NOTA: Estoy inspirada y tengo mucha concentración (algo raro en mí), así que debo aprovechar para escribir. Este capítulo y el anterior fueron sencillos y cortitos a propósito, porque ahora se viene otra vez lo 'pesado', por denominarlo de algún modo. Quizá no inmediatamente. Quizá escriba dos o tres capítulos cortitos este fin de semana, algo dulce y tierno, las vidas de ellos dos observadas desde el punto de vista de lo cotidiano. Sé que avanzo lento, pero no conozco otra manera de escribir, porque no quiero sentir que faltan cosas o que la historia está armada en el aire (y las cosas que faltan - porque sé que faltan - prometo serán agregadas más adelante). Mientras no se cansen de mí, yo voy a seguir escribiendo. Voy a intentar escribir otro capítulo para mañana. Ya estoy trazando en mi cabeza la siguiente etapa de la historia, y puedo prometerles que el próximo 'gran evento' - por denominarlo de alguna manera - va a tener que ver con la visita de los padres de Tony a Los Angeles, pero si les cuento más entonces arruinaría la sorpresa. Espero que tengan un hermoso fin de semana. Gracias por dejar siempre los mejores comentarios y por alentarme a volcar mi inspiración en esto; escribir es lo que más me gusta y cuando lo hago es como si estuviera poniendo parte de mí a través de mis dedos cuando pulso las teclas y las palabras aparecen en la pantalla, y luego cuando aprieto el botón de 'publicar' es como si estuviera entregando una parte mía al mundo, y saber que esas partes están siendo leídas por ustedes es algo realmente reconfortante. Okay, ya estoy diciendo demasiadas estupideces filosóficas. Va a ser mejor que me vaya a dormir, así me levanto temprano mañana para seguir escribiendo. Esta nota es larguísimas y voy a terminarla ahora. Muchos besos y que tengan un sábado y domingo excelentes.
Estando juntos mi mundo se llena de luz,
Lo mejor de mi vida eres tú.
En algún rincón vacío hay un reloj que está marcando la medianoche, y el último beso del año que acaba se mezcla con el primero del año que empieza. No hay línea divisoria que separe las caricias desparramadas por su piel color marfil antes de las doce de aquellas perpetuadas por las yemas de tus dedos durante ese primer minuto de las doce y de las otras que continuaron despertando temblores incontrolables después de que esos sesenta segundos se diluyeran en el Universo para ya no regresar. Sus corazones laten sincronizados sin percatarse de que la Tierra ha concluido otro ciclo girando alrededor del sol; todo a lo que tu corazón está prestando atención es a las pulsaciones aceleradas del de ella, que podés sentir contra tu pecho y que parecen estar hablándote en dulce susurros.
En algún rincón vacío hay un reloj que muestra la hora, pero no hay quién esté observando la posición de las manecillas; tu mirada está fija en esos dos ojitos orientales tan dulces que podés sentir el sabor empapando tu boca, esos dos ojitos orientales a los que no podrías negarles nada, esos dos ojitos orientales que brillan más que cualquier estrella, esos dos ojitos orientales que se funden en los tuyos y te hacen sentir como si ella pudiera leer tu alma (sabés que puede leer tu alma).
Debe haber gente celebrando, alzando sus copas y brindando, fijando metas y pensando cómo alcanzarlas, haciendo promesas, escribiendo resoluciones, pensando en seres amados que se encuentran lejos o que han cruzado a la otra orilla ya, sumidos en recuerdos, esperanzados, decididos a ser el cambio que quieren ver, dispuesto a tratar de llenar cada cuadrado del almanaque con cosas buenas. Vos, sin embargo, no estás haciendo ninguna de esas cosas.
Estás en el sitio exacto al que pertenecés: en los brazos de Michelle, y rodeando su figura frágil y delicada de muñequita de porcelana con tus brazos, siempre protegiéndola, siempre cuidándola, siempre resguardándola de todo, porque eso es para lo que naciste, porque ése es tu fin, porque esa es tu misión, porque Dios te creó con el propósito de que fueras su guardián.
El calor de sus cuerpos encontrados te envuelve y carga la atmósfera, pero a vos no te importa sofocarte porque si murieras ahora, en este preciso instante, morirías feliz con el sonido de su risa retumbando en tus oídos y sus suaves manos recorriendo centímetro a centímetro tu espalda. Si tuvieras que morir ahora, morirías tranquilo, con la certeza de que las últimas palabras que subieron por tu garganta y salieron de tu boca fueron las que componen una canción de amor que escribiste para ella.
"Amo que me cantes al oído"
Respondés a su susurro también susurrando, enmarcando su rostro con tus manos y acariciando la piel de debajo de sus párpados con tus pulgares:
"Amo cantarte al oído"
"Amo que seas tan dulce" sigue el juego, mordiendo muy despacito tu labio inferior.
"Amo ser tan dulce con vos"
"Amo que mi mundo se llene de luz cuando estamos juntos" dice, enterrando sus dedos en tu cabello azabache y despeinándote ligeramente.
"Amo que estemos juntos porque mi mundo se llena de luz"
"Amo que seas lo mejor de mi vida, Tony" suspira entre besos esquimales.
"Amo que vos seas lo mejor de mi vida, Michelle" contestás, tu voz cargada de seriedad, sinceridad y ternura, expresando todo lo que sentís adentro y que no podrías explicar porque nunca encontrarías las palabras adecuadas para expresar exactamente el grado de adoración y locura que la mujer recostada debajo tuyo despierta en vos.
"Amo saber que vas a ser mío durante los próximos 365 días" dibuja el contorno de tu cara con el dorso de su mano, provocando que te estremezcas como siempre que te toca en esta manera de apariencia tan inocente, sin embargo tan emocionalmente íntima "Y luego vas a seguir siendo mío los siguientes 365 días, y luego también el siguiente año, y el siguiente, y el siguiente, y el siguiente" en tu rostro apareció el espejo de la sonrisa que embellecía aun más las exóticas facciones de ella "… y el siguiente, así sucesivamente, por toda la eternidad"
"El resto de mi vida suena perfecto cuando vos lo resumís así" dejás descansar tu cabeza sobre su pecho para escuchar detenidamente los latidos de su corazón, fuertes y seguros, llamando tu nombre en ese idioma único que nadie más puede entender o registrar. Sonreís contra su piel de alabastro al pensar que la sangre que fluye por sus venas está llena de vos así como tu sangre está llena de ella, porque los dos son adictos y no pueden aguantar mucho sin satisfacer el uno la necesidad del otro, porque tu sistema depende de ella para funcionar y el de ella depende de vos, porque el amor que pueden expresar con sus cuerpos es como una droga que jamás les alcanza y de la que necesitan dosis constantes siempre que sea posible.
"Tony… Describí el resto de mi vida usando pocas palabras" te pide.
"Siempre vas a ser mi princesa. Siempre, siempre, siempre"
"¿Cuando seamos viejitos también?" inquiere riendo.
"Cuando seamos viejitos también" le asegurás, convencido de que vas a vivir hasta que la imagen devolviéndote la mirada en el espejo sea la de un hombre mayor, lleno de arrugas y con el pelo blanco, un hombre en cuyo rostro puedan encontrarse distintas pistas, distintos retazos, distintos momentos formando el mapa de una vida disfrutada, una vida maravillosa, una vida parecida a un cuento de hadas a pesar de todo, una vida marcada por una historia de amor increíble y profunda, una vida escrita a su lado.
Se pierden en besos y en caricias, se hunden nuevamente el uno en el otro, inmersos en la sensación de amarse. Y es cada vez más lindo. Y es cada vez más fuerte. Y es cada vez más impactante. Y es cada vez más adictivo. Y el mundo parece empezar a girar más rápido, pero a la vez también es como si se hubiera detenido, y no existen ni el tiempo ni el espacio ni el arriba ni el abajo y vos ya no sabés exactamente quién sos, pero sí sabés que estás con ella, unido a ella, los dos convertidos en uno solo, los dos sendas piezas de un entero perfecto, los dos el complemento del otro.
Sus últimos suspiros forman una melodía con los tuyos, y en algún lugar, en algún rincón vacío hay un reloj anunciando alguna hora de la madrugada que ustedes desconocen porque no están prestando atención a nada. Una cantidad indefinida de minutos después ella vuelve a hablar con esa voz que te llena y que cuando se dirige exclusivamente a vos te hace sentir como si el Universo entero estuviera a tus pies, como si fueras dueño de todos los secretos y misterios y tuvieras las respuestas a todas las grandes preguntas:
"Feliz Año Nuevo, Tony" murmura, cuando ya deben ser más o menos las dos de la mañana.
"Feliz Año Nuevo, mi Michelle"
Te acurrucás a su lado, aun rodeándola con tus brazos, cuidando de ella porque es una cosita frágil y delicada y vos fuiste creado para protegerla (después de todo, ese es el motivo por el que Dios te hizo: para que fueras su ángel guardián); tus dedos repasan las letras gravadas en su espalda, ese tatuaje cuyo significado te golpea con fuerza cada vez que tratás de absorberlo y entenderlo (cosa que no podés hacer, porque emociones tan fuertes son inexplicables, demasiado complejas, demasiado difíciles de pasar por el filtro del intelecto y el raciocinio). Y mientras con las yemas de tus dedos escribís sobre lo escrito en diferentes lenguas, mientras con las yemas de tus dedos dibujás sobre esa declaración de amor que sigue a tu nombre y que ella va a llevar en el cuerpo hasta que sea polvo y vuelva al polvo, cantás en su oído una de las muchas canciones que escribiste inspirado en ella, hasta que se queda dormida, profundamente dormida, con una sonrisa en sus labios.
Así comienzan ustedes dos el Año Nuevo, disfrutando cada segundo, sin pensar en el futuro más de lo necesario, aprovechando cada instante, valorando cada minuto que el reloj tiene para regalar, agradecidos porque cuando están juntos el mundo se llena de una luz tan fuerte que ni la del sol ni la de la luna podrían igualarla, agradecidos porque se tienen el uno al otro, porque los dos son lo mejor en la vida del otro y todo, todo, todo está bien mientras puedan amarse.
Así comienza este año para vos, un año que se abre delante de los dos y que estará lleno de cosas buenas y cosas malas, cosas que ustedes son incapaces de imaginar, cosas que serían incapaces de adivinar o intuir porque como la Naturaleza es sabia el ser humano carece del don de ver más allá, de ver lo que va a pasar, de ver lo que va a venir, porque si pudiera hacerlo huiría, porque si pudiera hacerlo la raza probablemente hace rato estaría extinta.
Antes de quedarte dormido cerca de las tres le agradecés a Dios por haberte regalado a Michelle, incluso si no merecés ser dueño de tanta perfección, de algo tan terriblemente bello, de un ángel tan desgarradoramente hermoso. Agradecés a Dios y le pedís que te dé muchos años nuevos como éste para disfrutar junto a ella, para ser completamente suyo por 365 días, y luego por otros 365 días, y luego por otros 365 días, así sucesivamente por toda la eternidad, completamente suyo sabiendo que ella es completamente tuya.
365 días delante de ustedes dos.
365 días en blanco para ser vividos, disfrutados, sentidos.
365 días para amarla y dejarte amar.
365 días para protegerla.
365 días para hacerla feliz.
365 días para arrancarle sonrisas y suspiros.
365 días para amanecer pensando en ella e irte a dormir pensando en ella.
365 días para convertirte en un mejor hombre, uno que la merezca realmente (aunque creés imposible llegar a merecerla del todo alguna vez)
365 días para hacerla sentir adorada.
365 días para enseñarle muchísimas cosas y aprender de ella muchísimas otras.
365 días para recordarle que es tu princesa y que va a serlo siempre.
365 días para mimarla y consentirla.
365 días para secar sus lágrimas.
365 días para escuchar el dulce sonido de su voz.
365 días para cantarle al oído todas las noches.
365 días y muchos renglones para seguir escribiendo la más hermosa historia de amor, esa que van dictando de a poquito, gesto a gesto, palabra a palabra, promesa a promesa, beso a beso, caricia a caricia, sueño a sueño, mirada a mirada.
