-Han sido tres.
Naruto llenó su taza de café.
-Han sido dos.
-Hemos dormido desnudos. Yo no estaba ovulando y no estábamos en mi apartamento. Tres.
-Ah, ya. Bueno, la tercera no debería contar. Estás aquí por culpa de un imponderable. Debemos cambiar esa regla. Ahora sólo podemos hacer el amor en mi casa.
Hinata enterró la cara entre las manos.
-No podemos seguir saltándonos las reglas.
- ¿Y eso lo dice la mujer que me sedujo en el sofá?
-Pero no hicimos el amor.
Hinata intentaba ocultar su nerviosismo. Pero las cosas habían cambiado. No quería a Naruto sólo como amigo. Lo amaba. Quizá lo había amado siempre.
Y la noche anterior había dicho todo lo que guardaba en su corazón. El recuerdo hacía que le temblasen las piernas. Esperaba que Naruto no la hubiese oído o que hubiera pensado que se había vuelto loca.
-¿Qué nos queda? La número uno: sinceridad. Bien. Ésa es fácil porque siempre nos hemos dicho la verdad. Y la cinco, no acostarnos con otras personas. Yo no pienso hacerlo, ¿y tú?
-Claro que no.
-Y la siete, nada de gratificación solitaria. Y hemos dicho que eso sólo era aplicable a mí -sonrió Naruto.
-No me mires con esa cara. Sigo enfadada contigo.
-¿Conmigo? Hinata, pero si me atacaste tú.
-¡Estaba dormida!
-Estabas encima de mí, diciendo «tócame, tócame». «Hazme el amor, Naruto». ¿Qué iba a hacer yo?
No olvides: «te quiero, Naruto», pensó Hinata.
Quizá no la había oído. O quizá no lo había dicho en voz alta.
-Sea de quien sea la culpa, no puede volver a ocurrir.
-Entonces, aunque disfruto mucho de tu compañía en la cama, será mejor que duermas en el sofá. Evidentemente, no somos responsables de nuestros actos cuando estamos dormidos.
-Sí, es verdad.
-Y después de lo de anoche, creo que debemos crear una nueva regla: nada de tocarnos hasta que estés ovulando. Es muy fácil cruzar la línea.
¿Naruto quería limitar sus encuentros a uno o dos por mes? No sólo no la quería, quizá ni siquiera la deseaba. A lo mejor le había hecho el amor por pena.
Peor, podría haber oído su confesión y aquella era su forma de decir que no estaba interesado.
Hinata tuvo que contener una náusea.
-Además, me quedan dos semanas de celibato. Dos semanas esperando a que ovules otra vez -suspiró Naruto, tomando el Konoha News-. Por cierto, ha llamado Motoko. Va a venir a verte dentro de un rato.
No le apetecía nada verla. Pero nada. La alegre y simpática Motoko se daría cuenta de su desesperación porque la gente alegre y simpática tenía un radar para esas cosas. Y entonces intentaría animarla. Y ella no quería que la animasen; sólo quería meterse en la cama y dormir durante una semana.
-¿Ha dicho por qué venía?
-Dijo algo sobre tu ropa.
En ese momento llamaron a la puerta y Naruto dejó su taza de café sobre la mesa.
-Debe ser ella.
-Ya voy yo.
Cuando abrió la puerta, se encontró con Motoko... o más bien con un montón de bolsas de plástico detrás de las que estaba Motoko.
-¿Mi ropa? ¿Tan pronto?
-Es que soy buena cliente y se han dado prisa. Hola, Naruto.
-Hola, Motoko. ¿Queda algo más en tu coche?
-¿Te importa? -sonrió ella, tirándole las llaves- Es el rojo que hay aparcado al lado de tu jeep.
-¿Cuánto te debo por la tintorería? -preguntó Hinata.
-Nada, te lo regalo.
-Motoko, el seguro...
-Por favor, déjame que lo haga.
Hinata dejó escapar un suspiro.
-Muy bien. Como quieras.
-Gracias. Aunque voy a ser tu madrastra, quiero que seamos amigas.
-Pues sería la primera vez. Claro que las otras no duraron lo suficiente... perdona -dijo Hinata al ver su expresión- Soy una bocazas.
-No importa -sonrió Motoko- Espero que esto sea diferente. Y ya sé lo que piensa todo el mundo. Creen que me caso con Hiashi por dinero.
-¿Y no es así?
Hinata se tapó la boca con la mano. Le había salido sin pensar.
-No es por eso. La verdad es que yo tengo más dinero que él -sonrió Motoko, sentándose en un taburete.
-¿Ah, sí?
-Siempre he estado enamorada de tu padre. Desde que era una niña.
«O sea, desde ayer».
-Cuando mi padre murió, Hishi cuidó de mi madre y de mí. Nos llevaba a cenar o al teatro, pasábamos las vacaciones juntas...
Hinata sintió una punzada de celos. Hiashi nunca tuvo tiempo para ella y, sin embargo, se preocupaba por otra familia. Qué bonito.
-Todo el mundo pensó que Hishi se casaría con mi madre, pero yo creo que ella sabía desde el principio que estaba enamorada de él. Cuando terminé la carrera...
-Un momento. ¿Ya has terminado la carrera?
-Hace dos años. Hice Historia del arte en Princeton. Dirijo una galería en La aldea e la estrella.
Hinata se dejó caer sobre un taburete. ¿Había estudiado en Princeton? De modo que no era una niña. Y tampoco era tonta.
-Pareces muy joven.
-Es una maldición ahora que estoy prometida con un hombre mayor que yo -rió Motoko-pero espero ahorrarme miles de dólares en operaciones de cirugía estética.
-¿Cuántos años tienes?
-Uno menos que tú. Por eso siempre he tenido... no sé, cierta conexión contigo. Además, después de ver todas las fotografías que guarda tu padre...
-¿Qué fotografías?
-Ya sabes, fotos del colegio, de cuando eras pequeñita. Hishi siempre parece tan orgulloso cuando se las enseña a la gente que incluso tenía celos de ti.
A Hinata se le hizo un nudo en la garganta.
- ¿Se siente orgulloso de mí?
-Claro. Guarda tus notas del colegio. Y siempre dice que eras la mejor de clase, que has logrado un futuro profesional sin ayuda...
Hinata recordaba haberle enviado fotografías y cosas suyas, pero...
-Tenía muchas ganas de conocerte -siguió Motoko- Pero Hishi dice que tu madre no le dejaba ir a verte. Él no quiso ser un mal padre, Hinata.
-Por favor, no lo disculpes. Eso no cambiará nada.
-Yo creo que es importante para los dos que se reconcilien. Para construir una relación padre-hija.
-Ya, claro. Seguro que también has estudiado psicología.
-Pues sí. También.
A Hinata casi se le cayó la taza.
-¿Tienes dos carreras?
-Es que empecé la universidad a los dieciséis años.
-Eres una cajita de sorpresas, Motoko.
-Mira, no estoy intentando apabullarte. Es que me importas.
-Te creo. Y agradezco todos tus esfuerzos, de verdad. Pero Hiashi y yo no nos llevamos bien.
-Pero ahora más que nunca es importante que lo intentes, que formes parte de su vida.
-¿Por qué es tan importante?
-Porque vas a tener un hermanito.
Hinata lo amaba.
Cuando estaba dormida, claro. Y eso no contaba. La gente dice de todo cuando está dormida. Y luego despiertan.
Que fuera verdad o no, daba lo mismo. Era él quien estaba soñando si se atrevía a creer que merecía su amor.
Había sido un tonto por aceptar aquel acuerdo. Pensó que después de acostarse con ella un par de veces se le pasaría aquella atracción. Que sería una forma de compensar años de adoración y que no pasaría el resto de su vida deseando que las cosas fueran diferentes.
Adoración. Estaba enamorado de ella. Llevaba casi diecisiete años enamorado de ella. Aquel día, en el patio, cuando lo miró con los ojitos llenos de miedo, le entregó su corazón.
Naruto cerró el maletero del BMW rojo de Motoko y volvió a casa, suspirando. Tenía que alejarse de ella. Cuanto más tiempo estuvieran juntos, más difícil le resultaría controlarse.
¿Acostarse con ella un par de veces y no volver a hacerlo nunca? Ya, como que iba a ser tan fácil.
El viento movía el plástico de las bolsas que llevaba en la mano. Naruto miró al cielo y vio que se avecinaba una tormenta. Al menos el tiempo iría acorde con su humor, pensó, mientras abría la puerta.
Motoko y Hinata estaban en la cocina.
-Lo siento -decía Hinata- Espero no haberte manchado.
-No pasa nada. No debería habértelo dicho así. Debería haberte preparado un poco.
-No había forma de prepararme para eso, te lo aseguro.
-¿Qué pasa aquí? -preguntó Naruto.
-Le he tirado el café encima -suspiró Hinata- Motoko acaba de decirme que voy a tener un hermano.
-¿En serio? Felicidades.
-Gracias. Y tú no tienes que decir nada, Hinata. No esperaba que me dieses la bienvenida de inmediato -sonrió Motoko, saltando del taburete- Sé que tengo que ganarme tu confianza.
Hinata la acompañó a la puerta.
-Gracias por traerme la ropa. Y felicidades.
Parecía sincera, pero Naruto vio tensión en sus hombros. Seguramente la noticia no le había hecho ninguna gracia.
Cuando cerró la puerta, se volvió, con una mano en el corazón.
-Por favor.
- ¿Te molesta que tu padre vaya a tener otro hijo?
-¿Que si me molesta? No te lo puedes ni imaginar. ¿Cómo puede tener otro hijo después de haber sido tan mal padre conmigo? Pobre niño, no sabe lo que le espera... Hiashi se cansará de Motoko y la dejará sola con el niño. ¿Cómo se atreve a traer un niño al mundo en esas circunstancias?
Naruto sabía que quizá no debería decir aquello, pero Hinata y él siempre habían sido sinceros el uno con el otro.
-¿No es eso lo que vas a hacer tú, tener un niño sin padre?
Ella lo miró como si le hubiera dado una bofetada.
-No estoy diciendo que eso sea malo, Hinata.
Si no creyese que vas a ser una madre estupenda, no habría aceptado ayudarte. Y si Hiashi desaparece, seguramente Motoko también será una buena madre. Además, no sabemos si le va a fallar. Y a lo mejor lo que te duele es que Hiashi sea un buen padre para ese niño.
-Motoko quiere que haga las paces con él.
-Podrías intentarlo, ¿no?
-Durante años intenté llamar su atención y te aseguro que el rechazo duele, Naruto. Además... además. -los ojos de Hinata se habían llenado de lágrimas.
-Te gustaría ser tú quien estuviera embarazada, ¿verdad?
-No es justo -suspiró ella entonces- ¿Por qué no me quedo embarazada?
-Hay que esperar un poco, cariño -dijo Naruto, abrazándola- Cueste lo que cueste, lo conseguiremos. No pienso abandonar.
Y pensaba disfrutar cada minuto, además.
Ella se sonó la nariz con una servilleta.
-No te merezco, Naruto.
En eso tenía razón. Se merecía algo mucho mejor.
Entonces sonó el teléfono.
-Dígame -contestó Naruto.
-Soy Lee. ¿Puedes venir al estudio?
-¿Qué ha pasado?
-Parece que Shikamaru ha cumplido su promesa.
