NOTA:

En lo que respecta a este capítulo en particular, tengo emociones muy distintas y difusas y encontradas. Es diferente al resto pero no creo que sea diferente en el buen sentido. Creo que toca demasiados temas, todos desprolijos y desordenados, y tiene los matices mezclados, y va de escenas dulces a escenas dramáticas y amargas de golpe, y no se entiende nada (en mi opinión), y honestamente odio cada renglón. Odio no haberme explayado bien. Odio no poder escribir como quisiera escribir. Odio que tantos cabos parezcan haber quedado sueltos. Odio que todo me suene tan flojo y mal explicado cuando lo leo. Odio no poder poner bien en frases los sentimientos de Michelle. Odio que este capítulo parezca pender de un hilo finísimo. No me gusta este capítulo, para nada. Esta primera parte de la nota es para expresar mi disconformidad y para prometerles que en el futuro voy a tratar de escribir algo mejor.

En segundo lugar: el tema del embarazo voy a tocarlo después, dado que generalmente cualquier síntoma aparece dos semanas o incluso un mes después de la concepción. Además, hay otros asuntos en los que quiero ahondar primero. No me olvidé de lo que escribí y tengo un plan, pero eso va a venir más adelante.

Todos los temas que toque por arriba y que parecen haber sido dejados flotando en la nada, van a ser retomados en el futuro, y con suerte cuando los retome voy a hacerles justicia y a escribir algo interesante y digno de ser leído (con suerte... Eso espero).

Para compensar el hecho de que este capítulo sea terriblemente malo, el capítulo 95 va a centrarse en algo que me parece a todas les va a interesar, pero si les cuento qué es les arruino la sorpresa.

En fin, que arranquen muy bien la semana y gracias por seguir leyendo, incluso capítulos como éste, que distan de ser buenos (para mí esto es, lejos, de los peores que le han tocado a esta historia).


Gracias por existir

"Anthony Almeida, dejá ese frasco de Nutella en su lugar ya mismo"

El reto no suena realmente como tal, pues viene acompañado de una sonrisa de oreja a oreja que alcanza tus ojos negros haciéndolos brillar con esa dulzura que siempre aparece cuando lo 'pescás' haciendo algo infantil pero terriblemente adorable, como ahora, sentado en una de las banquetas de la cocina con un frasco de Nutella en una mano y una cuchara en la otra, listo para enterrarla en la exquisita pasta color marrón oscuro.

"No me digas que nunca comiste Nutella directo del pote, Michelle…" protesta, lanzándote una de sus miradas tiernas de cachorrito abandonado bajo la lluvia.

No podés evitar chasquear la lengua, mitad en señal de derrota, mitad en expresión de lo terriblemente dulce que lo encontrás cuando se comporta así, como un nene, como estás segura algún día en el futuro van a comportarse los hijos que ustedes dos tengan, hijos que estás segura probablemente hereden su sentido del humor y hagan toda clase de travesuras y aprovechen tus momentáneas ausencias para robar el frasco de Nutella de la heladera y tratar de comer algunas cucharadas sin ser vistos.

"He comido Nutella directo del envase" confesás, poniéndote roja como una frutilla "… pero ése no es el punto" señalás en tono de reto otra vez, rompiendo en una zancada la distancia entre los dos y quitándole la cucharita de entre los dedos primero y el pote después ": el punto es que lo compramos para tus sobrinas…"

El '…, no para que vos te lo comas a cucharadas…' que tenés en el borde de la lengua jamás logra salir de tu boca, pues queda ahogado por su voz cuando él te interrumpe en mitad de la oración para corregirte:

"Nuestras sobrinas"

Y con eso cualquier argumento que hayas podido tener queda completamente reducido a inservibles, insignificantes cenizas. Es imposible que no lo dejes ganar cualquier discusión – incluso si es solamente una discusión en tono de semi-broma, como esta que están teniendo ahora – cuando te retruca este tipo de cosas, cuando te dice que sus sobrinas también son tus sobrinas con esa voz tan cargada de emociones que no podrías explicar pero que sentís recorriéndote por dentro, tibias y suaves como la luz del sol. Que esté dispuesto a compartir su familia con vos es uno de sus actos de amor más hermoso, es uno de esos actos de amor que te deshace como si tu alma estuviera construida con finísimos hilos de azúcar, es uno de esos actos de amor que logran que pases por alto lo que sea y lo dejes salirse con la suya.

"Podés comer dos o tres cucharadas" accedés, apoyando el frasco de vidrio sobre el desayunador con la cuchara arriba de la tapa de plástico blanco "pero no más" aclarás, tratando de aparentar una autoridad que no tenés, porque lo cierto es que así como él te concede todos tus caprichos vos le concederías a él los suyos con gusto, incluso si eso significa dejarlo comerse todo el frasco de Nutella y tener que ir al supermercado a comprar otro para las nenas. Ese es el efecto que Tony tiene en vos: si la luna fuera tuya para regalar y él te la pidiera, se la darías sin meditarlo dos veces.

"Estuve toda la semana esperando este momento" dice de repente mientras vos te servís una segunda ración de café con leche en su taza de Chicago Cubs (que por defecto ahora también es tuya, porque ustedes comparten todo).

"¿Qué momento?" preguntás, fingiendo inocente curiosidad, como si no supieras de qué está hablando, cuando la realidad es que lo sabés muy bien y eso causa que tu panza se llene de mariposas que revolotean libres y traviesas haciéndote cosquillas por todas partes.

"El momento en que vayamos a buscar a mis sobrinas al aeropuerto" contesta, sus mejillas enrojeciendo notablemente.

El plan para este fin de semana que recién empieza (son, después de todo, apenas las ocho menos diez de la mañana) es el siguiente: mientras Fiona y Andrés acomodan las cosas más básicas en su nueva casa y se asientan y ordenan el caos que siempre acompaña a toda mudanza – especialmente si uno no sólo está mudándose de vivienda si no también de ciudad, e incluso de estado – ustedes van a cuidar a Lara, a Catalina y a Udine, tarea para la cual se prepararon como si fueran a pasar con ellas un mes y no apenas poco menos de cuarenta y ocho horas: la heladera y las alacenas están repletas de cosas ricas (algunas no muy saludables, pero la mayoría de ellas sí, todo gracias a vos, porque si por Tony hubiera sido habrían acabado con el carrito del supermercado repleto de toda la comida chatarra imaginable; puede que no sepas cocinar, pero definitivamente sabés más que él respecto a cómo evitar que una criatura se agarre un empacho); tienen películas de Disney – para alegría de Tony, agregarías sarcásticamente -, juegos de mesa, crayones y acuarelas de colores, títeres de tela, libritos de cuentos infantiles y, por supuesto, Bonnie, que estás segura va a adorar jugar con ellas y ser receptora de tantos mimos. Probablemente no dispongan de un minuto libre para descansar o para quedarse a solas con sus pensamientos, pero no dudás de que van a divertirse muchísimo y de que pasar tiempo con ellas va a ser una experiencia hermosa.

"Yo también estuve toda la semana esperando este momento. Va a ser un fin de semana muy especial" reís, sin poder evitar que se escape por tu garganta una carcajada que evidencia el entusiasmo que viene acumulándose en vos desde que Tony te contó que Fiona y su familia se trasladarían a Los Angeles.

"Me encanta verte tan contenta" murmura contra tus labios, besando tu sonrisa delicadamente y recorriendo con sus pulgares el área de debajo de tus párpados, despertando un cosquilleo ligero que se extiende por todas partes hasta acabar en tu columna vertebral.

"Vos sos la causa de que yo esté tan contenta" mordés tus labios en un intento por mantener a raya el terrible impulso que nace desde lo más profundo de tu ser y que te incita a comerlo a besos; no podés permitirte perder el control como viene pasándoles desde hace casi dos semanas cada vez que se miran o se tocan porque deben llegar puntuales al aeropuerto "Tenemos que irnos" anunciás, rompiendo el contacto visual para no tentarte y dar rienda suelta a los deseos de tus hormonas alborotadas.

Terminás en dos sorbos largos lo que queda de café con leche y luego llevás la taza al fregadero, pero antes de que puedas siquiera cerrar tu mano alrededor del grifo él ya está de pie junto a vos; te aparta suavemente, toma la esponja empapada en detergente y comienza a lavar las cosas del desayuno. Es una costumbre que tiene (no sabés si buena o mala; realmente con él no podés ser objetiva, porque amás todo lo que hace, desde lo más pequeño hasta los gestos más impresionantes), una costumbre que ha ido tomando: cada vez que vas a lavar los platos, a poner la mesa o a hacer el menor esfuerzo, él se adelante y lo hace primero. Literalmente te trata como a una princesa, en todos los aspectos que uno pueda imaginarse, y lo hace con gusto, disfruta haciéndolo, y es por eso que se lo permitís.

"¿Algún día vas a dejar que lave o seque un plato otra vez?" preguntás con una mezcla de diversión y seriedad en la voz.

"No" responde él simplemente sin darle mucha vuelta al asunto.

"¿Por qué no?"

Sabés qué respuesta va a darte porque ya lo has cuestionado otras veces y has recibido la misma contestación en cada ocasión:

"Porque amo consentirte"

"Y a veces pienso que lo hacés demasiado"

Los dos se sonríen y se quedan en silencio durante un rato que podría definirse o bien como una eternidad o como una breve sucesión de segundos. Ésa es otra costumbre que han tomado: se sonríen mucho el uno al otro, demasiado, y esas sonrisas pueden quedarse ahí en sus rostros acompañando el brillo en sus miradas para siempre mientras los dos se comunican sin que sonido alguno salga de sus bocas, sin necesidad de expresarse con palabras.

"Tenemos que irnos" anunciás, rompiendo la quietud. Luego tomás con un rápido y certero movimiento el pote de Nutella y lo devolvés a su correspondiente sitio en la heladera.

"Ey, Michelle…" Tony protesta automáticamente como una criatura (en el fondo, sabés bien, sigue siendo una criatura). Pone su mejor cara de animalito necesitado de afecto, pero lográs que no te sacuda y convenza.

"Sólo un par de cucharadas, Tony" le recordás con firmeza teñida de dulzura, tratando por todos los medios de no caer bajo los efectos de su irresistible encanto.

"Sos consciente de que el único motivo por el que te hago caso es que estoy perdidamente enamorado de vos, ¿cierto?"

"Sí, lo soy" acompañás esas tres palabras con un beso en la punta de su nariz "Y me fascina tener tanto poder sobre vos" contorneás sus labios con tu dedo índice, despacio, acariciándolo con dulzura "porque vos tenés muchísimo poder sobre mí"


Cuando Lara te vio, soltó la mano de su mamá, corrió a tus brazos y se lanzó a ellos inmediatamente, una sonrisa enorme dibujada en su carita igual a la que inevitablemente cruzó la tuya en aquél momento. Se aferró a vos utilizando una fuerza increíble para tratarse de una criatura tan pequeña.

"Chelle, Chelle, Chelle" repetía alegremente mientras llenaba tus mejillas de besos y enterraba sus manitos en tus rulos, jugando con tus mechones de pelo, mirando dentro de tus ojos 'raros' con atención desmesurada, como si el brillo en ellos fuera hipnótico.

"Hola, mi vida" la saludaste con ternura, haciendo a un lado su flequillo con una de tus manos para dejar caer un beso en su frente "Te extrañé mucho, mucho, mucho" le contaste en voz baja, como si estuvieras compartiendo con ella un secreto que nadie más puede saber.

"Mucho, mucho, mucho" es todo lo que dijo, pero vos comprendiste que era tu manera de hacerte saber que también te había extrañado.

Tony estaba de pie al lado tuyo, sonriendo ante la escena delante de él, y también a su hermana, a su cuñado y a sus otras dos sobrinas. Pero Lara no prestaba atención a nadie más que a vos. De hecho, mientras saludabas a Fiona, a Andrés y a Catalina y a Udine, Lara reposó su cabeza sobre tu hombro y escondió el rostro en el hueco de tu cuello en una demostración de su extrema timidez, como si hubiera estado tratando de volverse invisible.

"Estamos agotados" Fiona comentó en un suspiro mientras caminaban hacia la salida del aeropuerto en dirección al estacionamiento, Tony y Andrés arrastrando dos valijas grandes en las que llevaban los ítems y las ropas que serían más necesarios durante los primeros días hasta que todas sus pertenencias arribaran desde Chicago.

Que estaban exhaustos era obvio: podía leerse en su lenguaje corporal y en sus ojos abolsados que precisaban recuperar las horas de sueño perdidas con todo el ajetreo de la mudanza. Literalmente no daban más, y aun les quedaba una larga jornada el sábado y otra aun peor el domingo tratando de organizarse y de empezar a darle a su casa nueva la forma de un hogar antes de instalarse definitivamente en ella.

"No vemos la hora de que todo esto" Fiona hizo un gesto con la mano para referirse a la situación en general "acabe finalmente y podamos volver a la normalidad" en su voz también podía percibirse que necesitaba reponer energías "Tantos cambios no están resultando tan buenos para Lara" te confesó con un fuerte dejo de angustia que sólo las madres pueden sentir cuando se preocupan profundamente por un hijo "; llevaba días sin hablar" trataste de que no se notara el impacto enorme que te provocó saber que tu nombre había sido lo primero dicho por la nena en días enteros "Andrés y yo estamos realmente preocupados, tememos que padezca mutismo selectivo... Vamos a llevarla a ver a un especialista la semana entrante para pedir una segunda opinión"

La conversación concluyó allí, abruptamente, cuando llegaron al sitio donde habían aparcado el coche y la charla se centró en trivialidades como el viaje en avión, los planes para el primer mes en California, detalles sobre el nuevo trabajo de Andrés, las ventajas de vivir en Los Angeles... Pero, con tus dedos acariciando suavemente la cabecita de Lara mientras ella permanecía aferrada a vos, no pudiste dejar de pensar que probablemente Fiona necesitaría mucha ayuda con su hija menor, y decidiste en ese preciso instante (o tal vez ya lo habías decidido mucho antes y sólo estabas dándote cuenta de ello entonces) que estarías ahí a su lado para soportarla en lo que hiciera falta, para acompañarla, para brindarle un hombro en el cual llorar o una palabra de consuelo en los instantes más difíciles. Dios mueve las fichas, hace y deshace, escribe y vuelve a escribir, permite o impide, siempre con un motivo… Se te ocurrió que tal vez para tu cuñada, aquella que no te juzga ni discrimina y te acepta porque es feliz sabiendo que vos hacés feliz a su hermano, las cosas se dieron como se dieron con el propósito de que acabara en esta ciudad, cerca de ustedes, para recibir su apoyo y ayuda con muchas cosas que resultarían abrumadoras si una madre tuviera que afrentarlas sola en caso de que su hija tuviera un trastorno como el que los médicos sospechan padece.

Hiciste el presentimiento a un lado rápidamente, empujándolo fuera de tu cabeza y tratando de concentrarte en el fin de semana que se abría camino delante de ustedes, el fin de semana que querías disfrutar con tus sobrinas y con Tony, aquél que habías esperado con tanta ansiedad y preparado con tanto esmero. No sos de las que cierran los ojos a la realidad y prefieren ponerse una venda y negarse a enfrentar lo que debe ser enfrentado porque sino de otro modo acaba aplastando todo bajo su peso, pero estabas eligiendo cerrar la puerta a esa preocupación momentáneamente, al menos hasta que Fiona pudiera hablarte sobre el tema ahondando en todos los aspectos, al menos hasta que tuvieran un diagnóstico definitivo.

Apoyaste las sienes contra el frío vidrio de la ventanilla y te dejaste acunar por la voz de Tony conversando con su hermana y su cuñado, por las risitas adorables de Catalina y Udine, y por el sonido del corazoncito de Lara latiendo contra el tuyo, contenta de sentirte en familia, contenta de sentirte como si pertenecieras realmente a un lugar, algo que solamente experimentaste por completo cuando caíste en los brazos de él en esa madrugada, casi cuatro meses atrás.

Lo que tuviera que arribar en el futuro, arribaría irremediablemente, pero en ese momento lo mejor que podías hacer por Lara era tragarte las consternaciones y dedicarte totalmente a ella, a hacerla sonreír, a conversar sin que hicieran falta las palabras, a meterte en su mundo y tratar de entenderla, a intentar fortalecer esa conexión inexplicable que Lara tiene con vos.

Y lo que tenga que llegar, a su debido tiempo llegará, y entre todos lucharán contra ello de la mejor manera posible.


Este sábado vas a guardarlo para siempre en ese rinconcito de tu corazón en el que se 'archivan' los mejores recuerdos, esos que dejan un sabor dulce en la boca y provocan sensaciones tibias como la luz del sol cuando uno los rescata de entre todos los otros con los que comparten asilo y los repasa, muy despacito, como si se rozara con las yemas de los dedos el lomo forrado en terciopelo de un libro cuyos renglones están repletos de palabras que entrelazadas van formando las historias más lindas para escuchar antes de irse a dormir.

Ambos sabían que cuidar de las nenas resultaría agotador y que les demandaría el uso de todas sus energías, pero era una tarea que habían aceptado con gusto y que disfrutaron muchísimo; de hecho, estás deseosa de que el fin de semana se extienda tanto como posible; no querés que acabe, porque es uno de los más maravillosos que has tenido.

Las ayudaron a dibujar sobre hojas blancas con todos los crayones, marcadores y lápices de colores que habías juntado para ellas, y le enseñaron a Lara a escribir su nombre con tempera. Tony se manchó la nariz con tempera accidentalmente y luego te manchó a vos a propósito, lo cual resultó en un enchastre pero despertó muchas de esas risas que a uno le hacen bien y lo dejan con ganas de seguir riéndose un rato más, por lo cual cerca del mediodía los dos tenían el rostro salpicado de verde, rojo, azul, amarillo, rosa y blanco y las nenas estaban deshaciéndose en carcajadas (Lara inclusive).

Luego de almorzar dejaste que Udine y Catalina jugaran con vos a 'la peluquería' mientras Lara dormía la siesta acurrucada en tu regazo y abrazada a su conejito de peluche, sobre el cual te había contado en detalle cuando le habías preguntado si tenía nombre, demostrando un vocabulario bastante más amplio que el que la habías escuchado utilizar hasta ese entonces pero negándose a mirar a los ojos a cualquier otro que no fueras vos; te había provocado la sensación de que eras la única persona a la que podía ver en la habitación, la única persona a la que notaba, la única persona a la que prestaba atención, como si los demás no existieran, como si los demás fueran invisibles, o como si ella pensara que lo era para los otros y que solamente vos podías percibirla.

A la hora de la merienda (el frasco de Nutella quedó vacío) vieron una película de princesas hechas un ovillo en el sillón, Tony con su cabeza reposando sobre tu hombro, dormitando a veces, en otras ocasiones mirándote con esa adoración que se acumulaba en tu pecho y no te dejaba respirar de tan fuerte que era, esa adoración que lo empapa por completo cada vez que te estudia con detenimiento, como si estuviera buscando la manera de hacer en su mente una escultura con tu forma, una escultura idéntica a vos. El sonido relajado de su respiración era para vos como una canción de cuna y en algunas oportunidades tuviste que pelear contra tus párpados para que no cayeran en contra de tu voluntad, pesados como el plomo, el cansancio queriendo cargarlos de plomo mientras la presencia de él a tu lado te acunaba, su cuerpo hablándote en susurros dulces por el simple hecho de hallarse junto a vos.

También jugaron, por supuesto, con Bonnie, quien recibió todos los mimos y caricias contenta, moviendo la cola alegremente y dando saltitos. Tu mascota es demasiado dulce y demasiado cariñosa, y las tres sobrinitas de Tony – tus sobrinitas – se entendieron perfectamente con el animalito, porque ellas son así también: dulces y cariñosas.

"Es hermosa, tiene un pelaje muy lindo" no había dejado de repetir Catalina, pasándola una mano por el lomo, minutos después de haber arribado al departamento y de que su tío les contara que te había regalado una mascota casi un mes atrás porque siempre habías soñado con tener una.

"Tiene los ojitos brillantes" había comentado Udine maravillada, rascándole detrás de las orejas con sus dedos pequeñitos.

"Lara, ¿no querés acercarte a Bonnie?" le habían preguntado Tony y vos varias veces a la nena, que se había quedado sentada en el sillón, alejada de todo el bullicio, escondida detrás de un almohadón que por poco era más grande que ella, quizá pretendiendo 'ser invisible'.

Había costado convencerla, pero luego de un rato había empezado a prestarles atención y a interesarse por la perrita, acercándose a ella despacio, con los ojos muy abiertos en señal de sorpresa e interés. Entre los dos le habían explicado que Bonnie no le haría daño, que era buenísima, que le encantaba que le hicieran cosquillas en la panza y que le acariciaran el lomo y que se divertía con su pelota de goma y su hueso de juguete. Finalmente, luego de eso, Lara había extendido su manito para tocar al animal.

"Linda" había dicho, dirigiéndose a Bonnie, dándole palmaditas en el hocico y riéndose a carcajadas al ver cómo Bonnie movía la cola contenta "Sos muy linda"

Y se había quedado en silencio, otra vez, pero tu corazón y el de Tony habían seguido latiendo un poquitito más fuerte ante la ternura con la que la nena le había hablado a la cachorrita. Cada vez que Lara habla, en realidad, sus corazones laten un poquitito más rápido porque piensan que quizá haya una solución, un poco de luz al final del túnel oscuro que presentís va a ir abriéndose para ella a medida que pasen los años y crezca, y que tal vez, tal vez, esto sea pasajero, algo de lo que podrá salir, algo que no está condenado a llevar el título de 'permanente', algo que va a desaparecer, algo de lo que van a poder sacarla, algo que va a ir siendo dejado atrás a medida que empiece a hablar más y más, a medida que más y más palabras vayan subiendo por su garganta para convertirse en sonido, a medida que esas pequeñas frases que puede hilar ahora vayan convirtiéndose en más y más largas, menos y menos espaciadas, más y más conectadas.

¿Cómo saberlo?

Es por eso que todavía tienen la esperanza para aferrarse a ella, para clavarle las uñas, para agarrarse de esos comentarios chiquititos hechos aquí y allá, esas expresiones que de pronto brotan de ella, y pensar que poco a poco, paso a paso, todo va a ir cayendo en el lugar indicado, solucionándose, normalizándose. Para eso existe la esperanza, para salir al rescate cuando lo incierto pavimenta la ruta a transitar y hay demasiadas preguntas y muy pocas respuestas. Es la esperanza a lo que se aferran Fiona y Andrés como padres, la esperanza a la que se aferra toda la familia, la esperanza a la que ahora te aferrás vos porque también querés a Lara. La esperanza de que exista el modo de que alguna vez pueda hablar como una criatura normal, para compartir su mundo, expresar sus ideas, mostrar su inteligencia, comunicarse, aprender, transmitir.

La esperanza es lo único que se pierde, eso dicen, a eso querés agarrarte.


Cada vez que las nenas te dicen tía, tu corazón se derrite un poquitito más y sentís mariposas en la panza al pensar que un día, dentro de algunos años, criaturitas adorables como ellas van a llamarte usando un nombre mucho más hermoso: 'mamá' (aunque, honestamente, por el momento sos feliz sólo con el título de 'tía'). También te provoca una sensación agridulce, no podrías negarlo, porque inmediatamente vienen a tu cabeza como en un torbellino los hijos de Danny, tus otros sobrinos (jamás los llamarías 'sobrinos biológicos' para diferenciarlos de los de Tony, porque los amás a todos por igual, más allá de la sangre que corra por sus venas y por las tuyas), a los que llevás tanto tiempo sin ver, a los que extrañás con cada partícula de tu alma, a los que morirías por abrazar de nuevo, al menos un ratito, y escucharlos reír, y ver sus sonrisas; pero la dulzura es tal y tan fuerte que la amargura queda reducida a nada cuando ellas te dan besos en las mejillas y te dicen que te quieren, o cuando él te mira con una ternura capaz de sacudir a la Tierra y te habla en silencio, porque en silencio ustedes se entienden.

Tony te observa con una devoción que puede palparse en el aire; o al menos vos sentís que podrías palparla, vos la sentís en tu piel, en tus huesos, en tu alma, envolviéndote, acariciándote como si sus manos estuvieran paseando por tu piel, abrazándote como si él estuviera estrechándote contra su cuerpo, hablándote al oído en susurros indescifrables para todos menos para vos que podés comprenderlos porque están dichos en ese idioma único. Te observa embelesado, como si nunca antes hubiera tenido delante de él una escena tan conmovedora, como si nunca antes algo hubiera movido tantas cosas dentro de él, como si no pudiera creer su suerte, como si se sintiera la criatura más bendecida sobre el planeta.

Ahora están jugando con ellas por última vez antes de que sea hora de que se vayan a dormir, después de haber cenado los cinco juntos con los dibujitos animados como 'fondo', porque las nenas estaban más entretenidas escuchando las historias que Tony contaba sobre su infancia y las travesuras que él y sus hermanos planeaban y los problemas en los que se metían y cómo intentaban salir de ellos sin que sus padres se enteraran; vos también estabas fascinada escuchándolo, porque te encanta ver cómo sus ojitos negros se iluminan cuando recuerda su infancia, cuando encuentra dentro de sí esas memorias que atesora y a las que les da un valor inigualable, cuando se sumerge en ellas y permite que lo permeen y le regalen esa sonrisa que lo vuelve mucho más hermoso, esa sonrisa que durante mucho tiempo le faltó a su rostro y que vos devolviste allí, porque es gracias a vos que él sonríe, es gracias a vos que él puede pensar en aquellos que ya no están sin sentir la amargura atrapándolo y ahogándolo, es gracias a vos que él puede regresar al pasado sin verse condenado al sufrimiento extremo, es gracias a vos que él puede ver todo lo bueno que hubo antes de la muerte de sus hermanos y hablar de ello con naturalidad sin sentirse desangrar.

Mientras él lavaba los platos y los vasos te habías acercado, lo habías rodeado con tus brazos y habías permitido a tu cuerpo reposar contra su espalda, tu cabeza descansando justo en el punto exacto donde pueden sentirse fuertes los latidos de su corazón.

"Gracias" había murmurado, apenas moviendo los labios, la voz saliendo por entre ellos en la forma de un susurro sólo perceptible para alguien que, como vos, presta atención desmesurada a cada gesto y a cada movimiento suyo.

No había precisado decir mucho más, no había precisado especificar por qué estaba agradeciéndote; hubieran sobrado las frases, realmente, porque vos sabías bien cuál era el significado escondiéndose detrás de esas siete letras, sabías bien cuáles eran los sentimientos debajo de su piel, sabías bien todos los motivos por los que estaba expresando gratitud. Había mucho más oculto, había mucho más que a oídos de otro pasaría desapercibido, había mucho más que sólo vos podrías descifrar, había mucho más que nunca otro sería capaz de entender, había mucho más en ese 'gracias' de lo que hay a veces en líneas y líneas, renglones y renglones, hojas y hojas repletas de metáforas y rimas y analogías.

Gracias por haberme demostrado que todo lo bueno que alguna vez viví vale la pena ser recordado.

Gracias por haberme enseñado a apreciar el recuerdo de los que ya no están y a tenerlo siempre presente aunque duela, porque el amor es la mejor medicina para el dolor.

Gracias por haberme abrazos aquellas veces en las que lloré por mis hermanos, sin decir nada, solamente brindándome tu apoyo incondicional en silencio, demostrándome con tus actos que jamás estaría solo y que siempre te tendría para secar mis lágrimas.

Gracias por haber entrado en mi vida.

Gracias por ser la razón que me lleva a querer convertirme en una mejor persona.

Gracias por leer mi alma cual si fuera un libro abierto y entender exactamente lo que dice cada página, incluso esos pasajes que ni yo mismo entiendo y que para mí son como jeroglíficos.

Gracias por haberme devuelto las ganas de viajar al pasado, las ganas de abrazarme a todas las cosas lindas que hay en él, y que ni la muerte puede quitarle a un ser humano, porque son eternas.

Gracias por haberme enseñado que el corazón no tiene memoria que pueda quitársele, que lo que se guarda en el corazón no puede ser destruido o arrebatado, que lo que el corazón protege nadie puede romper, que lo que el corazón ama no puede morir, y que mis hermanos y mi abuela y todos los que ya no existen físicamente siguen vivos en mi corazón.

Gracias por saber cuándo tengo ganas de hablar de ellos y cuándo prefiero callar.

Gracias por escucharme cuando siento la necesidad de compartir esos pedacitos de mí.

Gracias por, simplemente, existir, y por darle sentido a mi existencia.

Todo eso tus oídos habían podido escuchar, dicho en ese lenguaje único que ningún otro ser humano puede captar porque está hecho para ustedes dos y para nadie más, ese lenguaje creado por sus cuerpos y por sus almas para comunicarse entre ellas en conversaciones profundas y cargadas de significado, conversaciones como ésa que mantuvieron un rato atrás después de la cena, abrazados junto al fregadero mientras él escurría la esponja cargada de detergente sobre la pequeña montaña de platos acumulados para lavar.

Y tu respuesta había sido simple en apariencia, casi tan simple en apariencia como lo había sido esa única palabra que se había caído de sus labios. Tu respuesta había tomado la forma de un beso suave y dulce en su mejilla, un beso en el cual habías logrado resumir una gran cantidad de complejas cosas que dejaste quemando sobre su piel, ardiendo tiernamente, metiéndose en su cuerpo y encontrando por sus huesos y sus venas el camino hacia su corazón para asentarse allí, del modo en el que se asienta todo lo bueno, del modo en que se asienta lo que él te hace sentir cuando con un par de sílabas que para todos significan nada pero que para vos pesan como el mundo y significan todo logra acariciar tu alma y convertirla en algodón de azúcar que se deshace bajo el tacto experto de sus dedos.

Están construyendo 'edificios' y 'torres' y diferentes cosas con bloquecitos de madera. Lara apila los suyos uno arriba del otro sin prestarle atención a nada más, sin darles una forma definida, casi automáticamente. Tony lleva un largo rato hablándole, esperando que la nena le conteste o que dé señales de estar escuchándolo… pero nada sucede. Te das cuenta que la situación lo angustia y que su sobrina le preocupa, anticipás la charla que va a venir cuando los dos se queden a solas, anticipás las charlas que vendrán después de que Fiona y Andrés la lleven a otro especialista para ver si finalmente dan en la tecla y la diagnostican, pero te das cuenta de que en este momento él no quiere decir nada ni expresar su congoja delante de Catalina y Udine, por lo cual se conforma en buscar consuelo en tu mirada, en tus manos que de tanto en tanto acarician su rostro, en el sonido de tu risa, en la adoración con la que las nenas espontáneamente te abrazan y te dicen que te quieren.

Los dos se sorprenden gratamente y sendas sonrisas curvan sus labios cuando, de la nada, derribando su torre en el proceso pero sin preocuparse mucho por el mar de bloques caídos, Lara se levanta y se lanza a tus brazos y te dice, enterrando sus manitos en tus rulos:

"Yo también te quiero"

Podrías jurar que en los ojos de Tony lo que brillan son lágrimas, lágrimas parecidas a las tuyas, lágrimas que ninguno de los dos deja caer y que eventualmente se evaporan, lágrimas que simbolizan un poquito del enorme impacto emocional que esas sencillas palabritas dichas por una criatura de tres años han tenido en ustedes dos.

Porque Lara habla poco, pero lo poco que habla llega al corazón. Porque Lara habla poco, pero lo poco que habla tiene más significado que muchas cosas que existen en esta Tierra y a las que se les da importancia cuando en realidad no la merecen.

"Gracias" Tony susurra esa misma palabra, otra vez, contra tu cabello, mientras besa tu sien.

No necesita explicarte por qué está dándote las gracias.

Realmente no hay nada que explicar.

Realmente no hay nada que pueda ser explicado.

Está agradeciéndote por ser como sos, por ser sencillamente vos, por ser esta personita que, por algún motivo que no puede entenderse o hallarse o analizarse o lo que sea que se haga con los motivos cuando se los pone bajo microscopios (en caso de que se pudiera, claro, porque nunca se ha escuchado de alguien que haya capturado un motivo para ponerlo en la lente del microscopio, puesto que los motivos no pueden verse o tocarse, mucho menos estudiarse cual una rana para disecar), tiene una conexión con vos, una conexión tal que hace lo que con muy pocos: te habla.

Algo en vos, algo en vos despierta en Lara la capacidad de hablar. Algo en vos hace que Lara elija hablarte. Algo en vos hace que Lara elija expresarse. Algo en vos hace que Lara salga de sus ensimismamientos, esos de los que sólo sus padres han sabido sacarla antes (y no siempre).

Y por eso Tony te agradece.

Te agradece por ser vos.

Por ser Michelle.

Su Michelle.

En cada 'gracias' que él te dice, por lo que sea y en el momento que sea y en la circunstancia que sea, se esconde un 'gracias por existir'.


Las nenas se acomodaron en la cama de dos plazas (Tony y vos dormirían en el comedor, acurrucados en el sillón) después de haberse cepillado bien los dientes y el cabello, y exigieron que les leyeras un cuento antes de dormirse… Bueno, más bien Catalina exigió, Udine asintió con la cabeza, y Lara simplemente se hizo un ovillo en una punta, abrazada a su conejito, con la vista fija en el techo, sumergida en su propio mundo, hasta que la historia contada por tu voz comenzó y notaste que ella empezó a prestar atención a las palabras.

Lo cierto es que acabaste leyendo no uno, sino dos, tres, cuatro cuentos antes de que finalmente el sueño las venciera, cerraran los ojitos y se perdieran en su mundo de fantasías, con la promesa de pasar otro domingo con sus tíos que sería igual de divertido que el sábado.

Es recién en el momento en que cerrás el libro para dejarlo sobre la mesita de noche que ves a Tony recostado contra el marco de la puerta, una sonrisa en su rostro y esa ternura en su mirada de la que jamás podrías cansarte, esa ternura que parece llenarlo todo cuando sus ojos y tus ojos se encuentran en el medio del silencio y conversan entre ellos.

Despacito te levantás y, sin hacer el menor ruido, te acercás a él, cuidando cada paso que das para no despertar as las nenas.

"Pienso en los cuentos que algún día vas a leerle a nuestros hijos y me emociono" murmura, envolviéndote en sus brazos y besando tus párpados con suavidad, trazando delicadamente el contorno de tu cara, como si estuviera dibujando sobre tu piel.

Sin decir nada más, entrelaza sus dedos con los tuyos y te lleva despacio hacia la sala de estar, donde en una punta del sillón hay una almohada de plumas y en la otra doblada prolijamente una de tus mantas favoritas bajo la cual querés recostarte con él para quedarte dormida escuchando el sonido de su respiración y fundiéndote en el calor generado por la proximidad de sus dos cuerpos.

Te dejás caer y él se deja caer a tu lado. Los dos están exhaustos pero felices, porque fue un buen día, porque rieron mucho, porque compartieron en silencio muchos momentos significativos, porque se empaparon uno de la sonrisa del otro, porque sus ojos brillaron todo el tiempo. El cansancio lo sienten hasta en los huesos, pero no puede negarse que están contentos y ansiosos por la llegada del día de mañana (casi tanto o más que las nenas) porque saben que van a tener mucho más por lo que sonreír, para formar nuevos recuerdos y agregarlos a la colección expuesta en los muros de sus almas, donde lucen las instantáneas que toman los ojos del corazón.

"Un día vas a ser una mamá espectacular" susurra, enmarcando tu rostro con sus manos.

"¿Vos creés?" preguntás en voz bajita, consiente de las emociones que en forma de mariposas están agitándose dentro tuyo.

"No lo creo" responde él "Lo "

Su afirmación tiene en vos un impacto tan grande que tus ojos se cierran automáticamente, como si tus párpados estuvieran cargados de plomo. Te tomás unos segundos para permitir que las palabras te envuelvan y se graven en tu alma, y luego los abrís para encontrarte con los suyos al tiempo que decís, también en un murmullo y acompañando la frase con tus caricias en sus mejillas:

"Estoy segura de que vas a ser un padre excelente"

De eso no te cabe la menor duda y jamás lo pondrías en cuestión. Más allá de lo que piensen de vos, sabés que Tony tuvo padres ejemplares y que ha aprendido de ellos muchas cosas valiosas que van a hacer de él un padre ejemplar el día de mañana, cuando los dos traigan al mundo a la primera de las muchas criaturitas que querés darle, la primera de las muchas criaturitas que esperás nazcan del amor que se tienen los dos. Dios no podría haberlo hecho más perfecto, y a veces no podés evitar sentirte sobrepasada, abrumada, ahogada al darte cuenta de que toda esa perfección – esa perfección que está hecha también de sus imperfecciones, por supuesto, imperfecciones que no quitan que él sea tu complemento, sino que lo vuelven aun más compatible, moldeándolo de tal modo que los dos encajan como las piezas de un entero – te pertenece completamente, que sos la dueña de su mente, de su corazón, de su alma, de su piel, de los huesos que protege esa piel, de sus venas y de la sangre que corre por ellas hacia su corazón, de su futuro y de todo lo que va a estar en él.

"Michelle…" cuando él llama tu nombre te arranca de las reflexiones en las que estás perdida.

"¿Mmmh?" preguntás, frotando la punta de tu nariz contra la punta de su nariz.

"Gracias por el día hermoso que pasamos hoy"

"Gracias por compartir a tus sobrinas conmigo" es lo que contestás, enterrando tus dedos en su cabello color azabache.

"Son tus sobrinas también. Todo lo que es mío y vos quieras tener, también es tuyo"

Sonreís inconteniblemente, tanto que te duelen un poco los músculos de la cara. Tu corazón late más rápido, tu interior se siente cálido como si el sol o la luna o quizá una mezcla de la luz de ambos estuvieran acariciando las paredes de tu alma, las mariposas se despiertan otra vez y revolotean alegremente por tu estómago haciéndote cosquillas. Nunca vas a cansarte de los efectos que tienen en vos las cosas que él te dice, esas cosas teñidas de dulzura, esas cosas tan tiernas que podrías derretirte allí mismo, bajo el tacto de sus manos, bajo sus ojos atentos, bajo su cuerpo adicto a sentir al tuyo cerca de él.

"Todo lo que quiero es pasar el resto de mi vida con vos. ¿Es mucho pedir que me des una eternidad?"

El interrogante era retórico, por supuesto, pero él contestó de todos modos porque sabe lo mucho que amás escucharlo prometiéndote que van a envejecer juntos, que van a transitar cada tramo del camino tomados de la mano, que su amor va a vencerlo todo, incluso a la muerte.

"¿Es mucho pedir que la aceptes?" acurruca su respuesta entre signos de interrogación, cada sílaba pronunciada con la misma delicadeza con la que sus manos te acarician, dejando marcas en tu espalda y en tu rostro, en esos sitios que conoce de memoria ya y que podría reconstruir con los ojos cerrados, guiándose por el recuerdo de su tacto.

"Nunca te diría que no"

"Y por eso voy a estar agradecido hasta el día en que me muera, y después de la muerte también. Lo único casi tan grande como el amor que siento por vos, Michelle, es la gratitud que tengo con Dios por haberte hecho para mí"

Su confesión te desarma, como todas sus confesiones. Los pedazos de sí mismo, de su alma, de su corazón que va exponiendo poco a poco y regalándote para que los tengas vos siempre te llevan a las lágrimas, siempre te dejan como flotando, totalmente ajena al tiempo, al espacio, a la realidad, sumergida completamente en el mundo que comparten los dos y al que nadie más puede llegar. Él tiene esa capacidad de hacer que sus frases calen hasta tus huesos y echen raíces que te agarran con una fuerza que no podría compararse con ninguna otra cosa, una fuerza que serías incapaz de explicar o definir o siquiera comenzar a describir, porque no puede medirse con nada, porque no hay adjetivo adecuado para ella, no hay adjetivo adecuado para el amor inmenso que crece y crece con cada segundo que el reloj pierde, ese amor inmenso que se transforma en algo cada vez más y más especial, en algo por lo que darías la vida y sacrificarías todo en un segundo sin ponerlo en cuestionamiento.

"¿Todos los días das las gracias a Dios por mí?" susurrás, acariciando sus labios con tu pulgar, precisando emocional y físicamente que él siga hablando, que él siga endulzando tus oídos, que él siga recordándote que le importás más que nada y que no hay persona sobre la faz de esta Tierra que pueda hacerlo temblar como vos, aunque para otros parezcas poca cosa, aunque para otros no tengas valor, aunque para otros seas común y corriente, aunque para otros no seas perfecta. Precisás emocional y físicamente que te envuelva con su voz, esa voz que puede salvarte de todo, esa voz que es la música más hermosa, la melodía más acertada.

"Es el primer pensamiento que cruza mi cabeza cada mañana cuando despierto y el último que desaparece todas las noches justo antes de que me quede dormido"

"Yo también le agradezco a Dios por vos" suspirás "Todos los días"

"Le agradezco a Dios por haberte creado… pero también tengo que agradecerte a vos por existir"

Y entendés el significado que se esconde allí, ese significado que va más allá de muchas cosas, que va más allá de lo que puede escucharse con los oídos, que va más allá de lo que puede comprenderse con la cabeza, entendés por qué exactamente está dándote las gracias, entendés por qué te dice que debe agradecerte por existir. Lo entendés y te conmueve, te disuelve, te deshace, te derrumba, te deja temblando en su abrazo, te deja a su merced, te deja tiritando como una hoja caída en otoño que se ha encontrado de golpe con el viento del invierno.

Gracias por no haberte rendido jamás.

Gracias por haberme esperado.

Gracias por haber soportado todo lo que soportaste.

Gracias por haber crecido para convertirte en la mujer que sos hoy.

Gracias por haber luchado tanto cuando otros se hubieran quedado atrás.

Gracias por haber cargado el peso que llevabas en los hombros sin permitir que te aplastara.

Gracias por haber llegado a mi encuentro.

Gracias por no haber dejado que tus heridas te mataran.

Gracias por seguir peleando cada vez que un obstáculo aparece.

Gracias por no dejarte caer, ni siquiera cuando la tierra estaba sacudiéndose bajo tus pies.

Gracias por no haber dejado que todas las tragedias que manchan tu historia te marcaran para mal.

Gracias por haber tratado siempre de ver el vaso medio lleno.

Gracias por nunca haber perdido la fe.

Gracias por seguir acá, firme a pesar de todo.

Gracias por haber apostado siempre a que el sol volvería a salir cada mañana.

Gracias por haber puesto tanto esfuerzo en seguir adelante aunque tuvieras cadenas que arrastrar y fantasmas persiguiéndote.

Gracias por no haber perdido nunca esa sonrisa.

Gracias por dejar que te cuide.

Gracias por haberme elegido.

Gracias por haberte enamorado de mí.

Gracias por haber conservado tu corazón intacto, aguardando a escuchar el latido del mío.

Gracias por haber seguido respirando incluso cuando te tapaba el agua.

Gracias por haber empujado todo lo malo esperando que el destino trajera algo mejor.

Gracias por no haber dejado que las circunstancias te derribaran.

Gracias por seguir acá.

Ese 'gracias por existir' que acaba de susurrar marca el momento más hermoso del día.

Ese 'gracias por existir' que acaba de susurrar provoca que por tus mejillas rueden lágrimas que él barre con sus pulgares, lágrimas tibias y dulces que él besa con sus labios.

Ese 'gracias por existir' que acaba de susurrar te sacude y te quiebra y de repente te das cuenta de lo afortunada que sos por haber logrado llegar hasta acá cuando muchas veces tuviste a la marea en contra y al Universo jugando una mano de cartas que no te convenía en lo absoluto.

Ese 'gracias por existir' que acaba de susurrar te convence de que Dios no podría haberte dado un hombre más perfecto para que llames tuyo, para que ames, para que adores, para que quieras pasar el resto de tu vida construyendo con él un futuro.

Ese 'gracias por existir' que acaba de susurrar comprende muchas cosas, abraza muchas cosas, cosas que a oídos y ojos de otro puede pasen desapercibidas, cosas que solamente vos podés entender, cosas que solamente a vos te afectan de esta manera tan especial, cosas que solamente a vos te hacen sentir estas emociones complejas a las que jamás podrás darles nombre.

Ese 'gracias por existir' resume más de lo que alguna vez podrías tratar de explicar con la mente, resume todo lo que pueden explicar el corazón y el alma, todo lo que es invisible a los ojos, todo lo que es esencial.

Te quedás dormida, aun con los ojos húmedos, aun con el corazón latiendo fuerte, aun con la piel erizada, acunada en sus brazos, escuchando sus pulsaciones y su respiración suave, con la certeza de que antes de que el sueño lo venza el último pensamiento en su cabeza será un agradecimiento a Dios porque estás allí con él, porque van a ser así todas las noches que les queden a ambos, porque nunca van a separarse, porque el Universo les dio la oportunidad de existir juntos.

Te quedás dormida llena de expectativas por el día siguiente, con la reconfortante calidez que sólo genera haber pasado horas llenas de risas y sonrisas con la familia (porque ustedes son una familia y eso nadie lo puede negar, más allá de que algunos opinen una cosa y otros opinen otra), convencida de que sos una mujer afortunada, agradeciendo a Dios también porque él existe y es tuyo.

Por muy irreal y lejano que haya parecido una escena como ésta en el pasado, hoy en tu presente no es raro que sucumbas al cansancio abrigada por el calor de un hombre que no tiene miedo de decirte mirándote a los ojos que en sus plegarias agradece tu existencia, un hombre por cuya existencia vos también agradecés, el hombre con el que vas a casarte, el que va a ser el padre de tus hijos, el que va a cuidarte pase lo que pase, el que sacrificaría todo por vos, el que te hace feliz, por el que esperaste durante años, porque el que resististe y seguirías resistiendo.

Y si supieras lo que el futuro les depara, incluso si supieras eso, igual seguirías estando agradecida por cada segundo, por cada minuto, por cada pequeño instante de amor y bendición que la vida quiere permitirles compartir. Porque bien lo pensaste esta mañana en el coche cuando reflexionabas sobre Lara y sobre la posibilidad de que tuviera un trastorno importante como el que Fiona había mencionado: "Y lo que tenga que llegar, a su debido tiempo llegará, y entre todos lucharán contra ello de la mejor manera posible"

Recordá esas palabras, Michelle, recordá cada una de ellas, porque dentro de algunos años va a quedarte muy poco a lo que agarrarte y nada de esperanza a la que aferrarte y vas a necesitar todos los motivos que te puedan ser proveídos para no sucumbir, para no caer, para querer seguir existiendo, cuando ya no haya mucho que agradecer, cuando todas tus plegarias parezcan caer en oídos sordos, cuando sean los otros los que ruegan implorando que resistas otro día, cuando aquello por lo que existís y por cuya existencia agradecés ya no lo tengas para iluminar tu cielo con una fuerza superior a la del sol o la luna.

Recordá esas palabras, Michelle, esas palabras sabias y esas reflexiones que hoy surgen de tu mente, para que cuando llegue la hora de poner en práctica y llevar los dichos a los hechos puedas juntar las manos, arrodillarte y agradecer de todos modos, incluso si no hay brazos que te rodeen para protegerte y estés sola y tengas frío, incluso si el sonido de su respiración acompasada es sido reemplazado por el de un reloj marcando minuto a minuto tu desolación, incluso si morir empieza a lucir como una opción mejor a seguir viviendo, incluso si tenés las manos tan vacías como el corazón y te das cuenta que volviste al primer casillero.

Recordá esas palabras, Michelle.

Recordá esas palabras, que van a volver para morderte y envenenarte cuando te encuentres con que del dicho al hecho los pasos que hay son demasiado y el kilometraje supera el millón, y te des contra una pared de ladrillos y tengas que enfrentarte con la realidad y te conviertas en una persona fría y amarga incapaz de agradecer.

Qué bueno que no sepas lo que te depara el futuro.

Qué bueno que esta noche puedas dormir tranquila, acurrucada a su lado, feliz, enamorada, convencida de que el futuro que les espera es hermoso y que nada ni nadie va a arrebatárselo, entusiasmada por la idea de seguir pasando tiempo con tus sobrinas, ilusionada con darle hijos un día, totalmente segura de que es cierto eso de que 'lo que tenga que llegar, a su debido tiempo llegará, y entre todos lucharán contra ello de la mejor manera posible'.


A la mañana siguiente te despierta con sus besos, sus caricias, y frases dulces susurradas al oído, frases que te deshacen y te sacuden y provocan que tu alma vibre dentro de tu cuerpo y que pierdas consciencia de todo y te sientas la criatura más preciada sobre la faz de la Tierra:

"Gracias por existir, Michelle"

Sonreís, y lo besás, y suspirás contra sus labios, y volvés a sonreír y le arrancás una carcajada cuando le hacés cosquillas en la panza.

Y le pedís que te lo diga otra vez, le pedís que repita esas palabras.

Y él las repite.

"Gracias por existir, Michelle"

Y los dos pasan un domingo hermoso, sin sospechar que dentro de tres años tu existencia a él va a costarle la libertad.

Qué irónica que es la vida, y qué cruel es el destino.

Y que afortunados son ustedes los humanos, que no tienen la capacidad de ver para adelante y pueden darse el lujo de disfrutar el presente creyendo que el sol nunca va a ocultarse y que todas las cosas hermosas son para siempre y que nada puede quitárselas de las manos porque las tienen firmemente agarradas entre los dedos.