-Hinata, no te lo vas a creer. Es tu padre.

-¿Mi padre? ¿Qué hace mi padre aquí? Entretenlo mientras busco unos pantalones.

-¡Pero si estoy medio desnudo!

-Ponte esto -dijo Hinata, quitándose la camiseta. Luego salió corriendo con las bragas en la mano hasta la habitación, desnuda como una recién nacida.

Cuando estuvo tras el biombo se puso las braguitas y buscó su ropa. Pero entonces recordó que la había dejado en el cuarto de baño...
Oyó voces en el salón. Las voces de Naruto y de su padre. Genial. ¿Y ahora qué? ¿Tenía que hacer streaking hasta el baño?
Hinata abrió el armario de Naruto y sacó lo primero que encontró: una camisa hawaiana. Como los pantalones de Naruto le quedarían enormes buscó en el cajón de la cómoda... pero sólo encontró bóxer y calcetines. ¿Aquel hombre no tenía un chándal por alguna parte?

-¡Hinata, han venido a verte!

-¡Salgo enseguida!

Bóxer tipos braga o bóxer normales. La elección era fácil. Hinata eligió unos negros y metió la cinturilla debajo de sus bragas para que no se le cayeran al suelo al saludar a su padre. Tendría que salir así. Entonces buscó un espejo... no, no había espejo. Por supuesto, siendo guapo por naturaleza y nada vanidoso, Naruto no sentía la necesidad de tener un espejo en su dormitorio.
Pero no necesitaba un espejo para saber que debía estar hecha una facha. Y tampoco lo necesitaba para saber lo que Hiashi iba a pensar: que era igual que su madre.
Y no quería que ni él ni nadie pensaran eso de ella.
Respirando profundamente, salió del dormitorio. Naruto y Hiashi estaban en el salón, el primero con la camiseta vieja, el segundo con un elegante traje de chaqueta. No podían ser más diferentes, aunque ambos parecieron igualmente aliviados al verla.

-Hola, Hiashi.

Él la miró de arriba abajo. Aunque seguramente había pasado varias horas en un avión, no tenía una sola arruga en el traje. Aquel hombre no era humano. Estaban soportando temperaturas de cuarenta grados y él no tenía una gota de sudor en la frente.

-Bueno, los dejo solos -dijo Naruto- Grita si necesitas algo.

Hinata no podía culparlo por escapar. Si fuese al revés y ella tuviera que enfrentarse con su padre, haría lo mismo.
Hiashi esperó hasta que Naruto desapareció tras el biombo.

-Motoko me ha contado lo que pasó y me ha pedido que pasara a verte para ver cómo estabas.

Gracias, Motoko. Seguramente, Hiashi y ella estaban hechos el uno para el otro. Los dos llegaban siempre a destiempo.

-Es una chica muy agradable. Espero que te quedes con ella mucho tiempo.

-No tienes que fingir que te cae bien para no herir mis sentimientos.

«Tus sentimientos me importan un comino», pensó ella.

-No estoy fingiendo. Me cae bien Motoko.

-Me alegro porque hemos pensado que sería más apropiado que te quedaras en casa hasta que arreglen tu apartamento.

-¿Más apropiado? Ah, ya entiendo. Quieres decir: «ya está viviendo con un hombre, igual que su madre».

-Hinata...

-Tú vives con una adolescente, Hiashi. ¿Y tienes la cara de juzgarme?

-Motoko es mi prometida.

-Y Naruto es mi mejor amigo -replicó ella- ¿Si fuera abogado en lugar de músico te parecería mal?

-Sólo quería decir que deberías estar con tu familia en un momento como éste.

-¿Mi familia?

-Hinata, no quiero que discutamos -suspiró su padre.

-Yo tampoco.

-¿Sabes algo de tu madre?

-Sí, me mandó una postal en Navidad. Vive en Florida con un tal Shon.

-¿No sabe nada del incendio?

-No sabe nada de mi vida. Si yo me hubiera abrasado en el incendio y pudiera cobrar mi seguro... entonces estaría interesada.

Hiashi se miró los zapatos.

-Siento que no haya sido una buena madre.

-No ha sido una madre en absoluto.

-Hinata...

-No te preocupes. No estoy buscando compasión. Me defiendo muy bien yo sólita, Hiashi. Aunque he tenido unos padres a los que no les importo un rábano. Pero no pasa nada, puedes irte a casa tranquilo. No tienes que fingir que te preocupo.

Él la miró, dolido.

-Nunca me has dejado hacer nada por ti.

-¿Ah, no? ¿Estás diciendo que tu falta de atención, tu falta de cariño es culpa mía?

-Siempre he cumplido con mis obligaciones como padre.

-Me enviabas cheques. Pero los cheques no te cuentan cuentos por la noche, ni te arropan antes de dormir. Los cheques no te felicitan cuando has terminado de estudiar o el día de tu cumpleaños. Los cheques no te curan cuando tu madre no vuelve a casa o vuelve con un extraño. Naruto es mi única familia, Hiashi.

Él asintió con la cabeza.

-Muy bien. Me marcho.

Como siempre, cuando no le gustaba algo, desaparecía. Jamás admitiría que había cometido un error.

-Podemos sentarnos y recordar, hablar de los buenos ratos que pasamos juntos. Ah, espera, no hemos tenido buenos ratos juntos.

-Espero que vayas a mi boda de todas formas. Es importante para Motoko.

Para Motoko, claro. Para él no.

-Le prometí que iría e iré.

-Llámame si necesitas algo -dijo Hiashi, abriendo la puerta. Entonces se volvió, como si fuera a decir algo.

Hinata pensó por un momento, sólo por un momento, que iba a decirle que la quería. Pero no lo hizo.
Luego cerró la puerta con cerrojo, con ganas de pegar a alguien. Y con ganas de llorar. Y con ganas de dormir y creer que tenía unos padres normales.
Estaba a punto de tumbarse en el sofá cuando recordó que Naruto estaba escondido en su dormitorio.

-¿Puedo pasar?

-Claro.

Naruto estaba tumbado en la cama, leyendo un libro.

-Así que sólo soy «un músico», ¿eh?

-Perdona -sonrió Hinata- ¿Lo has oído todo?

-Sí. Parece que no ha ido muy bien.

-Yo diría que ha sido un desastre. No podemos relacionarnos de forma normal, es imposible.

-Parece que ninguno de los dos lo intenta -dijo Naruto.

Hinata se tiró sobre la cama y enterró la cara en la almohada.

-No irás a darme una charla, ¿verdad? No estoy de humor.

-Entonces tampoco debería decirte que estás muy sexy con mi bóxer. Y quizá te interese saber que yo no llevo ropa interior -sonrió Naruto, tirando el libro al suelo.

-No te preocupes, yo llevo dos -rió Hinata, quitándose los bóxer- ¿Los quieres?

-No era eso lo que tenía en mente.

-¿Me creerías si te digo que tengo jaqueca?

-Creo que sí -sonrió Naruto, apartando el pelo de su cara- ¿Quieres que vaya a buscar una aspirina?

-No, ya voy yo. Sólo he venido para darte las buenas noches.

-Muy bien. Buenas noches.

Naruto apagó la luz mientras ella estaba haciendo su cama en el sofá. Iba a tener que dormir sola. Y no le apetecía dormir sola. Suspirando, se dio cuenta de que lo echaba de menos. Echaba de menos dormir con él, abrazarlo.
De puntillas, fue a su habitación. Naruto estaba de espaldas, mirando hacia la ventana. Sin hacer ruido, Hinata se tumbó en el otro lado de la cama.
Ah, mucho mejor.
Pero Naruto se dio la vuelta entonces y pasó un brazo por su cintura, enterrando la cara en su pelo.
Perfecto.

-Estaba esperando que volvieras.

Hinata intentó imaginar cómo sería la vida cuando aquello terminase. ¿Sería fácil abandonar la compañía de Naruto, volver a estar sola? ¿Sería la amistad suficiente?
Y si no lo era, ¿qué podría hacer?
Su aliento le quemaba el cuello. El roce de la barba sobre su piel la excitaba... casi tanto como cuando él levantó las manos para acariciar sus pechos.
Sí.
Con los ojos cerrados, Hinata se volvió hacia él.

-¿Naruto?

Seguía en su cama. Sabía que no debía tocarlo, pero no podía evitar acariciar su espalda, sus hombros.
Oh, sí.
Se sentía embriagada de deseo. Todo era tan real. Y, sin embargo...
Sabía que estaba dormida. Sólo estaba soñando que lo tocaba a Naruto. No era real, sólo su imaginación.
Y si no era real...
Hinata deslizó las manos por su cuerpo, hasta llegar al incendio que había entre sus piernas. Lo oía gemir mientras lo acariciaba.
Tócame.
Deseaba que la tocase y, como si hubiera leído sus pensamientos, Naruto la tocó. Sintió cómo se abría para él, arqueándose contra su mano. ¿De verdad estaba lanzando gemidos o era un sueño? Se le ocurrió que debía abrir los ojos, pero no quería despertar aún.
Hazme el amor.
Murmuró esa plegaria una y otra vez hasta que sintió el peso del cuerpo de Naruto sobre el suyo. Lo sintió empujar hasta que lo tuvo dentro.
Ámame, por favor.
¿Amar? No había querido decir eso. ¿ O sí? Podía mentirse a sí misma cuando estaba despierta, pero en sus sueños, la verdad era innegable. Sólo halda una razón para que aquello fuese tan diferente, tan tierno. Estaba enamorada de Naruto. Y lo amaría siempre, aunque él no pudiese devolverle ese amor. Podría decírselo porque estaba soñando. Y podría creer que Naruto la amaba también.
Te quiero, Naruto.
Lo dijo una y otra vez. Si él pudiese amarla...
El sueño se volvió incomprensible a partir de ese momento. Hinata se limitó a sentir. El peso de su cuerpo, sus caricias, su calor. Pareció durar toda la noche y cuando los primeros temblores del orgasmo la sorprendieron, se dejó llevar...
Era maravilloso, era tan real...
Hinata abrió los ojos de golpe.
Naruto estaba encima de ella. Dentro de ella.
Oh, no. Las cosas que le había dicho...
Aún estaba temblando de placer cuando sintió que Naruto se ponía tenso y oyó un gemido ronco escapando de su pecho.
Él se dejó caer en sus brazos y Hinata no dijo nada. Se limitó a escuchar los latidos de su corazón, preguntándose qué había hecho.