Hinata se apoyó en la encimera de la cocina para comprobar de nuevo el resultado de la prueba. Sí, era positiva. Estaba ovulando.
Según su ciclo, debería haberlo hecho una semana antes. Naruto, el pobre, empezaba a mostrar las secuelas que dos semanas de «sequía» dejaban en un hombre sano. No se había quejado, pero ella se daba cuenta de que lo estaba pasando mal porque más de una vez lo había pillado mirándole los pechos... Unas miradas que hacían que le temblasen las rodillas.
Aunque los hombres la miraban así normalmente. Era una de las desgraciadas consecuencias de tener un cuerpo como el suyo. Pero Naruto, su amigo... él nunca la había mirado de esa forma. Tenía que estar fatal para mirarle los pechos así. No porque fueran feos o deformados, no; porque eran grandes. Y nunca lo había visto con una chica que tuviera el pecho grande.
Aunque su aspecto físico no importaba. No iban a hacer el amor por gratificación sexual... al menos, ella no. Iban a hacer un niño. Pero, aunque deseaba tener un hijo con todas sus fuerzas, la idea del primer encuentro con Naruto la llenaba de angustia.
Estaba a punto de acostarse... de hacer el amor con Naruto. Naruto, su mejor amigo. A menos que...
Hinata abrió uno de los cajones de la cocina para buscar algo, pero en ese momento llamaron al timbre. Nerviosa, intentó tragar saliva y se dio cuenta de que tenía la boca seca.
Naruto estaba en el descansillo, despeinado y con la cara colorada.

-Uf, estoy desentrenado.

Hinata, que tenía una cánula de plástico en la mano, se quedó mirándolo mientras él apoyaba las manos en las rodillas para recuperar el aliento.

-¿Qué piensas hacer con eso? -preguntó Naruto, señalando la cánula.

-Nada, no te preocupes. ¿Has venido corriendo?

-El jeep estaba bloqueado por un camión de reparto y pensé que sería más rápido venir andando. ¿Me lo he perdido?

-¿Qué?

-La ovulación. ¿Es demasiado tarde?

-No, qué va. Tengo veinticuatro horas. A veces, incluso más.

-Vaya, podrías habérmelo dicho -suspiró Naruto entonces.

Seguramente ella no lo sabía, pero no pensaba irse del apartamento hasta que hubieran consumado el acuerdo. Dos o tres veces.
Diecisiete años de curiosidad terminarían aquel día.

-Ciento mucho haberte hecho esperar -dijo Hinata, intentando disimular el nerviosismo- Te agradezco que hayas sido tan paciente.

-Pues me estoy quedando sin paciencia -sonrió Naruto, dando un paso adelante. Ella dio un paso atrás- ¿Qué pasa?

Hinata señaló por encima de su hombro.

-Deberíamos ir a... la habitación.

-En la cama, en el sofá, en el suelo... donde estés más cómoda. A mí me da igual.

Hinata salió al pasillo y él la siguió.
Siempre había creído que los colores pastel eran demasiado femeninos, pero en aquel momento le parecían apropiados. Las cortinas del dormitorio estaban echadas y el olor de su perfume flotaba en el aire.

-No me gusta el sexo -dijo Hinata.

-¿Perdona?

Ella se quedó al lado de la cama, como si estuviera a punto de enfrentarse con un pelotón de ejecución.

-He dicho que no me gusta el sexo. Pensé que deberías saberlo antes de... ya sabes.

-¿Por qué no te gusta el sexo?

Hinata se encogió de hombros.

-No lo sé. No me gusta. Cuando vivía en casa oía a mi madre gimiendo y suspirando y pensé que sería una delicia. Pero entonces lo hice y... me pareció asqueroso.

-¿Asqueroso?

-Es que me dolió... y me daba corte. Era muy… yo qué sé.

-Ya veo -suspiró Naruto. Pero no veía nada. ¿Qué quería decir, que había pasado mucho tiempo desde la última vez y se sentía un poco aprensiva? No podía querer decir en serio que no le gustaba el sexo. ¿A quién no le gusta el sexo?

-Puede que los hombres con los que has estado...

-Hombre. Sólo ha habido uno. Después de un mes me di cuenta de que lo del sexo no era para mí. Pero da igual. No creo que me esté perdiendo nada.

-Espera un momento, ¿cuándo y con quién te acostaste que te dio tanto asco?

-Shino Aburame, en el instituto.

-¿No te has acostado con nadie en seis años? -exclamó Naruto. La verdad, no recordaba haberla visto saliendo con nadie en mucho tiempo, pero ¿seis años?

Hinata se tumbó sobre la cama y cerró los ojos.

-Bueno, estoy lista. Espero que no te importe, pero prefiero no quitarme la ropa.

Como Naruto no se reunió con ella en la cama, abrió un ojo y vio que él no se había movido. Afortunadamente, ya no le daba tanto miedo como cuando entró. Entonces la había mirado con una expresión que parecía decir: «voy a comerte ahora mismo». Cuando entró en su apartamento, despeinado y tan decidido, casi estuvo a punto de dar marcha atrás.

-Deberíamos empezar -insistió, cerrando los ojos de nuevo.

-Creo que olvidas algo -dijo Naruto.

-¿Qué?

-No vamos a acostarnos simplemente.

-¿No?

-Vamos a hacer el amor. Así que vamos a desnudarnos, Hinata. Y sea como sea voy a conseguir que los dos la pasemos bien.

El corazón de Hinata latía a mil por hora.

-Te lo agradezco mucho, Naruto, pero no creo que sea necesario.
-Yo creo que sí -replicó él, mientras empezaba a desabrocharse la camisa- Levántate. Vamos a hacer esto bien.

¿Levantarse? ¿Dónde pensaba llevarla?
¿Iba a hacerla bailar desnuda sobre la mesa o algo así? Ella no estaba preparada para esas cosas.
Pero no debía tener miedo. Naruto era su amigo, un hombre en el que confiaba por completo.

-¿No quieres hacerlo aquí?

-Sí, pero antes tengo que ducharme -dijo él, desabrochando el último botón de la camisa- Mientras lo hago, sírvete una copa de vino y pon algo de música.

Hinata había imaginado que se meterían juntos en la cama y terminarían lo antes posible. Cuando llegó parecía dispuesto... ¿por qué la hacía esperar?
Porque quería... que lo pasara bien. Eso había dicho. Pero algunas personas sencillamente no lo pasaban bien en la cama. Y Hinata era una de ellas.
Agitada, lo siguió hasta la puerta del baño.

-¿Pasa algo, Naruto?

Naruto se volvió y ella se quedó mirando su torso desnudo. ¿Desde cuándo el torso de Naruto Namikaze se había convertido en un objeto fascinante? Lo había visto en bañador muchas veces. ¿Y por qué parecía tan alto?
Y sus ojos... ¿siempre habían sido tan azules?

-Lo que pasa es que no esperaba que... en fin, que estuvieras tan nerviosa. Si no fuera por el asunto de la ovulación, me tomaría mi tiempo. Es como si hiciéramos esto contra tu voluntad.

Hinata se mordió los labios. Era verdad, no se lo estaba poniendo nada fácil. Además, ella deseaba que ocurriera. Lo deseaba más que nada en el mundo; tanto que la asustaba.

-No, Naruto, no es eso...

-Tenemos que ir un poquito más despacio. Estaba a punto de meterme en la cama contigo y nunca te he besado. ¿No te parece un poco extraño?

Era cierto. Quizá si iban más despacio no se sentiría tan inepta.

-Tienes razón.

-¿Puedo besarte ahora?

Curioso, pero no se le había ocurrido que iban a besarse. Sus labios rozándose, sus lenguas...

Hinata sintió un escalofrío. Lo había besado antes. Pero los besos no contaban porque él estaba medio inconsciente. Sería mucho mejor si Naruto participaba.

-Sí -dijo por fin- Quiero que me beses.

Cuando Naruto dio un paso adelante, se dio cuenta de que le costaba respirar. Y cuando él levantó una mano para acariciar su cara cerró los ojos. Tenía unas manos grandes y suaves, manos de artista. Unas manos que quería sentir sobre su cuerpo...
La intensidad de ese deseo hizo que emitiera un gemido.
Naruto apartó la mano entonces y dio un paso atrás.

-No, no, lo siento. Es que...

-No importa. Dame cinco minutos.

-Pero...

-Necesito cinco minutos -la interrumpió Naruto, cerrando la puerta del baño.

Después de quitarse la ropa a toda prisa Naruto se metió bajo la ducha. Fría.
Ver el brillo de sus ojos, sentir el calor de su piel... había estado a punto de hacerlo allí mismo, en el pasillo.
Con un gemido ronco, apoyó la cabeza en los baldosines, dejando que el agua fría cayera por su espalda. Nunca se había sentido más excitado por la idea de hacer el amor con una mujer. La mera imagen de un beso casi lo había hecho estallar.- Quizá era la espera, la anticipación. O quizá que Hinata era la fruta prohibida. Y él quería probarla.
«No, no, no, no pienses eso».
Suspirando, tomó el jabón y empezó a pesárselo por todo el cuerpo. Su erección era tan dolorosa que le daban ganas de bajar la mano y aliviarse a sí mismo. Ella no lo sabría nunca y lo peor que podría pasar era que tardase unos meses más en concebir. Pero no podía ser. Lo importante era Hinata, no su satisfacción. Si acababa en el primer empujón, como un adolescente, tendría que aguantarse. Y esperar que a ella no le diera la risa.
Si llegaba al primer empujón, claro.
Poco después salió de la ducha, un poco más calmado. Se frotó bien con la toalla, se puso los pantalones y fue a la cocina. Hinata no había puesto música y la botella de vino estaba sobre la encimera, sin abrir.

-¿Hinata?

-Estoy aquí -contestó ella- En el dormitorio.

Naruto apareció en la puerta del dormitorio con el torso desnudo. Tenía el estómago plano, bien definido, con abdominales marcadas y una fina línea de vello que se perdía bajo la cinturilla del pantalón. Estaba despeinado, como casi siempre. Y eso le daba un aire muy sexy, muy deseable.
Cuando la vio en la cama, tapada hasta la barbilla, se apoyó en la puerta, suspirando.

-Estás en la cama.

-Y desnuda -dijo Hinata.

-¿Completamente desnuda?

-¿Por qué no vienes y lo compruebas por ti mismo?

Cuando Naruto se apartó en el pasillo... o más bien, cuando ella se dio cuenta de por qué se había apartado, perdió el miedo.
Aquel hombre, su mejor amigo, había soportado semanas de celibato sólo porque ella se lo había pedido y le parecía justo satisfacerlo. Era lo mínimo que podía hacer. Quizá incluso ella lo pasaría bien. Y si no, daba igual.

-¿Seguro que estás preparada? -preguntó Naruto, acercándose.

Hinata miró la cremallera del pantalón.

-No sé. ¿Hay algo ahí que vaya a asustarme?

Naruto sonrió.

-Quiero decir que si estás preparada para esto. Quizá deberíamos empezar en el salón, tonarnos un poco de tiempo...

-No sé tú, pero yo creo que ya he esperado suficiente. Y creo que deberías quitarte la ropa.

-Tú eres la jefa -sonrió Naruto, bajándose los pantalones.

Oh, cielos. Shino Aburame no tenía «eso» ni mucho menos. El cuerpo de Naruto era fibroso, fuerte. Y hermosísimo. La asombraba que pareciese tan cómodo estando desnudo.
Naruto se metió en la cama y, apoyando la cara en una mano, la miró con una de sus sonrisas irresistibles.
Hinata esperó que diera el primer paso, que la besara, que la tocase. Que hiciera algo. Pero no se limitaba a sonreír.

-¿Qué?

-Estás muy mona tapada hasta la barbilla -dijo él, tirando un poco de la sábana- ¿Qué tal si me enseñas algo?

«Muy bien, allá voy» Hinata cerró los ojos y bajó un poquito la sábana para mostrarle... los hombros.

-Respira, por favor. Te estás poniendo morada.

Ella dejó escapar el aire.

-Perdona. Es que... me da un poco de corte.

-¿Por qué?

-Es que mi cuerpo es tan...

-¿Tan qué? -susurró él, trazando la línea de sus pechos con el dedo, por encima de la sábana.

-Que no me gusta.

Él tomó su mano y la apretó contra su corazón.

-¿Puedes sentirlo? ¿Mi corazón latiría así si no me excitara tu cuerpo?

El de Hinata parecía a punto de salirse de su pecho. Apenas podía creer que estuviera con Naruto, que Naruto la estuviera tocando...

-¿Puedo besarte?

Ella cerró los ojos y levantó la cara como invitación. No podía decir nada por miedo a que su voz la traicionase. El cálido aliento de Naruto la excitó y, al sentir el roce de sus labios, el olor del jabón mezclado con su olor a hombre... se le puso el corazón en la garganta.
Sin embargo, besar a Naruto le salía como algo natural, como si llevaran años haciéndolo.
Cuando se apartó, abrió los ojos y contuvo una risita.

-Ha estado bien -dijo él.

-Sí.

-¿Seguimos?

Hinata enredó los brazos alrededor de su cuello. ¿Seguir? No quería parar.
Aquella vez, el beso fue más profundo, más urgente. Y cuando él enredó los dedos en su pelo y rozó su muslo con la rodilla algo ocurrió entre sus piernas. Shino Aburame nunca la hizo sentir así. Había sido tan torpe... y en ningún momento pensó en ella.
Hinata empezó a deslizar la mano por sus hombros, tan anchos, tan suaves. Se sentía borracha de deseo, mareada por el sensual ritmo de su lengua... pero cuando clavó las uñas en su espalda para empujarlo hacia delante, Naruto se apartó y sujetó sus manos sobre el cabecero.

-Eh, más despacio.

Que la mantuviese cautiva era excitante y frustrante a la vez. Hinata no quería parar.
Con la mano libre, Naruto apartó la sábana de un tirón, pero ella se sentía tan cautivada que le dio igual estar desnuda delante de él. Entonces Naruto acarició uno de sus pechos, sin dejar de mirarla a los ojos.

-Oh...

-¿Te gusta?

¿Que si le gustaba? No había una palabra en el diccionario que definiese lo que estaba sintiendo en ese momento. Y quería más. Quería tocarlo, ser tocada por todas partes.
La mano de Naruto se apoyó sobre su estómago y empezó a bajar, creando un incendio a su paso. Y Hinata instintivamente se arqueó hacia él.
Naruto levantó la cabeza, sonriendo.

-Aunque parezca inmodestia, no te portas como una mujer a la que no le gusta el sexo.

-A lo mejor estoy fingiendo -dijo ella, casi sin voz.

-Pues entonces tendré que hacerlo mejor -replicó Naruto, con una sonrisa muy, pero que muy traviesa.