Mención de otros personajes de Disney a lo largo del fic. Modern AU. Helsa.
Disclaimer: Lastimosamente nada de esto es mío, solo mi cada vez más alocada imaginación.
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Barreras insalvables
Trabajar en "La Cabaña de Oaken" estaba resultando ser mejor de lo que había esperado, obviando los estúpidos uniformes de renos. El lugar era bastante tranquilo y fresco, considerando el inmenso calor que caracterizaba la estación en la que se encontraban; de modo que era muy agradable estar detrás de la barra sirviendo helados y disfrutando del aire acondicionado que inundaba el sitio completo. Por no mencionar que le parecía que nunca se iba a cansar de ver la decoración, que le recordaba mucho al invierno que tanto le gustaba.
Oaken también había resultado ser un tipo muy simpático, aunque se tomara en serio su negocio. El primer día, no bien habían comenzado, les había enseñado como usar las máquinas para servir los postres fríos, la caja registradora y demás cosas que necesitarían saber para hacer un buen trabajo.
Anna estaba rebosante de entusiasmo. Debido a su chispeante personalidad, el dueño la había dejado a cargo de atender a los clientes y cobrar (pues casi había averiado una máquina al tratar de usarla), en tanto su rubia amiga se encargaba de preparar las bebidas y helados, algo que a ella le parecía bien. A Elsa nunca se le había dado bien el contacto con los desconocidos.
De modo que podía decirse que todo marchaba sobre ruedas en aquel empleo, al que estaban acudiendo los sábados y cuatro días de la semana más después de la escuela. Tenían bastante suerte de estar allí.
—¡Dios mío, se ven tan adorables con esos uniformes!—chilló una emocionada Rapunzel frente a la barra de la heladería, formando dos puñitos con sus manos y dando saltitos en su lugar—¡Son un par de renos muy bonitos! ¡Quiero apretarles las mejillas y no soltarlas jamás!
La blonda dio un par de pasos atrás al escucharla, alejándose con precaución y dejando a Anna a merced del par de palmas traviesas de la castaña, que fueron hasta su rostro y se frotaron contra sus pómulos, apretándole la cara como si fuera un bebé.
—Hey preciosa, déjala respirar un poco—afirmó Eugene a su lado con diversión, quien como era su costumbre, grababa con su cámara en mano.
¿Es qué nunca se despegaba de esa cosa? A veces tenía que admitir que Hans tenía razón.
—¡Me encanta como se les ven esos cuernitos!—Rapunzel soltó por fin a la pelirroja, quien se veía un poco atontada por sus repentinas muestras de afecto—¡Y que sexys son sus shorts! Chicas, van a tener un montón de clientes pululando por aquí, ya lo creo que sí.
—¡Esa es la idea! Queremos que nos vaya muy bien en nuestro primer empleo, ¿verdad, Elsa?
—¡Estoy orgullosa de ustedes! Traje a Flynn para que documentara su primer empleo aquí, ¡me recuerdan a cuando yo inicié en la tienda de tatuajes! ¡Y miren todos esos ricos helados!—apuntó a los postres que se mostraban en la vitrina bajo la barra—¡Graba eso también! Cuanto nos vamos a divertir viendo estos vídeos después. Mis chicas crecen muy rápido.
Elsa puso sus ojos en blanco mientras fingía limpiar una de las máquinas de helado. Vaya que esa chica era extravagante.
—Pero no tanto como cuando nos ponemos a ver todas las peleas que he grabado de Hans y Elsa, en serio chica, eso sí que es material polémico. No me había inspirado tanto desde que hice aquel corto de terror con toda esa sangre y vísceras falsas.
—¡Cierto! Tus grabaciones de sus peleas son brillantes, Flynn. Muy visionarias.
La platinada hizo una mueca perturbada, ¿cómo era posible que hablaran de eso? ¿Qué se suponía que hacían viendo semejantes cosas? ¡Aquello era una invasión completa a su privacidad!
—¿Recuerdas cuando vimos ese en el que se pusieron a discutir por el último trozo de pizza que quedaba en la nevera? ¡Se veían tan pero tan lindos! Y pelearon tanto que al final la rebanada se cayó al suelo y el gato se la comió, ja ja ja.
—No, el mejor de todos es ese en el que pelean en el jardín y Elsa le dispara con la manguera de agua directo a las pelotas. Eso es oro puro, florcita.
—¡Ay sí, es buenísimo! ¡Quiero verlo de nuevo!
"¡Malditos hippies!", pensó la albina, a quien en ese momento parecía que le iba a dar algo. Esas peleas eran algo entre Hans y ella, no un entretenimiento para los demás. El pelirrojo la había mal influenciado tanto que ya hasta pensaba como él.
No sabía que era más espeluznante, si eso o las risas que la pareja de castaños soltaban al observar algo en la videocámara, de la cual pudo alcanzar a distinguir su propia voz.
—¡Maldición, chicos! Eso sí que es tener material de calidad—intervino Anna con exaltación—, no sabía que hubieras grabado tanto de ellos. ¿Sabes cuánto pueden llegar a valer esos vídeos?
—¿En serio? Porque estaba pensando en si debería abrir otro canal para colgarlos en Youtube y ganar algo con la publicidad.
—¡Sí! ¡Un canal enteramente dedicado a ellos dos!—exclamó Rapunzel mirando a la colorada con complicidad—¡El canal Helsa!
Ambas muchachas soltaron un gritito sobreexcitado, haciendo que el moreno se tapara los oídos. Elsa sintió como un tic nervioso le afloraba en el ojo.
—¿Helsa?
—Ya sabes, por la unión de sus nombres—explicó la trigueña.
—Así es como nos referimos a ellos desde que a Punzie se le ocurrió—dijo Anna.
—¿Si saben que estoy aquí y que puedo escuchar todo lo que dicen, no?—replicó Elsa, volteando a verlos a los tres con una gélida mirada.
—Ay, no me digas que no sería adorable verse a si mismos en Internet, con lo guapos que son—le dijo Rapunzel con una sonrisita.
—¡No! ¡No lo sería! Ni siquiera sé porque graban eso, ¡es estúpido!
—Estúpido mis pelotas, rubia. De hecho, gracias a su interacción tan especial por fin he conseguido inspirarme para empezar a escribir el guion de lo que será mi Opera Prima—anunció Eugene con orgullo—, será una historia que combine thriller y misterio, y tratará sobre la vida de dos hermanastros que se envuelven el uno al otro en una trama llena de engaños, mentiras y poder.
—¿Y luego se enamoran?—inquirió Rapunzel con curiosidad.
—No. El argumento se resuelve en un impactante clímax en el que se decide cual de los dos debe morir a manos del otro, después de varios giros argumentales y violencia gráfica.
—Pff, ¡eso no es para nada interesante, Flynn! ¿De qué sirve una película si no hay romance? Al menos a mí no me llama la atención, ¿o tú irías a verla, Anna?
—¿Para qué? Si ver a Hans y Elsa pelear cada día de la semana ya es todo un espectáculo—respondió la aludida con descaro.
—Ay bueno, en eso sí tienes toda la razón.
—Tú lo has dicho, amiguita.
Elsa apretó los dientes mientras su tic nervioso se incrementaba, aquella era oficialmente la conversación más estúpida que había escuchado en mucho tiempo.
—Déjense de hablar de tonterías—dijo de modo autoritario para luego volverse hacia la pareja de castaños—. Oigan, ¿van a pedir algo o no? Porque solamente nos están distrayendo.
—Hey, cálmate un poco amiga, estás muy alterada el día de hoy, ¿no te parece?—la atajó Eugene—Tienes que bajar esa intensidad.
—Pues no, no voy a calmarme ni voy a bajar mi intensidad—repuso Elsa, imitando su tono de voz y sus gestos sarcásticamente, y haciendo reír a Rapunzel por lo bajo—. Y algo más, que nos grabes en casa es una cosa, pero sí subes algo de eso a Internet, la próxima vez que vaya a regar el jardín serán tus pelotas las que moje con la manguera y no las de Hans.
—Woah, parece que alguien se levantó con el período el día de hoy—el muchacho subió una de sus manos e hizo un gesto como si tratara de tranquilizarla—. Tranquila. Antes eras genial, Elsie. Ahora… ahora pareces una copia en miniatura del principito, toda agresiva y estirada. Eso no me gusta.
Por toda respuesta, Elsa tomó una servilleta cercana, la hizo bolita y se la aventó a la cabeza. Las chicas rieron.
—No te enojes, Elsa. Sabes que solo jugamos—le dijo la morena de manera conciliadora—, dame un helado de vainilla ¿sí? ¡Con muchas pero muchas avellanas!
—Yo quiero un helado de nuez y una mejor actitud de tu parte—dijo Eugene.
Un chico alto y rubio entró en ese momento a la heladería, atrayendo la atención de la pelirroja, quien ya se encontraba tras la caja registradora.
—¡Ricitos! Que sorpresa verte por aquí—Eugene se dirigió a él enfocándolo con su cámara—, ¿qué tal te trata la vida, viejo?
—Ya te dije que mi nombre no es Ricitos—le dijo Kristoff seriamente, antes de saludar a las chicas y enfocar su vista en Anna, quien como siempre se ruborizo al verlo.
—¡Hola!—lo saludó agudamente.
—Te ves linda con ese uniforme—soltó el blondo azorado.
—Je je je je je je je je je je je—Anna jugueteó con sus trenzas nerviosamente.
Rapunzel se les quedó mirando como si de pronto fueran la cosa más fascinante del lugar, a tal extremo que la platinada, al ver lo enajenada que se había quedado, tuvo que tomarle una de sus palmas para colocarle el cono de helado que había pedido en ella.
Kristoff dejó ver una mano que mantenía detrás de su espalda y en la que sujetaba una flor de pétalos amarillos.
—Hoy vi esta margarita afuera de la tienda de mis padres y bueno… quise traértela para desearte suerte porque sé que a ti te gustan las margaritas y me dijiste que ibas a estar aquí… y bueno, aquí está—dijo torpemente, extendiéndole la flor y llevándose la otra mano a la nuca, apenado.
—¡Muchas gracias!—chilló la pecosa con emoción—¡Es muy bonita! La pondré en mi habitación, o no mejor en el balcón para que le dé la luz del sol, aunque la verdad es que no tengo macetas ahora que lo pienso. Elsa, ¿tú tienes una maceta que ya no uses? Mamá no ha vuelto a poner ni una en casa desde que destrocé todas las que tenía en aquella ocasión…
La cobriza se puso a parlotear con los ojos brillantes y las mejillas ruborizadas, sin dejar de observar a Kristoff.
—Yo… yo quería preguntarte algo, no sé si se puede, si puedemos, podemos… bueno—el rubio desvío la mirada incómodo a su derecha para encarar a Eugene, quien filmaba muy entretenido el acercamiento mientras saboreaba su helado de nuez—, oye, ¿quieres dejar de grabar con esa cosa? Trato de decir algo importante—le dijo severamente.
—¿Por qué? Solo quiero inmortalizar el momento—respondió él con descaro.
Elsa tomó uno de los cucharones del helado y le pegó con el utensilio en la cabeza, haciendo que desistiera de grabar.
—Si el fin de semana no tienes nada que hacer, me preguntaba si querrías ir conmigo a dar una vuelta por ahí… ¿sabes? Podemos llevar a mi perro, Sven, nunca te lo he presentado ¿verdad?
—Oh, eso sería adorable—convino Anna con ilusión—, ¡me encantan los perros!
—¿Eso es un sí?
—¡Sí!
—No, no, no, no—interrumpió Rapunzel negando con su dedo índice categóricamente—¿Cómo que a dar una vuelta por ahí? No la puedes llevar simplemente a dar una vuelta por ahí, ¿qué clase de cita es esa?
Tanto el rubio como la pelirroja se pusieron colorados hasta las orejas.
—Punzie, no te metas por favor—le pidió Kristoff con una mueca incómoda.
—¡Tengo que meterme! Esta no es manera de salir con alguien, ¿sabes a donde deberían ir? ¡A ese adorable restaurante de comida italiana que está en el centro! Y después, pueden darse una vueltecita por el callejón que queda cerca para observar las estrellas y el estupendo mural que Flynn y yo pintamos para embellecer el lugar sin que la policía nos viera.
—De donde yo vengo, eso se llama vandalismo, Punz.
—No viejo, es libertad de expresión. Mi florcita merece expresarse tanto como cualquiera en la propiedad pública para dejar su reflexión personal sobre la sociedad en que vivimos.
—¡Dibujé un enorme camaleón rodeado de flores y arcoíris!
—Oigan, ¿por qué no se van a la mesa de allá para comer sus helados?—sugirió Elsa apuntando con su índice la mesa más alejada del local.
—Pero si nos sentamos allá no podremos dar nuestra opinión al respecto de esta cita, ¡duh!
—Estamos bien aquí.
—¿Podemos hablar un minuto en privado?—le pidió Kristoff a la pelirroja, quien asintió con la cabeza.
Ambos salieron unos instantes para hablar afuera del local, siendo vistos por sus amigos a través de los enormes ventanales.
—¿En serio fueron a pintar un mural en la calle?
—¡Sí, amiga! Deberías haber visto el momento de conexión creativa que Flynn y yo compartimos en ese lugar tan gris, solo éramos nosotros y nuestras pinturas en aerosol. El arte callejero es muy liberador.
—Son unos delincuentes. Deberían conseguirse algo que hacer de verdad en vez de vagar por ahí, dañando la propiedad ajena como unos hippies.
—Ahora hablas como Hans, ¿sabes cuán escalofriante es eso? Te estás convirtiendo lentamente en él.
—No es cierto.
—Sí lo es—discutió Eugene—, dentro de poco irás por ahí tratando de sabandija a todo el mundo y usando algún estilo anticuado en tu cabello, como las patillas que él creía que eran geniales, pero solo eran gay.
Elsa frunció la boca sin saber porque de repente le molestaba tanto que se refirieran así a su hermanastro. Vale que antes sus patillas estaban fuera de lugar, pero no eran tan malas y mucho menos lo hacían ver como decía el castaño.
Alguien como Hans jamás podría llegar a verse mal.
Sin darse cuenta, se encontró divagando de nuevo en el par de ojos verdes que últimamente aparecían con mucha más frecuencia en sus pensamientos, algo de lo que por suerte sus acompañantes no parecieron darse cuenta, pues pronto se vieron enfrascados en una conversación acerca de la próxima "obra de arte" con la que obsequiarían al mundo.
Mientras hablaban sobre su vandalismo, ella decidió darse la vuelta de nuevo para acomodar unas cuantas pajillas y servilletas.
Minutos después, Anna volvió a entrar con el rostro encendido y las pupilas brillándole más que nunca. Kristoff ya se había marchado, seguramente para evitar cualquier otro comentario con poco tacto de los castaños.
—¿Y bien?—Elsa la miró curiosamente en tanto entraba tras la barra.
—¡El domingo que viene tendremos una cita! ¡Por fin!
Anna y Rapunzel soltaron un nuevo gritito de emoción que por poco le rompe los tímpanos, al tiempo que saltaban cada una en su lugar, como dos chiquillas.
La rubia suspiró. Un día esas dos la iban a matar de un ataque nervioso.
Cansado, Hans entró en casa con el bolso donde guardaba sus libros colgando de un hombro. Ese nuevo horario de clases estaba resultando ser más extenuante de lo que había pensado. Últimamente no era tan sencillo concentrarse en lo que hablaban los profesores, cuando todo el tiempo solo pensaba sin poder evitarlo en cierta blonda de ojos azules que sabía bien como provocarlo.
Directamente subió las escaleras para dirigirse a su habitación, esperando que hubiera vuelto de su nuevo empleo. Llevaba ya unos días trabajando en la heladería sin contratiempos y lamentaba que fuera justo ahora, cuando se habían tomado más confianza. La extrañaba horrores, sobretodo cuando a veces se encontraba solo en casa.
Claro que eso era algo que ella no tenía porque saber.
Se detuvo frente a su puerta que estaba entreabierta, por lo cual se tomó la libertad de entrar sin tocar.
—Eh copo de nieve, mira lo que… —calló.
Elsa se encontraba tendida en su cama, completamente dormida. Su pecho se movía suavemente, indicando lo profundo de su respiración y sus rosados labios se mantenían entreabiertos. Se veía tan pacífica. Después de haberse habituado a la rutina de trabajar después de clases debía estar agotada.
¿Cómo iba a despertarla en ese instante?
Con cautela, cerró la puerta tras de él y se acercó en silencio hasta la cama de la muchacha, peinando con sus dedos un par de mechones rubios que obstruían el níveo rostro. Hacía tiempo ya que había descubierto cuando le gustaba mirarla dormir, y no precisamente por ese retorcido gusto que la chica despertaba en su lado más primitivo de hombre.
Elsa lucía tan inocente y pequeña. Viéndola así, le daban más ganas de protegerla que nunca.
Además se notaba que le hacía falta una buena siesta. Ni siquiera se movió cuando le rozó la frente. Su piel era tan suave. ¿Estaría de ánimo para unos arrumacos en cuanto despertara? Se había pasado todo el día esperando a verla como un ansioso.
Cuidadosamente, se tendió a su lado en la cama y la rodeo con sus brazos, sin que diera señales de despertar. También estaba fatigado, por lo que bien podía tomar un descanso.
Y que mejor manera de hacerlo que esa. Al fin y al cabo tenían la casa para ellos solos.
Con esto en mente, Hans apretó a la muchacha contra su pecho y apoyo la barbilla encima de su melena antes de entregarse lentamente a los brazos de Morfeo, sintiendo el delicioso perfume a vainilla que emanaba de ella en sueños.
Un par de horas después, Elsa se despertó amodorrada y sintiéndose confortablemente aferrada por unos brazos fornidos. Confundida, abrió sus ojos azules y levantó la cabeza para encontrarse de frente al rostro apuesto de su hermanastro, quien dormía plácidamente.
El corazón se le aceleró.
No quiso prestar mucha atención a la maravillosa sensación que la había invadido al despertarse de esa forma. Recordaba haber llegado cansada de la heladería y haberse tumbado para dormir por un largo rato, sin percatarse de que alguien entraba a su habitación. Aunque no podía decir que eso le molestara.
Hans se veía muy curioso cuando dormía, casi como un niño. Concentrada en sus rasgos, poso un dedo en su rostro para puntear sus pecas. Ahora que las veía de cerca, se daba cuenta que eran muchas más de las que podría notar a simple vista y todas conformaban un patrón fascinante en torno a la nariz y los pómulos bien delineados del pelirrojo, dándole un aspecto pueril.
El movimiento de su mano hizo que él arrugara la nariz, haciéndola reír por lo bajo. Hans abrió sus párpados lentamente.
—Hey, buenas noches—lo saludó ella en voz baja—, ¿qué se supone que estás haciendo aquí?
Lo vio bostezar.
—¿No puedo dormir una siesta contigo?
—Parece que sí—Elsa movió un mechón de cabello rojo de su frente.
Inmediatamente, el joven se inclinó hacia adelante para acortar la distancia y besarla, primero de modo dulce y luego transformando el contacto en algo hambriento. Llevaba todo el día esperando por eso.
Elsa abrió sus labios y los movió al ritmo de los belfos masculinos, permitiéndole meter su lengua para rozarla con la suya. ¿Cómo algo así podía sentirse tan bien?
Los dos separaron sus bocas luego de algunos minutos para recuperar la respiración, dando tiempo a la muchacha de morder ligeramente el labio inferior del colorado y halarlo hacia ella, provocándole con eso un sonido gutural.
—Dios, ¿cuándo aprendiste tanto?—el murmullo de Hans sobre su boca la hizo estremecer.
—Eres mucho mejor maestro de lo que crees.
—Eso parece—Hans se posicionó encima de ella para atacar con más fiereza sus labios, haciendo que su hermanastra le rodeara el cuello con sus brazos.
Elsa era tan deliciosa, tan suave. Nunca se iba a cansar de aquello. Una de sus manos se deslizó por el costado de la jovencita, en tanto su lengua volvía a acariciarle el paladar haciéndola suspirar.
Cuando se movió hacia abajo para repartir una serie de besos sobre su mandíbula, la vio echar la cabeza hacia atrás exponiéndole su blanco cuello de cisne, el cual no tardo en mordisquear. Atrapó una pequeña parte de la piel delicada entre sus dientes y succionó con gusto. Toda ella sabía tan bien.
—Demonios, necesitaba tanto esto—musitó Hans.
Después de unos cuantos besos más, la platinada repentinamente se incorporó en la cama, sentándose en la orilla del colchón y arreglando su trenza con las mejillas coloradas. Cada vez esos encuentros que tenían subían más de tono y no sabía si podrían seguir conteniéndose.
A veces el pelirrojo la hacía olvidarse hasta de quien era.
—Nuestros padres no tardan en llegar—dijo ante la mirada interrogante que él le lanzó—, ¿había que hacer la cena hoy?
—Esta noche le toca al hippie—respondió Hans con desinterés.
La rubia frunció su boca levemente, preguntándose si llegaría a tiempo. Probablemente se encontraba vandalizando algún otro muro inocente junto a Rapunzel. Tampoco era como que le entrara demasiado el apetito con lo que él cocinaba.
Debía admitir que prefería por mucho todo lo que preparaba su hermanastro, que tenía manos mágicas para la cocina. Y también para otras cosas.
—Toma. Te traje esto—Hans se metió una mano al bolsillo del pantalón para extraer una pequeña tableta de chocolate.
Cuando los ojos azules de la chica se iluminaron con ese simple detalle, sintió como si un puñado de mariposas le revoloteara en el estómago. Era tan increíble provocar esa reacción en ella.
—Así que recuerdas que me gusta el chocolate—Elsa comenzó a desenvolver la golosina con gusto.
—Después de ver como lo comías compulsivamente la otra noche y de todas las tazas que tomabas en invierno, es como para no olvidarse, ¿no crees?
La muchacha le asestó un codazo.
—¡Tenía un examen! ¡Así que lo necesitaba!
—Bueno, trata de no atragantarte con este, copo de nieve.
—Eres un tonto—Elsa lo miró con el ceño fruncido y se metió un pedazo de chocolate a la boca, haciéndolo reír.
Transcurrieron unos cuantos segundos en silencio, en tanto el colorado observaba su delicado perfil y la manera en que su rostro mostraba un semblante placentero cada vez que saboreaba el dulce. Aún no podía explicarse exactamente que era lo que tenía Elsa que le encantaba tanto, pero por Dios que lo hacía.
No podía dejar de mirarla.
—Estaba pensando—ella lo volteó a ver cuando hablo—, deberíamos salir a hacer algo este fin de semana. No sé… ir al cine tal vez. Hay una película de esas que te gustan, matan gente y todo eso.
—¿Cómo en una cita?
—No, no como en una cita. Solo como dos personas que salen a hacer algo. Nada importante.
Elsa pareció pensarlo un instante, al tiempo que cortaba otro pedazo de chocolate y lo metía entre los labios del cobrizo. Este aceptó sosteniendo el bocadillo entre sus dientes, sin dejar de observarla.
—Bueno, ¿por qué no?—la blonda se acercó a él y mordió el otro extremo del chocolate, rozando sus labios.
¡Como lo volvía loco esa chiquilla!
—Pero no creo que pueda ser el sábado. Estoy en la heladería y luego con tu padre.
—¿Sigues con las clases de manejo?—inquirió el muchacho, masticando su propia porción de chocolate.
—Sí—contestó. Hacía días que había decidido a como de lugar que aprendería a conducir un auto—. Y tendremos que ir a un lugar discreto si no queremos que todos nos vean.
—Ya—concordó Hans.
Lo último que necesitaban era el escándalo de sus amigos si querían continuar con aquello, lo cual también se suponía que ni siquiera iba en serio.
Sin embargo, de inmediato se encontró pensando que haría lo que sea por unos instantes a solas con su pequeño copo de nieve, lejos de las cuatro paredes de casa y de miradas indiscretas.
Su mano se posó sobre el delgado muslo de la muchacha y le dio un apretoncito.
—Pues parece que este fin de semana vamos a tener un poco de tiempo de calidad de hermanos, sabandija.
Elsa le sonrió de manera dulce y una vez más, sintió como los latidos de su corazón se aceleraban por completo.
Mordiéndose el labio inferior con concentración, Elsa viró el volante para doblar por la esquina de la cuadra. Conducir por las calles aledañas a su vecindario era algo emocionante, que la hacía sentirse poderosa. Podía sonar como algo estúpido, pero ciertamente así era como se sentía y le gustaba. Cada vez manejaba un poco mejor.
—A este paso, tendremos que dejarte el auto a ti y no a tu madre—comentó Adgar de buen humor, sentado a su lado—. Creo que pasará un buen tiempo antes de que la pobre quiera conducir de nuevo.
Y como tenía razón. Aunque su esposa se había mostrado enternecida con el vehículo que le había obsequiado, continuaba recelosa de ponerse al volante. No era como si pudieran culparla.
—Eso no me molestaría mucho.
—Por supuesto que no, eres muy buena manejando. Mira todo lo que has aprendido en pocos días.
La adolescente sonrió cálidamente. Pasar un poco de tiempo con su padrastro estaba resultando no ser tan malo. Además de enseñarle a conducir, le contaba anécdotas sobre él e Idun, o de las cosas que hacía cuando era joven. Y sorprendentemente no se aburría de escucharlo.
Elsa nunca había tenido una figura paterna en su vida y era por eso que en un principio se había resistido tanto a aceptarlo. Pero justo ahora se encontraba pensando que tal vez, podría llegar a ver al esposo de su padre como esa presencia paternal que le había hecho falta.
Quizá, con el tiempo.
—Recuerdo cuando le enseñé a manejar a Hans—lo escuchó comentar, haciendo que volteara a verlo por un segundo—, estaba tan nervioso que terminó estrellándose contra un poste el primer día.
—¿En serio?—los ojos de la rubia se abrieron de sorpresa.
No se imaginaba tal escena, con un conductor tan experto como lo parecía ser él, que iba y venía a todos lados.
—Debajo de esa apariencia tranquila, mi hijo puede ser un poco neurasténico. Creo que de eso ya podrás haberte dado cuenta.
—Sí—a la platinada no le extrañó demasiado el hecho de que lo comentara.
Siempre había tenido la impresión de que Adgar sospechaba sobre todas sus peleas con él.
—Aun así es difícil de creer, él siempre conduce con tanta seguridad. Nunca ha tenido ningún accidente.
—Los accidentes pasan cuando menos lo esperas, incluso a la gente cuidadosa—el tono de voz del hombre había adquirido cierta seriedad que por un momento la descolocó—. Me parece que ahora ustedes dos se llevan mejor—volvió a hablar, retomando su habitual humor sosegado como si nada.
—Pues… sí—afirmó Elsa, tratando de no pensar en el modo en que se besaban por los rincones cuando estaban solos y que el rubor que se formaba en sus mejillas cada vez que lo recordaba, no la delatara—. Él no es tan malo cuando lo conoces mejor.
Y vaya que lo había estado conociendo mucho mejor.
—Me alegra escuchar eso—Adgar hizo una pausa, antes de seguir hablando—, sé que él no todo el tiempo es una persona con la cual sea sencillo tratar. Pero es un buen muchacho, siempre he estado seguro de eso.
El comentario despertó la curiosidad de la chica, que dudó por un momento de si debía preguntar o no.
—¿Por eso fue que decidiste que se mudara aquí?
Hubo unos cuantos segundos de silencio en el auto.
—A un hijo siempre le hace bien estar cerca de su padre—contestó vagamente—, y Hans no se lleva bien con sus hermanos.
—¿No lo hace? Nunca habla acerca de ellos.
Su padrastro soltó un pesado suspiro.
—Me temo que su relación no ha dado de la mejor manera. Cosas de muchachos. Él es más pequeño.
—¿Hans vino a vivir aquí por qué no se lleva bien con sus hermanos?—preguntó ella.
Aquello no parecía la gran cosa. Vale, era terrible pero tampoco se trataba de nada del otro mundo. Y sin embargo, estaba segura de que detrás de esa explicación había algo más. Algo por lo que el pelirrojo se ponía demasiado a la defensiva cuando se sacaba el tema y que no tenía que ver con el simple hecho de que no soportara a sus hermanos mayores.
Eso ya se lo había escuchado decir varias veces sin tapujos.
—Es una razón—dijo Adgar concluyentemente y supo, con algo de decepción, que la conversación sobre el tema había terminado allí. En especial cuando él le sonrió y desvío la plática—. Tu madre se va a sentir muy orgullosa cuando vea que en poco tiempo vas a estar manejando en las calles. Apuesto a que hasta te pedirá que la lleves a algún sitio.
—Es posible, a ella siempre se le están olvidando las cosas.
Elsa entró en su calle y se preparó para estacionar el coche frente al garaje, algo que todavía le costaba un poco y para lo cual se volvió a morder el labio, adquiriendo un semblante de concentración.
—¿Sabes, Elsa? Me da gusto que también nosotros nos llevemos mejor—le confesó el hombre—, siempre me pareciste muy agradable.
—¿Aún después de cómo me he comportado contigo?
Él la miró comprensivamente.
—Te entendía perfectamente. Tu madre te ha criado sola todo este tiempo, era obvio que recelaras de mí al principio. Cuando ella me hablaba de ti, con tanto cariño, me di cuenta de que eras especial incluso antes de conocerte.
La chica levantó una de las comisuras de sus labios.
—A mí también me agradas mucho—dijo.
Y se sorprendió al descubrir que, en efecto, era verdad.
Hans tomó los boletos para la película que el empleado de la taquilla le extendía para salir de la fila, en tanto su hermanastra caminaba junto a él. Habían decidido ir a los cines que se encontraban al otro lado de la ciudad, tras salir de casa con toda la discreción que les había sido posible. Era emocionante tener esas salidas a escondidas y la sonrisita cómplice que Elsa dibujaba en sus labios le decía que ella pensaba lo mismo.
Como le gustaba verla sonreír.
—Espero que esta película no sea un fiasco.
—Tú fuiste él que la escogió.
—Solo porque a ti te gusta ver toda esa mierda llena de sangre y terror. ¿Por qué no puedes ser normal y gustar de esa basura romántica que le agrada a las demás chicas, copo de nieve?
—Oh, pero también me gustan esas películas.
—¿En serio? Jamás lo mencionaste.
—Nunca me lo habías preguntado.
El pelirrojo esbozó una sonrisa arrogante de lado. La verdad era que daba igual la clase de cinta que fuesen a ver. Estarían juntos y a oscuras en una sala no muy concurrida. Se aseguraría de darle a esa chica algo más de que disfrutar, cuando ocuparan sus asientos en la fila más alta.
—¡Elsa, hola!—la voz femenina que resonó a sus espaldas los sobresaltó, haciendo que voltearan al instante.
De pie frente a ambos, se encontraba una chica de ojos azules y cuya larga melena dorada caía en forma de bucles por sus hombros. La platinada se congeló al verla, sonriéndole de manera tierna.
—Que sorpresa encontrarte aquí—le dijo Aurora, quien parecía sinceramente emocionada por verla—¿Cómo estás?
—B-bien… —tartamudeó la aludida, no pudiendo evitar ruborizarse un poco. Aún no se le olvidaba la bochornosa escena de aquella fiesta en la cabaña—, bien, g-gracias… ¿y tú?
—Muy bien también. Vine con unos amigos, pero te vi y quise venir a saludarte—respondió la chica, ensanchando su sonrisa.
Hans le dirigió una mirada hostil.
—Ah… eh, que bueno—musitó la albina con dubitación, sintiendo el ambiente tenso que se había formado en torno a los tres.
—¿Sabes? Quería llamarte el otro día, pero Punz no me supo dar tu número, esa chica es tan despistada. No terminamos de platicar la otra vez y pues, me preguntaba… —el carraspeó del colorado la interrumpió, haciendo que volteara a verlo con algo de sorpresa—, ah, ¿vienes con tu hermano?—preguntó, como si recién acabara de reparar en su presencia.
—Hermanastro—la corrigió Hans de manera poco amigable.
Aurora enarcó una ceja.
—Sí, no… no somos hermanos. Nuestros padres viven juntos, ya sabes—comenzó a explicar Elsa, esperando disminuir la tensión del momento, algo que era difícil con su acompañante echando chispas por los ojos.
—Ah sí, Punzie ya me había comentado algo así pero no le puse mucha atención, como sea—Aurora volvió a clavar su mirada azul en ella, ignorando olímpicamente al muchacho—. Pues te decía que he querido llamarte pero no tenía ni idea de donde encontrarte. Te busqué en Facebook pero al parecer no lo usas mucho, je je—Hans entornó los ojos. Era increíble el descaro y acoso de esa bruja—, la verdad es que me gustaría invitarte a tomar algo un día de estos, si no tienes inconveniente.
Elsa se llevó una mano a la nuca, incómoda. ¿Estaría bien decirle ahí mismo que no estaba interesada? No quería herir sus sentimientos, parecía una chica muy buena después de todo.
—Pues sí hay inconveniente—espetó Hans bruscamente.
—¿Disculpa?—Aurora miró al cobrizo arrugando la frente.
—Eso, que no va a salir a ninguna parte contigo así que esfúmate y déjanos en paz—dijo él glacialmente, cosa que no amedrentó a la joven.
—Elsa, ¿puedes decirle a tu hermanastro que no se meta en esta conversación? Quisiera tener unos minutos a solas.
—¿Eres sorda o qué demonios? ¡Te dije que te largaras!
—Estoy hablando con ella, ¡no es contigo el asunto!
—Pues yo estoy hablando contigo, rubia. Y es mi asunto si vienes a rogarle a mi hermanastra, pero para que te quede claro te lo voy a volver a repetir: ella no va a salir contigo a ninguna parte, ni ahora ni nunca, ¿es eso lo suficientemente fácil de entender? ¿O te lo explico con palitos?
—¿Y quién demonios decide eso? ¿Tú?
—¡Sí! ¡Yo lo decido! Ahora lárgate y no quiero volver a verte rondando a Elsa, ¿entendiste?
—¡Oye inútil, a mi ningún idiota como tú me va a decir lo que tengo que hacer!
La conversación había subido rápidamente de tono y Elsa miró con nerviosismo a su alrededor, donde unas pocas personas ya los miraban de reojo.
—¿Quién mierda te piensas que eres para atacarme? ¡Deja que sea ella la que decida y no te metas en lo que no te importa!
—¡Me meteré todo lo que quiera, bruja! Es de mi hermanastra de quien estás hablando, así que deja de molestarla.
—¡Hans!—la albina lo miró con reproche por su actitud.
—¡Esto es típico de ustedes los hombres! ¡Se creen con derecho sobre todas! Para que lo sepas, no tienes derecho sobre nadie y si quiero voy a invitarla a salir, marica—le replicó Aurora desafiantemente.
—¿Eso es un discurso feminista, acaso? Porque yo solo veo mierda saliendo de tu boca.
—¡Aquí la única mierda eres tú, papanatas! ¡Machista de porquería!
—¿Pueden calmarse, por favor?—atajó Elsa intentando frenarlos.
—Por Dios, te ves tan ridícula—Hans esbozó la sonrisa arrogante que reservaba para ocasiones como esa, en la que hablar con condescendencia a los demás parecía ser su mejor habilidad—, es decir, mírate, le estás rogando a una chica. ¿Se puede ser más patética?
—¿Patética por qué? Bienvenido al siglo XXI, imbécil. Las chicas ya no necesitamos que un hombre nos invite a salir, en especial si es tan retrasado como tú.
—Bueno, ya me está hartando esta conversación—Hans bufó pesadamente, con las mejillas rojas por el enfado—, ¿no tienes una marcha de lesbianas que atender o algo por el estilo? ¡Vete a otra parte, idiota! Elsa no quiere salir contigo, no le interesas. Grábate bien eso en tu oxigenada cabeza y lárg-¡oye, ¿qué carajo?!—bramó cuando la muchacha destapó el vaso de soda que llevaba en una mano y le arrojó la bebida encima.
Ahora sí, muchas personas los estaban mirando. Elsa se llevó una mano a la frente. ¿Por qué siempre tenía que terminar siendo el centro de atención?
—¡Eso es para que aprendas a no meter tu estúpida nariz en donde no te llaman, animal!
—¡Me arruinaste la camisa, zorra!
"¡Tierra, trágame!", pensó Elsa, quien ahora se tapaba el rostro con una mano, colorada por la vergüenza. ¿Por qué siempre le tenían que pasar esas cosas a ella? Echó un vistazo por entre sus dedos, comprobando que en efecto, todos los seguían mirando.
—Elsa, cuando te canses de aguantar a este cerdo machista, búscame. En serio me encantaría invitarte a algún sitio—le dijo la rubia, recuperando su sonrisa dulce y amable—, te aseguro que no te vas a arrepentir—añadió guiñándole un ojo, antes de darse la vuelta y marcharse con un leve contoneo de caderas.
La aludida sintió que el rostro entero le ardía del bochorno y Hans se sintió enfurecer al ver ese gesto.
—¡La próxima vez también puedes bajarte las bragas delante de ella, buscona!
—¡Imbécil!—le gritó Aurora volteando por última vez y mostrándole el dedo medio.
—Perra—masculló el pelirrojo.
Aún tenía la camisa empapada con soda de naranja, así como parte del cuello. Esa mosca muerta sí que lo había jodido bien, pero aquello no se iba a quedar así, no señor.
—¿Y ustedes que miran?—le espetó a unas cuantas personas, que reían por lo bajo u observaban sorprendidas.
—¿Es en serio, Hans?—la platinada se cruzó de brazos y lo miró acusadoramente.
—¡¿Qué?! ¡Tú viste lo que me hizo esa inepta!
—¡No tenías porque tratarla así! Ella no te hizo nada—lo riñó Elsa con un semblante severo.
—¿Estás bromeando? Viene a invitarte a salir en mis narices y encima tiene el descaro de echarme sus discursitos feministas. Una zorra, eso es lo que es.
Elsa suspiró. No tenía caso hacer entrar en razón a ese hombre.
—¿Y eso a ti qué más te da? Nosotros solo estamos pasando el rato, ¿recuerdas? No vienen al caso tus escenas de celos.
—Ah, así que ahora resulta que tú también vas a jugar en el otro equipo. Qué rápido cambian tus preferencias, copo de nieve—dijo Hans sarcásticamente, encubriendo solamente lo furioso que se sentía de considerar tal perspectiva,
Él no quería que Elsa estuviera con nadie más, demonios. Mucho menos con esa suripanta, que no era competencia para él. Era estúpida, simplona y ni siquiera tenía las bolas necesarias para estar con alguien como su hermanastra.
—¡Claro que no!—Elsa se ruborizó escandalizada ante su último comentario—¡Y-yo no le hago a eso! Lo único que dije es que no había necesidad de ser tan grosero.
—Sí, claro. Dentro de poco tú también estarás detestando a todos los hombres y repitiendo los mismos discursos de mierda de esa.
—¡Eso no es cierto!
—Usando overoles y vistiendo con camisas de leñador mientras planeas una protesta como esas feministas radicales.
—¡Eso es un pésimo estereotipo! Agh—Elsa se palmeó la frente. A veces le parecía que su hermanastro nunca iba a madurar—, ¡¿por qué eres tan tonto?! Lo único que quiero que comprendas es que no puedes actuar así cada vez que alguien más se acerca. Estás comportandote como un idiota.
Hans la miró profundamente.
—Bueno, pues lamento actuar como un idiota ¿sí? Pero me enfada que esa rubia se te acerque—se sinceró—. Ya sé que tú y yo no tenemos nada, pero aun así… mereces algo mejor que eso.
La joven se ruborizo.
—¿Algo mejor?—inquirió confundida—¿Alguien como tú, quieres decir?
—Puede ser. Soy perfecto.
—Un narcisista, eso es lo que eres—Elsa le pellizco una mano—. Vamos a secarte, te ves muy torpe con esa enorme mancha en tu camisa.
—Gracias.
La chica negó con la cabeza y lo haló hasta la barra de dulces y palomitas del cine, donde agarró unas cuantas servilletas para empezar a secarlo con cuidado.
No cabía duda de que con Hans las emociones eran cosa de todos los días.
Frente a la inmensa pared de uno de los edificios que flanqueaba aquel callejón, Anna ladeó la cabeza intentando encontrarle sentido al dibujo que se había plasmado en medio de brillantes colores. Aquello, más que parecer un camaleón, se veía como una especie de lagarto distorsionado y rodeado de extrañas y coloridas formas. A su lado, Kristoff contemplaba en silencio aquella obra de arte callejera, seguramente no pensando en la misma, sino en que demonios se habría metido su amiga para pintar algo así.
Ese dibujo parecía la alucinación de un consumidor de LSD o algo por el estilo, aunque de sobra sabía que Rapunzel no andaba en esos pasos. De todos modos ya sabía bien lo mucho que la alteraba ese nuevo novio suyo, (o lo que fuera de ella, porque aunque ambos andaban juntos de un lado para otro, no habían querido detenerse a "etiquetar" su relación, como la chica le había comentado).
—Pues esto no parece exactamente una reflexión personal sobre la sociedad en que vivimos—soltó el rubio con ironía, recordando las palabras de Eugene aquel día en la heladería.
—A mí me gusta—dijo Anna—, es más bonito que aquello—señaló con su índice el dibujo más pequeño que se encontraba junto al del camaleón, y que casi pasaba desapercibido.
Se trataba de dos vulgares monigotes de círculos y palitos, sonrientes y tomados de la mano, uno de ellos con lo que parecía ser una videocámara en la mano y el otro con cabello corto y alborotado en puntas. No cabía duda de que aquel "talentoso retrato" debía ser obra del castaño. Su amiga no dibujaba así ni cuando iba en preescolar.
—La pintura no es precisamente lo de Eugene, ¿eh?—comentó la pelirroja con una sonrisa ladeada.
—Y que lo digas. Un niño de cinco años puede dibujar algo mejor que eso. En cambio esto—Kristoff volvió a observar al camaleón—, bueno, parece que a Punz le dio ahora por pintar abstracto. Pero se ve la diferencia, ¿no?
Ambos se encontraban tomados de la mano y habían permanecido así por un buen rato, desde que entraran a la callejuela. Por dentro, la colorada se sentía extasiada de sentir el cálido agarre de aquello mano masculina sobre la suya.
Al final habían acabado por tomar la sugerencia de la morena y habían tenido una cita en el restaurante de comida italiana que les había mencionado, mismo en el que el blondo había gastado gran parte de sus ahorros para invitar a Anna, pero vaya que había valido la pena.
La pelirroja había pedido una lasaña gigantesca que hasta él mismo se había creído incapaz de comer, la cual se había zampado con singular apetito, pese a su minúsculo cuerpo.
Esa era una de las cosas que le gustaban de ella, además de su chispeante manera de ser.
Cuando sus grandes ojos turquesas se despegaron de la pared para fijarse en él con una enorme sorpresa, el corazón le dio un vuelco.
—¡Me divertí mucho hoy, Kristoff! Muchas gracias por invitarme—le dijo animadamente.
—He estado armándome de valor durante mucho tiempo para hacerlo.
Anna parpadeó con sorpresa.
—Me gustas mucho, ¿sabes? No… yo no me atrevía a decírtelo porque no sabía como lo ibas a tomar. Eres tan linda y extrovertida y yo… pues, no soy mucho de hablar con la gente y eso.
En menos de un segundo, el pecoso rostro de la muchacha se iluminó como si le hubieran hecho la revelación más importante de su vida.
—¡¿Estás bromeando?!—inquirió con una sonrisa de oreja a oreja—¡He esperado un montón de tiempo para oírte decir eso! ¡Tú también me gustas mucho!—exclamó ruborizada, pero más feliz de lo que había estado jamás.
—¿Lo dices en serio?—el rubio la miró entre sorprendido y esperanzado.
Anna rió y le dio un apretón en su gruesa mano.
—Eres muy despistado, ¿lo sabías?—le dijo, colocándose frente a él y poniéndose de puntillas para acercarse a tu rostro—Pero eso es una de las cosas que más me atraen de ti.
Suavemente, sus labios se posicionaron sobre los de Kristoff para depositar un casto beso, que él le devolvió de manera breve antes de que la pelirroja volviera a estar sobre las plantas de sus pies, mirándolo con la cabeza alzada y sin borrar la dulce sonrisa que adornaba sus finas facciones.
—Te ves lindo cuando te sonrojas—dio la chica observando con ternura el tenue rubor que había aparecido en las mejillas del muchacho.
—Eh, yo… ¿q-qué?—Kristoff parecía confundido.
Otra risa volvió a brotar de los labios de la chica, haciéndolo sentir mariposas en el estómago. De pronto se sentía como el hombre más afortunado del mundo.
—¿Significa esto que vamos a empezar a salir?
—¿Y tú que crees?—Anna batió sus pestañas con coquetería, al tiempo que se volvía a parar sobre las puntas de sus pies para depositar un beso en su mejilla, haciéndolo sonrojarse aún más—La he pasado muy bien en esta cita, ¡pero aún quiero conocer a tu perro!
—Creí que lo considerarías aburrido. Ya sabes, por eso te traje aquí.
—¡Los perros nunca son aburridos! ¡Me encantará llevarlo a pasear contigo y todo eso!
—Espero que no te eches atrás, porque voy a tomarte la palabra.
—No lo haría.
Kristoff se agachó para besar su nariz y ella soltó otra risa, esta vez menos nerviosa que las anteriores.
Los dos se miraron a los ojos por un largo tiempo.
—Esa película fue una mierda.
—Al menos hubo un par de escenas que no estuvieron tan mal.
—Lo dicho, una mierda.
—¡Te asustaste un par de veces!
—No es verdad.
—Sí lo es.
—No, no es verdad.
—¡Eres un mentiroso, Hans!
El mencionado le sonrió con arrogancia mientras salían del cine y ella no pudo hacer más que sacarle la lengua de manera infantil, haciéndolo reír un poco. Ahora que lo pensaba, se sentía bien estar a solas sin discutir o tener solamente que besarse el uno al otro. Se sentía genial poder disfrutar algo juntos.
Aunque tampoco era como si no hubieran hecho de las suyas en la sala. Si bien al principio se habían concentrado en mirar la cinta de terror que proyectaban, sin más interacción que la mano del pelirrojo apretando la suya o acariciando de vez en cuando su rodilla, no tardaron en darse cuenta que de hecho, no era muy buena, por lo que rumbo al final se dedicaron a aprovechar su privilegiada posición en los últimos asientos de la sala para juntar sus labios una y otra vez, escuchando tan solo el choque de sus bocas y algún que otro suspiro que era ahogado por los gritos provenientes de la pantalla.
—¿Qué quieres hacer ahora, copito? Aún no tenemos que volver a casa.
Elsa sonrió sin poder evitarlo ante el sobrenombre. La primera vez que lo había escuchado le había parecido estúpido, pero ahora era algo… lindo. No le desagradaba que la llamara así.
—No lo sé.
El cielo comenzaba a teñirse de púrpura, anunciando que estaba pronto a oscurecer.
—Podemos ir a comer algo, hay un lugar cerca de aquí—Hans se inclinó a su lado para rozarle la oreja con sus labios—, o podemos simplemente sentarnos un rato en el auto… solos—besó su lóbulo y luego la comisura de sus labios, pasando por su suave mejilla.
Ese hombre era insaciable.
—¿Me dejarías conducirlo un poco?—preguntó ella con repentino entusiasmo, volteando a verlo con una pequeña sonrisa.
—¿Cómo dices?
—Tu auto, quiero conducirlo. Debe sentirse aún mejor que el de mamá cuando lo llevas por el asfalto.
—Óyete hablar, ahora hablas como en esas películas de carreras—Hans levantó una comisura de su boca, presuntuosamente—, ¿y no lo vas a estrellar, sabandija?
—¡Qué no! Tu papá me ha enseñado muy bien, te sorprenderías de ver cuando he mejorado.
Él arqueó una ceja y pareció pensarlo, en tanto los orbes azules de la muchacha se le clavaban encima expectantes.
—Solo te dejo por esta vez—dijo finalmente, sacándose las llaves del bolsillo—, ya sabes que a nadie le dejo tocar mi coche.
—Eugene lo ha manejado a veces.
—Ese hippie puede chuparme las bolas.
Elsa tomó contenta las llaves que le extendía y echó a andar hacia el convertible rojo que ya vislumbraban en el estacionamiento, con el cobrizo siguiéndole los pasos.
—Te estás tomando bastante en serio las clases de manejo con papá, ¿no?
—Son muy entretenidas, es muy buen maestro.
—¿Hablas en serio? Creí que te aburrirías con él. Ya sabes, ustedes no tienen mucho en común.
—De hecho, eso no es verdad—dijo la rubia jugando con el llavero—. Últimamente hemos hablando y bueno… he de reconocer que tu padre es una muy buena persona. Y es agradable estar con él.
Hans se mordió el interior de la mejilla, receloso. Sabía que era muy estúpido sentirse así por su padre, (que lo hiciera con otras personas era algo distinto), pero una parte suya simplemente no podía evitar querer toda la atención de la blonda para él.
—Con que hablando, ¿eh? ¿Y de qué, si se puede saber?
Elsa oprimió un botón del llavero y el seguro de las puertas saltó.
—Me cuenta cosas de como conoció a mamá y lo que hacía cuando era joven… y también me habla un poco de ti.
—¿De mí?—el pelirrojo la vio con sorpresa.
—Y de tus hermanos. Aunque no suele sacar mucho el tema, creo que le duele que no se lleven bien.
El semblante de Hans se oscureció.
—Bueno ¿y qué se le va a hacer? La familia es así—masculló agriamente.
La chica se mordió el labio un momento, mirándolo de reojo y decidiendo si debía decir lo que estaba pensando o quedarse con sus dudas.
—No me extraña que haya mencionado que había sido por eso por lo que te mudaste—las pupilas de jade del joven se posaron en ella peligrosamente—, bueno, dijo que era una razón.
—Elsa—la voz del colorado se había vuelto muy severa de repente—, ¿qué tanto estuviste hablando con mi padre?
La mencionada se sorprendió. ¿Estaba molesto? Pero si no había hecho nada malo, ¿o sí?
—Solo le pregunté porque habías decidido mudarte, eso es todo—comentó con inocencia—, el tema se dio y no pude evitar sentir curiosidad. Me extraño un poco porq-¡hey!—se sobresaltó cuando su brazo fue tomado con algo de fuerza por la mano de Hans.
Su apuesto rostro se había crispado en una mueca de enojo contenido y sus orbes esmeraldas brillaban más enfadadas que nunca. Un enfado que poco tenía que ver con el que mostraba en cada una de sus inmaduras peleas y que por dentro, la hizo temblar.
—¡Te dije hace tiempo que no quería que te metieras en ese asunto!—la riñó con dureza—¡Nunca más vuelvas a hablar de eso con mi padre! Nunca, ¿entendiste?
—¡Eh, no me hables así!—la platinada se zafó de su agarre bruscamente—¿Y a ti por qué te importa tanto? ¡Solo le hice una estúpida pregunta! Y ni siquiera me respondió.
—¡Porque eso es algo que no te interesa! ¡Creí que habías entendido que eso era algo olvidado!
—¡Pues no parece tan olvidado a juzgar por la manera en que reaccionas!—espetó la chica—¿Qué demonios estás ocultando, Hans?
—¡Nada! ¡Mierda, solo quiero que dejes de hurgar en mis cosas! ¿Es eso mucho pedir, maldita sea?
—Creí que ahora nos tendríamos un poco más de confianza—musitó Elsa y a juzgar por su tono de voz, estaba un poco dolida.
Eso no le daba el derecho de meterse en sus cosas, se dijo él para sus adentros, intentando ignorar la manera en que sus ojos azules lo observaban. Con cierta decepción que no le gustaba.
—Oye, yo puedo ser amable contigo. Puedo tratarte bien, pasear contigo y toda esa mierda. Demonios, ¡haría casi cualquier cosa que me pidieras por qué no sabes cuánto me gustas!—exclamó con furia—Pero que te quede claro que eso no significa que vaya a dejarte entrometerte en mis asuntos, ¡eso no te importa, maldición! ¡Así que quiero que sea la última vez que hablas de ese tema! ¿Te quedó claro?
Elsa no le respondió, sino que se limitó a mirarlo con resentimiento. ¿Quién se creía que era para hablarle de esa manera? ¿Dónde estaba el joven atento al que había visto en los últimos días? El príncipe se había desvanecido para dejar ver de nuevo al arrogante egocéntrico.
Lo odiaba.
—No pensé que te fieras a poner así por una tontería. Me decepcionas mucho.
—¡No, yo estoy decepcionado! ¡Creí que me había librado de esa maldita costumbre que tienes de meter las narices en donde no te llaman!—Hans le arrebató las llaves—¡Súbete! ¡Vamos a casa!
Rodeo el auto para entrar a su respectivo asiento, molesto. Del otro lado, Elsa le lanzó una mirada asesina y comenzó a alejarse.
—¡Eh, ¿adónde crees que vas?!
—¡A buscar un taxi! ¡No quiero estar cerca de ti y después de esto es obvio que tú tampoco!
—¡Maldita sea Elsa, no otra vez! ¡No lo hagas difícil! ¡Elsa! ¡Elsa!—el pelirrojo salió a toda prisa del carro con la intención de ir tras ella, solo para ver como echaba a correr.
Hans le asestó una patada a la llanta del automóvil.
—¡Mierda!
Nota de autor:
¡Buenas noches, panecillos! :D
Esta semana estuve muy ocupada y no tuve tiempo de adelantar el capítulo, como acostumbro hacer en esos días. Así que hoy tuve que ponerme manos a la obra y de ahí la demora, está recién sacadito de Word. :3 Y bueno, tuvimos un poco de todo, desde Helsa hasta Kristanna; que era otra pareja que ya se estaba tardando, pasando por ese dúo dinámico de adorables hippies. Los amo a todos.
Y tal parece que nuestros pajaritos siguen yendo con todo, ¿eh? Con esas sesiones intensas de besos y la necesidad que se tienen, ¿a poco no son bellos? Hansy es muy bello con esos celos que le dan por copo de nieve, aquí ya hasta se peleó con su nueva pretendiente. xD Próximamente más de eso, si creían que Lars y Tadashi eran como una espina en la costilla de Hans, era porque no se había topado con una enemiga tan poderosa como Aurora, ¡poder femenino, bitches! e.e
Yo sé que deben estar consternados por esta última escena también. D: ¿Qué puedo decir? Les dije que las peleas no terminarían, así son las cosas con nuestros pajaritos y hay cosas que aún tienen que resolver (en especial Hans). Pero no se me espanten, prometo que el enojo no les va a durar mucho. ;)
SamanTha: ¡Amor Helsa! Lo sé, de hecho el título del capítulo anterior ha sido uno de los únicos buenos en que he pensado, en serio no se me dan mucho. xD Hansy es un celoso que no quiere compartir con nadie a su copo de nadie, con nadie y lo amamos así. Elsa por otro lado es tan inocente y por fin está aceptando a su padrastro, era cuestión de tiempo. Adoro escribir el comportamiento de Anna, yo también imagino que Hans lo único que quiere es mandarla a volar al espacio exterior con tal de que deje de interrumpir sus instantes con la rubia, (de hecho también me imagino eso cada vez que veo la película, jajaja). Créeme, esos uniformes del empleo de nuestras chicas son un peligro, con tanto buitre rondando por ahí y el pelirrojo celoso por Elsa, OMG. La reacción de sus padres si se llegan a enterar de la relación es algo que tenemos pendiente, aún hay muchas sorpresas bajo la manga. ¡Tu hambre de Helsa será satisfecha! ;) Tu opinión es muy apreciada, yo tampoco creo que Elsa sea gay por el mero hecho de estar soltera, pero bueno, la opinión de cada quien es muy respetable. :3
Davi: ¿Así que me lees en tus guardias? ¡Un gusto alegrar tu trabajo! :D Y como siempre gracias por las palabras de aprecio, me encanta que les guste tanto el fic. Sí, de los dos Hans es quien más demuestra sus sentimientos por así decirlo, es muy pasional el muchacho y nuestra pequeña Elsa no, ella aún se encierra un poco en si misma, pero poco a poco va cayendo. Yo sé que él se merece sufrir de celos después de todo lo que le ha hecho, así que no corto en eso. xD Pensaré en alguna cosa para que ella se exprese un poco más también, ¡gracias por seguir leyendo!
nina: Si pudiera iría hasta los altos mandos de Disney para asegurarme de que incluyan Helsa en la secuela, ¡que daría yo porque lo hicieran! Son tan hermosos. *w*
Ari: Y sí, nuestros tortolitos están muy dispuestos pero tienen su carácter y las peleas no paran del todo, ¿qué se les va a hacer? Espera más sorpresas porque aun hay mucho que contar, chiquilla. ;D
En fin, Fanfiction se ha comportado como una auténtica perra estos días y no deja ver los últimos reviews; no he podido leer los últimos dos que tengo. D: Así que si algún anónimo escribió y no le respondí, una disculpa que ya lo haré en la siguiente actualización y sino, ya saben, por MP. Aunque estoy segura de que uno de ellos es de Belencita, jojojo. ¡Aún así no dejen de escribir su opinión! Saben que es lo que más me motiva. *w*
¡Adivinen quien será el personaje sorpresa del próximo capítulo! :D Quien lo haga se gana un muñeco inflable de Hans tamaño real *saca el muñeco de su caja y comienza a inflarlo*. Venga, que corran las apuestas.
