darías todo lo que te pidiera..."
Es cierto: le darías todo lo que te pidiera. Es el único ser humano sobre la faz de esta Tierra al que no le negarías absolutamente nada. Es la única que puede doblar tu razón, es la única que puede llevarte de la nariz (vos te dejás llevar feliz, por supuesto), es la única por la que te desvivirías para verla feliz, para que no le falte nada, para que tenga todo lo que quiera. No es necesario aclarar que nunca antes una mujer te hizo sentir así, que por ninguna otra hubieras sido capaz de caminar sobre agua o arrojarte al fuego, que por ninguna otra hubieras sacrificado todo sin excepción, sin pensarlo dos veces.
"Te daría todo lo que me pidieras y más" aclarás, besando la punta de su nariz "El cielo, la luna, las nubes, el sol, el mar" enumerás "… todo"
"Si te tengo a vos no necesito mucho más" murmura, acariciando tu cabeza y desordenando un poco tu pelo "Lo sabés bien, ¿no?" susurra, sin dejar de mimarte, sus ojos mirando intensamente dentro de tus ojos, las yemas de sus dedos acariciando cada palmo de tu rostro con delicadeza y suavidad, como si estuviera tratando de memorizar tus facciones a través del tacto (aunque ya las conoce de memoria).
"Lo sé" contestás con una sonrisa.
"Vos sos mi unicornio bebé" restriega muy despacio la punta de su nariz con la punta de tu nariz.
"¿De osito de felpa ahora ascendía a unicornio bebé?" preguntás divertido, sin poder evitar la sonrisa que se dibuja en tu cara, sin poder dominar las mariposas que rebeldes pasean de una punta a la otra de tu estómago haciéndote cosquillas con sus alitas, sin poder quitar tus ojos de sus hermosos y oscuros ojos orientales porque lo que ves dentro de ellos te fascina y te llena el alma.
"Nadie dijo que no podías tener más de un apodo cariñoso" es su respuesta; también ella está sonriendo.
"Michelle, prefiero que me llames osito y no unicornio" le aclarás.
Sin embargo, los dos saben bien que ella puede llamarte como quiera, que puede usar todos los apodos que se le ocurran, que – aunque finjas lo contrario o digas que de los dos males te quedás con el más leve – te encantan sus apodos cariñosos, que no te interesa si un día se le ocurre decirte que sos su osito de peluche, su unicornio bebé o su chanchito gruñón. Sólo te interesa verla feliz, sólo te interesa verla sonreír, sólo te interesa escuchar su risa llenando el aire y recordándote que empezaste a vivir cuando la conociste a ella. Sólo te interesa demostrarle con cada pequeño gesto, con cada pequeña cosa que hacés, con cada palabra y con cada silencio, con cada acción, con cada sorpresa, con cada momento mágico compartido, que la adorás con cada partícula de tu ser, que nunca pensaste llegarías a adorar así a otro ser humano, que ella es la mujer que cambió todo en vos (para bien, para convertirte en una persona muchísimo mejor), que tu costado robótico se debilita día a día y vas recobrando esa sensibilidad perdida gracias a sus besos y sus caricias, que nunca vas a poder agradecerle a Dios lo suficiente por haberte dado la oportunidad de que ella te enseñe lo que es el amor, de aprender con ella lo que es el amor.
"Si prometo llamarte sólo osito, ¿me das mi sorpresa ahora?" intenta negociar, con esa sonrisa que te derrite aun presente en sus labios, sus manos ahora haciéndote masajes en la nuca para aliviar la rigidez muscular que trae como consecuencia la tensión que implica tu trabajo, tratando de persuadirte para que aflojes y confieses qué sorpresa le espera esta noche.
"Michelle, ya te dije que vas a enterarte después de la cena" le recordás.
"Estoy un poquitito impaciente" admite.
"Me doy cuenta" frotás otra vez el puente de su naricita con tu pulgar.
"¿Me das mi sorpresa?" insiste, haciendo uso de su mejor carita de patito mojado para convencerte.
"No" te mantenés inconmovible "Dentro de un ratito" le prometes.
"Dame una pista" insiste.
No podés evitar suspirar. El instinto de Michelle es tan fuerte que probablemente esté diciéndole que la sorpresa del día de hoy es especial, mucho más especial que una laptop nueva, un libro, un picnic en el parque o una caja con un espejo dentro para que se vea en ella y recuerde que vos la considerás una criaturita hermosa. La sorpresa de este miércoles es muy, muy especial, no solamente para Michelle, sino también para vos. Es una noticia que va a hacerla inmensamente feliz, y no hay nada que te guste tanto como saber que tu Michelle es inmensamente feliz, por lo cual vos también te sentís inmensamente feliz.
"Dame una pista, Tony" vuelve a insistir, encaprichada como una nena de cinco años.
"Cuando sepas qué es, vas a ponerte muy contenta y vas a abrazarme y a darme muchos besos"
"Siempre tengo ganas de abrazarte y de darte besos, y siempre después de que me hacés regalos o me das sorpresas yo te abrazo y te doy besos, así que esa no es una pista válida" señala.
"Sos tan brillante… Es imposible engañarte" reís, ella ríe también "Voy a terminar de preparar la cena, y después de comer voy a darte tu sorpresa, ¿está bien?"
Asiente con la cabeza a regañadientes, y chasqueando la lengua para indicar que no está de acuerdo del todo con tu plan, al tiempo que vos regresás a la mesada para seguir cortando mozarela en tiras y ocuparte de terminar de preparar la comida, ella devuelve su atención al correo electrónico que está escribiendo a su hermano.
Los dos han caído sumidos en un silencio cómodo, pero pronto son interrumpidos cuando minutos más tarde suena el teléfono.
"Es mi hermana Gabrielle" le decís, luego de chequear el identificador de llamadas. Presionás el botón verde y te llevás el auricular a la oreja "Hola, Gabrielle" saludás.
La última vez que hablaste con Gabrielle fue hace un mes, cuando los dos estuvieron en Chicago para el funeral y servicio religioso en memoria de tu abuela, y ella mostró firme apoyo a tu mamá en todo el asunto referente a tu relación con Michelle, la cual tus padres no aprueban y, por ende, Gabrielle tampoco aprueba. ¿Cuál es el motivo de su llamado? ¿Tu mamá estará enviándola para convencerte de que pases la Navidad con ellos en lugar de quedarte en Los Angeles? ¿Querrá disculparse por la forma en la que actuó? ¿Querrá seguir metiendo el dedo en la yaga diciendo pavada tras pavada sobre la importancia de casarte con una mujer de tu mismo origen?
"¿Cómo estás Tony?"
Notás en su voz que pensamientos similares a los tuyos deben estar cruzando su cabeza; es decir, ella sabe para qué está llamándote, por lo cual es obvio que esa duda no cuelga sobre ella, pero es evidente que recuerda que las cosas entre ustedes no acabaron bien porque ella se puso 'en el bando contrario' – por denominarlo de algún modo – y es probable que esté preguntándose cómo vas a reaccionar a lo que sea que se esconda detrás de este llamado, que, ya te das cuenta, no es un llamado con intención de saber realmente 'cómo estás', 'qué es de tu vida', 'cómo te va', 'qué novedades tenés para contar'.
"Bien, ¿cómo están ustedes?"
"Bien, gracias a Dios. Sophia aprendió muchas palabras nuevas en este último tiempo, y Lucas y Milagros están cada día más hermosos" te cuenta con orgullo, y no podés evitar sonreír; adorás a tus sobrinitos y te encanta escuchar sobre sus progresos "Milagros está mostrando mucho interés por la lectura, y ahora Lucas está en esa etapa en la que los chicos preguntan y cuestionan absolutamente todo"
Ambos ríen con naturalidad, y por un instante, por una fracción de segundo, en el tiempo que tarda uno en lanzar un pequeño suspiro, olvidás que la última vez que se vieron tu hermana tomó partido por tu madre y sus opiniones extremistas, olvidás que tu familia te desilusionó y decepcionó al oponerse a tu amor por Michelle simplemente porque tu raza y su raza no son la misma (técnicamente son de distinta raza, porque lo cierto es que ambos son humanos, y eso sólo debería bastar). Por un momento se siente como otra conversación telefónica con tu hermana, una de las muchas que solías tener, en las que se cuentan cosas sencillas de la vida cotidiana y hablan de tus sobrinitos.
"¿Fiona te contó la gran noticia?" inquiere Gabrielle.
"Sí" tratás de poner cuidado en lo que decís, porque Michelle está escuchando, y la gran noticia de Fiona tiene que ver con la sorpresa que corresponde a este día y que vas a darle después de la cena; no querés 'irte de boca' y correr el riesgo de que Michelle deduzca algo antes de tiempo y el impacto pierda su magia "Me envió un correo electrónico el otro día con los detalles"
"Cuando habló conmigo sonaba realmente entusiasmada; es una gran oportunidad para ella y para Andrés, especialmente porque llevaban ya algunos años haciendo planes para dar este paso, y aunque implique muchos cambios de golpe, estoy segura de que va a ser para mejor"
"Opino lo mismo" te limitás a contestar, con la intención de economizar palabras tanto como posible y no dar a Michelle motivos de sospecha o despertar su curiosidad diciendo más de lo que deberías decir.
Tu hermana – más porque está acostumbrada a ser chismosa que por intuición natural– se da cuenta que está más corto de palabras que de costumbre.
"Tony, ¿podés hablar o estás ocupado? Si estás ocupado no quiero molestar"
Bueno, no estás 'ocupado'; es decir, simplemente estás preparando la cena, lo cual podrías terminar de hacer tranquilamente con el teléfono acunado entre tu oreja y tu hombro para sostenerlo en posición y hablar mientras cortás verdura, queso y preparás la comida. Podrías tranquilamente pasa unos veinte, treinta minutos conversando con Gabrielle, pero, sin embargo, lo que tenés ganas de hacer es estar a solas con tu Michelle, sin interrupciones, sin llamadas telefónicas, para poder abrazarla, besarla y molestarla mientras trata de escribir un correo electrónico a su hermano tanto como a vos te venga en gana, y hacerle cosquillas y arrancarle las risas más melodiosas del mundo, y simplemente disfrutar tu tiempo libre con la persona que amás, sin tener que concentrarte en nada o en nadie más. Suena egoísta, sí, y suena loco, pero no te interesa, realmente, no te preocupa que te tilden de loco, o que digan que estás obsesionado con tu mujer: sí, estás obsesionado con ella, y sí, media hora dándole besos en las mejillas y jugando con sus rulos mientras ella escribe en su laptop y vos esperás a que hierva el agua para echar los fideos vale más que treinta minutos haciendo cualquier otra cosa, y eso incluye una conversación telefónica con una de tus hermanas.
"Estoy preparando la cena para mí y para Michelle" respondés.
Deseás dejar en claro que – les guste a tu madre y a ella o no – Michelle sigue siendo parte de tu vida, va a serlo siempre, no cambiaste de opinión respecto a tus sentimientos, ella sigue siendo la mujer de tu vida, ella sigue siendo la personita más importante de tu Universo, ella sigue siendo tu única prioridad.
"Así que" escuchás en su voz ese dejo de dubitación apenas perceptible antes de que prosiga "… vos y Michelle siguen juntos" completa la oración como quien no quiere la cosa.
¿Acaso tu mamá no se anima a llamarte porque no cree poder soportar otra discusión con vos por el mismo tema y entonces le llena la cabeza a tu hermana para que ella te llame y averigüe todos los detalles posibles sobre tu vida íntima para después ir e informárselos a ella? ¿Está llamándote por iniciativa propia, porque de verdad le interesa enterarse de lo que sucede en tu vida, sin que tu mamá haya movido su mano para jalar los hilos como si Gabrielle fuera un títere y ella el titiritero, o precisamente fue eso lo que ocurrió y de allí nació el motivo por el cual discó tu número telefónico?
"Sí" confirmás, sonriendo para que tu hermana escuche la felicidad en tu voz, esa felicidad que invade cada recoveco de tu cuerpo y llena tu alma porque Michelle es parte de tu vida.
Tu hermana chasquea la lengua, no sabés si en fastidio, angustia, enojo, desagrado o qué, pero más allá de los motivos detrás de su actitud, una oleada de furia e irritación se desata dentro de vos, porque te resulta inconcebible que a tu hermana le den los nervios que hacen falta para reaccionar así, tenga las razones que tenga para no estar de acuerdo con la presencia de Michelle en tu vida, sean éstas propias o dictadas por tu mamá y su capacidad de manejarla a su antojo como un muñeco.
"¿Tenés algún problema con eso, Gabrielle?" le preguntás, tu voz sonando extrañamente cándida, como si de verdad estuvieras interesado en saber su opinión y dispuesto a considerar sus dudas y preocupaciones al respecto.
Michelle nota enseguida el cambio en tu postura, la forma en la que tu espalda se tiesa como si fueras un puma sintiéndose amenazado y escondido esperando a atacar para defenderse, el cambio en tu lenguaje corporal, ese dejo de molestia en tu voz teñido de azúcar que en realidad no es dulce sino amarga, casi tan amarga como ese sabor que sentís empapando tu lengua y envenenando tu estómago debido a la angustia y a la molestia que te causa que tu familia siga mostrando esa actitud tan hiriente cuando vos ya dejaste en claro que no hay forma posible de separarte de la mujer que adorás y sin la cual no podrías sobrevivir. Dejando a un lado su computadora, se levanta y se dirige hacia donde vos estás, te rodea desde atrás con sus brazos, deja sus manos reposando entrelazadas a la altura de tu abdomen, presiona su pecho contra tu espalda y recuesta allí su cabeza, desparramando besos inocentes por todas partes en un intento por calmarte y evitar que tu temperamento se eleve drásticamente y alcance niveles insospechados como sucede siempre que algo te enoja o molesta.
"Sabés bien lo que pienso sobre esto, Tony" es la respuesta que te llega por parte de Gabrielle desde el otro lado de la línea "Sabés que opino lo mismo que mamá"
Tenés que morderte la lengua para evitar decir algo que pueda lastimar a tu hermana, para evitar remarcar que prácticamente desde que tiene uso de razón sigue a tu madre a todas partes repitiendo como un eco cada cosa que dice y haciendo cada cosa que a ella (a tu mamá) le parece tiene que hacer, porque no querés caer tan bajo, no querés caer en su nivel y hacerle daño, porque a pesar de todo es tu hermana y la apreciás, y no vas a cometer el mismo error que ella está cometiendo lastimando sus sentimientos.
Respirás hondo, tratando de relajarte bajo el tacto de Michelle, cuyas manos ahora están acariciándote despacio para serenarte. Ella es la única mujer que puede calmar tu temperamento fuerte e incontrolable con sus mimos, ella es la única que puede desacelerarte, ella es la única que puede hacer que te relajes incluso cuando tus músculos se vuelven duros como el acero y tu cerebro se siente a punto de estallar, inflamado y presionado.
"Tony, tengo el presentimiento de que estás cometiendo un grave error" Gabrielle insiste, con ese mismo tono de voz cargado de 'preocupación'.
"¿Por qué?" preguntás entre dientes apretados, sin querer dar demasiados detalles para que Michelle no deduzca de qué están hablando tu hermana y vos basándose en la mitad de la conversación que puede escuchar; aunque, claro, una parte tuya sabe que es inútil, porque Michelle y vos en realidad no necesitan palabras para comunicarse, ella no necesita unir las piezas de una conversación a medias como si fuera un rompecabezas que armar para entender lo que pasa, lo que te pasa, porque ella y vos están íntimamente conectados, como nunca pensaste llegarías a estar conectado a otro ser humano, a otra alma.
"Tony, simplemente tengo un mal presentimiento, no es algo que pueda explicar, solamente lo siento, como una punzada en el estómago… Yo soy muy intuitiva, y tengo la sensación de que Michelle va a lastimarte mucho, de que va a hacerte sufrir, de que vas a pasar por cosas que no van a valer la pena, de que vas a terminar otra vez con el corazón roto por nada…"
Sus palabras te duelen físicamente casi, una a una a medida que va diciéndolas se sienten como una puñalada, y si no estás hirviendo como lava de un volcán listo para hacer erupción es porque la presencia de Michelle y lo cómodo que te sentís rodeado fuertemente por sus brazos evitan que colapses y que todo tu control se vaya corriendo por el desagüe.
¿Quién es ella para llamarte y decirte que Michelle le da un 'mal presentimiento'? ¿Se piensa que vos vas a creer en presentimientos que no son tuyos, que vos vas a creer en la intuición de otro y no en la tuya propia? Con tantas novelitas románticas que ha leído prácticamente desde los diez años, ¿no aprendió a distinguir a un hombre perdidamente enamorado de una mujer que daría la vida entera por él porque lo ama con la misma locura desmedida? ¿Por qué tu familia no puede aceptar que absolutamente nada de lo que digan, hagan, opinen o piensen va a lograr que te alejes de tu Michelle? ¿Por qué tienen que meter sus narices en asuntos que no les competen?
"Mi intuición me dice lo contrario, mi corazón me dice lo contrario" dejás en claro, sin levantar la voz, sin cambiar el tono, pero con firmeza, para que no queden dudas de que crees en cada palabra que está saliendo de tus labios, que las sentís muy hondo primero antes de convertirlas en sonido "No te preocupes por mí, Gabrielle, ya tengo un ángel de la guarda cuidándome"
Sentís los labios de Michelle curvándose en una sonrisa, presionados sobre tu espalda, sentís la ternura y la dulzura en estado puro en sus caricias, escuchás los latidos de su corazón acelerándose, y aunque no podés verla, estás seguro de que sus mejillas están otra vez teñidas de color carmín, porque siempre se sonroja cuando le decís que la considerás un ángel enviado directo del cielo a tus brazos cuando más necesitabas que alguien te sacara de la oscuridad y te regresara las ganas de soñar, las esperanzas, el deseo de dejar de existir meramente y empezar a vivir.
"Tony… no quiero que a largo plazo acabes arrepintiéndote…"
"No voy a arrepentirme" le asegurás, aun con más firmeza que antes, interrumpiendo lo que fuera que iba a decir antes de que la cortaras en seco "Michelle me hace feliz, mucho más feliz de lo que cualquier otra persona podría hacerme"
Y si por ella tengo que renunciar a mi familia, si me empujan al borde del precipicio y tengo que decidir entre saltar o volverme hacia atrás sobre mis pasos, no tengan duda alguna de que ustedes van a perder, porque aunque me duela terriblemente, no podría soportar ni siquiera considerar la posibilidad de pasar un solo día sin ella.
Pero no dejás que tus pensamientos se transformen en palabras, porque no querés que esto acabe en una pelea, no querés que la discusión suba de tono, por dos motivos principalmente: tu hermana está siguiendo instrucciones de tu mamá, y detrás de todo ese enojo que te despiertan sus palabras hay muchísima pena porque ella carece de personalidad y hace lo que su madre le dice, se deja manejar como una marioneta; el segundo motivo, y el más importante de todos, es Michelle: a ella no le gusta la idea de que parte de tu familia esté volviéndose en tu contra por culpa de su presencia en tu vida, y escucharte pelear con una de tus hermanas le haría mal.
"No creo que haya nada más que discutir sobre esto…"
No te gusta pelear con tus hermanas, pero actitudes como la que Gabrielle muestra vuelven muy difíciles de seguir tus intenciones de mantener las cosas al menos en frío si no pueden solucionarse por el momento. Tu intención es la de dar por finalizado el tema sin que sean cruzados límites que lleven a zonas más peligrosas, incluso cuando gran parte tuya sabe bien que, si tu hermana tiene la cabeza llena de las cosas que tu mamá debe haber estado diciendo sin parar desde que conoció a Michelle cuando fueron a Chicago en noviembre, entonces no va a ceder fácilmente y a aceptar que no hay forma alguna de torcer tu razón y va a seguir presionando, presionando y presionando hasta agotar la escasa paciencia que podés acumular en casos como éste en los que se meten con la mujer a la que amás y a la que defenderías de absolutamente todo, inclusive de tu propia sangre si ellos se empecinan en atacar.
"Tony, nosotros sólo queremos lo mejor para vos… Queremos que formes una familia con una mujer que comparta nuestros mismos valores, tradiciones y costumbres, una mujer que comparta tus mismos valores, tradiciones y costumbres…"
Está haciendo oídos sordos a lo que vos decís, sin duda, y eso te molesta. Te molesta que se escude detrás del mismo discurso que tu mamá trató de venderte (algo en lo que falló estrepitosamente). Te molesta que tu mamá haya tenido éxito al venderle ese discurso a ella, y que la haya convencido para que te llamara y siguiera llenándote la cabeza (porque estás seguro, muy seguro, de que tu hermana discó tu número de teléfono después de que tu mamá la instruyera en qué decir y cómo decirlo). Te molesta que lo que tenías planeado sería un miércoles romántico y tranquilo en compañía de Michelle vaya a ser arruinado por algo como esto.
"Michelle y yo compartimos nuestras propias tradiciones, nuestros propios valores y nuestras propias costumbres, y nuestros orígenes diversos se complementan perfectamente" estás siendo un poco más cortante que antes, y en respuesta a tu temperamento alzándose por sobre tu autocontrol sentías las manos de Michelle aferrando tu mano libre, aquella que no está sosteniendo el teléfono.
"Tony, no te pongas a la defensiva" ruega Gabrielle "No estoy tratando de atacarte ni nada por el estilo…"
Contenés un suspiro de frustración, las ganas de chasquear la lengua en señal de molestia, las ganas de decirle a tu hermana que puede guardarse su hipocresía en el bolsillo, las ganas de soltarle todo lo que pensás sobre la forma patética en la que tu mamá siempre la ha usado como su muñeca de trapo.
Amás a Gabrielle, es tu hermana, es tu familia, es sangre de tu sangre, no le deseás mal, pero eso no implica que no puedas ver sus defectos, eso no implica que su personalidad y la tuya sean tan distintas que no pueden combinar, eso no implica que estés ciego a la realidad: tu mamá maneja a Gabrielle como se le antoja, siempre lo ha hecho, siempre ha sido así, y Gabrielle se deja manejar.
Suspirás, tratando de canalizar así los sentimientos que te devoran por dentro para que no sigan acumulándose y llevándote a correr el riesgo de entrar en combustión espontánea sin previo aviso si tu enojo se desborda.
"Gabrielle, no tengo intención de seguir hablando sobre este tema" repetís, sin elevar el tono de voz pero con firmeza "Sé lo que mamá y vos piensan, sé de qué opinión son, sé que creen que debería haber buscado una mujer de nuestra comunidad, pero uno no elige de quién se enamora. Yo ni siquiera creía en el amor hasta que la conocí a ella" sos consciente de que tus mejillas acaban de encenderse, sos consciente del calor que emana de tu cuerpo, sos consciente del brillo que abrasa tus ojos como si tus pupilas hubieran sido prendidas fuego, ahora que acabás de hacer una confesión tan íntima, algo que tenés que estar repitiendo para probarle a las personas que se supone tendrían que darte su apoyo incondicional que ellos están equivocados y vos no "Si realmente te preocupas por mí y por mi felicidad, entonces tenés que creerme cuando te digo que la amo y que es todo lo que necesito para estar bien. No me molesta que me llames para saber cómo estoy, o para conversar, o para contarme cosas de mis sobrinos, pero sí me molesta cuando hablan de Michelle como si ella sobrara en mi vida y estuviera haciéndome un daño, y sí lo considero un ataque, por eso se justifica que me ponga a la defensiva"
"Lamento haberte disgustado, Tony…" Gabrielle comienza a disculparse, pero bien sabés vos que esa disculpa no vale nada, porque no nace de su corazón, o de reflexiones sobre lo difícil que es para vos tener a toda tu familia en contra cuando en realidad ellos simplemente deberían aceptar tus elecciones y dejarte en paz, sino que es una disculpa vacía, para mantenerte calmado, para que no pierdas el control y empiecen una discusión más acalorada, simplemente por eso.
"Gabrielle, no sirve de nada que te disculpes, porque realmente no lo sentís" le decís "Y me apena que no sea así, porque soy honesto cuando digo que significaría muchísimo para mí que mi familia me apoyara y que mi felicidad los alegrara a ustedes"
"Tony, deseo más que nada en el mundo que seas feliz, porque sos mi hermano y te amo, pero no puedo fingir estar contenta por vos cuando tengo constantemente esta angustia en el pecho que me dice que ella va lastimarte y que vas a terminar sufriendo por su culpa"
El chantaje emocional nunca funciona con vos; probablemente sólo funcionaría si Michelle tratara de utilizarlo, pero ella nunca recurriría a esa clase de recursos baratos típicos de telenovelas de bajo presupuesto. Que tu hermana te diga que intenta ser feliz porque vos sos feliz pero que no puede porque tiene una angustia oprimiéndole el pecho que es tan grande que no puede ignorarla es una mentira, una mentira que tu mamá le mandó a contar. La única de tus hermanas que podría tener una ligera influencia en vos es Martina, porque escuchás todo lo que ella dice y prestás atención a los consejos que te da o a las sugerencias que hace porque la considerás no sólo tremendamente brillante e inteligente, sino también muy sabia (probablemente porque es tan brillante, tan inteligente, tan sabia que es imposible no se dé cuenta de lo que los otros se niegan a ver porque no están conformes con que hayas roto con la tradición que tiene tu familia); por mucho que la aprecies (porque es tu hermana, porque se criaron juntos, porque la misma sangre que corre por tus venas corre por las suyas) Gabrielle no es precisamente una persona de la que estés dispuesto a tomar consejos en consideración, principalmente porque cualquier cosa que Gabrielle diga, lamentablemente, primero ha sido dicha por tu madre, y si hay algo que sabés le gusta usar a tu mamá es el chantaje emocional, así que no te sorprende que Gabrielle esté recurriendo a ello.
"No tenés motivos para estar angustiada, Gabrielle" le decís, rogando que la conversación acabe pronto, porque ya estás cansado de escuchar doscientas veces lo mismo pero que a vos no te escuchen "No tenés motivos para preocuparte, al menos no motivos con fundamentos sólidos" no querés decirle abiertamente que cualquier cosa que su madre le diga es mentira y que es todo parte de su plan de llenarle la cabeza para que, como siempre, se corra a su lado del campo de batalla (odiás sentir que tu familia y vos están en lados opuestos de un campo de batalla).
"Sabés que siempre que necesites alguien con quien hablar, contás conmigo, ¿cierto?"
Sí, claro, para que inmediatamente después vayas corriendo a contarle a mamá absolutamente todo lo que yo te diga una voz amarga y punzante susurra en tu cabeza.
Está empezando a dolerte la cabeza, todo por una conversación telefónica que no lleva ni diez minutos, todo porque tu familia es incapaz de aceptar que elegiste colorear fuera de las líneas y salirte de sus ideas de que los latinos se casan con los latinos, los judíos con los judíos, los rusos con los rusos, los americanos con los americanos, los asiáticos con los asiáticos.
"Gracias, Gabrielle" te limitás a decir.
"Sólo quiero lo mejor para vos, Tony…" continua lamentándose.
"Entonces debés confiar en mí, Gaby, cuando te digo con total seguridad que me enamoré perdidamente de la persona indicada" sentís otra vez los labios de Michelle curvados en una sonrisa, presionando contra tu espalda, donde siguen aun desparramando besos para tranquilizarte "Vos mejor que nadie deberías saber que el color de piel, los genes, el apellido, la cultura, no pueden ser nunca más fuertes que el amor" decís, apelando a su costado romántico.
"Espero que no te hagas daño, Tony…"
"Eso no va a pasar" le asegurás; no te importa ya a esta altura si te cree o no, simplemente querés dar por finalizada esa conversación para poder volver a estar tranquilo con Michelle.
"Ojalá tengas razón, porque odiaría verte destrozado otra vez, con el alma hecha jirones por culpa de otra arpía descorazonada…"
Eso es suficiente para que toda la paciencia con la que estabas manejando la situación, toda la calma que venías conservando con esfuerzo, todas tus ganas de no entrar en una discusión fuerte para no darle a Michelle motivos de angustia, toda la voluntad puesta en no estallar en chispas, se disipen en un segundo. Sólo un segundo tardó tu hermana en hacer que tu temperamento se eleve hasta llegar a niveles más allá de lo imaginable. Sus palabras se sintieron definitivamente como un baldazo de agua fría o una abofeteada muy fuerte; fueron un golpe demasiado bajo que no necesitaba ser dado, pero que duele.
¿Era necesario meter a Nina en el medio? ¿Era necesario recordarte el enorme error que cometiste al involucrarte con una mujer que aparentaba ser mil cosas pero que acabó resultando una traidora, una asesina, una psicópata? ¿Era necesario recordarte lo bajo que caíste, lo profundo que te hundiste cuando todo lo que pensabas era verdad se descubrió como una mentira terrible? ¿Era necesario sugerir que Michelle es otra arpía descorazonada que va a arrancarte el alma y a triturarla para hacerte sufrir y retorcer y luego dejarte tirado hundido en tu miseria?
Sabés que no es verdad, por supuesto, sabés que Michelle es distinta, sabés que ella no es Nina, sabés que jamás te haría daño, sabés que esto es amor, mientras que tu asunto con Nina era una cuestión de ego y calentura. Sabés que son dos relaciones totalmente diferentes, con dos personas que no podrían ser más desemejantes una de la otra, porque Michelle es un ángel y Nina es retorcidamente diabólica. Lo que te molesta es que tu hermana se atreva a sacar a la luz algo que te marcó profundamente y que te dejó heridas que durante mucho tiempo pensaste nada ni nadie podrían sanar, heridas tan graves que te sentías desfallecer cuando los recuerdos, las pesadillas y el remordimiento llamaban a tu puerta por el puro gusto de someterte a la tortuosa sensación de haber sido engañado, usado. Lo que te molesta es que esté comparando a una de las peores cosas que te pasó en la vida con la que sin lugar a dudas para vos es lo mejor que podría haberte pasado, sólo porque tiene la idea estúpida de que quizá así te entre miedo y decidas alejarte para prevenir otro certero golpe a tu corazón, cuando la responsable de que tengas tu corazón sano y funcionando otra vez no es otra que Michelle.
Respirás hondo una, dos veces, tres veces, pero no lográs calmarte, y tampoco te calma la sensación de sus manos masajeando tu espalda para aliviar tensiones y aflojar los nudos en tus músculos duros como el acero. No te gusta gritar, mucho menos a una mujer, mucho menos si esa mujer es una de tus hermanas menores, pero realmente esto te saca de quicio; son demasiado sensibles las fibras que ha tocado, ha calado demasiado hondo hasta llegar a rincones de tu alma que están teñidos de una oscuridad y de un frío que sólo han vuelto a conocer la luz y la calidez gracias a Michelle, porque nadie que haya intentado comprenderte o ayudarte lo logró, sólo ella ha podido, porque ella puede hacer con vos lo que nadie más puede. Que saque a relucir tu historia con Nina es un golpe directo donde más duele, donde más lastima, donde los daños son mayores, y si se piensa que así va a lograr que tus sentimientos hacia Michelle entren en dudas y empieces a cuestionarte si no estarás recorriendo otra vez el camino que por poco te llevó a la autodestrucción dos años atrás, se equivoca muchísimo.
"Son dos situaciones sin punto de comparación" decís entre dientes apretados, sintiendo toda la tensión y la bronca acumulándose dentro tuyo, en tu pecho, provocando que tu corazón lata dolorosamente rápido, amenazando con llevarte a estallar "No hay nada, nada en lo absoluto que Michelle y Nina tengan en común, no hay similitud alguna entre la relación que tenía con Nina y la relación que tengo y que voy a tener para siempre con Michelle"
Hay tanto que querés explicar, tanto que querés decir, no sabés por dónde empezar, no sabés cómo hilar las palabras, no sabés exactamente cómo expresarte, porque dentro tuyo lo que antes estaba en calma y en paz se ha revolucionado y caído en el caos, todo por un llamado telefónico que hace que sientas en carne propia otra vez la decepción de saber que a tus padres les importa más conservar las apariencias y quedarse encerrados en su idea de que los latinos deben casarse con latinas que tu felicidad, y que sólo van a ser felices por vos si decidís formar una familia con la clase de mujer que a ellos les parece ideal.
Pensar que estaba tan tranquilo, tan contento, con Michelle, los dos solos…
Y ahora estás en medio de esta discusión con tu 'pobre' hermana menor, a quien tu madre lleva de la nariz de un lado para el otro como se le antoja. Y ahora estás metido en este 'baile', del cual no vas a salir así como así con una evasiva o diciéndole a tu hermana que no te interesan sus opiniones (o, mejor dicho, las opiniones que tu madre pone en su boca como las pájaras ponen la comida en la boca de sus pichones), porque se metió con un tema delicadísimo, porque se atrevió a utilizar una 'táctica' que no debería haber usado, porque se animó a sacar a relucir a Nina (ilusamente, claro; Gabrielle no es una persona que tenga maldad, y honestamente no creés que tu madre le haya dicho que mencionara lo terrible que fue vivir el después de esa traición, pero se te ocurre que del mismo modo en que es muy fácil de dominar y de llevar al antojo del que mueve los hilos, también es fácil para ella equivocarse al momento de hablar).
"Tony, no quise herir tus sentimientos…"
Pero los estás hiriendo una voz punzante grita en tu cabeza, perforándote los oídos, taladrándote el cráneo. Cuando mencionan a Nina, cuando me recuerdan cómo esa arpía me usó según le vino en gana, cuando me recuerdan que estuvo involucrado con una asesina a sangre fría, con una psicópata, es como si estuvieran revolviendo el puñal en la herida.
No tardás en interrumpir a tu hermana antes que otra palabra pueda dejar su boca. Frío, seco, tu temperamento hirviendo, la sangre corriendo en tus venas con rapidez asombrosa para alimentar a tu corazón, que encendido en furia late desaforadamente. Sentimientos encontrados se acumulan en tu pecho; tu cabeza está nublada y embotada de pronto, a un paso de empezar a echar humo, y te duele tanto que podrías jurar el cerebro inflamado está latiendo contra tu cráneo, golpeándose los vasos contra el hueso.
"Lo estás haciendo, Gabrielle…" le decís.
Tu tono acusador no funciona como barrera, no la detiene, y las palabras no cesan, fluyen de su boca como el veneno que tu mamá con sus ideas y su fanatismo por conservar su pequeño mundo intacto y lejos de cualquier 'persona ajena' que pueda contaminarlo plantó en ella como una semilla, segura de que daría sus buenos frutos, porque Gabrielle es experta – siempre lo ha sido – en espejar cualquier cosa que tu mamá piense u opine, todo con tal de mantenerla conforme y orgullosa:
"… pero nada te garantiza que las cosas no vuelvan a terminar mal otra vez…"
"¿Entonces de acuerdo con lo que ustedes creen indefectiblemente cualquier mujer que no sea latina va a apuñalarme por la espalda?" preguntás con la voz empapada en sarcasmo, hecho una furia, la cólera agolpándose en tus sienes, tus músculos entumecidos y tu visión borrosa de pronto debido a toda la bronca que sentís consumiéndote.
"Tony" suspira tu nombre con clara frustración, como si ella fuera una maestra de escuela elemental y vos un alumno especialmente caprichoso que se niega a entender que dos y dos son cuatro "… el lugar en el que trabajás evidentemente es un nido de ratas…"
Chasquea la lengua impaciente, como si estuviera buscando la manera correcta de expresarse para que la comprendas o para no ofenderte demasiado; sin embargo, se exprese como se exprese, estás seguro de que lo que salga de su boca no va a gustarte, y que vas a sentirte ofendido (ya es suficientemente ofensivo que haya llamado a la CTU 'nido de ratas'; vos sos el director de ese 'nido de ratas').
"… Sé que te sentís bien salvando vidas, previniendo tragedias y protegiendo a la ciudad, y probablemente haya un porcentaje de empleados que realmente estén ahí por vocación, pero, Tony, de acuerdo a las cosas que contás, de acuerdo a las cosas que se ven, es muy probable que la mayoría tenga intereses ocultos y esté aprovechándose de su puesto para conseguir beneficios propios"
Estás tan nervioso y lo que acaba de decir te parece tan ridículo que bien podrías aflojarte y dejar salir una risotada histérica. Se nota a la legua que tu hermana siempre ha vivido bajo el ala de tu mamá, se nota que nunca ha visto las cosas que vos has tenido que ver. Vos has visto compañeros arriesgarlo todo – sus vidas, sus sueños, su salud, sus esperanzas, sus familias, absolutamente todo lo imaginable – para salvar a otros, para hacer el bien, para proteger y servir al país, al suelo que aman. Has visto compañeros irse de pie y con la cabeza en alto, y volver discapacitados y enfermos para siempre debido a heridas de las que no hay retorno, así como has visto a otros regresar derechito a la morgue en bolsas negras con el logo del equipo forense. Has conocido hombres y mujeres valientes que han estado dispuestos a perder la libertad con tal de hacer lo que consideraban justo y correcto. Obviamente, existen aquellos que como Nina no tienen corazón y se aprovechan de su posición para vender información o actuar como infiltrados, pero esos son los menos, son los que no tienen ni alma ni escrúpulos, son psicópatas, son asesinos, son seres de corazón negro demasiado consumidos por su avaricia, demasiado locos. ¿Pero por eso hay que meter a todos los que son patriotas en la misma bolsa? ¿Por eso hay que considerar un 'nido de ratas' a una agencia del gobierno que ha salvado a la ciudad de una catástrofe tan grande que es imposible de imaginar?
Esa clase de pensamiento, por supuesto, fue plantado en su cabeza por tu madre, a quien nunca le ha caído bien tu decisión de no dedicarte a la música o a la medicina para ir a servir a tu país cuando tenías solamente dieciocho años. Tu mamá está convencida de que la CTU va a terminar conduciéndote a la muerte, y si no a la muerte, entonces sí a más dolor, traumas, noches de pesadillas que nunca acaban y que vuelvan a empezar, insomnio, ataques de nervios y pánico y ansiedad y un montón de cosas horribles que es cierto a veces aparecen cuando tenés un trabajo como el tuyo, pero que vos ya no sufrís porque la aparición de Michelle en tu existencia te curó de todo eso, como una droga, un remedio, una medicina aplicada en el lugar justo en el momento justo y en la dosis justa.
"¿Cuántos otros estarían dispuestos a vender hasta sus propias almas al mejor postor si surgiera la oportunidad?" sigue "¿Qué te hace estar tan seguro de que Michelle no es otro lobo disfrazado de cordero?"
"¡Basta, Gabrielle!" estallás, tan súbitamente que hasta el sonido de tu propia voz sumida en un grito te sobresalta y sorprende.
Estallás porque están atacando a Michelle, a la mujer que es objeto de tu adoración y locura, la mujer que le dio sentido a los treinta y cuatro años y medio que pasaste meramente existiendo, la que hizo que descubrieras lo que se siente estar verdaderamente vivo. Están atacando a la persona que más te importa sobre la faz de la Tierra, por la que arriesgarías absolutamente todo, a la que defenderías sin importar la situación, por la que renunciarías a todo sin pensarlo dos veces (sin pensarlo una vez, siquiera), por la que sacrificarías todo y te quedarías sin nada, por la que derramarías hasta la última gota de sangre en tus venas.
Estallás porque odiás las mentiras, odiás los prejuicios, porque odiás que la gente se llene la boca hablando porque es gratis o porque pueden o porque hay libertad de expresión o porque erróneamente creen poseer la sabiduría absoluta (o en el caso de tu hermana, creen conocer a alguien que sí la posee y se guían según lo que ese alguien piensa, hace, opina, siente, dice) y se consideran dueños de la verdad.
Estallás porque están cansado de tener que explicar este amor que te consume, este amor que es tan fuerte que te deja sin aire. Estás cansado de que no te entiendan, de que no pongan el mínimo esfuerzo en entenderte, cansado de que una y otra vez te arrojen los mismos pesados ladrillos para 'despertarte' y 'hacer que veas cómo son las cosas' porque 'ellos quieren lo mejor para vos'.
Estallás porque ya te hartó que critiquen siempre tu trabajo, ese trabajo que te apasiona y al que le dedicás tanto esfuerzo, un trabajo que para vos significa muchísimo. Estallás porque estás harto de que insistan en que todos ahí son víboras venenosas con los colmillos cargados esperando el momento oportuno para atacar, y que vos sos la única excepción.
"Ya no quiero seguir hablando de esto, Gabrielle" tu tono es extremadamente firme, pero te tiemblan los labios incontrolablemente, como si estuvieras hipotérmico "Ya no quiero escuchar una y otra vez que trabajo en un nido de ratas en el que nadie vale la pena, donde todos están esperando para atacarse los unos a los otros como animales"
Respirás hondo; te falta el aire. Tu anatomía está entumecida, y todo lo que podés sentir es aquello que está devorándote ferozmente por dentro.
"Ya no quiero que hablen de Michelle" es tal la cólera que sentís, que te sorprende no estar echando humo por las fosas nasales como un dragón enfurecido "como si fuera una cualquiera, una traidora o una oportunista. Ya no quiero que me digan lo que ustedes piensan que tengo que hacer con mi vida, con quién debo casarme, de quién tengo que enamorarme, con quién tengo que formar mi familia"
Tus dientes están tan apretados que te duelen la mandíbula y las encías.
"¿No les gusta Michelle porque es asiática?, ¿no les gusta que la haya conocido en la CTU?" son preguntas retóricas, por supuesto, para las que no te interesa oír respuesta "Ese problema es de ustedes, no mío"
Y sin pensarlo, en tu enojo, en un arrebato, sin darle tiempo a siquiera tratar de abrir la boca para meter palabra alguna, totalmente absorto y ajeno a todo lo demás, dejás que todo siga fluyendo como si hubieran abierto dentro de vos un grifo que ahora no se puede cerrar. Es como si tu sistema quisiera sacarse de encima todo lo que venís acumulando desde que tus esperanzas se hicieron trizas cuando chocaste de lleno, violentamente con lo que tu hermana ya te había avisado encontrarías en cierto punto del camino (vos, idealista, habías guardado por demasiado tiempo la ilusión de que por una vez estuviera equivocada): que a tu familia, a tus padres, los que llevan en sus venas la misma sangre que alimenta tu organismo, Michelle no les parece suficiente porque no tiene raíces latinas y porque su relación con vos se originó en ese 'nido de ratas', como ellos llaman a la CTU:
"Tienen que comprender de una buena vez por todas que amo a Michelle más de lo que amo o podría llegar a amar a cualquier otra persona. Confío en ella ciegamente, arriesgaría absolutamente todo por ella, sacrificaría todo, renunciaría a todo, vendería mi alma al diablo si fuera necesario, sería capaz de cualquier cosa para defenderla si alguien osara a intentar hacerle daño, ustedes incluidos"
Remarcás esa parte final con especial énfasis, para que no le queden dudas de los extremos a los que podrías llegar por Michelle.
"Es la persona más sabia, inteligente, dulce y desinteresada que conozco. Sé que nunca me lastimaría, sé que sería capaz de todo para protegerme, incluso sería capaz de sacrificarse ella misma si se lo pidieran. Sé que preferiría morir antes que traicionarme, así como yo preferiría la muerte antes que hacerle un mal a ella"
Un segundo de silencio cae luego de esa confesión, que resuena no sólo en tus oídos si no también en tu alma, tu corazón, el interior de tu anatomía, como si acabaran de golpearte la cabeza cual si fuera un gong. Tus músculos antes tensos como el acero y entumecidos, tanto que ya no los sentís, así como tampoco sentís a Michelle besando tu espalda repetidas veces para calmarte, ni sentís sus manos acariciándote, ni oís su voz pidiéndote en susurros ahogados por la presión que hace su boca contra la tela de tu camisa que te calmes y que no pelees con tu hermana. Sólo escuchás tus voces internas diciéndote que es necesario que te quites todo de encima, que te quites ese peso de los hombros.
"No tengo dudas de que es el amor de mi vida. No tengo dudas de que ella es la razón por la que nací. No me importa que su familia sea distinta a la nuestra…"
No me importa que la haya criado su abuela, mientras que a mi me criaron mis padres.
No me importa que su hermano sea un alcohólico desempleado con demasiados problemas personales.
No me importa que su mamá la haya abandonado, cuando nuestra madre hubiera sido incapaz de hacer algo así.
No me importa que su madre fuera una alcohólica.
No me importa que nuestros rasgos sean distintos.
No me importa que sea diferente nuestro color de piel.
No me importa que sean diferentes nuestros ojos.
"… No me importa que pertenezcamos a culturas distintas, a razas distintas…"
Somos los dos humanos. Amar es lo que nos hace humanos.
"… Me tiene sin cuidado lo que papá y mamá opinen…"
Me duele, me duele terriblemente que no acepten a Michelle, que la odien, que no la quieran, que pretendan que la deje, que juzguen mis sentimientos, pero me tiene sin cuidado, porque a la larga los que se están equivocando son ellos, no yo.
"… Yo amo a Michelle. Y si la amo demasiado para mi propio bien…, bueno, eso es asunto mío. Y si algún día el infierno se congela, llueve petróleo, los olmos dan peras y resulta que Michelle se quita la máscara y me apuñala por la espalda, me deja hundido en mi propia miseria desangrándome y ahogándome en llanto como ustedes piensan va a suceder tarde o temprano, no va a importarte. Jamás me importaría; estaría más que dispuesto a correr ese riesgo. Mil puñaladas valdrían la pena, sería un buen precio a pagar, aunque no creo que pueda ponérsele un precio a la experiencia de conocer lo que es el amor puro, el amor verdadero, la magia de estar completamente conectado con otra persona, de ser la mitad de un todo"
Volvés a inhalar, disfrutando de la sensación que provoca el oxígeno al llegar a tus pulmones, alimentándolos. Luego seguís hablando, deseando sacar todo de lo más profundo de tu alma, todo eso que venís guardándote, todo eso que ya le dijiste a tus padres pero que – aunque estés harto, aunque estés cansado – serías capaz de repetir a cada ser humano que habite la Tierra con tal de convencerlos de que no hay forma posible de arrancarte del lugar al que pertenecés: los brazos de Michelle.
"Si siguieran intentando separarme de Michelle, estarían tratando de arrancarme una mitad de mi cuerpo, un brazo, una pierna, un pedazo de mí, la mitad de mi alma, la mitad de mi corazón. Necesito a Michelle para funcionar, para existir, literalmente la necesito para estar vivo, porque sin ella me muero"
Hacés otra pausa, esta vez muchísimo más larga. Te percatás de pronto, desde el comienzo de ese monólogo a corazón abierto, de tu propia anatomía, la cual hasta el momento había estado entumecida, pero que ahora ya no lo está: tenés los ojos húmedos; sin que te dieras cuenta unas cuantas lágrimas se han escapado, dibujando un camino sobre tu piel por tus mejillas hasta llegar a la comisura de tu boca. Tu corazón late muy fuerte contra tu pecho, lastimándote las costillas, palpitando con tanta intensidad que lo sentís a la altura de tu nuez, en tu garganta, como si estuviera tratando de escaparse por tu boca (¿acaso no vertiste todo el contenido de tu corazón, le diste forma de frases y lo escupiste por la boca recién, cuando le dijiste a tu hermana todas esas cosas?). Tu cabeza sigue presa de una jaqueca que está literalmente partiéndola al medio, como si estuvieran serruchándote el cráneo para llegar a tu inflamado, hinchado, adolorido cerebro.
Sentís también las manos de Michelle acariciando tu espalda, sus besos en tu nuca, las lágrimas que tus palabras hicieron nacer de esos dos ojos orientales negros como el azabache empapando tu camisa, y permitís a tu cuerpo el lujo de relajarse, permitiendo que ella se amolde a vos, su pecho y tu espalda encajando perfectamente como dos piezas pertenecientes a un mismo rompecabezas, destinadas a estar para siempre unidas.
Respirás varias veces, buscando un poco más de oxígeno, pero encontrando algo mucho mejor ahora que tus sentidos han vuelto a activarse: el perfume de Michelle, dulce, único, exquisito, tóxico, embriagante y adictivo como siempre. Es tu perfume favorito en el mundo, y si tuvieras que morir sofocado, quisieras sofocarte en aquella esencia que sólo pertenece a ella.
Acabás de mostrar con una pasión y una sinceridad que pocos han visto refulgir en vos todo lo que sentís por la mujer que te tiene hipnotizado desde el segundo en que tus ojos y sus ojos se encontraron y sellaron silenciosamente un pacto sin pedirles permiso a ustedes, porque así estaba escrito que sucedería y así tiene que suceder.
Solamente Michelle ha escuchado en tu voz la honestidad con la que hablaste de tus emociones más hondas e íntimas, solamente Michelle te ha oído tan vulnerable y expuesto. Probablemente Gabrielle no se esperaba que en un intento de convencerla de que no vale la pena intentar lograr que cambies de opinión dejes caer todas tus paredes y te muestres frágil, débil, enamorado, y por eso ella tampoco dice nada durante un minuto entero.
El silencio denso es finalmente roto cuando tu hermana habla, con la voz ligeramente tomada, eligiendo con mucho cuidado cada sílaba:
"Tony, estás cegado" es casi como si sintiera pena por vos, como si estuviera hablando con una persona muy enferma, una persona convaleciente, o con un loco "… Estás diciendo locuras…"
Y sí, puede ser que estés loco. No, mejor dicho: sabés que estás loco. Sabés que tu amor por Michelle te tiene totalmente desquiciado, sabés que no te queda una onza de cordura. Pero no te interesa recuperar esa cordura, a decir verdad: tu cordura es un precio módico a pagar por tener la sensación más linda del mundo invadiéndote por dentro de rincón a rincón cuando la abrazás, besás y acaricias, cuando mirás dentro de sus ojos, cuando te fundís en sus caricias, cuando quedás bajo su merced cada vez que sus manos recorren tu espalda y su voz susurra en tus oídos las promesas más románticas, esas promesas que ninguna otra mujer te hizo porque jamás ninguna mujer te amó como te ama Michelle.
"Estás arriesgando tanto por una locura…"
Tu hermana evidentemente no entendió absolutamente nada de todo lo que le dijiste si eso es lo que le queda por agregar. Debe pensar que estás confundido, idiotizado obnubilado, con los patitos mal alineados, pasando una etapa de estupidez o de rebeldía… Puede que una parte de ella te haya entendido, puede que una parte de ella incluso acepte que tenés razón y que tu mamá no la tiene, pero ahora – con la cabeza un poquitito más fría – te das cuenta de que fuiste un poco tonto al pensar que Gabrielle aceptaría que la visión de las cosas que tu mamá posee es una visión equivocada, errónea, y que en esta partida el trío de ases lo tiene otro (vos). Va a seguir, por supuesto, insistiendo sobre lo mismo, negándose a entender, a aceptar, a darte la razón a otro, a comprender, a salir de su postura, de ese casillero en el que está metida y en el que va a estar metida hasta que tu madre le dé la orden de opinar algo distinto.
"… Tony, tenés que pensarlo bien… Somos tu familia… Y ella…"
"Ella es el amor de mi vida" contestás con voz calma y serena; no querés alterarte otra vez, porque estás empezando a preguntarte si alguna de las lágrimas de Michelle que empapan tu camisa no habrán sido provocadas por los nervios y la angustia de escucharte discutir con tu hermana, y no por la ternura de oír todas las cosas dulces que dijiste sobre ella y sobre lo mucho que la adorás, tanto que darías la vida en un segundo para salvar la suya "Y si estoy loco" concluís "es mi problema, y de nadie más"
"Tony…"
"No quiero seguir hablando, Gabrielle" repetís quedamente, casi como si fuera un mensaje pregrabado en una máquina contestadora "Buenas noches"
Colgás sin esperar a que agregue cosa alguna, ya cansado, exhausto y con una migraña tan potente que sentís el cerebro como si hubieran estado martillándote el cráneo hasta partirlo en pedazos.
El día transcurrió bastante bien, ¿por qué de pronto tiene que terminar así, con tu cerebro al borde del colapso, tu corazón palpitando a los galopes y un montón de astillas clavándose fuertemente en tu corazón en el punto aquél en el que quedó un agujero luego de que tus padres demostraran no ser lo que pensabas eran?
Suspirás cansinamente, te restregás los ojos.
"No me gusta que pelees con tu familia por mí, Tony" Michelle susurra en tu oído, al tiempo que sin dejar de abrazarte te mece despacito de un costado al otro para ayudar a que te tranquilices "No me gusta que pelees con tu familia por mi culpa" repite, y escuchás su susurro cargado de genuina angustia y preocupación. Su voz dulce e inocente llena tus oídos y acaricia tu alma como si sus manos estuvieran tocándola, las yemas de sus dedos dibujando mariposas en aquellas zonas heridas a las que les hace falta un bálsamo "Por favor, Tony; me pone muy mal escucharte discutir con ellos, me pone muy mal saber que es por mí"
Abrís la boca para hablar pero no sale de ella sonido alguno; estás exhausto, tan exhausto, que bien podría pensarse que venís teniendo un muy mal día desde el amanecer, cuando la realidad es que la tranquilidad se rompió y quedó echa añicos en el suelo en cuestión de minutos. Das media vuelta para quedar de cara a ella, rodeás su cuerpo con tus brazos como si tu vida entera dependiera de la cercanía de sus dos anatomías, y presionás tu mejilla contra su hombro, enterrando el rostro en su cuello, empapándote de su calidez, relajándote bajo el movimiento de sus manos vagando por tu espalda, trazando círculos.
"No tienen ningún derecho a juzgarte cuando apenas te conocen" murmurás finalmente, luego de algunos minutos en absoluta quietud, mientras acariciás despacio su cabello, enredando sus bucles entre tus dedos.
"Ya lo sé, amor, y a mi también me duele que lo hagan" confiesa en tono tranquilizador, un tono tranquilizador que logra que tus palpitaciones vayan volviendo poco a poco a su ritmo normal "Pero sin importar lo que piensen de mí, siguen siendo tu familia, y no quiero que estés enemistado con ellos por mí" vuelve a pedirte.
Levantás la cabeza, despacio. Sus manos acunan tu rostro, una palma en cada mejilla, sus ojos encuentran tus ojos, tus órbitas se ahogan en las suyas y las suyas se funden en ese mar color chocolate en el que puede verse reflejada tal cual es: hermosa, preciosa, adorada. Es su aspecto vulnerable, cansado y preocupado el que evita que digas el 'No me importan ellos, me importás vos' que danza en la punta de tu lengua, pero que acabás por tragarte; preferís tragarte vos la necesidad de expresar tu enojo y desilusión antes que preocupar a Michelle o contribuir a agitar su angustia.
Besás su frente repetidas veces, acunando su rostro también con tus manos, buscando olvidarte de todo, de absolutamente todo, buscando hundirte en ella y refugiarte en sus brazos el tiempo que sea necesario, hasta calmarte por completo y olvidar que otra vez tuviste que empujar por tu garganta el amargo trago de saber que tu familia, por mucho que lo expliques y expliques, por mucho que abras el corazón y expongas el alma, sigue sin entender que hieren una partecita tuya cada vez que cuestionan tu amor por Michelle.
Panqueques con dulce de leche para el postre, eso definitivamente va a animarlos a los dos. Ése es el pensamiento que mejora tu ánimo mientras lavás los platos después de la cena, que ambos compartieron sumidos en silencio, tomados de la mano, hablando sólo con la mirada, tus dedos y sus dedos jugando a acariciarse, jugando a transmitirse mensajes a través del tacto.
"Quiero mi sorpresa" ella insiste, con una sonrisa y una actitud que podrían ser descriptas como infantiles. Está de pie a tu lado, observando cómo secás el bol de la ensalada para guardarlo luego en su correspondiente estante de la alacena antes de tomar otro bol de vidrio un poco más pequeño donde vas a mezclar los ingredientes para preparar panqueques.
"Tu sorpresa es un pilón de panqueques" mentís, sonriendo.
"No te creo" dice ella, sonriendo aun más.
"Es problema tuyo si no me creés, Michelle, pero estoy diciéndote la verdad: tu sorpresa es un pilón enorme de panqueques con dulce de leche" insistís.
Y ella insiste también, su sonrisa haciéndola lucir más adorable que nunca, sus mejillas regordetas teñidas de un rojo brillante, sus ojitos orientales brillando también más que la luna que domina el firmamento a estas horas de la noche.
"No te creo. Los panqueques son una idea de último momento" no podés evitar chasquear la lengua ni sonrojarte; te conoce demasiado bien, puede leerte mejor de lo que cualquier otra persona jamás llegará a poder "Quiero mi sorpresa" repite.
"Estás muy impaciente hoy, Michelle" comentás, besando la punta de su nariz cariñosamente.
"Tengo el presentimiento de que está es una sorpresa muy linda"
"¿Mis otras sorpresas no te parecieron lindas?" inquirís, fingiendo haber sido profundamente herido y ofendido por su comentario.
"Tus otras sorpresas me parecieron hermosas, pero… No sé, algo me dice que la sorpresa de hoy es especial" resume, encogiéndose de hombros.
Tenés razón aflora en tu cabeza el pensamiento. La sorpresa de hoy es muy especial; de eso ella se da cuenta no sólo porque es terriblemente intuitiva, sino porque la conexión que los une a ambos va más allá de lo que se puede explicar.
Decidís, sin embargo, bromear un ratito más, sólo porque te relaja, sólo por el enorme placer de oírla reír, sólo porque es hermosa la sensación que te recorre de punta a punta cada vez que reís con ella. Secándote las manos con un repasador y luego dejándolo a un lado, anunciás:
"La sorpresa es bastante simple, en realidad: es un abrazo"
"Esas sorpresas son siempre mis favoritas" contesta con total seriedad "; las que no cuestan nada y nacen directo del alma"
"Michelle, un abrazo no sería realmente una sorpresa muy espectacular" reflexionás, envolviendo su cintura con tus brazos "teniendo en cuenta que te abrazo todo el tiempo, todo el día, todos los días, en cada ocasión que encuentro"
"¿Entonces la sorpresa no es un abrazo?" pregunta, rodeando tu cuello con sus brazos y posando su frente contra tu frente.
"No. Es algo muy, muy lindo, pero vas a tener que esperar a que termine de preparar los panqueques para que te lo diga"
"Muy bien" se resigna con un suspiro "Mientras vos preparás esos panqueques, yo voy a ir a darme un baño"
Te quedás solo, en la cocina, entretenido con lo que estás haciendo; los únicos ruidos interrumpiendo la calma en el departamento son los sonidos que hacen Bonnie al morder su hueso de juguete y el ruido del agua cayendo en la ducha, que llega, distante, desde el baño.
Tarareás una canción que anda dando vueltas en tu cabeza desde hace varios días mientras encendés una hornalla (preferís utilizar una sartén para hacer panqueques en lugar de una panquequera eléctrica, porque así salen más ricos), y cuando estás a punto de volcar con un cucharón un poco de aquella mezcla espesa color crema, suena una vez más el teléfono, interrumpiéndote.
Con un suspiro que bien podría haberse confundido con una especie de gruñido, te fijás en el visor del aparato si el número pertenece a tu hermana Gabrielle, o a Eva, o a tu mamá o a cualquier que pueda estar llamándote para darte otra dosis de 'no nos cae bien Michelle y deberías dejarla antes de que sea demasiado tarde'; las dos palabras que se leen son NÚMERO DESCONOCIDO, y eso causa que dudes un poco antes de presionar el botón de 'atender llamada'. Acabás haciéndolo de todos modos antes del cuarto timbre, porque el agente en vos te recuerda que como director de la CTU tenés que estar en servicio las veinticuatro horas y ningún llamado – número desconocido o no – debería ser ignorado.
"Almeida" contestás automáticamente (es una cuestión de hábito).
"Hola, Tony"
La que acaba de encontrar el camino hacia tu oído a través del auricular es una voz femenina que te resulta extrañamente familiar, pero a quién pertenece es algo que no podés recordar, aunque al escuchar esas dos palabras por algún motivo algo se disparó en tu cerebro y flotando ante tus ojos tu mente conjuró una imagen borrosa e indefinida que aun está tratando de formarse.
"¿Quién habla?" inquirís, poniéndote a la defensiva, tu músculos tensos otra vez, tus sentidos alerta como si fueras un puma escondido en la oscuridad del bosque temiendo un inminente ataque, tu instinto a flor de piel.
"Ay, tonto, no me digas que no reconocés mi voz…" es toda la respuesta que obtenés, dicha entre risitas y con un tono juguetón que le resulta desagradable a tus tímpanos, pero a la vez extrañamente conocido…
Definitivamente conocés esa voz. Definitivamente conocés a la mujer del otro lado de la línea. Si tan sólo pudieras recordar quién es…
"¿Quién habla?" repetís, apretando los dientes sin darte cuenta, ya con los nervios bastante crispados y una inexplicable ansiedad acumulándose en tu pecho, rompiendo con la calma placentera a la que habías logrado llegar durante el tiempo pasado con Michelle cenando en silencio y disfrutando de la compañía del otro.
"Debí imaginarme que a un hombre como vos le es imposible recordar los nombres de todas las mujeres con las que alguna vez tuvo sexo" ríe "No te culpo; a mi también me resulta difícil llevar una lista actualizada de todos mis hombres"
Y vuelve a reír.
Y esa risa actúa como un disparador en tu cerebro, desenterrando memorias viejas que afloran a la superficie, volviendo nítida la imagen antes acuosa.
La recordás impactante, con un cuerpo voluptuoso y tonificado, piel ligeramente tostada, ojos color miel que se tornan verdosos cuando reflejan la luz del sol, cabello castaño claro con reflejos rubios (lacio y largo hasta la mitad de la espalda), curvas naturales que cualquier mujer envidiaría y la mala costumbre de siempre convidarte un cigarrillo post coito aunque sepa que no te gusta fumar.
"¿Jenna?" preguntás, atónito y sorprendido.
"Así es, señor Almeida" confirma con tono de voz seductor.
Jenna Price tiene treinta y cuatro años, como vos, y es íntima amiga de tu hermana Eva. La conociste hace unos ocho o nueve años en una fiesta de cumpleaños, y naturalmente terminaron en la cama (no sin antes haber pasado por el asiento trasero del que era tu coche en ese entonces). A Jenna le encantan las relaciones sin compromisos, jura que nunca va a casarse, que no le interesa tener hijos o formar una familia, y que recurriría a la inseminación artificial si alguna vez sintiera, luego de pasados los cuarenta y cinco, la urgencia biológica de ser madre. Lo que Jenna busca en los hombres es – lisa y llanamente – sexo, diversión, unas cuantas horas de placer desinteresado (ni siquiera una noche completa, apenas dos o tres horas bastan para ella, según sus propias palabras).
Antes de conocer a Michelle, lo que vos buscabas en las mujeres era eso también: sexo sin ataduras, sin sentimientos, emociones físicas puramente, y no ir más allá de una relación donde dos personas con deseos fisiológicos se satisfacen y benefician mutuamente.
Por su trabajo dando conferencias en distintos países de Europa, América y Asia presentando medicamentos y equipos médicos de última generación para un laboratorio de renombre internacional, Jenna viaja mucho alrededor del globo; su cuenta bancaria le permitía tener una residencia más o menos fija en Chicago, otra en New York y otra en Los Angeles, por lo que, durante algunos años, cuando el paradero de ambos coincidía en la misma ciudad solían verse para 'satisfacer los deseos fisiológicos del otro', en algunas oportunidades más de una vez al mes, en otras ocasiones una vez cada tres o cuatro meses, dependiendo de qué tan llenas estuvieran sus agendas.
Para vos era totalmente natural tener una veintena de 'amigas con derecho a roce', que ni siquiera eran amigas, en realidad, porque si uno piensa en ello con detenimiento, lo único que compartías con esas mujeres era la cama; nunca hablaste con ellas de temas serios, nunca discutiste con ellas tus visiones sobre el mundo, tus aspiraciones profesionales, tus dudas existenciales o preocupaciones, nunca mantuviste con ellas una conversación, nunca existió una comunicación real.
Jenna era una de esas 'amigas con derecho a roce' con las que a lo sumo habrás tenido una 'discusión' en tono de broma porque a ella le encanta fumar después de tener sexo y vos no soportás el olor a humo en habitaciones cerradas, y quizá también hayan reído juntos alguna vez de alguno de sus chistes (es una mujer extremadamente graciosa, aunque no creés una dosis de su sentido del humor sea recomendable para alguien menor de dieciocho años), pero, como con todas tus otras 'conquistas', jamás profundizaste demasiado, porque solías pensar que entre dos seres humanos, en la mayoría de los casos, no había demasiado que pudiera profundizarse.
Jenna se mudó a Londres unos tres o cuatro años atrás por cuestiones laborales, y desde ese entonces cada vez que tu hermana Eva – quien creés algo llegó a sospechar de la naturaleza de tu relación su amiga - la menciona casualmente en alguna conversación, no podés evitar pensar la gran cantidad de europeos que deben haber disfrutado y deben seguir disfrutando de su capacidad para desnudarse en menos de lo que se tarda en chasquear los dedos y su falta total de timidez, pero nunca la extrañaste o echaste en falta, realmente. Muchas mujeres siguieron a Jenna en tu lista de 'amigas con privilegios múltiples', y luego para completar esa lista apareció Nina, y el resto es historia conocida.
"¿Jenna?" repetís, sin entender cómo consiguió tu nuevo número de teléfono o por qué está llamándote.
"Jenna Price" vuelve a confirmar, ligeramente divertida por tu reacción "¿Tantos estragos han hecho en mí los años pasados en el Reino Unido, que mi acento está irreconocible?"
Ahora que lo menciona, esa pequeña parte de vos que no está totalmente embotada y hundiéndose en interrogantes varios sobre el porqué de esa llamada telefónica inesperada nota que su acento es un poco raro, con un tinte de Europa indiscutible que es imposible pasar desapercibido y que para cualquier hombre debe volver su voz muchísimo más sexy, sugestiva, tentadora, seductora, pero que en vos no tiene efecto alguno.
Para vos el resto de las mujeres ya no importan, no te interesan, no te atraen, no significan nada para vos; ya no sos un predador, no tenés esa necesidad de hinchar tu ego masculino sumando conquista tras conquista. Ahora sos simplemente un hombre enamorado que sólo tiene ojos para la mujer que adora como nunca pensó llegaría a adorar a otro ser humano, y sabés bien que es imposible que tu cuerpo, tu corazón y tu alma deseen estar conectados con otro cuerpo, con otro corazón, con otra alma, porque después de saber exactamente lo que es el amor de verdad, ese amor puro y mágico imposible de describir, no podrías jamás volver a ser lo que eras antes, a hacer las cosas que hacías antes, a tener sexo puramente por diversión y creyendo que son pocas las personas que realmente encuentran una conexión con otro ser más allá de lo físico.
"Estoy de visita en Estados Unidos" anuncia, antes de que tengas tiempo de contestar algo, o de siquiera abrir la boca para tratar de que algún sonido se cuele por ella "En Los Angeles" agrega, en lo que definitivamente es un tono altamente sugestivo "Podríamos vernos" propone.
Tenés que frenarte para no lanzar el fuerte y rotundo 'por supuesto que no' que automáticamente sube por tu garganta y que pugna por salir de tu boca. No te interesa encontrarte con Jenna ni sabe nada de ella (ni de ella ni de ninguna otra mujer sobre la faz de la Tierra, si vamos al caso). No te interesa volver a saber nada de ninguna de las mujeres que en cierto punto, en cierto momento, en cierta circunstancia cruzaron tu camino; ahora tenés a Michelle, y sólo la querés a ella, sólo la necesitás a ella, sólo te importa ella, sólo ella puede hacer que el deseo se despierte dentro tuyo y se alce potente y te envuelva, abrasándote, quemándote, dominándote, embriagando todos tus sentidos, volviéndote loco, volviéndote adicto.
"Lo lamento, Jenna" decís, tratando de informarle con suficiente tacto pero tan explícitamente como posible que ahora sos un hombre comprometido, que ya no estás libre, que sos totalmente fiel a la mujer de la que depende tu vida, la única que pudo hacer que conocieras lo que es el amor, la única por la que darías la vida, la que le da sentido a todo, la que nunca vas a abandonar porque sin ella te morirías de dolor y de angustia "pero eso no va a suceder"
"Si es por cuestión de horarios, no te preocupes" te aclara enseguida, como si estuvieran poniéndose de acuerdo para hacer una transacción o llevar a cabo un trámite "; tu hermana me contó que ahora sos director del sitio aquél en el que trabajás" luego agrega, enseguida "Fue ella la que me dio tu nuevo número de teléfono"
Qué bien, Eva una voz punzante y cargada de bronca comenta en tu cabeza, una voz empapada de ironía en su más puro estado. Seguramente piensan que Jenna y su facilidad para llevarse tipos a la cama o al asiento trasero de un auto van a lograr que engañe a Michelle o algo por el estilo pensás con amargura y decepción (qué triste, ¿cierto?, que tu familia te decepcione tanto cuando siempre creíste que ellos te soportarían siempre, en cualquier circunstancia, suceda lo que suceda, elijas lo que elijas, hagas lo que hagas).
Si a tus hermanas se les ocurrió que poniendo en tu camino a una de tus antiguas 'amigas con derecho a roce' contribuirían a realizar el propósito de tu mamá de que tu relación con Michelle falle y vos quedes 'libre de ataduras' para que ellos te enganchen con la primera chica de familia latina cuyas aspiraciones no vayan más allá de criar un montón de hijos que se les cruce, entonces realmente son mucho menos inteligentes de los que creías (bueno, en realidad, ya el simple hecho de que apoyen toda esa locura de que deberías casarte con alguien de tu mismo origen para preservar las raíces y las costumbres es un signo de su falta de inteligencia, porque cualquiera con dos dedos de frente es capaz de entender que las razas, el color de piel, el apellido, la herencia genética no tienen valor ante un amor tan grande que puede respirarse, sentirse, un amor que absorbe todo lo que toca, un amor que no se puede explicar); evidentemente piensan que lo tuyo con Michelle es un capricho, una locura, algo que no va a durar, algo que no va a poder sobrevivir, algo que puede hundirse fácilmente con un soplido, como si fuera un barquito de papel flotando en la bañera o un punto imaginario en un juego de la Batalla Naval.
No entienden que esto es en serio, que todo lo que dijiste nació directo de tu corazón, que hablás con el alma cuando asegurás que ella es la mujer con la que vas a casarte, con la que vas a pasar el resto de tu existencia, con la que vas a tener hijos y formar tu propia familia (ya formaste con ella tu propia familia, ya formaste con ella tu propio mundo, un Universo que no pertenece a nadie más que a ustedes y en el que hablan su propio idioma y se entienden el uno al otro como nadie más pudo ni podrá entenderlos). No entienden que todas las piedras que te arrojen – Jenna, por ejemplo, porque estás segurísimo de que tu hermana decidió decirle que te llamara para 'retomar las cosas donde las dejaron' en cuanto supo que ella estaba en la ciudad – no van a servir más que para ir construyendo de a poco un muro que te separe de tu familia.
No entienden que con cada intento suyo para separarte de Michelle en realidad están logrando que te alejes de ellos.
"No es una cuestión de horarios laborales, Jenna" comenzás a explicar.
"¿Entonces?" te interrumpe, con un dejo de impaciencia "¿Qué pasa?, ¿no te gustaría recordar viejos tiempos?"
Asqueado pensás que no hay nada que valga la pena recordar; ahora que conocés lo que es el amor verdadero y lo pura, hermosa, significativa, mágica que puede ser la intimidad en cualquiera de sus expresiones – hasta en las más mínimas – cuando dos personas se aman y confían en la otra con intensidad, te genera cierto grado de repulsión caer en memorias sobre el hombre que solías ser, aquél que no quería compromisos, aquél que solamente tenía sexo por diversión, aquél que no creía que sexo y sentimientos pudieran ser mezclados (no sin lograr un cóctel letal), ese hombre que se limitaba meramente a existir porque todavía no había conocido al ángel que le enseñaría qué se siente estar verdaderamente vivo. Y tampoco podés evitar sentir una punzada de pena por Jenna y por ese estilo de vida que lleva: ¿qué clase de mujer es una que llama a un hombre al que no ve hace cuatro años, un miércoles por la noche, para ofrecerle sin vergüenza y despreocupadamente una noche de sexo para 'recordar viejos tiempos'?
La clase de mujer con la que yo solía relacionarme antes de conocer a Michelle te respondés.
"Cuando hablaron, mi hermana debe haber olvidado mencionar que estoy en una relación comprometida"
La risotada que se le escapa a Jenna invade tus oídos; es un sonido muy desagradable, casi ofensivo, dañino, como escuchar el ruido que hace una uña al deslizarse por un pizarrón. Obviamente lo que le dijiste le causó gracia.
"¿Vos?, ¿en una relación comprometida?" pregunta incrédula, en tono burlón, conteniendo otro ataque de risa.
"Sí" confirmás con firmeza, sin que te tiemble la voz, sin que te tiemble el pulso, tu pecho inflándose de orgullo y de ternura al pensar en Michelle, en tu princesita, en la única mujer con la que querés estar hasta el día en que respires por última vez, la única mujer que te importa, la única mujer por la que vale la pena despertar cada mañana, la única mujer que sería capaz de enseñarte verdaderamente lo que se siente amar, la que ha logrado con sólo hablarte con su voz cargada de dulzura e inocencia lo que todas las que pasaron antes por tus brazos no pudieron con sus cuerpos.
"Tony, me estás cargando…" suelta, sin dejar de reírse, aun sin creerte.
"No" nuevamente la firmeza está presente en tu voz "Estoy perdidamente enamorado de una mujer que es perfecta para mí" sentís tus mejillas ardiendo; probablemente le haya subido el color a tu rostro y ahora esté teñido de un rojo brillante "Es lo mejor que me pasó en la vida"
Cuando la escuchás hablar, te das cuenta de que Jenna está conteniendo otro ataque de risa, que sigue sin creerte, que piensa que estás mintiéndole, que piensa que estás tomándole el pelo:
"Tony, por favor, si vas a poner excusas, al menos tomate el trabajo de que sean creíbles" te recrimina, divertida "… Si no querés verme, precioso, está todo bien, no tenés más que decírmelo. Sería una lástima que desperdiciáramos la oportunidad de encontrarnos; los dos sabemos lo bien que la pasamos cuando estamos juntos…"
"No son excusas o mentiras, Jenna, es la verdad: estoy enamorado, voy a casarme con ella, estoy…"
"Loco, Tony, evidentemente" vuelve a reír "Pensé que creías que el amor era para unos pocos"
"Eso solía creer, hasta que la conocí a ella y me enamoré"
La conocí a ella y empecé a vivir, mi existencia cobró sentido, entendí todas esas cosas que antes no entendía, me convertí en humano…
"Bueno, en ese caso, sabés bien que no me molesta compartir" otra vez utiliza ese tono sugestivo y sexy que te resulta terriblemente irritante, desagradable y denigrante "Tu novia no tiene por qué enterarse…" asegura, como si la idea de jugar parte en una historia de infidelidad no le fuera extraña, sino más bien normal, hasta excitante.
"Jenna, no creo que estés entendiendo" soltás de golpe.
Pero ella sigue hablando como si vos no hubieras dicho cosa alguna.
"Sería interesante vernos a escondidas un par de días, con miedo a que nos atrapen, con miedo a que nos descubran… Siempre me gustó el sexo clandestino…"
Ya estás empezando a perder la paciencia; mejor dicho, en realidad ya no te queda una gota de paciencia. Se suponía que este miércoles sería tranquilo, que al llegar a tu casa acabarías un día que había sido relativamente bueno de la mejor manera: con Michelle, en paz, conversando sobre todo o simplemente sumidos en silencio hablándose con la mirada, bromeando el uno con el otro y riendo como dos criaturas, sin problemas ni preocupaciones ni llamados telefónicos inesperados e incómodos. Sin embargo, Gabrielle y sus palabras y la reacción que provocaron en vos – y que por ende provocó una sensación de angustia en Michelle – marcaron el punto en el que la montaña rusa empezó a ir cuesta abajo, y ahora de pronto aparece Jenna del otro lado de la línea – no por casualidad, apostarías lo que sea a que todo esto de casualidad no tiene nada – para complicarte la existencia poniéndote en la posición de tener que hacer entrar en su cerebro que no sos el hombre que ella recuerda, que ya no te interesa ella así como tampoco te interesa ninguna otra mujer, que cambiaste radicalmente, que estás enamorado y que serías fiel a Michelle hasta la muerte, sin pensarlo dos veces.
Esta vez vos la interrumpís a ella:
"Estoy enamorado"ponés especial énfasis en esa palabra, a ver si de ese modo lográs que se le grave en el cráneo y que deje de existir con todas esas ridiculeces de 'verse a escondidas' y 'tener sexo clandestino'.
Otra vez estás sintiendo recorriéndote por dentro una oleada de emociones más fuerte de lo que podría explicarse con cualquier idioma, inundando tu anatomía, abrasándote, provocando que surja una necesidad insoportable de expresarte que te quema como si estuvieras prendido fuego, la necesidad de expresar lo que sentís por Michelle, la necesidad de hacer que aquellos demasiado necios para comprender entiendan que la adorás como nunca adoraste a ninguna otra mujer, que ella es para vos todo lo que ninguna otra mujer fue, que ella es la excepción a todas las reglas, que ella es tu ángel de la guarda, que ella es tu Universo resumido en una sola alma.
"Estoy perdidamente enamorado de la persona más especial sobre la faz de la Tierra. Estoy enloquecido con ella, me tiene total y absolutamente fascinado…"
Te interrumpe otra vez. Habías olvidado que a Jenna le encanta interrumpir a la gente para llamar la atención.
"¿Y le sos fiel?" es una pregunta sardónica, obviamente, o irónica, o sarcástica, o el adjetivo que mejor quede para describir esa mezcla de burla e incredulidad que empapa su tono de voz, como si le resultara imposible concebir la idea de que vos estás enamorado, en una relación comprometida y que además de todo eso – que no encaja en absoluto con la clase de persona que eras antes de cambiar tan profundamente, la clase de persona que Jenna recuerda – le sos fiel a tu novia.
"Sí" contestás con firmeza, sin que te tiemble la voz, casi desafiante "Soy un tipo muy distinto al que vos conocés, Jenna" le aclarás, buscando terminar de una buena vez por todas la conversación y poder tratar de pasar el resto de la noche tranquilo, sin nadie que te moleste, sin ningún ruido haciendo que te zumben desagradablemente los oídos ni taladros o martillos empecinados en partirte el cráneo al medio hasta llegar a tu cerebro inflamado de dolor, preocupaciones, angustia y bronca (claro que parte de ese dolor, esas preocupaciones, esa angustia y esa bronca residen también en tu corazón, haciendo peso sobre él).
"Me cuesta dar crédito a mis oídos, Tony" confiesa sin demasiados miramientos "Si mal no recuerdo, una de las razones por las que huías despavorido de cualquier mujer que pretendiera algo más o menos serio o parecido a un noviazgo como si tuvieran la plaga era que no querías correr el riesgo de tentarte fácilmente y acabar haciéndole daño a una mujer engañándola con otra u otras"
Es verdad, es cierto que te escapabas tan rápido como posible de cualquier mujer que empezara a tener 'ideas raras en la cabeza' y sugiriera entablar con vos cualquier tipo de relación seria o cualquier tipo de compromiso. Es verdad que una de las muchísimas razones por las cuales no te interesaba en lo mínimo nada formal era que pensabas no podrías ser fiel, y como la infidelidad es algo que despreciás enormemente y te parece hace al que la comete muy poco hombre, preferías entonces estar libre de ataduras y poder hacer lo que te viniera en gana y con la mujer que te viniera en gana sin el cargo de conciencia o la culpa de haber roto la confianza puesta en vos por otra persona y lastimado sus sentimientos. Pocas veces diste a una mujer específica exclusividad en tu cama (uno de los muy pocos ejemplos que hay para dar sería el que más odiás recordar, el que tuviste que pagar con lágrimas de sangre: Nina).
Pero en este último año cambiaste radicalmente, a tal punto que tu carácter, tu forma de pensar, tu comportamiento, tus actitudes, tus gestos más básicos, todos ellos están irreconocibles, volviéndote por ende una persona irreconocible. Michelle es la responsable de esos cambios, Michelle hizo que mutaras, ella hizo que surgieran en vos sueños, deseos y aspiraciones en los que antes ni se te hubiera ocurrido pensar, ella logró que te dieras cuenta de todas las cosas hermosas que la vida tiene – esas cosas simples y sencillas que la mayoría de las personas dan por sentado -, ella logró que el robot se transformara en humano; ahora sabés lo que es vivir, sabés lo que es estar verdaderamente vivo; no van a alcanzarte los años que te queden – sean veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta o incluso cien – para agradecerle por haberte enseñado sólo con sus miradas, sus palabras, sus besos, sus sonrisas que la magia existe en la realidad y que no es meramente un ingrediente utilizado en la ficción para escribir películas y libros edulcorados.
"Cambié"
Su escepticismo no afloja:
"¿Simplemente cambiaste?"
Es mucho más complejo, demasiado complejo como para que alcance con responder con un 'simplemente cambié'. Pero también es demasiado profundo, hondo, complicado para explicarlo – no existen palabras para explicarlo, en realidad; hay cosas que no pueden explicarse hablando, hay cosas que no pueden explicarse fácilmente, hay cosas que solamente entienden aquellos que comparten un mismo idioma, un idioma único como el que tienen Michelle y vos, un idioma que no puede interpretar nadie más porque está hecho de cosas íntimas y personales que solamente ustedes captan -; además, si lo explicaras, si hicieras el esfuerzo y trataras, Jenna probablemente no comprendería. Jenna no es la clase de persona que puede comprender esas cosas, no tiene la madurez espiritual suficiente; para ella la vida es simplemente un juego, la vida consiste en ganar dinero, viajar, divertirse, conocer hombres atractivos e interesantes y luego descartarlos una vez que se aburre de tener sexo con ellos, para ir en búsqueda de su siguiente tanda de amantes. Jenna no sabe lo que es el amor, y probablemente nunca vaya a saberlo, porque tampoco le interesa aprender exactamente lo que es eso en lo que tantos artistas se han inspirado para componer canciones, escribir historias, armar poesías, no a menos que, como te sucedió a vos, el destino de golpe le ponga un freno y la encare con la persona que nació para ser su mitad, para complementarla, para estar con ella hasta su último respiro (si es que esa persona existe, porque no todos tienen la suerte de haber sido hechos a medida para otro ser humano, como Michelle y vos fueron hechos a medida el uno para el otro).
"Me enamoré" repetís "y ahora sólo quiero estar con la mujer que amo; ya no me interesa ninguna otra, no necesito nada más que a ella. Jenna, podés pensar que enloquecí, podés pensar que estoy inventando excusas… Me tiene sin cuidado lo que elijas creer, realmente" te frotás los ojos con la mano que tenés libre; ya está empezando a dolerte la cabeza otra vez "El hombre que era antes te hubiera dicho que sí inmediatamente, pero ahora soy una persona distinta, ya no soy ese tipo que veía a las mujeres como a un pasatiempo o una distracción, ya no creo que el sexo sea simplemente una forma de satisfacer necesidades biológicas, ya no le encuentro sentido a la idea de que las relaciones físicas son meramente eso y que las emociones no juegan parte. Ahora solamente tengo ojos para ella y mi cuerpo sólo quiere estar con ella. ¿Pensás que estoy mintiéndote?, ¿pensás que perdí la cabeza? Ese es tu problema" concluís, encogiéndote de hombros "No espero que me entiendas" aclarás "porque ni siquiera mi propia familia me entiende" agregás "; simplemente estoy diciéndote todo esto para dejarte cómo son las cosas, porque no quiero que confundas los tantos y sigás teniéndome entre los primeros de tu lista de tipos a los cuales llamar cuando estás aburrida en California"
No estás diciéndole esto para ofenderla; nunca ofenderías así a una mujer, jamás. Se lo estás diciendo porque es algo que le has escuchado decir a ella, entre risas y con un cigarrillo a medio fumar, con su anatomía desnuda apenas cubierta por una sábana y su cabello revuelto sobre la almohada con el logo de algún hotel de primera clase: ella tiene en su agenda telefónica más de doscientos teléfonos con características pertenecientes a distintos puntos del mundo, cada uno corresponde a un hombre, y cuando por trabajo está de visita en alguna ciudad – Londres, París, Roma, Praga, New York, Los Angeles, San Francisco, por nombrar un puñado de ejemplos – y empieza a aburrirse, recurre a esa lista y busca allí alguien con quien distraerse bajo las sábanas (o, en su defecto, en el asiento trasero de un coche). Ahora que la perspectiva desde la que ves el mundo ha cambiado radicalmente, ahora que contemplás la vida con otros ojos, lo que antes pensaba era una característica extravagante, extraña y hasta un poquitito promiscua de una mujer demasiado orgullosa de considerarse un espíritu totalmente libre te resulta un tanto repugnante, hasta altamente denigrante, y no podés entender cómo fue que alguna vez te resultó atractiva.
"Ya no soy esa clase de persona" repetís "Estoy enamorado, soy fiel a la mujer que amo, y solamente la deseo a ella. Y estoy seguro de que vas a reírte de esto, estoy seguro de que no vas a comprender, pero me volví totalmente adicto a ella"
La honestidad en tu voz es pura, es sinceridad en su más crudo estado, es una emoción tan fuerte que sentís algo moviéndose dentro tuyo, algo moviéndose en tu pecho. Lo que acabás de decirle es la verdad, y en ella queda creerlo o no: amás tanto a Michelle, con tal locura, tan terriblemente, tan profundamente, sos tan adicto a ella, que no hay otra caminando en este planeta que pueda despertar en vos deseo alguno. Nada que cualquier otra pueda ofrecerte se compara a lo que tu adoración por Michelle te hace sentir invadiendo cada rincón de tu cuerpo, cada recoveco de tu alma, desde la punta de tu cabeza hasta las puntas de los dedos.
Tus reflexiones son interrumpidas cuando la oís suspirar, aparentemente resignada, dándose cuenta de que no tiene muchas chances de lograr que cedas y aceptes su propuesta, probablemente porque esa honestidad que embriagó tus palabras es lo suficientemente poderosa para disuadir a cualquiera, incluso a alguien que, como Jenna, no cree en el amor, en los compromisos, en los cuentos de hadas o en los finales felices.
"Es una pena, realmente, Tony; nosotros dos teníamos mucha química y muy buen sexo"
La química es mucho más fuerte y cualquier grado de intimidad es un millón de veces más profundo cuando el amor está involucrado pensás. Michelle puede dejarte temblando, desorientado, totalmente necesitado de más, absolutamente dependiente de ella con la caricia más tímida e inocente; puede hacer que te estremezcas bajo su tacto, puede hacer que llegues a estar demasiado cerca de estallar en éxtasis, puede poner en riesgo tus capacidades de autocontrol con tan sólo rozar tu piel con sus labios. Ella puede lograr hablándote al oído lo que otras con su cuerpo nunca lograron, porque entre los dos hay una conexión especial, entre los dos hay algo que otros no pueden ver porque solamente ustedes pueden sentir, algo mágico: amor. El amor supera cualquier reacción biológica que el contacto físico pueda despertar, el amor supera todas las leyes de atracción, el amor genera una química demasiado explosiva y demasiado dulce; el amor vuelve inigualables e indescriptibles todos los encuentros íntimos, incluso los más sencillos, los más simples, los más inocentes.
Ninguna de todas esas mujeres tan experimentadas a la hora de meterse bajo las sábanas podría compararse a la mujer que amás, porque ella con solamente mirarte a los ojos, con solamente mezclar su respiración con tu respiración, con solamente besarte apenas separando los labios medio milímetro te hace temblar incontrolablemente, te vacía la cabeza hasta dejarla en blanco, causa que el mundo a tu alrededor se desdibuje y no te importe nada, causa que te sientas como si estuvieras flotando, como si el espacio y el tiempo desaparecieran, como si no existiera la gravedad. Ninguna mujer logró con su cuerpo lo que Michelle consiguió con sus oscuros ojos orientales y su voz dulce: enamorarte.
"Si algún día muta tu parecer…" comienza Jenna, pero la interrumpís.
"Eso no va a suceder, Jenna. Voy a seguir adicto a la mujer que amo mañana, y dentro de un mes, y dentro de un año, y dentro de diez, y dentro de veinte, treinta, cuarenta, cincuenta… Voy a serle fiel hasta el día en que me muera, porque hasta el día en que me muera voy a desearla a ella y a nadie más" le decís, buscando dejarle bien en claro que no van a presentársele chances de tener otro encuentro de esos que años atrás eran tan habituales entre ustedes, para dejarle bien en claro que no querés que vuelva a llamarte, que ya no estás disponible, que sos otra persona, que cambiaste, que no sos el mismo, que sos otro hombre totalmente distinto a aquél que ella conoció.
"Una pena" repita, y casi podés imaginarla con sus labios pálidos fruncidos, moviendo la cabeza de un costado a otro lentamente para expresar su desacuerdo "Un desperdicio, Tony, un verdadero desperdicio…" agrega, riendo nostálgicamente.
Un desperdicio fueron los primeros treinta y cuatro años de mi vida, un desperdicio fue cada día que pasé sin Michelle, un desperdicio fue todo el tiempo que perdí diciéndome a mi mismo que el amor era para unos pocos tontos y que siempre estaría solo, yendo de cama en cama, de mujer en mujer. Un desperdicio fue el tiempo que pasé pensando que el sexo y las emociones eran imposibles de mezclar, que sólo aquellos demasiado tontos y vulnerables se animaban a hacerlo. Un desperdicio fue el tiempo que pasé burlándome de todos los que juraban ser adictos a la persona que aman, de todos los que juraban harían lo que fueran para satisfacer todos los caprichos de sus mujeres y hacer realidad todos sus sueños.
"Espero que las cosas sigan siempre yéndote tan bien como hasta ahora, Jenna" le deseás, rogando que interprete esto como la despedida que estás tratando de elaborar, para poder finalmente concluir con esta conversación inesperada y no muy bienvenida y seguir dedicándote a preparar panqueques para la única mujer que tus ojos ven hermosa.
"Espero que te cures pronto de la enfermedad mental que está aquejándote" dice ella, riendo otra vez.
"No es una enfermedad mental lo que me aqueja" chasqueás la lengua ": es amor"
"¿Quién hubiera dicho, señor Almeida, que usted acabaría enamorándose?" el énfasis que pone en aquella última palabra denota que no cree que lo que vos exclamás sentís sea amor, y que piensa que estás pasando por un período oscuro de confusión y locura transitoria.
"Enamorarme es lo mejor que pudo pasarme en la vida, y todos los días agradezco a Dios por haberme enviado un ángel directo del cielo" contestás con seriedad.
"Si tan sólo pudiera lograr que cambiaras de opinión…" vuelve a suspirar.
"No voy a cambiar de opinión" respondés, con voz calma y tranquila pero con decisión para dejar en claro tu postura "Lamento decepcionarte, Jenna" no, en realidad no lo lamentás, pero ya no sabés qué más decirle para sacártela de encima "Por favor, no vuelvas a llamar" le pedís "estés en California, en Europa, en Asia o en el Congo Belga, porque ninguno de tus llamados va a dar frutos, y no vas a lograr que te diga que sí"
"Como ya te he dicho, Tony: una pena" repite "Buena suerte"
"Igualmente, Jenna"
Presionás con el pulgar el botón de 'finalizar llamado' y estás a punto de volver a tomar el cucharón para empezar a preparar los panqueques cuando una voz llamando tu nombre te sobresalta, provocando que te des la vuelta enseguida, como si le hubieran dado a tu cuerpo una descarga eléctrica.
"Tony…"
Michelle está de pie en el rellano de la puerta, su cabello mojado luego de la ducha que tomó recogido en su nuca con dos palillos chinos, su piel color marfil mucho más preciosa ahora que el agua ha lavado los restos del maquillaje que había aplicado en su rostro esta mañana antes de ir al trabajo; luce adorablemente pequeñita vestida con uno de tus sweaters. Tu primer instinto es el de cruzar la cocina en dos zancadas y llenarla de besos, pero te frenás una fracción de segundo antes de que tu cerebro dé a tus músculos la orden de moverse porque te das cuenta de que hay algo que está mal, algo que no encaja, algo fuera de lugar: su semblante esta serio, sus labios sonrosados no están curvados en esa sonrisa que te derrite el alma, sus ojos están extrañamente apagados (¿es acaso una nube de angustia aquello que los nubla?), sus mejillas no tienen ese color rosado natural sino uno más bien amarillento, sus brazos están cruzados y está inclinada contra el marco de la puerta, como si estuviera sosteniéndose por miedo a caerse en caso de tratar de mantenerse erguida sin nada que la soporte.
"¿Con quién estabas hablando?"
La pregunta que acaba de disparar explica por sí misma más de lo que ella podría explicar si vos se lo pidieras, si vos lanzaras en respuesta a su interrogante otro u otros interrogantes. No sabés cuánto tiempo lleva allí, pero evidentemente en algún punto del lapso de tiempo que duró tu conversación con Jenna el ruido del agua cayendo en la ducha cesó sin que te percataras de ello, y sin que sintieras su presencia allí (de tanto en tanto te fallan los sentidos, porque nada es infalible), a escasos metros de vos, observándote, Michelle había escuchado una parte de tu diálogo con Jenna (tu parte, al menos). Lo que no comprendés es por qué luce de golpe tan fría, tan distante, tan… angustiada, con la mirada apagada, pálida (amarillenta, casi, te atreverías a decir), sombría. No dijiste nada malo, no dijiste nada fuera de lugar, nada que pudiera herirla, nada que pudiera hacer que ella dudara de vos y de tu fidelidad absoluta… ¿Entonces por qué tenés la sensación de que hay algo desencajado, algo extraño colgando entre los dos, como si una pared invisible hubiera sido levantada entre ella y vos y corrieras el riesgo de electrocutarte si movieras los pies al menos un centímetro en un intento de acercarte a ella?
Unos segundos de silencio se posan entre los dos, segundos de silencio que se sienten eternos pero que en realidad no alcanzan a cubrir siquiera medio minuto. Son esos segundos de silencio los que tu cerebro tarda en conectarse con tu lengua y mandarle la orden de contestar.
Le decís la verdad, porque con Michelle sos y vas a ser siempre honesto, porque no tenés nada que ocultar, porque a ella le contás todo, porque no hay secretos entre ustedes ni los habrá jamás, porque la confianza que existe entre los dos es la más pura que te une a otra persona, porque mentirle sería herirla, y vos no querés herirla jamás, ni tampoco querés mentirle, tampoco podrías mentirle, nunca.
"Una antigua amiga a la que llevo bastante tiempo sin ver"
Obviamente, aquello suena mucho mejor de lo que sonaría decir 'una mujer con la que tuve varios encuentros sexuales sin compromiso durante unos cuatro o cinco años', suena menos brusco, suena menos… desagradable.
La expresión en el rostro de Michelle no cambia, y ella sigue con los brazos cruzados en el pecho, sin acercarse a vos, sus labios presionados fuertemente uno contra el otro, su mirada refulgiendo de… ¿celos?
"Una antigua amiga" repite, y en su voz escuchás eso que indiscutiblemente está centellando en su mirada: celos "Una antigua amiga con la que solías tener sexo" no está haciendo una pregunta, está efectuando una afirmación.
"Sí" contestás, y sentís enseguida la necesidad de dejar en claro cómo son las cosas ": Pero entre nosotros nunca hubo más que eso. Un par de años atrás se mudó a Europa y dejamos de estar en contacto…"
"Hasta ahora" Michelle interrumpe, eso que estás seguro es el comienzo de un ataque de celos abrazando su voz cada vez con mayor fuerza.
"Me llamó porque…"
Michelle te interrumpe una vez más, evitando que te expliques.
"Escuché tu conversación con Jenna" escupe el nombre con desprecio, como si estuviera empapado en veneno, como si fuera fuego quemándole la punta de la lengua, intoxicándola, como si sintiera repulsión "Debe haber sido muy interesante lo que ella te estaba diciendo, porque te distrajo bastante" señala con un gesto vago de la cabeza la hornalla encendida con la sartén calentándose desde hace varios minutos sobre la llama del fuego y el bol con la mezcla para los panqueques intacto, el cucharón aun dentro de él, indicando que si no avanzaste mucho es porque te entretuviste conversando con Jenna
"Michelle" estás desesperado por explicar "… Michelle, por favor, no te pongas así. Me llamó porque…"
"Sé por qué te llamó" dice simplemente ": aparentemente está aburriéndose mucho en Los Angeles y piensa que vos podés entretenerla"
Trata de sonreír, pero sus esfuerzos no dan resultado.
Está celosa, hasta un ciego podría verlo. Está celosa porque – deductiva, inteligente, intuitiva y brillante como es ella – con lo que sea que haya escuchado – mucho o poco – comprendió el motivo por el cuál Jenna se contactó con vos, sus intenciones, lo que te sugirió, de qué trató de convencerte. Está lívida de celos, absolutamente lívida de celos, algo de lo que te das cuenta con sólo mirarla, con sólo escucharla hablar, te das cuenta porque sin necesidad de que haya palabras flotando entre ustedes ese lenguaje propio y único que comparten está diciéndote a gritos que los celos más fuertes que sintió en toda su vida están devorándola pedacito a pedacito, bocado a bocado.
Querés decirle que no tiene motivos para estar celosa, que no tiene motivos para dejar que los celos la torturen. Querés decirle que Jenna, al igual que cualquier otra mujer con la que hayas estado antes de conocerla a ella, no vale nada, ni significa nada, no tiene importancia para vos, no es más que algo que pertenece a tu pasado y que no ha dejado marca alguna, algo que no ha surtido en vos efecto alguno, algo que no te interesa. Querés decirle que jamás la engañarías, querés decirle que ella es la única mujer a la que amás, la única mujer a la que deseás, la única capaz de volverte loco, la única que te inspira adoración pura, la única que ha logrado con sólo hablarte lo que otras con su cuerpo no han podrido, ni podrían, ni podrán.
Pero no te salen las palabras de la boca. Simplemente te sale en un susurro muy suave y muy dulce su nombre, otra vez, ese nombre que encierra en un puñado de letras el que para vos es el significado del Universo, ese nombre que podrías repetir mil millones de veces como un mantra sin nunca cansarte, sin que pierda su ternura, sin que pierda esa dulzura que te empapa por dentro cuando lo pronunciás, cuando le das vida con tu voz.
"Michelle…"
"Tony, no hace falta que me des explicaciones" finalmente sus labios logran curvarse en una sonrisa, pero es una sonrisa extraña, una sonrisa que encierra angustia, histeria y rabia contenidas porque es evidente que preferiría explotar por acumular tantas emociones en el pecho antes que permitirle a su sistema nervioso el lujo de largarse a llorar como una criatura, como una adolescente, porque debe pensar que llorar de celos es un comportamiento infantil "No naciste el día en que nos conocimos; obviamente hay un montón de personas que pertenecen a tu pasado sobre las cuales yo desconozco"
Ahí es cuando finalmente tu cerebro envía a tu cuerpo todas las señales correctas, y tu cuerpo las procesa y las obedece; con dos grandes zancadas eliminás la distancia entre ambos, hasta llegar a estar a centímetros de ella, y sin darle tiempo a reaccionar acunás su rostro frío al tacto con tus manos tibias, dejando que las yemas de tus dedos acaricien rítmicamente sus mejillas, que de pronto han subido de color y ya no están amarillentas, sino carmesí.
"Te equivocás, Michelle" tus ojos están mirándola fijo, pero ella está evitando que encuentren los suyos, los cuales han caído al suelo y parecen estar muy concentrados examinando con intensidad las baldosas del piso de la cocina ": yo nací el día en que te conocí, empecé a vivir cuando te conocí a vos; antes de ese momento no hice más que limitarme a meramente existir"
Cuando habla su voz suena amarga, irritada, inyectada con angustia. Sigue negándose a dejar que tu mirada y su mirada se hundan una en la otra, y – para pesar de tu corazón, que acompañando cada latido da un brinco doloroso – su anatomía está tensa, como si tu cercanía y tus caricias la incomodaran, como si prefiriera que te alejaras, que no la tocaras:
"Bueno, me corrijo, entonces: no empezaste a existir el día en que nos conocimos, así que obviamente hay un montón de personas que pertenecen a tu pasado sobre las que yo desconozco. ¿Así te gusta más?" su pregunta es retórica, sarcástica y casi desafiante.
Es como si estuviera pinchándote con una aguja, buscando un punto hipersensible para que reacciones, para que le preguntes exactamente qué le pasa, para que le grites, para que te enojes, para que hagas cuestionamientos, para que respondas a ese ataque de celos que va in crescendo. Es como si estuviera probándote, viendo hasta dónde podés llegar guardando la calma, sin perder el control. Es como si estuviera esperando a que la calma sea perdida y el control tirado por la borda para estallar después de vos, como una contra respuesta a tu estallido, en lugar de ser ella la que haga erupción primero, víctima de unos celos que te imaginás deben estar carcomiéndola sin piedad. Es como si estuviera esperando a que vos dijeras la palabra 'celos' en la conversación en lugar de ir ella de frente y encararte con todas las cartas puestas sobre la mesa.
No vas a hacer de cuenta que no tenés ni la menor idea de qué le pasa, o que no entendés por qué de pronto está actuando así, porque entonces estarías mintiendo: nadie puede leerla mejor que vos, nadie la conoce como la conocés vos, nadie la entiende como vos la entendés.
Está celosa, muy celosa, y no sabe cómo manejarlo. No sabe qué decirte, o qué decir, siquiera sabe si debería decir algo. Prácticamente está actuando en impulsos crudos e intentando controlarse al mismo tiempo para no lanzarse a llorar o empezar a gritar o convertirse en un nudo de nervios, y eso es contraproducente. No hay que luchar contra un ataque de celos; en realidad, no hay que luchar contra ningún ataque de ninguna emoción. Esas sensaciones deben fluir, porque cuando se acumulan en el pecho sólo causan un terrible daño.
Lo último que deseás es ver a Michelle sufriendo por celos (a decir verdad, lo último que deseás es ver a Michelle sufrir, sin importar la causa), especialmente porque sabés la mochila de inseguridades y complejos que tu pobre princesita tiene que cargar sobre su delicada, débil, frágil espalda que viene llevando más peso del que debería prácticamente desde que nació: teme que la abandonen, teme no ser suficientemente buena, teme no poder complacerte sexualmente por falta de experiencia, le cuesta verse bonita, le cuesta ver todas las cosas hermosas que tus ojos ven en ella, le cuesta creer que tuvo la suerte de que 'un hombre como vos se fijara en una chica como ella', le cuesta sentirse cómoda con su cuerpo.
Escucharte hablar con una de las muchas mujeres que han pasado por tu cama en los últimos diez años y deducir – acertadamente – que te llamó para encontrarse con vos y tener algunas horas de sexo por puro placer y diversión debe haberse sentido como una cachetada. Es completamente natural y entendible que esté celosa, es completamente natural y entendible que esté reaccionando así, y lo que vos querés no es discutir, no querés pelear, no querés que haya estadillos: simplemente querés calmarla, querés que entienda que la adorás tanto que jamás podrías volver a sentir la menor atracción por cualquier otra, querés que entienda que vas a serle fiel hasta el último minuto, querés que entienda que sos honesto cuando le decís que te parece la criaturita más hermosa sobre la faz de la Tierra y que nunca otra mujer te pareció tan terriblemente angelical.
Rompés el contacto físico, dejando tus brazos colgando a los costados de tu cuerpo; das algunos pasos hacia atrás para poner algo más de distancia entre los dos, para que tenga su espacio personal, para que pueda respirar, para que no se sienta invadida o presionada. También aflojás la intensidad con la que tu mirada estaba escudriñándola hasta hace algunos segundos. Hay una partecita tuya que se muere por abrazarla y llenarla de besos y decirle que es una tonta por estar celosa, pero hay otra parte mucho más racional que quiere sortear todo este asunto pronto porque te mata sólo pensar que Michelle está siendo lastimada por los celos, como si los celos fueran un virus mortal que de pronto ha decidido comerse su cuerpo hasta dejarla consumida, como si el daño emocional que causan los celos fuera tan fuerte y pudiera hacer tantos estragos como un dolor en la carne.
"Michelle, estás celosa"
No es una pregunta, así como tampoco fue una pregunta cuando ella dejó asentada la naturaleza del vínculo – débil, sin importancia, insignificante – existente entre Jenna y vos (o mejor dicho, el vínculo que solía existir entre Jenna y vos). No estás preguntándole si está celosa, estás diciéndole que está celosa, porque sólo si lo admite van a empezar a dar los pasos requeridos para solucionar esto y que ella se quede tranquila, sin esos celos haciendo peso sobre sus hombros y llenándole el pecho de la angustia que nubla su mirada, esa mirada que es más hermosa cuando brilla con felicidad, con esa luz que es mucho más potente y cálida que la del sol.
"No, no estoy celosa" contesta con tono desafiante, pero aun evitando que tu mirada y su mirada se encuentren para que no puedas leer en sus ojos lo que ya sabés bien porque la conocés mejor de lo que se conoce a sí misma, así como ella te conoce mejor de lo que alguna vez llegarás a conocerte a vos mismo: está mintiéndote.
"Chelle, no me mientas" le pedís, conteniendo las ganas de tomar su rostro entre tus manos otra vez y obligarla a que te mire a los ojos para que pueda comprender sin palabras todas las cosas que quisieras decirle "Estás celosa" insistís.
"No estoy celosa, Tony" repite, impaciente e irritada, haciendo más evidente que no está diciéndote la verdad.
"Michelle, estás celosa" vas a seguir repitiéndolo hasta que lo admita.
"No"
"Estás celosa"
"No"
"Sí, estás celosa"
"No"
"Sí, estás celosa"
"No"
"Sí"
"No"
"Sí, Michelle, estás celosa"
Finalmente lográs que se quiebre, que confiese, que estalle, que deje de mentir, que saque todo lo que tiene afuera, que se suelte, que se desquite, que se descargue, que deje las emociones fluir en lugar de mantenerlas capturadas dentro de su pecho.
"¡Sí, está bien, estoy celosa!"
"¿Por qué no me contestaste con la verdad la primera vez que te pregunté?" inquirís con dulzura, haciendo un amague para acercarte un poco a ella y acariciar su mejilla con el dorso de tu mano, pero encontrándote con un gesto de rechazo cuando ella se echa hacia atrás para que no puedas tocarla.
Y eso te duele, te duele tanto que se siente como si acabaran de cortarte el alma al medio, te duele tanto que te cuesta un poco respirar.
"¡Porque los celos no son una emoción de la cual debería sentirme precisamente orgullosa, por eso!"
"Michelle, los celos son una emoción natural…"
No deja que termines la frase.
"¡No, no son una emoción natural! ¡No es natural que me sienta así!" podés ver abnegando sus ojos lágrimas de vergüenza, rabia y bronca.
"¿Así cómo?" inquirís desconcertado, desesperado por poder ayudarla a sentirse mejor, rescatarla antes de que los celos la ahoguen, antes de que el llanto aflore y la asfixie, antes de que otra marca aparezca en su corazón, como muchas de las marcas que han ido apareciendo en el último tiempo por culpa de terceros directamente relacionados con vos: tus padres, Eva, Gabrielle… No querés que el llamado de Jenna se agregue a la lista de situaciones que sucedieron sin que pudieras hacer algo para detenerlas y que dejaron a Michelle herida.
"¿Qué pasa, Almeida?, ¿necesitás que infle ese ego tan grande que tenés que no entra por la puerta diciéndote exactamente cómo me carcomen mis celos por vos?" inquiere sarcástica, enojada, con la voz teñida de amargura, una risa histérica escapándose de sus labios, sus ojos brillando febrilmente "¿Acaso no te bastó con hablar con tu amiguita Jenna para hinchar un poco más tu ego?"
No te hieren sus palabras porque te haya acusado de tener un ego enorme, no te hieren sus palabras porque sean despectivas; lo que te hiere es saber que ella sufre, lo que te hiere es saber que ella está lastimada, lo que te hiere es saber que ese ataque de celos está dañándola. No sabés cómo vas a arreglar esto, pero tenés que arreglarlo porque no soportás la idea de que ella esté mal, no soportás la idea de que ella no esté feliz, contenta, en paz.
"Michelle, yo no quería hablar con ella, yo no la llamé; ella me llamó a mí…" le dejás en claro, sin levantar la voz pero con firmeza y seguridad.
"Sí, ya escuché: te tiene en su lista de 'tipos a los que llamar cuando está aburrida en California'" es su ácida respuesta.
"No tengo intención alguna de verla, no me interesa verla" decís, marcando fuertemente cada palabra "Michelle, Jenna es una parte insignificante de mi pasado. Lo que tuvimos ni siquiera puede clasificarse como una relación…" empezás a explicar, pero ella te interrumpe.
"No tenés por qué excusarte" repite, apretando los dientes para no derramar las lágrimas de bronca que podés ver está conteniendo con todas sus fuerzas "… Lo que haya habido entre Jenna" otra vez escupe el nombre con desprecio, como si fuera veneno "y vos no es de mi incumbencia"
"Claramente esto te afecta, Michelle, y a mi me pone mal verte mal… Te pregunté cómo te sentías porque me parte al medio que estés angustiada, me parte al medio verme incapaz de ayudarte, no porque quisiera hincharme el ego escuchando cómo te carcomen los celos por mí. Michelle" prácticamente estás rogándole ": hablemos de esto, solucionemos esto, ayúdame para que pueda ayudarte a sentirte mejor…"
"No quiero" su voz suena más serena, pero sigue teniendo los dientes apretados y sus ojos lucen aun más húmedos.
"¿Por qué no?" inquirís, preocupado, preguntándote cómo fue exactamente que a Dios se le ocurrió arruinarles a los dos el miércoles tranquilo que venían teniendo arrojando en el medio un drama innecesario.
"Porque vas a pensar que estoy loca" responde simplemente, luego de uno o dos segundos de dubitación.
"Amor, yo nunca pensaría eso…" susurrás.
"Vas a pensar que estoy loca" murmura, esquivando nuevamente tu mirada, posando sus ojos en el suelo, agachando la cabeza para que no veas dos lágrimas rodar por sus mejillas.
"Michelle, jamás pensaría eso" le prometés "Los celos son naturales…"
Pero te interrumpe con brusquedad. Es evidente que el mismo grifo que unas horas atrás se abrió dentro tuyo y no pudiste cerrar hasta que todo lo que tenías atrapado estuvo fuera de tu sistema se ha abierto ahora en ella, por eso corta al medio lo que estabas diciendo con su verborragia. La dejás hablar, la dejás desahogarse, dejás que se descargue tanto como le haga falta, la escuchás sin interrumpirla, sin hacer nada por frenarla, porque es sano que exprese sus sentimientos, porque no sería saludable que los mantuviera todos embotellados dentro suyo, porque sólo sabiendo qué es lo que la angustia podés esforzarte por hacer que se sienta mejor. Porque querés probarle que podés escucharla, escuchar todo lo que dice, todos sus motivos y razones, sus pensamientos, sus opiniones, sus reflexiones, sin pensar que está loca, sin pensar que tiene la misma condición psiquiátrica que su mamá, sin pensar que sus sentimientos tan crudos, hondos y profundos la convierten en bipolar, porque sabés que esos sentimientos son exactamente lo que la hacen humana.
"¡No es natural que sienta un agujero en el estómago cada vez que pienso en la cantidad de mujeres que pasaron por tu cama! ¡No es natural que me cueste respirar cuando me pregunto cuántas de ellas seguirán pensando en vos! ¡No es natural que me agarre pánico atroz cuando trato de encontrar en mí algo que me diferencie de todos los otros patitos feos que deben haberte admirado de lejos pensando que las rechazarías por no ser suficiente, y no encuentro nada! ¡No es natural que me dé bronca saber que otras te tuvieron antes que yo! ¡No es natural que me den ganas de gritar cuando imagino cuán perfectas todas ellas deben ser y luego me miro en el espejo y encuentro tantas imperfecciones!"
Te angustia muchísimo que ella se sienta así, te angustia muchísimo que tus intentos para sanar su autoestima tengan efecto a medio plazo, porque tarde o temprano, ella siempre vuelve a caer en lo mismo, ella siempre vuelve a caer más o menos en el mismo casillero: aquél en el que estaba cuando la conociste, sintiéndose insignificante, poco atractiva, el patito feo. Te angustia que ella sienta celos de todas aquellas mujeres que la precedieron, esas mujeres que no significaron nada, esas mujeres que no fueron más que una pérdida de tiempo, esas mujeres que fueron incapaces de lograr que las amaras, esas mujeres que no te interesan porque no son como Michelle.
"Michelle…"
Ella sigue hablando, como si no hubiera escuchado su nombre dejando tus labios; quizá no lo escuchó, quizá está demasiado embotada, demasiado absorta, demasiado pérdida dentro de su cabeza y sus celos y su sufrimiento como para escuchar sonido alguno que no sea el de su corazón latiendo fuertemente contra su pecho, tan fuertemente como está latiendo el tuyo.
"Cuando te escuché hablar con esa mujer" hace una pausa, como si estuviera buscando las palabras correctas para expresar algo que en realidad no puede ser expresado certeramente con el lenguaje hablado "… Le dijiste que estabas perdidamente enamorado de mí, que sólo tenías ojos para mí, que eras adicto a mí, que habías cambiado por mí, que estabas totalmente fascinado conmigo, que vas a desearme a mí y sólo a mí por el resto de tu vida, hasta el día en que te mueras…"
"Sí" susurrás, y lográs captar su atención, lográs que escuche lo que tenés para decir "Sí, Michelle, le dije todo eso porque es verdad. Le dije todo eso para hacerla entender que no soy el hombre que solía ser, que ya no quiero tener nada más que ver ni con ella ni con ninguna otra mujer, porque estoy locamente enamorado de vos y te adoro como jamás imaginé iba a adorar a otro ser humano" tu corazón está palpitando a tal velocidad que te duelen las costillas "No voy a mentirte: Jenna y yo solíamos tener sexo cuando ella estaba de visita en Los Angeles, y antes de que se mudara a Europa cuando yo viajaba a Chicago, pero eso acabó hace años, y nunca significó nada. Jamás sentí algo por ella, y jamás voy a sentir algo por alguien que no seas vos…"
"¡Ya lo sé, Tony!" Michelle suspira con fuerza, frustrada, como si estuviera tratando de largar por la nariz y por la boca todas esas sensaciones horribles que están retorciéndose dentro suyo como si fueran víboras "Lo sé, sé que soy el amor de tu vida, sé que me amás, sé que nunca me harías daño, sé que jamás me engañarías, sé que te importo más que cualquier otra cosa en el mundo, sé que sacrificarías todo por mí, sé que cambiaste porque creés que merezco mucho más de lo que podés darme aunque yo te diga que sos más de lo que alguna vez creí llegar a merecer… Sé todo eso, nada de eso pondría en duda" vuelve a suspirar, más lágrimas se escapan de sus ojos sin que ella pueda hacer nada para evitarlo "Sé que todas esas otras mujeres que estuvieron con vos antes que yo no significaron nada…"
Vuelve a reír con esa risa que es tan impropia de ella, esa risa que mezcla histeria con nervios y con vergüenza, esa risa cargada de angustia que no es dulce y melodiosa como la risa que empapa tus oídos y acaricia tu alma cuando Michelle sonríe con ganas, cuando está contenta, cuando está feliz.
"Vas a pensar que estoy loca…" murmura, revoleando los ojos.
"El amor y la locura van de la mano, así que supongo que entonces los dos estamos locos" decís simplemente, encogiéndote de hombros para restarle importancia "Por favor, Michelle" volvés a rogar "No te guardes todo dentro, deja que te calme" le pedís encarecidamente, con la voz embriagada en ternura y preocupación "Dejá que te abrace y te diga que sos hermosa y que nada se compara a la belleza que yo veo cuando te reflejás en mis ojos, dejá que te convenza de que todas esas cosas que vos ves como imperfecciones para mí te hacen aun más preciosa… Por favor" agregás con un hilo de voz.
"Tony" suspira otra vez; tu nombre dicho por su voz impregnada de angustia se siente como una cuchillada en medio del estómago "… Cuando te escuché hablar con esa mujer… no pude evitar encolerizarme" confiesa "No es tu culpa" se apresura a aclarar "No hiciste ni dijiste nada malo, y tampoco está en mi derecho cuestionar las relaciones que hayas tenido antes de la nuestra"
Una parte de vos pugna por interrumpirla para explicarle una vez más que tu vínculo con Jenna era flojo, casi inexistente, sostenido nada más por sexo ocasional, que nunca estuviste en una relación con ella, que en realidad jamás te interesó la idea de estar total, completamente comprometido a otra persona y en una relación absolutamente serie hasta que Dios hizo que tu camino y el suyo se cruzaran casi un año atrás. Pero otra parte opta por dejarla seguir descargándose, desahogándose, quitándose de encima el peso que hacen sobre ella los celos, las inseguridades, los complejos, y todo aquello que se ha encendido dentro suyo por culpa de ese llamado telefónico.
Una vocecita en tu cerebro no deja de recordarte que es culpa de tu hermana Eva – quien tiene el mismo tren de pensamiento que tu mamá y que Gabrielle cuando se trata de Michelle -; ella le dio a Jenna tu nuevo número telefónico, y probablemente ella la haya persuadido para que se ponga en contacto con vos, pensando que así estaría ayudando a sembrar problemas en tu vida y que Michelle y vos tendrían una discusión o algo por el estilo o – en el peor de los casos, porque si pensaron eso entonces tu decepción va a aumentar hasta límites insospechados porque te mataría darte cuenta de que tu familia te conoce tampoco – que la engañarías y que luego acabaría enterándose y que eso sería el final de su historia. Pero no podés dar lugar a la bronca que sentís, no podés permitir que eso se interponga; de eso podés ocuparte más tarde, sobre eso podés reflexionar más tarde, en eso vas a pensar más tarde, porque ahora lo que necesitás hacer es concentrarte en Michelle, escucharla, ayudarla, calmar su angustia, aniquilar sus celos, arrancarle una sonrisa de verdad, asegurarle que ella es tu princesa y que jamás la considerarías un patito feo.
"El problema es que literalmente me come viva la idea de compartirte con todas las que me precedieron…"
"Michelle, vos no me compartís con nadie" le asegurás ": soy sólo tuyo y de nadie más…"
Pero ella sigue hablando como si no te hubiera escuchado:
"Siento que todas ellas tienen un pedazo tuyo, que todas ellas guardan algún tipo de conexión con vos" vuelve a soltar una risita histérica apenas audible, porque probablemente piensa que lo que acaba de decir es ridículo, infantil, loco "Y no puedo soportar la bronca que me provoca que una de esas muchas mujeres que desfilaron por tu existencia antes de que yo cambiara tu vida te llame para proponerte tener sexo porque está aburrida, como si en vez de un ser humano vos fueras un juguete a su disposición para entretenerse cuando se le antoje, como si no significaras nada…"
"Por eso ellas son distintas a vos, Michelle" murmurás; sentís cosquillas en tus manos, que de tanto no tocarla te duelen, que mueren por acariciarla, que mueren por enredar los dedos en sus rulos húmedos, que mueren por llenarla de mimos ": para ellas yo no signifiqué nada, y ellas no significaron nada para mí, mientras que vos y yo significamos el mundo entero para el uno para el otro"
"Pero me muero de celos, porque aunque ella no te ame con la locura con la que yo te amo, aunque para ella seas uno más, aunque para ella seas un nombre en una lista, aunque para ella seas uno más de sus muchos amantes, probablemente en una noche te haya hecho sentir cosas que yo no podría lograr en meses, porque soy una estúpida inexperta llena de contradicciones que un día se siente un poco bonita pero que es tan emocionalmente inestable a veces que una semana después o en menos tiempo vuelve a caer en sus complejos de inferioridad e inseguridades…"
Notás que está alterándose, y ya no podés seguir escuchándola más, porque te hace muchísimo daño verla así, porque las palabras que dice te hieren, no porque te causen a vos un mal si no porque sencillamente te resulta insoportable vivir en carne propia lo que a ella la lastima, porque comparten una conexión íntima, profunda, fuerte, especial, una conexión que no puede explicarse y que, aunque pudieran explicarla no podrían pretender que fuera entendida.
Volvés a eliminar la distancia que separa un cuerpo de otro, y con un fluido movimiento la tomás en tus brazos, envolviéndola, deseando hacer que se sienta segura, contenida, protegida, amada, deseada, cuidada. Con las palmas de tus manos dibujás círculos en su espalda para infundirle calor y dejás que tus labios recorran cada punto de su rostro húmedo llenándolo de besos y absorbiendo las lágrimas que aun ruedan por sus mejillas sonrosadas porque se ha agitado.
"Debés pensar que soy verdaderamente infantil y estúpida…" murmura.
"No, bebé, no pienso que seas infantil o estúpida, y tampoco pienso que estés loca" susurrás "La locura y el amor van de la mano, pero de la otra mano la locura lleva a los celos"
"No me gusta sentir celos… No me gusta sentirme insegura y acomplejada, no me gusta mirarme al espejo y sentirme un patito feo, porque entonces es como si estuviera decepcionándote…" confiesa.
"¿Decepcionándome?" preguntás desconcertado.
"Te esforzás tanto por hacerme sentir hermosa, me decís todas esas cosas lindas, hacés todo lo que podés para sanar mi autoestima, y yo soy una tonta que…"
No la dejás terminar la oración.
"Michelle, no creo que seas tonta. Ya te lo dije: los celos son naturales"
Besás su frente, y luego sin agregar otra palabra, entrelazás sus dedos con tus dedos y la guiás hacia el desayunador; es mejor que conversen sentados, tranquilos, calmados, en lugar de estar de pie, gritando y temblando de nervios y enojo (su enojo con ella misma porque siente esos celos que juzga estúpidos e infantiles, y tu enojo con tu hermana por haberle dado a Jenna tu número de teléfono a propósito con la esperanza de causar problemas). Las cosas se resuelven hablando, y entre Michelle y vos no querés que quede nada sin resolver.
Con un gesto de la cabeza le indicás que se siente en una de las banquetas, y vos te sentás en la contigua para poder estar a su lado.
"No me gustan los celos" repite "Son tan irracionales…"
"Todas las emociones son irracionales" decís "El amor también es una emoción irracional, no podés razonar con el amor, solamente lo sentís en el corazón; el cerebro no puede procesarlo"
"Pero el amor no es una emoción dañina, y los celos sí lo son" es su respuesta.
"Es cierto, los celos son dañinos" coincidís, lanzando un suspiro.
"Mis celos no se basan en desconfianza, Tony…" empieza a explicar.
"Lo sé" le asegurás "Michelle" comenzás, trazando sus facciones con las yemas de tus pulgares "… ninguna de ellas significó algo para mí, y yo tampoco signifiqué algo para ellas. A ninguna de ellas jamás me ató un solo gramo de sentimientos, y ninguna de ellas estuvo atada a mí por alguna clase de emoción que fuera más allá de lo físico" te parece importante explicar todo esto, te parece importante que entienda; ya han hablado del tema otras veces, pero nunca en el marco de los celos, y querés que comprenda que en muchos sentidos ella también es para vos la primera.
"Ya lo sé, Tony; ése no es el problema"
"El problema es que no te sentís suficiente"
No estás preguntándoselo; es una afirmación, no una oración para acurrucar entre signos de interrogación. Ya te lo dijo antes – cuando estaba nerviosa, alterada, le temblaba la voz, corrían lágrimas por su rostro y la angustia nublaba su mirada -: sus problemas personales, su inestabilidad emocional, todo aquello comienza en su bajo autoestima, en sus inseguridades, en los problemas que tiene para ver su belleza, los problemas que tiene para aceptar su cuerpo y su imagen. Varias veces han pasado por lo mismo, y aunque otros hombres estarían hartos, vos no te hartás, a vos no te cansa repetirle que la amás por lo que es, no te cansa repetirle que es hermosa, no te cansa tratar de ayudarla a quererse un poquitito más a sí misma, al menos una décima parte de todo lo que vos la querés. Ayer probaste al regalarle aquél espejo dentro de una caja que estás dispuesto a hacer lo que sea para convencerla de que la considerás la cosita más preciosa del mundo, y sería muy hipócrita que un día después al presentarse la oportunidad de demostrarle hasta dónde llega tu amor por ella simplemente redujeras las cosas a un ataque de celos y le dieras la espalda.
"Cuando estoy con vos me siento hermosa, de verdad" le creés, sabés que lo dice en serio "Cuando veo mi reflejo en tus ojos o en el espejo que me regalaste, me veo preciosa, tan preciosa como me ves vos. Pero la realidad es…"
"La realidad es que en el fondo seguís creyéndote fea" completás la frase.
"En el fondo sigo sabiendo que nunca voy a ser suficiente"
"Michelle, me amás como nunca me amó nadie: eso te convierte en más que suficiente…"
"No se trata sólo de amor, Tony" suspira.
"Ya lo sé: el sexo juega una parte importante en cualquier relación y vos creés que aunque me amás no sos nada comparada con todas las mujeres con las que estuve antes" creés que, ya que sabés exactamente lo que está pensando y sintiendo porque podés leerlo escrito en su rostro y en sus ojos, podés ahorrarle tener que decirlo diciéndolo vos "Pero – y voy a decirte esto tantas veces como necesites escucharlo para creerlo, Michelle – ni Jenna ni ninguna otra pueden compararse con vos"
"¿Cómo podés estar tan seguro? ¿Cómo podés estar seguro de que no voy a ser una decepción? ¿Cómo podés estar tan seguro de que no voy a aburrirte? ¿Cómo podés estar tan seguro de que no va a cansarte mi inexperiencia?" inhala, exhala, vuelva a inhalar, exhala otra vez ¿Cómo podés estar tan seguro de que no vas a arrepentirte de haberte enamorado de mí? ¿Cómo podés estar tan seguro de que no vas a lamentar haber renunciado a todas esas mujeres espectaculares que estarían dispuestas a satisfacerte si se lo pidieras?"
Suspirás, acariciás sus mejillas durante algunos segundos, y luego comenzás a hablarle en susurros dulces para despejar todas esas dudas que acaba de compartir con vos:
"Estoy seguro porque vos sos especial" contestás "Mi corazón lo supo la primera vez que te vi, Michelle. No sos como las otras; naciste para ser mía y de nadie más, para enseñarme lo que es amar, para despertar en mí ese millón de sensaciones que no conocería si no las hubiera experimentado con vos. Una de las muchas diferencias entre vos y todas esas mujeres de las que estás tan celosa, esas mujeres que vos decís son 'espectaculares', es que con ellas nunca sentí amor, nunca sentí una conexión, nunca sentí alivio o felicidad o pasión o deseo, nunca sentí más que mera atracción física. Y lo que vuelve a mi ego insoportablemente grande, tan grande que no pasa por la puerta" sonreís suavemente, chasqueás la lengua, volvés a sonreír, y ella ríe, lo cual es un alivio para tus oídos "ya no es la cantidad de mujeres que tengo en mi haber, porque eso nunca significó nada realmente, ni va a tener jamás significado" contorneás otra vez sus facciones, repasando despacio su piel con las yemas de tus dedos, despertando pequeños estremecimientos de tanto en tanto con tu tacto cargado de ternura "; pensá que soy terriblemente posesivo si querés, no me importa, pero lo que vuelve descomunal a mi ego es saber que me pertenecés a mí y a nadie más, que sos mía y de nadie más. Para Jenna yo soy uno más, un nombre más en una lista, es verdad, y ellas para mí no son más que pedazos de mi pasado que no dejaron marcas ni valieron nada. Lo que nos hace distintos al resto del mundo, Michelle, es que vos sos mi Universo y yo el tuyo, somos el principio y el fin del otro…"
Barrés con tu pulgar una lágrima que se desliza por su rostro; podés ver el brillo volviendo poco a poco a su mirada empañada por el llanto acumulado causado por su ataque de celos, y es por eso que seguís hablando, porque notás que con cada palabra dulcemente susurrada que deja tu boca ese brillo va tomando fuerzas, recobrándose, despejando esa nube opaca de angustia.
"Hubo otras mujeres en mi cama, muchas, no voy a mentirte diciéndote que no, pero no me compartís con ninguna de ellas, Michelle, ninguna de ellas tiene un pedazo de mí: soy tan tuyo como vos sos mía. Cualquier grado de intimidad que comparta con vos es mucho más fuerte, mucho más profundo y mucho más hermoso que cualquier instante perdido en el tiempo que haya compartido con alguna de esas mujeres con las que tuve encuentros vacíos; vos con sólo acariciarme de la manera más inocente con las yemas de tus dedos lográs en un segundo lo que otras con su cuerpo no pudieron, porque entre nosotros hay amor, porque somos dos almas conectadas, porque estamos hechos a medida el uno para el otro"
Rozás sus labios con tus labios, apenas, casi sin tocarlos, dejando que medio milímetro los separe al uno del otro. No quitás sus ojos de sus ojos, que ya no esquivan los tuyos, que ahora están buscando hundirse en tus órbitas como vos buscás hundirte en las suyas.
"Nada que ellas me hayan hecho sentir, nada de lo poco que ellas me hayan hecho sentir" aclarás, remarcando con fuerza la palabra 'poco' "se parece en lo mínimo a lo que estoy sintiendo ahora o a lo que sentí mientras nos besábamos bajo la lluvia o lo que me hiciste sentir anoche entre suspiros y caricias o a lo que me come vivo por dentro cuando pienso en hacer el amor con vos" tomás su labio inferior entre sus dientes y jalás despacio "El amor que nosotros dos conocemos es muchísimo más complejo que cualquier otra emoción sobre la Tierra, y los celos deberían sentirlos todas esas mujeres demasiado ocupadas yendo de una cama a otra como para detenerse y buscar la mitad que les falta a sus almas incompletas, esa mitad que yo encontré en vos" jalás su labio suprior "Podés pensar que no sos perfecta para mí, Michelle, pero yo sé que lo sos" susurrás.
"Vos sos perfecto para mí" murmura, moviendo lentamente sus labios sobre los tuyos "Y aunque tu ego no pase por la puerta, te amo igual" ambos ríen suavemente, un sonido apenas imperceptible que inunda sus oídos "como vos vas a amarme siempre a mí aunque me agarren ataques de celos y sea una chiquilina insegura"
"Nada ni nadie pueden lograr que deje de amarte, Michelle, y te amaría aunque tuvieras ataques de celos todos los días, te amaría aunque me llamaras ególatra todos los días"
Los dos vuelven a reír; el ambiente está muchísimo más relajado, y ya no hay tristeza o angustia visible en sus ojos, ni tampoco sus músculos están tensos, si no más bien totalmente dóciles bajo tus mimos.
"¿Y nunca vas a cansarte de tratar de convencerme de que soy hermosa incluso cuando no estoy mirando dentro de tus ojos o dentro de mi espejo?" pregunta en apenas un murmullo.
"Nunca" confirmás.
"¿Nunca vas a cansarte de calmarme cuando me coman viva los celos?"
Negás con la cabeza, rozando la punta de tu nariz con la punta de su nariz.
"No tenés nada de lo que estar celosa, Michelle, pero si alguna vez los celos vuelven, yo voy a calmarlos"
"¿Nunca vas a dejar de ser el hombre más dulce del mundo?"
"Aun ególatra y con toda mi mochila de defectos colgada en los hombros, voy a ser siempre tu osito de peluche"
"O mi bebé unicornio" agrega ella, riendo con más ganas "Tony, ¿me perdonás por haber reaccionado como reaccioné?" pregunta, acariciando tu cabeza.
"No hay nada que perdonar, Michelle; yo hubiera reaccionado igual, o peor"
"Tampoco debería haberte acusado de querer hinchar tu ego cuando me preguntaste cómo me sentía… Sé que sólo querías ayudarme, sé que actué como una tonta. Hablé sin pensar, reaccioné mal" se disculpa "No estaba midiendo mis palabras con claridad, y estaba tan enojada y embroncada conmigo misma que traté de canalizarlo lastimándote a vos en un punto que sé que te duele"
Besás la punta de su nariz, luego sus párpados, sus mejillas, alrededor de sus ojos, y después finalmente la punta de su nariz una vez más.
"Michelle, no necesito a una mujer como Jenna para hinchar mi ego. Saber que vos sos sólo mía y de nadie más es todo lo que necesito para tener el ego más grande del mundo"
Y antes de darle tiempo a replicar algo más, pegás tu boca a su boca y la besás hasta dejarla sin aire, hasta robarle la última gota de oxígeno a sus pulmones, hasta escuchar un gemido colarse por entre sus labios sofocados por tus labios, demostrándole sin necesidad de hablar que ella puede hacer que recorran tu anatomía de una punta a la otra mil millones de emociones que todas esas mujeres con las que alguna vez tuviste algo físico no lograron despertar en vos con sus cuerpos, sencillamente porque ninguna te amaba, sencillamente porque ninguna había nacido para ser enteramente tuya, sencillamente porque el alma de ninguna de ellas estaba íntimamente conectada con tu alma.
"No volviste a preguntar por la sorpresa que tengo que darte…" comentás un rato después, mientras están terminando de comer el piloncito de panqueques con dulce de leche que preparaste.
"Es cierto" señala, regalándote esa sonrisa hermosa a la que estás acostumbrado y sin la cual no podrías vivir porque sos tan adicto a ella como al resto de Michelle.
El ambiente ya no está tenso, y ha vuelto a ser relajado como al principio de la noche, antes de que llamara Gabrielle, antes de que llamara Jenna, antes de que a Michelle le agarrara un ataque de celos y angustia y sus inseguridades y complejos la dominaran. Estás mucho más tranquilo, mucho más contento, y ahora que ya no tenés que cargar sobre los hombros el peso de verla mal y no saber cómo ayudarla o qué decir para hacerle bien, volvés a disfrutar de esa sensación que te recorre como un cosquilleo agradable cada vez que estás a punto de sorprenderla con algo que estás seguro va a hacerla inmensamente feliz, como lo que tenés para decirle esta noche.
"¿Querés seguir adivinando un ratito más?" proponés, sólo por el gusto de alimentar su curiosidad.
"No, quiero que me des mi sorpresa" contesta, sonriendo más ampliamente, pinchando en su tenedor con un rápido, ágil y sorpresivo movimiento de su mano el último pedacito de panqueque en tu plato, robándotelo.
"Está bien" decidís que ya la hiciste esperar demasiado; además, después de las lágrimas de bronca que derramó, después de todos los estragos que los celos hicieron en ella, realmente estás deseoso de darle un buen motivo para sonreír con muchísimas más ganas, para encender aun más la luz en su mirada, para hacerla feliz.
"¿Cierro los ojos mientras vas a buscarla?"
"¿Mientras voy a buscar qué?" preguntás, pretendiendo no comprender.
"La sorpresa" contesta ella, revoleando los ojos y riendo.
"Esta sorpresa no es tangible, Michelle" explicás "Esta sorpresa es en realidad una noticia"
Te mira intrigada pero no dice nada, por lo que seguís hablando, saboreando cada palabra a medida que la decís:
"Mi hermana Fiona me escribió un correo electrónico hace algunas semanas" comenzás a explicar "para contarme que a su esposo le ofrecieron un puesto de trabajo en Los Angeles que no tardó en acepta"
Ya empezás a ver una sonrisa hermosa jalando sus labios para tirarlos hacia arriba a medida que ella va comprendiendo de qué se trata tu sorpresa.
"Si todo sale como lo planearon" continuás "ya van a estar instalados en su nueva casa en esta ciudad para la segunda semana de enero. Eso significa" seguís, no sin notar cómo su mirada se ha iluminado y su sonrisa se ha ensanchado hasta alcanzar una oreja y luego la otra "que vamos a tener a tres de nuestras sobrinitas muchísimo más cerca que antes, más precisamente a veinte minutos de distancia en auto, y vamos a poder llevarlas al cine, al parque, van a poder conocer a Bonnie y jugar con ella, vamos a poder cuidarlas cuando mi hermana y mi cuñado quieran salir solos un sábado a la noche" enumerás un par de las cosas que se te ocurrieron van a poder disfrutar cuando Fiona y su familia se muden a California.
"¿En serio?" pregunta, atónita, con su mirada encendida más que todas las estrellas que cubren el firmamento y la alegría visible en sus hermosas facciones orientales.
"En serio" le asegurás, acariciando su sonrisa con la yema de tu dedo "¿Y sabés qué más me dijo mi hermana?" ahora acariciás su mejilla en un gesto cargado de ternura.
Michelle niega con la cabeza.
"Me dijo que Lara se puso muy, muy contenta cuando le explicaron que después de la mudanza iba a poder ver a su tía Michelle todas las veces que quisiera, cuando quisiera, y hablar por teléfono con ella e invitarla a tomar el té con sus muñecas, y ver con ella películas de Disney, y darle sus cuentos favoritos para que se los lea a la hora de dormir…"
"Tony…, no te das una idea de lo que significa para mí que una parte de tu familia me haga sentir tan querida y tan aceptada" dice finalmente luego de algunos minutos de silencio en los cuales no hizo más que reír y sonreír contagiosamente, llenando tus oídos de esa melodía que es tu música favorita.
"Para mi también significa muchísimo, Michelle" vos tampoco podés dejar de sonreír "Llevo casi dos semanas muriendo de ganas de darte esta noticia"
"Significa mucho para mí" repite "Tenía el presentimiento de que estabas muriéndote por contarme algo, pero no me imaginé que fuera esto" vuelve a reír, provocando que vos rías también "… Significa muchísimo que tu hermana me deje ser la tía de tus sobrinitas…"
Hay una parte de tu familia que está empezando a quererla tanto como vos esperabas que todo la quisieran; hay una parte de tu familia que sabe exactamente lo que ella significa para vos, lo que ella ha logrado en vos, lo especial e importante que es, el peso que tiene su presencia en tu vida. Tu mamá, Gabrielle y Eva no lo ven, no lo entienden, no comprenden, y piensan que llenándote la cabeza, buscando hacer que te sientas culpable, utilizando argumentos que no valen nada para vos porque no creés que el origen o la raza de una persona deban determinar a quién ama, e incluso recurriendo a un recurso tan bajo como el de darle a una mujer como Jenna tu número de teléfono pensando que Michelle y vos no podrían sobreponerse a un ataque de celos o a una discusión y que acabarían peleándose, pero del otro lado tenés también a Martina y a Fiona apoyándote incondicionalmente y dándole a Michelle también un lugar en sus vidas, del otro lado tenés a tus sobrinitas, que pueden ver con la inocencia infantil más allá de todos los problemas y obstáculos que 'los grandes' ponen en sus caminos cuando están demasiado cegados por una creencia o una opinión como para poder apreciar aquello invisible a los ojos pero esencial para el corazón.
Durante el resto de la noche no vuelve a aparecer atisbo alguno de los celos que consumieron a Michelle hasta hacerla perder el control y encender su sistema nervioso, llevándola a llorar de bronca, despertando dentro suyo esas inseguridades y esos complejos con los que vos luchás a diario para que puedan ir desapareciendo poco a poco y su autoestima pueda sanar por completo y para siempre; los dos sonriendo, conversan un largo rato sobre todas las cosas divertidas que pueden hacer cuando tus sobrinas estén residiendo en Los Angeles, le contás sobre el nuevo puesto de trabajo de Andrés, sobre la casa a la que tu hermana va a mudarse, sobre las cosas lindas sobre Michelle que Fiona te contó dijo Lara y lo contentos que están ella y su marido de que la nena parezca querer interactuar con alguien que no sea ellos por primera vez en sus tres años de vida…
No fue un miércoles tan malo, después de todo. Eso es lo que pensás más tarde cuando estás por quedarte dormido, Michelle acurrucada a tu lado, abrazándote como si las vidas de ambos dependieran del contacto físico con el otro, su respiración tranquila llenando el aire, los latidos de su corazón dictando el ritmo de los latidos de tu corazón.
Tu familia – al menos la parte que se opone a tu relación con el amor de tu vida – es un obstáculo que van a tener que sortear, y estás dispuesto a sortearlo sea como sea y a hacer lo que haga falta hacer para protegerla y evitar que le hagan daño y sanarla en caso de que la lastimen (lo cual, para vos, sería imperdonable, y marcaría una línea difícil de desdibujar entre tus hermanas, tu mamá y vos si ellas hicieran algo que perjudicara a Michelle de algún modo). Es un obstáculo que van a sortear juntos, por eso estás tranquilo: con Michelle a tu lado todo va a doler menos.
Los celos son también emociones naturales, una emoción cruda que come a las personas por dentro sin misericordia, mordiendo todo lo que pueden sin detenerse, creciendo, creciendo y creciendo sin control hasta convertirse en una bola de nieve incontrolable difícil de parar. Esa emoción natural reside en todos los seres humanos, porque son las emociones las que vuelven a los humanos diferentes a cualquier otro animal. Entendés los celos de Michelle, entendés sus problemas de autoestima, su inseguridad, su inestabilidad emocional fruto de su historia familiar y del abandono de su mamá; te alegra haber sabido calmarla, te alegra tener ese efecto en ella, te alegra poder tranquilizarla con sólo acariciarla y hablarle suave, te alegra que a pesar de la bronca pueda mostrar confianza en vos y que te cuente las cosas que le pasan con honestidad (incluso si al principio le costó un poco hacerlo por miedo a que la creyeras loca, tonta, infantil o irracional).
Estas piedras que aparecen en el camino – tu hermana llamando para decirte esa sarta de estupideces que ni querés recordar, Eva mandando a Jenna a intentar persuadirte para que te encuentres con ella, los celos – son parte de la vida, son parte del recorrido. Gracias a Dios, hacés tu recorrido de la mano de la persona que adorás, y sabés bien que ni ella ni vos soltarían al otro, nunca, sin importar lo que suceda, sin importar lo que haya que afrontar, porque cualquier cosa ustedes puedan afrontar siempre y cuando permanezcan juntos.
Besás con dulzura la punta de su nariz, sus mejillas, sus párpados cerrados, rozás despacito sus labios sonrosados para no despertarla, inhalás su perfume y acariciás su cabeza con una mano mientras que con la palma de la otra trazás en su espalda círculos, como hacés cada noche antes de quedarte vos dormido acunado en sus brazos, embebido en el calor de su cuerpo.
Entendés exactamente su irracional ataque de celos porque tu reacción hubiera sido peor si los roles hubieran estado invertidos. La observás dormir; luce como un ángel, tan inocente y tan bonita, tu propio pedacito de cielo sobre el infierno en el que se ha convertido la Tierra, tuya y de nadie más, todo un paraíso inexplorado que te pertenece por completo. ¿Cómo te sentirías vos si la mujer a la que amás con una locura tan grande que te domina por completo y destroza tu control tuviera en su haber tantos hombres como vos mujeres? Con sólo pensar en ese escenario totalmente ficticio te hierve la sangre en las venas, tu corazón late dolorosamente rápido y tu temperamento sube hasta alcanzar límites insospechados; no soportás la mera idea, la mera situación hipotética de que otro hombre la toque, de que otro hombre la vea desnuda, la bese, acaricie y muerda; te duele físicamente imaginar cómo reaccionarías si ella hubiera estado envuelta en brazos que no fueran los tuyos, si otros la hubieran observado dormir, si otros hubieran lamido su piel palmo a palmo. Si celos de hombres inexistentes te carcomen, devoran y envenenan, ¿cómo no vas a entender los celos que la carcomen, devoran y envenenan a ella, que sabe estuviste bajo las sábanas de unas cuantas?
Entendés sus celos, entendés esas emociones que la llevaron a reaccionar así, entendés por qué se alteró tanto al escucharte hablar con Jenna: la mera certeza de que otras te tuvieron antes, la mera certeza de que otras te besaron, tocaron y acariciaron antes que ella es suficiente para que enloquezca, para que cruce todos los límites del raciocinio y deje de pensar claramente para pasar a ser dominada por celos crudos en su más pura expresión.
Cerrás los ojos fuertemente, volvés a inhalar su perfume hasta llenarte los pulmones, y te relajás cuando sentís su cuerpo anidándose aun más contra tu pecho, su rostro escondido en el huequito entre tu hombro y tu cuello; está aferrada a vos como si fueras lo único que necesita en el mundo, su única adicción, su droga, su debilidad, su necesidad, el único hombre en su vida.
Besás su frente, acariciás su cabeza un largo rato antes de ceder a la necesidad de dejar caer tus párpados y sumirte en unas cuantas horas de sueños sobre lo divertido que va a ser pasar tu tiempo libre con Michelle y con tus sobrinitas ahora que van a tenerlas más cerca. Repasás mentalmente todas las cosas que se dijeron, todas las cosas que le dijiste, las palabras que flotaron en el aire y también eso que fue dicho sin necesidad de emitir sonido alguno, simplemente leyendo uno dentro de los ojos del otro, reemplazando el idioma común y corriente con miradas, con ese lenguaje propio que nadie más conoce.
Ella no es la primera mujer con la que vas a tener sexo, pero sí es la primera mujer con la que vas a hacer el amor. Es la primera mujer que logró hacer que sintieras todas esas emociones mágicas que vos no creías fueran reales, esas emociones que pensabas estaban destinadas a unos pocos locos que podían ser contados con los dedos de las manos, esas emociones que vos suponías eran el invento de escritores, músicos y poetas delirantes. Ella es tu otra mitad, lo que te hacía falta para sentirte completo, es tu complemento, es… en realidad no se te ocurren palabras o frases adecuadas para explicar adecuadamente lo que Michelle es para vos. Es mucho más de lo que alguna vez sabrás cómo resumir, es mucho más de lo que alguna vez podrán comprender los demás (las personas como Jenna que no entienden los compromisos, tu familia, y cualquiera que cuestione tus sentimientos). Michelle es la mujer que logró con simplemente hablarte lo que otras con su cuerpo no han podido, ni podrán nunca, porque con ninguna otra mujer vas a tener la conexión que te une a Michelle, esa conexión que existe desde que el mundo es mundo, que estuvo siempre escrita en las estrellas, que te atrajo para que recorrieras todos los caminos que eran necesarios recorrer hasta llegar a ella y encontrarte con la persona con la que debés compartir lo que te quede de existencia.
Finalmente te quedás dormido, tus dedos masajeando automáticamente aquél punto sensible en su nuca porque sabés que se relaja muchísimo cuando concentrás sus caricias ahí, tu mente vaciándose poco a poco de todo recuerdo, pensamiento o reflexión sobre este miércoles 12 que se acaba, que se va, que se disuelve para dar paso al jueves.
Te quedás dormido ya sin ninguna emoción dañina corriendo por tus venas, sin situaciones hipotéticas en las que a vos te matarían los celos, o angustia porque su autoestima de tanto en tanto vuelve a resquebrajarse, o preocupación porque Gabrielle, Eva y tu mamá no comprenden que no van a poder arrancarte de los brazos de la mujer que amás.
Finalmente te quedás dormido, repasando mentalmente una a una todas las ocasiones en las que con sus sencillos, inocentes, dulces 'te amo' susurrados con infinita ternura Michelle logró hacerte sentir con su voz, con sus palabras, con sólo hablarte todo aquello que otras con su cuerpo jamás pudieron despertar en tu corazón y en tu alma, simplemente porque todavía no habías conocido a aquella nacida para que le pertenecieras completamente, en cuerpo, alma y corazón.
Y a la mañana siguiente despertás en brazos de tu Michelle, escuchándola susurrar cosas dulces en tu oído, logrando que sientas con sólo hablarte lo que otras con su cuerpo no han podido ni podrán jamás.
