Nota: Es un capítulo corto y realmente poco profundo, escrito como un pasaje, como algo que sirva de transición de un punto de la historia al otro. En realidad, quise escribir algo sencillo que en escasos párrafos permitiera echar un vistazo al interior de Tony, nada demasiado complejo, nada demasiado complicado, y que sirviera como primer capítulo de este 2012, para desearles a ustedes un hermoso año nuevo y agradecerles por seguir leyendo esta historia.
Tengo todo el tiempo para dártelo.
Ya despertó con arcadas dos veces en lo que va de la madrugada, la primera cerca de las cinco y media, y la segunda diez minutos atrás, cuando el reloj rondaba las siete menos veinte. En ambas ocasiones pretendiste seguir durmiendo, aunque estás seguro de no haberla engañado de todo: para empezar, tus dotes actorales no son tan amplias ni tan buenas pero, fundamentalmente, ella jamás te creería capaz de seguir durmiendo sin notar la falta de su cuerpo anidado entre tus brazos. Pero fingiste continuar hundido en tus sueños de todos modos, los ojos cerrados y la respiración tan acompasada como posible, en apariencia inalterable, en apariencia aun perdido en algún sitio recóndito de tu mente, las uñas clavadas en el colchón para contener la reacción instintiva de ir corriendo a su lado para cuidarla, mientras ella hace hasta lo imposible para manejar las náuseas.
Pero ella necesita espacio, y vos estás dispuesto a concedérselo, sin importar cuánto te cueste contenerte, sin importar cuánto te carcoma la necesidad de dejar los huesos, la piel y hasta el alma en consolarla y tranquilizarla; sos directamente responsable de lo que está pasándole, de los síntomas que sufre, de los cambios por los que está atravesando su anatomía (que, aunque leves y prácticamente imperceptibles para el ojo ajeno, no han pasado desapercibidos por vos, que la conocés palmo a palmo de memoria en desmesurado detalle) y no hay cosa en el mundo que no sacrificarías para desaparecer todos esos malestares que tiene que soportar en silencio porque todavía no está lista para hablar de las sospechas que tiene, sospechas que quizá ni siquiera se ha admitido a sí misma tener.
Vos ya deshojaste todas las margaritas, ya arrancaste uno a uno los pétalos, casi desesperadamente, con dedos temblorosos y el corazón alborotado y la mente convertida en un revuelto de pensamientos y teorías y suposiciones, y el alma convertida en un revuelto de sentimientos que apenas te dejaban respirar. Las deshojaste todas en cuanto te asaltaron las sospechas, en cuanto descubriste en ella los primeros síntomas y los primeros cambios, cuando dos días atrás viste escrito en sus ojos todo lo que necesitabas saber, y oíste lo que sin usar palabras con la mirada y el cuerpo y el alma y el corazón ella te estaba diciendo, el silencio nunca habiendo contenido tanto, el silencio nunca habiendo sonado tan fuerte y tan claro. Ella puede aun esté conteniéndose, ella puede aun no se haya animado a deshojar las margaritas, ella puede tema que le digan que sí, pero vos no. Vos ya las deshojaste, ya preguntaste lo mismo un millón de veces, ya escuchaste un millón de veces la misma respuesta.
Ella aun necesita tiempo.
Ella aun necesita espacio.
Ella aun sigue lidiando con las sospechas.
Ella aun sigue lidiando con tantas cosas.
Ella aun no está lista.
Y vos eso lo entendés.
Y estás dispuesto a darle todo el tiempo que haga falta.
Todo tu tiempo es de ella.
Todo tu tiempo es para dárselo.
Que tarde tanto como quiera deshojando margaritas, que tarde tanto como quiera debatiéndose porque teme que todas le digan que sí; vos la vas a esperar, vos vas a guardar la distancia que ella sin pedir te pide, vos vas a dejar que sea ella la que se acerque a vos para hablar del tema, vos vas a concederle cada minuto que necesite, vos vas a seguir disimulando mientras ella disimule, vos vas a seguirle el juego, porque a ella no podés negarle nada, porque todo tu tiempo es suyo, porque todo lo tuyo es suyo.
Pasan cinco minutos que a vos se te asemejan a una eternidad; es una tortura desear más que nada en el mundo estar a su lado, abrazándola y prometiéndole que ya va a sentirse mejor, acariciando su panza, hablándole al oído de todas las cosas lindas que les depara a ambos el futuro, y tener que contenerte porque todavía no han puesto las cartas sobre la mesa, porque ella sigue pretendiendo que no sucede nada, porque ella sigue necesitando espacio, espacio que vos le das, porque sos incapaz de negarle nada. Todo tu tiempo le pertenece a ella, así como cada cosa que puedas llamar tuya ella debe llamar suya también, por lo cual estás dispuesto a aguardar pacientemente, a aguantar lo que haga falta, hasta que Michelle te dé indicios de estar lista para discutir esto, hasta que Michelle te proporcione muestras de que ha logrado digerir, aceptar, asimilar, comprender lo que está pasando, lo que les está pasando, lo que va a pasarles. Mientras tanto, mientras ella siga pretendiendo que sus síntomas son consecuencia de los nervios, de un virus, del estrés, vos no vas a tener más opción que continuar llevándole la corriente y guardando la distancia, dándole la oportunidad de elegir ella la circunstancia en la que discutirán aquello que, aunque inesperado y fuera de cualquier plan a corto plazo, te llena el alma y el corazón de un sentimiento nunca antes experimentado, imposible de describir, algo cálido que te abraza por dentro, que te deshace, que te empapa, que te embebe, que sólo puede encontrar punto de comparación con el amor infinito e inmensamente profundo que sentís por ella, y que ahora parece estar multiplicándose día a día, segundo a segundo, momento a momento, desde que sabés que está acunando en su vientre un hijo tuyo. Un hijo de los dos.
Estás seguro de que no pasarán muchos más días hasta que la conversación que en tu cabeza has dibujado y desdibujado, ensayado y vuelto a ensayar, imaginado y vuelto a imaginar se materialice en el plano de la realidad, transformándose en palabras de tu boca y de su boca, en frases dichas con la mirada en el idioma que comparten y que sólo pertenece a ustedes; estás seguro de que no pasarán muchos más días hasta que puedas abrazarla y echarte a llorar de emoción y enterrar tu rostro en su cuello y quedarte allí, acurrucado en sus brazos, permitiendo que todos tus sentimientos fluyan libremente, contándole al oído sobre tus sueños, sobre tus ideas, sobre tus proyectos, modificando sobre lo que tenían previsto para hacer encajar en todo ello a esa personita de la cual no has dicho cosa alguna en voz alta todavía, pero que sabés ambos ya aman incondicionalmente, más que a sus propias vidas.
Tomaron la decisión de reunirse con Chappelle el primer lunes de febrero para hacerlo participe oficialmente de la relación personal que han estado manteniendo desde principios de Septiembre y que concluirá en matrimonio a principios de Marzo; de hecho, ya solicitaron una reunión privada con él para esa fecha, por lo cual falta apenas poco más de una semana (el almanaque hoy los sitúa en el viernes 25 de Enero) para que pongan las cosas en claro y desplieguen las cartas sobre la mesa ante su superior inmediato en la CTU. Apostarías cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa – porque la conocés bien, porque la conocés mejor que nadie, porque la entendés más que nadie, porque sos el único que la comprende en su totalidad y que puede ver dentro de su alma y en su corazón y leerlos como a libros abiertos de par en par – a que en algún momento del curso de los escasos días que restan a la llegada de su reunión con Chappelle, Michelle va a compartir con vos sus sospechas (sospechas que para vos están ya más que confirmadas; y probablemente para ella también lo estén, aunque no sea consciente de ello aun, o elija no serlo).
Mientras tanto, sólo queda aguardar, seguir pretendiendo, seguir fingiendo, seguir haciéndote el dormido en madrugadas como ésta, cuando ella se despierta y va corriendo al baño a vomitar. Porque tenés todo el tiempo del mundo para concedérselo a ella; porque confiás en que no falta mucho para que busque refugio en vos y puedan hablar de lo que está sucediendo, de lo que va a suceder, de lo que llegó a sus vidas por accidente para cambiarlas, de algo que va a transformar por completo el mundo que comparten, el mundo que construyen juntos día a día; porque tenés la certeza de que pronto va a necesitar romper con el silencio y dejar salir todo lo que lleva dentro; porque sos absolutamente incapaz de negarle nada, mucho menos una fracción de tu tiempo, especialmente cuando tu tiempo le pertenece por completo, especialmente cuando tenés todo el tiempo del mundo para dárselo.
Cuando vuelve a la cama y se acurruca nuevamente a tu lado, te gana el instinto y enseguida la envolvés en tus brazos, atrayéndola hacia vos, aferrándote a ella con una necesidad enorme que no podrías poner en palabras aunque trataras. Permitís que una de tus manos repose cerca de su panza, y sonreís contra su cuello cuando ella posa una de sus manos sobre la tuya mientras se acomoda para seguir descansando antes de que el despertador suene anunciando que deben levantarse para comenzar una nueva jornada; son pequeños gestos como ése, gestos que nacen de ella inconscientemente, por instinto, sin que se dé cuenta, sin que los piense, los que confirman que tenés razón, que tus sospechas son ciertas, que ella las tiene también, que los dos saben hay una personita gestándose allí dentro y que es producto de todo el amor que se tienen, y que aunque no haya sido planeado, aunque esto no encaje con el esquema que habían trazado, pase lo que pase todo va a estar bien, suceda lo que suceda van a seguir juntos, felices, y adorándose cada día un poco más, iluminando uno la vida del otro.
Sentís cómo sus músculos tensos se relajan, su respiración relajada y acompasada llena tus oídos, sus nudillos acarician suavemente el dorso de tu mano, su corazón late en sincronía con el tuyo, y podrías jurar que sentís en tu pecho pegado a su espalda las palabras que tiene tatuadas en la piel quemándote con dulzura, recordándote que te ama mucho más de lo que puede decir. Ella sabe que estás despierto; ella sabe que vos sabés lo que está pasando; ella sabe que estás dándole el tiempo y el espacio que necesita, porque no hay nada que le negarías, no hay absolutamente nada que te pertenezca que no le pertenezca a ella también, y todo tu tiempo es suyo, y tenés todo el tiempo para dárselo, hasta que ella juzgue que ya no lo necesita, hasta que ella está lista para que hablen de esto tan hermoso y maravilloso que está sucediéndoles, esto tan hermoso y maravilloso que te abraza por dentro y te llena de calidez y te hace sentir como nunca antes e intensifica tu amor por ella y te transforma en el hombre más feliz del mundo porque, aunque no haya sido planeado, aunque haya llegado como una sorpresa, vas a tener un hijo con la mujer que amás.
Te adormecés en cuanto notás que ella se ha adormecido; sabés que falta poco para que la alarma suene y se vean obligados a dejar la comodidad y seguridad que encuentran entre las sábanas cuando se enredan uno en el otro y simplemente se echan allí, escuchando y sintiendo al otro existir, existiendo los dos juntos, simplemente existiendo. Te adormecés simplemente, entonces, y dejás que tu mente se ponga en blanco; no lo lográs, por supuesto, porque no existe tal cosa como una mente en blanco, pero al menos los pensamientos que la llenan son aquellos que te brindan tranquilidad y estabilidad, aquellos que te recuerdan que a pesar de las cosas malas que suceden, las dificultades, las trabas, los obstáculos, las peleas, los desacuerdos, las buenas pesan más en la balanza, las buenas hacen que todo valga la pena, las buenas son realmente maravillosas, las buenas son las que le dan sentido a todo.
Tenés todo el tiempo del mundo para dárselo, tenés todo el tiempo del mundo para esperarla, tenés todo el tiempo del mundo para aguardar hasta que ella decida que es momento de hablar del hijo que vas a estar acunando en tus brazos antes de que el año que acaba de comenzar termine, el hijo que tenés la certeza está creciendo en su panza, porque la conocés mejor que nadie, porque podés notar los cambios en su cuerpo, porque podés leerlo en sus ojos, porque podés sentirlo en su piel, porque tu corazón está diciéndotelo con cada latido junto con su nombre prácticamente desde que te percataste de los primeros síntomas.
Michelle está esperando un hijo mío.
