Naruto apretaba el volante con manos sudorosas. El aire acondicionado estaba encendido, pero tenía la impresión de ir en un horno con ruedas. Hinata iba a odiarlo. Tendría suerte si volvía a dirigirle la palabra después de aquello. Pero no tenía elección.

-Muy bien. Suéltalo.

Él tiró del nudo de su corbata. Era como la soga de un hombre al que estaban a punto de ahorcar.

-No sé por dónde empezar.

-Empieza por donde sea.

-¿Te acuerdas de la productora que va últimamente por el bar?

-¿Qué productora?

-La peli-rosa. La que tú creíste que era mi novia.

-Ah, es productora. Pues parece una fan.

-Es muy buena productora.

-¿Y qué tiene eso que ver conmigo? -preguntó Hinata.

-Me ha conseguido una gira de seis meses. Empezaremos en Nueva York y acabaremos en Tokio.

-¿Seis meses?

Naruto se obligó a sí mismo a mirarla.

-Sé que te prometí que haríamos esto del niño, pero... es una buena gira. Y ganaré dinero suficiente como para producir mi disco.

-¿Cuándo te vas? -preguntó ella en voz baja.

-Mañana.

-¿Mañana? -repitió Hinata, atónita- ¿Y el dinero que te di?

-Lo invertí. Para tu niño.

-¿Y cuándo pensabas contármelo?

-Pues... no sé. He pensado que podríamos seguir adelante con el plan. Yo puedo volver aquí una vez al mes. Si me llamas con tiempo...

-Eso sería una locura, Naruto.

-Pero te lo prometí.

-Puedo esperar hasta que vuelvas, tranquilo. Porque volverás, ¿no?

-Claro que sí. Y puedes quedarte en mi casa todo el tiempo que quieras.

-Gracias.

-A lo mejor cuando vuelva han terminado de arreglar tu apartamento -dijo Naruto, intentando parecer alegre.

Hinata estaba hundida. Intentaba disimular, pero...

-Cariño, perdóname. No quiero verte triste.

-No estoy triste -dijo ella.

Más bien, estaba muriéndose por dentro.

-Esperaba que estuvieses ovulando antes de irme. Para probar por última vez.

¿Acostarse con él cuando iba a desaparecer por la mañana? ¿Acostarse con un hombre que no la quería, que lo haría sólo porque le había hecho una promesa?

-Me he hecho la prueba esta mañana y ha dado negativo. No estoy ovulando.

Fue una boda preciosa.
La iglesia era pequeña, pero la habían decorado con muy buen gusto. Y Motoko estaba absolutamente radiante durante el banquete. Hiashi, por supuesto, no mostraba tanta emoción, pero sonreía y apretaba la mano de su flamante esposa. Si era sincera, debía admitir que parecían felices y enamorados.
Y Hinata no se había sentido más triste en toda su vida. No le molestaba verlos felices, pero se preguntaba cuándo sería su turno, cuándo le tocaría a ella.
Si le tocaba algún día.

-¿Bailamos?

Hinata levantó la cabeza y se quedó sorprendida al ver a Hiashi.

-Es costumbre que el padre de la novia abra el baile con su hija. En este caso es al revés, pero servirá igual.

Ella se lo pensó un momento. Pero le había prometido a Motoko que haría un esfuerzo y ella era una mujer de palabra.
De modo que se levantó y tomó el brazo de su padre.
Hiashi sonrió entonces. Era la primera vez que le sonreía en mucho, muchísimo tiempo.

-Ha sido una boda muy bonita.

-Yo diría que ha sido la más bonita de todas... por el momento.

-¿Por el momento?

Hiashi soltó una carcajada. Hinata iba de sorpresa en sorpresa. No lo creía capaz de reír a carcajadas.

-Ésta es la quinta y la última. El cinco es un buen número, ¿no te parece?

-Motoko es una chica muy especial. Y seguro que será una buena madre. Supongo que estarás contento.

-Entre tú y yo -dijo Hiashi en voz baja- Estoy asustado.

¿Hiashi admitiendo sus miedos? ¿El cielo se le iba a caer encima? ¿Qué estaba pasando allí?

-¿Por qué tienes miedo? Ya has pasado antes por esto.

-Y mira lo bien que lo hice -suspiró él- ¿Qué piensas tú de este niño?

-Admito que me sorprendió un poco -dijo Hinata.

-¿Un poco? Me han contado que hubo un incidente con una taza de café.

Ella sonrió entonces.

-Sí, bueno... he sido hija única durante veintisiete años. No esperaba que eso cambiase.

-La familia es muy importante para Motoko. Y para mí también.

La canción terminó en ese momento y él pareció asustado, como si intuyera que Hinata iba a volver a la mesa. Pero no pensaba hacerlo. Era la primera conversación civilizada que mantenía con su padre desde... no recordaba desde cuándo.

-Ésta no es la primera vez que bailamos juntos.

-¿Ah, no?

-Seguramente no te acuerdas. Tenías tres años entonces y decidiste que querías ser bailarina, así que estabas todo el día bailando. Te subías sobre mis pies y yo te llevaba por toda la casa dando vueltas.

El hilo que contenía su emoción hasta aquel momento estaba estirándose al máximo. Hinata no recordaba bien esos años, pero tenía la impresión, la intuición de que su padre estaba diciendo la verdad; que en algún momento fueron felices.
¿Sería posible recuperar aquel tiempo? ¿Después de tantos años teniendo sólo a Naruto, podría volver a tener una familia?

-Hoy no nos hemos peleado -dijo Hiashi.

-No, es verdad.

-Podrías venir a cenar con nosotros algún día.

-Lo intentaré -sonrió Hinata.

-Y podrías llevar a Naruto.

Ella dejó escapar un largo y doloroso suspiro.

-Naruto se marcha de gira. Estará fuera seis meses.

-Motoko me ha dicho que tiene mucho talento y que cuidan el uno del otro.

-Es verdad -murmuró Hinata, con un nudo en la garganta.

-Me alegro de que haya alguien especial en tu vida.

¿Alguien especial? Naruto había sido siempre más que especial. A veces fue incluso su salvavidas.

-Después de cuatro matrimonios fallidos, creo que he aprendido un par de cosas -sonrió Hiashi entonces- Sé que soy la última persona en el mundo a la que querrías contarle tus cosas, pero estaré ahí si me necesitas.

-Gracias. Eso significa mucho para mí.

-¿De verdad?

Cuando levantó la mirada, le sorprendió ver un brillo de emoción en los ojos de su padre. Era como si le importase de verdad, como si la quisiera.

-Más de lo que puedes imaginar.

-Sé que esto no será fácil, Hinata. Tenemos que aprender a confiar el uno en el otro. ¿Crees que podrás confiar en mí algún día?

Si abría la boca se pondría a llorar, estaba segura. De modo que contestó de otra forma. Se quitó los zapatos y, con cuidado, se subió sobre los pies de su padre. Como hacía cuando era pequeña.