Alexy se sentía fatal, odiaba tratar a su hermano de esa manera, Armin siempre era bueno con él, a pesar de que por su culpa los persiguieran y molestaran a ambos él nunca le había reclamado, es mas siempre que los demás lo dañaban y se alejaban, el pelinegro era el único que se quedaba aunque no tuviera que hacerlo.
El siempre había sido consciente de la situación pero creía que mientras estuvieran juntos todo saldría bien, sin embargo el entrar a su casa aquella tarde y ver a su hermano a acompañado fue un golpazo de realidad, Armin no era el del problema, bien es cierto que era un friki de primera pero eso no lo llevaría a recibir tanto acoso como para necesitar ser cambiado de instituto, no, definitivamente Armin no era el problema, él problema era él, él y su sexualidad que no estaba bien vista, que causaba problemas a los demás pero él no podía cambiar.
- Lo siento hermano pero es lo mejor- reflexiono en voz alta- ya no te arrastrare más conmigo a esta oscuridad.
Sin detenerse a dudar su decisión limpió con su mano las traviesas lágrimas que se le habían escapado antes y decidió seguir adelante.
Su buscaba junto a Rosalya el perro de la directora por todas partes.
- Bueno al menos esta vez no tengo que buscarlo sola- comento Su resignada a perder su tiempo tras el animal.
- No entiendo para que lo suelta- se quejaba Rosa- es mas ¿Quién trae un perro al instituto?
- Eso mismo dije yo la primera vez que fui a buscarlo.
Ambas chicas siguieron buscando cuando escucharon unos pasos venir en su dirección, voltearon y vieron que se acercaban Lysandro y Armin muy entretenidos hablando, tanto que ni las notaron, la albina arrastro a la otra chica a un escondite sin pensarlo.
-¿Por qué nos escondemos?- preguntó en un susurro Sucrette confundida.
- Porque quiero oír de que hablan esos dos- respondió Rosa también susurrando.
- Eso es de mala educación, además son Lysandro y Armin, no creo que hagan planes de conspiración o algo.
- Por eso es extraño, Lyss no suele charlar mucho con una misma persona, se distrae y aburre con facilidad y ese chico Armin por lo que entiendo vive metido en su PSP ¿Qué podrían estar hablando ellos dos?
Su se sintió mal por espiar a sus amigos pero la curiosidad también le gano y guardo silencio para escuchar mejor de lo que hablaban.
- ¿Ya te sientes mejor?- le preguntó Lysandro al pelinegro amablemente.
- Si, gracias por...- Armin parecía nervioso y sus ojos se veían algo brillosos- ya sabes aceptar... aceptarnos- para el ojiazul el hecho de que el albino aceptará a su hermano se sentía como si lo aceptará a él también.
Lysandro comprendió el sentimiento del otro, si alguien despreciara a Leigh el se sentiría horrible.
- El amor no es algo que se pueda suprimir, si un chico decide amar a otro, es su vida no la de los demás- el chico de ojos bicolor detuvo su paso y miró directamente los azules ojos del otro que se volteo a verle- la sociedad habla de buscar un bien común, lastimar a una persona por querer a alguien de su mismo sexo erradica ese propósito.
Armin sonrió en respuesta, no conocía nada del otro para ser precisos, pero Lysandro le daba una seguridad que llevaba años sin sentir, es más una que jamás había sentido.
- Gracias, tus palabras me hacen sentir que realmente queda alguna esperanza.
El ojiazul estaba por irse pero el otro lo llamó.
- Armin,- el chico más bajo volteó a mirarle de nuevo- cuenta conmigo, si el mundo cae sobre ti, yo te ayudaré a cargarlo.
Lysandro no era de relacionarse con los demás más de lo necesario y menos de buscar problemas pero ese chico de ojos azules que lo encontró bajo la lluvia era diferente, simplemente era imposible para el no ofrecerle su ayuda.
Armin lo miro impresionado pero luego la sonrisa volvió a sus labios.
- Definitivamente eres... inusual- contesto el otro- gracias Lysandro.
- De nada.
Ambos se fueron por caminos diferentes hasta perderse de vista.
- ¿VISTE ESO?- grito Rosalya una vez que estuvo segura que no la podrían escuchar.
- Una conversación extraña supongo- Su que sabía lo de Alexy pensó que por ahí seguro iba la conversación al inicio, aunque siendo sincera no había entendido lo del final.
- Eso amiga mía no fue una conversación extraña, fue una declaración de amor.
- ¿Declaración de amor?- preguntó la otra chica sin comprender.
- No lo oíste- la albina junto sus manos, luego puso pose y voz de chica tímida- gracias por aceptarme- procedió después a adquirir una pose que ella clasificaba como varonil- Si el mundo cae sobre nosotros te aseguro que estaré a tu lado amor mío- dijo imitando una voz ronca.
- Rosa así no paso- le intentó calmar Su pero la otra chica la ignoraba olímpicamente.
- Cuando le cuente a Leigh se va a desmallar, el pobre ya estaba resignado a que su hermano era asexual...
Su sabía que Rosalya era una chica de mente abierta, ella no juzgaría a nadie por su preferencia sexual y mucho menos a su cuñado al cual apreciaba tanto. Sin embargo sabía también que existía la posibilidad que no todos se lo tomaran tan bien como ella y eso les podía traer problemas a los chicos, por lo cual decidió detenerla.
- Rosa escúchame bien- Sucrette la tomo por los hombros e hizo que le prestará atención- nadie pero absolutamente nadie puede enterarse de lo que acabamos de presenciar.
- Pero Su...
- No quieres meter a los chicos en un problema por falsas deducciones ¿Verdad?
- Pero yo quiero ser la primera en anunciar la relación- se quejó la otra haciendo puchero.
- Hagamos esto, los observaremos durante algún tiempo, si las cosas terminan en romance como tú dices te dejaré anunciarle a todo el mundo la noticia pero solo si los chicos así lo deciden.
- Bien- acepto resignada la chica.
Castiel ajustaba las cuerdas de su guitarra cuando su amigo entro al salón.
- Necesito un bolígrafo- pidió el albino de repente asustándolo un poco.
- Ah.. si.. ya voy- el pelirrojo busco uno en su mochila y se lo paso.
El victoriano saco su libreta y comenzó a escribir como poseído en ella.
- Parece que te encontraste con algo que llamo tu atención- comentó Castiel que ya conocía los arrebatos artísticos del otro.
- Digamos que encontré algo más inspirador que una mariposa amarilla- respondió sin dejar de escribir.
- Interesante- opinó Castiel con una sonrisa traviesa.
