Hinata levantó la cabeza de golpe.
-¿Perdona?
-He estado pensando en ello todo el día y he llegado a la conclusión de que yo sería perfecto como padre de tu hijo.
Hinata se quedó boquiabierta. La idea de tener un hijo con Naruto le pareció absurda cuando Ino la sugirió, pero era él el que estaba diciéndolo. Y mirándola como si lo dijera en serio.
-¿Estás seguro?
-¿Por qué no? No queríamos dejar de ser amigos o que nuestra relación fuera diferente... pero resulta que ya es diferente.
Era cierto. Se encontraban raros, se miraban de otra forma. Y aquélla podría ser la última oportunidad de tener un hijo antes de que sus problemas se agravasen.
-Mira -siguió Naruto- tú quieres tener un hijo sin marido y sin pareja, ¿no?
-Desde luego.
-Yo no quiero formar una familia, Hinata. Y no vas a encontrar muchos hombres dispuestos a renunciar a sus derechos de paternidad, pero sabes que puedes confiar en mí.
-No dudo de que cumplirías tu palabra. Pero estamos hablando de un niño, Naruto. ¿Lo entiendes?
-Claro que lo entiendo. Tú serás una madre estupenda, cariño. Te mereces esa oportunidad.
-A lo mejor no me he expresado bien. Estamos hablando de sexo, Naruto. Tú y yo, juntos.
-¿Estás diciendo que no quieres acostarte conmigo? ¿Que no me encuentras atractivo?
Ella estuvo a punto de soltar una carcajada.
-No es eso. ¿Qué mujer no te encontraría atractivo?
-Sé que mis genes no son precisamente los mejores...
-Tus genes no son el problema. Yo me sentiría orgullosa de tener un hijo contigo, Naruto -dijo Hinata, tomando su mano- Mi único miedo es... esto que destroce nuestra amistad.
-Tú eres mi mejor amiga. Siempre lo has sido y nada ni nadie podría cambiar eso.
Nunca lo había visto tan serio, ni tan sincero. Hacía que todo pareciese tan simple...
Quizá demasiado simple.
-Pero debes entender que... en fin, que no es cuestión de una noche. Podría tardar meses en quedar embarazada. Un año incluso. Eso si me quedo embarazada.
Él asintió solemnemente.
-Entiendo. Y me parece bien.
-Y tendríamos que establecer unas reglas para... no confundir las cosas. Esto va a cambiarlo todo, Naruto.
-Yo creo que lo de poner reglas es buena idea.
-¿Puedes prometerme que, pase lo que pase, esto no dañará nuestra amistad?
-Te lo prometo. Quiero hacer esto por ti, de verdad.
Naruto lo había prometido, pero ¿podía hacerlo ella? Sin embargo, sabía en su corazón que la decisión estaba tomada. No tenía ninguna duda.
-Muy bien. Vamos a hacerlo.
Hinata dejó la copa de vino sobre la mesa y sacó un cuaderno y un bolígrafo verde de entre los cojines del sofá.
-¿Estás listo?
Naruto asintió.
-¿Puedo poner yo la primera regla?
Ella asintió con la cabeza, mientras anotaba: uno en el cuaderno. Afortunadamente, habían dejado de temblarle las manos. Excitación, miedo, angustia, alegría... no recordaba haber sentido nunca tantas emociones.
-Tenemos que ser totalmente sinceros el uno con el otro. Incluso sobre cosas que podrían hacernos sentir incómodos.
-Muy bien, regla número uno: sinceridad. Y creo que la regla número dos debería ser que sólo lo haremos... cuando...
Naruto levantó las manos.
-Un momento. Antes de seguir adelante, deberíamos establecer qué es lo que tenemos que hacer.
Ella levantó una ceja.
-¿Qué pasa, te perdiste ese capítulo en la clase de ciencias naturales?
-Muy graciosa. No, lo que quiero decir es que deberíamos saber cómo llamarlo. «Sexo», «hacerlo», «acostarnos»... hay mil maneras de nombrarla y deberíamos elegir una.
Su relajada actitud no tranquilizaba a Hinata. Parecía demasiado relajado, como si hiciera aquello todos los días.
-¿Cómo crees que deberíamos llamarlo?
-Decir que es sólo sexo parece demasiado frío... considerando cuál es el objetivo. Cuando mires al niño y recuerdes cómo fue concebido, quiero que tengas un buen recuerdo.
Hinata tragó saliva.
-Es un detalle.
-Quiero hacer esto bien. Te tengo mucho cariño y quiero pensar que tú también me lo tienes.
-Sabes que es así.
-Entonces, creo que deberíamos decir «hacer el amor», si te parece. Aunque no estemos enamorados, nos queremos, ¿verdad?
-Verdad. Muy bien, lo llamaremos hacer el amor.
-Listo. Regla número tres.
-Sólo deberíamos... hacer el amor cuando yo esté ovulando. Ya sabes, ésa es la única razón para que lo hagamos.
Hinata casi podría jurar que había visto un brillo de desilusión en sus ojos.
-Sí, buena idea.
-Regla número cuatro: deberíamos decidir dónde haremos el amor y acordar que, después, cada uno se irá a su casa. Nada de dormir juntos. Eso complicaría las cosas.
-Como supongo que haremos el amor de noche, lo mejor sería hacerlo aquí -dijo Naruto- No quiero que tengas que volver a casa sola.
-Me parece bien -asintió Hinata- Regla número cinco... y ésta piénsatela bien porque el asunto podría durar un año. No podemos acostarnos con otras personas mientras dure el acuerdo. No es que no confíe en ti, pero con todas las enfermedades que hay por ahí... no puedo arriesgarme. Vamos a hacer el amor sin protección.
-¿Puedo salir con otras mujeres?
Hinata intentó que no le doliese la pregunta. La había esperado, especialmente después de ver a la peli-rosa del bar, pero...
-No veo por qué no. Mientras no te acuestes con ellas.
-Muy bien. De acuerdo.
-¿Estás seguro?
-Claro que estoy seguro. Sé que todo el mundo piensa que voy de cama en cama, pero no es verdad. Además, cuando lo hago siempre uso preservativo.
-Te creo.
-Y eso nos lleva a la siguiente regla: no contárselo a nadie.
Hinata asintió, muy seria. Naruto no quería que nadie supiera que se acostaban juntos. Eso no debería sorprenderla. Después de todo, tenía que proteger su reputación. Y eso sí le dolía un poco.
-Si te parece lo mejor...
-Hasta que decidas qué vas a contarle al niño cuando sea mayor, deberíamos mantener esto en secreto. En mi trabajo, estas cosas se comentan... ya sabes.
Hinata se sintió como una boba. Ella se lo había tomado como algo personal, pero Naruto sólo estaba pensando en el niño.
-Cuando llegue el momento, habrá que tomar otras decisiones. Ya sabes, cuando el niño pregunte dónde está su padre... Ésa será la fase dos.
-Muy bien. Estamos en la regla número siete -murmuró Hinata, tomando un sorbo de vino- A ver cómo te lo digo...
-Sinceridad -le recordó Naruto.
-Es importante que no... En fin, que no busques placer solitario durante las dos semanas previas a mi ovulación. Para que no disminuya el recuento de espermatozoides. Cuanto más esperma, más posibilidades hay de que me quede embarazada.
-Dos semanas, ¿eh?
-Eso es lo que dicen los médicos. Lo siento.
-No te preocupes. Sobreviviré -sonrió Naruto- Supongo que la misma regla se aplica para ti.
-Pues... no lo sé.
Él soltó una carcajada.
-Era una broma, tonta. Si quieres hacerlo, adelante. Quizá, para compensar mis dos semanas de celibato, me dejarías mirar.
-¡Naruto!
-Era una broma. Relájate.
Hinata dejó escapar un suspiro.
-Perdona. Es que estoy un poco nerviosa.
-No deberías estarlo. Somos amigos y hemos hecho casi de todo juntos. ¿Te pones nerviosa cuando vamos a merendar al parque?
-No.
-¿Te pones nerviosa cuando vamos al cine?
-Claro que no.
-Pues intenta ver esto como algo que hacen dos amigos, nada más.
¿Amigos que se acuestan juntos? Ella nunca había tenido un amigo así. ¿Cómo iban a hacerlo, topándose los ojos, apagando la luz? ¿Y sí él quería hacer el amor apasionadamente y ella no sabía darle placer? No quería decepcionarlo después de hacerle pasar dos semanas... en blanco.
Y lo peor de todo, ¿y si al verla desnuda se le quitaban las ganas?
Naruto se sentó a su lado en el sofá y Hinata tuvo que hacer un esfuerzo para disimular los nervios. Se habían sentado juntos innumerables veces en los últimos diez años, pero aquella vez era diferente.
Tenía que relajarse, tenía que portarse como siempre, se dijo. De modo que apoyó la cabeza en su hombro.
-¿Ya está? -preguntó Naruto.
-Creo que lo tenemos todo solucionado. Y, de todas formas, podemos añadir alguna nueva regla más tarde.
-Tenemos siete. Es un buen número.
Sí, quizá tendrían suerte y concebiría durante el primer mes.
-Naruto, quiero que sepas cuánto te lo agradezco.
-Ya lo sé -sonrió él, apretando su mano- Y estoy seguro de que todo va a salir bien.
-Yo también. Aunque tengo que hacerte otra pregunta.
-Dime -dijo Naruto, con una de esas sonrisas que provocaría desmayos en cualquier mujer.
-¿Cuándo empezarnos a hacerlo?
Naruto se apoyó en la consola del estudio e hizo una mueca cuando su entrepierna rozó la esquina de metal.
Había estado soñando con Hinata otra vez... soñando que hacían el amor. Desde que ella empezó a comprobar lo de su ovulación, no pensaba en otra cosa.
Se imaginaba haciéndolo con ella en el sofá, en la encimera de la cocina, en la trastienda del bar... Incluso sobre la consola del estudio de grabación. Hinata sobre la consola, desnuda... Esa era su fantasía favorita y la que lo había dejado en aquella incómoda situación.
La tensión en su entrepierna empezaba a alcanzar un nivel insoportable. No había fantaseado tanto desde que estaba en el instituto, cuando el placer físico... al menos con otra persona, seguía siendo algo misterioso.
En realidad, no hacía el amor todos los días, ni siquiera todas las semanas, pero últimamente se sentía como un obseso sexual.
Intentando no llamar la atención, Naruto se inclinó un poco e intentó solucionar el asunto. Afortunadamente, llevaba la camisa por encima del pantalón para evitarse bochornos. Los vaqueros ajustados se habían quedado en el armario y, además, por el asunto del recuento de espermatozoides, debía llevar boxer anchos.
No le importaba. Era un sacrificio pequeño si consideraba el maravilloso regalo que le haría a Hinata.
Y la posibilidad de acostarse con ella... de hacer el amor con ella.
Pero no anticipó que el asunto lo excitaría tanto. Habían pasado dos semanas y Hinata seguía sin ovular, de modo que no habían hecho el amor. Como resultado, Naruto se encontró a sí mismo mirándola cuando ella no se daba cuenta. Aunque a veces lo sorprendía con cara de tonto.
Durante los últimos días, iba más tapada que nunca. Naruto no estaba seguro de si era porque le daba vergüenza su cuerpo o porque intentaba volverle loco.
Quizá las dos cosas. En cualquier caso, no podría aguantar mucho más.
-¿Naruto?
-Perdona, Kiba, ¿qué me estabas diciendo?
-Que ha llegado Shikamaru.
Naruto suspiró, mirando hacia una de las cabinas. Shikamaru, el que pronto sería su ex percusionista, había decidido aparecer por fin y, como siempre, estaba hecho polvo: despeinado, demacrado y con la ropa arrugada.
-Voy a hablar con él.
-Ten cuidado -dijo Kiba.
Naruto entró en la cabina de grabación y cerró la puerta.
-Hombre, Shikamaru. Por fin te has dignado a venir...
-Serás hijo de...
Naruto apenas tuvo tiempo de apartarse para que la baqueta que le había tirado no le diese en la cabeza.
-Veo que has oído mi mensaje.
-¿Dónde está mi equipo? ¿Y qué es eso de que tienes un nuevo percusionista?
-Tu equipo está guardado en la oficina. Hemos tomado la decisión de contratar a otro batería.
-No puedes despedirme. Soy el mejor batería de la ciudad -replicó Shikamaru, amenazante. El olor a alcohol y a sudor que emanaba era insoportable.
-Eso nadie lo pone en duda. Hace seis meses eras el mejor y podrías seguir siéndolo... si dejaras de beber.
-Lo que necesito es un trabajo y un poco de lealtad por parte de los que consideraba mis amigos.
-¿Lealtad? Llevamos seis meses aguatándote. La mitad de las veces no apareces y cuando lo haces, tocas fatal porque estás borracho o tienes resaca. He intentado ayudarte, pero es imposible. Y te lo advertí, Shikamaru. No me has dejado alternativa.
Entonces, por el cristal, vio a Lee saliendo de su estudio, dispuesto a contener a Shikamaru si se ponía violento. No sería la primera vez. Naruto sabía por experiencia que no había forma de razonar con alguien en ese estado. Sasuke, su propio tío, lo había atacado en varias ocasiones por intentar ayudarlo.
- ¿Y qué voy a hacer ahora?
-Podrías ingresar en una clínica de desintoxicación...
-Ya te he dicho mil veces que yo no tengo ningún problema -lo interrumpió Shikamaru, dando un paso adelante.
-No empeores las cosas. Márchate y cuando estés bien otra vez, llámame.
-Esto no va a quedar así -lo amenazó Shikamaru, saliendo del estudio.
-Seguro que no -murmuró Naruto.
Tenía la impresión de que le había fallado a su amigo, aunque no sabía que más podía hacer por él. Lo había intentado mil veces y no servía de nada. Le pasó lo mismo con Sasuke cuando lo detuvieron por conducir borracho. Había intentado quitarle las llaves del coche, pero él se negó... y acabó empotrándose contra un árbol.
-Al menos esta vez no ha roto nada -suspiró Lee, tomando la baqueta del suelo.
-Quizá por fin busque ayuda -suspiró Naruto- Menuda forma de empezar la tarde.
-Hasta que él esté dispuesto a solucionar su problema, nosotros no podemos hacer nada.
-Ya, pero me siento como un traidor.
-¿Un traidor? La culpa es suya. Llevamos meses advirtiéndole.
-Lo sé, pero...
La puerta del estudio se abrió entonces y una de las secretarias asomó la cabeza.
-Hay una llamada para ti, Naruto.
-¿Quién es?
-Una chica.
Él cerró los ojos, agobiado.
-Estoy ocupado. ¿Te importa decirle que deje un mensaje?
-Dice que es importante. Está en la línea dos.
Mascullando una maldición, Naruto levantó el auricular.
-Dígame.
-¿Naruto?
-¿Hinata?
-Hay dos líneas.
-¿Qué?
-Que me han salido dos líneas en la prueba. Una blanca y la otra azul.
-¿Qué quiere decir eso?
-Que estoy lista.
-¿Cómo?
-Que estoy ovulando, Naruto -contestó Hinata.
-¿Ahora mismo?
-Pues sí. ¿Cuánto tardarás en llegar?
Naruto miró a Lee. Aparentemente, iba a comer muy temprano.
-Dame quince segundos.
