Esta vez he sido buena y no he tardado seis meses. Aquí tenéis la continuación de la vuelta de Sasuke a Konoha tras su misión en la Niebla. ¡Que lo disfrutéis!
Muchas gracias a los críticos, a los que añaden la historia a favoritos o lo ponen en alerta. Estoy emocionada con vuestra respuesta :)
Arda el fénix
... con las mejillas sonrojadas.
- U-Uchiha-san...
- .¿Está mi mujer aquí?
- .¿Su mujer?
- Eso he dicho.
- Sakura-sensei está... eh... sí, está aquí.
- .¿Dónde la puedo encontrar?
- Creo que está en la tercera planta, hace más de cuarenta minutos la requirieron allí...
Sasuke miró de súbito el pasillo que desembocaba en las salas de servicio de urgencias y las escaleras sin mover un pelo.
- L-lamento decirle que no puede subir, está todo un poco descontrolado por la llegada de esta noche. Tendrá que esperar un poco. Su turno acabará a las dos... dentro de veinte minutos. De todas maneras... Si quiere esperar... Bueno, ya sabe dónde queda la cafetería...
Siete meses.
Siete meses de trabajo y silencio aburrido al despertar. De silencio pesado para conciliar el sueño.
Cuando había visto inminente su ida, no había advertido la necesidad de cruzar palabras con ella sobre el tiempo de ausencia. La misión se había establecido como indefinida y la palabra "año" no les había dado miedo.
Sin embargo en la práctica las cosas parecían cobrar otra importancia. La atmósfera de la guerra no era pequeña ni liviana, deprimía omnipresente bajo su sombra de triste.
Se debía sumar a las malas circunstancias el extraño efecto que tenían las ausencias. Todo se empezaba con aguante y entrega desmedida; se aprovechaba a conciencia el entusiasmo que daban las novedades de la soledad en la tierra nueva y las tareas a emprender. Sin embargo, con el persistente tic-tac de los días la consistencia del tiempo se pagaba en anhelos y el tiempo de descanso se sufría con mayor ansia a medida que la fecha estuviera más próxima a la vuelta. Aquella era la primera vez que se despedían para no verse durante más de cinco días, y lo habían hecho sin mirar atrás y sin darse siquiera un breve beso en los labios, como si fueran a verse tras hacer un recado. Era la primera vez desde que se encontraran después del destierro, y lo que era peor: la primera vez desde que Sakura mirara por Sasuke en calidad de esposa.
Sasuke había desestimado mucho ese sentimiento. Sakura había compartido el sentido del deber con él desde el principio, desde que se hizo ANBU. Cuando llegó la noticia de la misión, hubo acuerdo respecto a la pertinencia de que Sasuke trabajara en el extranjero durante el tiempo en que la villa participara en la guerra de forma distanciada. Sakura, después de todo, tendría trabajo asegurado en el hospital.
Y aun así... a pesar del "buen humor" de Sasuke... en Konoha se habían quedado el olor agradable de la mañana, el punto exacto del té, las caras conocidas sin máscara, el potente símbolo del clan en el edificio del cuerpo ANBU y la iluminación desinfectada y salpicada en las ventanas de la fachada del hospital.
Visto desde fuera el hospital seguía como siempre –la guerra parecía ser ya el pan de todos los días-, como un gato que ronronea y se queja sin moverse, dando espasmos cuando cree dormirse. Tan callado pero inquieto por dentro.
Debía ser un infierno trabajar allí, donde se trabajaban los rescoldos de la guerra, donde apestaban tanto las medicinas y el dolor de los ninjas de todos lados. Los recién mutilados, los afectados de gangrena, los que no salían de las ilusiones enemigas y veían la cordura convertida en un delgado hilo sobre el que pendían peligrosamente, los que llegaban gritando por haber perdido a todos los compañeros en batalla y no haber corrido la misma suerte... Debía ser difícil vivir el conflicto constante con llegadas nuevas, vivir entre emergencias; enterarse de la resolución de las misiones lejanas con cifras de muertos oficiales.
Apestaba. A cristal desinfectado y a goma nueva. Y a té.
El aroma a hierbas se colaba por la ventana que daba al tejado de la cafetería del primer piso del viejo edificio. No quiso pensarlo, pero no pudo evitar hacerlo detalladamente cuando terminó de subir el primer tramo de escaleras por el que no debía haber subido y el aroma delicioso que describía fractales verdes e invisibles se encontró con él en el rellano. Se imaginó el olor de los cielos tempranos y desnudos de niebla irrespirable, desayunando con las puertas descorridas, con la piel aún tierna del roce de las sábanas... en casa. Por fin.
Subió el segundo tramo de escaleras, cruzando miradas llenas de determinación con las enfermeras que lo reconocían con censura y aprensión.
Sasuke comprobó que los pasillos estaban atestados de carritos con material sanitario y que algunos convalecientes, en su mayoría heridos por arma blanca –en minoría simplemente encogidos de dolor o con la mirada perdida en ninguna parte-, estaban sentados en la sala de espera. Algunos estaban dando paseos apoyados en la pared del pasillo rogando asistencia.
El personal se movía con urgencia en torno a los almacenes improvisados en los armarios de material más específico. Al fondo del pasillo más largo, el de la derecha, alguien ahogaba un grito entre dientes. Al mismo tiempo, a dos puertas de sí, Sasuke veía salir una unidad con gesto desolado.
No quiso perder más tiempo. Echó vista a las escaleras.
- Usted no debería estar aquí.
Sasuke no se molestó en girarse.
- Usted tiene mejores cosas que hacer. Acaba de llegar una unidad de la Arena que necesita su atención más que yo.
El médico buscó a las enfermeras con la mirada y empezó a levantarle la voz a Sasuke, increpándole que debería tener la decencia de cubrirse el rostro. Sasuke miró por encima del hombro al médico, que se calló al instante, pero se ahorró el comentario. Siguió su camino a la segunda planta.
.¿Para qué usar la máscara allí? El personal del hospital ya había atendido a todo el cuartel de ANBU en los reconocimientos para las misiones y en los pasillos ellos eran los únicos que estaban en condiciones de reconocerle. Además, era el único activo de ANBU con aquel corte de pelo, toda Konoha sabía con quién estaba casado, y a él no le importaba en absoluto que se le reconociera, aunque eso no significara que se moviera por Konoha al descubierto cuando llevaba el uniforme. ¿Por qué no en el hospital?
Su familia había sido la precursora del cuerpo, .¿no? Ahora que estaba reinsertado, que podía llamarse "Uchiha" con todo el peso que tenía el apellido, no iba a esconderse de la mirada del personal del hospital.
Quien lo viera aparecer no se iba a sorprender. La gente tenía cosas más importantes por las que preocuparse, y por suerte todo el morbo que despertó Sasuke durante el inicio de la guerra estaba extinto.
Konoha se llevó la mano a la boca cuando vio que lo primero que hacía el Uchiha al encontrar la villa un poco de paz en las fronteras era pedirle a Tsunade un examen para cambiar su rango shinobi y poder optar a cualquier misión de forma reglamentaria.
Las evaluaciones favorables de su participación en el campo de batalla pusieron toda la atención de la aldea sobre él. Estaban completamente convencidos de que todo formaba parte de un plan pergeñado de antemano por el gran enemigo y su antiguo pupilo. Los vecinos se pusieron especialmente desagradables con él, si bien había una minoría que confiaba en que las cosas no podrían salir tan mal, que Sasuke había vuelto por razones honestas. Esperando que diera un revés en cuanto menos se lo esperaran, muchos se manifestaron a la Hokage para que se le vigilara. Sin embargo, por parte de Sasuke, todos los recelos acababan con miradas tibias de indeferencia... y el símbolo de la Hoja tatuada a trazo largo –aquel original del que había derivado la actual insignia- cicatrizándose en el brazo izquierdo durante una misión nevada.
La nueva planta se iluminaba con un halo amarillo. Allí se escuchaba un ajetreo más sordo, reinaba un ambiente más inquietante.
Al salvar el último tramo de escaleras que le separaba del tercer piso, se asomó por los pasillos para ver si por las puertas entreabiertas...
- Sakura.
Con el potente foco del flexo alumbrando la mesa sobre la que se inclinaba, la Uchiha había estado escribiendo con rapidez unas notas. La punta del bolígrafo que sostenían sus dedos había quedado en suspensión en el momento en que Sasuke había puesto un pie en la espiral cuadrada de escaleras. Y, sin embargo, al oír su nombre, contestó a la llamada con unos segundos de retraso girando la cabeza. No terminaba de creer que pudiera estar pasando en ese momento.
".¿Puede ser que... ahora... en el pasillo?"
Asió lentamente un par de muletas que descansaban contra el respaldo de una silla, recogió los tres portafolios de encima de la mesa con el otro brazo, y se acercó a hasta la jamba de la puerta con los ojos entornados, sin terminar de creer que el agresivo aviso de su corazón al identificar su chakra en el edificio estuviera en lo cierto. La voz que le había llamado y la silueta que se recortaba contra la luz de la habitación eran de Sasuke. Sus ojos se iluminaron de pronto.
- Sasuke... –kun... ¿Cuándo...? -él parpadeó y tensó la mandíbula, a modo de sonrisa- Ya. Acabas de llegar –dijo en voz baja, intentando sonreír.
- .¿Cómo estás?
- Bi-bien –relajó la mano que sostenía las muletas y dio un par de pasos más para salir de la habitación-. Eh... Han pasado... siete meses. ¿Cómo estás tú? .¿Has venido por una revisión? .¿Te ha pasado algo en la Niebla? –preguntó examinándolo con la vista. Devolvió la mirada a sus ojos y sostuvo el aliento con silenciosa alarma apretando los portafolios contra el pecho-. ¿Tienes que salir otra vez?
- Aún no lo sé. Y sí, estoy bien. Sólo venía a avisarte de que había llegado. Terminas el turno en breve, .¿no?
- No, avisé a mis compañeros de que me quedaría un par de horas más, visto el desbordamiento de actividad que habrá esta noche... ¿Será posible que no volvamos a vernos de nuevo hasta que termine tu nueva misión?
Sasuke se acercó a ella, y ésta clavó profundamente las uñas en el plástico que forraba las carpetas.
- No es seguro que me encomienden otra misión ahora, pero creo que me dará tiempo a pasar por aquí y acompañarte a casa. Pasaré por aquí cuando termines. Mientras tanto, iré a ver a Naruto.
- Seguramente... –aguantó la respiración en cuanto Sasuke osciló suavemente sobre ella- esté en la cantina.
Se miraron duramente, entre unas palabras rígidas de bienvenida y la languidez de un abrazo con declaración de rendición propia que les astillaría la piel. Ciertamente había reparo, cierto aire frío que les separaba con tirantez, todo producto de la falta de comunicación, de las noches mal dormidas, de la búsqueda ávida por el calor.
Sakura le abría los ojos descubriendo todo el iris enmarcado en la corona de sus pestañas, y Sasuke parecía estar contándolas, comprobando que estaban allí las mismas que él había contemplado la mañana en que partió, sin ninguna expresión. Entre el aire frío que latía y la adoración.
Sakura inspiró trabajosamente, se sabía incapaz de tocarle.
- Sabes... que no deberías estar aquí... –dijo con un tono que no casaba del todo con una advertencia formal sobre las normas del hospital. Quizá, ella, a su vez...
Sasuke tampoco se sentiría muy cómodo si se acercase más a ella. Tampoco comprendía muy bien por qué se había acercado como lo había hecho. Entre ellos el aire se había ido comprimiendo angustiosamente a cada segundo.
Así pues, mantuvo las distancias con ella a pesar de sí mismo, pero pudo captar el olor de la respiración de su mujer. Sakura seguía mirándole intensamente entreabriendo ligeramente los labios. Muy despacio, encaró su pecho al de él, bajando el brazo que sostenía los portafolios de los informes contra sí. De un ligero vistazo, Sasuke dio cuenta de la delgadez de sus brazos, la suave curva de las clavículas perdiéndose bajo las solapas del uniforme, el pelo despuntado a un par de dedos sobre la línea de los hombros. La respiración inquieta que apretaba su piel contra el primer botón de la bata. El temblor precioso de sus manos. La forzada firmeza de sus piernas, la inflexión disimulada en las rodillas bajo las medias inmaculadas. El movimiento rápido de sus ojos para comprobar si alguien les miraba por los pasillos.
Demonios, sentía el ritmo al que le vibraba la piel y no la estaba tocando.
A pesar de todo, se acercó a ella hasta rozar con el mentón su sien, y percibió la vaticinada descarga electrizante y áspera extenderse por la piel en una estrella de grietas. Siguió conteniendo el impulso de alejarse completamente de ella. Sintió que Sakura alzaba la cabeza débilmente pero no le miraba, como si todo su cuerpo respondiera a su cercanía con un delicado magnetismo que pudiera hacerles daño si no tenían cuidado. Había tensión en todos sus músculos, una fuerza invisible que llamaba a articular sus manos.
Un anhelo en el aire.
- Nos vemos. Estaré aquí antes del alba.
El frío. Tres zancadas rápidas y espaciadas, un silbido en el aire contra el marco de la ventana del final del pasillo... y una violenta espiración de mejillas sonrojadas.
- Eh, Sasuke... por fin llegaste, .¿eh? .¿Te han mandado directamente a aquí, no? –dijo jugando con la pipa entre los dientes, con los ojos fijos en el rastro de tinta de su pluma, que iba haciéndose más débil cada vez que la apretaba contra el papel. Sacudió la estilográfica ligeramente. Levantó un momento la mirada y sonrió con un deje suavemente taimado a su amigo recién llegado.
- Hmp.
Naruto mordía la boquilla de una pipa sin tabaco, acodado con aplomo en una mesa de la cantina. Tenía un vaso de té frío a un lado, lejos del posavasos que le habían ofrecido, a la espera de que éste levantara la mano de unos papeles a rellenar que parecían que no fueran a acabarse esa noche. Su mirada repasaba cansada las condiciones de los informes, los detalles del personal y las consultas hechas por cada rango a los archivos especiales.
Tan abstraído había estado en la lectura que en un par de ocasiones había dejado la cazoleta de la pipa flotando en el vasito de té. La razón por la que Naruto mareaba el chisme por el pisadientes no era un cambio de actitud sobre el tabaco, sino un recurso para mantener el culo apretado contra el tapiz de la silla. Por eso y porque decía que la pipa le daba cierto aire de prócer. Cuando le surgía la urgencia de levantarse de un salto, mordía con fuerza la pipa y se obligaba a clavar la mirada en sus tareas. Al principio le costaba tanto mantener la concentración, que prefería hacerlo todo dando vueltas por los pasillos de la oficina. Ahora no lo necesitaba mucho, por supuesto, pero se había acostumbrado. Al menos las cánulas, a esas alturas, no estaban mordisqueadas como mazorcas de maíz.
Un nuevo intento de plasmar la tinta en el documento.
- .¿Te has divertido?
Sasuke, de uniforme limpio, exudando un extraño y agradable aroma, mezcla de su propio olor corporal y el del gel neutral del cuartel, dejó la katana en equilibrio contra el respaldo de una silla y se sentó frente a Naruto. Éste comprobaba en el margen de un papel sucio la utilidad de la plumilla. La pipa se deslizó hasta la comisura derecha de sus labios para que en éstos pudiera delinearse una sonrisa burlona.
- Me han dicho que ha sido tan aburrido que jugabais a las cartas con los monos autóctonos de la isla. Tú no habrás caído tan bajo, .¿verdad? No te imagino intentando estafar a un bicho que tenga el culo más azul que tú, señor-principito-de-alta-cuna-Uchiha-sama.
- Vete a la mierda.
Naruto, decidiéndose por el descanso, soltó una risita sorda y dejó la pluma sobre la mesa para sustituirla por la pipa.
- Llevo más de tres días sin soltar una parida, Sasuke.
- .¿Por eso tienes que darme la bienvenida provocándome un dolor de cabeza?
- No has estado aquí –dijo rodando los ojos.
- .¿Por qué lo dices? .¿Ha pasado algo?
- No, nada relevante aparte de todas las noticias que habéis ido recibiendo. Pero voy a explotar en breve. ¿Sabes cuánto tiempo lleva revisar un informe de estos? –preguntó cogiendo una de las hojas al azar y esgrimiéndola hacia Sasuke. Éste miró la hoja con indiferencia.
- No, pero no me interesa.
- Bueno, al menos no tener que explicártelo supone no volver a pasar por ese calvario al pensarlo –suspiró, reacomodándose en la silla-. Ahora los del Consejo quieren estudiar la posibilidad de implantar un plan de estudios en la academia, temporalmente paralelo a la guerra, que incluya marchas hacia las aldeas más cercanas y arrasadas. Quieren promocionar a todos los alumnos que puedan para organizar batidas con todos los jōnins posibles y yo apenas doy a basto con las cifras, no me cuadran. Eso es un auténtico disparate, por mucha educación y conciencia de guerra que quieran darles a las nuevas generaciones. Joder, la guerra ya la están viendo en sus casas y son ya cuatro años los que llevamos batallando, Konoha no tiene tantos ninjas... ¿En qué piensan? –dejó la hoja sobre el montón sin apartar la mirada de Sasuke- Me pregunto si empiezan a haber secretos... Es rematadamente estúpido.
- .¿Otra vez con eso?
- .¿Cuándo se supone que puedo permitirme dejar de considerar esa posibilidad? .¿Cuándo crees que los ancianos dejarán de mirarme con esa cara de alarma? Hiashi no me da tregua y las reuniones del Consejo son casi diarias. Aunque el foco de la guerra esté tan lejano, al hospital no dejan de venir heridos. Tengo que atender a las bajas y equilibrar el número de shinobis dentro y fuera de Konoha, mandar a chavales poco experimentados a hacer misiones para que la villa no caiga en el olvido de los señores feudales y encajar las cuentas para mantener la economía de la aldea... tengo unas alianzas que mantener pagando un precio demasiado alto... el comercio –se llevó el té a los labios- ha empezado a tomar fuerza en el país pero las vías no están definidas -puso una mueca sacudiendo la cabeza y volvió a dejar el té sobre la mesa-. Hiashi rebate todas mis ideas y no deja de recordarles a todos que perdí los nervios aquella vez cuando tiene oportunidad. Joder. ¿Piensa recordarme eso hasta el día en que nombre al Séptimo? Ya me está hinchando un poco los cojones...
- .¿Qué esperabas? Seguramente se imaginaba como un fuerte candidato para el título de Rokudaime.
- Y lo fue, desde luego.
- Debió impactarle mucho que tú, el que casi lo echa todo a perder como si fuera el gran incidente del Kyūbi de hace veintiséis años cuando se presentó la Akatsuki, tomaras el cargo de Hokage.
- Y el que seguía pretendiendo a su hija mayor, a la que todavía no dirige la palabra... –dijo agriamente.
- Y el que pretende desbaratar todo el sistema de sellados del clan.
Sasuke jugueteó con el borde frío de la cerámica de la máscara con la punta de los dedos. Naruto dejó perdida la mirada sin pestañear.
- En realidad sé que lo que más rabia le da de todo es que sabe que me merecía este puesto. Me enfurece pensar que un tema así pueda tomar prioridad sobre algo tan insustituible como un hijo. No volvió a estar reticente a darme la mano de su hija en matrimonio hasta que presenció mi nombramiento –apoyó ambos antebrazos en la mesa-. No me sirvió esa circunstancia para ser más digno en su casa. Bastó que un desgraciado se presentara en Konoha para que la mala fama volviera a rondarme, y ante eso poca cosa puedo hacer. Dudo que pueda existir algo que me una a Hiashi. Si no puede hacerlo su hija...
Sasuke siguió camuflado en su silencio. Naruto recorrió su trabajo sobre la mesa con los ojos.
Pasó un largo rato sin que ninguno dijera nada. Hasta entonces, la actividad del salón se redujo a los paseos del encargado de la cantina desde la barra hasta el almacén.
- Esta cafetería está muy vacía, .¿no crees, Sasuke?
- No sé qué demonios haces aquí.
- No quería volver a casa. Está tan vacía como la cantina, pero... no sé, a veces veo a alguien por aquí. Tenía la esperanza de ver a Sakura esta noche –miró de súbito a Sasuke al darse cuenta de cómo sonaba eso último-. No estás celoso, .¿verdad, Sasuke-kun?
Sasuke se mordió el labio inferior mirando a su amigo y arrastró los incisivos por todo su grosor.
- No me des motivos para levantarme. Te aviso.
- .¿Es un tema delicado para ti esta noche? .¿La has echado tanto de menos que te incomoda hablar de ella? .¿Estoy metiendo el dedo en la llaga?
Sasuke tomó paciencia y le miró con advertencia.
- Vale, vale. Yo tampoco quiero levantarme, me dará pereza volver a sentarme. Pero haz el favor de madurar, .¿quieres? .¡Ni que desconocieras el tipo de relación que hay entre Sakura-chan y yo!
- Madura tú, imbécil. Aprende a descargarte como es debido si no sabes por dónde reventar con tus tonterías.
Naruto le señaló con el dedo y ladeó la cara.
- Te prometo que te soltaré una joya muy borde con otra respuesta como esa. Cuídate de hacerlo, porque te podrías arrepentir –dijo sonriendo.
Sasuke sonrió con autosuficiencia, de medio lado. Naruto rió nasalmente.
- Gilipollas... En fin... ella ha estado trabajando todos los días los últimos cuatro meses. A veces, cuando se acerca por aquí para verme e ir juntos a dormir a mi casa, está tan cansada que apenas resiste al sueño durante el último té. Cuando estamos solos nos da por pensar y eso no es bueno –sonrió.
- .¿Pensar? –preguntó cerrando el último círculo sobre el ojo de la máscara, sintiendo que la sombra de la duda sobre el tiempo que había estado fuera hubiera sido perjudicial para Sakura se posaba sobre él- .¿En qué?
- En tonterías –dijo Naruto suavemente-. Hay demasiado silencio en la villa por las noches. El silencio que tú guardarías en esos momentos es lo que queremos dar a lugar para no sentirnos tan deprimentes. No sé si me explico.
- Da igual.
Naruto tomó un hondo suspiro.
- .¿La has visto?
- Sí.
- .¿A qué esperas para llevarla a casa?
- Que me digas cuándo tengo la próxima misión.
- Ah, ya –tomó la larga pipa y la metió hasta el fondo en el vaso de té, girándola como una cuchara-. No necesito a nadie más esta noche, no hay ningún problema. Creo que Sakura necesita más tus silencios que yo tenerte a ti merodeando por la frontera como un perro después de todos estos meses en exilio –sonrió, a ninguna parte-. Vete a casa.
Las pupilas de Sasuke ya habían abandonado los trazos impresos en el papel ceniciento en cuanto ella había puesto la mano sobre el pomo cilíndrico de la puerta doble del hospital.
Sakura esbozó una enorme sonrisa al verle sostener el macuto con la ropa de su anterior misión junto al poste de la fachada del hospital, con la postura de haber estado leyendo el pequeño fajo de informes de ANBU que resumían las actividades del cuerpo en el último mes que sostenía en la mano.
Sin dejar de tensar esa sonrisa sincera, se ciñó cuidadosamente la rebeca en torno al pecho cruzando los brazos y corrió hasta donde él le esperaba.
- .¿En casa de Naruto? –dijo bajando a la acera- Ah, sí, he estado durmiendo allí algunas noches... Bueno, ya sabes... es una pesadilla entrar solo en nuestro distrito por las noches. Salir de un hospital para ir a dormir en un sitio igual de oscuro... –miró disimuladamente a Sasuke, pero éste no reaccionó. Tomaron la esquina que hacía abandonar el hospital- Ha sido terrible lo que ha llegado al hospital este tiempo. Hemos llegado a tener hasta doscientas visitas graves en una sola noche...
... Sin embargo, lo que sí resultaba espeluznante eran las casetas que se montaban al norte, aquellas en las que los activos de la aldea están más concentrados. Toda la parte norte está irreconocible, Sasuke, no te lo creerías si lo vieras. Nadie podría decir que aquel territorio forme parte del país. Cada vez que llegábamos de allí Konoha parecía ser más inhóspita. Debería pasarnos lo contrario, .¿no? Pues no, no podíamos pensar otra cosa que no fuera que Konoha fuera a terminar igual, porque eran tantos los conocidos que te encontrabas allí que parecía que esto se fuera a convertir inminentemente en un anexo de ese horror. Era como... notar el aire frío de un moribundo, la anticipación innegable. Fue mucho el sufrimiento que se vio allí, no te lo puedes imaginar. Cuando llegaba precisamente de esas misiones, se me hacía imposible ir a casa a descansar. ¿Cómo podría descansar allí, Sasuke? .¿Cómo si terminaba dando paseos nerviosos, creyendo que esas carnicerías fueran a llegar aquí con la velocidad de una onda expansiva y solo podía limitarme a girar sobre mí misma para comprobar que no estabas? Pensaba en... lo que te necesitaba, en lo lejos que estabas...
... Así que me he estado mimando un poco los últimos meses. He estado acompañando a Naruto a su casa para dormir cuando no me quedaba en el hospital haciendo guardia y la expectativa de despertar buscando tu mano bajo la sábana se me hacía demasiado insoportable –Sasuke la miró por primera vez, sin dejar de caminar. Sakura sintió el impulso de darle un puñetazo juguetón en el hombro pero lo reprimió por la aprensión que sentía ante la idea de tocarle-. ¡Sabes perfectamente que ya no es lo mismo, que las cosas cambiaron! Naruto se toma eso incluso más en serio que tú, y respeta mi condición respecto a ti. Él se pone tonto y no me hace caso cuando intento convencerle de que no pasa nada, así que siempre termina acercando un sillón a la cama para poder dormir conmigo. Alguna vez fue Naruto el que me acompañó a casa para dormir, y, por supuesto, también he estado pasando por casa de mis padres, aunque claro, a ellos les parecía demasiado raro que les visitara para dormir con demasiada frecuencia por si me volvían las pesadillas otra vez. No quería que se pusieran pesados.
... ¿Sabes?... Bueno, supongo que ya te habrás dado cuenta. Naruto ha cambiado mucho en este poco tiempo, con todo lo que se ha montado en el Consejo. Creo que todo esto, el verse solo frente a Hiashi y la guerra y el haberse mudado a la antigua casa de sus padres le ha hecho madurar. Hace un par de semanas Chouji organizó improvisadamente una cena sencilla y, a pesar de disfrutar como el que más, fue el primero en retirarse alegando que tenía trabajo que hacer –echó vista al cielo y volvió a sonreír-. Ha estado trabajando muy duro. Seguramente te habrá comentado que siente que vayan a destituirlo del cargo cualquiera de estos días –Sasuke sonrió-. ¿No te lo ha dicho? –preguntó sorprendida.
- No.
Sakura sonrió al suelo. Dio cuenta de la luz entre la sombra de ambos contra el empedrado. La sonrisa se le agrió.
- .¿Cómo fue la misión? Tengo entendido que algunos de tus compañeros se pasaron por el hospital pero que no había nada grave que atender.
- Ha sido muy monótono. No ha pasado nada preocupante. Desgraciadamente.
- Pues hubiera debido ser así aquí... –se mojó los labios- No me... ¿No me cuentas nada más?
- No son siquiera las cinco.
Sakura cabeceó inclinándose más hacia el suelo, mareada.
Diez minutos más tarde, avistaban la tierra de Uchiha.
El distrito había cambiado poco desde que había comenzado la guerra. En cinco ocasiones el barrio había resultado dañado por los ataques, pero las dimensiones de la casa del clan eran tan generosas que examinado desde dentro el deterioro apenas se percibía en conjunto.
Desde que Sasuke y Sakura se casaran, hacía quince meses, la reparación de las casas se había acelerado ligeramente. Cuando se prometieron y se mudaron a una casa a estrenar en el distrito, a una alzada a una manzana de la antigua casa de Sasuke, compaginaron sus servicios con aquellas tareas. Empezaron a hacer inventarios para reconstruir los edificios principales y a despojar de los inmuebles las huellas más livianas de la fatalidad.
Vista la evidente limitación que suponían el pobre comercio y la baja oferta de mano de obra, las viviendas veían aplazadas sus restauraciones.
Por lo demás, todo lo que podían hacer sin descuidar las obligaciones shinobis, el trabajo de resurrección de las tierras era bastante desagradecido. Las tareas a atender se podían multiplicar cuando se apreciaba en profundidad la solidez del trabajo que el clan aportaba a la villa. Desde luego, con esas tareas uno era fiel testigo de la fuerte influencia del clan en el desarrollo de Konoha desde su fundación: además de la evidente aportación del cuerpo ANBU, en el distrito se encontraban almacenes de talla industrial para abastecer a toda la villa en las tareas shinobis, el comercio se repartía correspondiente a las demás casas de comercio fuera del distrito y había montones de archivos de estudio sobre las relaciones internacionales, con el fin de que el clan tuviera en mano un soporte para hacer elecciones en el Consejo.
- Te noto cansada.
Abrir las puertas y los armarios de aquellos tesoros históricos suponía revisar todos los datos y planear su uso futuro a favor de la Hoja y del respeto a los difuntos. Estaba claro que a las tiendas y almacenes les quedaría algunas décadas de espera para poder ser utilizados como se debía, ya que aquello era inabarcable para un par de generaciones, pero la aldea podía verse muy beneficiada si se aprovechaba el potencial de los recursos del clan.
La vegetación se llevaba la peor parte. Se empezaba a recuperar con bastante pobreza, y no era de extrañar, ya que Sakura tenía mala mano para cuidar de la vegetación. Los Yamanaka ya habían dado sus consejos y se habían tomado las medidas que encartaban, pero el resultado se estaba haciendo esperar.
Las armas incrustadas en la argamasa de las casas las habían arrancado Naruto y Sakura una tarde de expedición por el barrio aprovechando que Tsunade había convocado a Sasuke, para ahorrarle el mal trago de tener que repasar los lugares en los que cada uno de sus familiares había sido asesinado.
- La semana pasada fue un poco extenuante... no me he recuperado del todo, pero estoy bien.
Sin embargo, cuando él regresó y vio todas las heridas abiertas en el esqueleto de su enorme casa, frunció el ceño e hizo precisamente lo que habían querido evitarle: se encaró a las calles y se perdió por ellas con la mirada ida. Cuando Sasuke volvió a encontrarse con ellos, llevaba más de quince armas empuñadas: todas las que se les había pasado por alto, las que habían dado muerte en lugares que Naruto y Sakura no podían sospechar. Sakura lamentó no haber podido recordar aquellos asesinatos vividos en el Mangekyou de Itachi que visionó en los sueños que tuvo sobre la infancia de Sasuke, pero había hecho lo posible en olvidar todos los detalles y todo aquello... todos los sitios en los que no había reparado, estaban perdidos en la neblina del dolor anestesiado del pasado.
- .¿A qué hora irás mañana al hospital?
El carmesí reseco de las fachadas de las casas y comercios había desaparecido, pero el que esperaba dentro de la casa del último patriarca había recibido visitas silenciosas que dejaban siempre la tarea para más tarde.
Sakura ya le había dicho, en un par de ocasiones, que debía de limpiar el olor perenne de sangre de la casa con motivo de cerrar definitivamente esa herida, pero Sasuke la esquivaba y le aseguraba que sería como arrancar el recuerdo de sus padres de ella. La sangre de sus padres no podría dejar de ser parte de esa casa, no podía romper la imagen de los últimos patriarcas caídos tendidos sobre el parqué. Eran, simplemente, parte del paisaje.
El tema quedaba marginado en un rincón carbonizado del corazón de ambos, la parte que más les afligía. Sakura no consideraba aquella una tarea de resurrección. Volver a habitar territorio de Uchiha debía significar saber morir al pasado, para luego renacer de las cenizas, tal y como Sasuke había simbolizado con el asesinato de su hermano y su matrimonio con ella. Pero él no parecía compartir la misma opinión. Al igual que le había insinuado que su enlace con ella no era un contrato para asegurarse la prole y por tanto, la consecución de su segundo objetivo, había cosas que debían mantenerse como estaban. Como solía decir mirando el emblema del clan, respecto al fuego, debían de respetarse también las cenizas.
Pero para ella, quien había aprendido a superar las pérdidas limpiando los rescoldos sin miramientos por pura cuestión de supervivencia, las cosas no dejaban de darle vueltas. Le recorrían escalofríos cada vez que paseaban por las calles del lugar. El dolor flotante de esa casa funcionaba como el motor del halo fantasmal de las tierras. Desde donde la miraran, la oscura casa de Uchiha inspiraba silencio y recelo.
Sakura se tapó la boca para disimular su bostezo.
- Sobre la hora de comer.
Aunque lo iluminaran con farolillos con el símbolo del clan y amenizaran los jardines con pequeños estanques, el pequeño pueblo de los Uchiha parecía un mortecino y austero parque para niños aun en la hora de luz más jovial. El color rojo del blasón familiar y el ruido del chapoteo del agua de las cañas de bambú recordarían el efluvio de una turbia sombra de sangre.
El tendido eléctrico dejaba caer su sombra sobre el esquema de las calles como telaraña sombría. El frío parecía agrietar aún más dentro de esos muros. Sakura presentía alientos fríos sobre la nuca, el ruido sordo de los pasos en la calzada de una legión de fantasmas. Y Sasuke, su lado, hierático.
En cuanto subieron al soportal la madera crujió bajo sus pies. Descorrieron la puerta, se descalzaron. Sasuke dejó el petate en el suelo junto a la katana y Sakura, al quitarse la rebeca, se echó una mano a la cerviz al tiempo que buscaba con la mirada el interruptor.
Una goma se apretó contra la mano que vagaba en busca del interruptor de la luz. Sasuke sostenía la muñeca de Sakura, presionando la cinta del protector de su mano suavemente contra su piel.
Sakura levantó la mirada asustada, buscando la señal inequívoca de que Sasuke había percibido algo fuera de la casa para verificar sus sospechas, pero Sasuke le prestaba completa atención a ella en las sombras, y el hecho de que el tacto de su mano le doliera como si sus dedos estuvieran revestidos con una mala zarza parecía estar pasando extrañamente inadvertido para él.
.¿Qué podía hacer?
- Sasu... ke...
Él soltó su mano e inclinó ligeramente la cabeza sobre ella, haciendo caer una inquietante sombra de suave almizcle azul sobre ella. Entonces, en mitad de ese silencio crudo donde sólo la madera que crujía bajo la inclinación de su marido resonaba, comprendió y sintió violentamente que todo el desasosiego que había experimentado en las calles del frío distrito se transformaba en algo igualmente amenazante... Sin embargo... ansiado.
Notó la respiración nasal y animal de Sasuke sobre la sien.
- Sakura...
Y antes de que todo se volviera borroso con la oscilación del flequillo de Sasuke, un dedo índice le recorrió una mejilla hasta la comisura de los labios con un roce suave, para que éstos le siguieran la estela hasta los suyos.
El primer contacto resultó restringente. Sasuke solo la sostenía con una mano contra sus labios, y el cuerpo de su compañera había sido embargado por una oleada de demoledora languidez. Como una presa que cae rendida entre las fauces del predador, en el primer segundo de contacto. La angustia se apagaba y la ansiedad despertaba desgarradora.
La respiración cansada antes de morir y entonces...
Se empezaron a besar enseñándose los dientes, mordiéndose los labios y las mejillas con avidez.
Los botones del uniforme de Sakura resonaron contra las placas metálicas internas del chaleco de Sasuke, y la máscara de éste, que pendía sobre su espalda, quedó aplastada bajo el abrazo de Sakura.
Sus respiraciones se alteraron al unísono, pero se negaron a separarse para tomar aire. Habían cometido una imprudencia muy grave saltándose el protocolo propio de una bienvenida de una ausencia tan acusada, un descuido muy grande de cara a la paciencia de volver a encontrarse el uno al otro mediante caricias más amables. Pero no había tiempo. No había tiempo para la burocracia, no había tiempo para seguir reaccionando como desconocidos. En lo más profundo de sí mismos, se reconocían en aquel cuerpo vecino en el que explotaba todo el impulso sexual cuando volvían a tener razón de ser juntos. Todo era demasiado urgente.
Cuatro manos se apretaban y se buscaban, sobre los hombros, sobre la cintura, contra las vértebras.
Parecía como volver a besar por primera vez, volver a tener de nuevo el privilegio de catar el sabor de los labios del otro para volver a crear el recuerdo de lo que aquello significaba, captarlo en toda su esencia. Y lo más maravilloso era que sucedía con rapidez, la vorágine de sentimientos lacerantes convertía esos minutos en un momento que no debían desaprovechar en lo más mínimo.
Seguían mordiéndose, respirándose rudezas y anhelos contra el otro.
Sakura apretó el cabello de Sasuke entre los dedos con aire desquiciado.
- Sasu-Sasuke...
La máscara volvió a estorbar. Después de errar sobre el cuello alto y fino del uniforme de Sasuke, las manos de Sakura dieron espasmos en torno a la línea de sus hombros, y las manos de éste sostuvieron la nuca de Sakura contra él. Se volvieron a recorrer con más suavidad, sin restar fogosidad a ese beso tan húmedo.
Tres segundos más tarde, el entarimado volvía a gruñir. La cerámica de la máscara impactaba secamente contra la madera, bajo los dedos de Sakura. Ella también había caído sobre las tablas sosteniendo su peso a duras penas con los tembleques de sus muñecas y rodillas. Sasuke sumaba su peso a las tablas contra su espalda, asomando los labios jugosos junto al lóbulo de su oreja, ensanchando el arco de la mano en la extensión de la curva de la cadera de Sakura para ceñirla a la suya. Un escalofrío de anticipación hizo respirar a Sakura con la boca abierta. La cerámica rayó sobre la madera hasta alejarse con un movimiento de muñeca de Sakura.
Las piernas de Sasuke reafirmaban la gravedad de las de Sakura sin imponer fuerza, y sus brazos hacían lo propio protegiendo los de ella, sirviendo la línea de sus clavículas como un poderoso dintel. La mano Sasuke le recorrió el largo del muslo apretando los dedos con la misma ansiedad con que la había besado un momento antes. Las yemas de los dedos de Sakura, de camino a las palmas, leyeron el fino relieve del parqué como si fuera braille.
Sonrió con los ojos cerrados, incapaz de encajar la mandíbula.
- No me... quites... la bata...
Sasuke asomó el puente de la nariz tras su oreja al tiempo que su mano derecha cerraba el recorrido sobre la cara interna del muslo de Sakura. En su ascensión rompió la tensión de la falda que ésta llevaba bajo la bata alargando lentamente el rastro de la palma, hasta adivinar la orilla tímida de las ligas que mantenían sujetas las medias. Sakura se endureció percibiendo la traducción de esos movimientos en el roce del brazo de Sasuke sobre su costado, de su mano entre las piernas. Un dedo se paseaba entre la liga de lycra y la piel enfebrecida.
Sakura boqueó.
- Y... no te... quites el... uniforme...
El chasquido de la lycra.
- .¿Algo más? –susurró Sasuke contra el lóbulo.
- No hasta que... lleguemos a la cama... –logró decir antes de estremecerse al sentir los dientes de Sasuke merodear por su cuello y clavarse en él.
La mano de Sasuke ascendió vertiginosamente hasta el vértice escondido y lo rodeó limitándose a cubrir con los dedos la senda del filo de las braguitas. Sakura respondió hundiendo la cabeza entre los hombros y apretando las nalgas a Sasuke. Se estaba arqueado.
Sasuke salvó la falda y volvió a hacer viajar su mano, alcanzando el abdomen de la muchacha que temblaba bajo él. Forzó delicadamente el vientre contra el suyo y Sakura gimió con ahogo cuando sintió el grosor del protector del pecho de Sasuke contra la espalda.
No tuvo más remedio que reírse. Lo que pudo permitirle el ánimo. Un suave cascabeleo emborrachado de vahídos por lo que Sasuke le decía con su cuerpo en otro sitio menos obstaculizado.
- Vale... En eso tienes razón...
El chaleco terminó como la máscara, patinando sobre el suelo.
El protector de la mano de Sasuke se encaró de nuevo a la madera. Sus dedos trepaban sigilosamente sobre el camino de botones blancos de la bata. La respiración errática de Sakura hizo que éstos marcaran el ritmo del avance. Conforme se asomaban a la abertura de la bata que coincidía con sus pechos, los dedos se encerraron progresivamente sobre uno de ellos. Sakura gimió y se encaró al techo, hecho que aprovechó él para lamerle la mejilla.
Sakura volvió a gemir, presa de los movimientos lentos de los dedos de Sasuke bajo su uniforme, objeto de la mirada sin parpadeo de éste, y sus codos empezaron a sacudirse. Sasuke salió de donde estaba y reafirmó el peso de Sakura contra sus brazos. Hundió la mano entre la de Sakura y el suelo e hizo que se entrelazaran sus dedos destacando sus nudillos.
Sakura flexionó sus dedos bajo la palma de Sasuke y observó el hermoso efecto que tenían ambas manos entrelazadas. Sintió que algo dentro de ella se desbordaba. No sabía muy bien si se trataba de la concienciación de lo que había echado de menos a su marido, si en cambio se trataba de la amenaza que suponía una misión inminente, o simplemente era la gran dependencia que estaba experimentando hacia él.
Que Sasuke la mirara aún con los ojos entornados no ayudaba nada. Pensó que empezaría a sollozar para dar lugar a un llanto imposible cuando Sasuke pareció leer sus pensamientos y se adelantó a ella. La besó tiernamente sobre un párpado.
Si no había sitio para la pena, la había para la desesperación.
Sakura se lanzó sobre el labio inferior de Sasuke, con tanto ímpetu como si estuviera frente a él y pudiera sostenerle la quijada para besarle, y tiró de él con los dientes.
Gritó con susurros:
- No dejes de hacerlo.
Sasuke le devolvió el beso y, ajustando su brazo izquierdo contra la axila contraria de Sakura, levantó las manos entrelazadas. Sin dejar escapar la mano de Sakura, llevó sus dedos hasta la barbilla de ésta, al tiempo que ambos recuperaban el equilibrio sobre un solo brazo. Los dedos de Sakura se crispaban.
Sasuke bajó la mano por el cuello de Sakura y advirtió, divertido, el extraño vértigo que le producía ver cómo la garganta de Sakura se hinchaba delicadamente bajo los dedos de ambos, cuando ella le jadeaba contra su boca. Siguió explorándola, apretando los diez dedos contra el canal de los pechos, comprimiendo la hinchazón de éstos, catando la aprobación de Sakura al ser ésta consciente de cómo navegaba su mano.
- No dejes de hacerlo –repitió entre gemidos.
Sasuke gruñó y emitió un débil jadeo.
Los dedos se aprisionaban entre sí. Sakura estaba completamente acorralada entre los labios de Sasuke y el brazo que la sostenía, más desnuda ante las caricias de éste con sus manos que el desabrigo que le esperaba.
Cuando la mano, capitaneada por el dedo corazón, abandonó la depresión del ombligo y se internó en las caderas para alcanzar su sexo no pudo reprimir un grito ronco.
Sasuke le bajó las braguitas hasta donde le permitieron la paciencia y las gomas de las medias, a mitad del muslo. Él se desabrochaba mientras ella se apoyaba contra el brazo fijo de Sasuke. El miembro de Sasuke pasó estrechado entre los dedos de Sakura, que abrían la entrada entre temblores.
Un deslizamiento muy suave, un golpe de cadera y una aspiración doble, sorda e interminable.
La nueva fijación del brazo de Sasuke sujeta a los huesos prominentes de la cadera de Sakura en cada ajuste entre los sexos; el ruido de la tela dura de los pantalones bajo las rodillas de Sasuke, la fricción peligrosa para las medias en el caso de Sakura; diez uñas clavadas en un único soporte; y un movimiento contrario entre ambos cuerpos.
Sakura sentía la electricidad sexual sacudirle la piel repentinamente. Sasuke gruñía por lo bajo contra su cabello, completamente tenso. Sakura, sin embargo, se sentía cada vez más enclenque.
La luz del amanecer se colaba aún débil en la instancia. Pero qué más daba. Ellos se habían encasquillado en un bucle corporal. Encajados como estaban no podían sino escuchar el cuerpo del otro.
No había dolor ni júbilo. Solo entrega. Pura y dura. No había nada más.
Cuando Sakura tuvo el primer estremecimiento anticipatorio dio bocanadas significativas y empezó a retorcerse contra él. Sasuke prestó un esfuerzo titánico en hundirse en ella de forma más pausada y rotunda para recoger la culminación de Sakura entre sus brazos, y, cuando por fin dio colofón a su tarea, contuvo medio segundo más a Sakura contra sí para regalarle a ella el temblor del pecho, su propia ascensión al cielo.
Vibrante como pocas cosas en el mundo.
La ingravidez les sobrecogió más allá de las terminaciones nerviosas, colapsándoles los poros, lento y potente como el batir de las alas de un fénix.
Suspendida bajo él y abrazada con un solo brazo bajo el pecho, palpitando por completo de placer, empezó a recuperar la respiración. Sasuke jadeaba nasalmente con ella asomando la barbilla sobre la solapa de la bata.
Minutos después, cuando el estupor se había consumido, Sakura cruzó los brazos sobre el que la sostenía e intentó acariciar a Sasuke con la sien al volver la cara hacia él. Le quitó despacio el protector del brazo y se lo acarició.
- Dime... dime, por favor, que no tienes que irte...
Sasuke la miró y suavizó su expresión.
- .¿Crees que habría empezado sabiendo que debía volver a abandonarte? No podría permitirme empezar y salir de aquí sin haberte desnudado. Menos aún si hubiera sabido de tus condiciones... sin habértelas concedido.
Sakura sonrió lentamente.
Momentos más tarde, Sakura volvía a sonreír mientras se dejaba caer sobre las sábanas y Sasuke se deslizaba cálida y dominantemente entre sus piernas desde el flanco de la cama para volver a encararla. A la luz gris e insuficiente que entraba del exterior, se volvían a acariciar, por vicio, ya que la piel aún estaba cosida a la del otro. Cuando Sasuke empezó a desnudarla, a mirarla a los ojos directamente entre las sombras perladas, Sakura resbaló las manos en torno a los brazos ondulados y tersos de su marido. Dobló las rodillas y le acogió entre sus muslos con un abrazo suave.
Colmada de un fuerte sentimiento de plenitud, percibió a Sasuke en todos los sentidos. No necesitaba abrir los ojos.
Pero lo que Sakura no podría haber adivinado mientras le deshojaban el uniforme para dejar descubiertas las clavículas, era la mirada complicada pero tranquila que Sasuke le derrochaba mientras le susurró sin expresión:
- Te he echado de menos.
No he dejado la descripción, no. Como comentaba en algún reply, es completamente necesaria para esta secuela.
Hay ciertos signos que la página no me reconoce. Supongo que los que escribís aquí sabéis de lo que os hablo. Los signos de interrogación que abren las preguntas desaparecen a menos que les pongas un punto antecedente, pero por lo visto no ocurre con todos. Cuando Sakura empieza a contar a Sasuke lo que ha estado haciendo de camino a casa, no tengo otra manera de dividir su monólogo que con puntos suspensivos porque no me reconoce las comillas castellanas.
Dejando esas cosas a un lado, espero que hayas disfrutado del capítulo.
Si hay dudas, como pasó con el comienzo del primer capítulo, exponlas, por favor.
Las dudas, las sugerencias, lo que pensabas cuando leías y te mataba lentamente el aburrimiento, si te interesa visitar el distrito Uchiha (de Lunes a Viernes 9:30-17:30; Sábado y Domingo 10:00-13:30 entrada gratis. Si vienes acompañado con dos familiares te regalamos un portakunais con el símbolo del clan y un puzzle, hasta fin de existencias)... en fin, todas las impresiones sobre el capítulo serán bienvenidas.
¡Hasta la próxima! ;)
