Naruto la siguió, aún furioso por haberla visto bailar con aquel idiota. Que alguien le hiciera daño, que otro hombre la tocase lo ponía furioso.
-¿No te diste cuenta de que el tío estaba borracho cuando te pidió que bailases con él? ¿Te gustaba que te metiese mano?
Ella se volvió y lanzó sobre él una mirada que podría haberle chamuscado las cejas. Pero antes de que Naruto pudiera pedirle perdón, Hinata se alejó.
-Hinata, espera. No he querido decir eso. ¿Dónde vas?
-A mi casa. Y no te atrevas a seguirme.
-Pienso hacerlo. Está muy oscuro y no me gusta que...
-Vuelve con tu novia, Naruto.
-¿Novia, qué novia? -exclamó él, tomándola del brazo- Hinata, espera un momento.
-¡No me toques!
-Perdona.
-Para tu información, sé cuidar de mí misma. Hice un curso de defensa personal en la universidad.
¿Un curso de defensa personal? Naruto se sintió como un imbécil. Había ido a defenderla, sin pararse a considerar que quizá no necesitaba su ayuda. Y encima le hablaba como si todo hubiera sido culpa suya... ¿Se podía ser más idiota?
Era hora de enfrentarse con la verdad. Hinata no lo necesitaba.
La idea hizo que se le encogiera el corazón. Hinata siempre lo había necesitado. ¿Qué era él además de su guardián, su protector? Siempre lo había sido, desde el instituto. ¿O era sólo una ilusión, algo de lo que se había convencido a sí mismo para sentirse importante? ¿Y si algún día no necesitaba su amistad?
-Lo siento -se disculpó, metiéndose las manos en los bolsillos-. Cuando vi a ese tipo tocándote... me volví loco.
-¿Cómo sabías que estábamos en el lavabo?
-Vi que te seguía y fui tras él. Y creo que me he pasado.
-Un poco -asintió ella- Pero es un detalle que quieras protegerme, Naruto. Irritante, pero un detalle.
-Siento lo que he dicho. Me ha salido así, sin pensar. Sé que tú no eres como tu madre.
-Yo también lo sé. He tardado un poco en darme cuenta, pero creo que por fin estoy convencida.
- ¿Te importa si te acompaño a casa?
-¿Y la peli-rosa?
-¿Qué peli-rosa?
-Venga, Naruto... con la que estabas hablando. ¿No se enfadará si te marchas?
Estaba celosa. Naruto estuvo a punto de soltar una carcajada de felicidad. Hinata estaba celosa, inseguramente había bailado con el imbécil pará ponerlo celoso a él.
-No te preocupes. Lo entenderá.
-Dos peleas en una sola noche. Me parece que es la primera vez -sonrió Hinata.
-Sí, es verdad -dijo él, tomando su mano. Le excitaba su contacto. O quizá era la rabia. Había oído decir que algunos hombres se excitaban cuando estaban furiosos, pero no lo creía... ¿o sí?
No podía ser una coincidencia. Si Lee no los hubiera interrumpido, quizá no habría podido parar. Habría seguido tocándola allí, al lado de los altavoces, delante de todo el mundo.
Y eso iba contra las reglas. Sólo podían hacer el amor cuando estuviera ovulando. Naruto hacía un esfuerzo para no acercarse a ella, para no tocarla. Le gustaba hacer el amor con Hinata... le gustaba muchísimo y no dejaba de pensar en ello. Incluso pensaba cosas absurdas, como que aquel acuerdo fuera permanente. Seguirían siendo buenos amigos, pero se acostarían juntos cuando les apeteciera, sin compromisos.
Pero Hinata y su hijo se merecían algo mejor. Hinata merecía encontrar al hombre de su vida.
-Yo diría que ha sido una buena pelea -intentó bromear ella.
Naruto asintió, apretando su mano con fuerza. Cuando ella se volvió para mirarlo, interrogante, Naruto, sin pensar, la empujó contra una cabina para besarla. No había podido evitarlo. Si le daba un rodillazo se lo tendría merecido, pero Hinata no hizo nada, todo lo contrario, enredó los dedos en su pelo. Entonces sus manos parecieron estar por todas partes, en su espalda, en sus hombros, bajo la camisa...
Naruto levantó su falda y tiró de ella hacia arriba. Hinata separó las piernas, gimiendo mientras la besaba con un ardor que ni él mismo entendía, mientras le apretaba el trasero. Y entonces ella empezó a acariciarlo por encima de los vaqueros.
No era suficiente. La quería desnuda, necesitaba estar dentro de ella. Pero no allí, en un callejón.
¿Un callejón?
¿Qué estaban haciendo? Parecieron darse cuenta al mismo tiempo y se separaron, nerviosos y jadeantes.
-Vaya... esto ha sido inesperado.
Naruto se aclaró la garganta.
-Casi nos hemos saltado una de las reglas.
-Sí, ya me he dado cuenta. Debe haber sido el vodka.
¿El vodka? La primera vez, al lado de los altavoces, Hinata no había bebido nada.
- ¿Has bebido vodka?
-Sí, un par de chupitos.
-Ya.
¿Por qué no admitía que había sido un momento de debilidad? Por parte de los dos. ¿O sería demasiado admitir que había caído tan bajo como para desearlo? Él valía para dejarla embarazada, pero no para una relación duradera.
¿Una relación duradera? ¿De dónde había salido eso? Él no quería una relación duradera, ni con Hinata ni con nadie.
-Creo que debería irme a casa -dijo ella.
-Te acompaño.
-Mejor no.
-No te preocupes. Te dejaré en la puerta -suspiró Naruto- En plena calle no podemos hacer nada.
Un coche patrulla pasó a su lado con la sirena encendida.
-Quizá debería decirle a Ino y Motoko que me voy.
-Se lo diré yo cuando vuelva. Venga, vamos -sonrió él, tomando su mano de nuevo.
Caminaron en silencio por la calle durante unos minutos, hasta que Hinata decidió hablar:
-Naruto, no ha sido el vodka.
-Lo sé.
Un camión de bomberos pasó a su lado. Y luego otro. Cuando doblaron la esquina, vieron una ambulancia.
-¿Qué habrá pasado? -murmuró Hinata, sorprendida.
Naruto levantó la cabeza para ver entre la gente que había salido a la calle y se le paró el corazón.
-No puede ser...
-¿Qué pasa?
-Hinata...
Pero ella ya había salido corriendo. Una gran nube de humo flotaba... sobre su casa.
Podría haber sido peor.
Hinata estaba apoyada en el coche patrulla, observando a los bomberos guardar sus equipos. Seguramente, pensar eso era lo lógico cuando uno lo ha perdido todo.
Cuando tu negocio, tu casa, acaban de quemarse.
-¿Señorita Hyuuga?
Hinata levantó la cabeza y vio a Shizune, la hija del señor Jiraiya. Una ambulancia se lo había llevado al hospital poco antes.
-Hola, Shizune.
-No sabe cómo siento lo que ha pasado -dijo la joven, intentando contener las lágrimas.
-¿Tu padre está bien?
-Tiene quemaduras de segundo grado y ha respirado mucho humo... me voy al hospital ahora mismo.
-Espero que se ponga bien -suspiró Hinata, frotándose los ojos. Le quemaban del cansancio y del humo que todavía flotaba en el aire. Sólo quería irse a la cama y dormir, pero no tenía cama. Ni siquiera tenía ropa para cambiarse o un cepillo de dientes.
No tenía nada.
-Todo esto ha sido culpa mía -dijo Shizune- Sabía que mi padre no estaba bien, pero quería vivir de forma independiente... y yo no podía soportar la idea de llevarlo a una residencia. Él era tan feliz aquí...
-¿Te ha contado por qué lo ha hecho?
-Me dijo algo sobre una chica rara, que no dejó que le hiciera el escáner. Estaba convencido de que era una extraterrestre... ya sabes cómo es mi padre. Cuando volvió a verla esta noche, se asustó y decidió quemar «unos documentos».
Hinata miró a Motoko, que estaba hablando con uno de los policías. El señor Jiraiya había incendiado el edificio porque la prometida de su padre era una extraterrestre. Qué maravilla. Se habría partido de risa, pero no tenía fuerzas. Ni siquiera tenía fuerzas para llorar.
-Lo siento muchísimo, de verdad -repitió Shizune-. Tú casa, tu tienda...
-Sólo son cosas y pueden ser reemplazadas. La gente no. Lo que importa es que tu padre se ponga bien.
Al pobre señor Jiraiya tendrían que llevarlo a una residencia. Ó peor, internarlo en un sanatorio porque ya no podría vivir solo en un apartamento.
Naruto apareció entonces y le pasó un brazo por los hombros.
-¿Cómo estás?
-Bien.
No estaba bien. Estaba agotada, sin casa, sin negocio. Y deprimida. Muy deprimida.
-Mañana vendrá un inspector y, si el edificio es seguro, podremos entrar para recuperar lo que haya quedado. Ino ha llamado a tu aseguradora y mandarán a un perito.
-¿Los bomberos han dicho cómo está por dentro?
-El apartamento del señor Jiraiya, el descansillo y el piso de abajo hay que tirarlo con piqueta -suspiró Naruto- Tu salón se ha quemado, pero son quemaduras superficiales, no afectan a los muros. Es el agua lo que ha hecho más daño.
Hinata bostezó, restregándose los ojos. Motoko y Ino aparecieron en ese momento.
-¿Estás bien? -preguntó Motoko.
-Estoy bien -contestó- Agotada.
-Ven conmigo a casa. Puedes quedarte conmigo y con tu padre.
-O puedes dormir en casa de mi abuela -se ofreció Ino.
-No, se queda conmigo -dijo Naruto.
¿Ah, sí? No recordaba que se lo hubiera preguntado. Aunque era el sitio donde quería estar, donde se sentiría más cómoda.
-No tiene sentido que nos quedemos por aquí. Vámonos a casa.
-Mañana te ayudaré a recoger tus cosas -dijo Ino- Llámame.
-Yo también quiero ayudarte -sonrió Motoko, apretando su mano.
Hinata les dio las gracias y fue con Naruto hasta el jeep. Él la ayudó a subir y le abrochó el cinturón de seguridad, mientras Hinata permanecía en silencio, abrumada. No tenía ganas de conversar.
Cuando llegaron a su casa, un antiguo almacén reconvertido al otro lado de la ciudad, Naruto la ayudó a bajar del jeep y la llevó de la mano.
Él almacén necesitaba muchos arreglos, pero era muy grande y podía ensayar allí con su banda. Además, no tenía que preocuparse de los vecinos porque no había. Hinata siempre había pensado que era el sitio perfecto para Naruto. Abierto, grande, quizá un poco desarreglado. Como él. Y no escondía nada, como él.
Además del baño, tenía un salón gigantesco que hacía las veces de cocina, cuarto de estar, sala de ensayo y dormitorio. Aunque, afortunadamente, el dormitorio estaba separado por un biombo. Habían comprado los muebles juntos, yendo de mercadillo en mercadillo.
Después de cerrar la puerta, Naruto tiró las llaves sobre la mesa y se quitó los zapatos.
-Puedes dormir en mi habitación. Yo dormiré en el sofá.
-No pienso echarte de tu cama, Naruto. Yo dormiré en el sofá -replicó Hinata- Y no discutas.
-¿Tienes hambre?
-No, pero me gustaría darme un baño. ¿Podrías prestarme algo de ropa?
-Todo lo que necesites está ahí. Y creo que hay un cepillo de dientes en el armarito. Luego buscaré algo de ropa.
Hinata desapareció en el baño y, poco después, Naruto oyó que abría el grifo. La tragedia de Hinata era la suya propia. Cuando vio que su casa estaba en llamas... habría querido hacer algo, cualquier cosa. Pero se sintió inútil. Como cuando su padre pegaba a su madre... Una vez. Se interpuso y, como consecuencia, acabó con una costilla rota. Su madre le pidió que no volviera a intervenir.
Flash Back
-Es culpa mía -le dijo, con lágrimas en los ojos- No debería haberle levantado la voz...
-¿Cómo puedes decir eso, mamá? Te pega... nos pega a todos.
Su madre lo abrazó, algo que no hacía a me¬nudo porque su padre se ponía furioso. Según él, estaba convirtiendo a sus hijos en mariquitas.
-No puede evitarlo, hijo. Es su naturaleza. Lo entenderás cuando seas mayor.
-Yo nunca le pegaré a una mujer. Nunca le haré daño a nadie.
-Mi padre nos pegaba. Y mi abuelo pegaba a mi padre. Lo llevamos en la sangre, hijo, en los genes. Es una maldición. No te cases nunca, Naruto. Si lo haces, serás como ellos.
Fin Del Flas Back
Esas palabras lo habían perseguido toda la vida. Y cuando su hermano Sasuke se convirtió en un hombre como su padre, supo que tenía razón. Por eso había seguido el consejo de su madre y seguiría haciéndolo.
Naruto hizo la cama en el salón y luego sacó una camiseta y un pantalón corto de la cómoda.
-Tengo ropa limpia para ti, Hinata -dijo, llamando a la puerta del baño.
-Entra.
Naruto se preguntó si debía hacerlo, pero era humano al fin y al cabo. De modo que empujó la puerta y dejó la ropa sobre un taburete.
-Ahí lo dejo.
-¿Me haces compañía un momento?
-Sí, claro.
Afortunadamente, ella estaba sumergida en espuma hasta la barbilla.
-¿Te importa? No quiero que te sientas incómodo.
-Creo que hasta que desaparezcan las burbujas estamos a salvo. ¿De dónde han salido, por cierto?
-Champú. Me he lavado el pelo dos veces, pero sigue oliendo a humo.
Aunque iba en contra de lo que le decía el sentido común, Naruto se inclinó para lavarle el pelo.
-Ah, qué bien.
-¿Te gusta?
-Mucho. Pero estamos saltándonos la regla número... bueno, no me acuerdo de qué número. Pero se supone que no debíamos dormir juntos -sonrió Hinata.
-Considerando las circunstancias, es lo más lógico. Además, si dormimos en camas diferentes no cuenta. Somos compañeros de piso hasta que puedas volver a tu casa.
Podría soportarlo. Desde luego. Sólo tendría que darse muchas duchas frías.
Y aquella noche necesitaba una bien larga.
-No puedo quedarme aquí. El seguro me pagará un hotel.
-De eso nada. No pienso dejar que vivas sola en un hotel -replicó Naruto, abriendo el grifo para aclararle el pelo- Ya está.
-Gracias. Y, lo siento, pero tú hueles a humo.
-Muchas gracias, guapa -rió Naruto, enchufándole el agua en la cara.
-¡Bruto!
-Sí, la verdad es que tengo que ducharme.
-Yo saldré enseguida.
-No hay prisa -dijo él, acercándose a la puerta y esperando que no hubiera notado lo excitado que estaba.
-¿Naruto?
-¿Sí?
-Gracias por todo.
-De nada -contestó él.
Hinata se metió entre las sábanas, oyendo el grifo de la ducha en el cuarto de baño. Aunque estaba agotada, no podía dormir. Había pasado la noche en el apartamento de Naruto otras veces. Cuando le barnizaron el parqué, por ejemplo. Entonces no tuvo ningún problema para quedarse dormida. ¿Por qué aquella noche era diferente?
Oyó que Naruto cerraba el grifo, lo oyó tirar de la cadena y luego abrir la puerta del baño. Podía ver su silueta dirigiéndose a la cama y luego oyó el ruido del colchón. Después, todo quedó en silencio.
Había sido tan maravilloso con ella. Cuidándola, mimándola. Como siempre. Cuando era una cría y su madre no iba a casa a dormir, lo llamaba por teléfono y él se escapaba para acompañarla. Entonces se metían juntos en la cama y Naruto la abrazaba. Echaba tanto de menos esos tiempos.
Tanto...
Hinata apartó las sábanas y se levantó de un salto. Naruto estaba tumbado con las manos detrás de la cabeza. Cuando se acercó, vio que tenía los ojos abiertos.
-¿No puedes dormir?
Ella negó con la cabeza.
Naruto apartó la sábana y dio un golpecito sobre el colchón. Era la invitación que Hinata necesitaba.
Se metió en la cama con él y apoyó la cabeza en su pecho, como solía hacer. Olía a limpio, a jabón.
-¿Estamos rompiendo otra de las reglas?
-Mientras durmamos con la ropa puesta, no -contestó Naruto- Cierra los ojos.
De repente, le pesaban los párpados. Se sentía segura. Nada podía hacerle daño mientras estuviera con Naruto.
