NOTA: Este capítulo menciona escenas, situaciones y canciones de la película La novicia rebelde (el título original en Inglés es The Sound of Music); es una de mis películas favoritas, y quería, de alguna manera, agregarla a la historia. Si no la vieron, les aconsejo que lo hagan, porque es hermosa (un poco larga, pero no es aburrida en lo absoluto, es una película maravillosa y yo podría verla mil veces y jamás cansarme - de hecho, creo que la he visto al menos cien veces, y ahora mismo después de postear esto voy a ir a verla porque escribir el capítulo 82 me dio muchas ganas de hacerlo). Espero que les guste y que no les resulte un capítulo aburrido, ya que es distinto a otras cosas que he escrito hasta ahora.

Otra nota: Habrá otros capítulos sobre el pasado de los personajes. Habrá capítulos sobre el nacimiento de Tony y también sobre otas cosas que acontecieron en su vida, también habrá capítulos sobre la historia de sus padres, también habrá más información sobre la madre de Michelle y cómo reaccionó al enviudar, pero no los habrá por el momento, porque estoy reservando esos detalles para más adelante.

Tercera nota: La precuela de esta historia ya tiene su prólogo escrito, en el cual voy a ponerme a trabajar pronto para modificarlo y arreglarlo hasta que quede perfecto. Les aviso que su título será "Cuento de hadas caótico" y estará posteado pronto (no sé cuándo, pero tengo intenciones de que sea antes de fines de marzo). Ojalá les guste y entusiasme esta idea.

Cuarta nota: Muchísimas gracias por el hermoso mensaje que me dejaron ayer :)

Quinta nota: No hay una quinta nota en realidad, simplemente quiero que sepan cuánto aprecio que lean y dejen comentarios, porque vuelven la tarea de escribir muchísimo más gratificante.


Cuando me siento triste

Simplemente recuerdo mis cosas favoritas

Y luego ya no me siento tan mal.

Tu plan para el domingo es uno dulce y sencillo. Cuando la idea apareció flotando en tu cabeza noches después de que empezaras a tramar día a día el mes de diciembre, supiste enseguida que deberías reservarla para un fin de semana, porque de ese modo tendrían mucho más tiempo para disfrutar juntos y ambos estarían bien descansados.

Si alguna de tus hermanas, tus padres, o cualquiera que te conozca más o menos bien supiera que estabas entusiasmado por pasar la tarde del domingo viendo La Novicia Rebelde, habrían pensado que te volviste loco, que estas drogado o borracho, o que necesitás asistencia médica urgente porque un extraño, desconocido y letal virus se ha metido en tu sistema y está comiéndose tu cerebro como si fuera goma de mascar.

Eso es porque ellos no saben quién sos realmente detrás de ese montón de músculos. Sólo conocen pequeñas partes, sólo han visto pequeños destellos, no han vislumbrado del todo al hombre de carne y hueso que respira y siente dentro del robot. Podrán conocer más, podrán conocer menos, podrán haber visto ciertos costados que para los otros están ocultos y viceversa, pero nadie ha recorrido tu alma de punta a punta.

Bueno, casi nadie.

El verdadero Tony Almeida no es aquél que salva vidas, sabe manejar todo tipo de armas, entiende sobre computadoras y arriesga el cuello por su país y sus habitantes. El verdadero Tony Almeida es el hombre dulce, comprensivo y cariñoso que se vuelve un osito de felpa gigante bajo los efectos de los mimos de su novia y haría cualquier cosa para arrancarle una sonrisa gigantesca y verla feliz. El verdadero Tony Almeida es el que podría confeccionar una lista exacta de las pequeñas y grandes cosas que le hacen bien a la mujer que ama cuando está triste o se siente sola, esas cosas que la hacen reír y que le llenan el alma, esas cosas que la invaden de calidez, esas cosas que le provocan ternura, esas cosas a las que le encuentra significado especial.

El verdadero Tony Almeida es ése que solamente Michelle Dessler comprende, aquél al que adora con locura y por el que sería capaz de dar la vida, porque sabe que él también daría la vida por ella.

La Novicia Rebelde es una de las películas favoritas de tu mamá y también era una de las favoritas de tu abuela, por lo cual ambas decidieron tratar de hacer que sus hijos y nietos respectivamente absorbieran el amor que les inspiraba aquél clásico, algo que funcionó maravillosamente bien con tus hermanas, pero que jamás rindió fruto con vos o con tus hermanos (a pesar de que el interés mostrado por Christian, Ricardo y vos era mínimo, de todos modos vieron la película varias veces cuando eran chicos, en parte para complacer a tu mamá y en parte porque la trama no era realmente tan mala o tan aburrida como ustedes insistían lo era al quejarse).

Sucede que también es una de las películas favoritas de Michelle… tu Michelle. Tu Michelle, la que después de días difíciles en la CTU se relaja mirando dibujos animados y series viejas como ALF. Tu Michelle, a la que le encantan los films de Disney (y si son de los viejos, como La Cenicienta o La Bella Durmiente, mejor).

Tu Michelle, la que probablemente nunca tuvo a nadie que pudiera dedicarle el tiempo necesario para sentarse a su lado, acurrucarla en sus brazos, acariciarle la cabeza y compartir con ella las tres horas que dura la película. Tu Michelle, aquella por la que harías cualquier cosa, porque tu misión en la vida es verla feliz, secar sus lágrimas y robarle sonrisas tan brillantes que podrían iluminar una habitación entera con su resplandor.

Tu Michelle, aquella que merece que llenes su existencia con todas sus cosas favoritas, porque ella llena tu vida de luz, porque ella te rescató de ese pozo oscuro en el que estabas hundido, porque ella le da sentido a todo, porque ella es el aire que respirás, porque ella es tu Universo entero reducido en una sola personita.

En la mañana le preparaste el desayuno y luego la convenciste de que regresaran a tu departamento para llevar a Bonnie de paseo al parque antes de la hora del almuerzo. Se divirtieron viendo a la perrita correr y ladrar alegremente, tomaron un poco de aire fresco y luego volvieron con el tiempo justo para que prepararas una ensalada liviana y sencilla (siempre sin lechuga, porque a Michelle no le gusta la lechuga) para acompañar unas albóndigas que improvisaste en el momento mientras ella te miraba maravillada por tus dotes culinarias (no son la gran cosa, realmente, pero para alguien como ella es asombroso ver a cualquiera haciendo algo tan básico como hervir agua en una olla y luego echar un paquete de espagueti dentro).

Después del almuerzo ella se encargó de lavar y secar los platos (algo que solamente permitís que haga porque sabés que todo lo que tiene que ver con el orden y la limpieza le resulta relajante; caso contrario, no la obligarías a mover un dedo, y no te molestaría encargarte vos de tener tu departamento reluciente como un palacio sólo para tu princesa) y, después de enterrar dos cucharas en un frasco de Nutella, le propusiste ver una película para pasar el resto del domingo abrazados y relajados antes de que comenzara otra ajetreada semana en la CTU.

Su sorpresa fue realmente enorme cuando sacaste de debajo de almohadón del sillón la película que habías tomado sin que ella se percatara del estante de su casa donde tiene enfilada con prolijidad obsesiva su colección de DVDs y que luego habías escondido allí cuando estaba distraída lavando la vajilla.

Sus ojos se abrieron en expresión de asombro, una sonrisa incrédula curvó sus labios y una risita subió por su garganta, inundando el aire y acariciándote con delicadeza, como si sus manos estuvieran paseándose por tu alma, dejando allí su huella.

Devolviéndole la sonrisa y acomodando un bucle detrás de su oreja, le preguntaste:

"¿Querés que prepare pochoclo o preferís chocolates?"


Siempre tenés M&M's, tabletas de chocolate, monedas de chocolate, nueces bañadas en chocolate y galletitas Oreo al alcance de la mano en la alacena, porque son las golosinas favoritas de Michelle. Cuando regresás de la cocina con una bandeja llena de todas esas cosas, la encontrás acurrucada en el sillón, con las rodillas al pecho, la cabeza sobre las rodillas, envuelta en su manta favorita y sonriendo, con Bonnie hecha un ovillo a su lado en el que ahora es su rinconcito del sillón, porque ella también es parte de la familia.

"Última oportunidad de escaparte, Tony, antes de que presione 'comenzar' y estés atrapado conmigo en este sillón durante las siguientes tres horas escuchando a Julie Andrews y a siete criaturas cantando mientras pasean por toda Austria vestidos con cortinas viejas" Michelle te advierte, sosteniendo el control remoto en su mando y blandiéndolo como si fuera un arma peligrosa con la que podría dispararte a menos que le rogaras de rodillas que te ahorrara ese sufrimiento. En su mirada y en su sonrisa aun brilla un poco de esa incredulidad que se había mezclado con su inicial gesto de asombro, como si todavía le costara procesar que estás dispuesto a pasar todo tu domingo mirando un musical que dura más que cualquier otro film que conozcás.

Sonriendo ampliamente, depositás la bandeja en la mesita ratona frente al sillón y luego te dejás caer a su lado, envolviéndola con uno de tus brazos para acercarla un poco más:

"Michelle, no tiene gracia que me recuerdes todo el argumento antes de que veamos la película" la retás, fingiendo estar ofendido "Algunos no sabemos cada diálogo de memoria, como es el caso de otros" agregás luego, poniendo énfasis especial en la palabra 'otros' y señalándola con un gesto de la cabeza.

"¿Por qué algo me dice que entre esos 'otros' también se encuentra tu hermana?" inquiere, arqueando una ceja y mirándote con curiosidad, demostrándote una vez más sus increíbles capacidades de leer tus expresiones y tus palabras, de ver más allá de lo que decís, de separar tus frases y tus gestos y la manera en la que te expresás para encontrar cosas que otros no podrían encontrar o que no notarían porque no te conocen tanto o porque no tienen el maravilloso don que ella posee para mirar dentro tuyo sin necesidad de esforzarse.

"¿Cuál de todas?" preguntás, reprimiendo una risita ": ¿Eva, que a los diez años cortó las cortinas nuevas de la habitación de mi abuela para hacer vestidos?, ¿Fiona, que durante una larga etapa cantaba 'My favorite things' cada vez que llovía torrencialmente en Chicago?, ¿Gabrielle, que juntó moneda sobre moneda para comprarse un teatro de marionetas?, ¿o Martina, que puede recitar los diálogos de memoria, desde el primero hasta el último, sin un solo error, incluyendo todas las partes en las que cantan, y probablemente en los seis o siete idiomas que habla?"

Tu retoricismo teñido de dulce sarcasmo provoca que Michelle ría otra vez.

"Tu mamá ama la música, Tony; es natural que ame esta película, es natural que haya transmitido todo ese amor a sus hijas"

Es cierto pensás. Mi mamá ama esta película porque ama la música. Y así en menos de cinco minutos, con sólo una reflexión sencilla, Michelle te sorprende una vez más: ella no conoce a fondo a tu mamá, y lo poco que la conoce es una mezcla de detalles que se basan en lo que vos le contaste y lo que ella vio en Chicago (lo cual no te enorgullece, porque la actitud de tu mamá cuando visitaron Chicago los lastimó a ambos muchísimo). Sin embargo, Michelle trató de fijarse solamente en las cosas buenas, en las virtudes y no en los defectos (tamaño trabajo si los hay, porque en esos días de Noviembre tu mamá no dejó ver más que defectos, defectos que ni siquiera vos sabías tenía, porque no creíste si no hasta que lo viste con tus propios ojos y sentiste el dolor astillando tu corazón que sería capaz de fijarse en algo tan poco importante cuando se trata del amor como lo es la raza de una persona) y, de esa mujer que conoció hace un mes y que se mostró abiertamente en contra de su relación y de la inclusión de Michelle a la familia, hace un comentario amable sobre lo mucho que ama la música y lo natural que resulta que haya querido transmitir ese amor a sus hijas, cuando muchas otras mujeres se morderían la lengua antes de hablar de sus suegras y se atragantarían con el veneno o, lo que es peor, dejarían que todo ese veneno saliera de sus sistemas en forma de palabras despectivas e hirientes.

"¿Qué clase de fanática sos vos?" preguntás, acariciando su mejilla con el dorso de tu mano ": ¿la clase que hace vestidos con cortinas, la que canta cuando llueve, la que quiere tener marionetas como las de la película o sos de la clase que sabe línea por línea todo el argumento?"

"Digamos que soy una mezcla de las cuatro clases" confiesa, sonrojándote intensamente.

No podés evitar imaginar una versión pequeñita de Michelle Keiko Dessler, con esos mismos rulos indomables y su rostro lleno de pequitas, bailando y cantando frente al televisor sin un gramo de peso sobre sus hombros, sin una preocupación cerniéndose sobre su corazón. Pero esa imagen hermosa se estrella rápidamente, se hace añicos, cuando recordás que la infancia de Michelle estuvo signada por la falta de una figura paterna debido a que la muerte tocó esa puerta demasiado pronto, una abuela exigente y estricta que se deslomaba trabajando para mantener a la familia que su hijo había tratado de construir, un hermano mayor con muchas dificultades y una madre alcohólica que la abandonó luego de diez largos años regados de inestabilidad.

Tratás de quitarte esos pensamientos de la cabeza. Michelle no tuvo una vida fácil y le tocó afrontar mucho más de lo que otros tienen que enfrentar en cincuenta, sesenta, setenta años, pero ha llegado lejos a pesar de todo, ha llegado lejos y siendo una buena persona incluso cuando muchos creerían que de una madre bipolar que busca consuelo en el fondo de una botella no puede salir nada bueno, sino más bien todo lo contrario (no te gusta juzgar, no querés juzgar, pero Danny encaja más en el perfil de hijo de una mujer con problemas psiquiátricos: ataques de ira, alcoholismo, un intento de suicidio…). Lo peor ya pasó, lo peor ha sido dejado atrás (o al menos eso es lo que vos pensás); ahora ya no está sola, ahora tiene quién cuide de ella, quién la proteja, quién le arranque una sonrisa todos los días; tiene una persona dispuesta a escucharla hablar de lo que sea, dispuesta a secar sus lágrimas, dispuesta a soportar las cargas que debe llevar, dispuesta a ayudarla en todo; tiene a alguien que le ha prometido jamás dejarla sola, alguien que quiere curar sus heridas e impedir que viejas cicatrices vuelvan a abrirse, alguien que quiere llenar su existencia con sus cosas favoritas.

"¿Vos también usaste las cortinas de tu abuela para hacer un vestido?" inquirís, intrigado, sonriendo con dulzura y sin dejar de acariciar sus mejillas sonrojadas con el dorso de tu mano.

"Hubiera querido usar las cortinas de mi abuela para hacer un vestido, pero había un problema" contesta, devolviéndote la sonrisa.

"¿Cuál?"

"Mi abuela se hubiera enojado muchísimo si hubiera arruinado un juego de cortinas para hacer lo que probablemente habría lucido como una túnica estrafalaria y no un vestido" señala, como si fuera una obviedad.

"Presumo que no cometiste muchas travesuras cuando eras una nena" comentás, intentando dejar fuera de tu tono de voz la nota de amargura que sentís en el estómago al pensar que Michelle se crió en una casa donde no se podía escuchar música para no perturbar el descanso de su mamá luego de que vaciara dos o tres botellas en una noche, una casa donde ni la más inocente de todas las travesuras hubiera estado permitida, una casa donde abundaban los gritos y las peleas pero no las risas y los abrazos.

Tragás con dificultad, y tratás una vez más de empujar bien lejos esos pensamientos, tan lejos como posible.

"Mi abuela era demasiado estricta y exigente, el modo en que me crió no dejó mucho espacio a que hiciera travesuras" dice "Yo era un poco torpe y a veces me ganaba retos, pero siempre por cosas hechas sin intención, como cuando mi abuela trató de enseñarme a preparar gelatina y derramé toda la mezcla caliente en el suelo cuando estaba tratando de llevar el recipiente a la heladera"

Besás su frente y sus párpados, una risa suave llenando el aire, el roce de tus labios sobre su piel provocando que se sonroje un poquitito más.

"¿Tu abuela se enojó mucho?" inquirís, permitiendo a tus dedos jugar con esos bucles color ocre que resaltan entre sus muchos rulos azabache.

"Me costó una buena reprimenda, y tuve que limpiar el piso hasta que las baldosas de la cocina quedaran como espejos"

Hay algo en la naturalidad con la que lo dice que provoca que de pronto tu estómago se sienta pesado como si hubieran rellenado tus intestinos con plomo.

La abuela de Michelle se encargó de todo cuando las paredes se derrumbaron y lo único rodeándolos eran las ruinas de lo que sus vidas solían ser antes de que su hijo falleciera cuando nadie lo esperaba, de un día para el otro. Hizo lo mejor que pudo de la manera en la que supo hacerlo, cuidó de Michelle, la educó y trató de darle la posibilidad de explotar su inteligencia para que luego pudiera aprovechar su potencial y convertirse en la profesional que es ahora. Sin embargo, se te ocurre, tal vez sus métodos implicaban demasiada exigencia, tal vez eran demasiado estrictos, tal vez eran demasiado perfeccionistas, tal vez confundió la madurez y precocidad de Michelle y la trató como a un adulto, o tal vez simplemente no sabía cómo lidiar con una criatura con necesidades emocionales complejas y decidió ignorar que era apenas una nena y hacer de cuenta que estaba lidiando con un igual.

"¿Cuántos años tenías?"

"Seis"

Tragás con dificultad; un nudo se ha formado en tu garganta. Instintivamente, la estrechás con más fuerza, acariciando su brazo. La disciplina oriental es tan diferente a cualquier otra que conozcas… ¿Hacer que una criatura de seis años limpie el piso hasta que quede reluciente como castigo porque cometió el error de tropezar y volcar gelatina en el suelo? Para vos suena… cruel. No quiere decir que pienses que la abuela de Michelle era cruel, en lo absoluto. Sabés bien que era una mujer honrada y trabajadora que sacrificó sus últimos años de salud y trabajo de sol a sombra para darle a su nieta todo lo mejor, para ayudarla a entender que debía luchar y esforzarse arduamente para obtener recompensas en la vida. Sin embargo, que haya sido una mujer excepcional que aguantó hasta el final tratando de enseñar a su nieta cómo hacerle frente a las montañas gigantescas que van apareciendo a lo largo del camino, no quita que tal vez haya sido demasiado exigente, tan exigente que, sin intención de causar daño y creyendo que estaba haciéndole un bien, acabó contribuyendo a que Michelle se convirtiera en una persona incapaz de sentirse totalmente satisfecha porque siempre está con la cabeza bullendo, preguntándose cómo dar el siguiente paso para superarse, no por una cuestión de orgullo personal sino porque cree que jamás es lo suficientemente buena.

Su voz te sustrae de tus pensamientos y reflexiones enredados, y lo que te dice a continuación te hace sentir mal hasta el punto de que te ardan los ojos con lágrimas contenidas.

"Mi mamá se enfadó también; no le gustaba que hiciera renegar a mi abuela" explica "Estaba teniendo un mal día" la justifica, encogiéndose de hombros "y… em" el corazón se te contra cuando hace esa pausa, la incertidumbre te provoca calambres en el estómago, como si una mano invisible estuviera retorciéndote el alma "… tomó un cucharón del fregadero y me pegó en la cabeza" suelta de golpe "… sólo una vez" se apresura a aclarar, como si aquello hiciera diferencia alguna, como si aquello cambiara algo "Mi abuela se lo quitó antes de que pudiera volver a hacerme daño"

Tu imaginación actúa más rápido que tus mecanismos de defensa, y no podés escapar a los flashes que cruzan la pantalla gigante que hay en tu cabeza, proyectando una escena que si bien es difusa y confusa y teñida en tonos sepia presenta un cuadro que no puede ser errado: la madre de Michelle estaba lo suficientemente loca, lo suficientemente desequilibrada, lo suficientemente fuera de sí para atacar a los golpes con un cucharón a su hijita de seis años por haber hecho enojar a su abuela.

¿Cuántos malos momentos como ése habrá tenido que pasar ella? ¿Cuántas experiencias como ésa habrán quedado grabadas en su cerebro, grabadas a fuego y sin posibilidad de ser borradas? ¿Cuántas lágrimas habrá derramado Michelle debido a las actitudes impulsivas y agresivas de su madre? ¿Cuántas heridas siguen frescas como si hubieran sido infligidas ayer y no casi veinte años atrás?

"Michelle…" murmurás su nombre con dulzura, con delicadeza, casi como si temieras que tu voz pudiera lastimarla.

"Shhh" ella te acalla, acariciando tu rostro con suavidad y besando tus labios muy despacio "… No hace falta que digas nada, Tony" susurra, reposando su frente contra tu frente "Sé que mi mamá hizo las cosas lo mejor que pudo dadas las circunstancias. Hizo su mayor esfuerzo hasta que ni su cuerpo ni su cabeza estuvieron en condiciones de seguir aguantando"

Te conmueve muchísimo lo comprensiva que es. Te conmueve muchísimo lo madura que es. Te conmueve su sabiduría, su capacidad para aceptar las cosas, su capacidad para perdonar, para tratar de ver lo mejor en otros, incluso en su propia madre, que no sólo la abandonó sino que también – empezás a darte cuenta – la lastimó incontables veces, tantas que no querés ni imaginar cuántas habrían sido ni qué tan graves.

"Y a veces pienso que tal vez decidió irse porque temía salirse de control y causarme un daño más grave que una bofetada o un golpe en la cabeza con un cucharón" se encoge de hombros otra vez, sonriendo con una mezcla de angustia y nostalgia que provoca que te sientas impotente por no poder borrar todas esas memorias horribles, por no poder cambiar lugares con ella y darle una infancia hermosa (porque a pesar de todo la tuya fue una buena infancia) y evitar que tenga que sufrir prácticamente desde el comienzo de su vida "Me consuela saber que ella y mi papá me consideraron una bendición y que las cosas podrían haber sido distintas si él no hubiera muerto, si él hubiera podido cuidar de nosotros"

Claro que hubiera sido todo distinto es el pensamiento que no podés retener, el pensamiento que se cuela por entre la maraña de emociones que te embotan la cabeza. Claro que todo hubiera sido muy, muy diferente.

"Tu papá estaría orgulloso de vos, Michelle" susurrás, besando su frente "Yo estoy profundamente orgulloso de vos"

Sus labios y tus labios se rozan al mismo tiempo, haciendo imposible saber quién es aquél que ha comenzado lo que poco a poco se transforma en un beso suave y lento cargado de dulzura.

"No creas que no sé lo que estás tratando de hacer, Almeida" murmura contra tu boca cuando ambos se separan lo suficiente para permitirse tomar algo de aire; sus manos acarician muy despacio tu rostro, repasando las yemas de sus dedos tus facciones cuidadosamente como si estuviera tratando estudiarte de memoria (en realidad, ya su tacto te conoce de memoria) y su sonrisa devela que lo que está a punto de decir carecerá de seriedad ": estás tratando de distraerme para zafarte de ver la película" suspira, recorriendo tu cabello con su otra mano ", pero te aviso desde ya que no va a funcionar"

Robás un último beso, mordiendo su labio inferior con muchísimo cuidado, disfrutando de cada segundo, perdiéndote en ella y en tu necesidad de simplemente demostrarle con pequeños gestos cuánto la adorás y lo mucho que te importa verla feliz, lo mucho que te importa hacerla feliz, lo mucho que te importa lograr que se sienta cuidada, protegida y contenida, lo mucho que deseás llenar los días que vivan juntos con sus cosas favoritas.

Cuando del beso sólo quedan las palpitaciones de tu corazón haciendo eco en tus labios, se acurrucan a un costado del sillón, entrelazados en un abrazo abrigado, ella con su cabeza reposando sobre tu hombro, una de tus manos dibujando círculos en su espalda.

"Debo advertirte algo, Chelle" le decís, segundos después de que ella presiona el botón de 'comenzar' y el gigantesco logo de la 20th Century Fox llena la pantalla imponente y luminoso ": algunas partes me emocionan mucho, y no puedo evitar ponerme a cantar" sabés que tus palabras logran el efecto deseado al escuchar la risita que sube por su garganta y llena el aire "A veces incluso bailo…" continuás, con la esperanza de provocar otro ataque de risa, con ganas de hacer que olvide la mención de su mamá y cualquier memoria triste que como consecuencia haya surgido.

"Sos terrible, Almeida" dice, la sonrisa aun plasmada en su rostro, sus labios aun curvados volviendo sus facciones exóticas terriblemente más bellas.

"Y vos sos adorable, Dessler" susurrás cariñosamente en su oído, depositando un beso en su cabeza al tiempo que la película comienza.


Campos de un verde intenso, montañas que parecen pintadas de un celeste muy suavecito y decoradas con una pincelada de hielo, un cielo azul profundo que invita a zambullirse como si se tratara de un versión del mar que se encuentra fuera del alcance de cualquier mano humana, el pasto de un color tan vivo que hasta puede sentirse el perfume de la naturaleza inundando la pequeña sala de estar de tu departamento. Ése es el primer cuadro del film y representa, con una exactitud que pocas cosas logran cuando tratan de encerrarla en una imagen o un sonido, la libertad.

"Cuando seamos viejitos podríamos mudarnos a un lugar como Austria, rodeado de montañas…" comentás, pensando en lo hermoso que sería pasar los últimos años de tu vida – una vez retirado de tu labor sirviendo a la patria, cuando tu cabello azabache esté teñido de blanco, los hijos que planeás tener hayan crecido y seas el orgulloso abuelo de los que serán tus nietos – alejado de todo, en medio del campo, respirando aire puro, la tranquilidad y la paz que no se encuentran en la ciudad invadiendo cada rinconcito del hogar que entre los dos pueden construir, un hogar pequeñito pero lleno de amor.

Ella pausa la película para poder mirarte a los ojos y decirte con una honestidad profunda empapando cada sílaba:

"No me importa dónde vivamos siempre y cuando tengamos la oportunidad de envejecer juntos. Así que si te gusta Austria, si querés que compremos una cabaña en el medio de la nada, por mí está bien" y luego agrega "Sólo me interesa estar con vos"

"No sé dónde estaremos dentro de cincuenta años, Michelle: quizá en Los Angeles, quizá en Austria, quizá en Japón" te encogés de hombros "… Quizá la NASA comience a construir edificios en la luna y con todos nuestros ahorros compremos un departamento con vista a Neptuno" ambos ríen; te encanta el sonido de su risa, es definitivamente una de tus cosas favoritas en este mundo, y no podrías imaginar tu existencia sin escucharla todos los días recordándote que no hay música más hermosa que aquella que forman las notas más sencillas "… Lo que sé muy bien" continuás, acariciando su rostro con la yema de tu largo dedo índice "es que vamos a envejecer juntitos"

Deja en pausa la película durante otro minuto, un minuto que se hace eterno cuando tus ojos encuentran a sus ojos y tu mirada y su mirada se conectan, hablando sin hablar, reemplazando palabras por sensaciones, disfrutando de la calidez que se expande de una punta a otra de sus cuerpos ante la perspectiva de estar unidos el uno al otro hasta respirar por última vez, la perspectiva de seguir unidos incluso después de la muerte, para toda la eternidad.

Vuelve a reposar la cabeza en tu hombro, y esta vez entrelaza los dedos de su mano con los dedos de tu mano, representando con un gesto aquella conexión que existe entre ambos, aquella conexión inexplicable e invisible que nadie puede entender, esa conexión que sólo ustedes comprenden.

Es esa conexión la que les asegura que, ocurra lo que ocurra, sea lo que sea aquello que el destino les depara, se tuerzan los caminos para un lado o para el otro, los lleve el destino a donde sea que debe llevarlos, ustedes dos van a envejecer juntos.


"Si mi mamá hubiera sido la madre superiora de este convento, no habría tenido tanta buena voluntad y paciencia con una novicia como María" señalás cuando llega la escena en la que la madre superiora de la abadía trata de convencer a las otras monjas de que María es una 'buena oveja' y que solamente necesita paciencia, amor y disciplina para encaminarse en el noviciado.

"Mi abuela tampoco" Michelle comenta, chasqueando la lengua y riendo suavemente.

"Me gusta la parte de esta canción que dice '¿Cómo encontrar una palabra que defina a María?'" decís de pronto, segundos después de que el coro de hermanas religiosas cante ese pedacito.

"¿Por qué?" Michelle se interesa en saber, pausando la película una segunda vez para poder darte su atención completa.

Encogiéndote de hombros como si le restaras importancia, elaborás:

"Porque me recuerda muchísimo a lo inútil y analfabeto que me siento cuando trato de encontrar una palabra que te defina a vos, pero nunca lo logró, nunca tengo éxito, todos los adjetivos que se me ocurren no resumen lo que sos para mí"

No necesitás mirar su rostro para saber que se ha sonrojado violentamente, pero de todos modos lo hacés, porque adorás ver el intenso color carmín en sus mejillas.

Chasqueás la lengua como hacés siempre que estás a punto de decirle algo que sabés puede derretirla como si fuera un cubito de hielo expuesto a los rayos del sol:

"Aunque, pensándolo mejor quizá no exista una palabra que te defina, Michelle" concluís.

Oís un suspiro acariciar tu piel, provocando que te estremezcas como pocas veces te has estremecido bajo los efectos de su respiración acariciando tu cuerpo:

"Se me ocurren varias palabras que me definen, en realidad…"

"¿Ah, sí?" te interesás en saber qué es aquello que ella tiene para decir al respecto, porque tu corazón sabe bien que cualquier frase que esté a punto de estrellarse contra tus oídos va a causar que vos te derritas como un insignificante cubito de hielo que ha quedado abandonado a su suerte en el cemento hirviendo de la acera en el mediodía más caluroso del verano.

"Sí, once, para ser exacta" afirma Michelle, sonando segura y convencida.

"¿Y cuáles son?" inquirís, arqueando una ceja y con una media sonrisa jugando a jalar las comisuras de tus labios.

Su respuesta te deshace de la manera más linda, como si tu alma fuera algodón de azúcar que puede romperse con los dedos sin hacer el mínimo esfuerzo:

"'Persona más feliz del mundo porque el hombre perfecto la ama'"


El film es pausado por tercera vez, la imagen congelada en la pantalla aquella de Julie Andrews sumergida en su personaje, María, observando el convento por última vez, con una valija en una mano y el estuche de su guitarra en la otra, lista para emprender viaje rumbo a casa del Capitán, de cuyos siete hijos ella será institutriz, un mundo desconocido abriéndose delante de ella como un abanico de colores.

"¿Por qué sonreís?" preguntás a Michelle, lleno de curiosidad.

"Es imposible mirar esta película y no sonreír" resume ella, encogiéndose de hombros como si le quitara peso al asunto.

"Debería reformular mi pregunta, entonces, agente Dessler" decidís, con un suspiro ": ¿por qué de pronto estás sonriendo aun más que antes?, ¿por qué de pronto tus ojitos brillan muchísimo más?"

"Esas fueron dos preguntas, agente Almeida" señala, al tiempo que su sonrisa se acentúa aún más.

"Me conformo con que contestes a ambas con una sola respuesta"

Michelle suspira. Es uno de esos suspiros largos y dulces que anteceden a conversaciones a corazón abierto, esas conversaciones en las que uno de los dos vuelca lo que lleva en el alma y el otro escucha atentamente, listo para barrer las lágrimas que puedan empezar a caer, listo para sanar heridas que se reabren.

Ella se toma su tiempo para buscar una posición más cómoda, y entre un movimiento y otro termina sentada sobre tu regazo, tus brazos envolviéndola, tu cabeza reposando sobre su hombro, tu rostro enterrado en el cálido hueco de su cuello.

"Esta canción me trae recuerdos" comienza "Recuerdos de cuando empecé a tratar de hacerle frente a toda la angustia que me provocaba sentirme sola, desamparada y dejada de lado en la escuela, al menos un poquito; no metiendo los sentimientos en una cajita dibujada en un pedazo de papel para evitar largarme a llorar delante de mis compañeros y esperar a llegar a casa para encerrarme en mi habitación y estallar en llanto abrazada a la almohada" elabora "sino tratando de ver cosas buenas en mí misma, aunque yo creyera que existía muy poco en mi que podría llegar a valer la pena"

Te parte el alma en mil pedazos escucharla decir eso, te destroza. Todo ese sufrimiento, ese rechazo, el abandono de su madre, la discriminación… ¿Por qué ella tuvo que sufrir todo eso? ¿Por qué ella tiene esos fantasmas persiguiéndola? ¿Por qué ella tuvo que llorar cuando era una nena porque no se sentía ni querida ni aceptada?

Pero lo que importa realmente es que su futuro va a ser distinto. Lo que importa es que ahora te tiene a vos para cuidarla y mimarla, para compensar con sonrisas todas esas horas manchadas con llanto. Ahora ella te tiene a vos para llenar cualquier vacío, para regalarle sonrisas y besos todos los días, para enseñarle lo que es la magia, para mostrarle todas las cosas lindas que pueden hacer y descubrir juntos, para ayudarla a verse como la mujer hermosa que es y convencerla de que jamás fue un patito feo.

"Todas las mañanas antes de ir al colegio me miraba en el espejo de cuerpo entero de mi abuela, ése que ahora tengo en mi habitación, y trataba de hacer de cuenta que el reflejo que devolvía no era el de un patito feo, y cantaba el pedacito de esta canción que dice 'Tengo confianza en que el mundo puede ser todo mío'. Esos días me sentía mejor antes de ir a la escuela"

Confianza, confianza es algo que a ella realmente le hizo falta cuando era una criaturita a la cual el destino había arrojado en el medio de un camino lleno de montañas que se alzaban delante suyo, aprisionándola. Confianza, confianza para afrontar cada día, para afrontar los problemas diarios, confianza para aprender que lo que otros dijeran de ella no debía afectarla, confianza para caminar con la cabeza en alto a pesar de ser distinta. Confianza, un poco de confianza, era lo que ella buscaba cada mañana al entonar el pedacito d esa canción, queriendo ayudarse, darse un empujoncito, porque los adultos a su alrededor probablemente estaban demasiado ocupados para notar que ella precisaba ayuda, que ella precisaba que le enseñaran a confiar.

Besás su cuello varias veces, con delicadeza y dulzura, y la estrechás con un poquitito más de fuerza. Querés que sepa que estás ahí, que no vas a irte jamás, que sos real, que ella es real, que sos tan suyo como ella es tuya y que nunca vas a dejar de serlo.

"El mundo puede ser todo tuyo, Michelle" murmurás "Creo que en el fondo siempre supiste que con tu cerebro brillante, tu buena voluntad y tu esfuerzo llegarías muy, muy lejos; por eso trabajaste tan arduamente para lograr convertirte en la mujer que sos ahora, y por eso seguís intentando superarte día a día para alcanzar todas las metas que te propones"

"Siempre supe que Dios compensó mi falta de autoestima en lo referente a mi imagen con inteligencia; por eso me centré tanto en mis estudios"

Esa falta de autoestima, quiero hacerla desaparecer pensás. Voy a hacerla desaparecer jurás, como muchas otras veces lo has jurado.

"Pero lo que yo anhelaba era tener un mundo propio, un mundo en el que nadie pudiera lastimarme o hacerme daño con sus acciones o sus palabras, un mundo en el que me sintiera importante, pero por sobre todas las cosas, amada y feliz. Todo lo que yo quería era un mundo hecho de cosas sencillas que me reconfortaran"

Un mundo como el que tenemos nosotros dos, un mundo como el que construimos juntos pensás, y no podés evitar sonreír al darte cuenta nuevamente de que todo lo que ella siempre quiso y necesitó lo encontró en vos, gracias a vos, gracias al amor incondicional que le das, ese amor que demostrás con cada uno de tus gestos y que puede sanar cualquier herida y ayudarla a superar cualquier adversidad.

"Mi carrera, lo rápido que avancé, todo eso no me trajo verdadera felicidad: simplemente me dio algo de lo que agarrarme, algo con lo que obsesionarme para concentrar toda mi energía en eso y no morir ahogada en mi angustia y en mi soledad"

Nunca más vas a tener que sentir ese frío que sólo se asocia a la soledad le prometés silenciosamente, diciendo aquello que en palabras no podría ser puesto besando su hombro, resumiendo con el tacto de tus labios sobre su piel una gran cantidad de emociones inexplicables que no sabrías cómo expresar adecuadamente. Nunca vas a volver a sentir que te ahogas en la angustia, nunca vas a volver a verte en la necesidad de aferrarte a tu trabajo para sostenerte, para no caerte, para no sucumbir al dolor, porque yo no voy a permitir que estés otra vez sola, no voy a permitir que la tristeza te consuma.

Ella sigue hablando, su voz llenando el silencio en el que ha caído la habitación, su voz llenando tu alma, su voz acariciándote con la misma dulzura y delicadeza que puede encontrarse en sus facciones de muñequita oriental.

"Ese mundo sólo mío donde nadie puede hacerme mal, donde soy especial y me siento cuidada y querida, donde soy feliz, donde me siento completa y no necesito agarrarme de nada porque no temo caerme en un pozo lleno de todo lo que alguna vez me lastimó, es el mundo que construimos juntos, el mundo en el que estamos sólo nosotros dos y que nadie puede destrozar porque nada es más fuerte que el amor que me hacés sentir"

Ella sabe bien que siempre vas a protegerla, que es especial, que vas a cuidarla y a quererla pase lo que pase, que vas a cumplir siempre tu promesa de hacerla feliz, que vas a sostenerla para que nunca caiga y que tu amor siempre va a ser la cura para cualquier mal porque es más fuerte que cualquier otra emoción. Ella lo sabe, sabe bien que no vas a permitir que ese pequeño mundo que les pertenece a ustedes dos y del que nadie más puede formar parte sea derrumbado. Sabe bien que amás ese mundo en el que sólo ustedes dos viven con la misma locura con la que la amás a ella.

Sabe bien que en vos encontró todo lo que siempre buscó, todo lo que necesita. Sabe bien que te hace feliz que Dios te haya elegido a vos para ser el que le roba sonrisas, el que la acuna hasta que se queda dormida, el que espanta las pesadillas, el que le regala los días más hermosos, el que con sus besos remedia cualquier mal, el que le da significado a su existencia, el que le recuerda lo especial y maravillosa que es, el que le dio la oportunidad de tener un verdadero hogar.

No hace falta que nada más sea dicho, porque los dos se entienden sin palabras. Por eso simplemente besás sus mejillas otra vez, la abrazás y con cuidado te recostás en un costadito del sillón, con ella aun envuelta en tu cálido abrazo.

Su pulgar presiona uno de los botones del mando a distancia, y la película se reanuda. La canción comienza a sonar, y, al prestarle atención a la letra, te das cuenta de que es verdaderamente hermosa y esperanzadora, mucho más de lo que recordabas. Sin embargo, te genera una enorme y satisfactoria sensación de orgullo saber que ahora Michelle puede recurrir a vos cada vez que necesite un poco de confianza, cada vez que necesite sentirse especial, cada vez que necesite que le roben una sonrisa, cada vez que necesite sentirse como una princesa.


"Cuando era chiquito esta parte siempre me aburría mucho" comentás, cuando llega el momento en el que Liesl se escapa de la cena con excusas para encontrarse en los jardines de la mansión con Rolf, un joven mensajero del que está enamorada.

"A mi también me aburría cuando era chiquitita, pero a medida que fui creciendo, cada vez que volvía a ver la película me fascinaba un poco más el significado de lo que Liesl dice a Rolf: ella quiere que él la cuide y la proteja y siente que depende de él…"

No podés evitar interrumpirla.

"Sin embargo él la traiciona. Traiciona a su familia" señalás. Puede que esta no haya sido tu película favorita cuando eras chico, puede que no recuerdes todos los detalles, puede que haya escenas que has olvidado o que en tu memoria se presentan borrosas, pero sí recordás muy bien que el jovencito termina haciendo pedazos el corazón de la hija mayor del Capitán, principalmente porque la mayoría de la información que absorbiste sobre los temas que se tratan durante las casi tres horas que dura es aquella que tiene que ver con los asuntos relacionados a la Segunda Guerra Mundial.

Es este comentario el que lleva a Michelle a pausar la película otra vez. Muchas mujeres encontrarían terriblemente molesto ver un film pausándolo cada quince minutos para comentar algo, pero ella no: le encanta tanto como a vos tener la posibilidad de discutir aspectos de la trama o compartir memorias que van surgiendo a medida que la historia se desarrolla; es lo más lindo de pasar la tarde acurrucados en el sillón frente a la pantalla del televisor, hundidos en un clásico (un clásico que de chico odiabas, pero al que ahora estás prestándola atención y estás descubriendo que es realmente tan maravilloso como tu mamá dice).

"Sí, es cierto: Rolf comete un error y lastima a Liesl" Michelle admite "Pero lo que realmente me gusta de esta canción es la dulzura con la que Liesl habla de su primer amor y toda la fe y esperanza que pone en su promesa de cuidarla, incluso hasta el último segundo, incluso hasta cuando ya es evidente que Rolf tiene intención de traicionarlos. Me fascinaba que ella lo amara tanto como para estar dispuesta a perdonarlo si él a último momento decidía escaparse con ellos; no comprendía cómo era posible que esa fe y esa esperanza no murieran, que aun en el final siguiera mirándolo con un poco de esa misma adoración y admiración con las que lo mira ahora …"

"Siempre tendemos a creer lo mejor de las personas que amamos, siempre tendemos a ver lo mejor en ellas, siempre queremos rescatar lo bueno, siempre tratamos de ignorar lo malo" resumís "En nuestros ojos, son seres perfectos, y no hay defecto – por más grande que sea – que pueda volver menos brillante la luz con la que los miramos"

Antes no creías en eso – así como tampoco creías en otro montón de cosas -, pero ahora sí lo hacés. Porque sabés bien que el amor verdadero, el amor puro, ese amor inocente que nunca pierde fuerza, impide que sean vistos los defectos de la persona que se adora. Para vos Michelle es perfecta, absolutamente perfecta, y no hay en ella cosa alguna que cambiarías (solamente te gustaría poder ayudarla a tener un autoestima más sano y a quererse a ella misma mucho más de lo que se quiere ahora): para vos Michelle está hecha a tu medida, está hecha para completarte, para complementarte, y donde otros quizá podrían ver faltas (realmente no se te ocurre cómo, porque ella es un ángel) vos no ves nada, absolutamente nada. Y estás seguro de que a ella le pasa lo mismo: entre la madeja de defectos que cargás en la espalda, ella no ve otra cosa que no sea perfección, porque está enamorada de vos, porque vos sos su complemento, porque vos sos su otra mitad, su mejor mitad.

Y como si ella pudiera leer tu mente (a veces pensás que sí tiene esa capacidad) escoge las siguientes palabras que se deslizarán por entre sus labios para espejar exactamente lo que estás sintiendo, lo que estás pensando:

"Eso sólo pude comprenderlo tiempo después, cuando encontré a la persona a la cual adorar y admirar y de la cual depender, esa persona que puede guiarme y aconsejarme y cuidar de mí. Sólo cuando me enamoré de verdad pude comprender lo que la canción realmente significa y por qué Liesl sigue creyendo que Rolf va a cambiar incluso en el segundo previo a que delate dónde ella y su familia están escondiéndose: el amor es una emoción tan poderosa y consume tan avasalladoramente a quien la siente que así como te convierte en dependiente de una persona y te lleva a admirarla y adorarla con locura, también le da a tu alma el don de perdonar lo que otros considerarían imperdonable y la voluntad de dar tantas oportunidades como hagan falta"

"Michelle, yo nunca voy a darte motivos para que tengas que hacer uso de esa fuerza que da el amor para perdonar lo que otros pensarían es imperdonable" susurrás, dibujando círculos en su espalda y disfrutando de la sensación de los latidos de su corazón contra la palma de tu mano "Nunca voy a traicionarte, nunca voy a decepcionarte… jamás. Ninguna de mis promesas es vacía: voy a pasar el resto de mi vida asegurándome de estar cumpliéndolas al pie de la letra. Lo que me quede de existencia, voy a dedicarlo a encargarme de que vos estés bien y de que nunca tengas que derramar una lágrima más, mucho menos por mi culpa" suspirás "La confianza que nos tenemos el uno al otro, la admiración y la adoración… no voy a dejar que nada quiebre eso, no voy a dejar que tu corazón tenga que sentir el dolor de verse roto en mil pedazos…"

"Lo sé, Tony" ella murmura "Nunca vas a permitir que nada de eso suceda, porque me amás" esta vez es de su boca que escapa un suspiro "Esa es la diferencia entre la historia de alguien como Rolf y alguien como Liesl, y nuestra historia: él simplemente estaba jugando con ella y no le importó partirla en pedazos con su actitud, y ella quedó destrozada porque estaba perdidamente enamorada de él y ese amor la cegaba y le impedía ver lo que cualquier otro había visto. Ellos no eran almas gemelas, no eran dos mitades de un entero"

Pero nosotros sí lo somos. Te es imposible reprimir una sonrisa. Nosotros somos dos mitades de un entero, nosotros somos almas gemelas.

"Había amor verdadero, pero sólo lo sentía ella" Michelle sigue elaborando su reflexión "En nuestro caso, los dos estamos enloquecidos el uno con el otro, los dos somos la pieza que completa el alma del otro. Jamás podríamos causarnos daño…"

Antes de que pueda completar la oración, vos lo hacés por ella.

"… Porque lo que te duele a mí, me duele a vos…"

Y antes de que vos puedas agregar otra palabra, ella te interrumpe, dando forma con su voz a las que se quedan perdidas para siempre en tu garganta:

"… Y lo que te duele a vos, me duele a mí"

Siguen mirando la película en silencio, felices uno en los brazos del otro, sus corazones latiendo al unísono, sus palpitaciones sincronizadas.


En determinado punto volvieron a cambiar de posición, y ahora vos estás sentado contra el respaldo del sillón, totalmente relajado, mientras Michelle se haya hecha un ovillo a tu lado, recostada en el sillón, con su cabeza descansando sobre tu regazo, sus rulos siendo revueltos cariñosamente por tus inquietos dedos.

"Amo esta canción, me pone de buen humor y me da ganas de sonreír" Michelle comenta cuando llega la parte en la que, asustados por la tormenta, las siete criaturas aparecen en el cuarto de María y ella los calma enseñándoles a pensar en sus cosas favoritas cada vez que algo los angustia.

"Ya lo sé" admitís.

"¿Cómo lo sabés?"

Nuevamente la película es pausada. Una sonrisa jala las comisuras de tus labios tratando de tirarlas hacia arriba, y finalmente cedés y permitís que una sonrisa aparezca en tus facciones.

Con ojitos brillantes y el rostro teñido de un fuerte tono rojizo, explicás en voz baja:

"Cuando limpiás el departamento siempre cantás en voz muy, muy bajita, casi imperceptible, y a mi me gusta hacer todo lo posible para escucharte disimuladamente" respirás hondo y exhalás "Cantás 'My favorite things' muy seguido, especialmente cuando tuviste un buen día o cuando está lloviendo"

"Me encanta que notes todos esos detalles chiquititos en los que nadie más se fijaría" Michelle dice.

"Me encanta notar todos esos detalles chiquititos en los que nadie se fijaría porque es así como descubro tus cosas favoritas y puedo pensar en sorpresas que te arranquen sonrisas hermosas como la que tenés ahora" confesás, inclinándote hacia adelante, doblando tu cuerpo para que tu boca quede cerca de su oído, para poder hablarle en susurros cargados de dulzura.

Ella se acomoda otra vez, yaciendo ahora sobre su espalda y no sobre su costado, para poder mirarte a los ojos cuando murmura con una sonrisa tímida que va de una oreja a la otra y sus mejillas regordetas nuevamente sonrosadas:

"Vos sos definitivamente mi cosa favorita en el mundo"

"Creo que vos también estás en mi lista" comentás como quien no quiere la cosa, fingiendo indiferencia, fingiendo restar importancia al asunto, haciendo de cuenta que estás hablando de algo totalmente trivial y poco interesante.

"¿Ah, sí?" Michelle te presiona, sonriendo aun más y pretendiendo ofenderse.

"Sí" chasqueás la lengua otra vez y te encogés de hombros "El baseball ocupa el primer lugar, por supuesto"

"¿Ah, sí? Si el baseball ocupa el primer lugar, ¿yo qué lugar ocupo?" inquiere, arqueando una ceja para expresar curiosidad.

"Em… Dejáme pensar…" fingís una mueca de total, absoluta, profunda concentración "Futbol, la música, dormir la siesta, el bizcochuelo de chocolate, las películas de acción" enumerás "…, el asado, los videojuegos, el dulce de leche, el pan con manteca… Todas esas cosas vienen primero" concluís "Creo que vos estás por la mitad, en algún lugar entre las carreras de Fórmula 1 y la comida italiana"

"¿Ah, sí?" la voz de Michelle se agudiza, pretende estar verdaderamente ofendida.

"Sí, ¿por qué el tono de sorpresa?" preguntás, como si no tuvieras ni idea de lo que está 'molestándola'.

"Por nada" contesta, frunciendo el ceño y también los labios "Simplemente pensé que yo también era la primera de todas tus cosas favoritas"

Dicho esto, vuelve a acomodarse en la posición en la que estaba antes, yaciendo sobre su costado, de cara al televisor y, sin agregar ninguna otra cosa y dejando que vos elijas en qué momento poner fin a este pequeño juego que ambos saben cómo terminará, vuelve a presionar el botón de 'comenzar', permitiendo que la película se reanude en el punto exacto donde había quedado suspendida.

"Michelle…" llamás su nombre con dulzura, pasado un minuto entero que podrías jurar se ha sentido como una eternidad.

"¿Mmmh…?"

Volvés a inclinarte hacia adelante, tu boca en su oído, con la intención de dejar que el susurro más tierno del mundo exprese una verdad irrefutable que va acariciar su alma con la misma delicadeza con la que tus manos siempre acarician su piel:

"Vos sos definitivamente mi cosa favorita en el mundo"

De eso se trata este domingo, realmente, de eso querías que se tratara cuando se te ocurrió planearlo: compartir con ella sus cosas favoritas, como esta película que tanto te gusta y que vos estás redescubriendo, mirando con otros ojos porque te interesa entender en profundidad aquello que a ella le fascina tanto.

De eso va a tratarse el resto de su vida, has decidido ya hace bastante tiempo (mucho antes de que pudieras admitirlo, en realidad): llenar su existencia con sus cosas favoritas, sean éstas verdaderamente grandes o verdaderamente pequeñas; llenar su existencia de esas cosas que le hacen bien cuando está triste o preocupada, compartir con ella esas sencilleces que le dan a la vida un sentido aun más hermoso.


"¿Tan poco importante es la nota La?"

La pregunta nace de los labios de Michelle y está acompañada por la presión de su pulgar sobre el botón de pausa, una vez más, deteniendo la película a mitad de una de sus partes más famosas y emblemáticas: la escena en la que María enseña a los hijos del Capitán las notas musicales para ayudarlos a aprender cómo cantar, mencionando desde el Do hasta el y dándole a cada una de ellas una característica propia para que puedan distinguir unas de las otras.

"¿A qué te referís?" inquirís, sin comprender a dónde quiere llegar con su interrogante.

"No entiendo mucho de música, pero siempre me llamó la atención que en esta canción todo lo que dice de la nota La es que es la nota que sigue a Sol. ¿Tan poco importante es, que no pudieron encontrar algo más para definirla, algo que no sea su ubicación en la escala musical?"

No podés evitar la risa que te provoca esa observación casi infantil (es que, probablemente, aquello sea algo que observó cuando era una nena pero que recién ahora puede compartir con otra persona porque nunca antes tuvo con quién hacerlo).

"Sos adorable, Michelle" es todo lo que decís en respuesta a su inquietud.

"¿Por qué?" frunciendo el ceño y mirándote intrigada, se incorpora otra vez hasta quedar sentada a tu lado, esperando a que le expliques el motivo por el cual elegiste responder a su interrogante diciéndole que es adorable.

"Porque te fijás en todas esas cosas chiquititas que el mundo entero pasa por alto, porque le das importancia a todo, porque sos terriblemente detallista, porque prestás atención a todo…" comenzás a enumerar, pero ella te interrumpe.

"Eso no contesta a mi pregunta" señala. Vuelve a formularla otra vez ": ¿es La una nota insignificante y por eso en esta canción la nombre como 'la nota que sigue a Sol'?"

Su curiosidad es genuina, no es simplemente una observación caprichosa. Te preguntás si ha tenido este interrogante dando vueltas en la cabeza desde la primera vez que vio la película y notó que La recibía una descripción vaga y no tan poética como las otras seis notas. Conocés muy bien a Michelle, por eso algo te dice que tu presunción es acertada.

No te importa que ella no sepa nada sobre música cuando vos fuiste criado en un hogar en el que se respiraba música. Vos sí sabés, sabés mucho (mucho más de lo que admitirías delante de cualquiera), y eso basta, porque si Michelle te lo pidiera, si ella quisiera, le explicarías desde el principio cosa por cosa, paso a paso, con infinita paciencia, para que pueda entender todo eso que escapa a su conocimiento y que sabés le encantaría comprender (varias veces ha mencionado que se siente frustrada porque no sabe tocar ningún instrumento, y te encantaría poder hacer desaparecer esa frustración). No te parece tonto que no sepa si hay notas más o menos importantes, no te parece tonto que quiera quitarse la curiosidad, no te burlarías de ella por eso jamás.

"Todas las notas son igual de importantes e igual de necesarias" explicás "Si faltara una de ellas, sería imposible hacer música. No hay notas más importantes que otras"

"Amo esta película, pero esta canción hace parecer a La una nota insignificante para los que no entendemos de música" comenta, recostándose otra vez, hecha un ovillo a tu lado, y reposando la cabeza sobre tu regazo.

"Creo que el hecho de que te hayas fijado en que en la canción le dan, de alguna manera, menos categoría que a las otras seis notas es suficiente para hacer resaltar a La" decís, acariciando su cabeza, permitiendo a tus dedos enredarse en sus bucles.

"Tony, sos adorable" Michelle murmura, usando palabras parecidas a las que vos utilizaste un ratito atrás.

"¿Por qué?" esta vez sos vos el que roba una frase antes salida de su boca para contestarle.

"Porque me seguís la corriente siempre, incluso cuando hago comentarios sin sentido y reflexiono sobre nimiedades" contesta, con un dejo de vergüenza tiñiendo su tono de voz con la misma intensidad con la que el color rojo tiñe sus mejillas.

"Todos tus comentarios me parecen interesantes y no creo que tus reflexiones caen sobre nimiedades, Michelle" susurrás con dulzura, acariciando su espalda con delicadeza "Considero seriamente todas las cosas que tenés para decir"

Con otro leve movimiento del pulgar sobre el botón correcto, la película se reanuda, la historia sigue desenvolviéndose, la música vuelve a llenar el aire. Y esta vez La ya no es simplemente esa nota que sigue a Sol: esta vez La es la nota más importante – o al menos es la más importante para vos, es la más importante en tu mundo – porque cualquier cosa que ella note, cualquier cosa a la que ella le preste atención, cualquier cosa que ella destaque o resalte, para vos cobra inmediata, absoluta importancia, aunque otros puedan pensar que es algo totalmente insignificante, tonto y hasta infantil.

La podrá ser para el autor de esta canción la nota que sigue a Sol, pero para vos, de ahora en más, La va a ser, de las siete notas, tu favorita, por el simple hecho de que estarías seguro de que, si se lo preguntaras, Michelle te respondería que es su nota favorita también y que lo ha sido desde que era chiquitita y decidió convertir a La en algo más que 'la nota que sigue a Sol' y darle la característica de ser la nota que más le gusta de entre todas las que forman la escala musical.

De ahora en más La es tu nota favorita, porque te encanta compartir con Michelle todas esas cositas sencillas que a ella le gustan, todas esas cositas sencillas que para ella tienen un peso especial, todas esas cositas sencillas que ella con su mirada y sus observaciones transforma en únicas y diferentes.

Sólo para escucharla decirlo, sólo para sentir esa calidez que te invade cuando algo pequeñito te demuestra la fuerza de la capacidad que tenés para mirar dentro de su alma y darte cuenta lo que otros pasarían por alto sin que haga falta que ella use palabras explícitas para explicarse, murmurás en su oído:

"La es tu nota favorita, ¿no?"

La respuesta no tarda en llegar, también en forma de un murmullo, dibujando una sonrisa en tu rostro:

"Por supuesto"


La siguiente pausa ocurre sin razón aparente, y lo que sigue al momento en el que su pulgar presiona otra vez el correspondiente botoncito es un silencio profundo – tan profundo que hasta podría describírselo como ensordecedor – que durante largos minutos ninguno de los dos rompe.

En la pantalla ha quedado congelada la imagen del teatro de títeres con el que los siete hijos del Capitán y la institutriz están jugando. Te gustaría saber por qué Michelle decidió poner un alto al desarrollo de la historia justo en este momento, pero algo en el aire, algo en su lenguaje corporal, algo que sólo capta tu sexto sentido te advierte que es mejor esperar a que ella decida hablar, a que ella decida compartir con vos lo que sea que esté invadiendo sus pensamientos.

Eventualmente lo hace. No sabés bien cuánto tiempo ha pasado desde que pausó el film hasta que sus labios se separan y el sonido de su voz quiebra la quietud, pero cuando las palabras comienzan a brotar delicadamente, es todo lo que te interesa escuchar, es lo único a lo que estás prestándole atención:

"A Allison le encantan los títeres"

Es un comentario de apariencia casual, un comentario como cualquier otro comentario, o al menos así sonaría para alguien que no conociera a Michelle en profundidad como vos la conocés; así sonaría para alguien que no tiene ni idea de todo lo que Michelle ha tenido que pasar, todo lo que ha ido apareciendo en el transcurso de su vida, alzándose delante de ella como cadenas enormes de montañas que parecen no tener fin. Un comentario casual, así sonaría para cualquiera que no haya tenido que secar sus lágrimas, para cualquiera que no haya tenido que acunarla hasta que se quedara dormida después de tener una pesadilla o luego de un día difícil.

Vos podés darte cuenta de que este comentario no es precisamente casual. Podés darte cuenta de que este comentario está cargado de esa mezcla de angustia y nostalgia que la ahogan siempre que el recuerdo de sus sobrinos y de la situación con su ex cuñada es disparado de golpe, sin previo aviso, asaltándola de repente. Podés darte cuenta de todo lo que se esconde detrás de ese puñado de palabras a las que otros no prestarían mucha atención ni darían gran importancia porque conocés a Michelle más íntima y profundamente que cualquier otra alma que habite el planeta Tierra.

Optás por darle espacio para seguir expresándose o para elegir quedarse callada, por eso no decís nada y simplemente continuás acariciando su cabeza, asegurándote de que sepa que estás ahí, de que vas a escucharla si hablar es lo que precisa, asegurándote de que sepa de que vas a entender si prefiere dejar que aquella frase aislada sea tragada por el correr de las agujas del reloj y quede olvidada para que los dos continúen como si nada hubiera sido dicho, como si ninguna pausa hubiera acontecido.

"Poco antes de que" toma aire, la oís tragar con dificultad "… de que mi hermano se divorciara" prosigue "le regalé unos ositos de tela preciosos y pasamos toda la tarde jugando con ellos, inventando historias…"

Sentís la angustia en su voz, esa angustia mezclada con otro millón de emociones enredadas que costaría mucho discernir, separar, clasificar, examinar, porque son terriblemente complejas y no existe forma alguna de describirlas a otra persona. Acariciás su cabeza otro largo rato, tratando de aliviar con tus mimos esas heridas que de pronto se ven reabiertas y están sangrando. Barrés con tus pulgares las lágrimas que aparecen en sus ojos y comienzan a caer por su rostro, empapando sus mejillas. Es que no hay mucho que puedas hacer o decir ahora mismo para aliviarla, y sabés bien que todo lo que ella necesita es que, con tu presencia, le prometas una y otra y otra vez que a vos siempre va a tenerte, que no vas a fallarle, que no vas a dejarla sola jamás.

Ninguno de los dos vuelve a quebrar el silencio, porque en el silencio se entienden perfectamente. En silencio se comunican mejor, porque no hay frase dicha en ese idioma común y corriente que habla todo el mundo que pueda meterse entre las cosas que los dos se dicen usando el lenguaje que les pertenece.

Pasada una indefinida cantidad de tiempo, cuando ya no caen más lágrimas y ella está relajada, una vez más permite que su dedo presione el botón de 'comenzar' para reanudar la película y permitir que la trama siga desarrollándose.

Vuelve a acomodarse, esta vez acurrucada a tu lado, con la cabeza sobre tu hombro, tus brazos rodeándola para brindarle aquella cálida sensación de confort y seguridad que tanta falta le hizo durante toda su vida, sus respiraciones acompasadas mezclándose con las voces y la música del film. Hay dibujada en sus labios una sonrisa tenue que te derrite por dentro, una sonrisa que te indica que ya los pensamientos turbios y tristes han desaparecido y que está lista para seguir disfrutando la tarde del domingo con vos.

Sin embargo, sólo por si acaso, volvés a recorrer sus mejillas con tus dedos, buscando borrar cualquier rastro de las lágrimas derramadas.


"Esta es la primera canción que aprendí a tocar con la guitarra"

Otro comentario de apariencia casual. Un comentario que acaba de nacer de tu boca y que salió de allí antes de que siquiera pudieras pensar las palabras. Un comentario que surge como respuesta automática e inmediata al estímulo emocional que provoca en vos escuchar esos acordes que tan bien conocés (incluso si cuando eras chico decías odiar esta película porque era aburrida y 'para nenas').

"¿Cuántos años tenías?" Michelle pregunta con curiosidad, poniendo pausa otra vez para poder escucharte con toda su atención.

"Cinco" decís, sonriendo con nostalgia ante el recuerdo que aparece flotando delante de tus ojos, un recuerdo vívido a pesar de que treinta años te separan de él, un recuerdo que sentís podrías tocar como si estuviera dibujado sobre suave tela si extendieras la mano e intentaras rozar tu memoria con la yema de los dedos.

"¿Tu mamá te enseñó?" inquiere, mirándote con una sonrisa que resume en ese solo gesto lo perdidamente enamorada de vos que está, la locura con la que te admira y la adoración pura que despertás en ella, sus ganas de seguir aprendiendo cosas sobre vos, sus ganas de seguir descubriendo esos detalles pequeñitos que forman parte de lo que sos.

Suspirás. Tus ojos se llenan de golpe de lágrimas, lágrimas que no lográs contener, lágrimas que aparecen sin que puedas hacer esfuerzo alguno para mantenerlas acumulándose en tu pecho, lágrimas que es necesario llores, lágrimas que sabés bien sería preciso derramar llegado cierto punto del film y que querés derramar porque compartir con Michelle otro pedacito de tu historia, otro pedacito de tu alma va a hacerles bien a los dos, como siempre que hablan corazón a corazón y se muestran el uno a la otra las heridas que entre los dos pueden sanar gracias a la fuerza del amor que se tienen.

"No, mamá me enseñó a tocar el piano" ahora es ella la que te escucha a vos tragar con dificultad, ahora es ella la que acaricia las facciones de tu rostro asegurándote con el roce de su piel sobre tu piel que está allí y que va a escucharte tanto como necesites o a guardar silencio tanto como quieras "Mi hermano mayor me enseñó a tocar la guitarra" soltás finalmente "Esta canción es muy fácil de aprender, por eso la eligió cuando le pedí que me mostrara cómo tocar algo" explicás.

Al principio no habías querido que te enseñara a tocar esa canción, porque no eras muy fanático de La novicia rebelde, y mucho menos de su música (sin embargo, en años venideros tuviste que ver la película bastantes veces debido a que tu mamá, abuela y hermanas adoran todas y cada una de sus escenas, de la primera a la última). Sin embargo, tu hermano había insistido e insistido casi tanto como vos habías insistido para que te ayudara a aprender una canción, diciéndote que aquella era sencilla y que no tendrías problemas para tocarla con agilidad y facilidad. Acabaste cediendo, y en dos días ya podías interpretar Edelweiss con la guitarra sin equivocarte, mostrando un talento que iría creciendo y desarrollándose con el correr de los años y con práctica tras práctica (a tu mamá le gusta mucho la perseverancia, así que se encargó de que todos sus hijos fueran también perseverantes con la música, quizá con la esperanza de que alguno de ustedes decidiera dedicarse a ella).

Christian te enseñó a tocar la guitarra, y Edelweiss fue la primera canción a la que aprendiste a darle forma moviendo tus dedos sobre las cuerdas. Desde su fallecimiento, tocar la guitarra o pensar en esa canción te llevan inmediatamente a recordarlo a él, a tu hermano mayor, al que perdiste en manos de terroristas como los que vos a diario luchás por encontrar y encarcelar para que no vuelvan a causar daño, a destruir una familia, a dejar huérfanas a criaturas inocentes, a arrancar del mundo personas especiales que valen muchísimo.

No te toma por sorpresa este momento 'emotivo' (por usar una palabra para describirlo), no te toma por sorpresa en lo absoluto. Necesitás empezar a aceptar lo que sucedió, necesitás empezar a aceptar que tu hermano no va a volver, necesitás empezar a aceptar que quedó sepultado bajo los escombros. Necesitás empezar un proceso de duelo mucho más profundo que el que llevás transitando hasta ahora. Y querés a Michelle a tu lado, consolándote, tranquilizándote, recordándote que te ama y que va a cuidarte siempre.

No vas a largarte a sollozar como una criatura hoy, porque no querés teñir el domingo con tus lágrimas. Pero una o dos lágrimas pueden caer. Una o dos lágrimas cuyo significado encierre el nivel de confianza que tenés puesto en ella. Una o dos lágrimas que simbolicen lo mucho que dependés de su amor para seguir sobreviviendo día a día. Una o dos lágrimas que reflejen tu voluntad para cerrar esa herida que seguís llevando muy dentro tuyo. Una o dos lágrimas que, como el llanto del fénix según la mitología, pueden sanar las lastimaduras más hondas.

Lágrimas que ella barre en silencio con sus pulgares. Lágrimas que ella barre sin decir cosa alguna. Lágrimas que ella barre con dulzura, transmitiendo con el tacto de las yemas de sus dedos sobre tu piel mil millones de cosas que nunca podrían ser puestas en palabras. Lágrimas que ella barre con ternura, así como vos muchas veces has barrido sus lágrimas.

Agarrás el control remoto para presionar vos el botón de 'comenzar', rompiendo con aquella pausa que no sabés cuánto tiempo ha durado. Los dos escuchan el resto de la canción acurrucados uno en los brazos del otro, tu corazón latiendo despacio y no dolorosamente rápido. Haber compartido esto – aunque no hayas dicho más que unas pocas palabras – con ella es importante para vos, es importante para los dos.

Edelweiss nunca antes te pareció una canción tan hermosa. Quizá su belleza ahora se realza muchísimo más porque a la melodía se suma Michelle tarareando suavemente. O quizá sea que ahora tenés en el corazón una espina menos, una astilla menos, un pedazo que ha sido sanado con sus caricias, con su mirada comprensiva, con el amor que ponen los dos en tratar de entender al otro (algo que logran casi sin esfuerzo), con la certeza de que ahora en más vas a poder recordar a tu hermano y a tu primera lección de guitarra a los cinco años sin que te duela el pecho porque con esas dos lágrimas que Michelle barrió de tu rostro mientras una tarde de domingo miraban una de sus películas favoritas empezó a cerrarse una herida sobre la cual jamás habías hablado a otra persona.

Expresar el dolor alivia el alma, y ahora encontraste a esa personita con la que podés hablar de cualquier cosa sin temer ser juzgado, sin temer quebrarte, sabiendo que vas a ser contenido, sabiendo que vas a ser cuidado. En pequeñas dosis, a través de esos comentarios que otros pensarían son 'casuales', vas a ir encontrando alivio.

Esa es otra de tus cosas favoritas sobre Michelle: podés compartir con ella absolutamente todo, y cuando aquello para compartir es algo que te entristece, ella sabe exactamente cómo hacer para calmarte con sus caricias y recordarte que sos un hombre afortunado por tenerla en tu existencia.


El botón de pausa es apretado otra vez, la imagen nuevamente se congela en la escena en la que está a punto de tener lugar un baile en la residencia de la familia para la cual María es institutriz.

"¿Estás quedándote dormido?"

La pregunta nace de los labios de Michelle, quien ahora está sentada contra el respaldo del sillón, con tu cabeza reposando sobre su regazo (en cuanto Bonnie se aburrió de mirar a la televisión con ustedes sin realmente entender mucho y se fue a la cocina a jugar con su pelota de goma, aprovechaste para acostarte en el sofá, extender las piernas y relajar los músculos). Sus manos llevan un largo rato acariciando tu cabello, revolviendo tus bucles cortitos, rascando detrás de tus orejas y tocando ese punto hipersensible que te convierte inmediatamente en un pedazo de arcilla que ella puede moldear a su gusto.

"No" respondés "pero si seguís acariciándome detrás de las orejas vas a lograr que me dé sueño" le advertís, sin poder suprimir una sonrisa.

"¿Querés que pausemos la película?" Michelle propone "Podemos dormir la siesta y seguir viéndola más tarde…"

La interrumpís. La interrumpís porque la realidad es que no tenés sueño, no estás aburrido, y no querés hacer otra cosa. Querés, de verdad, quedarte acurrucado en el sillón con ella y terminar de ver la película (la cual, para ser totalmente honesto, te parece interesante, bien hecha y entretenida ahora que no sos una criatura empecinada en llevarle la contra a sus hermanas en cuanto asunto se presente; jamás lo vas a admitir en voz alta, por supuesto, porque significaría emascular a tu ego, pero La novicia rebelde no es una película odiosa para los fanáticos de los musicales). Precisás que a Michelle le quede en claro que estás haciendo esto porque tenés ganas, porque te gusta pasar tiempo con ella, porque te gusta compartir sus cosas favoritas, porque te gusta verla reír, porque te gusta hacerla feliz, y que no hay otro lugar sobre esta Tierra en el cual preferirías estar, porque siempre vas a querer encontrarte donde sea que ella se encuentre, anidado en sus brazos.

"Michelle, no estoy aburrido" le asegurás, acomodándote de modo tal que quedás acostado de espaldas, de cara al techo "Amo pasar tiempo con vos" le asegurás, alzando una mano para acariciar su rostro "Amo compartir con vos las cosas que te gustan. Y, para ser totalmente franco, es cierto que me molestaba que mis hermanas insistieran en ver esta película una y otra y otra vez cuando sólo teníamos un televisor en la casa, pero tener la oportunidad de volver a verla después de tantos años y con vos es algo que estoy disfrutando mucho"

Estás siendo totalmente honesto. Llevabas bastante tiempo sin ver esta película, llevabas bastante tiempo sin escuchar Edelweiss, llevabas bastante tiempo sin pensar en tu hermano mayor y aquella tarde en la que te enseñó a arrancarle sonidos a la guitarra con tu manito pequeña, y estás disfrutándolo mucho.

"Tus comentarios hacen que descubra cosas nuevas, que me fije en detalles que nunca antes noté" hacés una pequeña pausa y luego agregás "… Además, me encanta verte sonreír, y esta película hace que sonrías mucho…" señalás, dejando que las yemas de tus dedos tracen nuevamente el contorno de su carita de muñeca de porcelana.

Se inclina hacia adelante para besarte, para dejar que sus labios se estrellen contra tus labios y decirte con besos todo aquello para lo que faltan palabras.

"Vos hacés que sonría mucho" suspira contenta.

Vos hacés que ella sonría mucho, es cierto. Pero nadie sabe cómo lograr arrancarte una sonrisa, no tan bien como lo sabe ella.


"Cuando era chica esta parte me aburría tanto que siempre adelantaba hasta la siguiente escena" Michelle comenta cuando llega el momento en el que María, luego de haber regresado al convento al darse cuenta de que se ha enamorado de un hombre que está comprometido para casarse con otra mujer, habla al respecto de sus sentimientos con la madre superiora de la abadía.

"¿Por qué te aburría?" te interesás en saber.

"¿A vos no te aburría?" pregunta ella sorprendida, pausando la película una vez más para zambullirse en otra charla con vos.

"Sí, creo que una monja cantando con voz de soprano aburre a cualquier criatura normal…" decís, encogiéndote de hombros y riendo, provocando que ella también ría.

"Sin embargo, cuando volví a ver la película a los doce o trece años no adelanté esta parte" te cuenta "Presté atención a la letra, y me di cuenta de que a pesar de que no supera el puñado de palabras, tiene un significado muy profundo"

Estás totalmente de acuerdo. Conocés la letra de la canción porque es una que a tu mamá y a tu abuela les gusta (bueno, en el caso de tu abuela 'le gustaba' sería la expresión más adecuada) muchísimo. Cuando eras chico te parecía una canción tonta donde una señora vieja cantaba alcanzando notas demasiado agudas para ser soportadas por el oído de una persona normal que simplemente quería ser dejada en paz mientras jugaba con su camioncito de bomberos, pero a medida que los años fueron pasando, cada vez que escuchabas a tu mamá o a tu abuela cantarla con sus preciosas voces, comprendías un poco más el significado de la letra (aunque a regañadientes, porque siendo adolescente lo que menos te interesaba era reconocer que habías visto La novicia rebelde).

"Yo también entendí al crecer por qué esta canción le gusta tanto a mi mamá" confesás a Michelle "Y no soy una persona cursi, en lo mínimo" te apresurás a aclarar, poniéndote rojo como un tomate "pero debo admitir que tiene un lindo mensaje"

Michelle suspira. Te encanta escuchar sus suspiros casi tanto como te gusta escuchar su risa.

"Todos los obstáculos con los que nos encontramos a lo largo de nuestras vidas, son como montañas que tenemos que escalar"

Aquél comentario alude, por supuesto, a que la canción habla acerca de la importancia de escalar cada montaña que se presente teniendo fe y sin perder la fortaleza, porque detrás de esas cadenas que parecen no tener fin se hallan nuestros sueños (sí, es verdaderamente cursi, pero eso no quita que sea un mensaje esperanzador).

"Mi fecha de nacimiento puede indicar que soy joven" Michelle prosigue ", pero desde chiquita entendí que el camino a recorrer no es precisamente llano y libre de complicaciones"

Por supuesto que no lo es pensás con una nota de amargura. Pero daría absolutamente todo lo que poseo con tal de poder volver el tiempo atrás y asegurarme de que no tengas que aprender esto desde tan chiquitita.

"Pero, como dice la canción" sigue "es necesario escalar todas esas montañas porque detrás de ellas se esconden nuestros sueños y todas esas cosas lindas que dan significado a las dificultades frente a las cuales tenemos que pararnos"

"Michelle, para ser tan pequeñita y de aspecto tan frágil, tenés muchísima sabiduría en esa cabecita enrulada" susurrás, acariciando sus mejillas una vez más, mirándola con tus ojos brillando de adoración y admiración.

"Yo no soy la que está llena de sabiduría, Tony; lo que estoy diciendo es una interpretación de la letra de la canción" dice "Y dado que el contenido en sí es bastante claro, que pueda interpretarla no me convierte en un genio" agrega con humildad.

"No pienso que seas sabia porque podés interpretar la canción, Michelle" explicás ": pienso que sos la personita más sabia que conozco porque podés aceptar que la vida no está teñida de color rosa, que nada es fácil, que todo cuesta trabajo, que hay que luchar por lo que uno quiere, que hay montañas enormes que debemos escalar para poder alcanzar lo que soñamos, y que esos sueños – grandes, pequeños, más importantes, menos importantes – requieren que pongamos toda nuestra fe y toda la dedicación que se halla en nosotros" suspirás "Muchos alcanzan la vejez sin entender esto, ya sea a través de un libro, una canción, una película o simplemente por sus propios mecanismos de comprensión. Muchos alcanzan la vejez creyendo que Dios los abandonó, que tuvieron mala suerte o que el azar no los ayudó; tratan de buscar excusas o de inventar pretextos para explicar por qué no cruzaron sus metas o por qué se escabulleron cuando aparecieron dificultades" caes en silencio durante algunos segundos, pero luego seguís hablándole con la misma voz empapada de ternura "Vos no sos así, a pesar de que algunos pensarían que tenés todo el derecho del mundo a cuestionar por qué tuviste que sufrir desde tan chiquitita. Es por eso que creo que detrás de tu aspecto frágil y delicado encerrás muchísima sabiduría"

Y desearía que no conocieras el dolor, que no supieras lo que es sufrir, que nunca te haya faltado nada, que nunca hayas tenido que llorar, que nunca hayas pasado necesidades afectivas. Desearía que no hubieras tenido que llegar a los veinticuatro años cargando tanto sobre la espalda, desearía poder cambiar todo eso.

"Gracia, Tony" su voz te sustrae de tus pensamientos.

"No tenés nada que agradecerme, Michelle…"

"Sí, tengo mucho que agradecerte" ella insiste ": le das significado a mi vida, día a día, todos los días, y me hacés sentir tan especial…"

La interrumpís posando tu índice en sus labios para sellarlos y acallarla:

"Qué casualidad" decís, fingiendo sorpresa ": vos le das significado a mi vida, día a día, todos los días, y también me hacés sentir especial, como si no existiera montaña que no pudiera escalar…"

Ahora es ella quien te interrumpe para completar la frase que aun no termina de salir de tu boca:

"…, o sueño que no pudiera alcanzar"


Acaban de terminar de ver la parte romántica de la película, cuando el Capitán le dice a María que ha decidido romper su compromiso porque se dio cuenta de que está enamorado de alguien más y los dos confiesan lo que sienten el uno por el otro, se besan por primera vez y deciden casarse. A esa escena sigue una canción (después de todo, es un musical) en la que los personajes se preguntan qué habrán hecho de bueno en su niñez o juventud para merecer tanta felicidad (cursi, sí, pero bueno, ya no sos el hombre que solías ser, cambiaste mucho, así que podés soportar sin problemas este tipo de film).

"Me pregunto qué fue aquello bueno que hice para merecerte" murmurás en el oído de Michelle (ahora han vuelto a acurrucarse los dos en un costado del sofá, sentado contra el respaldo).

"Sos una buena persona, con un corazón enorme, con muchísimo amor para dar, que arriesga y sacrifica todo cada día de su vida para salvar a ciudadanos inocentes y proteger a su país" Michelle contesta con seriedad, luego de haber – una vez más – pausado la película "Sin mencionar que sos un excelente hijo, hermano, tío y nieto que adora a su familia" continúa, moviendo toda clase de emociones dentro de vos con cada palabra que dice "Y sos un hombre excepcional que puede hacer que un patito feo se siente como una princesa" concluye, robándote un beso cortito e inocente que dura menos de un segundo "En todo caso el interrogante indicado sería qué hice yo para merecerte" agrega luego.

"Michelle, sos un ángel; sos la persona más dulce, amable, desinteresada, honesta y dedicada que conozco; salvás vidas a diario, dispuesta a arriesgar la tuya propia; sos brillante, extremadamente inteligente, pero también modesta y humilde; ayudás a todo aquél que lo necesita, das sin esperar recibir nada a cambio, te preocupás por las personas que querés, tenés un corazón enorme y abierto que solamente necesita dar y recibir afecto; no juzgás a nadie, ni siquiera a los que te juzgan sin conocerte" suspirás "Merecés ser feliz, Michelle, lo merecés más que nadie" murmurás "Gracias a Dios, yo tengo ese don para hacerte feliz, a pesar de mis defectos e imperfecciones" posás un dedo sobre sus labios para impedir que comience a decir que no sabe de qué defectos e imperfecciones estás hablando, porque para ella sos absolutamente perfecto "Nada viene de nada" decís, parafraseando el estribillo de la canción "así que es probable que seamos uno la recompensa del otro por algo muy bueno que hayamos hecho; no sé bien qué es ese algo" seguís ", quizá sea nuestro trabajo protegiendo ciudadanos inocentes, quizá se trate de otra cosa" suspirás una vez más "… Todo lo que sé es que no voy a dejar que pase un solo día sin que sepas lo mucho que te amo y lo muy agradecido que estoy de que mi presente y mi futuro estén entrelazados a tu presente y a tu futuro"

"Me hace muy feliz que nos merezcamos el uno al otro, Tony" Michelle murmura, rozando la punta de tu nariz con la punta de su nariz "Y lo que sea que haya hecho para que Dios me recompensara con vos, jamás lo cambiaría" susurra entre besos esquimales ", y si pudiera volver el tiempo atrás, lo haría una y mil veces más sin dudarlo siquiera un segundo"

"Yo también, Michelle" le asegurás "Te juro que yo también"

Terminan de ver la película sin hacer ninguna otra pausa, los dos contentos de respirar el mismo aire, de poder perderse en mimos, de poder compartir esa tarde juntos, felices porque al destino se le ocurrió que sus historias debían ser escritas en la misma página.

Entre escena y escena, entre pausa y pausa, en menos de cuatro horas los dos se emocionaron, los dos derramaron lágrimas, los dos rieron, los dos se dijeron cosas lindas, los dos compartieron anécdotas y memorias, los dos aprendieron un poquitito más del otro, los dos atesoraron un nuevo recuerdo para compartir dentro de muchos años cuando sean viejitos y sus nietos les pidan que les cuenten su historia de amor desde el principio.

Y aunque no sos el fan número uno de los musicales, si dentro de una semana Michelle te pidiera que te acurrucaras con ella para ver La novicia rebelde otra vez, lo harías con muchísimo gusto, porque ella es tu cosa favorita en el mundo, porque la amás, porque la adorás, y porque no hay nada que te haga tanto bien como verla sonreír sabiendo que sos vos el que puso allí sobre sus labios esa hermosa sonrisa.