-¿Señor Namikaze? ¿Me da su autógrafo?

Naruto se volvió hacia la chica que estaba al pie del escenario y se encontró mirando un amplio, muy amplio, escote. Era un truco de sus admiradoras, lo había visto mil veces.

-Sí, claro.

La joven se bajó un poco el escote de la blusa para mostrar un sujetador de color rosa.

-¿Le importa firmarme aquí?

Él se encogió de hombros. Había visto cosas más raras. Al menos no le pedía que le firmase un pecho desnudo. Y no sería la primera.

-Ya está.

-He comprado este sujetador en la tienda de su novia. Es muy simpática.

-¿Mi novia? ¿Te refieres a Hinata?

-La dueña de la lencería -sonrió la joven- Aunque ya sé que, oficialmente, no es su novia.

-Lo siento, no te entiendo.

-Es que me contó su pequeño secreto.

Naruto sintió como si lo hubieran golpeado en el estómago.

-¿Te lo contó?

¿Por qué iba a hacer Hinata algo así? ¿No tenían unas reglas? ¿No habían acordado que sería un secreto?

-No se preocupe. No voy a contárselo a nadie.

Él sacudió la cabeza, incrédulo.

-¿Hinata te contó lo que estábamos haciendo?

-Sí, bueno, en realidad fue su amiga, la rubia. Pero Hinata estaba allí y no dijo que no fuera verdad.

¿Ino también lo sabía? ¿A quién más se lo habría contado?

-Lo siento -se disculpó la chica al ver su expresión- No quería meter la pata. Sólo quería felicitarlo.

Algo hizo que Naruto se volviera y mirase hacia la puerta. No le sorprendió ver a Hinata. Últimamente tenía una especie de radar y sabía por instinto cuando entraba en algún sitio.
Se volvió para decirle algo a la chica, pero había desaparecido. Seguramente, pensando que había metido la pata.
¿Cómo podía Hinata hacerle aquello? Había confiado en ella... siempre confiaba en ella. ¿No entendía que era mejor que el niño no supiera el nombre de su padre? Pero si seguía contándolo... pronto se enteraría todo el mundo.
Hinata sonrió, saludándole con la mano, pero la sonrisa desapareció al ver su expresión.
Entonces, arrugando el ceño, le dijo algo a Ino y se acercó.

-¿Qué te pasa? Pareces enfadado.

Naruto la tomó del brazo para llevarla detrás de unos altavoces.

-¿A cuánta gente se lo has contado?

-¿Le he contado qué?

-Lo que estamos haciendo.

Hinata lo miró, sorprendida.

-Acordamos no contárselo a nadie, ¿no? Motoko sospecha algo, pero prometió no decir nada.

-Entonces, ¿cómo es posible que una cliente tuya acabe de decirme que «lo sabe todo sobre nuestro secreto»?

-No tengo ni idea, Naruto. Yo no se lo he contado a nadie.

-¿Y cómo se ha enterado Ino?

-Ino no sabe nada -suspiró Hinata- ¿Quién es esa chica?

-Es bajita, morena... y llevaba un sujetador rosa.

¿Un sujetador rosa? Hinata intentó recordar...

-¿Con aro?

-Sí, creo que sí. Me ha pedido que le firmase un autógrafo y... bueno, ya sabes.

La chica del sujetador rosa, la que iba con su amiga y le preguntó por Naruto. Debería haber imaginado que la bromita de Ino acabaría por meterla en un lío.

-Voy a matar a mi socia.

-¡O sea, que se lo has contado! -exclamó Naruto.

-No le he contado nada a nadie, relájate. Esa chica hablaba de otro «secreto».

-¿Desde cuándo tenemos más de uno?

-Desde que Ino le contó que estábamos prometidos. Se le ocurrió gastar una broma, no me preguntes por qué. Entonces tú y yo ni siquiera habíamos hablado de nuestro acuerdo.

-Entonces, ¿todo fue una broma?

-Así es. Ya conoces el sentido del humor de Ino.

Naruto dejó caer la cabeza.

-Lo siento.

-No pasa nada. Ha sido un malentendido -sonrió Hinata.

-Sí, pero no debería haberte levantado la voz. Y debería haber confiado en ti -dijo Naruto, abrazándola.

Le gustaba eso. Le gustaba que la abrazase, aunque fuera en público. Le gustaba tanto que, sin pensar, deslizó las manos por su espalda y... le agarró el trasero.
Debía estar loca para hacer eso. Especialmente en el bar, donde cualquiera podría verlos. Y no sólo se lo agarró, lo apretó contra ella hasta que pudo sentir su dura erección en el estómago.
Naruto metió las manos por debajo de su camiseta...
Afortunadamente, alguien se aclaró la garganta a su lado y Naruto y Hinata se apartaron de un salto.
Lee estaba en el escenario, muy sonriente.

-Perdón, no quería interrumpir.

-No has interrumpido nada -dijo Naruto, pasándose una mano por el pelo.

¿Nada? Cierto, no era nada, pensó Hinata. No estaba ovulando y no tenía derecho a tocarlo de esa forma. Pero oírle decir que «no había interrumpido nada» le dolió. Y mucho.

-Hinata...

-Ha sido culpa mía -lo interrumpió ella- No volverá a pasar.

Antes de que él pudiera asentir o, peor, darle las gracias, Hinata se alejó hacia la mesa, sintiendo como si alguien le hubiera pisoteado el corazón.

-¡Naruto es genial! -exclamó Motoko, llamando a la camarera para pedir un segundo ginger ale y confirmando así la sospecha de Hinata de que no tenía edad para beber- ¿Las canciones son suyas?

-La mayoría de ellas -gritó Hinata, para hacerse oír por encima de la música.

Mientras hablaba, vigilaba con el rabillo del ojo a la peli-rosa que se lanzó sobre Naruto y que llevaba varias semanas apareciendo en el bar. Miraba a Naruto como si quisiera comérselo. Era asqueroso. Ella era una asquerosa.
Alta, peli-rosa, de piernas largas. Todo lo que Hinata no era.
La rubia estaba sentada al lado del escenario y no le quitaba ojo de encima. Normalmente, a Naruto no le gustaban sus admiradoras, pero aquella noche parecía muy interesado en esa precisamente. Tanto que ni siquiera fue a hablar con Hinata en el primer descanso.

Ahora entendía por qué parecía tan molesto por lo del «secreto». Seguramente temía que su novia se enterase de lo que había entre ellos. A lo mejor iba en serio con la peli-rosa.

-¿A qué escuela de música fue Naruto? -preguntó Motoko.

-No fue a ninguna escuela.

-¿Estudió con tutores particulares?

-Estudió solo -contestó Hinata.

Motoko abrió mucho los ojos.

-¡Es increíble! Pero debió tener algún maestro...

-Naruto es una persona muy dotada.

Cuando la actuación terminó, la peli-rosa se levantó, aplaudiendo como una loca, y luego se abrió paso entre un montón de chicas para llegar a Naruto.

-¿Ha firmado con alguna discográfica? -insistió Motoko.

-Tiene una productora independiente y se paga las grabaciones con lo que gana como mú¬sico de estudio. Es uno de los mejores músicos de Konoha.

-¿Y quién es la chica que está con él? -preguntó Ino, mirando a la peli-rosa con cara de malas pulgas- Últimamente, viene mucho por aquí.

Hinata se encogió de hombros, como si le diera igual. Pero no era verdad. Aunque no tenía derecho a estar celosa.

-No la conozco. Si sale con ella, no me lo ha dicho.

Hinata sintió un golpecito en el hombro y se volvió, sorprendida.

-¿Quieres bailar? -le preguntó un chico, ligeramente borracho.

¿Bailar? ¿Cuándo bailó por última vez con alguien que no fuese Naruto? Ni se acordaba. Además, el chico era guapo e iba bien vestido, aunque parecía haber tomado alguna copa de más. Pero cuando vio que Naruto la estaba mirando, decidió decir que sí. Así le probaría que nada había cambiado. Porque nada había cambiado entre ellos.
¿O sí?

-Venga -la animó Ino, dándole un codazo.

-¿Por qué no? -sonrió Hinata por fin, levantándose.

Pero cuando volvió la cabeza para mirar a Naruto, lo vio hablando con la peli-rosa.

-Me llamo Gaara -dijo el chico, apretándola un poquito… demasiado- Llevo mirándote toda la noche. Eres la mujer más guapa que he visto en mi vida.

-Ya, gracias.

¿La mujer más guapa? En fin, al menos el muchacho había hecho el esfuerzo de intentar ligar con ella.
Decía ser ingeniero, de Suna, y que estaba en la ciudad en viaje de negocios. Cuando le dijo que ella tenía una lencería, el chico pareció intrigado y, no estaba segura del todo, pero casi podría jurar que eso lo había excitado.
Mientras bailaba y charlaba con Gaara, miraba a Naruto con el rabillo del ojo. Pero él seguía concentrado en la peli-rosa. Aunque era normal. ¿Por qué iba a importarle que bailase con otro?
Cuando la canción terminó, Hinata se soltó del abrazo del pulpo.

-Gracias por el baile.

-Venga, uno más -dijo él, tirando de su brazo.

De nuevo, tuvo la sospecha de que la vigilaban y, cuando volvió la cabeza, vio que Naruto apartaba la mirada. De modo que estaba vigilándola...
Entonces se volvió hacia Gaara, sonriendo.

-Muy bien. Uno más.

Acabó con dolor de espalda y de cuello de tanto intentar que Gaara no se acercase demasiado. Pero cuando le tocó las nalgas fue la gota que colmó el vaso.

-Gracias por el baile. Estoy cansada y quiero sentarme.

Antes de que él pudiera protestar, Hinata se alejó por la pista. Lo de bailar podía soportarlo, pero que le metiera mano... La nueva visión que tenía de su cuerpo no parecía haber cambiado su actitud hacia los tipos borrachos con las manos demasiado largas. Y no pensaba cambiarla porque cuando quedase embarazada no tendría tiempo para hombres.
Sonriendo, fue al lavabo para arreglarse un poco el pelo, pero cuando salía... una mano grande la agarró del brazo y la empujó contra la pared. Apenas tuvo tiempo de ver la cara de Gaara antes de que él aplastase su boca contra la suya y le metiera la lengua en la garganta. El olor a alcohol fue suficiente para hacerla sentir náuseas.
Quizá bailar con él no había sido tan buena idea.

-¿Qué te pasa? -preguntó Gaara, su voz cada vez más pastosa.

Aparentemente, el alcohol le afectaba la voz y el comportamiento, pero no afectaba a ciertas protuberancias de su anatomía. Desgraciadamente para él, cuando la aplastó contra la pared Hinata tuvo tiempo para colocar estratégicamente una pierna entre las suyas. Sólo tenía que levantar la rodilla y lo dejaría gimoteando. Pero, por bondad natural, decidió darle la oportunidad de rendirse.

-Quiero llevarte a casa, guapa.

-No creo haberte dado la impresión de que quería algo más que bailar. Suéltame. Ahora.

Él levantó la mano para tocarle el pecho.
Le había advertido, de modo que...
Sujetándolo por los hombros, Hinata levantó la rodilla para lanzar el golpe... cuando de repente, Gaara salió disparado hacia atrás.
Naruto estaba en el pasillo, con los puños cerrados y una expresión temible.

-Creo que la señorita te ha pedido que la soltaras.

La escena era parecida al día que se conocieron en el instituto. Dos chicos la habían acorralado en el patio y, con un lenguaje muy gráfico, le dijeron lo que querían hacerle. Cualquiera que hubiese oído hablar de su madre, y la mayoría de los chicos del instituto habían oído hablar de la golfa del barrio, pensaba que de tal palo tal astilla. Entonces apareció Naruto Namikaze, hermano menor de Sasuke Namikaze, y con once años asustó a los dos chicos de trece sin levantar un solo dedo.
Pero eso fue diferente. Entonces ella era una niña asustada. Ahora era una mujer con la habilidad de quitarse de encima a cualquier borracho.

-Desaparece, gusano -le dijo Naruto.

Gaara desapareció a toda velocidad.

- ¿Qué estás haciendo? -le espetó Hinata.

-Salvándote.

-¿Salvándome de qué? ¿Quién te ha pedido ayuda?

Él la miró, incrédulo.

-Ese tipo se te ha echado encima. ¿No me digas que te gustaba?

-Claro que no me gustaba, idiota. Pero lo tenía todo bajo control.

Naruto soltó una carcajada.

-Sí, seguro, lo tenías todo controlado cuando te metió la lengua hasta el esófago.

-¡Serás machista! No soy una niña indefensa, Naruto. Y no necesito que me protejas.

Hinata empujó la puerta y salió del bar, furiosa.