Nota: Este capítulo fue basado en el Gaiden de Dohko de Lost Canvas. Para quienes no lo conocen ni tienen idea de qué va, básicamente cuenta del regreso de Dohko al lugar en el que recibió su primer entrenamiento: Senkyou. Ahí se entrenaban a varios guerreros para convertirlos en Taonia, los cuales poseen emblemas de animal que también pueden convertirse en armaduras (Tatoos). El líder de los Taonia es un dragón llamado Hakuryu y uno de sus miembros era un muchacho llamado Hui que básicamente se convierte en uno de los antagonistas del gaiden. También, como se vio desde el manga de LC, el que enseñó a Dohko el camino de los Santos es un dragón terrenal que era amigo de Hakuryu. El resto de los personajes son OC. Traté de explicarlo todo en el fic, pero quise advertirlo porque si no iba a verse muy raro el asunto.
Capítulo 7: Dohko
Huilang fue una de las guerreras Taonia más importantes de su generación. Su rapidez y fuerza eran legendarias y con el paso de los años se convirtió en una de las maestras más importantes del templo Senkyou. El pueblo Taonia era pequeño y se encontraba oculto en un angosto espacio entre el mundo sagrado y el terrenal. Era el deber de sus guerreros proteger la paz en la región de Jiangxi, defendiendo tanto a humanos como animales de cualquier peligro que pudiese amenazarles. Huilang cumplió afanosamente aquella misión durante muchas décadas y hubiese seguido haciéndolo de no ser porque sus huesos terminaron por ceder a setenta años de combates.
Demasiado cansada como para dedicarse a entrenar incluso a los más pequeños, Huilang aceptó a regañadientes la supervisión de la pequeña guardería del templo. Cuando alguno de los niños de la región nacía con buena estrella, era separado de sus padres para formar parte de la secta guerrera. No era especialmente complicado cuidar de los pequeños. Huilang contaba con el apoyo de seis nodrizas que vigilaban constantemente a las criaturas y el deber de la Taonia era simplemente asegurarse de que los niños se encontraban en el lugar indicado.
Demasiado acostumbrada a la guerra, a Huilang le tomó mucho tiempo acostumbrarse al tranquilo ritmo de la guardería. Aun así, los años pasaron y de cierto modo aprendió a apreciar los fuertes llantos de los niños y las entusiastas miradas que le dirigían una vez que se decidía que estaban listos para iniciar sus entrenamientos.
Era especialmente satisfactorio cuando se presentaban aquellos jóvenes prometedores, los genios latentes que la emocionaban tanto como alguna vez lo hicieron las victorias en el campo de batalla. Dohko fue una de las últimas promesas que tuvo oportunidad de conocer. Era hijo de unos agricultores que labraban afanosamente la ladera de Rozan. El día de su nacimiento estaba repleto de fortuna y sin dificultades aprobó el examen físico demandado por Senkyou. Fue llevado a la guardería del templo con tan sólo unas cuantas semanas de vida y con el paso de los años se demostró que Huilang acertó al haberle elegido.
El pequeño era astuto, fuerte y, Huilang tenía que admitirlo, encantador. Siempre alegre y dispuesto a prestar su ayuda, no había momento en el que Dohko permaneciera quieto. Su traviesa sonrisa ocultaba algo profundo, una esencia llena de vida, centelleante y fresca como las burbujeantes aguas de una cascada.
Sin embargo, la inagotable energía de Dohko traía varios problemas consigo. Apenas aprendió a caminar se volvió un severo dolor de cabeza para Huilang y las nodrizas. Se escapaba casi todos los días de la guardería, muchas veces llegó hasta la cocina e incluso al largo pasillo que guiaba hacia el patio principal. Era un experto en eludir a las mujeres y a los guardias del templo, y sólo pocas veces pudieron atraparlo antes de que cometiera alguna barbaridad. En las pocas ocasiones en las que lo encontraban con las manos en la masa, el niño se limitaba a sonreír tiernamente a sabiendas de que un par de risillas serían suficientes para disminuir la severidad de la sentencia.
Sus travesuras empeoraron conforme pasaron los meses y llegaron a un punto crítico poco después de que cumpliera tres años. Uno de los peores recuerdos de Huilang fue cuando se acercaba el año nuevo y el niño logró hacerse de un par de tijeras con las que cortó la mitad de su ropa en tiras que amontonó desordenadamente a un costado de su cama. Cuando le preguntaron por qué había hecho semejante cosa sonrió y dijo que las coloridas tiras serían su decoración para la noche del festival. El desbarajuste irritó tanto a Huilang que casi lamentó que el niño hubiese sido lo suficientemente hábil como para no cortarse a sí mismo con las tijeras. No obstante, si la mujer hubiese sabido lo que pasaría algunas noches después, lo habría pensado dos veces antes de tirar a la basura las serpentinas de su desfile personal.
Aprovechando que las mujeres se encontraban demasiado ocupadas con las preparaciones de la celebración, el pequeño logró escabullirse hasta el polvorín para robar varios fuegos artificiales. Su plan era encenderlos durante la noche, cuando los adultos los mandaran a dormir y escucharan a lo lejos los tambores y flautas del patio principal. Fue una verdadera fortuna que ni Dohko ni el resto de los muchachos consiguieran encender la pirotecnia. Después de pasar varios minutos chocando a diestra y siniestra un par de piedras oscuras sin obtener siquiera una chispa, los niños se dieron por vencidos y se fueron a dormir con la esperanza de que tuviesen mejor suerte el próximo año.
Los fuegos artificiales fueron encontrados al día siguiente y Dohko recibió una fuerte reprimenda y la promesa de que nunca más volverían a perderlo de vista.
La promesa se rompió tan sólo unos meses después, cuando Dohko comenzó a robar comida de la cocina para alimentar a los gatos salvajes que rondaban la tierra sagrada. Alentados por la constante presencia de comida, los animales terminaron por invadir el templo y Huilang fue incapaz de encontrar la explicación a la extraña plaga hasta varios días después, cuando atrapó a Dohko con una pierna colgada en la ventana y un generoso trozo de pescado acunado entre sus brazos.
—Debí imaginarme que tú eras el responsable de todo esto —lo único que recibió como respuesta fue una apenada sonrisa del niño, quien se sentó casualmente en el borde de la ventana. —¿Hace cuánto que alimentas a esos animales?
Dohko empezó a contar las semanas que llevaba cuidando de los gatitos y llegó hasta doce sólo porque no conocía más números.
—Tienen hambre —se excusó.
—El templo fue infestado gracias a ti. Tienes que aprender que todas tus acciones tienen consecuencias. Pronto tendrás la edad suficiente para convertirte en aprendiz y no sobrevivirás si no logras controlar tus impulsos.
El niño le miró confundido y Huilang exhaló largamente. Ese era uno de los principales problemas que tenía con los pequeños. Siempre le era difícil darse a entender con ellos.
—¿Recuerdas a los gorriones de Meifen? —la Taonia decidió utilizar otra técnica—. Hace un par de días los gatos entraron a su jardín y los cazaron a todos.
—¿A los pajaritos?
Huilang asintió.
—Es por eso que tu nodriza ha estado tan triste. Los gatos llegaron porque les ofreciste comida, pero ahora son demasiados y no es suficiente con lo que les das. Es natural que busquen comida en otros lados; no es su culpa.
—¿Es la mía?
La mujer no tuvo corazón para decirle que sí.
—Sé que tenías buenas intenciones, Dohko. Desafortunadamente, eso no es suficiente. El deber de los Taonia es el de proteger al mundo y sólo podrás hacerlo cuando sepas diferenciar el bien del mal. Tienes que estudiar y entrenar mucho para poder comprender el significado de justicia.
Dohko le aseguró que sería más cuidadoso y le juró que trabajaría arduamente para convertirse en el Taonia más sabio de todos. Sus palabras fueron dichas con tanta seguridad que Huilang creyó que finalmente había encontrado el modo indicado para hablar con el niño.
Al menos así fue hasta que pasaron dos semanas y Dohko comenzó a atrapar a los gatos y a encerrarlos en el armario de la limpieza, lo que acabó tanto con las toallas del templo como con la paciencia de la mujer.
Definitivamente Dohko era un dolor de cabeza. Sin embargo, Huilang lo toleraba no sólo por su gran carisma, sino por su hermoso potencial. Aún sin entrenamiento era capaz de balancear el espíritu de la naturaleza entre sus brazos, acunándolo y ampliándolo de modo inconsciente. Almacenaba y liberaba la energía a su gusto y la mujer se preguntaba qué tanto más podría hacer una vez que alcanzase el rango de Taonia.
Decidida a no esperar más tiempo para iniciar el camino de Dohko hacia la grandeza, Huilang habló con el maestro Hakuryu en la víspera del cuarto cumpleaños del niño.
—¿Ocurre algo malo, loba? —susurró el maestro—. Luces inquieta.
A pesar de que por muchos años fue discípula del dragón milenario, su sinuosa y enorme figura siempre le conmocionaba. Le era difícil mirarle directamente a los ojos cuando todo su cuerpo se contoneaba sobre las tejas y columnas del edificio principal. El intenso dolor en sus rodillas le impedía hincarse y no tuvo otra opción sino de mirarle de frente.
—Quisiera hablarle sobre Dohko.
—El joven tigre. ¿Qué opinas de él?
—Aunque sea atrabancado y testarudo, confío en que con disciplina logrará convertirse en uno de los Taonia más poderosos que hayan existido. Solicito su permiso para que comience su entrenamiento; creo que está listo.
El dragón movió lentamente su cabeza permitiendo que sus largos bigotes se enredaran con el viento.
—El joven tigre es prometedor, pero aún no estoy seguro de que su destino se encuentre en Senkyou.
—¿Maestro?
El dragón movió los labios en un gesto semejante a una sonrisa.
—Sin embargo, es mi deseo observarlo de cerca antes de tomar una decisión. Si crees que está listo, arréglalo todo para convertirlo en aprendiz.
A pesar de que Huilang no viviría lo suficiente como para entender el significado de las enigmáticas palabras de su maestro, siempre estuvo convencida de que el joven tigre los sorprendería a todos.
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Dohko le desagradó a Hui desde el día en el que se conocieron, cuando sólo eran unos niños al cuidado de las nodrizas de la ciudad. Al rubio le molestaba de sobremanera la desgarbada sonrisa del moreno que sólo quería llamar la atención. Odiaba sus torpes risotadas y sus estúpidas travesuras que lo único que lograban era meterlos a él y al resto de los niños en problemas. Hui no comprendía por qué la vieja loba permitía a semejante imbécil permanecer en tierra sagrada. Sentía que nadie más veía a Dohko como lo que realmente era: un niño torpe y presumido que no tardaría en avergonzar a toda la región.
El día en el que el mocoso se convirtió en un aspirante a Taonia, Hui se juró a sí mismo que haría todo lo posible por desplazarlo. Desafortunadamente, Dohko no tardó en demostrar que, si bien estúpido, también era talentoso. Su control del espíritu de la naturaleza era envidiable y sus movimientos eran gráciles y veloces. Dohko parecía lograr todo lo que se proponía con facilidad y el saberse superado por él alimentó aún más el desprecio que le tenía.
Hui entrenaba día y noche hasta que sus pies y manos sangraran con el único fin de destronar a Dohko. Sus esfuerzos no fueron en vano y pronto ambos muchachos fueron considerados los discípulos más poderosos de todo Senkyou. Aunque orgulloso de su logro, éste no era suficiente para Hui. No le bastaba ser de los mejores. Necesitaba ser el mejor.
En la noche previa al torneo en el que se determinarían sus títulos como Taonia, Hui fue incapaz de borrar aquellos pensamientos de su mente. Con sólo once años de edad los muchachos demostraron ser merecedores del rango y, a pesar de que sabía que tenía que sentirse orgulloso, Hui odiaba compartir la suerte del hombre del que tanto renegaba.
—¿Tú tampoco puedes dormir, Hui?
El niño alzó el rostro y no se sorprendió al encontrarse con Dohko quien, sonriente, se tomó la libertad de sentarse a su lado en la amplia escalinata del edificio principal.
—¿No es emocionante? —continuó el moreno—. ¡Mañana nos convertiremos en guerreros Taonia! Si seguimos entrenando arduamente puede que hasta nos volvamos discípulos del maestro Hakuryu.
—Me interesa poco lo que ese dragón tenga para enseñarme.
Dohko le miró perplejo por unos instantes sin atreverse a recriminarle por sus palabras.
—Estoy nervioso. Quiero proteger al mundo, pero sé que aún me falta mucho por aprender. Espero algún día ser lo suficientemente sabio como para ser un buen Taonia.
Hui torció la boca en una media sonrisa y le miró con desdén.
—Ser sabio te servirá de poco si lo que quieres es proteger al mundo. Lo único que necesitas es fuerza.
—La fuerza no es capaz de discernir entre el bien y el mal. Sólo la sabiduría nos permite recorrer el camino de la justicia.
El rubio bufó con molestia.
—Es el poder quien forja el camino de la justicia.
Dohko le miró por varios segundos antes de interrumpir el silencio de la noche.
—¿Recuerdas esa vez en la que los gatos mataron a los gorriones de Meifen?
—Sí —respondió el otro sin entender hacia dónde iba la conversación—. La estúpida loba fue la última en darse cuenta de que fuiste tú quien los atrajo hacia el templo.
—Comencé a darles de comer porque los veía flacos y tristes —continuó con nostalgia—. Quise hacerlos felices, pero lo único que logré fue entristecer a Meifen. Cuando comprendí mi error quise llevarme a los gatos de ahí. Los atrapé y encerré en un cuarto pequeño donde empezaron a pelear y se hirieron entre ellos —suspiró—. Hay ocasiones en las que se hace el mal cuando se intenta hacer el bien y viceversa. Yo quiero hacerme más sabio para saber qué camino recorrer.
—Eres débil. Si fueses lo suficientemente fuerte sabrías que el único camino que existe es el del poder.
Tras una breve pausa Dohko se puso de pie y le ofreció la mano a su compañero.
—Te deseo suerte mañana, Hui.
El rubio decidió ignorarlo y Dohko se retiró al dormitorio. Hui permaneció en aquella escalinata por el resto de la noche, iluminado únicamente por la vía láctea y sus sueños de grandeza.
Al día siguiente Dohko ganó el título de Tigre Feroz, mientras que Hui tuvo que conformarse con el de Zorro Salvaje. Casi sintió satisfacción al tener un motivo más por el cual odiar a Dohko.
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—¿Me mandó llamar, maestro Hakuryu?
Esa era la primera vez que el dragón invocaba a Dohko ante su presencia. El muchacho estaba nervioso y le era difícil mantener su mirada hacia arriba, prefiriéndola clavada en el suelo sobre el que se hincaba.
—Felicidades por haber obtenido el rango de Taonia, joven tigre.
—Todo se lo debo a la paciencia de mis maestros.
—Posees nobleza y amabilidad; virtudes necesarias para cualquier guerrero Taonia que se precie de serlo —el niño sonrió con orgullo—. Sin embargo, temo que Senkyou ya no es el lugar indicado para ti.
—¿Maestro? —el niño se puso de pie de un brinco—. ¿Por qué? ¿Acaso he hecho algo malo? Le prometo que haré lo posible para enmendarme y…
—Existe una Diosa de ojos garzos —interrumpió—. Es sólo bajo su escudo que lograrás hacerte más fuerte.
—Yo no quiero ser más fuerte —susurró el joven—. Sólo quiero hacerme más sabio para poder comprender el significado de justicia.
—La verdadera justicia nunca cambia —indicó el dragón mientras entrecerraba sus enormes ojos verdes—. Al igual que nosotros, la Diosa y sus guerreros entregan sus vidas para proteger al mundo. Sólo si decides ser uno de ellos culminarás tu control sobre el espíritu de la naturaleza.
—¿Dejaría de ser un Taonia?
El dragón asintió.
—Te convertirías en un guerrero de occidente; en un Santo —la criatura reconoció un destello de curiosidad en los ojos del joven—. Regresarías a Rozan para concluir tu entrenamiento bajo la tutela de mi amigo que cayó en la tierra.
—¿Amigo?
Hakuryu supo que la decisión estaba casi tomada al momento en el que Dohko se imaginó a sí mismo como el discípulo de uno de los dragones terrenales.
—Sé fiel a ti mismo, joven tigre. Estoy seguro de que algún día podrás alcanzar las estrellas y afrontar la eternidad.
Aunque triste por tener que abandonar Senkyou, Dohko sonrió emocionado. Un nuevo camino se abría frente a él.
—¡Es hora de regresar a la tierra!
Comentario de la Autora: A ver... esto va a ser enorme, pero aquí vamos. Antes que nada, quiero disculparme por un detalle del capítulo de Shaka que algunos me hicieron notar. ¿Por qué la madre de Shaka no buscó a su hijo? Decidí no mencionarlo en el fic porque temía desviarme demasiado del tema, pero claramente fue un detalle que hizo falta. Cuando termine el resto de los capies retomaré el de Shaka para corregirlo, añadiendo al menos un par de oraciones con lo que pasó. La mujer no regresó por su hijo porque, cuando regresó a Londres, su familia la rechazó. Ellos eran demasiado conservadores y consideraron una aberración no sólo que la mujer se divorciara, sino que dejara a su niño. Demasiado orgullosa para regresar, la mujer buscó opciones de alojamiento y acabó en la casa de un antiguo pretendiente. Éste vio que la mujer estaba nuevamente disponible y se la llevó de vacaciones al norte del Reino Unido y la conquistó. Cuando regresaron a Londres y la mujer se enteró de que su ex esposo había muerto, no pensó demasiado en Shaka. Quería iniciar su nueva vida con su amante y un hijo sólo le estorbaría. Como dije anteriormente, se le puede perdonar que quisiera regresar a su país, pero nunca, jamás, que abandonara así a su pequeño (digo, al menos lo hubiera ido a llevar a un orfanato, menos mal que a Shaka lo adoptaron en el templo). De nuevo una disculpa por la falta de información. :S
Ahora sí, este capítulo me hizo llorar lágrimas de sangre, no porque me costara hacerlo sino porque, literal, se me borró 95% del capítulo justo el día en el que lo acabé. Eso me hizo trabajar a marchas forzadas para reescribirlo, pensando que nunca quedaría tan bien como el original. Afortunadamente, trabajé lo suficientemente rápido como para que quedara casi igual y quedé muy satisfecha con el resultado.
Desde antes de iniciar este fic estaba muy inquieta con cómo resultaría este capítulo. Si seguía el canon de Lost Canvas tendría que incluir a Senkyou y la nueva mitología contrastaría mucho con el resto de los episodios de esta historia. Sin embargo, el de Dohko fue un Gaiden que me encantó. Sí, fue raro. Sí, el nombre de Tatoo me parece muy bobo, pero lo adoré porque nos mostró una línea diferente a la de los Santos de Atena. Hubiese preferido ver más de Dohko pequeño, pero la alternativa fue buena. Definitivamente no es el Gaiden mejor estructurado, pero sí me parece de los más emocionantes.
No estoy muy segura de a qué edad Dohko se convirtió en Taonia. Puede que sea un poco menor a los 11 años, pero realmente no me parece que haya entrenado por mucho tiempo con el dragón terrenal. No hay gran diferencia en su apariencia entre cuando se vuelve el Tigre Feroz y termina su entrenamiento con el dragón. Total, me parece que la edad exacta no está especificada y aprovecharé la libertad creativa. Ya que quedé tan satisfecha con este resultado, queda confirmado que haré un capítulo con Shion. Será emocionante y, aunque creo que no usaré mucho su Gaiden, su canon de Lost Canvas es bien, bien interesante.
Fue muy divertido trabajar con Hakuryu. Habla muy solemne y cursimente. Estoy pensando en hacer un fic con él o algún personaje semejante sólo para escribir más de esa forma jeje. Sus diálogos son en cursivas porque el dragón no habla. Sólo se comunica por telepatía (o algo así cursi).
Y bien, el siguiente capítulo será el del personaje que inició todo esto: mi hermoso Milo de Escorpio. Espero no meter la pata jaja! Muchísimas gracias a todos por su apoyo. Les deseo a todos un maravilloso 2016 que esté lleno de salud, dinero y amor.
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