Siguen los amigos que quiero tener,
no me puedo quejar.
Tenías en la cabeza un revuelto de bastantes cosas y el corazón estrujado por unas cuantas otras, pero, como no hace mucho tiempo te ha aconsejado alguien a quien admiras, respirás hondo y te repetís mentalmente que sólo hay que preocuparse por aquello que no tiene solución. A cada quien llegado el momento le toca afrontar su serie de altos y bajos, pues sin ellos la vida no sería más que aburrida planicie sin sentido alguno. Y si hay algo de lo que no podés quejarte es de tu vida; aun en estos momentos en los que la situación con tu familia intensifica la cantidad de jaquecas que te agarran en una semana, sos absolutamente consciente de que en la balanza pesan más las cosas positivas que las negativas.
Tu trabajo te demanda cada gota de sangre que te corre por el cuerpo, pero lo amás y no lo cambiarías por otra cosa. No podrías imaginarte haciendo algo que no sea lo que elegiste y a lo que deseás dedicarte. Sabés que podrías haber tomado distintas direcciones, aun sos joven para hacerlo si quisieras, pero no te arrepentís de los desafíos que encaraste y que te llevaron a ocupar el lugar que tenés hoy en tu profesión. Estás en una relación sana con una persona a la que amás con toda tu alma y que le da sentido a cada segundo de tu existencia, una persona por la que moverías cielo, tierra y hasta los infiernos si hiciera falta. Y aunque son pocos, tenés amigos que para vos valen oro y con los que podes contar en toda circunstancia, en todo momento, y con los que compartís partes de vos que no te podrías guardar y procesarlas en soledad como sí hacés con muchas otras.
La ruta que cada uno va dibujando para sí mismo está llena de obstáculos, sorpresas (agradables y desagradables en iguales cantidades), desencantos, decepciones, ilusiones, sueños. El año que pasó te tocó un poco de todo, como a todos, y este año que comienza ya ha demostrado sus intenciones de ser complejo (y ni siquiera ha terminado su primer mes). Pero mientras sigan todas las cosas que amás y que te ayudan a sostenerte (porque por muy raro que parezca no tenés inconvenientes en admitir que precisas de qué sostenerte, que no sos omnipotente si bien a veces das la impresión de creerte así) no te podes quejar.
Sin embargo, que seas una persona agradecida con lo que le tocó no significa que no tengas de tanto en tanto un embrollo de pensamientos y sentimientos, una carga que te agote física y mentalmente. Esta noche en particular las sienes te duelen y te pesan los ojos, la cabeza te da puntadas que te llevan a las náuseas; quisieras poder atribuirlo a temas laborales, pero sabés bien que tus preocupaciones están íntimamente ligadas a la guerra civil que se está librando entre los miembros de tu familia. Te gustaría poder evitar tomar parte, te gustaría poder evitar opinar, pero no te sale, y de hecho iría contra tu naturaleza. Estás de un lado definido del campo de batalla, tenés formada una opinión bastante firme y contundente, y te duele en lo más profundo de tu ser reconocer en tu propia madre a un enemigo, ya no ideológico porque ha arrojado unas cuantas piedras y ha sabido generar una entramado de situaciones que han hecho mucho daño y complicado más todo.
Ojalá pudieras parar de pensarlo todo, de analizarlo todo. Ojalá hubieras aprendido alguna vez como apagar la máquina prodigiosa que tenés por cerebro. Ojalá te sirviera eso que hacen algunos para calmarse, respirar hondo unas cuantas veces y dejar que las cosas fluyan. Es extraño para vos no saber cómo encarar algo, cómo hacer algo, pero la realidad es que no sabés dejar fluir. Todo para vos es objeto de estudio minucioso, y lo que viene sucediendo en tu familia desde hace meses te tiene presa de una compulsión constante por examinar las piezas del rompecabezas (juntas, separadas, ordenadas, desordenadas, de todas las maneras posibles) que te está consumiendo. Quisieras poder parar, tomar distancia, seguir siendo hija y hermana por igual, que esto no te afecte, pero no te sale. Y te frustra, porque por hábito lo que te propones te sale naturalmente, sin mucho esfuerzo. La menor de las dificultades te significa un enigma de proporciones descomunales porque no has sabido desarrollar la habilidad de lidiar con ellas. Tal vez una mente más mundana, más común y corriente, pudiera lidiar con esto con más éxito, pero vos no. Y de todas las desventajas que a partir de la experiencia has ido encontrándole a tu condición de superdotada, esta te parece la peor.
El té que te preparaste media hora atrás se enfrió; lo notás cuando te llevás la taza a la boca y tomás un sorbo. No te importa, te terminás el contenido de la taza igual, pensando en alguna actividad que pueda distraerte de hermanos dispuestos a cualquier cosa por amor, madres con conductas maquiavélicas y padres que se lavan las manos al mejor estilo Poncio Pilato (al menos así es como calificás a cada uno de ellos hoy; tus versiones de los personajes de este cuento trunco cambian casi a diario, aunque las conclusiones que sacás nunca son muy diferentes unas de otras).
Kiefer está sentado en la otra punta de la sala, sumergido en una novela de ciencia ficción. En los últimos días te ha escuchado inagotablemente y te ha dado su opinión sobre cada ángulo desde el cual le has presentado el tema. No le disgustaría prestarte su oído una vez más, pero no querés aburrirlo, y tampoco te parece justo que deba soportar la expresión en voz alta de tus debates internos interminables respecto a las actitudes de tu madre desde que tu hermano llevó a Michelle a Chicago y les dejó en claro que se casaría con ella. Además, de tanto en tanto necesitas el silencio externo para tratar de hallar algo de serenidad interior. Y los silencios con Kiefer te ayudan en eso. Te relaja contemplarlo leyendo serenamente, te hace sentir bien que de tanto en tanto te mire y te sonría, diciéndote en silencio que sabe que no te sentís bien y que está ahí para lo que necesites, cuando lo necesites. Es la persona que mejor te comprende, la que tolera todas tus mañas y necesidades, la que te tiene una paciencia que no conoce límites. No podrías imaginarte sin él porque te complementa en cada sentido posible.
Lo mismo siente Tony por Michelle pensás. Pero las comparaciones se diluyen en tu cabeza antes de que puedas sumergirte de nuevo en el interminable análisis de la situación entre tu hermano y tus padres desde que Michelle es el eje de su Universo, no porque hayas aprendido a controlar la dirección en la que se dispara tu cerebro sino porque tu celular empieza a sonar.
Son pocos aquellos con los que acostumbras a hablar por teléfono. Las dos personas que más te llaman son tu novio, en estos momentos sentado en la sala contigua sumido en su lectura, y tu madre (se te sube el corazón a la garganta de sólo pensar en tener con ella otra conversación acerca de lo que sucedió en su última visita a California). Con tus hermanos hablás bastante también, pero no se te ocurren motivos para que te llamen un fin de semana a la noche. Queda sólo una persona en tu lista de "gente que suele llamarte por teléfono" y es el que aparece en el identificador de llamadas del aparato.
"Hola, Chlo" los labios se te curvan en una sonrisa al contestar a tu mejor amiga.
"No estabas durmiendo, ¿verdad?" arroja nerviosa a modo de saludo. Estas acostumbrada a los nervios de Chloe, a su ansiedad social y a sus inseguridades; es parte de su personalidad y no pretendes que cambie. Tengo la mejor amiga que siempre quise tener, no me puedo quejar.
"No te preocupes, no me despertaste".
A decir verdad, te alegra que haya llamado. No podés contarle acerca de las preocupaciones que andan rondando tu cabeza desde que tu mamá hizo arder Troya con historias de casualidades macabras que involucran almas en pena abandónicas internadas en lúgubres hospitales de Chicago; ello implicaría revelar que tu hermano y Michelle, los dos superiores de Chloe en la CTU, tienen una relación que desborda los límites de lo profesional, y no te corresponde. Pero sí podés conversar con ella de todo y de nada (así de maravilloso es el lazo que te une a tu mejor amiga) y eso es suficiente para hacer que te sientas mejor.
"Quería pedirte tu opinión sobre algo. Mi amigo Chase lleva algún tiempo sugiriéndome que organice una cena en mi nuevo departamento en Los Ángeles, una barbacoa o algo así"
"No me parece una mala idea"
Conocés a Chloe y te imaginás que toda esta situación no debe aplacar su ansiedad social, más bien todo lo contrario. Un trabajo nuevo, compañeros nuevos, la presión de tratar de encajar a pesar de su síndrome de Asperger… La entendés bastante bien. Pero no te parece mala idea que comience a enfrentar sus dificultades para relacionarse con otros, y la propuesta de su amigo Chase de organizar una comida en su casa no es mala.
"Puedo ayudarte en lo que necesites para preparar todo" ofrecés.
"Chase va a encargarse de cocinar. En realidad quiero pedirte tu opinión sobre algo que se relaciona con esto pero indirectamente. Estaba pensando en invitar a dos compañeros de trabajo que, a diferencia del 99% de los empleados de la CTU, me caen bien porque son eficientes, cumplen con sus tareas en tiempo y forma, y no me tratan como si fuera una piedra que se sacaron del zapato"
La intuición (o más bien el sentido común) te indica qué es lo que va a preguntarte Chloe antes de que las palabras salgan de su boca.
"Una de esas personas es tu hermano. ¿Crees que tome a mal una invitación a un encuentro de carácter meramente social fuera del ambiente laboral?"
Te mordés la lengua y los labios para que no se te escape una risita. Tu hermano es bastante ermitaño y solitario, por no decir hosco y arisco (a veces). No es una persona de muchos amigos y hasta hace poco tiempo estaba completamente consumido por su profesión y su soledad. Michelle le partió la cabeza al medio y le movió el piso, pero sólo ella logra sacar su costado más dulce y expresivo. No te imaginás a tu hermano en una reunión con compañeros de trabajo, tomando una gaseosa y hablando distraídamente de bueyes perdidos (no te imaginás a vos tampoco, pero dado que con Chloe te une un vínculo afectivo muy fuerte demás está decir que por ella sos capaz de hacer una excepción a tus costumbres que bordean lo antisocial).
"No quisiera que Tony pensara que estoy invitándolo porque quiero congraciarme o formar una amistad con él para sacar beneficio. Yo no soy ese tipo de persona" podrías apostar que Chloe en estos momentos tiene el entrecejo tremendamente fruncido en señal de desaprobación hacia quienes sí tratan de trabar amistad con sus jefes para recibir tratos especiales "Y él me cae genuinamente bien. No invitaría a mi casa a alguien que no me cayera genuinamente bien. No soy ese tipo de persona" repite.
Decidís darle una versión edulcorada de tu opinión para calmar la ansiedad que se palpa en sus palabras:
"No creo que Anthony tome a mal tu invitación, y definitivamente va a interpretarlo como una muestra auténtica de respeto y de compañerismo, jamás pensaría otra cosa. A esta altura ya debe saber que no sos una hipócrita que quiere generar lazos por conveniencia"
"Bien. Entonces cuando tenga decidida una fecha voy a avisarles a todos. Kiefer y vos van a venir, ¿verdad?" te pregunta, repentinamente temerosa de haber cometido un error al dar por sentado que su mejor amiga y su novio irían.
"Por supuesto, Chlo. No nos lo perderíamos por nada en el mundo"
"No va a ser la gran cosa. Accedí a hacer esto en parte para que Chase dejara de insistir tanto. Le preocupa que no me esté adaptando bien. Pierde el tiempo: nunca voy a estar bien adaptada a ningún sitio"
"No tenés que ser tan dura con vos misma, Chlo" le recordás amistosamente.
"Chase me dice lo mismo"
"Chase es una persona muy inteligente, entonces, y sos afortunada de tenerlo como amigo. Cuando finalmente lo conozca- y me alegra saber que será pronto- voy a agradecerle por ser mi cómplice a la distancia en esto de ayudarte a tener un mejor concepto de vos misma"
"Si se trata de gente que es amable conmigo y me tiene infinita paciencia, también te va a agradar conocer a mi jefa. Es la segunda en comando de la unidad. Por el momento estoy trabajando directamente con ella y me hace sentir mucho menos incómoda de lo que me siento con otros en la CTU"
Respirás hondo. Esta era la parte que por intuición (o sentido común) imaginabas no tardaría en llegar. Desde que Chloe te dijo que invitaría a dos personas del trabajo supiste que se trataba de tu hermano y de Michelle. Toda la situación te causa gracia por muchos motivos: Kiefer y vos van a tener que pretender que no conocer a Michelle, cuando en realidad para ambos ella ya es parte de la familia (concepto que tu mamá tiene problemas para entender, pero esa ya es otra cara de la historia). Por su parte, ella tendrá que fingir no tener ni la menor idea de quiénes son ustedes y simular sorpresa cuando le expliquen que casualmente Chloe es la mejor amiga de la hermana de su jefe.
Pero lo que más gracia te causa de todo esto es la situación en la que se verá tu querido hermano mayor. Tony, a quien estás segura Michelle va a obligar a ir para no herir los sentimientos de Chloe, va a tener que pasar un par de horas pretendiendo que entre ellos dos no existe nada y que como mucho son amigos (a menos que decidan confiar en Chloe el secreto de su relación, lo cual te parece improbable). Se va a volver loco, no te cabe la menor duda. No poder besarla, no poder tocarla, no poder estar pendiente de cada palabra que dice, de cada parpadeo de sus ojos, de cada suspiro que se le escapa por entre los labios, le va a resultar insoportable.
"Estoy segura de que va a caerme muy bien. ¿Vas a invitar a Jack?"
La pregunta es irónica porque sabés que a Chloe no le cae bien Jack Bauer (hubo una época en la que a tu hermano tampoco le caía muy bien), y, tomando como base las cosas que Chloe te ha contado, ella tampoco está en la lista de personas favoritas de Bauer (hubo una época en la que tu hermano tampoco lo estaba). La respuesta que recibís, sin embargo, poco tiene de irónica:
"Prefiero morirme antes que invitar a Jack Bauer a mi casa, o a cualquier lugar del mundo"
"Ya van a llevarse mejor, Chloe" intentás darle ánimo, aunque sabés que las palabras van a entrarle por un oído y a salirle por el otro con la misma facilidad con que vos estás diciéndolas.
"Jack Bauer y yo vamos a llevarnos bien el día que el infierno se congele"
Reís suavemente. Es muy probable que Chloe esté en lo cierto y que ella y Jack nunca sean amigos, pero crees que, como dos adultos sensatos y comprometidos con su trabajo, en algún momento van a aparender a tolerarse, o mínimamente a tenerse una respetuosa diferencia. En todo caso, el tiempo dirá qué sucederá entre ellos dos. Tal vez nunca congenien o sólo lo hagan cuando el infierno se congele, tal vez logren limar las asperezas. Con las relaciones humanas nunca se sabe. Miralo a tu hermano: jamás lo hubieras creído capaz de perder la cordura y enamorarse hasta la obsesión, llegando al punto de levantarse contra el mundo entero para defender ese amor, y sin embargo sucedió. No crees que Jack y Chloe terminen pasando del odio (o desagrado, mejor dicho, porque odiar es algo muy fuerte y no crees que realmente se odien) al amor, pero tenes confianza en que eventualmente van a habituarse a las diferencias del otro y soportarlas.
El resto de la conversación se centra en otros temas, y por media hora tu mente se despeja y no la cruzan pensamientos sobre el conflicto entre tu madre y tu hermano. Cuando están por despedirse, Chloe promete avisarte qué día celebrará aquella pequeña reunión en su nuevo departamento.
"De verdad creo que Michelle, mi jefa, va a caerte muy bien. En algunas cosas me recuerda un poco a vos"
Curante y cinco minutos más tarde, cuando ya te estás quedando dormida, por primera vez en varias noches tu mente no está llena de preguntas, dudas, teorías y conjeturas sobre qué va a pasar con Tony y tu mamá. Tus pensamientos son bastante más placenteros ante la perspectiva de la reunión que va a organizar Chloe (va a organizarla para que su amigo Chase deje de insistir, sí, pero al menos aunque sea obligada está dando el primer paso para intentar mejorar sus habilidades sociales). Kiefer, Chloe, Tony y Michelle son cuatro personas muy importantes en tu vida. Si bien Kiefer es tu novio y Tony es tu hermano mayor, si bien a Chloe y a Michelle las conoces hace poco tiempo, no es errado decir que los cuatro son tus mejores amigos. Te pone contenta que vayan a juntarse aunque sea un par de horas, aunque no vaya a ser una situación natural, porque vas a tener que pretender que Michelle es una desconocida (así como ella y tu hermano van a tener que simular que su vínculo es puramente laboral). En estos momentos en los que tu familia es un caos al que no le ves solución en el corto plazo, poder apoyarte en personas a las que querés y que te quieren es un alivio muy grande, muy reconfortante.
En la vida hay altos y bajos, inevitablemente. Pero si siguen los amigos que querés tener, entonces no te podés quejar.
Nota de la autora: Estoy contenta y ansiosa por retomar esta historia. La extrañaba muchísimo y al escribir este nuevo capítulo me di cuenta de que me hacía mucha falta continuarla. Me quedan muchas cosas sin escribir; algunas ya las tengo meticulosamente planeadas y otras recién empiezo a imaginarlas y a darles forma. Les agradezco enorme e inmensamente por seguir leyendo.
Espero que este capítulo, que rompe un poco con la narrativa habitual, les haya gustado. Quería lograr algo corto y desde otro punto de vista, y a la vez anticipar situaciones que aparecerán en capítulos futuros. El capítulo 109 probablemente vuelva a centrarse de forma directa en Tony y Michelle.
