Pocas cosas os puedo decir aparte de que:

1. Se agradecen los reviews y vuestra atención continuando la historia. ¡Sois los mejores!

2. Lamento el retraso (esto es terrible…). He estirado el mes entero en revisiones para quedarme tranquila. Debería avisar con más frecuencia en el perfil sobre el mes que actualizo para no dormirme en los laureles.

3. Tenéis que echarle un año y cuatro meses a partir del último capítulo. Para que os hagáis una idea más aproximada, casi cinco años y medio desde el último capítulo de N.E.S.

Espero que no se me esté olvidando nada, hay tantos cabos que atar... ¡Disfrutad el capítulo!


Pavesa

La noche en que los cimientos resquebrajados de su vida se vieron amenazados por los cambios inminentes era un recuerdo velado por los matices de las experiencias posteriores, pero conservaba su color original, el de la esperanza triunfante. La fotografía mental de esa impresión rejuvenecedora era lo que a él le bastaba recordar para sonreír cuando oía hablar del futuro de los niños en un momento tan difícil como la guerra. No podría existir en Konoha la palabra "huérfano" mientras él estuviera vivo. Ya podían caer piedras del cielo y verse atrincherado por todos los villanos del mundo a la vez. La desesperanza jamás llegaría a alcanzarles. Los niños sabrían lo que sería salir adelante.

Tal había sido su caso. Los días de Naruto habían abandonado la desoladora ausencia de color para oxigenarse con el brillo de una promesa. El color de la roca esculpida de los cuatro kages que se divisaba desde el pasillo que hacía de terraza de su bloque llamearía en su interior y le recordaría todos los días a qué debía aspirar.

El momento en que Naruto decidió ser hokage llevaba de haber en vigilia una dura mañana en la academia, una triste y solitaria tarde en el parque y una entrada a la noche de silenciosa reflexión infantil. Había sido un momento de completo silencio en su cabeza, un momento para un fenómeno excepcional, pues había sido la primera vez que el bullicio tenía lugar al revésde lo habitual: el jolgorio de una fiesta abandonaba su cenit con una marea de murmullos alegres en la calle y él se quedaba quieto. Los farolillos que iluminaban los paseos de la aldea bajo su balcón parecían estar guiñándole, y él dejaba de parpadear.

La semana anterior a aquella noche había caído exhausto en el sueño con las mejillas empapadas en lágrimas calientes, como de costumbre. A la par que el desamor destilado en sus intentos de hacer amigos se recrudecía, empezaba a aflorar en él un verdadero sentimiento de rebeldía que los tutores que pasaban de visita no podían remediar con explicaciones imprecisas sobre su situación. No entendía qué diferencia le separaba de otros huérfanos para que le trataran con desprecio, ni por qué era el Tercero el único que le trataba con un poco de cariño. Aquello le hacía pensar en compasión, y no le gustaba.

Tal incomprensión y desconsuelo habían tenido lugar en sus malos días que una tarde no pudo resistirse a romper con saña una cómoda a patadas por un incidente del que le inculparon injustamente en las oficinas del Sandaime. Naruto no dejaba de ser un niño asustado a pesar de todas las apariencias y aquel arrebato no hizo más que escaldarle de vergüenza; fue en parte el miedo a convertirse en un amargado que la tomara con los muebles lo que le ayudó a establecerse una meta importante. En el intento de olvidar aquel episodio que sólo le inspiraba repulsión, se esmeró en borrar las huellas del destrozo del rincón de la cómoda, aunque sus recursos, sus manos blandas y pequeñas, no le permitieron llegar muy lejos.

No volvió a recordar el acontecimiento hasta el momento de hacer las maletas. Aquella otra noche memorable había hecho otra promesa igual de vehemente y desesperada. Se la había hecho a la que por entonces era su amor platónico. Había revuelto toda la casa muy excitado por la idea de mudarse y poder cuidar de ella para cumplir con su palabra. Encontró las primeras astillas esparcidas en el suelo empolvado del fondo del armario junto con un vuelco al corazón bastante desagradable.

Hasta el momento en que Naruto no supo qué era la luz, había llorado de rabia porque sus compañeros no le admitían fueran cuales fuesen sus intentos de integración. Todas sus sonrisas y bromas habían caído en saco roto y por ello su imaginación le decía que seguiría viendo aquellas mismas paredes que se desdibujaban en sus ojos por el llanto sin que nada cambiara, hasta el día en que terminara muriendo sin alguien que le llorara, que lamentara todo su dolor. La noche en que Naruto se decidió lloró de alegría contagiado por el festejo, aferrándose a la imagen de sí mismo como un hombre brillante y muy alto, un hombre poderoso al que grabarían en piedra. Lloró sin parpadear, con los ojos ardiéndole como brasas, sintiendo el cálido bálsamo de sus propias promesas dentro de su pecho y el moquillo resbalarle en la nariz.

Desde entonces decidió que sus siete años de edad le bastaban para empezar a hacerse muy grande, y que estaba demasiado cansado de llorar para no salir a la calle sin el ánimo de conseguir que alguien le recordara cuando él volviera a estar solo.

Su inmadurez no le permitió reparar en el respeto que debía sentir por el Tercero y la historia de los anteriores hokages. Había etiquetado la palabra hokage con el mayor de los honores y punto. Su corazón inquieto y herido sólo le permitía nutrirse de la idea de verse grande algún día para soportar el vacío que caía como el pan de cada día. Si le daba un significado más personal al título, algo más allá de esa imagen de héroe recio, volverían los accesos de desesperación: era muy duro pensar que no podría alcanzar la meta si tenía en cuenta que era un mierda. Eso era lo que le habían dicho todos, .¿no? .¿Hubo alguien que le ayudara a desmentirlo?

Demonios, no... Pero no importa... No importa... en absoluto. Respeto. Sólo respeto, tendré el respeto de toda la villa, le había dicho en su cabeza la voz esperanzadora a la que tanto se aferraba.

Por lo que le decía ahora la hoja en blanco que le esperaba tendida sobre la mesa de la cocina, ya podría haberle dicho esa voz que se preparara para lo que le esperaba en todos los sentidos, porque además de haberse pasado alegremente por el forro las clases de Historia del Fuego de Iruka, tampoco había reparado en el trabajo que había detrás de esos discursos patrios tan emotivos que habían convertido su futuro en una meta de incalculable valor.

Odiaba escribir.

Lo quería soltar todo; quería escribir lo más comprensible de lo que sentía por ella, lo que la aldea necesitaba recordar para emocionarles. Pero los años no se habían llevado esa parte de sí mismo que le impulsaba a levantar las manos cuando intentaba explicarse con la tinta. Lo que ella le había enseñado atravesaba los límites del papel, y era demasiado complicado y personal como para leerlo delante de tantas personas y no sentirse estúpido. Normal que sólo le salieran inspiraciones contenidas, preñadas de imágenes soberbias. Las palabras adecuadas se hacían las remolonas.

Malditos formalismos. ¡Si podía pasarse horas describiéndola! .¡Podía contar detalles, explicar expresiones, describir emocionado cómo se le había henchido el alma cuando la había visto sonreír después de superar cada adversidad! .¡Podía describir su entrega a la Hoja y enumerar las tardes en el hospital interminables, cuando el nacimiento de la guerra les arrancaba los primeros compañeros de las filas! .¿Por qué le costaban tan caras a su pluma las palabras que le hicieran justicia a esa gran mujer, las que testimoniaran los años que la había echado de menos? Demonios, debían existir...

Cerró la mano en un puño, agarrando una idea imprecisa en el aire frío de esa mañana de febrero, a la luz mortecina del amanecer. Tenía que hacerse con ellas. Sólo le restaban unas horas para dirigirse a la aldea y soltar ese discurso espectacular.

Una mano de dedos blancos y pequeños le apartó el pelo de la frente y se la acarició, aliviándolo instantáneamente de su frustración. Un beso tibio le acarició cariñosamente la sien. La piel de porcelana Hinata se frotó contra su mejilla con ternura. Los espejos perlados de sus ojos miraron el papel en blanco un momento y se enfocaron en Naruto. Se le antojaba como un chiquillo que remoloneara con sus tareas escolares con una sonrisa inocente y juguetona.

- Ayer tampoco hubo suerte, .¿eh?

- No –contestó Naruto en voz baja-. Y te prometo que lo intenté. Pienso en ella, se me disparan los recuerdos, interpreto las cosas que hizo con la experiencia que tengo ahora, pero no me salen las palabras –le acarició el brazo de la mano que le sostenía el cabello apartado de la cara-. Prefiero las horas de inmersión en el cuartel ANBU o marear a Shizune a gritos cuando hay jaleo, pero un discurso tranquilo sobre la vieja... ¿Cómo poder escribir sobre ella y decirle a todos lo que siento por ella con calma?

Hinata sonrió y encaró su nariz contra la mejilla de él.

- La gente solo quiere escuchar algo que les recuerde a ella. Tsunade–sama abrió esta guerra y dio el todo por el todo. Escribe sobre lo que crees que debió sentir y la gente lo entenderá. Nadie mejor que tú puede saber qué se debe sentir al pie del cañón, con el peso de las vidas de los aldeanos sobre los hombros, dejando la vida por los ideales patrios.

El Uzumaki suspiró pesadamente. Hinata se sentó a su lado, cruzó los brazos y se inclinó sobre el papel. Sonrió tímidamente a Naruto.

- No es tan difícil. Ya verás cómo te sale todo solo cuando escribas la primera frase.

Él cruzó las manos bajo la barbilla y mareó la mirada calibrando esa frase iluminadora. Hinata esperaba mirando la pluma mordisqueada abandonada sobre la mesa, esmaltada en verde hierba. Al cabo de unos minutos de silencio en los que Naruto se limitaba a intercambiar miradas de hastío con su enemigo de celulosa, Hinata le propuso una idea.

- .¿Sabes qué podrías hacer? Podrías escribir en el margen todas las palabras que resuenen en tu cabeza cuando simplemente piensas en el nombre de la Godaime. Cuando hayas escrito las suficientes, podrías escribir lo que sientes respecto a ellas: qué significan para ti, en pocas palabras. Da igual si son sustantivos, adjetivos... lugares o canciones. En cuanto tengas suficientes, sólo tendrías que agrupar las palabras por temas y dejar que tu mano escriba lo que realmente tengas que decir. Te sorprenderá ver cómo el discurso se escribe solo.

- .¿Y eso? .¿De dónde lo has sacado?

- De mi casa. Es un truco que funciona cuando se quiere escribir sobre cosas abstractas. La Godaime significa demasiadas cosas para ti.

La Hyūga se levantó y se colocó detrás de Naruto. Éste no había reparado en la pequeña tetera había empezado a pitar tras de sí,sobre la hornilla. Ahora Hinata la apartaba del fuego y preparaba los vasos para servir el té en la mesa.

- Uno de mis primos es un Haijin muy competente, aunque no se dedica a tal actividad. Es uno de los más jóvenes de mi generación. Entre los shinobis no destaca porque, aunque sirve en el cuerpo de los jōnins y tiene cierto talento, es poco dado a la lucha; no explota su capacidad más de lo necesario. Suelo escucharle llegar en la mañana –dijo sentándose tras servir el té-. Suele desayunar solo y escribir un montón de cuartillas antes de volver al trabajo en lugar de retirarse a su habitación a descansar. En una ocasión le pregunté por su afición y me explicó su concepto sobre la belleza. Me enseñó algunas de sus cuartillas y me explicó qué había escuchado o visto para escribir esos poemas. Sus impresiones eran muy elaboradas. Enlazaba muchos momentos salpicados de su vida que aparentemente no tenían que ver entre sí, pero él los reducía magistralmente al amor y la belleza para conseguirlo; el resultado es, simplemente, conmovedor. Me dijo que sentía que su corazón no dejaba de hervir ideas muy sensitivas, que le frustraba no poder darle uso a los sentimientos que le eran provocados. Me enseñó algunas de sus técnicas para explotar esas sensaciones, aunque, por lo que puedes ver, son muy sencillas y lógicas –tomó el té entre sus manos con una pose sosegada y volvió a sonreír-. Al respecto, me dijo que, después de todo, la poesía también era muy sencilla y podía llegar a todo el mundo, así que, .¿de qué manera iba a ser difícil escribir un poema si tienes la materia prima y usas procedimientos tan naturales?

- Ya me debería cundir a mí hacerle un buen discurso a la vieja...

- No tendrías perdón. Has improvisado discursos en momentos más delicados, y te han salido las palabras en tropel.

Naruto se meneó en la silla.

‑ La emoción del momento lo hace todo por mí.

‑ .¿En esta ocasión no es así?

Naruto sonrió ligeramente.

‑ Hoy es un día emotivo, pero es completamente distinto. Hablar de Tsunade es siempre una oportunidad para describir el orgullo más sano que pueda existir jamás. Hablar de ella requiere tiempo para pensar en muchos momentos que me forjaron como hokage. Sé muy bien que yo no soy nadie para decir cómo lo estoy haciendo con respecto a su trabajo; la admiro demasiado como para decir que soy la promesa de su sombra. Pero, desde luego, aprendí muchas de ella –sopló sobre el vaho del té, observando cómo los lunares de luz del sol naciente filtrados de la persiana se intensificaban e iluminaban su vaso, proyectando la división de color de la luz sobre el papel que se le resistía. La luz... .¿Tú también has practicado?

Hinata se sonrojó.

- A veces. Cuando me desvelo... o cuando me quedo en blanco y no puedo hablar con ninguno de mis primos porque me quedo muda.

- .¿Sí? –sonrió- .¿Sobre qué escribes?

- Pues... –bajó la mirada e intentó mantener la sonrisa amable- sobre las típicas trivialidades que se escriben para escapar de la monotonía de la guerra. La luz del amanecer después de una noche manchada de sangre, la fuerza de la hierba al nacer y la tradición, el sabor de la madera... de las habitaciones sin ventanas...

A Naruto se le borró la sonrisa de la cara. ¿Esas eran las cosas que la inspiraban cuando se desvelaba? .¿Cómo podía aceptar que fueran esas ideas tan tristes? Le impresionó tanto imaginar la fertilidad de los dedos de Hinata sobre el papel escupiendo miseria, que le costaba hasta parpadear.

- A veces las noches manchadas son las de las salas de partos –intentó corregir ella al instante al reparar en la expresión de su novio-. Es muy fácil escribir sobre los llantos de los niños recién nacidos. También es fácil... describir jardines soleados, palpitantes... Cuando se trata de escribir sobre mi padre o de ti, me faltan dedos, me falta papel.

La pregunta tierna expuesta en la cara de Naruto hizo a Hinata sentir el impulso de acariciarle.

- Tú eres el llanto y la sangre de un niño que nace, eres un millón de vergeles, eres una habitación acogedora. Son demasiadas cosas que explicar, no podría parar. Cuando se trata de mi padre, las cosas que me inspiran son muy distintas, pero entre ellas no se encuentra el rencor, así que también me surgen muchas ideas.

Naruto se mordió la lengua para no responderle que si tuviera que escribir sobre Hiashi en lugar de Tsunade no iba a tener problemas para escribir, pero en cambio iba a pasar una buena temporada en los calabozos después de que le destituyeran.

Hiashi seguía encabezando el clan Hyūga. Las normas carcelarias que propuso el día en que los dos se pronunciaron sobre su amor se habían ramificado en un montón de condiciones para obstaculizar todas las oportunidades que tuvieran para estar juntos y desgraciadamente Hiashi no transigía, las reglas seguían vigentes después de lo que había llovido. De cara al clan, se encontraban sólo donde pudieran vigilarles. Si Hinata estaba trabajando en el hospital o en la academia y Naruto visitaba por exigencias del trabajo aquellos lugares, algún joven Hyūga subalterno de Shizune acompañaba a Naruto para asegurarse de que no protagonizaran ninguna escena vergonzosa. Léase por "escena vergonzosa" cualquier demostración de amor como una mirada compartida demasiado prorrogada.

A pesar de que ella hubiera sufrido la degradación más extrema en la jerarquía familiar y fuera además vilipendiada como hija, Hiashi no aflojaba las tuercas y les seguía castigando por no cumplir sus expectativas. Eso no podía tener buen nombre. El rencor no era una palabra más que describiera lo que Naruto sintiera por Hiashi. Era un gran aviso en letras de neón atornillado junto a la celda del Kyūbi que se encendía a rabiar cada vez que tenía conocimiento de su persona. Con las noticias que Naruto había ido recibiendo durante todos los años de noviazgo con la Hyūga, el pobre zorro debía estar ciego.

Hinata mantenía su propia teoría, pero no la había compartido con Naruto. Aunque sin mucha esperanza, Hinata intentaba explicar el revés odioso de su padre con premisas que empezaran enunciando la relación esterilizada y silenciosa que siempre había compartido con su padre. Quería creer que su padre ya sabía que tenía la batalla perdida cuando ella le confesó su amor, y que todos los intentos para alejarla de Naruto con sus estúpidas y conservadoras normas eran una manera de decirle entre líneas que se negaba a perderla a pesar de ser capaz de exiliarla del Sōke y hacer de su presencia en los actos comunes una oportunidad para ensalzar el buen nombre Hyūga y desdeñar la insuperable infamia de la traición. Hinata no podía mirar a su padre a la cara porque creía que, en realidad, en algún momento su padre la había estimado.

Naruto, de todas formas, podía sentirse afortunado. Debía agradecer que uno de los tres primos de Hinata que trabajaba bajo las órdenes de Shizune fuera simpatizante de la valentía de la antigua heredera e hiciera la vista gorda cuando acompañaba a Naruto. Además, Neji les echaba una mano a veces y sacaba a Hinata de la gran mansión un par de horas antes del comienzo de los turnos del hospital de ésta para que pudieran disfrutar de algunos amaneceres como el que estaban compartiendo. Eso quitaba un poco de hierro al asunto y conseguía calmar a Naruto cuando la ansiedad se cebaba con él al verse atribulado por la guerra. Pero no dejaba de pesar, esos encuentros no dejaban de ser excepciones.

Si Hiashi no se había opuesto al futuro matrimonio entre Naruto y su hija, .¿por qué no daba su aprobación y les dejaba celebrar la boda de una vez?

- A través de la poesía fue como se dio cuenta de que estaba enamorado.

- .¿Quién? .¿Tu padre?

Hinata rió.

- No, mi padre no. Mi primo. El que me enseñó ese pequeño truco.

- .¿De verdad?

Hinata asintió con una sonrisa.

- Dime, dime, .¿está con ella? –preguntó curioso.

- No, lo cierto es que nunca se atrevió a declararle abiertamente sus sentimientos. Aunque escribiera mucho sobre ella. Cuando yo reparé en las actividades artísticas de mi primo, también caí en la cuenta de que no debía estar pasando por un buen momento. Él no terminaba de decidirse a actuar. Cuando empezamos a hablar, me insinuó sus sentimientos y su malestar, pero en muy pocas ocasiones me abría su corazón para dejarme ver qué le hacía desbocarse sobre el papel. Una noche regresaba a casa a la par que yo. Me dijo que volvía de dejarle unas cuartillas en la ventana. Yo comprendí entonces que daba el tema por zanjado, que no se permitiría ninguna futura esperanza para alimentar sus sentimientos hacia ella –acarició el vaso humeante con ambas manos para calentárselas después de llevarse el té a los labios-. Ese último paso que dio fue una manera de quedarse en paz consigo mismo. Ella sabría de su existencia, aunque fuera anónima, y él podría dar sentido a su sufrimiento al saber que ella conocía esos sentimientos.

- Pero, no lo entiendo, dijo Naruto desconcertado .¿por qué no luchó por ella? .¿Por su debilidad en la lucha?

- No, de ninguna manera. La belleza era su motor, él realmente la amaba con tanto coraje como para hacer grandes cosas por ella.

- .¿Entonces?

- No se trataba de lo que él pudiera hacer, sino de lo que él pudiera proporcionarle de forma inevitable. No le gustaba lo que él le iba a ofrecer. La amaba demasiado para imaginar a los hijos que podría tener con ella portando al pájaro enjaulado. Eso es... lo que me insinuó... en sus cuartillas. Había demasiadas plumas mojadas y desteñidas en sus versos...

Naruto irguió la estilográfica entre sus dedos y la apoyó verticalmente en la mesa. Alargó el silencio tanto como pudo darse prisa en calmar ese impulso de empezar a discutir con Hinata por el tema de siempre.

- Cuando dos personas quieren estar juntas, el menor problema es el de granjearle el alpiste a ese pájaro siendo siervo de nadie. Dile a tu primo que lo de la jaula es una excusa muy patética.

Hinata lo miró agradecida y avergonzada.

‑ Créeme, he intentado convencerle.

- Tú vas a aceptar un desafío más peligroso casándote con el portador de algo más grande que un canario esmirriado. Vas a tener que decirle a tu primo que venga y me eche una mano con el bendito discurso sobre la vieja. Yo le haré el favor de quitarle las tonterías de la cabeza.

.¿Cómo podría aceptar Naruto esa excusa cuando había sufrido tanto al conocer la historia de sus padres, había sido tan consciente de los muros de problemas que tendría que salvar para exorcizarse el monstruo que portaba, y había permitido que Hinata le consolara y le aceptara con sus taras? .¿Cómo podría dar otra respuesta, otro apoyo a lo que imponía el Hyūga para obstaculizarse la felicidad, cuando Hinata necesitaba seguir viviendo en ese mundo donde Naruto no podía faltarle?

- Los canarios esmirriados y los zorros furibundos hacen una buena pareja, .¿no crees, Hinata-chan?

Naruto sabía que había privado a la Hyūga de muchas comodidades que le habían sido concedidas por nacimiento, del lugar que señalaba ese fulgor de divinidad que él le confería por el amor que sentía por ella. Sabía que, aunque sus hombros estuvieran cubiertos por el traje de kage, él nunca sería suficiente para ella, porque aunque sólo el esfuerzo le había dado ese estatus ella había echado abajo todo su mundo por él. Y no había nada que pudiera compensar ese acto. Nunca dejaría de pensar que el sacrificio de Hinata era innecesario, aunque también era muy consciente de que Hiashi se hacía el duro y no reconocería que su condición de jinchūriki dejara de ser un problema en cualquier circunstancia, con el mando de hokage en su mano o sin él. El Kyūbi era un peso pesado.

Todo lo que Naruto creía que podía hacer era seguir haciendo feliz a Hinata restándole importancia a su degradación y facilitándole la perpetuidad de ese mundo delicado y precioso que ella le pedía tímidamente cuando se veían sin espías. Ese mundo mezclado de ambos, donde Hinata pudiera callar cuando se encallaba sin razón, donde pudiera escribir sobre arbustos y celdas de madera y sangre.

Le había dado lo mejor de sí mismo.

Naruto se había mudado a casa de sus padres. Había abierto su estancia entrando con Hinata en noche cerrada, explorando las habitaciones cogido de su mano. Había hecho el amor con ella en una cama que soltaba nubes de polvo a cada embestida esa misma noche. La había mirado absorto en el placer de la piel trémula propio del sexo. Se creyó morir al verla allí tendida, como una diosa que refulgía amor y virginidad a raudales sobre el colchón crujiente y desnudo, con su cabello oscuro laureándola de silencioso erotismo. La oscuridad, el polvo, el reflejo del iris de Hinata, y las manos de Naruto.

Papá, mamá,... he vuelto... Prometo que... estoy purificando la cama,... la casa entera,.. con la…. la mujer que tengo de… dedebajo de mí... Os honro,… os lo p prometo… Amo a… a esta mujer… Os honro, os honro, os honro, os honro...

La había besado hasta sentir el escozor en los labios y le había repetido que la amaba sobre todas las cosas con la voz ronca, resaca del orgasmo. La había acurrucado más tarde con una de las mantas que había traído consigo y, tras encajar a Hinata cálidamente entre su pecho y la manta, le había pedido disculpas por ser tan prematuro y burro, que no podía controlar su corazón si la tenía tan cerca y menos si estaba descubriendo con ella algo de su pasado que le diera pilares de los que enorgullecerse. Había jugado con el vello del sexo de Hinata, divertido y maravillado como la primera vez con el color traslúcido de su desnudez, y le había prometido un marido del que nunca pudiera avergonzarse. Había seguido la senda de las venas insinuadas en la piel diáfana de Hinata con la punta de los dedos hasta tontear con el sueño.

Ella solía acercarlo a su corazón y cerraba los ojos. Le convencía de que el mundo giraba por amores como el que sostenía la vieja cama del Yondaime.

"Ese demonio que habita dentro de ti no es razón suficiente para alejarme de ti. Detesto la libertad si no puedo vivirla contigo. Déjame venir para sentir cómo se estremece tu piel cuando te desnudas. Déjame calentarla y sentir cómo se suaviza cuando el frío se extinga en ella. Déjame conocerte para poder ser una buena esposa para ti. Lo único que debes hacer es dejarme estar a tu lado, y tu propia felicidad me guiará hasta la mía".

Naruto se propuso con ruda determinación en ese momento de especial éxtasis que Hinata recuperara su vida gloriosa con el amor que él le tenía reservado. Sus amigos, su trabajo como Rokudaime y la labor de hacerla feliz con lo que sus manos, ahora duras y grandes, pudieran facilitarle, eran sus prioridades a partes iguales.

Inevitablemente, también le había dado momentos rotos.

La había visto llorar con los ojos apretados cuando había discutido con él y su voz se había entrecortado cada vez que intentaba hablar. Naruto le había levantado la voz sólo cuando no podía aguantar la situación y Hinata la excusaba. Naruto se veía huérfano de consejeros afectuosos que pudieran guiarle en el arte de la guerra y había cometido graves equivocaciones por ello. Había resistido semanas sin verla por el trabajo. Había trabajado con parientes suyos y había escuchado críticas sobre su forma de trabajar de parte de ellos nada constructivas. Había visto a Hinata y había estallado con ella, y ella a su vez se estremecía y le repetía que estaba haciéndolo lo mejor que sabía. Él era demasiado impetuoso, y ella demasiado paciente para él.

Pensar en su incapacidad para hacerla feliz le partía el corazón.

- Podría escribir sobre el coraje.

Hinata respondió asintiendo.

- Y de la espera –continuó.

- .¿De la espera?

- Bueno, de la espera no. Pero sí de... del coraje... del sacrificio... del amor... a los ideales.

- .¿Ves? Ahí lo tienes. ¿Quieres que vaya escribiendo lo que vayas elaborando? Podríamos comentarlo... para ver si van saliendo más cosas. Tenemos un rato hasta que me dé la hora para ir a ver a Kiba.

Naruto no apartó los ojos de la sonrisa complaciente de su enamorada. Ella también podría escribir un gran discurso sobre la Godaime, pero sobre todo, ella podría hacer grandes cosas por él, porque había crecido, se había hecho fuerte, y había estado aguantando a su lado al tiempo que lo hacía.

- Por favor.


Tenten aún se sacudía el polvo del camino cuando salía de la cantina, con su vieja mochila al hombro. Había entrado allí con una sonrisa pagada a medias pero se le había borrado enseguida. No le entusiasmó nada desayunar sola.

Había esperado encontrarse a alguien por el camino hasta la villa o en su vuelta por ella pero no, no había tenido suerte. En la calle unos pocos civiles se paseaban de una casa a otra para prepararse para el acontecimiento y algunos chūnins hacían rondas constantes para garantizar el orden, pero ella no reconocía a ningún compañero. A Tenten le daba la sensación de estar en una aldea muy diferente a la que ella recordaba. Quizá la que evocaba fuera más grande y ruidosa. Aquella que pisaba era de esencia más ruda.

En cuanto llegó a Konoha, agradeciendo la cercanía, dio un alto frente a la casa del clan Hyūga en primer lugar. La mezcla de entusiasmo y debilidad la aturdieron con creciente ferocidad a medida que se acercaba a los dominios del clan. La última vez que vio a sus mejores amigos no habían dado muestra de estar enfadados con ella, pero ella misma podía sentir el regusto de incomodidad al imaginárselos con la sorpresa de que ella estuviera de regreso. Se suponía que nadie estaba enterado de que ella volvía aquel día.

No se le ocurría qué podía decir cuando Neji o Hinata salieran a su encuentro, así que, a pesar de ser consciente de lo insensata que podría parecer si era descubierta por algún Hyūga –teniendo en cuenta el Byakugan‑ , se quedó parada frente a la fachada, recordando la última vez que había estado allí e imaginando que algún día, quizá tan lejano como el recién aludido, entraría a visitar al Rokudaime y se encontraría a Neji por los pasillos.

Siempre que pensaba en Neji, lo hacía encasillando la impresión de las facciones más características que lograba recuperar de su amigo en las distintas habitaciones que Tenten había visitado en esa casa. Pero su imagen preferida era la de Neji guiándola por los pasillos. En pie frente a la casa, con los tacones hundidos entre las nudosas raíces de un árbol, Tenten volvía a alimentar sus expectativas. No sabía porqué, pero siempre dilataba ese casual encuentro con su compañero en su imaginación y uno de sus finales más probables era que Neji la mirara fijamente tras un breve paseo, la tomase del brazo y le dijese que la perdonaba. Una dura barrera de aire comprimido conseguía que Tenten se parara los pies y respetara las distancias de buen grado. Sí, Tenten imaginaba el murmullo de graznidos de las aves del jardín y la luz primaveral insinuada tras las ventanas, pero no conseguía darse más juego sobre los finales con Neji. Aquellos pocos besos robados por los dos que a veces ella recordaba se le antojaban imposibles y, a decir verdad, no muy deseables.

A Tenten ninguna de esas ideas la obsesionaban, por fortuna. Ni siquiera Neji era el motivo por el que estaba en Konoha.

Había viajado hasta allí con ánimo de honrar a la Godaime, y hacerle saber a sus amigos que no se había olvidado de ellos. Había visto a algunos en el transcurso de los años, pero nunca lo suficiente para ponerse al día con tranquilidad. Sólo órdenes y encuentros para seguir tejiendo la agresiva historia de la cuarta guerra. Apenas una sonrisa tímida y cómplice para no dejar tan abandonadas las relaciones. Hacía cinco años que Tsunade había pasado a mejor vida, cinco años desde que Tenten había pedido destino fuera de Konoha.

La aldea acogía a una mujer nueva y cicatrizada. Tenten tenía la piel más dura y bronceada, callos en las manos de escribir combinaciones distintas de armas en sus pergaminos, y menos ganas de hablar. Sonreía; casi había superado el horror que presenció cuando explotó la guerra. Con el paso del tiempo logró entender y aceptar cómo ocurrió todo y que su incapacidad no era la responsable de su no poder hacer en cuanto a sus tareas. Pero Neji seguía siendo el último amigo con el que había hablado de ello.

La estancia en la Arena estaba bien, pero Tenten había sudado el esfuerzo de aclimatarse a un país árido, enfrentarse a una guerra repitiendo en ocasiones tareas de responsabilidades pedagógicas y burlar durante algunos meses la muerte por inanición a fuerza de inspirar y tragar. No lamentaba sus experiencias en la tierra lejana aunque cada una de esas circunstancias la hubiera dejado extenuada y seducida por un sentimiento de desprotección continuo. Había aprendido a valorar el silencio y a lamentarse menos de los problemas que se avecinaran. Había presenciado sorprendida el nacimiento de lazos fuertes en la anodina relación que mantenía con Shikamaru. Compartió con él noches heladas plagadas de estrellas, el agua y algún que otro bocado en las madrugadas de días muy largos.

Tenten quería callarse los detalles y decirles a todos sus amigos que estaba bien, porque era la verdad.

Se cruzó con el primero cuando se dirigía a casa de sus padres. Neji le recibió con una extraña sonrisa de ceño ligeramente fruncido, como si le dijera divertido "vaya, pero si tenemos aquí a la exiliada, la que no quería pisar Konoha en décadas". Tenten esbozó la sonrisa de una amiga que ciertamente había pasado décadas fuera de casa.

La voz de Neji, más madura y encantadora de lo que podía recordar, consiguió que finalmente pudiera reposar los pies en el suelo de Konoha.

‑ Imaginaba que vendrías. Me habría enfadado mucho contigo si no hubieras venido a honrar a la Godaime.

‑ Seguro.

Se acercó a él sin dejar de sonreír, aunque la alegría que sentía era tan estridente como para hacerle echar a correr y colgarse de los hombros de su amigo. Tenten ya no tenía ese humor.

‑ Te veo muy bien, Neji. Me alegro mucho de verte. Eres el primero de la pandilla que veo.

‑ Lo tienes fácil. Casi todos están trabajando. No dejarán de hacerlo hasta el evento. ¿Ibas a pasar por la casa de tus padres?

‑ Sí. Pero no hay problema, no hay prisa. Ya había pasado por ahí pero no se habían despertado. Podríamos pasear un rato juntos, si te pillo en buen momento y no tienes nada que hacer.

Neji cabeceó y los dos emprendieron la caminata, hacia el centro de la aldea.

‑ .¿Has venido sola?

‑ Sí. Shikamaru quería venir pero las cosas se le torcieron los últimos días. Ya sabes que la Arena tiene lenta y mala recuperación. Si no me equivoco, Kankurō llegó aquí hace un par de días. Todo ha sido un poco caótico; él no tuvo fácil la salida de Suna, al igual que yo.

Neji podía comprenderlo. En la Hoja la situación sólo se diferenciaba por la menor gravedad pero el evento no dejaba de parecer un lujo. Todos estaban trabajando a destajo porque la memoria de Tsunade lo merecía. Ella había puesto los pies en la batalla manteniendo la apuesta de su vida. Había resplandecido como ninja legendaria, ejerciendo su repertorio de habilidades con la misma eficiencia que demostró en las batallas de su juventud. Abusó de la liberación de su sello para derramar su vida en el hospital y quitarla en la lucha.

Cuando su cuerpo empezó a fallarle en las recuperaciones y su piel se arrugó sin remisión; no quiso hacer caso a los consejos sobre reposos o nuevas técnicas porque sabía bien lo que le esperaba; siguió plantándole cara a los que pedían guerra como el más joven de los combatientes, furiosa de motivación y optimismo.

Cuando su cuerpo prematuramente anciano se derrumbó de vuelta a casa después de un enfrentamiento, sólo supo pedir una botella de sake tibio y una reunión privada para "dejar las cosas en su sitio". La botella fría de sake a medio beber no había abandonado la habitación en la que Tsunade murió. Naruto la tenía guardada a buen recaudo junto con el recuerdo de verla encorvada, con el cuerpo frágil y la sonrisa de la satisfacción encarnada.

Tenten inspiró con fuerza.

‑ Cómo se nota la humedad del río. Ha debido llover mucho –miró el cielo y la vegetación.

‑ No tanto como te imaginas. Dejó de llover la semana pasada, pero el cielo se encapotó y la humedad todavía se arrastra.

Tenten miró con cierta ansiedad las fachadas de las casas, rememorando alguna anécdota. Se mordió el labio inferior y miró a Neji con los ojos muy abiertos, quizá encajándole en algún recuerdo.

‑ Empiezo a echar de menos todo esto, ahora que estoy aquí. Se me había olvidado lo limpio que está el aire en Konoha –se quedó en silencio durante unos segundos, hasta alcanzar una nueva calle . Y hablando de aire fresco, hace seis meses que no llegan noticias sobre los efectivos de la Hoja, .¿cómo están todos? .¿Ha habido alguna baja? .¿Alguna noticia a destacar?

‑ No. Nada nuevo. Lee se recuperó de la batalla de las fronteras del norte hace dos meses pero no ha vuelto a luchar porque debe guardar reposo. Ha intentado escaparse unas cuatro veces por semana, pero no ha logrado salir de Konoha. Le auguraban unos dolores insufribles si intentaba forzar siquiera el paso. Lo está pasando fatal separado de las filas tanto tiempo, pero, tratándose de él, no podemos hablar de bajas. Shino también tuvo lo suyo en una emboscada y estuvo más cerca de la muerte que ninguno. Sin duda ha sido quien ha tenido la recuperación más lenta y dolorosa.

‑ .¿E... Ino?

‑ Lo lleva como puede. Volvió a luchar, pero no consigue ser fuerte.

‑ Lo lamento mucho por ella. No imagino qué podré decirle cuando la vea.

‑ Ya.

‑.¿Y tu prima? –preguntó haciendo un alto en el puente que cruzaban. Se asomaron al río y el reflejo les devolvió el gris lánguido y pegajoso de una futura lluvia al anochecer.

‑ Ya la verás dentro de un rato. No podrá contarte muchas novedades, te adelanto.

‑ .¿Qué dices? .¿Es que todavía no se ha casado?

‑ Te habrías enterado, .¿no crees?

‑ Ya, bueno, pero hasta una noticia tan importante como la boda de un kage puede perderse de camino a Suna. Los enfrentamientos iniciales en la Niebla llegaron a la Arena cuando ya estaban firmándose alianzas y abriendo más líneas marítimas. ¿Y tú? .¿Hay novedades por el frente? .¿Estás bien?

‑ Igual que siempre. Todos los días son iguales, mis causas son las mismas.

‑ .¿No ha cambiado nada de nada? .¿Un día fotocopiado por cinco años? –preguntó atónita Dame un respiro y una buena noticia, Neji, tiene que haber algo de lo que te alegres, algo nuevo. No me puedo creer que estos cinco años hayan pasado como si nada.

Neji se rascó una ceja con el pulgar.

‑ Bueno, me han ascendido.

‑ .¡Eso es un buen ejemplo! .¡Enhorabuena! .¿Qué tal es tu nuevo puesto?

‑ Estaría mejor si me levantaran la tediosa tarea de hacer de niñera con los nuevos. Con la excusa de la guerra entran algunos incompetentes.

‑ Tú en tu línea, sí.

‑ He renunciado tres veces más al cargo de heredero y he tenido unas broncas terribles con toda la familia en el proceso de cada una.

‑ .¡Muy bien, te mantienes en tus trece! Me siento muy orgullosa de ti, Neji. Has sobrevivido por tu prima.

Neji sonrió suavemente con la mirada clavada en el reflejo de Tenten del agua. Su antigua compañera miraba soñadora y absorta las corrientes. El Hyūga comenzaba a confirmar los cambios que había inferido en su amiga. Reconocía en ella esa descripción del espíritu de Tsunade que Naruto le había detallado cuando había entrado en el sopor para sumergirse en la muerte. A Tsunade la muerte la había deshojado con demasiada paciencia pero ella mantuvo fresco el entusiasmo y sus ganas de luchar hasta el último suspiro. La Tenten que él tenía delante era lo que había sobrevivido de los días nefastos de Konoha; era otra persona. Estaba tan muerta a los días de la adolescencia y temprana juventud, y tan despierta a la vida, como el tallo de una flor recién amanecida. Estaba tan renovada y serena...

‑ He aprendido muchas cosas en la Arena –dijo moviendo la cabeza con un movimiento gracioso, no pretendido . Sé encajar las articulaciones de las marionetas. Y las manejo bastante bien. Me encanta manipularlas y esconder pergaminos en ellas. He convertido esta guerra en algo muy personal y voy a por todas. No puedo consentir que esta guerra se lleve tantas vidas y sea en vano, que se continúe por inercia para nosotros. Me ha costado mucho estar aquí hoy, llevo detrás un camino muy largo. Como todos. Con todo lo que nos ha podido pasar, creo que puedo dar un paso a frente y morir con vosotros, gritando y carcajeándome a pleno pulmón. Y todo estará bien.

Una bandada de cuervos cruzó el cielo sobre sus cabezas. Hasta que el último graznido se extinguiera, sólo el murmullo del río acompañaba. Neji advirtió la piel sensibilizada de los brazos de su amiga por el frío. Ella no se movía para frotárselos.

‑ También he aprendido a cocinar, .¿sabes? –dijo con la voz apagada, girando la cabeza y mirándole. Neji le contestó asintiéndole. Volvió a mirar hacia el río . Lamentablemente todo lo que sé preparar tiene especias. Me pregunto si algún día podré invitarte a casa y preparar algo que puedas comer. A ti y a Lee.

El cielo se oscureció súbitamente y sopló suavemente el viento gélido. Tenten apretó los codos hacia dentro, inspiró la electricidad y cerró los ojos con viejo deleite. Rememoró instantáneamente esa calidez naciente en la casa de Neji y los ojos de éste perdonándole, y sintió que el viento la mordía con más inquina.

Estaba bien así. Mejor que cualquier cosa. Aunque ese frío tan húmedo se le metiera directamente en los huesos.

Neji miró el cielo inclemente.

‑ .¿Sabes? Quiero ser padre.


Todos los supervivientes de las filas, naturales de Konoha o no, ya estaban de camino, muy cerca del monumento erigido a los caídos. Toda la ciudad estaba congregada ya allí, saturando el claro donde se disponía.

El tiempo se había encajado en ese estado de humedad tirante que precedía a la lluvia, pero no se veían paraguas, la lluvia no caería hasta la noche. Los ciudadanos favorecían el reposo; el ambiente era de reflexión y duelo.

Los representantes de los clanes formaban gran parte del semicírculo que delineaba el centro de la reunión. Los Akimichi, los Nara y los Yamanaka se disponían continuamente. Chōji e Ino acompañaban a sus padres y guardaban el espacio que le correspondía a Shikamaru. Chōji había perdido el aire infantil tardío y era un calco de su padre, de manera que era difícil distinguirlo de él. Era enorme, el más grande de todos sus compañeros, y tenía el cabello tan largo como Ino. No había dejado su cargo en la academia de forma oficial, pero servía a Konoha en calidad de jōnin. Su compañera tenía la piel pálida y un gesto pasivo en los labios. Éstos tenían la misma tonalidad cadavérica que el resto de su tez. Su cuerpo, más delgado que nunca, se encogía bajo el kimono como si no hubiera cerrado adecuadamente la ocupación de un cuerpo ajeno y se sintiera incómoda en su propia piel. No levantaba la mirada del suelo y cada tanto sus hombros entraban en convulsión por el frío. A su lado, era su madre quien representaba el clan.

El clan Aburame contaba con Shino al frente. Era difícil poder sacar conclusiones a simple vista sobre aquel ANBU. Si llevase puesta la máscara de su uniforme, no lograría esconder más que su perpetua cara inexpresiva. Bajo el abrigo clásico de su clan, una tira de vendas le abrazaba el pecho y los hombros. A su lado, un adolescente tomaba el lugar de futuro heredero. Los Inuzuka compartían su espacio con la camada. Había tantos perros como ninjas. En el caso de este clan también se echaba en falta un efectivo. A la izquierda de la matriarca de los Inuzuka, Hana ocupaba el lugar de su hermano. Era la ocupación más evitada y atrevida por las miradas. El que debía ostentar el trato de futuro patriarca del clan Inuzuka estaba ingresado en el hospital, en estado comatoso.

Los Uchiha y los Hyūga eran los más próximos a los miembros del Consejo. Sasuke y Sakura rompían el patrón de familias grandes de todos los clanes, pero ocupaban su lugar con comodidad. Su apellido les hacía objetivo de grandes y variados rumores; incluso los patriarcas de los demás clanes sentían cierto recelo sobre el futuro del matrimonio. No se dejaban arredrar; no pensaban cubrir ninguna expectativa. La traición o el papel acertado de antaño del clan Uchiha que todos tenían en mente no podrían tomar lugar nunca. Como en cualquier otro acto, Sasuke y su mujer acudían demostrando respeto pero se abstenían de hacerse notar. A la izquierda de Sakura, Hanabi Hyūga acompañaba a su padre. Hanabi tenía una mirada muy despierta, muy distinta a la de su hermana. Nadie, ni siquiera su padre, sabía qué pasaba por la cabeza de la futura matriarca. Había salido en defensa de los intereses de Hinata cuando habían tenido lugar las discusiones familiares y había insinuado tener el carácter adecuado para el cargo en el matriarcado directa e indirectamente. Vestía orgullosa el atuendo que le correspondía pero, aunque mantuviera la distancia adecuada con sus parientes, parecía ir por libre. Hinata, por otra parte, podría ver a Naruto sorteando espaldas con la mirada, junto a Neji, en las últimas filas.

Lee y Tenten se dieron prisa en llegar y ocuparon su lugar entre el gentío. Lee cojeaba al caminar pero lo hacía sin aprecio al estado de sus piernas. Su amiga estaba en guardia, presta a ayudarle. Kankurō, Kakashi y Kurenai atendían a los organizadores muy cerca de los miembros del Consejo.

Se escuchaba a algún niño llorar entre lo civiles, comentarios sobre la Quinta en murmullos. Todos miraban los preparativos y lucían la bandana con el distintivo de Konoha con orgullo.

Jiraiya le sonrió y se cruzó de brazos después de desearle buena suerte.

Naruto apretaba el papel arrugado en su mano. Volvía a sentir la tristeza de aquel día. Podía palpar el aire de duelo, la ansiedad de la gente por escuchar el consuelo. Penetró entre sus compañeros hasta el centro de la reunión haciendo ondear la capa de su abrigo rojo y blanco, herencia de su padre.

‑ Tsunade sama abandonó hace muchos años Konoha al ser testigo de la muerte de personas que le eran estimadas –dijo en un tono de voz normal . Por entonces ya era la shinobi habilidosa y legendaria que todos admiramos hasta sus últimos días. La Quinta descendía del Primero; conocía el sacrificio de ser hokage por lo que había vivido en casa. Tsunade sama no fue siempre una mujer sensible a las necesidades de su aldea. Los que la conocimos en profundidad no faltamos a la verdad cuando decimos que la shinobi que llegó aquí hace quince años poco sabía de los sentimientos que iban a gobernarle respecto a la Hoja con el paso de los años. Había llorado la muerte cuando la sufrió de cerca, quedó muy marcada... pero eso no hizo sino ayudarla a sacar fuerzas de la flaqueza. Ahora, nosotros podemos ponernos en su lugar y conocer el sentimiento de desaliento cuando vemos a alguien querido que cae. La Tsunade que acogió Konoha en sus entrañas de tierra hace cinco años fue una mujer que apostó muy fuerte por la nueva familia que encontró aquí. Esa familia muere todavía por esta tierra, y no dejará de hacerlo no ya hasta el final de la guerra, sino hasta que quede uno solo de nosotros en esta villa que se sienta amenazado. En nuestra mano está ser de nuevo esa Tsunade que rejuvenezca ante las necesidades de los nuestros. Aprendamos a vivir como una familia. No perdamos el hábito, no rompamos nuestros lazos para que el esfuerzo de la Godaime sea en vano. Para todos, hoy... recordemos y valoremos el esfuerzo y amor de los caídos.

Naruto apretó el papel en la mano, sintiendo cómo los pliegues le arañaban y se clavaban en la palma. Estaba muy preparado para seguir con el discurso. Incluso lo necesitaba.

Se sentía mucho mejor. Se sentía en vías de ser ese hombre que necesitaba ser. Él era el hombre predestinado a resucitar la figura del kage protector y poderoso.

Se sintió tan grande como la escultura de su faz en la piedra.


Haijin, esa palabreja que os habéis encontrado cuando Hinata hablaba de su primo, es el nombre que se le da al autor de haiku, una de las formas tradicionales de poesía japonesa.

Algún review me ha comentado que echa de menos el estilo de N.E.S. La historia original tenía un carácter más fresco y fluido. Lo cierto es que yo también lo echo de menos (aunque eso no significa que la secuela sea un proyecto que me interese menos, que se me haga antipático), pero no puedo escribir la secuela de otra manera. Escribir más conversaciones significa sacrificar muchas explicaciones, así que lamento que algunos perdáis interés por este fic por esa razón. Lo entiendo porque yo también noto que la historia se me hace más seria y os esperáis otra cosa, pero no puedo hacer nada.

De todas maneras espero estar reconciliando ambas condiciones, porque el estilo narrativo todo el rato es un rollo.

Espero que os haya gustado, chicos ;)

.¿Gusta? .¿No gusta? Si tecleas sobre el aviso en verde que hay bajo estas palabras y escribes lo que opinas, se agradecerá.

.¡Hasta la próxima!