Mención de otros personajes de Disney a lo largo del fic. Modern AU. Helsa.

Disclaimer: Lastimosamente nada de esto es mío, solo mi cada vez más alocada imaginación.


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5

Lidiando con el enemigo


De manera distraída, Hans volvió a tomar otro sorbo de la lata de soda que tenía en la mano, intentando dirigir toda su concentración a la película que daban en la televisión. Era imposible. En todo el día no había parado de pensar en su pequeño enfrentamiento de la noche anterior con esa "mocosa de mierda", como ya se había habituado a llamar a Elsa para sus adentros. Y para que lo negaba, la pequeña bruja lo había tomado por sorpresa.

Ella ya sospechaba que ocurría algo y no iba a detenerse hasta meter por completo esa naricita suya en lo que no le importaba. Y eso le preocupaba.

Podía ser que él fuera un perfecto embaucador a la hora de manipular a la gente o fingir, pero la chica era inteligente y no dudaba que tarde o temprano, terminaría descubriendo la razón por la que se encontraba ahí. Echaría por la borda todos sus planes de comenzar de nuevo, toda la fachada que cuidadosamente se había encargado de construir.

Tenía que ponerle un alto. ¿Pero cómo?

De repente sintió que lo observaban y volteó hacia un rincón. Allí estaba de nuevo. Desagradable, peludo y con esos ojos amarillos que lo observaban penetrantemente.

Marshmallow mantenía su mirada fija en él, de una manera sigilosa a la que lamentablemente, ya se había acostumbrado en los últimos días. El minino era muy silencioso y tan estirado como su dueña. A menudo lo había descubierto observándolo de ese modo, casi como si estuviera vigilándolo.

Hans lo odiaba. ¿Por qué siempre tenía que aparecerse de esa forma? Lo ponía nervioso.

—Fuera—le espetó desde su lugar.

El gato se levantó de su sitio y dio un salto ágil hasta el sofá donde se encontraba él. El pelirrojo se tensó. Por esa razón le gustaban más los perros.

—Lárgate, gato—le dijo, sintiéndose idiota por hablar con ese animal—. Vete a buscar a tu estúpida dueña.

El felino emitió un maullido que no sonó para nada amistoso y el muchacho apretó los dientes. ¿Es que no se podía tener un poco de paz en esa casa?

—¡Dije fuera! ¡Vamos, vete!—exclamó extendiendo su dedo índice para echarlo, a lo cual Marshmallow no hizo el menor caso sino que se aproximó un par de pasos más, amenazadoramente.

Hans resopló y extendió una mano para tomarlo por el cuello, dispuesto a sacarlo de la casa. Ahí era donde debía estar y no dentro mortificándolo.

Apenas lo hubo tocado, el gato chilló y le lanzó un zarpazo abriéndole tres grandes arañazos en la palma de la mano.

—¡Agh!—bramó el colorado, apartándose como impulsado por un resorte. Sus ojos verdes le lanzaron una mirada furiosa al animal, que se había puesto totalmente en guardia ante él—¡Eres un…!

—¿Qué pasa aquí?—Idun irrumpió en la habitación, cortando por completo el insulto que pensaba proferir.

La castaña ahogó una exclamación al reparar en la mascota de su hija y la mano sangrante del joven.

—Oh, cariño—musitó apenada—, déjame ver eso—se acercó para revisarle la mano e hizo una expresión de dolor al ver los rasguños—. Me temo que Marshmallow se pone un poco nervioso a veces.

"Nervioso, sí claro", pensó él con sarcasmo pero absteniéndose de decir nada. Su madrastra ahuyentó con suavidad al felino, que se retiró de ahí con la cola en alto. "Ya te cogeré después, hijo de puta", se dijo Hans para sus adentros.

—No te preocupes, no son profundos—lo tranquilizó ella—. Iré por desinfectante y unas curitas.

—No te molestes, puedo hacerlo yo.

—No es molestia—Idun le sonrió—, dame un minuto.

Él se sentó de nuevo, frunciendo el ceño al ver su palma ensangrentada. Ese maldito gato se las iba a pagar.

Instantes después, Idun estaba de nuevo a su lado limpiando los arañazos con un par de algodones. El muchacho no pudo evitar bufar al sentir cierto ardor con las curaciones. Lo peor es que era su mano derecha.

—Sé que duele, pero tenemos que desinfectarlo—la morena suspiró—. Tendrás que disculpar a nuestro gato, es muy extraño que se comporte así. Él no suele ser agresivo con nadie. Supongo que aún no te conoce del todo.

—Sí, debe ser por eso—comentó Hans, esforzándose por no sacar a relucir la molestia que realmente sentía en su tono de voz.

—Elsa realmente adora a ese animal, ¿te conté que lo adoptó en el refugio de animales?—dijo su madrastra—Eso fue hace tres años y en ese entonces, él era una bolita de pelos diminuta. A ella se le partió el corazón al verlo tan solito. Así como la ves de seria, es una chica muy sensible.

—Estoy seguro de que sí—Hans forzó una sonrisa—, hay que tener un gran corazón para acoger a un animal sin hogar.

Maldita chiquilla de mierda con su odiosa mascota. El gato era tan demoníaco como ella, no le cabía duda de que esa era la única razón por la que estaban juntos. Los aplastaría a ambos como un par de insectos.

—Sí, Elsa me rogó tanto aquel día para conservarlo que no pude decirle que no—Idun terminó de ponerle unas pequeñas curitas—. Lo quiere mucho.

"Lo querrá más cuando haga una alfombra con él", Hans se regocijó al imaginarse colocando un peludo felpudo frente a una rubia con la expresión desencajada. Era una fantasía cruel y algo estúpida, pero se valía soñar.

—Cuando vuelva de patinar le diré que tiene que vigilarlo más de cerca, al menos en lo que se acostumbra a tu presencia—Idun le dio una última mirada a sus curaciones—, ¿te duele mucho?

—Me dolía más antes del desinfectante, gracias—le dijo su hijastro, sonriendo ligeramente.

—No tienes nada que agradecer—la mujer lo observó un momento y luego desvaneció un poco su sonrisa—. Hans, ¿te sientes a gusto aquí?—inquirió, tomándolo por sorpresa—Seguro piensas que soy demasiado despistada, pero la verdad es que me he dado cuenta del comportamiento de mi hija. Ella es fría con casi todo el mundo pero creo que este cambio le sentó nada bien. No quisiera que eso te incomode.

El pelirrojo parpadeó al tiempo que la observaba suspirar.

—Yo pensé que le sentaría muy bien tener a alguien en casa más cercano a su edad para que se animara a ser más abierta—confesó Idun—, es tan reservada. Y no es que eso sea algo malo, pero desde que me casé con tu padre, la siento muy distante… parece que mi hija no se adapta fácilmente a los cambios.

—No te preocupes, eso es normal—intentó consolarla; mejor era quedar bien con la única persona en esa casa que se comportaba decentemente con él—. Cuando papá se divorció de mamá me sentí igual que ella.

La morena elevó una de las comisuras de sus labios.

—Tú padre también ha sido un poco duro contigo—Hans volvió a sorprenderse. No tenía idea de que su madrastra se hubiera dado cuenta de eso—. He intentado decirle que no todo es tu culpa, ¿sabes? Conozco bien a Elsa y sé cuan difícil se puede llegar a poner. Mi hija es una buena persona, pero se le dificulta mucho hacer nuevos amigos y relacionarse con la gente en general. Supongo que tenernos solamente la una a la otra por tanto tiempo hizo que creciera de esa manera.

Idun cruzó sus delgadas manos sobre el regazo y el colorado se quedó sin nada que decir. No se esperaba ese tipo de confesiones.

—Pero bueno—su madrastra volvió a sonreír con ánimo renovado—, creo que es cuestión de tiempo para que termine de adaptarse a todo esto. Tendré que pedirte el enorme favor de tener mucha paciencia con ella, Hans.

—Eso no tienes que pedírmelo, en realidad Elsa me agrada mucho—mintió, encubriendo sus verdaderas impresiones sobre la platinada—. Estoy seguro de que cuando me conozca un poco más, empezaremos a llevarnos mejor.

—Eres un ángel—le dijo Idun con agradecimiento—, realmente me gustaría que te sintieras como en casa aquí, estoy tan apenada por Elsa. Si hay algo que pudiera hacer… —hizo una pausa y se quedó reflexionando hasta que el rostro se le iluminó—tengo una idea. ¿Por qué no salimos esta tarde? Así podrás distraerte un poco. Hay una película maravillosa en cartelera que me encantaría ver. Se lo había comentado a Elsa hace un par de días pero la verdad es que no la vi muy dispuesta. ¿Te gustaría acompañarme?

Hans dudó por unos segundos. No era como si tuviera nada mejor que hacer pero por otro lado, los muchachos como él no salían por ahí con señoras. Aunque honestamente, Idun era bastante agradable. Era fácil notar porque había atraído tanto la atención de su padre. Su esposa era una mujer muy joven y guapa.

Y su hija se le parecía muchísimo. De inmediato apretó los dientes, olvidando semejante tontería y enfocándose en la situación. Después de todo, ¿qué de malo podría resultar de aquello?

Finalmente asintió con la cabeza para gran regocijo de la castaña. Todo fuera por mantener las apariencias.


—Entonces, ¿dices que le conseguiste un empleo a Anna y a Olaf en la juguetería?—Elsa acercó la pajilla de su frapuchino hasta sus labios para sorber un poco y luego miró al rubio extrañada—¿Y qué van a hacer allí? ¿Envolverán regalos?

—Ni de chiste, ese puesto ya está ocupado desde hace rato—respondió Kristoff. Ambos se encontraban de pie afuera del mencionado establecimiento—, pero el dueño es amigo de mi abuelo y me comentó que tenía otros dos disponibles, básicamente para promocionar los juguetes de la temporada. La tienda se llena a lo loco este mes.

—¿Promocionar? ¿Y cómo se supone que van a hacer eso?

En ese instante sus amigos salieron de la juguetería, casi respondiendo a su pregunta.

Los grandes ojos azules de Elsa se abrieron con sorpresa en tanto el blondo sonreía a su lado. Tanto la pelirroja como el chico de lentes se encontraban portando sendos disfraces de elfos navideños, con todo y cascabeles incluidos. Un atuendo que les sentaba bastante cómico y más a Anna por su corta estatura.

—¡Tienes que estar bromeando!—exclamó ella con una cara de vergüenza—¡Dime que es una broma, Kristoff!

—Para nada estoy bromeando, Anna—habló el aludido sin borrar su sonrisa—. Te dije que te ayudaría a encontrar un empleo temporal, ¿no?

—Pero… ¡pero no esto!—chilló ella haciendo pucheros como niña—¡Esto es humillante! Yo pensaba más bien en algo como atender la caja registradora, envolver obsequios o acomodar juguetes… no sé…

—Bueno, a mí no me parece que esté tan mal—dijo Olaf un poco menos abochornado que la colorada—. Peores cosas hemos hecho.

—¡Es fácil para ti decirlo! ¡Tú no te ves tan ridículo con esta cosa!

—Vamos Anna, luces muy tierna—bromeó el pelinegro y Kristoff dejó escapar una risa.

—Elsaaaaaa—berreó la pecosa dando pataditas en el suelo en señal de berrinche—, por favor, haz algo.

La albina sacó su teléfono del bolsillo y rápidamente le tomó una foto.

—¡Elsa!—protestó Anna.

—Lo siento, pero te ves muy graciosa con ese trajecito—dijo su amiga—. No iba a dejar pasar el momento.

—¡No es justo! ¡Saben bien que necesito el dinero! ¡Quiero mi X-box!—exclamó Anna infantilmente—¡¿Por qué mis padres no me pueden dar dinero?! ¡Es Navidad!

—Te dije que esto iba a suceder si te gastabas todas tus asignaciones comprando ese tonto trineo en Ebay—la atajó Elsa, haciendo referencia a la última extravagancia que había adquirido con Olaf—. No me sorprende que tus padres tomaran medidas drásticas al enterarse.

—¡Te recuerdo que tú también diste una vuelta en ese tonto trineo!—replicó Anna—¡No me regañabas cuando te subiste en él!—hizo mímica con sus manos para fingir como si estuviera en el mencionado transporte—¡Más rápido Anna, más rápido! ¡Quiero sentir el aire en mi rostro! ¡Soy una con el viento y el cielo!—imitó a la blonda, provocando que se atragantara con su café helado—Pues bien, ¡yo seré una con la humillación en este trabajo de mierda! Y eso no me complace—se cruzó de brazos.

—Oh vamos Anna, no digas esas cosas—trató de tranquilizarla Kristoff—. Te ves muy linda con ese disfraz.

La muchacha se ruborizó.

—¿En serio te lo parece?—preguntó con timidez, poniéndose a jugar con una de sus trenzas.

Una chica de pelo castaño llegó frente a ellos en ese momento y observó con curiosidad a la pelirroja y a Olaf.

—¡Oh Anna, te ves tan adorable!—exclamó Rapunzel juntando sus manos emocionada—¡Pareces un duendecillo navideño de verdad! Ya sabes, porque los duendes navideños son bajitos… y tú eres bajita… y estás tan llena de pecas…

La expresión de la colorada se descompuso. Elsa y Kristoff contuvieron otra risa.

—Yo… no soy… un duendecillo—musitó Anna poniéndose lívida y empuñando ambas manos para no irse encima de la trigueña, quien no parecía registrar nada de la situación de amenaza en que se había puesto.

Rapunzel le pasó su teléfono al rubio.

—¡Toma Kristoff! ¡Tómanos una foto a Anna y a mí!—le pidió con entusiasmo—¡Quiero que este sea mi primer recuerdo de esta Navidad!

—¡No te me acerques!—chilló Anna.

Desoyendo la orden, la alegre castaña se aproximó dando saltitos y haciendo que la otra corriera a buscar refugio detrás de una columna cercana.

—Y estos momentos son los que hacen que la vida valga la pena—afirmó Elsa con una sonrisa socarrona, mientras veía como la morena alcanzaba a tomar del brazo a Anna e intentaba halar de ella para convencerla de abandonar su escondite, aunque la última se resistía con todas sus fuerzas.

Parecían dos niñas pequeñas en lugar de las muchachas que eran.

—Es una pena que tengamos que trabajar en esta temporada—dijo Olaf—, bueno, a mí no me molesta tanto, pero ya saben como es Anna. El trabajo y ella no se llevan.

—No le va a pasar nada por aceptar un empleo—comentó Elsa.

—Además no pensaran en echarse atrás, no pueden hacerme quedar mal con el amigo de mi abuelo—convino Kristoff—. En serio necesita un poco de ayuda y yo los recomendé bastante. Además solo son un par de semanas.

—Supongo que estaremos bien—aceptó el otro chico, mirando como Rapunzel lograba rodear a su presa con los brazos y levantarla unos centímetros del piso.

Anna pataleó y exclamó algo que se escuchó como "tienes cinco segundos para dejarme de nuevo en el suelo, o ya verás desquiciada", entre el bullicio del resto de la gente que iba y venía de las tiendas.

—Mejor ve a separarlas Elsa, o Anna va a perder la paciencia—le advirtió Kristoff.

—Nah, todavía resiste un poco más—aseguró la joven.

En realidad estaba disfrutando con la pequeña tortura de su amiga.

—No digas que no te previne.

—¿Sabes? Este gorro da comezón—Olaf se sacó el sombrerito con cascabeles de la cabeza—. ¿Acaso lo habrán lavado?

—No lo sé, esta tienda saca los mismos disfraces cada año.

El chico de gafas arrugo un poco el ceño. Las chicas volvieron con ellos, Anna luciendo una cara de pocos amigos y Rapunzel tan contenta como siempre.

—¿Entonces qué, Elsa? ¿Ya descubriste algo sospechoso acerca de tu guapo hermanito?—inquirió la castaña haciendo ademanes siniestros con las manos—¿Trató de incendiar tu casa? ¿Ocultó un cadáver debajo de su cama?

—Ya te dije que ese tipo no es hermano mío—respondió Elsa con frialdad—y aunque te burles, sigo estando segura de que esconde algo. Por el momento solo lo voy a vigilar.

—Bien pensado, mejor no bajar la guardia hasta que estés segura de que es lo que oculta—agregó Kristoff tan convencido como ella.

—¡El agente Bjorgman siempre está listo para la investigación criminal! Cuidado con él, chicos malos—canturreó Rapunzel, dándole un golpe al hombro de su amigo.

Anna rodó los ojos.

—Basta ya, Punz—dijo Kristoff—. Veo que te encuentras muy entusiasmada hoy… más de lo normal.

—Oh, así es—confirmó ella—. Mi amigo en la tienda de tatuajes, Mano de Garfio; ¿sí les dije por qué le decimos Mano de Garfio? Siempre trae un garfio en una de sus manos pero es falso, jejeje, de hecho esa es una historia graciosa de contar, ¿pero qué estaba diciendo? Ah sí, Mano de Garfio me invitó a su clase de rapel. ¡Se nota que es algo muy divertido! Hasta dijo que me podía prestar su equipo para escalar; eso sí, me dijo que su curso no es de principiantes, así que solo me dejaré instruir más o menos por él y a ver que pasa—se encogió de hombros—, ¿no te parece esa una idea maravillosa?

—No, es más bien una idea estúpida como todas las que sueles probar—Kristoff le puso una mano en el hombro—, mira, no te ofendas Punz, pero la última vez que quisiste hacer un deporte extremo terminaste cayéndote de un barandal con la bicicleta encima y fuiste a parar al hospital. Mejor sigue haciendo tus pinturitas.

—¡Hey, esa no es la actitud! ¡A veces hay que hacer cosas arriesgadas para empezar a vivir!—repuso ella—¿O ustedes que piensan?

—Eh… —Olaf se rascó la nuca y Elsa se limitó a tomar otro largo sorbo de su bebida.

—¡Yo pienso que deberías hacerlo! ¡Nunca averiguarás que habría pasado si no lo intentas!—contestó Anna con falsa emoción—Puede que la pases muy bien, o que te caigas y te rompas una pierna que te impida salir por el resto de las vacaciones y ver a Kristoff o a cualquiera de nosotros, no lo sé, tal vez, es solo una posibilidad. ¡Hay que empezar a vivir!

—¡Es lo mismo que pienso yo, Anna! ¡Me alegra que tú si comprendas mi filosofía de vida!

Kristoff se dio una palmada en la frente.

—Me tengo que ir—Elsa agitó su vaso de frapuchino para verificar que había quedado vacío por completo—, mamá quiere ir al cine a ver una película y no quiero hacerla esperar. Se veía emocionada.

—¿Algo interesante en cartelera?—inquirió Olaf.

—No sé, la verdad no le puse mucha atención, pero ya sabes, será uno de esos momentos madre e hija que tanto le gustan—tiró el vaso en un contenedor—. Los veré luego.

El pelinegro se despidió de ella con un abrazo que le hizo sonreír, ya se había acostumbrado a los afectos de su amigo. La rubia le dijo adiós a los demás y emprendió el camino desde el centro comercial a casa.

No esperaba mucho de cualquiera que fuera el filme que Idun quisiera mirar, (tenía cierta predilección por las cintas dramáticas que a ella no le gustaban tanto), pero siempre era un buen momento para pasar tiempo a solas con su madre. Especialmente desde que su esposo y ese intruso que tenía en casa tomaban más de su atención.

Llegó a casa y tras fijarse en la sala de estar, la cocina y la habitación de la castaña, le extrañó no verla por ninguna parte.

Bajo hasta la biblioteca justo para encontrar a su padrastro entretenido con una lectura.

—¿A dónde ha ido mamá?—preguntó desconcertada.

—Salió hace un rato con Hans, me parece que iban al cine. Hay una película en cartelera que tu madre se muere por ver.

—¡¿Qué?!—los orbes azules de las adolescente se abrieron con incredulidad.

¿Qué demonios estaba sucediendo ahí? ¿Por qué su madre había salido con ese monstruo? Ese tiempo de calidad le correspondía a ella, ¡solo a ella! Elsa sintió que algo desagradable le oprimía el pecho.

—Si quieres podemos alcanzarlos—le ofreció Adgar—, hoy no tengo que volver a la oficina. Después podríamos ir a cenar todos.

La muchacha entornó sus ojos. Estaba segura de que ese idiota de Hans había hecho aquello para enfadarla. Pero no le daría el gusto de ir tras ellos como una niñita de mamá despechada.

—No, gracias—dijo cortante—, mejor espero a mamá aquí.

—¿Estás segura?

—Sí—tomó un libro de la estantería. Leer le ayudaría a matar el rato.

—Como gustes.

La jovencita se dirigió a la sala de estar conteniendo su enojo. Tendría una charla muy seria con su madre en cuanto llegara.


Idun introdujo su llave en la cerradura de la casa arrebujándose en su abrigo. Detrás de ella el pelirrojo, con la vestimenta tan llena de nieve como la suya, le siguió el paso; los dos charlando amenamente y sonriendo. Después de salir del cine se habían pasado la tarde entera conversando y comprando algunas cosas que la castaña necesitaba para ese fin de semana. Estaría celebrando su cumpleaños y prepararía una comida muy especial para su familia y ciertas amistades.

Para Hans, estar en compañía de su madrastra había resultado mucho más agradable de lo que se esperaba.

Realmente la habían pasado muy bien. Después de salir del cine, se habían detenido para merendar en un pequeño restaurante de comida italiana y durante todo el tiempo habían estado charlando. Luego la había ayudado a hacer sus compras.

Incluso la película había resultado buena, a pesar de que no esperaba mucho del filme.

No obstante, la diversión se había terminado cuando repentinamente la mujer se había percatado de que tenía un montón de llamadas perdidas de Elsa.

Había apagado su teléfono en el cine y desde entonces había olvidado encenderlo de nuevo; por no mencionar que una vez más se había quedado sin crédito. A veces podía ser la mar de despistada.

Ya le había quedado más claro que nunca que a diferencia de su hija, Idun era una persona muy extrovertida. Tanto, que sin sospechar de nada le había estado comentando todo tipo de anécdotas acerca de ella, para su regocijo interior. Claro que no era como si enterarse de la vez en que la rubia había tenido un accidente en el hielo a los seis años o que tenía miedo del coco cuando era pequeña, le sirviera para chantajearla o algo mejor.

Pero siempre se agradecía saber ese tipo de cosas para avergonzarla y sobretodo, para conocer más de cerca al enemigo.

—Por fin en casa—suspiró la castaña adentrándose en el vestíbulo en tanto él cerraba la puerta—. Espero que tu padre no tarde mucho en llegar.

Dejo el par de bolsas que cargaba a un lado y guardó su abrigo en el armario que estaba junto a la entrada. Casi de inmediato, sus ojos azules se dirigieron a la sala de estar en donde se toparon con una figura familiar.

Encima del sofá reconoció a su hija hecha un ovillo. Su cabello platinado se esparcía sobre los cojines de tonos verdosos y su profunda respiración indicaba que se había quedado profundamente dormida.

Idun sonrió con cierta ternura y se acercó hasta ella con cautela.

—Pobrecita, debe haberse quedado esperándome—musitó, acariciando el flequillo rubio con una de sus finas manos. Luego la dirigió hasta su hombro y dudó.

Le daba pena despertarla. Se veía tan pacífica.

El teléfono al otro lado de la estancia sonó y la morena dirigió su mirada del aparato a la adolescente.

—Hans, ¿podrías subirla a su habitación?—le preguntó sin borrar esa leve sonrisa que hacía imposible que se le pudiera negar nada—Debo contestar el teléfono.

Antes de darle oportunidad a responder, ya había cruzado la estancia para tomar el auricular de espaldas a él. El cálido saludo que soltó seguido de un "¡cuánto tiempo sin saber de ti!" le indicó al pelirrojo que esa conversación definitivamente se iba a alargar.

Miró incómodo a la blonda y se riñó mentalmente por no haberse escapado a su dormitorio apenas habían entrado en la casa.

Volvió a mirar de reojo a su madrastra, ya enfrascada en una animada plática con quien fuera que hubiera llamado y después a Elsa, que tampoco daba muestras de despertar. ¿Por qué tenían que pasarle esas cosas a él?

Dubitativamente y sin más remedio, se inclinó en dirección a la adolescente y cuidadosamente se preparó para tomarla en brazos, rogando porque no se despertara. Lo último que necesitaba era que le armara un berrinchito allí mismo, cuando no le quedaba de otra que complacer a su madre.

Paso un brazo por debajo de sus rodillas y rodeo sus hombros con el otro, atrayéndola hacia si con suma facilidad. Elsa pesaba realmente poco y era más pequeña de lo que se apreciaba a simple vista. Y al parecer tenía el sueño pesado, por suerte.

Ya más confiado subió escaleras arriba, con la rubia cabeza de la muchacha apoyada en su hombro. Aquello era como llevar a una muñeca de trapo, pensó él.

En realidad era un poco agradable, si se olvidaba por un instante de la personita a la que estaba sosteniendo. El leve calor corporal que desprendía y el aroma a flores que emanaba de su pelo le hacían experimentar una placentera sensación.

Pero no, claro que eso era no podía ser.

Él no era ningún chiquillo inexperimentado que prestara atención a esas cosas. Y ella era Elsa, ¡Elsa por todos los cielos!

La misma mocosa de mierda a la que debía atormentar. No debía olvidarlo.

En la planta baja se detuvo a la puerta que estaba frente a su habitación y entró. El dormitorio se hallaba tenuemente iluminado por la luz que entraba por una ventana y no pudo evitar apreciarlo un momento.

Paredes azules y muebles de madera blanca. Todo muy pulcro y ordenado casi hasta la exageración, ninguna cosa fuera de lugar. Un estante repleto de libros y un tocador en el que solamente se apreciaba lo indispensable para el arreglo personal. Su hermanastra no era una chica muy coqueta, (aunque siendo justos, tampoco era como si necesitara mucho maquillaje).

Desde el suelo, un par de ojos amarillos y amenazadores le devolvieron la mirada. Era el estúpido gato de la chiquilla. Ese animal en serio le jodía los nervios y después del incidente de la tarde, lo odiaba más que nunca.

—Largo—susurró de forma desagradable.

Marshmallow emitió un hosco siseo, dándole a entender que no era bienvenido allí. Supo que probablemente, de no ser porque llevaba a su dueña en brazos se le hubiera ido encima.

Con delicadeza, Hans depositó a la jovencita en su cama y ella instintivamente volvió a hacerse un ovillo, permaneciendo sumida en la tierra de Morfeo. De manera inconsciente acercó hacia ella un pequeño oso de felpa de color blanco que reposaba sobre la almohada y él sonrió casi por acto reflejo.

No cabía duda de que seguía siendo una niñita.

Las luces que se colaban por el ventanal la iluminaban tenuemente y no se dio cuenta cuando se quedó mirándola. El cuerpo pequeño y oculto detrás de los vaqueros y el suéter un poco holgado, el cabello levemente desordenado de su trenza y al que la iluminación le arrancaba un reflejo plateado, la piel nívea y ligeramente salpicada de pecas, los labios rosados y entreabiertos, las largas pestañas que rozaban sus pómulos… en verdad, Elsa era como una de esas delicadas muñequitas de porcelana que se podían mirar en los aparadores de las tiendas.

Se veía tan inocente e infantil. Nadie creería que había una muchachita bastante fría y en ocasiones amenazante y un poco histérica, ocultándose detrás de esa fachada angelical.

Elsa era una niña muy bonita, enormemente parecida a su madre. Sería una mujer muy hermosa cuando creciera.

Sacudió su cabeza, abstrayéndose de esa clase de pensamientos. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué pensaba en toda esa mierda? Esa película de drama para mujeres le había estropeado el cerebro.

¿Qué más daba el aspecto que tuviera esa mocosa? Era nefasta y punto. E iba a hacer su vida miserable. Porque así de linda como era por fuera, así de podrida estaba por dentro.

La miró despectivamente y se dispuso a salir, cuando un movimiento que hizo le llamó la atención. Elsa se había acurrucado más, como si buscara infundirse un poco de calor. No había que olvidar que ya estaban en pleno invierno y en las noches se sentía mucho más.

Con el ceño fruncido, Hans localizó una gruesa frazada en el borde de la cama y la tomó para cubrir a la blonda hasta la nariz, que era un punto pequeño y levemente enrojecido a causa del frío. Se cercioró de que estuviera bien abrigada y se apartó cuando Marshmallow saltó a la cama para echarse junto a ella, siempre observándolo fijamente.

La mirada del felino parecía una especie de advertencia. El pelirrojo lo fulminó con los ojos antes de salir en silencio.

Definitivamente esa película para maricas lo había ablandado.


Por la mañana, Elsa se despertó confortablemente calientita y distinguió la silueta familiar de su gato tumbado junto a ella. Bostezó y se incorporó, extrañándose al darse cuenta de que todavía llevaba la ropa del día anterior. No tenía idea de como había llegado hasta su dormitorio. Lo último que recordaba era haberse quedado dormida en la sala de estar, después de leer por un largo rato y de enviarle varios mensajes y llamadas a su madre sin respuesta.

Probablemente le había pedido a su esposo que la llevara hasta su cama.

Eso le desagradó.

Marshmallow emitió un sonoro maullido y se restregó contra ella insistentemente. Era su forma de anunciarle que había llegado la hora de comer.

Con pereza lo tomó en brazos y bajó hasta la cocina para servirle un poco de leche y unas cuantas croquetas. Recordó también la razón por la que estaba tan enfadada desde ayer. Si se había dormido seguramente su mamá había regresado tarde con el cretino de Hans. Ahora sí tendrían una seria conversación.

Puso a Marshmallow en el suelo y este volvió a maullar de forma demandante, volviendo a frotarse contra sus tobillos.

—Ya voy, dame un minuto amiguito—le dijo mientras buscaba su tazón de comida.

Una vez que el animal estuvo devorando su alimento, Idun apareció en la cocina tan resplandeciente como siempre. Elsa le dedicó una mirada seria.

—Buenos días, hija—la saludó ella sin percatarse—. Hace un día precioso hoy, ¿no crees?

—Te estuve llamando ayer. ¿Por qué no respondías?

—Oh, me quedé sin crédito, ya sabes como soy de distraída—la castaña abrió una gaveta—. ¿Quieres hot cakes para desayunar?

—Saliste con Hans—repuso la muchacha con algo de dureza.

—Sí, bueno él no tenía nada que hacer y te dije que estaba esa película que tenía ganas de ver, así que me pareció buena idea invitarlo—Idun se puso a romper huevos en un bol—. ¡Fue una historia tan bonita, por cierto!

—Creí que yo te acompañaría—la platinada se cruzó de brazos, sin darse cuenta de que se estaba pareciendo cada vez más a una niña pequeña haciéndole aquella escena a su madre.

—Pensé que no te interesaba mucho, cuando te lo propuse hace un par de días no parecías muy entusiasmada—replicó la morena—. Sé que no te encantan las cintas de drama. A ti lo que te gusta es ver cosas que te dan pesadillas—añadió juguetonamente, lo que incrementó la indignación de Elsa.

¿Cómo podía su madre ser tan ingenua?

—¡Eso no importa! ¡Yo iba a acompañarte! ¡Yo!—exclamó—¡Hasta regresé temprano para ir contigo! ¿Por qué tenías que irte con él?

—Oh Elsa, no tienes que sentirte celosa cariño. Es normal que quiera convivir un poco con mi hijastro. Después de todo somos familia.

La adolescente bufó. Estaba decidida. Iba a arriesgarse y decirle a su madre quien era Hans Westergaard realmente, (o al menos quien creía que era). No quería que la castaña estuviera cerca de un tipo tan maligno como él.

—Mamá—comenzó a hablar con firmeza—, yo…

—¿Sabes Elsa? Últimamente he estado pensando—Idun se volvió hacia ella—, ya sé que todos estos cambios no han sido ideales para ti. Primero la boda y luego esto. De verdad creí que tener a alguien más joven en casa te haría bien. Adgar y yo trabajamos tanto, y estás tan sola la mayoría del tiempo.

La platinada parpadeó y la mujer se acercó hasta ella.

—Creo que jamás me paré a pensar realmente en como te sentirías con todo esto; digo, hemos sido tan solo las dos por tantos años—Idun la tomó por un hombro con una mano y con la otra le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja—. Es que yo siempre quise darte una familia como las demás. Y ahora que tengo la oportunidad no quisiera equivocarme forzando las cosas. Creo que he estado tan feliz por mi cuenta, que se me ha olvidado pensar más en ti.

Elsa sintió que todas sus palabras se quedaban atascadas en su garganta. Ahí estaba de nuevo esa familiar sensación de remordimiento. ¿Por qué le costaba tanto ver que su madre fuera feliz?

—Solo quería agradecerte lo comprensiva que has sido con todas mis decisiones—prosiguió Idun—, sé que te cuesta adaptarte, pero estoy segura de que no pasará mucho tiempo antes de que te acostumbres a nuestra nueva familia—dijo abrazándola. Esa mujer era una sentimental—. Sabes que yo quiero lo mejor para ti, ¿verdad?

—Sí, mamá—respondió quedamente.

No podía arruinar su felicidad, demonios. Podía ser que Hans fuera un imbécil, pero tendría que lidiar un poco más con él para no romper tan abruptamente la burbuja de su madre. Al menos su esposo era decente, aunque no terminara de caerle del todo bien.

—Ahora, ¿qué ibas a decirme, cielo?

Elsa dudó.

—Nada—Idun se despegó de ella para mirarla a la cara—, solo que… si iba a acompañarte a ver esa película.

—No te preocupes hija, aún podemos salir y pasarla juntas—la mujer le tocó la nariz con la punta de su índice—. Esta vez tú podrás escoger la película.

La muchacha se obligó a devolverle una sonrisa antes de que Idun continuará preparando el desayuno. Marshmallow había terminado de comer.

—Ah, mamá—la llamó.

—¿Sí, cielo?

—La próxima vez que me encuentres durmiendo abajo mejor despiértame—dijo—, no hagas que tu esposo me lleve a mi habitación. Eso es incómodo para mí.

—Oh, no fue él quien te subió anoche—comentó la castaña alegremente—, eso se lo pedí a Hans. Te veías tan tranquila que no quise despertarte y él es tan servicial…

Un intenso rubor cubrió las mejillas de la chica, quien se apresuró a cargar a su gato para huir de la cocina antes de que Idun se percatara de eso.

Ya se imaginaba la escenita de la noche anterior. Solo pensar que su hermanastro la había llevado hasta la cama le causaba escalofríos, considerando todo el odio que se tenían. Y lo peor es que no se había dado cuenta, ¿cómo no se había despertado?

¿Se habría fijado en su oso de peluche? ¿Habría husmeado en su habitación? El color incrementó en su rostro.

Al final de la escalera se topó con el pelirrojo, que venía saliendo de su habitación en pijama y con cara de sueño. Sus ojos verdes adquirieron una expresión hostil al verla y entonces Elsa sintió arder su rostro y maldijo para sus adentros.

—Vaya, vaya, parece que alguien no está teniendo una buena mañana el día de hoy—le dijo Hans maliciosamente.

—Hazte a un lado, idiota—le espetó la albina haciendo amago de entrar en su habitación, justo cuando él se movió para obstruirle el paso.

—¿Por qué tanta prisa, mocosa?—inquirió él esbozando otra sonrisa petulante—¿No quieres que te cuente como estuvo mi día ayer? Tuve una salida muy interesante.

—Sí, eso lo sé perfectamente—Elsa lo fulminó con la mirada—, ahora muévete y no me hagas repetírtelo.

—Mamá es una persona muy agradable, ¿no te parece?

—¡¿Qué?!—la expresión de la chica se sorprendió y exasperó al mismo tiempo.

—No te molesta que la llame así, ¿no?—la sonrisa torcida de Hans se ensanchó—Después de todo, ya somos familia. Incluso me dijo que le encantaría tener un hijo como yo. Quien la culpa.

—Ahora escúchame bien, pedazo de bestia arrogante y estúpida—dijo Elsa con los dientes apretados—, ella es mi mamá, no tuya, ¡mía! ¡Así que no vuelvas a llamarla así!—agregó airadamente—¡Ella no es y nunca será nada tuyo! ¡Ni siquiera porque se haya casado con tu padre! ¡Qué te quede claro!

—Oh Elsa, eres tan infantil—el muchacho tomándola por la barbilla de forma condescendiente y moviéndola sutilmente—, a nadie le gustan las niñas celosas.

Había cumplido con su propósito de hacerla enojar, ¡y era tan fácil y divertido!

—¡No me toques!—chilló Elsa apartando su cabeza—¡Y aléjate de mi mamá!

—¿Pero por qué haría eso? En especial con todas las cosas tan entretenidas que le encanta decir acerca de ti—Hans se deleitó al ver como la adolescente empalidecía—. ¿En serio mojabas la cama hasta los cinco años? ¿Quién hace eso? ¿Y qué hay de esa vez en la que sufriste pánico escénico en un recital infantil? Esa es una historia de la que me gustaría saber más. Tu madre dice que llorabas frente a todo el mundo.

La rubia abrió los ojos como platos.

—Eres… un…

—Shhh—Hans la acalló colocando su largo dedo índice contra sus labios—. No está bien que discutamos tan temprano. Eso arruinaría el día de mamá.

—Voy a averiguar la manera de hacer tu vida tan difícil y miserable, que te arrepentirás de haber venido aquí—dijo Elsa, con una serenidad que no sentía en absoluto.

—Oh, creo que yo ya me adelanté con eso.

Marshmallow emitió un maullido hosco, que provocó que el cobrizo se tensara y lo mirara con desconfianza. Esto no le pasó desapercibido a su dueña.

—¿Qué te pasa? ¿Ahora odias también a los gatos?—preguntó con desagrado.

—¡Aleja a esa cosa de mí!—exclamó Hans, cuando volvió a acercarse para darle un empujón y quitarlo del camino.

—¡Eres un maldito neurótico!—le espetó Elsa abrazando más a su mascota.

—¡Esa basura me hizo esto!—el pelirrojo extendió la palma de su mano derecha y ella parpadeó sorprendida al vislumbrar tres arañazos que empezaban a cicatrizar—¡Mejor mantéenlo vigilado si no quieres que le rompa el pescuezo!

—¡Eso es lo que te haré yo a ti si te acercas a mi gato! ¡Estúpido!

—¡Idiota!

—¡Imbécil trepador!

—¡Cretina de mierda!—otro fuerte y hostil maullido se escuchó en el pasillo.

A Elsa no le importaba lo que el animal había hecho, ¡ese idiota se lo había buscado por ser una persona tan odiosa!

—¡Voy a hacer una maldita bufanda con esa cosa y te voy a colgar con ella!—amenazó Hans.

Una puerta se abrió al fondo. Adgar salió de su habitación debidamente arreglado y arrugó el entrecejo al verlos enfrentados en medio del corredor.

—¿Está todo bien aquí?—preguntó, sin que les pasara desapercibido su leve tono de advertencia.

—Estamos bien, papá—se apresuró a decir Hans—. Solo estábamos conversando.

El aludido miró a su hijastra como buscando confirmar aquello, pero los ojos azules de la chica solo lo vieron inexpresivos.

—Le estaba diciendo a Elsa que debería tener más cuidado con su gato—agregó el joven—. Ayer el pequeño se asustó y me arañó. Pobre animal, es muy nervioso.

Esta vez el felino lo fulminó con sus orbes amarillas.

—Mejor tengan cuidado los dos—dijo Adgar pasando por entre ellos y bajando la escalera—, no quiero problemas.

Los chicos esperaron a que hubiera desaparecido al final de la escalinata y luego volvieron a dirigirse miradas de odio.

—Tarado.

—Estúpida.

Ambos se dieron un par de empujones antes de retroceder y entrar en sus respectivas habitaciones. O al menos las que creían que lo eran. Un segundo después, las puertas volvieron a abrirse.

—Idiota.

—Cretino.

Esta vez, sí entraron en sus dormitorios y se asesinaron con las pupilas antes de cerrar fuertemente sus puertas.

La convivencia se estaba poniendo más difícil de lo que cualquiera podía imaginar.


Nota de autor:

Hola, ¡feliz 2016 a todos! Espero que hayan recibido el año con toda la actitud y que venga lleno de cosas buenas para ustedes. :3

Después de una pequeña pausa, nuestra pareja favorita vuelve en el papel de hermanastros para alegrarnos el inicio de semana. Bueno, hubo muy poquita interacción Helsa pero eso es algo que espero arreglar en el capítulo siguiente. Como ven, estos dos cada vez van de mal en peor, aunque por ahí nuestro querido Hans ya ha demostrado que no es tan malo como parece, pero claro, se hace el duro. Alguien ya empezó a darse cuenta de los encantos de copo de nieve. :P

Review's time!

Ari: Sí chiquilla, Elsa es más astuta de lo que piensa ese pelirrojo y se sabe defender, aunque igual todos sabemos que una parte de ella se alborotó al verlo recién salido de la ducha. ;) Momentos de debilidad, ay los momentos de debilidad, de veras que voy a ver como surgen más adelante; ya sabes, el Helsa primero debe tener algo de tensión y peleas divertidas, jajaja.

Carol: Lo sé, Anna es una pervertida pero ¿quién la culpa? xD Por otra parte, Elsa no teme al enemigo y es por eso que solo ella podría adentrarse en esos sensuales y peligrosos territorios. ¡Se llevó una sorpresa que fue de lo más suculenta! *o* Sí, el perrito es Sitron, más adelante sabrán un poco más de él. :) ¡Otra fanática de AC/DC! Me encantan las canciones que mencionas y hablando de música, la vez pasada no te respondí que canción de Queen escuchaban en el capítulo 3. La verdad no me imaginé ninguna en especial pero si mal no recuerdo, yo oía "Under pressure" mientras lo escribía, así que pon tú que era esa. LOL Hans es muy hábil para ganarse a casi todo el mundo, es un pequeño tramposo. D: Realmente estoy dirvirtiéndome al escribir la interacción Anna/Rapunzel, está agregpandole mucha comedia al asunto y sí entiendo ese chiste de Los Vengadores, ¡amo a esos superhéroes! No te preocupes, Hans no es un psicópata aunque si tiene problemas que enfrentar y que involucran a ese misterioso accidente. e.e

Guest: A mí también me encanta la tensión Helsa. ;D

Annie-Jaeger: ¡Aquí está la esperada continuación! :3

Espero que pronto se arreglen los errores que está teniendo la página, porque no puedo acceder a is últimos reviews. D: Así que una disculpa si me tardo en responderles de nuevo.

Me voy palomitas, tengan una excelente semana.