Naruto introdujo un pezón en su boca, sin apartar los ojos de su cara, y Hinata volvió a raquearse hacia él. La otra mano de Naruto seguía deslizándose suavemente hacia abajo... hasta colocarse entre sus piernas, para abrirla con los dedos. Hinata contuvo un gemido de placer y de miedo. Tocaba su cuerpo como si fuera un instrumento que conocía bien, despertando un tumulto desconocido e intenso en su interior. Hasta que fue demasiado intenso.

-Naruto...

-Deja que pase, Hinata.

Ella negó con la cabeza.

-No puedo. Es demasiado...

«Pero no pares», parecía querer decirle. «No pares de tocarme».

-Sí puedes -murmuró Naruto, inclinándose y colocando la cabeza entre sus piernas.

El primer instinto de Hinata fue cerrarlas, pero no podía hacerlo. Cuando sintió sus labios en la delicada piel del interior del muslo, puso una mano en su cabeza.

-Naruto, no...

-Déjame, Hinata. Deja que lo haga.

Él inclinó de nuevo la cabeza y, al sentir el primer roce de su lengua en un lugar tan íntimo, Hinata sintió un escalofrío. Pero en lugar de apartarlo, empujó su cabeza con las manos, sujetándolo allí.
El placer era tan nuevo para ella que sentía como si estuviera flotando por encima de la cama. Las sensaciones, tan profundas, tan intensas, la asaltaban desde todas direcciones. Y cuando creía que no podía ser mejor, él concentró sus movimientos en un lugar particularmente sensible y...

-¡Oh, Naruto! -gritó, sintiendo que sus músculos se contraían. El espasmo pareció durar para siempre... tanto que creyó que iba a desmayarse. Hasta que, por fin, exhausta y más relajada que nunca, dejó escapar un largo suspiro. Cuando abrió los ojos vio que Naruto estaba sonriendo.

-Parece que te ha gustado -murmuró, apartando el pelo de su cara.

-Es que... oyes a otras chicas hablando de ello, pero cuando lo sientes...

-¿Qué tal?

-Ah.

La sonrisa de Naruto estaba llena de orgullo masculino y Hinata levantó la mano para acariciar su cara, sus cejas, las delgadas líneas alrededor de sus ojos, asombrada de poder tocarlo así, de haber sido capaz de no tocarlo en todos aquellos años. Su piel, bronceada por el sol, era deliciosa y el roce de su barba provocaba una sensación muy agradable. El también estaba excitado, pensó entonces. Veía el pulso latiendo en las venas de su cuello.
Juntando las manos detrás de su cabeza la empujó hacia abajo para besarlo. Fue un beso hambriento, tierno y exigente a la vez.

-Hazme el amor, Naruto -murmuró, acariciando su espalda.

-Despacio -dijo él cuando Hinata abrió las piernas- No quiero hacerte daño.

-No me harás daño.

Sentía un deseo abrumador por completar lo que habían empezado. Por conectar con él. Sentía el deseo de tenerlo dentro, en un lugar vacío que nada, ni siquiera la profunda amistad con Naruto había sido capaz de llenar.
Enredando sus piernas con las de él, levantó las caderas descaradamente y Naruto, dejando escapar una especie de suspiro, se colocó en posición y empujó suavemente para abrirse paso.
Aquello no era nada parecido a lo que hizo con... como se llamara. Era dulce, tierno. Sólo Naruto podía hacerlo así. Nadie más que él podría hacerla sentir de esa forma.
Naruto empujaba suavemente al principio, con los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás, los tendones de su cuello en tensión. Estaba contendiéndose cuando ella quería que se dejase ir.

-Naruto, abre los ojos.

-No puedo -murmuró él, enterrándose más profundamente, tocándola en un sitio donde no la había tocado nadie. Un lugar tan profundo que parecía llegar hasta su alma.

-Por favor, mírame.

Él abrió los ojos, oscuros y turbulentos como las olas golpeando la playa durante una tormenta. Y en cuanto la miró, perdió el control. Su cuerpo se colapso en una serie de espasmos y Hinata lo abrazó con fuerza, acunándolo en el momento de pasión.
Dejando escapar un gemido ronco, Naruto apoyó la cabeza sobre su hombro, intentando recuperar el aliento.

-Lo siento.

-¿Por qué?

-Quería esperarte.

-Naruto, por favor... Otro orgasmo como el primero me habría dejado inconsciente. No podría haber sido más perfecto.

Naruto se dio cuenta entonces de que seguramente la estaba aplastando e intentó apartarse, pero Hinata lo sujetó con las piernas.

-¿Dónde vas?

Naruto soltó una carcajada.
Sabiendo el tiempo que había pasado desde la última vez que Hinata hizo el amor, debería haber ido más despacio, hacer que durase. Quería que fuese especial para ella. Pero era tan estrecha y eso lo había excitado tanto...

-¿Te he hecho daño?

-Qué va. Ha sido maravilloso. ¿Tú crees que estaré embarazada?

-Pues... no lo sé.

Casi lo había olvidado. Casi había olvidado por qué estaban haciendo el amor. Y entonces se dio cuenta de algo: aquello no era real. Hinata no lo abrazaba por amor, sencillamente no quería perder el «material genético».
Absurdamente, esperó que no hubiese funcionado, que tardara meses y meses en quedar embarazada. Al menos, hasta que él estuviera preparado para dejar de hacerle el amor... pero enseguida se sintió culpable.
Lo importante era el niño, se dijo. No él.
Sin embargo, nunca una fantasía había palidecido frente a la realidad. El sexo para él siempre había sido satisfacción física, nunca amor. Pero con Hinata había cariño y respeto.
Hacer el amor con ella era diferente. Y seguramente nunca volvería a sentir lo que sentía en aquel momento.
Sólo podía esperar que, unos meses más tarde, los dos estuvieran cansados. Quizá entonces las cosas volverían a estar en su sitio. Quizá para entonces sería suficiente y podría volver a su frívola existencia, a salir con otras mujeres... con cualquiera menos con Hinata.
¿Y si unos meses no eran suficiente?, se preguntó.
¿Y si nunca era suficiente?
Hinata miró el reloj que había sobre la mesilla.

-Vaya, le dije a Ino que podía marcharse pronto. Tengo que bajar a la tienda.

Fuese la verdad o una excusa, era lo mejor, pensó Naruto. No podía dejar que unos sentimientos tan confusos lo distrajeran. No podía complicar las cosas.

-Yo dije en el estudio que podían irse a comer, pero supongo que ya habrán vuelto.

Naruto se levantó entonces y buscó su ropa. Sería mejor aparentar normalidad. Como si hubieran quedado para darse un revolcón rápido.

-¿Quieres que... nos veamos esta noche? -preguntó, sin mirarla- Por si acaso no ha funcionado. Sigues siendo fértil, ¿verdad?

-Sí. Pero Ino y yo pensábamos hacer inventario esta noche. Lo cancelaría, pero es que tenemos mucho trabajo. ¿Qué tal si comemos juntos mañana?

En otras palabras, que tenía suficiente por un día.

-Me parece bien.

El sonido del timbre los sorprendió. Y, como dos adolescentes pillados en una situación embarazosa por sus padres, saltaron de la cama y buscaron la ropa a toda prisa.

-¿Quién será? -preguntó él en voz baja.

-No lo sé. A lo mejor es Ino que viene a buscarme... ¿Cómo vamos a explicar esto?

-No tenemos que explicárselo a nadie. Abre la puerta como si no pasara nada -dijo Naruto, poniéndose los pantalones- Yo voy al baño a vestirme.

Con Naruto encerrado en el cuarto de baño, Hinata se pasó una mano por el pelo antes de abrir la puerta.
Motoko, la novia de su padre, entró como una tromba.

-¡Hay un loco amenazándome con un rayador de queso!

-No te preocupes, es inofensivo. Está un poco senil, pero no le haría daño a una mosca -dijo Hinata, cerrando la puerta.

-Me ha llamado extraterrestre.

-Sí, es que le gusta mucho Expediente X. Por cierto, ¿qué haces aquí?

-Quería darte esto -dijo Motoko, sacando un sobre del bolso- Es la invitación para la boda.

-Podrías haberla enviado por correo.

-Lo siento. ¿He venido en mal momento?

-No, claro que no. Es que me iba a trabajar...

-Pasé antes por la tienda, pero Ino me dijo que estabas en casa -dijo Motoko, con gesto de disculpa- Espero no haber interrumpido nada.

Tras ella, Hinata oyó la cadena del inodoro. Naruto apareció un segundo después, con la camisa arrugada y el pelo alborotado.
¿No podría haberse quedado dentro?

-Naruto, ¿te acuerdas de Motoko?

-Encantada de volver a verte, Naruto.

-Lo mismo digo. Bueno, tengo que irme al estudio, Hinata. Nos vemos mañana.

-Hasta luego. En fin, Motoko, si no querías nada más...

-Sólo darte la invitación y recordarte que te esperamos en la boda.

-Iré, no te preocupes.

-Es que... me dio la impresión de que tu padre y tú no os lleváis bien.

«Joven y lista», pensó Hinata.

-Prometo que iré.

-Por cierto, deberías peinarte un poco antes de bajar a la tienda -sonrió Motoko entonces- Y ponerte el vestido bien... lo llevas del revés.

Hinata abrió la boca para decir algo, pero no le salió nada.

-No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo -siguió Motoko. Su sonrisa parecía tan sincera que Hinata la creyó.

Pero se preguntó en qué lío se habían metido Naruto y ella.
Hinata miró su reloj por enésima vez y luego miró, frustrada, a las clientas, que no parecían querer marcharse. Si no se iban, no podría comer con Naruto. Y técnicamente, no sería fértil durante muchas más horas.

-Sesenta y ocho dólares -le dijo a una dienta, abriendo la caja y guardando la prenda dentro de una bolsa a toda velocidad.

Aunque no lo admitiría nunca, no podía esperar todo un mes antes de volver a hacer el amor con Naruto. Pero, ¿y si la primera vez había funcionado? ¿Y si estuviera embarazada? Entonces, no volverían a hacerlo nunca...
Cuando era una adolescente, la idea del sexo le parecía desagradable. Para ella, el sexo eran los golpes del cabecero de la cama de su madre contra la pared, los gruñidos de los hombres que se acostaban con ella... Y su propia experiencia sólo había afianzado esa impresión.
Pero con Naruto había sido precioso. Además, era diferente, ellos lo hacían para crear una vida. Aunque, por supuesto, también hubo placer físico. Naruto había despertado en ella un deseo que nunca había sentido. Sólo imaginarlo en la cama, acariciándola... hacía que sus hormonas se alterasen.

-Lo de las velas y los aceites aromáticos ha sido una gran idea -dijo Ino, acercándose al mostrador- ¿Qué te pasa? Estás colorada.

Hinata, perdida en sus fantasías, se puso aún más colorada. Debería darle vergüenza fantasear sobre el sexo, pero no era así. Se sentía viva, femenina y deseable.

-¿No estarás enferma?

-La verdad es que estoy un poco mareada.

Era cierto, además. Pero no estaba enferma.

-¿Por qué no te tomas la tarde libre? Así podrás echarte una siestecita.

-Sí, supongo que me vendría bien. Me voy a casa, pero llámame si me necesitas.

Hinata subió a su apartamento... haciendo la necesaria parada en la puerta del señor Jiraiya. Una vez dentro, tomó el inalámbrico y marcó el número del estudio de Naruto a toda velocidad.

-Hola, soy yo.

-Dime -contestó él, muy seco.

Hinata se mordió los labios. A lo mejor no le apetecía. O había quedado con otra chica.

-¿Te pasa algo?

-No, perdona. Es que he tenido una mañana... no quería contestarte así.

-¿Quieres que te llame más tarde?

-No, de verdad.

-¿Por qué no vienes a casa?

Al otro lado del hilo hubo un silencio.

-¿A tu casa?

-Sí, claro.

¿Se le había olvidado que iban a «comer» juntos?

-¿Para?

-Sexo, Naruto. Te estoy invitando a mi casa para que hagamos el amor -dijo Hinata.

Naruto dejó escapar un suspiro de alivio. -Ah, bueno. Sólo quería comprobarlo.

-Tendrás que subir sin que Ino te vea.

-Voy para allá.

Hinata se mordió los labios. Menos mal. Por un momento, pensó que había cambiado de opinión.
Para matar el tiempo, se lavó los dientes, cerró las cortinas de su cuarto, encendió una vela aromática y abrió el primer cajón de la cómoda. Se había comprado un capricho cuando llegó al acuerdo con Naruto: un camisoncito negro de encaje.
Pero cuando se miró al espejo hizo una mueca. Era tan corto, tan provocativo, que apenas podía ocultar sus pechos. Y no le llegaba ni a la mitad de los muslos.
Era una prenda tan sexual, tan descarada, que se sentía incómoda. Parecía la portada de una de esas revistas para hombres. Y no dejaría que Naruto la viera así.

-¿Cómo lo has sabido?

Hinata se volvió, con una mano en el corazón. Naruto estaba mirándola desde la puerta, con los brazos cruzados.

-¿Cómo has entrado?

-La puerta estaba abierta -contestó él, quitándose la camiseta.

Ella se quedó inmóvil, observando cómo él se la comía con los ojos. Bueno, eso era lo que había esperado. ¿Por qué le daba tanta vergüenza?

-¿Cómo sabías que me gusta el encaje negro?

-¿Eh?

-Me vuelve loco.

-¿Esto? -preguntó ella, intentando parecer seductora. Pero no era lo suyo, no sabía cómo hacerlo.

-¿Lo has elegido especialmente para mí?

Naruto apartó una de las finas tiras, acariciando su hombro a la vez, produciendo un cosquilleo.

-Dime la verdad, Hinata. ¿Es para mí?

-Sí -admitió ella- Pensé que... ayudaría.

-Llevo mucho tiempo soñando con verte así.

¿Naruto soñaba con ella?

-¿Desde cuándo?

-Desde hace mucho tiempo. Demasiado.

Iba a preguntarle cuánto tiempo era demasiado tiempo, pero el roce de sus labios en el hombro hizo que dejara de pensar. Sin embargo, no podía evitar la sensación de que lo estaba engañando.

-Espera, Naruto. Lo siento... no puedo hacerlo.