Mención de otros personajes de Disney a lo largo del fic. Modern AU. Helsa.

Disclaimer: Lastimosamente nada de esto es mío, solo mi cada vez más alocada imaginación.


Canción recomendada para este capítulo: Linger de The Cranberries.


» • » Bajo El Mismo Techo « • «

18

La reina y su caballero


—¿Qué tal me veo?—Hans miró de reojo y con fastidio a su hermano, que acababa de irrumpir en la sala de estar enfundado en un elegante traje oscuro.

Con la corbata negra y de detalles dorados, los zapatos bien lustrados y su pelirrojo cabello peinado cuidadosamente, no se podía negar que estaba más apuesto que nunca. Cualquier chica caería en sus pies.

Hans experimentó una amarga sensación en la boca del estómago al pensar en ello y recordar que esa noche, su rubia hermanastra estaría del brazo de Lars.

El mentado baile por fin había llegado y de más estaba decir, que la ocasión le caía como una patada en las bolas. Como si no hubiera sido suficiente escuchar alardear a su hermano sobre aquello, siempre esforzándose por agradarle a Elsa. Coqueteándole. Restregándole en la cara que la acompañaría a ese patético evento.

No lo soportaba.

—Viejo, que elegante, eso de darte una ducha de vez en cuando sí que da resultado—bromeó Eugene echándole un vistazo desde el sillón en que se hallaba sentado, para variar, revisando algo en su videocámara.

—Je je je, ya quisieras tener este porte amigo—Lars sonrió socarronamente y se volvió hacia el otro colorado—, ¿y tú hermanito? ¿No piensas decirme que opinas de mi atuendo? Mira que no todos los días uso cosas así.

Hans le lanzó una mirada fastidiada. El timbre de la puerta sonó y el castaño se levantó para abrir.

—Te ves ridículo con ese traje.

—Ay hermanito, tú siempre tan amable.

Un barullo se escuchó en el recibidor, indicando que los amigos de Elsa habían llegado ya para recogerles. Habían quedado de llegar al dichoso baile todos juntos.

—¡Hola!—la chillona voz de Anna penetró en los oídos de Hans como el sonido de un silbato para perros—¿Dónde está Elsa? ¿Está lista ya?

La pelirroja llevaba un vestido de color verde suave de un solo tirante, cuya falda caía libremente desde la cintura hasta por encima de las rodillas. Se había maquillado tenuemente y recogido el pelo en una coleta baja que se encontraba sobre su hombro.

—Tendremos que esperar un poco más me temo. Nuestra reina se está poniendo linda—respondió Lars de buen humor.

—¡Sé que ella se verá hermosa! ¡Hoy tiene que ganar esa corona!

Hacía algunas horas que la platinada se había encerrado en su habitación junto con su madre, que se había hecho a la tarea de arreglarla primorosamente para esa noche. Idun parecía más emocionada que su propia hija con respecto a su baile, puesto que se había ocupado con mucho entusiasmo de escogerle un vestido, los zapatos y ayudarla con su peinado y su maquillaje.

A veces esa mujer se comportaba como una chiquilla.

—Por mí puede tardarse todo lo que quiera, no tengo prisa por llegar—un muchacho rubio ataviado con un esmoquin gris oscuro apareció detrás de Anna, con un semblante incómodo.

Kristoff no se veía nada a gusto con aquella vestimenta, a juzgar también por la manera en que su dedo índice tiraba del cuello de la camisa blanca que traía debajo y en la cual sobresalía un corbatín verde, a juego con el vestido de su pareja.

—¡Oh, no seas tan amargado Kristoff! Mientras más pronto lleguemos mejor, ¡no te vestí así para no aprovechar bien la noche!—exclamó una castaña llegando junto a él y siendo seguida de cerca por Olaf, quien había elegido un esmoquin negro para la ocasión y una pajarita que llamaba mucho la atención por su diseño de zanahorias.

—Odio este maldito traje que escogiste.

—¡Te ves genial y lo sabes!—Rapunzel le palmeó amistosamente la espalda.

Anna le dirigió una mirada recelosa a la trigueña y se colgó del brazo del blondo, casi como diciendo "es mío".

—Oye preciosa, tú tampoco te ves nada mal está noche. Estás muy guapa—le dijo Eugene, tratando de llamar su atención. Desde que la chica había traspasado la puerta no había podido quitarle los ojos de encima.

—¿De veras lo crees?—inquirió la aludida mirándolo con una sonrisa y dando una vuelta.

Había escogido un vestido color de rosa que le llegaba hasta las pantorrillas y se sujetaba en los hombros por dos finos tirantes. Su cabello corto, como de costumbre, se destacaba por los mechones que iban en punta hacia todas direcciones y solo estaba adornado por una delgada diadema con brillantes.

—Claro, mírate, estás como, wow—de repente Eugene parecía algo nervioso, pues se llevó una mano a la nuca, azorado—, de haber sabido de este baile antes, hasta me habría ofrecido para acompañarte.

—¡Ay, Flynn! Que tierno eres, je je je.

Hans rodó los ojos. ¿Es qué era el día de "vamos a comportarnos como unos idiotas" o algo por el estilo? Todos, absolutamente todos, se veían ridículos esa noche.

En la planta alta, el sonido de una puerta abriéndose llamo su atención y su madrastra no tardó en aparecer bajando las escaleras, con una enorme sonrisa adornando sus finas facciones.

—¡Qué bueno que todos están aquí!—exclamó, mirando a los jóvenes con entusiasmo—Elsa está lista para ir con ustedes. Espero que se diviertan esta noche.

—Lo haremos, te lo aseguro—le aseguró Lars con una sonrisa—y por Elsa no te preocupes, que yo la voy a cuidar muy bien—añadió, ignorando la forma resentida en que su hermano menor lo observaba.

—Oh, te lo agradezco mucho cielo, estoy segura de que este será un baile muy especial para ella—dijo la mujer con ilusión para luego voltear hacia la escalera—. Hija, baja. Tus amigos te están esperando.

Transcurrieron unos segundos antes de que unos tímidos pasos se escucharan y la figura de la rubia empezara a bajar lentamente. Un par de ojos verdes se dirigió hasta allí como por instinto y entonces se quedaron atónitos.

Elsa siempre estaba bonita pero en ese momento, se veía más hermosa que nunca.

El vestido largo y azul se ceñía a su silueta de una forma delicada y elegante, resaltando lo estrecho de su cintura y su pálida piel. Era un diseño recatado y adorable, cuya parte superior revelaba un pequeño escote de corazón y una tela llena de encaje transparencias que abarcaba la zona de la clavícula y se extendía hasta las muñecas en dos finas mangas, insinuando su pálida piel. El resto del cuerpo de la prenda era de un suavísimo tul. Su madre debía haber gastado una buena cantidad de dinero en un atuendo como aquel.

El cabello platinado de Elsa había sido recogido en un moño en el que se distinguían algunas pequeñas trenzas y del cual escapaban algunos mechones ondulados en el frente, dándole una apariencia inocente. Sus ojos celestes destacaban más que nunca gracias a la máscara de pestañas y la sombra marrón esfumada en sus párpados, mientras que sus labios rosas solamente lucían una ligera capa de brillo.

Definitivamente parecía una princesa.

—¡Oh Elsa, estás tan preciosa!—Anna la miró con emoción contenida y formó dos puñitos con sus manos, mientras las elevaba a la altura de su pecho—¡Mira qué guapa estás!

—¡Te ves muy linda!—la secundó Rapunzel alegremente.

—Estás hermosa—le dijo Lars adelantándose para tomarla de la mano—, tengo mucha suerte de llevarte a ese baile.

La aludida agachó la cabeza con timidez, obviamente abochornada por ser el centro de atención. Sus mejillas se habían ruborizado.

Hans no podía dejar de mirarla. Vestida de esa manera, la muchacha estaba realmente exquisita. Por un momento, sintió verdadero odio hacia su hermano, más allá del fastidio que le provocaba.

—¡Ahora pónganse todos para una foto! Quiero tener un recuerdo de esta noche—anunció Idun tomando una cámara digital de una cómoda cercana.

—Mamá… —Elsa comenzó a quejarse, ya sabiendo que su progenitora no desistiría de la idea de inmortalizar ese instante.

Sus amigos se colocaron alrededor de ella, todos más elegantes que nunca con sus trajes de gala. Lars le rodeó la cintura con un brazo y el color en sus pómulos se intensificó aún más.

—¡Sonrían a la cámara!

El disparo del dispositivo resonó por todo el pasillo, retratando a los sonrientes jóvenes. Idun se entretuvo tomando un par de fotografías más antes de dejarlos ir, muy contenta por la situación. Se veía que se lo estaba pasando en grande.

—¡Vámonos! ¡Es hora de escoltar al rey y a la reina al baile!—exclamó Rapunzel dando brinquitos.

Kristoff gruñó ante tales órdenes.

—¡Nos vemos, chicos!—la castaña se despidió de Hans y de Eugene, en tanto todos avanzaban en tropel hacia la puerta.

Lo último que vio el cobrizo fue como su hermano tomaba la mano de Elsa y ella se dejaba guiar hasta su auto, con la falda de su precioso vestido flotando en torno a ella a la vez que andaba y sin mirar ni una sola vez hacia atrás.

La sensación desagradable en su estómago se hizo más fuerte.


El gimnasio de la escuela se encontraba repleto de gente cuando arribaron al baile. Varias luces de colores iluminaban el lugar, haciendo juego con la enorme bola de espejos que giraba en el centro del techo. Por todas partes podía apreciarse a un montón de adolescentes enfundados en sus mejores trajes y vestidos de todos los colores, bailando y bebiendo ponche.

La excelente decoración que caracterizaba al lugar contribuía al ambiente festivo. Se había elegido el tema de "Sueño de una noche de verano" para el evento, por lo cual todas las mesas ostentaban centros de mesa con coloridas flores y adornos brillantes por todas partes.

Todo parecía como sacado de un cuento de hadas.

—¿Nerviosa, muñequita?

Elsa miró al guapo pelirrojo que la acompañaba, sentado a su lado en una de las mesas. Por lo pronto, había decidido mantenerse alejada de la pista de baile en donde sus amigos se divertían. No era muy buena bailando y aún no sentía ganas de hacer el ridículo, (como se notaba que lo estaba haciendo Kristoff, al tratar de seguir los pasos de su enérgica cita; por lo menos se veía contento).

La rubia sonrió de manera un poco forzada al volverse hacia Lars.

—Un poco… la verdad no soy mucho de fiestas.

—No tendrías porque estarlo. Mírate, estás preciosa esta noche, eres el centro de atención—Lars le guiñó un ojo—, tengo el presentimiento de que hoy va a ser algo inolvidable.

Elsa se puso a jugar con uno de los rizos que escapaban de su complicado moño. La música estaba tan fuerte… lo cierto es que habría preferido permanecer en casa viendo alguna buena película.

No es que Lars no le agradara, pero estar allí con él, en un ambiente que no era el suyo y con alguien tan extrovertido como lo era el joven, simplemente le hacía sentir como si algo no encajara. Incluso pelear con Hans se le daba mucho mejor que aquello.

Hans.

Sin quererlo pensó en el aludido, recordando la mirada que había puesto al verla bajar por la escalinata de casa. Aquella había sido una expresión que nunca antes le había visto.

¿Qué significaría? ¿Por qué sus ojos habrían permanecido encima de ella por tanto tiempo? ¿En que estaría pensando al verla? De repente todas estas dudas hicieron eco en su cabeza, sin dejar que se olvidara de su hermanastro.

Una mano cubriendo la suya la sobresaltó.

—Woah, tranquila—Lars le sonrió—, ¿en qué piensas, muñequita? Estás muy callada.

—No, yo… en nada—mintió sacudiendo su cabeza—, ¿podrías traerme un poco de ponche? Me ha dado sed.

—Lo que mi reina pida—Lars se puso de pie con gesto galante—, volveré en un minuto. No te muevas de aquí, ¿eh?

Elsa asintió con la cabeza y suspiró mientras lo veía alejarse. De pronto había caído en la cuenta de que estaba muy aburrida.


Hans oprimió perezosamente el botón del control remoto que tenía en su mano derecha, tratando de encontrar algún programa interesante que ver en la televisión. Aquello era lo único que tenía para no pensar en ese patético baile, con Elsa tomada de la mano de su hermano y los dos bailando como en esas patéticas películas de romances adolescentes.

Solo imaginar dicha escena lo ponía de un humor terrible y lo peor, es que estaba consciente de que no tendría porque ser así.

—Míranos viejo, viernes en la noche y sin nada que hacer mientras tu hermano se divierte en ese baile—Eugene se sentó a su lado de manera haragana, al tiempo que fingía mirar algo en su cámara de vídeo (como le colmaba la paciencia con ese maldito aparato)—, ¿recuerdas cuando hacían esos bailes escolares antes en nuestro instituto? Amigo, que recuerdos, lo que daría por revivirlos otra vez.

Hans se volvió a él con una ceja alzada, intuyendo a donde quería llegar.

—Punzie se veía tan preciosa hoy, amigo. Se va a llevar muchas miradas esta noche—el joven suspiró como enamorado—, quien pudiera estar con ella.

El pelirrojo no dijo nada y volvió a concentrarse en cambiar de canales.

—¡Qué demonios! ¿Sabes qué deberíamos hacer?—Hans apretó los dientes, anticipando que nada bueno podía salir de esas palabras—Tendríamos que cambiarnos y caer de sorpresa por allí, digo, es mucho mejor que quedarnos aquí sentados a ver la televisión. Será divertido relajarnos, bailar un poco, salir de aquí para variar…

—No pienso ir a ningún lado—lo interrumpió el colorado cortantemente.

Como si aquello fuera suficiente como para disuadir al moreno de sus planes.

—Vamos, vamos viejo, no quieras engañarme, sabes que eso no funciona conmigo. Te mueres de ganas de ir—le dijo Eugene socarronamente—, como si no supiera que envidias a tu hermano por estar ahí con la pequeña Els. Déjame decirte, que él no es de los desaprovechan estas oportunidades…

—Yo no envidio a nadie y mucho menos a él—le espetó Hans observándolo peligrosamente.

—¿No? Bueno, en ese caso no te importara lo que Lars pueda intentar esta noche. Si lo conozco lo bastante bien, y lo hago, sé que no encontrará una ocasión mejor para llegar a algo con nuestra adorable rubia.

El colorado apretó la mandíbula, incómodo y enojado. Recordó lo hermosa que se veía Elsa esa noche, con su vestido azul y su apariencia inocente; y la forma en que su hermano la miraba, tan seguro de si mismo y al mismo tiempo, encandilado como seguramente también habría estado él.

Sintió que un nudo se le hacía en el estómago, al concluir que lo más probable era que intentara algo esa noche para ganársela definitivamente. Como odiaba darle la razón a ese hippie.

—¿En serio no te da curiosidad ir a ver que tanto ocurre en ese dichoso baile, Hans? Digo, ya sé que es cosa de chiquillos y eso, pero vamos viejo, no es como si tuviéramos algo mejor que hacer, ¿no?

—No podemos entrar así como así—replicó el cobrizo, en un último intento de alejar por completo la tentadora idea de aparecerse para arruinarle el evento a su hermano—, es un baile escolar. Seguramente hay profesores vigilando y todo eso.

—Bueno, siempre hay alguna manera… ni que fuera la primera vez que nos colamos a un sitio.

—¿En serio quieres ir a ver a esa hippie, verdad?

—Tanto como tú quieres ver a Elsa, amigo mío—Hans lo fulminó con los ojos, obteniendo en respuesta una mirada traviesa—, oh vamos Hans, ya te dije que no trates de hacerte el despistado conmigo. Llevo demasiado tiempo viviendo con ustedes como para estar bien seguro de lo que digo.

—Tú no sabes una mierda de nada, así que no me vengas con esas estupideces.

—¿Y qué? ¿Vas a dejar que tu hermano se la quede, entonces? Me extraña de ti, nunca le has dejado ganar sin darle batalla.

Hans exhaló un profundo suspiro, apagando la televisión y resignándose a que esa noche no se quedaría en casa. Cuando Eugene se empeñaba en conseguir algo, no dejaba de insistir hasta lograrlo. Quizá en el fondo quería dejarse convencer por él.

—No vas a dejarme en paz hasta que vayamos a meternos en ese sitio de mierda, ¿no?

—Lo hago por tu bien, amiguito. Yo siempre me preocupo por ti.

—Sí, claro—el muchacho rodó sus ojos verdes.

Realmente había tratado de quedarse fuera de todo ese asunto, pero mientras más lo pensaba, más aumentaba el malestar que le provocaba saber a Elsa al lado de su hermano mayor. Ni siquiera entendía porque le importaba tanto pero lo único que sabía, era que no podía dejar que aquello fuera más lejos. Estaba visto que no tenía otra opción.

Sin más, saco su móvil y marcó un número. Una vocecita gruñona no tardó demasiado en contestar.

Más te vale que sea importante principito, acabas de interrumpir una práctica muy importante de tiro con arco—masculló Mérida del otro lado de la línea.

—Ya veo que hablabas en serio cuando me dijiste que no pensabas ir a ese baile de tu escuela. Imagino que no habrás cambiado de opinión.

¿Cambiar de opinión? ¿Acerca de esa tontería? Preferiría dejarme arrollar por un tanque antes que ir a hacer el ridículo a ese lugar.

—Ya. ¿Qué dice tu madre al respecto?

¿Bromeas? Toda la semana la tuve que aguantar insistiendo para que fuera, hasta me compró un vestido, es tan patético… incluso hace un rato estaba fastidiándome con lo mismo.

—¿Segura que no quieres ir? Al menos eso la haría calmarse un poco… ya sabes, no tengo nada que hacer, puedo llevarte si quieres.

¿Qué es lo que estás tramando, principillo? ¿Ahora resulta que te quieres aparecer en esa ridícula fiesta? ¿Por qué?

—Solo quiero hacerte un favor, sé lo mucho que tu madre puede llegar a estresarte con estas cosas.

Sí claro, como no.

Hubo una pausa que al pelirrojo le pareció eterna.

Ven a recogerme a mi casa en veinte minutos. Y ponte decente, que no quiero llegar a hacer el ridículo a ese baile de mierda.

La chica colgó antes de que pudiera replicar y entonces supo que no había vuelta atrás.

—Bueno—dijo Eugene animadamente—, ¡parece que estamos dentro!

Era hora de comenzar a arreglarse si querían llegar a tiempo.


—Las cosas que me haces hacer por ti, principito. Comprenderás que me debes un favor muy grande por esto.

—¿Yo? Eres tú la que no tenía con quien ir a este ridículo baile, si no fuera por mí, a estas horas tu madre seguiría fastidiándote con lo mismo.

—No trates de zafarte, tú y yo sabemos que me debes una.

—Y vaya que sí, chica. Te ves muy bien en ese vestido. Deberías enseñar las piernas más a menudo.

—Cállate si no quieres que te arranque la barba con mis propias manos, idiota fumador de hierba.

—Woah Hans, dile a tu amiguita que se calme. Tú sí que tienes problemas, mujer.

Mérida formó un puño con su mano y le dio un fuerte golpe a Eugene en el hombro, haciéndolo soltar un alarido y frotarse la zona golpeada con vehemencia. La pelirroja estaba muy distinta esa noche, con el vestido strappless de color verde esmeralda y falda ligeramente abombada que dejaba gran parte de sus piernas al descubierto. Su cabello lucía tan solo una cinta del mismo color y en el rostro llevaba un poco de máscara de pestañas y labial, que seguramente su madre le habría puesto a la fuerza.

Ya desde que había salido de casa la chica lucía sumamente malhumorada, pues se veía que apenas y podía caminar. Hans no podía culparla; esos tacones altísimos tenían que ser un infierno, sobretodo para alguien que solamente acostumbraba llevar Converse desgastados. La colorada refunfuñaba y trataba de andar tomada de su brazo.

—Oh mierda, odio esa canción—masculló la muchacha, mientras entraban al amplio gimnasio después de que ella hubo enseñado su credencial de estudiante—, y vaya que se esforzaron por decorar este lugar. Me siento como si estuviera en medio de un puñetero jardín repleto de florecitas, ¿es que no pudieron encontrar un tema más cursi y ridículo?

—Joder chica, tú sí que eres buena para quejarte de todo—Eugene rodó los ojos y se acomodó mejor las solapas de su esmoquin azul marino—, ¿por qué no te sientas un rato? Se nota que tus zapatos están matándote.

—¿Por qué no mejor te tiras a un pozo, hippie?

El anuncio de uno de los estudiantes en la tarima dispuesta al frente del gimnasio los distrajo y entonces, la música bajó de volumen en tanto los estudiantes dejaban de bailar y miraban hacia ese punto. Había llegado el tan esperado momento de la coronación.

Del otro lado del gimnasio, Elsa se sobresaltó abruptamente al escuchar su nombre. Podría jurar que el corazón se le había parado un instante.

—¡Ganaste! ¡Elsa, ganaste!—los chillidos de Anna y su brazo zarandeándola la sacaron de su lapsus de pánico—¡Vamos, ¿qué esperas?! ¡Ve a recoger tu corona!

No, aquello no estaba bien.

La muchacha se sintió empujada por sus amigos hasta el escenario, a donde prácticamente un par de estudiantes la obligaron a subir. Elsa avanzó hasta el centro del mismo sintiendo que le temblaban las piernas. Solo esperaba que nadie estuviera sosteniendo un cubo con sangre por encima de su cabeza* o algo por el estilo.

La pequeña corona dorada fue colocada entre sus cabellos rubios y ella sonrió nerviosamente cuando todos aplaudieron.

Odiaba ser el centro de atención.

—Bueno vaya, parece que Barbie por fin ha ganado su patética corona—dijo Mérida desde su sitio, cruzándose de brazos y alzando unas cejas—. Clásico, todo el mundo ama a una oxigenada esquelética en este tipo de eventos. Esta noche se está volviendo cada vez más cliché.

Hans fijo sus ojos en la figura de la jovencita, quien lucía sumamente incómoda con aquella corona barata en su cabeza, de seguro se estaba muriendo por bajar para que todos dejaran de mirarla. Aun así estaba preciosa.

La voz del estudiante que hablaba por el micrófono volvió a escucharse anunciando al rey y casi de inmediato, vio al amigote blondo de Elsa subiendo a la tarima con cara de pocos amigos. Aquella sí que estaba resultando ser una noche de sorpresas.

Bajo los reflectores, Kristoff se aproximó al lado de Elsa y esbozo una sonrisa perturbadora.

—Voy a golpear a mucha gente después de este ridículo baile—lo escuchó decir la chica por lo bajo.

Ella se limitó a posar sus ojos azules en la puerta del gimnasio, para no tener que ver a nadie a la cara. Aquello era tan vergonzoso. Desde el público, Anna soltaba escandalosos vítores y daba de brincos, llamando la atención. La platinada se palmeó la frente.

—¡Démosle un aplauso a nuestros nuevos rey y reina!

El sonido de palmas chocando inundo el sitio entero.

—¿Qué les parece? Un rubio y una rubia como reyes del baile, justo cuando una cree que esto no puede ser más estereotípico—soltó Mérida ácidamente—, era tan obvio. Esta es la prueba que necesitaba de que todos los eventos de este condenado colegio son una estupidez.

—¡Flynn! ¿Qué hacen ustedes aquí?—una sonriente castaña llamó la atención de los recién llegados. Rapunzel los observaba sosteniendo un vaso de ponche entre sus delgadas manos—¡Creí que no vendrían!

—Ya ves preciosa, nos arreglamos un poco y convencimos a esta pequeña bola de pelos para que nos ayudara a entrar.

—¡¿Cómo me llamaste, pedazo de bestia?!—rugió Mérida mirándolo con enojo.

—¡Excelente! Mientras más seamos mucho mejor—dijo Rapunzel con entusiasmo—, los chicos están del otro lado del gimnasio, ahora sí la noche va a estar completa, je je je je.

Una música lenta comenzó a sonar al tiempo que las luces bajaban.

—¡Oh, qué bien! Es hora del baile del rey y la reina—dijo Rapunzel volviéndose hacia la pista—, ¡es tan lindo! Kristoff se ve guapísimo con su esmoquin y su corona, ¿no les parece? Yo ya sabía que iba a ganar, jo jo jo.

Eugene soltó un resoplido.

En el escenario, el mencionado muchacho se llevó una mano hasta la nuca, azorado. La corona le incomodaba en su cabeza. Elsa cruzó las manos frente a ella, igualmente abochornada.

—En serio voy a golpear a alguien por esto—murmuró Kristoff antes de volverse hacia ella—, bueno, hay que terminar con este asunto de una buena vez… ¿vamos?

Elsa le sonrió suavemente.

—La verdad es que no soy muy buena bailando.

—Yo tampoco—admitió él—. Vamos a darles lo que quieren.

La recién coronada jovencita posó delicadamente su palma sobre la manaza de Kristoff y ambos bajaron para adentrarse en la pista. Él colocó la otra mano en su cintura casi como pidiéndole permiso y ella puso la suya en su hombro. Los dos comenzaron a moverse de una manera cuadrada, intentando seguir el ritmo de la canción sin mucha armonía.

—Awww, mírenlos, no tienen idea de lo que hacen—Rapunzel alzó su teléfono y tomó una foto—, son como dos niños tratando de moverse.

Hans observó con gesto serio a la pareja que bailaba incómodamente, sin poder despegar sus ojos de la albina. La corona lanzaba tenues destellos ante las luces de la iluminación artificial y su vestido parecía flotar a su alrededor. Realmente estaba espléndida como reina, aunque del rey no podía decir lo mismo.

Su ceño se frunció ligeramente cuando dieron una vuelta y rieron avergonzados. ¿Era en serio? ¿Cómo hacía Elsa para rodearse de tantos tontos? Primero el nerd, luego su hermano y ahora esto… sacudió la cabeza.

La verdad era que no podía culpar al rubio, él parecía tan desconcertado como ella por la situación.

—Agh, voy a vomitar, en serio—espetó Mérida—, ¿cuánto dura esa maldita canción?

—¡Fierecilla!—la exclamación de una voz conocida hizo que los cuatro reunidos se volvieran para encontrarse con Lars, quien volvía en ese momento del baño—¡Qué sorpresa encontrarte por aquí! Y a ustedes—su mirada recayó en Eugene y luego en Hans, adoptando cierto recelo para con este último—, así que decidiste venir, hermanito.

—¿Hay algún problema con eso?

—No, no, para nada. Vaya, miren a mi chica, parece que después de todo ganó como la reina del baile—los ojos de Lars miraron a Elsa con embeleso—, es algo que no me extraña, ¿saben? Aunque debo decir que su real pareja deja mucho que desear, nuestro rubiecito no se mueve muy bien en la pista que digamos, ¿no?

—Es que a Kristoff no le gusta bailar, ¡pero yo pienso que luce genial como rey!—exclamó Rapunzel, apresurándose a intervenir por su amigo.

—Sí, por supuesto—Lars sonrió conciliadoramente y después se volvió de nuevo hacia Mérida—, y otra que luce genial hoy eres tú, fierita. Mira nada más que piernas de infarto tienes. ¿Tu mamá te ayudo a maquillarte?

—¡Cierra la boca, insecto! ¡Antes de que te cuelgue con esa ridícula corbata de marica que traes puesta!

La risa de Lars se escuchó fuertemente junto con la música y pronto se vio participando en otra pelea verbal con la pelirroja, quien no dudaba en contestar con insultos a sus ingeniosos y burlones comentarios.

La canción cambió y Hans vio como Kristoff soltaba a su hermanastra para acercarse a Anna, que lo esperaba con una enorme sonrisa. Algo de lo que su hermano no parecía haberse dado cuenta, estando tan entretenido. Con discreción, se alejó de Lars y del resto para acercarse hasta la rubia, que al parecer tenía intenciones de sentarse.

Elsa se sobresaltó cuando sintió como la tomaba del brazo y sus ojos celestes se abrieron asombrados al ver que se trataba de él.

—¡Hans! ¿Qué es lo que estás haciendo aquí?

—¿Sorprendida de verme, copo de nieve?

—Sí, yo creí que te quedarías en casa—la muchacha lo miró de arriba a abajo con obvia apreciación, impresionada ante lo apuesto que se veía con ese esmoquin negro y la corbata azul; casi como a juego con su vestido—, ¿qué haces aquí?—repitió.

—Bueno, el vago quería venir a buscar a la hippie y no tenía forma de entrar, así que me compadecí de él—Hans se encogió de hombros de manera casual—y como no tenía nada mejor que hacer, decidí venir a fastidiarte un poco. Vaya ridiculez de baile, ¿eh? ¿Vas a poner esa tonta corona con el resto de tus trofeos?

Para su sorpresa, Elsa esbozó una dulce sonrisa.

—No creo que valga tanto la pena, solo es un pedazo de plástico—respondió sin ofenderse—y para ser sinceros, tú sabes que ni siquiera la deseaba.

—Te queda bien—Hans se metió las manos a los bolsillos—, ya sabes, no hay cosa mejor que una rubiecita ganando este tipo de concurso torpe. Serás la envidia de todos, sabandija.

—Oh, cierra la boca—Elsa frunció el ceño pero mantuvo su sonrisa nerviosa.

Por alguna razón le alegraba ver a su hermanastro. Después de haberse pasado gran parte de la noche tratando de evadir los coqueteos de Lars y pasando la mayor parte del tiempo sentada, aludiendo que no le gustaba bailar; era extrañamente reconfortante ver a su pesadilla pelirroja aparecer.

Ella no hacía otra cosa que discutir con Hans, pero hasta eso era más divertido que tratar de mantener una conversación decente con el otro colorado, sin que este intentara abrazarla o algo por el estilo. Sin mencionar que realmente se veía guapo.

El traje definitivamente le sentaba bien.

La canción volvió a cambiar por una melodía tranquila. Sus oídos reconocieron la famosa balada Linger y entonces, miró como casi todos sus compañeros se acercaban a sus parejas para bailar lentamente.

—¿Bailas, copo de nieve?—la pregunta de Hans la tomó por sorpresa.

—¿No me viste antes? Creo que ya debiste haberte dado cuenta de que no sé bailar—repuso ella, mordiéndose el labio inferior y desviando la mirada.

—Por eso mismo, alguien debe enseñarte a no volver a hacer el ridículo de esa forma—dijo él de manera condescendiente, eliminando la distancia entre ambos y tomando su pequeña cintura entre sus manos—. Tranquila, no te morderé—sonrió petulantemente—, solo deja que yo me encargue.

Elsa lo observó con perplejidad, más confusa aún por el hecho de que no estaba haciendo nada por alejarlo. En lugar de eso, llevo sus pálidas manos detrás del cuello del cobrizo y se dejó mecer al ritmo de la canción.

If you, if you could return, don't let it burn, don't let it fade

I'm sure I'm not being rude, but it's just your attitude

It's tearing me apart, it's ruining everything

Aturdida e incomprensiblemente cómoda al mismo tiempo, Elsa observó el rostro sereno de Hans y sus ojos verdes, que parecían cambiar de tonalidad bajo las luces que los rodeaban. Tenía unas pupilas tan bonitas, tan atrayentes.

Ese joven era todo un acertijo para ella, mostrando una faceta encantadora cuando menos se lo esperaba y a la que no estaba segura de poder resistirse.

But I'm in so deep, you know I'm such a fool for you

You got me wrapped around your finger, ah, ah, ah, ah. Do you have to let it linger?

Do you have to, do you have to, do you have to let it linger?

Dejándose llevar por la sensación de estar protegida entre sus brazos y el calor que le transmitían sus manos en torno a su talle, Elsa recargó la cabeza en el pecho de su acompañante, dejándolo guiarla y meciéndose con la canción. Era como si con él cada movimiento fluyera de su cuerpo como algo natural. Y no quería desprenderse de eso.

Un agradable aroma a colonia con notas amaderadas inundo sus fosas nasales, resultándole irresistible con el olor natural del muchacho.

No sabía lo que le estaba pasando esa noche pero fuera lo que fuera, se dijo que perfectamente podía esperar hasta mañana. Sí, mañana pelearían y harían como que aquello nunca había sucedido. Por ahora, solo quería dejarse llevar.

If you, if you could get by, trying not to lie,

things wouldn't be so confusedand I wouldn't feel so used,

but you always really knew, I just wanna be with you

Hans inclino su rostro hacia la coronilla de la blonda y el suave olor floral de su cabello llegó hasta su nariz, embriagándolo. Había sentido una descarga eléctrica que recorría toda su espina dorsal en cuanto ella había apoyado la cabeza contra él. Se sentía tan bien estar así, los dos juntos.

No tenía idea de lo que le pasaba, de lo que les pasaba esa noche ambos. Sin embargo no quería averiguar. De eso ya podrían preocuparse mañana o tal vez nunca.

Jamás estar con alguien se había sentido tan correcto.

Una de sus manos subió desde la estrecha cintura de Elsa hasta su sien, para acariciar un mechón aperlado que escapaba hacia su frente. Ella reaccionó con ese movimiento y volvió el rostro hacia él, sus preciosos ojos de zafiro mirándolo con una extraña expresión que estaba libre de todo el odio que le mostraba siempre y que antes no le había visto.

You got me wrapped around your finger, ah, ah, ah, ah. Do you have to let it linger?

Do you have to, do you have to, do you have to let it linger?

—Elsa—musitó su nombre, como atrapado en lo bellos que lucían sus orbes azules bajo las luces que titilaban encima de ellos, en lo bella que lucía toda ella—, estás tan bonita esta noche…

La aludida se ruborizo y él la encontró adorable.

—¿En serio lo crees?—murmuró tímidamente.

—Yo… sí—respondió, deslizando la mano desde su pelo hasta su barbilla para sujetarla delicadamente y hacer que lo mirara—. Eres realmente preciosa.

Mientras la canción terminaba, Elsa alzo ligeramente su cabeza hacia él y Hans se inclinó un poco. Podía sentir el aliento cálido de la platinada muy cerca de sus belfos, así como el suyo acariciaba esa boca tentadora que hace tiempo se moría de ganas por probar.

Despacio, se dejaron de mover hasta acariciarse los labios…

—¡Aquí está mi preciosa reina!—la voz de Lars los sobresaltó e hizo que se soltaran inmediatamente, avergonzados y aturdidos—Hermanito, muchas gracias por cuidarla, ya me temía que alguno de estos pubertos la estuviera molestando, je je je. Y tú muñequita, veo que ya estás de ánimo para bailar, ¿qué te parece si me concedes este baile, eh?—inquirió, refiriéndose a la animada tonada electrónica que había comenzado a sonar.

Hans lo miró con odio.

—Yo… creo que necesito tomar un poco de aire—dijo Elsa, llevándose una mano hasta la frente para disimular lo ruborizada que estaba—. Necesito salir un momento, la música está demasiado fuerte.

—Lo que mi lady ordene—Lars la tomó suavemente del brazo y ella no puso objeciones—, discúlpanos, hermanito. Los demás están por allá, si quieres ir con ellos.

Hans apretó los dientes al ver como le dirigía una sonrisa socarrona y se contuvo de ir detrás para partirle el cuello. Ese maldito imbécil.

Frustrado, se dirigió dando zancadas hacia la mesa que le había señalado y en donde Mérida lo aguardaba al lado de Rapunzel y Eugene. Todos tenían unos gestos de desconcierto en sus rostros, que se agravaron al verlo llegar.

—Viejo, ¿qué fue lo que pasó allí? ¿Qué demonios...?

—¡Nada!—espetó él bruscamente—¿Terminaste de hacer el ridículo aquí? Porque quiero irme ya a casa.

—Oh vamos principito, no seas tan aguafiestas. Ya sé que este baile es patético, pero no me hiciste salir vestida así de casa para irte tan temprano, eso sí que no idiota. Mamá me ha dado permiso para estar hasta las doce, así que te jodes—le advirtió Mérida.

Hans la fulminó con los ojos. Kristoff y Anna llegaron hasta la mesa en ese instante, muy tomados del brazo y con la colorada exponiendo una enorme sorpresa.

—¡Buenas noches, pueblo! ¡Saluden a su nuevo rey!—chilló ella de buen humor—¡Sabía que tú y Elsa iban a ganar, Kristoff! ¡Estuve tomándole fotos con su flamante corona!—anunció sonriendo a los demás.

—Era lo único que me faltaba—dijo el rubio con ironía, desprendiéndose por fin de la corona que tanto le molestaba—, oye zanahorio, guarda esto—le espetó a Hans, lanzándosela y haciendo que apenas tuviera tiempo de reaccionar—, a ti te queda mejor—agregó con una sonrisa burlona.

Hans le devolvió una mirada asesina.

—¡Oh, me encanta esta canción! ¡Vamos a bailar!—antes de que pudiera reclamarle nada, Anna arrastró a su compañero hacia la pista en donde Olaf los esperaba.

Ya se las pagaría ese oxigenado de mierda, ¿qué demonios se creía?

Miró la corona de plástico entre sus manos, bastante más grande que la que le habían dado a Elsa. No pretendería que se quedara con esa cosa, ¿o sí?

—Anímate viejo, quita esa cara de cascarrabias—Eugene le dio una palmada en la espalda—, deberías ir a buscar a Elsa. Estaban bailando juntos, ¿no?

El pelirrojo resopló enojado y se quitó de encima la mano que el moreno había puesto en su hombro.

—No pienso ir a buscar a nadie—espetó—, esa sabandija está muy a gusto con el idiota de mi hermano. ¡Que él la aguante toda la noche! Yo no pienso hacerlo en su lugar.

Eugene se tocó la nuca, apenado.

—Estás bromeando, ¿cierto?—inquirió Rapunzel, jugando con el vaso de ponche a medio llenar que descansaba en sus manos—Toda la noche Elsa ha estado tratando de evitar a tu hermano, ni siquiera ha bailado con él—el colorado la miró con una ceja arqueada—, es la verdad, se la ha pasado sentada todo el tiempo pero llegaste tú y bueno, ya vimos que se la estaban pasando a todo dar—agregó pícaramente. Mérida rodó los ojos—. Si me lo preguntas, ella no se ve muy cómoda que digamos con tu hermano. Creo que le molesta un poco que la toque.

—Bueno, eso es verdad, basta con ver como se comportan cuando están en casa—dijo Eugene—, Lars puede ponerse un poco intenso a veces, así ha sido desde niños. Me da pena por él, se nota que Elsa no lo toma mucho en cuenta. Siempre que se lo digo se hace el desentendido.

—Bueno, ¿y quién la culpa? Ese tipo es un nefasto—intervino Mérida con fastidio, tomándose su vaso de ponche de un solo trago.

—Viejo, yo que tú iría a buscar a ese par ahora mismo—prosiguió el castaño—, en serio. Algo me dice que si se los deja solos por mucho tiempo habrá problemas. Esos dos no son compatibles para nada.

—¡Sí, ve a buscar a Elsa!—lo animó Rapunzel con renovado entusiasmo, chocando sus manos con emoción contenida.

Hans frunció el ceño y dudó.

—Realmente yo no debería…

—Viejo, vamos. Todos los vimos—lo interrumpió Eugene—, así que, deja de comportarte como un idiota y ve por ella, ¿sí? Antes de que yo mismo tenga que hacer que te pares y muevas el trasero.

Al otro lado de la mesa, Mérida lo observó seriamente y asintió, casi como si le estuviera ordenando que se levantara. Rapunzel también lo miraba expectante.

Como impulsado por ese silencioso apoyo que le mostraban, Hans finalmente abandonó su asiento y se dirigió a las afueras del gimnasio. El instituto estaba rodeado por unos jardines bastante amplios.

Solo esperaba que no le llevara mucho tiempo dar con ese par.


—¿Te sientes mejor, muñequita?

—Sí, creo que estar escuchando toda esa música me aturdió por un momento. Tal vez me haría bien beber algo—Elsa se cruzó de brazos y miró de reojo hacia el gimnasio—, vamos adentro…

—No tan rápido, pequeña. ¿Por qué tienes tanta prisa en volver? Aquí afuera se está muy bien, ¿no te parece?—Lars sonrió y miró a su alrededor—Ya sabes, así podemos tener un tiempo a solas… con tanta gente allá adentro, casi ni hemos podido hablar como se debe—se acercó a la platinada para acariciarle la mejilla y ella apartó el rostro casi de inmediato.

—Sí, podemos conversar adentro. Será mejor regresar antes de que los demás se pregunten por nosotros.

—Oh vamos muñequita, tus amiguitos van a estar muy bien. Bueno, quizá no tanto con esa fierecilla de rizos pelirrojos acechando en el baile—el cobrizo rió por lo bajo—, pero yo creo que pueden sobrevivir un rato sin ti, ¿no te parece? Su reina no se va a ir a ningún lado.

Elsa se mordió el labio, desviando la mirada.

—Por cierto, no he tenido oportunidad de felicitarte por ganar. Sabía que lo harías, eres la chica más preciosa del baile.

—Gracias—Elsa se ruborizó.

—Ahora que estamos solos, hay algo de lo que me gustaría hablarte—Lars le tomó una mano y una señal de alarma se encendió en la cabeza de Elsa—, todo este tiempo que estuvimos hablando por Internet, me he dado cuenta de que me gustas mucho. Pero eso ya debes haberlo notado, ¿no?

—¿Qué? N-no, yo pensé… pensé que estabas bromeando o algo así…

La risa de Lars cortó sus explicaciones.

—Elsa, ¿cómo se te ocurre? Ya sé que la mayoría del tiempo actúo como si no me tomara muchas cosas en serio, pero créeme, esto lo más serio que me ha sucedido en bastante tiempo—la tomó de la barbilla con su pulgar y su índice—, me gustas mucho. Desde que mi hermano me enseñó una fotografía tuya y antes de que me contactaras en línea, no he dejado de pensar en ti. Eres tan bonita.

—¿Qué? ¿C-cómo dices?—Elsa abrió sus ojos con sorpresa.

—En todos estos meses que he estado hablando contigo, siento que algo especial ha surgido entre nosotros—Lars se inclinó ligeramente hacia ella y sonrió provocativamente—, ¿no te parece?

—¡No!—Elsa se soltó de su agarre con rapidez—Quiero decir, sí, pero no como tú estás pensando… yo no… yo no…

El pelirrojo soltó una risita.

—Eres demasiado tímida, muñequita. Eso es lo que me encanta de ti. Tu inocencia, tu ingenuidad… las chicas de la universidad no son en absoluto como tú. Y ni la mitad de bonitas, ¿sabes?

—O-oye—Elsa tartamudeo colocando sus palmas en alto, como si intentara tranquilizarlo—, creo… creo que te estás confundiendo Lars, yo no… bueno, ¡tú no me gustas de esa forma!

—Oh vamos, muñequita. No seas tan tímida, yo estoy seguro de que no es así. Dime, ¿acaso no la pasamos bien juntos?

—Sí, pero…

—¿Entonces? ¿Por qué no me dejas que te demuestre cuanto te quiero?—Lars dio unos pasos hacia ella, haciendo que retrocediera hasta que su espalda dio contra un árbol—En serio Elsa, no tienes idea de cuanto me gustas.

—¡Pero somos hermanastros!

—¿Y eso qué? Nuestros padres estarán casados, pero nosotros no somos una familia de verdad—dijo el pelirrojo—y eso está muy bien, porque significa que podemos tener algo.

—¡No, no está bien!—negó la chica—¡Lars no me estás escuchando! Yo no te veo de esa forma, además… somos muy distintos. Tú estás en la universidad y yo todavía voy en preparatoria, ¿no te convendría más buscarte a una chica de tu edad?

—Bueno, esa es la cosa—Lars se llevó una mano a la nuca, sonriendo traviesamente—, es que, a mí siempre me han gustado más jovencitas, ¿sabes?

Elsa puso una cara de shock. Lars colocó sorpresivamente las manos en su cintura y la acercó hacia él, tomándola desprevenida.

—Por favor Elsa, yo sé que también te gusto. Si me dejaras demostrártelo…

La blonda coloco las manos en su pecho para mantener algo de distancia.

—¡Oye, no me estás entendiendo!

—Déjame mostrarte, ¿vale?—Lars se inclinó una vez más hacia ella, aproximándose peligrosamente a sus labios—Hace mucho tiempo que quería hacer esto.

—¡No! ¡Por favor, suéltame!

—¡Suéltala, imbécil!—Lars se sobresaltó al escuchar la furiosa exclamación que resonó a sus espaldas y antes de que tuviera tiempo de voltear, se vio apartado de su presa bruscamente y arrojado al suelo.

Desde arriba, los ojos verdes de su hermano le devolvieron una mirada rabiosa.

—¡¿Qué mierda te pasa, estúpido?!—bramó el mayor poniéndose de pie y observando con indignación como Hans se interponía entre él y la platinada, su espalda protectoramente vuelta hacia ella—¡¿Acaso te volviste loco?!

—¡¿Qué que me pasa?! ¡Estoy harto de que estés rondando a Elsa! ¡Déjala en paz!—le gritó él con enojo.

—¡Tú no vas a decirme lo que tengo que hacer, idiota! ¡¿Cuándo aprenderás a dejar de meterte en lo que no te importa?!

—¡¿Y tú cuando vas a entender que no le interesas, maldito inútil?!

Elsa colocó su mano en el brazo del recién llegado para tratar de tranquilizarlo, gesto que captó la atención del mayor y le encendió la sangre.

—Bueno, siempre tratando de acaparar la atención, ¿no, Hans? ¡Eres un experto en tratar de quitarle las cosas a los demás!

—¡Quien llegó para hacer eso fuiste tú idiota! ¡Yo estaba aquí primero! ¡No tenías porque venir y alterarlo todo! ¡Metiéndote con mis cosas! ¡Tratando de hacerte el galante! ¡Me tienes harto, imbécil!

Elsa frunció el ceño al escucharlos y retiró su palma del brazo de su hermanastro. ¿De qué demonios estaban hablando? ¿Y por qué se referían a ella de esa forma tan desagradable? Ella no era un objeto y mucho menos algo por lo que tuvieran que pelear.

—Muy bien, ¡vamos a arreglar esto como se debe!—Lars dio un par de zancadas hasta su hermano; su expresión habitualmente amable se había tornado en una que expresaba el más puro odio—¡Tú también me tienes harto, infeliz! ¡Ni creas que me vas a quitar a Elsa!

—¡Eso ya lo veremos!—Hans le asestó un puñetazo que lo volvió a tirar al suelo, escuchando de inmediato un grito asustado detrás de él.

No le importó. Se abalanzó contra su hermano con saña para descargar toda la frustración que desde hacía días, años incluso, venía sintiendo. Tenía tantas ganas de golpearlo, tantas ganas de apartarlo de Elsa y asegurarse de que no la mirara nunca más.

Lars no se quedó quieto. Sus puños se alzaron dispuestos a defenderse, golpeándolo en la cara y en el pecho, haciendo tanto daño como le fuera posible al igual que él. Los hermanos rodaron por el césped, atacándose con fiereza. Hans sintió como un puñetazo se estrellaba contra su mandíbula y el mismo asestó una patada hacia el costado de su contrincante, haciendo que soltara un horroroso quejido.

Los dos ignoraban por completo los alaridos asustados de su hermanastra, quien trataba de pedirles que pararan, no atreviéndose a intervenir por la tirria con la que se golpeaban.

Hans sintió un dolor lacerante en el pómulo, seguido de un golpe en sus costillas que casi lo dejó sin aliento. Haciendo uso de toda su fuerza, cerró su brazo en torno al cuello de congénere y apretó con vehemencia, dejándose llevar por la rabia que sentía. Sintió a Lars tensarse bajo su violento abrazo.

No le importó. Alguien gritaba a los lejos, escuchó voces. Solo podía pensar en la euforia que le daba someter a ese idiota, quien tosió bruscamente a causa de su agarre. Por fin le daba lo que se merecía…

—¡Bueno, ya basta!—un par de brazos fornidos lo obligaron a soltarle, separándolo violentamente de él—¡Nos van a meter en un problema!

Con la respiración agitada y resistiéndose cuanto podía, el colorado se vio obligado a ponerse de pie. Frente a él, distinguió a Eugene sujetando a su hermano, quien tenía el rostro enrojecido por su abrazo asfixiante y lo miraba con ganas de matarlo, respirando dificultosamente.

—¡¿Qué demonios les pasa?! ¡Parecen unos malditos animales!—a sus espaldas reconoció la voz del rubio grandulón, quien lo mantenía bien sujetado para asegurarse de que no causara más daño.

Recién en ese momento adquirió consciencia de lo magullado que estaba y lo mucho que le dolían varias partes del cuerpo. El labio le sangraba profusamente. Se habían golpeado con bastante fuerza.

De pronto se sentía muy cansado.

Por el rabillo del ojo alcanzó a ver un borrón azul que pasaba a su lado a toda prisa. Cuando volteó, Elsa se marchaba a grandes zancadas del lugar, obviamente enfurecida. Había arrojado su pequeña corona al suelo.

Hans sintió que un nudo se le hacía en el estómago.


La noche del baile había sido un desastre, no solo por el hecho de liarse con su hermano a golpes de tal manera, que después de eso habían tenido que ir a parar hasta el hospital para una revisión en regla. Si bien ninguno de los dos se había roto nada, ambos tenían lesiones considerables que tardarían en desaparecer un largo tiempo.

Lars todavía mostraba un largo cardenal alrededor del cuello, justo en donde lo había tenido agarrado y varios golpes que necesitarían reposo y unos buenos emplastes a diario. Hans por su parte, había recibido un fuerte impacto en la costilla y mostraba un labio partido y un feo moretón en el ojo, que odiaba mirar cada vez que se ponía delante de un espejo. Todavía le dolía el cuerpo cada vez que se levantaba de la cama.

Por supuesto, los hermanos habían recibido una reprimenda terrible por parte de su padre, quien se había puesto furioso con ambos. Bastaba decir que aquello había matado por completo las ganas que tuvieran de terminar con su enfrentamiento.

A pesar de todos estos inconvenientes, dicha situación no era lo peor que había ocurrido. Desde el desastre que habían ocasionado, Elsa se había negado a hablar con ninguno.

Y eso, en contra del orgullo y la arrogancia que habitualmente mostraba Hans, le dolía.

Sí, le dolía y lo indignaba. Apenas podía creer que se estuviera comportando así, ignorándolo por completo, castigándolo con su fría indiferencia. Después de lo que habían compartido en ese baile de mierda y de que también se hubiera manchado las manos por ella; ¿así era como le pagaba por haberla defendido del acoso de Lars?

El pelirrojo estaba más que ofendido con la actitud de la muchacha.

Ya ni siquiera le dirigía la palabra para discutir con él, cuando mucho, solo podía obtener una mirada glacial de esos ojos azules en los que hacía tiempo no paraba de pensar.

Que le dieran.

Al menos Lars estaba recibiendo el mismo trato, de nada le había valido hacerse el chistosito o pedirle una disculpa a la blonda.

El toque en la puerta de su habitación lo sacó de sus cavilaciones.

—Pase—dijo seriamente.

La puerta se abrió y su hermano apareció en el umbral. Hans se enderezó tomando asiento en la orilla de su cama, a la defensiva. El mayor simplemente alzó las manos como en son de paz.

—Tranquilo, hermanito—dijo, anticipándose a cualquier cosa que dijera para echarlo de allí—, ¿podemos hablar?

—¿De qué?—espetó Hans con tosquedad.

—¿Y de qué va a ser? No te hagas el tonto—Lars rodó los ojos y entró, cerrando la puerta tras de sí. Hasta entonces se dio cuenta de que traía colgando del hombro su bolsa de viaje, misma que puso en el suelo antes de acercarse hasta quedar en frente de él, con las manos de los bolsillos.

Hans arqueó una ceja al ver dicho equipaje.

—¿Te vas ya?—inquirió, sin mostrar expresión alguna.

—Dado como están las cosas, no creo que tenga nada más que hacer aquí. Esta vez la cagué en grande—admitió el joven, mostrándose incómodo.

Para sus adentros, Hans no pudo estar más de acuerdo.

—Está mañana hablé con papá y acordamos que era lo mejor—continúo Lars—, también estuve hablando un poco con Elsa…

Esa última oración atrapó por completo la atención del menor, que se quedó observándolo con total aversión en sus ojos verdes.

—Me disculpé por arruinarle el baile, se suponía que debía ser una noche especial para ella y bueno… acepto que me porté como un verdadero idiota. No solo por pelearme contigo—bufó—, debí ver antes que no estaba interesada en mí. Al menos no como más que una amiga. Creo que de nuevo saqué conclusiones…

—Es lo que mejor sabes hacer—Hans se cruzó de brazos—, ¿en serio pensabas que te iba a hacer caso?

—Perdona, pero no es contigo con quien ha estado charlando todos estos meses de otra forma que no sea pelear—replicó Lars arqueando una ceja y adquiriendo la misma expresión arrogante que solía poner él—. Al menos yo me esforcé por darle el trato que se merece. Tú por el contrario, no has hecho más que fastidiarla desde que llegaste a esta casa. Acéptalo Hans, has sido un imbécil con ella.

El aludido resopló y desvío sus pupilas.

—Pero no vine aquí para recordarte lo que es obvio—dijo Lars altivamente—, de todos modos, creo que no cambiaras de actitud tan fácilmente aunque te lo diga, así que, en fin…

Hubo un tenso silencio entre ambos hermanos.

—Creo que también te debo una disculpa o algo así—Hans se mostró sorprendido al escucharlo—. Me salí de control y eso estuvo mal, pero entiéndeme, esto era muy importante para mí. Yo en realidad no hubiera querido lastimarte… eres mi hermanito después de todo…

—Oh, déjate de esa mierda—lo cortó el otro—, ya no somos unos mocosos, Lars. No necesito que me defiendas, ni que seas amable conmigo. Puedo arreglármelas muy bien solo, por si no lo has notado.

—Ese es el problema contigo, Hans. Tratas de hacerte el fuerte pensando que todo el mundo está en tu contra, no todos somos tan malos—Lars lo miró sinceramente—, y tú siempre serás mi hermanito pequeño. Aunque pongas esa cara y quieras molerme a golpes.

—Vete a la mierda.

—El punto es, Hans, que no quiero irme dejando las cosas así. Ya hice las paces con Elsa, ¿sabes? ¿Crees que sea posible que hagamos lo mismo?

Los fanales esmeraldas del muchacho se volvieron a él con recelo.

—¿Hiciste las paces con ella?—repitió severamente—¿Vas a seguir rondándola?

—No, creo que ya ha quedado bastante claro que Elsa no quiere nada conmigo que vaya más allá de una amistad. Ya se encargó de dejármelo muy en claro y no tengo problemas con eso—Lars esbozó una sonrisa pedante—, así que ya no tienes que preocuparte porque te haga la competencia, hermanito. Puedes dejar de actuar como un imbécil.

—¿Qué es lo que estás insinuando, idiota?—Hans lo fulminó con sus ojos.

—No te hagas el tonto, Hans. ¿Crees que no he notado que la única razón de que te pongas así es que obviamente sientes algo por ella? No soy estúpido, ¿eh?

—Pues lo pareces. No sé de donde sacaste que yo…

—Mira, si quieres seguir negándolo es tu problema, sé perfectamente como te pones con estas cosas—Lars cruzó los brazos y adquirió una pose de superioridad—, pero si sabes lo que te conviene, deja que te de un maldito consejo como tu hermano mayor que soy, antes de que empeores todo. Si no dejas de comportarte como un cretino de mierda, ella te va a odiar en serio. Y alguien más llegará. Esta vez no pude ser yo, pero puede que otro lo haga y cuando eso ocurra, te vas a sentir como un perdedor y bien merecido te lo tendrías.

Hans se puso de pie para encararlo, quedando a su misma altura.

—Yo no siento nada por esa maldita sabandija.

—¿Ah no?

—No.

—¿Entonces por qué casi me matas a golpes? ¿Por qué decidiste "defenderla" de mí? ¿Por qué te molestaba tanto que intentara conquistarla antes? Debería haberte dado lo mismo…

—Me molestaba que fueras por ahí aparentando ser el hermano mayor perfecto y haciéndome quedar como el maldito villano del cuento. Tienes esa jodida costumbre de poner las cosas difíciles para mí.

Los hermanos se miraron peligrosamente por lo que pareció una eternidad, hasta que el gesto de Lars se suavizo y entonces rió por lo bajo, negando con la cabeza.

—Tú de verdad no cambias, Hans—le dijo—. Muy bien, tal vez me pasé con ciertos detalles; a veces se me olvida que puedes ser un poco… susceptible. Pero si pusieras las cosas en perspectiva, te darías cuenta de que tengo razón en parte. Dime, ¿por qué tienes que ser tan desagradable? ¿Por qué tienes que meterte con ella? ¿Te ha hecho algo malo que no sea para defenderse? Y por favor, no vayas a mencionarme esa dichosa broma de las patillas; creo que todos tenemos claro que con eso te hizo un enorme favor.

—Joder—masculló Hans con los dientes apretados—, ¿te digo algo? Lo que ocurra entre esa sanguijuela y yo es asunto nuestro, tú no tienes porque opinar ni decir nada, ¿estamos?

—Muy bien, no opinaré ni diré nada—aceptó Lars—, en tanto tu admitas que esto se te ha salido de control y que obviamente, no odias a Elsa tanto como dices.

—¡Oh, por favor, pedazo de animal…!

—Hans, en serio—su hermano le puso una mano en el hombro y él se tensó—, ya basta de jugar. Deja de comportarte como un niño y empieza a ver las cosas como son. Tú quieres a Elsa. Punto. Puedes negarlo todo cuanto quieras, pero eso no cambia que hay algo entre ustedes. ¿Sabes lo que me habría gustado tener una oportunidad así?

—¿De qué estás hablando?

—Parecen dos niños peleando y negando lo que es evidente, en serio. Incluso cuando hablábamos en línea estaba un poco celoso de ti, ¿sabes? Elsa se quejaba de ti todo el tiempo, siempre terminaba metiéndote en cualquier conversación y si de algo me he dado cuenta, es de que esa niña es tanto o más obstinada que tú—dijo Lars—. Sin embargo hermanito y lamento ser yo quien te lo diga, esta situación no es más que responsabilidad tuya. Fuiste el primero en declarar esta absurda guerra y tendrás que ser tú quien la termine. Eres el mayor, maldita sea. Así que compórtate como tal y baja la guardia de una jodida vez, ¿quieres?

Hans no supo que decir. Era la primera vez en mucho tiempo que su congénere le hablaba con tanta franqueza.

—Contéstame una cosa, Hans. ¿Qué es exactamente lo que sientes por Elsa? Contéstame de verdad, no vayas a salir con una de tus mierdas. ¿Por qué actúas como un cretino pero al mismo tiempo, te importa tanto lo que ella haga o deje de hacer? ¿Qué es lo que sientes?

—Yo… yo no lo sé—musitó el mencionado.

—Eso creí—Lars puso los ojos en blanco y sonrió de lado—, ¿sabes, hermanito? Creo que hay un montón de cosas revueltas en esa cabeza tuya pero esta es la más urgente de todas. Y definitivamente no me voy a quedar aquí para confundirte aún más. Nop, es tu problema a partir de ahora. Y más te vale que lo resuelvas antes de que tenga que volver y darte unos cuantos coscorrones, porque si sigues molestando a Elsa a causa de tu estúpida indecisión, me veré obligado a patearte el trasero de nuevo. Y no me importa lo que diga, papá.

Hans se quedó sosteniéndole la mirada con seriedad.

—De verdad crees que entre esa sabandija y yo hay algo, ¿no?

—No lo creo, estoy seguro. Pero en tanto sigan portándose como un par de mocosos que no han más que gritarse o tirarse del pelo cuando no están de acuerdo con algo, no van a llegar a ningún sitio. En fin—Lars se giró y tomó su bolso de viaje del piso. Un objeto arrumbado descuidadamente al lado de la cama llamó su atención—, ¿vas a colocar esa corona al lado de la de Elsa? Deberías ponerla de una buena vez en la repisa de los trofeos; allí no luce muy bien.

Hans frunció el ceño, mirando la estúpida corona a la que el joven se refería. Ni siquiera se había dado cuenta cuando Eugene la había traído de ese torpe baile y puesto en su habitación. Era obvio que el oxigenado no iba a reclamar por ella; aunque tampoco veía porque se la habían dado a él.

Hubiera bastado con tirarla a la basura.

—Creo que me desharé de ella.

—Mala idea, podría servirte para una fiesta de disfraces. Te queda bien de todos modos, con esa actitud de reyecito consentido que tienes—Lars rió por lo bajo—. Una cosa, antes de irme—se dio la vuelta sobre sus talones y lo apuntó con su índice—, no tendrás de casualidad el número de teléfono de tu amiguita la fierecilla pelirroja, ¿no? Creo que necesitaré algo de distracción a larga distancia, ahora que vuelva a casa.

—¿En serio, Lars? ¡¿En serio?!

—¿Qué? ¡No me puedes culpar por querer seguir adelante! ¿O qué? ¿También ella está prohibida? ¿No me dirás que no está disponible? Aunque con ese carácter, no sería tan raro…

Hans rodó los ojos y movió su cabeza de un lado a otro. Al parecer su hermano no tenía remedio, él y su afición por perseguir jovencitas.

Por lo menos las cosas volvían a estar bien entre ellos, o todo lo bien que podían estar.

Una vez que Lars se hubo despedido del resto de la familia y abordado en su auto para emprender el camino de regreso un rato más tarde, Hans tuvo muchas cosas en que pensar. La primera de ellas, era en como iba a lidiar con esa insoportable ley de hielo que le había impuesto su hermanastra y que aunque no lo admitiera, le rompía enormemente las bolas.

No iba a aguantar el no poder discutir por tanto tiempo, el no ver como le hacía pucheros o la manera en que se ruborizaba cada vez que le hacía comentarios. Odiaba sentirse así.

¿Por qué le importaba tanto lo que Elsa hiciera? ¿Por qué no podía ignorarla y ya, como ella hacía? Sin quererlo, las palabras de Lars resonaron en su cabeza como si fueran la maldita voz de su conciencia.

"Tú quieres a Elsa. Punto".

¿La quería? ¿Realmente era así? ¿Cuándo pasado de sentir tanta aversión hacia esa chiquilla de ojos fríos a sentirse… bueno, a sentirse como lo hacía ahora?

Por su mente pasaron todos los instantes que habían tenido juntos, todas las peleas y discusiones, y también esos momentos especiales. Ellos bailando juntos, Elsa sonriéndole, Elsa dándole un regalo de cumpleaños y conversando con él sin que quisieran matarse el uno al otro. Él consolándola mientras su madre estaba en el hospital.

Abrió el cajón de su mesita de noche y extrajo de allí una hoja cuidadosamente doblada, que reveló en su interior un pulcro dibujo hecho con trazos de lápiz azul, que mostraba a una patinadora rubia en medio de un lado congelado.

No había podido desprenderse de ese retrato y a veces, lo miraba a solas por más tiempo del que le gustaría.

"Elsa"…

¿De que servía seguir negándolo que Lars le había dicho? Ahora no estaba seguro de como ni por qué, pero supo que desgraciadamente su hermano tenía razón. Quería a esa endemoniada rubia. Le gustaban sus gestos, los pucheros que hacía cuando discutía con él y la forma en que sus pupilas, frías cual hielo, se transformaban en fuego puro cuando lo enfrentaban. Le gustaban su pelo, su piel y el modo refinado en que se movía; demasiado inconsciente de su propio atractivo. Le gustaban su forma de defenderse y también su sonrisa, que pocas veces mostraba ante los demás y en especial ante él, pero que le iluminaba el rostro por completo de una forma angelical.

"Oh, mierda. No".

Hans se llevó una mano a la frente, maldiciéndose por su propia estupidez. Había cometido el error más grave de todos y recién caía en la cuenta.

Aquello estaba mal.


* Una referencia a Carrie, donde a la protagonista le vuelcan un cubo con sangre cuando es elegida reina del baile. Elsa ha visto demasiadas películas de terror (igual que yo xD).


Nota de autor:

¿Qué es eso? ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! ¡Es Frozen Fan actualizando temprano por una p*ta vez en su vida! xD

Jajajaja, hola criaturos, ¿cómo andan en este domingo del amor? ¿Disfrutando el Helsa? Yo sé que esperaban este capítulo con ansias y que otra vez querrán matarme por interrumpir el mentado beso entre nuestros pajaritos, jejejeje, soy tan troll a veces *Frozen esquiva una botella que le lanzan de alguna parte*.

Pero no me odien por eso, ¡les un di baile Helsa y muchas cosas más! D: Hablando de ese momento, quise poner una canción de uno de mis grupos favoritos, la cual espero que hayan escuchado también para ambientarse. n.n Desde que escuché y entendí la letra pensé inmediatamente en esta pareja, ya que si ponen atención (o buscan la traducción por ahí), verán que habla de una persona que está enamorada de alguien pero que al mismo tiempo la aparta por su forma de ser y las cosas que hace. Osea, igual que nuestros queridos niños; quieren estar juntos pero solo hacen cosas para lastimarse (como Hans) o están con alguien más para tratar de tapar lo evidente (como Elsa). Realmente tiene mucho significado. n.n

¡Hubo pelea de hermanos! Sí, yo sé que todo el mundo le declaro la guerra a Lars, realmente hice que lo odiaran al pobre pero como ven él también sabe perder (y ya se encontró a una nueva víctima , jajajaja).

Solo espero que no odien a Kristoff por ser el rey del baile, él mismo le cedió su corona a nuestro coloradito. :3 Vamos, que eso fue un enorme guiño por el Hansla, en el fondo, el rubio también es #TeamHelsa (al menos en este fic). LOL

¿Pudieron imaginarse el vestido de Elsa? Les comento que para describirlo me inspiré en una imagen de Tumblr, por si la quieren ver les paso esta dirección: s - media - cache - ak0 . pinimg 564x/ 89/ 06/ c6/ 8906c6e9aaf15ee271a2dea175030e02 . jpg (perdonen lo largo, ya saben, quiten los espacios y hagan de cuenta que así fue el vestido de copo de nieve x3).

¡Es hora de anónimos!

Guest 3: Jajajaja, no odies a Lars, ya se ha ido. ¡Él también tiene honor! xD

Ari: Pues sí, en efecto, los hermanitos casi terminaron matándose y todo por copo de nieve. Cuando se trata de ella, nuestro Hansy se vuelve un animal. 7u7 Es que Lars se pasa, ¡espero que hayas disfrutado de esta actualización, mi pequeña!

Guest 2: ¡Helsa feels al máximo! Este capítulo estuvo lleno de eso. *w*

Ana briefs: Mérida es una caja llena de sorpresas.

Guest 1: Si Elsa también cela mucho al pelirrojo, solo que ella es más discreta. ;D

No se pierdan el emocionante capítulo del próximo domingo, en el que nos aguarda una enorme y espectacular sorpresa. Ahora sí, todo va a cambiar.