NOTA:
Creo que éste es uno de los capítulos más raros que he escrito. Fue raro escribirlo, y creo que hasta podría decirse que desentona con el resto de la historia, pero la idea se había metido en mi cabeza meses atrás, en Mayo de 2010, y simplemente tuve que llevarla a cabo. No creo que sea de los mejores capítulos, creo que es más bien el peor; es demasiado irreal, desentona demasiado, para mi gusto. Es un capítulo dulce, por ponerlo de algún modo, y romántico. Hay partes que me gustan, otras partes siento que no pude escribirlas como hubiera querido. Debe estar lleno de errores, estoy segura. Las partes que parezcan improbables o parezcan 'forzadas', realmente traté de corregirlas y de arreglarlas para que quedaran naturales y creíbles; espero haber logrado medianamente eso, aunque lo dudo, porque cuando lo releí para corregir la gramática me gustó menos que la primera vez que lo leí para hacer correcciones. Las probabilidades de que algo como lo que sucede en este capítulo suceda en la vida real... me parece que son pocas, por eso lo siento irreal. Bueno, de todos modos, quise escribirlo y lo escribí. No creo volver a escribir otro capítulo como éste, de todos modos. Y estén tranquilas, porque tengo una idea para el capítulo 81 que va a compensar lo flojo que éste resultó ser.
La canción mencionada es You'll be in my heart de Phil Collins, y pertenece a la banda sonora de la película de Disney Tarzán; si nunca la escucharon, háganlo, es preciosa. Hay una versión en castellano, pero la letra es muy distinta a la versión en Inglés porque está adaptada. Para este capítulo, decidí traducir textualmente la versión en Inglés a Castellano para que se conserve el significado original de los versos.
Bueno, espero que les guste, a pesar de que no es lo que estoy habituada a escribir y definitivamente no es un capítulo que me haya resultado fácil (realmente, aprendí mi lección: nunca más voy a tratar de escribir algo así).
Prometo un capítulo 81 muchísimo mejor, más intenso, más dramático y con un poco de acción física entre Tony y Michelle (mucha más que en el capítulo 74, definitivamente, pero si les cuento pierde gracia).
Mientras ustedes leen esta especie de desastre que ha resultado ser el capítulo 80, yo voy a ir a escribir el capítulo 81.
Muy buena semana para todas y muchos besos.
Sólo mirá a tu lado
Y allí estaré
Siempre.
Cuáles son exactamente las probabilidades de que a una persona le pase lo que a vos te sucedió ese viernes…, bueno, el dato exacto te es totalmente desconocido, pero suponés que no todos los hombres tienen al Universo entero complotando a su favor, acomodando y reacomodando las piezas del gigantesco rompecabezas que es la vida para que algunas de ellas encajen a la perfección y conviertan ciertos instantes en momentos inolvidables que parecen sacados de uno de esos cuentos de hadas modernos que todo el mundo piensa existen solamente en las ficciones protagonizadas por Sandra Bullock o Julia Roberts y pueden disfrutarse en la pantalla del cine pero nunca en la vida real.
Buena suerte o azar, coincidencia o destino, casualidad o causalidad, realmente no sabés bien cómo clasificar la secuencia de sucesos que fueron ocurriendo, uno detrás del otro, unos desencadenando a otros, prácticamente en efecto dominó. Y lo que había surgido en tu cabeza como una idea pequeña que quizá podría convertirse en algo concreto con ayuda de tu hermana, acabó desembocando en una de las noches más románticas, mágicas y dulces de tu vida.
Todo había comenzado un par de semanas atrás, cuando te habías enterado que Genesis y Phil Collins darían un concierto en el The Roxy Theater en West Hollywood. Intentaste conseguir dos entradas por todos los medios que se te ocurrieron, pero las mejores ubicaciones ya habían sido vendidas, y los pases VIP estaban fuera de circulación porque se reservaban para un círculo privilegiado compuesto de invitados de la banda, otros músicos famosos, empresarios con más dinero del que uno podría imaginar, figuras fuertes de Hollywood y otros afortunados. Aparentemente, ibas a tener que resignarte a esperar una cantidad indefinida de tiempo (años, quizá) hasta que se presentara nuevamente la oportunidad de sorprender a Michelle con un regalo como aquél.
La clave está, por supuesto, en la palabra 'aparentemente'. Porque lo cierto es que contabas con otra opción. No era una que fuera a garantizarte resultados, pero era una carta con la que podías jugar. En cualquier otra situación ni se te hubiera ocurrido pedir un favor de ese tamaño, pero no existe cosa alguna que no te animarías a hacer por Michelle, por lo cual enviaste un correo electrónico a cierta persona preguntándole qué posibilidades existían de que pudiera ayudarte algún modo.
El asunto es el siguiente: conocés a alguien que pertenece a ese círculo íntimo y favorecido que puede conseguir - llamado telefónico mediante - un par de esos pases VIP exclusivos. Conocés a alguien cuyos suegros son íntimos amigos de Phil Collins, habiéndolo elegido como padrino de su único hijo; por ende, conocés a alguien cuyo novio es el ahijado de Phil Collins. Esa persona que conocés tiene un carácter 'especial' – por usar uno de los muchos adjetivos que podrían utilizarse para describirla– y tiende a mostrar problemas para socializar con gente de su edad porque le resulta difícil sentirse a gusto con ellos, pero desde su niñez ha demostrado tener mayor grado de afinidad con aquellos que la doblan en edad y de quienes puede aprender escuchando sus anécdotas, sus experiencias, sus historias, por lo cual, naturalmente, el padrino de su novio y ella – con quien comparte muchísimos intereses en arte, música y literatura – no tardaron en trabar amistad.
Resumiendo todo lo señalado anteriormente utilizando palabras sencillas y dejando de lado ese aire de acertijo que envuelve al párrafo anterior: Kiefer es el ahijado de Phil Collins, y Martina es muy buena amiga suya (es raro usar la palabra 'amigo', 'amiga', 'amistad' o cualquier derivado en una oración en la que también está el nombre de tu hermana, porque cuando se trata de relaciones humanas ella es realmente un caso aparte, pero hay un cierto, limitado número de individuos con los que se lleva bien, se siente cómoda y es verdaderamente ella misma, y Phil Collins es uno de ellos).
Antes de conocer a Michelle, que tu hermana fuera considerada por el líder de Genesis su 'ahijada del corazón' te parecía un detalle menor que evitabas estrictamente mencionar a cualquiera porque sabés que a Martina le molesta que la gente sepa que tiene amistades famosas, porque ella no los considera 'celebridades', sino personas que sienten, piensan, viven y tienen malos y buenos días como cualquier otro ser humano común y corriente, con la diferencia de que ellos se dedican a una profesión que requiere un grado alto de exposición pública. Tu hermana considera un detalle menor lo que para otros sería un asunto digno de generar espamento porque ella valora a Phil como amigo y Kiefer lo valora como padrino, y el cariño que le tienen no guarda relación alguna con su dinero o su fama. Cuando ella o su novio hablan de él es casualmente y dentro del contexto de la conversación, pero como la mayor parte del tiempo a tu hermana le gusta conversar sobre ciencia, arte, literatura, historia, política y otros tópicos controversiales, son pocas las veces que tus charlas con ella giraron en torno a Phil Collins.
Siempre disfrutaste de la música de Genesis, pero cobró un significado especial tres meses atrás cuando Michelle eligió uno de esos discos de entre los muchos que forman tu amplia colección para escuchar mientras entre mimos cocinabas para ella por primera vez. Luego el viernes siguiente habías elegido llevar ese CD para poner en el estéreo del auto durante el trayecto hacia el sitio que habías elegido para que desayunaran juntos porque querías oírla tararea dulcemente esas canciones una vez más. Días después te había preguntado– con un brillo tímido refulgiendo en sus ojos y una sonrisa que derritió tu alma – si podías regalarle ese álbum de Genesis (lo cual hiciste, no sin antes haber escrito en la tapa con marcador indeleble y en letra minúscula unos cuantos renglones sobre lo mucho que la adorás y lo feliz que te sentís cuando estás en sus brazos). Después comenzaste a pasar tiempo con ella en su departamento, y al curiosear su colección de discos habías notado que Genesis y Phil Collins definitivamente están entre sus favoritos.
Habías tomado la decisión de esperar el momento apropiado para hablar con tu hermana y preguntarle con mucho tacto si podría conseguir que Phil autografiara la contratapa de ese disco que antes era tuyo pero que ahora es de ella (como cualquier cosa que te pida, porque no se te ocurre nada que no le darías, porque serías capaz de cualquier cosa para verla feliz), pero cuando te enteraste de que Genesis daría un concierto en West Hollywood… simplemente no pudiste resistirte, no pudiste aguantar, no pudiste contenerte, no te detuviste a pensar, y sin que te importara mucho que existiera la chance de que obtuvieras una respuesta negativa y una llamada de tu hermana recordándote que ella no es de la clase que saca beneficio de su amistad con alguien famoso, le escribiste un correo electrónico preguntándole si podría concederte el enorme favor de jalar algunos hilos para conseguirte pases VIP, o entradas común y corrientes (supuestamente estaban agotadas, pero tenés entendido que a veces el teatro retiene un número limitado de entradas para regalar a inversionistas o revender por un precio mayor en el 'mercado negro del espectáculo'), o un permiso para sentarse en el pasillo del teatro, lo que fuera, cualquier cosa que te permitiera llevar a Michelle el 14 de diciembre al recital de una de sus bandas favoritas.
Para tu enorme, grata sorpresa, la suerte decidió jugar de tu lado de la cancha, y Martina – que entiende muy bien la locura con la que amás a la mujer que le da sentido a tu vida y que estarías dispuesto a caminar sobre el agua, poner las manos en el fuego, cruzar los siete mares a nado o ir de rodillas hasta el Faro del Fin del Mundo para hacerla feliz – se enterneció (no creés que vaya a admitirlo directamente, pero sabés que le causó ternura) cuando le contaste que estabas planeando llenar el último mes del año con un poquitito de magia cada día para compensar cada lágrima derramada, cada minuto de tristeza, cada pérdida, cada golpe de desolación, todos esos instantes en los que te comportaste como un verdadero idiota y la ignoraste porque creías que así podrías evitar enamorarte (en tu estupidez, durante los primeros meses lejos estabas de sospechar que había sido amor a primera vista), todos los tragos amargos, todas las noches de desvelo, todas las mañanas en silencio y soledad. No te prometió nada específico, pero sí te dijo que trataría que Michelle y vos pudieran acceder al The Roxy Theater el 14 de diciembre; ya sólo eso era suficiente para que estuvieras contento y esperanzado.
Cuando volvieron a hablar del tema, te dio una noticia que te dejó sin respiración durante algunos segundos cuando la escuchaste. Martina le habló de vos, de tu historia de amor con una chica que tu familia no acepta porque su raza es diferente, de lo hechizado que te tiene ella, de lo enloquecido que estás, de cuánto cambiaste, de cómo tu vida dio un vuelco definitivo desde que te enamoraste perdidamente de una mujer que te ama de la misma manera, con la misma pasión, con la misma intensidad; le habló de tu obsesión con hacerla feliz, de tu brillante y romántica idea de regalarle un diciembre hermoso, de tu necesidad cruda de cuidarla y protegerla de cualquier cosa que pudiera hacerle daño, de lo mucho que significa para vos ver a Michelle sonreír. Phil Collins – aquél que ha escrito tantas canciones preciosas, profundas y poéticas – le había dicho que lo conmovía saber que todavía quedan sobre la Tierra hombres dispuestos a arriesgarlo todo por la persona que adoran y le había prometido enviar dos tickets cuanto antes.
Pero no se había limitado a eso solamente.
Paul McCartney estaría en esa fecha visitando California, y había sido también invitado al recital. Había confirmado que asistiría, y estaría sentado nada más y nada menos que en la butaca contigua a las de ustedes dos.
"¿Me estás hablando en serio?" habías preguntado a Martina, anonadado, tu corazón latiendo fuera de control y tu cerebro trabajando a mil millas por hora para procesar aquello, tu voz convertida en un susurro para evitar ser escuchado y que la sorpresa quedara develada antes de tiempo "¿Paul McCartney va a estar sentado al lado nuestro?" habías escuchado las palabras saliendo de tu boca, pero realmente te costaba comprender su significado, te costaba comprender que eran ciertas.
"Sí, Tony, Paul McCartney. Al parecer una compañía discográfica quiere que él y Genesis graben un disco juntos, por eso fue invitado al concierto del día 14; luego la banda y él van a ir a tomar algo con sus respectivos representantes para hablar de eso" Martina te había contado rápidamente aquél detalle "Sabés que él escribió la famosa canción de The Beatles que lleva por título Michelle, ¿cierto?"
Ante ese comentario de tu hermana habías fruncido el ceño.
"Pensé que George Harrison había escrito esa canción…"
No sos un experto en la historia de The Beatles, como muchos fanáticos que saben absolutamente todo sobre la historia del famoso cuarteto de Liverpool; empezaste a escucharlos con mayor asiduidad después de conocer a Michelle, deteniéndote siempre en una canción a la que te volviste completamente adicto: aquella que menciona su nombre repetidas veces. Por algún motivo tenías entendido que la popular melodía había sido compuesta por Harrison.
"No, Tony, Paul McCartney escribió esa canción" Martina había contestado, chasqueando la lengua en señal de impaciencia por el hecho de que ignoraras semejante dato que para una fanática como ella seguramente tiene enorme relevancia "En fin, debo confesar que siento envidia de no poder ahí" había admitido con un suspiro "Kiefer y yo tenemos el cumpleaños de una de sus tías y ya nos comprometimos a asistir a la cena" vuelve a suspirar "Paul McCartney es un genio" había remarcado (eso viniendo de tu hermana es un halago gigantesco, teniendo en cuenta que ella es una superdotada de verdad) "y estoy segura de que Michelle va a quedar encantada de conocerlo…"
"Ama todo lo que tenga que ver con The Beatles, así que yo también estoy seguro de que va a quedar fascinada si tiene la oportunidad de conocerlo" habías dicho, sin poder dejar de sonreír de oreja a oreja, sin poder creer lo que la suerte estaba arrojándote de pronto, convirtiendo tu idea de un 14 de febrero especial y único en aun más única y especial "… Todavía no lo puedo creer" seguías sin salir de tu estado de shock inicial "… Pensé que estas cosas nada más suceden en esas comedias románticas que ve Gabrielle…" reconociste, sin poder evitar que una sonrisa enorme cruzara tu rostro al darte cuenta de a poco que aquello no era ni un sueño ni ficción, sino la realidad, y que por algún motivo el destino había decidido que te tocara a vos vivir una de esas experiencias increíbles que sólo unos pocos afortunados pueden contar.
A medida que pasaban los días, tu entusiasmo por la llegada del viernes 14 crecía como una imparable bola de nieve que con cada vuelta se hacía más y más grande. Había veces en las que pensabas en lo que sucedería – el recital de Genesis y Phil Collins, Paul McCartney sentado al lado de ustedes – y te daban ganas de pincharte el brazo para asegurarte de que estabas despierto y no soñando; otras, sencillamente te parecía que las agujas del reloj se movían demasiado despacio, porque no aguantabas la desesperación de estar a la espera de que el almanaque alcanzara el 14 y finalmente comprobar con tus propios ojos (y con el resto de tus sentidos) cuán real la situación es.
Cuando el jueves 13 sacaste del baúl del coche de tu hermana no sólo la caja con tu mantita (que, luego de que Martina lo persuadiera, tu papá había accedido a mandar desde Chicago, no sin que se generara un drama familiar entre él y tu madre, pero ése es un tema aparte), sino también un sobre con los dos tickets, prueba visible y tangible de que estabas a menos de veinticuatro horas de sorprender a Michelle de una manera que no creés jamás haya imaginado.
Phil Collins y Genesis, 14 de diciembre, The Roxy Theater. Habías acariciado con la yema del pulgar las palabras impresas, releyéndolas hasta que perdieron sentido, suspendido en el tiempo por algunos minutos, sin salir de tu asombro, porque a una partecita tuya le costaba creer que menos de un día te separaba del momento en el que cumplirías otro de esos muchos sueños que seguramente ella pensaba jamás se convertirían en más que deseos.
La voz de Kiefer – quien te había acompañado hasta el auto– te sustrajo de la burbuja en la que parecías haber quedado absorto:
"Luego de la función pueden ir a saludar a mi padrino" te había dicho "Martina le habla muchísimo de vos y va a encantarle conocerte; no creo que pueda quedarse mucho tiempo conversando con ustedes porque luego debe ir a una cena importante, pero antes de marcharse va a tener libres unos quince minutos"
Tus labios se desplegaron en una sonrisa enorme y tus ojos brillaron con ese fulgor único y especial que sólo puede provocarte pensar en hacerla feliz, en ver su sonrisa, en ver sus ojos brillando.
No tenías palabras que alcanzaran para expresarle a tu cuñado cuán agradecido estabas, pero creés que te entendió, porque cuando estaban regresando a tu departamento te dijo durante el viaje en ascensor:
"Entiendo cómo te sentís porque a mi me pasa lo mismo: no hay nada que me haga mejor que ver a Martina contenta. Planear algo para sorprender a la persona que querés es una de las cosas más lindas de estar enamorado"
Horas después, mientras observabas a Michelle durmiendo plácidamente en tus brazos y pensabas en lo maravillosa que sería la noche del viernes, recordaste lo dicho por Kiefer. Tu último pensamiento antes de sumirte en un sueño tranquilo y relajado acudió a tu mente en forma de reflexión: muchas veces te compadeciste de Kiefer por la forma en la que tu hermana lo 'lleva de la nariz', muchas veces te preguntaste cómo podía ser posible que un hombre lo suficientemente inteligente para haberse graduado en Harvard con honores se desesperara por satisfacer cada deseo y capricho que cruzara la cabeza de su novia, pero si te costaba comprenderlo era porque nunca antes te habías enamorado, nunca antes habías caído víctima del hechizo aquél que provoca que tu felicidad dependa absolutamente de la felicidad de otro ser humano.
Ahora entendés todo eso que antes escapaba a tus capacidades de comprensión. Ahora entendés que los hombres enamorados no son 'arrastrados de la nariz' por las mujeres que aman ni manipulados emocionalmente por ellas para que consientan todos sus gustos y antojos y actúen a su voluntad. Ahora sabés que a los hombres que adoran con locura a sus mujeres les encanta complacerlas porque no hay nada que se compare a la sublima sensación de ver esos mismos labios que podrían pasar horas besando apasionadamente curvados en una sonrisa radiante y esos ojos en los que quisieran sumergirse brillando más que todas las estrellas que Dios salpicó en el firmamento.
Todas esas cosas que tu cerebro era incapaz de procesar, todas ellas ahora te afectan en carne viva, todas ellas las comprendés como pocos pueden comprenderlas, todas ellas – antes tan estúpidas te parecían - ahora las experimentás a diario, y es tan profunda la emoción que provoca planear sorpresas para tu Michelle que no encontrarías la forma de poner en frases que una de las cosas más lindas de estar enamorado es zambullirse de lleno en la tarea de causar alegría en esa persona que tiene tu corazón, tu alma y que fue puesta en la Tierra para complementarte y completarte.
Las mariposas siguieron recorriendo tu estómago largo rato después de que te quedaras dormido acurrucado a su lado, porque en sueños seguías imaginando la perfecta noche de viernes que cerraría con broche de oro la segunda semana de un mes de diciembre que – a pesar de todo y con todo – es definitivamente el más dulce, mágico y especial de toda tu vida.
El viernes por la mañana despertaste con un nudo en la garganta a causa de la ansiedad, pero delante de ella disimulaste tanto como posible. Preparaste el desayuno mientras Michelle le daba de comer a Bonnie, luego conversaron sobre algunos asuntos de la CTU entre un piloncito de tostadas y dos tazas de café, y después se marcharon rumbo a la Unidad, por separado, con cinco minutos de diferencia entre su partida y tu partida 'para guardar las apariencias y que nadie se percate de nada'.
Te pasaste toda la jornada mirando el reloj, pensando en los pasos a seguir que deberían ser tomados cuando salieran del trabajo para que el plan pudiera concretarse. Tenías todo calculado hasta la histeria, detalle a detalle, punto por punto, paso por paso, pero eso no quitaba que estuvieras nervioso y cargado de agitación; mentalmente repasaste unas cincuenta veces cada punto a concretar, y aunque no descuidaste tu trabajo ni te distrajiste (después de todo, sos el director de la Unidad Antiterrorista de la Ciudad de los Angeles, no podés darte el gusto de dejar cosas sin hacer, posponer obligaciones u ocuparte de otros asuntos que no sean los que guardan relación estricta con la CTU y lo que acontece entre sus altos muros) cada segundo de tiempo libre que pudiste dedicar a pensamientos personales lo usaste para imaginar cómo se desarrollarían los hechos aquella noche, provocando en varias ocasiones que un suspiro imposible de contener se colara por entre tus labios (afortunadamente, en cada oportunidad te encontrabas en la soledad y quietud de tu despacho).
Cuando finalmente las agujas se posicionaron anunciando las cuatro en punto, tomaste el teléfono y marcaste el interno de la estación de Michelle sin quitar los ojos del vidrio a través del cual podías observarla disimuladamente.
"Dessler" contestó enseguida, sin apartar los ojos de la pantalla del ordenador.
"Michelle, necesito que subas a mi despacho, por favor" le pediste con voz profesional y compuesta para que no sospechara que querías estar a solas con ella unos minutos por cuestiones personales y creyera que el motivo de tu llamada estaba limitado a cuestiones laborales "Chappelle acaba de comunicarse conmigo; recibió una alerta de la Oficina de Seguridad Nacional, una pista sobre Veroniki Larson. Acaban de enviarme el informe, es estrictamente confidencial; por el momento sólo nosotros dos podemos ponerle los ojos encima hasta que Washington dé órdenes respecto a cómo seguir"
Estabas mintiendo, por supuesto, y probablemente a Michelle no le haría gracia enterarse que habías usado el caso Larson como carnada para que se dirigiera a tu despacho sin sospechar que en realidad estabas interesado en robarle algunos minutos de tiempo para empezar a dejarla vislumbrar de qué se trataría la sorpresa de esa noche. Esperabas que la mentirita piadosa que acababas de inventar quedara olvidada cuando apenas horas más tarde estuviera sentada junto a Paul McCartney y a punto de escuchar a Genesis tocar en vivo en el legendario The Roxy.
"Voy enseguida"
Sin siquiera perder el tiempo en pestañar, se puso de pie y emprendió camino hacia las escaleras que conectan el piso principal con el piso superior. En menos de un minuto estaba cruzando la puerta de tu oficina y cerrándola detrás de sí.
"¿Cuáles son las novedades en el caso Larson?" inquiere, visiblemente ansiosa e impaciente, al tiempo que con un movimiento delicado se deja caer en la silla delante de tu escritorio.
"Michelle, necesito que me prometas que no vas a enojarte conmigo" le pediste, esforzándote demasiado por no sonreír ante la perspectiva de llenarla de curiosidad e intriga respecto a tus planes para esta noche.
"¿Por qué habría de enojarme con vos?" preguntó, frunciendo el ceño, sin comprender "Tony, ¿qué pasa con el caso Larson?" insistió.
Sólo comprendiste el error cometido al mencionar el caso Larson cuando viste sus ojos; aquél brillo característico de pronto lucía opaco, sin vida, como si una gota de algo parecido al miedo estuviera empapándolos.
Habías elegido el caso Larson porque es uno de los protocolos no resueltos en los que Langley, la CTU y el Departamento de Seguridad Nacional han trabajado juntos, más precisamente unos nueve meses atrás. Veroniki Larson es una terrorista griega a la que por poco atraparon a fines de marzo cuando intentaba hacer negocios en la frontera con México antes de partir hacia Arabia Saudita. Vos eras parte del grupo del Equipo de Armas y Tácticas Especiales enviado por la Unidad para rodear la bodega abandonada en la que Larson y su gente estaban escondidos, de acuerdo con los datos que habían extraído en el interrogatorio a un importante traficante de armas que quería conseguir alguna especie de trato para que le redujeran la condena revelándoles el paradero donde él sabía de buena fuente Larson se ocultaba. Se suponía tenían ciertas ventajas y caminaban sobre suelo firme, por lo cual estaban seguros de que la misión sería un éxito, pero algo salió mal: Larson recibió un soplo de que iban tras ella y para poder escapar montó una distracción con explosivos, lo cual resultó en muchos agentes heridos, un buen número de caídos en servicio y el grupo terrorista completo saliéndose con la suya y desapareciendo como si una mano invisible los hubiera borrado del mapa.
No fue un motivo particular el que te llevó a elegir al caso Larson y usarlo como cebo para que ella subiera a tu oficina (necesitabas que estuviera convencida de que debías hablar con ella de un asunto del plano profesional, porque tomaron la decisión de dejar lo personal del otro lado de la puerta para no arriesgarse a que alguien escuchara o viera algo llamativo que pudiera desembocar en la exposición del secreto que llevan tres meses guardando con tanto celo); simplemente tomaste de entre los muchos casos cruciales que tenés archivados en la cabeza uno de los más recientes y empezaste a hablar sin pensar, porque si tuvieras que mentirle a Michelle pensando, te traicionarían el corazón y el cerebro y se te enredaría la lengua.
¿Pero cómo no te diste cuenta, cómo no te percataste antes de lo que luego comprendiste al mirar dentro de los ojos de Michelle?
Entre los agentes heridos aquél día te encontrabas vos; 'ligaste' algunas quemaduras menores, unos cuantos moretones y un buen golpe en la cabeza que te dejó inconsciente, pero teniendo en consideración lo que sufrieron otros y que podrías haber sido alguno de los que murieron, la 'sacaste barata' como diría tu madre (de hecho, si mal no recordás, eso fue lo que te dijo cuando la llamaste desde el ala médica de la CTU horas luego de recobrar el conocimiento). Te habían dado una semana libre para que hicieras reposo y te recuperaras, y al reincorporarte a la CTU Michelle – a quien apenas le dirigías la palabra cuando era estrictamente necesario porque aun no salías de tu estúpida etapa de 'pelear contra las leyes de atracción y pretender que no sentías absolutamente nada' – te había dicho que le alegraba que ya estuvieras mejor y que no te hubieras hecho ningún daño grave. Habías supuesto que aquello era pura cortesía y habías tratado de no sumergirte en la sensación cálida y placentera que recorrió tu cuerpo al escuchar sus palabras, pero lo cierto es que – a pesar de tu testarudez – no pudiste ignorar lo bien que dormiste esa noche acunado por el recuerdo de esos dos ojos negros mirándose dentro de los tuyos.
Tan empecinado estabas en luchar contra ese amor que te había invadido la mismísima mañana en que la conociste, que sólo ahora – luego de haber permitido que ella destrozara todos tus argumentos y metodologías, luego de haber permitido que ella derrumbara los altos muros detrás de los cuales estaban encerrados tu corazón y tu alma porque querías protegerlos de ser dañados otra vez, luego de que ella rompiera todos los cristales, luego de que reconocieras estar totalmente loco de amor, luego de empezar la relación más importante de toda tu vida, luego de volverte un adicto irrecuperable – te percataste de algo: aquél día, cuando ocurrió la explosión y los monitores enviaron imágenes vía satélite de un edificio en llamas, humo y agentes heridos arrastrándose por el suelo o desmayados con los rostros empapados en sangre y la piel escorchada, Michelle estaba en la CTU coordinando el área de táctica e inteligencia junto a George Mason y otros analistas, aquella escena horrible grabándose en su retina, el miedo anidándose en su corazón… Nunca te detuviste a pensar, si no hasta ese momento, que si ella ya te amaba como vos la amaste desde el primer segundo, esos minutos de pánico, intriga e incertidumbre hasta que avisaron quiénes estaban heridos y quiénes habían fallecido deben haber sido lo más parecido al infierno, un infierno terrible.
Y vos, simplemente porque necesitabas una excusa para que ella subiera a tu oficina para poder hablarle de la sorpresa que la aguardaba esa noche, probablemente habías tocado dentro de su memoria un botón que hizo resurgir de golpe recuerdos de aquél día horrible en el que podrías haber perdido la vida. Incluso – tu cabeza siguió maquinando a gran velocidad (y con cada pensamiento que aparecía tu estómago se llenaba un poco más de plomo) – se te ocurrió que tal vez hasta habías despertado en ella la preocupación de tener que quedarse monitoreando una operación desde la CTU mientras vos salías a arriesgar el cuello…
¿Cómo no te habías dado cuenta antes de que hay 'mentiras piadosas' que pueden acabar siendo crueles cuando se dicen sin pensar primero en las posibles reacciones que pueden provocar en una persona?
"¡Tony!" la voz de Michelle, cargada de ansiedad e impaciencia, te sustrajo de esa maraña de reflexiones que estaban atacándote por dentro, una detrás de la otra, haciendo que tus oídos zumbaran y bulleran "¿Qué pasa?"
Suspiraste, conteniendo las ganas de tocarla, besarla, abrazarla, o al menos estirar el brazo para tomar su mano en tu mano y dibujar círculos en su palma con las yemas de tus dedos. Habías repasado mentalmente unas mil veces cada cosa que debías hacer para conducir los sucesos que debían darse para desembocar en la culminación de tu plan para sorprenderla ese día, los habías repasado detalle por detalle hasta la histeria prácticamente, pero no habías reparado en que tendrías que pensar una buena excusa y habías acabado diciendo lo primero que te cruzo la cabeza porque si te ponías a analizarlo a medida que las palabras iban dejando tu boca tu incapacidad de mentirle a Michelle te traicionaría y ella se daría cuenta antes de tiempo que estabas tramando algo grande para esa noche, algo especial, algo mágico, algo importante, algo gigantesco. No te percataste de lo que la mención del caso Larson provocaría en ella hasta que la tuviste delante de vos, sus ojos cargados de preocupación, nervios y ansiedad pura.
"Michelle, no hay ninguna nueva pista en el caso Larson" la tranquilizaste, con una voz dulce y tierna que es sólo apropiada para momentos en los que están solos, pues cualquiera podría darse cuenta de la relación que los vincula en realidad si te escuchara hablándole con tanto amor impregnado en cada frase.
Sus facciones se contorsionaron en una expresión de desconcierto, frunció aun más el ceño hasta que sus cejas se juntaron y su frente se llenó de arrugas, sus labios se fruncieron en una mueca extraña que te resultó terriblemente adorable.
"Pero me dijiste…"
No la dejaste terminar. Tomaste el control remoto con el cual manejás las luces y temperatura de tu oficina, presionaste un botón y los vidrios del despacho se oscurecieron, otorgándoles así privacidad (nadie sospecharía nada, pues también hacés lo mismo cuando tienen videoconferencias o alguna llamada privada que debe llegar a oídos de ambos). Menos de dos segundos más tarde estabas junto a Michelle, de cuclillas junto a la silla en la que estaba sentada, tus manos acunando su rostro y tus ojos hundiéndose en esos dos preciosos ojos oscuros como el cielo cuando el sol se esconde y brillantes como las estrellas que sonríen desde lejos a los terrestres, esos ojos que estaban mirándote con un destello de confusión.
"Mi amor, voy a ser honesto con vos: necesitaba decirte algo en privado, algo… personal. Sé que acordamos mantener nuestra relación fuera de la CTU y limitarnos estrictamente a hablar de asuntos laborales, por eso se me ocurrió llamarte con una excusa tonta e insignificante para que subieras a mi despacho y así poder robarte dos minutos de tu tiempo para hablarte de algo importante. Lamento mucho que mis palabras sonaran tan serias, lamento mucho haberme pasado de la raya otorgándoles un aire tan grave" te disculpaste "El caso Larson fue el primero que apareció en mi mente, no lo escogí a propósito…" le asegurás.
En cuanto su cerebro registró lo que estabas diciendo, su reacción no se hizo esperar: chasqueó la lengua, y el sonido parecido a un latigazo que llenó el aire estaba empapado con una mezcla de enojo y alivio; sus facciones se relajaron inmediatamente y sus músculos tensos se aflojaron de golpe, el cambio en su postura haciéndola lucir mucho más pequeñita, débil y frágil por unos segundos. El brillo en sus ojos que antes había refulgido con destellos de angustia parecía haberse apagado, su mirada iluminada por una mezcla de emociones difíciles de describir.
"Almeida, sos un estúpido"
Cuatro palabras, cuatro palabras murmuradas entre dientes apretados y despegando apenas los labios, que seguía teniendo fruncidos. No era tanto furia, enojo o ira lo que teñía aquella frase que resumía perfectamente la idiotez en la que habías incurrido por no pensar las cosas antes de hacerlas (y eso que creía haber pensado todo para evitar cualquier falla en tu plan…); era alivio, alivio en su más puro estado, alivio porque no era cierto que uno caso irresuelto que envuelve a un peligroso grupo de terroristas griegos sería reabierto, alivio porque no tendrías que correr otra vez el riesgo que habías corrido en marzo cuando el edificio explotó, encendiéndose en llamas que podrían haber consumido todo el aire de tus pulmones, tu cuerpo, tu piel, tu vida.
"Perdón…" repetiste, con un hilo de voz, nuevamente lanzando un insulto mental contra vos mismo por haber – sin intención de causarle daño, por supuesto, porque preferirías que te torturaran antes que hacerle un mal – revuelto recuerdos en lo absoluto agradables "Michelle, hablé antes de pensar, soy un…"
"Idiota" completó ella la oración, con total seriedad "Un idiota que merece que le dé vuelta la cara de una bofetada por haberme asustado así" agregó amargamente.
"Y no te culparía si lo hicieras…" comenzaste, pero ella te interrumpió.
"Afortunadamente para vos, sos un idiota sin el que no puedo vivir; no podría pasar más de dos minutos enojada con vos" te dijo, el fantasma de una sonrisa jalando sus labios, su mirada muchísimo más relajada.
Antes de que pudieras seguir disculpándote profusamente, ella preguntó:
"¿Cuál es el verdadero motivo" puso especial énfasis en esas dos palabras "por el que querías verme?"
Con un largo suspiro colándose por entre tus labios te pusiste de pie y regresaste a tu sitio detrás del escritorio, dejándote caer en tu asiento al tiempo que mirabas la hora en tu reloj pulsera, la ansiedad ante la perspectiva de lo que sucedería en la noche inflándose dentro de vos como un globo. Trataste por todos los medios que no se notara ni en tu voz ni en tus gestos ni en tu mirada lo que estabas sintiendo porque no querías que Michelle se diera cuenta de lo importante que sería la sorpresa de ese día (tarea difícil, por supuesto: ella sabe leerte mejor que nadie y puede ver detalles y nimiedades que otros pasan por alto).
"Necesito que confíes en mí y hagas lo que te pida sin poner objeciones ni interrogarme" comenzaste; fuiste interrumpido antes de que pudieras continuar.
"Sabés bien que confío en vos íntimamente" te recordó ella, el habitual brillo en su mirada iluminando esos dos ojos negros que tanto te enloquecen, el color de vuelta en sus mejillas, su expresión tan fina y delicada como siempre.
Sonreíste, agradecido por haber oscurecido los vidrios, porque si a alguien se le hubiera ocurrido mirar hacia arriba, si alguien hubiera prestado atención, enseguida esa persona habría comprendido que la conversación que estaban sosteniendo nada tenía que ver con la CTU ni cosa alguna concerniente a ella; cualquiera que te viera sonreírle así no tardaría en darse cuenta de lo que sentís por Michelle, porque un hombre que sonríe así a una mujer lo hace porque está perdida, locamente enamorado de ella.
"Esta tarde, cuando termine nuestro turno, debés regresar a tu departamento. Yo voy a regresar al mío" continuaste con tu explicación sin darle tiempo a interrumpirte "y luego una hora más tarde voy a pasar a buscarte para llevarte a un lugar muy especial"
No dijiste nada más; no querías dar demasiados datos o demasiados detalles, no querías revelar más de lo estrictamente necesario. Habías pensado en las posibles preguntas con las que podrías encontrarte y tenías más o menos ensayadas algunas respuestas convincentes pero que no encerraran mucha información.
"¿Adónde vamos ir?"
Podías vislumbrar la intriga y la curiosidad quemando por dentro, tanto como las ganas de que el tiempo pasara rápido y finalmente llegara el momento en el que aquello en lo que llevabas semanas pensando, aquello que parecía tan imposible, tan improbable, tan típico de esas comedias románticas que desde la pantalla grande arrancan suspiros a la platea femenina, se materializara ante los ojos de los dos, demostrándote una vez más que cuando existe un amor tan fuerte y tan profundo el mundo se llena de magia y cosas asombrosas ocurren (¿o acaso no es verdaderamente asombroso que tu hermana sea amiga de un músico que Michelle admira desde chica?, ¿acaso no es asombroso que las cosas se hayan dado de modo tal que esa noche podrías sorprenderla llevándola a un concierto de Genesis y luego dándole la oportunidad de conversar al menos quince minutos con un ícono emblemático de la música?, ¿acaso no es asombroso que se dé la casualidad de que Paul McCartney - nada más y nada menos que Paul McCartney – fuera a ocupar la butaca junto a la suya?, ¿acaso no es asombroso que esa misma noche ella fuera a conocer al compositor que escribió la canción que lleva su nombre? Si esa no es la clase de magia que el Universo produce a favor de los que están tan enamorados que sacrificarían todo para ver sonreír a la persona que adoran, entonces no se te ocurre qué puede serlo).
Contestaste a su interrogante con una frase que has repetido muchas veces desde que comenzó el mes de Diciembre:
"Si te digo, Michelle, dejaría de ser una sorpresa"
Si hubieran estado fuera de la CTU, probablemente habría pasado un largo rato tratando de adivinar, inventando toda clase de suposiciones locas y desopilantes para hacerte reír, insistiendo para que confesaras incluso sabiendo que no sucumbirías y que tendría que esperar a que decidieras develar el secreto. Sin embargo, como ambos debían regresar pronto al trabajo, se limitó a asentir con la cabeza y a pasar a expresar la siguiente de sus dudas:
"¿Qué clase de vestimenta es adecuada para este lugar al que vas a llevarme?"
Esperabas que te hiciera esa pregunta, por supuesto; de hecho, te hubiera sorprendido muchísimo que no la hiciera. A Michelle siempre le preocupa la ropa, no porque sea una de esas mujeres superficiales que viven de la apariencia y a las que solamente les importa que las miren y aclamen por ser hermosas, sino más bien por motivos totalmente opuestos a esos: tiene el autoestima tan bajo cuando se trata de su apariencia que siente que necesita compensar esa 'falta de belleza' (sus palabras, no las tuyas; en tu opinión es desgarradoramente hermosa) usando la ropa adecuada para cada ocasión y maquillándose con mucha suavidad para realzar apenitas sus delicadas facciones orientales, como si quisiera esconder su fragilidad detrás de un disfraz.
"No importa lo que elijas, Michelle, para mí vas a estar preciosa"
"Tony, para vos soy preciosa en pijama, descalza, despeinada y sin maquillar porque me mirás con demasiado amor y ni una pizca de objetividad" señaló, sonriendo aun más y mirándote a través de sus ojos ligeramente cerrados con esa mezcla de inocencia y provocación que te enloquece tanto.
"No escucharías queja de mi parte si decidieras ir en pijama, descalza, despeinada y sin maquillar…" bromeaste.
"Tony, estoy hablando en serio…" protestó.
"Una blusa y un jean serían perfectos" respondiste con sinceridad y seriedad "Pero insisto: si quisieras ir con uno de mis sweaters y un jogging, no voy a ofenderme…"
Esa vez lograste que sonriera más ampliamente, mordiéndose apenas el labio inferior y esquivando tu mirada, con la cabeza un poco gacha y los ojos fijos en el suelo, escondiendo la cara para ocultar que estaba sonrojada.
"Bien, Almeida, voy a hacerte caso" dijo, rompiendo el silencio luego de algunos segundos pasados en quietud, vos observándola con intensidad y deseando poder besarla hasta perder los dos el sentido mientras ella ruborizada examinaba la alfombra de tu oficina como si fuera la cosa más interesante del mundo "Voy a regresar a mi departamento, voy a esperarte ahí una hora, y mientras cuento los segundos que faltan para verte voy a revolver los cajones de mi placar buscando mi mejor jean y luego voy a examinar percha por percha hasta encontrar mi mejor blusa"
"Michelle" repetiste las palabras que le habías dicho anteriormente, volcando todos tus sentimientos en ellas para que su impacto fuera más fuerte y pudiera comprender que estaban naciendo del fondo de tu corazón ": no importa lo que elijas, para mí vas a estar preciosa porque vos sos preciosa"
El color carmesí de sus mejillas se volvió un poco más intenso.
"Tony, ¿por qué no podías simplemente decirme todo esto por la mañana? ¿Por qué tuviste que esperar hasta la tarde?" no era un tono de acusación aquél, más bien era un tono de simple curiosidad, la misma curiosidad que podías ver brillando en esos dos pedacitos de cielo oscuro que tiene por mirada.
También habías previsto que aquella pregunta se encontraría entre los posibles interrogantes que tendrías que contestar. Le respondiste con honestidad:
"Podría habértelo dicho esta mañana, es cierto" admitiste "pero durante el día te extraño tanto, Michelle; aunque te vea a todas horas, aunque hablemos por teléfono, aunque asistamos a reuniones juntos, aunque discutamos y debatamos sobre asuntos relacionados con el trabajo, te extraño. Acá adentro sólo soy tu jefe, y yo extraño ser simplemente tu novio, el que puede sonreírte y decirte cosas lindas que causen que te ruborices, el que te habla con dulzura y hace que te sientas preciosa. Quería robarte algunos segundos de la tarde para verte, para estar a solas con vos al menos diez minutos, por eso se me ocurrió esperar hasta última hora para decirte sobre los planes que tengo para esta noche" explicaste.
Si pudieras haber extendido tu mano para acariciar sus mejillas regordetas, habrías sentido la piel enrojecida hirviendo como si hubiera pasado varias horas bajo los rayos del sol.
"Sé que me pediste que dentro de la CTU no volviera a tocarte un pelo porque tenés miedo de que alguien nos descubra" continuaste, haciendo referencia al mensaje de texto que ella te había enviado dos semanas atrás cuando se pegó tremendo susto luego de que Chloe la confrontara al verla salir de tu despacho y la acusara de haberle mentido cuando le dijo que estaría con vos en una videoconferencia con el director de otra unidad del país; resultó ser que Chloe pensaba que ella y vos estaban discutiendo la posibilidad de despedirla por los problemas constantes con algunos empleados del departamento que dirige Jack y que nada tenía que ver la acusación de Chloe con la relación clandestina que los dos mantienen, pero desde ese día decidieron no volver a encerrarse en tu despacho para hacerse mimos como dos adolescentes "pero de tanto en tanto necesito inventarme excusas para verte un ratito, Michelle. Lamento muchísimo haber sido un idiota al sacar a la luz el caso Larson…" volviste a disculparte.
"Está bien, Tony" te tranquilizó ella "Cualquier otro caso hubiera hecho que me pusiera igual de ansiosa" dijo, tratando de desmerecer al asunto, tratando de restarle importancia. Luego, sin darte tiempo a agregar nada, prosiguió ": Bueno, va a ser mejor que vuelva al trabajo" anunció, poniéndose de pie con la intención de regresar al piso principal de la CTU para seguir haciendo lo que fuera que la tenía ocupada antes de que la llamaras por teléfono para pedirle que subiera a tu despacho "Te veo esta noche" te dedicó otra sonrisa – una de esas sonrisas que te derriten el alma y el corazón, una de esas sonrisas que te deshacen por dentro como si estuvieras hecho de azúcar, una de esas sonrisas que esperás poder contemplar cada mañana al despertar por el resto de tu existencia – y se dispuso a marcharse.
"Michelle, esperá" llamaste su nombre con suavidad, justo segundos antes de que su mano se cerrara alrededor del picaporte.
Se detuvo al escuchar tu voz, se dio la vuelta, y tus ojos color chocolate se encontraron con esas dos obras de arte orientales que ella tiene por ojos, esos ojos oscuros en los que podrías ahogarte:
"Ese día…"
No hacía falta que fueras más específico al elegir cómo expresarte; ella comprendía sin que tuvieras que ser muy conciso que estabas hablando de ese fatídico episodio ocurrido en marzo cuando fueron a capturar a Veroniki Larson y a su gente y ellos se escaparon después de prender fuego la bodega abandonada en la que habían estado escondiéndose. No hacía falta que le dijeras concretamente que estabas refiriéndote a aquella vez en la que podrías haber muerto incinerado, escorchado, asfixiado, intoxicado.
"… pensé en vos" confesaste "Estaba tirado en el suelo, casi inconsciente, sangrando, lleno de moretones, sudando, luchando por no perder el conocimiento, tosiendo a causa del humo, y el único pensamiento llenando mi cabeza eras vos"
Nunca antes habías dicho eso a nadie; de hecho, habías tratado con cada onza de voluntad de olvidar que mientras te hallabas en esa situación peligrosa tu mente estaba inundada por el recuerdo de los ojos, la voz y la sonrisa de 'la chica nueva'. No querías admitir que estabas enamorado de ella, no querías admitir que estaba carcomiéndote la cabeza, no querías admitir que sentías el suelo sacudiéndose bajo tus pies cada vez que estaba cerca de vos, no querías admitir que cada día te despertabas un poquito más contento sin razón aparente para luego comprender que lo que te alegraba las mañanas era la perspectiva de verla. Por eso habías pretendido que no había significado nada que el último pensamiento que había cruzado tu mente antes de que te desmayaras había sido dictado por tu corazón, diciéndote con cada uno de sus latidos que si morías allí mismo perderías la oportunidad de juntar el coraje suficiente para reponerte y permitir que el amor verdadero sanara todas esas heridas que Nina había dejado.
Ya que habías sacado el caso Larson a colación en un instante de estupidez, se te ocurrió que confesándole a Michelle que su rostro flotando delante de tus ojos te había dado fuerzas y consuelo en ese momento desesperante (incluso si después habías intentado arrancarte el recuerdo de la cabeza por todos los medios posibles, reprimiéndolo, ignorándolo, desmereciéndolo, restándole importancia, apartándolo, buscando la manera de hacerlo desaparecer, borrarlo, enterrarlo, extinguirlo para que no siguiera persiguiéndote y canturreando en tu oído que estabas bajando la guardia y enamorándote de una compañera de trabajo) convertirías tu error en algo así como un acierto, un instante de intimidad en el cual tu costado más vulnerable quedara nuevamente expuesto delante de ella para que pueda ver exactamente cuán grande y magnífico es el efecto que su amor tiene en vos desde que la conociste.
"No lo admití en su momento porque soy un idiota, pero pensar en vos me hizo bien"
Tus ojos seguían aun fijos en sus ojos, sus ojos devolviéndote la mirada, los dos comunicándose más allá de lo que puede ser expresado usando palabras, comunicándose con ese lenguaje propio que para el resto del mundo es un idioma extranjero que jamás comprenderán.
"Y cuando me reincorporé a la CTU después de mi período de recuperación" continuaste "y me dijiste que te alegraba que no me hubiera hecho daño… Esa noche las pesadillas cesaron, porque inconscientemente y contra mi voluntad – porque, repito, en esa época era un idiota – me dormí acariciando tus palabras en mi mente"
Otra vez la escuchaste chasquear la lengua, esta vez para resumir en un sonido imposible de describir toda la dulzura que estaba recorriéndola de punta a punta, llenando su alma con esa sensación tibia que vos sentís cuando la mirás. Es un chasquido similar a esos que a vos se te escapan cuando no sabés exactamente cómo poner en palabras lo muy adorable que te parece esa cosita preciosa a la que podés llamar tuya.
"Tuve miedo ese día, Tony" confesó ella, también por primera vez; su voz sonó distinta, cargada de una emoción imposible de describir con palabras, pero tan pura y tan fuerte que la sentiste tocándote "Por un instante pensé que iba a perderte antes de siquiera haberme animado a intentar tenerte" la sonrisa que cruzó sus labios fue tan dulce y delicada que tuviste que contenerte para no ponerte de pie, acortar con dos zancadas la distancia entre ambos, tomarla en tus brazos y besarla.
Michelle con esa simple frase que para vos encierra más significado que todos los secretos del Universo puestos juntos, acababa de demostrarte nuevamente que podrá ser diez años menor que vos, pero que definitivamente te gana en sabiduría y madurez, porque lo que a vos te costó tanto comprender, aquello tan hermoso contra lo que peleaste con uñas y dientes hundido en tu testarudez y cegado por el dolor que sentías después de haber acabado sumergido en las aguas negras de la depresión al enterarte la clase de psicópata que Nina era y la forma en la que se había aprovechado de vos para usarte como a una herramienta descartable, ella lo comprendió desde el principio, lo entendió desde el principio, y desde el principio se mantuvo decidida, esperándote, aguantando que la ignoraras y que mantuvieras tu distancia, aguantando que luego sólo te atrevieras a ofrecerle tu cordial amistad por miedo a dar más pasos y toparte de golpe con algo demasiado inmenso y difícil de manejar, aguantó porque sabía que te amaba y que tarde o temprano se animaría a dar ese primero paso que abruptamente debió tomar el 4 de septiembre cuando los minutos empezaron a escurrirse del reloj y el temor de perecer si la bomba nuclear explotaba se volvió palpable y empezaron a dudar respecto al tiempo que les quedaba, ese primer que dio cuando tímidamente trató de invitarte a salir y te llevó a reconocer en voz alta que sentías lo mismo por ella, ese primer paso que culminó cuando en un pasillo oscura en una madrugada manchada de sangre y mentiras prácticamente se abalanzó contra tu boca y te robó los besos que vos hubieras robado primero si no hubieras estado tan ocupado con tus robóticos argumentos y metodologías (que, por supuesto, contra su hechizo no dieron resultado).
"Te amo, Michelle" murmuraste sin poder contenerte.
"¿Hasta el cielo ida y vuelta?" inquirió, arqueando una ceja y sonriéndote.
"Hasta el cielo ida y vuelta muchas veces" afirmaste.
"Yo te amo muchísimo más"
Al tiempo que abría la puerta de tu despacho y la cerraba detrás de sí, tomaste el control remoto otra vez y presionaste el botón que desempañaría los vidrios para poder observarla – disimuladamente – desandar sus pasos camino a su estación de trabajo.
Una vez concluida la jornada laboral en la CTU, luego de ultimar detalles, hablar por teléfono con Chappelle para programar una reunión para la semana entrante y cruzar algunas palabras con Jack respecto a sus planes de pasar el fin de semana con Kim en la casa de playa de unos amigos (por algún extraño motivo te dio la impresión de que en realidad detrás de esas palabras – 'unos amigos' - se escondía otro significado como 'amiga especial', pero no quisiste comentar nada porque, así como no te gusta que se metan en tu vida privada, también sabés que a Jack le molesta que anden metiendo las narices en sus asuntos; además, lo que él haga o deje de hacer no te incumbe, y si de verdad ha encontrado una mujer, entonces te alegrás por él, porque merece la oportunidad de rehacer su vida), regresaste a tu casa, te bañaste, te cambiaste y buscaste el sobre que habías escondido en uno de los estantes de tu placar, aquél dentro del cual se encuentran las dos entradas al recital.
Con puntualidad extrema, a la hora acordada enviaste a Michelle un mensaje de texto avisándole que tu coche se hallaba estacionado frente a su edificio. Te bajaste del auto y la esperaste de pie en la acera, la ansiedad, los nervios y la sensación de que todo aquello era un sueño del que pronto despertarías provocando un cosquilleo en tus manos, en las puntas de los dedos de los pies, en tu panza y en tu espina dorsal.
Sin embargo, en cuanto tus ojos cayeron sobre Michelle te olvidaste de absolutamente todo: tus nervios, tu ansiedad, la perspectiva de conocer a Phil Collins y a Paul McCartney esa misma noche, tus ganas de ver su reacción cuando develaras la sorpresa, absolutamente todo sin excepción alguna; de hecho, hubiera sido acertado decir que se te vació el cerebro, que te quedaste con la cabeza en blanco, y que si alguien te hubiera preguntado un dato tan básico como tu nombre no habrías sabido cómo responder, porque la visión angelical delante tuyo te había quitado la capacidad de respirar, la capacidad de pensar, la capacidad de hablar, la capacidad de razonar. Todo lo que querías hacer era quedarte allí, suspendido en el tiempo y en el espacio, observándola hasta haberte embebido de cada detalle, tus sentidos agudizados bajo el efecto de su presencia.
Estaba hermosa, mucho más desgarradoramente hermosa que de costumbre. Sus ojos negros brillaban más que las pocas estrellas que habían aparecido en el cielo luego del atardecer, su luz la única que puede iluminar tu mundo y llenarte de calidez incluso cuando alrededor tuyo sólo hay oscuridad y frío.
Llevaba el cabello suelo, sus rulos el marco perfecto para su rostro tan exótico. Apenas se había maquillado (así te gusta más, su piel suave color marfil totalmente al natural), sólo había delineado sus ojos con mucho cuidado y delicadeza y había pasado un pincel con rímel a sus larguísimas pestañas para darles un poquitito más de volumen. No había aplicado labial a su boca ni rubor a sus mejillas naturalmente sonrosadas, algo que en realidad ha dejado de hacerlo hace algún tiempo, prácticamente desde que comenzó su relación, porque sabe cuánto te encanta llenarla de besos y sentir sólo el sabor de su piel, esa esencia única y exquisita que no puede comprarse con nada y a la que sos adicto.
Un pantalón de jean color claro abrazaba sus piernas. Había elegido una blusa de seda negra sin mangas con sencillos botoncitos y escote no muy pronunciado, sólo lo suficiente para convertir ese aire de ingenuidad e inocencia mezclado con seducción en la combinación perfecta para dejarte hipnotizado, hechizado, la sangre hirviendo en tus venas, tu corazón desbocado, el deseo quemándote de punta a punta con un crepitar suave pero voraz.
"Michelle, sos…" no te salían las palabras adecuadas; en realidad, ninguna otra palabra se coló por entre tus labios, porque cualquier adjetivo con el que pudieras haber llenado ese espacio en blanco que había sido inundado con silencio no había podido resumir o explicar exactamente cuán hermosa, radiante y perfecta ella lucía.
Sus mejillas se tiñeron de color carmín bajo la intensidad con la que estabas devorándola en silencio con la mirada, su sonrisa tímida se reflejaba en tus ojos, esos ojos que la observaban con adoración. Durante un minuto entero no hiciste más que simplemente tratar de absorber toda esa belleza, sin respirar, sin moverte, sin pensar, sólo sintiendo la calidez emanando de su cuerpo, el cosquilleo en tus labios porque ardías en deseos de besarla, tus manos hormigueando porque las ganas de abrazarla y acariciarla eran tan intensas que hasta provocaban dolor.
"… Sos hermosa" tu murmullo vibró en sus oídos, tu tono de voz tan profundo acarició su piel haciendo que se estremeciera, tu respiración rozándola y causando temblores que la llevaron a arquear la espalda apenas dos milímetros, un cambio en su postura y en su lenguaje corporal que sólo vos podrías notar porque vivís pendiente de cada uno de sus movimientos, desde los más significantes hasta los más pequeños e imperceptibles como aquél.
Envolviste su cintura con uno de tus brazos para sujetarla firmemente, atrayéndola hacia vos hasta que tu anatomía y la suya quedaron una pegada a la otra, su pecho contra tu pecho, tu boca a medio milímetro de su boca, su respiración mezclándose con tu respiración; una de tus manos acariciaba su cabeza, tus dedos enredándose en sus bucles, masajeando suavemente la base de su cuello, el peso entero de su cuerpo doblándose bajo sus rodillas que se volvieron de gelatina por los efectos de tu tacto.
Durante todo el día habías estado pensando en ella, extrañándola, deseándola, muriendo de ganas de besarla, abrazarla, acariciarla, mirar dentro de sus ojos y verte reflejado en ellos, ahogarte en ella, fundirte en ella, intoxicarte con su perfume. En ese momento todo lo que querías era olvidarte del resto del mundo, ignorar al Universo, desdibujar lo que los rodeaba, detener los relojes y quedar flotando con ella en el tiempo y espacio, perdido en ella.
"¿Seguís pensando que hubiera sido mejor que eligiera un sweater y un jogging que me queda enorme?" preguntó en un susurro, jalando despacio tu labio inferior, acunando tu rostro con sus manos.
"¿Estás tentándome a propósito, Michelle?" contestaste a su interrogante con otro interrogante; sentías el deseo agolpándose en tu pecho, acumulándose, hinchándose, enloqueciéndote, y si no hubiera sido porque debían llegar a tiempo al concierto, hubieras dejado de lado absolutamente todo y pasado el resto de la noche mimándola.
"Un poquitito" admitió, ruborizándose aun más.
La besaste despacio, muy despacio, disfrutando de la sensación de sus labios aterciopelados devorando los tuyos de a pequeños bocados, relajándote por completo y hundiéndote en la tibieza de una lengua dominando suavemente a la otra; sus manos presionaban levemente sobre la base de tu cabeza, su cabeza ligeramente inclinada hacia un costado, una de sus mejillas reposando en tu hombro, quedando su cara acunada entre ese huequito donde tu cuello y tu hombro se encuentran y tu otra mejilla presionada contra la suya. Tus manos se movían por su espalda desparramando caricias, sus bocas pegadas completamente. Literalmente estaban alimentándose uno del otro, ella de vos y vos de ella, dos adictos satisfaciendo su necesidad de llenarse las venas con una dosis que los calme un poco, buscando alivio incluso si saben que nunca van a curarse y que siempre dependerán el uno de la otra hasta el día en que respiren por última vez.
"Sos hermosa, Michelle" repetiste en susurros, aun robando mordiscos de su boca como si se tratara de un fruto con el cual calmar el hambre voraz que estaba devorándote, consumiéndote "Demasiado hermosa" otro susurro llenó el aire "… Y sos solamente mía"
Le pediste que mantuviera los ojos cerrados durante el viaje en coche y ella obedeció. Permaneció muy quieta, recostada contra el respaldo del asiento, los labios que habías estado besando apasionadamente curvados en una sonrisa, algunas carcajadas escapando por entre ellos de tanto en tanto en respuesta a las palabras cargadas de dulzura en estado puro que murmurabas, frases románticas inspiradas en su belleza, en tu adicción a sus mimos y a sus caricias, en tu necesidad de dormir todas las noches con su cuerpo tibio anidado en tu pecho, tu obsesión con protegerla de cualquier cosa que pueda hacerle daño. Para entretenerla le preguntaste cómo decir en japonés algunas palabras sueltas que te interesa aprender ('princesa', 'rayito de sol', 'rayito de luna') y aprovechaste cada semáforo en rojo en el cual debiste detenerte para besar sus párpados cerrados y la punta de su naricita.
"¿Ya llegamos, Tony?" inquirió cuando detuviste el auto.
"Puede que sí, puede que no" contestaste dándote aires de misterio sólo para hacer hervir su curiosidad e impacientarla un poquitito.
Observaste con atención al resto de la gente ingresando al teatro, que imponente, legendario, casi místico se alzaba sobre los otros edificios y se distinguía brillando con luz propia. Caras sonrientes por todas partes, risas, fragmentos de conversaciones animadas, corazones latiendo contentos ante la perspectiva de pronto escuchar su música favorita inundando el aire, todos ellos felices; sin embargo, esa noche nadie sentiría la felicidad inmensa que Michelle y vos sentirían, esa felicidad que los recorre de rincón a rincón y que tiene su origen en lo hermoso que es ver bien al otro, a ese otro que tiene dentro suyo la mitad del entero que forman los dos.
"Tony" su voz te distrajo de tus reflexiones "me porté bien y no abrí los ojos en ningún momento" señaló, un poco en tono de protesta "Tengo mucha curiosidad, ya no quiero esperar más…"
Besaste sus párpados otra vez, la punta de la nariz, sus labios, su frente, y en ningún momento ella abrió los ojos. Tomaste del bolsillo de tu chaqueta el sobre dentro del cual estaban guardados ambos pases y lo abriste. Durante dos segundos te quedaste en silencio, simplemente contemplando esos dos pedazos de papel que acababas de sacar y que representan el acceso a una noche mágica, una noche que aun no podías creer era real, una noche que aun no podías creer había llegado. Luego, con una mezcla de ansiedad y un gran número de mariposas inquietas paseándose por cada rinconcito de tu estómago, le pediste que extendiera su mano con la palma hacia arriba, y allí dejaste las dos entradas para que fueran lo primero que viera al abrir esos dos ojitos dentro de los cuales para vos se esconde el significado del mundo, de tu mundo.
Le dijiste que podía echar un vistazo; tu corazón estaba latiendo tan fuerte que lo sentías en la garganta a la altura de la nuez, tu pulso estaba aceleradísimo, tu ansiedad había traspasado todos los niveles conocidos. Sus párpados se levantaron en cámara lenta, o eso a vos te pareció. Los dos tickets color blanco se vieron reflejados en esos dos pedacitos de océano negro, y las palabras en ellos escritas tardaron algunos segundos (segundos que para vos se asemejaron a una eternidad) en ser absorbidas por su cerebro, el significado tardó en registrarse y en ser asimilado, pero una vez que causaron efecto, su reacción no se hizo esperar.
Y luego jadeó para expresar su sorpresa.
"Tony…" su nombre fue la primera combinación de sílabas que consiguió hilar en su estado de estupefacción, pero después volvió a quedarse callada, con la boca entreabierta como si esperara que aquellos sentimientos arremolinándose dentro suyo fueran a convertirse por arte de magia en frases que resumieran todas esas cosas imposibles de decir con otro lenguaje que no sea ese que ustedes dos hablan con la mirada, ese idioma con el que se comunican a través de las sonrisas que se arrancan el uno al otro con cada gesto romántico, sonrisas radiantes como aquella en la que sus hermosos labios se curvaron embelleciendo aun más sus facciones exóticas.
Esa sonrisa de oreja a oreja alcanzó sus ojos haciéndolos brillar más que cualquier otra luz encendida en cualquier rincón del planeta, y bastó para que entendieras la magnitud de la felicidad corriendo por sus venas, esa felicidad demasiado inmensa para ser explicada en alguna forma de lenguaje comprensible por el resto de la humanidad.
"Es…" trató otra vez de hablar pero la coherencia la evadía. La sorpresa aun fresca hacía trabajar a su cabeza velozmente para comprender todo aquello que debía parecerse muchísimo a un sueño del que sentía en cualquier momento despertaría abruptamente.
"Son dos pases VIP para ver a Genesis esta noche" completaste la oración dejada a medio formar, sonriendo también de oreja a oreja, disfrutando enormemente de la expresión de sorpresa que no había abandonado su rostro angelical.
"Esta noche…" murmuró, y por primera vez salió de su entumecimiento general y desvió la mirada para observar a su alrededor, sus sentidos volviendo a concentrarse en los estímulos externos, tomando ella de pronto consciencia del lugar en el que se encontraba.
"Estamos en West Hollywood" tu corazón latía con más y más ganas con cada segundo que pasaba "Ése de ahí" señalaste el edificio con un leve gesto de la cabeza "es el The Roxy Theater"
Una carcajada dulce como la miel subió por su garganta y llenó el aire, y su sonido para tus oídos fue música pura, la música más bella de todas, una melodía que acarició tu alma e hizo que te sintieras más vivo que nunca. Así te sentís cada vez que ella ríe: más vivo que nunca, feliz de haber encontrado el sentido a tu existencia, feliz de haber aprendido lo que es el amor, feliz de haber descubierto el motivo por el cual Dios te puso sobre esta Tierra, feliz por haber hallado esa otra mitad que te complementa perfectamente.
"Tony…, es…, es…" otra carcajada brotó de pronto, una carcajada incontenible; riéndose así ella parecía una criatura adorable a la que acababan de hacerle un regalo muy especial.
Y todavía no sabe todas las otras sorpresas que van a ir apareciendo poco a poco esta noche. Ese pensamiento provocó una nueva oleada de mariposas batiendo sus alitas dentro de tu panza (mariposas que se hubieran inquietado aun más de haber sabido vos todas las sorpresas que esa noche ocurrirían y con las que vos no contabas).
"¿Qué tal si entramos?" propusiste, acomodando algunos de sus bucles rebeldes detrás de sus orejas.
Y nuevamente – a falta de palabras porque ella no acababa de salir de su asombro, porque estaba anonadada, porque aun no se habían diluido los efectos del impacto causado por la sorpresa, porque sencillamente hay emociones que traspasan todos los límites que alcanza el lenguaje hablado y no pueden transformarse en frases porque no hay sílaba o vocablo que pueda contenerlas – con una sonrisa respondió, una sonrisa contra la cual luego tu boca se estrelló cuando ya no pudiste aguantar las ganas de comerla a besos, una sonrisa que no se desdibujó en ningún momento, una sonrisa que opacaba al resto del mundo.
"No puedo creerlo, no puedo creerlo…"
Esas eran las palabras que ella susurraba sin parar, la sonrisa de oreja a oreja más ancha que nunca, la luz en sus ojos resplandeciendo más que ninguna otra. Luego de haber caminado cuesta abajo por el larguísimo pasillo revestido en terciopelo rojo, habían llegado a sus asientos en la primera fila; el escenario se encontraba tan cerca de ustedes, allí, a escaso metro y medio según tus cálculos aproximados, y cuando el telón se abriera y los primeros acordes comenzaran a sonar y la música inundara el ambiente el tiempo quedaría detenido en los relojes… y ustedes podrían presenciar toda esa magia acurrucados uno junto al otro en el borde del abismo que separa a la multitud animada a la espera del comienzo de la función del escenarios gigantesco donde estaría la banda.
"Tony, ésta es una de las sorpresas más lindas que me diste" susurró en tu oído, su cabeza reposando sobre tu hombro, los dedos de una de sus manos entrelazados con los dedos de tu mano.
"Me alegra mucho que te haya gustado" murmuraste en su oído, acariciando su mejilla con tus labios "Pero todavía falta la mejor parte" agregaste.
Probablemente ella pensó que estabas haciendo referencia al concierto, el cual no comenzaría hasta dentro de otra media hora. Sin embargo, no era eso de lo que estabas hablando.
De reojo observabas cómo de a poco el teatro iba llenándose, las butacas ocupándose una a una. Algunas aun estaban vacías, y era una en particular la que te interesaba fuera ocupada: aquella butaca junto a la de Michelle. No podías soportar más esa mezcla de nervios, ansiedad y expectativas elevadas formando un nudo apretado en tu garganta y comiéndote vivo, provocando estremecimientos en tu columna vertebral al imaginar que cada segundo era uno menos que faltaba para la llegada de uno de los músicos y compositores más importantes de los tiempos modernos.
"No puedo creerlo…" Michelle seguía susurrando, sonriente.
Vos tampoco podías creerlo. No podías creer cómo las cosas se habían alineado, cómo todo había encajado perfectamente para convertir a aquella en una noche que ninguno de los dos olvidaría jamás. Buena suerte o azar, coincidencia o destino, casualidad o causalidad, realmente no estabas seguro de a qué debías atribuirle el curso que los sucesos habían tomado hasta llevarte a estar sentado allí con Michelle, pero aun seguías sin creer que todo aquello fuera cierto, que estuviera aconteciendo, que no era un sueño, que era real.
Era real.
Pensabas que algo anunciaría su llegada, que algo haría que el momento en que él ingresara al teatro resaltara, que algo convertiría su entrada a la sala de conciertos en distinta a la entrada de todos aquellos que ya estaban allí charlando animadamente y aguardando el comienzo del espectáculo. Sin embargo, eso no ocurrió.
Pensabas que se asemejaría a una escena sacada de entre las páginas del guión de una película, con gente volteando para verlo, fanáticos acercándose para pedirle su autógrafo, flashes de cámaras fotográficas tratando de capturar una imagen, pero no fue así.
Pensabas que tu corazón empezaría a latir más rápido segundos antes de que pasara, como si tu intuición hubiera sentido su presencia acercándose y encendido dentro tuyo un millar de luces, alertas y alarmas para avisarte que la siguiente fase de tu plan estaba a punto de entrar en acción, pero no hubo nada de eso.
Ingresó como uno más, camuflado entre un grupo de personas que no lo reconocieron, traje oscuro, lentes oscuros, dos guardaespaldas siguiéndolo con disimulo, sin llamar la atención ni hacer mucho escándalo. Ingresó como uno más y como uno más caminó por el pasillo hasta la primera fila sin que nadie lo notara, ajeno al conocimiento de todos que se hallaba allí uno de los cuatro grandes de Liverpool.
Michelle estaba distraída admirando la estructura edilicia del teatro, señalando todos los detalles que llamaban su atención, mostrando sus conocimientos sobre arquitectura adquiridos a través de la gran cantidad de libros que ha leído; vos estabas distraído admirando su belleza - que en tu opinión es muchísimo más exótica, intrigante e interesante que la que puede encerrar cualquier obra de arte que exista, haya existido o vaya a existir -, absorbiendo cada pequeño detalle, empapándote de esa calidez que emanaba su cuerpo, buscando tu reflejo en sus ojos negros que brillaban más que nunca, inhalando su perfume para llenar tus pulmones con esa esencia casi tóxica, prestando atención a nada que no fuera el movimiento de sus labios al abrirse y cerrarse mientras las palabras se colaban entre ellos y el maravilloso sonido de su voz acariciaba tus oídos, el resto de los sonidos en aquella sala atiborrada de gente de pronto convirtiéndose en silencio porque tus sentidos solamente estaban concentrados en Michelle, tu Michelle.
El Universo alrededor de ustedes totalmente vuelto un borrón, una mancha, un cuadro desdibujado por una mano invisible que con su gigantesco pincel había diluido todos los colores; los dos parecían retraídos dentro de su propio mundo. Michelle tenía el cuerpo ligeramente torcido hacia un costado, de modo tal que estaba de frente a vos y dándole la espalda al asiento junto al suyo, por lo cual ella no sabía aún quién se había acomodado a su lado. Y vos estabas perdido en su mirada, hundido en tus espejos favoritos, sumergido en esos dos ojos tan hermosos que parecen piedras preciosas. Por eso ni ella ni vos notaron que el autor de la canción que repite su nombre mezclado con versos en Inglés y en Francés acababa de sentarse en la misma fila que ustedes, a apenas centímetros de distancia.
"Sos tan hermosa que ya no puedo encontrarle belleza a nada más, Michelle…" susurrabas, acomodando algunos de sus rulos detrás de sus orejas y marcando el contorno de su rostro con las yemas de sus dedos, dibujando círculos sobre su piel con extrema delicadeza, como si temieras que fuera a deshacerse en tus manos cual su anatomía fuera de azúcar, en respuesta a su pregunta sobre por qué te interesaba tan poco admirar el teatro pero tanto observarla a ella en detalle.
"Y vos sos la cosita más dulce del mundo…"
Para sorpresa de ambos, fueron interrumpidos cuando el hombre sentado a la izquierda de Michelle se dirigió a ustedes, sus palabras empapadas con un inconfundible acento británico, sus ojos cálidos devolviéndoles la mirada porque se había guardado los lentes ahumados en el bolsillo delantero de la chaqueta que llevaba puesta, una sonrisa cruzando su rostro surcado de arrugas que cuentan cientos de historias y muestran exactamente cuánto ha vivido no en años si no en experiencia:
"Varias canciones de amor podrían ser escritas usando como inspiración la intensidad con la que ustedes dos se miran a los ojos y la honestidad cruda con la que se hablan"
Michelle giró instintivamente al escucharlo, sus mejillas rojas como en cada ocasión en la que en algún sitio público una persona comenta lo enamorados que lucen o curiosos preguntan cuánto tiempo llevan casados y se sorprenden al recibir por respuesta que están juntos desde un puñado de meses. Giró sin imaginarse que estaba a punto de encontrarse cara a cara con un hombre que en lo absoluto clasificaría como 'extraño', puesto que es probable que un 90% de la población mundial – guste o no de su trabajo – podría reconocerlo fácilmente si estuviera sentado junto a ellos en el autobús, o parado delante de ellos en la cola para pagar la compra en el supermercado, u ocupando la butaca contigua en un teatro (es más factible este último escenario, por supuesto, dado que dudás un tipo como Paul McCartney vaya a comparar precios de detergentes y mermeladas para elegir el más barato o se movilice en transporte público).
Hubieras deseado poder ver bien su expresión de sorpresa, sus ojos iluminándose aun más en un estallido de luz, su sonrisa ensanchándose tanto como sus músculos faciales se lo permitieron, sus mejillas enrojeciendo aún más, pero con su nueva postura sólo te era posible observar su perfil. Sin embargo, el resto de tus sentidos – que siempre están totalmente concentrados en ella, en cada uno de sus movimientos, pendientes de cada parpadeo, de cada palabra, de cada destello que cruza su mirada – se agudizaron terriblemente para compensar lo que estabas perdiéndote porque escapaba a tu campo visual. Por eso escuchaste claramente el suspiro de sorpresa que subió por su garganta, seguido de una suave carcajada (una de esas carcajadas que te derriten por dentro y te acarician el alma); por eso sentiste con tu propia anatomía la tensión que se apoderó de la suya al percatarse de que Paul McCartney estaba sentado a su lado y acababa de decirle que podrían escribirse bellísimas canciones inspirado en la forma en la que ella te mira a vos; por eso escuchaste el sonido de su voz como si estuviera dentro tuyo y no a tu alrededor, como si estuviera vibrando dentro de tu ser cuando dijo, incrédula y con un tono que develaba que no daba crédito a lo que estaba delante de ella, a lo que estaba sucediendo (a decir verdad, vos también seguías esperando despertar de golpe y encontrarte con que todo había sido sólo un sueño):
"Usted es…"
Michelle los miró alternativamente a ambos, sus ojos viajando de Paul a vos, de vos a Paul, y nuevamente de él a vos, así durante lo que debe haber sido medio minuto; desviaba su atención de él un segundo para mirarte y preguntarte sin palabras si se había vuelto loca o estaba equivocada, soñando o teniendo una alucinación, y después lo miraba a él esperando que se evaporara súbitamente o desapareciera como si su imagen hubiera estado hecha de volutas de humo.
No pudiste evitar sonreír ante la indescriptible expresión en esa carita, expresión tan adorable que podrías haberla comido a besos. Las mariposas en tu panza temblaron, tu corazón se lanzó a latir desaforadamente, tus ojos brillaban casi tanto como ese par de ojos que pertenece al amor de tu vida, la situación te parecía totalmente irreal, como una fantasía, como una ficción, una experiencia fuera del cuerpo, algo que estaba sucediéndole a otra persona y que vos estabas contemplando desde fuera del banco, como un espectador ajeno que observaba desde cierta distancia.
"Paul McCartney" el músico completó la frase que Michelle, en su estado de estupefacción, había dejado inconclusa "Encantado de conocerlos"
Y a continuación extendió una mano que Michelle estrechó primero (su propia mano temblando como una insignificante hoja de otoño expuesta al cruel viento invernal) y que luego vos estrechaste; al sentir su fuerte apretón el pensamiento que cruzó tu cabeza no tuvo nada que ver con la cantidad de instrumentos que esa mano había tocado arrancándoles notas y acordes que luego al combinarse con la genialidad de otros habían dado a luz música que parece magia pura, ni con la fama, prestigio y reconocimiento universal que giran en torno a aquél hombre, no se te ocurrió que una gran cantidad de artistas y famosos habrían estrechado esa mano antes que vos, no se te ocurrió que estabas frente a frente con un verdadero ícono del siglo XX: simplemente pensaste, con una puntada de satisfacción lavando por dentro tus nervios y tu ansiedad, que las fuerzas del destino, o de la buena suerte, o del azar, o de lo que sea que mueve los hilos, de lo que sea que se encarga de dictar el guión, se habían combinado con tu fascinación con verla feliz para que esto fuera posible, para que uno de los legendarios Beatles estuviera sentado al lado de Michelle minutos antes de que el telón se abriera y la música de Genesis comenzara a sonar (el estómago te dio un vuelco al imaginar el instante en el que sonara esa canción en particular que Phil le había prometido a tu hermana tocarían porque ella le había dicho que la letra guarda un significado especial para vos).
"Mi nombre es Tony Almeida" decidiste tomar las riendas de la situación hasta que Michelle recuperara la capacidad de hablar coherentemente, porque en ese momento era muy probable que su cerebro estuviera en colapso debido al shock "y ella es mi Michelle"
Habías agregado aquél pronombre posesivo no sólo porque amás la sensación tibia que te recorre cuando decís que ella es tuya, no sólo porque morirías por gritarle al mundo que esa mujer no será nunca de ningún otro hombre, sino porque en esa canción de The Beatles las últimas palabras antes de que la guitarra toque los acordes finales son, precisamente, 'mi Michelle', y antes de que ella derrumbara esas paredes que habías construido para proteger tu corazón, antes de que comenzara a trabar amistad y a compartir largas charlas en sus horas de descanso, antes de que se animara a invitarte a salir, antes de ese primer beso que te robó en aquél pasillo oscuro en una madrugada en la que pensaste la perderías antes de haber podido disfrutar ese amor, escuchabas esa canción de The Beatles y – contra tu voluntad, claro, porque te empeñabas en empujar esos pensamientos fuera de tu cabeza, extinguirlos, aniquilarlos, borrarlos, reprimirlos, castigarte por siquiera permitir que surgieran a la superficie un poquitito antes de que los aplastaras como a una cucaracha con una mano invisible guiada por tu terrible ceguera y tu profunda idiotez – soñabas despierto con tenerla en tus brazos, su piel desnuda contra tu piel desnuda, su perfume intoxicándote, su respiración mezclándose con su respiración, y tu voz en su oído llamándola tu Michelle, usando ese nombre que durante meses reemplazaste por su apellido porque te creías que así estabas contribuyendo a tu plan de poner distancia y mantener las cosas en el nivel profesional, usando esa canción para expresar cuánto la adorás y la necesitás.
"Es un nombre bellísimo" Paul comentó, aun sonriendo.
"Gracias" Michelle logró que su lengua y su cerebro se conectaran; seguía estando roja como un tomate, sus mejillas regordetas teñidas de un carmesí brillante, sus ojitos llenos de luz al borde de las lágrimas debido a tal emoción súbita, su expresión conmocionada volviéndose más y más hermosa con cada segundo que corría (por supuesto, vos no podés ser realmente objetivo a la hora de juzgar la belleza de las expresiones de su exótico rostro, porque para vos Michelle se vuelve más y más hermosa con cada segundo que pasa siempre) "Señor McCartney" parecía haber recuperado el habla de pronto, sonaba nerviosa y ansiosa, como si quisiera de una buena vez por todas expresar todos los sentimientos acumulados en su pecho antes de que el momento se esfume, antes de volver a trabarse, antes de quedar otra vez con la lengua atada y el cerebro desconectado, antes de que el instante se desvanezca y a ella le muerda el arrepentimiento de haberse quedado petrificada en lugar de aprovechar una ocasión entre millones para hablar con uno de sus ídolos "amo su música desde que soy chica, amo todas las canciones de The Beatles…"
"Yo amo todas sus canciones gracias a ella" comentaste, besando a Michelle en el costado de su cabeza "Cuando la conocí me enamoré hasta de su nombre, y por días enteros no hacía más que escuchar la canción Michelle una y otra y otra y otra vez" confesaste, consciente de que tus mejillas probablemente estuvieran también teñidas de un rojo brillante "Después de a poco empecé a descubrir mucho más sobre The Beatles" luego tomaste aire y te animaste a dejar salir de tu pecho algo que tenías guardado ahí "Quisiera agradecerle, señor McCartney, por haber escrito una canción tan preciosa con el nombre de la mujer que amo"
"¿Cuánto tiempo llevan juntos?" Paul se interesó en saber.
Para tu sorpresa, fue Michelle quien contestó antes de que vos tuvieras tiempo de formular la respuesta que danzaba en la punta de tu lengua:
"Tres meses y una semana" al decir eso su sonrisa se acentuó muchísimo más y el brillo en su mirada se intensificó como lo hace una fogata cuando se le echa leña.
Paul se dirigió a vos:
"Amor como el que se ve en los ojos de ésta chica no se puede comprar" te dijo "La vida me ha dado la oportunidad de ver y experimentar cientos de cosas" siguió "pero pocas veces mi camino se encontró con el de dos personas cuya adoración la una por la otra es casi palpable. Cualquier artista se sentiría inspirado con un amor así, un amor que puede verse en los detalles más pequeños"
"No soy artista, pero para todo lo que hago ella es mi mayor inspiración" dijiste, otra vez tan ruborizado que sentías el calor emanando de tu rostro, besando las mejillas de Michelle un par de veces y causando que se sonrojara más.
"El amor nos inspira a todos, no sólo a los artistas; hay gestos comunes y corrientes que cobran un significado especial porque los inspira el amor"
El pedacito de sabiduría que Paul McCartney acababa de plasmar en una frase casi filosófica retumbó en tus oídos y dentro de tu pecho, tocando tu corazón como pocas veces una frase lo ha tocado, removiendo dentro de vos sentimientos profundos. Es cierto, muy cierto, que el amor no sirve de inspiración solamente a aquellos que se quedan toda la noche contemplando a la luna o escuchando el sonido de la lluvia cuando rompe la tormenta o admirando la grandeza del mar y escriben canciones inolvidables, poemas de amor que harían llorar a las piedras, o novelas inmortales que se convierten en clásicos de la literatura, o pintan cuadros que de tan bellos que son desgarran el alma cuando uno los mira. El amor inspira pequeñas acciones que pueden encontrarse en el hacer cotidiano de todos los seres humanos, pequeñas acciones que para la mayoría pasarían desapercibidas, pequeñas acciones que cobran significado verdadero y puro cuando son llevadas a cavo con el objeto de hacer feliz a una persona por la que darías la vida en un segundo sin detenerte a pensarlo dos veces.
Te sentiste identificado, completamente identificado. Porque quizá no seas un artista, quizá no seas un poeta, quizá no seas un novelista, quizá no seas un escultor, nunca vas a ser más que un dibujante amateur que sólo quiere sentarse con sus lápices y sus hojas en blanco a capturar la belleza de la mujer que lo fascina para perpetuar su locura por ella y convertirla en algo visible y tangible. Pero siempre, hasta el final de tu existencia, hasta que concluyan tus días sobre la Tierra, hasta ya no respirar, no va a haber decisión que tomes o acción que emprendas que ella no haya inspirado. Todo lo que hacés, lo hacés por ella; sos todo lo que sos por ella, y por nadie más, por nada más. En lo grande y en lo pequeño, en lo importante y en lo que parezca insignificante, a la hora de dar cada paso que te dirige hacia el futuro ella es tu brújula, tu compás, la estrella que brilla en tu cielo y te guía. Ella es toda la inspiración que necesitás en tu vida, y nunca su amor va a dejar de inspirarte; puede que de ello no surja algo digno del Louvre o una obra maestra como las de Shakespeare, pero nada malo puede ser el resultado de lo que el amor puro inspira en el corazón y en el alma de un hombre que, como vos, pertenece totalmente a una sola mujer.
"Ésa es una reflexión muy hermosa, señor McCartney" Michelle dijo, todavía sin poder creer que aquello estaba sucediendo, que ella estaba allí y que eso estaba pasando, que no era un sueño, o una fantasía, o una alucinación, y eso te sustrajo de tus pensamientos sobre lo lindo que es saber que no hay nada que hagas que no esté dictado por el amor incondicional que te hace sentir.
"Por favor" insistió "pueden llamarme Paul"
Paul y Michelle (quien aun lucía como si no pudiera dar crédito a sus ojos, oídos o a ninguno de sus sentidos) siguieron conversando otros quince minutos, principalmente sobre música pero también sobre lo mucho que el amor influencia a la gente y lo necesario que es amar, enfrascados en un intercambio de opiniones casi filosóficas, Michelle extrañamente mucho más cómoda y relajada de lo que hubieras apostado estaría dadas las circunstancias (estaba nerviosa y era fácil darse cuenta, no terminaba de creer que eso fuera cierto y que estuviera pasándole a ella, pero teniendo en consideración que es la personita más tímida que conocés, que pudiera mantener una conversación fluida con uno de sus artistas favoritos te sorprendió gratamente. Quizá venció a la timidez y logró componerse porque su cerebro entendió que – más allá de los nervios, la ansiedad, el shock de la sorpresa – una oportunidad así se presenta sólo una vez y debe ser aprovechada al máximo).
Uno de los guardaespaldas, sentado al otro lado de Paul se ocupó – disimuladamente y sin llamar la atención – de vigilar que nadie se acercara a molestar al músico, y el otro guardaespaldas – casualmente sentado junto a vos – se avocó a la misma silenciosa tarea. Y durante ese cuarto de hora, sin interrupción alguna y sintiéndote como si paredes invisibles los separaran del resto del mundo, vos contemplaste feliz el rostro sonriente de Michelle, dejaste que te cegara la luz brillante de sus ojitos, te empapaste en el dulce sonido de su voz.
"Sus canciones, las canciones de Lennon, las canciones de Harrison, siempre me dieron esperanza" Michelle confesó, más sonrojada que nunca pero dispuesta a impedir que la timidez y los nervios le quitaran la chance de decir cosas que todo el mundo sueña con poder decir a las personas que admiran.
"Pero ya no necesitás nuestra música, creo" le dijo, devolviéndole la sonrisa, sus ojos amables mirándolos a ambos, su acento inglés embelleciendo sus palabras ya de por sí profundas "; ahora tenés a este muchacho que está tan enamorado de vos" te señaló con un leve gesto de la cabeza "y del que, si no me equivoco, vos estás muy enamorada" otra vez las mejillas de Michelle se tiñeron de color carmesí "No hay mejor esperanza para la juventud que el amor, sin importar la raza, el origen o el credo. En la época en la que yo crecí, en ese mundo desordenado que estaba en guerra, en ese mundo prejuicioso, en ese mundo racista" continuó "era mal visto que dos personas de distinta etnia, de distinta posición social o de distinta religión estuvieran juntas, y sin embargo las parejas que se amaban arriesgaban todo, incluso sus propias vidas, para defender aquellos sentimientos en los que creían. Ver a esas personas pelear contra todas las adversidades…, eso siempre me dio esperanza en las generaciones venideras. Todo lo que necesitamos es amor, y las batallas en nombre del amor son las únicas justas, las únicas que deben ser peleadas. El arte es un complemento precioso para acompañar al amor, pero amar es lo único que puede dar verdadera esperanza…"
Para tu enorme sorpresa, Michelle completó la frase agregando ella un poco de su sabiduría:
"… porque el resto es ruido de fondo"
¿Te resultó extraño que mencionara un tema que a Michelle y a vos los afecta tanto?, ¿te resultó extraño que en el final de esa conversación de casi veinte minutos hiciera un comentario sobre lo difícil que solía ser (y que en algunos casos aun es, lo sabés por experiencia propia) que dos personas que diferían en algo – sea su raza, credo o status social – pudieran estar juntas y que esa elección fuera respetada, cuando uno de los obstáculos que Michelle y vos deben enfrentar es precisamente que tus padres no aceptan las diferencias entre ustedes?
No te resultó 'extraño', no es esa realmente la palabra indicada; sí te provocó cierta curiosidad que se mezcló con el resto de las emociones que vagaban dentro de vos y te llevó a que durante algunos fugaces segundos te preguntaras hasta qué punto habría tu hermana hablado a Phil sobre vos y tu historia de amor, y hasta qué punto habría él quizá hablado con su amigo Paul. Francamente, la idea de que ése Phil y ése Paul conversen sobre tu vida amorosa parece irreal, pero conocés a Martina, conocés la facilidad que tiene para meter una opinión o una idea en la cabeza de alguien, conocés su capacidad para taladrar el cerebro de una persona hablando de lo mismo hasta dejarlo gravado en su cráneo; tal vez se le ocurrió que, dada la situación con tu familia, pedirle a Phil que le pidiera a Paul que le dijera a Michelle algo tan esperanzador sería una buena idea (ya con sólo pensar en todo eso una fracción de minuto sentiste el cerebro inflamado, por lo cual decidiste dejarlo de lado para analizarlo más tarde y simplemente disfrutar de la noche sin preguntarte cómo, cuándo, porqué, quién, dónde, sin cuestionar qué es eventualidad y qué fue orquestado).
Azar, destino, casualidad, causalidad, buena suerte, planetas alineados, fuerzas del Universo que complotan a tu favor, realmente no sabías bien qué descripción le correspondía a la situación en general, una situación que no era un sueño pero que bien podría haberlo sido, una situación casi de ficción, una situación increíble, una situación de esas que uno pensaría se ven solamente en la televisión, en las películas, una situación que puede llegar a sucederla a una persona entre millones y que estaba sucediéndole a ustedes dos.
Azar, destino, casualidad, causalidad, buena suerte, planetas alineados, fuerzas del Universo que complotan a tu favor, realmente no te importa quién juega cuál rol. Si tu hermana en un inusual arrebato de ternura orquestó todo para que aquella noche tuviera lugar una de esas escenas que se ven más en los films que en la vida real o si simplemente aquello que Paul McCartney dijo sobre lo difícil que era en su época que dos personas pudieran amarse libremente si existían entre ellos diferencias fue una (maravillosa) coincidencia, realmente no te interesa descubrirlo, y creés que preferís sea una incógnita.
¿Por qué habría de importar eso, realmente? Parte de un plan que va más allá del que vos ideaste o pura y sencilla casualidad, lo importante, lo relevante, es otra cosa. Lo importante, lo relevante, es que una persona sabia que ha vivido mucho, visto mucho, experimentado mucho, inspirado a muchos, hecho mucho, cambiado el mundo con su arte de muchas formas, transmitió a Michelle un mensaje de esperanza que debe haberse sentido como una caricia para los oídos y para el corazón (así lo sentiste vos, al menos) después de todo lo que ustedes dos tuvieron que pasar con tu familia (haya llegado a oídos de Paul a través de Phil – quien debe conocer la situación por tu hermana – o no, ese es otro tema, y no te interesa averiguar si realmente fue así o si esto es pura coincidencia) y todo lo que van a tener que seguir pasando para defender el amor que se tienen a pesar de sus diferencias, a pesar de que vengan de familias distintas, tengan orígenes distintos, genes distintos, culturas distintas, herencias étnicas distintas.
Aquella noche estaba resultando mucho más linda, mucho más especial, mucho más mágica, mucho más increíble de lo que te hubieras atrevido a soñar, a imaginar.
Y recién estaba empezando.
Minutos antes de que el espectáculo empezara, algo en el aire cambió, el ambiente se llenó de expectativa y emoción palpables, como si todos los presentes en aquella enorme sala de conciertos supieran que la cuenta regresiva había comenzado y que cada segundo que se escurría por las agujas del reloj era uno menos y que poco a poco iban acercándose al instante crucial en el que se abriría el telón de par en par para revelar el imponente, majestuoso escenario. Se hizo silencio de pronto, un silencio casi ensordecedor. La conversación entre Michelle, Paul y vos – la cual duró casi media hora – fue apagándose poco a poco hasta que ustedes también se sumaron a esa masa de personas que con los labios pegados aguardaban impacientes el comienzo del show.
'Mágico' es precisamente el adjetivo indicado para describir esas dos horas increíbles que siguieron al momento en el que cualquier sonido que no fuera el de la batería, el teclado, la guitarra, el bajo y la voz de Phil Collins, acompañados por una pequeña orquesta de cuerdas.
'Mágico' es el adjetivo indicado para describir esas canciones que siguieron a la primera de todas, Home by the sea.
'Mágico' es el adjetivo indicado para describir esa sensación que sólo puede ser clasificada como felicidad en estado puro que te invadió desde que sonó el primer acorde y viste sus ojitos brillar más que nunca, la emoción plasmada en la expresión en su rostro de muñequita de porcelana.
'Mágico' es el adjetivo indicado para describir esa dulzura y tibieza que te llenaron por completo al escucharla tararear cada melodía, al verla sonreír como una criatura, al sentir el ligero peso de su cabeza sobre tu hombro cada vez que recostaba su cuerpo contra tu cuerpo, al quedar hechizado por el tacto de su mano acariciando distraídamente tu cabeza durante las momentos más románticos.
'Mágico', 'increíble', 'incomparable', 'inmensurable', son todos adjetivos que encajarían perfectamente en una descripción detallada del instante en el que, cerca del final del recital, esa canción que para vos encierra un significado tan especial, tan lindo, tan profundo, tan verdadero, esa canción cuya letra te recuerda palabra por palabra a lo que Michelle te hace sentir y a lo especial y única que es la relación que los une. Es una canción que resume cuánto la amás, cuán grande es tu deseo y tu necesidad de cuidarla siempre y protegerla, cuánto la necesitás, cuán dispuesto estás a secar sus lágrimas cada vez que tenga ganas de llorar, cuán dispuesto estás a enfrentarte a todo y a todos para defenderla, cuán dispuesto estás a luchar hasta que comprendan eso tan inexplicable que sentís cuando te miras dentro de sus ojos.
Podrá ser sólo una simple canción para algunos, una canción sencilla, pero para vos es especial, una canción conocida porque es parte de la banda sonora de una película muy vista, para vos es importante. Es una canción con la que te identificás, una canción que sentís espeja tu corazón, una canción que muestra con unos pocos versos lo que tu alma siente: Michelle y vos son diferentes por fuera, sus rasgos son distintos, el origen de sus apellidos es distinto, sus herencias genéticas son distintas, las culturas de sus familias son distintas, sus costumbres son distintas, pero todas esas diferencias son materiales, son visibles a los ojos pero invisibles al corazón, y por ende no son esenciales. Lo esencial es lo que el corazón puede apreciar, lo esencial es que son dos seres humanos que se aman y que están destinados a transitar lo que les quede de vida juntos; lo esencial es que son los dos las mitades de un entero, el pedazo que le falta al otro, el complemento perfecto del otro. Lo esencial es que, más allá de esas diferencias que algunos (parte de tu familia, para empezar) ven y señalan, por dentro ustedes dos tienen puntos fuertes y puntos frágiles, fortalezas y debilidades, emociones complejas que los devoran, los dos sienten el mismo amor desmedido y desesperado el uno por el otro, los dos comparten una conexión.
Esa canción transmite un mensaje que tal vez otros no capten, un mensaje que tal vez otros no consideren importante, un mensaje que tal vez otros piensen es igual al que puede encontrarse en muchas otras canciones románticas. Para vos no es así: para vos esa canción tiene un mensaje fuerte, la letra está arraigada en tu corazón desde que volviste a escucharla con Michelle una tarde, desde que te diste cuenta de que cada palabra allí escrita encaja con su historia de amor. Y por algún motivo – suerte, azar, coincidencia, casualidad, causalidad, planetas alineándose a tu favor, el Universo complotando para ayudarte, una fuerza natural extraordinaria, lo que sea que esté detrás de toda esta magia – en tu camino apareció, luego de que ocurrieran una serie de sucesos que se desencadenaron de golpe y fueron unos llevando a los otros como en un efecto dominó, la oportunidad de que pudieras escuchar esa canción en vivo, con Phil Collins cantando parado sobre un escenario a menos de dos metros de distancia de donde vos estás sentado, con Michelle acurrucada en tus brazos, su cabeza reposando sobre tu hombro, los dedos de una de sus manos entrelazados con los dedos de una de tus manos, la sonrisa más dulce del mundo en sus labios y lágrimas de emoción en sus ojitos japoneses (esos ojos tan distintos a los tuyos en apariencia, pero que tienen las mismas capacidades – o más, incluso – cuando se trata de ver cosas profundas como el amor, la amistad, la fidelidad, el compañerismo, el patriotismo, porque lo que ven está relacionado íntimamente con lo que siente su corazón).
'Mágico' es el adjetivo preciso para describir el instante único en el que sonaron los primeros acordes de esa canción, los instrumentos combinados para formar una melodía que te erizó la piel y provocó que tu corazón y tu alma vibraran como pocos sonidos pueden lograrlo, causando en vos un efecto tan fuerte que sentiste tu pecho hincharse y tus propios ojos humedecerse (sí, tus ojos se humedecieron; que seas un hombre que tiene a cargo la Unidad Antiterrorista de una de las ciudades más importantes del mundo, un hombre que estuvo en la Marina, un hombre que sabe manejar armas, un hombre que sabe artes marciales, un hombre que ha matado para sobrevivir y para proteger a otros, no quiere decir que estés hecho de piedra o que tengas agua en las venas en lugar de sangre).
Y en ese momento de magia pura, en ese momento tan dulce, tan romántico y tan íntimo, ese momento en el que el mundo alrededor de ustedes volvió a desdibujarse, ese momento en el que todo dejó de importar y el resto de las personas se desvanecieron quedando los dos solos flotando en espacio y tiempo, en ese momento de ternura, respondiendo a un impulso nacido del fondo de tu ser, con tu boca a medio milímetro de su oído y tus caricias trazando círculos en su espalda, empezaste a cantar esa misma canción que resonaba en todo el teatro llenando el ambiente. Mientras Phil Collins cantaba en Inglés para todos los presentes reunidos allí que llevaban casi una hora y media emocionándose con su arte, vos cantaste esa misma melodía para Michelle, sólo para tu Michelle, en su oído, en Español – porque cuando se trata de emociones todos los idiomas dicen lo mismo, suenen como suenen -, volviendo esos minutos mucho más íntimos, mucho más hermosos, minutos enteros que pertenecieron sólo a los dos y a nadie más, como todo lo que hay en ese mundo que comparten y que nadie puede entender porque en él se habla un lenguaje extranjero.
Y cada palabra que abandonaba tus labios, cada palabra la sentías surgir en el centro mismo de tu corazón, quemando tu garganta al subir, acariciándola a ella con la misma delicadeza con la que tus manos siempre la acarician. Cada palabra se mezclaba con el sonido de los violines y los chelos, de las guitarras, la batería, el teclado, y de una voz que estaba transmitiendo el mismo mensaje en otro idioma pero poniendo la misma intensidad en cada frase.
No llores más, todo va a estar bien.
Sólo toma mi mano, sujétala muy fuerte.
Voy a protegerte de todo, voy a estar aquí, no llores más.
Aunque eres pequeña pareces tan fuerte.
Voy a abrazarte, a mantenerte a salvo y abrigada.
El vínculo entre nosotros dos no puede ser roto.
Aquí voy a estar, no llores más.
Porque vas a estar en mi corazón,
Vas a estar en mi corazón desde hoy y para siempre.
Vas a estar en mi corazón sin importar lo que digan.
Vas a estar en mi corazón, siempre.
¿Por qué no pueden entender cómo nos sentimos?
Simplemente no confían en lo que no pueden explicar.
Sé que somos diferentes pero muy en el fondo no somos distintos en lo absoluto.
Porque vas a estar en mi corazón, vas a estar en mi corazón
Desde hoy y para siempre vas a estar en mi corazón
Sin importar lo que digan vas a estar en mi corazón, siempre.
No los escuches, ¿qué saben ellos?
Nos necesitamos el uno al otro, necesitamos tenernos y abrazarnos.
Con el tiempo podrán entenderlo, lo sé.
Cuando el destino te llama debés ser fuerte.
Puede que no esté contigo, pero tienes que resistir.
Y con el tiempo van a entender, lo sé.
Vas a estar en mi corazón, vas a estar aquí en mi corazón.
Sin importar lo que digan estaré contigo.
Vas a estar en mi corazón y siempre voy a estar aquí, siempre.
Voy a estar contigo, siempre voy a estar aquí para ti.
Siempre y para siempre.
Sólo mira a tu lado,
Sólo mira a tu lado,
Sólo mira a tu lado, y allí estaré siempre.
Cuando la canción terminó, el teatro rompió en aplausos, como lo habían hecho al finalizar todas y cada una de las canciones previamente interpretadas, pero ninguno de ustedes era consciente de otro sonido que no fuera el de sus respiraciones, sus palpitaciones, sus corazones susurrando lo mismo al mismo tiempo, conectados, latiendo en sincronía, la sangre en sus venas corriendo por su organismo alimentando ese amor tan grande que los consume desde el día en que se conocieron.
El significado de esa canción, para ella es el mismo que vos le encontrás. Esas palabras surten en ella el mismo efecto que en vos, hacen que sienta las mismas cosas que vos sentís, hacen que reflexione sobre lo muy diferentes que pueden ser sus etnias pero lo muy iguales que son ustedes dos en el interior. Los dos son humanos, y amarse como se aman es lo más lindo de haber sido puestos en esta Tierra. Los dos van a soportar juntos cualquier adversidad, los dos van a soportar juntos lo que sea, cuidándose el uno al otro, y nunca nada ni nadie va a tener la fuerza suficiente para separarlos, y cualquiera que intentara arrancar a uno de los brazos del otro estaría cometiendo un error atroz al ir en contra de una fuerza tan grande como lo es el amor puro y verdadero.
"Te amo" murmuró en tu oído segundos antes de que la siguiente canción comenzara a sonar.
"¿Voy a estar en tu corazón para siempre?" susurraste, acomodando dos de sus bucles detrás de sus orejas y rozando su mejilla con tus labios.
"Siempre" fue su respuesta "¿Y yo?"
"Sólo mirá a tu lado y ahí voy a estar" dijiste, besando la punta de su nariz.
Pasaste el resto del recital perdido en ella, observándola a ella, tus ojos fijos en su rostro colmado de emoción, en su sonrisa, en sus ojitos brillantes.
Y cuando la banda se despidió, cuando el telón se cerró, cuando el silencio se hizo otra vez, cuando las luces se encendieron para iluminar a un teatro colmado de gente que acababa de ver uno de los mejores espectáculos de su vida (entre ellos un sonriente Paul McCartney), cuando el ambiente se llenó del sonido de las risas y de las voces de los que comentaban con unos y con otros lo increíble que todo había sido mientras se levantaban de sus butacas y se dirigían hacia la salida, la magia no acabó, no se esfumó, no desapareció, no despertaste de un sueño.
La magia se multiplicó un millón de veces más cuando sentiste la textura aterciopelada de sus labios rozando aquella un poco más áspera de los tuyos, sus brazos enredándose alrededor de tu cuerpo para estrecharte fuertemente, sus suspiros mezclándose con los tuyos entre besos, sus manos acariciando tu cabeza.
La magia se multiplicó un millón de veces cuando ella susurró 'Fue una de las mejores noches de mi vida', y vos a eso pudiste responder que las sorpresas aun no habían acabado, que quedaba otra más.
Paul McCartney se despidió de ustedes con otro apretón de manos; Michelle todavía seguía sin creer que no sólo había conocido a uno de los integrantes de The Beatles, sino que también había conversado con él (con total franqueza, a vos también te costaba creerlo y una partecita tuya esperaba que alguien te despertara de ese sueño mágico).
"¿Adónde estamos yendo?" Michelle preguntó luego, intrigada, aun un poco atontada después de tantas emociones fuertes.
Kiefer te había explicado cómo debías hacer para que te permitieran pasar a ver a su padrino, por eso estabas conduciendo a Michelle hacia una de las puntas del escenario, donde se hallaba un hombre de seguridad, todo vestido de negro y con una identificación colgando del bolsillo delantero de su saco.
Sin responder a la pregunta de Michelle seguiste caminando hacia allí tomado de su mano. Al llegar, te dirigiste al tipo de seguridad, quien al verlos acercarse había adoptado una postura rígida e intimidante.
"El área a la que quieren acceder es de acceso restringido, señor" te informó, seguramente pensando que eras un fan que quería tratar de inmiscuirse para conseguir un autógrafo o una foto.
Debió haberse sorprendido al ver que su masa de músculos, sus dos metros de alto, su cuerpo enorme y fornido y su aspecto de haber bajado unos cuantos dientes dando piñas no te hicieran retroceder, sin sospechar que Michelle y vos han visto demasiadas cosas y han estado expuestos a situaciones muchísimo más peligrosas como para que se les moviera siquiera un pelo de la cabeza (además, vos no estabas tratando de inmiscuirte en ningún sitio).
"Estamos en la lista de personas que el señor Collins va a recibir antes de marcharse" le dijiste serenamente, tratando de ignorar las ganas de desviar la mirada para ver la reacción de Michelle.
"¿Sus nombres?" preguntó el tipo, aparentando incredulidad y mirándote casi con soberbia.
"Anthony Almeida y Michelle Dessler" respondiste, sin inmutarte.
Del bolsillo de su pantalón extrajo un aparato de comunicación similar a los que utilizan en la CTU. Girando ciento ochenta grados y dándoles la espalda, alejándose algunos pasos de ustedes para que no pudieran escucharlo, intercambió algunas palabras con alguien y luego regresó, guardando otra vez el aparato en su lugar.
"Pueden pasar" dijo simplemente, señalando con vaguedad una puerta oculta a un costado.
"Tony… ¿estamos yendo de verdad a ver a Phil Collins?" Michelle te preguntó anonadada, con los ojos abiertos como platos y expresión de sorpresa.
"Sí" te limitaste a contestar con una sonrisa, mientras los dos caminaban por un pasillo que conducía a aquella parte del teatro a la que no todos pueden acceder.
"Pero… ¿cómo…?"
Nunca llegó a completar la pregunta que tenía en la punta de la lengua. De allí en adelante todo se volvió un borrón: gente yendo y viniendo con papeles en una mano y teléfonos celulares en otra, fotógrafos y periodistas esperando para tener cinco minutos para entrevistar a la banda, todos moviéndose rápido como en una coreografía sin fin.
"Tony…" Michelle seguía insistiendo, cada vez más ansiosa, mientras esperaban a un costado a que la asistente que les había preguntado quiénes eran y había ido a averiguar cuándo el señor Collins los recibiría regresara para hacerlos pasar.
Pero vos nunca dejabas que terminara de formular sus interrogantes, acallándola con besos cortos e inocentes en los labios o en la punta de su nariz.
"Si te cuento se pierde la magia, mi amor" insistías "Vos sólo confía en mí"
Pero ella seguía tratando de averiguar qué estaba sucediendo y cómo habías conseguido que sucediera, y vos seguías sellando sus labios con tus labios.
"Señor Almeida" la mujer de baja estatura, cabello negro y lacio cuyos ojoso oscuros estaban escondidos detrás de un par de lentes de montura cuadrada volvió a acercarse a ustedes "pueden pasar"
Con los dedos de tu mano aun entrelazados con los dedos de la mano de Michelle, la seguiste hacia el fondo, donde se había otro pasillo que conducía al camarín al que Phil Collins se había ido luego de terminado el concierto.
La puerta se abrió antes de que Michelle tuviera tiempo de procesar lo que estaba aconteciendo (vos tampoco lo habías procesado bien, a decir verdad), antes de que cualquiera de los dos pudiera estar preparado, antes de que cualquiera de los dos supiera cómo reaccionar.
Si te preguntaran cómo lucía la enorme habitación, no serías capaz de describir las paredes blancas, los sillones de cuero diseminados estratégicamente a un costado, el gigantesco televisor con pantalla plana, el mini bar ni ninguna otra cosa, ningún otro detalle, porque tus sentidos se nublaron completamente, colapsaron, entraron en estado de hibernación, se entumecieron. Fue, otra vez, como si estuvieras viviendo la experiencia fuera de tu cuerpo, como si fueras un espectador contemplando a lo lejos, alguien observando un cuadro al que es ajeno, donde hay un hombre que se parece a vos, habla como vos, se mueve como vos, pero no sos vos, porque vos están mirando todo desde la distancia, como si estuvieras escondido tras el telón presenciando el ensayo de una pieza teatral.
Lo más extraño fue, quizá, que Phil Collins te saludara como si te conociera de toda la vida, como si fueras un viejo amigo con el que se reencontró después de muchos años sin verse. Se había cambiado de ropa luego del espectáculo y llevaba puesto un pantalón negro y una camiseta de algodón del mismo color. Teniendo en cuenta su edad, su estado físico y energía son increíbles.
Los saludó a ambos con una sonrisa y un apretón de manos, y lo primero que te dijo fue:
"No puedo creer que finalmente tengo oportunidad de conocer al famoso Tony Almeida"
Que un artista que ha vendido millones y millones de discos, que sigue sonando a diario en las radios a pesar del paso del tiempo, que ha visitado muchísimos países en sus giras y que con casi sesenta años sigue ofreciendo shows y grabando canciones te diga que no puede creer que finalmente se le ha dado la oportunidad de conocerte, es casi surrealista.
"Martina me ha hablado tanto de vos que ya siento como si te conociera" agregó, y sería mentir decir que en ese momento no te sentiste un poco conmovido al escuchar que, así como vos hablás con orgullo de tu hermana menor, ella habla con orgullo de su hermano mayor.
"Es un placer conocerlo, señor Collins" dijiste.
Michelle seguía callada, sorprendida, anonadada, en estado de shock, sin comprender que estaba sucediendo, probablemente deseando pincharse el brazo para comprobar que eso no fuera un sueño. Sus ojitos orientales estaban abiertos como platos, sus mejillas estaban otra vez mucho más rosadas que de costumbre, y de nuevo parecía haberse quedado sin la capacidad de formar oraciones coherentes hilando palabras que dentro suyo no podía encontrar para expresar todas las emociones que estaba sintiendo.
"Por favor, pueden llamarme Phil. Martina me ha hablado mucho de su hermano mayor últimamente" repitió.
En los ojos de Michelle podías ver exactamente todo lo que estaba pasando dentro de su cabeza, la curiosidad y la intriga estaban devorándola de a grandes bocados, preguntas sobre cómo es que tu hermana conoce a Phil Collins y por qué le ha contado a él sobre ustedes dos acumulándose una sobre la otra. Sin embargo, no dejó que aquello se viera plasmado en la expresión de su rostro (aunque de todos modos seguía siendo una expresión de incredulidad y grata sorpresa); tendrías que responder a sus interrogantes más tarde y explicarle unas cuantas cosas, pero ya habría tiempo para eso.
"Llevo bastante tiempo deseando conocer a la familia de Martina, prácticamente desde que ella y mi ahijado comenzaron su relación, pero hasta ahora no había tenido esa chance" luego se dirigió directamente a Michelle "Y vos debés ser Michelle. Martina también me ha hablado mucho de vos en nuestras últimas conversaciones"
"No tenía ni idea de que Martina hablara a otras personas sobre mí…" Michelle confesó, asombrada, hablando por primera vez, aparentemente recuperando de a poco la facilidad para conectar la lengua con el cerebro.
"Martina siempre habla mucho de las personas que le importan" dijiste sonriendo, una sensación cálida abrazándote por dentro al darte cuenta de que tu hermana de verdad aprecia a Michelle muchísimo, no sólo porque está agradecida de que te haya devuelto las ganas de vivir y sacado de ese hoyo oscuro en el que habías caído luego del asunto con Nina, sino porque la aprecia como persona.
"Estoy tan encantada de conocerlo, señor Collins, yo…" Michelle finalmente había reaccionado, de golpe, como si de pronto, sin previo aviso, su cerebro hubiera procesado en dos segundos lo que había estado tratando de digerir durante minutos enteros "… No puedo creer que…" al parecer le faltaban las palabras para expresar sus emociones hablando; sin embargo, para vos – que podés leerla mejor que nadie y la conocés incluso mejor de lo que ella se conoce a sí misma – te es fácil captar esos pequeños detalles en su lenguaje corporal y en su rostro que delatan exactamente cómo se siente por dentro, y lo que siente debe ser parecido a lo que te pasa a vos cuando la ves feliz: es como si un globo gigante de color rojo estuviera siendo inflado dentro de vos, volviéndose cada vez más y más grande, más y más enorme, apoderándose de cada rinconcito de tu pecho, expandiéndose por todas partes.
"No hay motivos para estar nerviosa" la tranquilizó, sonriendo fraternalmente y dándole una palmadita en el hombro.
"También se puso nerviosa cuando habló con Paul McCartney" señalaste, sonriendo de oreja a oreja y causando que Michelle se sonroje violentamente (lo cual te resultó, por supuesto, adorable, porque cada cosita en ella para vos es adorable y colmada de ternura).
"¿Así que pudieron hablar con Paul?" Phil preguntó amigablemente, y Michelle asintió con la cabeza "Le dije que iba a estar sentado junto a dos invitados míos y que sería bueno que pasara el tiempo de espera hasta que comenzáramos el concierto conversando con ellos"
"El recital fue… fue increíble" Michelle le dijo, sus ojos brillantes reflejando cuán emocionada estaba "Escucho su música desde que soy chica, y… Bueno, todas sus canciones me encantan…"
De ahí en adelante la conversación comenzó a fluir mejor, aunque en ningún instante Michelle dejó de estar emocionada, nerviosa y prácticamente temblando de pies a cabeza mientras conversaba con otro de sus ídolos.
Es una suerte que tenga un corazón fuerte, porque podrías haberla matado de un paro cardíaco con tantas sorpresas una voz susurró en tu cabeza, provocando que se ensanchara mil veces más tu sonrisita de tonto enamorado demasiado contento porque la persona que ama está feliz.
"Siempre da gusto saber que las nuevas generaciones disfrutan nuestra música"
"Todas las canciones de Genesis son tan hermosas" ella dijo "Todas tienen algo distinto, algo especial… Algunas son tan conmovedoras…"
"¿Cuál es tu canción favorita?" se interesó en saber.
Sabías la respuesta incluso antes de que abandonara sus labios.
"You'll be in my heart" sus mejillas seguían estando teñidas de un color rojo brillante, pero sabías que ya no se debía a los nervios, a la sorpresa o a un ataque de timidez; estaba sonrojada porque probablemente el título de la canción había sido suficiente para que su memoria se llenara de imágenes de lo ocurrido en esos cuatro minutos del recital durante los cuales el mundo dejó de existir absolutamente mientras vos cantabas en su oído esas palabras cuyo significado nunca va a variar, sin importar el idioma en el que sean dichas.
"Esa canción fue escrita especialmente para la banda sonora de una película de Disney, Tarzán" Phil comentó "Y me gusta pensar que captura la importancia de aceptar que el amor puede existir entre dos seres que son, en apariencia, diferentes, o que vienen de mundos diferentes"
¿Coincidencia otra vez? Tu piel se erizó al escuchar aquella frase, otra frase cargada de esperanza, otra frase que se relaciona directamente con lo que ustedes viene viviendo y contra lo que ustedes vienen enfrentando desde que viajaron a Chicago cuando tu abuela falleció y se toparon de frente con tu familia y con sus ideas ridículas de que los latinos deben casarse con latinos y toda esa estupidez más grande que una casa que a vos no te interesa porque lo que te importa es lo que sienten tu alma y tu corazón, no lo que ellos piensan o quieren para vos o creen que te conviene.
El amor puede existir entre dos seres que son, en apariencia, diferentes, o que vienen de mundos diferentes. Aquella era definitivamente otra frase para recordar; no sos la clase de persona que anota en una libretita distintas frases 'inspiradoras', pero aquella era especial, era importante, porque sentías que estaba dirigiéndola directamente a ustedes dos, porque sentías que estaba diciendo aquello porque tu hermana o Kiefer le habían contado lo terriblemente traumático que había sido ver a tus padres (a tu madre, más que nada) levantándose en tu contra porque insistís en que amás a Michelle y lo triste que te sentiste cuando tu madre te dijo que no quería que la llevaras a Chicago para la cena de Acción de Gracias (no que en algún momento hubiera estado en tus intenciones ir, por supuesto) o lo muy angustiado que estás ante la perspectiva de que Michelle pueda sentir culpa porque por primera vez no vas a pasar la Navidad con tu familia (ahora ella es tu familia, y si los demás no la aceptan, entonces van a tener que acostumbrarse a que en Navidad no vas a ir a visitarlos).
El amor puede existir entre dos seres que son, en apariencia, diferentes, o que vienen de mundos diferentes. No estaba haciendo referencia a la película Tarzán y a lo incomprendida que era la gorila que lo había encontrado cuando él era apenas un bebé que había perdido a sus padres, al cual había dado abrigo y cuidado y criado como a un hijo propio a pesar de que él fuera un ser humano y ella un animal. Estaba refiriéndose a ustedes dos, basándose en lo que tu hermana le haya contado, basándose en lo que tu hermana le haya dicho sobre porqué esa canción significa tanto para vos y porqué querías que la tocaran aquella noche.
"Es una canción hermosa" Michelle murmuró, aun sonrojada, apretando tu mano – aquella que seguía tomada de la suya – levemente, comunicándote sin usar otro lenguaje que no fuera el que hablan los dos que la canción le parece cien veces más hermosa de lo que es simplemente porque es su canción, esa con la que se identifican los dos, esa con la que se identifica su historia de amor "Y el mensaje que transmite es exactamente ese: no importa que dos personas sean distintas en apariencia, por dentro somos todos iguales porque lo que nos hace humanos es que podemos amar" tu alma tembló dentro de tu cuerpo al escucharla repetir la frase que le dijiste una mañana en tu cocina mientras ella lloraba porque había fallado al intentar prepararte el desayuno "y que dos seres hayan sido criados en mundos diferentes no significa que no puedan crear su propio mundo juntos"
"Aquella es una reflexión muy sabia" Phil señaló sonriendo.
La conversación siguió fluyendo, principalmente hablaron sobre música e incluso Phil deslizó un dato que vos desconocías (a tu hermana no le causaría gracia enterarse de que estás al tanto de esto): le pidió a Martina que tocara el violoncelo en algunas de las nuevas canciones de Genesis, y ella le dijo que lo haría.
"Mi hermana olvidó mencionar ese pequeño detalle" señalaste, mordiéndote el labio para reprimir una sonrisa.
Probablemente mi mamá no sepa que Martina va a tocar el violoncelo para una banda de rock, porque entonces el grito que hubiera pegado se habría escuchado de Chicago a Los Angeles pensaste; estás convencido de que tu mamá no aprobaría que su hija superdotada – la cual, al igual que todos sus hermanos, recibió educación musical desde pequeña y podría tranquilamente ser concertista clásica si quisiera – desperdicie su talento prodigioso en cualquier sitio que no sea la Orquesta Sinfónica de algún país europeo. No pudiste evitar preguntarte si quizá Martina no había accedido a tocar el violoncelo con ellos para mostrarle a tu mamá que es una mujer independiente que puede tomar sus propias decisiones, estén sus padres de acuerdo con ellas o no. Pero decidiste empujar esas reflexiones y consideraciones a un lado y concentrarte en Michelle, en su sonrisa, en su voz, en la felicidad plasmada en su rostro y en cada uno de sus movimientos, queriendo guardar en tu memoria ese momento para siempre, para recordarlo hasta que mueras.
Luego de quince minutos – lo mismo podría haber sido una eternidad, o una fracción de segundo, porque habías perdido la noción del tiempo otra vez – el jefe de prensa de la banda los interrumpió para avisarle a Phil que debía recibir a los periodistas y fotógrafos antes de marcharse a su encuentro con el señor McCartney y su representante.
Cuando se despidieron de Phil, Michelle aun lucía como si no pudiera creer todo lo que había sucedido aquella noche, y estaba otra vez temblando de pies a cabeza, repitiendo una y otra vez mientras estrechaba su mano que no podía creer que había tenido la oportunidad de conocer a uno de los artistas que más admira.
"El placer fue mío; llevaba años queriendo conocer al cuñado de mi ahijado. Kiefer te admira muchísimo" te dijo, mirándote directo a los ojos "y Martina también; los dos siempre hablan muy bien de vos y últimamente Martina habla mucho de Michelle cuando conversamos" le sonrió a ella "Sé sobre el pequeño plan que a este muchacho se le ocurrió para sorprenderte en cada día de diciembre" le comentó a Michelle, y tu rostro se tiñó de rojo furioso también, y tuviste que fruncir los labios para evitar que se curvaran en una enorme sonrisa tímida "; cuando Martina me contó al respecto, me pareció una idea muy romántica, y no quería quedarme afuera pudiendo ser parte de ella. De verdad fue un placer conocerlos a ambos, y lamento que sólo hayamos podido conversar quince minutos"
Esos quince minutos habían sido más que suficiente, y prueba de ello era la sonrisa hermosa en el rostro de Michelle, el brillo en sus ojos aun refulgiendo con todo su esplendor, sus mejillas todavía sonrojadas, su cuerpo temblando como una hoja por el shock, eso bastaba para que supieras que habías logrado – con ayuda de esos sucesos que se habían desencadenado uno detrás del otro en efecto dominó, llevando unos a que ocurrieran otros – regalarle una noche llena de magia que nunca olvidaría.
Perdiste noción de tu cuerpo, del tiempo, de tus sentidos, de todo, y probablemente Michelle también, porque el momento en el que ambos salieron del teatro y llegaron al punto del estacionamiento en el que habías aparcado el auto es un gran borrón en la memoria de ambos. De pronto estaban sentados en tu coche, vos detrás del volante y ella en el asiento del acompañante, los dos sonriendo como criaturas, los dos con los ojitos brillosos, los dos demasiado contentos como para poder expresar con palabras lo que pueden expresar con miradas.
Michelle finalmente rompió ese silencio cómodo en el que habían caído cuando comenzó a tararear You'll be in my heart, sus párpados pesados debido al cansancio y a las emociones del día había caído ocultando esas dos joyas preciosas que tiene por ojos, la sonrisa todavía embelleciendo sus facciones exóticas, tus ganas de detener el auto a un costado de la calle para poder simplemente tomarla entre tus brazos y besarla hasta que se quede dormida creciendo con cada segundo que pasaba, tus oídos endulzados por esa melodía entonada muy bajito y con tanta ternura y tanta dulzura que sentías tu alma deshaciéndose dentro de tu cuerpo como si estuviera hecha de azúcar y sus manos estuvieran acariciándola.
Sin embargo, seguiste conduciendo, llenando con palabras, esas palabras que significan tanto y que para vos reflejan exactamente la historia de amor que escribís con Michelle día a día prácticamente desde el segundo en que la conociste casi un año atrás, esa melodía que nacía de sus labios, provocando que se estremeciera otra vez sin siquiera rozar su piel con la yema de tus dedos, sólo comunicándose los dos con una canción que para los dos esconde cosas profundas que podrán ser invisibles para los ojos del resto del mundo, pero que son visibles para sus corazones, que pueden ver lo esencial.
"Tony" murmura en tu oído, minutos antes de quedarse dormida acurrucada en tus brazos.
"¿Qué pasa, Michelle?" susurrás, acariciando su espalda con tus manos, recorriendo una y otra vez su columna vertebral.
"Esta fue una de las mejores noches de mi vida"
Besás su frente, tu sonrisa contra su piel, las mariposas en tu estómago alborotándose al escucharla decir aquello.
"Me alegra haber podido sorprenderte. Ya voy a explicarte cómo fue que…" comenzás, pero ella te interrumpe.
"No quiero que me expliques nada" susurra, acariciando tu cabeza, revolviendo tu cabello oscuro con sus dedos "Sé que hay una explicación lógica para todas las cosas con las que me sorprendiste esta noche…"
O quizá no la haya agrega una vocecita en tu cabeza.
"… o quizá no la haya" dice Michelle, como si pudiera leer tus pensamientos "; más o menos me imagino dónde empiezan esas explicaciones. Pero no quiero detalles, no quiero que me cuentes todo. Aunque suene infantil, quiero seguir pensando que lo que sucedió fue por arte de magia"
Suspirás, acunándola despacio para ayudarla a conciliar el sueño, para terminar de sumergirla en ese mundo calmo y sereno lleno de recuerdos lindos en el que vos también querés sumergirte.
"A mi también me gusta pensar que todo lo que sucedió esta noche no aconteció porque un par de hilos fueron jalados, que no fueron casualidades, que fue magia" confesás.
"Entonces no me expliques nada, no reflexionemos nada, no develes tus planes ni cómo fue que pudieron ponerse en marcha, al menos no ahora" te pide ella, reprimiendo un bostezo "Hagamos de cuenta que todo pasó por arte de magia"
"Me gusta esa idea" susurrás, besando su frente otra vez.
"Tony" al rato volvés a escuchar su voz, arrancándote de los brazos de Morfeo cuando ya casi te tenía atrapado "… Me hacés muy feliz" murmura.
"Vos también me hacés muy feliz, Michelle"
Buena suerte, azar, coincidencia, destino, casualidad, causalidad… Preferís pensar que todo lo que pasó este 14 de diciembre – el recital al que pudieron asistir gracias a las entradas que consiguió tu hermana, conocer a Paul McCartney porque al padrino de Kiefer se le ocurrió que sería algo muy lindo para agregar a la sorpresa, conocer a Phil Collins, las palabras que ambos dijeron y que quedaron gravadas a fuego dentro tuyo, esa llama de esperanza que convierte a esas palabras en cálidas y especiales y que hacen que su significado ayude a sanar las heridas infligidas por el rechazo de tu familia – fue simple, pura, indiscutible magia, esa magia blanca que el Universo produce cuando dos personas se aman tanto, cuando dos personas se adoran tanto que serían capaces de absolutamente cualquier cosa para ver feliz a ese otro que representa su otra mitad, la otra mitad de ese entero que forman los dos.
Ya vas a tener tiempo de explicarle a Michelle - cuando le gane la curiosidad y te pregunte - que Martina conoce a Phil Collins porque es el padrino de Kiefer, que para vos fue una sorpresa que tu hermana te dijera que Paul McCartney estaba invitado al concierto, que creés que Martina le contó a Phil y él a Paul sobre las dificultades que ustedes dos están enfrentando con tu familia... Ya vas a poder contarle todo cuando la intriga haga que te acribille a interrogantes y que quiera saber detalles.
Esta noche, sin embargo, los dos quieren irse a dormir con esa canción tan especial aun sonando en sus oídos, con las memorias de una noche hermosa acariciándoles el corazón, creyedo que todo esto que sucedió, sucedió por magia.
