El banquete terminó alrededor de las diez y Motoko y Hiashi partieron para su luna de miel.
Naruto iba charlando sobre la boda mientras volvían a casa y Hinata escuchaba, en silencio.
Si pudiese amarla...
La quería, desde luego, pero no estaba enamorado de ella. Seguramente, Naruto nunca se había enamorado de nadie.
¿Por qué?, se preguntó.
Cuando llegaron a casa, Hinata se puso el pijama y lo observó mientras hacía las maletas. Aún no se había ido, pero, de muchas formas, era como si llevara semanas fuera.
¿Por qué se había apartado de ella?
-Quiero hacerte una pregunta.
-Dime.
-¿Por qué no quieres casarte? ¿Por qué no quieres tener hijos?
Naruto la miró, sorprendido.
-¿Por qué quieres saber eso ahora?
-Por curiosidad -contestó Hinata- He oído muchas veces eso de que no quieres tener familia, pero no sé por qué.
-No es que no quiera, es que no puedo tenerla -dijo él, encogiéndose de hombros.
-¿No puedes? ¿Por qué?
-Yo creo que es evidente.
-No lo es, Naruto. No te entiendo.
-Mira mi familia.
-¿Qué pasa con tu familia?
-¿Estás de broma? Mi familia es un completo fracaso, una vergüenza. Mi padre era un alcohólico que nos pegaba como un bestia, mi hermano está en la cárcel... ¿no lo entiendes?
-¿Y temes que nadie quiera casarse contigo al saber eso? -preguntó Hinata.
Naruto dejó escapar un suspiro.
-Mi madre me advirtió mil veces que esto era una maldición. Su padre también era un mal tratador, mi bisabuelo también... lo llevo en la sangre.
-¿Qué? ¿Estás diciendo que no quieres casarte porque temes convertirte en tu padre?
-Sí.
-¿De repente te vas a volver , alcohólico y maltratador, Naruto?
-No quiero seguir hablando de esto, Hinata. Tú no lo entiendes.
-¿Que no lo entiendo? ¿Se te ha ocurrido pensar que si tú has heredado esa maldición también podría heredarla mi hijo?
-Claro que lo he pensado -suspiró él, ce¬rrando una de las maletas- Pero decidí arriesgarme. Espero que el niño sea como tú.
-¿Qué es peor, el alcoholismo o la depravación sexual?
-Hinata, tú no eres una depravada.
-Pero mi madre sí lo es.
-Eso no significa...
-¿No significa qué, Naruto?
-Seguramente tú te pareces a tu padre.
- ¿Y se te ha ocurrido pensar que tú podrías ser como tu madre?
Él no contestó.
-¿Cuándo te emborrachaste por última vez? Digo emborracharte de caerte al suelo.
-No me acuerdo.
-¿Hace una semana, hace un mes, un año?
-En el funeral de mi madre -contestó Naruto por fin.
-¿Cuándo fue eso?
-Tú sabes cuándo fue. Estabas allí.
-Fue hace... trece años.
-¿Y qué?
-Trece años, Naruto. Aún recuerdo lo hundido que te vi. Y lo furioso que estabas con tu padre. La gente decía que si tu madre hubiera ido antes al médico, podría haberle tratado el cáncer. Pero no iba porque si lo hacía le harían preguntas sobre las cicatrices, los golpes...
-Mi padre no la dejó ir al médico -la interrumpió Naruto.
-Entonces, indirectamente, él tuvo la culpa de su muerte.
-No sólo de su muerte. Le destrozó la vida.
-Entonces tú debías estar más furioso que nunca -siguió Hinata.
-Así es.
-¿Y a quién pegaste?
-¿Qué?
-¿A quién pegaste ese día? Estabas borracho, ¿no? ¿No es eso lo que hacéis los Namikaze, pegar a alguien cuando estáis borrachos?
Naruto dejó escapar un suspiro.
-Sé lo que intentas probar.
-¿A cuánta gente has pegado en tu vida?
-Esto es una bobada...
-¿A cuánta gente, diez, doce, quince personas?
-¡A nadie! Nunca he pegado a nadie, Hinata. Y tú lo sabes perfectamente. Pero eso no significa que no sea capaz de volverme violento. ¿Te acuerdas del tipo del bar, el borracho? Habría querido matarlo...
-Pero no le hiciste nada. Sólo le diste un empujón para que me dejase en paz.
-Tengo que terminar de hacer las maletas...
Hinata se colocó frente al armario.
-Haz que me aparte -lo retó- Empújame.
-Yo no haría eso. Nunca -Naruto parpadeó, sorprendido por sus propias palabras.
-Claro que no lo harías. ¿Recuerdas lo que pasó el día del funeral?
-No me acuerdo muy bien -dijo él, sin mirarla.
-Estabas tan borracho que tuve que llevarte a mi casa. Y te aseguro que no fue fácil. Te tumbaste en mi cama y te pusiste a llorar, Naruto. Lloraste tanto que se me rompía el corazón. Y cuando te quedaste dormido me tumbé a tu lado y te abracé toda la noche...
-¿Por qué me estás contado eso?
-Porque yo hice algo más esa noche -sonrió Hinata- Te besé.
-¿De verdad? ¿Por qué?
-¿No es evidente? Sabía que tú nunca te enterarías. Tenía miedo de que me rechazases... como he tenido miedo durante años al rechazo de mi padre. Y por eso también me hice la dormida cuando te dije «te quiero». Me daba pánico que tú no me quisieras. Pero estoy harta de jugar sobre seguro, de no arriesgarme, Naruto. Estoy harta de tener miedo. Por primera vez en mi vida estoy viviendo, en lugar de ver cómo el mundo pasa por delante de mis ojos. ¿Y sabes una cosa? Creo que esperaba que un niño llenase el vacío de mi vida, pero ahora quiero cambiar y crecer para ese niño. Quiero ser todo lo que mi madre nunca fue para mí.
Naruto la miraba sin decir nada. Y Hinata no podía adivinar lo que estaba pensando.
-¿No quieres tú eso también? ¿No quieres aceptar la oportunidad de probar que puedes hacerlo mejor que tus padres? Quizá tú puedas pasar el resto de tu vida teniendo miedo, pero yo no. Estoy enamorada de ti, Naruto. Así que debes elegir: puedes aceptar mi amor y amarme también o dejar que la vida te pase por delante.
-Hinata, yo...
Naruto bajó los ojos. El mensaje estaba claro: no la quería. Pero al menos lo había intentado, pensó Hinata, volviéndose.
- ¿Dónde vas?
-A dormir.
Los dos necesitaban un tiempo a solas para pensar. Pero había algo seguro: nada volvería a ser igual entre ellos.
Hinata estaba tumbada en la cama, dándole vueltas a todo lo que había pasado. Acababa de percatarse de algo: aquella gira no tenía nada que ver con la carrera de Naruto. Había decidido alejarse de ella. Estaba huyendo.
Poco después, quizá cinco minutos, quizá cinco horas más tarde, sintió que el colchón se movía.
Era Naruto, que se había sentado en su cama.
-¿Qué hora es?
-Tarde.
-¿Que pasa?
-No podía estar alejado de ti -suspiró Naruto, acariciando su pelo- Me da igual que estés ovulando o que no, me dan igual las reglas. Tengo que hacerte el amor, Hinata. Te necesito.
Esas tres palabras lo cambiaron todo. Ella también lo necesitaba. Lo necesitaba con todas sus fuerzas.
-Te he echado tanto de menos... No sabes lo difícil que ha sido dormir separado de ti estos días.
-Tenemos toda la noche. Tenemos mil noches -sonrió Hinata.
-No es suficiente. Debería haber pasado cada noche contigo. El resto de mi vida... debería pasar cada noche del resto de mi vida contigo, Hinata -su voz se rompió cuando puso una mano sobre su corazón- Este es mi sitio.
-Siempre has estado ahí -dijo ella, emocionada.
-Pase lo que pase, haga lo que haga, debes saber que te quiero. No me recuerdo a mí mismo sin estar enamorado de ti. Siempre serás parte de mi vida.
Con el corazón en la garganta, Hinata apretó su mano.
-No tienes que decirme eso sólo para que me sienta mejor...
-Llevo diecisiete años mintiéndome a mí mismo, pero ya no puedo negar lo que hay en mi corazón. Te quiero, Hinata. Deja que duerma contigo esta noche.
Ella asintió con la cabeza.
Hicieron el amor despacio, en silencio. Eran dos almas perdidas, uniéndose con un lazo indestructible. Almas gemelas. Hinata se quedó dormida entre sus brazos sabiendo que cada palabra, cada caricia quedarían grabadas para siempre en su memoria. Naruto la amaba.
Pero por la mañana, cuando despertó, él se había ido.
