"Esa persona te gusta"
Aquella frase no dejaba de dar vueltas en la cabeza de Lysandro.
- ¿Gustarme? No, imposible, digo si es posible pero no lo es en mi caso...- reflexionaba en voz alta- aunque últimamente no se sale de mi mente, su forma de sonreír me da tanta paz, sus ojos tan azules e intensos que cuando me miran me dicen tantas cosas y ninguna a la vez, y su voz tan alegre y nerviosa a la vez- el chico de ojos bicolor se sonrojo al escucharse hablar así mismo de aquella manera- SAL DE MI MENTE- grito al final desesperado.
- ¿Qué quieres que se te salga de la mente?- preguntó un confundido Armin apareciendo de repente frente al albino.
- Yo... esto... ¿Cuánto escuchaste?- preguntó el chico más alto avergonzado.
- Realmente nada, solo tu grito de "Sal de mi mente"- imitó el pelinegro con voz chillona.
- Solo finge que no viste nada- suplicó el victoriano agradecido con el destino por evitar que el otro escuchará más de la cuenta.
- Esta bien pero con una condición- amenazó el ojiazul.
- ¿Cuál?- indagó extrañado Lysandro que no consideraba a Armin del tipo extorsionador.
- Quiero que aceptes ir conmigo por un helado a la salida- pidió el chico entusiasta.
- Si es solo eso está bien supongo- acepto el albino aliviado de que el otro se refiriera a algo como eso y no un chantaje real.
Lysandro en serio intentaba concentrarse en su delicioso helado de chocolate pero era casi imposible hacerlo con Armin junto a él luchando con un inmenso helado de fresa que se le derretía rápidamente.
- Tienes un poco de helado en..
- ¿En dónde?- preguntó el pelinegro intentando limpiarse con una de las mangas del jersey que vestía.
- En toda la cara- contestó riendo Lysandro mientras sacaba un pañuelo de su bolsillo con la mano en la que no tenía el helado- déjame, yo te ayudo- dijo para empezar a limpiar con suavidad los rastros de helado en la cara del otro.
- Yo... yo puedo hacerlo solo- se quejó Armin avergonzado de ser tratado como un niño- además tu helado se va a derretir.
- Tienes razón- opinó el albino apenado al percatarse de que estaba muy cerca del otro.
Terminaron la intensa lucha contra sus helados y guardaron silencio hasta que el ojiazul decidió revelar sus motivos reales para pedirle al otro que lo acompañara después de clases.
- Lysandro...
- ¿Qué sucede?- indagó el compositor que sabía que al friki le pasaba algo.
- ¿Tu a qué le temes?- preguntó Armin mirándolo directamente a los ojos.
De nuevo las gemas zafiro en los ojos de chico se mezclaron con la esmeralda y el oro en los ojos del otro.
- Olvidar- confesó el albino unos al salir del trance producido por la mirada del otro.
- ¿Olvidar? Tú sueles olvidar muchas cosas como tu libreta y yo no te veo en pánico realmente- comentó el pelinegro confundido por la respuesta recibida.
- No, eso no es lo que temo olvidar, las cosas materiales son útiles pero no importantes en verdad, los recuerdos que tu compartes con otras personas si lo son, yo tengo algunos recuerdos de mis padres biológicos, no son claros en realidad pero ahí están, la voz de mi madre al cantar, la risa de papá cuando jugábamos, la calidez de los brazos de ambos- el victoriano suspiro con tristeza- tengo miedo de que algún día el tiempo me arrebaté esos recuerdos, que ya no pueda escucharlos en mi cabeza, que ya no sienta la calidez de sus brazos en mi, temo no ser capaz de recordarlos para siempre.
Armin sintió la tristeza del otro como propia, era evidente que el chico de ojos bicolor aún sufría por la partida de sus padres biológicos.
- Te comprendo sabes- confesó tras un momento de silencio entre ambos.
- ¿A qué te refieres?- indagó Lysandro sin entender las palabras del otro.
- Creó que la última vez debido a la gracia que hizo el conejo en mi zapato olvidé comentarte un detalle muy importante, Alex y yo somos adoptados.
Lysandro se sintió realmente mal, el quejándose de haber sido criado por sus amorosos abuelos tras la muerte de sus padres y el pelinegro que en algún momento no tuvo a nadie que lo protegiera teniente que escucharlo.
- Lo siento, yo no sabía que...- intentó disculparse pero el otro lo interrumpió.
- No importa realmente, a diferencia de ti yo no sé nada de mis padres biológicos, Alex y yo fuimos criados en el orfanato hasta que tuvimos siete años, luego nuestros padres actuales nos adoptaron- relató el ojiazul sonriendo al recordar- tenía tanto miedo de que me separaran de Alexy que lloré suplicándoles que no me alejaran de él, al final aunque ellos solo pensaban llevarse a un niño terminaron haciéndose cargo de ambos.
- Deben de ser personas muy buenas.
- Ellos son geniales y los aprecio muchísimo, sin embargo el cariño que siento por ellos jamás podrá ser igualado al que siento por Alexy- confesó con pesar el friki- no es que sea un malagradecido ni piense que no me han dado lo suficiente, es solo que ya una vez no tuve padres que velarán por mi y fui capaz de soportarlo, pero con mi hermano es diferente, desde que tengo memoria Alex a estado a mi lado, el primer recuerdo que tengo es de él compartiendo un poco de su cereal conmigo, él es mi más importante y preciado miembro familiar, por eso temo que le pasé algo malo, al final de cuentas creo que mi verdadero miedo es quedar completamente solo, sin tener ni siquiera a Alex junto a mí.
El chico de ojos bicolor colocó su mano sobre la cabeza del otro de manera afectuosa.
- Eso es imposible Armin, puede que Alexy en este momento no hable contigo, pero estoy seguro que él jamás te abandonaría completamente, sé que en el momento en el que lo necesites el te brindará apoyo sin importar lo que suceda, además incluso si Alexy te deja solo, recuerda yo voy a estar junto a ti sin importar qué, por eso jamás vuelvas a temer a estar solo, porque si el mundo cae sobre ti yo lo sostendré contigo.
Armin quiso llorar ante lo dicho por el otro, tenía tanta necesidad de escuchar aquellas palabras, de saber que alguien estaría a su lado sin importar que.
- Gracias- murmuro con voz quebrada mientras finalmente dejaba las lágrimas fluir por sus mejillas.
