Mención de otros personajes de Disney a lo largo del fic. Modern AU. Helsa.

Disclaimer: Lastimosamente nada de esto es mío, solo mi cada vez más alocada imaginación.


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23

Intercesión


—¡Gracias por haberme traído este adorable peluche de reno! ¡Me recuerda tanto a ti!

—No es nada. Adoro cuando te sonrojas, todas tus pequitas se notan más.

—¡Aww, me encanta cuando dices eso!

—Y tú me encantas a mí.

—Je je je je je je je je…

Malhumorada, Elsa escuchó como Anna flirteaba con Kristoff y soltaba otra de sus risitas nerviosas, inclinada sobre la barra hacia el rubio. Desde que esos dos habían empezado a salir, era de esa manera todo el tiempo. Ambos se comportaban como un par de estúpidos, diciéndose cosas melosas por los rincones y haciendo que todo fuera como un maldito cuento de hadas. Osea, ¿qué demonios? Si antes ni siquiera podían mirarse a los ojos más de tres segundos sin apartar la mirada y sonrojarse y balbucear, y ahora pasaba todo esto. Era una mierda. Una mierda estúpida.

Recelosa, fingió seguir limpiando la máquina de helado y los miró fríamente por el rabillo del ojo. La colorada sostenía entre sus manos un pequeño muñeco de felpa en forma de reno, y reía tontamente mientras el rubio le susurraba algo al oído.

Suspiró, relajando el ceño. No podía culparlos. Se sentía feliz por su amiga y por él, pero era insoportable verlos de esa manera cuando ella se sentía tan mal por dentro.

Y todo era por culpa de ese idiota de Hans.

Bufó y limpió la superficie de la encimera que tenía delante, a pesar de que la misma ya estaba reluciente. Nunca debía haber dejado que las cosas llegaran tan lejos con el pelirrojo, sabía que había sido un error. Ahora parecían estar peor que antes, ni siquiera se hablaban y lo peor, era sentir que extrañaba todos esos roces apasionados y besos que habían compartido. El muy imbécil había tomado todas sus hormonas y las había alborotado como si fueran pelotitas dentro de una maldita tómbola.

Joder, como extrañaba que la tocara.

Pero de ninguna manera iba a ir a rogarle, eso sí que no. Se había prometido a si misma que resistiría, siempre lo hacía. Y esta no iba a ser le excepción.

A sus espaldas, un sonido parecido al de una ventosa despegándose volvió a llamar la atención y se volteó justo a tiempo para ver como Anna se había pegado a la boca del blondo, como si se tratara de una maldita larva alimentándose de otro animal o algo por el estilo y sin importar que hubiera clientes.

Rodó los ojos.

Todo le había salido mal ese día. Primero, la volvían a golpear en Educación Física y ahora tenía que ver esto, por si no tuviera suficiente ya con el raspón que se había hecho en el brazo al caerse, después de que la golpearan con un balón.

Jodido juego de quemados.

Aquella mañana había comenzado como el augurio de que iba a ser un pésimo día. Lo supo cuando un par de ojos verdes la había mirado con desdén al ir por su desayuno. Hans la había taladrado con sus pupilas no bien hizo aparición, como si deseara hacerla desaparecer. Ella por supuesto lo había ignorado con la nariz en alto, pero no era tan fácil con él insistiendo en incomodarla.

—Buenos días, hija—la había saludado Idun—, ¿dormiste bien? Pareces un poco desmejorada.

—Seguramente está en esos días de la semana, leí que les afecta mucho a las niñitas—dijo Hans venenosamente.

La platinada lo miró de modo glacial.

—Se nota que tengo razón.

Una malvada sonrisa se extendió por la boca perfecta del muchacho. Oh, vaya que lo disfrutaba, el muy desgraciado.

Elsa se colocó a un lado de él y sin decir una palabra, lo aferró de los cabellos y llevó su cabeza hacia adelante, hundiéndola por completo en el plato con cereales y leche que comía. El cobrizo forcejeó y ella lo hundió más sintiendo como se convulsionaba debajo de ella, hasta que dejó de respirar…

—Hija—su madre le llamó la atención, sacándola de su fantasía—, te preguntaba si querías que recogiera a Marshmallow del veterinario. Sé que hoy sales tarde de tu trabajo.

—Oh… ahm, sí mamá, gracias—contestó esbozando una ligera sonrisa.

—¿En dónde tienes la cabeza, cielo? Estás muy distraída—Idun le devolvió el gesto con algo de picardía—, no me digas que estás pensando en alguien.

La albina ensanchó su sonrisa como si quisiera darle la razón. Si tan solo supiera…

Cuando la mujer salió de la cocina, Hans volvió a mirarla de manera hostil y le hizo una seña grosera con la mano. Ella había bufado y salido tras matarlo con los ojos.

Y así, fue como se había dado cuenta de que su día definitivamente no iba a valer la pena.

El nada discreto sonido de la sesión de besos de su amiga con Kristoff volvió a sacarla de sus casillas.

—¡Oigan, basta!—exclamó lanzándoles una expresión exasperada y poniéndose las manos en las caderas, en tanto ellos se despegaban y la miraban con sorpresa—En serio, ¿cuánto más piensan actuar así? Es… raro y desagradable.

—Oh vamos Elsa, no seas amargadita—le dijo Anna.

—Pues sí lo soy, estamos en el maldito trabajo—la riñó ella—, ¿sabes que dirá Oaken si llega y te ve besuqueándote frente a su clientela?

—Ay, él no está aquí, ya relájate. Has estado muy malhumorada desde la mañana, ¿aún te duele tu brazo?

La blonda resopló y se cruzó de brazos, dejando ver la gasa que le habían puesto en la enfermería para cubrir un área cerca del codo.

—Wow Elsa, creo que esta vez si te pegaron fuerte. Deberías ir con un doctor o algo—observó Kristoff.

—Estoy bien, pero tú en serio tienes que irte. Nuestro jefe va a llegar en cualquier momento y estás distrayendo a Anna.

—¡Ay Elsa, eres tan mala!—la pelirroja hizo un puchero.

—Está bien, tengo que llegar a ayudar a papá en la tienda—dijo él dejando de recargarse en la barra—, pero te llamo esta tarde, pequeño monstruo.

—Je je je je je je je…

Elsa rodó los ojos una vez más. Esos dos.

Apenas el joven salió de la tienda, Anna se volvió hacia ella dando vueltas como una enamorada.

—¡Oh, Elsa! ¡Estoy tan feliz! Estar con la persona que quieres es algo maravilloso—la aludida frunció los labios—, desearía que te sintieras igual que yo.

—Si eso implica comportarme de esa manera tan ridícula, yo paso—declaró Elsa de manera altiva.

—Oh, vamos amiga, sé que algún día será así. Algo ha estado molestándote hoy—Anna se sentó en la barra junto a la caja registradora—, ¿por qué no le cuentas a esta chica qué es lo que te pasa?

—Nada—espetó ella.

"Solamente que has estado besuqueándote con tu novio por media hora mientras yo estoy aquí, a punto de perder la paciencia porque mi maldito hermanastro me toque", pensó para sus adentros, frustrada.

Era espeluznante saber que ese condenado pelirrojo tenía tanto control sobre ella.

—¿Segura?

—Sí—repuso bufando—, ese maldito juego de quemados en serio me puso mal.

Era una excusa convincente, pensó. Al menos Anna no parecía cuestionársela mucho.

—Ok—la pecosa se encogió de hombros y se bajó de donde estaba—, te diré algo. La próxima vez me encargaré de cubrirte, ¡incluso golpearé al profesor! Lo haré parecer un accidente, siempre he querido golpear a un maestro…

Elsa se obligó a sonreír mientras escuchaba el parloteo de su amiga. Deseando que eso fuera suficiente para olvidarse un momento de cierto par de ojos verdes que ahora parecían no despegarse nunca de sus pensamientos.


Exhausta, entró en su hogar y dejó perezosamente sus llaves colgadas en la percha. Lo único que quería era comerse una barra entera de chocolate y tumbarse en su cama con la música bien fuerte, para tratar de ahogar sus pensamientos como la patética chica hormonal en la que se había convertido.

Con esto en mente, se dirigió hasta la cocina con la intención de saquear la alacena para obtener su tan ansiada dosis de cacao.

—Bueno, miren quien está aquí—dijo una voz detrás de ella haciéndola respingar—, parece que no tuviste un buen día en ese empleo de mierda, ¿a qué no, sabandija?

Miró por encima del hombro para ver como Hans la observaba arrogantemente. Al parecer alguien había llegado temprano a casa.

—No molestes ahora—le espetó agresivamente—, vengo cansada.

Apenas hizo ademán de alejarse, sintió como una de sus grandes manos la retenía por el brazo para darle la vuelta. Lejos de soltarla, el pelirrojo alzo su codo para examinar la gasa que traía puesta.

—¿Qué te pasó aquí?—preguntó seriamente.

¿Ahora se hacía el preocupado? ¿Era en serio? El simple hecho de pensarlo la indignó.

—Nada que sea de tu incumbencia—Elsa se zafó de su agarre bruscamente—, ¿por qué no te vas, Hans? En serio no estoy de humor para esto.

Las pupilas de jade del mencionado se posaron en ella de manera peligrosa y en segundo, se vio acorralada contra la pared. El corazón le latió fuertemente.

—¿Hasta cuándo, Elsa? ¿Vamos a seguir convirtiendo esto en un maldito juego de ver quien puede más?—se inclinó para hablarle al oído y entonces experimentó un delicioso estremecimiento—Eres la chiquilla más terca y exasperante a la que he conocido…

—Y tú eres un imbécil controlador que pretende que todo el mundo se incline para besarle el culo—siseó Elsa, esforzándose por no suspirar cuando el cobrizo le tomó la barbilla con dos de sus dedos y alzó su rostro hacia él.

—Escúchate hablar copo de nieve, parece que a alguien no le ha sentado bien la abstinencia—Hans sonrió de lado, malvadamente—, dime, ¿tanto he logrado afectarte?

—Tú no me mueves ni un pelo, idiota.

—¿No? Eso no es lo que parece—se acercó más a ella hasta rozar sus labios con los suyos—, eres demasiado orgullosa para tu propio bien, ¿sabes? No creas que no lo he notado. Deja de llevarlo tan lejos, Elsa—dijo—, solo discúlpate conmigo y acabemos con esto.

—¿Disculpa?—la chica le puso la palma encima de su boca para alejarlo, ruborizada—No voy a disculparme contigo, tú eres quien tiene que hacerlo. Lo que sea que estás ocultando te hace comportarte como un psicótico y eso es algo que no voy a permitir.

La mirada verde del muchacho se oscureció.

—Creí que habías aprendido a dejar ese tema en paz.

—¿Sabes qué? Voy a dejarlo en paz—dijo ella fríamente—, me cansé, Hans. Me cansé de ti y de todo este asunto. ¿Quieres que no me meta en tus cosas? Bien, no voy a desperdiciar mi tiempo para ver como te da otro de tus ataques de histeria, ¡neurótico! Pero si quieres una disculpa de mi parte puedes esperar sentado y joderte, porque nunca te la voy a dar.

El colorado apretó los dientes y la afirmó contra la pared, encerrándola con su cuerpo. Por Dios que esa muchachita iba a acabar con su paciencia, con su orgullo y con todo.

No dejaba de pensar en ella y esos últimos días habían sido como un infierno, sin poder tocarla, besarla ni nada. Sin poder sentir su aroma y la deliciosa sensación de su figura bajo la suya, justo como en ese momento.

La necesitaba ya.

—Eres un maldita provocadora—murmuró haciendo su mano a un lado y aproximándose de nuevo—, no sabes cuanto me sacas de quicio.

Y oprimió su boca con la suya. Sus labios se movieron furiosos sobre los de su hermanastra, ávidos y desesperados después de días sin sentir los ajenos, de modo agresivo, casi como si quisiera castigarla.

Elsa se resistió con todas sus fuerzas, tratando de no ceder al impulso de fundirse en el beso como se lo demandaba su cuerpo. No podía ser tan sencillo.

Pero lo fue, porque después de sentir como su adversario le mordía el labio inferior y como sus manos la restringían aún más, apretándola contra sí, supo que quería de aquel contacto tanto como él. Lo necesitaba con la misma violencia y devoción.

Sus palmas, antes apresadas entre su pecho y el de Hans, ascendieron para enredarse en su nuca y sus cabellos, tirando de estos últimos con fuerza y haciéndolo gruñir. Oh sí, le iba a dar una lección. Siempre quería tomar el control de todo, pero ella también podía hacerlo.

Se besaron furiosamente, separándose tan solo cuando sus pulmones les pidieron recuperar el aliento.

—Te odio—le espetó Elsa despidiendo chispas por sus pupilas de zafiro.

—Yo te detesto, pequeña sabandija problemática—le contestó él, asesinándola con sus orbes esmeraldas.

Volvieron a besarse, esta vez sin tardar en usar sus dientes para volver el beso más apasionado. Sus lenguas se encontraron y se enredaron con frenesí, saboreando al otro, disfrutándolo.

Hans sintió otro tirón en su cabello y entonces aferró la cintura de la rubia y haló de ella hacia arriba, obligándola a enredar esas largas piernas que los shorts dejaban al descubierto, en torno a su cintura. Las cosas estaban yendo demasiado rápido de un momento a otro pero eso le importaba un carajo en este momento.

Lo único que sabía era que tenía que saciar esa hambre que tenía de la rubia y que lo estaba volviendo loco. Después de probar sus labios por primera vez, jamás tenía suficiente de ella.

Elsa se asió a él como si de ello dependiera su vida, permitiendo que la cargara hasta la biblioteca en donde finalmente la tumbó sobre el amplio sofá, para trazar un camino de besos desde su boca hasta su mandíbula y luego por su garganta. Inconscientemente echó su cabeza hacia atrás. Se sentía tan bien estar juntos de nuevo.

—Joder, me hacía falta esto—escuchó murmurar al colorado con voz enronquecida—, tú me hacías falta.

La chica dejó escapar un pequeño suspiro al sentir la succión en un punto de su cuello.

—Admítelo Elsa, no podemos estar el uno sin el otro—prosiguió con un tono de presunción—. Me necesitas tanto como yo a ti.

La aludida esbozó una sonrisa maliciosa al escucharlo. Le encantaba saber que ejercía tanto poder sobre él. Casi compensaba la insoportable tensión que había sentido esos días.

—Mmm… no lo sé—habló por lo bajo, al tiempo que Hans volvía a besar la comisura de sus labios, tentándola—, ahora que lo pienso, quizá me convenga probar con alguien más—añadió con toda la intención de molestarlo.

No bien hubo dicho estas palabras, la mano de Hans la tomó por la quijada e hizo que lo mirara, adoptando una expresión decidida y posesa.

—No vas a estar con nadie más—declaró—, nadie más va a acercarse a ti, ¿me oyes?

No lo permitiría. Ella únicamente tenía que estar con él, únicamente debía quererlo a él. Dios, la necesitaba tanto.

—Oh—Elsa ensanchó su sonrisa malintencionada—, ¿y qué vas a hacer tú para impedirlo?

Le encantaba retarlo. Nunca aprendería. Lejos de molestarse por el desafío, el pelirrojo sonrío de esa manera torcida que tanto la exasperaba pero le encantaba al mismo tiempo y se inclinó sobre ella para volver a rozar su boca.

—No dejaré que nadie se te acerque—le dijo con total descaro y arrogancia, como quien está seguro de que el día de mañana va a amanecer—. Tú eres mía solamente.

Y maldita sea, como le gustaba que se comportara de esa manera, como un hombre dispuesto a defender lo que era suyo. Estaba volviéndola tan loca, que en vez de reprocharle como era su costumbre la llenaba de una morbosa satisfacción.

Nunca había pensado que pudiera influir tanto en un joven como él.

Y le gustaba, vaya que sí. De forma provocativa, movió su cabeza hacia arriba para presionar ligeramente sus belfos con los suyos.

—En ese caso—dijo, tratando de grabarse cada detalle del tacto de la boca ajena—, tendrás que cuidarme muy bien. No soy… tan fácil de convencer.

—Eres una pequeña tramposa—murmuró Hans volviéndola a besar profundamente y metiendo la lengua en su boca.

Pronto, las manos femeninas se colaron por debajo de su camiseta, acariciando su espalda y enviando un escalofrío placentero a lo largo de toda su columna vertebral. Elsa no era tan inocente como parecía y el único culpable era él.

Estaba orgulloso de saberlo.

Los besos frenéticos persistieron y las caricias subieron de tono. Hans se atrevió a deslizar una de sus manos por debajo de un muslo de la muchacha, maravillándose de lo increíblemente suave que era su piel y la manera en la que contrastaba con la textura áspera de sus manos.

Todo en Elsa era perfecto, para él, ella era una diosa que tenía la capacidad de tentarlo en los más desesperados momentos. Y la quería más que nunca.

Inmersos como estaban en explorarse, no escucharon el sonido de la puerta principal abriéndose ni los pasos distantes en el recibidor, sino hasta que la voz de la madre de la rubia resonó, sobresaltándolos.

—¡Elsa! ¿Estás en casa, cariño?

Los hermanastros se quedaron paralizados, el colorado aún encima de la mencionada. Por un instante, se miraron a los ojos, con miedo. Hans se retiró de encima de ella, al tiempo que oía a su madrastra caminando por el pasillo.

—¡Ya volví! ¡Traje a tu gato!

Unos segundos después, el susodicho ingresó por la puerta entreabierta con la cola en alto, en tanto la castaña mujer se alejaba al parecer en dirección a la cocina tarareando una canción. Marshmallow clavó sus ojos amarillos en ellos de manera acusatoria, casi como si supiera.

Como si les estuviera reclamando algo. Chicos sucios, les he pillado esta vez; parecía decir.

Elsa carraspeó y se arregló el cabello, que yacía bastante desordenado después de toda esa acción.

—¿Esto quiere decir que todo está bien entre nosotros?—preguntó su hermanastro, en voz baja y ansiosa.

Vio como lo miraba de reojo.

—Supongo que sí… en tanto no vuelvas a hacer una escena como esa vez.

—¿Hacer una escena? ¡Tú hiciste la escena!

—Oh, por favor Hans—puso los ojos en blanco.

Se habían extralimitado demasiado en ese instante. Si no querían que ocurriera algo irremediable, tendrían que ser más cuidadosos de ahí en adelante. Mucho más cuidadosos.

—Hagamos que esto sea más sencillo—propuso él—, nada de discusiones ni de dramas. Y nada de preguntas.

Elsa entrecerró sus ojos y lo observó suspicazmente.

—¿Dejarás de indagar en mis cosas, copito?

—Hans, en serio no sé que es lo que tienes que esconder que te preocupa tanto—él estaba a punto de replicarle cuando continuó hablando—, pero si eso te produce tanto estrés, entonces dejaré de meterme. No quiero tener más problemas contigo… y tampoco quiero terminar con esto—agregó tímidamente—, entonces… ¿qué te parece si me lo cuentas tú? Cuando estés listo.

Hubo un momento silencioso de tensión entre ambos, mientras el cobrizo parecía considerarlo. Finalmente, lo escuchó suspirar pesadamente.

—Si un día tengo que hacerlo, te lo contaré—aceptó—, hasta entonces, no mencionaremos el tema, ¿de acuerdo?

Elsa sonrío dulcemente y le plantó un beso en la mejilla.

Quizá nunca averiguaría lo que se había propuesto o tendría que esperar demasiado tiempo, pero por hoy, prefería escucharlo de sus labios. Le esperaría hasta que tuviera la confianza de abrirse. Ya no quería estar disgustada con él.

Lentamente, se daba cuenta de que más allá de la atracción física comenzaba a sentir cariño por Hans.

Y no quería evitarlo.

En el suelo, Marshmallow se relamió los bigotes y saltó ágilmente al regazo de su dueña, manteniendo sus pupilas fijas en Hans y soltando un sonoro maullido.

El joven frunció la boca. Seguía sin gustarle ese entrometido animal.


—¿Trajiste la lista?

—Sí, mamá me la dio antes de salir. Dijo que no se nos olvidara nada.

—Que joda es tener que ir al supermercado que queda más lejos—Hans dejó de mirar hacia el asiento trasero y observó al castaño que conducía a su lado—, oye idiota, no vayas tan rápido. Vas a provocar otro accidente.

—Viejo relájate, apenas voy en el límite de velocidad permitida ¿sí?

—Me importa una mierda. Y este no es el camino para ir al supermercado, ¿a dónde piensas que vas, marica?

—Cielos Hansy, ¿tú nunca puedes pensar bien de nadie, verdad? No, esa mente tuya es tan negra como tu alma y tus intenciones. Me das lástima, viejo—Eugene dio vuelta en una calle para entrar a un vecindario lleno de residencias lujosas después de terminar su discurso—, vamos a hacerle una pequeña visita a Punzie. Hace rato me llamó y parecía muy alterada, en serio amigo, eso es muy extraño en ella.

—Ah, ya sabía yo que tenía algo que ver con esa hippie. Eres un maldito mandilón, ¿lo sabías?

—Oh, aquí vamos de nuevo, ahí estás tú siendo una perra otra vez. Elsie, ¿te importa brindarme un poco de apoyo por acá?

—Eres un hippie lambiscón—le dijo ella de manera neutral.

—Vaya, muchas gracias, en serio chicos, no sé que haría sin ustedes—el jeep se detuvo frente a la verja de una muy amplia mansión, con un jardín inmenso—. Solo será un momento, quiero asegurarme de que Punzie esté bien.

—Un momento mis bolas. Date la vuelta y vamos a terminar con esas jodidas compras, antes de que tenga que patearte el culo.

—¡Demonios, hombre! Ya relájate, el supermercado no se va a ir a ningún lugar. ¿Es que estás ansioso por improvisar un vídeo viral de nuevo? Mira que yo sé bien de eso.

Como sucediera antes en la cabaña de las montañas, el moreno se anunció por el intercomunicador por donde le respondió una vocecita alterada y las puertas se abrieron. El vehículo recorrió un elegante camino de asfalto que rodeaba una fuente de piedra y estaba bordeado por flores.

A través de la ventanilla, Elsa miró con algo de asombro el bonito lugar. Después de ver eso, no le cabían dudas de que Olaf había tenido razón al hablar sobre el estatus económico de su castaña amiga.

La mansión que se alzaba frente a ellos era grande y elegante, con paredes blancas y una preciosa escalinata que conducía a la puerta principal, la cual se abrió intempestivamente al tiempo que se apeaban de la camioneta. Rapunzel descendió las escaleras a toda velocidad. Tenía su pelo corto revuelto y por primera vez desde que la conocía, parecía nerviosa y estresada.

—¡Oh, gracias a Dios que están aquí!—chilló angustiada, llegando a su nivel y haciendo ademanes desesperados—¡Es tan horrible, tan horrible! ¡Creí que me iba a desmayar en cualquier momento!

—¿Estás bien, preciosa?—le preguntó Eugene, preocupado.

—¡No, no estoy bien! ¡Nada va a estar bien!—bramó la chica neuróticamente, halando algunos mechones de su pelo entre las manos—¡No ahora que está aquí! ¡Dios mío, ¿por qué tuvo que venir aquí?! ¡¿Por qué ahora?!

—Eh, calma. ¿De quién estás hablando?—Eugene la tomó de las manos para tranquilizarla.

Un notorio tic se había apoderado de su ojo derecho.

—¡Hablo de la maldad en persona! ¡La peor calamidad del mundo! ¡Un ser despiadado y sin corazón!

—¿Quién?

—Ella…

—Florecitaaaaaaaaaa—una cantarina voz de mujer se escuchó desde el interior de la mansión, paralizando a Rapunzel y haciéndola soltar un grito ahogado y mirar por encima de su hombro con temor, como si dentro de su casa se ocultara algo siniestro.

Realmente nunca antes la habían visto comportarse de una manera tan psicótica. No al menos en el mal sentido.

—Y-y-ya vooooooy—respondió la morena en el mismo tono, con un deje de nerviosismo.

—¡Ahora!—gritó quien quiera que se encontrara adentro.

La muchacha se volvió a mirar a sus invitados, que ahora la observaban interrogativamente.

—La tía Gothel está de visita, ¡ay, que Dios nos proteja!—dramatizó, como si hubiera anunciado el fin del mundo.

Hans arqueó una de sus cejas. ¿Tanto escándalo por una visita familiar? Justo cuando creía que esa hippie no podía ser más ridícula, la chica se superaba a si misma y con creces.

—Ah bueno, así que solo se trata de eso. Yo creí que te había pasado algo, preciosa. Pero si solo es tu tía que está visitándote, entonces no creo que haya ningún problema.

—¡Maldición, sí hay un problema! ¡Hay un maldito y enorme problema! ¡Esa mujer me odia con todo su ser! ¡Y ahora está dentro de mi maldita casa tomando su maldito té! ¡Esperando que haga malditas cosas por ella! ¡Vigilando todo lo que hago! ¡Ayyyyy, tanto estrés, tanto estrés!—Rapunzel volvió a tirarse del pelo, haciendo que el trigueño volviera a tomarle las manos.

—Woah woah, ¡tranquila mujer! ¡Calma!—Eugene intentó tranquilizarla—Nunca me dijiste que esa tía tuya te tuviera tanta tirria, además de burlarte de sus cirugías estéticas, claro está.

—¿Bromeas? ¡Esa bruja ha hecho mi vida imposible desde que era pequeña! Cuando era niña me contaba todas esas historias horribles para no dormir. ¡Una vez incluso compro una cadena para perros y me amarró todo el día en el jardín mientras mis padres no estaban, como si fuera un maldito french poodle!

—Je je je je—Hans rió de buena gana al imaginar la escena.

—¡No es gracioso!—el tic en el ojo de la joven se hizo aún más notorio—¡En serio chicos, esto es súper malo! ¡Mis padres ni siquiera están casa! Y mi tía me ha hecho hacer cosas todo el día, ¡no tiene piedad de nadie!—se cubrió la cara de las manos e hizo un ruido como si estuviera sollozando—¡Hasta me hizo limpiar un baño! Es tan malaaaaa…

—¿Qué no tienen sirvientes que se encarguen de eso?—preguntó Elsa.

La parecía increíble que en una mansión tan grande no hubiera ni uno solo.

—Ese es el detalle, hoy se les dio el día de descanso a todos ¡y la bruja lo sabe!—Rapunzel se descubrió la cara y volvió a mirar sobre su hombro con expresión suspicaz—Esa anciana…

—Florecitaaaaaaaaaaaa—escucharla de nuevo hizo que se sacudiera exageradamente, como si le hubiera dado un estremecimiento.

—U-un momentooooooo, querida tía, je je je—los miró suplicante—¡Auxilio!

—Bueno preciosa, tranquilízate. Ya estamos aquí y vamos a ayudarte.

—Quieres decir que tú lo vas a hacer—intervino el pelirrojo.

—Solo dinos lo que hay que hacer para complacer a tu tía, no puede ser tan exigente ¿o sí?

—¡Oh, mierda! ¿Por dónde empezar?—la castaña pareció pensarlo—Bueno… por el momento me ha pedido empezar a limpiar la mansión. Ella tiene algo con la limpieza ¿sabes? Y también quiere que le prepare la cena, ¡y Jesús, también se estuvo quejando de los rosales todo el rato! ¡Esta ni siquiera es su casa!—los observó como si fuera un cachorrito perdido—¡Esa mujer es diabólica! ¡No se le da gusto con nada, con nada!

—Me largo—dijo Hans sin tapujos.

De ninguna manera iba a quedarse a que una vieja le diera órdenes. Ese vago de Eugene podía dejar que lo explotaran si se le daba la gana, pero él no.

Se dio la vuelta y tomó la muñeca de Elsa para arrastrarla consigo. Vaya pérdida de tiempo eran las tonterías de esa hippie.

—¡Noooooo! ¡No se vayan, por favor!—Rapunzel se echó hacia ellos y se prendió de uno de sus pies, dispuesta a no dejarlo marchar—¡Se los suplico, chicos! ¡Ayúdenme! ¡No me dejen sola con ese monstruo!

—Esto es denigrante—Hans agitó su pierna para que lo soltara sin éxito.

—¡Por favoooooor! ¡¿Qué tal si me quiere encadenar en el jardín de nuevo?!

—Espero que también te ponga un bozal.

—Vamos viejo, ten un poco de solidaridad con Punzie. Ella nos invitó a esa fiesta increíble y tú no haces más que portarte como una perra.

—Bueno, basta con esa analogía de mierda, ¡te voy a romper la cara!

—No tendría que compararte con una perra si no te estuvieras portando como una. Dime Hansy, ¿eres una perra? Porque yo estoy viendo a una en este momento.

El colorado suspiró exasperadamente. Ese imbécil, siempre metiéndolo en problemas.

Elsa miró a la muchacha algo incómoda. La verdad era que ella también pensaba que solo estaba exagerando como siempre, pero si era cierto lo que decía no era algo muy justo. Ella sola no podría encargarse de limpiar todo ese enorme lugar por su cuenta y hacer lo demás.

—Deberíamos ayudarla, pobrecita—le dijo a su hermanastro—. Si lo hacemos entre todos no será tan malo.

Hans la miró con incredulidad, ¿estaba hablando en serio? Bufó, sabiendo que ahora sí que tendría que quedarse ahí. Bonita manera de pasar el último maldito día de fin de semana.

—¡Oh gracias, gracias! ¡Ustedes son los mejores!—Rapunzel se puso de pie y los abrazo cortándoles el aire—En serio que no sabría que hacer si tuviera que estar yo sola… con ella—miró temerosamente hacia la puerta, como si adentro habitara algo malvado en extremo.

Un suspiro volvió a escucharse de parte del pelirrojo. Ya estaba seguro de que aquello no le iba a gustar.


—¿Quiénes son estos jóvenes, Rapunzel? No me comentaste que ibas a invitar a más de tus amiguitos—la delgada mujer de pelo negro rizado observó a los recién llegados inquisitivamente, con sus ojos azules y fríos.

A juzgar por su apariencia, era fácil suponer que había sido una joven guapa hace tiempo, sin embargo, alrededor de su boca y sus ojos se notaban algunas líneas de expresión que ni lo estirado de su piel era capaz de ocultar. Y tenía una nariz tan respingada, que seguramente no podía ser natural, así como tampoco sus labios pintados de frambuesa.

—Je je je, ellos son amigos míos tía, van a echarme una manita para limpiar la casa. Espero que no te moleste.

—Pues bueno, supongo que está bien. Los jóvenes de hoy ya nunca saben aprovechar el tiempo, más tareas, eso es lo que necesitan—la mujer volvió a mirarlos despectivamente—; en tanto no sean tan lentos como tu amigo el grandote… ah mira, aquí viene.

—Hola—Kristoff saludó a los recién llegados con cara de pocos amigos, llevando un cubo con agua en una mano y un trapeador en la otra.

Al parecer ya llevaba rato ocupándose de la limpieza.

—¿Qué? Espera, ¿qué rayos hace él aquí? ¡Creí que me habías llamado a mi primero!—Eugene miró a la castaña ofendido.

—¡Ay Flynn, no empieces! ¡Aquí no!—Rapunzel le echó un vistazo nervioso a su tía, quien ahora parecía estar ocupada examinando la mesa de centro de la sala de estar, pasando un dedo por la superficie y mirando con desaprobación unas inexistentes motas de polvo.

—Que mal hacen la limpieza en este sitio, este no es lugar para una mujer con clase—reprochó Gothel—. Rapunzel, quiero que también limpies toda la sala, ¿has entendido?

—¡¿Toda?!—la chica miró con desolación la enorme estancia, que por cierto, en realidad estaba reluciente como una tacita de porcelana.

Elsa contempló a su alrededor con incredulidad, comprendiendo al instante porque la muchacha alucinaba tanto a su tía. A simple vista se notaba que tenía la sangre espesa.

—Sí, toda, junto con las escaleras y el piso de arriba. Y las ventanas también, desde fuera por supuesto. Tus padres no son lo suficientemente exigentes con el servicio de esta casa—la trigueña hizo un gesto de incredulidad—. Ah, no me veas así florecita, sabes que hago todo esto por tu bien. Tu tía sabe lo que es mejor para ti.

Rapunzel volvió a experimentar un tic en el ojo.

—Qué bueno es tener a jóvenes tan llenos de vida en la casa. Mi sobrina no me visita muy a menudo. De hecho casi nunca va a verme, ¡a mí, que casi la crie cuando era una niña! Sus padres nunca tenían tiempo para ella.

—¡Pero eso no es verdad!—protestó la aludida.

Hans rodó los ojos. Ahora iba a presenciar una jodida telenovela, genial.

—Ah, ahora vas a contradecir lo que dice tu tía. No olvides que yo te cuidé desde antes que empezaras a caminar. Te contaba todas esas historias para dormir y cepillaba tu cabello por horas, antes de que te lo cortaras de esa manera tan… vulgar—Gothel hizo un gesto de desaprobación—, no entiendo como tu madre permite que vayas por ahí de esa manera. Ah, pero a ti no te importa mi opinión, yo solo soy un estorbo en tu vida—hizo un gesto dramático, ocasionando que todos la miraran con escepticismo.

—Aww, ¡no digas eso tía!—Rapunzel la miró con lástima—¡Sabes que te quiero mucho!

—Y yo te quiero a ti, mi pequeña flor. Ahora limpia la casa.

Rapunzel se retorció las manos, más nerviosamente que antes, como si quisiera controlarse para no ir y colocarlas alrededor del cuello de la mujer.

—Viejo, esta mujer está desquiciada— susurró Eugene al colorado, que solo veía la escena frente a si con una ceja levantada.

Ahora creía entender porque la castaña estaba tan loca. Si así era la tía, no quería ni imaginarse que tipo de personas serían los padres. Al parecer esa familia estaba llena de chiflados.

—Tía, ¿no prefieres salir a tomar el sol un rato? Ya sabes, la casa ni siquiera está tan sucia…

—¡Pero que tonterías dices, Rapunzel! ¿Salir con este clima? Sabes lo que el sol le hace a mi cutis—Gothel se tocó el rostro, masajeando sus finas arrugas con la yema de los dedos—, ¿es que acaso quieres que me estropee la piel?

—Oh, estoy segura de que no ocurriría eso, ¡tienes una piel estupenda!—mintió su sobrina con un agudo tono de voz, que indicaba su permanente estrés.

—Oh, ¡ya basta, florecita! Harás que me sonroje, eres tan voluntariosa—la mujer hizo un gesto con la palma de su mano, inclinándola hacia adelante—, tus padres tienen suerte de poder tener en casa a una chica tan hermosa y llena de vitalidad—Rapunzel sonrió halagada—, y bueno, también tienen suerte de tenerte a ti—rió y la castaña adquirió un semblante con el rostro desencajado.

Hans dejó escapar una risa, mientras todos los demás permanecían en un tenso silencio. Esa vieja estaba chiflada y al parecer padecía complejo de jovencita, pero tenía un simpático sentido del humor.

—Tranquila queridita, sabes que solo estoy bromeando—Gothel palmeó suavemente la mejilla de Rapunzel, quien ahora parecía a punto de tener un ataque de psicosis—, y bueno, ¿no hablan tus amiguitos? ¿Por qué están tan callados? Parece que estuvieran viendo a un fantasma o algo peor. Creí que los jóvenes eran más alegres.

Los tres que acababan de llegar se miraron los unos a los otros, incómodos.

—¿Qué tal, señora? Eugene Fitzherbert a su disposición. Soy un muy, muy buen amigo de su sobrina—el castaño miró de reojo a Kristoff antes de adelantarse con una sonrisa galante hasta la mujer—, seguro que Punzie ya le ha hablado sobre mí.

—Pues no, la verdad es que no me mencionó nada. Pero eso no es novedad, esta chica nunca me dice nada, es una olvidadiza—Gothel lo miró de arriba abajo y sonrió de manera felina—, pero bueno, hola, no tenía idea de que mi sobrina tuviera como amigos a jóvenes tan… interesantes—colocó una mano en su antebrazo de modo depredador.

El moreno tragó saliva con nerviosismo, olvidándose instantáneamente de su faceta encantadora.

—¡Ay, tía! ¡No te le acerques tanto! ¡A Eugene no le gusta que invadan su espacio personal, jejeje!—Rapunzel se apresuró a interponerse entre los dos con una sonrisa falsa y una mirada celosa.

Mientras contemplaba la escena sintiéndose algo perturbada, Elsa sintió un agarre en su codo y se volteó para mirar a su hermanastro, quien aprovechó para susurrarle.

—Salgamos de aquí ahora que esos hippies están distraídos—murmuró Hans, queriendo halarla hasta la salida.

—No podemos dejarlos solos. ¿No viste? Esa mujer es extraña—cuchicheó ella de vuelta.

—¡Maldición, no voy a quedarme aquí a recibir órdenes de esa momia!

Elsa iba a replicarle cuando sintió un extraño toque en su cabello. Miró hacia la derecha y por poco suelta un alarido al ver que la tía de Rapunzel se le había acercado y ahora parecía muy entretenida examinando su trenza entre las manos, con esos dedos largos y levemente arrugados, que parecían de bruja. Un escalofrío la recorrió.

—Querida, tu cabello es tan lindo—murmuró—, Rapunzel lo tenía igual antes de hacerse ese extraño corte. Nunca me hace caso, ¿sabes?

La rubia balbuceó por toda respuesta, intentando no prestar demasiada atención al modo en que esas siniestras manos le acariciaban la melena. Esa mujer era espeluznante.

—¡Oye tía Gothel! ¡¿Por qué no vas a recostarte un rato a tu habitación?!—Rapunzel la tomó por el brazo y tiró de ella para hacer que se alejara de la blonda—¡Ya sabes que tanto ajetreo tampoco es bueno para tu cutis! Nosotros nos encargaremos de limpiar todo, ¿sí?

—Agh, de acuerdo. Pero más les vale que no quede ni una mota de polvo por ahí y quiero la cena lista para las seis—resopló la mujer, desistiendo de convivir con los jóvenes y dirigiéndose a la enorme escalera de la mansión—, ¡y vayan a recortar también los rosales! ¡Esta casa parece una pocilga!

Rapunzel tembló, presa de otro ataque de nervios.


Malhumorado, Hans volvió a refregar el piso con el paño para encerar mientras por enésima vez se preguntaba a si mismo que demonios hacia allí. A él no le interesaban los problemas de esa hippie, entonces ¿por qué mierda debía quedarse a ser mangoneado por su anciana tía?

Ah claro, porque Elsa se lo había pedido. Y cada vez que ella le dirigía una mirada con esos grandes ojos azules, sabía que no había más remedio.

Mejor era que supiera como compensarlo después. Dios, como deseaba unos minutos a solas con ella en ese momento. Suspiró y miró a Eugene que parecía entretenido con su reflejo en uno de los enormes ventanales, los cuales supuestamente iba a limpiar.

—Oye idiota, ponte a trabajar de una maldita vez. No olvides que tú fuiste quien nos metió en esto. Apúrate, que ya me quiero largar de aquí.

—Demonios Hansy, no molestes amigo. Estoy en eso—el pardo se pasó una mano por el pelo sin despegar sus ojos de la ventana, apreciándose a si mismo y silbando.—. Debería ser un delito ser tan guapo—le lanzo un beso a su reflejo.

—¿Él siempre es así?—preguntó Kristoff desde el otro extremo del pasillo, quien también estaba encerando el suelo.

Las cosas que hacía por su mejor amiga. Estar ahí con esos dos mientras las chicas se ocupaban en la cocina era el mayor sacrificio que había hecho en nombre de la amistad. Y vaya que había hecho bastantes cuando de Rapunzel se trataba.

—¿Estás bromeando? Esto es apenas una mínima parte de como se comporta en casa. Este hippie se acicala tanto, que a veces pareciera que tuviera una vagina entre las piernas.

—Eso es gay—mencionó el rubio con seriedad, enviándole una mirada desaprobatoria al moreno.

—¿Qué es lo que estoy escuchando? ¿Acaso es envidia lo que detectan mis oídos? Sí, eso es lo que parece—dijo Eugene mientras se acariciaba la barba con dos de sus dedos.

Una puerta se abrió al final del pasillo y Gothel salió luciendo una sonrisa torcida en sus labios.

—Me encanta ver a tres chicos apuestos trabajando—comentó con perversidad atreviéndose a dar una palmadita en el trasero del castaño, quien se sobresaltó violentamente—. Querido, ¿puedes venir a mi habitación un momento? Necesito mover algo muy pesado.

—No—respondió él.

Esa mujer le daba miedo, mucho pero mucho miedo.

—No te preocupes por las ventanas, deja que ellos se encarguen—los largos y tenebrosos dedos de Gothel se enredaron en su brazo—, solo será un minuto.

Temblando, el muchacho se dejó llevar hasta el dormitorio con pasos inseguros, al tiempo que era observado por los otros dos. Hans casi sintió lástima por él. Tan solo quería ayudar a su noviecita la hippie y ahora iba a ser violado por una anciana; eso era lo que se ganaba por sus ocurrencias.

—A Punz no le va a gustar nada esto—comentó el blondo.

—¿No me va a gustar qué?—la aludida apareció subiendo las escaleras y llevando una bandeja con unas cuantas galletitas encima.

Los ojos ambarinos de su amigo miraron dubitativamente hacia la puerta que se acababa de cerrar y entonces, ella entrecerró los suyos y avanzó con paso decidido para ingresar en la habitación.

Casi al instante comenzaron a escucharse varias exclamaciones, unas lideradas por la vocecita aguda de Rapunzel y las otras provenientes de su tía. Una tercera voz masculina, al parecer tratando de explicar algo, se escuchaba amortiguada debajo de las otras. Adentro se había desatado un verdadero caos.

El rubio y el colorado se miraron por un momento y luego bajaron la vista para seguir encerando.


Aburrida, Elsa terminó de acomodar otra hoja de lechuga en la ensalada, tal y como Rapunzel le había enseñado. Al parecer su tía también se fijaba mucho en los detalles de su comida, no hacía falta entender porque la pobre chica sufría tanto con su visita. Solo esperaba que pudieran terminar pronto. Llevaban ya un par de horas metidos allí y aún tenían que pasar al supermercado.

La puerta de la cocina se abrió violentamente dando paso a la castaña, quien ingresó con las manos apretadas en puños y un rostro aún más tenso que antes. Era rarísimo verla así. Llegó a su lado y dio un chillido, antes de sentarse frente a la amplia isla de granito y enterrar el rostro entre sus brazos.

—¿Estás bien?

—¡No! ¡No estoy bien! ¡Mi tía me tiene harta! ¡No voy a resistir, no puedo…!—el sonido del intercomunicador de la verja interrumpió sus alaridos y Rapunzel lo descolgó violentamente—¡¿Qué?!—contestó psicóticamente—Oh… ahm, ¡pasen! ¡Entren por la puerta de la cocina!—colgó y oprimió un botón para abrir las rejas de la mansión.

—¿Sabes? No te ves muy bien, deberías tomar un poco de té para los nervios. ¿Te hago uno?

—¡Eso no va a funcionar mientras ella este aquí! ¡Oh, la tía Gothel es tan mala, tan mala! ¡Y ahora también los está fastidiando a ustedes! ¡Nunca saldremos de aquí!—Rapunzel volvió a tirar de su cabello, ya bastante desalineado—¡Lamento haberlos involucrado en esto, en serio lo siento!

—Ah, no te preocupes—la atajó Elsa, ocultando que en realidad se moría de ganas por irse.

—¡Es que es tan mala! ¡No entiendo porque mis padres le siguen hablando! ¡Voy a morirme del estrés, voy a morirme!—lloriqueó, haciendo un pequeño berrinche.

Elsa le dio unas palmaditas en la espalda, insegura de como debía tratarla. No era buena consolando a la gente… o con la gente en general.

Los chillidos de la castaña llenaron la estancia por un par de minutos más.

La puerta se abrió de repente, mostrando a un chico de gafas y cabello negro y a una enérgica pelirroja que llevaba un enorme perro Tosa Japonés de color marrón, con una correa roja.

—¡Hola!—saludó Anna alegremente—Kristoff me dijo que todos estaban aquí. Se suponía que hoy íbamos a llevar a su perro al parque, pero como dijo que estaba ocupado, pasé por él a casa de sus padres y lo traje aquí.

El can se puso a mover la cola y a recorrer la cocina animadamente, prácticamente arrastrando a la chica. Era tan enorme, que tenían el mismo tamaño.

—¡¿A qué es bonito?!—preguntó la colorada con una enorme sonrisa.

Elsa miró al animal con algo de nerviosismo, observando como se movía de un lado a otro con sus voluminosas patas y tirando los utensilios de una encimera cercana. Había una razón por la que le gustaban más los gatos y básicamente, era que estos últimos no podían derribarla a una como se veía que era capaz ese perro.

—¡Demonios, esta cocina es más grande que mi casa! ¡Cuántas cosas!—exclamó la pecosa mirando a su alrededor.

—A-Anna—Olaf llamó su atención nerviosamente.

Al parecer el fornido perro intentaba montar su pierna.

—¡Quieto Sven! ¡Sentado! ¡Sentado, amigo!—ordenó la aludida, poniendo una mano en la parte trasera del lomo del canino y haciendo que se sentara con algo de esfuerzo—¡Así, buen chico! Vaya amigo, te hace falta un poco de acción ¿eh? En cuanto tu papá aparezca iremos al parque a buscarte una guapa perrita, ¿eh?

Sven ladró fuertemente.

—¡Que buen muchacho eres! Oh sí, sí lo eres, sí lo eres—Anna oprimió las mejillas del animal mientras le hablaba y le hacía caras como a un bebé—, je je je je, ¡te quiero mucho!

El perro le lamió el rostro ávidamente mientras ella reía. Rapunzel sonrió con cansancio desde su asiento. Por lo menos alguien se la pasaba bien.

—¿Te pasa algo?—le preguntó Olaf, reparando en su estresado aspecto.

—Mi tía, es lo que me pasa—la chica volvió a experimentar un tic en el ojo—, ¡ya no la aguanto! ¡Va a matarme con tantas tareas! ¡Es mala, mala…!

—Woah, ¿hablas de tu tía, la que se hizo todas esas cirugías estéticas?—Anna se enderezó y la miró con curiosidad, viendo como asentía—¡Quiero verla! Debe ser como esas celebridades viejas que salen en Internet después de muchas operaciones fallidas.

—Anna… —Elsa le llamó la atención por el comentario.

—Sí, más o menos, solo que con mucha más maldad—la trigueña suspiró—, ¡nos ha tenido todo el día haciendo quehaceres en casa! Al principio solo le pedí ayuda a Kristoff, pero luego ella quiso más cosas—retorció sus manos nerviosamente—, ¡y ahora no nos deja en paz! ¡Siempre tiene algo en mente!

—¡¿Qué?! ¡Pero eso no puede ser! ¡Se supone que hoy íbamos a salir, maldición!—Anna se cruzó de brazos enojada.

—¡Y ahora está coqueteando con Eugene! ¡Solo lo hace porque sabe que me gusta! ¡No es justo, no es justo!

La castaña se puso a chillar de nuevo, pataleando y cubriéndose el rostro con las manos, dramáticamente.

—Shhhhhhh, shhhhhhh, shhhhhhhh—Anna se acercó a ella y paso una mano por su pelo, como si tratara de tranquilizar a un animal—, calma, todo va a estar bien. Esa mujer no se saldrá con la suya.

—¡Es que no sé cómo hacer que me deje en paz! ¡Ha estado todo el día dándome órdenes!

—Vamos, no te rindas, siempre hay una solución. Elsa, detenme aquí—Anna le colocó en la mano la correa de Sven en tanto se acercaba a la morena para poner sus dos manos en sus hombros.

Elsa miró al perro, que había fijado sus grandes ojos oscuros en ella. Este ladró fuertemente y la muchacha soltó un chillido nervioso, aventándole la correa a Olaf.

—¡Imagínate! Primero me hizo barrer su habitación y hace rato la encontré acosando a Eugene. ¡Es perversa!

—¿Y te preocupa que él quiera meterse con ella?

—¡No, por Dios! ¡A Eugene le da asco!—Rapunzel se escandalizó—Pero está tan loca, que seguramente va a seguir rondándolo, ¡esa mujer es la depravación en persona! ¡Agh, por Dios, por Dios, por Dios!

—¡Ja! Vieja zorra—Anna se burló de buena gana—, tranquilízate, mi pequeña vagabunda—dijo mientras le apretaba una mejilla afectuosamente—, tu amiga Anna va a encargarse de esto. Oh sí, tu amiga Annie sabe muy bien como tratar a esas personitas.

—Anna, no—advirtió Elsa, ya presintiendo lo peor tras escuchar esas palabras.

—¿En serio?—Rapunzel la miró esperanzada.

—¡Claro! Solo haz lo que todo lo que te diga y muy pronto todos podrán disfrutar el sabor de la libertad.

—Pero…

—Shhh, no—la colorada presiono su dedo índice contra los labios de Rapunzel—, nada de preguntas. ¿Tienes pastillas para dormir?

—¡Anna! ¡No!—exclamó Elsa imperativamente, como si quisiera darle órdenes a un perro.

Bien sabía ella cuanto tendían a salirse las cosas de control cuando se trataba de otro de los tontos planes de la cobriza.

—¡Tranquila! Todo está bajo control, ¿cuándo me ha salido algo mal?

—Tengo un montón de malas experiencias que pueden responder eso—replicó la rubia seriamente, en tanto a su lado, Olaf intentaba empujar de nuevo a Sven, que una vez más intentaba montarse en su pierna.

—¡Maldición, tú nunca confías en mí!

—Aquí están—Rapunzel, quien se había levantado momentáneamente, regresó con una caja de tabletas para dormir.

—¡Estupendo! Necesito un mortero y también hay que preparar un smoothie. La tía Gothel tomará una pequeña siesta.

—¡Anna, vas a matar a esa mujer!

—¡No, confíen en mí, yo sé lo que hago! Ya he hecho esto tres veces con uno de mis tíos.

Elsa se palmeó la frente.

La pelirroja se encargó de triturar un par de pastillas en tanto la castaña preparaba una bebida.

—Mierda Anna, creo que Sven tiene un poco de hambre—dijo Olaf mirando con asombro como el perro se levantaba sobre sus dos patas y se recargaba contra la estufa para meter su cabeza en una olla y lamer la sopa que había dentro.

Elsa hizo un gesto perturbado. Sí, definitivamente le gustaban más los gatos.

—¡Ay, qué bonito! Le encanta la comida fina—dijo Anna, espolvoreando el polvo de pastillas para dormir encima del smoothie de color rosa que Rapunzel había terminado de hacer y vertido en un vaso, el cual revolvió vigorosamente—. Oh sí, que delicioso. Soy buena, soy muy buena.

El can ladró fuertemente, moviendo la cola. La puerta de la cocina se abrió.

—¡¿Pero qué significa esto?! ¡¿Qué hace ese perro aquí?!—los ojos de Gothel refulgieron con enojo—¡Rapunzel! ¡¿Trajiste a más de tus amigos?! ¡¿Qué significa todo este desastre?!

—¡Hola!—Anna se adelantó con una sonrisa de oreja a oreja—¡Usted debe ser la joven tía de Rapunzel! ¡Cielos, es usted muy guapa!

El severo semblante de la mujer se relajó un poco.

—Sí, soy yo—su mirada examinó a la pecosa muchachita de arriba a abajo—, ¿y tú eres?

—¡Ah, soy una de sus amigas! Una de sus buenas y mejores amigas. Señora, me encanta su nariz, ¡cuando crezca quiero ponerme una igual!

Gothel arrugó el ceño, obviamente descontenta con el comentario.

—Y bien Rapunzel, ¿no vas a decirme a qué se debe todo este desastre?

—Ahm, eh… ¡mira tía, te preparé una deliciosa bebida!—la castaña tomó el vaso y se lo tendió—¡La hice especialmente para ti!

—Niña, sabes que esas bebidas espumosas tienen muchas calorías, ¿acaso quieres que me ponga como una vaca?

—Oh, pero lo hice de frambuesa, ¡tu favorito! Además es bueno para la piel—la mujer miró la bebida con recelo un momento, antes de acceder a tomarla y beber un par de sorbos.

—Bueno, solo porque mi cutis realmente lo necesita. Mi dermatólogo me comentó que requería una mejor oxigenación.

—Quizá si no usara tanto botox, su cara podría respirar mucho mejor—sugirió Anna sin borrar su gran sonrisa.

Gothel le dirigió una mirada llena de odio y luego se volvió hacia su sobrina.

—¿Y bien? ¿No me vas a explicar por qué está todo tan desordenado aquí?—la chica miró hacia atrás dubitativamente—Recoge esto inmediatamente y dile a tus amigos que se vayan con su perro, ¡no quiero a ese animal dentro de la casa!

Se dio la vuelta y salió de la cocina refunfuñando y apurando la bebida.

—¡Nos vemos en el País de los Sueños, momia del mal!—exclamó Anna con una sonrisita malvada, apenas se hubo ido.

Todos rieron por lo bajo detrás de ella.


—No puedo creer que de verdad haya funcionado.

—Hasta que al fin esa enana hace algo bien para variar, esa vieja ya me estaba rompiendo las bolas.

Elsa miró al pelirrojo sentado a su lado, encima de la capota de la camioneta. Ambos se encontraban ahí observando las estrellas del cielo oscurecido, en uno de los miradores más tranquilos de Oslo.

Horas atrás por fin habían conseguido escapar de Gothel, quien había caído profundamente dormida debito al smoothie con somníferos que Anna había preparado.

Debía admitir que esa vez la chica sí que había dado en el blanco con uno de sus planes. Tras comprobar que la mujer no se despertaba, prácticamente todos se habían dado a la fuga; ella rumbo al parque acompañada por Olaf, Kristoff y el perro de este último, y Eugene y Rapunzel a perderse por ahí, probablemente para vandalizar otro callejón desierto.

Ellos por su parte, aún habían tenido que pasarse por el supermercado y después habían hecho una parada en ese sitio de la ciudad. La rubia terminaba de contarle a su hermanastro sobre la descabellada idea que había tenido Anna.

Hans había terminado de escucharla con una media sonrisa en los labios, seguramente regodeándose por la malignidad del mencionado plan.

—Así que pastillas para dormir, no estuvo mal—murmuró—. Aunque yo le habría añadido unos cuantos laxantes. Esa mujer es una jodida molestia. Ahora entiendo porque esa hippie está como está.

—Pobre, realmente la padece mucho. Me pregunto si sus padres se darán cuenta.

—Yo me preguntó cuantos kilos de botox tendrá ese esperpento en la cara. Promete que nunca te harás algo así, copo de nieve.

—¿Es en serio?—Elsa arqueó una de sus delicadas cejas.

El muchacho extendió una mano para tomarle la suya. Sus dedos largos y cálidos presionaron su pequeña palma con delicadeza. Cuando se volvió para verla y encontró que sus orbes azules lo examinaban con atención, se inclinó hacia ella y besó lentamente la comisura de sus labios, acercándose poco a poco hasta el centro y profundizando el contacto apasionadamente.

La blonda suspiró, rodeándole el cuello con los brazos. Hans siempre sabía como hacerla delirar con el más mínimo roce. Nunca había sentido nada parecido.

De pronto se sintió apretada contra él y fue consciente de como una de las manos del cobrizo se deslizaba sobre su pierna, bajo la falda del vestido de verano que lucía aquella tarde. Elsa sintió que una descarga de electricidad recorría toda su columna vertebral. La lengua de Hans se adentró en su boca, envolviendo la suya y acariciando su paladar.

Ella mordió brevemente su labio inferior y después, el pelirrojo descendió por su garganta, besándole el cuello de teniéndose en uno de sus hombros, donde sus dedos comenzaron a jugar con el tirante del vestido.

Un breve atisbo de razón se abrió paso entre los nublados pensamientos de la platinada, que empujó suavemente a su hermanastro, alejándolo de ella.

—Espera, Hans—el aludido la miró con confusión. Su níveo rostro se encontraba ruborizado, con los ojos brillantes y los labios hinchados—, ¿no crees que vamos demasiado rápido?—inquirió ella tímidamente—Quiero decir… hace solo unas semanas todavía nos odiábamos, luego solo empezamos a besarnos y ahora… pues… —en sus mejillas se incrementó el color—, bueno, tú entiendes lo que quiero decir…

—No, creo que no estoy entendiendo nada.

—¡Ay vamos, Hans!—la muchacha se cruzó de brazos e infló sus mejillas—No te hagas el tonto, sé muy bien a donde conduce todo esto y yo… bueno—bajó su vista avergonzada—yo nunca… nunca lo he hecho con nadie—admitió—, y si piensas que solamente por eso voy a dejar que tú… bueno, bueno… —balbuceó, demasiado abochornada como para concluir.

El joven esbozó una sonrisa burlona al comprender. Sus ojos verdes brillaban con cierta perversidad que le hizo sentir mariposas en el estómago.

—Bueno, vaya copo de nieve, no sabía que tuvieras pensamientos tan inapropiados.

—¡Ay, por favor! Como si tú no los tuvieras—Elsa se subió el tirante del vestido que él le había desarreglado—, no actúes como si nada. No podemos simplemente hacer estas cosas… sin pensar. Y más sí se supone que nos estamos escondiendo de todos.

—¿Es que temes que te lastime? ¿No confías en mí?

—No, sabes bien que no es eso.

—Tienes miedo, ¿verdad? Nunca has estado con nadie.

—No—repitió ella y desvío sus ojos, aún más apenada—, no tengo ninguna experiencia en… bueno…

Hans ensanchó su sonrisa llena de presunción. Por un momento, la blonda sintió ganas de desaparecer.

—Yo tampoco.

—¿Qué?

—Eso, nunca he estado con nadie—Hans se bajó de la capota y se paró frente a ella—, joder, ni siquiera he tenido una novia. Lo más cerca de estado de eso, fue cuando jugaba a la casita a los seis años con la niña que vivía al lado, en Drammen. Y no era muy bueno en eso.

—¿Hablas en serio?—Elsa parpadeó sorprendido—Pero eso es imposible… digo, eres tan guapo y siempre estás tan seguro de ti mismo… yo creí…

—Vamos copito, el hecho de que me caiga de bueno y tenga a muchas mujeres detrás de mí, no significa que vaya a meterme con cualquiera de ellas—dijo él—, también tengo respeto por mi mismo, ¿sabes?

—Aparte de modestia, por lo que veo—le replicó sarcásticamente.

—El punto es que nunca he encontrado a alguien con quien me sienta lo bastante cómodo como para hacerlo. A nosotros también nos importa que sea especial, ¿sí? No simplemente vamos por ahí queriendo hacerlo y nada más… al menos no todos.

Elsa no cabía en sí de lo asombrada que estaba. A una parte de ella le costaba creer que quien le estuviera hablando, fuera el mismo muchacho arrogante y superficial al detestara meses atrás. Y otra, estaba sumamente enternecida.

No cabía duda de que Hans seguía revelando sorpresas. De repente se sentía aliviada y comprendida.

—Es la primera vez que siento esta atracción por alguien—el colorado se le acercó hasta quedar en medio de sus piernas y recargó su frente contra la suya—, me gustas demasiado, Elsa—movió suavemente una mano contra su mejilla—, a veces, me haces sentir cosas para las que tengo que hacer un esfuerzo enorme por controlarme. Si tú quisieras… significaría bastante para mí ser el primero.

No mencionó la posibilidad de ser el único. Eran demasiado jóvenes, pero le dolía demasiado y le costaba imaginarla con alguien más.

Ella sintió su rostro arder ante tal confesión, pero no le replicó nada. Su corazón latía con fuerza.

—No sé, quizá alguna vez si las cosas se dan… —prosiguió él tomándole la cara entre sus manos con delicadeza, como si fuera un objeto que temiera romper—, no quiero pecar de presuntuoso, pero tú te mereces lo mejor. Y yo… a mí no me molestaría esforzarme por serlo.

Elsa se movió hacia adelante para besarlo castamente en los labios.

—Eres una buena persona—le dijo con sinceridad—, realmente eres muy diferente a como yo pensaba.

Hans sintió que el corazón le saltaba en el pecho al escucharla.

—No creo estar lista para dar un paso tan importante. Pero cuando suceda… me gustaría que fuera contigo.

Elsa se escuchó decir esas palabras y para su sorpresa, encontró que eran honestas. De repente, pensar en estar junto al pelirrojo no le parecía una mala idea. De repente no podía pensar siquiera en estar con alguien más.

¿Cuándo habían pasado a sentirse así?

—Nunca haría nada para lastimarte, lo sabes ¿verdad? Me importas demasiado—Hans la aferró hacia si—, siempre voy a estar ahí para cuidarte.

Y mientras se fundían en otro beso, ella supo que era cierto.


Nota de autor:

Buenas y calurosas noches desde el centro de México. Les habla la tía Frozen, quien a estas alturas ya está considerando seriamente fijar la fecha de actualización en los lunes, debido a la tarde que siempre sube los capítulos.

¿Cómo están, panecillos? ¿Aliviados de que el Helsa continúa? Ya sabemos como son las cosas con ellos, es un sube y baja, unas veces están peleando y otra insinuándose lo mucho que se quieren, son todo un caso. Pero claramente, estamos viendo como caen cada vez más el uno por el otro y esa última conversación fue muy reveladora y picarezca. Pillines. ;D

¡Lamento que nadie haya adivinado el personaje sorpresa! ¿Qué les digo? La verdad es que Gothel siempre me pareció una viejecita muy simpática, con su cruel sentido del humor y su oscuro carisma. xD En cierto modo era graciosa y mientras pensaba que otros personajes de Disney podía meter, vi Tangled y dije why not? Será un refrescante cambio. LOL La pobre Rapunzel es la que más la padece, pero después de verla tan relajada y a veces encimosa en todo el fic, tenía que sacarla un poco de sus casillas. Y al parecer, Eugene también sufrió lo suyo; acosadores, acosadores everywhere. e.e

Tengo un no sé que por los villanos que de verdad me afecta, digo, mírenme, amo a Hans. Aunque es imposible no amar a ese sexy pelirrojo. e.e

No me pregunten por el título de este avance porque honestamente, doy asco para los títulos, en serio. D: Todavía hace rato estaba preguntándome como nombrarlo y no creo que lo haya hecho bien. No es fácil, en serio.

Más Helsa, Kristanna and more en los siguientes capítulos. ;)

Ana briefs: ¡Hola! Lamento no haber respondido tu review anterior, realmente Fanfiction se puso sus moños y no me lo dejaba ver, así que aprovecho para responderte ese y el siguiente aquí. Eres la segunda persona que me dice que Hans le recuerda a Vegeta por la manera de hablar, Ani también me hizo esa observación. xD Eso, de hecho, no es intencional; al contrario de mucha gente, yo no fui fan de DBZ y sigo sin tener idea de la serie. Ubico al personaje que dices pero no tenía ni idea de que hablara igual, jajaja. Probablemente dirás, ¿pero qué carajo sucedía contigo, tía Frozen? Pero pues sí, que te digo, yo era más de Sailor Moon. xD Honestamente, el personaje de caricatura en quien me he inspirado un poco para escribir el agresivo vocabulario del pelirrojo es Eric Cartman (South Park), por lo de "hippie", "mierda", "me rompes las pelotas", etc. Apuesto a que eso no lo habían notado. :D La pequeña Frozen es una caja de sorpresas, jajaja.

Melissa: ¡Bienvenida! Te diría unas palabras en portugués pero no sé ninguna. D: En cambio tú escribes bien el español, te felicito, fue un review muy bueno. :3 Estoy encantada de que te guste tanto el fic y me leas desde por allá, muchas gracias por tus palabras. Como ves, a nuestra parejita no le duró mucho el enojo pero todavía falta una que otra cosa por ver. :3

Ari: Definitivamente Hans y Elsa tienen un carácter muy fuerte, él un poquito más, pero nos encanta como chocan. Si tan solo cierto ratón corporativo pudiera notarlo, todo sería mucho más sencillo. e.e

Guest: Eres SamanTha, ¿verdad? Algo me dice que sí. xD ¡Adoro tus extensos reviews! Realmente me fascine saber que disfrutas con cada detalle de las actualizaciones. Puedes apostar a que esa Aurora dará un par de problemitas más adelante pero bueno, eso solo hace más divertido el asunto. ;) Respecto a lo de Elsa gay, pues sí, ya quedamos en que la opinión de cada quien es muy respetable; aunque yo tampoco creo que eso vaya a suceder porque, pues estamos de hablando de Disney. xD Así que el Helsa sigue teniendo esperanza, creo. ¡Gracias por tus buenos deseos! Saludos. :D

Ya saben, nos vemos el próximo domingo/lunes para ver que sorpresas nos aguardan con nuestros pajaritos de fuego y hielo. No olviden portarse mal. ;D *Toma el muñeco inflable de Hans que no ganó nadie y comienza a besarlo apasionadamante, luego se da cuenta de que la están mirando*, ya... ya se pueden ir. D: *Cierra la puerta*.