Naruto la miró, perplejo.
-¿Qué pasa?
-¿Qué pasa? Mírame. Estoy ridícula. Yo uso camisetas y pijamas de franela para dormir, no esto.
-Entonces, ¿por qué te lo has puesto?
-Tú mismo has dicho que te gustaba la lencería de encaje negro...
-¿Y qué?
-Que intentaba hacerlo divertido para ti. Quería que fuese especial.
-¿Y por qué has pensado que no eres especial?
-No soy ciega. He visto a las chicas con las que sales, Naruto.
-Hinata, mírate al espejo.
Ella negó con la cabeza.
-No quiero.
Naruto la tomó por los hombros para obligarla a mirarse.
-Mi atracción por ti no tiene nada que ver con el cuerpo, tiene que ver con esto -dijo, poniendo una mano sobre su corazón- Eso es lo que me atrae de ti.
Había sinceridad en sus ojos, y un respeto que llevó lágrimas a sus ojos. Naruto deslizó la otra mano por su estómago, atrayéndola suavemente hacia él.
-Gracias -murmuró Hinata, apoyando la cabeza en su pecho.
-¿Tienes prisa por volver a la tienda?
-Ino dice que me tome la tarde libre.
-Estupendo, porque yo le he dicho a los chicos que no volvería al estudio. Y ahora, vamos a quitarte esto -dijo Naruto, tirando del camisón. Hinata levantó obedientemente los brazos y la prenda desapareció, dejándola desnuda- ¿Así mejor?
Ella asintió, mientras Naruto deslizaba las dos manos sobre su estómago delante del espejo. Hinata lo miraba y él la miraba a ella, observaba sus reacciones mientras jugaba con uno de sus pezones. La vio sentir un escalofrío, vio que cerraba los ojos...
-Eres tan preciosa, Hinata. Me encanta tocarte.
Entonces bajó la mano y la colocó entre sus piernas. Cuando sus dedos rozaron aquella delicada zona, Hinata sintió un temblor por todo el cuerpo. La acarició una, dos, tres veces... y tuvo que apretar los dientes para no gritar.
Temiendo que sus piernas no la obedecieran, levantó los brazos y los enredó alrededor del cuello de Naruto. La postura era lasciva, emocionante. La fricción intensa, torturadora... y no quería que terminase nunca. Pero sentía crecer la tensión, sentía que estaba a punto de perder el control.
-Hinata, mírate al espejo. Míranos.
Ella abrió los ojos y se vio apretada contra Naruto, vio el brillo de sus ojos azules... y se dejó ir, sujetándose fuertemente a él para no perder el equilibrio.
Naruto no dejaba de mirarla en el espejo, como hipnotizado. Era lo más erótico que había visto nunca. Un camisón de encaje negro no habría aumentado su deseo. Su atracción por ella era absoluta. Nada que se pusiera podría hacer que la deseara más.
Pero no esperó que fuese tan... emocionante. Nunca había conectado tanto con otro ser humano. Y eso lo asustaba.
El instinto le decía que no era suficientemente bueno para ella, que no sería un buen padre para su hijo. Y también sabía con absoluta certeza que Hinata era una chica madura y responsable, que podría cuidar sola de su hijo.
Ella se volvió entonces y se puso de puntillas para besarlo, olvidando toda vergüenza.
En cuanto notó que tocaba su cinturón, el deseo amenazó con abrumar a Naruto. Y cuando bajó la cremallera del pantalón...
Hinata le bajó los pantalones y él los quitó de en medio de una patada. Pero cuando empezó a bajar los boxer... estuvo a punto de perder el control. Y él nunca había perdido el control con una mujer, nunca se abandonaba del todo.
Hinata tiró de los bóxer, asombrada de la perfección masculina. A ella «eso» siempre le había parecido misterioso y un poco amenazante, pero Naruto... Naruto era precioso. Lo envolvió en su mano, acariciándolo, sintiendo la textura de su piel, maravillándose de su suavidad.
Naruto contuvo un gemido. Tenía los ojos cerrados, la boca entreabierta...
-Me gusta. Pero no sé si puedo aguantar.
Hinata quería seguir y tuvo que recordarse a sí misma una vez más que no hacían aquello por diversión, sino para concebir un hijo. Eso debería ser lo único en su mente. Y, sin embargo...
¿Sería tan malo disfrutar un poco?, se preguntó.
Naruto se tumbó en la cama y la colocó a horcajadas sobre su cuerpo.
-Hazme el amor -dijo Naruto entonces.
-Yo... no sé cómo hacerlo.
-Haz lo que te guste.
Hinata se incorporó un poco para ponerlo en su interior. Le asombraba la perfección de aquel gesto, la conexión. Movía las caderas con un ritmo que, unos segundos antes, desconocía. La sensación era exquisita, pero...
-Hinata -dijo Naruto con voz ronca- estoy casi a punto.
-Adelante.
-Sin ti no.
-Yo no puedo ahora.
-Sí puedes. Siéntate. Siéntate y échate un poco hacia atrás. Pon las manos sobre mis muslos.
Por un momento se sintió incómoda, aunque enseguida encontró el equilibrio. Pero no sabía por qué así iba... lo descubrió cuando Naruto levantó las caderas de golpe. La sensación fue como un relámpago.
-¡Oh! ¿Qué haces?
Él volvió a empujar hacia arriba y Hinata gritó de placer.
-Hazlo de nuevo.
Naruto volvió a empujar, una y otra vez. Siempre se había enorgullecido de su habilidad para satisfacer a una mujer, pero no estaba seguro de haberlo conseguido de tal forma antes. Con cada embestida, Hinata gritaba de placer y cada grito lo excitaba más. Y después de su patética actuación del día anterior, se negaba a terminar antes que ella.
Cuando no pudo soportarlo más, la tumbó de espaldas y ella enredó las piernas alrededor de su cintura. Naruto empujó con fuerza, casi temiendo hacerle daño. Pero ella lo animaba con sus gemidos, con sus caricias. Casi instantáneamente, sintió que los músculos de Hinata se contraían cuando llegó al orgasmo e inmediatamente se dejó ir. Lo hizo con tal fuerza que pensó que iba a marearse.
Cuando volvió a la realidad, ella estaba respirando agitadamente, la frente cubierta de sudor. Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.
-Naruto?
-Dime.
-¿Hacer el amor siempre es así?
Naruto casi soltó una carcajada ante la absurdez de la pregunta. Eso era un misterio para él tanto como para ella.
-No creo que haya sido así nunca para mí.
-Y yo creo que he cambiado de opinión
-¿Sobre qué?
-Me gusta el sexo. Me gusta mucho. Creo que deberíamos hacerlo otra vez.
- ¿Vamos de compras este fin de semana?
Ino levantó la mirada de unos tangas de colores que estaba colocando.
-¿He dicho yo que no alguna vez? ¿Cuál es la ocasión?
-La boda de mi padre -suspiró Hinata- Necesito un vestido nuevo. Estaba pensando en algo negro, por encima de la rodilla.
-¿Y eso? ¿Qué te está pasando?
-¿A mí?
-Ya no llevas la falda por los tobillos y esa blusa muestra un poco de escote. ¿Has perdido peso o algo así?
-Creo que no.
-Estás guapísima.
Hinata se miró a sí misma. La verdad era que se sentía guapa y ponerse ropa ancha... no le apetecía. La atención que despertaba en los hombres siempre le había parecido desagradable, pero desde que Naruto y ella empezaron con «la campaña» todo había cambiado. Se sentía deseable, se sentía como una mujer diferente. Quizá el cambio era debido a que, por fin, se aceptaba a sí misma como era y que, aunque se pareciese a su madre, no tenía por qué ser como ella.
-Sea cual sea la razón, me parece estupendo -dijo Ino- Ahora sólo tenemos que encontrar un hombre.
«Ya tengo uno», pensó Hinata. Al menos, un par de días al mes. Desgraciadamente, el primer intento fue un fracaso. Le llegó el período tres días después de haber hecho el amor con Naruto. Ella nunca había sido muy regular y seguramente el nerviosismo por aquella nueva situación provocó el adelanto.
Naruto había sido muy comprensivo. La abrazó mientras ella dejaba correr lágrimas de frustración y luego la arropó y le preparó una bolsa de agua caliente para controlar el dolor. Últimamente tenía mucho trabajo en el estudio, pero estaba con ella siempre que podía. Sobre todo, cuando los analgésicos que le mandó el ginecólogo dejaron de hacer efecto.
Aunque aquel mes no había sido tan horrible. Le dolía, pero no era el dolor insoportable que la tenía en cama durante días. Se quedó una tarde en casa y, al día siguiente, estaba como nueva.
En unas semanas volverían a intentarlo, pensó, sin la menor aprensión. Aquella vez estaba deseándolo.
Si era sincera consigo misma debía admitir que, aunque deseaba desesperadamente un niño, no podía evitar sentirse un poquito aliviada. Estaba lista para ser madre; llevaba años preparándose emocional y económicamente para ello, esperando el momento adecuado. Lo que no había anticipado era lo que iba a sentir por Naruto. Quizá era egoísta por su parte, pero quería pasar más tiempo siendo su amante.
-He notado que Naruto te mira mucho últimamente -dijo Ino.
-No es verdad.
Habían tenido mucho cuidado para esconder lo suyo a todo el mundo y para mantener su amistad y el asunto del niño separados. Desde la última vez que hicieron el amor, él no volvió a hablar de sexo y no había actuado como si la deseara. Al contrario, los dos parecían evitar el contacto físico a toda costa.
Y, francamente, era frustrante.
-Sí te mira -insistió Ino- Cuando te das la vuelta, te mira. Lo he visto. Creo que está quedado contigo.
-Qué dices. Estás loca.
Ino estiró el tanga y se lo tiró a la cara.
-Es más, yo diría que lo quieres.
-Claro que lo quiero, boba.
-No, me refiero a que estás enamorada de él. Ya sé que ninguno de los dos quiere casarse y bla, bla, bla. Lo he oído antes y creo que los dos sois unos tarados emocionales. ¿Para qué sirve la vida si no puedes compartirla con alguien especial, con alguien a quien quieres? ¿Y quién mejor que tu amigo?
-No tenemos ese tipo de relación -contestó Hinata- Aunque nos gustásemos... no olvides el pequeño problema de que yo quiero ser madre y él no desea tener hijos. Nunca funcionaría.
Las campanitas de la puerta sonaron en ese momento. Era Motoko, la novia de su padre.
-Hola -la saludó Hinata, sorprendida.
-Hola -dijo ella. Llevaba unas sandalias planas y un vestidito de flores. Sin los monstruosos tacones parecía mucho más bajita y mucho más joven.
Hinata no le echaba más de dieciséis años.
-La tienda ha quedado muy bien. Me gusta.
-Gracias.
Habían estado re decorando para las rebajas de verano y, aunque estaba bonita, le sorprendió que se fijara.
-¿Qué te trae por aquí?
Motoko se acercó y dejó el bolso sobre el mostrador.
-Tu padre ha tenido que salir de viaje y he pensado que sería una oportunidad para cenar juntas. Así podríamos conocernos un poco mejor antes de la boda.
-Es que Ino y yo teníamos planes para esta noche.
Motoko se puso seria, pero enseguida volvió a sonreír.
-Bueno, entonces otro día será.
Iba a marcharse, pero Hinata la detuvo. Algo que, seguramente, lamentaría más tarde.
-¿Por qué no vienes con nosotras?
-No quiero molestar.
-No molestarás. Vamos a tomar una copa al bar en el que toca Naruto. Y hay sitio para otra en la mesa.
-Si de verdad no os importa...
-Claro que no. ¿Te gusta el jazz?
-Me encanta el jazz -contestó Motoko.
Hinata miró su reloj.
-Cerramos en veinte minutos. Luego iremos directamente al bar.
-Ah, estupendo. ¿Puedo ir al lavabo para arreglarme un poco? Con este calor, estoy hecha un asco.
-El lavabo está en la trastienda, pero se ha fundido la bombilla. Si quieres subir a mi apartamento... la puerta está abierta.
Hinata le indicó el camino y cuando volvió a la tienda, Ino estaba tras la caja registradora, muy sonriente.
-No debería caerme bien, pero parece buena chica. Ha sido un detalle que la invitaras a salir con nosotras esta noche.
-Temí que se pusiera a llorar -suspiró Hinata- Además, no pasa nada porque la conozca un poco mejor antes de la boda. Así no me sentiré tan incómoda.
-A lo mejor se hacen amigas.
Hinata no se molestó en decirle que eso era imposible. Las mujeres de Hiashi no seguían siéndolo el tiempo suficiente como para eso. Aunque ninguna de ellas había intentado nunca hacerse su amiga. La mayoría la consideraba una molestia, algo que pertenecía a otra vida de Hiashi y que no les interesaba en absoluto. Para ellas, sólo era un cheque mensual o el pago de una matrícula en la universidad. Nunca la trataron como a una hija.
Era un detalle que Motoko hiciera un esfuerzo, pero Hinata estaba segura de que tras la boda no volvería a verla.
