Yosh aquí les traigo un tercer fic, la temática es bastante extraña, aún así espero que disfrutéis leyéndolo.

...

Era una buena época, no me quejaba, hacía tiempo que no encontraba un lugar fijo para vivir, así que andaba por el mundo, desiertos, glaciares y gigantescos ríos, creo que lo había visto todo ya.

Agradecía a un dragón como Igneel el haber enseñado a un humano como yo, hacía tiempo que mi padre adoptivo había muerto, no era para menos, la guerra lo dejo muy malherido, y en sus últimos días me adoptó y dio refugio, mientras me enseñaba lo básico sobre el mundo.

Llevaba ya varios días atravesando ese maldito bosque, el número de insectos que me había tragado era incontable, desgraciadamente solo había encontrado un río, así que me moría de sed, nunca reservaba la suficiente agua, al menos las provisiones eran notables, no me quejaba me había hartado a comer jabalís y ciervos.

Al salir del bosque pude vislumbrar la ciudad más cercana, pocas casa significaban pocas personas, así que puede que encontrase algún lugar a bajo precio para dormir.

"Aye Natsu, ¿Crees que tendrán pescado?"

La voz de Happy me sacó de mis pensamientos, este gato azul siempre pensaba en lo mismo, la verdad era que tampoco me disgustaba, agradecía ser la reencarnación de Artorias, ya que el pequeño gato me había aceptado como su maestro, además también había conseguido una espada y una armadura que molaba bastante, aunque cargar con eso todos los días me dejaba hecho polvo.

"Claro que tendrán pescado, ¿Que clase de pueblo sería sino lo tuviese?"-pregunté con una sonrisa siguiendo mi camino.

Como supuse el lugar no estaba muy habitado, compré una bolsa de manzanas, y claro un pescado para Happy, seguí caminando en busca de un lugar donde dormir, y no me sorprendieron las continuas miradas hacia mí, un chico de pelo rosa que cargaba un espadón gigante y un gato azul al lado no era algo que se viese todos los días.

Logré encontrar un buen lugar, el precio no era muy alto, y eso era justo lo que buscaba, casi no me quedaba dinero, si esto seguía así quizás tuviese que vender a Happy.

Entre en la habitación, una simple cama y una ventana, no necesitaba más, dejé mi equipaje, pero conserve la espada, no me gustaba separarme de ella.

Salí de casa, era un día soleado, y la brisa movía mis mechones rosa sobre mis ojos, di una vuelta por el pueblo, esta vez yo solo, Happy dijo que iría a pescar a algún sitio, no me opuse.

Parecía que hoy no pasaría nada, anduve por el lugar y me alegré al encontrar una fuente cercana, me harté a beber, era algo que me hacía falta, llegué a una especie de distrito comercial, parecía que aquí se concentraba la mayor parte de esta pequeña población, compré una bolsita de dulces, la verdad era que estaban bastante deliciosos.

El lugar parecía bastante tranquilo hasta que oí el sonido de golpes.

"Debiste pagar"-exclamó un guardia rompiendo un puesto ambulante.

La pobre chica, trataba de recoger su mercancía, pero recibió un golpe en la barriga que la lanzó contra el suelo.

Me gustaba la era de la humanidad, pero algunos como estos me daban asco.

"!Ey idiotas¡"-exclamé

Esos estúpidos no pudieron reaccionar, rápidamente me escabullí apareciendo entre ellos, solo eran tres, dos de ellos los derroté con mis puños, y el tercero cayó de una patada.

"Vamos, ¿no tienen nada más?"-pregunté con una sonrisa arrogante.

Gracias a ser la reencarnación de Artorias mi poder físico estaba más allá de lo humano, aunque Igneel también tenía algo que ver, ya que me enseñó a pelar a mi máximo potencial, supongo que eso no le fue fácil, enseñar a un humano algo que mató a los suyos.

"Arigato"

Incluso estando malherida la chica sacó fuerzas para darme las gracias, puede que la humanidad fuese mejor de lo que algunos pensaban.

La sonrisa que le dediqué a la chica duró poco, en nada estaba rodeado de guardias que me apuntaban con lanzas, otra vez me volvía a pasar lo mismo, no sé para que reservaba en una posada si siempre acababa durmiendo en la cárcel.

Solté un suspiro y levanté las manos, esperando a ser detenido por los guardias.

…...

Vista una vistas todas, las cárceles de los castillos eran demasiado parecidas, barrotes oxidados, goteras, iluminación lúgubre y el típico loco que anunciaba el fin del mundo, lo peor era que siempre que me encerraban cogían mi espadón, eso si que era molesto.

Cerré los ojos tratando de acomodarme todo lo posible en el lugar, antes de poder caer en el mundo de los sueños me sorprendió el sonido de los barrotes.

"El rey quiere verte"-gruñó un guardia que apestaba a alcohol.

Maldita sea, tener que soportar esto para no causar alborotos era demasiado, esperaba que al menos Happy hubiese pescado algo más para mí, aunque lo dudaba, ese maldito gato siempre terminaba por zamparse todo lo que pescaba.

…...

Por suerte otro guardia suplantó al que me acompañaba, estaba harto de ese asqueroso olor, el soldado me hizo arrodillarme ante los sillones en los que se suponía debían estar los reyes, bufé molesto, me estaba empezando a hartar de tanto procedimiento.

Unos cinco minutos después apareció el rey, un hombre robusto con barba y pelo rubio, seguido por una chica bastante hermosa, de cabello rubio y vestida con un vestido rosa que combinaba perfectamente con ella, dando la imagen de que si que era una auténtica princesa.

"¿Así que tu eres el extranjero que ha provocado un altercado"-preguntó.

Su voz era gruesa y ronca, ese sonido me molestaba demasiado al oírlo.

"En realidad yo no he hecho nada, esa gente se ha desmayado, yo solo quería comprar pan"-respondí con una sonrisa.

"Maldito, ¿te atreves a burlarte de un rey?"-preguntó con furia.

"Creo que sí"

No me apetecía hablar con este tipo, a mi parecer no era un verdadero rey.

"En ese caso serás ejecutado mañana cuando salga el sol"-proclamó con un tono serio pero calmado.

"Papa"-exclamó al rubia.

"Silencio"-ordenó el hombre.

"Tranquila, no hay problema"

Le dí una sonrisa a la rubia, tratando de que no se preocupase por mí, además era algo estúpido, si no había muerto todavía algo así no podría hacerlo.

"Llevaos-lo"-ordenó el supuesto rey con voz ronca,

Sentí a un guardia cogerme, no creo que fuese buena idea.

"No quiero molestar, pero yo de vosotros me apartaría"-dije con algo de nerviosismo.

"Silencio"-reprochó el guardia molesto.

Está bien, yo le había avisado, de repente vi la puerta caer al suelo, el guardia fue apartado por mi espadón, por suerte siempre que me quitaban la espada regresaba conmigo, era algo bastante útil.

"!B-Brujo¡"-exclamó el rey aterrado.

No solo era él, los guardias que había en la sala también habían retrocedido, alejándose de mí, la única que no parecía afectada era la rubia que me observaba con una mezcla de sorpresa y admiración.

"Bien, creo que no tenemos que discutir nada más"-dije cargando mi espada.

Extrañamente sentí un escalofrío, olfateé el aire y note su fragancia, ella otra vez no, cuanto tiempo pensaba seguirme, en cada pueblo que visitaba se las ingeniaba para encontrarme, empecé a dar vueltas mientras removía mis cabellos, posiblemente mi imagen ahora era divertida y extraña, pero no me importaba, si ella me encontraba estaba muerto.

Ya era tarde, los gritos de los guardias me alertaron de que había llegado, y así era, rápidamente una figura con armadura y dos dagas, una en cada mano, entró en la sala, esa maldita daga negra ya me había dado problemas en más de una ocasión, la última vez que logró dañarme estuve alucinando durante dos días seguidos, incluso estuve a punto de comerme a Happy.

"Te encontré"-anunció, como ya sabía su voz era contraria a su aspecto, bastante dulce-"ven conmigo"-ordenó.

"¿Porque siempre acabas encontrándome?"-pregunté.

Menudo fastidio, había recorrido la mitad del mundo escapando de mis obligaciones, pero sobretodo de ella que estaba obsesionada con que la acompañase.

"Acompañame"-repitió.

Tras decir eso se quitó su caso, dejando a la vista su hermoso rostro, y su bello pelo escarlata, tenía que admitir que era muy hermosa.

"Déjame en paz, ya te he dicho que no quiero ir a ningún sitio"-reproché molesto.

"No es tu decisión, como reencarnación de los caballeros debemos devolver la edad del fuego"-explicó la pelirroja.

"No me interesa nada de eso, solo quiero viajar por el mundo, nada más"-respondí cansado, esta chica era muy persistente.

La muchacha me observó molesta, probablemente tendría que volver a enfrentarme a ella para escapar, cogí el mango de mi espada, si me veía obligado a pelear lo haría.

"Natsuuuu"

Bien, al menos ahora tendría que preocuparme por algo menos, Happy acababa de llegar volando y terminó por posarse sobre mi cabeza.

"Yo, Happy, tenemos problemas"-dije señalando a la pelirroja.

"E-Erza"-exclamó el gato aterrado.

Entendía que la chica le diese miedo, pero sus reacción siempre era muy exagerada, quizás era porque conoció a Ciaran, que según él se había reencarnado en Erza, alguien que daba incluso más miedo.

Ahora tenía un problema, si decidía pelear aquí me arriesgaba a dañar tanto a Happy como a la rubia que estaba asombrada ante lo ocurrido, no la culpaba, así que ahora mismo solo tenía una opción.

Rompí el suelo de un golpe, y golpeé los fragmentos de roca lanzándose-los a la pelirroja, aprovechando la sorpresa salté por la ventana del castillo, Happy se aterró, olvidándose de que podía volar, así que lo escondí contra mi pecho y aterricé creando un boquete en el suelo, seguro que esto no era bueno para los huesos.

Sonreí estaba a punto de salir de este lugar cuando, oí el grito de una chica, esa estúpida rubia había saltado por la misma ventana que yo, ¿a quién se le ocurre?.

Logré atraparla antes de que tocase el suelo, la observé estaba muy acelerada, no era para menos, podría haber muerto.

"¿Que demonios haces?"-pregunté furioso.

"Por favor llévame"-pidió con una voz dulce

"¿Eh?"

"Quiero ver el mundo, no seré una molestia, lo prometó, pero sácame de este castillo onegai"-pidió la rubia con ojos de cachorro.

"!Natsu¡"-exclamó la pelirroja.

Maldita sea no tenía tiempo para pensar, cargué a Happy en mi hombro, y escapé en el bosque junto con la rubia, y yo que esperaba dormir en una cómoda cama, al parecer tendría que volver a hacerlo sobre una piedra.

…...

La noche había caído, decidí no molestar a la rubia que ya estaba durmiendo, trataría de aclarar las cosas mañana, miré hacia el cielo, esta noche las estrellas brillaban mucho.

Happy apareció a mi lado, mientras dirigía su vista hacia el cielo, imitándome.

No solía pensarlo, pero este gato llevaba muchos años viviendo, había conocido a Artorias, había conocido otra era.

"Yo Happy"-llamé.

"¿Aye?"

"¿Cuantos hay como Erza y yo?"

"Creo que todos los caballeros se han reencarnado, por ahora está tú, la reencarnación de Artorias, y Erza de Ciaran, pero aún quedan Orstein y Gough"

"Ya veo...hablando de eso, aún no me has dicho como murió Artorias"-observé.

Siempre le hacía esta pregunta a Happy, y nunca me respondía, al parecer esta vez no sería la excepción, se apartó de mí cabizbajo, y murmurando algo que no pude oír, no quería presionarlo, así que lo dejé pasar.

Volví a dirigir mi vista al cielo, no entendía porque Erza quería restablecer la edad del fuego, en mi opinión la humanidad lo estaba haciendo bastante bien.

Observé a la rubia dormir tranquilamente acurrucada junto a un árbol, su vestido estaba hecho jirones, y a pesar de que tenía algunos rasguños a causa de la huida parecía más cómoda que nunca.

Con eso en mente me dormí, preguntándome que ocurriría mañana.

...

¿Que os ha parecido?, me ha gustado escribir esta historia, creo que es una idea de la que puedo sacar mucho, así que espero que podais darle apoyo, si teneís alguna opinión no dudeís en ponerla en comentarios.

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